El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

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El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Eirik Argyle el Mar Ago 12 2014, 12:44

Llevaba ya una semana en Lunargenta, se alegraba de haber podido hablar al fin con River y aún más que su propia marcha le hubiese dado ánimos a la sirena para empezar su viaje. Detuvo su paso un momento y se desperezó bostezando, miró a los lados. El mercado aquella mañana estaba a reventar de gente y una vez más su olfato iba como loco, automáticamente de un lado a otro, pues estaba lleno de gente de todas las razas posibles. Sonrió divertido, el hombre con el nido de pájaros en la cabeza no le había mentido. Pasó cerca de una parada que vendía pollos asados

<< Que hambre… >>pensó mirando de lejos la parada y se acercó a ella. El propietario era un hombre bestia que irónicamente era un gallo. Llevaba un delantal manchado de aceite y un sombrero de cocinero e iba llamando a la gente a su puesto a la par que de vez en cuando se le escapaba un cacareo<< ¿Eso que está haciendo no sería canibalismo? >>se preguntó el lobo, pues a pesar de que él era un licántropo y no un lobo común, jamás se le ocurriría cazar a uno, es más les tenía cierta simpatía a aquellos animales, en cambio ese hombre-gallo, parecía encantado de cocinar a sus “primos lejanos”. Tras observarlo de lejos detenidamente durante un rato salió de su asombro, se encogió de hombros y se acercó

- Buenos días CoOooo …-saludó el hombre bestia con lo que podría haber sido una sonrisa de no ser por que poseía pico y no labios, Eirik le devolvió el saludo con un movimiento de cabeza

-Ponme uno… -pidió no muy seguro de no estar pidiendo a alguno de los familiares del hombre-gallo  pues incluso el vendedor olía completamente a pollo, cuando se suponía que los hombres-bestia tenían siempre un sutil matiz a humano en su olor

-Cococo….Enseguida –aseguró el cocinero contento y preparando uno de los pollos, él licántropo siguió mirándolo de reojo extrañado aun ante la idea de un pollo vendiendo pollos asados. Por suerte para el licántropo, no es que los pollos fuesen familia del vendedor, si no que la olor de la comida había tapado el resquicio humano que tenía aquel vendedor. El gran pollo, metió la comida de Eirik en un recipiente, seguido de una cucharada de la salsa que el pollo había soltado al cocerse lentamente-. ¿Querrá patatas? Pok…Pok –preguntó acto seguido, Eirik asintió y el vendedor añadió una cuantas, luego cerró el recipiente, lo metió en una bolsa y se lo dio al licántropo al mismo tiempo que extendía la otra ala acabada en mano-. Serán 8 aeros  coco coOOook –el de ojos azules sencillamente pagó y se hizo con lo que iba a ser su desayuno-. Que aproveche Pooooooookk –se despidió el vendedor en tono amable una vez el cliente pagó

-Gracias… -respondió Eirik alejándose sin más, siguió caminado por la plaza del mercado hasta que llegó a una fuente en el centro de la plaza, se sentó en el bordillo, sacó el contenedor que llevaba el pollo, lo abrió, lo puso a su lado y de su zurró sacó uno de los libros que había cogido prestados de la biblioteca. Lo abrió algo aburrido por la pagina donde se había quedado, pues no es que fuese un lector empedernido, más bien al contrario solía aburrirle sobremanera el leer y más un tema tan tedioso como la enfermedad que padecía, sin embrago había oído el rumor de que otras personas que también la padecían habían podido usarla a su favor. Y evidentemente sentía cierta curiosidad. Cogió un pedacito de pollo y se lo llevó a la boca, para muchos tal vez un pollo fuese mucho para desayunar, pero claro, él todo lo que comía lo quemaba pues nunca estaba quieto.

Miró a su alrededor como la gente iba y venía de un lado a otro ajetreada en sus asuntos, algunos solos, otros con sus familias o amigos. La ciudad tenía altos edificios y calles enrevesadas que iban y venían desde el centro hasta los recovecos más inesperados. Sinceramente Eirik nunca había visto una ciudad, al fin y al cabo había pertenecido a una manda muy pequeña que se había instalado en la Arboleda central formando una pequeña aglomeración de casitas de madera muy ocultas, de hecho su manada pocas veces salía no solo de los bosques del este si no directamente de la arboleda. Pero no estaba sorprendido, que fuese un “cateto de pueblo” no implicaba que no supiese lo que era una ciudad, es más Lunargenta le parecía curiosa, aunque no le gustaba. Le agobiaba tanta gente y tanto ajetreo, todo cuanto quería era acabar lo que estaba haciendo ahí y volver a la arboleda a poner en práctica sus nuevos conocimientos sobre lo que podría llegar a hacer con su enfermedad.

<< Al menos el pollo está muy bueno… >>pensó para sí dejando el libro a un lado,  echándose un poco hacia atrás apoyando todo su peso la mano izquierda, masticando otro trozo de pollo, tenía una textura sabe, para nada seca y estaba tan bien hecho que se le deshacía en la boca, su sabor era ligeramente especiado, con romero quizás, estaba perfectamente sal pimentado, y por dentro le habían puesto además del ya nombrado romero; tomillo y laurel, realmente hacía tiempo que Eirik no degustaba un pollo tan…

-¡Mierda! –exclamó con una grito tan fuerte que todos los allí presentes se voltearon para verle salir de un salto del interior de la fuente completamente empapado-¡¿Qué coño estáis mirando! –vociferó enfurecido y al mismo tiempo avergonzado por haberse dormido sin darse cuenta mientras comía cayendo así al agua. Al oír el grito agresivo del licántropo todo el mundo volvió a lo que estaba haciendo, al menos nadie quería problemas-. Estúpida fuente de los… -masculló mientras recogía sus cosas dispuesto a alejarse de aquella fuente, sin embargo un olor familiar le llamó la atención, olfateó el aire, era un olor femenino que le recordaba a la tierra preparada para arar, algo así como una grajera o pastora<< Oh… No… >>pensó temiéndose lo peor, pero una aguda y alegre voz llamándole le confirmó sus sospechas<< Lo que me faltaba… >>


Última edición por Eirik Argyle el Jue Ago 28 2014, 16:17, editado 1 vez
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Fribba Hedevary el Mar Ago 12 2014, 18:47

Lunargenta bullía de vida ese día y aquello sólo podía significar una cosa: era día de mercado. A lo largo de la calle y en la plaza, se extendían diferentes puestos con frutas, verdura, pan, telas, ropa, joyas y libros, y los dueños de éstos se afanaban por conseguir que las personas que pasaban por allí se fijasen en su excelente mercancía y conseguir vender y obtener dinero para dar de comer a sus propias familias. Aquella mañana en concreto la zona del mercadillo estaba a reventar; la gente se agolpaba delante de las tiendecitas y era imposible andar si no te hacías paso a empujones. Jóvenes, ancianos, madres llevando a sus hijos de la mano, personas de distintas razas, todos se reunían en un mismo lugar para conseguir objetos y alimentos de la mejor calidad.

-¡Hola, Fribba!-me saludó Matius, el amable panadero al que siempre compraba el pan. Era un conocido de mis tíos y, prácticamente me había visto crecer hasta convertirme en una mujer adulta; por otro lado, las arrugas de la edad habían comenzado a aparecer en su rostro y su cabello estaba salpicado por mechones de pelo blancos. Pero su jovialidad y buen humor estaban intactos-. ¡Cada día que pasa estás más guapa!-bromeó.

-¡Gracias!-dije sin poder evitar sonreír. Desde que me conocía, Matius siempre me saludaba con la misma frase. Le pedí dos barras de pan y, tras pagar, salir al exterior de la tienda. Respiré hondo, disfrutando del aroma a pan recién hecho y apretando la bolsa calentita contra mi pecho. La boca se me hacía agua y arranqué el pico de una de las dos barras y guardé el pan en mi zurrón, encaminándome hacia la calle del mercado mientras lo mordisqueaba.

Habían pasado dos meses desde que me había encontrado con aquel joven llamado Eirik en los lejanos reinos del Oeste. El destino quiso que, él por poseer un mapa que le guio hasta allí y yo, por cabezona, acabásemos atrapados en unas profundas y laberínticas minas, luchando contra el frío, aguas heladas, puentes precarios, precipicios sin fondo y huyendo de un enorme basilisco que quería engullirnos. Aunque en un principio nuestro carácter había chocado y discutíamos por cualquier tontería, no nos había tocado otra que aprender a convivir juntos y trabajar en equipo y, al final, conseguimos salir de allí sanos y salvos, tras lo cual, nuestro camino se volvió a separar. Permanecí tres días en una posada de una aldea cercana, hasta que el dolor del tobillo disminuyó y pude caminar sin sentir un dolor espantoso de nuevo. Tuve la suerte que le mismo día que iba a partir, me encontré con un mercader que, amablemente, se ofreció a llevarme a cambio de algo de dinero, pues iba hacia la zona este del lago. Después de unos días de viaje, llegué a la granja de los McCoy, donde había ayudado a salvar las cosechas y los animales de una gran tormenta tiempo atrás, quienes me recibieron con los brazos abiertos y me invitaron a pasar la noche con ellos. Al día siguiente, acompañé a Thomas hasta Lunargenta, pues también él debía resolver algunos asuntos allí.

Pocas veces había visto la calle del mercado tan llena de gente como aquella mañana. Paseaba distraída, mirando de vez en cuando los relucientes collares y pulseras con motivos florales, hechos con cuentas, conchas y perlas. Por encima del ruido de la multitud, escuché un grito enfurecido, una voz que me resultó familiar. ‘’Serán cosas mías’’, pensé sin darle importancia, seguramente sería algún tendero que se habría enfadado con algún comprador. Fue entonces cuando, entre el hueco que dejaban dos personas, vi una figura conocida sentada en el borde de la fuente de la plaza.

-No puede ser…-murmuré, perpleja. ¿Qué hacía él allí? Una mujer mayor pasó por delante de mi, tapándome la visión por un momento y, cuando cruzó, el joven seguía allí, no era ningún espejismo. -¡Ei…!-quise gritar, pero un hombre me empujó, dándome un codazo en el brazo. Me froté la zona, poniéndome de puntillas para no perderlo de vista; el joven se había levantado y parecía que iba a abandonar la plaza.

Me abrí paso como pude y avancé por la calle todo lo rápido que podía. -¡Eirik!-le llamé, mas las voces y los gritos de la gente ahogaban mi voz.- ¡EIRIK!-grité más fuerte, sin éxito. Tomé aire, llenando mis pulmones y alcé la voz todo lo que pude. -¡¡¡EEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEIIIIIIIIIIIRIIIIIIIIIIIK!!!

Corrí hacia él una vez hube llegado a una zona despejada y me lancé a abrazarle, notando frío nada más hacerlo. Me separé enseguida y vi que mi ropa estaba mojada. -¡Estás empapado!-exclamé lo que era evidente-. ¿Qué demonios has hecho para ponerte así? ¿Qué haces en Lunargenta? ¿Cuánto tiempo llevas aquí? ¡Podrías haber venido a verme!-dije, aunque, claro estaba, él no sabía dónde vivía.

Me senté a su lado en la fuente, dejando que contestara a mis muchas preguntas. Cuando terminó, se me ocurrió una idea. –Ya sé, ya que estás aquí, puedo hacerte de guía y enseñarte la ciudad, ¿qué te parece?-le miré, juntando las manos-. ¡Por favor! Aunque…-le miré de arriba abajo-. No sé yo si deberías pasearte por ahí mojado como vas… ¡Ya sé, lo mismo puedo dejarte ropa de mi tío!-dije, tirando de su mano para que me siguiera.
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Eirik Argyle el Mar Ago 12 2014, 22:32

Aclaraciones:
Las acciones, expresiones, reacciones y diálogos de Fribba han sido pactados con su user


.- ¡Eirik!-escuchó que ella le llamaba, frunció el ceño y los labios con resignación

-No puede ser… -murmuró escéptico y sin  atreverse a mirar por encima de su hombro por si a caso

-¡EIRIK! –escuchó con más fuerza y el licántropo se apresuró a recoger sus cosas dispuesto a salir corriendo

<< Si la ignoro lo mismo se va… >>se dio consuelo a sí mismo, y preparándose para salir por patas. No necesitaba a nadie que le conociese en aquel momento, es más prefería seguir sin llamar la atención, era como mejor se iba, además ¡Esa chica era un imán para los problemas!

-¡¡¡EEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEIIIIIIIIIIIRIIIIIIIIIIIK!!! –volvió a llamarlo con voz muy chillona, tanto que él dio un respingo y se puso de nuevo su zurrón a la espalda, sin embargo ya era tarde, pues la escuchó venir corriendo y de un salto lo abrazó colgándose de su espalda

-Aggg… -protestó débilmente ante el abrazo de, efectivamente Fribba. Aun se acordaba de ella, aunque a decir verdad ¿Cómo olvidarla? Se había topado con ella accidentalmente en el bosque y en menos de cinco minutos le había hecho sentir más incómodo que nunca, para luego seguirle hasta las minas, por más que le prohibió que lo hiciera y teniéndola que salvar así unas cuantas veces, de barrancos, derrumbamientos, además claro de encararse contra un enorme basilisco que casi lo devora y eso sin mencionar al espectro que les persiguió-. Hola… -gruñó sin entusiasmo en cuanto ella se separó de su espalda, luego él miró por encima de su hombro para verla sonriente pero extrañada exclamando

. -¡Estás empapado!- Eirik resopló ante la evidencia y respondió

-No me digas… -con obviedad y maldiciendo su suerte, suspiró, en fin, ya no había nada que hacer para remediarlo, se sentó de nuevo en el borde de aquella fuente, mientras ella lo bombardeaba a preguntas que formulaba a un ritmo rápido y atropellado

-. ¿Qué demonios has hecho para ponerte así? ¿Qué haces en Lunargenta? ¿Cuánto tiempo llevas aquí? ¡Podrías haber venido a verme!-

-Tenía calor y me dí un “bañito”respondió con sarcasmo y cara de pocos amigos-. Lo que hago no es asunto tuyo, llevo una semana aquí… -chasqueó la lengua molesto-. ¿Y cómo coño quieres que te vaya a ver si ni siquiera sé dónde vives? – finalizó la tanda de respuestas con su delicadeza y elegancia naturales, ella se encogió de hombros aparentemente conforme y se sentó a su lado y guardó silencio unos escasos segundos. Hasta que dio una palmada, al parecer había tomado una decisión

Ya sé, ya que estás aquí, puedo hacerte de guía y enseñarte la ciudad, ¿qué te parece?-preguntó entusiasmada aunque por el tono más bien parecía una afirmación, Eirik fue a abrir la boca posiblemente para protestar, pero ella junto las manos y le miró con ojos de cachorrito-. ¡Por favor! Aunque…-siguió a su bola, haciéndola un estudio de arriba abajo, Eirik frunció el ceño y arrugó un poco la nariz

<< ¿A qué puñetas viene esa estúpida mirada? >>gruñó para sí, pues no le gustaba llamar la atención y al parecer, estaba acaparando toda la que aquella jovencita tenía. Se encogió en su sitio algo incómodo de nuevo

-. No sé yo si deberías pasearte por ahí mojado como vas… -comentó levantándose y poniéndose delante suyo, él la siguió con la mirada y echándose un poco hacia atrás mirándola con desconfianza, ella chasqueó los dedos exclamando-. ¡Ya sé, lo mismo puedo dejarte ropa de mi tío!-de nuevo decidió por ambos mientras tiraba de su mano

<< ¿Por qué a mí? >>se preguntó desistiendo ya de dar su opinión, al fin y al cabo no serviría de nada… Total, ¿A quién le importaba lo que él pudiese opinar? A  nadie.

Se dejó arrastrar por Fribba que por algún motivo que escapaba a la comprensión de Eirik, seguía empeñada en no soltar su mano, como si la pelirroja ya se oliese que si lo dejaba ir, el arisco licántropo aprovecharía cualquier descuido por huir de su vista.  Así que al no poder hacer nada más que dejarse arrastrar a donde fuese que aquella joven y pesada humana lo llevaba, escuchó o más bien fingió que la escuchaba parlotear sin parar, de forma tan rápida y constante que algunos detalles se le escapaban irremediablemente al licántropo, que en un momento dirigió una mirada al tobillo de la joven y sonrió un poco al ver que ya estaba curado y podía andar sin problemas.

Según iba caminando Eirik iba observando todo a su alrededor, pensando en posibles vías de escape, algunos tejados estaban a la altura perfecta para encaramarse a ellos con la ayuda de algunas caja o barriles abandonados que había apoyados en las paredes de las casas, algunos grupos de gente en los que sería fácil mezclarse y “perderse”, muros que saltar para esconderse. En definitiva, un amplio abanico de posibilidades que quedaban inutilizadas por el simple hecho de que la joven se aferraba a su mano como un búho a un ratón. Nada había que hacer, excepto dejarse arrastrar y ver en qué nuevo problema lo metía aquella mujer esta vez.

-Es aquí –señaló Fribba deteniéndose delante de una casa, lo suficientemente grande para acoger a una familia, ella se le adelantó soltándolo al fin y cuando Eirik fue a dar un par de pasos hacia atrás para salir corriendo, Fribba se volteó preguntándole a que esperaba para entrar. Frustrado de nuevo suspiró, miró a los lados y empapado aún se colocó bien la ballesta sobre el hombro y entró en la casa.

Echó una ojeada a su alrededor, era una casita de dos pisos construida básicamente de madera y piedra, de aspecto bastante humilde, tal y como cabía esperar por el olor de su propietaria. Se abría en un salón a un lado había una chimenea y varios instrumentos de cocina, con una amplia mesa a un lado y varios muebles, a la izquierda había una puerta que iba a otra sala, al fondo de todo se bifurcaba a la derecha donde al parecer había otra sala, junto a esta bifurcación habían unas escaleras de madera que subían. Mientras Fribba iba a la despensa a buscar algo, le indicó donde estaba la habitación de su tío para que subiese a cambiarse, no sin antes preguntarle si había desayunado algo

<< Estaba en ello… >>pensó él sin entusiasmo, apenas cinco minutos con aquella joven y ya estaba agotado. En vez de decir lo que pensaba sencillamente negó con la cabeza, como respuesta obtuvo una sonrisa de la joven y una frase apremiante para que se cambiase de ropa antes de que se refriase-. Yo nunca me pongo enfermo –refunfuñó en voz baja, pensando que ella no le escucharía empezando a subir las escaleras, cuando soltó un estornudo. Fribietta asomó desde el hueco de la escalera con un alegre:

-¡Ja! Te lo dije –el suspiró y cabeceó siguiendo su trayecto hacia arriba, al parecer sí que le había escuchado. Una vez arriba siguió el pasillo que llevaba a varias habitaciones y siguiendo las indicaciones de la pelirroja entró en la que correspondía a sus tíos. Al igual que toda la casa era una estancia humilde pero acogedora, sin demasiados adornos pero sí los suficientes, además de algunas piezas que Eirik dedujo que eran obra de algún niño pequeño, pero que el matrimonio exhibía en las estanterías como si de las mejores obras de arte se tratasen. Sin que él se lo esperaba, ella entró tras él y se puso a rebuscar entre las ropas de su tío cacareando sobre algo acerca de que había ropa que su tío no se ponía por que había engordado peor podía ser que a él si le valiesen. No prestó demasiada atención a lo que la joven decía mientras le ponía ropa por encima de manera compulsiva,  mientras él se encontraba ocupado siguiendo en silencio observando la habitación, al ver la ventana no pudo evitar trazar un pequeño plan de huida que no pensaba llevar a cabo.

