Vegvísir, la guía nívea[Privado]

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Vegvísir, la guía nívea[Privado]

Mensaje  Alandor Siland el Sáb Ago 31 2013, 15:53

Había dejado a Megara en Dundarak, no podía arriesgarse a que lo acompañase en esa misión, no sabía qué era lo que pasaría en ese lugar donde Sokotora le había dicho que debía ir y después de un par de meses con él la muchacha había aprendido a valerse por su cuenta, por lo menos durante unos días o semanas como mucho. Había subido todas las llanuras nevadas para llegar al lago helado, pues por la información que había recibido de ella lo más probable es que se encontrase por los alrededores. "Una cueva, una cascada... una cueva, una cascada..." se repetía en su mente.

Se encontraba solo con su negra vestimenta cubriéndose con la capa por el frío mortal que llegaba a aquellos lares. "El frío congela a la tierra, la cubre, pero ésta prevalece, no me dejaré vencer, soy hijo del dragón" se repetía cada vez que le viento gélido le hacía recular unos pasos. Su férrea voluntad de hierro lo llevo andando hasta el lago helado y allí no encontró más que hielo y nieve.

El día anterior a su partida de la capital había visitado la que había sido la casa de Ragnar, quería reencontrarse con él después de tanto tiempo y había decidido hacerle una visita, pero sus familiares que al principio no lo habían reconocido le habían dicho que se encontraba fuera pero que volvería pronto. Podría haberse quedado a esperarle pero el tiempo apremiaba, pues cuanto antes acabase la funesta tarea antes podría volver victorioso o quedarse allí, deshonrado, y esperaba con ganas el desenlace de todo aquello que provocó su partida. Así pues les dijo a sus familiares, cuando le preguntaron, por qué había vuelto a la capital. - Para encontrar la espada sin nombre, pues ya sé dónde está. - Respondió y luego se fue. Todos sabían que se encontraba cerca del lago helado, pero nadie la había encontrado aún, aunque la adivina le había asegurado que se encontraba allí.

La ventisca empezaba a amainar y sus pasos empezaron a ser más firmes. Las calientes botas negras de piel se introducían en la nieve y volvían a levantarse a cada paso, empezaba a sentir el frío en los huesos e iba a necesitar un sitio para pasar la noche en aquél infierno helado si no quería morir, y encontrar algo para hacer fuego iba a resultar más que difícil. Hacía tiempo que no se encontraba en unas dificultades semejantes y aquello no le gustaba, pues prefería hacer las cosas de forma diligente, pero ir allí y recuperar la hoja era su deber y su destino, y ningún hielo, viento o frío se interpondría entre él y la hoja de sus ancestros.
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Re: Vegvísir, la guía nívea[Privado]

Mensaje  Ragnar Lodbrock el Dom Sep 01 2013, 13:21


Llevaría como tres o cuatro días perdido en el norte, pues su sentido de la orientación era cuanto menos, pésimo, si no llevaba su brújula Ragnar no sabía dónde iba, y quizá llevaba tiempo diciendo que estaba entrando alb osque de los licántropos y solo estaba caminando el círculos. Pues así fue, llevaba tres días caminando en círculos, llevaba un mapa escrito en un trozo de cuero, puesto que la nieve y el hielo desharían cualquier mapa de papel. Las indicaciones de su padre no eran muy exactas, quería ir a Lunargenta, pero pasaba una y otra vez por el lago helado.

El propósito de su viaje era encontrar una razón para luchar, conocer nuevas culturas, nuevas razas, emborracharse en cinco lugares diferentes y mujeres, muchas mujeres. Estaba harto ya de mapas y de indicaciones, no había nada que más odiase que perderse en mitad de su propio territorio. De la rabia le dio un puñetazo a un árbol cercano, dejando sus nudillos marcados en éste, entonces se le ocurrió una idea. Si marcaba todos los árboles por donde pasaba, y volvía a verlos, era que estaba dando vueltas en círculos, pero si conseguía alejarse de ellos, iría por el camino correcto. Su astucia cada día le sorprendía más.

"Seguir el río, seguir el río.." Decía para si mismo buscando el riachuelo, congelado. Todo iba bien hasta que unas nubes negras de tormenta se posaron sobre su cabeza.
-Por los dioses, qué suerte la mía. -Maldijo tapándose la cabeza con la capucha de la capa y echó a correr. De poco sirvió, pues el muchacho poco podía avanzar contra la tormenta. Abrigado hasta la nariz y con la capucha puesta Ragnar intentaba caminar contra el viento mientras los copos de nieve se incrustaban en sus poros y le helaban las entrañas. Entre la ventisca divisó un cuerpo, casi no podía abrir los ojos pues si los abría del todo la nieve entraba. 

