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Aren Einarth

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Aren Einarth

Mensaje  Aren Einarth el Vie Ago 22, 2014 5:01 am

Nombre: Aren

Apellido: Einarth

Raza: Brujo

Edad: 58 años

Sexo: Masculino heterosexual

Historia pasada:

  Aren nació en el seno de una familia de brujos humilde. Siendo el único descendiente de la familia que haría perdurar tanto el apellido como la "sangre mágica" de la misma la carga de dejar el nombre de la familia bien alto se colocó sobre sus jóvenes hombros. ¿Qué esperaban de él? Que fuera un genio ¿Lo era? No de la manera que esperaban. Desde joven, Aren se mostró reticente a aceptar el odio hacia los elfos que profesaban los demás brujos. Las peleas eran bastante comunes y Aren siempre salía mal parado debido a su postura hacia los elfos. Siempre considerado un defensor de la raza rival fue marginado a lo largo de sus años de estudio de la magia y deshonró el nombre de su familia. Su padre dejó de hablarle y su madre comenzó a tratarle cada vez con más frialdad hasta que finalmente se convirtió en "una carga obligatoria". Sin embargo había alguien que no le odiaba. Pocos años antes de terminar sus estudios básicos de la magia conocío a Farengall, un verdadero genio en las artes mágicas que escuchaba los puntos de vista de Aren y trataba de rebatirlos con argumentos sólidos y no con puñetazos. Con el tiempo, a pesar de que las posturas de ambos con respecto a los elfos eran diferentes, se convirtieron en grandes amigos y por un tiempo el mundo dejó de ser tan gris como aparentaba ser.

Así pasaron los últimos años de enseñanza mágica junto a Farengall, aunque ambos pensaban continuar sus estudios en magia avanzada, sin embargo se acercaba algo que todos veían venir. La primera guerra. Todos los brujos debían participar en la mayoría de edad en alguna guerra, aunque fuese pequeña. A Farengall y Aren les tocó la misma, una escaramuza a un grupo de elfos que patrullaban una zona cercana al bosque Aerandir. En un principio Aren pensaba negarse, ya que la guerra no era un tema que le interesase en absoluto y aunque todo el mundo le odiase más todavía, no le interesaba una matanza innecesaria hacia una raza que nunca llegó a odiar. Sin embargo, Farengall le convenció de hacerlo a cambio de conseguir que todo el mundo lo aceptase como uno de los suyos. La perspectiva de ser aceptado por fin en la comunidad de brujos cegó a Aren, quien aceptó a pesar de su inicial reticencia a la guerra. Era una escaramuza fácil y nadie tenía por qué salir herido ¿Verdad? Tenían toda la ventaja y ningún elfo se enteraría nunca de que aquell pasó. Al menos en la cabeza de Aren todo salía a la perfección. Por desgracia la realidad era otra.
Los brujos saltaron sobre los elfos sorpresivamente y éstos fueron masacrados brutalmente. Los brujos los superaban en destructividad, número y sorpresa de modo que los elfos no tuvieron la más mínima oportunidad. Sin embargo en un último esfuerzo de voluntad, el último de los elfos supervivientes apuñaló a Farengall en el cuello, sesgando su vida para siempre. Aren que durante la escaramuza había evitado discretamente hacer un daño real a las fuerzas élficas se sintió culpable y a la vez furioso por la muerte de su amigo y cuando el resto de compañeros de Farengall agarraron al elfo le pidieron a Aren que terminase con su vida por dos razones. La primera fue para demostrar lealtad hacia la estirpe de los brujos y la segunda para vengar la muerte de su amigo, ya que Aren era considerado el mejor amigo de Farengall. Aren no dudó y el elfo fue apuñalado en el corazón, perdiendo su vida al instante. Casi todos volvieron como héroes de aquella guerra y aunque una sola pérdida fuese casi un milagro en ese tipo de escaramuzas sobre los hombros de Aren se cargó el peso de la culpa por la muerte de su mejor amigo. Nunca volvió a ser el mismo.