Finalmente Eirik se cansó de hacer de maniquí y sin mediar palabra se colocó detras de Fribba y comenzó a empujarla con cuidado hacia afuera de la habitación mientras protestaba

-Ya esta bien, que no soy un jodido muñeco para que te diviertas probándome "ropitas" -tras esto dejó a la joven fuera de la habitación y cerró la puerta-. Pesada que es, coño... -refunfuñó entredientes, luego se dirigió el mismo al armario y rebuscó en el cajón que ella había abierto. Sacó una camiseta blanca algo gastada y la observó, para dejarla con cuidado encima de la cama

<< Esto no me va a venir ni de coña… >>pensó chasqueando la lengua, pues el tío de Fribba parecía una persona delgada y estrechita de brazos y hombros al menos antes de engordar, en cambio el licántropo que se había criado pelando desde muy niño, tenía los hombros muy anchos, al igual que sus fuertes brazos. Extrajo también un chaleco marrón de tela, unos pantalones de un marrón claro. Botas no pues el pie del tío de Fribba no era el mismo que el suyo, así que sencillamente se sentó sobre la cama, se quitó sus empapadas y gastadas botas. Luego suspiró dejando los brazos reposando sobre sus muslos, y cabizbajo soltó un largo suspiro, aquella casa y algunos detalles de la misma le habían recordado a cuando era pequeño y sus padres vivían, ellos solían también mostrar con orgullo las pequeñas presas que el niño licántropo solía atrapar, aunque se tratasen de algo tan insignificante como una rana o una lagartija, recordó una vez que su padre se hizo una pulsera con la piel de una salamandra que había cazado cerca del lago y que nunca se la había quitado por años que vivió, ni siquiera el día que lo mataron en una disputa con unos vampiros.

Unas gotas de agua se deslizaron por su cabello y cayeron sobre sus muñecas, parpadeó y alzó de nuevo la mirada lentamente, olía a algo. A comida, tostadas y dulces como mermelada y miel. Eirik se levantó, recogió su ropa mojada y sus botas del suelo y bajó, con el semblante algo pesaroso por los recuerdos. Las escaleras de madera habían conservado una temperatura normal ya que los escalones eran de piedra. Observó a la pelirroja en silencio estaba de espaldas, al parecer ella tambien se había cambiado de ropa y ahora tarareaba una alegre melodía mientras preparaba la mesa para dos. Al parecer tampoco ella había desayunado o simplemente volvía a tener hambre, lo ignoraba, pero tampoco le importaba.

Eirik caminó por el frío suelo, sigiloso como un gato hasta colocarse al lado de Fribba que al no escucharlo dio un pequeño respingo, tras esto lo miró de arriba abajo y evaluó su aspecto, no sin remarcar que la ropa le venía algo justa, pero que era normal dado que su tío no estaba tan fuerte como él, Eirik instintivamente se echó un poco para atrás cuando la joven le tocó los hombros y los brazos

-¿Todavía te duele? –preguntó refiriéndose al hombro en el que le habían herido en la mina

-No –respondió Eirik sin más, colocando sus ropas y botas mojadas cerca del suelo para que se secasen, luego ella lo invitó a sentarse y a comer cuanto quisiera-. Yo… Había comprado esto… -comentó casi en un susurro, sacando el pollo que había comprado aquella mañana.
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Fribba Hedevary el Miér Ago 13 2014, 22:48

Spoiler:
Las acciones, expresiones, reacciones y diálogos de Eirik han sido pactados con su user


Sin soltar la mano de Eirik, lo arrastré por las calles y callejuelas de la ciudad, animada por el inesperado encuentro, cruzando plazas, pasando por delante de distintos negocios, herboristerías, posadas, tiendas de armas, librerías… Lugares que le enseñaría después, cuando le guiara por la ciudad, la prioridad en aquel momento era que se pusiese ropa seca y limpia o acabaría resfriándose. –Es aquí-anuncié, parándome en un modesto portal que había entre dos casas. Busqué la llave en mi zurrón, subí los dos escalones de piedra que había hasta la puerta y la abrí, pasando al interior de la vivienda. Al no escuchar pasos detrás de mí, me giré. -¿A qué esperas para entrar?-le dije a Eirik que seguía parado-. ¡Venga, pasa!

Dejé el pan que había comprado sobre la mesa tras cerrar la puerta y una bolsa repleta de manzanas, ya que era la fruta preferida de mis primos. –La habitación de mi tío está arriba, es la primera puerta a la derecha-le expliqué mientras me dirigía a la despensa para buscar algo que desayunar después; había optado por levantarme temprano aquella mañana para evitar la aglomeración de gente que se formaba en la calle y plaza del mercado, pero parecía que aquel día más personas aparte de ella habían tenido la misma idea y, al llegar, me había encontrado con que estaban abarrotadas de gente. –Por cierto, ¿has desayunado?-dije asomando la cabeza por la puerta de la despensa; Eirik negó con la cabeza-. ¡Estupendo, yo tampoco!-sonreí. Aquella mañana estaba llena de energía.

-¿Qué haces que aún no has ido a cambiarte?-dije depositando un pedazo de queso en la mesa y eché a andar delante de él para que me siguiera, subiendo las escaleras-. Como no te cambies rápido te vas a resfriar-dije en tono serio. Escuché que murmuraba un ‘’ Yo nunca me pongo enfermo’’, seguido de un estornudo. -¡Ja! Te lo dije-sonreí, triunfante, asomándome por el hueco de la escalera. Me agaché, una vez llegué al final de esta, a recoger algunas figuritas de madera con las que Sabin solía jugar-. Algún día acabaremos tropezándonos con ellas-murmuré, entrando un momento en la habitación de mis primos para dejar en ella sus juguetes. Entré en la habitación de mis tíos, en la que Eirik ya se encontraba, con paso ligero y comencé a buscar en los cajones ropa antigua de mi tío-. Creo que algo de lo que hay por aquí puede valerte; mi tío antes estaba bastante delgadito, pero claro, le gusta comer y…-hice un gesto con las manos alrededor de mi cuerpo-, ha acabado engordando bastante. Mi tía se enfada bastante con él porque dice que no piensa en su salud…-saqué varias camisas que fui probándosela por encima-. Demasiado pequeña…-dije tirando una de cuadros sobre la cama-. Demasiado pequeña también…-repetí y volví a rebuscar en los cajones: camisas desgastadas, chalecos de cuero, pantalones remendados…-. Tiene que haber algo por aquí que puedas…

-Ya está bien, que no soy un jodido muñeco para que te diviertas probándome "ropitas" –protestó empujándome hasta la puerta de la habitación y la cerró-. Qué arisco que es, jolines…-refunfuñé dirigiéndome hacia mi habitación, pues mi ropa también estaba mojada por haberle abrazado. Cerré la puerta de mi habitación, abrí el armario y saqué lo primero que vi, un sencillo vestido de color rojo de algodón. Me cambié a toda prisa, me coloqué de nuevo las botas y bajé las escaleras mientras me recogía el pelo, no sin antes echar un vistazo a la puerta de la habitación de mis tíos que seguía cerrada. Busqué en la despensa un tarrito de miel y otro de mermelada, corté varias rodajas de pan y coloqué algunos melocotones y peras junto a las manzanas. Estaba tarareando una cancioncilla que mi primo Sabin había estado cantando el día anterior y que se me había terminado por pegar, cuando noté la presencia de Eirik a mi lado. Lo volví a mirar de arriba abajo, se me hacía algo raro verle con la ropa de mi tío. –Te viene un poco pequeña…-apunté. Alargué la mano hasta el hombro en el que recordaba que tenía la herida. -¿Todavía te duele?-pregunté algo preocupada.

Tras su negativa, le invité a sentarse, tras hacerlo sacó el pollo que había comprado esa mañana. –Pero bueno, tendrás que comer más aparte de eso, ¿no? ¡Que tienes que mantenerte fuerte!-le fui acercando las cosas a su parte de la mesa mientras él le daba un mordisco a su pollo-. Tienes pan, mermelada, miel, creo recordar que quedaba mantequilla…-dije mirando hacia la despensa, dudando si ir a comprobarlo o no. Al volverme, Eirik estaba completamente dormido sobre la mesa. Giré la cabeza, observándolo, y le di un golpecito con el dedo en la mejilla-. Eirik-dije, pero no se movió. Conteniendo una risilla, le tiré del moflete, con suavidad. Eirik frunció el ceño en sueños y sus ojos comenzaron a moverse, por lo que me alejé de una zancada de donde estaba y carraspeé-. Decía…-continué cuando él me miró, bostezando-. También hay melocotones, peras… Alguna que otra naranja… Y manzanas-puse la mano sobre la bolsa-. Muchas manzanas. A mis primos les encantan y bueno… A mí también, la verdad. ¡Siéntete como en tu casa!

Durante el tiempo que duró el desayuno, no dejé de hablarle sobre los lugares que le enseñaría en cuanto terminasen de comer, por lo que me llevó muchísimo tiempo terminarme las dos rodajas de pan con miel y una manzana; cuando él ya hacía rato que había terminado de desayunar, yo aún seguía comiendo mi primera tostada. Al terminar, limpié las migas de pan de la mesa, guardé las frutas y los tarritos en la despensa y volví a arrastrar a Eirik al exterior, en dirección a la plaza del mercado de nuevo.

-Tengo que enseñarte la plaza que hay al lado de la librería, hay un jardín al lado precioso… ¡Y el puerto! También tenemos que ir al puerto, sí-dije, cuando estábamos llegando a la plaza del mercado,  anotando mentalmente los lugares que le mostraría y trazando una ruta turística. Me detuve, de pronto, al escuchar algo parecido a un llanto-. ¿Oyes eso?-pregunté y me encaminé hacia el lugar de donde venía sin escuchar su respuesta. El llanto se oía con más claridad al adentrarnos en una callejuela que había a nuestra derecha: sentada en el suelo, encogida sobre sí misma, había una niña pequeña de pelo ondulado y ligeramente pelirrojo que lloraba desconsoladamente. Me acerqué rápidamente a ella, preocupada y alarmada ¿qué hacía una criatura como ella allí sola?

-Ey, pequeñina-dije cuando me agaché delante de ella, con tono amable y familiar-. ¿Dón…?

-Ma… Ma… Mamáaaaa-contestó la niña entre sollozos. Grandes lágrimas rodaban por sus mejillas desde sus grandes ojos azules. Me mordí el labio, con el corazón en un puño, la cogí en brazos para intentar calmarla con suaves y cálidas palabras-. Ha debido de perderse-dije volviéndome hacia Eirik, la niña continuaba llorando con sus brazos alrededor de mi cuello. Caminé hacia la salida de la callejuela-. ¿Qué haces ahí parado? ¡Ayúdame!-le dije, frunciendo el ceño-. Pues a buscar a sus padres, claro, ¿qué quieres, que la dejemos aquí?-repliqué cuando me contestó-. Imagino que no andarán lejos si se han dado cuenta de que su hija se ha alejado de ellos-dije acariciando el pelo de la pequeña a la que no conseguía calmar.
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Eirik Argyle el Jue Ago 14 2014, 01:48

Aclaración:
Las acciones, reacciones, expresiones y diálogos de Fribba son pactados con la user




Nunca se callaba. Parecía que ni siquiera necesitase respirar no dejaba de hablarle de un montón de lugares diferentes

<< ¿Es consciente de que no voy quedarme aquí tanto tiempo? >>se preguntó terminándose el pollo, mientras que Fribba apenas había dado un bocado a su primera tostada, Eirik se sirvió un par de melocotones a los que ni se molestó en quitarles la piel antes de comerlos, arrugó un poco la nariz al notar el amargor inicial de la piel de la fruta, pero cambió de expresión enseguida que notó el dulzor de la pulpa. Cuando terminó de comer, se echó para atrás en la silla de brazos cruzados,  esperando a que la joven pelirroja decididese acabar de hablar o se le acabase el aire y tuviese que respirar, momento en el que aprovecharía para largarse.

Pero cayó en la cuenta de algo, miró hacia la chimenea sus ropas y botas seguían mojadas, chasqueó la lengua. No, no podía irse de ahí hasta que no volviese a cambiarse.

<< Mierda… >>maldijo interiormente, resignado ya que al parecer algun extraño designio del destino quería que pasase más rato con aquella charlatana. Cuando al fín la pelirroja terminó de comer recogió las migas sin dejar de parlotear, el licántropo fue hacia la chimenea a comprobar el estado de sus botas; por fuera estaban secas, pero por dentro seguían algo húmedas<< Bueno, nadie a muerto por mojarse un poco los pies… >>se conformó calzándose de nuevo, se levantó con intención de dirigirse a la puerta con su ropa mojada en los brazos, pero rápida como un torbellino apareció Fribba, que seguía hablando. Al llegar hasta él calló y su mirada se posó sobre el brazo en el que llevaba la ropa mojada

-Deja eso –pidió quitándosela y dejándola de nuevo junto al fuego, antes de poder protestar la humana volvió a agarrarlo de la mano y lo arrastró hacia el mercado.-.Tengo que enseñarte la plaza que hay al lado de la librería, hay un jardín al lado precioso… ¡Y el puerto! También tenemos que ir al puerto, sí-dijo en una lista interminable de lugares por visitar al mismo tiempo que llegaban al mercado

<< ¿Es que me ha tomado por un puto perro? >>se preguntó algo molesto y frunciendo un poco el ceño al escuchar la lista interminable de lugares por donde quería pasearlo. Pero no pudo evitar medio sonreír un poco al mirarla cuando notó que ella se abrazaba a su brazo izquierdo y sonreía feliz, realmente parecía alegrarse de verle. Meneó un poco la cabeza y suspiró sumiso << En fin… Tampoco tengo nada mejor que hacer… >>se rindió al fin ante la dulzura de aquella joven, pensado que tal vez no se meterían en ningún momento, al fin y al cabo ¿Cuándo un simple paseo había hecho daño a nadie?

Fribba se detuvo y a su vez Eirik, que la miró intrigado él automáticamente miró a su alrededor prestando atención a su entorno; escuchaba la gente conversar y las risotadas de algunos niños, carros cruzando las calles, vendedores anunciando sus mercancías y finalmente mas cerca que todo lo demás el llanto de una niña. Sin embargo no hizo caso a eso, ya que lo encontraba normal, no había ningún sonido extraño.

-. ¿Oyes eso?-preguntó y de nuevo antes que Eirik pudiese decir nada, se alejó en dirección a dónde venían los llantos

-Fribbie… -ni siquiera pudo terminar de llamarla que ya había desaparecido, suspiró y negó con la cabeza-. Ya empezamos… -refunfuñó para acto seguido ir tras ella. Llegaron a un callejón en un costado de la calle, casi imperceptible que a simple vista pasaba desapercibido, pues era de esos que no llegaban a ninguna parte y que difícilmente cabían más de una persona a la vez. Era una calle oscura, sucia y algo pestilente, según el olfato del licántropo. Allí había una niña pequeña llorando, debía de tener sobre unos tres o cuatro años, tenía el cabello largo, ondulado pelirrojo y despeinado, las mejillas rojas de tanto llorar, los ojos de un azul muy oscuro y vestía con unas ropas marrones que más bien parecían harapos, tanto por el color como por el estado de las vestimentas-. ¿Lo ves? No es nada, solo una cría llorando. Vámonos –pidió el licántropo con antipatía apoyando su espalda en una de las paredes con los brazos cruzados.

Pero lejos de hacerle caso Fribba se acercó a la niña preguntándole que le sucedía y esta, siguió llorando por su madre, la humana la tomó en brazos abrazándola y susurrándole palabras cariñosas para intentar calmarla, Eirik se las quedó mirando con desaprobación ¿A que venía tanto jaleo? Los niños lloran, es lo único que saben hacer y sus padres seguramente estarían cerca, eso o la habían abandonado.

-. Ha debido de perderse-observó la joven, al parecer él no había sido el único en barajar aquella posibilidad. Ella se lo quedó mirando al parecer molesta, alzando una ceja y con la llorosa niña en brazos-. ¿Qué haces ahí parado? ¡Ayúdame!-Eirik gruñó, ya está. Acababa de meterlo en un lio.

-¿A qué? –preguntó irritado, completamente apático y con una dosis de sarcasmo que resultaba hiriente

-. Pues a buscar a sus padres, claro, ¿Qué quieres, que la dejemos aquí?-replicó ella ante su respuesta-. Imagino que no andarán lejos si se han dado cuenta de que su hija se ha alejado de ellos-continuó acariciándole el pelo a la niña que intentaba calmar por todos los medios. Eirik , que seguía con la espalda apoyada en la pared y los brazos cruzados alzó una ceja

-¿Y qué? No es mi problema… –comenzó a decir con indiferencia, se puso en posición normal y se encogió de hombros-. ... Tampoco el tuyo. Los niños se pierden y no siempre por accidente –insinuó sin poder disimular cierto tono de resentimiento. Pues sabía perfectamente que los padres humanos eran capaces de abandonar a sus hijos sin pensárselo dos veces, solo bastaba con caer enfermo para ello.

Aquellas palabras al parecer cayeron sobre Fribba como un cubo de agua fría, pues no tardó ni dos segundos en comenzar a replicarle y echarle en cara su comportamiento frío e indiferente. El licántropo permaneció inexpresivo todo el rato que duró la reprimenda, al final él hizo ademán de desgana con la mano

-Haz lo que te de la puta gana pero déjame en paz –finalizó dándose la vuelta para irse, aquello no era asunto suyo, la niña no era suya como para tener que hacerse cargo, ya tenía bastantes problemas como para complicarse más la vida. Pero un gritó de Fribba reprochándole algo furiosa le hizo reaccionar ¿Y si sus padres hubiesen pensado así cuando le encontraron? Hoy no estaría allí. Se detuvo, chasqueó la lengua y suspiró-. Joder… -refunfuñó, se dio la vuelta y se acercó de nuevo a la pelirroja y a la niña-. Cállate –prácticamente ordenó con frialdad, cuando Fribba iba a volver a regañarle. Como si de alguna forma culpase a la pelirroja por aquella situación, o mejor dicho, por hacerle reaccionar y pensar en lo correcto.  -. Niña, ¿Tienes algo de tus padres? –le preguntó a la pequeña sin una pizca de suavidad. La niña se volteó y aunque pareciese mentira, al verle pareció calmarse un poco. La pequeña sacó de su bolsillo una pequeña figurita de madera de un lobo, curiosamente de color negro. Eirik la cogió, se la acercó a la nariz y la olisqueó, acto seguido hizo lo mismo con el aire-. Por aquí –indicó él y la pelirroja lo siguió con la niña en brazos.

Eirik siguió el primer rastro hacía la herboristería, era un rastro muy débil, posiblemente de aquella mañana, sin embargo más valía eso que nada. Picaron al timbre y abrió la puerta una ancianita, la propietaria del local que les hizo entrar, el licántropo miró a un lado, un rastro de flores de eonishia le llamó la atención

<<¿Qué coño hace esto por aquí sembrado? >>se preguntó alzando una ceja, Fribba procedió a preguntar, aunque ella también miraba de tanto en tanto el rastro de las pequeñas flores blancas que seguía hasta una pequeña puertecita que conducía a un invernadero. La anciana Emiria fue respondiendo, Eirik no prestaba demasiada atención hasta que se escuchó una pequeña explosión prominente de la zona de invernadero y creación de pociones, segundos después tuvo que taparse la nariz-. ¡Ag! ¡¿Pero qué mal huele joder! –exclamó medio mareado, se ató incluso un pañuelo alrededor del cuello tapándole así la zona hasta debajo de los ojos, pues se trataba de una olor muy fuerte y pestilente. En un principio pensó incluso que a la niña se le había escapado “algo” pero no, aquel hedor no podía ser humano. Fribba también se tapó la nariz y Emiria no fue una excepción

-Oh… Cielos cuanto lo siento, es que tengo dos ayudantes nuevas y son muy inquietas…-meneó la cabeza poniéndose las manos en la cintura con una sonrisa-. Aix… Estas niñas… -comentó divertida.

