La búsqueda de una identidad. (Brunner)

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La búsqueda de una identidad. (Brunner)

Mensaje  Kalec el Miér Mar 19 2014, 20:36

El muchacho estaba tirado en el suelo, bueno, quizás no exactamente tirado, estaba sentado con la espalda apoyada en  una pared, una rodilla flexionada con un brazo apoyado en ella, con la otra pierna estirada  y la mano de aquel lado dejada caer a un costado con la palma hacia arriba. Debería estar loco de alegría, contengo de seguir vivo y al parecer indemne, pero no estaba seguro, estaba aterrado, su piel pálida y sus ojeras indicaban que hacia un tiempo que no dormía lo suficiente y que quizás no se alimentaba como era debido. Aún recordaba aquel poder, aquella magia que había salido disparatada de la vara del brujo que se presentó como Grisham, el muchacho se lleva la mano al pecho donde le golpeo el rayo mágico, sintió otra vez como aquel frio helado que le recorrió el cuerpo, la nieve , la tormenta, como aterrado había intentado transformarse en dragón para poder abandonar aquellos picos nevados, como tras conseguirlo, se había marchado, veloz y lleno de pánico, mientras las lágrimas se le congelaban en las escamosas quijadas. Sin poder evitarlo, se vuelve rápidamente hacia una escupidera y vomita ruidosamente, estaba en la habitación de una posada, cómoda pero sencilla, pagándola con el dinero que había encontrado en una cueva perdida entre las montañas.


Tras vomitar se sentía algo mejor, siempre se sentía mejor después de vomitar, hacia solo un par de horas que había amanecido pero llevaba casi toda la noche despierto, apenas había podido dormir dos horas de sueños intranquilos, llenos de pesadilla, en el que el viejo Raizo y Grisham entraban en la taberna y lo sacaban a rastras, donde lo humillaban y maldecían en medio de una plaza donde todos podían mirarlo, y junto al viejo aquella elfa que lo había mirado con desprecio. Tembloroso, va al baño, donde hace sus abluciones y se asea un poco, colocándose el cabello y colocándose la ropa, unos pantalones, botas y una camisa de lino blanca, con pocas manchas. Aterrado , pensando que las palabras del brujo habían sido un engaño, había estado viviendo más como humano, aunque había ido comprobando, a las afueras de la ciudad y en la misma habitación de la taberna, que seguía pidiendo transformarse y aguantar aquella forma tanto como quisiera… pero no quería tentar a la suerte, no quería  estar en forma de dragón y que de repente sintiera que las fuerzas lo abandonaban y verse forzado a cambiar… forzado… jadea apoyándose en el lavabo y cierra los ojos, intentando calmar su respiración.


Se lava una vez más la cara, coge unas monedas de su escondite y baja a la taberna, donde pide algo de desayunar, unas grandes tostadas con cachuela o cardillo y leche, se sienta en una robusta mesa con no menos robustas sillas, mientras da cuenta del desayuno, el lugar era conocido por ser un lugar barato, con comida decente y con aceptar a cualquier criatura, elfo, humano, enano, hombres-bestia o dragón, siempre y cuando pagaran su cuenta y no armaran escándalo. Una vez más, los pensamientos del joven van al mismo tema, ¿que podría hacer para mostrar su valía como humano, para demostrar que el valía como tal? Quería hacer aquello y buscar a Esdras, ni loco buscaría a Raizo, para demostrarle que había madurado como dragón y como humano y que podría traer orgullo y honor para la raza de los dragones.
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Re: La búsqueda de una identidad. (Brunner)