Cada vez la tormenta era menos impetuosa, los dioses quizá estaban de su parte en su aventura, o quizá tan solo le estaban dando un momento de paz y tranquilidad. 
-¡Eh, tú! -Gritó poniéndose las manos a ambos lados de la boca, amplificando el sonido. -¡Espera! -Volvió a gritarle echando a correr y moviendo el brazo para que le viese. Cabían dos posiblidades, o bien era un viajero como él y le ayudaría a entender el mapa, o era un asesino. Por si acaso Ragnar llevaba bien agarrada su espada al cinto, con la mano preparada para desenvainar en cualquier momento. El escudo hacía un ruido infernal cada vez que daba un paso, tenía callos detrás de los muslos del roce de la madera y el cuero, pero eso no importaba, había resistido entrenamientos peores.


Última edición por Ragnar el Dom Sep 01 2013, 19:12, editado 1 vez
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Re: Vegvísir, la guía nívea[Privado]

Mensaje  Alandor Siland el Dom Sep 01 2013, 13:58

"Cuando el sol no se deja entrever es difícil calcular el tiempo..." pensaba mientras caminaba por la nieve. Ya hacía tres meses según sus cálculos que había abandonado Sandorai, solo le quedaba un mes, posiblemente menos. No sabía exactamente en que día vivía pues cuando miraba al cielo solo veía nieve, un firmamento blanquecino, níveo.

Empezaba a agotarse pero debía continuar, no encontraba lugares para descansar apropiadamente y tampoco la cueva, pero por suerte en su pellejo aún tenía una buena dosis de vino caliente, o así se llamaba cuando salió de Dundarak, pues ahora era simplemente un vino con especias y aderezado con algo de miel, un buen vino sin duda alguna pero de no podría aprovecharlo si moría en aquellas llanuras cubiertas de nieve, así que dio otro trago. Fue en el momento en que acercaba sus labios agrietados y medio congelados a la boca del pello cuando escuchó un sonido. Llevaba días escuchando al viento, traía ruidos de muchos sitios pero nunca con un significado definido, aquél era distinto, cercano.
Se giró y vio al hombre que se aproximaba, lo inspeccionó con su usual mirada, observando su rostro y sus ropas, sus armas. La nieve no lo dejaba mirar bien pues había demasiada pero su hábil ojo estaba entrenado y tenía un historial infalible de más de mil personas, nunca se le escapaba un arma bajo la cota u oculta en algún ropaje, pero en aquellas condiciones no podía observarlo con claridad. No podía saber con certeza si era un enemigo pero de algo estaba seguro, no podía continuar como hasta ese momento. "Los dioses son bondadosos" pensó simplemente y esperó como el hombre le había dicho, dejó que se acercase, viendo todo lo que podía. El rostro le resultaba familiar pero no sabía de qué hasta que se encontró cerca. Tenía la mano casi rozando la empuñadura de su espada pero cuando reconoció a la persona oculta tras la nieve relajó los brazos. "Realmente bondadosos".

- ¿Ragnar? - Dijo con una voz ronca que llevaba ya horas sin salir de las profundidades de su ser. No podía ser otra persona pues esos tatuajes solo los llevaba ese bribón amigo suyo. - Bondadosos son los dioses, ¿estoy soñando? - Hizo una pausa, estaba cubierto de pieles y hacía años que no lo había visto, era muy probable que él no lo hubiese reconocido. - Soy Alandor, viejo amigo.

En los viejos tiempos él lo hubiese saludado desenfundado la espada y haciéndola bailar al son de la de su amigo, pues así eran los jóvenes y eso habrían hecho en ese momento muy probablemente pero la tormenta lo impedía además de que el caballero dragón, el más recto de los dos, no estaba en condiciones de pelear pues el cansancio de días de caminos infructuosos lo había llevado a la extenuación. - No te había reconocido de lejos, pero tu cara sigues siendo igual, o eso o que los tatuajes te delatarán allá donde vayas. - Sonrió.
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Re: Vegvísir, la guía nívea[Privado]

Mensaje  Ragnar Lodbrock el Dom Sep 01 2013, 14:22

A cada paso la figura se dibujaba entre los copos de nieve, en otras circunstancias lo habría reconocido de lejos, aquellos andares eran difíciles de olvidar para un viejo amigo como aquel. Pero entre el cansancio, la nieve y que estaba perdido Ragnar había bajado la guardia, pero cuando se giró hacia él y le habló no cabía más asombro en su rostro, se quedó con la boca casi desencajada y los ojos desorbitados, Alandor, cómo no había caído antes. Se llevó las manos a la cabeza asombrado, hacía tanto tiempo que su compañero de entrenamiento había abandonado Dundarak, que pensaba que ya estaría en las islas rodeado de mujeres y de buena cerveza. Aquel era el último sitio en el que esperaba encontrar a su amigo, pero agradecía a los dioses por tal reencuentro. 

