Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

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Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Alfhild Rush el Lun 30 Jun - 15:56

-No te preocupes aprenderás enseguida… -siguió explicando la anciana herborista mientras la acompañaba por el pasillo llevándola de la cintura. Alfie la miraba de reojo-. Esto de las pociones no es tan complicado como puede parecer en verdad… -abrió la puerta del jardín botánico donde iba a pasar el día-. Además, no estarás sola he contratado otra ayudante porque tengo mucha faena, querida –siguió comentando-. Así que ¡Buena suerte! –aseguró dándole un empujón a la dragona para entrarla en el jardín y cerrar la puerta tras de sí de un portazo que la sobresaltó un poco. Miró hacia atrás

-Pues vale… -musitó con indiferencia, después se dio la vuelta y comenzó a caminar por el jardín botánico.
Había llegado a Lunargenta después de varia trifulcas en tabernas y posadas por cuestiones económicas y es que al parecer después de comer si no pagabas, los propietarios se enfadaban. Así que tras mucho pensarlo, la dragona había decidido conseguir algo de dinero, casualmente estaba mirando un poste donde varios negocios colgaban pergaminos donde hacían propuestas de trabajo. Ninguno le llamó la atención, así que fue a buscar alguna tienda donde pudiese comprar dulces dejando a un lado la idea de trabajar. Casualmente encontró la herboristería, recordó que había visto un anuncio de trabajo de esa misma tienda y se la quedó mirando por curiosidad, con tan mala suerte que rauda como el viento había salido la anciana y la había prácticamente arrastrado hasta allí parloteando sin parar hasta empujarla allí adentro.

Y ahí estaba, paseándose por aquel amplio jardín, había plantas de todo tipo, arbustos, árboles frutales, de flor, hierbas, plantas colgantes y de especies muy dispares. Algunas no las había visto nunca, o tal vez sí… No conseguía recordarlo y poco le importaba, pues estaba observándolo todo con los ojos como platos, cautivada por tanta belleza. En ese momento escuchó los susurros de una mujer que pensaba en voz alta

<< Debe de ser la otra ayudante… >>pensó Alfie acercándose con curiosidad, pues ya que estaba allí no estaría de más ganarse unos cuantos aeros.

Se trataba de una joven de estatura media, pelo largo y ligeramente ondulado de un curioso color verdoso, decorado con pequeños y elegantes adornos florales, de ojos azules, piel pálida con una pequeña cicatriz en la parte derecha debajo del ojo que se extendía hasta la parte superior de la mejilla. Vestía con vestido rojo y unas botas del mismo color, sobre los hombros llevaba una capa blanca que ondeaba con sus movimientos, bajo ella se extendía un manto de flores que crecían a su paso

-¡UALA! ¡QUE PASADA! –exclamó a los cuatro vientos con los ojos relucientes de admiración, a ver que las flores crecían bajo ella.
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Eonishia Aldrich el Lun 30 Jun - 21:57

Había pasado ya un tiempo desde mi viaje en barco. Había llegado a Lunargenta y, tras buscar una posada en la que alojarme y conseguir una habitación, me había dedicado a investigar y conocer mejor aquella ciudad en la que todo, absolutamente todo, era nuevo y desconocido para mí. Todo lo contrario, parecía al menos, que ocurría con los habitantes del lugar, que estaban bastante acostumbrados a que personas de diferente raza, posición, carácter, de todo tipo, en general, llegase a su puerto, pues apenas veía a los aldeanos con los que me cruzaba murmurar sobre mi aspecto. Y aquello me hacía sentir menos incómoda de lo que me esperaba.

Conforme habían pasado los días, el dinero que había estado ahorrando durante los tres últimos años para realizar aquel viaje se había comenzado a agotar, por lo que necesitaba encontrar alguna otra fuente de ingresos y rápido. La suerte se puso de mi parte al encontrar un anuncio en el que estaba escrito que necesitaban una ayudante en una herboristería de la ciudad. ‘’Qué casualidad’’, pensé, parada frente al pergamino en el que estaba escrito. Sin duda era un trabajo hecho para mí, pues mis padres adoptivos eran dueños de una herboristería en Beltrexus  y más de una vez les había echado una mano trabajando allí. Así que, con paso decidido, memoricé la dirección y me dirigí hacia la herboristería.

Tardé más de lo que hubiese querido en llegar, ya que me perdí varias veces intentando encontrar el camino correcto. Con mis pies descalzos, había recorrido diferentes calles y callejones, llegando a pasar varias veces delante de la misma panadería. Después de la quinta vez, decidí preguntar al panadero por el camino que debía seguir y dejar de dar vueltas en círculos.

La amable anciana, que era bastante charlatana, me recibió con los brazos abiertos y una inmensa alegría cuando le dije que estaba allí para trabajar como ayudante. Y con razón. Me acompañó hasta el jardín trasero, casi empujándome hasta allí, y vi, con la boca abierta, lo enorme que era aquel lugar.

Ante mí se extendía un majestuoso jardín, lleno de bellas flores de vivos colores, plantas colgantes que se mecían cada vez que soplaba el viento, árboles y arbustos cuyas hojas tenían diferentes tonalidades y formas. El aroma de las flores inundaba aquel lugar con un olor dulzón que atraía a las mariposas que revoloteaban allí y allá. Un muro separaba el interior del jardín del exterior, lo suficientemente alto como para evitar que una persona pudiera saltar y robar. Avancé por la hierba que cubría el suelo, notando con mis pies que estaba húmeda, y me detuve bajo la sombra de uno de los árboles, apoyando la mano en su tronco. Había tal cantidad de plantas, tan distintas, que no sabía por dónde empezar.

-Pues no parecía tan grande desde fuera…

Suspiré. Desde que había abandonado las islas, aquello era lo más parecido a un bosque que había encontrado en aquella ciudad. Un sentimiento de calma comenzó a apoderarse de mí, la misma paz que me invadía cuando me encontraba rodeada de naturaleza. Y, sin darme cuenta, pequeñas flores de eonishia comenzaron a crecer a mi alrededor.

-¡UALA! ¡QUE PASADA!

Un grito a mi espalda me sobresaltó, haciendo que me girara rápidamente. Una mujer alta, de pelo negro y ojos de un misterioso color ópalo, contemplaba admirada las flores de mi alrededor, cuyo crecimiento se había detenido a causa del susto. Me encogí de hombros.

-¿Y tú eres…?
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Alfhild Rush el Lun 30 Jun - 23:58

-Alfhild Rush, pero mis amigos me llaman Alfie… -se llevó un dedo a los labios y miró de reojo a otro lado con expresión pensativa-. O eso creo… -tras unos segundos en silencio hizo un ademan con la mano-. Bah, da igual, llámame Alfie –recomendó con una amplia sonrisa acercándose a ella, se detuvo delante suyo-. El caso es que vamos a ser compañeras de trabajo –aseguró extendiéndole la mano, para ofrecerle un apretón -. Guau… Qué color de pelo más extraño… -aseguró sorprendida, luego ladeó un poco la cabeza y asintió con agrado-. Me gusta –informó sin que nadie le hubiese preguntado, tras los saludos y una pequeña charla de cortesía en la que básicamente fue Alfie quien no dejó de hablar sin parar, se pusieron manos a la obra. Lo primero era catalogar algunas de las plantas que acababan de llegar, se encontraban en un lado del pequeño laboratorio improvisado que habían hecho en el mismo jardín. Era un laboratorio modesto que contenía lo necesario para fabricar medicamentos y pociones. Aunque también corrían oscuros rumores sobre aquella herboristería, algo así como que aquella ancianita se dedicaba a crear venenos y a venderlos de contrabando.  Sin embargo aquello no era nada demostrable y totalmente infundado, nada tenían que ver las plantaciones de plantas venenosas que habían escondidas en una zona en concreto del jardín botánico, claro que no.
Alfie comenzó con las cajas y a su lado tenía un largo pergamino con una lista prácticamente interminable donde constaban todos los paquetes que habían sido empleados

-¡Manos a la obra! –exclamó con decisión haciendo un corte de mangas a nadie en concreto, abrió la primera caja con cuidado, contenía una docena de pequeñas cajas de cristal que a su vez contenían varias plantas de algunos tipos. La dragona con sumo cuidado saco la primera cajita de cristal; contenía unas pequeñas florecitas moradas con largos pistiles morados. La había visto en las entradas de algunas ciudades, pero no sabía ni por asomo el nombre de aquella planta y mucho menos su uso. Miró a su compañera que se estaba encargando de otra parte del cargamento. Alfie arrugó un poco la nariz y los labios, luego abrió con cuidado la cajita de cristal y tomó una de las flores, para luego acercarse a su compañera-. ¿Puedo preguntarte que es esto? –una vez supo la respuesta, pudo tachar el nombre de la planta y seguir con su tarea.

La siguiente remesa de cajitas de cristal contenían otras flores, estas un poco más grandes que las anteriores, eran una especie de campanitas blancas atravesadas por una franja vertical de color magenta en cada pétalo. Alfhild sacó una, la examinó, era una flor muy bonita, la olió, arrugó un poco la nariz, no olía a nada. Volvió a mirarla con curiosidad de hecho sonrió y sin motivo alguno se la puso  en el pelo, tomó otra muestra y de nuevo acudió a su compañera-. Emm… ¿Esta flor que es? –preguntó señalándola con una sonrisa.

Y sí varias veces, hasta que su compañera dejó caer a su lado un enorme y polvoriento libro, se suponía que contenía todas las plantas habidas y por haber. La dragona lo miró expectante y bufó su tapa dura sin poder evitar reprimir una molesta tos.

La portada del tomo era de piel, ya marrón y con algunos cortes, abrió el libro y empezó a consultar sus páginas ya amarillentas y desgastadas. Había captado el mensaje. Suspiró suponiendo que su compañera de trabajo debía de estar tan ocupada como ella y siguió su labor en un silencio tedioso. No le gustaba el silencio, era aburrido, pues la dragona adoraba la charla, cuando la anciana le dijo que tendría una compañera de trabajo se había hecho ilusiones, pues pensaba que podrían entretenerse mutuamente y conocerse, tal vez incluso entablar una buena amistad, sin embargo aquella mujer era muy callada y parecía no caerle muy bien.
Alfhid negó con la cabeza, no imposible que no le cayese bien, de seguro estaba concentrada en el trabajo, reconocer plantas era más complicado de lo que parecía, además ella no contaba con el polvoriento libro que ella tenía. Volvió a dirigirle una rápida mirada a su compañera algo inquieta, bufó hastiada y se llevó uno de los caramelos que había com… “Tomados prestados” del mercado y se lo llevó a la boca, iba a ser una jornada muy larga y aquel sabor dulce y reconfortante de seguro le calmaría un poco las ansias de cháchara. A Alfie le gustaba demasiado tratar con la gente y aquel trabajo era demasiado austero ¿Cuándo podría empezar a mezclar potingues?
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Eonishia Aldrich el Miér 2 Jul - 19:24

-Yo soy Eonishia Aldrich, pero puedes llamarme Eon-me presenté cuando ella me dijo su nombre-. Como Eonishia es muy largo tienden a acortarme el nombre…-le devolví el apretón de manos. Me sentí aliviada porque la carga del trabajo se dividiría entre dos y nos sería más fácil ocuparnos de todas las tareas; también esperaba que mi compañera de trabajo fuera eficiente y no alborotase mucho. Me gustaba trabajar concentrada y tranquila.

Me limité a asentir y a contestar con frases cortas en la breve charla que tuvimos antes de empezar, aunque fue ella quien habló durante la mayor parte de la conversación. Tras esto nos dirigimos al pequeño laboratorio donde encontraríamos montones de cajas de cristal que a su vez contenían las distintas plantas que habían llegado y que aún no estaban catalogadas. Cogí con cuidado una de las cajas y la coloqué sobre una mesa de trabajo de madera que había en el mismo laboratorio, junto a la lista de plantas de la que me debía hacer cargo. Una a una, fui comprobando todas las cajitas que a su vez contenía, para después tachar el nombre de la planta de la lista y dejar la caja en su respectivo lugar.

-¿Puedo preguntarte que es esto?

‘’Mal empezamos’’, pensé mientras levantaba la vista del pergamino y observaba la flor que sujetaba la joven. Aunque tampoco tenía motivos para enfadarme: yo jugaba con ventaja al haber trabajado antes en una herboristería y, por tanto, podía reconocer con más facilidad aquellas flores y plantas, bien por haber trabajado con ellas en la herboristería de mis padres o por haberlas visto en uno de los muchos libros que tenían en la tienda. Reconocí aquella flor enseguida: su nombre era namarië. Recordaba haber leído sobre ella, pero nunca antes la había visto. Aquella flor crecía en el bosque de Sandorai y, debido a la enemistad entre ambas razas, era imposible, verlas en las islas Illidenses, donde había vivido hasta ahora. De hecho, estaba bastante sorprendida de que ejemplares de aquella flor hubieran ido a parar a esa herboristería.

-Namarië-contesté a su pregunta-.Es una flor que crece en el bosque de Sandorai, a los pies del Árbol Madre-recité. De pequeña me gustaba leer los libros de flores que tenían mis padres hasta el punto de haber memorizado las características de bastantes de ellas.

Alfie volvió a su trabajo y yo continué con el mío. Me agaché a coger una nueva caja de cristal cuando la voz de la mujer me hizo sobresaltarme otra vez, estando a punto de dejar caer la caja. La dejé sobre la mesa con paciencia, suspirando, y miré a mi compañera de trabajo con una flor en el pelo.

-Es una osaris-dije. Al igual que la flor anterior, también la conocía por haber leído de ella en un libro, puesto que sólo verdaderos elfos expertos en sanación podían usarlas para crear antídotos. Y también podía usarse para el mal.

Después de mi breve explicación sobre la flor, tampoco sabía mucho más sobre ella, solo algunos detalles, proseguimos con la tarea. Pasado un tiempo, Alfie volvió a preguntarme sobre otra de las plantas de las cajas. Y otra vez. Y otra vez. Los constantes interrogatorios de Alfie sobre tal o cual planta me retrasaban a la hora de llevar a cabo mi propio trabajo. Le eché un vistazo a la lista y únicamente había tachados seis nombres de todos los que había. Sin decir ni una palabra, salí del laboratorio y crucé a zancadas el jardín hasta la tienda.

-¿Buscas algo, hija?-preguntó la anciana de la herboristería al verme entrar como un vendaval.

-Sí, y lo he encontrado-respondí cogiendo un enorme libro desgastado. Me había fijado en él cuando entré en la tienda para preguntar con el trabajo y sabía que tarde o temprano me sería útil. Volví al laboratorio tan rápido como había ido hasta allí.

-Eonishia, ¿qué flor es…?

BAM

Dejé caer sobre su lado de la mesa el ejemplar. –En él encontrarás todo lo que necesitas saber-expliqué. No era que quisiera ser antipática, simplemente lo hacía por su bien. Era más cómodo que yo respondiera a todas sus preguntas, pero de esa forma aprendería a buscar la información por sí misma y yo podría dedicarme plenamente a seguir clasificando las plantas que había en mi montón de cajas. Así acabaríamos antes.

El silencio que reinaba después en el laboratorio me ayudó a concentrarme mejor. Como no necesitaba consultar el libro tantas veces como Alfie, poco a poco fui tachando todos los nombres que había en mi pergamino. De vez en cuando miraba de reojo a la mujer que parecía que se aburría al no tener con quien hablar. Me encogí de hombros. El hacer amistades era algo que nunca se me había dado bien; era de ese tipo de personas que se encontraban cómodas con la calma que proporcionaba la soledad. Aunque aquello tampoco significaba que quisiese estar sola para siempre.

