Las consecuencias de una mala vida.

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Las consecuencias de una mala vida.

Mensaje  Nana el Miér Sep 30 2009, 15:27

 
Nunca me había parado a escribir y dejar escrito algo de mis memorias, esas memorias que después de muchos mucho años, o quien sabe cuando, alguien las leerá y sabrá quien fui en su momento, así que yo, Nana Blak líder del clan colmillo de hierro escribo estas pequeñas memorias para que en un futuro sepan y conozcan sobre mi.
Todo comenzó un día como otro cualquiera, un día en el que dos licántropos lobo de la manada gris decidieron tener un hijo, en este caso fue niña, cosa que en principio les desagradó mucho, por lo tanto ya de entrada no les gustaba, pero la gran decepción no empieza allí. Nací en una pequeña aldea de un clan de lobos grises oscuros, todos temían por la maldición del lobo negro, el lobo que traería la desgracia al clan y con la maldición, la muerte, bueno pues así fue, aquella niña nació con los genes equivocados, orejas puntiagudos y el pelo más negro que el carbón que se fundía en la hoguera. Tras abrir los ojos todo el mundo se dio cuenta de que eran amarillos, a mis dos años, todavía no había conseguido hacer mi primera transformación en lobo, bueno pues, no la había hecho por el mero hecho que a mis padres, les daba miedo de que yo, al tener el pelo negro y los ojos amarillos fuera esa loba que sale cada mil lobos, ese lobo que sale negro, y así fue, aburrida ya de que me marginaran por tener el pelo negro y las orejas ligeramente más grandes que los demás niños me marginaran mientras ellos salían a cazar conejos y yo me dedicaba a escribir en el suelo.  Como fue, no lo recuerdo, pero estallé en ira y les demostré a todos aquel pelaje negro que tanto temían.
Así pasaron 3 largos años de marginación hasta que un día, no sé si fui afortunada, o desgraciada por aquel día. Estaba en la casa de madera, junto a mis padres cuando escuchamos a la gente gritar, mi madre, asustada cogió a mi pequeña hermana de tan solo 1 mes, creo que era hembra.. Pero nunca lo recordé. Yo, me perdí entre las llamas que tanto me gustaban, miraba y remiraba las casas arder y la gente que no tenía salida quemándose.
-Morgana..¡Morgana!-Escuché un grito ahogado y enseguida me paré a ver quien era el que me llamaba con tanto ímpetu.
Un niño de los de la aldea se había quedado enganchado en una de las bigas de madera derruidas que estaba a punto de ser consumida por las llamas. Me acerqué al muchacho y como una tonta le quité la viga de encima, este salió corriendo sin detenerse a decir un “gracias Morgana”.
No dije nada, nunca había sido una chica habladora, más bien al contrario. Seguí andando y me disponía a salir de la aldea cuando un cazador se paró frente a mi.
-¡Eh chicos aquí hay una! –Gritó agitando la espada hacia arriba.
Miré hacia delante sin desbiar mi vista de mi objetivo y me puse a andar pasando a su lado, al pasar, me puso la mano delante para que no pasara más, pero yo pasé por debajo de su brazo.
El mosqueado hombre me miró con odio, yo seguía andando hacia el bosque, lejos de allá.
-Parece que las jovencitas de ahora no tienen ni modales..Maldito chucho. –Me dijo mientras se acercaba a mi por la espalda y me tomaba por los hombros para darme la vuelta.
Acto reflejo me giré y me agaché pasando por debajo de sus piernas, ya que aquel hombre era mucho más alto que yo. Al pasar por debajo de sus piernas lo empujé haciéndole perder la estabilidad y el hombre calló al suelo clavándose su propia arma.
Ni me paré a mirar la sangrienta escena y seguí caminando durante un día más. A la madrugada del día siguiente, caminaba por en mitad de la nieve sobre mis cuatro patas, exhausta caí redonda a la nieve, y allí dormí.


Última edición por Nana el Sáb Jun 29 2013, 20:31, editado 4 veces
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Re: Las consecuencias de una mala vida.