-¡Por mil huevos de dragón! ¡Hermano! -Gritó con una amplia sonrisa y alzó los brazos para darle un fuerte abrazo a su recién encontrado amigo, le dio unos golpes en la espalda y se separó. -No puedo decir lo mismo de ti, viejo amigo, desde lejos me habías parecido una mujer, menuda decepción. -Bromeó dándole golpes en el hombro, como en los viejos tiempos. Miró un momento al cielo, parecía que los dioses no estaban tan enfadados como él pensaba, y poco a poco se dispersaron las nubes, dejando de nevar. Ragnar se quitó la capucha aún sonriendo, no podía creer lo que veía. -Te invitaría a una cerveza, pero creo que estamos un poco lejos de casa, ¿Dónde te diriges, Alandor?-Le preguntó con curiosidad, pues él pronto también quería partir en busca de aventuras, y si en algo podía ayudar a su amigo, él lo haría. -Pensé que estarías en las islas, con calor, vino y buenas mozas. -La tormenta había parado, como si los dioses quisiesen de aquel reencuentro.

-Mejor busquemos refugio y me lo cuentas allí, ya sabes qué traicioneras son estas tormentas. -Miró de nuevo al cielo, empezaba a clarear pero sabía que no era seguro, el viento había parado del todo y aquello no era precisamente una buena señal, lo de antes tan solo había sido un adelanto de lo que estaba por llegar.
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Re: Vegvísir, la guía nívea[Privado]

Mensaje  Alandor Siland el Dom Sep 01 2013, 20:07

- Siempre pensando en lo mismo. - Sonrió a su comentario sobre isleñas y cervezas. - Realmente sí que estado en las islas e incluso te podría contar alguna anécdota, incluso he traído a una de las mujeres de la isla conmigo, pero no es el lugar apropiado para explicarlo. - Cuando acabó de decir aquellas palabras notó como el viento cesaba, se tensó. Cuando en el norte la ventisca amainaba de golpe... no era buena señal, lo había aprendido después de años y años viviendo bajo los gélidos muros de Dundarak. Él también lo sabía y se adelantó a sus palabras. - Bien lo sabes, amigo, aprovechemos el tiempo que nos ha sido otorgado en forma de tregua de los cielos y busquemos un refugio.

Aquel lago estaba congelado, por lo menos por la superficie pero había descubierto que detrás del hielo el agua seguía fluyendo. Había pasado a través de dos cascadas congeladas pero ninguna de ellas ocultaba cueva alguna. Si tan solo pudiesen encontrar la caverna de la espada podrían refugiarse y acabar la desdichada tarea de un plumazo, pero veía que iba a ser complicado.

- Hemos vivido en estas tierras y aun así no conocemos las cuevas de este lugar, pero no importan pues de estas solo busco una, y si la encontrásemos podríamos ir a mi casa y dar un gran banquete... sí, es lo que haremos. - Comenzó a caminar mirando con sus fríos ojos a derecha e izquierda buscando cualquier indicio de refugio. Sin el viento lanzando la nieve a la cara se veía muchísimo mejor y aquello los ayudaría en demasía. - Es una cueva tras una cascada y allí se encuentra mi objetivo, Ragnar, hay que encontrarla.

Sacó el pellejo y le ofreció un trago. Sabía que él no lo rechazaría en cuanto oliese el alcohol pues era un gran bebedor, mucho mejor de lo que él mismo sería jamás, realmente era un hombre fuerte pero la lujuria y la bebida lo perdían, malas cualidades para un caballero, pero seguía siendo el más querido de sus amigos y siempre otorgaba buenos consejos. Se alegraba de tenerlo a su lado durante la búsqueda y se alegraba a su vez de haber dejado a la aprendiz de adivina en Dundarak pues no habría hecho más que entorpecerlo en el camino y muy probablemente hubiese muerto.

Pasó poco más de media hora cuando encontraron un orificio en una montaña, no era del tamaño perfecto para que cupiesen dos hombres de pie, pero sentados sí que entrarían. Él por lo menos no pensaba quedarse de pie así que ya le estaba bien. No se veía el fondo, era oscura y no se sabía que podía haber ocultándose también que hubiese llegado antes que ellos, pero su fiel acero lo acompañaba y no temía a nada en aquel lugar.
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Re: Vegvísir, la guía nívea[Privado]

Mensaje  Ragnar Lodbrock el Dom Sep 01 2013, 21:10

Echaron a andar, no sabían cuánto tiempo tenían antes de que la nieve acechase con volver a caer más fuerte, podrían morir congelados si se despistaban y no calculaban bien, o si no encontraban refugio, pero para dos dragones, hombres del norte como ellos aquello no sería impedimento para continuar su viaje, los dioses estaban de su parte, al menos de momento.
-Así que aún sigues buscando la dichosa espada. -Negó con la cabeza mientras esbozaba una sonrisa, admiraba de verdad la constancia de Alandor, era una de sus mejores cualidades.

Aceptó el trago de su compañero mientras caminaban, el frío le helaba hasta los huesos, pero no era suficiente razón para dejar de andar, ni para hacer una pausa, el alcohol le mantenía despierto y caliente, hacía mucho rato ya que había acabado sus reservas de alcohol, en realidad nada más salir ya le quedaba menos de la mitad. Intentó no dejar sin trago a su compañero y le pasó el pellejo. Ragnar se moría de ganas por escuchar las historias sobre mujeres y alcohol que Alandor le tenía preparadas.