Mensaje  Brunner el Jue Mar 20 2014, 22:04

Estaba amaneciendo, los primeros rayos de Sol se filtraban entre las hojas del frondoso bosque, en él, un monstruoso hombre-bestia descansaba apoyado en el tronco de un árbol. Un espadón más grande que la mayoría de hombres estaba clavado profundamente en el suelo, a dos pasos del minotauro. A su alrededor se podían ver los restos de lo que antiguamente había sido una carreta, los restos estaban astillados, golpeados o destrozados hasta el punto de ser irreconocibles. Ayer había sido un mal día para el hombre-toro, se había tropezado con numerosas raíces, las ramas bajas de los arboles habían golpeado su torso, rostro o cuernos indiscriminadamente y la maldita carreta se quedaba atascada cada dos por tres. Todo esos obstáculos se fueron acumulando en la mente de Brunner, la rabia aceleraba cada vez más su pulso, su cuello se tensaba y las venas aumentaban su tamaño al tener que hincharse para dejar pasar la sangre acelerada, y al final, pasó lo inevitable. El hombre-bestia estalló, su mente cortó el filo de la razón y la rabia acumulada se apoderó de él haciendo que desatara el caos y la destrucción a su alrededor. En ese ataque de rabia fue donde destrozó la carreta, despedazandola con sus propias manos y luego pisoteándola hasta saciarse y quedar exhausto, tan exhausto que se vio forzado a descansar a la sombra de un árbol.

El minotauro se despertó al recibir los rayos de Sol en su rostro. Abrió los ojos lentamente y exploró el lugar, sus ojos repararon en los dispersos restos de la carreta. “Ya lo he vuelto ha hacer” pensó con pesadumbre, no era la primera vez que le pasaba, probablemente, tampoco sería la ultima.
Se levantó y se desperezó con tranquilidad, iba a necesitar una carreta nueva, además de víveres y otros objetos necesarios para el mantenimiento de su arma. Para conseguir todo eso debía poner rumbo a la ciudad, pero había un gran problema, los guardias no le dejaban entrar a menos que alguien avalara su entrada. Necesitaba encontrar a alguien que le hiciera ese favor, pero...¿quien aguantaría a una bestia como Brunner?

Caminó hasta llegar a las afueras del bosque, se quedó plantado en la mitad del camino. Desde su posición vislumbraba la ciudad a lo lejos, veía las siluetas de los carros y mercaderes que entraban y salían de la ciudad. Allí se quedó, pensativo, mirando la enorme ciudad desde el limite del bosque y obstruyendo el único camino de entrada a él. Su enorme espadón colgando de su espalda y sus ojos rojos oteando el horizonte con una mirada perdida a la vez que furibunda.

-Disculpe... ¿Le ocurre algo?- Dijo una voz trémula a su espalda. Brunner echó una mirada atrás, haciendo crujir su musculoso cuello, para poder ver a su interlocutor. Se trataba de un hombre opulento, de estatura media. Su larga barba canosa y sus prominentes arrugas en el rostro denotaban una edad avanzada. Era totalmente calvo.

-Disculpe, ¿está usted bien? ¿Necesita algo?- Volvió a preguntar aquel humano viejo, su voz parecía ignorar la diferencia de complexión y raza.

-Sí, ¡claro que estoy bien!- Rugió el cornudo, sin entender esa pregunta. Él le daba un motivo físico, sin embargo, tras pensarlo un poco, contestó de otra forma -No, necesito entrar a la ciudad sin causar un alboroto... Necesito que un humano me avale... ¿Tú eres humano?-

El viejo se quedó impactado un momento, luego soltó una leve risa que interrumpió al ver la furibunda mirada del minotauro -Sí, soy humano. Puedo ayudarte, si así lo deseas-

-Sí, gracias. Humano- Contestó Brunner con su vozarrón mientras hacía señas con su mano indicando al viejo que avanzara.

Caminaron en completo silencio hasta la ciudad, el viejo había intentado iniciar una conversación pero Brunner se había limitado a bufar por el hocico o a responder con monosílabos. Cuando llegaron a las puertas, el humano habló con los guardias. Estos se mostraron reticentes unos instantes, miraron varias veces en dirección a Brunner y luego accedieron a dejarle pasar.
El minotauro entró a la ciudad bajo la atenta mirada de los guardias y de varios viandantes. El viejo había entrado junto a él, parecía decidido y seguro de sí mismo. -¿Sabes? He estado pens...-

-¿Si sé qué?- Interrumpió bruscamente el toro, sin entender que habías sido una pregunta retórica.