-Huele a peste… -se quejó la niña tapándose la nariz con sus manitas, la joven pelirroja sonrió a la niña y siguió con las preguntas. Cuando la anciana herboristera finalizó todas las respuestas, salieron de la tienda, por esas casualidades del destino Eirik le dio por mirar al tejado del invernadero, donde vio un inmenso escarabajo azul, que al principio pensó que era una especie de figura, abrió mucho los ojos al ver que aquella cosa se movía y su mirada se tornó de sorpresa al ver que había una mujer subida en él, a aquella distancia mientras se alejaban, lo único que podía discernir es que su cabello era largo y negro. La mujer del escarabajo meneó enérgicamente la mano como saludo al verle.

<< E…¿Eso es una tía subida en un escarabajo gigante…? >>se preguntó a si mismo, luego miró de reojo a Fribba, ella parecía no haberse dado cuenta de aquel detalle, el licántropo meneó la cabeza y miró al frente<< Se me empieza a ir la olla… >>comentó para sí, alucinando mientras se dirigían al siguiente negocio.
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Fribba Hedevary el Jue Ago 14 2014, 21:46

Spoiler:
Las acciones, expresiones, reacciones y diálogos de Eirik han sido pactados con su user

Las palabras de Eirik me parecían tan crueles y frías que me enfurecí hasta tal punto que mis mejillas se tornaron rojas y mi voz se alzó mientras le reprendía, enfadada, aunque intentando no alzar la voz para asustar a la niña más de lo que ya estaba; sólo le faltaba encontrarse con un par de extraños que no parasen de discutir. -¡¿Y qué va a ser de ella si la dejamos aquí sola?!-grité, abrazando a la pequeña que se limpiaba los ojos enrojecidos con sus manitas. Eirik se detuvo en seco, como si mis palabras le hubieran hecho cambiar de opinión. Se volvió a la pequeña y le preguntó si tenía algo que perteneciera a sus padres y ella, algo más calmada ante su presencia, sacó de su bolsillo una figurita de madera que representaba un lobo de color negro; Eirik la cogió y, después de acercársela a la nariz, nos dijo que le siguiéramos.

Durante el camino, la inquieta y silenciosa niña no dejaba de moverse entre mis brazos: se balanceaba, apoyaba la cabeza en mi hombro, se abrazaba a mí, volvía a separarse, miraba a Eirik y volvía a apoyar la cabeza en mi hombro. El joven nos guió hasta una herboristería, cerca de la cual había una rastro de flores, las cuáles llamaron su atención y tuve que agacharme a recoger una. La agradable anciana de la herboristería nos recibió y tomamos asiento cuando ella nos lo ofreció. -¿En qué les puedo ayudar?-dijo la anciana Emiria. La niña sentada en mi regazo jugaba con los pétalos de la flor de eonishia, los hacía girar, me colocaba la flor en el pelo o se la acercaba a la nariz para olerla. -Verá-comencé a explicar-, hemos encontrado a esta niña cerca de la plaza del mercado de Lunargenta-la anciana ahogó una exclamación de preocupación-. Creemos que sus padres han podido pasar por aquí...

La anciana frunció el ceño, pensativa, llevándose el dedo pulgar a la barbilla. -Lo cierto es que hoy he estado bastante ajetreada, han venido muchos clientes, algo normal en un día de mercado como hoy; no sólo por la propia gente de Lunargenta, sino también porque viene mucha gente de otras aldeas...-miró a la niña, la cual le sostuvo la mirada, inocente, como si no se diese cuenta de que hablaban de ella. De repente se escuchó una explosión y comenzó a oler mal, un olor nauseabundo y fuerte. Meredy se tapó la nariz con sus manitas, al igual que yo, y continué con mis preguntas después de la disculpa de la anciana sobre unas ‘’nuevas ayudantes’’-. ¿Entonces, no los ha visto? Haga memoria, por favor-insistí, hablando como pude por el olor. La anciana movió la cabeza, negando-. Lo siento, de verdad, pero por desgracia no recuerdo haber visto antes a esta niña.

Suspiré, desanimada. Agradecí a la anciana por su tiempo, aunque sus respuestas no nos habían ayudado en nuestra búsqueda. Nos apresuramos en abandonar la tienda, pues el olor se hacía insoportable y nos pusimos otra vez en camino. Eirik caminaba delante, olisqueando el aire de vez en cuando, y la pequeña, agarrada de mi mano, y yo le seguíamos. Al cruzar una placita en la que había un hermoso jardín con coloridas flores, nos vimos obligados a detenernos, ya que la niña, para desesperación de Eirik, quería jugar con ellas. –Sólo será un momento-le pedí para que fuese paciencia, sentándome junto a la niña que había empezado a recoger flores para formar un ramito. –Pequeña, dime, ¿cómo te llamas?-le pregunté con voz suave, ahora que la niña se había calmado-. Meredy, cuatro añitos-dijo ella alzando su mano y mostrándome tres dedos, y siguió jugando con los pétalos de las flores.

En ese momento pasó una mujer de mediana edad con una cesta llena de distintos tipos de flores y plantas: margaritas, claveles, amapolas… La cual, al pasar por nuestro lado y al escuchar los gritos de ‘’¡Flores!’’ de la ilusionada pequeña, se detuvo junto a nosotros y, sonriente, le tendió una margarita. –Para ti, bonita-dijo, amable; la niña la cogió y se la colocó en el pelo. –Es una niña preciosa, tiene unos grandes ojos azules como los de su padre-añadió antes de proseguir con su camino, guiñándonos un ojo. Parpadeé varias veces sin comprender lo que había dicho la mujer. ¿A qué padre se refería, si precisamente lo estábamos buscando? Segundos después caí en que se había referido a Eirik, ya que, casualmente, él y la niña los tenían del mismo color, y me eché a reír. -¿Qué cosas, eh? Se ha pensado que Meredy era tú…-me di cuenta enseguida que la mujer no sólo había creído que Eirik era su padre, también que yo era su madre. Carraspeé incómoda, al ver la cara de pocos amigos del joven-. Vamos, Meredy, tenemos que irnos-le dije. La niña pataleó y protestó, pero al final conseguí que subiera de nuevo a mis brazos, no sin antes regalarnos un ramito de flores a Eirik y a mí.

Una vez reanudamos la marcha, la niña se dedicó a colocarme las flores que había recogido por todo el pelo. ‘’No para quieta’’, pensé, divertida, ante la energía de la pequeña. Eirik se detuvo delante de la panadería en la que había estado antes de ir a la plaza del mercado, la panadería donde trabajaba Matius. ‘’Espero que él sepa algo’’, deseé cuando cruzamos el umbral de la puerta. Las campanillas que había colgadas en el techo anunciaron nuestra llegada y el panadero salió de la trastienda para recibirnos. -¡Buenos días! ¿Qué de…?-se paró en seco, boquiabierto, al verme con Meredy en brazos y al lado de Eirik-. Qué bien te lo tenías callado…-insinuó, con una media sonrisa, mirando primero al joven y después a la niña.

-No es lo que tú crees-dije y me apresuré en aclarar la situación, contándole cómo habíamos encontrado a Meredy y que habíamos decidido recorrer la ciudad buscando a sus padres-. Tengo hambre-dijo la niña, y es que la panadería estaba inundada de un delicioso aroma a pan y dulces recién horneados. Matius le regaló un bollito que Meredy comenzó a devorar con ganas, como si hiciera días que no probaba bocado-. Qué adorable-dijo el panadero, quién había tenido tres hijos varones y se había quedado embobado con la inocente e infantil sonrisa de la pequeña, rascándose la cabeza-. Lo cierto es que, después de que te fueras, Fribba, tuve que salir a hacer ciertos recados y mi hijo mayor se quedó a cargo del negocio. Puedo preguntarle si sabe algo, pero hoy hemos tenido bastantes clientes, no sé si se acordará.

Matius entró de nuevo en la trastienda. Acaricié el pelo de Meredy mientras ésta se relamía los dedos, y minutos más tarde apareció el panadero acompañado por Berart, su hijo menor, un muchacho alto, delgado y con una desordenada melena de color castaño oscuro que le caía sobre los hombros. Su padre le contó la historia, tras la cual observó a Meredy durante unos segundos. –Creo recordar…-contuve la respiración, esperando que fuesen buenas noticias-, creo que la he visto antes sí. Un matrimonio joven estaba con ella; la mujer era pelirroja, con el pelo largo… Como tú, Frib-concluyó, señalándome-. Me pareció escuchar que tenían que mirar algo en la plaza del mercado. Siento no ser de más ayuda…-se disculpó.

Abandonamos la panadería, agradeciendo a Matius y a su hijo por la nueva información. Como había dicho, el rastro parecía continuar hacia la plaza del mercado, quizás había sido poco después de estar allí cuando Meredy se había separado de sus padres, supuse. La calle del mercado estaba tan llena de gente como la primera vez que había estado allí aquella mañana. Un hombre bestia, con rasgos de gallo, ataviado con un delantal y gorro de cocinero intentaba atraer a los clientes dejando escapar un cacareo de tanto en tanto cuando hablaba. -¡Un pájaro!-gritó Meredy, señalándolo.
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Eirik Argyle el Vie Ago 15 2014, 00:49

Aclaraciones:
Las acciones, reacciones, expresiones y diálogos de Fribba están pactados con su user

Hambre, ahora la niña tenía hambre. El licántropo suspiró, las visitas a los comercios anteriores no habían servido de nada, solo para saber que los susodichos padres de la cría estaban en el mercado, o al menos lo estuvieron por la mañana antes de abandonarla. Y para colmo del asunto, habían creído varias veces que la cría que ahora sabía que se llamaba Meredy, era suya, suya y de Fribba ¡Y que más! ¡¿Es que acaso tenía cara de padre o algo así?! No, ni de broma…

-¡Un pájaro!-gritó de repente Meredy señalando una paradita, de la que Eirik conocía perfectamente el olor

<< Anda que no… >>río para sí, pues se trataba de la parada donde había comprado un pollo aquella mañana. La parada del pollo que vendía pollos… Eirik miró a la niña en brazos de Fribba, se había llevado un dedo a la boca y con ojitos brillantes miraba los pollos que estaban dorándose al fuego, él suspiró, no hacía falta ser un licántropo para que se te despertase el estómago por aquel delicioso olor. Se adelantó a Fribba que se lo quedó mirando-. La niña tendrá que comer algo ¿No te parece? -preguntó retóricamente de manera arisca, cuando Fribba le preguntó a donde iba. Sin añadir nada más se abrió paso entre la multitud, sin poder evitar dar fuertes empujones a algún que otro listillo que lo empujaba para apartarlo, no fueron demasiados, ya que al ver que a los listillos que se les ocurría poner un dedo fingiendo ser un accidente sobre el licántropo acababan en el suelo, los listillos que habían pensado en hacer lo mismo que los primeros se abstuvieron de hacerlo y fueron a empujar a otras personas menos imponentes.

-Oh… Poc, poc poooooOOooc… ¿Estaba a su gusto el pollo caballero? CococOOoo –preguntó el vendedor gratamente sorprendido al ver de nuevo a Eirik allí, él asintió, de ser alguien más agradable habría sonreído y habría alabado los artes culinarios del cocinero, pero Eirik no era agradable.

-Ponme dos más… -pidió secamente alzando dos dedos, el gallo removió sus plumas abriendo el pico satisfecho

-CocOoOOoo… Enseguida –canturreó contento cacareando y sirviendo el pedido como lo había hecho la vez anterior, Eirik suspiró, sabía que no era culpa del vendedor, pero aquella manía de cacarear antes y después de cada frase lo irritaba un poco-. ¿Querr…? -

-Sí. –interrumpió secamente, el vendedor dio un pequeño respingo y ladeó un poco la cabeza mirándolo de reojo con sus ojos separados en algo parecido a una mueca de incertidumbre.

-PooooOooooOOok…- Al ver aquella reacción Eirik se había dado cuenta de lo cortante que había sido así que se cruzó de brazos y suspiró

- Por favor… -finalizó de forma menos rasposa, el hombre gallo con el pico abierto aun asintió lentamente y prosiguió con su trabajo

-Aquí tiene señor, serán 16 aeros. CoocoooCooooOo… -Eirik pagó, luego notó como alguien le tiraba con timidez de la pierna del pantalón, miró hacia abajo y vio a la pequeña Meredy asomándose, instintivamente miró a Fribba que estaba a unos pasos por detrás con una mirada en la que claramente se leía un “¿Por-que-me-has-soltado-a-la-niña?”, en respuesta la joven pelirroja se encogió de hombros con una sonrisa divertida.

-Tengo hambre… -insistió Meredy de forma lastimera tirándole de la tela

-Sí… Ya va, ya va… -refunfuñó Eirik moviendo la pierna para que la niña se soltase, pero consiguió el efecto contrario, pues la niña se abrazó a su pierna y se estrujó contra ella-. Joder… -sopló en un susurró de fastidio-. Venga, va suéltate… -gruñó de manera arisca moviendo la pierna

-No. Tengo hambre –se quejó la niña inflando las mejillas y apretándose más contra la pierna del licántropo, que abrió la boca para soltar una maldición, afortunadamente fue interrumpido por el vendedor

-OOooOoohh… Pooook cooooo… Que polluela más tierna… -comentó cariñosamente tirandole de un moflete a la niña, luego miró a Eirik-. CococOooo… Felicidades, su hija tiene sus mismo ojos pooooOoook –aseguró el vendedor con simpatía, el supuesto padre bufó al borde de la pérdida total de paciencia, haciendo que unos mechones de pelo que le caían despeinados sobre la frente se revolviesen en el aire

-No es mi hija –gruñó con cierto rechazo, el pollo volvió a mirarlo confundido y empezó a disculparse

-OooOohhh Coooo…Menuda lastima, pensé que… -

-Pues no. –volvió a cortarlo en medio de la frase, entre la niña agarrada a su pierna como una garrapata y el hombre-pollo y sus deducciones, Eirik pensaba que estallaría furioso en cualquier momento

-Tengo hambre –insistió de nuevo la niña tirándole de la ropa otra vez, él la miró con los nervios crispados

-Ya te he oído –refunfuñó y volvió a mirar al vendedor-. La he encontrado en un callejón, sola y estoy buscando a sus padres ¿No los habrás visto por casualidad? –preguntó intentando mantener la calma, pero otro tirón de ropa apuñaló a otra pizca de su ya muy escasa paciencia

-Quiero comer, dame de comer… -siguió pidiendo Meredy de forma lastimera, el licántropo ni se molestó en mirar a la niña, tan solo frunció más el ceño, respiró hondo y soltó el aire, al borde de un enfado monumental, al mismo tiempo que podía escuchar a unos pasos tras él a Fribba riendo divertida al ver el panorama, y el vendedor examinando el rostro de la criatura.

-Cocococococococo…Hummm… Sí que me suena de haberla visto antes sí…PoooK –comentó a decir pensativo el pollo mirando fijamente a la niña, más o menos a su altura, Meredy al ver al pollo tan cerca de ella se escondió detrás de Eirik

<< Bien, así se callará… >>pensó aliviado, el hombre gallo volvió a levantarse y se cruzó de alas

-Creo que sus padres eran mercaderes, juraría que me compraron unas croquetas, un par de bocadillos y una bandeja de canelones…Cococo… -respondió pensativo frotándose la parte inferior del pico, el lugar donde iría el mentón, se dio un momento la vuelta para girar unos pollos mientras decía-. Si no me confundo les escuché decir que irían a la herrería a intentar vender unas piedras semipreciosas o algo así para decorar no sé qué armas.. Poook.. –volvió a atender al licántropo y a la niña

-Tengo hambre… -insistió de nuevo la pequeña, Eirik esta vez se limitó a mirar a la cría de reojo

-Sí… CocococOOOo… Fue esta mañana, muy temprano la verdad. Les recomiendo que vayan a comer tranquilamente, a estas horas la herrería está cerrada, pero no se preocupe, volverán a abrir a la tarde. CoooOOooooo –recomendó el hombre gallo, Eirik le dio las gracias, se despidieron y el vendedor volvió a su trabajo. El licántropo se dio la vuelta y dio un respingo al casi chocar con Fribba que se había puesto peligrosamente cerca de él

-¿Has descubierto algo? –preguntó ella con interés, él chasqueó la lengua de mal humor

-Más o menos –luego señaló a su pierna-. Quítame a esto de encima ¿Quieres? –pidió de forma gruñona señalando a la niña que estaba fuertemente aferrada a su pierna, Fribba rió y volvió a coger en brazos a Meredy

-Tengo hambre, mucha hambre… -siguió quejándose la niña pelirroja, Eirik una vez más se adelantó a ella y la joven pelirroja de nuevo se lo quedó mirando y preguntó a donde iba

-A buscar un sitio donde podamos comernos esto, a ver si así la niña se calla de una vez –gruñó de forma arisca. Ella no le dio demasiada importancia al asunto y le explicó algo sobre un lugar muy tranquilo, bonito y donde no solía haber mucha gente que conocía desde que era muy chiquitina. Él licántropo la miró levantando una ceja con incredulidad

-Por mí como si quieres irte a Dundarak a comer, pero ¿Te importaría que nos diésemos prisa? –Pidió con sarcasmo, luego se cruzó de brazos-. Quiero acabar con este asunto lo antes posible –continuó protestando, tras unos cuantos reproches por parte de Fribba, referentes a su manía de alejarse de la gente, se pusieron en camino.

Era la hora de comer y lejos de vaciarse las calles sucedía todo lo contrario, cada vez había más aglomeraciones de gente, y eso agobiaba al licántropo. Cada vez echaba más de menos, la paz y la tranquilidad de la Arboleda, definitivamente, en cuanto finiquitase el asunto de la niña volvería allí. Y si se encontraba a alguien de su anterior manada y tenía que pelearse hasta le muerte, mala suerte, es lo que había.

Esta vez el que iba unos pasos por detrás era él, pues a saber dónde Fribba querría llevarlo a comer, tampoco le importaba, en aquel momento con todo lo que había desayunado y lo poco que se había movido en verdad, no tenía hambre. Vio que de tanto en tanto Meredy que seguía en brazos de Fribba aferrada a ella como un bebe de mono, se iba asomando desde el hombro de la joven para mirarle con curiosidad siguiendo el siguiente proceso; se asomaba, le miraba, se sonrojaba, sonreía mucho y se volvía a esconder entre risitas para luego hacer lo mismo una y otra vez.

<< ¿Y ahora qué coño le pasa? >>se preguntó extrañado, frunciendo un poco el ceño y arrugando ligeramente la nariz. Nunca había comprendido el comportamiento de los niños y pensó que nunca llegaría a hacerlo, tampoco le importó, pues jamás pensó que lo necesitaría.
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Fribba Hedevary el Vie Ago 15 2014, 17:59

Spoiler:
Las acciones, expresiones, reacciones y diálogos de Eirik han sido pactados con su user

Meredy seguía teniendo hambre, algo que no era de extrañar, ya que el delicioso olor a pollo que provenía del puesto del hombre bestia hacía que despertase el apetito a cualquiera. Incluso yo empezaba a notar que volvía a tener hambre. Eirik se adelantó y le pregunté a dónde iba, abriéndose paso a empujones de la gente que pasaba por la calle del mercado. -La niña tendrá que comer algo ¿No te parece?-contestó de manera algo arisca y le seguí. Algunas de las personas que se atrevieron a empujarle para pasar acabaron en el suelo. ‘’Menuda mala leche tiene’’, fruncí el ceño, tras disculparme con un joven que se ponía de pie y que me miró con cara de pocos amigos. -¡Vigila a tu marido!-me soltó, de forma brusca, haciendo una mueca antes de continuar con su camino. Aquello de que pensasen que éramos un matrimonio empezaba a mosquearme.