Pronto llegaron a una cueva, pequeña, bastante pequeña para dos hombres fornidos como eran ellos dos, pero suficiente para pasar la tormenta que se avecinaba.
-Pero sin rozarse mucho, eh. -Bromeó mirando el pequeño espacio y después a su amigo. Antes de que ambos se sentasen en aquel hueco se metió casi de rodillas para inspeccionar el fondo. No sabía muy bien qué podría encontrar en dicho orificio, pero la curiosidad le podía.  

Naturaleza temeraria y tozuda, con un toque de astucia, se introdujo en la cueva haciéndole un ademán a su amigo para que se metiese con él.
-Va Alandor, como en los viejos tiempos, ¿Qué puede ser peor que una tormenta? -Sacó dos piedras que le había dado su padre antes de marchar con las que hacer fuego, sacó un pañuelo de su bolsillo y se sonó, y luego lo enroscó en un palo que tenía a mano. -Con tu permiso...-Dijo quitándole a Alandor la bota de vino para rociar el pañuelo, se puso el palo en la boca y frotó ambas piedras prendiendo el pañuelo. Le devolvió la bota con una sonrisa de disculpa.

La cueva era mucho más profunda de lo que esperaba, pues aún con la improvisada antorcha aún seguían sin ver el fondo.
-Parece que se ensancha un poco más allá. -Comentó llevando la antorcha hacia la oscuridad de la cueva para iluminarla, pero aún así el fondo quedaba negro y tan solo se escuchaba un goteo y el resoplar del viento en la entrada de la cueva.
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Re: Vegvísir, la guía nívea[Privado]

Mensaje  Alandor Siland el Lun Sep 02 2013, 18:35

El frío empezaba a notarse de nuevo pero era una suerte que hubiesen encontrado un sitio donde refugiarse durante la tormenta. Deseaba que pasase rápido para poder seguir buscando. Echó un vistazo al oscuro fondo preguntándose qué habría detrás y fue en ese momento cuando Ragnar decidió aventurarse hacia lo que había en el interior. Sus palabras eran ciertas pero nada sabias como de costumbre pues había cosas peores que la tormenta. - Puedes quedarte atascado y morir de hambre, por lo menos dicen que la muerte por congelación es como un dulce beso mortal. - Comentó mientras observaba hacer.
El muchacho siempre había tenido buenas ideas e improvisaciones que merecían la pena, jamás se le habría ocurrido encender una antorcha allí y si hubiese estado solo no hubiese decidido investigar el lugar, pero de todas formas no perdían nada por investigar así pues se agachó y lo siguió.

La caverna se hacía un poco más estrecha y al pasar rozaban la cabeza contra el techo, y sus músculos no ayudaban en nada esta vez. Empezaba a cansarse pero miró al frente y vio que su compañero tenía razón, en frente de ellos empezaba a ensancharse, y eso era una buena señal, quería decir que debía de estar conectada a algún lado, una entrada alternativa o alguna cosa parecida.

Cada vez hacía más frío, incluso cubierto de pieles como estaba podía notarlo, allí dentro era como si la tierra se volviera helada pero sin congelarse, era un frío que llegaba a los huesos pero no los paralizaba, simplemente era esa sensación. - Empieza a refrescar, vamos a pillar un resfriado, y cuando encuentre la espada bailaremos para entrar en calor. - Sonrió mientras llegaba al final. - ¿Qué te parece? - Vio como Ragnar empezaba a levantarse y poco después hizo lo mismo él. Al alzarse, lentamente debido al cansancio. Al levantarse se pasó la mano por los pantalones y jubón para sacudirse la nieve mezclada con la tierra y miró alrededor. No se veía más allá de la antorcha pero iluminaba la zona circundante de los dos dragones. Miró al techo y lo que vio lo sorprendió, era una especie de carámbano de hielo pero no era exactamente de esa materia. Lo observó mejor. - ¿Cristal? - Preguntó en voz alta pero para sí mismo.

Llevó su mano a la empuñadura de la espada y se puso en posición defensiva, poniendo el pie izquierdo delante y el derecho detrás. Escuchó. Nada, ni un solo sonido. Aquello no le gustaba nada. - Este sitio no lo conocía, imagino que tú tampoco, puede ser peligroso, caminemos con cautela, y por lo que más quieras, buen amigo, no corras ni grites, te conozco demasiado. - Se colocó de nuevo en una posición normal y echó a andar unos pocos pasos cortos pero con la mano siempre en el pomo de la espada.
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Re: Vegvísir, la guía nívea[Privado]

Mensaje  Ragnar Lodbrock el Lun Sep 02 2013, 20:45

Había quedado fascinado por la naturaleza de aquella cueva, no sabía siquiera que aquello existía, nadie le había hablado antes de una cueva como aquella, oculta tras un pequeño orificio, no lo había leído en ningún libro. No se había dado ni cuenta de las palabras de Alandor, ni cuando se acercó a mirar qué era lo que recubría la cueva.