-Espera, déjame acabar- Prosiguió tranquilamente el humano – Verás, hay alguien que creo que podría interesarte... Ya sabes, viendo tu aspecto y tú... ¿espadón?... Bueno, se deduce que eres un guerrero a simple vista. ¿Me equivoco?-

La palabra “guerrero” resonó en la mente de Brunner, hacía tiempo que no la escuchaba cuando se referían. Normalmente, le llamaban mercenario. Afirmó levemente con la cabeza para que el viejo supiera que había captado su atención.

-Bien, pues hay un gremio en esta ciudad que encaja contigo. Es el gremio de luchadores. ¿Has oído hablar de él?- Brunner negó con el rostro -Bueno, pues es como un grupo de personas aguerridas que sirven para combatir. Su líder se llama Chena de Berberas, una famosa guerrera... Quizás te interese saber que se puede ganar mucho dinero con ellos, además de una cierta reputación-

-Sí, me interesa. Gracias, ya buscaré a ese gremio. Adiós, tengo compras que hacer- Dijo en un tono impaciente, casi furibundo. Debía alimentarse antes de hacer cualquier cosa por lo que decidió ir a la única taberna de Lunargenta que admitía su entrada “La zarpa rota”. Ya había ido en anterior ocasiones, cuando su amigo y capitán mercenario seguía vivo. Sin más demora, se alejó del estupefacto viejo y se internó entre las calles de la ciudad, provocando cierto revuelo al pasar.

Llegó a la taberna poco tiempo después, desde fuera se veía igual, “¿Seguirá igual interiormente?”, se preguntó a sí mismo el toro. Segundos más tarde lo comprobó. La taberna seguía exacta a como la recordaba. Empezó a andar hacía el tabernero, este sí que había cambiado, ahora regentaba el lugar un humano rechoncho y bajito, de pelo sucio y ralo. Se sentó en una de las sillas pegadas a la barra. La madera vieja crujió al tener que soportar el peso de la bestia pero se mantuvo estable. El toro pidió una buena ración de carne de oveja medio cruda. Para acompañar, solo agua, nada más. Mientras el tabernero asentía en las instrucciones, Brunner paseó la furibunda mirada por el lugar. Los clientes eran humanos en su inmensa mayoría, estaban apiñados en mesas montando un poco de alboroto, alboroto que cesaba al notar la mirada del minotauro en sus espaldas. Le llamó un poco la atención un humano con el pelo azulado, parecía joven. Estaba comiendo unas tostadas a saber con qué. Lo observó un rato con sus furiosos ojos rojos hasta que el posadero volvió con la oveja lista para ser comida. Sin más preámbulos, empezó a devorar.
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Re: La búsqueda de una identidad. (Brunner)

Mensaje  Kalec el Vie Mar 21 2014, 11:38

Apenas había logrado comer algo, tras comer apenas la mitad de una de las tostadas que había pedido retira el plato con un gesto de disgusto, no tenía apetito, simplemente no le entraba alimento en el cuerpo. Se había cortado el cabello largo, nunca lo había hecho y le llegaba por los hombros, después de un tiempo así se dio cuenta que era un fastidio y el mismo se había cortado el pelo. Este se había quedado corto, pero aparte desiguales, lo que le daba el aspecto de tener el pelo siempre revuelto y despeinado. Estaba dando unos sorbos de leche cuando escucha un revuelo en el exterior, con indiferencia alza la vista y ve entrar a la criatura más fea y extraña que nunca hubiera visto, el asombro se dibuja en su cara, era la primera vez que mostraba algún sentimiento desde que llego hacia unos días a aquel lugar. Su cerebro empieza a funcionar y recuerda haber oído hablar o leer algo sobre aquella criatura, un minotauro, si las descripciones que recordaba eran ciertas. Tuerce el gesto con una mueca, por los dioses, sí que era feo… ¿serian así todos los miembros de aquella especie de hombre bestia o aquel era especial mente feo?.