Eirik hablaba con el señor hombre-gallo cuando me acerqué hasta donde estaban, unos pasos detrás, con Meredy en brazos. La pequeña empezó a moverse, queriendo soltarse de mis brazos, con los ojos muy abiertos puestos en los pollos. -¡Bájame, bájame!-ordenó, impaciente. La dejé en el suelo, con cuidado, y correteó hasta donde estaba Eirik, tirándole de la tela del pantalón. El joven me miró, con una expresión indescifrable en su rostro y yo me encogí de hombros, con una mirada que decía ‘’Toda tuya’’, sin poder reprimir una sonrisita divertida. Eirik intentaba liberarse del abrazo de la niña, pero sólo conseguía que esta se quejase más por el hambre que tenía. Puse las manos tras la espalda, balanceándome, observando el espectáculo. ‘’A ver cómo te las apañas’’, pensé sin malicia, quizás había sido demasiado cruel dejando libre a la niña para que fuera a molestar a Eirik, con la poca paciencia que éste parecía tener. Aunque, de momento, no sólo no había estallado, si no que hablaba con el hombre bestia, quien se acercó para observar a Meredy. ‘’Puede que él sepa algo’’, caminé hasta ponerme tras él, curiosa.

-¿Has descubierto algo?-pregunté con interés cuando se dio la vuelta.

-Más o menos –luego señaló a su pierna-. Quítame a esto de encima ¿Quieres?

-Menudo genio tienes…-reí, divertida, y me agaché para coger de nuevo en brazos a la niña, la cual se seguía quejando por el hambre y se llevaba el pulgar a la boca, con ojos llorosos. -¿A dónde vas?-le pregunté al joven al ver que se alejaba de nuevo-.-A buscar un sitio donde podamos comernos esto, a ver si así la niña se calla de una vez- me quedé pensativa unos segundos, recordando algún lugar en Lunargenta donde pudiéramos comer tranquilamente, lejos del alboroto de la gente-. ¡Ah, ya sé! Sé de un lugar muy bonito y tranquilo, no suele ir mucha gente. Recuerdo que cuando era pequeña iba a menudo a jugar allí…

-Por mí como si quieres irte a Dundarak a comer, pero ¿Te importaría que nos diésemos prisa? –pidió él con sarcasmo, luego se cruzó de brazos-. Quiero acabar con este asunto lo antes posible.

-Que sí, que sí-bufé pasando a su lado para guiarle hasta el sitio que tenía en mente. Abriéndome paso como pude entre la gente, cruzamos la plaza del mercado y tomamos una calle que ascendía ligeramente por una cuesta, para después girar a la derecha y entrar por una callejuela en la que apenas llegaba la luz del sol por la ropa tendida en las cuerdas que cruzaban de una ventana a otra. Meredy de vez en cuando levantaba la vista de mi hombro para, supuse, mirar a Eirik que iba detrás de nosotras y volvía a esconder la mirada, entre risitas. ‘’Qué mona es’’, pensé, con una sonrisa. Todavía no podía creer que alguien pudiera haberla abandonado a su suerte, sin preocuparse de si estaría bien o no. ‘’Encontraré a tus padres, pequeña, te lo prometo’’, juré para mí, y no me separaría de ella hasta entonces.

La callejuela desembocó en una calle que bajaba perpendicular a ésta. Tomamos aquel camino durante algunos metros hasta llegar a otra plaza en la que la mujer de la cesta de flores vendía un ramo de claveles a una señora mayor. Al pasar, Meredy la saludó con la mano y la mujer le sonrió. Los bancos estaban ocupados por personas que charlaban animadamente, varios niños jugaban a perseguirse entre ellos y a ser caballeros con palos de madera, dos soldados paseaban vigilando la zona para que no hubiera incidentes. Al pasar delante de la gente, algunos nos seguían con la mirada, para nuestra incomodidad; sabía que, al igual que había ocurrido antes, si no nos conocían ni sabían de nuestra situación podían sacar conclusiones equivocadas.

Me apresuré en recorrer la plaza con paso rápido y torcí a la derecha, echando a andar por un callejón, para luego girar a la derecha de nuevo y adentrarme en otro bastante estrecho. Sorteé algunas cajas que había tiradas en el suelo, escuchando a Eirik resoplar. –Estamos llegando ya, no te quejes tanto-repliqué al oír sus protestas.

El callejón terminaba en una pequeña placita sin salida, rodeada por casas, y daba la sensación de llevar algunos años abandonada: algunos de los bancos de piedra estaban destrozados, la fuente que había en el medio ya no tenía agua y los árboles habían crecido sin control, entrelazando sus ramas y sus hojas, creando una bóveda natural que ofrecía una fresca y agradable sombra, como un pequeño bosque en mitad de la gran ciudad. Algunas malas hierbas y flores habían comenzado a crecer entre las losas del suelo y varias mariposas revoloteaban sobre ellas. Meredy dio un gritito de emoción y tuve que dejarla en el suelo antes de que ella misma saltara para perseguir a las mariposas. –Solía venir a jugar aquí cuando era pequeña-volví a decir-. Ya casi nadie viene por aquí…-tomé asiento en uno de los bancos que aún no había sido afectado por el paso del tiempo. -¡Meredy!-llamé a la niña que observaba a una blanca mariposa, como un gato que vigila a su presa antes de abalanzarse sobre ella; la pequeña cerró sus manos en torno a la mariposa y las miró después con desilusión al ver que no había logrado atraparla. –Meredy, venga, ¿no tenías hambre?-abriendo el recipiente, pero parecía que a la pequeña se le había pasado el apetito y sólo tenía ganas de jugar-. Será posible…-murmuré, dejando el recipiente con el pollo sobre el banco. Primero se comía, después se jugaba, así me habían educado desde que era pequeña. Sin embargo, la niña se tomó el que yo me levantara y caminara hacia ella como un juego y, entre risas, echó a correr al otro lado de la plaza, alejándose para que yo la persiguiera. -¡Meredy!-la seguí alrededor de la fuente.

Al verme tan cerca de ella, gritó y salió corriendo hacia donde estaba Eirik, escondiéndose detrás de él. -¡Te cogeré!-la seguí hasta donde estaba el joven, alargando los brazos, al final me había unido a su juego. Ambas acabamos dando vueltas alrededor del joven, hasta que éste perdió los nervios y nos ordenó que parásemos. Meredy se quedó quieta, llevándose el pulgar a la boca y haciendo pucheros. –Eres un aguafiestas-le reñí después de alzar a Meredy, quien había venido corriendo a abrazarse a mí-. La has asustado con ese tono de voz-le acaricié el pelo a la pequeña que había hundido el rostro en mi hombro-. No le hagas caso, Meredy, vamos a comer. ¿Tienes hambre, no? ¿Quieres pollo?
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Eirik Argyle el Vie Ago 15 2014, 20:36

Aclaraciones:
Las expresiones, reacciones, acciones y diálogos de Fribba están hablados con la user

El día se le estaba haciendo tedioso, más que eso, se le estaba haciendo cansino. A penas era medio día y parecía nunca acabar, en lo único que pensaba era en encontrar a los padres de aquella inquieta niña. Resopló hacer de canguro era agotador, no pensaba repetirlo nunca mas

–Estamos llegando ya, no te quejes tanto-replicó Fribba al escucharle bufar, posiblemente pensaba que se estaba quejando del camino, Eirik refunfuñó algo tan bajito que resultó inteligible incluso para él, entonces Meredy volvió a asomarse desde el hombro de Fribba y le hizo un poco de burla para jugar. El licántropo al verlo frunció el ceño un poco con extrañeza y después le sacó la lengua, al ver su respuesta la niña rió y volvió a esconderse entre los brazos de la pelirroja. Eirik medio sonrió un poco sin darse cuenta.

Finalmente llegaron a la misma plaza de antes, donde aquella mujer tan fisgona que vendía flores había insinuado que era el padre de la niña, ella seguía allí ahora intentaba engatusar a una anciana, al pasar por su lado, la niña la saludó con la mano risueña y la mujer le devolvió el saludo con una sonrisa

<< No la mires así, no. Que no pienso comprarte una jodida flor… >>pensó malhumorado, por el simple y mero hecho de que la mujer que vendía flores era humana. Y por lo tanto seguro que tenía algún tipo de interés en ser amable.

Se internaron a través de unas callejuelas que terminaban en otra plaza sin salida, alejada de todo el bullicio de la ciudad. Tan apartada de todo el mundo que ya nadie iba, los árboles y las plantas habían crecido salvajes sin el control ni el cuidado de nadie, si antes habían estatuas ahora estaban hechas pedazos y abandonadas por el suelo al igual que los bancos. Las copas de los arboles eran tan frondosas que se entrelazaban las unas con las otras, reinaba el silencio por aquella zona, donde al no haber nadie estaba plagado de insectos de todo tipo y color que revoloteaban de un lado a otro, igual que pequeños roedores como ardillas y pequeños ratones, además algún que otro lagarto.

Fribba tomó asiento en uno de los bancos de piedra que habían sobrevivido el paso de los años, al mismo tiempo que relataba que solía ir de niña a aquel lugar a jugar. Eirik manteniendo las distancias la miró en silencio de arriba abajo, fue una mirada en general, sin un objetivo concreto realmente, acto seguido miró un poco a su alrededor, buscando un lugar adecuado donde sentarse.

Después de esto se dio la vuelta y se alejó unos metros hasta llegar al lugar que había escogido para sentarse, en el suelo a los pies de una roca lo suficientemente grande para apoyar su espalda y ya de paso echó hacia atrás su cabeza apoyándola en la roca, ignorando por completo lo que decía Fribba a la niña. Entre cerró los ojos a gusto con la fresca brisa que pasó removiéndole suavemente el cabello de su flequillo. Aquel pequeño bosque artificial alejado del bullicio de la ciudad, se le antojaba como si hubiesen cogido un pedazo de su querida Arboleda y lo hubiesen plantado allí...



El sonido de unas risas junto a los gritos de la niña y algunas bromas de Fribba hicieron que se despertase, y lo que encontró lo dejó más confundido de lo que solía estar cuando se despertaba tras uno de sus ataques, Fribba y Meredy no dejaban de dar vueltas corriendo a su alrededor, como si estuviesen persiguiéndose eternamente la una a la otra en un bucle infinito. Se mantuvo quieto y en silencio un rato observándolas, pensando que ya se cansarían, pero que va. Parecía que nunca se les agotaban las energías

-¡Estaros quietas de una puta vez! –acabó exclamando una vez perdió la paciencia, harto de ver a las dos pelirrojas dando vueltas a su alrededor y dando gritos. Ambas dieron un respingo y se detuvieron de golpe, Fribba mirándolo con sorpresa y reproche, Meredy llevándose el pulgar a la boca y haciendo pucheros al borde del llanto

–Eres un aguafiestas-riñó la joven con los brazos en la cintura y meneando la cabeza con desaprobación. Meredy corrió y se abrazó a ella con lágrimas en los -. La has asustado con ese tono de voz-continuó espetándole al mismo tiempo que acariciaba el pelo a la pequeña que había hundido el rostro en su hombro, a la vez que Eirik se levantaba y se alejaba más de ellas refunfuñando

-La niña es cosa tuya, así que a mí no me vengas con gilipolleces. –le recordó de manera antipática, buscando otro lugar donde pudiese estar tranquilo. Fribba protestó y luego siguió consolando a la pequeña, Eirik encontró otro buen lugar donde sentarse, a los pies de un gran sauce llorón, no muy alejado de ellas, por lo que de paso podía vigilar que Fribba no se despistase y perdiese a la niña.

Desde la distancia observó como la pelirroja trataba de calmar a la niña, con palabras suaves y bromas que no parecían surtir efecto alguno

<< A lo mejor si me he pasado un poco… >>pensó empezándose a arrepentir un poco, frunciendo los labios y ladeando un poco la cabeza. Al fin y al cabo, por lo que recordaba de su infancia y por lo que le habían explicado los mayores de la manada, él mismo fue un niño extremadamente inquieto, uno de los más revoltosos y vivarachos de la manada, a pesar de ser el único allí que no había nacido licántropo. Fribietta consiguió que Meredy dejase de llorar, y el lobo suspiró un poco más aliviado al ver que la humana había conseguido que incluso comenzase a comer. Más tranquilo volvió a acomodarse a los pies del árbol, observando a las chicas comer y reír.

Medio sonrío al observarlas, obligado a admitir que era agradable verlas, acto seguido suspiró, adoptando de nuevo su habitual expresión entre tranquila y medio adormecida, siguió con la mirada a una abeja que pasó zumbando delante suyo y se posó en una flor a la que se quedó mirando mientras el insecto hacía su trabajo de polinización. Cuando el insecto se marchó, volvió a seguirlo con la mirada, no por nada en concreto si no por mirar algo, apoyó la cabeza en el tronco del árbol y siguió mirando el lugar hacia donde la abeja había machado, una fuente medio rota que ya no contenía ni pizca de agua. Miró de reojo a su izquierda al escuchar a alguien acercándose, miró a ese alguien; era Fribba.

Estaba de pie delante suyo con una de las bandejas de pollo que habían comprado, Meredy estaba detrás de ella abrazada a su pierna y con los alrededores de la boca manchados por los restos de comida, lo miraba con curiosidad pero al mismo tiempo algo intimidada por el grito que le había dado hacía un rato. Eirik alzó de nuevo la mirada y la posó en Fribba medio adormilado, aguardando a ver qué era lo que quería. Ella se agachó delante de él y le ofreció su parte de la comida, le dijo algo en tono suave a lo que él no hizo demasiado caso y al no obtener respuesta alguna por parte de Eirik, la joven suspiró y se fue a jugar con la niña.
Él la siguió con la mirada sin saber muy bien que pensar, de repente parecía enfadada con él, como tan pronto parecía que no ¿En qué quedábamos? En cualquier caso, el licántropo no hizo más caso que eso a las palabras de la joven, así que comenzó a comer tranquilamente.

En un momento dado, cuando Fribba terminó de darle de comer a Meredy, ella misma comenzó a comer, mientras la niña comenzaba a perseguir mariposas. Eirik la siguió con la mirada en silencio vigilando que no se alejase demasiado, al mismo tiempo que comía. De repente Meredy se detuvo y miró al suelo, río divertida y comenzó a perseguir algo

<< Una lagartija >>reconoció él según su olfato, pues lo tenía tan desarrollado que no tenía necesidad de olfatear nada para notar el olor del reptil y demás alimañas que tenían cerca. La cría persiguió la lagartija hasta que se subió a un árbol, a los pies del cual Meredy hizo una mueca de decepción y se sentó en el suelo de brazos cruzados y haciendo pucheros de nuevo. Al verlo Eirik dejó de comer se relamió los dedos y se levantó, encaminándose hacia la fuente.

-Ya no queda agu… -comenzó a advertirle Fribba de lejos, pero al ver que la ignoraba se enfurruñó y lo dejó por perdido, pero siguió observándolo al ver que no era agua lo que al parecer buscaba.

Eirik, escudriñó la superficie de la piedra y se agachó un poco al encontrar su objetivo, una pequeña lagartija de color verde claro, con motitas azules en el lomo que tomaba el sol sobre la piedra. Sigilosamente y con cuidado de no alertar al animalillo, Eirik metió los pies en el interior de la fuente seca y se agazapó quedando lejos de la vista de la presa a la que agachado comenzó a acercarse por la espalda y sin hacer ningún ruido. Medió sonrió con algo de nostalgia, sabía que aquella escurridiza lagartija no se le escaparía, pues de niño solía atraparlas por diversión como cualquier niño licántropo que se entretenía o peleándose con otros niños o cazando presas irrisorias como aquella. Cauteloso espero el momento oportuno, para atrapar entre sus manos al reptil con un rápido pero cuidadoso movimiento. Esta vez no quería matar a su presa. Se levantó y salió del interior de la fuente seca con el animalillo correteando por el interior de sus manos. Caminó hacía la niña que seguía sentada en el suelo, enfurruñada y de brazos cruzados sin dejar de hacer pucheros, al verle venir, la niña levantó la mirada con ojos lastimeros, posiblemente esperando algún grito por su parte, sin embargo cambio a una cara de curiosidad cuando él se arrodilló delante de ella. A Meredy se le iluminaron los ojos al ver lo que el licántropo le enseñaba que llevaba entre las manos con una inconsciente sonrisa

-¡Lagartija! –chilló la niña ilusionada y Eirik tuvo que volver a cerrar las manos para que el animalillo no se escapase, cuando lo notó algo más tranquilo, se llevó un dedo a los labios;

-Shhh… Que lo asustas… -advirtió a la pequeña con un tono sorprendentemente suave, la niña cogió aire y se llevó las manos a la boca para tapársela, mirando ilusionada como en manos del licántropo, la lagartija recuperaba el ritmo de respiración normal y daba un par de pasos. Cuando Eirik lo vio oportuno, tomó una de las manos de la niña y con suavidad hizo que pasase los dedos sobre el lomo de la lagartija que caminó un poco más por las palmas de las manos del joven, de nuevo Meredy ilusionada reprimió otro grito de sorpresa, cuando Eirik vio que la niña acariciaba ella sola al reptil con cuidado de no chafarlo, la cogió del brazo y puso su palma hacia arriba-. Cuidado ahora, tienes que estarte quietecita y no asustarte o podrías hacerle daño –la advirtió en el mismo agradable tono que parecía mentira que alguien tan áspero como él pudiese poseer, la niña asintió obediente y Eirik acercó su mano a la de la pequeña, empujó un poco a la lagartija hasta que ella misma se subió a la mano de la pequeña que río feliz. La niña después de acariciar al reptil se volteó hacia Fribba levantando el brazo en un intento inútil de enseñarle la criaturita a la joven pelirroja, la lagartija saltó del brazo de Meredy y huyó hasta esconderse debajo de unas rocas

-Oh… No esta… -observó Meredy confundida mirando al licántropo de forma confusa pidiendo una explicación, él la miró y sonrió un poco

-Se ha ido a casa, porque está cansada –respondió sin más, aquello pareció convencer a la niña, que volvió a girarse hacía Fribba

-¡Se ha ido a casa! –le explicó a gritos a la joven de manera alegre, Eirik que seguía arrodillado, miró a Fribba con una media sonrisa y se encogió de hombros, al ver la expresión de la pelirroja, la cual no supo interpretar, pero por como los miraba debía de ser algo bueno.
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Fribba Hedevary el Lun Ago 18 2014, 20:00

Spoiler:
Las acciones, expresiones, reacciones y diálogos de Eirik han sido pactados con su user

Las lágrimas recorrían los ojos de la pequeña Meredy, asustada por el repentino grito de Eirik, abrazada a mí nos sentamos en el banco de piedra donde había dejado la bandeja que contenía el pollo. La senté a mi lado y traté de calmarla. –No le hagas caso, es un gruñón-bromeé con ella, pero no parecía tranquilizarla. Torcí el gesto, enfadada; Meredy era una niña, era pequeña, por mucho que pudiera molestarle sólo era un juego. ‘’No hacía falta que le hablara así’’, pensé, secándole las lágrimas a Meredy con los dedos. Continué hablándole, le hice cosquillas, puse caras graciosas, todo lo que se me ocurrió hasta conseguir arrancarle una adorable sonrisa que me hizo sentir más aliviada. –Ahora hay que comer, ¿vale? Que tienes que crecer mucho-dije con voz cálida abriendo el recipiente y partiendo un pedacito de pollo con las manos. -¡Yo como sola!-dijo cogiendo el trozo de pollo y llevándoselo a la boca para devorarlo, como si estuviese de nuevo muerta de hambre. Sonreí al ver que se chupaba de los dedos la grasa del pollo y para después coger una de las patatas.

