Una cerveza no desagrada en el momento. [Libre - Interpretativo]

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Una cerveza no desagrada en el momento. [Libre - Interpretativo]

Mensaje  Alba el Vie Ene 31 2014, 03:07

- Madre, ¿Podría quedarme junto al tío Alec? Está tratando de construir algo que lanza fuego y se ve interesante. - A veces Gvidas podría ser demasiado fanático, pero a los seis años que tenía, casi siete, ya me había acostumbrado a que quisiera quedarse incluso semanas en la casa de mi hermano, y este, tan amable que era, no se resistía a su sobrino. Hombre religioso sin descendencia. Suspiré. - Está bien, saldré a juntarme con tu honorable abuela, tenemos cosas que conversar. - Hablé pasivamente. Hacía unas semanas que no veía a madre, tampoco mi hermano la había visto. - Deberías ir a verla, si, tú. - Levanté una ceja, al momento que observaba de forma ofendida a mi hermano, que reía algo avergonzado, pero concentrado en su labor. Era tan lunático que se quedaba años encerrado en su casa y no salía, tenía que ser yo y solamente yo quien hiciera la labor de esposa, ¿Y por qué? Si soy su hermana menor, se supone que debería rezar por mi, y construir para la familia. Pero no, era solo un viejo de treinta y tantos años que no hacia más que verse algo chiflado y cuidar a su sobrino, y para colmo, enseñarle todo lo que sabía. No sé si juntar a Gvidas con Alec sea buena idea, pero es una imagen varonil que necesita tener. Pestañee repetidas veces, me levanté con un movimiento rápido y observé a mi alrededor. Estaba todo desordenado, pero no ordenaría el desastre que tenía, no no. - Ordena la habitación, pero sin molestar a tu señor. - Le indiqué a la única criada que el avaro y cerrado de Alec tenía. Era una mujer que no debería tener más de tres o cuatro años más que yo, pero con aspecto dulce y tímido. Esta, algo asustada, me obedeció. - Lukas, vamos cariño. -

Las calles de Lunargenta estaban abarrotadas de gente, ¿Por qué? Porque era pleno día, había comercio por todos lados, contratos y conversaciones en cada taberna o cafetería, tráfico de especies y algunos boticarios gritando para ofrecer sus productos. Iba con Lukas a un costado, tomando su mano atenta a que no se perdiera entre la multitud y escuchándole con infinito amor hablar sobre la clase de armamento que había tenido en la mañana. Entendía claramente por qué tenía esas clases, y no me desagradaba que le educaran de esas cosas a la edad que tenía. A los cinco años estaba bien comenzar a tomar la realidad como amiga, no como a mi, que la comencé a rondar en mis amistades a la alta edad de doce años, para cuando me casé. Pero eso ya era pasado, no podría lamentarme por aquellos acontecimientos. Observé algo perdida los lugares que aparecían, no podía encontrar el que buscaba. Honorable madre había dicho claramente, "Debes ir al Leutjkas, que no se te olvide." Y por supuesto que no se me había olvidado. Debía ser algo importante lo que había sucedido, y que era privado entre ella y yo, porque si hubiese sido algo de la familia de sangre, nos hubiéramos juntado en el hogar de la honorable madre. Lukas había tomado silencio, mientras me observaba. Al sentir su mirada le correspondí, sonriendo confiada, no debía mostrarme débil ni desconfiada frente a mi descendencia, después de todo, era su madre y padre. Cuando volví a levantar mi mirada, le vi.

Era un local de aspecto elegante, pero sin dejar la típica madera de lado, que cubría todas las paredes, poseía candelabros en sus paredes y unos pocos cayendo del techo, con un sin fin de velas encendidas. Tenía tres grandes ventanales, las tres cuartas partes lisas y la parte que sobraba en forma catedral, que dejaban ver hacía el interior del local, el cual mostraba ser muy hogareño y tenía aspectos pintorescos, como las paredes, las sillas y los adornos, estaba concurrida. Parecía una típica taberna, pero habían niños, adultos y ancianos dentro, parecía un lugar amigable. Entré algo más tranquila, no se veía un sitio peligroso, y al parecer Lukas también lo había notado, porque observaba todo con un aire curioso. Me quedé a un costado de la puerta, siendo que no avancé mucho, y me dispuse a buscar a honorable madre con la mirada. Fue un fracaso, ningún indicio había de que ella hubiese estado aquí, pero si vi algo familiar. Egger, el criado más cercano a honorable madre, estaba sentado en una de las mesas más grandes, si el estaba allí, algo había sucedido. Tomé la mano de Lukas con algo de más fuerza, para que tomara atención a mis movimientos y me siguiera al caminar. Cuando llegué a su lado, no tardó en verme y en levantarse, mostrándose nervioso pronunció mi nombre. - ¡Señora Alba! Que gusto me da verla en buenas condiciones, y al niño Lukas, está cada día más parecido a usted. - Solo pude sonreír, aquel hombre prácticamente me había visto nacer, por lo que le tenía un cariño especial por ser uno de mis cuantos padres o abuelos. Pero no estaba para saludos cordiales y recuerdos antiguos. - ¿Por qué honorable madre no está aquí? - Pregunté, mostrándome seria pero respetuosa, lo que quería lograr era que hablara y rápido. Egger sonrió algo triste, dándome a entender que no era algo serio ni urgente, pero de todos modos debía saber. - La honorable ama está con visitas desde la mañana, hoy llegaron unos miembros de su honorable familia desde la isla de los ancestros, señora. Me ha dicho que lo lamenta mucho, pero que si querías podrías presentarte, pero no podrían charlar sobre ese "algo", señora. - Traté de sonreír lo más agradable posible, no estaba ya de ánimos para nada, podría haberme ahorrado la salida y haberme quedado con mi querido Alec en su hogar, junto con Gvidas. Giré mi rostro para ver a Lukas, el cual observaba con ansias una tarta de manzana que servían a una familia. Al instante, también giró su rostro y me observó, con ganas de comer. - ¿Desea acompañarnos, Egger? - Pregunté de forma cordial, mientras reía un poco respecto a la actitud de mi hijo. El viejo sirviente sonrió haciendo una reverencia y luego se restituyo, tomando su abrigo. - Debo retirarme señora, su honorable madre me espera para continuar atendiendo a sus visitas, con su permiso, señora, tenga buen día, señora. - Y así fue como el hombre se retiró.