Mensaje  Nana el Jue Nov 26 2009, 18:55

Caí en mitad de la nieve, exhausta, vi una sombra en la nieve antes de caer.
Desperté en un lugar mullido, estaba caliente, notaba una mano acariciar mi lomo suavemente y desperté del todo, un niño de más o menos mi edad, sentado en el borde de aquel mullido cojín magenta me miraba fascinado. Se levantó de repente corriendo hacia la puerta.
-¡Papá! ¡Papá! Se ha despertado- Corría por toda la habitación saltando eufórico.
El señor de cabello blanco, casi calvo, con sus años de experiencia, robusto y muy alto apareció por la puerta y se sentó en la cama que había al lado del lar. Padre e hijo me miraban atentos.
Alcé el hocico mirando la chimenea. El chico esbozó una gran sonrisa cuando una mujer, su madre, entró y se colocó frente a la chimenea calentándose las manos al fuego.
El niño se acercó a ella y se agarró a su brazo estirándole de la manga.
-Mamá ¿Podemos quedárnosla? -Preguntó el niño, todo emocionado.
La mujer se giró hacia él y lo miró con mala cara, la de una madre con pocas ganas de dar de comer a otra boca más.
-Si tu padre te deja..-Le dijo con resentimiento, qué madre no dejaría tener lo que quisiera a su hijo.
El niño se giró hacia su padre que me miraba expectante, como sabiendo qué era yo exactamente.
El niño y yo mirábamos hacia el padre con cara de buenos, y el padre asintió con la cabeza convencido.
Ruth, así se llamaba mi nuevo amo.
Crecimos juntos hasta que ambos tuvimos algo así como 15 años, era un día de Diciembre, un día de frío, mucho frío y el viejo, que me había enseñado todo lo que sabía sobre la caza de vampiros, se había quedado en la casa por que no podía salir a cazar.
Yo estaba junto a Ruth, en el cojín magenta de siempre, mirando la hoguera que ardía ese día más que nunca.
-Black, si fueras una humana, serías la mejor mujer del universo. -Me dijo acariciándome detrás de las orejas, acción que me encantaba y más acompañado de aquellos piropos.
Sentía una culpa terrible ya que, bueno, estaba ocultándoles a la gente que más quería un secreto muy gordo.
De repente un olor me invadió, olía a vampiro y las ansias de matar se me dispararon. Me levanté rápidamente y me puse a ladrar a la ventana, el viejo entendió enseguida lo que quería decir y enseguida abrió la puerta de sótano.
-¡Ruth! ¡Entra!- Gritó el viejo empuñando la espada de empuñadura de bronce y filo gastado.
La madre de Ruth se llevó a Ruth hacia el sótano.
-Black, Black.. ¡Ven! -Ruth me llamaba, yo estaba en las escaleras que bajaban al sótano ¿Qué debía hacer?
La madre, entró a Ruth hasta el fondo del sótano y yo, con las patas cerré la puerta del sótano corriendo hacia fuera de la casa donde ya se encontraba el viejo protegiendo la puerta de la casa.
Como suponía los vampiros esperaban en el tejado, y pensando que no nos habíamos dado cuenta se lanzaron a atacarnos.
En ese momento todo transcurría rápido y no era consciente de lo que pasaba, cuando desperté el viejo estaba llorando frente a la casa en llamas, el fuego seguía consumiendo la pequeña casa de madrea, y entre el fuego se podían distinguir dos figuras humanas colgadas de una viga.
Cuando el fuego cesó el olor a carne quemada me inundó, haciendo que retrocediera unos metros.
Nunca pude reconocer aquellos dos rostros deformados por las cenizas, pero por los llantos del viejo, me temía lo peor, Ruth.
Era muy triste, era asqueroso y triste, muy triste pero más asqueroso que triste. Saber que nunca más iba a sentir en mi cabeza una caricia de Ruth o que no iba a recibir un plato de carne más de aquella mujer era muy triste.. Pero el olor a cenizas, carne quemada y a vómitos del viejo era aún peor que todo lo que se estaba friendo en mi cerebro.
Aun que quería no podía, ni puedo recordar el nombre del viejo, ni de la madre de Ruth, ya que, como dicen, las personas que más marcan tu vida son de las que menos te acuerdas después, y así fue.
Cuando la nieve ya me llegaba por encima de las patas, el viejo se levantó del suelo con la espada en la mano, se dio la vuelta sin decir nada y sin mirar atrás, sin mirar las cenizas de historia que dejaba a su espalda. Caminó hasta la entrada del pequeño bosque, donde se detuvo dándome la espalda a mi también.
-Vamos, Black..-Me dijo todavía sin girarse, ya que sabía que si se volvía a mirar él mismo se lanzaría a las brasas a sufrir aún más lenta muerte que la de su familia.
El tiempo pasaba rápido, y al largo invierno se le pospuso la corta primavera de aerandir, y a mitad de la primavera de ese mismo año, caminando por las runas de los Baldíos, nos emboscaron, no fui capaz de detectarlos ya que hacía días que no comíamos ni dormíamos, todo estaba en silencio hasta que nos rodearon, aún que hubiéramos comido y dormido no hubiéramos ganado contra más de treinta vampiros, o eso suponía.
Tardaron como 15 minutos en matar al viejo, después de desangrarlo lo dejaron en el suelo, tirado mientras yo me abatía con tres de ellos. No sé ni cómo ni cuando pasó, pero sin que me diera cuenta volvió a suceder, perdí todo control de mi misma de tal manera que, obviamente no recuerdo nada, absolutamente nada, pero cuando desperté, me encontraba tirada en el suelo, desnuda, entre un montón de cenizas y cadáveres descomponiéndose en cenizas. Me asombré al ver que las cenizas eran los vampiros y que yo sola había podido con ellos. Pero no importaba, me puse en pie y para mi sorpresa, ya, no era un lobo, era mi forma humana, esa que de repente tanto odiaba.
Lo que más me dolía era que no podía volver a mi forma de lobo.