De vez en cuando miraba de reojo a Eirik, que se había acomodado a los pies de un sauce llorón, entre enfadada aún y arrepentida. ‘’Igual me he pasado un poco…’’, me mordí el labio; era normal que el joven hubiera reaccionado de aquella forma si no estaba acostumbrado a los niños, y ponernos a jugar a perseguirnos a su alrededor había tenido que ser de lo más molesto. –Ven, Meredy-le dije, cogiendo entre mis manos la otra bandeja de pollo.

La pequeña me siguió hasta el sauce llorón, donde Eirik estaba, quedándose detrás de mí, suponía que algo asustada aún por su grito. Me agaché y le acerqué la bandeja. –Tú también deberías comer, ¿no?-le dije en voz suave esperando una respuesta; al no obtenerla, me di por vencida y me encogí de hombros, deposité la bandeja a su lado y le di la mano a Meredy para volver al banco. La niña no dejaba de observar las mariposas e intentar cazarlas, viniendo de vez en cuando a por otro trocito de pollo, hasta que dijo que no quería más y le limpié los restos de grasa y comida de los dedos y la cara.

Yo misma empecé a comer mi parte del pollo, saboreando su sabor ligeramente especiado. ‘’Voy a tener que ir más veces a por uno de éstos’’, anoté mentalmente, en todos los años que llevaba viviendo en Lunargenta nunca había probado los pollos del hombre bestia. Meredy se divertía persiguiendo a todo bicho viviente de aquel pequeño bosque y, en concreto en aquel momento, una lagartija, la cual huyó hasta lo alto de un árbol. La niña se sentó de brazos cruzados en el suelo, con una expresión en el rostro que anunciaba un nuevo llanto, y Eirik se levantó, encaminándose hacia la fuente. –Ya no queda agu…-quise recordarle desde donde estaba; sin embargo el joven me ignoró y torcí el gesto, sin dejar de observarle. ‘’¿Y qué demonios se le ha perdido ahora a éste en la fuente?’’

No tardé mucho en darme cuenta del objetivo de Eirik: una pequeña lagartija que había sobre la superficie de piedra de la antigua fuente, la cual atrapó con un movimiento rápido para después salir y mostrársela a Meredy, que seguía sentada en el suelo, cabizbaja y de brazos cruzados, con ojos llorosos. Meredy chilló, ilusionada, al ver la lagartija que Eirik tenía entre las manos y a continuación se tapaba la boca con las manitas, para no hacer ruido. El joven llevó los dedos de la pequeña hasta el lomo de la lagartija para que la acariciase, con ojos llenos de ilusión. Con la bandeja de pollo en el regazo, me había quedado observando la enternecedora escena con boquiabierta: aquél era el Eirik amable que yo recordaba, con el que había luchado codo con codo contra los horrores de la mina para escapar con vida de ella, el que se había preocupado por mí y que distaba mucho de su otra parte arisca y malhumorada, que había gritado a la pequeña Meredy y que se había atrevido a insinuar que debería haberme dejado con el pie atrapado bajo una roca ‘’por gilipollas’’. Sonreí cuando Meredy alzó su manita para mostrarme a la lagarija, pero ésta saltó de ella y desapareció.

-Se ha ido a casa, porque está cansada –respondió Eirik a la confusa Meredy.

-¡Se ha ido a casa!-gritó alegre, a lo que respondí con una sonrisa aún más amplia. No pude reprimir una risita cuando Eirik se encogió de hombros al mirarme. ‘’En el fondo es un cielo’’, pensé, aunque eso era algo que nunca diría. Decidí que ya era hora de proseguir con la búsqueda de los padres de Meredy, por lo que me acerqué a ellos y ayudé a la pequeña a ponerse en pie. -¿Continuamos?-sugerí con voz suave y alegre. Meredy pataleó y protestó, pues quería seguir cazando lagartijas y mariposas, pero al final logré que me dejara cogerla en brazos de nuevo con la promesa de que volveríamos al pequeño bosque a jugar. Eirik olfateó la figurita en forma de lobo de Meredy y nos pusimos en camino, dejando atrás el callejón que llevaba a la plaza abandonada y atravesando otra callejuela que había a nuestra derecha.

-¿Cómo te llamas?-preguntó entonces Meredy, mirándome a los ojos mientras jugaba con uno de los mechones de mi pelo. ‘’Es verdad’’, caí entonces de que no nos habíamos presentado y que la niña no conocía nuestros nombres-. Yo me llamo Fribba-le dije, sonriente-. ¿Fri-bba?-repitió ella, inocente, y asentí. Señaló a continuación a Eirik que iba por delante de nosotras-. ¿Cómo se llama?

-Él se llama Eirik-dije, pronunciando el nombre del joven lo más claro posible.

-¿Eini?

-No, tesoro-moví la cabeza-. Eeeiiiiriik.

-Eeeeeeiiiiiiiriiiiiiik-dijo, alargando cada una de las vocales de su nombre. Giró la cabeza hacia el joven y alargó los brazos-. ¡Eeeeeiiiiriiiiik, Eeeeiiiiiriiiiik!

-Creo que quiere ir contigo un rato-sonreí, con cierta malicia, cuando éste se volvió y dejé a Meredy en sus brazos antes de que le diese tiempo a refunfuñar. La niña no pesaba mucho, pero después de un rato llevándola mis brazos me comenzaban a doler.

Durante el trayecto, Meredy se entretenía en los brazos de Eirik sacándome la lengua y escondiendo la cara para que no la viera, entre risitas, o cogiendo mechones de pelo del joven entre sus manos y entrecruzándolos, en un intento fallido de hacerle una trenza, y gritaba con ilusión cada vez que veía algún gato, perro o cualquier otro animal, señalándolo.

Eirik se detuvo en la puerta de la herrería, un lugar que olía a sudor, a metal y a calor, unido con los golpes rítmicos de los martillos al golpear el hierro. Me adelanté para echar un vistazo al interior del negocio para buscar a su dueño, seguida de Eirik que llevaba en brazos a la niña. Un hombre de mediana edad, calvo, con un espeso bigote negro salió a recibirnos: frunció el ceño y torció el gesto, poniendo cara de pocos amigos, al verme a mí primero y después a Eirik y a la niña-

-La juguetería está dos calles más abajo-dijo sin más con voz áspera y se dio la vuelta, dando por terminada la conversación.

-¡Espere!-le llamé antes de que desapareciera-. No venimos a por juguetes-me crucé de brazos; el herrero también había pensado que Meredy era hija nuestra-. Estamos buscando a los padres de la niña, la encontramos perdida cerca de la plaza del mercado-el hombre se giró de nuevo hacia nosotros, interesado-. Nos han dicho que es posible que sus padres estuvieran por aquí, vendiendo unas piedras semipreciosas o algo por el estilo ¿es posible?

-Sí, vinieron por aquí-dijo secamente. Alcé una ceja de brazos cruzados aún, dándole a entender que aquello no era suficiente información. El herrero carraspeó-. Quisieron vender unas piedras que resultaron ser pedruscos sin valor-miró por encima de mi hombro hacia Meredy-. La mocosa aquella-entrecerré los ojos y apreté los puños al oír que se refería de aquella manera a Meredy-, no dejaba de berrear  y llorar diciendo que quería irse y me preguntaron dónde estaba la juguetería. Debería ir a preguntar allí en vez de hacerme perder el tiempo.
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Eirik Argyle el Lun Ago 18 2014, 23:51

Aclaraciones:
Los diálogos, expresiones, reacciones de Fribba son habladas con su user

Llevaban un rato caminando hacia la herrería que el hombre-gallo les había comentado, al menos Fribba parecía entretener bien a la niña. No quería ni imaginarse lo estresado que estaría si tuviese que encargarse él solo de la cría. Eirik miraba a su alrededor en busca de la susodicha herrería, ya comenzaba a sentir su hedor a sudor y hierro quemado, frunció un poco el ceño al recordar al bio-ciborg contra el que peleó en la arboleda, junto al hombre con el nido de pájaros en la cabeza

<< ¿Qué se habrá hecho de ese tío? >>se preguntó distraído ignorando el parloteo de Fribba y Meredy, hasta que una voz chillona lo llamó

-Eeeeeeiiiiiiiriiiiiiik-dijo Meredy, él miró de reojo hacía atrás por encima de su hombro, unos instantes, pues enseguida se dio cuenta de que Fribba los estaba presentando y siguió caminando sin hacerles más caso que eso -. ¡Eeeeeiiiiriiiiik, Eeeeiiiiiriiiiik! –insistió la pequeña y él acabo por voltearse, la vio con los brazos extendidos hacia él y una amplia sonrisa

<< ¿Y ahora que le pica? >>se preguntó mirándola extrañado sin saber cómo interpretar aquellos gestos por parte de la criatura, entonces escuchó reír a Fribba, que al parecer había sabido interpretar la expresión de incomprensión de su cara.

-Creo que quiere ir contigo un rato-sonrió, con cierta malicia, dejando a la niña en sus brazo antes de que pudiese protestar por ello

-Oye no… -no llegó a terminar la frase que la niña ya estaba en sus brazos riendo, la sostuvo algo alejada de su cuerpo, pues nunca había cogido en brazos a un crío, o al menos no en mucho tiempo, ya que antes de vez en cuando algunos niños de la manada lo chinchaban para jugar a las peleas con él. Pero Eirik tenía sus dudas sobre si una niña humana podría aguantar esos juegos, en cualquier caso. Si en todo aquel tiempo solo, había perdido el escaso don de gentes que tenía con los adultos, el que tuvo con los niños se había desintegrado por completo. Meredy alargó los brazos hasta él al ver que la tenía agarrada pero separada de él mientras reía, al parecer se lo había tomado como una especie de juego-. ¿Qué haces? –preguntó inquieto, entonces la niña lo abrazó-. Oye…No…No hagas eso… -se quejó pero al ver que Meredy seguía empeñada en achucharle suspiró resignado-. Está bien… Pero no te acostumbres. –terminó cediendo y continuó caminando ignorando las risitas de Fribba.

Por el cmaino de nuevo, Meredy estuvo asomando del hombro de Eirik para ponerle caras, esta vez a Fribba y esconderse de nuevo en el hombro del licántropo y más tarde intentando trenzar los despeinados cabellos del joven lobo, que sin hacerle más caso que eso siguió hasta que llegaron a la herrería.

Eirik se detuvo en la puerta de la herrería, un lugar apestoso que olía a sudor, a metal y a calor, unido con los golpes rítmicos de los martillos al golpear el hierro. Fribba se adelantó a echar un vistazo en el negocio, mientras que el licántropo arrugó un poco la nariz a causa del mal olor y finalmente entró con la niña entre sus brazos aun. No tardó en aparecer un hombre de mediana edad, calvo como un monto pelado, con un espeso bigote negro que parecía que le hubiesen pegado una oruga debajo de la nariz y tan rollizo que podría bajar rodando una cuesta: frunció el ceño y torció el gesto, poniendo cara de pocos amigos nada más ver a Meredy.

-La juguetería está dos calles más abajo-dijo sin más con voz áspera y se dio la vuelta, dando por terminada la conversación, Fribba o siguió para llamarlo, despues le explicó la situación y finalmente preguntó, el licántropo alzó una ceja desafiante al ver como aquel hombre sudoroso como un cerdo repasaba con una mirada de honestidad dudosa a Fribba, luego a la niña y a él lo miraba como si de un gusano se tratase.

<< Vuelve a mirarme así y te parto la cara… >>pensó Eirik con una mirada fulminante, que al parecer el herrero comprendió y se puso a responder a regañadientes las preguntas de Fribba

-Sí, vinieron por aquí-dijo secamente.

-Estate quieta –le pidió Eirik a la niña que intentaba alcanzar unas herraduras que había colgadas en la pared, posiblemente para un encargo, Meredy lo miró confusa

-¿Qué son? –preguntó metiéndose un dedo en la boca y mirando al licántropo con curiosidad

-Zapatos para los pies de los caballos –fue lo primero que se le pasó por la cabeza al de ojos azules, para que la niña dejase ya el tema y funciono, pues la pequeña pelirroja rió divertida, no preguntó más y se estuvo quieta. El herrero carraspeó

-. Quisieron vender unas piedras que resultaron ser pedruscos sin valor-miró con desprecio a Meredy, que al ver la mala cara del herrero se abrazó a Eirik asustada, el licántropo gruñó-. La mocosa aquella-se refirió con asco hacia la niña, que al oir que la nombraban de una manera tan brusca se abrazó más fuerte al lobo, que miró con asco a aquel humano. Era exactamente como él siempre había descrito a los humanos, ese herrero representaba todo cuanto Eirik repudiaba-, no dejaba de berrear y llorar diciendo que quería irse y me preguntaron dónde estaba la juguetería. Debería ir a preguntar allí en vez de hacerme perder el tiempo. –siguió refufuñando en un tono que rozaba lo insultante

-Pfff… Menudo gilipollas… -murmuró Eirik entre dientes, Fribba quiso detenerlo para preguntarle que juguetería peor el herrero se giró y le grito de mala manera que se marchasen dándole un fuetre empujón a la joven, para despues darse la vuelta de nuevo e irse

-Maleducado… -masculló enfadada Fribba sacudiéndose el polvo de la ropa

-Toma. –sencillamente dijo Erik entregándole la niña a Fribba, acto seguido siguió al herrero y la pelirroja lo siguió con la mirada temiéndose lo peor-.¡He! ¡Capullo! –lo llamó el licántropo, haciendo crujir sus puños, cuando el herrero se dio la vuelta para devolverle el cumplido se topó con el puño de Eirik, que le atizó tan fuerte que incluso le hizo saltar algunas muelas y caer al suelo, al mismo tiempo que Fribba daba un gritito a ver confirmadas sus sospechas-. Ahora no eres tan valiente ¿Verdad? –le espetó levantándolo del suelo por el cuello de la camisa, al mismo tiempo que el herrero lanzaba maldiciones he insultos contra toda la familia de Eirik-. Sí, lo que tú digas… -le dio la razón con engañosa calma mientras se preparaba para darle otro puñetazo, por suerte Fribba que dejó a la niña en el suelo intentó apartar a Eirik y tranquilizarlo, antes de que aquel despreciable tipo. Tras mucho insistir por parte de la humana, él finalmente soltó al herrero que cayó al suelo como una bola de grasa. Se colocó bien la ropa y se dio la vuelta para irse, dejando unos pasos tras de sí a Fribba y a Meredy que observaba las escena sin entender

-¡Te lo paso por esta vez! ¡Pero como vuelva a verte por aquí llamare a los guardias! ¡Aunque solo sea ver a esa zorra pelirroja!¡Palabra que lo hare! –al escuchar la última delicadeza dedicada a Fribba, el licántropo se detuvo de golpe, se dio la vuelta con intención de ir de nuevo hacia el herrero, que al verle se dio prisa en levantarse y salir huyendo hacia el interior de la herrería. Normalmente eso le habría importado un pimiento pues Eirik lo hubiese atrapado y golpeado, pero Fribba una vez más lo interceptó con un:

-Venga va… No le hagas caso… -en un tono suave, aunque algo resignado, el licántropo que no prestaba atención a la joven siguió con la mirada fija en aquel rollizo herrero

-¡Eso escóndete! Capullo… -rezongó finalmente, antes de salir de la herrería. Fribba cogió de la mano a Meredy y con la otra el brazo de Eirik, pues al parecer no confiaba del todo en que el mayor dejase estar la pelea. Al cabo de un rato caminando y sin que ninguno de los dos dijera nada, Fribba miró de reojo al de ojos azules

-¿A que ha venido eso? –preguntó con cierto tono irónico, él la miró de reojo medio adormilado sin decir nada, oliéndose que le pediría explicaciones y así fue

-Por qué ese tipo es imbécil, ya le ha ido bien que le bajasen los humos –respondió cuando empezó a replicarle cosas, dejando claro que no se arrepentía y que no debía explicaciones a nadie-. Me da igual –finalizó cuando Fribba añadió algo más explicando lo feo que estaba ir por ahí golpeando a la gente aunque se lo mereciese y además quejándose de que ya se habían quedado sin saber a qué juguetería se habían ido los padres de Meredy-.¿Y qué? Para eso estoy yo ¿No? –finalizó la discusión con cabezonería siguiendo de nuevo el rastro de los padres de la niña.

Así siguieron hasta atravesar dos pequeñas calles donde prácticamente no había nadie, el pavimento estaba hecho con rocas irregulares y varios charcos se habían formado entre ellas con el agua de la lluvia condensada y estancada, por lo que eran calles bastante sombrías y algo húmedas. Finalmente llegaron a una pequeña casucha con un cartel que rezaba “Juguetería del señor Geppetto”

-Es aquí –señaló el licántropo, y entraron en la tienda, donde vieron una gran cantidad de juguetes de madera, muy similares al pequeño lobo que Meredy llevaba consigo, además de relojes de madera y muchas marionetas que colgaban del techo. A la niña se le iluminaron los ojos al ver tanto juguete junto y Eirik a siguió con la mirada al ver que comenzaba a dar vueltas por la tienda, Fribba iba tras ella, vigilando que no rompiese nada.

El mayor avanzó hasta el mostrador esperando que él o la propietaria de la tienda se personase. No se hizo de rogar ya que del humrbral de la puerta que separaba la tienda del taller, asomó un ancianito de cabellos blancos y una sonrisa entrañable

-Buenas tardes, soy Geppetto… -dirigió una mirada y una sonrisa a Fribba, que estaba regañando a Meredy por coger una marioneta-. No, no la regañe, mis juguetes son para eso –comentó el hombre en tono dulce, luego se volteó hacia Eirik mientras decía-. Que afortunados tienen una hija pre… -pero no finalizó la frase, pues vio al licántropo dormido con la cabeza apoyada en el mostrador, luego miró a Fribba algo asustado-. ¿Se…Se encuentra bien?... Cielos… -


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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Fribba Hedevary el Mar Ago 19 2014, 22:24

Spoiler:
Las acciones, expresiones, reacciones y diálogos de Eirik han sido pactados con su user

El antipático herrero me dio un empujón al ir a detenerlo para preguntarle por la dirección de la juguetería a la que parecía que habían ido los padres de Meredy. Me froté el brazo donde había recibido el golpe murmurando por lo bajo cuando Eirik me dio a Meredy para que la cogiera en brazos. Le seguí con la mirada, "espero que no haga ninguna tontería", deseé, mordiéndome el labio. El grito de atención de Eirik seguido de un sonoro puñetazo que tumbó al herrero confirmaron mis sospechas. Dejé a Meredy, nerviosa por la escena, en el suelo y me apresuré en alcanzar a Eirik que cogía al otro por el cuello de la camisa mientras le lanzaba insultos y maldiciones, y se preparaba para asestarle otro puñetazo. -¡Eirik!-le llamé, cogiéndole del brazo para detenerle-. Eirik, por favor, déjalo... No pelees delante de Meredy, está asustada- miré de reojo al lugar donde había dejado a la pequeña, quien no se había movido ni un centímetro, mirándonos con sus grandes ojos azules de nuevo casi al borde del llanto, sin entender lo que sucedía. Eirik soltó al herrero que cayó al suelo tras unos segundos de silencio.