- Somos tu y yo, cariño. - Le dije a Lukas, el cual río para sentarse en el anterior puesto que ocupaba Egger. Fue tan rápido que para cuando yo me encontraba quitándome el abrigo ya buscaba con la mirada a alguna camarera para que tomara el pedido. Me senté a su costado, dejando a mi lado un asiento desocupado, y frente a nosotros tres. Me senté ya sin ese abrigo de piel grisaceo para quedar con un vestido color azul, como el mar que había en mis ojos, con un escote cuadrado y mangas largas, con detalles en hilo de plata. Ya con mis brazos puestos encima de la gran mesa, comencé a sacarme los guantes. Escuchaba claramente a Lukas gruñir porque su guante no salía, dado que era muy apretado y pequeño. - Vamos que tu puedes. - Le dije suavemente sin apurarle ni desanimarle. Al momento apareció una camarera, de aspecto amable y con muchas pecas en su rostro, parecía abrumada. - Bienvenida al Leutjkas, tenemos tartas de manzana recién horneados, para que aproveche. - Dijo rápido, mientras observaba hacia un costado, donde un chico, que no debía superar los quince años le guiñaba un ojo. Alcé una ceja, sin saber si reírme o no. Lukas gruñó a lo que mordía su guante y recordé que quería pastel. - Una infusión de hierbas y tarta de manzana para el niño y una cerveza para mi, de cualquier tipo vendrá bien. Espero que no se tarde mucho. - Dije lo último algo más seria y con un volumen más alto, no estaba dispuesta a esperar. - Claro, señora. -
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Re: Una cerveza no desagrada en el momento. [Libre - Interpretativo]

Mensaje  Elsa el Sáb Feb 01 2014, 20:58

Off: Bueno, Alba, bienvenida a Aerandir, de parte de todo el Staff en tu primer rol. Como no quiero dejarte solita, y roleas muy bien, voy a ser la primera en rolear contigo

___________________________

Oh, jodido sol de invierno.

Elsa compuso una mueca mientras se ponía la capucha de la capa sobre la cabeza. La amplia y suave tela negra se enganchó y cubrió su frente, protegiéndola del débil sol que caía de refilón sobre la cuidad de Lunargenta. Por alguna razón —desconocida, si podemos hacer notar—, después de ese extraño encuentro con aquél hombre, la vampiresa había decidido darse un paseo por la cuidad humana. Echaba de menos la vivacidad de sus calles adoquinadas, los gritos de la gente ofreciendo sus productos. El aroma a especias que a veces le picaba la nariz y la aturdía, la mareaba en aromas fuertes que parecían pegarse a su olfato. El efluvio de la sangre cálida, viva y dulce que flotaba desde las pieles de las personas, perfumando su oxígeno del mejor buqué que un alcohólico curado podría disfrutar. Algo masoquista, pero le daba algún sentido a negarse a esa clase de placeres. Era tan bueno que uno no podía evitar volverse adicto a su sabor.

Arrugó la nariz mientras cerraba el cuello de su capa. El día, aunque soleado débilmente con una luz grisácea, seguía siendo frío. Aunque ella no sentía ningún cambio de temperatura que no fuera extremamente drástico, tenía que verse normal. Bueno, lo más normal posible, por supuesto, tomando en cuenta que sus ojos rojos llamaban la atención más de la cuenta cuando vagabundeaba entre los seres humanos.

Sus botas hacían tartamudear el suelo bajo sus pies, mientras se escurría con agilidad y suavidad entre la masa de hombres, mujeres, niños y ancianos que correteaban por la cuidad, haciendo negocios, saludando amigos y conociendo gente. Escuchó algún comentario de los típicos, acerca del terremoto que hacía algún tiempo había sacudido las tierras de Aerandir. Se preguntó a sí misma cuánto tiempo iba a transcurrir antes de que ese suceso dejara de ser el cotilleo de la gente ociosa.

Su garganta quemó en profundidad cuando un niño chocó contra ella, mientras corría a reunirse con su padre. No debía de tener más de diez años, y cuando alzó sus grandes y redondos ojos marrones para disculparse, se fijó en los rojos de ella. El miedo empañó sus pupilas y chilló quedamente antes de correr directamente a los brazos de su padre. “Tiene los ojos rojos, papá. Esa mujer es un monstruo”.

Sí, gracias por la acotación.

La vampiresa puso los ojos en blanco, sintiéndose algo dolida por la situación. Cien años y aún no se acostumbraba a la cara que los humanos comunes y silvestres ponían al ver sus ojos, incluso sin saber qué era ella. De todas formas, Elsa siguió deambulando por la cuidad, deteniéndose a mirar de vez en cuando las baratijas que se ofrecían en los rústicos puestos callejeros, las frutas de olores florales que llenaban los escaparates, las armas que relucían en las vitrinas de las tiendas. Tanta vida, tanto ir de aquí para allá. Debía ser una vida hermosa, se dijo a sí misma, tomando entre sus dedos un brazalete plateado labrado con runas de élfico antiguo. La mujer rechoncha del puesto de joyas callejero se percató de su observación, y se movió dificultosamente hacia ella, sonriéndole afable.

Elsa se sorprendió al notar que sí había notado sus ojos rojos, su piel pálida, y lo cubierta que estaba de la luz solar. Los guantes negros en sus manos debían dar alguna clase de pista, se dijo, porque una especie de brillo ambicioso brilló en la mirada de la dependienta.

Buenas tardes—saludó, con una ronca voz estropeada por el tabaco. El olor llegó a la nariz de la joven, y arrugándola, ella clavó sus ojos rojos como la sangre en la mujer—. Plata élfica. En liquidación, mi señora, para una joven y bella dama como usted.

Tío, esa es la clase de comentarios que hace un hombre.

La vampiresa alzó las cejas.

Estoy mirando, muchas gracias—la voz de la vampiresa salió suave y arrulladora de entre sus labios, como el canto de un zorzal, y la mujer pareció quedarse desarmada ante ella. Con una sonrisa amable que no llegó a sus ojos, la vampiresa dejó sobre la mesa de madera rústica y corroída la pieza de joyería.

Siguió caminando entre la gente. La sed de su garganta se sentía seca como el hueso, y cuando trató de tragar saliva, el fuego quemó hasta su nariz, descendió por su cuello y abrasó su estómago. Con una mueca de dolor, la vampiresa se pasó una mano por el cuello, apretando suavemente con sus dedos. Oh, dios, qué dolor.

Sabía perfectamente que había una sola solución para ese dolor, y esa era beber sangre. Quizás meterse entre todos esos humanos había sido mala idea después de todo, aunque no podía negar que aquella distracción de su tedio cotidiano era agradecida. Por lo mismo, buscó entre los locales alguna clase de taberna, algún lugar donde poder beber buen vino. Algo para lubricar la sequedad en su garganta. Eso era todo lo que pedía.

Sintió un suave toque en su pierna, y su mirada descendió de inmediato a Loki, que apuntaba disimuladamente a una taberna cercana. Lucía rústica y elegante, mucha madera cálida y de aspecto familiar construyendo sus paredes, ventanas de estilo gótico por las cuales se podía observar un grupo de gente muy animada bebiendo, comiendo y pasando el rato. A través del vidrio, Elsa pudo ver muchos candelabros, velas aquí y allá, la luz dorada rojiza iluminando caras y más caras. Niños, mujeres, hombres, aquí y allá. Camareras haciendo malabares con jarras de cervezas, vasos y copas en sus bandejas, moviéndose con agilidad entre las abarrotadas mesas y hacia la barra, donde una fila de personas descansaba en taburetes altos.

Buena elección, Loki—lo congratuló la vampiresa, sonriéndole al zorro.

Él, por su parte, compuso una sonrisa de suficiencia.

Todas mis elecciones son buenas—apuntó con superioridad, sentado sobre sus patas traseras.

La joven sonrió, dirigiéndose hacia la taberna. Un enorme tablón de aspecto elegante rezaba “Leutjkas” como nombre del local.

Elsa llegó a largas zancadas hacia el local y abrió la puerta, que la recibió con el repique dulce de una campanita puesta sobre la puerta. Loki entró tras ella, mirando todo con interés, sus ojos dorados yendo de un lado hacia el otro, mientras la vampiresa se dirigía a una mesa vacía cercana a la puerta.