Ni en sus sueños había visto algo tan fascinante, tan precioso. Salió de su embelesamiento, entonces una ráfaga de aire salió y apagó la antorcha, el espectáculo que se dibujó ante sus ojos era tal que Ragnar se quedó de nuevo anonadado, con la boca abierta se acercó a su compañero y le puso la mano en el brazo para que bajase el arma. Sentía una especie de premonición, una paz, quizá un antiguo santuario.

Ante sus ojos la cueva se iluminó de un verde turquesa centelleante, los cristales del techo se iluminaban alternándose sin iluminar del todo la cueva, con el brillo necesario. Miró a su amigo con una sonrisa de excitación y curiosidad, le brillaban los ojos.

-Hermano, esto es una morada digna de dioses ¿No sientes esa paz? Baja el arma, no quieras ofenderlos. -Ragnar dejó tirado el palo que utilizaba como antorcha tirado en el suelo y se adelantó unos pasos, cuando se quiso dar cuenta sus pies se habían sumergidos en agua. Miró al suelo, las luces del techo se reflejaban en el agua, tranquila. -¿Lo oyes? Alandor, ¿Lo oyes? -Se giró hacia Alandor, sentía que el corazón se le iba a salir del pecho de la emoción, de fondo el sonido de agua en circulación.

 Miró al suelo, vio que algo brillaba en el suelo y se agachó, una piedra, pero no cualquier piedra, era una de esas piedras que las brujas utilizaban para sus runas. Miró de nuevo a Alandor y le lanzó la piedra para que la cogiese. -¿Me crees ahora? -Le preguntó con una sonrisa de satisfacción, sabía de la incredulidad de su compañero y no le culpaba, pues Alandor había viajado más que él y había vivido quizá más aventuras que él.
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Re: Vegvísir, la guía nívea[Privado]

Mensaje  Alandor Siland el Mar Sep 03 2013, 14:44

Cuando se apagó la antorcha repentinamente y se encendieron las luces de la caverna miró a todos lados, era algo impresionante, algo que jamás hubiese imaginado que existiese, allí en el interior de la montaña. Escuchó el ruido del agua, debía ser un afluente subterráneo del Tymer, no había duda de aquello, pero la majestuosidad que reinaba en el ambiente debía de ser divina y no demoníaca. - Tienes razón, Ragnar, he sido demasiado atrevido. En este lugar a la luz de los cristales todo parece puro. - Retiró la mano de su espada.

Quedó absorto unos momentos, pensativo, mirando el techo, escuchando el sonido del agua fluir y entonces volvió a llevar la mano a su arma, pero esta vez no a la empuñadura sino a la vaina. La asió y con un lento movimiento la sacó del cinto, se acercó a la que había sido su entrada y la dejó en el suelo, suavemente. - No debemos profanar este lugar con nuestro acero. Lo dejaré en la entrada. - Era una decisión difícil para el dragón pues no estaba acostumbrado a andar sin el que la funda de su acompañante chocase contra su muslo mientras caminaba, pero lo veía necesario pues en aquel momento se sentía como si entrase en una casa ajena en la cual era un invitado, a pesar de que nadie le había pedido que pasase. - Hay que explorar el lugar, deberíamos seguir el curso del río pues quizá conduzca a alguna salida que desconocemos y sea más fácil entrar y salir por ella. - Cuando se hubo cerciorado de que Ragnar había depositado su arma junto a la propia, echó a caminar y pisando con cuidado buscó el linde de la tierra cercando el río, pues a pesar de que aquél lugar estaba algo iluminado y se podía ver medianamente bien, necesitaba un poco más de iluminación, pues por todos es sabido que las entrañas de las montañas son siempre oscuras.

Poco tardaron en encontrar el agua que fluía y parecía dirigirse hacia el oeste, donde se encontraba el lago, pero según sus cálculos ellos se encontraban en un nivel superior al de éste, en una elevación de la tierra, por ello debía haber un desnivel que ocasionaría... - ¡Una cascada! - Alzó la voz ante su descubrimiento el cual le forzó a seguir el río, casi corriendo a su lado. - Si no me equivoco al final de este lugar debe haber una. - Mientras él corría se fijó en que su amigo le seguía el ritmo, rápido y fuerte como era era muy probable que tuviese incluso más resistencia que él, pero no tardaron mucho en encontrar un gran orificio del cuál provenía la luz, disipada por una especie de barrera azul semitransparente, como un muro de hielo que tapaba la cueva pero que dejaba espacio suficiente para que el agua cayese hacia el lago. Era un portón de piedra por el cual el agua fluía y se caía en forma de cascada pero con un protector natural de hielo venido de arriba de la montaña, formando así una cascada helada tras la cual había una líquida, una de las corrientes que llenaba el lago, una doble cascada que ocultaba la sólida puerta de la cueva.
Al caballero se le pusieron los pelos de punta al descubrir lo que significaba eso. - Hermano, hemos encontrado la cueva... aquí está la espada. - Lo miró con una gran sonrisa y pronto soltó una sonora carcajada. Los dioses habían hecho que se encontrase con su amigo y lo habían llevado al refugio dándole una tregua, y parecía que iba a encontrar la espada en aquél lugar, como Sokotora había dicho. - ¡Busquémosla!
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Re: Vegvísir, la guía nívea[Privado]