Última edición por Nana el Sáb Jun 29 2013, 20:29, editado 3 veces
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Re: Las consecuencias de una mala vida.

Mensaje  Nana el Jue Nov 26 2009, 19:21

Pasé un par de días caminando por el bosque, sin saber qué hacer ni donde ir, hasta que un día, por la madrugada, escuché el ruido del trote de unos caballos, no sabía si alarmarme o tranquilizarme, pero me quedé parada, esperando a ver qué sucedía.
Y unos jinetes, al parecer bárbaros o piratas o Dios sabe quién eran aquellos desgraciados, se acercaron a mi por la espalda y me rodearon.
-¡Anda! Mira, ya tenemos distracción.. -Dijo el que parecía el jefe, no me asusté, los señores vampiros eran mucho más imponentes que aquellos hombres a caballo, con armas de filo y sin dientes ni zarpas.
Y cuando el sol se posó sobre el pico nevado, aquel hombre bajó del caballo después de asegurarse de que no era un vampiro.
Hacía resonar sus molestas espuelas contra la nieve para llamar la atención. A miles de kilómetros se podría oler el olor a cerveza y las intenciones de aquellos hombres, debía ser yo una mujer muy atractiva en mi forma humana, cosa que siempre había desconocido.
-¿Es que no tienes lengua? -Me preguntó el hombre frente a mi, obligándome a que abriera la boca, pero yo, ni corta ni perezosa, abrí la boca dejando su dedo dentro y le mordí ton todas mis fuerzas, pero por mi mala suerte apartó el dedo antes de que yo pudiera cerrar la mandíbula.
Así que pasé al plan B, ese que el viejo me dijo que siempre tuviera preparado, y así lo hice. Le escupí en la cara. No estaba acostumbrada a usar mis manos ni mis pies, así que no podía salir corriendo.
El hombre se giró y al ver las anisas de sus hombres por utilizarme como su "juguete" me dejó a ellos.
-Haced con esta puta lo que queráis...-Dijo retirándose mientras se limpiaba la cara del escupitajo.
Pero ninguno de aquellos hombres sabían con qué monstruo se habían metido.
Cuando uno, casi desnudo, se acercó a mi manoseándome e intentó besarme le mordí la lengua, tan fuerte que hasta se la arranqué de cuajo, llenándome la boca de sangre, espesa y sucia. Caminé unos pasos haciéndome pasos entre aquellos hombres hasta que escupí la lengua al suelo y me giré hacia ellos. Todos, absolutamente todos aquellos robustos y fuertes y aparentemente valientes hombres salieron corriendo dejando sus ropas y sus caballos.
Qué poco acostumbrada que estaba a mi cuerpo humano, pero qué útil era. Cojí el caballo más joven y me vestí con la ropa que habían dejado tirada. Por el camino de vuelta hacia las runas de los Baldíos el caballo me dejó tirada, calló encima de mi, el pobre estaba agotado.
Me miré en uno de los charcos que había en mitad de las cenizas del bosque de Midgar, seguía siendo humana.
Con las manos cojí algo de agua y se la llevé al caballo. Al menos con eso recuperó algo de fuerzas para ponerse en pie y seguir bebiendo del charco.
Andando, llegué hasta las grandes runas en mitad de la ceniza, hacía mucho que no pasaba por allí.. Jé.
Me senté en la roca de en medio, en la mesa redonda en mitad de las cuatro runas de alrededor.
Me dormí, y cuando desperté el caballo estaba a mi lado, comiéndome el pelo.
Me puse en pie dispuesta a seguir mi camino hacia ninguna parte, cuando encima de los monolitos divisé cuatro lobos que bajaron rápidamente de las grandes rocas al verme.
-¿Tú eres la rastreadora asesina de vampiros?.- Preguntó el lobo blanco, ahora convertido en un joven de ojos azules como piedras marinas.
Me sentí un poco mal, algo asustada, tenía ganas de echar a correr pero algo me decía que me quedara, y fue así, me quedé.
Alguien se me acercó por la espalda echándome encima una chaqueta o una menta, no sabía.
-Eh.. Fer, no seas tan duro con la chica. -Desconcertada me giré hacia la voz del muchacho que me había puesto la chaqueta, iba a decir gracias cuando noté una mano que se me enganchaba al brazo.
-¡Eh! Si eres ella... ¿Vendrás con nosotros? -Me quedé parada, mirando al niño que me pedía ir con ellos, se suponía que la asesina de vampiros era yo, la que había matado treinta vampiros yo sola, pero no recordaba nada. No lograba recordar nada, sólo el viejo en el suelo muerto.
-No lo sé...-Ladee la cabeza y al rato de recapacitar asentí levemente.
Me volví a girar hacia mi caballo que estaba al lado de un hombre alto, muy alto y con el pelo grisáceo, estaba serio pero acariciaba y daba pan al caballo.
El caballo al verme echó a correr y empujando al chico de la chaqueta, el de los ojos marrones, se acercó a mi comiéndome de nuevo el pelo, me aparté poniéndome detrás del chico por si volvía a por mi el caballo.
-Soy Hige, encantado. -Se me notaba nerviosa, no sabía que hacía, ni qué podía hacer.
-Yo soy...-Iba a decir mi nombre real pero no se me venía a la cabeza decirlo. -Nana, Nana Blak..-Sí, sé que "Blak" Está mal escrito y es Black, pero Ruth siempre lo escribía así y así fue como a mis 16 años empecé a una nueva vida juntoa Feralas o Fer, Hige, Zhor, y el pequeño Kalí.
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Re: Las consecuencias de una mala vida.