No estuvo sentada dos segundos cuando una camarera amable y muy joven apareció para atenderla. Loki, a sabiendas que en ese tipo de locales no dejaban entrar animales, se escondió entre su larga capa y su pierna, pegándose a la bota que cubría la piel de Elsa como si quisiera fundirse con ella.

La joven sonrió.

Buenas tardes—saludó con amabilidad. Elsa sonrió de vuelta—. Bienvenida a Leutjkas. Nuestra sugerencia del día de hoy es tarta de manzanas. ¿Qué desea servirse?

Elsa caviló unos momentos.

Vino—contestó—. El más añejo que tengan.

¿Algo más?

Ella negó. Después de aquello, la camarera serpenteó entre las mesas para dirigirse a llenar su pedido. Elsa la observó unos segundos, antes de que su atención fuera atrapada por un niño que mordisqueaba uno de sus guantes para poder quitárselo. Una risilla escapó de su pecho, y la vampiresa compuso una sonrisa, acomodando el codo en la mesa y la cabeza en la mano, para deleitarse con el espectáculo.


Última edición por Elsa el Mar Mayo 20 2014, 08:39, editado 2 veces
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Re: Una cerveza no desagrada en el momento. [Libre - Interpretativo]

Mensaje  Alba el Dom Feb 09 2014, 02:41

Observé como la camarera hacia fintas a través de las mesas para poder buscar el pedido, cuando en una de las mesas uno de los tantos muchachos rozaba su vestido color lila con sus dedos sucios. Todavía podía escuchar a Lukas gruñir y maldecir como lo hacía su tío, algo que me molestó, no podía ganarle un objeto inmaterial y menos decir improperios a diestra y siniestra con solo cinco años. - Lukas, debes comportarte. - Mi tono fue impersonal, pero era solo para imponer mi orden como madre. Un momento después noté que no estábamos solos en la mesa, un ser cubierto con una capucha negra estaba sentado en el espacio cerca de la puerta, pero no le tomé atención, dado que estaba concentrada en el tocayo de mi difunto esposo. - Pero madre, es imposible quitarme esta cosa. - Discutió, con algo de frustración en su rostro, algo que no pude aguantar, creyendo que no era difícil y Lukas lo hacía para que yo le terminara quitando aquella tela, tampoco me gustaba la idea de que creyera en que hubiera cosas imposibles, si nosotros, los Ruckert podíamos matar vampiros, todo era posible, por lo que inclinándome un poco sobre la mesa, tomé su mano y comencé a quitarle el guante, aunque en verdad era difícil, pues estaban de verdad apretados. Debía comprarle otros, o bien decirle a nuestro primo Karol que les fabricara un par, como los que tenía, que eran de piel de garghaos. Con mis dos manos asomadas dentro del guante intenté expandirlo, lográndolo con la fuerza necesaria que utilicé. Rápidamente Lukas sacó la mano, sonriendo gustoso de poder liberar su extremidad, expandiendo y contrayendo los dedos.

Volví a mi asiento, alisando los pliegues de mi vestido que habían quedado arrugados, y al terminar observé mis manos, estaban resecas y tenían algunos cortes, pero lo que más me tenía concentrada era el observar el gran anillo dorado con una gran piedra de ópalo, algo que hace unos cuantos años era lindo y ahora pensaba que era hermoso, además de ser el fiel recuerdo del amor que me profesaba mi esposo. Muchos recuerdos pasaron por mi mente, como mi noche de bodas, mi primera fiesta en sociedad, el nacimiento de mi primer hijo, todos aquellos pasaron de forma fugaz y monótona, tragué algo apenada, pero sin querer demostrarlo en mi rostro. Levanté la vista, observando cuando Lukas hacía lo mismo hecho por mi anteriormente, con algo más de dificultad pero le funcionó. Al tener sus manos libres sonrió satisfecho, levantó su vista y nuestras miradas se conectaron. Sentí algo especial en mi estómago, solía pasarme al observar a mi hijo. Sería que el parecido conmigo era tan profundo que cada cosa que hacía yo la entendía, no había necesidad de aclarar los hechos, ambos nos entendíamos. Según su honorable abuela, aquella conexión se daba dado que esta debería haberla tenido Lukas con su hermano gemelo, pero al no tenerlo a el, el único ser humano que le amaba con tal intensidad era yo, su madre. Cerré mis ojos, quebrando el contacto visual, llevando esos recuerdos a lo profundo quizás hasta que tiempo, pero era mejor que estuvieran allí, reprimidos. Pronto un escalofrío recorrió mi cuerpo, sentí algo helado que surgía de mis entrañas, un mal presentimiento. Con la seriedad marcada en mi rostro revisé el lugar con movimientos secos, Lukas pareció percatarse dado que sentía su mirada fija en mi. Se veían unos pocos elfos, pero era común verlos por Lunargenta, también había una gran cantidad de humanos, pero estamos en nuestra capital, el noventa por ciento de los habitantes somos humanos, algunos importantes, otros desconocidos, incluso algunos errantes.

- Madre, ¿Algo malo sucede? - La pregunta llegó a mi como la verificación de un mal acto. Lukas no solía hacer esas preguntas a menos que mi expresión de cauta fuera muy expresiva. En una de las tantas miradas que dirigía a cada rincón del bar vi que la camarera traía en una bandeja de plata lo que sería el trozo de tarta de manzana de Lukas, y en otra, la gran copa con cerveza negra espumosa y el delicado juego de loza con la infusión. Para mi tranquilidad, nada parecía extraño, pero había una expectación en mi que antes no habría sido tan notoria. - Buenas tardes, soy Lukas Skjoldnes. - Escuché que Lukas se presentaba al que debía ser el ente encapuchado que nos acompañaba en la mesa, más no le tome atención. Me mostré seria ante el comportamiento poco ético de la camarera, que coqueteaba con cada ebrio y padre de familia al que pasaba por su lado. Cuando llegó, no pudo menos que sentir nervios ante la mirada fría que le daba. La coqueta camarera sirvió todo lo que trajo, para cuando su trabajo estuvo listo se retiró en silencio, sin siquiera consultarme sobre si deseaba algo más, su expresión me lo confirmó. Volví la mirada a mi hijo, quien comía hecho una bala una porción cortada de tarta, se le veía saboreando aquel dulce manjar, y por lo mismo me vi a mi comiendo un pequeño trozo de manzana que había. - Deberías probar la tarta, está buena. - Lukas no me hablaba, sino que aconsejaba al ente que nos acompañaba, voltee mi rostro para poder observar: Piel pálida y suave, lo que le hizo pensar que debía venir del norte, nadie era tan pálida por los sures de Aerandir, una mujer hermosa, con un cabello que invitaba a ser acariciado. "Demasiado hermosa". Había visto mujeres hermosas como ella en mi vida, todas terminaban huyendo o exterminadas, estaba todo relacionado con fuego.