-Oye…-empecé a decir echando un vistazo a su lista-. Si quieres puedo terminar de clasificar eso por ti-me ofrecí. Cogí otro de los pergaminos que me había dado la anciana con una lista de pedidos de pociones-. Si quieres puedes seguir con esto-le tendí la lista-. El método que tienes que seguir para fabricarlas se encuentra también en ese libro…

Observé como Alfie miraba con atención el papel. -¿Has preparado pociones alguna vez?
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Alfhild Rush el Miér 2 Jul - 20:12

Se acercaba el medio día y Alfie bostezaba por décima vez en menos de cinco minutos, ya le quedaban pocas plantas por clasificar, sin embargo se dedicaba a pasar páginas y más páginas sin entusiasmo. Estaba manteniendo una acérrima pelea parpado contra ojo en una batalla épica por mantenerse despierta y lo peor de todo tenía abre. Mucha hambre

<< Tal vez haya por aquí algo que pueda comerme… >>pensó mirando el libro, en ese momento pasó una página y vio una descripción en la que n pudo evitar fijarse, pues aparecía la palabra “DULCE”, dio un respingo y miró la foto. Se trataba de una planta redonda del tamaño de una pelota, verde con varias púas suaves y de color amarillo<< Creo que he visto alguna… >>recordó, rebuscando entre las cajas sin demasiado cuidado, finalmente la encontró, la dragona volvió a mirar el libro-. Tuore… -leyó en un susurro, por un momento Alfhild pensó en leerse la descripción de la planta, pero lo descartó en cuanto vio la extensidad de la descripción-. Pffff… Al igual me leo todo esto… -se burló con una media sonrisa y le dio un bocado al cactus.

Un enorme bocado en el que arranco la mitad de la pata y comenzó a masticar, era crujiente sin embargo era de una textura suave y grumosa<< Sí que esta dulce sí, lastima por las púas picantes estas… La próxima vez se las quito, puaj… >>medio refunfuñó para sí. En ese momento escuchó la voz de Eon hablándole:

-Oye…Si quieres puedo terminar de clasificar esto por ti… -se ofreció, al parecer estaba de pie tras ella, Alfie se encogió de hombros sin darse la vuelta

-Gracias pero ya me apaño –aseguró tragándose la primera mordida de cactus, luego dio otra más discreta, mientras escuchaba a su compañera de trabajo hablar

-. Si quieres puedes seguir con esto-indicó poniéndose a su lado y dándole una lista mientras decía-. El método que tienes que seguir para fabricarlas se encuentra también en ese libro… -siguió explicando con paciencia, la dragona se dio la vuelta

-Como quieras –aseguro masticando la mitad de Tuore que le quedaba con la mano derecha y tomando la lista de pociones con la otra

. -¿Has preparado pociones alguna vez?... –si bien Eona pensaba preguntarle algo más, cambio esa pregunta por una exclamación seguida de una maldición al fijarse lo que estaba masticando su compañera, sin embargo Alfie no prestaba atención a la retahíla de gritos y reproches junto a maldiciones que estaba soltando Eon, pues estaba con la mirada fija en la lista pues la letras habían empezado a moverse y a entremezclarse haciendo imposible su lectura

-¿¡Por qué se mueven la letras?! –Exclamó con las pupilas totalmente dilatadas-.¡Maldita sea! ¡Estaos quietas letras! –exclamó meneando el papel enérgicamente, como si quisiera marear las palabras, en ese momento Eon le llamó la atención y Alfie la miró intentando concentrarse en sus palabras, sin embargo el elefante rosa en miniatura que saltaba de un hombro a otro de su compañera no dejaba de distraerla-. Ti… Tienes un.. –comenzó a decir extendiendo el brazo hacia el hombro de Eon y haciendo un ademan para atrapar a aquel molesto elefante enano, de seguro debía de tenerle los hombros hechos polvo a Eon- Espera… Maldito elefante…¡ Estate quieto ya! –Exigió intentando atraparlo, miró hacia la cabeza de su compañera y agarró un caza mariposas que tenían en el laboratorio-. Ya veras, ya… -comentó y con un rápido movimiento atrapó la cabeza de Eon, el elefante se había desvanecido-. ¿Dónde se ha metido? –preguntó con las pupilas tan dilatadas que su iris violeta apenas era un aro brillante alrededor de tanta negrura. En ese momento se quedó quieta como si estuviese paralizada y miró hacia un punto inexacto en algún lugar detrás de su compañera-. ¡UAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHH! –gritó señalando algo inexplicable, peor que sin duda debía de ser grande y dar mucho miedo, porque Alfie desenfundó las espadas de plata y gritó-. ¡No me vas a atrapar! –y blandiendo sus espadas comenzó a perseguir y a dar tajos a algo que tan solo ella podía ver.
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Eonishia Aldrich el Dom 6 Jul - 16:37

Enarqué las cejas, atónita, sin comprender ninguna de las frases sin sentido que Alfie me decía mientras intentaba quitarme algo del hombro.  ‘’No había más personas en toda Lunargenta…’, pensaba, inmóvil, siguiéndola con la mirada cuando fue a coger el caza mariposas. Antes de que me diera tiempo a esquivarlo, atrapó mi cabeza con él. Podía ver la expresión desconcertada de la mujer a través de la tela del cazamariposas. Por suerte, para ella, parecía que no se había percatado de mi rostro de ira.

-¡¿PERO QUÉ DEMONIOS PASA CON…?!

-¡UAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHH!

O igual sí. Me imaginaba que al ver mi cara después de quitarme el cazamariposas de encima saldría corriendo del laboratorio pero, en vez de aquello, comenzó a correr por la sala lanzando tajos a diestro y siniestro hacia … Hacia algo. Porque allí no había nada. Me fijé en la planta verde que Alfie había estado comiendo antes de su ataque de locura, después la página por la que se había quedado abierta el libro y lo comprendí todo: había estado mordisqueando un ejemplar de Tuore, una planta cuyo núcleo se componía de una pasta dulce. Quizás había sido eso lo que le había llamado la atención, ya que la había visto comer también unos caramelos. Me llevé las manos a la frente, resoplando. Durante el recuento de plantas había comprobado en la lista que en una de las cajas había lastias, una planta usada especialmente para hacer caramelos y dulces por su sabor. Pero no, tenía que haber escogido la que tenía efectos secundarios alucinógenos.

-Oye, tú…-dejé el cazamariposas a un lado e intenté llamar su atención-.¿Quieres pa…?-en ese momento Alfie golpeó una de las cajas de cristal que había al borde de la mesa y esta se tambaleó peligrosamente. Me lancé con las manos extendidas para atraparla justo antes de que se hiciera añicos contra el suelo-. ¡¡QUE TE ESTÉS QUIETA…!!

Me agaché justo a tiempo para esquivar una de las espadas de Alfie, que seguía peleando contra su enemigo invisible. Con las manos apoyadas en el suelo del laboratorio, noté que habían tocado algo pegajoso, parecido a una tela de araña, junto a la pata de la mesa. Incliné la cabeza para comprobar que había debajo de ella.

Momentos después hubiera deseado no haber sabido nunca lo que había allí. Decenas de bichos azules parecían tener su hogar en un pequeño agujero que había bajo una losa de piedra bajo la mesa. ‘’¿¿Cuánto hace que esta mujer no ha limpiado esto??’’, pensé apartándome justo a tiempo para ver como uno de ellos salía de allí para, a continuación, trepar por la mesa hasta el tuore. Otros salieron dirección hacia la caja de las lastias. Ignoraban que eran aquellos bichos, pero estaba claro que les atraían los olores dulces. Y su aspecto ponía la piel de gallina.

-Alfie… -retrocedí hasta donde estaba ella-. ¡Alfie para y escúchame!-le dije zarandeándola del brazo. Teníamos que salir de allí al menos hasta que se le hubiera pasado el efecto del tuore, que esperaba que fuese pronto, y ya decidiríamos qué hacer con los bichos azules que comenzaban a invadir la superficie de la mesa y arrancaban trocitos de la planta para llevárselos a su refugio. Agarré a mi compañera del brazo y la arrastré al exterior. Una vez fuera, cerré la puerta de golpe y me dejé caer sobre la hierba. Cada vez que pensaba en el aspecto de aquel ser me recorría un escalofrío.

Alfie había vuelto a levantar las espadas y corría por todo el jardín. ‘’Pues no voy a ir detrás de ella’’, me encogí de hombros aunque luego sonreí. ‘’Verás qué bien va a dormir esta noche’’.
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Alfhild Rush el Dom 6 Jul - 17:38

Llevaba cerca de media hora dando saltos,  volteretas entre gritos y atizando a un enemigo invisible que de seguro era de un aspecto tan terrible que ni las palabras podían describir el horror inimaginable que era capaz de inspirar. El gran inconveniente de los horrores inimaginables, como todos sabemos son realmente fáciles de imaginar…
Y una dragona con una mente tan despierta como Alfhild lo tenía aun más fácil para imaginárselo, hasta el punto que incluso adoptó su forma de dragón, envolvió su cuerpo en electricidad aun sin apenas caber en aquel jardín y comenzó a dar calambrazos a diestro y siniestro. Hasta que finalmente volvió a adoptar la forma humana y cayó redonda al suelo.

 Una de sus botas salió disparada al caer y dio a una pequeña estantería que había en el jardín con varios productos y pociones para cuidar del jardín. La bota los derribó cayeron al suelo y uno de los frascos se abrió derramándose sobre una maceta que tenía plantadas varios especímenes de Mogullus, que al recibir la poción de crecimiento y tras un sonido similar al de un globo al deshincharse haciendo pedorretas se volvieron tan inmensos que si un niño se les acercaba de seguro lo devorarían.

La dragona había quedado con la espalda en el suelo y los brazos extendidos, completamente estática en el suelo. Cualquiera se habría preocupado, pero el Tuore no era una droga precisamente fuerte y los ronquidos prominentes de la dragona indicaban que estaba “durmiendo la mona”. Alfie no solía roncar, a excepción de cuando se resfriaba, en ocasiones hablaba o se levantaba sonámbula, pero ya está. Sin embargo no se puede “dormir la mona” correctamente si no se ronca o babea, y Alfhild Rush era una dragona decente, así que como persona de bien que era hizo ambas cosas, roncaba y babeaba un poco.

Después de la pequeña siesta que había durado unos quince minutos, Alfie se incorporó de golpe exclamando

-¡¿Qué pasa?!¡¿Qué?! –miró a su alrededor algo confundida y con el pelo revuelto, boqueó un poco notando una textura pastosa y desagradable en la boca, al menos era una textura dulzona…

Se rascó perezosamente la cabeza y bostezó, luego miró a Eon

-¿Por qué hemos salido del invernadero? –preguntó al mismo tiempo que notaba una ráfaga de aire frío en uno de sus pies, se lo miró-. ¿Y dónde está mi bota? –preguntó moviendo los dedos del pie de manera infantil al mismo tiempo que los señalaba. Miró al frente y vio su bota tirada al lado de una planta gigante y muy fea. Parecía una especie de boca de un color carnoso con unos dientes naranjas y afilados, dentro de lo que sería la boca había varios bulbos de un color entre lila y azul decrepito.  Alfie se acercó saltando a la pata coja para recuperar su bota, ignorando a aquella planta horrible.

La dragona se agachó a recoger su bota en el mismo momento en que la planta se echó hacia adelante cerrando la boca con la intención de morder su cabeza, por suerte apenas le rozó un mechón de pelo, sin darse cuenta de nadie Alfie se levantó y dirigió una rápida mirada al hongo

-¿Pero no estaba con la boca abierta? –preguntó a nadie en un susurró más para sí, luego se encogió de hombros y se dio la vuelta-. Qué más da… -comentó sin más poniéndose la bota, al mismo tiempo que el Mogullus volvía a abrir sus mutadas fauces, Alfie extendió un brazo-. Oye ¿No teníamos que hacer pociones? –se cruzó de brazos evitando que el Mogullus mordiese su mano-. ¿Por qué estamos aquí? –cuestionó, pues lo que había pasado cuando estaba bajo el efecto del Tuore estaba borroso en su memoria, rebuscó en su saquillo, mientras el hongo volvía a abrir la boca, sacó un caramelo y comenzó a lanzarlo hacia arriba, para que acto seguido volviese a su mano y así varias veces mientras decía-. No sé tú pero me muero de ganas de empezar a mezclar potingues… –finalizó, segundos después frunció el ceño, abrió y cerró la mano varias veces al darse cuenta de que el caramelo no volvía, luego se llevó las manos a la cintura-. Qué raro… -aseguró mirando al cielo, tampoco lo estaba lanzando tan fuerte.

 No se había dado cuenta de que confundiendo el caramelo con un insecto el Mogullus se lo había comido, así que Alfie sacó otro caramelo y fue a llevárselo a la boca cuando la planta se lo robó, ella dio un respingo cuando se mordió la lengua por accidente


-. ¡Oye tú! –Exclamó dándose la vuelta con las manos en la cintura encarando a la planta-.¡Eso era mío! –exclamó agitando un puño, puño que acto seguido metió en la boca del hongo para recuperar su caramelo-. Begg… -observó una vez lo recuperó, estaba pegajoso y recubierto de una pestilente baba verde-. ¿Sabes qué? Mejor quédatelo… Ya no lo quiero… -aseguró metiéndolo de nuevo en las fauces de la fea planta.  Sin contar que el hongo vecino también tenía hambre y aprovechó para morderla dejando a la dragona con la cabeza dentro de la boca del hongo al mismo tiempo que dos pequeños Mogullus metían los hocicos vegetales en los bolsillos de Alfie en busca de algún dulce…
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Eonishia Aldrich el Mar 8 Jul - 17:10

Un dragón. Un maldito dragón. ¿Qué más sorpresas guardaba aquella loca? Corrí a refugiarme dentro de la herboristería, abriendo la puerta justo cuando la anciana dueña de ella iba a poner la mano en el picaporte.

-¿Qué está sucediendo ahí afuera?

-¡¡Nada!!-cerré la puerta de un golpe y empujé suavemente a la ancianita en dirección contraria, alejándola de la salida al jardín-. Nada importante. ¿Qué tal va el negocio? ¿Hay muchos clientes?

-Ay, hija, la verdad es que está siendo un día bastante duro. Menos mal que os tengo a vosotras para que me ayudéis…

Tragué saliva, recordando a los bichos azules que estarían invadiendo en aquellos momentos el laboratorio, Alfie convertida en dragón… Mi mente ya estaba pensando en una buena, y creíble, excusa en caso de que no pudiéramos arreglar ese desastre. Emiria, que así se llamaba la anciana, me preguntó, al ver que no había clientes esperando, si me apetecía una taza del té caliente que acababa de preparar, una infusión para relajar los músculos y tranquilizar los nervios. Y así, acabamos las dos hablando sobre hierbas mientras comíamos unas deliciosas galletas que también había cocinado ella misma con sabor a canela.

-¿Y dónde está la otra chica, la que tenía los ojos de un color raro?

-Ah… Está…-le di un sorbo al té-. Terminando de clasificar unas plantas. Es una trabajadora muy responsable. No descansa hasta que no ha acabado con su tarea.

Había pasado ya un rato desde que había abandonado el jardín y Emiria ya no tenía intenciones de salir a comprobar qué estaba sucediendo, por lo que decidí volver, no sin antes coger varias galletas para Alfie, pues imaginaba que después de tanto esfuerzo estaría agotada.

-¿Alfie? ¿Estás ya despierta?

No, no estaba despierta aún. La joven seguía tumbada sobre la hierba, roncando y babeando. Las que sí que parecían que estaban bien despiertas eran unas plantas de mogullus que habían crecido hasta alcanzar un tamaño peligrosamente grande. Esquivé a los mogullus, cuyas bocas se cerraban segundos después de pasar cerca de ellos hasta llegar sana y salva al lado de donde estaba la mujer.

-Alfie-la zarandeé-. Eh, Alfie, despierta. ¡Despierta!

-¡¿Qué pasa?!¡¿Qué?!- Alfie se rascó perezosamente la cabeza y bostezó, luego me miró-.¿Por qué hemos salido del invernadero?

-Es una historia muy…-me detuve al ver que se levantaba y buscaba su bota-. ¿¡Me quieres prestar atención!?