-¡Te lo paso por esta vez! ¡Pero como vuelva a verte por aquí llamare a los guardias! ¡Aunque solo sea ver a esa zorra pelirroja!¡Palabra que lo hare!

Las palabras del herrero se clavaron en mí como una daga, sintiéndome realmente ofendida; nunca me habían llamado así, no solía tener problemas con nadie y mucho menos pensaba que el comportamiento del herrero estuviese justificado, pues simplemente habíamos ido a preguntar sobre el paradero de los padres de una niña perdida. Me encogí de hombros y no le di más importancia, atribuyendo el comportamiento del hombre a un mal día, pero Eirik no parecía compartir mi opinión, pues se detuvo de golpe al escuchar cómo se refería a mí y se volvió con la intención de volver a dejarle las cosas claras al herrero, que huyó al ver lo que se proponía. Me interpuse en el camino de Eirik para que no avanzase. -Venga va… No le hagas caso…-dije en tono suave para calmarlo; aunque estaba enfadada con el herrero por su forma de tratarnos no conseguiríamos otra cosa que atraer a los guardias de continuar con la discusión. Agarré a Eirik del brazo y tomé a Meredy de la mano y nos alejamos de la herrería.

-¿A que ha venido eso?-después de un rato caminando, alzando la ceja.-Hubiera sido mejor pasar de él…

-Por qué ese tipo es imbécil, ya le ha ido bien que le bajasen los humos.

-¡Pero no puedes ir por ahí pegando puñetazos a la gente cuando te venga en gana!-repliqué, negando con la cabeza, no entendía su comportamiento. -¿Y si hubieran aparecido los guardias?-Eirik respondió que le daba igual y yo bufé, apartando unos mechones de pelo de mi frente-. Pues ya no sabemos a qué juguetería fueron los padres de Meredy…

-¿Y qué? Para eso estoy yo ¿No? –finalizó la discusión.

Continuamos el camino en silencio hasta atravesar dos pequeñas calles donde prácticamente no había nadie, el pavimento estaba hecho con rocas irregulares y varios charcos se habían formado entre ellas con el agua de la lluvia condensada y estancada, por lo que eran calles bastante sombrías y algo húmedas. Eirik se detuvo delante de una pequeña casucha con un cartel que rezaba “Juguetería del señor Geppetto”, indicando que habíamos llegado a nuestro siguiente destino.

Tras entrar, pudimos ver un montón de figuritas de madera similares a la de Meredy, talladas y pintadas a mano con esmero y cuidando hasta el último detalle de cada una de ellas, marionetas, muñecos de tela de vivos colores y con formas de animales decoraban las estanterías de las paredes de la tiendecita.

-Meredy, no toques nada-le advertí a la niña que había comenzado a dar vueltas por la tienda con ojos brillantes.

-Buenas tardes, soy Geppetto… - me volví al escuchar una voz; un ancianito de blancos cabellos y sonrisa amable había salido a recibirnos.-Meredy, ¡ten cuidado!-regañé a la pequeña, temerosa de que rompiese algo, que me miró frunciendo los labios y con ojos lastimeros. El anciano nos sonrió-. No, no la regañe, mis juguetes son para eso –comentó el hombre en tono dulce, luego se giróhacia Eirik mientras decía-. Que afortunados tienen una hija pre… -pero no finalizó la frase, ya que el joven cayó dormido con la cabeza sobre el mostrador-. ¿Se…Se encuentra bien?... Cielos…

-Ah, no sé preocupe...-miré a Eirik: el pelo le caía desordenado sobre la frente y casi le tapaba los ojos-. Está muy cansado-suspiré sin entrar en detalles, contestando así al dueño de la juguetería y a Meredy que, curiosa, se había acercado al joven y había preguntado que por qué estaba durmiendo-. Hemos encontrado a esta niña perdida en la plaza del mercado, creemos que sus padres han podido estar aquí, ¿recuerda algo?-repetí la misma historia que en los anteriores negocios.

El anciano Geppetto se acercó a la niña con una amplia sonrisa, parecía que después de verla mejor se había acordado de ella. – ¿Sabe? Adoro que los niños jueguen y se diviertan con los muñecos que fabrico, que alimenten su imaginación y mantengan su inocencia en la dulce etapa en la que se encuentran. Cada figurita, cada marioneta, las hecho yo con estas manos-alzó unas manos en las que se notaba el paso del tiempo-, recuerdo cada una de ellas; son mis pequeñas obras de arte-se agachó delante de ella y le dio con la punta del dedo en la nariz; Meredy rio y se llevó las manos a su nariz, como si quisiera esconderla-. Por supuesto que me acuerdo de esta traviesa pequeñina. Sus padres se parecían bastante a ustedes, por eso los he confundido y ruego que me perdonen. Sí-se llevó el dedo índice a la barbilla-, estuvieron aquí esta mañana. La pequeñina se encaprichó de la figurita del lobo negro que lleva consigo, algo curioso; normalmente las niñas eligen figuritas de conejitos o gatos, pero parece que le hizo especial ilusión la del lobo, pues fue entrar a la tienda e ir directamente a por ella-sonrió amablemente al ver a Meredy coger su figurita del lobo y tirarle del pantalón a Eirik que gruñó antes de abrir los ojos, adormilado y confuso.

-¡Auu, auu!-dijo la pequeña alzando la figurita del lobo hacia él.

-¿Tiene alguna idea de dónde pudieron ir después de estar aquí?-continué con mi interrogatorio.

-Lo siento, pero no-negó con la cabeza, abatido y cabizbajo, por no poder ser de más ayuda. Abrí la boca para darle las gracias, pero de repente me miró de nuevo y dijo con entusiasmo-. ¡Acabo de acordarme de un pequeño detalle! Recuerdo… Sí, recuerdo que la madre de la niña olía a perfume… Como a vainilla o un olor dulzón similar. Probablemente estuvieron en la tienda de perfumes de la señorita Bellamy; es una joven encantadora, podrían ir a preguntarle, seguro que les ayuda encantada.

-¡Muchísimas gracias!-le respondí alegre. El amable ancianito había arrojado una nueva pista que podría conducirnos hasta los padres de Meredy, una nueva esperanza. Tras indicarnos el camino a la perfumería, que no se encontraba muy lejos, nos despedimos de él y salimos de allí, Meredy se aferraba con una mano a la mía y con otra a la mano de Eirik, quien tenía que agacharse un poco para estar a la altura de la niña, cosa que hacía que me riera aún más.

Encontramos la perfumería enseguida, tal y como Geppetto nos había explicado: una tiendecita adornada con flores de colores rojo y violeta y de la que salían distintos aromas entremezclados entre sí cada vez que alguien abría la puerta. Dentro nos recibió una joven de rizados cabellos rubios recogidos elegantemente en un moño, con algunos mechones cayendo sobre su frente, ataviada con un vestido violeta y blanco, adornado con varios lazos. En su rostro se dibujó una amplia sonrisa nada más vernos. -¡Bienvenidos, bienvenidos! ¿Qué desean?-se acercó a nosotros con paso ligero-. Ssshh, déjame adivinar-me puso el dedo índice en los labios antes de que pudiera decir nada. Alcé las cejas confusa, observando como buscaba entre los tarritos de la estantería que tenía a su espalda y volvía con un frasquito con un líquido blanco y antes de decir nada lo roció algunas gotas sobre mí; tosí al notar el olor intenso y dulzón-. Esencia de jazmín, sin duda es el aroma perfecto para ti, una flor sencilla y delicada-hablaba con un tono de voz muy pomposo, casi sobreactuado-. ¿O quizás…?-regresó con otro frasquito con un líquido morado y volvió a repetir la operación-. Sí, quizás el de lavanda sea tu perfume ideal, querida… ¿O venías buscando algo para vuestra chiquitina?

-Esto…-alcé la mano para llamar su atención pero la joven se había dado la vuelta y buscaba de nuevo entre las estanterías cantando una alegre canción en voz alta, casi a gritos. Me giré hacia Eirik que se tapaba la nariz con una mano y miraba a su alrededor con mala cara. Lo miré, preocupada-. ¿Estás bien…?-me acerqué unos pasos al mismo tiempo que él retrocedió, casi instintivamente. En ese momento caí en que quizás los olores fuertes eran demasiado para él-. Oh, lo siento-dije pasándome la mano por el pelo, allí donde me habían caído las gotas de la fragancia de jazmín y luego la de lavanda. Ahora que me daba cuenta, a mí también se me hacía un poco difícil respirar en aquel lugar-. Si quieres puedes esperarme fuera…-comencé a decir justo cuando la joven Bellamy volvió y roció esta vez a Eirik con otro de los perfumes.

-¿Y qué tal ésta para ti, grandullón?
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Eirik Argyle el Miér Ago 20 2014, 01:19

Aclaraciones:
Las acciones, expresiones, reacciones y dialogos de Fribba, estan hablados con la user


Encontraron a la perfumería y ya un par de metros antes, Eirik arrugó un poco la nariz, menuda tufarada que salía de aquella tienda

<< Esto va a matarme… >>pensó el licántropo, pues su olfato era muy sensible a los olores y más a los olores fuertes, pero eso no fue nada en comparación con la ráfaga de pestilencia que le abofeteó la cara nada más entrar, echándolo un poco hacia atrás<< Por los dioses dragón, que peste joder… >>se lamentó tapándose un poco la nariz. Enseguida apareció la joven vendedora, que hizo callar a Fribba posandole un dedo en los labios y hechandole un potingue

-. Esencia de jazmín, sin duda es el aroma perfecto para ti, una flor sencilla y delicada-afirmó en tono pomposo, Eirik gruño, eso olía a todo menos jazmín. Acto seguido y antes de que Fribba pudiese apenas preguntar, aquella joven inquieta siguió derramando más esencias extrañas sobre la pelirroja. Eirik empezó a estornudar por el picor que esos olores producían en su nariz

-. ¿Estás bien…?-preguntó Fribba al ver que se tapaba la nariz, Eirik algo encogido en su sitio y tras un par de estornudos asintió. Fribba le comentó que si quería podía esperarla fuera

-No hace falta… -respondió Eirik sin entusiasmo, atándose de nuevo el pañuelo en el cuello de tal manera que le cubría la nariz. No mitigaba el pestazo, pero al menos no resultaba tan intenso como para marearlo. Pero eso cambiaría pronto pues Bellamy, que así se llamaba la joven rubia propietaria de la tienda, se acercó a él y lo roció también con uno de sus potingunes sin previo aviso ni mediar palabra-.¡¿Pero qué..?! –exclamó Eirik apartándose bruscamente como si le hubiesen rociado con ácido en vez de con perfume

-¿Y qué tal ésta para ti, grandullón? –preguntó alegremente, ya que ni se había enterado del gesto de Eirik al apartarse, luego lo miró de arriba abajo con una sonrisa, que ha Eirik le resultó extraña-. Es esencia de mango, idónea para hombres fuertes y de aspecto salvaje –especificó la joven en un tono que iba con segundas y guiñándole un ojo. Eirik sencillamente gruñó

-Lo salvaje es la peste que hace esta tienda… -masculló entre dientes mientras la dependienta volvía a buscar entre sus potingues, algo posiblemente para Meredy, sin enterarse de la afirmación del licántropo que volvía a estornudar varias veces consecutivas como un loco, por el contrario Fribba sí se había enterado y comenzó a reir. Eirik la miró de reojo-.¿Te parece divertido? –Preguntó con la mitad inferior de la cara tapada aun por el pañuelo-. Se acabó. Te espero fuera. –aseguró, haciendo un gesto de dejadez con la mano y saliendo entre estornudos. Una vez fuera, se alejó unos metros, se quitó el pañuelo y respiró hondo, frunció los labios en desaprobación al seguir sintiendo el picor de aquella mezcla de perfumes, además de que ahora echaba tufo a algo que pretendía ser mango. Se sacudió el pelo para intentar quitarse ese olor, pero fue inútil, ya que solo se lo extendió más-. Joder… -protestó frunciendo la nariz y el ceño al olerse las manos y comprobar que la peste a mango había pasado también a sus manos.

Caminó un poco hasta llegar a un portería de la que sobresalían un par de escalones, se sentó ahí a esperar, estaba justo enfrente de la perfumería. Apoyó los codos en sus piernas y su cabeza entre sus manos y suspiró aburrido. Aquella no es que fuese una calle precisamente interesante, pues aparte de la perfumería no había ningún negocio cerca, tal vez alguna minúscula tiendecita de ultramarinos pero nada más. De tanto en tanto pasaba algún transeúnte, con bolsas de la compra o alguien entraba a la perfumería pero nada más, el licántropo siguió mirando el panorama aburrido. Entonces vio pasar a dos tipos extraños, los cuales iban encapuchados y se cubrían la parte inferior de la cara, lo único que Eirik tenía claro es que uno era alto y delgado, el otro bajito y gordo, ambos humanos.

-¿Dónde se habrá metido? –preguntó el flaco, mirando a su alrededor, el gordo se froto la barbilla

-Pos no sé, pero el jefazo se va a poner hecho un mulo si no encontramos la nena… -comentó su compañero gordo, en un acento muy cerrado de pueblo, el largo le dio un puñetazo

-¡No seas bruto! ¡Nadie puede saber que andamos buscando a esa mocosa pelirroja! –Exclamó el muy zopenco, luego el mismo miró a los lados-. Imagínate que hubiese alguien fisgoneado… -susurró, al escucharlos, Eirik frunció el ceño ¿Hablaban de Meredy? En cualquier caso no parecían tener demasiada buena pinta, se levantó para seguirlos…

Los siguió a unos metros por detrás de ellos, y los veía susurrarse cosas pero por algún motivo no podía escucharles, se metieron en otro callejón y Eirik miró a su alrededor. Vio unos barriles apoyados en una pared, si subía a ellos llegaría al techo y eso hizo, pero cuando estaba encima de los barriles, resultó que estos no eran barriles, si no hipopótamos de color lila, que abrieron la boca bostezando y empezando a caminar, Eirik saltó sobre el tejado antes de que los animales se alejasen demasiado. Pudo agarrarse al borde por los pelos, pero cuando logró subir el suelo comenzó a moverse. Y es que no estaba en un tejado, si no sobre un basilisco. Lo que había confundido con las tejas, habían resultado ser escamas rojas, el animal comenzó a deslizarse por el suelo y el licántropo se aferró a las escamas, no tardó demasiado en alcanzar a aquellos tipejos, pero se fueron volando.
-Eirik… -escuchó que una voz venida de la nada comenzaba a llamarlo


-Eirik, despierta… -le pidió Fribba con suavidad, el nombrado entre abrió los ojos

-¿Mm? –preguntó medio dormido, entonces Meredy se sentó a su lado y se abrazó a él-. Sí, sí, Hola a ti también… -comentó bostezando de manera perezosa, luego se frotó el ojo derecho con parsimonia y miró a Fribba-. ¿Has descubierto algo? –preguntó más en el mundo de los sueños que consciente aun. La pelirroja le explicó que la mujer de la tienda de perfumes les había dicho, que según creía recordar, los padres de la niña habían decidido ir al puerto. Así que se pusieron en marcha hacia allá.
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Fribba Hedevary el Jue Ago 21 2014, 17:19

Spoiler:
Las acciones, expresiones, reacciones y diálogos de Eirik han sido pactados con su user

-Se acabó. Te espero fuera-decidió Eirik, abandonando la tienda entre estornudos, sintiéndome algo mal por haberme reído de él. La joven Bellamy se detuvo tras girarse con otro frasquito entre las manos, siguiendo con la mirada al joven cuando éste salía, frunciendo los labios.

-¿Le ocurre algo?-preguntó con su voz cantarina.

-Es que tiene que ir a hacer un recado-mentí, pues podría sentirse ofendida si le decía que la verdadera razón por la que Eirik se había ido era porque no soportaba el olor fuerte de sus perfumes; hasta Meredy había comenzado a estornudar-. Hemos encontrado a esta niña-acaricié el pelo de la pequeña que se abrazaba a mí-, perdida cerca del mercado-suspiré, se hacía pesado repetir la misma historia una y otra vez.

-¡Oh, los recuerdo!-contestó ella al preguntarle si había visto a los padres de Meredy-. Sí, estuvieron aquí-se dio la vuelta y paseó su dedo índice por una estantería que había en la pared de nuestra izquierda-. ¡Ajá!-tomó un frasquito pequeño con un líquido con un leve tono amarillo-. Esencia de vainilla, dulce y familiar, como una madre-sonrió acercándose a mí. Retrocedí un poco, pensando que iba a rociarme con aquella fragancia también, pero siguió hablando-, recuerdo haberles escuchado hablar de qué tenían que ir al puerto mientras buscaba un perfume para la mujer, aunque no llegué a oír qué tenían que hacer allí.

‘’El siguiente lugar al que deberíamos ir es el puerto, entonces…’’, apunté mentalmente. Parecía que cada vez nos íbamos acercando más y más al paradero de los desaparecidos padres de la niña. Le agradecí a la joven dueña de la perfumería el habernos ayudado; parecía que la suerte nos sonreía otra vez.

-¡Espera! ¿Seguro que no quieres oler algún perfume más?-me llamó ella cuando me dirigía a la puerta, con Meredy agarrándome de la mano.

-Lo siento, de verdad, pero es que tenemos que irnos-me disculpé, deseosa por salir de la tienda. La joven Bellamy seguía insistiendo, alegando que aún no había descubierto cuál era mi fragancia ideal, que tenía que quedarme un poco más. ‘’Qué pesada que es’’, bufé, intentando quitármela de encima sin parecer maleducada. –Volveré otro día, lo prometo; tenemos que continuar buscando a los padres de la pequeña-le recordé. Bellamy entró en razón con la última frase, se disculpó y me despidió con una sonrisa, diciendo que esperaría mi futura visita.

Bajamos las escaleritas de piedra de la portería de la perfumería y miré a los dados buscando a Eirik. Lo vi sentado en los escalones de una portería, enfrente de la tienda; se había quedado dormido, con la cabeza apoyada en la pared del portal. Nos acercamos a él y le di unos golpecitos en el hombro.

-Eirik-le llamé con suavidad-. Eirik, despierta…

-¿Mm? –preguntó medio dormido. Meredy se sentó a su lado y se abrazó a él-. Sí, sí, hola a ti también… -comentó bostezando de manera perezosa, luego se frotó el ojo derecho con parsimonia y miró a Fribba-. ¿Has descubierto algo?

-La joven de la perfumería me ha comentado que escuchó hablar a los padres de Meredy de que tenían que ir al puerto-me aparté un mechón de pelo de la frente, aún me olía a la mezcla de aromas de jazmín y lavanda-. Está un poco lejos de aquí, así que habrá que darse prisa…-añadí, ya que pronto comenzaría a atardecer.

Meredy me dio la mano y echamos a andar hacia el puerto, en dirección contraria a donde nos encontrábamos en aquel momento. Tuvimos que cruzar por delante de la herrería de nuevo; agarré a Eirik del brazo y tiré de él para pasar por allí todo lo rápido que pude, no quería que el antipático herrero nos viera y llamara a la guardia. Llegamos a la plaza en la que antes había estado la mujer de las cestas de flores, sin embargo en aquel momento estaba desierta. Tomamos otra de las callejuelas que salían de aquella plaza, al sur de la misma, para después adentrarnos en otra que giraba a la derecha y que descendía levemente.