Tras la guerra se inició en las escuela de magia avanzada con el único fin de mejorar como mago y no permitir que aquello volviera a pasar nunca más, sin embargo ya había pasado y nada podía cambiarlo. A pesar de volver a ser aceptado por la gente que antes sintió odio por él y por sus padres y a pesar de haber perdido a su mejor amigo a manos de un elfo Aren comprendió que todo aquello no habría pasado si desde el principio ambas razas se hubieran mantenido unidas. Mientras por el día estudiaba la magia básica de los brujos por la noche empleaba su tiempo para buscar escritos sobre los elfos, sin embargo lo máximo que encontraba eran difamaciones escritas hacia la misma raza que no aportaban mucho conocimiento sobre la misma. Tenía que haber una respuesta, pero no en aquellas islas. Así fue como Aren decidió que cuando terminase con la magia avanzada iría a la biblioteca de Lunargenta, donde seguramente se encontraba la mayor y más neutral fuente de conocimiento sobre las demás razas, entre ellas los elfos.
Cuando sus estudios terminaron, múltiples solicitudes para entrar en diversas escuelas especializadas llegaron a su casa debido a sus elevadas notas. A pesar del orgullo que sentiría su familia al tener un hijo en una de las escuelas más prestigiosas de magia de todas Aren rechazó todas las peticiones y decidió que era hora de viajar y aprender más sobre los elfos. Era hora de viajar hacia Lunargenta.

Las despedidas no duraron mucho, había preguntas sí. Pero ¿Quién puede entender a los genios? Nadie. Rechazan el acceso a las mejores escuelas de magia del mundo y se van de viaje a otros lugares y culturas en busca de conocimiento, aquello era de locos. Lunargenta no parecía el mejor lugar para ello desde una perspectiva lejana, pero sin duda debía serlo ya que era la congregación más grande y parcialmente neutral de todas.
Cuando Aren llegó a la gran ciudad casi no se lo creía, era enorme y había gente por todas partes. No era tan diferente de su madre patria, pero al mismo tiempo era increíblemente diferente. La población mayoritaria era de humanos, sin embargo había gente de la misma raza que Aren e incluso algunos elfos, aunque siempre reticentes a comunicarse con otros que no sean los de su especie. Aren lo vio más claro que nunca, aquello podía cambar, realmente podía haber paz entre ambas razas y sabía como conseguirlo, sabía por donde empezar.

La biblioteca de Lunargenta era enorme y estaba llena de conocimiento, cuando Aren le preguntó al bibliotecario por toda clase de libros sobre brujos y elfos el bibliotecario no daba abasto para todo lo que quería el brujo. Con el tiempo se hicieron buenos amigos, las visitas diarias e incluso las noches que se quedaba el brujo en aquella biblioteca entretenían al anciano que no tenía mucha vida al margen de aquellas cuatro paredes. En alguna ocasión ese bibliotecario llamado Gundar le ofreció a Aren vivir con él para que no tuviera que quedarse a dormir siempre en la misma posada barata de siempre. Sin embargo Aren rechazó la idea dado que la posada estaba bastante más cerca de la biblioteca y le permitía maximizar su tiempo de estudio allí. Así pasaron los años y un joven brujo que se enterró entre libros y libros de olvidada ciencia pasó a convertirse en un adulto que surgió de entre polvorientas columnas de papel con una idea. El cambio fue enorme. Aren se había vuelto mucho más sabio e inteligente que en su juventud y finalmente el recor que sintió una vez hacia los elfos por la muerte su compañero desapareció cuando por fin sus años de investigación dieron sus frutos. Había aprendido los principios básicos de ambas magias había resuelto que no eran más que los extremos el mismo palo, tanto la magia de los elfos como la de los brujos venían de la misma fuente y si alguien comprendía aquello y se mantenía en una posición neutral entre ellas sería capaz de dominar ambas. Ni elfo ni brujo. Un mago del equilibrio.

Ahora que había comprendido lo intrínseco de la magia y se había convertido en una especie de "sabio" en la materia, Aren decidió que era hora de pasar sus conocimientos a alguien antes de que fuese demasiado tarde. Era hora de buscar un discípulo al que enseñarle que la magia era algo más que pertecener a un extremo y explotarlo. La magia verdadera era equilibrio y conocimiento. Aren estuvo buscando por mucho tiempo, el mejor discípulo posible sería un elfo que ya supiera la magia de su raza y tratar de enseñarla magia de los brujos, sin embargo la búsqueda fue increíblemente difícil. Los elfos nunca olvidaron las desgracias que provocaron los brujos con su "afán" por la guerra y ninguno de los elfos que escuchaban a Aren le creían cuando decía que había una forma de dominar ambos tipos de magia. Con el tiempo Aren fue perdiendo la esperanza en encontrar a un discípulo adecuado hasta que un día se presentó la ocasión perfecta. Aren se encontró con una vieja compañera de clase en la escuela de magia, Gamora. Gamora estaba casada, pero no cualquier humano o brujo, estaba casada con un elfo al cual conoció en su primer viaje a Lunargenta. La relación fue difícil desde el principio, pero con el tiempo ambos aceptaron sus sentimientos y se unieron en secreto. Vivían en Lunargenta donde todo el mundo pasaba de todo el mundo y donde ni los elfos ni los brujos solían molestarlos a menudo. Aren acababa de encontrar la respuesta a lo que buscaba. Tras mucho insistirle a Gamora y a Eltharien, el elfo y esposo de Gamora, finalmente estos aceptaron adentrarse en la cultura del otro con el fin de unirse más que nunca espiritualmente. Era hora de practicar algo de magia de verdad.