Mensaje  Ragnar Lodbrock el Mar Sep 10 2013, 11:36

No cabía en su imaginaci´on que tal cosa podría existir de verdad. Había leído fábulas y cuentos, mitos sobre santuarios, donde Odín descansaba con sus cuervos uno a cada lado de su silla. Jamás se lo pudo imaginar de hielo, jamás se pudo imaginar que las paredes brillasen con colores turquesa, había descubierto un mundo, estaba viviendo aquella aventura que siempre quiso vivir de pequeño.
Asintió con la cabeza a las palabras de Alandor, los dioses sabían qué maravillas podría esconder aquel lugar, alejado de los humanos y todo ser que pudiese perturbar el descanso de los dioses. Pero ellos estaban allí. Esbozó una amplia sonrisa y se acercó al muro de hielo. Pegó la oreja pero sin tocar el muro, pues estaba frío, y escuchó un susurro, era un susurro especial, era como si el viento cantase con el hielo haciéndole cosquillas, cual sirena en el mar. Ragnar tardó un tiempo en reaccionar.
-Las normas custodian este lugar querido amigo. Escucha, escucha su canto. -Le dijo señalando al muro para que pegase la oreja tal y como él había hecho. En otras circunstancias se habría puesto a dar saltos de alegría, fruto de la excitación que le causaba todo aquello, por fin su entrenamiento era útil para algo.
Miró al muro, no sabía qué grosor tendría, y había que encontrar una puerta. Se quedó un rato pensando hasta que se le ocurrió, sabía que la puerta tendría diferente grosor de hielo, así que empezó a golpear con los nudillos el hielo, compacto como las mejores rocas. Lo oía, oía cuánto tardaba en llegar el sonido, sonrió. Siguió golpeando el hielo de punta a punta, entonces lo vio. Se quedó un rato allí, estupefacto, sin decir nada. Reluciente acero de escamas de dragón, con el mango el sello de la familia Siland. Soltó una carcajada. No había encontrado la puerta pero sí una especie de lámina de hielo que dejaba entrever lo que había al otro lado de aquel muro, una pequeña cascada que daba a un pequeño lago, iluminado por el azul del techo y además de un orificio que dejaba entrar la luz del sol.
-¡Alandor! Los dioses te quieren hermano. -Le sonrió haciéndole un ademán para que se acercase a él. No sabía aún dónde estaba la puerta, pero sin duda había hecho un descubrimiento bastante interesante.
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Re: Vegvísir, la guía nívea[Privado]

Mensaje  Alandor Siland el Dom Sep 15 2013, 12:34

Observó estupefacto donde le indicó Ragnar y él también la vio, era ella, la espada de Siland, la familia. Parecía que los mismos Dioses los habían llevado hasta aquel lugar pues cuando llegaron estaban completamente perdidos pero en el momento que se encontraron las nieves cesaron y el camino se abrió para ellos. ¿Sería el destino el que quiso que los dos amigos encontrasen la espada de las escamas? Quizá había sido la propia espada que los había llevado, pero no había duda, pues al final  de la empuñadura podía verse el emblema de la familia. Era ella.

Alandor entró en una euforia extraña en él pues jamás se había sentido tan contento. Después de años y años, decenios, buscando la dichosa espada allí estaba, frente a él, y podría volver a casa y enseñarla, que su padre se sintiese orgulloso, que su estirpe y sus ancestros también. Estaba allí, clavada sobre la roca alrededor de un lago. No podía esperar.

Se echó a un lado y se volteó poniéndose de costado, entonces embistió contra el hielo, haciéndose heridas en el brazo, resquebrajando la ropa y rajando la piel a través de ésta. El hielo tenía una buena grieta pero no consiguió romperlo. Dio una segunda embestida y en ese momento se escuchó un fuerte impacto, mucho más que el primero, y más hielo partiéndose, pero no había sido suficiente, y es que aunque su brazo ya estaba bastante herido, eran superficiales, nada que no tuviese cura. Volvió a ello, esta vez con la fuerza de la primera y segunda embestidas juntas y consiguió atravesar el muro con trozos de hielo clavados por el cuerpo, rondando al interior de la sala. El amigo lo miró estupefacto, como si no acabase de creer lo que había ocurrido, pero por suerte el resto del hielo no sucumbió, así que nada ocurrió.