Se da cuenta que se había quedado mirando a aquella criatura demasiado tiempo, dejando media jarra de leche sin tocar y el resto de su desayuno, se dirige al exterior de la taberna, parando por detrás de aquel hombre todo que comía carne medio cruda… de cordero si el fino olfato del dragón no le fallaba, el cordero era delicioso…En eso estaban sus pensamientos, cruzando la puerta de la taberna para salir fuera, cuando alguien pasa lanzado y hace un placaje al muchacho que apenas el da tiempo de lanzar un quejido de dolor y sorpresa, al menos tres tipos más, se unen al primero y se llevan a rastras al muchacho hacia uno de los callejones. La gente de la taberna mira con indiferencia lo ocurrido y siguen a sus cosas, murmurando poco o nada de lo ocurrido. El tabernero vuelve a salir de la cocina y mira de hacia la mesa donde un momento antes estaba sentado el muchacho de pelo azul y resopla con fastidio.


-Oye minotauro, ¿has visto al joven que estaba sentado ahí? ¿ A salido?.- pregunta al minotauro, al parecer no parecía impresionado con este, quizás ya había tratado antes con tipos como él.- Tengo para él una nota, llevaba días lamentándose de que no sabía qué hacer para demostrar no sé qué cosa de orgullo y honor, y no hay mejor sitio que el Gremio para Luchadores…-Chasquea la lengua y mira la nota.- Tengo debilidad por ayudar a la gente desgraciada.- Manosea la nota.- Ahora que hable con un tipo que dice que conoce a alguien que podría ponerle en contacto con Chena de Berberas…- Alza la mirada hacia el minotauro. –Si el joven se metiera en algún lio y alguien lo ayudara, es posible que mi amigo encontrara la forma de poner en contacto con el gremio a esa generosa persona…- Era evidente que el tabernero había visto lo ocurrido, y ahora pedía de forma disimulada al minotauro que ayudara al joven que había sido atacado.- Incluso podría sentirme generoso e invitar a esa persona al desayuno.- Dice mientras se dirige hacia la cocina y se guarda la nota en el bolsillo del manchado delantal.


Mientras tanto en el callejón junto a la taberna, surgía el sonido de insultos, gruñidos y golpes, se escuchaba el jadeo ahogado de alguien al ser golpeado, dos tipos habían sujetado al muchacho por los brazos y un tercero lo golpeaba con los puños en el estómago y el rostro, un tercero vigilaba apoyado en un barril vacío cruzado de brazos. El joven tenía un ojo hinchado, con la ceja partida, echando sangre por la boca y casi sin respirar. ¿Qué se suponía que tenía que hacer? ¿Transformarse en dragón y acabar con aquellos tipos? No, eso era justo lo que no tenía que hacer. ¿Dejarse golpear? Los hombres lo golpeaban sin piedad, mientras le insultaban y escupían maldiciones, lo llamaban cobarde, que mostrara sus escamas y sus colmillos si era en verdad un dragón, los hombres parecían saber la reticencia del muchacho a luchar bajo su forma de dragón, se aprovechaban y burlaban de ello. Entonces uno de los hombres comete un error, saca un cuchillo, el metal refleja la luz del sol y eso llama la atención del muchacho.


-Deberíamos librarlo de la pasada carga de su miserable vida…-dice el tipo que lo había estado golpeando. Los otros lo miran con siniestras sonrisas pero uno de ellos suelta.


-No busques líos, si los guardias ven un cadáver harán preguntas, confórmate con sacarle un ojo o cortarle los huevos, total, un despojo como este no merece tener descendencia.- dice con una risa cruel. El otro tipo ríe se acerca rápido con el cuchillo directo a los pantalones del muchacho… Aquello podría matarlo, si le daban en alguna arteria principal moriría desangrado.