- No creo que le guste la tarta cariño, puede que tenga otros gusto, mejor no le molestes. - Tenía la mandíbula tensa, pero claro, debía controlarme, debía estar tranquila. Mi hijo estaba en el tablero esta vez, al igual que hace unos años. Bebí un gran sorbo de cerveza, encontrándome completamente helada, pero Lukas parecía no notarlo, centrado en deleitarse con el sabor de una delicia.
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Re: Una cerveza no desagrada en el momento. [Libre - Interpretativo]

Mensaje  Elsa el Dom Feb 09 2014, 04:51

Elsa tamborileó alguna melodía sobre la madera rústica de la mesa, mirando hacia el pequeño que forcejeaba para quitarse la prenda que parecía agarrarse a él como si fuera una segunda piel. Su madre, una hermosa mujer de semblante serio, señorial y autoritario, terminó por quitarle el guante. La vampiresa sonrió, un resplandor de algún recuerdo enterrado en el fondo de su mente brillando ante sus ojos cuando se vio a sí misma atendida de una manera parecida por su madre, cuando su cabello negro se enredó al punto que ella sola no podía peinarse. Su madre había dicho algo así como “Elsa, contrólate. Es un simple nudo. Con paciencia se resuelve”.

Apartó los ojos de la madre y su pequeño unos segundos, sintiéndose tensa. Recordar no era bueno, la sumía en la tristeza. Tenía que controlarse, evitar sentir esos resplandores que venían como oleadas de vez en cuando, nublando su visión del presente.

Antes no era nadie, era desconocida. Era una pésima cazadora. En cambio ahora, promovía un ideal, una forma de vida que podía hacer que su convivencia con los humanos fuera pacífica y normal. Era la líder del único gran clan vampírico que quedaba, incluso aunque constara de tres miembros y ella fuera parte de esos tres.

Entonces, Elsa sintió que alguien tocaba su hombro, y un estremecimiento recorrió su espinazo. El calor estalló desde el toque y ascendió por sus nervios, viajando a través de sus venas, que tiraron de pronto en medio de un estertor de dolor. Se alejó un par de centímetros, mirando de reojo para asegurarse de que no era nadie peligroso. Era el chiquillo que había tenido aquella titánica lucha con su guante, que la miraba sonriente.

Buenas tardes—saludó el pequeñuelo con cordialidad. Elsa dirigió su mirada hacia él, y no pudo evitar la enrome sonrisa que se expandió en sus labios. El dolor de sus venas, la sequedad de su garganta, todo, había quedado olvidado. Era la primera vez en mucho tiempo que Elsa veía a un niño humano tan de cerca, que se dirigiera a ella directamente sin asustarse—. Soy Lukas Skjoldnes.

Elsa sintió una punzada de miedo morder sus entrañas, estallar en su pecho como una burbuja venenosa. Iba con la capucha puesta, claro, pero, ¿habría notado el pequeño Lukas lo pálida que se veía? ¿El color de sus ojos? Esperó que no, y rezó a los cielos que no se diera cuenta. No sabía si iba a poder soportar otra mirada de odio, de pánico, emanada de los inocentes ojos de un niño.

Hola, Lukas—lo saludó de todas formas, sonriéndole amplia y afectuosamente—. Me llamo Elsa Lambert—se presentó la vampiresa. Se inclinó un poco hacia él, y en tono de confidencia le susurró al mover un poco su capa para dejar a la vista al zorro, acurrucado contra su pierna—. Y él es Loki—susurró, apuntándolo con un disimulado ademán—. Pero no le digas a nadie que está aquí, ¿me lo prometes?

No alcanzó a saber si el niño iba a guardar su secreto o no, porque a lo lejos vio a la camarera acercarse. No era la misma que la había atendido a ella, porque la que ella recordaba no coqueteaba con cualquier cosa que tuviera pulso en la taberna. Elsa tapó rápidamente a Loki con su capa y se irguió de vuelta a su lugar, no sin antes haberle guiñado un ojo al pequeño.

La joven camarera (cuya sonrisa había caído de como tres metros al ver la cara severa de la madre de Lukas), dejó sobre la mesa de la pequeña familia dos platos de tarta de manzana, una jarra de espumosa cerveza negra bien fría, y un fino y bonito juego de porcelana que olía a hierbas. Elsa inhaló hondo por la nariz, maravillada de la mezcla de olores dulces y frescos, el aroma oscuro y seductor de la cerveza, que le provocaba cierta cantidad de calor en el fondo de la garganta.

Lukas comenzó a devorar su tarta en cuanto la mesera hubo dejado la mesa, y Elsa sintió entonces un pequeño toque en su pierna. Mirando disimuladamente a su alrededor, procedió a inclinarse hacia Loki, que se veía incómodo entre tanto olor a comida.

¿Podrías pedirme algo, por favor?—susurró.

¿Algo como qué?

Tarta, lo que sea. Muero de hambre.

Elsa asintió, y se levantó, tapando de nuevo al zorro con su capa. Miró a su alrededor, para observar de lejos a la camarera que la había atendido llenar una elegante copa con el vino más oscuro y espeso que Elsa había visto jamás.

Deberías probar la tarta—dijo entonces Lukas, comiéndose la suya con un deleite que hizo reír a Elsa—. Está buena.

La vampiresa iba a contestarle al pequeño, cuando la voz severa (aunque maternal) de su madre la detuvo:

No creo que le guste la tarta, cariño. Puede que tenga otros gustos, mejor no la molestes—la hermosa humana le dio un gran trago a su cerveza, y Elsa la observó, nerviosa. Se veía tensa y claramente alerta, y eso hizo que Elsa se sintiera de pronto como el peor ser que pisaba la tierra. Esa mujer debía, claramente, saber reconocer a su raza. Y ella no podía saber el estilo de vida que llevaba, su ideal del mundo.

De todas formas, Elsa le dirigió una sonrisa un tanto tensa, pero que intentó sonar apaciguadora.

No se preocupe, señora—le dijo suavemente. La mesera apareció casi de la nada, sorprendiéndola un poco, dejando su vino sobre la mesa. El olor especiado y dulce del licor llenó su nariz, embriagándola con sus aromas seductores. Miró a la camarera, y sonrió con indulgencia—. ¿Podría traerme una porción de tarta?—preguntó, metiendo la mano bajo la capucha y acomodándose un mechón de cabello.

Claro. En seguida se la traigo.

Dicho aquello, volvió a serpentear entre las mesas, y Elsa fijó de nuevo su mirada en la madre y su hijo, Lukas.

El niño parecía de lo más feliz comiéndose su tarta a una velocidad increíble. Mientras tanto, la cautelosa mirada de su madre seguía poniendo nerviosa a Elsa, que se quitó los guantes con suavidad, solo por hacer alguna otra cosa. Deslizó la tela por sus dedos, y contra su piel pudo sentir la rugosidad de la madera, el calor del ambiente. Dejó los guantes encima de la mesa, a un lado de su copa, y tomó el delicado cristal entre sus dedos, para moverlo un poco hacia la luz.

Hizo un movimiento circular con su mano, viendo cómo el vino se movía dentro de la copa y se adhería a la superficie de ésta, cayendo lentamente de vuelta a la masa roja oscura que se movía unos milímetros más abajo. El cuerpo del vino era excelente, y su aroma todavía mejor.

Una vez segura de la calidad de su bebida, Elsa dio un pequeño sorbo. El sabor dulce y amargo a la vez del vino inundó su lengua, y los aromas especiados, como a ciruela y madera, llenaron sus fosas nasales. Se sintió exquisitamente mareada unos segundos, cuando se percato que de nuevo la camarera dejaba delante de ella su orden.