- No podía esperar, y ante todo he de decir que estas muchas, pero sobretodo las del brazo derecho, serán las primeras cicatrices que llevaré con orgullo, Ragnar, las primeras, pues las he recibido cumpliendo mi deber último, y serán un recuerdo del que espero sea mi triunfo. - Caminó hacia el borde del lago, ya la veía allí en el centro, sobre un pequeño islote.

El techo estaba recubierto por los cristales que iluminaban la estancia y era un lugar cerrado, pero realmente todo aquello no importaba, de hecho no se fijó demasiado en lo que había allí, solo tenía ojos para la espada y el blasón de su familia.

Blasón de Siland:

El agua debía de estar helada e inspeccionó el terreno y pronto observó que el nivel del lago era tan bajo como las botas debido a que una gruesa capa de hielo estaba en el fondo, y aquello lo envalentonó a cruzar, pero primero se quitó los zapatos, pues necesitaría enfriar sus pies una vez saliese del agua, así que los asió con la mano y puso los pies en el casi congelado lago. Un frío doloroso subió por todo su cuerpo, pero sus convicciones lo obligaron a seguir adelante hasta llegar a la espada. Subió a la piedra que sostenía a la escamada, era alta, más de lo que pensaba, y tuvo que apoyarse con las manos pero primero puso encima las botas para que no le molestasen, entonces se impulsó con las extremidades superiores y subió al peldaño y se encontró cara a cara con su destino.

Acercó lentamente su mano, temoroso como nunca se había sentido, a la empuñadura y entonces llegó el momento, consiguió tocarla, era fría, pero no el acero escamado sino el mango el cual envolvió con la palma de la mano y sus dedos, y allí le vinieron cientos de escenas a la mente pero la más sonada fueron las de sus últimos años encerrada allí y un nombre que resonaba en su cabeza una y otra vez. - Vegvísir. - Anunció Alandor. - La guía nívea, aquella que conduce a los hombres a la victoria, aquella portadora de paz en el norte, señora tanto de la nieve y el hielo como de la tierra que recubre, farol de caminos y muerte de engendros. Vegvísir es su nombre.
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Re: Vegvísir, la guía nívea[Privado]

Mensaje  Ragnar Lodbrock el Miér Oct 09 2013, 18:46

Ragnar quedó conmocionado por todo lo que estaba ocurriendo pues pocas veces había visto a su amigo tan obsesionado con algo, tan obstinado en conseguir aquella espada, él jamás entendería el valor sentimental y el orgullo que debía de experimentar Alandor en aquellos momentos, simplemente era un joven dragón con ganas de aventura cuya meta en la vida era sentarse en el consejo de Fuegodragón. No hizo falta ayudar a su amigo a tumbar aquel muro de hielo, él mismo lo derribó con sus brazos haciendo alarde de las cicatrices de su brazo.
Miró a su amigo mientras este cruzaba el pequeño lago en el que se posaba la reluciente espada, magnificente, impoluta como si los años no hubiesen pasado para ella. Su amigo se había cegado con aquella espada y no pudo ver todo el esplendor de la escena, la espada emitía un brillo sobre el hielo que se reflejaba a su vez en forma de espejo sobre un punto exacto. No tuvo mucho tiempo para localizar aquel juego de luces puesto que su amigo ya había cogido la espada. Aplaudió e hizo una pequeña reverencia sonriendo de medio lado ante el hallazgo.
-Las mejores espadas tiene nombre, o al menos eso dicen. -Bromeó sobre el comentario de su amigo acerca de la espada.
Mientras él seguía contemplando la espada, Ragnar caminó por una fina capa de hielo que se había formado alrededor del lago, con cuidado, en una fracción de segundo pudo apartar el pie de una grieta que se hizo al pisar.
-Uf, por los pelos... -Dijo en voz baja mirando la grieta que había hecho tras sus pasos.
Siguió caminando mientras palpaba la roca, fría roca, hasta que localizó allá donde el reflejo de la espada había marcado anteriormente. Quizá no fuese nada, quizá fuese una trampa, pero la naturaleza curiosa de Ragnar le invitaba a averiguar qué otros secretos escondía aquel santuario.
-¡Por Odín! -Se exaltó al tocar algo que había cubierto el moho de las paredes y solo al palparlas se podría ver. Era un relieve, podía notar como habían cincelado la piedra. Con la punta de los dedos desnudos, pues llevaba unos guantes de cuero que tan solo le cubría la palma de la mano, más cómodo para empuñar espada y escudo, paso los dedos al rededor del relieve, apartando los pequeños trozos verdes. Allí se dibujó tal como había anunciado Alandor, un vegvísir. -Alandor, los dioses quieren que me invites a un buen festín. -Le dijo a su amigo señalándole el hallazgo, no sería casualidad que aquel símbolo utilizado antaño por los sacerdotes para los rituales se dibujase allí, tal como el nombre de la espada anunciaba.
En mitad de aquel símbolo se dibujaba un pequeño círculo del tamaño de la empuñadura de su espada, Ragnar enseguida se dio cuenta, no, sin duda aquello no era para nada una casualidad de la vida.
-Alandor Siland, de la honorable familia Siland, los dioses os sonríen a ti y a tu familia, más que a mi Odín no me sonríe, tan solo me dotó de gran inteligencia para acompañarte en esta aventura. -Sonrió a su amigo y le señaló el agujero que había, perfecto para la empuñadura de la espada que acababa de encontrar su amigo. -Te concedo el honor...-Le dijo con un ademán y se apartó de la pared para que Alandor hiciese aquello que debía de hacer. Tan solo esperaba que no intentase derribar la roca con el brazo como había hecho con el hielo.
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Re: Vegvísir, la guía nívea[Privado]