Aren se las arregló para que el bibliotecario le permitiese practicar a él y a sus alumnos en el sótano de la misma biblioteca, que era increíblemente amplio y nunca estaba lleno de muchas cosas. Allí Aren transmitió a sus discípulos los conocimientos de ambas razas y la sabiduría que había adquirido tras años de estudio en los libros de la biblioteca. En un principio todo fue bien, ambos tenían paciencia tanto para aprender como para fracasar. Era normal que uno no pudiese amaestrar algo que ha dejado de lado tanto tiempo, era difícil que un elfo crease elementos destructivos y que un brujo utilizase la magia de la vida, pero Aren tenía fé en ellos. Pasaron un par de años y finalmente, tras tanto aprendizaje, Gamora logró liberar una pequeña cantidad de magia curativa, suficiente para curar un corte que Aren se produjo para que practicase. ¡Lo había conseguido! Por fin tantos años de trabajo habían dado sus frutos y sólo era cuestión de tiempo que Eltharien dominase algún tipo de magia de los brujos y que Gamora aprendiese magia avanzada de los elfos. Sin embargo Eltharien no pensaba así, tras dedicarle años a aquel tipo de magia sin ningún resultado perdió la esperanza y la confianza en si mismo. Cuando Gamora logró utilizar la magia de los elfos, en lugar de alegrarse Eltharien sintió celos y resentimiento y con ese mismo sentimiento asesinó a su propia esposa delante de Aren. No podía creerlo, tantos años de esfuerzo, tanto tiempo de enseñanza y finalmente el resentimiento volvía a ganar. Aren estaba destrozado y furioso por la muerte de su antigua compañera y ahora discípula y no tuvo más remedio que enfrentarse a Eltharien en un duelo mágico de una intensidad increíble. Eltharien sollozaba y gritaba cosas sin sentido, le echaba la culpa a Aren por la muerte de Gamora y, aunque no se diera cuenta en el momento, Aren pensaba que Eltharien tenía toda la razón del mundo. El duelo terminó tras unos intensos minutos de combate y Aren se alzó con la victoria terminando con la vida de su segundo discípulo. Estaba claro que ellos no estaban listos para dominar la magia del equilibrio ¿Pero quién lo estaba entonces? ¿Sería posible transmitir aquel conocimiento a alguien sin destruirle en el proceso? Aren no tenía respuesta para ello y decidió no enseñarle nunca a nadie más hasta que encontrara la respuesta a aquel dilema... Pero todavía podía hacer algo, podía seguir estudiando con el fin de instaurar la paz entre todas las razas, con los movimientos adecuados todo era posible y Aren Einarth estaba dispuesto a ello.



Historia presente:

Se dice que en la biblioteca de Lunargenta hay un fantasma, no es un espíritu que aparezca y desaparezca como suelen contar las leyendas de los fantasmas. Es un hombre, un alma en pena que siempre se encuentra en el mismo sitio, leyendo libros casi tan antiguos como la misma existencia de la biblioteca. La gente habla, dice que es un mago muy poderoso que ha perdido mucho como para hablar de ello. Estudia a los brujos. Estudia a los elfos. Lo estudia todo, ni una raza escapa de su conocimiento y comprensión, sabe los hechos históricos pero no conoce mucho más. Tras años de estudio ha descuidado algo más que su aspecto. Ha descuidado su trato con la gente y ha olvidado como funcionan realmente las personas. No habla, no molesta, no se mueve demasiado y lo cierto es que a veces parece que nunca duerme. Dicen que vive en la biblioteca y que se llama Aren Einarth. Que una vez fue un estudiante destacado de magia en su tierra natal y que se convirtió en el ayudante del bibliotecario para ganar algo de dinero para poder vivir y que suele dormir en la biblioteca debido a la confianza que tiene el bibliotecario en él. Aren Einarth no cambió en absoluto, simplemente está cansado de perder. Sigue buscando el equilibrio, pero ningún discípulo le parece el adecuado. Demasiada ira, demasiado conocimiento, demasiada arrogancia, demasiado deseo de poder... Siempre con el "no" por delante, Aren vive en Lunargenta. Aunque más bien vive en una zona concreta de Lunargenta, la biblioteca. Rara vez se le ve salir de allí y una vez se centra en un estudio no es capaz de dejarlo fácilmente, sin embargo algo ha cambiado. El verano ha llegado y todavía hace frío. El equilibrio ha sido roto y si realmente Aren se considera un verdadero mago del equilibrio debe investigar a qué se debe tal anomalía y al mismo tiempo tratar de instaurar una paz no sólo entre elfos y brujos, también entre las demás razas que llevan enfrentadas tanto tiempo. El camino será arduo y difícil, pero ¿Qué no lo es en esta vida?