Elsa le dio las gracias con un ademán de su cabeza, y la camarera se fue a atender otra mesa. Lanzó una mirada cuidadosa al resto de la taberna, evaluando en qué momento podía dejar el plato en el suelo para que Loki pudiera comer algo, y esperó pacientemente su momento, observando a Lukas y su madre por el rabillo de su ojo.

La vampiresa suspiró, cansada, y encontró el momento justo para llevar a cabo su cometido. Nadie se fijaba en ella, excepto quizás por Lukas, pero él estaba tan concentrado en lo suyo que dudó que fuera a decir algo. Con un veloz movimiento, movió su capa y dejó el plato sobre las tablas del piso, sin hacer ruido alguno, y lo empujó suavemente hacia el zorro, para luego volver a ocultar a Loki de la mirada de cualquiera. El zorro comenzó a devorar su comida en silencio, apenas moviéndose, y Elsa volvió a su posición original.

Volvió a lanzar una mirada de reojo hacia la mujer, que lucía más tensa que nunca. Debe saber lo que soy, se dijo a sí misma, dándole otro trago al vino, será mejor que me vaya en cuanto Loki termine de comer.

No pudiste haber tenido una mejor idea, susurró Lilith, tan tensa como la hermosa madre de Lukas.

O podía dejarse caer la capucha sobre sus hombros, mostrarle a todo el mundo lo que era (dado que de todas formas en Lunargenta a veces aparecía gente como ella), y dedicarse a beber su vino con tranquilidad.

Pero tampoco quería ver la mirada de miedo que Lukas podía lanzarle en cuanto descubriera lo que era ella. Por estúpido que sonara, Elsa sentía algo parecido a una brecha en su interior cada vez que veía el miedo en los ojos de un humano. Era como una bofetada que le recordaba que era un error en el mundo, una criatura antinatural caminando a través de la vida gracias a las energías robadas de otros seres.

Se echó la capucha sobre los hombros sin mirar a Lukas ni a su madre, y terminó su copa de vino de un trago. Como es lógico, el alcohol no la mareó, pero si nubló un par de segundos sus sentidos, para que estos volvieran luego igual que antes. Recorrió con sus ojos rojos la taberna, sintiendo entonces el roce de la pata de Loki.

Estaba listo, había terminado su comida. Pero, ¿era necesario que Elsa dejara el lugar?

Esperó allí, para ver la reacción del niño más que nada, y obviamente, la de su madre.


Última edición por Elsa el Mar Mayo 20 2014, 08:39, editado 1 vez
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Re: Una cerveza no desagrada en el momento. [Libre - Interpretativo]

Mensaje  Alba el Dom Mayo 11 2014, 03:56

off:
Cambio a “Omnisciente” porque me desacostumbré a la “Primera persona”. Perdón

Lukas se había presentado como correspondía, sin percatarse que su madre estaba tensa, nerviosa, angustiada. El con sus cinco años no podía darse cuenta de esas cosas, o si podía, acostumbraba tardarse. El solo quería ser cordial con quien compartía mesa, quería conocer a alguien además de su familia, las criadas, los trabajadores y los niños que solía conocer en el monasterio, donde acompañaba a su tío a oficiar alguna ceremonia religiosa. Al notar que la encapuchada se alejaba de él, creyó que su saludo hubiese sido inaceptable para alguien como ella, pero se calmó cuando ella le correspondió la que le había regalado. Por un momento se sintió algo extraño, había algo en ella que le gustaba mucho, parecía una de las muñecas que tenía su madre en su habitación, eran pálidas y con pestañas largas, igual que ella. El menor de los hijos de Skjoldnes escuchó fascinada a la encapuchada, le parecía alguien fascinante solo con verla. Se sonrojó levemente cuando ella se le acerco, pero tuvo que ahogar un grito de impresión al ver a un pequeño zorro entre las piernas de la joven. – No diré nada sobre él. – Susurró solo para que ella le escuchara, observándole cauto, pero sin dejar aquella aura maravillada que le rodeaba. Luego escuchó algo de lío y pudo ver a la camarera que venía con su comida. – Ehh, que rico viene eso. - Fue lo único que pronunció antes de lanzarse a comer sin piedad su alimento.

Aún comía su tarta, pero la respuesta dada por su madre respecto a la tarta le hizo mirarle extraña, a lo que Alba le sonrió con lo que pudo identificar era sorna, o él lo relacionaba con aquello. Alba seguía tensa, pero no pudo evitar que sus palabras se tiñeran con un humor negro que rayaba en la amargura. Recordó un rostro lleno de sangre y aquello la desestabilizo, por lo que bebió un gran trago de cerveza, sin cambiar su expresión. Lo que le respondió la chupasangre le molestó aún más, podría notarse de lejos que ya estaba alerta, ya era evidente.  Al verla sonreír fue el colmo, por lo que para apaciguar su enojo golpeó la mesa con molestia, para luego esconderlas debajo de la mesa y haciendo sonar sus dedos se dedicó a calmarse. Lukas apenas levantó la vista para observar con detenimiento a su madre, pero prefirió no preguntar nada y seguir con lo suyo. Debía admitir que no solía ver muchas veces así a su madre, parecía algo estresada.

Al escuchar lo que le pedía a la camarera aquella  mujer, Alba sonrió con amargura. “El arte de aparentar…” Un pensamiento tétrico. Le observó con detenimiento, se veía prácticamente igual a aquel maldito que había matado a su esposo: Igual de pálida, hermosa y con un aire superior, pero algo en ella se veía diferente, estaba “calmada”. No sufría, o por lo menos no lo aparentaba, aquel no hombre de su pasado era un monstro, su rostro reflejaba hambre y locura, pero ella se veía alguien serena. Un escalofrío le recorrió la espalda, eso no era una cosa normal entre los vampiros, y venga, ella los conocía. – Demasiado extraño… -

Lukas observaba de vez en cuando a la encapuchada, por unos instantes le vio con la tarta, pero en otros no. Se reía mentalmente por eso, y seguía comiendo. Ya casi se le acababa, y al observar a su madre vio que también no tardaba mucho. En unos de esos reojos se dio cuenta que la mujer se había bajado la capucha, y pudo ver un cabello azabache que le dejo boquiabierto, por alguna razón, descubrió que era muy linda. – Que linda. – Dijo algo tenso, embobado por la mujer. Alba levantó la vista de la cerveza, había decidido centrarse en ella. Ahora, parecía que estuviese en shock observándola. Y la pregunta que Lukas le hizo unos segundos después le hizo temblar nuevamente, como lo había hecho unos minutos antes.

- ¿Por qué eres tan pálida? Tienes un cabello muy lindo. Eres muy linda. ¿Eres un ángel? ¿O alguna diosa?  Porque si eres eso lamento mi conducta. ¿Eres una dragona? – Preguntaba rápidamente el niño, como si fuera a respirar y ella desapareciera. – Lukas… - Susurró Alba, perpleja y aún en un estado leve de shock.

Por supuesto, él no sabía nada de los vampiros, al igual que su madre a su edad.
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Re: Una cerveza no desagrada en el momento. [Libre - Interpretativo]

Mensaje  Elsa el Dom Mayo 11 2014, 04:54

A pesar de que Elsa no quería seguir sintiéndose observada (y despreciada) por la elegante y señorial mujer, la curiosidad del pequeño Lukas la enternecía. Hacía muchísimo tiempo que un niño humano se le acercaba y no terminaba por huir despavorido. Era como un respiro de aire fresco.