Momentos después, Alfie había acabado con su cabeza dentro de uno de los mogullus gigantes. Tenía un don innato para meterse en problemas y yo había acabado siendo su niñera durante aquel trabajo. Horrorizada, corrí a sacar su cabeza de allí antes de que hubiera algo que lamentar. Sin embargo, no podía tirar de ella hacia atrás sin más. ‘’Piensa, piensa…’’. Saqué una de las galletas que había cogido antes de mi bolsillo e intenté atraer la atención del mogullus golpeando su superficie con ella. Los dientes se alejaron de Alfie y aproveché ese momento para tirar de ella hacia atrás y lanzar la galleta al aire. Los mogullus comenzaron a pelearse por ella.

-Por poco- respiré hondo. Estaba claro que no iba a ser un día tranquilo, no al menos con Alfie de compañera. Carraspeé y me puse seria-. ¡Vamos a dejar unas cosas claras!-alcé un dedo-. Norma número uno, haz el favor de no alejarte de mí. Y norma número dos, no se come, toca o huele nada de lo que hay en este jardín; por muy buen aspecto que tenga, por muy bien que huela, nada es N-A-D-A-puse especial énfasis en cada una de las letras de esa palabra. Me incorporé, y me dirigí a la puerta del laboratorio-. En cuanto a tu pregunta…-abrí la puerta, dejando que entrara la luz al interior. La mesa, el suelo y las paredes estaban llenas de bichos azules que habían tejido telarañas que cruzaban de una pared a otra del laboratorio. Cerré la puerta rápidamente antes de que alguna de esas cosas pudiera salir-. Pues eso, ya lo has visto. Además de que tenemos a las plantas esas gigantes esperando a que caigamos en sus redes para comernos. Quizás…-mi vista se detuvo en la estantería en la que había frascos y pociones, más bien lo que quedaba después de que la bota de Alfie los derribara-. Quizá haya algo allí-me volví hacia Alfie-. Tú mientras quédate quietecita. Mira, te he traído un regalo-saqué del bolsillo cuatro de las galletas de Eimira envueltas en papel.

Dejé a Alfie entretenida con las galletas y me acerqué a la estantería. –Por aquí debe haber algo que pueda revertir el estado de los mogullus. Puede ser…-cogí un frasquito con un líquido transparente y viscoso sin etiqueta y me acerqué a uno de ellos. Con cuidado, lo abrí para echar algunas gotas sobre él, pero su boca se abrió de repente, asustándome y haciendo que el frasco cayera dentro de ella. Segundos más tarde se tornó de un color rojo-. Ah, pues igual no…-y así, fui probando con varios frasquitos. El mogullus pasó de color rojo a violeta, y después a amarillo, y con el cuarto frasquito comenzó a salirle algo parecido a pelo de un color negro brillante. Hasta que, por fin, uno de los frasquitos que había caído pero que, por suerte, no se había roto, hizo que recuperaran su tamaño normal. Aunque no hizo que desapareciera el pelo de uno de ellos.

-Arreglado. ¿Qué hacemos con eso?-dije señalando al laboratorio.
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Alfhild Rush el Mar 8 Jul - 19:13

Eon parecía enfadada, no paraba de parlotear en un tono algo alto,¡Incluso alzó el dedo índice! Símbolo inequívoco de que estaba furiosa, pues nadie alza ese dedo en vano, la dragona fijó su vista en el dedo que se movía arriba y abajo a la altura de su nariz, inconscientemente bizqueó un poco, luego meneó la cabeza y parpadeó

<< Guau, sí que se ha enfadado… >>observó parpadeando, realmente no le estaba prestando atención, la veía enfadada, le gritaba, gesticulaba con las manos y la cara, además no dejaba de mover aquel dedo inquisidor frente su cara, era realmente inquietante…

-. En cuanto a tu pregunta…-comenzó a decir en un tono más suave, mientras abría la puerta dejando entrever como el invernadero había quedado invadido por una especie de insectos azules que lo habían recubierto todo de escarabajos azules y brillantes.

-Mola… -susurró Alfhild y mientras Eon seguía hablando tuvo la tentación de acercarse a aquellos bichitos brillantes, pero la maga le ofreció unas galletas de canela que hacían un olor delicioso, Alfie no supo decir si era por amabilidad o por que la había calado, el caso es que se puso a comer y ya está. Al mismo tiempo Eon intentaba devolver a los Mogullus a su tamaño normal. La dragona dirigió una rápida mirada a la puerta del invernadero<< ¿Les gustaran las galletas de canela a los escarabajos? >>se preguntó y entró al invernadero, era curioso porque las cucarachas le producían a Alfie un asco indescriptible, sin embargo aquellos pequeños escarabajos azules le resultaban hasta entrañables. Caminó por el invernadero evitando pisar aquellos escarabajos que correteaban a su alrededor, sacó una de las galletas del bolsillo, arrancó un trozo y lo dejó caer al suelo.
Divertida observó cómo los escarabajos empezaban a arremolinarse alrededor del trozo de galleta y lo devoraban, después voltearon para mirarla

-¿Queréis mas? –les preguntó antes de dejar caer otro trozo del dulce, más escarabajos se unieron al corro-. Jum… -añadió satisfecha, se le acababa de ocurrir una idea.

Había un pequeño hoyo en la estructura, hoyo que Alfie aprovechó para hacer un camino de miguitas de galletas que los escarabajos siguieron gustosos, hasta salir fuera por el agujero donde la dragona arrojó la galleta entera, en cuanto salió el ultimo de os insectos tapó la entrada con un enorme pedrusco, se levantó quitándose el polvo de las manos y observando su obra satisfecha

-Lo siento chicos, pero un invernadero no es sitio ara vosotros –canturreó mientras se dirigía de nuevo a la puerta de salida al pequeño jardín donde se había quedado su compañera de trabajo.

-Arreglado. ¿Qué hacemos con eso?-preguntó la bruja a nadie, ya que justo al acabar la frase la dragona asomó por la puerta

<< Que rarita es la pobre… Mira que hablar sola… >>se compadeció la de ojos violetas meneando la cabeza con desaprobación, después decidió llamarla-. ¡Eon, ya está! Ya no hay bichos –informó con una sonrisa y haciendo un gesto con la mano para que se acercase, luego Alfie se rascó la cabeza con una risa nerviosa-. Pero… A ver qué hacemos con tanta telaraña… -señaló al interior del laboratorio-. Por qué habrá que limpiarlo digo yo… -finalizó.
Y es que el laboratorio ahora más bien parecía una madriguera, todo cubierto por espesas telarañas blancas que parecían ser trapos de seda colocados sobre las cosas, por no hablar del fluido verde y viscoso que recubría las paredes y el suelo, haciendo que allá donde pisaran o tocasen se quedasen pegadas, como si se hubiesen restregado un caramelo medio derretido por las manos y estas les hubiesen quedado pegajosas.

Nada tenía que ver ya con el lugar limpio y decente de trabajo, ahora más bien parecía la cocinilla de juguete de un niño pequeño con poca higiene, imposible trabajar ahí, debía ser limpiado o saldrían pociones de lo más insalubres.
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Eonishia Aldrich el Miér 16 Jul - 20:14

-Arreglado. ¿Qué hacemos con eso?

Fue entonces cuando me percaté que Alfie había desaparecido del sitio en el que la había dejado. El corazón me dio un vuelco, ¡si es que no la podía dejar sin vigilancia ni cinco minutos! Me giré, resoplando, buscándola con la mirada por el jardín; tenía miedo de que volviera a hacer de las suyas.

-¡Eon, ya está! Ya no hay bichos.

Al escuchar la voz de Alfie me paré de golpe y me volví hacia el laboratorio que estaba a mis espaldas, temiéndome lo peor. Había dicho que habían desaparecido aquellas extrañas criaturas azules, pero ya no me fiaba de nada. Caminé lentamente hacia la puerta como respuesta al gesto que me hizo con la mano y eché un vistazo al interior mientras escuchaba lo que la joven me iba diciendo: tal y como ella afirmaba, todo el laboratorio estaba cubierto de las telarañas que los bichos habían tejido para desplazarse de un lado a otro del laboratorio y no sólo eso, si no que las paredes y el suelo de éste ahora estaban recubiertas por un líquido viscoso y de color verde. Acerqué la punta del dedo a la zona interior de la puerta que estaba cubierta de él: se quedó pegada y no era una sensación para nada agradable. Tiré con fuerza para intentar despegarla de allí y tuve suerte, ya que, como sólo había sido la punta del dedo, lo logré al tercer intento. Acaricié la punta del dedo que se enrojecía y me giré hacia Alfie para advertirla.

-Oye, ni se te ocurra tocar…

Demasiado tarde. Alfie había colocado una de sus manos sobre la mesa del laboratorio, quedándose adherida a ella. Tomé aire. ‘’Paciencia, Eon, paciencia…’’, me decía para no alterarme mientras me acercaba a ella. La aparición de los bichos que vivían bajo el laboratorio había sido algo totalmente inesperado y el estado actual del laboratorio nos complicaba la tarea. Por otra parte, no dejaba de pensar en las aplicaciones que podría tener aquel líquido verde y que, seguramente, debía ser un material de mucho valor.

La joven intentaba despegar su mano sin éxito y coloqué las mías agarrando su antebrazo para ayudarla.

-A la de tres tira con toda tus fuerzas, ¿vale? Una… Dos… ¡TRES!

La mano de Alfie se despegó dejando la marca del contorno de su mano sobre el líquido. Entusiasmada por haberse liberado, tomó mis manos para darme las gracias… Haciendo que ambas manos se quedaran pegadas con los restos del líquido verde que habían quedado en la suya.

‘’La mato’’

Noté como las mejillas se me encendían por el enfado y sentía unas ganas tremendas de gritar de rabia, pero me contuve como pude. ‘’Tranquila, tranquila, Eon, sólo son pequeños… Contratiempos…’’. Intenté separar mi mano de la suya, aunque era imposible: si tiraba hacia atrás, la mano de Alfie seguía a la mía, si la movía hacia la derecha, pasaba lo mismo; era como estar frente a un espejo que refleja los movimientos que haces. –Veamos… Que no cunda el pánico…-dije, aunque más bien era para relajarme a mí misma, ya que Alfie parecía estar divirtiéndose bastante con aquella cómica situación-. ¡Claro! Creo recordar que…-eché a andar hacia la estantería de pociones, sin embargo, algo me detenía. Me volví hacia ella-. Sígueme, ¿quieres?-y ambas nos dirigimos hacia allí. Me puse de puntillas para buscar una de las pociones que había visto antes cuando trataba de encontrar de devolver a los mogullus a su tamaño normal. -¡Aquí!-grité al ver un frasquito que contenía un líquido de color rosa claro en la que se podía leer el nombre de ‘’Canoeba’’. Recordaba que mi padre usaba la planta de canoeba para fabricar una pócima cuya función era la de disolvente de materiales como aquél y que, por fortuna, no dañaba la piel. Abrí el frasquito con cuidado y eché unas gotas en la zona en la que nuestras manos se unían.

-Mira que no haberme acordado antes…-dije separando mi mano de la suya.
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Alfhild Rush el Miér 16 Jul - 21:23

Eon entró en la sala algo nerviosa, por un motivo que Alfie no acababa de comprender la bruja no parecía demasiado satisfecha con la idea de que los bichos se hubiesen marchado. ¿O tal vez fuese porque el laboratorio estaba cubierto de aquel extraño moco verde? La dragona observó a su compañera de trabajo explorar la estancia y como metía el dedo en aquella viscosidad. Alfie aburrida apoyó una mano en la mesa que también está recubierta del mismo líquido

-Oye ni se te ocurra tocar… -


-¿Decías algo? –preguntó la dragona mirándola, pero frunció el ceño ante la cara de perplejidad de Eonishia, luego miró a su mano. Había intentado desengancharla pero no podía, volvió a tirar-. Hummm… -expresó arrugando un poco la nariz y mirando con desaprobación, dio otro tirón, no sirvió de nada-. Qué raro… -comentó sin demasiado entusiasmo tirando de nuevo, mismo resultado.

Eon la tomó del brazo

-A la de tres tira con todas tus fuerzas ¿Vale?… -comenzó a pedirle de la forma más comprensiva que pudo, sin embargo algo en la voz de la bruja sugería que estaba a un pelo de comenzar a gritarle y mandarla allá donde no tocase el sol. Alfie, demasiado ingenua para notar aquel matiz en la voz de su compañera sencillamente asintió lentamente y la bruja procedió a contar-. Una… Dos.. ¡TRES! –al legar al tres, ambas mujeres empezaron a tirar con fuerza y tras un sonido viscoso parecido a un “splitch”, la mano de la dragona quedó libre. Esta la observo satisfecha abriendo y cerrando el puño lentamente viendo como unos hilillos de aquel moco verde y pegajoso regalimaban por sus palmas

-Ja, ja, ja, que asco –rió divertida haciendo una mueca, después miró a su compañera que la miraba con desaprobación y la dragona sonrió ampliamente mostrando una blanca dentadura de colmillos reptilianos-. ¡Muchas gracias Eon no sé cómo me habría despegado sin… -no terminó la frase pues al estrechar la mano de la bruja de manera efusiva, lo había hecho con la que estaba repleta de moco-. Oh… Porras… -asumió sin convicción, observando sus manos enganchadas por aquella viscosidad. Ignorando como las mejillas de Eonishia comenzaban a enrojecerse de un color furioso, Alfie tenía la capacidad de hacer que la paciencia de cualquier ser vivo llegase a su límite y la bruja estaba sabiendo llevar muy bien la situación. Respiró hondo e intentó tirar, pero la mano de la dragona seguía a la de esta, pues el espeso liquido ya se había secado produciendo un incómodo hormigueo entre ambas manos-. Que curiosa reacción, jijiji, hace cosquillas… -aseguró la dragona que a pesar de todo se lo estaba pasando genial. Comenzaba incuso a pensar que eso de trabajar, estaba muy bien. No solo se lo pasaba teta si no que además le pagaban por ello, la dragona también pensó que quizás debería hacerlo más a menudo -. Mola… -aseguró riendo por las cosquillas en la palma de su mano.

-Veamos… Que no cunda el pánico… -se auto consoló, más en busca de paciencia que por un temor real. En ese momento se le encendió la bombilla a la bruja-. ¡Claro! Creo recordar que… -y empezó a andar, la dragona se la quedó mirando pues era interesante como el moco se estiraba a medida que las dos chicas se alejaban y sin embargo llegó a un punto donde se detuvo en lugar de romperse, en ese punto Eon se volteó y la miró con severidad-.Sígueme ¿Quieres? –pidió de forma algo imperativa alzando una ceja, Alfie se encogió de hombros con una media sonrisa divertida

-¿Qué remedio? –y la siguió. Eonishia fue a la estancia anterior y busco en la estantería que había ordenado en busca de un pequeño frasco. El potecito contenía una pasta de color azul, que no dudo en verter entre las dos manos mientras refunfuñaba algo a lo que la dragona no prestó atención pues estaba entretenida con el vuelo de una mariposa. De una mariposa azul ¿O era un escarabajo azul? Estaba muy lejos para saberlo ya que estaba fuera del invernadero y la dragona lo veía a través del techo de cristal de este.