El cielo comenzaba a teñirse de naranja cuando, al torcer una esquina, vimos el mar y se empezaba a escuchar el sonido de las gaviotas. –Podríamos preguntar a algún pescador que veamos…-propuse mientras nos íbamos acercando al final de la calle-. Aunque quizás sea difícil que alguien los haya visto por aquí…-me mordí el labio. Los marineros y vendedores iban de aquí para allá, demasiado atareados como para prestar atención a una familia normal y corriente que paseaba por el puerto. Pero la esperanza era lo último que se perdía.

Meredy dio un gritito emocionado cuando vio a una gaviota y me pidió que la bajase al suelo para perseguirlas. Di un par de pasos para seguirla pero la voz de Eirik me detuvo.

-Fribietta, ¿puedo hablar contigo un momento?

Me giré hacia él, alzando una ceja. Él me hizo un gesto para que me acercara y así lo hice. -¿Qué sucede?-pregunté, curiosa, sin apartar la vista de la pequeña que correteaba alegra detrás de un gorrión. ¿Habría averiguado algo del rastro de los padres de Meredy de camino al puerto?

-Hay algo en todo este asunto de la niña que no me gusta…

Me crucé de brazos, frunciendo el ceño. –Oye, que es una niña, la pobre está perdida y necesita nuestra ayuda. Por lo menos hasta que encontremos…

-No me refiero a eso, joder-me cortó él con su tono de voz habitual-. Antes cuando estabais en la perfumería han pasado por delante dos tíos muy raros, que farfullaban algo de encontrar a una niña pelirroja o su jefe se enfadaría. Y tal como hablaban, no creo que se refieran a devolverla a sus padres...

El corazón me dio un vuelco. –T-te… Te refieres a…-balbuceé, mirando de nuevo hacia donde se encontraba la niña, que gateaba silenciosamente hacia una gaviota, con ojos llenos de ilusión-. ¿Quieres decir que alguien quiere… Raptarla? -Eirik se encogió de hombros, diciendo que no estaba seguro, pero que podría ser-.Pues de eso nada-dije, con determinación-. La niña se quedará con nosotros hasta que encontremos a sus padres-decidí, echando a andar hacia Meredy, de pronto me había entrado miedo de que alguien apareciese de la nada y se la llevara antes de darnos cuenta. Me volví hacia Eirik, que no se había movido de donde estaba-. Porque me vas a ayudar, ¿no?-alcé una ceja, interrogante y expectante.
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Eirik Argyle el Jue Ago 21 2014, 20:48

T-te… Te refieres a…-balbuceó, mirando de nuevo hacia donde se encontraba la niña, que gateaba silenciosamente hacia una gaviota, con ojos llenos de ilusión. Se notaba que a Fribba le aterraba la idea de que a aquella niña le sucediese algo malo-. ¿Quieres decir que alguien quiere… Raptarla? –preguntó temerosa a la par que preocupada, Eirik se encogió de hombros

-Eso en el mejor de los casos. –decidió ser franco y tajante por muy frío que sonase, pues las cosas no eran tan maravillosas como la pelirroja las veía, ni siquiera había la mitad de gente buena que ella cría en el mundo. Al contrario de déspotas y malvados el mundo abundaba, y más tratándose de humanos. La pelirroja apretó los puños y apartó la mirada

-.Pues de eso nada-dijo, con determinación-. La niña se quedará con nosotros hasta que encontremos a sus padres-decidió de nuevo por ambos, echando a andar hacia Meredy, Eirik la siguió con la mirada inexpresivo, cada vez eran más evidentes los temores de aquella joven por una niña que acababa de encontrar. Un comportamiento bastante antinatural por parte de un humano, pues de lobos lo esperaba, al fin y al cabo las manadas estaban muy unidas. ¿Pero de humanos? Sin embargo no le dio demasiadas vueltas, pues en la mina había podido comprobar que Fribba, salía bastante de lo común. Tomó a la niña en brazos y se giró hacia él que seguía en el mismo sitio y de brazos cruzados.-. Porque me vas a ayudar, ¿no?-preguntó alzando una ceja, expectante. Aunque aquello más que a una pregunta había sonado a una afirmación.

El licántropo observó a Fribba sin mover un solo musculo, luego dirigió una mirada a Meredy, que lo observaba con los ojos azules muy abiertos y sonriente, después volvió a mirar a Fribba, que movió la ceja en un gesto que sugería que más le valía darse prisa a decidir, mientras una voz interna en el licántropo decía a gritos

<< ¡No son asunto tuyo! ¡No te metas! ¡Vete por dónde has venido y vuelve a la Arboleda! ¡Ya se apañarán! >>pero una vez más en vez de hacer caso a su primer impulso, suspiró entrecerrando los ojos, como si acabas de ser vencido por un enemigo invisible, acto seguido volvió a mirar a Fribba-. Está bien… -y así como ya hizo en la mina, se rindió. De nuevo, se rindió a aquella humana y decidió ayudarla, además, la niña comenzaba a caerle simpática. Se adelantó unos pasos a ellas mientras decía-. No duraríais ni dos segundos sin mi… -refunfuñó no porque realmente lo pensase, si no por el simple hecho de hacerlo. Luego volvió a olfatear el aire-. Empezaremos buscando a sus padres, luego averiguaremos qué coño pasa y quien son esos tipos. –decidió comenzando a seguir el rastro.

Rastro que los condujo a través del puerto hasta una pequeña barca de mercancías llamada “El mejillón picante” un nombre que hizo reír a Meredy, pero que Eirik prefirió no pensar en el motivo por el cual se lo habrían puesto

-Meji…Meji…¡Mejillón! –balbuceó la nena, pues esa era una palabra un poco complicada aun para ella. La niña comenzó a corretear alrededor de Eirik y Fribba, esta última hablaba con el capitán del barco, un tipo hediondo con cara de pocos amigos y una pata de palo, pero que a fin de cuentas no era mal tipo, estaba fumando unas extrañas hierbas, cuyo olor hizo que Eirik frunciera un poco el ceño molesto.

La niña correteaba de un lado a otro feliz, mientras el licántropo no la perdía de vista, ya por costumbre estaba siempre atento a cualquier olor o sonido.

-¡Gaviotas! –gritó la niña ilusionada al ver de nuevo unos cuantos pájaros en el suelo, en ese momento Eirik olfateó algo, miró hacia un callejón cercando a las gaviotas y vio asomados a los dos encapuchados el flaco y el gordo, que no le quitaban el ojo de encima a Meredy, la niña fue a ir hacía las aves, pero Eirik con cuidado la agarró de los hombros y la acercó a él de manera protectora, dirigiéndole una mirada a aquellos tipejos en la que juraba que los mataría si se atrevían a acercarse.

Se mantuvieron así cerca de medio minuto, amenazando con la mirada a aquellos tipos y aquellos tipos a él. Estaba preparado para atacar en cualquier momento, pero dio un respingo al notar una mano en su hombro, era la mano de Fribba.

-¿Estas bien? –preguntó la joven, posiblemente al verle tan tenso, Eirik dirigió una rápida mirada al callejón, los dos hombres habían desaparecido.

-Sí. Perfectamente –respondió secamente. Prefería no decir nada y no preocupar a Fribba, total ya se había ido. Era mucho más importante llevar a Meredy con sus padres y si eso preguntar después por aquellos individuos y hacer algo al respecto. La joven pelirroja le explicó todo lo que había descubierto de labios del capitán del “Mejillón picante”. Según aquel hombre, en las afueras de Lunargenta, los mercaderes tenían un pequeño campamento donde estarían durante un par de días más-. Perfecto, pues vamos ahora mismo –decidió Eirik para zanjar ya el tema, sin embargo empezaba a anochecer y eso hacía que Fribba tuviese otros planes.
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Fribba Hedevary el Jue Ago 21 2014, 23:07

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-Está bien…No duraríais ni dos segundos sin mi… Empezaremos buscando a sus padres, luego averiguaremos qué coño pasa y quien son esos tipos.

Mi rostro se iluminó con una enorme sonrisa al escuchar que Eirik estaba de mi parte y me ayudaría en la búsqueda de los padres de Meredy. –¡De acuerdo!-eché a andar tras él por el puerto con Meredy agarrada a mi mano, señalando con su pequeño dedo índice todo pájaro que se movía o echaba a volar. El rastro que Eirik siguió nos llevó hasta una pequeña embarcación que flotaba sobre el agua, balanceándose sobre su superficie, anclada al muelle, y en la que se podía leer ‘’El mejillón picante’’, nombre con el que habían bautizado a la barca. Meredy rio al leerlo, balbuceando la palabra ‘’mejillón’’ y no pude evitar reprimir una risita cuando comenzó a corretear, algo preocupada por una parte, pues temía que los hombres de los que me había hablado Eirik aparecieran. El joven con un gesto me dijo que no me preocupara, que él la vigilaba, así que me dirigí hacia el capitán de la embarcación.

-Eeh… Disculpe… -dije llamando al hombre que se encontraba dentro de la barquita. Me acerqué un poco más al borde del muelle-. ¿Me oye? ¡Disculpe!-alcé la voz.

-¿Qué demonios te pasa?-me respondió el capitán, un hombre hediondo con cara de pocos amigos y que tenía una pata de palo, una gran y espesa barba negra y de cuya pipa salía un humo con un extraño olor.

-Verá-comencé a jugar con mis pulgares, describiendo círculos y entrelazándolos, acercándome un poco más a la barca para que pudiera oírme debido al ruido que hacían las olas del mar al romper contra la piedra-, hemos encontrado a esta niña-hice un gesto con el mentón-, en el mercado de Lunargenta, esta mañana. ¿No habrá visto por casualidad a sus padres por aquí?

El marinero se acarició la poblada barba, pensativo. –Ha pasado mucha gente por aquí hoy, ¿sabe, señorita?-bajé los hombros, desanimada; era una respuesta que ya me esperaba-. Pero por suerte para usted, sí, me acuerdo de haberlos visto paseando por aquí esta mañana-se llevó la pipa a la boca unos segundos y después continuó hablando, tras soltar el humo que se disipó en el aire, dejando un extraño aroma-. Si no recuerdo mal, llegaron hace un par de días en una caravana, con mercaderes, familias, trovadores, saltimbanquis y demás gente extravagante; acamparon en las afueras de Lunargenta-di un respingo al escuchar su última frase: aquella información era realmente útil. Me despedí del marinero que continuó con sus quehaceres y me acerqué a Eirik, que tenía la mirada fija en un punto y parecía estar tenso.

-¿Estas bien? –pregunté, algo preocupada, poniendo una mano en su hombro. Le conté con detalle todo lo que me había explicado el capitán de ‘’El mejillón picante’’ con entusiasmo, especialmente la parte en la que había descubierto que el campamento donde podrían estar sus padres estaba a las afueras de la ciudad.

-Perfecto, pues vamos ahora mismo –decidió él.

Le agarré del chaleco antes de que comenzara a andar. –Eh, alto ahí, ¿piensas ir ahora?-señalé hacia arriba-. ¡Está anocheciendo! Y es peligroso salir de la ciudad de noche, más si hay dos hombres buscando a la niña-me crucé de brazos-. No, ni hablar; iremos mañana-finalicé la discusión, sin darle tiempo a replicar-. El problema será dónde dormirá Meredy…-al escuchar su nombre, la niña me miró-. En mi casa somos cinco personas y no hay mucho espacio…-me mordí el labio. Además de que sería muy extraño que de repente apareciera en casa de mis tíos con una niña pequeña perdida-. Creo que es mejor que duerma contigo-él me respondió que había pensado dormir al raso aquella noche-. ¿Estás loco o qué? ¡Para que se resfríe la pobre! –bufé, frunciendo los labios-. Pues ya podemos darnos prisa, hay que buscaros una posada para que paséis la noche allí-tomé a Meredy de la mano-. Y nada de peros, ¿eh?

Tras unos minutos más de discusión, Eirik, a regañadientes, acabó dándose por vencido y nos guio hasta una posada en la que había estado antes. Las calles estaba casi desiertas y el sol se había puesto casi por completo, dejando paso a las primeras estrellas. Acabamos llegando a un edificio de madera y piedra de tamaño mediando con dos plantas, la inferior parecía ser una taberna y las superiores daban a balcones medio derruidos. En el letrero ponía ‘’Lecho de pulgas’’. Chasqueé la lengua. –¿En serio pretendes que la niña duerma aquí…?-suspiré; al menos era mejor que dormir a la intemperie.

Al entrar, nos recibió la posadera, una mujer hedionda ataviada con un ajustado vestido, quien parecía sorprendida de ver a Eirik. –Mira quién ha vuelto por aquí… ¡Y con mujer e hija!-dijo con un tono entre socarrón y algo decepcionado.
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Eirik Argyle el Lun Ago 25 2014, 16:36

Acto seguido de aquel saludo tan peculiar por parte de Morgana, ella comenzó a reír de manera pomposa, Eirik bufó

-No es hija mía, ni ella es mi esposa… -refunfuñó, empezaba a cansarse de que todo el mundo los confundiese,  la mujer levantó una ceja con expresión impertinente

-Ah, ya veo… Entonces tu amante… -insinuó, luego hizo un movimiento de dejadez con la mano-. No te preocupes, aquí somos discretos. –comentó de manera burlona, más para hacerle la puñeta a Eirik que por que realmente pensase que había algún tipo de relación entre ambos

-¡Tampoco es mi amante! ¡No somos nada! –exclamó enfadado mientras Morgana no dejaba de reír-. Solo somos… -miró a Fribba unos segundos pensando que decir, ella le miraba expectante y con una expresión que daba a entender que más le valía que la respuesta le gustase-. Amigos –dijo sin más, al mismo tiempo que la posadera les hacía una señal para que entrasen al Lecho de Pulgas.

Una vez dentro la propietaria del local los llevó hasta recepción y se puso a buscar una de las llaves para ofrecerles una habitación mientras decía:

-¿Sabes? Después de la nochecita d trabajo que te di, pensaba que no volverías por aquí… -insinuó haciéndose con una llave-. En verdad, nadie suele venir más de una vez –comentó sin entusiasmo en verdad. Se dio la vuelta con unas llaves-. Os quedareis los tres supongo –comentó Morgana, alzando una ceja

-No, solo yo y la niña. –respondió Eirik, luego sacó de su bolsillo la bolsa de aeros esperando el precio

-No  tan deprisa… -comenzó a decir la mujer con una sonrisa ladina-. Guárdate tu dinero, me van a ser más útiles tus servicios –se adelantó, el licántropo la miró, levantando una ceja en modo de interrogación, la posadera rió colocando una mano delante de su enorme boca en un gesto tan pomposo como su risa-. Veras, habíamos contratado a un ayudante para la cocina, ya que Boris se ha hecho daño en la espalda, por desgracia el chico no podrá venir porque le ha picado un mosquito y ha cogido el Tifus –se cruzó de brazos en gesto gruñón-. El mundo está lleno de desagradecidos… -luego volvió a fijar su vista en Eirik-. Y ya que tú estás familiarizado con cómo se hacen las cosas aquí, te daré alojamiento y comida a ti y a la niña a cambio de trabajo ¿A que soy generosa? –finalizó de una forma burlona que daba a entender que pagaría muy caro su alojamiento allí, él gruñó, pero luego mira a Meredy al escucharla decir

-Tengo hambre y sueño… -medio adormilada, cogida de la mano a Fribba y con la otra frotándose el ojo izquierdo. Eirik suspiró

-Está bien… -aceptó a regañadientes, Morgana rio y le dio las llaves

-¡Así me gusta! –Exclamó, luego se apoyó en recepción con una mano sujetándose la cabeza-. Y ahora decidme, si no es hija vuestra… ¿De dónde habéis sacado a la niña? –preguntó con una sonrisa señalando a la pequeña pelirroja, Eirik miró a la niña de reojo y se encogió de hombros

-Es una historia muy larga –respondió de manera escueta para ver si podía ahorrarse el mismo rollo explicativo que llevaban repitiendo todo el día, sin embargo aquello no convenció a la mujer que les hizo un gesto con la mano para que les acompañase hasta una mese

-No importa tenemos tiempo de sobras… -insistió, pues aquella mujer era inteligente y quería saber que era lo que se cocía en su posada.
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Fribba Hedevary el Mar Ago 26 2014, 12:18

Eirik se apresuró en aclarar el malentendido con la posadera, aunque era algo que ya no nos sorprendía; nos habían confundido con un matrimonio en todos los negocios por los que habíamos pasado aquel día. Meredy se frotaba uno de sus grandes ojos azules, ''la verdad es que algo sí que se nos parece'', suspiré, sin darle más importancia a la situación; dado el parecido era más que comprensible que la gente creyera cosas que no eran. Pero lo que dijo a continuación la mujer sí que me dejo sin habla.

-Ah, ya veo... Entonces es tu amante...-movió la mano-. No te preocupes, aquí somos discretos-terminó de manera burlona.

-¿Que QUÉ?-exclamé con la boca abierta, estupefacta.

-¡Tampoco es mi amante! ¡No somos nada!-giré la cabeza hacia él en cuanto pronunció la última frase, con el ceño fruncido y los ojos entrecerrados, taladrándole con la mirada-. Sólo somos...-me miró y yo me preparé para replicarle dependiendo de su contestación-. Amigos-concluyó. ''Buena respuesta'', pensé, siguiendo a la posadera que se presentó como Morgana hacia el interior de la posada.

A juzgar por las palabras y el trato de la mujer hacia Eirik parecía que no era la primera vez que había estado allí. Meredy se quejaba de hambre y de sueño, agarrada a mi mano, por lo que el joven aceptó quedarse la habitación que Morgana le ofrecía a cambio de hacer trabajillos y otras chapuzas para ella. ''Lo cierto es que parece que se va a caer en cualquier momento'', pensé, temerosa, sentándome enfrente de la posadera que nos había pedido que le contásemos la historia de la niña. Subí a Meredy hasta mi regazo. -Tengo hambre-volvió a decirme.

-Qué niña más adorable-dijo Morgana acariciando el pelo ondulado y pelirrojo de la pequeña y a continuación se giró hacia Eirik-. ¿Qué haces ahí parado? ¡Ve a la cocina, corre!-le apremió dando un par de palmadas-. Boris debe estar terminando de hacer sopa de huevo; dile que te dé un cuenco y también algo de pan, queso y de pavo asado. ¡Que esta pequeñina tiene que crecer sana y fuerte!-pellizcó con suavidad las mejillas de Meredy y ella le devolvió una inocente sonrisa-. ¡Vamos, date prisa!

Eirik se dio la vuelta y marchó hacia la cocina, refunfuñando y maldiciendo por lo bajo. Morgana no paraba de reír con malicia, tapándose la boca con la punta de los dedos se su mano-. Es muy gruñón pero en el fondo es buena persona. Lo sé, se le nota-un enorme gato blanco caminó cerca de la mesa, llamando la atención de Meredy, que parecía que volvía a espabilarse y me pidió que la bajara de mi regazo para ir a jugar con el gato.

-Fribba, me llamo Fribba-me presenté al preguntarme ella por mi nombre para retomar el tema de donde habíamos encontrado a la pequeña Meredy-. La encontramos cerca de la plaza del mercado de Lunargenta-entrelacé mis dedos-. Hemos recorrido varias tiendas de la ciudad para intentar encontrar a sus padres y hemos descubierto que llegaron aquí con una caravana de mercaderes cuyo campamento está a las afueras de la ciudad...