Cuando Lukas le aseguró que no iba a decir nada acerca de Loki, Elsa no pudo evitar la enorme sonrisa que enmascaró a la anterior. Sabía que no iba a durar mucho, que en cuanto su madre tuviera la oportunidad de alejarlo de ella iba a hacerlo. Pero mientras ella pudiera bromear y pasar un rato con el pequeño quizás valía la pena el problema que vendría después.

La mujer parecía tensa, y Elsa lo comprendía. La gran mayoría de los vampiros no son más que simples máquinas de matar. Lo único que buscan es un poco de sangre y diversión macabra. Ese era el problema, puesto que ella no era como los demás. Pero el estigma de ser un vampiro podía más que sus propias acciones.

Al rato después de haberse echado la capucha sobre los hombros, Elsa jugueteaba con el borde de su copa. Su yema pálida se paseaba por el borde, sin presionarla, porque podía romperla con una facilidad horrenda. No quería causar más revuelo. Ya suficiente había logrado el rojo profundo de sus ojos, el rojo de la sangre fresca.

Qué linda—oyó que Lukas se maravillaba.

La sensación de un sonrojo estalló en su rostro. Unas nimias manchas rosáceas descendieron por el ángulo de sus pómulos, mientras componía una sonrisita tímida. No esperaba una reacción así, de hecho, no esperaba reacción alguna. Simplemente se había quitado la capucha para mayor comodidad.

La reacción de la mujer hizo que la sonrisa de Elsa se borrara de sus labios. Lucía más tensa que antes, como si estuvieras lista para atacarla en el momento en que pudiera quitar a Lukas de en medio. Eso la asustaba. Había demasiadas personas allí, demasiados niños y familias. No quería que mentes inocentes como las de ellos se infectaran con el temor del mundo exterior; no al menos aún.

¿Por qué eres tan pálida?—la pregunta la golpeó como una maza, y estuvo a punto de dejarla sin aliento. El niño había visto exactamente lo que ella deseaba que no viera. Junto a su pierna, Loki se puso todo tenso, listo para huir en cualquier momento—. Tienes un cabello muy lindo. Eres muy linda. ¿Eres un ángel? ¿O alguna diosa? Porque si eres eso lamento mi conducta. ¿Eres una dragona?

Lukas…—susurró la mujer, en reprimenda. Pero se veía perpleja, algo que sorprendió ligeramente a la vampiresa.

Elsa no tenía idea de qué contestarle. La tensión entre la humana y ella era palpable, incluso para las personas que estaban a algunas mesas a la redonda. ¿Sabría ese niño ya de los vampiros? ¿Sabría que había asesinos a sangre fría con las mismas características que ella?

La vampiresa se aclaró la garganta con un carraspeo suave. Los ojos de Lukas no la abandonaban, siguiendo cada uno de sus movimientos, como embelesado.

No, no soy un ángel ni una diosa, Lukas—le contestó con una sonrisa—. Y tu comportamiento no tiene nada de malo.

Se rascó ligeramente el mentón, cavilando su siguiente frase.

Antes de contestarte, tú sabes que en este mundo hay cosas buenas y cosas malas, ¿verdad?—pensó que esa era la mejor forma de continuar, aunque estaba comenzando a enredarse con sus pensamientos. Acaba de una vez y lárgate, idiota—. Yo no soy una dragona, soy… de alguna manera, hija de ellos. Soy diferente a ti, y diferente de ellos, y los que son como yo tienen una mala reputación.

Giró su mirada hacia la copa vacía de vino, que aún dejaba escapar el especiado aroma.

Hay criaturas en este mundo que son malvadas, y hay que cuidarse de ellas. Pero de vez en cuando, las criaturas malvadas se dan cuenta de lo que hacen, y deciden dejar de hacerlo—frente a sus ojos, pasaban años y años de tortuosas vivencias. La sed, el dolor de sentirse rechazada dentro de su propia familia. El dolor de no poder encontrar a nadie que comprendiera el sentimiento de sentirse desolado—. Todos podemos cambiar.

Se aclaró la garganta cuando el escozor de los ojos hizo que su visión se nublara. Parpadeó profusamente y se giró a mirarlo, dedicándole una sonrisa amplia y cariñosa.

Será mejor que te deje, pequeño Lukas. A tu madre no parece gustarle la idea de que hables con extraños—dijo, con una sonrisa. Se inclinó un poco más hacia él, y le susurró suavemente—: y gracias por no decir nada acerca de Loki. Eres un chico muy bueno.

Le guiñó un ojo, antes de volver a su posición y levantarse. Sentía las miradas de todos en la taberna puestas en ella, y la sensación no le agradaba.

Se cubrió perfectamente con su capa, que rozaba el suelo al caminar. Loki se enrolló alrededor de sus tobillos, sigiloso como una sombra, con la facilidad de quien gana mucha práctica en algo.

Se dirigió hacia la puerta, poniéndose la capucha, y rogando porque la mujer no decidiera seguirla y cazarla. Recordó a último momento que había dejado el plato en el suelo, y una sonrisita tonta se extendió por sus labios. La primera vampira patosa de la historia.


Última edición por Elsa el Mar Mayo 20 2014, 08:40, editado 1 vez
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Re: Una cerveza no desagrada en el momento. [Libre - Interpretativo]

Mensaje  Alba el Lun Mayo 12 2014, 01:15

Alba se encontraba en un leve estado de shock, su hijo se estaba sincerando con el enemigo, ¡Una vampira! La madre no podía aceptar aquello, iba en contra su naturaleza familiar. Los temblores se hacían mayores, por lo que de forma mecánica se cubrió con el abrigo que traía, sin despegar la vista de la chupasangre, como lo hacía su hijo, solo que él estaba embobado y ella colérica. La explicación que daba la vampira le hacía reír con amargura, su esposo se debería estar retorciendo en su tumba. Para tranquilidad del menor, la mujer decía que no le había molestado y que no tenía nada de indecoroso su comportamiento, algo que le calmó y le hizo observarle con una sonrisa sincera. Alba parecía abrumada, jamás había escuchado de vampiros que rechazaran su naturaleza, después de todo era muy fácil inferir lo que decía, ella era diferente, la dama no tenía tendencia a la sangre humana. La madre tenía ganas de vomitar.

- ¡No te vayas…! – Exclamó algo apagado Lukas, queriendo continuar su leve plática con la dama. Aunque sentía algo extraño, una mezcla de admiración con curiosidad, no se atrevía a hablarle mucho, aunque no se notase. Alba le observó, ella tampoco quería que aquella chupasangre se fuese. – Podemos seguir hablando… - Sus palabras se quedaron en el aire para cuando la mujer salía del local. El menor de los Skjoldnes se sentía cohibido ante el guiño recibido. - ¿Madre? –

Alba tomó a su hijo de la mano y con la otra agarró su ropa, le tironeó levemente para que le siguiera, dejando la comida en donde estaba. “No puede quedar así”. Casi corriendo, se acercó a la barra, en donde un señor de aspecto roñoso servía la cerveza. – Hombre, hazle un favor a la hija de Ruckert. – Pronunció de forma diplomática, con la mirada altiva. - Dígame, señora. - El hombre debió reconocer el apellido porque le observó atenta, esperando la orden. – Cuide de mi hijo, si algo le ha de suceder, ya sabe que ocurrirá. – Y pronunciado aquello besó a su hijo en la frente y Alba se encaminó hacia a la puerta de la edificación, para seguir a la encapuchada, sin tomar en cuenta los llamados de su hijo, que no se quería quedar con aquel señor y las miradas de todos, pero ya no importaba todo eso, ella quería respuestas.