Eon por su lado siguió refunfuñando varias cosas, pues Alfie ni siquiera se había dado cuenta de que se habían despegado las manos, pues boquiabierta veía como aquello se acercaba cada vez más y mas

-Eon… -comenzó a llamarla, pero la bruja la ignoró y el insecto cada vez estaba más cerca del techo de cristal. No fue hasta que se posó en el cristal tapando así toda luz solar que la bruja decidió atender al aviso de la dragona. Sí, definitivamente era un escarabajo azul, pero esta vez medía metro y medio de grande, por suerte estaba fuera del invernadero-.¡Como mola! -exclamó la dragona alucinando
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Eonishia Aldrich el Dom 20 Jul - 17:12

Un bosque. Un tranquilo bosque, lleno de verde, de flores, de animales. El murmullo de un riachuelo lejano y el canto de los pájaros eran mi melodía preferida. Me relajaban. Cuando estaba en un bosque, rodeada de naturaleza, mi carácter se templaba y no me alteraba e irritaba con tanta facilidad. Cerré los ojos. Como desearía en aquel momento estar en un bosque…

-Eon…

Escuché que Alfie me llamaba. Era como una voz de fondo a la que no presté mucha atención, pues bastante tenía con limpiarme aquel líquido con un viejo trapo que había en el laboratorio, algunas largas telarañas que tenía en el pelo y me llegaban hasta la frente e ir esquivando las que caían de las paredes para que no se me pegaran en la ropa. Aquello se me estaba yendo de las manos. Ayudante en una herboristería era uno de los trabajos más tranquilos que podía existir, salvo cuando había que ir a recolectar las distintas hierbas y flores y pudieras verte envuelto en alguna situación peligrosa. Clasificar las plantas y preparar pociones no era difícil, siempre que siguieras la receta al pie de la letra y correctamente. Nunca imaginé que tendría tantos contratiempos al aceptar el trabajo. Debía ser por culpa de esa joven, Alfie; debía ser alguna especie de imán para los problemas.

De pronto, se fue la luz. O por lo menos, gran parte de ella. Me giré hacia Alfie, extrañada: el techo del laboratorio era de cristal para poder aprovechar la luz del sol durante el día. -Es imposible que ya haya anochecido, no llevamos tanto tiempo aquí…-le dije a Alfie, quien había alzado su dedo índice y apuntaba hacia arriba, hacia la ventana. Alcé la vista.

‘’No puede ser’’.

Un escarabajo azul se había posado sobre el techo. Me froté los ojos, me pellizqué, busqué algo que me dijera que estaba soñando. Pero el enorme bicho no desaparecía. Corrí hacia la puerta del laboratorio, tropezando y chocando con algunos cubos de metal y una escoba debido a la oscuridad que reinaba ahora en el laboratorio y la cerré de un golpe, antes de que a aquel monstruo se le ocurriera entrar. -¿Y ahora qué?-le dije a Alfie.

Miré a Alfie. Sabía que estaba allí porque sus ojos de color violeta parecían brillar en la oscuridad. Recordé entonces las plantas de mogullus y sus cambios de tamaño. Si tuviéramos el frasco con la pócima para hacer que el escarabajo encogiera sería perfecto. Pero la maldita poción estaba en la estantería que había en el jardín, fuera del laboratorio. Y yo no pensaba salir de allí mientras esa ‘’cosa’’ estuviese fuera.

-Tendremos que preparar una poción para reducir su tamaño-resolví-. En este laboratorio tenemos todos los ingredientes necesarios… Supongo…-paseé mi mirada por las estanterías; recordaba haber visto una fuente de agua en la otra sala, y un caldero en la chimenea, además de frascos, cuencos y demás utensilios. Y teníamos el libro que había traído antes. El problema sería la oscuridad. El escarabajo no se movía del techo y la falta de luz dificultaba la visión. Extendí los brazos para no tropezar como antes y busqué el libro sobre la mesa.

-Primero quizás deberíamos buscar todos los ingredientes necesarios-le dije a Alfie. Abrí el libro, acercándome a él para intentar buscar la receta de la poción encogedora.
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Alfhild Rush el Dom 20 Jul - 19:44

Se llevó el dedo índice al rostro y lo posó sobre sus rojizos labios en gesto juguetón

-Podríamos domarlo… -insinuó la dragona que no pudo evitar sonreír como una niña al imaginarse a sí misma sobre el lomo de aquel inmenso insecto “¡Arre!¡Vamos corre como el viento, Azulín!” exclamaba en su imaginación, al mismo tiempo que el escarabajo azul surcaba los cielos de Aerandir.

Para cuando volvió de su mundo imaginario, la dragona sintió una olor a hierbas y se acercó a Eon que ya había empezado a trabajar en la poción, en verdad solo había puesto agua a hervir con unos aceites de almendras, los demás potes con substancias y plantas se arremolinaban a su alrededor, junto al libro de la herboristería.

Distraída se acercó a la bruja y miró por encima de su hombro la olla ebulliciente frente a ella

-¿Seguro que sabes lo que haces? –preguntó y sin esperar respuesta alguna tomó el libro de la herboristería entre sus manos y comenzó a leer la página<< Pfff… Que rollo… >>pensó aburrida, luego miró de reojo a la bruja-. Sigo diciendo que sería mejor domar a Azulín… -masculló entre dientes en tono infantil dejando el libro sobre la mesa y tumbando sin querer un frasquito de esencia tratada de Lucifera.

Por suerte, esta esencia a pesar de pertenecer a uno de los hongos más peligrosos de Aerandir, había sido tratada para aplicarla con fines curativos, por lo que tras un largo proceso de refinamiento le habían extraído todas las toxinas, sin embargo la mala olor de la planta seguiría siendo las misma y era un hedor nauseabundo.

La dragona frunció el ceño al empezar a notar cierto tufillo, miró a la bruja al parecer esta también se había dado cuenta de la peste
-¡Pfff!¡ Jolínes Eonishia está podrida! ¡Jajajajaja! –rió descaradamente meneando la mano para escampar aquel hedor a podredumbre-. ¡No disimules! ¡Aquí solo estamos tu y yo! –siguió riendo divertida al mismo tiempo que se tapaba la nariz. Ante la mala mirada y los reproches de la bruja, combinado con el hecho de que vio un extraño humillo verde palido, miró de reojo a su lado izquierdo-. Oh… Porras… -asumió al ver el frasco volcado, la dragona buscó con la mirada un trapo y con sumo cuidado y reticencias volvió a poner derecho el nauseabundo extracto. Por suerte el valioso ingrediente no se había perdido del todo-. Lo siento, je, je… -se disculpó y siguieron preparando la poción entre las dos.

Alfie le entregaba los ingredientes que Eon iba recitando y mezclando en la marmita, ya que la bruja era demasiado inteligente como para dejar trastear a la dragona con algo tan delicado como la preparación de una poción. Sin embargo, quien iría a darle la poción al escarabajo ya era otro cantar…


Off-rol: La idea ahora sería que tu narrases el proceso de creación de la poción, ya que a Eonishia le dan cosilla los bichos por lo visto en los post de antes, lo suyo sería que Alfie subiese al techo a darle la poción al escarabajo. Si no te parece bien hablamos por privados y cambiamos :3
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Eonishia Aldrich el Dom 27 Jul - 19:04

Mientras Alfie murmuraba palabras que no llegué a oír, simplemente porque no le presté atención, llené el caldero de agua y la llevé a ebullición, añadiendo las especias que me iba indicando el libro. Me costó varios intentos encender el fuego de la chimenea, pero agradecí después la luz que emitía, ya que me permitía leer la receta del libro. Un agradable olor a hierbas y esencias me trajo recuerdos de la herboristería de mis padres en Beltrexus cuando el agua empezó a hervir.

-¿Seguro que sabes lo que haces? Sigo diciendo que sería mejor domar a Azulín…

‘’Sigo diciendo que es mejor domar a Azulín, blablablá…’’, repetí en mi mente en tono burlón; aquella mujer era demasiado inocente y algo infantil para su edad. Un aroma diferente al de las hierbas llegó hasta a mí, un olor repugnante que hizo que se me pusieran los pelos de punta. Giré mi cabeza hacia la joven para pedirle explicaciones, pero ella se me adelantó y habló primero.

-¡Pfff! ¡Jolínes Eonishia está podrida! ¡Jajajajaja! ¡No disimules! ¡Aquí solo estamos tu y yo!

Aquello ya era el colmo, encima me acusaba de ser la culpable de aquel pestilente olor. De haber sido posible, mi pelo se habría vuelto de color rojo por toda la ira y el estrés de aquella mañana. -¡¡A mí no me hace ninguna gracia!!-le grité, furiosa. Fue entonces cuando me di cuenta, y ella también, que el origen del insoportable aroma provenía de un frasquito que había volcado sin querer. Alfie se disculpó y comenzó a limpiar el líquido de la esencia de lucifera y volví a mi labor de preparar la poción. Antes de que la joven se adelantara y se ofreciera a meter las manos en ella, le dije que fuera acercándome las distintas plantas que le pidiera. Así estaría entretenida y lejos del caldero.

-Pásame uno de los tuores… Te acuerdas de lo que era, ¿no? Esa planta redonda, con espinas y dulce- ‘’y no te la comas’’, quise añadir, pero me contuve. Con cuidado, quité las púas para, después, extraer el núcleo dulce de ésta. Siguiendo las instrucciones de la pócima, con el núcleo completo de una planta de tuore completamente desarrollada debía ser suficiente. Lo añadí con precaución a la mezcla, que comenzaba a tomar un tono naranja y a espesarse, y, tras disolverse toda la pasta de la planta, empezó a emanar un olor dulzón. Miré de reojo a Alfie, imaginando que, probablemente, estaría comenzando a preguntarse si podía bebérselo.

Pasó un tiempo hasta que conseguimos terminar la poción; a Alfie le costaba reconocer algunas de las plantas, flores y frutos que le iba pidiendo, tanto por su inexperiencia como por la oscuridad del laboratorio. Aunque hubiese sido mucho más fácil que yo misma fuera la que se encargara de buscar los ingredientes, no me atrevía a alejarme del caldero, en cuyo interior la mezcla hervía  alegremente, formando pequeñas burbujitas que estallaban, y arriesgarme a que Alfie pudiera estropearla. A saber qué efecto tendría la poción entonces. En vez de reducir el tamaño de aquel monstruo, podría hacerlo aún más grande. Añadí ajenjo, semillas de alcaravea, y, por último, en un mortero, mezclando hojas de acedera, algas rojas, barrimorth y agua y esencia de belladonea a partes iguales, obtuve un líquido de color anaranjado que incorporé al caldero. Tres hojas de papiro morado le dieron a la pócima la viscosidad necesaria para cumplir con su función. Removí con fuerza el contenido del caldero para que se mezclase bien y me senté en una vieja silla, después de quitar la telarañas, a esperar.

En mi frente se apreciaban gotitas de sudor, debido al calor que desprendía el fuego de la chimenea. El líquido había adquirido una consistencia algo viscosa, como la miel, y su tono era de color oro, tal y como decía en el libro. Cogí uno de los frascos limpios de la estantería y vertí con un cucharón parte de la poción. El caldero estaba lleno hasta la mitad de ella: si salía bien y tenía el efecto deseado, podríamos rellenar varios frascos y etiquetarlos, adelantando parte del trabajo. Si no, habría sido una pérdida de tiempo y materiales.

-Creo que habrá suficiente con el contenido del frasco para un bicho del tamaño como el que tenemos ahí…-señalé hacia arriba. Pero sabía que la pócima no tenía un área de efecto tan grande; para una planta, como el mogullus, con varias gotas era suficiente para reducir  su tamaño; mas, para un ser como aquél, se tendría que verter la poción por distintas zonas de su cuerpo para conseguir un efecto global. De nada serviría un escarabajo con una cabeza diminuta si luego el cuerpo era enorme.

-Este es el plan-le tendí el recipiente a Alfie-tú te encargarás de echar la poción en diferentes partes del cuerpo del bicho. Con un poco es suficiente, pero asegúrate de que cae, ¿eh?-suspiré-. Yo intentaré distraerle si la situación se complica- no me hacía gracia que un escarabajo gigante me persiguiera; primero, por el peligro que esto suponía y, segundo, porque podría causar algún daño al jardín. Al final, acabaríamos pagando nosotras por los daños a la anciana Emiria. Quizás, con un poco de suerte, no fuera violento, sólo de un preocupante gigantesco tamaño.
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Alfhild Rush el Lun 28 Jul - 0:43

Poco a poco, Alfie se fue centrando y obedecía a todas las peticiones de Eonishia sin meter la pata, bueno, no demasiado… La dragona miraba con atención como la bruja preparaba la poción que encogería a Azulín

<< Que envidia, ojala supiese hacerlo yo… >>pensó admirada haciendo un puchero con los labios, ya que le gustaría ayudarla y mezclar potingues, pero de momento incluso la misma joven de ojos lilas sabía que lo más prudente era dejar a su compañera ocasional trabajar en paz.

-Pásame uno de los Tuores… Te acuerdas de lo que era, ¿No? Esa planta con espinas y dulce –pidió la joven de cabellos verdes, Alfhild no pudo evitar hacer una mueca de desagrado al recordar aquella susodicha planta, y los horrores indescriptibles que le había hecho ver. No necesitaba que su compañera le recordase lo que era, aquello se le iba a quedar grabado de por vida. Sin decir nada tomó la planta y se la pasó a la “cocinera”, esta le quitó todas y cada una de sus espinas, lo cortó y vertió el dulce núcleo en la marmita, la dragona se metió la mano en el bolsillo y sacó un caramelo de frutas que se metió en la boca para combatir la tentación de lamer la carcasa vacía de la planta.

Y pareció funcionar, hasta que la pasta del Tuore se disolvió haciendo que de la olla comenzase a emanar un exquisito olor a dulce, a Alfie se le hizo la boca agua y se llevó un dedo al labio mientras miraba como el líquido cambiaba de color

<< Quiero bebérmelo… >>pensó con unas irrefrenables ganas de meter el dedo en la poción y probarla, pero al ver la mirada de reojo de la bruja, que a juzgar por aquella mirada furtiva había adivinado de lleno sus intenciones, se hizo atrás tensándose un poco, sonriendo con nerviosismo y llevándose una mano al bolsillo, la sacó llena de caramelos y se los metió todos a la vez en la boca para luego disimular mirando para otro lado, las mejillas de Alfie quedaron llenas he hinchadas como las de un hámster, pero al menos ya no tenía aquellas ganas de echar mano a la poción.

Cuando Eonishia terminó la poción la metió con sumo cuidado en un frasco y se la dio a la dragona, para acto seguido explicarle su plan, que se llevó una mano a la frente en gesto militar

-¡A la orden! –aseguró con alegría, luego desvió la mirada con expresión picarona<< Pero me quedaré a Azulín de mascota >>pensó para sí, después de eso se acercó a la roca que había puesto para tapar el agujero por el que había echado a los escarabajos azules y salió del invernadero tapando de nuevo la grieta tras de sí. Una vez fuera se puso en pie y miró hacia arriba en el tejado, se tuvo que llevar una mano a la frente para cubrirse de los rayos solares, pues a pesar de que el invernadero estaba totalmente en penumbra gracias a aquel colosal animal, en el exterior hacía un día glorioso. Alfhild en un primer momento pensó en subirse al tejado transformándose en dragón, sin embargo lo descartó enseguida pues podría asustar a Azulín y este quizás se pondría violento. Siguió mirando a su alrededor mordiéndose el labio inferior, alguna manera de subir tenía que haber…

En ese momento pasó zumbando una abeja frente a ella, era una abeja de tamaño considerable, casi entraba en la categoría de abejorro, tenía una cabecita negra con antenitas, un torso estrechito y un enorme abdomen amarillo anaranjado con rayas negras, sí señor, todo un señor abejorro. El abejorro no solo zumbo por delante de la dragona que lo miró distraída, si no que también se paseó por delante de una enredadera que trepaba hasta el tejado del edificio. La dragona sonrió ampliamente, no necesitaba más para subir, caminó hacía la enredadera y hundió las manos en el follaje, aferrándose a las ramas y comenzando a escalar de manera lenta pero segura, hasta llegar finalmente al tejado, allí se puso en pie y miró a Azulín

-¡Que guay! –exclamó al ver que de cerca el escarabajo era mucho más grande, era del tamaño de un caballo aproximadamente y estaba recubierto con un potingue verde, Alfie dedujo que cuando echó a los pequeños insectos del taller tal vez uno había pasado por la poción de crecimiento que había derramado sin querer-. Sigue siendo guay –aseguró con la misma sonrisa infantil de oreja a oreja, Azulín se volteó a mirarla y ella dio un pequeño respingo-. ¡Oh!, Hola Azulín –lo saludó como si realmente de su mascota se tratase, el nombrado agitó las alas inquieto, y la dragona arqueó las cejas con una sonrisa de hurón, se metió la mano del bolsillo y sacó un caramelo-. Mira lo que te he traído –le mostró el dulce, pues en el invernadero había conseguido expulsar a los insectos con unas galletas de canela.