Con un rugido de furia se quita de encima a uno de los hombres que le sujetaba el brazo derecho, había sido el que había sugerido mutilarlo en vez de matarlo, y pendiente solo del cuchillo que manejaba su compañero, no le dio tiempo de reaccionar y se vio volando por el aire, en un elegante semicírculo que acabo con sus huesos sobre un montón de cajas de madera vacía y basura. El hombre del cuchillo vacila ante esa repentina muestra de furia y fuerza, es el momento que el muchacho necesitaba para dar una patada en la mano del hombre con la que sostenía el cuchillo, este sale lanzado hacia arriba y se clava en el canalón del edificio que quedabas a espaldas de aquel tipo. El tercer tipo, el que lo sostenía por el brazo izquierdo reacciona retorciéndole el brazo, lo que le arranca un grito de dolor y rabia viéndose obligado a inclinarse hacia delante, mientras el tipo al que había dado la patada se frotaba la mano dolorida con los ojos inyectados en sangre.


-Pagaras por despojo, el mundo solo tendría que estar poblado de humanos, no de aberraciones como los elfos, vampiros, hombres bestias o… dragones.- El tipo saca un segundo cuchillo de una de sus botas.


Si las cosas seguían asi, Kalec se vería obligado a adoptar una de sus formas dragontinas, lo que implicaría que aquellos tipos seguramente morirían, y otras personas saldrían heridas pues no creía que los edificios de madera y piedra pudieran resistir la fuerza de un dragón abriéndose paso en aquel estrecho callejón.
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Mensaje  Brunner el Lun Mar 24 2014, 19:39

El cordero estaba realmente bueno. Una buena textura, mejor sabor y una gran combinación de especias pasaban por las papilas gustativas del bovino que devoraba con presteza los pedazos de carne. Sus fauces se abrían y cerraban con fuerza, mordazmente, haciendo que algunos de los parroquianos se giraran a ver el dantesco espectáculo. Brunner no les hacía el menor caso, estaba concentrado despedazando al pobre cordero.

Se oyó el sonido característico de una silla al desplazarse y la de unos pisadas ligeras que se marchaban. El hombre-toro tardó algo en ser capaz de deducir que quién se largaba era el joven de pelo azul. No pensó más en él, siguió comiendo tranquilamente, incluso cuando se oyó un revuelo en el exterior, probablemente de pelea, el minotauro siguió inalterable disfrutando de su manjar. No era su problema.

Cuando el tabernero salió de la cocina con una carta en la mano, Brunner estaba empezando a triturar los huesos del cordero. También se los iba a comer. El tabernero se interesó por el joven, el bovino se limitó a hacer un gesto con la garra para indicarle que se había ido. No tenía ningún interés por el muchacho. El humano hablaba sobre orgullo y honor, el minotauro seguía triturando los huesos con sus fauces, casi sin prestarle atención. El cordero estaba demasiado bueno, aunque necesitaría dos más para llenarse.

Al escuchar el nombre de Chena saltó una chispa en la mente del hombre-toro, ya lo había oído pronunciar antes, no debía hacer mucho... Levantó su rojiza mirada del plato por primera vez y la clavó en la del humano mientras roía un trozo del fémur. Ahora le prestaba algo de atención, el humano pareció darse cuenta porque empezó a hablar más rápido. Aunque le costó algo pillar la indirecta, cosa que lo enfureció, entendió que si ayudaba al joven sería recompensado con un posible contacto y una buena comida gratis. Brunner se giró y miró a uno de los párrocos.

-¿Cuantos eran?- Preguntó el minotauro con una voz poderosa e inquisitiva.

-Cuatro- Contestó una voz apagada, asustadiza.

-¿Qué raza?- Inquirió el bovino.

-Humanos... Creo que eran todos humanos-

El cornudo se quedó unos segundos pensando antes de levantarse con tranquilidad de su asiento y bufar despectivamente. Se aburriría en la pelea, en el caso de que llegara a haber, porque no se extrañaría si los humanos salían corriendo al ver que ya no tenían tanta superioridad. -Prepara otro cordero. Lo quiero listo cuando vuelva- Medio rugió mientras se agachaba y salía de lado por la puerta.