Eirik llegó con un humeante cuenco de sopa en una mano, un plato con un trozo de pavo y patatas en otro y colgado en su brazo una cestita que contenía un par de pedazos de pan y queso, que fue colocándo con algo de torpeza en la mesa. Morgana lo miró con desaprobación, moviendo la cabeza-. Pero a ver, ¿y la cuchara?-dijo señalando los cubiertos que había colocado-. ¿Qué quieres, que la criatura se coma la sopa a sorbos? ¡Ve a por una, vamos! -.El joven se quedó observando a la posadera como si estuviera a punto de estallar de ira. Alcé la cabeza para mirarle. -Por favor-añadí con suavidad a la orden de Morgana. -¿Seguro que no hay nada...?-dijola posadera levantando una ceja, con una sonrisa de oreja a oreja.

-Que no-la interrumpí, sabiendo a qué se refería. Mi tía se había estado volviendo últimamente muy pesada con aquel tema: cada vez que nos quedabamos a solas intentaba sonsacarme si tenía algún ''amigo especial'', como ella decía, o insinuaba que ya estaba en edad de encontar pareja. ''Como si no tuviera nada mejor que hacer'', bufé, apartando un mechón de pelo de mi frente cuando Meredy se volvió a sentar en mi regazo.-Mañana iremos a buscar a sus padres al campamento-terminé de explicarle la situación mientras Meredy cogía la cuchara que Eirik le tendía y empezaba a comer.

Morgana y yo charlamos animadamente un rato más hasta que comenzaron a llegar los primeros clientes a la posada. Me di cuenta entonces de lo tarde que era y de que en casa estarían preocupados por mí, llevaba todo el día fuera. -Tengo que irme ya-me disculpé, levantándome de mi asiento. Meredy se aferró a mi falda, protestando-. ¿A dónde vas? ¡No quiero que te vayas!-me miró con ojos llorosos. Me agaché para abrazarla-. No llores tesoro, Eirik y Morgana se quedarán contigo-le di un besito en la frente-. Yo vendré mañana-Meredy frunció los labios, no convencida del todo-. Tienes que portarte bien como una niña mayor, ¿vale?-le dije con voz suave, ella asintió.

-Tengo sueño...

Sonreí. -Pues a la camita-la niña seguía agarrada a mi mano, se negaba a soltarme. Suspiré, imaginaba que no iba a ser fácil-. ¿Dónde está la habitación en la que dormirán?-le pregunté a Morgana, quien me indicó que estaba subiendo las escaleras, la tercera habitación a la izquierda. ''¿Tendrán más huéspedes además de nosotros?'', me pregunté mientras tomaba a Meredy en brazos, los ojos de la pequeña se cerraban ya por el sueño y le costaba mantenerse en pie. Había sido un día duro para ella. Al empezar a subir las escaleras, Meredy estiró sus bracitos hacia Eirik, llamándolo para que viniera con nosotras-. Eirik tiene que...-empecé a decir, ya que Morgana le había pedido al joven que empezase a servir mesas, pero Meredy no me dejó terminar, pues empezó a patalear, quejarse y refunfuñar hasta que el joven se acercó a nosotras y nos acompañó hasta la habitación. Eirik me abrió la puerta de la misma: era una habitación pequeña, con una mesita de madera desgastada sobre la que había un jarrón que contenía un par de flores casi marchitas. Las cortinas descoloridas se movían, mecidas por la brisa que entraba por la ventana. Me incliné sobre la cama y dejé a Meredy, que se había quedado completamente dormida durante el trayecto hasta la habitación, en ella, para después taparla con una manta de color marrón y rojo. La niña refunfuñó en sueños y se giró, quedando apoyado el lado izquierdo de la cara en la almohada. Mechones ondulados y pelirrojos le taparon la cara y los aparté con cuidado para no despertarla, echándolos hacia atrás. Eirik y yo abandonamos la habitación. En el piso de abajo, la voz de Morgana llamaba al joven para que se apresurase en ir a atender las mesas.

-Será mejor que me vaya ya-dije una vez llegamos al final de las escaleras. No me agradaba la idea de irme, más sabiendo que había dos desconocidos que buscaban a Meredy-. Mañana nos reuniremos aquí e iremos después al campamento, ¿vale?-un nuevo grito de Morgana nos avisó para que nos diéramos prisa-. ¡Hasta mañana!-me despedí echando a andar entre las mesas y las sillas.

''No te preocupes, estarán bien'', no dejaba de repetirme una y otra vez mientras caminaba por las oscuras calles en dirección a casa. Escalofríos me recorrían la espalda de vez en cuando y tenía la desagradable sensación de que alguien me observaba. Aceleré el paso, mirando hacia atrás por encima del hombro para asegurarme de que nadie me seguía, pero estaba todo totalmente desierto. Sólo me sentí completamente segura al cruzar el umbral de la puerta de casa, al notar el calor de mi hogar.
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Eirik Argyle el Miér Ago 27 2014, 12:49

Acompañó a Fribba hasta la puerta de la posada, donde se despidió de ella por una última vez, cuando ella se volteó para irse él le puso una mano en el hombro

-He… -la llamó y ella se volteó-. Ve con cuidado, no he notado que esos tipos nos siguiesen, pero nunca se sabe –la avisó para que fuese precavida, realmente no pretendía asustarla, solo quería que fuese con ojo y tras un último agudo grito de Morgana, Eirik se tensó, miró hacia atrás por encima de su hombro y grito-. ¡Que ya voy joder! –vociferó molesto, tras lo cual se escuchó un:

-¡¿Cuántas veces tengo que decirte que cuando haya clientes no seas tan mal hablado coño?! –por parte de la posadera, al escuchar las réplicas, Eirik volvió a gruñir con desaprobación, mientras Fribba dejaba escapar unas risas, él la miró y a verla reír medio sonrió

-Será mejor que entre o… -bajó la mirada intentando mantener cierta distancia e hizo un gesto con la mano-. Le va a dar algo a la vieja… -finalizó antes de volver al interior del Lecho de Pulgas, donde Morgana lo esperaba de brazos cruzado y con una ceja levantada-. ¿Se puede saber qué coño quieres? Aun no hay un jodido cliente –gruñó de mal humor

-Pero bien tendrás que cenar ¿No? –respondió ella con superioridad, luego señaló hacia la cocina-. Boris te ha preparado la cena, pero no te relajes mucho porque en cualquier momento vendrán los clientes –simuló antipatía, mientras el licántropo bajaba a la cocina para cenar. Se sorprendió al encontrar un plato de sopa de huevo y pan, un plato a rebosar de algo así como carne de pavo y bastante pan, además de algunas frutas

<< Y yo que esperaba un chusco de pan duro… >>pensó con cierta alegría, Boris se lo había dejado todo preparado en una mesita en un rincón de la sucia y abarrotada cocina. Se sentó y comenzó a comer mientras hablaba de cualquier tontería con el cocinero que parecía encantado de volverlo a ver por ahí, parloteó y parloteó mientras seguía cocinando. Eirik sencillamente asentía con la cabeza o comentaba algo mientras comía. Tal y como recordaba, la comida de Boris no era precisamente la mejor, pero es que el pobre hombre más no podía hacer con los miserables ingredientes con los que contaba.

Cuando terminó de cenar recogió sus paltos y los cubiertos y los puso en el cubo para fregar, acto seguido se acercó al cocinero y le preguntó que quería que hiciera, este le pidió que comenzase peleando patatas señalando una montaña inmensa de estos tubérculos, él asintió y se sentó en el suelo, al lado de ella y se puso a pelarlos en silencio.

Las patatas que iba pelando las iba metiendo en una caja, regularmente Boris venía a buscar unas cuantas y volvía a la hoguera para seguir cocinando

-¿Cuántas necesitas? –le preguntó el licántropo al humano con el sombrero de chef, este lo miró con una sonrisa de dientes torcidos mientras removía un puchero que olía a escamas de arenque floridas

-Pues la montaña entera chico, las patatas son el mejor ingrediente que la vieja Morgana se puede permitir. Es lo único mínimamente comestible que vas a encontrar en esta cocina – bromeó el hombre entre alegres carcajadas, el licántropo medio sonrió y siguió pelando, luego apoyó la cabeza en la pared mirando hacia arriba, a nada en concreto

-Esta posada se cae a trozos, no sé por qué Morgana no la cierra de una puta vez –comentó sin ninguna mala intención, solo era una observación. Boris lo miró de reojo frunciendo los labios

-Bueno, cuando uno pone toda su ilusión en algo no lo abandona, por muy hecho pedazos que este… -respondió él con cierta ingenuidad, acto seguido con un cucharon de madera probó el puchero que estaba preparando-. ¡Puaj! ¡Sabe a rayos! –informó frunciendo el ceño, luego se acercó un plato y lo sirvió-. Ya está listo –aseguró justo en el momento en que Morgana se asomó

-Boris ¿Tienes ya el pedido de la mesa tres? –preguntó la mujer en un tono algo exigente, el cocinero se dio la vuelta con una sonrisa cortes

-Claro, un puré de cerdo y un caldo de anacardos, acompañado por dos jarras de cerveza. Aquí tienes –le ofreció el pedido, al mismo tiempo que Eirik se levantaba y cogía la bandeja previniendo que aquella gruesa mujer se lo pediría a él. Ella sonrió satisfecha

-Así me gusta ojitos azules, que sepas que es lo que te toca hacer –comentó burlona pero sin malicia, luego le miró con suficiencia-. ¿Recuerdas el orden de las mesas o te lo vuelvo a explicar? –preguntó retóricamente en el mismo tono, él la miró enfurruñado

-No, no hace falta… -respondió sin más, en ese momento notó que alguien le tiraba de la camiseta, miró hacia abajo para encontrarse con Meredy-. ¿Qué haces levantada? –le preguntó con paciencia, la niña bostezo

-No tengo sueño, vamos a jugar –le pidió tirándole de la ropa, Morgana sonrió encantada con la niña

-Lo siento Meredy, pero estoy trabajando, vete a dormir –le respondió con calma, la niña hizo pucheros

-¿Y no puedes descansar? –preguntó triste y Morgana se gachó para ponerse a la altura de la cría

-Lo siento tesoro, pero tu papá… -

-¡Que no soy su padre joder! –gruñó Eirik de mal humor y Morgana soltó una risotada, pues era obvio que lo había dicho a propósito para hacerle enfadar

-Lo que sea, me está ayudando porque hay mucho trabajo y a mí me duele mucho la espalda. Por eso ahora él no puede jugar… -le explicó pacientemente en un tono inquietantemente amable, luego sonrió a la pequeña-. Pero si quieres puedes jugar conmigo –aseguró, Meredy miro a Eirik como si estuviese pidiéndole permiso, este asintió y la niña comenzó a reír y a jugar con Morgana. El licántropo medio sonrió y se fue a servir mesas.

Tal y como pasó la primera vez que trabajó para Morgana, el local se llenó de mujeres que no le quitaban los ojos de encima. Aparentemente la noche iba bien, Morgana no lo explotaba demasiado y podía ir atendiendo mesas y ayudando a Boris en la cocina con relativa tranquilidad, sirvió silenciosamente un café a unas jovencitas humanas, pero tenso no pudo evitar levantar la mirada al sentir un olor que le era conocido. Entonces los vio, vio al tipo largo y delgado y al tipo bajo y grueso que perseguían a Meredy, e apresuró a servir y rápidamente fue a la cocina a reunirse con Morgana y la niña para esconderla.

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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Fribba Hedevary el Miér Ago 27 2014, 22:53

Cerré la puerta tras de mí al entrar en casa. Tía Anya preparaba la cena, inclinada sobre un puchero que había en la chimenea, y que olía deliciosamente bien. La ropa de Eirik se había secado y, milagrosamente, nadie parecía haber reparado en ella, por lo que me apresuré en cogerla, esconderla bajo el brazo y subir a toda velocidad hasta mi habitación, donde la deje bien estirada sobre la silla que había al lado de mi escritorio de madera. Me senté en la cama para quitarme las botas y ponerme cómoda cuando escuché la voz de mi tío:

-¡Anya! ¿Ya has estado otra vez revolviendo los cajones de mi ropa!

La voz enfadada de mi tía proveniente de la cocina no se hizo de rogar, replicando que ella no había tocado nada de sus cosas. No pude reprimir una risita traviesa al recordar que había olvidado volver a dejar todo como estaba antes de que Eirik entrase en la habitación de mis tíos a cambiarse, por lo que Edward se habría encontrado toda su ropa revuelta y mezclada.

La cena transcurrió como otra noche cualquiera: Seith permanecía callado mientras comía y sólo hablaba si le preguntaban directamente cómo le había ido el día, tío Edward bromeaba sobre asuntos de la tienda de ultramarinos y contaba algunas anécdotas y situaciones graciosas que le habían ocurrido durante el trabajo, o recordaba otras pasadas, mientras que tía Anya regañaba al pequeño Sabin por jugar con la comida. Una vez terminamos de cenar, ayudé a quitar la mesa y a limpiar los platos y subí de nuevo a mi habitación.

El silencio y la oscuridad reinaban en la casa cuando yo aún seguía dando vueltas por mi habitación, sin poder dormir. Había metido en mi zurrón algunas cosas que había comprado antes y que podrían hacernos falta, una manta, ya que después de lo ocurrido en la mina había aprendido que nunca estaba de más llevar una, algo de ropa y había preparado también mi arco y mis flechas. Bajé a hurtadillas a la despensa y cogí algo de comida también. En teoría sólo debíamos acompañar a la niña hasta el campamento que había en las afueras de la ciudad, pero tampoco estaba segura de que fuera a regresar en el mismo día, además de que si dos hombres buscaban a la pequeña debía ir bien armada. Terminé de preparar todo lo necesario para el viaje y me dejé caer boca arriba en la cama, inquieta y preocupada. "¿Estarán bien?", no dejaba de preguntarme una y otra vez. ¿Se habría despertado Meredy? ¿Se habría puesto triste al no verme allí? Agarré mi almohada, rodeándola con los brazos, " seguro que están bien", me convencí a mi misma. La vela que alumbraba mi habitación se había consumido casi por completo y pronto se apagaría, aunque algo me decía que aquella noche no me sería fácil conciliar el sueño.
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Re: El mundo es un lugar jodidamente pequeño [Interpretativo-Privado][Cerrado]

Mensaje  Eirik Argyle el Jue Ago 28 2014, 16:14

Seguían con la cara tapada pero su olfato no le engañaba, eran ellos y aquello se confirmó cuando al llegar a la cocina e ir a hablar con Morgana escuchó a Meredy dar un grito de miedo y luego decir

-¡Los hombres malos! –señalando a aquellos clientes, Por suerte Eirik la agarró y la entró a la cocina antes de que aquellos tipos la viesen

-¿Pero qué estás haciendo? –preguntó Morgana al ver el extraño comportamiento de Eirik, que estaba poniendo patas arriba la cocina buscando un lugar donde esconder a la niña que al ver a aquellos hombres había comenzado a llorar, el licántropo miró a la propietaria del local

-Creo que esos tipos tienen algo que ver con los padres de la niña, algo malo, en el puerto nos estuvieron siguiendo a Fribietta y a mí. Esconde a Meredy, voy a echarlos a patadas-gruñó haciendo crujir sus nudillos harto ya de aquellos tipos, cuando se encaminó la posadera lo agarró del brazo

-De eso nada, son clientes. –Eirik se volteó furibundo, dispuesto a decirle cuatro cosas a aquella mujer, pero su expresión de impertinencia lo detuvo-. Y por lo tanto como propietaria tengo el deber de tratarlos como se merecen… -comentó pomposamente llevándose una mano al pecho, luego señaló hacía una puerta en la pared-. Por ahí subiréis a la zona privada, hay habitaciones, son más pequeñas pero nadie puede entrar sin esta llave –aseguró lanzándole el objeto al licántropo que la cogió al vuelo-. Que conste que te va a tocar recuperar horas –lo avisó de broma moviendo el dedo índice y guiñándole un ojo, Eirik asintió, cogió a Meredy en brazos que se abrazó a él llorando asustada, abrió la puerta, la cerró con llave tras de sí y subió las escaleras de aquel oscuro y chirriante pasillo lleno de telarañas.

Morgana se cruzó de brazos y miró a Boris

-¿Está preparado el pedido de la mesa cuatro? –preguntó de modo sarcástico, el cocinero sonrió

-Por supuesto Morgana y he añadido un ingrediente muy especial –respondió en tono burlón, la mujer sonrió con malicia y dio una palmada

-No les hagamos esperar pues… -comentó ella recogiendo el pedido y yendo dispuesta a servirles una cena que aquellos matones jamás olvidarían.

Tal y como Morgana había dicho, las habitaciones de aquel piso eran más chiquitinas, peor estaban mejor cuidadas, al parecer eran las habitaciones de los empleados. Eirik abrió una habitación cualquiera y entró cerrando la puerta tras de sí. Lo primero que hizo fue dejar a Meredy sobre la cama o intentarlo, pues la niña asustada no quería soltarse de su cuello, lo tenía rodeado con los brazos y el poco con as rechonchas piernecitas de la niña, en vista del éxito suspiró y se sentó en la cama con la niña encima.

-Ya está, no pasa nada… -comenzó a decirle dándole unos toquecitos en la espalda, poco a poco la niña comenzó a calmarse, aunque se resistía a soltarlo. Se quedó dónde estaba, esperando que la niña acabase de calmarse. La habitación estaba oscura, solamente alumbrada por la tenue luz de las calles que se filtraba a través de un ventanal abierto en una de las paredes de la polvorienta estancia. Era una habitación humilde, construida al igual que la posada, básicamente en madera, con un armario y una mesita con cajones al lado de la modesta cama. Al parecer aquella habitación no era de nadie y a pesar de ser más pequeña que las de los clientes era bastante amplia o eso parecía debido a la carencia de muebles, salvo los nombrados antes. Curiosamente aquella zona de la posada tan solo accesible para los trabajadores, parecía ser algo aparte de la zona de los clientes pues no se escuchaba ni uno solo de los muchos sonidos de la zona común, eso le gustaba a Eirik, aquella zona era silenciosa y prácticamente desierta.

No sabía cuanto rato había pasado así, abrazando a la niña, pero al parecer había conseguido calmarse tanto en sus brazos que incluso se había quedado dormida. Se levantó con cuidado, abrió las sabanas de la cama y depósito a la niña con delicadeza para no despertarla, luego la arropó y caminó hasta el ventanal. Apartó con la mano las blancas pero gastadas cortinas y miró al exterior, desde ahí podía ver el parque medio abandonado en el que capturó la lagartija que le mostró a Meredy, estaba separado por un muro medio caído.

<< Quien lo diría… >>pensó, pues no se imaginaba que la casa medio abandonada que se veía desde ahí eran en verdad un adosado a la posada, desde ahí también podía ver la entrada de la posada, donde vio que aquellos dos tipos salían corriendo entre maldiciones y sonoras flatulencias

-Volved pronto –canturreó Morgana de forma hirientemente burlona, cuando aquellos clientes huyeron la mujer dio un par de palmadas, como si se estuviese quitando el polvo de las manos tras un trabajo bien hecho y entró de nuevo al local. Eirik sonrió compadeciéndose un poco de aquellos tipos, a saber que les habría echado aquella bruja en la comida. Corrió las cortinas, se dio la vuelta y caminó hasta la cama, donde se quitó las botas y se tumbó al lado de Meredy, panza arriba y con los brazos cruzados tras la cabeza.

<< A ver que le cuento mañana a esta tía… >> se preguntó, pues aunque saltaba a la vista que aquellos tipos no eran buena gente y menos después de que Meredy se asustase nada más verlos, realmente no tenía ninguna prueba de que querían hacerle daño. Cerró los ojos. En cualquier caso, mañana le esperaba un día movidito y con suerte, zanjaría por fin aquel tema y podría volver a la Arboleda, solo esperaba que Fribba cumpliese su promesa y se presentase allí al día siguiente.
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