Al verlo, el insecto meneó las antenas con interés y empezó a acercarse a la dragona

-Toma, no seas tímido… -lo invitó extendiendo el brazo para acercarle el caramelo, Azulín se acercó los suficiente para recoger el dulce con su boca en forma de pinza y empezó a comer, Alfie le acarició la cabeza-. Muy bien, eso es… Buen chico… -felicitó, acto seguido sacó muchos más caramelos y los dejó a sus pies, el insecto siguió comiendo, sigilosamente la dragona lo rodeó-. Sí… Tu sigue tranquilo, solo voy a subirme encima tuyo… -murmuró para sí, puso las manos sobre el escarabajo y se subió encima.

El tacto del insecto era áspero pero liso, su caparazón era muy duro y frio pero fuera de lo que cabía esperar para nada viscoso. La dragona lo acarició pensando que era más cómodo de lo que parecía

-Jo… Ojala pudiésemos ir a dar una vuelta… -se cruzó de brazos pensativa-. Quizás sea la primera dragona en montar en escarabajo… -suspiró con pesadez-. Y no puedo aprovecharlo… -se dejó caer hacia adelante, quedando estirada sobre el caparazón del insecto que ni se inmutó, pues estaba comiendo caramelos-. Ojala pudiera quedarme contigo, eres un escarabajo muy simpático… -se incorporó de nuevo y sacó el frasquito de poción de su bolsillo-. Pero tengo que devolverte a tu tamaño o Eonishia me mata –se auto recordó bajando del lomo de Azulín, abrió la poción y comenzó a derramarla sobre el insecto.

Era una tarea fácil, una tarea que hasta un niño podía hacer y todo iba bien, hasta que Azulín al notarse empapado por la espesa poción sacudió las alas y el caparazón

-¡Nooooo! –Exclamó Alfhild a la que le pareció que el tiempo comenzó a avanzar a cámara lenta al mismo tiempo que el insecto se sacudía y unas gotas del mejunje encogedor la salpicaban-. ¡Jolín Azulín! ¡Ya te vale! –voceó mirándose a sí misma como había quedado-. Me has pringado entera… -se lamentó con los brazos abiertos y semi flexionados, mientras hacía una mueca hacia abajo con los labios. En ese momento Azulín volvió a recobrar su tamaño normal, sea sé el de un pequeño escarabajo azul. La dragona asintió satisfecha dando unas palmadas-. Se acabó –aseguró dándose la vuelta-. Ahora toca hacer potingues –dicho esto, atrapó al pequeño escarabajo azul con la mano y le dio un caramelo, el insecto lo aceptó y se metio en uno de los bolsillos de la dragona-. Ja, ja, creo que te he domesticado –aseguró divertida para acto seguido comenzar a bajar de nuevo por las enredaderas y entró de nuevo en el invernadero-. ¡Trabajo hecho! –informó al momento en que Azulín salía de su bolsillo y se subía de su hombro, la dragona lo señaló-. Y tengo una mascota –comentó medio de broma, pero en ese momento todo alrededor de Alfie pareció crecer ¿O era ella la que se encogía?

Azulín salió volando de su hombro y se escondió, mientras en cuestión de segundos su ama quedó reducida al tamaño de una uva.

-Oh… Porras… -fue lo único capaz de decir la dragona al verse así de encogida-. ¡He! ¡Esta vez no he sido yo! ¡Azulín me salpicó! –exclamó al ver la cara de estupefacción de Eonishia.
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Eonishia Aldrich el Lun 28 Jul - 20:18

Le deseé buena suerte a Alfie antes de que abandonara el laboratorio para subir al techo de éste, donde se encontraba el escarabajo. Parecía que a la joven le gustaba tratar con esa clase de animales o, por lo menos, éste le había gustado tanto que quería domarlo y quedárselo. Fuera lo que fuese, prefería dejar que ella se encargase de aplicarle la poción y mantenerme alejada de aquel gigante bicho.

Abrí la puerta del laboratorio lo suficiente como para ver cómo Alfie trepaba por la enredadera hacia el tejado hasta perderla de vista. Ahí, agarrada al marco de la puerta, en silencio, esperé, impaciente, a que la chica volviera con el escarabajo azul en la palma de su mano, con un tamaño normal. Pasaron los minutos, minutos que me parecieron eternos mientras oía a lo lejos la voz de Alfie. ¿Iría todo bien?

Alfie entró poco después en el laboratorio con buenas noticias. Sentí un enorme alivio cuando vi al escarabajo azul posarse en su hombro. Me fijé, sin embargo, en las salpicaduras de color oro que había en su ropa, recordando que, antes de salir del laboratorio, no las tenía. Mis peores temores se confirmaron cuando, ante mis atónitos ojos, Alfie empezó a encoger hasta tener el tamaño de unos quince centímetros.

-Si es que no te puedo dejar sola-dije, dejándome caer de rodillas junto a ella, frustrada. No sabía si reírme o echarme a llorar. Me pellizqué en la mejilla, con la esperanza de que aquello fuera un sueño, pero lo diminuta Alfie seguía allí, mirándome. Tampoco podía enfadarme con ella, no había sido culpa suya; había sido imposible predecir cómo reaccionaría el escarabajo y, de haber sido yo la que hubiera subido al tejado, ahora me encontraría en la situación de Alfie. Por suerte para ella, con mis conocimientos en herboristería y con la ayuda del libro, podríamos encontrar la forma de devolverla a su tamaño anterior. Una poción similar a la que provocó el aumento de tamaño del mogullus debería funcionar. –Anda, sube-dije extendiendo la mano. La pequeña Alfie escaló por mi brazo hasta el hombro y después hasta mi cabeza.-¡¡Oye, cuidado que haces daño!!-exclamé al notar un tirón en el pelo.

Alfie, acomodada en una de las flores que adornaban mi pelo, y yo volvimos a la sala de la chimenea. Coloqué un caldero nuevo donde había estado el anterior y comencé a hervir agua en él, mientras que repartía el contenido del otro en ocho frasquitos, los etiquetaba correctamente y, por último, limpié la olla. Dejé a Alfie secando el interior del caldero con un trapo y me dediqué a leer la receta y a identificar los diferentes ingredientes necesarios para fabricar la pócima de aumento de tamaño.

Esperé a que la leña se consumiera hasta las brasas, pues la temperatura no debía ser muy alta para conseguir el efecto deseado, ya que un calor excesivo podía acabar con las propiedades de las hierbas que se usarían. Machaqué semillas de alholva hasta reducirlas a un polvo finísimo. Uno de los ingredientes consistía en una pasta formada por distintas hierbas y frutos mezclados con esencias y recordaba haber visto un frasco que contenía aquella pasta, por lo que podría ahorrarme trabajo. Me dirigí a una de las estanterías pero, cuando fui a coger el frasco, resbalé y perdí el equilibrio. Instintivamente, alargué el brazo para agarrarme a la estantería y evitar una caída, pero sólo conseguí que el contenido de varios tarros se derramara y empaparan la mayor parte de mi ropa y cuerpo. Noté un hormigueo en la piel y tuve la sensación de que, por un instante, todo mi cuerpo temblaba. Me incorporé, sintiendo un dolor agudo en la zona que había chocado contra el suelo.

-Menudo día…-murmuré para mí. Alcé la mano para coger el tarrito con la pasta… Y mi corazón se detuvo por unos segundos.

No tenía mano. Mejor dicho, no VEÍA mi mano. Horrorizada, fui hasta donde había un gran bote de cristal para ver mi reflejo: todo mi cuerpo había desaparecido, salvo parte de mi cuello, mi cabeza y el hombre derecho, los lugares en donde no había caído el líquido que contenían los frasquitos que habían caído sobre mí. Me incliné sobre los tarros que se habían caído para leer sus etiquetas. Quería coger uno de ellos pero, al no ver mis manos sólo conseguía mover los frascos y que se golpearan entre sí. Aunque tampoco me hacía falta leerlos para imaginarme que sería pociones de invisibilidad. Normalmente uno volvía a ser visible cuando acababa el efecto de la poción, pero, dependiendo de la potencia de ésta, podía durar horas, días o incluso semanas.‘’ ¡Así no voy a poder preparar la poción para Alfie!’’. No sólo no iba a poder preparar la poción que la devolvería a su tamaño, si no que tampoco podía hacer una que me volviera visible. Miré a Alfie que estaba sentada en el borde del caldero que había terminado de limpiar.

-Tendrás que encargarte tú de preparar las pociones-le dije-. Tranquila, te iré diciendo lo que debes hacer-la tranquilicé-. No es difícil, tan sólo hay que seguir la receta-caminé hasta quedarme al lado de la chimenea-. Me temo que así no voy a poder ser de mucha ayuda-añadí tras varios intentos fallidos de coger unas hojas que había sobre la mesa.
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Alfhild Rush el Mar 29 Jul - 22:23

Aclaraciones:
Los diálogos y acciones de Eonishia son con el consentimiento de la user propietaria, ya que han sido acordados previamente.


Eonishia exhaló un largo suspiró y se dejó caer de rodillas en frente de la dragona

-Si es que no te puedo dejar sola –comentó con resignación pellizcándose la mejilla, Alfie se la quedó mirando con cara de circunstancia, pues no comprendía el porqué de aquel gesto-. Anda sube –la invitó extendiendo una mano, la joven de cabello largo y oscuro aceptó encantada la invitación y subió a la manos, después trepó por el brazo de la bruja hasta su hombro y de allí utilizó el cabello verdoso de la misma como cuerda hasta llegar a la coronilla-. ¡Oye, cuidado que haces daño! –la advirtió al sentir los tirones de pelo. Alfie que ya había llegado a la cima de la cabeza miró hacia abajo

-Uy, perdona… -se disculpó, para acto seguido acomodarse en una de las flores blancas que recubrían la melena de su compañera. La “mini dragona” bostezó perezosamente, luego respiró hondo deleitándose con el perfume de las bancas flores de Eonishia al tiempo que tarareaba una cancioncilla, mientras tanto la bruja colocaba un caldero con agua a hervir, sin embargo la tranquilidad de la diminuta Alfhild terminó pronto, pues Eon tenía otros planes, caminó hacia un caldero sucio y la bajó de su cabeza dándole un trapito y los productos pertinentes para la limpieza y desinfección de la marmita.

<< Y yo que pensaba que me iba a librar… >>pensó con fastidió inflando las mejillas de forma infantil al mismo tiempo que frotaba el interior del caldero, luego suspiró, mirando hacia la viscosa suciedad, ella misma se estaba impregnando de ella al estar allí dentro, pero en fin… ¿Qué mejor manera de limpiar una olla en profundidad que hacerlo desde dentro? << ¡Pues pienso dejar la perola esta como los chorros del oro! >>decidió en tono rebelde y comenzó con su curiosa protesta mientras esta vez, silbaba una canción pegadiza que iba improvisando sobre la marcha hasta que terminó de limpiar el caldero, no dio la faena por terminada hasta que finalmente pudo ver, satisfecha su reflejo en la superficie limpia de la marmita.

Alfie dio un gran respingo cuando escuchó un fuerte golpe, seguido de un gritito de Eon y más cacharrazos, se asomó de dentro de la marmita hasta poder sentarse en el borde, abrió los ojos y la boca de par en par al ver que el cuerpo de Eon comenzaba a desaparecer hasta dejarla reducida a poco menos que una cabeza flotante. No pudo evitar comenzar a reír mucho y con ganas, a carcajada limpia abrazándose el estómago y meneando las piernecitas

- Tendrás que encargarte tú de preparar las pociones –aseveró Eonishia, al escucharla Alfie dejó de reír de golpe y resbaló dentro del caldero

-¿¡Q…?!¡¿Qué?! –preguntó con voz ahogada asomando la cabeza por el borde del mismo

- Tranquila, te iré diciendo lo que debes hacer. No es difícil, tan sólo hay que seguir la receta –intentó tranquilizarla caminando hasta el lado de la chimenea, al mismo tiempo que la dragona la seguía con la mirada sentada de nuevo en el borde de la marmita limpia, Alfie observó como Eon o supuso que era Eon, ya que no había corriente de aire de ningún tipo dentro del invernadero, intentaba recoger unas hojas que había sobre la mesa-. Me temo que así no voy a poder ser de mucha ayuda- añadió, la dragona tragó saliva. En verdad hacía rato que quería mezclar potingues sin embargo ahora que le tocaba hacerlo, no se sentía demasiado segura de poder conseguir hacer algo decente. Se mordió el labio inferior unos segundos, Eonishia confiaba en ella, ¡Claro que podía hacerlo!

-¡Vamos allá! –exclamó con entusiasmo golpeado el aire, acto seguido bajó del caldero de un salto y caminó por la mesa-. ¿¡Que tengo que hacer?! –Señaló al caldero-. ¿Quieres que avive el fuego? –preguntó dispuesta a hacerlo lo mejor posible, la cabeza de Eon cabeceó

-No, ha de hervir con las brasas, una temperatura demasiado alta provocaría que las hierbas perdiesen sus propiedades y por lo tanto la poción no funcionaría o de hacerlo el resultado sería impredecible. Lo que deberías hacer mientras tanto es machacar unas semillas de alholva hasta que queden reducidas a polvo, son esas de allí al lado de los tuores –indicó, la dragona asintió tomó unas cuantas semillas del frasquito, que previamente tuvo que tumbar para poder alcanzarlas. Una vez consiguió las semillas se las cargó a cuestas metiéndoselas en todos los bolsillos y saquillos que tenía, para escalar por una pila de libros colocados alrededor del mortero, donde lanzó las semillas, subió al borde del bol, tomó la herramienta pertinente y con esfuerzo pero sin pausa comenzó a machacar las semillas

-Siendo tan pequeña pesa más, me voy a poner cachas a este paso… -bromeó de buen humor, mientras unas gotitas de sudor empezaban a aparecer sobre su frente.

-Bien, ahora sácalo de ahí y resérvalo –pidió la bruja, Alfie asintió y así lo hizo-. Añade en ese mortero: Agua, esencia de osaris y esencia de tuore a partes iguales… -continuó explicando, por suerte para la dragona, todo eso estaba en la misma mesa, así que no le costó demasiado llevar a cabo el pedido, por supuesto, no hizo falta que Eonishia le recordase que no se comiese la esencia de tuore, pues la dragona ignoraba que lo único que producía las alucinaciones eran las espinas y no la pasta dulce de su interior.

-¿Ahora qué más? –preguntó Alfhild frotándose la frente para secarse el sudor, con la tontería de haber quedado reducida al tamaño de una ardilla, estaba haciendo más ejercicio del que recordaba haber hecho nunca. Eon consultó el libro que por suerte estaba abierto en la página adecuada

-Añade el jugo de tres bayas de fuego, te lo he dejado ahí a lado del mortero es eso rojo –siguió señalando, la diminuta dragona de ojos purpuras vertió el contenido de aquel frasquito en la mezcla-. Lo siguiente son cinco pétalos de árnica –indicó ella pacientemente, al parecer empezaba a creer en la posibilidad en que su compañera a pesar de ser muy pequeñita no se equivocaría y llevarían a cabo la poción con éxito, las cantidades que ella estaba dando bastarían para hacer seis pociones de agrandamiento, una para devolver a la dragona a su tamaño original, y cinco para completar una tarea de la lista. Alfie miró a su alrededor y se paseó sobre la mesa buscando lo que la cabeza de Eon había pedido.