Se encaminó hacia la puerta, en donde la chupasangre se ponía la capucha, ya saldría, pero no lograría eso sin que ella obtuviera lo que quería.

- ¡EHHH! – Un grito casi impotente salió de su garganta, para llamar su atención. – Necesito hablar contigo… - Le dolía el alma al pronunciar aquello, no acostumbraba socializar con chupasangres. La sangre le hervía, tiritaba de la impotencia y su mente estaba cubierta por cólera, pero ya no podía volver atrás. Cerró los ojos, para pronunciar lo que diría lentamente. – Necesito… Que cooperes conmigo… - Pronunció de forma increíble aquellas palabras, sintiendo como si le desgarraran piel. Esperaba que los dragones le estuvieran dando suerte. Quería saber si era real lo que le había dicho a su hijo, quería saber que no todos los vampiros eran como el hijo de puta que había matado sin piedad a su esposo y a su hijo. Necesitaba cerciorarse de que podrían haber aliados entre sus enemigos.
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Re: Una cerveza no desagrada en el momento. [Libre - Interpretativo]

Mensaje  Elsa el Lun Mayo 12 2014, 02:03

Escuchó con un retortijón en el estómago al niño pidiéndole que no se fuera. Quería seguir conversando con él, jugar un rato, pasar el tiempo con una criatura pura sin más posibles preocupaciones que las rodillas peladas y el polvo en las ropas. Pero la mirada de la madre provocaba que Elsa se sintiera mareada en náuseas; náuseas de ser un ser repugnante incapaz de generar vínculos sanos con los seres vivientes.

Cuando hubo salido del local, Elsa apartó la capa de sus piernas y la acomodó sobre sus hombros, dejando a Loki libre de andar donde quisiera. El zorro se estiró, como si estuviera a sus anchas y bostezó, saciado con la tarta.

Eso estuvo buenísimo. Deberíamos venir más seguido.

En tus sueños—replicó la vampiresa, bufando con frustración—. ¿Viste cómo me miraban? Me hace preguntarme si los vam…

¡EHHH!

Acababa de salir del local; apenas había dado un par de pasos cuando oyó que alguien la llamaba. Se giró sobre sus talones, sorprendida, mirando al filo de la capucha a quien se dirigía a ella. Sosteniendo la puerta abierta, estaba la mujer señorial y elegante, la madre de Lukas, mirándola con una extraña mezcla de desprecio e inseguridad que hizo que Elsa sintiera un mordisco de desagrado en el estómago. La mujer tenía esa expresión por ella.

A su lado, Loki se giró sobre sus patas también, y clavó sus ojos dorados en la mujer. Cruzó una mirada con la vampiresa, y puso los ojos en blanco cuando vio la determinación de Elsa de desandar su par de pasos y acercarse a la humana.

Necesito hablar contigo.

Uff, ¿debe doler decir eso, a que sí?, murmuró Lilith en su fuero interno, riéndose casi con malicia.

Aunque la vampiresa la ignoró, sabía que debía darle la razón. La mujer estaba lívida de ira, tiritando. Al acercarse y quitarse la capucha para observarla mejor, Elsa distinguió la vena de su cuello latiendo rápidamente.

Necesito que… cooperes conmigo.

Eso la dejó en shock por un momento. Mientras la mujer sostenía la puerta, la miraba como si esas palabras se las estuvieran arrancando con ganchos. Componiendo una mueca de desconcierto, Elsa volvió a entrar al local, quedándose justo a un lado de la puerta, esta vez sin tapar a Loki, que se sentó al lado de sus tobillos con expresión vigilante.

Ehm… ¿cooperar?—masculló la vampiresa, insegura, mirando a la mujer con las cejas ligeramente fruncidas. Como siempre que estaba nerviosa o preocupada por algo, acomodó su cabello en el hombro derecho y comenzó a trenzarlo, cavilando—. ¿Cooperar con qué, si puedo saber?

No quería sonar altanera, ni nada de eso. Es solo que la mirada que la mujer le había lanzado antes no le daba confianza. Sobre todo porque Lukas ya no estaba con ella, una clara señal de lo que estaba pensando de ella. Estaba esperando que en cualquier momento se le lanzara a la garganta, como si fuera cualquier animal desesperado por un poco de alimento.

Soltó su cabello y miró detenidamente a la humana, como si intentara adivinar posibles segundas intenciones. No le gustaba la forma en que la veía, como si fuera imposible que un vampiro renegara de su naturaleza. ¿Qué clase de vida había llevado esta mujer? ¿Era acaso una cazadora, como Elsa antes de convertirse en lo que cazaba?

Cooperar, incluso cuando no le agrado—bisbiseó la vampiresa, apoyándose contra la pared y cruzando los dedos tras la espalda—. Si no fuera por Lukas, ya me habría degollado de haber podido hacerlo, ¿no es así?

Suspiró, cansada y ligeramente derrotada. Se pasó una mano por el rostro, inhalando profundamente. El olor a humanidad en ese local era dulce y atrayente, pero a ella le daba repulsa su deseo de ello. Intentar no respirar tampoco ayudaba, porque estar privada del sentido del olfato la hacía sentir incómoda. Así que se relajó, y esperó pacientemente a que la mujer hablara.


Última edición por Elsa el Mar Mayo 20 2014, 08:40, editado 1 vez
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Re: Una cerveza no desagrada en el momento. [Libre - Interpretativo]

Mensaje  Alba el Dom Mayo 18 2014, 16:31

Le observó volverse para ver a Alba con mayor fijeza. Notó que un zorro le acompañaba, una mota como el fuego, que le observaba muy parecido a la que debía ser su ama. La Lunargenta estaba bastante nerviosa, su fastidio solía bajar por momentos, pero por otros se incrementaba y esto mismo le provocaba leves temblores. No bajó la mirada, quería imponerse, pero era para que la chupasangre le tomara la atención que debía, pero Alba creía que no era necesario, ella estaba atenta, sorprendentemente. Notó la evidente conmoción de la vampira cuando Alba le pidió cooperación, el desconcierto la molestó. “¿Actúa?” Rondaba esa pregunta en la mente de la mujer, no creía lo que estaba aconteciendo. Supuso que no le estaba dando asomos de confianza, pero ella no podía saber que si lo hacía, “¡Por dios! Si le pedía ayudar era porque le estaba dando mi confianza, por más que yo no quiera… Estoy arriesgando mucho…” Alba tenía una contradicción en su ser interior, se estaba acercando demasiado al enemigo, pero por otra parte, quizás la chupasangre no fuera su enemigo. Aun así, debía ser perspicaz. Su rostro se descompuso, entendiendo que si en su familia se llegaran a enterar de lo que estaba sucediendo, Alba tendría serios problemas, y podría involucrar incluso a sus hijos.

