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Una historia de dragones, el huevo de jade.

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Una historia de dragones, el huevo de jade.

Mensaje  Narrador el Vie Ago 23 2013, 17:59


El huevo de jade 

Cuenta la leyenda que cuando los primeros dragones vivían el mundo era un lugar mejor, no existía el odio ni la codicia, el mundo se movía por la magia de los grandes ancestros y vivían en paz, prosperaban a base de ayuda mutua; Pero había uno entre todos los dragones que destacaba por su odio y su rabia hacia los demás, fue desterrado por su codicia y sus ansias de destrucción. 

Este fue el que empezó a infundir el odio entre las razas que convivían felices en armonía, comenzó a hacer promesas vacías a los más débiles, prometiéndoles los poderes dignos de un dragón elemental, así poco a poco la codicia fue llegando a Aerandir. 

Se dice que en aquellos tiempos, cuando los dragones proliferaban, en aquella época dorada antes de las guerras que asolaron sus tierras, existían dos dragones supremos, llamados Bakthut, y Bakshel, los dragones que custodiaban a la luna y al sol.

Ambos dragones, una hembra y un macho, eran mellizos, con todos los lazos de sangre conectados entre sí. Más cada uno, por su lado y en secreto, mantenían oculto el amor que se tenían. No amor de hermanos, si no el amor que un hombre le tiene a una mujer, y viceversa. Más estos dos hermanos, después de ser designados a vivir su tarea para el resto de sus vidas, no pudieron volver a verse, sin que hubiese, de por medio y de manera irremediable, un largo eclipse.
Fue en uno de estos eclipses, en que Bakthut decide poner punto final a la cuestión. Acuerda con Bakshel, al momento de la entrada de la luna y de la salida del sol, provocar el más largo eclipse en toda la historia de Aerandir. Bakshel, dragona encargada de dar la luz dorada del sol a la tierra que custodiaba, decide aceptar. Así, funden Aerandir en una plena oscuridad, extendiendo la penumbra a través de todas las tierras, siendo el punto más oscuro, el territorio donde los dragones vivían su tranquila y próspera vida.

Es así como los dragones mellizos deciden escaparse, sumiendo a Aerandir en la más densa oscuridad, la cual ni la noche podía comparar ni hacer juicio. De éste día oscuro, maldecido por muchos, y alabado por otros, donde Bakthut y Bakshel se unen en contra de todo, nace un huevo del color del jade, de enormes proporciones, de un resplandor brillante y hermoso. Cuando el eclipse termina, y Bakshel sale a dar la luz del día, sin que nadie le reprochase ni una ínfima cosa, se descubre a sí misma como un ser diferente. Si antes era de un amarillo pálido, ahora es del color del sol, completamente dorada. Y así, Bakthut, al salir junto con su hija la luna, se descubre del color más puro de la plata, brillante como aquél metal preciado.

Entraron en guerras, los dragones intentaron pararlo pero era demasiado tarde, todos estaban contaminados por la semilla de odio que fue plantada por el dragón oscuro, los dragones agotados empezaron a decaer, entrando en un profundo sueño escondidos en sus tierras, volaron lejos de toda tierra conocida. 

Algunos dicen que las almas de los dragones elementales residen en huevos de dragón, grandes y relucientes, escondidos en zonas inhóspitas donde nadie los pueda encontrar, pero antes de irse el dragón de tierra, el dragón que más cariño cogió a los caballeros dragón les dio este huevo, el huevo donde residiría su alma para que jamás perdiesen la esperanza de creer en un mundo mejor, para que no perdiesen la esperanza de que algún día volverían y Aerandir sería un mundo mejor. 

El huevo de jade siempre fue custodiado por una sacerdotisa, virgen, que debe dedicarse en cuerpo y alma a las oraciones a los dragones elementales para que algún día oigan sus rezos y vuelvan a Aerandir a instaurar la paz. 


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