-No veo ninguno… -miró a la cabeza flotante de la bruja-. ¿Sabes dónde están? –preguntó algo cansada, al tener el tamaño de una hada todo se volvía mucho más agotador, la cabeza flotante miró a su alrededor

-Están allí, en la estantería de encima de los mogullus –señaló verbalmente, Alfie se dejó caer sobre la mesa de culo

-Pero yo ahí no llego… -se lamentó de manera infantil, apoyó su cabeza en la mano derecha haciendo un puchero con los labios e intentando pensar en algo para alcanzar aquella estantería sin que los mogullus se la comiesen, dejó que su mirada se perdiera en el laboratorio y pasaron varios minutos hasta que su vista se posó sobre el charco de poción de agrandamiento a los pies de los mogullus, suspiró y de repente se le encendió la bombilla-. ¡Ya lo tengo! –exclamó entusiasmada chasqueando los dedos, se puesto en pie de un salto y corrió por la mesa hasta alcanzar un trapo limpio que agarró por los cuatro extremos, saltó por el borde de la mesa y uso el trapo como paracaídas aterrizando suavemente en el suelo. Una vez allí corrió hacia los mogullus

-¡¿Pero qué haces?! –exclamó la cabeza de Eonishia preocupada, pues esas plantas eran carnívoras y fácilmente confundirían a la dragona con un insecto. Esta hizo caso omiso de la advertencia de la cabeza flotante, mientras corría se sacó un caramelo del bolsillo, que al igual que sus ropas había disminuido de tamaño con ella, velozmente lo unto en el charco de poción y se alejó antes de que una de las plantas pudiese atraparla. A una distancia prudencial de los mogullus, Alfie llenó sus pulmones de aire

-¡Azulín ven aquí!¡Tengo un caramelo para ti! –llamó al insecto y este no tardó en volar hacia ella, le entregó el dulce untado en poción y cuando el escarabajo se lo comió creció lo suficiente como para que la dragona, que tenía el tamaño de una ardilla pudiese montarlo-. ¡Así será mucho más fácil! –rio alegremente y entusiasmada con la idea de montar un escarabajo azul, porque aunque no había poción para devolverla a ella a su tamaño sí que la había para agrandar a Azulín lo suficiente como para que a ella le fuese útil.

A lomos de Azulín, Alfhild voló hasta la estantería, destapo el frasco y se hizo con los cinco pétalos de árnica que colocó ordenadamente un sobre el otro, enfrente de ella, acto seguido sobrevoló el mortero y lanzó los pétalos en él, Eonishia que se abstuvo de dar su opinión sobre el ingenio de la dragona, porque no sabía si pensar que su compañera era un genio o una idiota con mucha suerte, le explicó que debía de remover la mezcla hasta conseguir una pasta de un color amarillento. Cuando la cabeza flotante de Eonishia vio que el contenido del mortero se había vuelto la espesa pasta amarillenta que indicaba que estaban siguiendo el proceso correctamente, añadió la pasta al agua, pues era lo único capaz de hacer siendo sus extremidades invisibles, por lo que parecía que un mortero volador estuviese vertiendo su contenido en un caldero con agua hirviendo, mientras una mujer diminuta sobre un escarabajo azul más grande de lo normal removía la mezcla al mismo tiempo que una cabeza flotante lo vigilaba todo pacientemente, una imagen más que surrealista.

-Añade tres gotas de esencia de lucifera sin toxinas y luego el polvo de alholva que has preparado antes… -continuaba narrando al mismo tiempo que gracias a la ayuda de Azulín, el trabajo se hacía más rápido y fácil. Con cada oren obedecida por su escarabajo, la dragona lo premiaba con un caramelo.

Ambas mujeres rieron contentas cuando la poción adquirió un tono azul verdoso, que significaba que la poción estaba resultando un éxito. Las dos contuvieron el aliento cuando Alfie a lomos de Azulín introdujo una hoja de papiro morado y volvieron a reír y a felicitarse mutuamente cuando este adquirió un color azul con pequeños topos verdes, de hecho hubiesen chocado las manos, de no ser porque ninguna sabía dónde estaban las manos de Eonishia. La dragona desmontó de Azulín y bebió de la poción

-¡Sí!¡Vuelvo a ser grande! –exclamó dando saltitos de alegría cuando volvió su tamaño original-. ¡Ya estaba cansada de ser pequeña! –siguió vociferando feliz, luego se detuvo y frunció los labios en expresión infantil-. Por muy chulo que haya sido ser la primera dragona en montar en escarabajo… -aseguró al mismo tiempo que Azulín que seguía siendo del tamaño de una rata se posaba en su hombro-. Buen chico –lo premió acariciándolo y dándole otro caramelo, luego se volteó hacia Eon-. ¡Ahora vamos a por esa poción de visibilidad! –aseguró llena de energía y remangándose los brazos.

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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Eonishia Aldrich el Jue 31 Jul - 20:32

Spoiler:
Las acciones y diálogos de Alfie se describen con el consentimiento previamente acordado con la user de este PJ.

Alfie estaba eufórica por haber vuelto a su tamaño normal. Bien era verdad que la había estado supervisando durante todo el proceso de elaboración, pero ella había sido la que se había encargado de machacar las semillas, elaborar la pasta y usar al escarabajo Azulín para llegar hasta la estantería, algo que, había que reconocerlo, había sido muy ingenioso, aunque algo peligroso. Sin duda, era de admirar la determinación y el empeño que la joven ponía en todo lo que hacía para que saliera bien. La molesta joven que acababa de hacer hacía ya varias horas estaba haciendo que cambiase mi punto de vista hacía ella. La frase ‘’las apariencias engañan’’ nunca había sido tan verdadera.

Ahora sólo quedaba encontrar una solución a mi problema de la visibilidad. Me acerqué a la mesa donde estaba el libro de herbología, tirando por el camino una escoba y un cubo de metal, provocando un desagradable estruendo que resonó por todo el laboratorio.

-Vaya, lo siento-me disculpé con Alfie. Al intentar sortear el cubo, choqué con una estantería, haciendo caer un frasquito de la parte baja de ésta y que contenía hojas desecadas de acedera-. ¡Ops!-me agaché a recoger las hojas. Cerré y abrí las manos repetidas veces para cogerlas, pero era incapaz de agarrarlas. Tanteé con mis manos hasta palpar el suelo y las moví hasta tocar las hojas. ‘’¡Al fin!’’, grité para mis adentros como si acabara de realizar una gran hazaña. Con torpeza, fui devolviéndolas al tarro mientras Alfie buscaba en el libro alguna poción que pudiera volver a hacerme visible.

-Eon-me llamó-. Eon, no encuentro nada por aquí sobre pociones de visibilidad…

-¿¡QUÉ!?-exclamé. Casi se me cae el tarro cuando volvía a depositarlo en la estantería-. Mira de nuevo.

Junto a Alfie, fuimos revisando una por una las páginas del libro. Pero no encontramos nada que pudiera ayudarme.

-Maldita sea…-resoplé-. Dale la vuelta- Alfie colocó el libro hacia abajo-. No, no, quiero decir… Que me enseñes la portada- aclaré. La joven hizo lo que le pedí y leí el título del libro: ‘’El herborista curioso’’, de Damod Paiers. Y era el segundo tomo. –Quizás el primero esté por aquí-dije. Aquella posibilidad era como un pequeño rayo de esperanza, existía la posibilidad de que la pócima que me devolvería a la normalidad estuviera descrita en ese primer volumen cuyo autor era ese tal Damond Paiers.

Alfie se encargó de mirar las estanterías de una habitación y yo las de la otra. Después de bastantes minutos de búsqueda escuché su voz desde la otra estancia.

-¡Lo encontré, lo encontré!

-Menos mal-murmuré aliviada. Alfie volvió con un gran y polvoriento tomo, más grueso incluso que el otro y lo dejó sobre la mesa.

Fue casi al final del mismo donde encontramos una poción capaz de contrarrestar el efecto de la poción de invisibilidad.‘’El fundamento en el que se basa la composición de todas las pociones de invisibilidad es el de crear un ungüento que, al aplicarlo sobre un cuerpo físico, se altere el efecto de la luz sobre éste, haciéndolo invisible. Las pociones de visibilidad, por otro lado, tienen una finalidad totalmente distinta; los componentes de su mezclan interactúan con los de la pócima anterior, anulando sus efectos’’, explicaba el libro. De modo que, habría que hacer dicha poción y aplicarla allí donde la de invisibilidad me había caído. En principio no debería ser difícil.

-¡Tranquila, Eon, estás en buenas manos!-dijo Alfie frotándose las manos-. Pero vigílame por si me equivoco en algo, ¿eh?

Asentí. Lo primero, como siempre, era poner un caldero limpio con agua sobre el fuego para que ésta empezase a hervir. Mientras Alfie iba leyendo la receta para buscar los ingredientes, yo me dediqué a intentar limpiar el que acabábamos de usar. Alfie me preguntó un par de veces sobre si tal o cual hierba era la que indicaba el libro, pero por lo demás parecía que le iba resultando más fácil identificar las plantas. La observaba por el rabillo del ojo como iba de un lado a otro del laboratorio, revisando cada estantería y comparando las distintas especies con el dibujo que aparecía en el tomo. Se había tomado en serio lo de preparar pociones y parecía que aquello le gustaba más que la aburrida tarea de clasificar las plantas.

-¡Eon mira, la mezcla que dice que hay que añadir aquí ya está hecha!-dijo mostrándome un frasquito con una pasta muy viscosa de color rojo burdeos, orgullosa de su hallazgo.

Una vez reunió todo lo que hacía falta, me acerqué a la mesa para ir guiándola. Primero añadió la pasta del frasco, la cual tuvo que sacar con ayuda de un cucharón, porque era tan compacta que no salía al volcar el tarro. En cuanto la pasta cayó sobre el agua se extendió por todo el caldero, haciendo que aumentara la viscosidad de ésta. La olla, que en un principio había estado llena casi hasta arriba, había reducido su volumen hasta quedar por debajo de la mitad, como si el mejunje hubiera absorbido todo el agua que faltaba. Un diente de león, tres bayas de enebro y un trozo de corteza de sauce llorón fueron los ingredientes que se añadieron para completar la pócima, que, al terminar, tenía un color pardo. El líquido formado era tan viscoso que Alfie apenas tenía fuerzas para removerlo.

-Según pone aquí hay que aplicarla sobre la superficie en la que se haya echado anteriormente la pócima de invisibilidad…-dije leyendo el libro. Genial. Tendría que embadurnarme con aquella pasta. Alargué mi mano invisible hasta el caldero una vez estuvo frío, para evitar quemaduras, tomé un poco de ella entre mis dedos y empecé a echarme por todas las zonas de mi cuerpo que eran invisibles. Al acabar, parecía un ser monstruoso de color pardo y olor a hierba chamuscada. ‘’Dejar que actúe durante diez minutos’’, seguí leyendo.

-¿Y ahora qué?-dije mirando a Alfie. De pronto recordé que en el jardín, cerca de la entrada, había una fuente y un estanque.

Salí del laboratorio acompañada de Alfie y nos dirigimos hacia el estanque. Varios nenúfares adornaban la superficie cristalina de éste. Metí la mano en el agua. Ambas contuvimos la respiración mientras veíamos como el agua disolvía la pasta y, bajo ésta, aparecía de nuevo mi mano.

-¡Sí, lo lograste, Alfie!-le dije, felicitándola por su gran trabajo. El agua comenzó a teñirse con el color de la pasta que se disolvía en ella-. Uf, tampoco ensuciar el agua…-murmuré, mordiéndome el labio inferior. De aquél estanque salían varios caminitos formados en la tierra, encargados de llevar el agua a las distintas partes del jardín. Me volví hacia la joven, pero ésta había desaparecido-. ¿¡Alfie!?

Alfie apareció momentos después, avanzando a grandes zancadas hacia mí. En las manos llevaba un gran caldero lleno de agua que, antes de que me diera tiempo a decir palabra alguna, vertió sobre mí.

-Cof, cof, cof-tosí, expulsando el agua que había tragado. El agua arrastró el líquido pardo y viscoso y, poco a poco, a medida que éste desaparecía, volvieron a ser visibles mis manos, mi ropa y hasta mis pies. ‘’Qué mal rato he pasado’’, pensé. Estaba empapada, pero al menos volvía a verme a mí misma. Ahora podríamos seguir preparando pociones.

-Ahora que todo ha vuelto a la normalidad podemos seguir trabajando, antes de que se nos haga tarde… Aunque quizás primero deberíamos limpiar el laboratorio-recordé las telarañas y el líquido verde de las paredes-. ¡Manos a la obra!-dije chocando el puño con ella.
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Alfhild Rush el Vie 1 Ago - 14:17

-¡Hora de limpiar! –exclamó Alfie con euforia chocando el puño con el de Eon, el recuperar su tamaño y ver que las dos pociones que había hecho daban resultado le habían renovado el entusiasmo. La dragona se hizo con un mocho y la bruja con una serie de trapos y plumeros, ambas ya estaban armadas para combatir la suciedad, una por el suelo y la otra por las estanterías y frascos, se pusieron manos a la obra.

Fuera de lo que cabía esperar no hubo ningún contratiempo, el trabajo en equipo de ambas fue impecable y al poco rato ya estaba el laboratorio limpio. Dejaron sus armas de limpieza en el armario de mantenimiento y miraron el reloj de sol que había en el invernadero

-¡Hora de comer! –exclamó la dragona, en ese momento entró Emiria, la propietaria de la herboristería portando una bandeja con varios platos con comida. Se trataban de un plato de sopa con arroz, que a juzgar por el olor y el color era de verduras, el segundo plato portaba un filete a la brasa con una extraña salsa color miel acompañado por una ensalada. De cada uno de estos dos platos llevaba uno para cada una, además de un vaso y una jarra con agua y hielo

-Niñas, os traigo la comida… -canturreó la anciana, Alfie se volteó a verla olfateando el aire

-Que amable… ¡Y que bien huele! –exclamó mientras se le hacía la boca agua. La mujer dejo la comida para las jóvenes encima de una mesa y miró a su alrededor

-Vaya… -comentó impresionada-. No solo habéis hecho el inventario y la clasificación de plantas, si no que además os habéis desecho de esa molesta plaga de escarabajos azules y me habéis limpiado el invernadero –miró a las chicas y sonrió satisfecha-. Si es que ya sabía yo que as mujeres teneos un don especial para la herboristería… -felicitó contenta, luego asintió-. Que aproveche niñas, y seguid así –se despidió mientras volvía a dejar a Eon y a Afie solas, las dos jóvenes se miraron y empezaron a reír

-¡No se ha dado ni cuenta! –exclamó la dragona de manera triunfal dando saltitos con las manos cogidas a Eonishia, luego entre las dos se hicieron cada una con sus dos platos de comida y se acomodaron cerca de una plantación de unas florecitas violeta muy bonitas y cuya fragancia era suave y muy dulce, realmente agradable y se pusieron a comer-. Que rápido se nos ha ido la mañana… -observó la de ojos purpuras llevándose una cucharada de sopa de arroz a la boca, frunció el ceño al encontrarla algo sosa, pero se podía comer bien-. ¿Cuánto crees que nos queda para terminar el trabajo? –preguntó cortando un pedacito de carne y dándoselo a Azulín, que descendió de su hombro y se puso a su lado a comer-. Creo que después de este trabajo iré a algún bosque a liberarlo, si lo dejo aquí Emiria aún le echaría veneno por comerse las plantas… -comento observando a su amiguito azul-. Aunque no sé dónde podría ser un buen sitio.. .-siguió algo triste acariciando al insecto que era del tamaño de una rata, luego miró a su compañera-. ¿Me ayudarías a encontrarle un buenhogar? –preguntó con curiosidad empezando a comer el plato de carne, no sin antes pasarle esta vez un trozo de lechuga a Azulín que lo aceptó encantado.
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Eonishia Aldrich el Dom 3 Ago - 17:29

Spoiler:
Las acciones y diálogos de Alfie se describen con el consentimiento previamente acordado con la user de este PJ.

Ambas nos centramos en el trabajo de dejar el laboratorio limpio y reluciente, tanto que, al acabar, no parecía el mismo lugar en el que habíamos estado preparando pociones. La dueña de la herboristería debería ser más cuidadosa en ese aspecto, pues el polvo o las telarañas podrían contaminar las pócimas y a saber qué efecto acabarían teniendo. Justo en el momento en que pensaba eso, apareció Emiria con una bandeja y platos que contenían sopa de arroz y filete con ensalada para ambas. Mi estómago se quejó al oler el aroma de la sopa, dándome cuenta por primera vez de lo hambrienta que estaba. Y es que, tras una mañana tan movidita como la que habíamos tenido había que reponer fuerzas.