No fue difícil hallar con el joven y sus asaltantes, se oían maldiciones e insultos varios procedentes de un callejón. Los demás transeúntes parecían evitar acercarse demasiado, no querían verse envueltos en problemas... Prácticamente, hacían lo mismo que cuando veían a Brunner. “Cobardes” pensó el toro mientras se dirigía hacía el callejón.

El lugar era estrecho, estirándose un poco, el hombre-toro ocupaba casi toda la anchura disponible. Había un total de cinco “humanos”, uno vigilaba encima de un barril, dos se encargaban del joven, este estaba arrodillado en una postura claramente incomoda, parecía bastante magullado, y el último se levantaba, poco a poco, dejando atrás unas cajas destrozadas. Todos tenían furia en su mirada.

Brunner los miró un momento desde la altura. Cuando el vigilante lo divisó saltó del barril y se dirigió con paso decidido hacía él. -Ni se te ocurra intervenir- Le dijo al estar casi pegado al minotauro -¡Maldito monstruo imbéc...!- El humano vio interrumpido su insulto al ser agarrado por la cara por una de las enormes garras. Brunner alzó con indiferencia al escuálido humano y lo estampó brutalmente contra la pared de la derecha, al igual que un humano lo hacía con una mosca, Brunner lo hacía con esos seres prepotentes.

El ruido atrajo la atención de los demás humanos presentes, primero se horrorizaron al ver los despojos de su compañero y luego, el humano que llevaba el cuchillo en la mano, atacó hecho una furia contra el hombre-toro. Era algo bastante imprudente, contando que Brunner tenía mucho más alcance con uno de sus brazos que el atacante con su cuchillo y su brazo juntos. El mamporrazo con la zarpa izquierda abierta envió al asaltante volando directamente contra la pared, al chocar se oyó el ruido de los huesos al quebrarse. Ese no volvería a levantarse.

El humano que había estado sosteniendo al joven dejó de hacerlo, aterrorizado ante la brutalidad que estaba viendo. Sólo había una salida de ese callejón y era pasando por al lado del toro. Corrió como un desesperado con la esperanza de que el ser lo dejara pasar o que no lo pudiera pillar. Estaba pasando por su lado, a punto de dejar atrás al toro, cuando su esperanza se estrelló contra el suelo al notar un fuerte golpe en el pecho. La zarpa le oprimía la mayor parte del torso, dejándolo casi sin respiración, intentó zafarse pateando al suelo, aporreando el musculoso brazo con los dos puños, maldiciendo, insultando e, incluso, suplicando. Pero Brunner se mostraba indiferente, casi parecía aburrido, de nos ser por la feroz mirada, cualquiera podría pensar que estaba haciendo algo tan habitual para él como llegaría a serlo el tener que alimentarse.

Los músculos del brazo se tensaron para alzar al pobre humano, y al igual que un niño lanza una piedrecita, Brunner lanzó al delincuente que pasó volando por encima del joven y acabó estrellado contra el último de los asaltantes. Estos cayeron inconscientes sobre las cajas ya rotas.

El bovino bufó con tranquilidad, casi pereza. Miró al joven dos segundos antes de girarse para irse por el mismo lugar por donde había venido. -Vamos, levántate y anda. Necesito que vengas conmigo a la taberna- Dijo bruscamente al chico.
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Re: La búsqueda de una identidad. (Brunner)

Mensaje  Kalec el Lun Mar 24 2014, 20:21

El muchacho estaba tan magullado y dolorido que apenas es consciente de la presencia del hombre bestia. Solo se da cuenta de que algo ocurre cuando el ultimo tipo que aún lo sostenía lo suelta de repente y huye. Eso lo hace caer de rodillas y se apoya en las manos, debido a los repetidos golpes en el estómago termina vomitándolo poco que había desayunado. Jadeaba entrecortadamente  pálido y demacrado mientras su visión se iba aclarando, no era nada agradable, sentía cada centímetro del cuerpo dolorido, se palpa con una mano las costillas, no parecía tener nada roto. Pero  tenía varios cortes en la cara debido a los golpes, se levanta tambaleante y ve como el último tipo que lo había atacado, sale por los aires y aterriza sobre el tipo que él había logrado quitarse de encima. ¿Qué andara? El chico está a punto de lanzar una carcajada llena de amargura e ironía, apenas podía respirar y mantenerse sobre las rodillas y las manos, ¿cómo quería aquel ser enorme y peludo que se levantara y andara?