Mensaje  Nana el Sáb Mar 13 2010, 23:15

Todo transcurrió normal durante un año, hasta que un día, cerca del lago sur, en el territorio de los licántropos, dormimos allí, como siempre, yo enmedio de Higue y Kalí, que siempre se peleaban por dormir conmigo.
Pero cuando desperté, ya no hestaba, no había nadie, solo yo. Ni la hoguera, ni nada, sólo yo y la chaqueta de Higue con la que estaba tapada.
Me asusté, corrí hasta el lago donde los busqué desesperadamente, pero no había nadie más que mi reflejo en el agua. Estaba asustada, tenía frío, hambre y estaba cansada de correr, aun que Fer me había ayudado a liberar de nuevo aquella forma tan animal de mis adentros, no tenía ganas de liberarla ahora.
Entre los arbustos salió Genro, hombre que me llevó hasta su cuartel, no hablé con él cuando me lo encontré, no nos miramos siquiera ya que yo estaba dormida, exhausta. Cuando desperté estaba en una cama, mullida y tapada con una manta de piel de cuero. La ropa estaba a los pies de la cama, por lo que supuse que estaba desnuda, en una mesa estaban unos hombres, jugando a los dados. Era una situación muy extraña. Me levanté y cojí mi ropa de encima de la cama, me iba a vestir cuando alguien me tocó el hombro por detrás.
-Pueddes quedarte o irte, como quieras. -Era el chico que me había recogido, de cabellos rojos como la mayoría de la gente de su clan, losbos rojizos.
Después de darle mi nombre decidí quedarme, total, no tenía ya nada que perder. A ver hasta donde llegaba mi buena suerte "buena".
Pasaron dos años más, con la mala pata de que Genro, al ser la única mujer del clan, me tenía encerrada en aquella casa, al lado del lago, marginada, por ser mujer y loba negra, celoso de si yo me fijaba en otro hombre que no fuese él.
Genro, enamorado de mi, odiaba que me miraran los demás de su clan. Un día reventé, vivir en una caja, obligada a ir en falda, y tapada hasta el cuello no era algo que me apasionase.
Pero, lo raro era que en el fondo de mi alma yo quería mucho a Genro, no quería irme, pero sabía que no era el hombre de mi vida. Y me alegro de no haberme quedado allí. Pues eses día, salí de allí, harta, cuando Genro salió detrás de mi y me tiró al suelo para retenerme. Indignada me transformé en lobo. Él me imitó y los dos nos enzarzamos en una larga lucha en la que yo fui la vencedora. Después de rasguñarle un ojo, inmediatemente me transformé en humana y fuy a socurrerle. Cuando me quise dar cuenta él también era humano de nuevo.
-Yo.. Nana, yo te quería... Por eso.. -Le tapé la boca con los dedos y negué con la cabeza.
Si no hacía nada, moriría allí mismo.
-Yo también te quiero. -Mentí, no, no mentí, lo dije de corazón, de verdad, le quería.
Sin saber que sería de él me marché de allí, así que supongo su muerte ya que nunca volví por allí.
Lloré, lloré más por él, por ruty y por los demás, ya no podía más.
No mucho después conocí a una buena amiga Nordica, a la que también le perseguía la mala suerte pese a que no era negra como yo. Junto a ella trabajé en una taberna "las cuatro moscas" en Lunargenta. Y con ella formé el clan Colmillo de Hierro.
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