La anciana se quedó sorprendida al ver lo limpio que estaba el laboratorio y nos agradeció el habernos desecho de ‘’esa molesta plaga de escarabajos azules’’, y nos dejó la bandeja para irse después a la tienda, canturreando. ’Ha sido un detalle por su parte’’, me dije con los ojos clavados en los granos de arroz de la humeante sopa con olor a verduras.

Salimos al exterior y nos sentamos junto al lugar donde crecían unas florecillas violetas. Cargué la cuchara con arroz y algo del caldo y me la llevé a la boca. La tranquilidad del jardín y llenar mi estómago me calmaron hasta el punto de que una pequeña flor de eonishia creció a mis pies sin que me diera cuenta, seguida de otra y otra más. Tanta era mi tranquilidad que no pude reprimir un bostezo cuando Alfie habló del trabajo.

-Antes he visto que había una lista de pedidos de pociones; por suerte para nosotras todas las que hemos hecho hasta ahora están incluidas en ella-me froté los ojos-. También debemos apuntar los efectos y propiedades de cada una-imaginaba que todo el tema del papeleo no le haría gracia a la joven pero, ya que había demostrado saber valerse por sí misma preparando pócimas, ella podría encargarse de su elaboración mientras yo me encargaba de la parte de los informes, o ir haciendo todo a la vez-. También hay que fabricar un ungüento para las quemaduras, otra que haga crecer el pelo- eché una mirada rápida al mogullus con el que había probado diversas pociones para hacerlo encoger y que había acabado recubierto de pelo-, y algunas más....

Me quedé observando a Azulín que devoraba la hoja de lechuga que Alfie le había dado. Me trajo a la memoria recuerdos de cuando era pequeña, seis años tendría quizá, y encontré un pedinguí, un pájaro natural de las islas, herido entre unos arbustos. Lo llevé a mi casa y lo cuidé hasta que pudo volver a volar y, preocupada, le pedí a mi madre que me acompañara de nuevo al bosque para buscarle un buen lugar que fuera su nuevo hogar. Esbocé una media sonrisa. -Pues claro que te ayudaré, cuenta con ello-le dije, extendiendo el dedo meñique hacia ella-. ¿Prometido, eh?

Terminamos el filete entre bromas y risas. La ensalada llevaba demasiadas especias para mi gusto, todo lo contrario que la sopa. Parecía que la anciana Emiria no tenía buena mano a la hora de condimentar los alimentos. Me ofrecí a llevar la bandeja con los platos a la tienda mientras Alfie entraba de nuevo en el laboratorio. Al volver, la joven estudiaba el enorme libro con un pergamino al lado y Azulín en el hombro.

-Podemos empezar con la poción crece-pelo, ¿qué te parece?-me dijo, alzando el libro para que viera la receta. A juzgar de lo corta que era parecía sencilla y rápida. Asentí con la cabeza para darle a entender que me parecía bien y comenzamos el procedimiento para su fabricación como siempre: poniendo un caldero con agua a calentar en el fuego y buscando los ingredientes.

Los pétalos y el polen de una flor de sauco, hojas de ginkgo, raíz de genciana y ruibarbo, el jugo de dos limones, aceite de jojoba y algas eran los ingredientes que se necesitarían para la elaboración de la pócima. Mezclamos el jugo de los limones con el polen y el aceite de jojoba, después de añadir tres raíces de genciana y una de ruibarbo al caldero con el agua hirviendo; el agua comenzó a adquirir un tono turbio con gotitas de grasa salpicando la superficie de ésta. Después de media hora, como indicaba el libro, sacamos las raíces y añadimos la mezcla, los pétalos de la flor y las hojas de ginkgo y apagamos el fuego para que terminara de hervir con el calor que quedaba de las brasas. El color gris ceniza que acabó adquiriendo nos indicó que el proceso de preparación había terminado.

-Deberíamos probarla… Aquí pone que antes de usarla hay que añadir un pelo del color que se desee a la pócima, agitarla y aplicar-rellené un tarrito con la poción, arranqué uno de mis pelos verdes y lo eché dentro-. ¿Dónde podríamos probarla?-dije mientras la agitaba.
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Alfhild Rush el Dom 3 Ago - 19:19

Aclaración:
Las reacciones y acciones de Eonishia están pactadas con su user


Al escuchar la pregunta de Eonishia, ambas jóvenes miraron automáticamente al escarabajo azul de la dragona, ambas sonrieron traviesas

-Azulín… -canturreó la dragona sacando un caramelo de su bolsillo, al mismo tiempo que la bruja llenaba un cuenta gotas  con la loción capilar, acto seguido se la pasó a la dragona, que apretó el cuenta gotas por encima de su temporal mascota, un par de gotas se derramaron sobre el caparazón de Azulín y con un “pluff” en unas décimas de segundo el insecto quedo recubierto por un largo pelaje de color verde. Al verlo ambas jóvenes estallaron en carcajadas-. ¡Estas muy guapo Azulín! ¡Jajajajajajajajajajajaja! –exclamó Alfhild, el escarabajo peludo y ahora verde dio un par de  vueltas sobre la mano de su propietaria y aleteó molesto-. Oh, no te enfades, solo queríamos probar la poción, ahora te hacemos el remedio… -prometió la de ojos purpuras haciendo un infantil puchero-. Además, te queda muy bien el pelo así, estas muy suave… -terminó burlándose con una amplia e infantil sonrisa, el escarabajo que se dio por aludido dio un mordisco en la mano que sostenía él cuenta gotas a su propietaria-. ¡Ay! –exclamó ella, pues aunque no le había hecho demasiado daño, sí que había sido un pellizco fuerte, sin querer soltó él cuenta gotas de cristal, que al impactar contra la mesa se rompió rociando de crece-pelo parte de la mesa y el césped, ambas jóvenes soltaron una exclamación de sorpresa y se quedaron mirando expectantes la pate untada en crece-pelo conteniendo la respiración.

Al ver que no sucedía nada, respiraron aliviadas, Eonishia llevándose una mano al pecho serena y Alfhild poniéndose las manos tras la cabeza con una amplia sonrisa alegre

-Al menos no ha pasado nada –comentó la dragona con ingenuidad, pero maldita la hora en la que habló pues en ese preciso instante a la mesa le salió pelo verde allá donde había caído la poción al igual que el charco en el césped convirtió la hierba en una frondosa melena de pelo verde y corto-. ¡Alsa aquí! –exclamó la dragona riendo de nuevo, luego miró a la bruja y al ver su expresión de pasmo en la que claramente se leía un “otra vez no… “, a Alfie se le escapo una risa divertida y se encogió de hombros despreocupada-. Mira el lado positivo al ser verde en la hierba casi no se nota –bromeó para restarle miga al asunto, luego por iniciativa propia, fue de nuevo a por el libro de herboristería a buscar una poción que pudiese revertir los efectos-. Si hay un crece pelo, debe de haber algo así como “jugo de calvo”  algo para que todo vuelva a la normalidad –comentó con el grueso libro entre las manos-. Tu atrapa a Azulín ¿Quieres? Creo que se ha enfadado conmigo… -pidió frunciendo un poco el ceño y buscando la receta.

-¡Ajá! –exclamó señalándola con el dedo cuando al fin la encontró, dejó el libro abierto por esa página sobre la mesa, al lado del matojo de pelo verde, y como ya era costumbre, puso a calentar una pequeña marmita de agua. Mientras el líquido entraba en ebullición, la dragona se leyó la receta y fue a la estantería a buscar los materiales para prepararlos sobre la mesa.

Una vez allí, sin decir nada más e ignorando los cacharrazos que estaba dando Eonisha en sus intentos de atrapar a Azulín, Alfie se puso a machacar unas cuantas bayas de Neien secas, para preparar el polvo que tendría que añadir posteriormente al agua, acto seguido tomó el frasco de pasta oleosa de hojas de Abedul que ya venía preparada  y evocó res cucharadas al agua que por fin hervía,  removió con un cucharon de madera hasta que la pasta se disolvió tiñendo el agua de un color marronoso. Alfhild leyó entonces que era hora de agregar el polvo de Neien y así los hizo, la poción se tornó amarillenta y comenzó a emanar de ella un humo de un tono ocre de un olor similar al de una tostada quemada.

<< Creo que me está quedando bien… >> se felicitó con una sonrisa satisfecha, a la mezcla añadió entonces unas tres cucharadas de un líquido rojizo semitransparente, esencia de Gayuba, la poción se volvió anaranjada esta vez.  Según el libro ponía que debía de dejar reposar la mezcla unos minutos al fuego antes de añadir lo siguiente: raíces de harpagofito machadas, así que aprovechó el rato, pues para eso, machacar las raíces en un mortero, con un soplido se apartó un mechón de pelo de la cara<< Pues mezclar potingues no es tan divertido cuando hay que prepararlos… >>refunfuñó para sí, continuó con la poción mezclando ya el ultimo ingrediente, las raíces machadas. En ese momento la poción se tornó de un marrón oscuro con grumos negros, no demasiado agradable a la vista… Ni al olfato… Pues aquello olía a: -. ¡Beg…! ¡Es como pasar delante de un montón de estiércol! –aseguró la dragona, sin embargo le alegró aquella peste, pues confirmaba que la poción estaba bien elaborada-. No me extraña que se te caiga el pelo, pero que peste… -rió con una lagrimilla cayendo de su ojo derecho al mismo tiempo que colaba el espeso resultado para deshacerse de los grumos. Ya solo quedaba esperar cinco minutos a que el “zumo de calvo”, bautizado así por Alfie,  se enfriase, entonces con un par de gotas sobre Azulín y sobre todo lo que se había vuelto peludo y acabarían con aquel problema.

-¡Eon ya está el zumo de calvo acabado! –canturreó la dragona pasado ese tiempo y deseosa de probar si funcionaba, evidentemente antes lo probaría con la mesa o el suelo, no fuese que se hubiese equivocado e hiciese daño al escarabajo.
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Eonishia Aldrich el Miér 13 Ago - 17:03

Spoiler:
Las acciones y diálogos de Alfie se describen con el consentimiento previamente acordado con la user de este PJ.

No pude evitar reprimir una carcajada al ver al escarabajo azul recubierto de pelo verde, para después carraspear y volver a tener el semblante serio que me caracterizaba, y es que aquella criatura ofrecía un espectáculo de lo más cómico, sacudiendo su melena verde recién obtenida de un lado a otro. Sin embargo, Azulín no parecía muy contento con su nuevo aspecto puesto que, después de los comentarios algo burlones de Alfie, éste le mordió la mano y huyó. El cuenta gotas que Alfie sostenía cayó sobre la mesa y el césped; durante unos segundos que parecieron eternos, no ocurrió nada y suspiraron aliviadas. Y de repente, a la mesa le salió pelo.

Me llevé las manos a la cara, maldiciendo nuestra mala suerte, cansada de que todo nos saliese mal. La joven, con el entusiasmo y el buen humor que la caracterizaban, se ofreció a fabricar ella misma la poción que revertiría el efecto de la crece pelo, mientras que a mí me tocó la parte de capturar a su mascota. ‘’Esto va a ser divertido’’, refunfuñé para mis adentros, pensando en cómo me las iba a arreglar para atrapar al escarabajo.

Una enorme mata de pelo verde sobresalía en lo alto de una de las estanterías del laboratorio; la melena se movía de un lado a otro, inquieta, tirando frasquitos, cuadernos, botes con ingredientes… Caminé a zancadas arrastrando una silla hasta la estantería y me subí a ella con cuidado de que ningún tarro de cristal me cayera en la cabeza y me aferré al borde superior de la estantería, poniéndome de puntillas. –Azulín-le llamé con voz neutra. El montón de pelo verde se alejó de donde estaba. Bufé, molesta, ahora resultaba que el bicho también estaba enfadado conmigo. Bajé de la silla, la moví un poco hacia la derecha y me volví a subir. –Azulíiiiin-repetí con  un tono más cariñoso y amable para ganarme la confianza del escarabajo, que no se movió. Alargué una de mis manos hacia donde estaba y agarré un mechón de pelo verde. -¡Te tengo!-dije, triunfante. El escarabajo azul echó a volar de repente, haciendo que perdiera el equilibrio y obligándome a soltarle y a volverme a sujetar a la estantería, de la cual cayeron un par de potecitos más debido al balanceo. ‘’Me las va a pagar’’, juré para mis adentros. Azulín sobrevolaba el laboratorio en círculos, en realidad, era una enorme bola de pelo verde la que no dejaba de dar vueltas, tirando cacharros, hojas y flores secas caían al suelo, pasaba por debajo de la mesa y volvía a subir. Me quedé quieta en un lugar, esperando el momento en que pasase por mi lado para capturarle, pero los mechones verdes siempre se me escurrían entre los dedos. Pateé el suelo, furiosa; aquello se me estaba yendo de las manos.

Salí del laboratorio y recorrí el jardín hasta encontrar algo parecido a un cazamariposas. –Alfie me va a matar…-murmuré, dudosa de si recurrir al cazamariposas o no. Me encogí de hombros-. Bah, tampoco es que tenga muchas más opciones para capturar a su bicho-concluí, y me encaminé de nuevo al laboratorio justo cuando vi una mata de pelo volar hacia la puerta. Me coloqué delante, aferrando el cazamariposas. -¡No puedes pasar!-grité, preparándome y, justo cuando Azulín fue a cruzar el umbral de la puerta, alcé el cazamariposas y después lo bajé para dejarlo atrapado en la red. –Ya eres mío-entrando en el laboratorio y cerrando la puerta para evitar que escapara.

El laboratorio olía espantosamente mal, tanto como cuando Alfie derramó el extracto de lucífera. Me llevé la mano a la nariz, tapándola, mientras que con la otra sujetaba a Azulín por el pelo, al que había sacado ya de la red, como quien lleva un globo, y me apresuré en ir hasta donde estaba Alfie, pensando que ya había metido la pata preparando la poción. En ese momento escuché su voz llamándome. –Aquí traigo a tu bicho-anuncié mi llegada, Azulín daba vueltas en círculos. –Huele fatal-añadí, echándole un vistazo rápido a la receta; parecía que la pócima resultante tenía aquel horrible aroma.

Alfie tomó de nuevo el cuenta gotas y echó un par de ellas sobre la mesa. El pelo verde que poblaba el mueve vibró unos segundos. Ambas nos miramos, interrogantes, y después la joven pasó su mano por la mesa; los pelos verdes se soltaron de su superficie sin dejar rastro, como si la poción crece pelo nunca hubiera caído sobre ella. Dejé a Azulín sobre la mesa y Alfie echó otras dos gotas sobre él antes de que volviese a huir; el escarabajo salió volando de nuevo, quedándose esta vez en el otro extremo de la mesa, pero dejando su melena tras de sí. Alfie, aliviada, fue a ganarse el perdón de su mascota y yo comencé a rellenar varios tarritos con el ‘’jugo de calvo’’ de Alfie.

Mientras Alfie apuntaba en un cuaderno las propiedades y efectos de las pócimas que habíamos realizado hasta el momento, yo había comenzado a calentar el agua para elaborar una pócima para curar las quemaduras. –Inhibis, aceite de argán, pétalos de caléndula…-fui enumerando los ingredientes y paseando por las distintas estanterías para recoger todo lo que me hacía falta. Levanté la mirada hacia Alfie. -¿Lo estás apuntando todo bien?
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Alfhild Rush el Miér 13 Ago - 19:43

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Las acciones, diálogos, expresiones y reacciones de Eonishia están pactadas con su user


-Sí –respondió la dragona escribiendo con soltura todo lo que iba recitando su compañera. El trabajo de apuntar y revisar les duró una media hora, además del recoger todo el estropicio que había liado Azulín que fueron otras dos horas. En las que Eonishia había terminado la poción que cura las quemaduras, Alfie se ofreció a recogerlo todo, pues había sido su mascota quien había hecho el estropicio.