Tras unos segundo de reflexión se da cuenta que el hombre bestia tenía razón, no era prudente quedarse allí cuando se presentaran los guardias o alguien con autoridad para investigar lo ocurrido, pues los sesos de uno de los tipos adornaban una de las paredes del callejón como una obra de arte abstracto.


-Gracias… por tu ayuda… pero no era necesario… después de todo soy una vergüenza para mi raza…- Murmura el muchacho que se levanta con dificultad y tambaleante camina hacia la salida del callejón.


Parecía hablar como si estuviera en un sueño, como si se hubiera repetido muchas veces aquello a sí mismo. Tenía las ropas echas jirones, manchadas de sangre, barro y los pantalones empapados, el muchacho  mira con disgusto la ropa destrozada. Con un gemido de dolor se arranca los girones de la camisa y se descalza, su cuerpo lo cubre un montón de tatuajes luminoso y la luz lo cubre. Al desaparecer en su lugar había otra criatura, el dragón había adoptado su forma de semidragón. Era algo más alto y corpulento que en su forma humana. De un tirón se deshace de los pantalones húmedos, llenos de barro, sangre y los lanza encima de uno de los tipos. En su forma humana aparentaba unos 16 años, y en aquella forma se seguía notando su juventud. En aquella forma tenía un cuerpo atlético, de hombros anchos, su pecho, vientre y membranas de las alas eran de un azul muy claro, el resto eran de un azul normal. Tenía un hocico corto y redondeado, sus cuernos, garras y un apéndice en forma de lágrima en la punta de la musculosa cola, eran como de cristal azul oscuro o zafiro. Por la columna tenía una hilera de placas azul oscuro. Nada en la anatomía del dragón identificaba su sexo para un observador inexperto, pero su voz  y torso cubierto de escamas eran masculinos y entre las piernas tenía un ligero abultamiento, que en caso de una hembra seria liso.


-Muy bien, te acompañare a la taberna. Debo compensar tu ayuda, es la costumbre entre los humanos, ¿no?.- Pregunta algo inseguro, como si estuviera repasando a si mismo algunas costumbres humanas que hubiera estado intentando aprender.


Tras coger sus botas, camina hacia la taberna con el minotauro, su cuerpo aun presentaba heridas y las escamas estaban manchadas de barro y sangre, además de que la humedad que lo cubría olía como cualquier callejón de taberna, a vómito y meados. Al entras en la taberna algunos parroquianos se sorprenden, pero el tabernero que esperaba en la barra, limpiando con un trapo una jarra vacía lo mira sin asombro.


-Bien, veo que has cumplido.- Le dice el orondo tabernero a Brunner, señalando una gran bandeja con un cordero preparado como el anterior. El dragón mira con sorpresa al tabernero, y luego frunce el ceño furioso al saber que el hombre había pedido al minotauro que lo ayudara.- ¿Y bien?.- Dice el tabernero con voz firme y fría, mirando al joven dragón, el cual tras un momento baja la mirada y encoge los hombros, entre avergonzado y decaído.- Eso está mejor, ahora sube y ponte algo de ropa, ya llama suficiente la atención aquí nuestro amigo el minotauro. Y date prisa, debo entregarte una cosa.- El tabernero se pone de nuevo con su tarea, dejando con la palabra en la boca al dragón.