Carácter:

Aren Einarth ha vivido mucho y ha contado muy poco. Es una persona muy reservada y que rara vez habla de si mismo con nadie. Solo una persona a la que realmente aprecie sería capaz de averiguar cosas de su pasado contadas por el mismo Aren. En general es un hombre tranquilo y no se deja llevar casi nunca por la ira, lo cual no quiere decir que se niegue a sentirla. Vive entre libros y agradecerá cada pedazo de conocimiento que le sea otorgado y que no conozca. Aprecia a aquellos investigadores que no buscan la destrucción de una raza o la prosperidad de un solo reino. Su vida le ha llevado a ser alguien demasiado acostumbrado a estar entre cuatro paredes y un muro de libros, de modo que ha olvidado casi por completo lo que es sociabilizar con cualquier otra forma de vida. No es mal hombre, de hecho es amable sin ni siquiera pretenderlo y ayudará directa o indirectamente a quien pueda ayudar, siempre y cuando tenga un rato libre y no se encuentre en medio de una profunda investigación. Se muestra muy interesando por todas las razas exceptuando la suya y la de los humanos, las cuales ya conoce a fondo debido a que ha vivido entre ellos muchísimo tiempo. Desconfía particularmente de los de su propia raza debido a que son propensos a la destrucción y el odio, de modo que siempre se mostrará distante de los suyos hasta que verifique que efectivamente no son como los demás. Odia por lo general a todo aquel que maltrata los libros, ya que son fuentes de conocimiento increíblemente valiosas y que deberían ser respetadas. En principio es bastante callado y solitario, lo cual se puede solucionar con un buen tema de conversación en el que se muestre realmente interesando, tras lo cual empezará a hablar por los codos e incluso divagar, expulsando conocimiento por todos los orificios de su cuerpo.


Armas:

-Posee tres pequeñas dagas que usa única y exclusivamente para defenderse de agresores, ya sea empuñando una de ellas o manejándolas con telequinesis.

Apariencia:

Se trata de un hombre de una estatura aproximada de metro ochenta y dos de altura (1'82 m). Su pelo es bastante largo y es de color marrón claro, teniendo también barba del mismo color. Su rostro tiene las típicas arrugas de alguien que llega bien parado a los cuarenta años, es decir que aparenta menos años de los que tiene (aunque no muchos menos). No está bien formado físicamente, su escaso ejercicio diario y su tendencia a estar horas y horas con un libro entre manos y nada más que un libro lo ha llevado a tener un físico no demasiado bien tratado. Ligeramente sano, sí, pero no tan bien tratado como le hubiera gustado de modo que carece de fuerza y es alguien bastante torpe para tareas sencillas. Sus ojos son de un azul profundo y suele vestir una maltrecha túnica de diario. A pesar de ser bastante descuidado por lo general nunca lo es con su higiene dado que la misma suciedad le molesta a la hora de investigar y prefiere mil veces perder unos minutos acicalándose a perder horas de investigación por culpa de no poder concentrarse.

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Defectos:

-El pasado le persigue, se culpa de la muerte su mejor amigo y por la de sus dos discípulos y por ello se muestra muy reticiente a la hora aceptar algún discípulo si no está cien por cien seguro de ello.

-Su pasión por la lectura roza la obsesión, llegando a tirarse horas y horas con un solo libro con el único fin de comprenderlo en su máximo exponente.

-En ocasiones sus propios pensamientos le absorben y se abstrae de la realidad en momentos de paz, lo que generalmente interrumpe las conversaciones más pacíficas que pueda tener con la gente.

-Las relaciones sociales no son lo suyo, de modo que ignora la mayoría de las expresiones que usa la gente y por lo general no entiende a las personas que no hablan de forma correcta y usan vulgarismos o similares.
Aren Einarth
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Re: Aren Einarth

Mensaje  Nana el Lun Oct 09, 2017 1:58 pm


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Nana
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