Entonces mientras Eon guardaba las pociones, esta vez fue Alfie la que se preparó para hacer otro potingue, tardó una media hora en prepararlo, después leyó que efectos se suponía que debía hacer.

-Un laxante… -leyó sin entusiasmo, miró a la bruja algo confusa-. ¿Eso no es para hacer popó…? –Preguntó por si acaso, ante la respuesta de su compañera siguió preguntando -. ¿Y cómo probaremos si funciona? –Luego frunció el ceño y los labios en un puchero-. Yo no pienso tomarme eso –aseguró de manera infantil, Eon paso delante suyo sin hacerle mucho caso mientras portaba unas cajas de un pedido de la herboristería respondiendo que para eso tenían a Azulín, la dragona cogió aire consternada y abrazó a su mascota el tamaño de una rata-. Pe…Pero… -en ese momento entró Emiria

-Hola niñas, os traigo un té… -comentó la ancianita en tono amable portando una bandejita con una tetera, tres tazas y unas galletitas de canela. Ambas jóvenes agradecieron el gesto-. ¡Ah! –exclamó la mujer al ver que Azulín volaba del hombro de la dragona hasta quedar sobre la mesa atrado por la olor de las dulces galletas de canela, la mujer lo apartó de un manotazo-. ¡Quita bicho asqueroso! –exclamó furiosa la mujer. Alfie lo observó boquiabierta y frunció el ceño mirando a la mujer con rabia al mismo tiempo que su mascota huía hasta una estantería-. Ya esta niñas, esa alimaña ya no nos molestará… -comentó mientras servía el té. En un descuido que Emiria hablaba con Eon sobre los problemas intestinales de la anciana, Alfie miró la azucarera con los terrones de azúcar y rápida se los guardó todos en el bolsillo

-Oh… Vaya que mala suerte… -exclamó llevándose la mano a la boca, Eon y Emiria la miraron-. No hay azúcar… -comentó señalando la azucarera

-Vaya… Menudo descuido…Ahora vuelvo querida… -comentó la mujer llevándose la azucarera, Eonishia insistió en ayudarla, pues antes cuando había tomado el té con la mujer en su casa había visto que para llegar al estante del azúcar la mujer debía subirse  una silla. La dragona las siguió con la mirada y en cuanto cerraron la puerta sonrió con malicia, abrió uno de los potes de laxante y evocó media poción en la taza de la vieja Emiria

-Ahora veremos si funciona… -canturreó traviesa, luego se acercó a la estantería donde se había refugiado Azulín, la dragona lo miró con una amplia sonrisa y abrió el bolsillo mostrándole la montaña de azucarillos. Al escarabajo se le iluminaron los ojos y voló contento al bolsillo de Alfie, ella sonrió y le acarició la panza mientras el bicho movía las patitas. Acto seguido volvió a la mesa donde se había quedado.

No tardaron en aparecer Emiria y Eonishia, iban hablando tranquilamente, la dragona las saludó con una sonrisa de oreja a oreja

-Aquí tienes querida –ofreció la mujer unos azucarillos a la dragona y luego se los sirvió a Eonisha y luego a sí misma, acto seguido mientras seguían hablando tomaron un sorbo de té-. Uy… Que sabor más extraño que tiene… -comentó la anciana mirando con extrañeza la taza de té

-No, esta delicioso –respondió Alfhild con cierta malicia en su tono de voz y una sonrisa de hurón en la boca, Eon no pareció percatarse y también opinó con un

-Yo creo que está bien… -y sin más siguieron merendando cerca de un minuto despues, comenzaron a sonarle las tripas a la anciana que de repente comenzó a gritar:

-¡AY!¡AY!¡AAAAAAYY! –y soltando la taza en el aire se fue corriendo al baño mas cercano, Eon la siguió con la mirada entre pasmada y extrañada, mientras que Alfie cuando la vieja ya estuvo fuera sonrió con malicia y siguió tomando el té.

-Vaya, cuanta prisa… -comentó sirviéndose otra taza y haciéndose la longuis, aguantando las ganas que tenía de reírse como una campeona, de haber existido los oscars en Aerandir, posiblemente le habrían concedido uno a la dragona. Y es que nadie se metía con sus mascotas.
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Eonishia Aldrich el Dom 17 Ago - 17:08

Spoiler:
Las acciones y diálogos de Alfie se describen con el consentimiento previamente acordado con la user de este PJ.

Me incliné sobre el pergamino en el que se indicaba la lista de los pedidos de pociones para aquel día, marcando con una cruz aquellas que ya estaban hechas. ‘’Veamos… Cinco pociones de aumento de tamaño, tres de reducción del mismo, siete antídotos para las quemaduras, tres crecepelo, tres… ‘’Jugos de calvo’’ ‘’, reprimí una sonrisa, ‘’cuatro de visibilidad…’’, metí la pluma en el tintero para hacer la última cruz y me la acerqué a la barbilla; el tacto suave de la pluma me hacía cosquillas. ‘’Ya nos queda menos’’, pensé, viendo que únicamente nos quedaban tres tipos de pócimas que preparar, y una de ellas ya estaba siendo preparada por Alfie quien, al terminar, me preguntó.

-Un laxante… -leyó y me miró a la bruja algo confusa-. ¿Eso no es para hacer popó…? –asentí con la cabeza sin decir nada-. ¿Y cómo probaremos si funciona? –me encogí de hombros ante su pregunta-. Yo no pienso tomarme eso.

Metí los frasquitos con las pócimas que ya habíamos preparados correctamente ordenados y en su lugar en una caja y la levanté para dejarla en la mesa por el momento, hasta que la llevase a la tienda. –Puedes probarla con Azulín-dije simplemente, sin pensar en el efecto que tendría un laxante sobre el escarabajo azul. En ese momento entró Emiria, la dueña de la herboristería, con una bandeja en la que había una tetera, tres tazas y algunas galletas de canela. Al ver que el escarabajo azul de Alfie revoloteaba sobre la mesa y se acercaba a las galletas, la anciana lo apartó de un manotazo, sin darse cuenta de la expresión de rabia de Alfie, que la observaba boquiabierta. Observé la escena en silencio, imaginando que aquello no quedaría así, más después de que Emiria hubiera hecho huir a su amada mascota. Negué con la cabeza, ‘’no, no creo que Alfie sea capaz de hacerle nada’’, me dije.

La anciana comenzó repartir el té que había preparado en las tres tazas, mientras hablaba de sus problemas intestinales o un tema similar, puesto que dejé de prestarle atención en cuanto lo mencionó y centré toda mi atención en observar cómo el líquido subía y llenaba las tazas, con una expresión seria en el rostro. ‘’Que se calle ya’’, rogué, intentando no escuchar todo lo que decía la anciana, me daban igual sus problemas y menos aquellos. Por suerte, la voz de Alfie hizo que dejase de hablar:

-Oh… Vaya que mala suerte. No hay azúcar… -comentó señalando la azucarera.

-Vaya… Menudo descuido…Ahora vuelvo querida…

-Iré con usted-me ofrecí, ya que antes, cuando había entrado en la tienda, me había fijado que el estante donde se encontraba el azúcar estaba bastante alto y no quería que Emiria se hiciera daño intentando alcanzarlo, sólo les faltaba eso. Durante el camino a la casa me vi obligada a sacar el y tema de las flores y plantas, sus distintos usos, aplicaciones en la fabricación de remedios y demás para evitar que la anciana volviera a hablarme de sus problemas. Una vez dentro, acerqué una de las sillas de la cocina para alcanzar un saquito lleno de terrones de azúcar y llené la azucarera. La anciana agradeció mi ayuda volviendo al tema de sus problemas y la edad, que ya estaba muy mayor, decía y que tendría que acabar poniendo escaleras por toda la casa para alcanzar los lugares más altos. Regresamos al laboratorio donde Alfie nos esperaba con una sonrisa de oreja a oreja. Alcé una ceja, interrogante, pero no hice ningún comentario y dejé que la anciana nos sirviera los azucarillos y nos sentamos a la mesa.

-Uy… Que sabor más extraño que tiene… -comentó la anciana mirando con extrañeza la taza de té.

-No, esta delicioso –respondió Alfhild.

-Yo creo que está bien… -dije saboreando el té tras el comentario de Emiria, pero no encontraba nada raro en su sabor. Quizás la edad también le había afectado también al paladar. Cogí una de las galletas de canela y me la llevé a la boca; casi me atraganto cuando momentos después Emiria salió corriendo y gritando del laboratorio.

-Vaya, cuanta prisa… -dijo Alfie. Giré la cabeza hacia ella: la joven tomaba el té tranquilamente, sin darle importancia a lo que había pasado. El sonido parecido al de un revoloteo y un destello azul en su bolsillo fueron los detalles que me ayudaron a terminar de unir cabos. –Eso ha sido cosa tuya, ¿no?-pregunté y le di un largo trago a la taza de té-. Bueno-suspiré-, por lo menos sabemos que funciona. Y rápido. Que no se te olvide apuntar los efectos de la poción en el cuaderno-le recordé cuando terminé la taza de té.

Cogí una de las últimas galletas y me la fui comiendo mientras preparaba el siguiente caldero y ponía el agua a calentar. ‘’Infusión relajante’’, leí en el libro con lo que quedaba de galleta entre los dientes, ‘’esencia de valeriana, flores de manzanilla, aceite de hinojo, hojas de melisa, cardamomo… Creo que de todo esto hay en el laboratorio’’, terminé de comerme la galleta de un bocado y rebusqué por las estanterías todos los tarritos que me harían falta. Empecé por mezclar dos partes del aceite de hinojo con una de agua, semillas de cardamomo y las flores de manzanilla. Dejé reposar la mezcla tapada con un trapo para protegerla de la luz, mientras añadía el resto de ingredientes al caldero. ‘’Remover lentamente’’, me decía moviendo la cuchara de madera en círculos. Por último, añadí la pasta formada al caldero; el agua tomó un color grisáceo oscuro, pero a medida que fue pasando el tiempo, éste fue desapareciendo conforme se disolvía la pasta, quedando el agua casi incolora de nuevo. ‘’Parece como si nunca hubiera hecho nada’’, me dije, mirando la superficie de la olla.

Cuando estuvo preparada, miré a Alfie, ésta, como si ya supiera lo que iba a decir, escondió a Azulín en su bolsillo. –No lo iba a probar con él, no me mires así-fruncí el ceño. Y tampoco podríamos usar otra vez a la anciana Emiria como conejillo de indias-. En fin-suspiré; lo cierto es que los sucesos del día me había puesto de los nervios. Me llevé la cuchara a los labios, sin llegar a probar el líquido, sólo mojarlos-. A ver qué pasa-murmuré, la única forma de saber la eficacia de la poción era aquella.

Alfie me miró, expectante, y yo me encogí de hombros. -¿Notas algo?-me dijo. –El efecto no tiene por qué ser instantáneo, ¿eh?-aclaré, repartiendo la poción en cinco frasquitos. Comenzando a etiquetarlos, noté una gran sensación de paz y tranquilidad, como si todo el estrés y la tensión acumulados durante el día desaparecieran poco a poco, como si el día hubiera transcurrido sin problemas, sin escarabajos gigantes, sin plantas de mogullus que nos quisieran engullir, sin cambios de tamaño del cuerpo ni pérdida de la visibilidad del mismo. Una enorme sonrisa se dibujó en mi rostro y comenzaron a crecer flores de eonishias por la mesa del laboratorio. –Ahí va-dije al verlas, soltando una risita.
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Re: Cuestión de hierbas [Privado Eonishia][Trabajo]

Mensaje  Alfhild Rush el Dom 17 Ago - 18:54

-¿Yo? Para nada… -respondió tal cual, cuando Eonishia le preguntó si la repentina necesidad de ir al baño de Emiria había sido culpa de ella. De todas formas a Eon no parecía importarle en absoluto la pequeña travesura de la dragona, ya que le recordó que apuntase sus efectos y se fue a atender otros asuntos. Alfie asintió con una sonrisa aniñada y se terminó el té antes de ponerse a trabajar de nuevo. Evidentemente al ser un poco perezosa alargó cuanto pudo aquella taza de té mientras jugaba con Azulín.

Una vez apuntado todo en su correspondiente apartado, miró la lista de pociones por hacer

<< Infusión relajante… >>leyó, entonces escuchó a Eonishia canturrear algo y la miró, la dragona río a ver a la bruja con una sonrisa boba en los labios sin dejar de cantar alegremente y con un montón de flores de Eonishia floreciendo a su alrededor<< Vaya si ha funcionado >>pensó poniéndose la mano en la boca para reprimir unas risas, ya que parecía que su compañera había consumido algún tipo de hiervas de legalidad dudosa más que una poción.

Según la lista, a Alfie le quedaba hacer una poción contra el envenenamiento

-¡Vamos allá! –exclamó enérgicamente la dragona de ojos violetas autodandose fuerzas, ya que a esas horas después del té lo único que tenía eran ganas de echarse una siesta. Recogió otro caldero aparte del que ahora Eonishia estaba limpiando y la dragona lo lleno de agua hasta la mitad y lo puso a hervir, tal y como decían las instrucciones de todas las pociones hasta el momento, lo puso a hervir para ir a las estanterías con una pequeña lista de los ingredientes-. Veamos… -comentó escogiendo uno por uno los ingredientes y volviendo a la mesa. Miró el caldero, ni siquiera había empezado a humear, sopló aburrida apoyando la cabeza sobre su mano derecha.

Azulín aprovechó para salir del bolsillo y pasearse por la cabeza de su propietaria, removiéndole el pelo con sus patitas como si intentase hacerse un nido para enroscarse a dormir después de inflarse a azucarillos, Alfie metió la mano en el bolsillo y sacó un caramelo de manzana que se llevó a la boca. Mientras miraba a su alrededor, su compañera seguía con expresión bobalicona cantando y limpiando el laboratorio ya que solo quedaba esperar a que la dragona finalizase el antídoto. Miró al techo de cristal del invernadero y abrió mucho los ojos divertida al ver que en el cristal seguían las manchas de las enormes patas de Azulín cuando se había vuelto gigante. Sonrió de oreja  a oreja pensando que intentaría birlar una poción de crecimiento para volver a hacer que Azulín fuese montable. Determinación que a los cinco minutos olvidaría por supuesto, ya que el agua comenzó a hervir.

Así que Alfie añadió los primeros ingredientes de la poción contra el envenenamiento; unas cuantas flores dientes de león junto a unos cuantos pétalos de manzanilla en polvo, removió hasta que el agua comenzó a adquirir un tono amarillento.

<< De momento no huele mal… >>pensó oliendo el contenido del agua hirviente a la que añadió un poco de corteza de abedul << Cada vez parece que huela más a algún tipo de licor… >>comentó para sí entre risas agregando polen de ajenuz, siguió removiendo hasta que el líquido comenzó a volverse verdoso<< Por el color creo que ahora toca echar las hojas de agripalma… >>se recordó, buscando con la mano un frasco de cristal donde habían unas grandes hojas secas, tomó una y la aplastó con las manos hasta que quedó reducida a poco más que polvo y la espolvoreó en la mezcla, en el acto surgió un humo azul y la poción se tornó marrón-. Creo que voy por buen camino –se sonrió, pues aquella extraña reacción era la que describía el libro, añadió los últimos ingredientes y dejó la poción reposar unos minutos. Tras los cuales según leyó en el libro debía de buscar un trozo de pergamino, untarlo de baba de mogullus y dejar caer sobre él unas cuantas gotas de poción, si se tornaba verde es que el antídoto estaba bien hecho.

-¡Bien! –exclamó Alfhild contenta tras la comprobación al ver que la poción estaba bien hecha, luego llenó los frascos, los etiquetó rellenó los documentos que certificaban el buen funcionamiento de la poción y ayudó a Eonishia a recoger. Finalmente habían terminado la jornada de trabajo y a pesar de todos los problemas, lo habían hecho de una forma satisfactoria, pero para Alfie lo mejor de todo es que tenía una nueva amiga.
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