-Gracias por ayudarme…- Se da cuenta que no sabía el nombre del minotauro.- Mi nombre es Kalec… si desconfías de que vaya a recompensarte puedes subir, o espera aquí, te invitare a un trago.- Le dice el semidragón al peludo minotauro antes de marcharse a cambiarse de nuevo, agitando la cola irritado porque el tabernero lo tratase como a un niño. No sabía si el minotauro querría vigilarlo de cerca o lo esperaría sentado ante el cordero que el tabernero le había preparado tan cuidadosamente.
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Re: La búsqueda de una identidad. (Brunner)

Mensaje  Ansur el Vie Mar 28 2014, 19:29

El tabernero se acerca con unos jarrones de cerveza a donde está Brunner y Kalec, pero hace pasar por desapercibido una nota dirigida a Brunner. Una vez queconsigue dársela en mano, se aleja rápido de nuevo a la barra, tras dejar las bebidas a los viajeros.



"Brunner,

Hemos visto tus movimientos, y sabemos que ahora debes estar encontrándote con un humano. Quiero poner a prueba tus dotes de luchas. Puedes traer a tu amigo. Pero te avisaremos mediante otra carta. Mantente preparado para el momento. Chena de Berberas es una mujer muy impredecible, podría llegar a cortarte lo que te hace "macho" si ve alguna falla. Creemos que estamos en lo correcto al haberte elegido. Advierto que cuando llegue la próxima carta indicando el lugar donde debes presentarte, estés con todas tus armas a mano. Otra advertencia, a Chena le gustan los guerreros con honor, valores y que se adapten tanto al cielo como al infierno. Una vez que entres, solo sales con la muerte. Es una sociedad de guerreros, y recuerda que hay guerreros mutilados. Piénsatelo bien y tu amigo también. Hasta pronto.

Señores de Berberas
"



Off rol: por el momento me resulta imposible realizar alguna misión. Sigan roleando normal a partir de acá como lo venian haciendo. Cuando termine las quest actuales, haré la de ustedes para calificar si están bien preparados o no. Saludos.


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Re: La búsqueda de una identidad. (Brunner)

Mensaje  Kalec el Dom Mar 30 2014, 17:40

El dragón tarde unos 15 o 20 minutos en bajar de nuevo, cuando lo hace tiene un aspecto mucho mejor, se había aseado un poco y puesto ropa limpia, además de volver a pasar a su forma humana. Tenía el ojo izquierdo algo hinchado, con algunos cortes en los labios y la cara, pero las heridas estaban limpias y parecía que se había aplicado algo en ellas para cortar la hemorragia y evitar que siguieran sangrando.


Cuando baja las escaleras ve a Brunner leer una nota, cuando el minotauro termina, se la toma de la mano o la coge de donde el minotauro la deja caer, la lee atento y alza las cejas con sorpresa. Era mucha coincidencia que en aquella carta se mencionara a la tal Chena de Berberas, no le gustaba mucho algunas de las condiciones de aquel encuentro, pero Raizo menciono a aquella mujer, y supondría que esta había sido advertida sobre él. Se rasca la mejilla con aire pensativo, no perdía nada por ir a hablar he informarse en primera persona. Aunque al parecer antes tenía que pasar por ciertas pruebas, suspira y dejando la nota sobre la barra, junto a Brunner, se frota el puente de la nariz con dos dedos. Lo “malo” es que en la carta decía que habían elegido a Brunner, a él solo lo mencionaba como un acompañante. Tras encogerse de hombros se retira de la barra, Brunner aun parecía que le iba a llevar un tiempo comerse el segundo cordero y terminar con su jarra de cerveza, de modo que sale al exterior, no le apetecía permanecer más tiempo en la taberna.


En el exterior, sigue pensando en todo lo que mencionaba la carta, quizás aquella mujer le podría enseñar todo aquello que según el viejo Raizo le faltaba, honor y valor. Lo que mas le preocupaba era lo de las mutilaciones… claro que solo tenía que evitar dichas situaciones, al menos hasta que tuviera la suficiente habilidad como para saber que no saldría mal parado de un enfrentamiento importante. Dándole vueltas a aquella carta, el muchacho camina por la calle, alejándose de la taberna, cuando Brunner terminara su comida, ya lo alcanzaría, o quizás se volvieran a ver en el Gremio de Luchadores.
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