Mensaje  Alandor Siland el Vie Ene 17 2014, 11:27

Alandor seguía maravillado mirando su hoja, la hoja de los Siland, casi no escuchaba a su amigo que le indicaba algo, realmente poco le importaba pues tenía lo que tanto tiempo llevaba buscando, la hoja helada, Vegvísir, sin embargo tras el tercer toque de atención el dragón ya puso más interés en lo que Ragnar tenía que decirle y éste lo condujo hasta una especie de orificio donde había unos dibujos y allí había un hueco donde podía encajar la empuñadura de la espada, o como mínimo el blasón, aquello sí que era realmente extraño pero decidió que si aquello estaba allí era por algo, y dudaba mucho de una trampa que uno mismo tuviese que activar por mera curiosidad, pues en caso de querer defender la espada la trampa se hubiese activado tras sacarla del hielo así que decidió hacer lo que su amigo le proponía y actuó.

Los minutos siguientes fueron tan mágicos como extraños como desconcertantes, pues lo que ocurrió a continuación fue algo que jamás podría haber creído posible, una vez introdujo la empuñadura el hielo de un trozo de pared se rompió dejando para ellos una puerta tallada en el azulado material, ese hielo era mucho más denso que el que él había roto y no dejaba ver a través pero allí había, tras él, una cámara oculta con un simple cofre en el medio. Alandor giró la espada con un movimiento de muñeca y la enderezó y lentamente se acercó hasta el baúl que estaba, para su sorpresa, cerrado pero sin candados, es decir, solo había que levantarlo para ver su contenido y cuando lo hicieron allí había una carta y una vaina. Alandor cogió la vaina y enfundó a Vegvísir, entraba perfectamente, sin duda era para la hoja, pero lo que no llegaba a comprender era la carta, ¿qué hacía allí una carta? La ojeó y observó que entendía el idioma pero lo que más lo sorprendió fue como leyó, por pura casualidad, su propio nombre escrita en ella. Ragnar lo instó a leerla en voz alta y así lo hizo.


"Para mi bisnieto Alandor, el hielo dentro de la tierra.
A estas alturas deberías haberte dado cuenta de lo que ocurría con esta carta, pero imagino que no habrás cambiado mucho y te habrás obsesionado con la espada de la familia hasta tal punto que no consigues racionar bien sobre el tema, así que te lo explicaré. Tu padre, mi nieto, siempre fue un guerrero nato así como su padre y como mi propio padre, hay muy pocos sabios de la religión en la familia, estudiosos, pero cada cierto tiempo uno de los hijos o hijas desarrolla más su poder elemental que sus artes en la guerra y este fue mi caso, y fue hasta tal punto que aunque tu padre te lo ha ocultado siempre, yo formé parte del Consejo en el ámbito del clero, y es algo que a tu padre no le gusta admitir, tu padre siempre nos ha considerado mentirosos y farsantes en lo que se llama la oratoria, el arte de hablar bien, así pues, cansado de todos los problemas de la ciudad, podría decirse que tu bisabuelo se jubiló y se llevó consigo la espada que tú tienes ahora en tus manos, mis padres fueron Pent Siland y Heather Elington, todos los sabios Siland hemos heredado el poder de la tierra pero con una fracción materna, por ello nunca hemos sido completos de los dos, en mi caso fue el hielo, y para recordármelo mi tatarabuelo mandó forjar la espada, para que no lo olvidase nunca, pero ahora quiero que tú lo recuerdes, que sepas y que lleves con orgullo el poder de la familia y que recuerdes a tu anciano bisabuelo como un sabio dragón y no como un mentiroso, recuerda que en la guerra se puede llegar lejos pero morir pronto, si actúas con cabeza puedes llegar a vivir mucho más tiempo, recuerda mis consejos, ser un caballero es honroso, pero hay más cosas en la vida, muchas cosas por descubrir, vive, ese es el último consejo que te daré, vive. Y recuerda que, aunque parezca imposible que supiese que tú encontrarías la espada, el hielo es transparente y se ve a través de él.

Emmet Siland."

El dragón, conmocionado, solo pudo expresarse entre balbuceos y palabras cortas. - ¿Qué acaba de pasar? - preguntó finalmente al aire.
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