- Quiero saber si lo que le narraba a  mi hijo es verdad. – Se cruzó de brazos, observando de forma rápida a su hijo que estaba con el tabernero, compartiendo otro trozo de tarta. – Quiero saber si hay vampiros lo suficientemente “sanos” como para consumir otras sustancias… - Recalcó la palabra con algo de ironía. – Quiero saber si hay vampiros que puedan convivir con los humanos de forma corriente, sin que mi estirpe tenga miedo de no poder despertar al alba. -

Alba siempre fue una persona curiosa, desde pequeña, cuando su difunta y traidora abuela le hacía aprender de todo lo que pudiera, le contestara todas sus preguntas, por muy estúpidas. Cuando le enseño a bordar o a cocinar. Desde lo más profundo de su ser, aquella cualidad aparecía, y aún con la rigidez de la molestia, Alba se sintió una niña. A pesar de todo lo malo que sucedía. Recordó aquellos tiempos en que no sabía nada acerca de los chupasangres. – Él no sabe nada de vampiros. – Dijo para luego arrepentirse de haberlo dicho en voz alta. La madre escuchó a su hijo gritar de la emoción al ver un extraño animal aparecer.

- Mi familia ha sido cazadora de vampiros desde hace unos siglos, entenderá que estoy corriendo un peligro de que me vean con usted alguno de mi linaje. Yo no le habría saltado encima, moriría, no estoy lo bastante entrenada. Tengo mayores prioridades. – Pensó en Gvidas, que se encontraba con su tío, quizás trabajando en que cosa, y en Lukas, que estaba a unos metros pero le parecía que estaba a kilómetros. Necesitaba contarle estas cosas, lo veía necesario. Tenía que inspirarle confianza. Y esto, para Alba, ya era demasiado. – Puede que usted no me agrade, es más, no me agrada. – Sonrió amargamente, volviendo a tener leves temblores. – Pero le veo como una “excepción a la regla” y aquello me intriga. No creo que usted mate a los de su clase, pero si podría educar, ¿Me equivoco? – La diplomacia nunca había sido muy buena amiga de Alba, pero era algo que solía emplear en reiteradas ocasiones, a veces funcionando, otras veces no.
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Re: Una cerveza no desagrada en el momento. [Libre - Interpretativo]

Mensaje  Elsa el Dom Mayo 18 2014, 23:43

Elsa mordió su labio inferior, sin quitar su vista de la mujer. Sabía ya por adelantado que tenía que pertenecer a una estirpe cazadora; podían haber pasado más de nueve décadas, pero aún recordaba cómo se veían los cazadores. Ese aire de permanente alerta, esa elegancia innata. Era como si hubiesen nacido con todo eso, con esa aura de peligro que lograba ponerles la carne de gallina a los ignorantes. Incluso dentro de sí podía sentirlo, tanto como un aviso de peligro como una familiaridad olvidada. Como algo que cosquilleaba en la parte más oscura y alejada de su mente, intentando decirle algo, intentando hacerla recordar.

Podía haber perdido partes de su memoria, partes de su forma de ser, pero el hecho de descender de los cazadores de vampiros la hacía diferente. Podía reconocerlos más rápido incluso que ellos mismos entre sí.

La observó detenidamente, sus ojos rojos clavados en la fémina. Lucía nerviosa, insegura y alerta. Podía ver la vena de su cuello latir a mayor velocidad, con su pulso acelerado. Incluso en sus ojos veía la alerta que estar cerca de ella le provocaba. Por supuesto, Elsa sabía que estaba arriesgando mucho al dirigirse a ella. No podía negarlo; un cazador hablando con un vampiro como un igual no era más que una deshonra para la estirpe, para la familia, para el rubro. La vampiresa lo sabía perfectamente.

Sí, los habemos—terminó por contestar la vampiresa, luego de oír todo el discurso de la cazadora—. Somos pocos, pero los habemos. Sobrevivir a base de sangre de animal no sacia toda la sed, pero sí lo suficiente como para no atacar cada garganta que se cruza en nuestro camino.

La mujer dirigió una rápida mirada hacia su hijo. Claro que él no sabía nada acerca de la especie de Elsa. De haberlo hecho, no se habría dirigido a ella con esa facilidad, con esa cercanía inocente. De saberlo, habría intentado alejarse lo más posible.

También fui cazadora una vez—susurró la vampiresa, observando a Loki apoyarse contra su bota mientras se enrollaba sobre el suelo, preparándose para dormitar. Enterró su hocico en su esponjosa cola, roja como el fuego, y suspiró audiblemente, provocándole a Elsa una sonrisita boba de ternura—. Entiendo a lo que va. Entiendo que si cualquiera de su familia la viese no sólo me matarían a mí, también de paso a usted.

Elsa suspiró, exhausta de pronto. Destrenzó su cabello distraída, y caviló la propuesta de la mujer, mientras pasaba sus dedos entre sus largos cabellos, con la gracia y la agilidad de quien ya lo ha hecho innumerables veces.

Recorrió el local con su mirada, pensando en cómo afectaría a su clan el hecho de contribuir con una estirpe cazadora de su propia clase. Su clan era supuestamente neutral, pero ya varías veces se habían olvidado de su neutralidad y lo habían atacado. Además, mientras existieran esos vampiros que asesinaban por pura lujuria de sangre, la convivencia entre todas las razas iba a ser imposible.

Se acomodó el cabello tras la espalda y frunció sus cejas al medio de su frente. Contestar a la ligera podía ser un grave error, tomando en cuenta que no pocos parecían conocer el nombre de Renegados. Pero no contestar sería perder la oportunidad de mostrarles a las personas que algunos vampiros escogen renegar de su naturaleza, tal como Elsa lo había hecho desde hacía tanto tiempo.

Si todo salía bien y podía combatir a esa clase de vampiros, los niños como Lukas no tendrían que sentir miedo de estar cerca de ella nunca más. No tendría que sentirse herida cada vez que los adultos apartaran a sus familias de ella cuando pasaba entre la gente, ni tener que esconderse en los poblados humanos como si fuera una paria. Podría pasear, como cualquier otra persona, sin miedo a ser cazada por aquellos a quienes intentaba proteger.

Sé cómo matar a los de mi clase, aunque estoy segura de que usted lo sabe también. Podría darles uno que otro… “consejo”—Elsa alzó las manos e hizo el gesto de las comillas en el aire al decir «consejo»—, de cómo podrían ser más efectivos.

Elsa exhaló el aire que no sabía que estaba conteniendo en sus inútiles pulmones. Se pasó una mano por el cuello y masajeó su nuca, contrariada, intentando entender por qué una mujer con tal aversión por su especie, podría creer que ella era una excepción. ¿Buscaba consuelo para algo? Lo suponía; todas las familias de cazadores tenían tragedias en sus líneas de sangre, relacionadas con aquello que cazaban. En este caso, vampiros.

Tiene un hijo muy educado—susurró Elsa, mirando a Lukas a través de la taberna. Se divertía con alguien a quien la vampiresa no conocía, y su risa llenaba el local—. Y muy simpático. Menos mal no sabe nada aún sobre los de mi clase.
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Re: Una cerveza no desagrada en el momento. [Libre - Interpretativo]

Mensaje  Lys el Vie Jun 13 2014, 23:43

Cerrado por abandono. Para reabrir enviar mp a moderación.
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Re: Una cerveza no desagrada en el momento. [Libre - Interpretativo]

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