[Tema Cerrado] Dinero o honor, vida o muerte. [Interpretativo][Libre]

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Mensaje  Levia el Lun Sep 08 2014, 19:45

-> venimos de las afueras de la cuidad: http://aerandir.foroes.org/post?p=37607&mode=editpost (camino a Lunargenta)
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Zelme y Levia caminaban por el bosque sorteando ramas y arbustos, el bosque era muy frondoso, por lo que les costaba orientarse. Estaban en silencio, apenas se miraban.  Hacia apenas unos días que habían salido  de Lunargenta, tras un día de descanso en la ciudad...

*Tras acordar el pago correspondiente por la caza de las Dríopes, Zelme y Levia habían entrado en la ciudad de Lunargenta, ya que ambos tenia que comprar un par de cosas, y así salir al día siguiente con la salida del sol.
De acuerdo...- susurro Levia viendo como el hombre se alejaba hacia la herrería - Estaré aquí esperándote...- Vio como su ahora compañero se iba. Cuando se aseguro de que no podía verla, Levia se perdió entre la muchedumbre. Se dirigió a una parada donde vendían aromas, esperaba que estuviese el que ella usaba. Por suerte la tenían, pensó Levia, dejando unas monedas en las temblorosas manos de la anciana de la parada. En cuanto de la dio se puso un poco en el cuello, tras las orejas. Olía a flores de lavanda, le encantaba ese olor y ademas pensaba que así disimularía un poco su olor a dragón frente a otros de su especie, ya que con unamos como su compañero no le hacia falta, ya que su olfato no era tan preciso. Tambien compro algunas telas, no tenia intención alguna en transformarse, pero nunca estaba de más ir preparada. Lo siguiente en su lista de la compra fueron cosas menos  importantes: un pequeño frasco de un materia parecido al vidrio, aunque un poco mas resistente, una tela larga con un relleno de lo que le había parecido el pelaje de un animal, de estas ultimas compro dos, ya que quizás le era útil para dormir en el bosque, tanto a ella como a Zelme. Apenas le quedaba ya dinero, así que decidió que con lo que acababa de adquirir mas las pocas cosas que ya tenia iba mas que equipada.

Paseó por la plaza de la cuidad, viendo los demás puestos, los niños correr y jugar... de detuvo delante de una mujer que estaba bailando, en sus manos sostenía unas telas que movía tapando y descubriendo su cuerpo, al son de la música de un laúd que tocaba un hombre a su lado. Era una joven muy hermosa, y su cuerpo se movía de una forma que Levia jamas hubiese pensado que pudiera hacerse. Se quedo absorta mirándola, así que se sobresalto cuando la mano de Zelme se poso en su hombro.

- Pensé que estarías...- el hombre también se quedo mirando a la bailaría, olvidando acabar su frase. Cuando la bella mujer acabo su espectáculo, todos aplaudieron, ellos dos incluidos. Zelme y Levia se miraron - Te apetece comer algo?-.

Cenaron en un local donde había mucha gente, ruido, música humo... Ambos estaban sentando un tanto apartados del bullicio. En la mesa había un gran plato de carne, pan, queso y por supuesto dos jarras de aguamiel, una para cada uno.
- Bueno al final que te compraste?...- pregunto la joven con un trozo de queso en las manos. El hombre alzo del suelo algo pesado, era un escudo. Pasaba la noche y ellos seguían en el mismo lugar, sentados, bebiendo y riendo, aunque no hablaban, al menos de cosas importantes.

- Entonces mis compañeros y yo les ...- empezó a contar el hombre dando un golpe con la jarra en la mesa.

- Humano, ya has contado eso por lo menos tres veces...- le corto la dragona, seria, aunque eso duró poco, ya que empiezo a reírse, haciendo tambalearse un poco la mesa. El hombre también acompaño sus risas.

Por la mañana, si saber como después de la larga noche, ambos se despidieron de la ciudad de Lunargenta para seguir los pasos de las Dríopes. Hasta llegar al bosque donde se encontraban: el bosque de Sandorai.*

La espesura de los arboles apenas dejaba entrar el sol, por lo que costaba diferenciar si era de día o de noche, aunque se podía ver perfectamente sin tener que encender un fuego. Las ramas y raíces estabas dispuestas de manera que dificultaban el camino, colocadas al antojo mismo de la naturaleza. Parecía que no corría el aire, pero aun así hacia frió, incluso más que fuera del bosque, pensó Levia colocándose bien su capucha.

Entonces la chica miro a Zelme de reojo, sonriendo de lado, recordando aquella noche. No lo recordaba todo, ya que tenia pequeñas lagunas, donde todo se volvía negro, pero lo poco que recordaba aun le hacia reírse como aquel día.

- Te duele?...- pregunto mirando de nuevo al frente, ya que si no lo hacia era muy fácil tropezarse o darse contra algún obstáculo, ya que el "camino" estaba lleno de ellos. El hombre tenia en la frente un leve hinchazón de un color rosado. Levia y el se habían dado un cabezazo sin querer, aunque la cabeza del hombre había salido mas mal parada que la de ella.
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Mensaje  Zelme el Mar Sep 09 2014, 00:07

Apenas veíamos el sol entre la espesura del bosque, caminábamos con dificultad entre ramas y raíces las cuales nos hacían tropezar cada pocos pasos. Las hojas no hacían movimiento alguno, ni las ramas, estaba todo quieto y parecía que el tiempo no avanzaba entre la espesura. Me dio un pequeño escalofrió por el frío y me froté el pequeño golpe de la frente, aún me dolía -Te duele?... - preguntó la muchacha mirándome con sus profundos ojos grises - No... ¡Claro que no!- Dije disimulando indiferencia. Pensé en aquella noche en Lunargenta donde dio lugar el accidente con ella "Ni el propio Thor tendría la cabeza tan dura" pensé en aquel momento aguantando el dolor. Era uno de los pocos momentos que recordaba con claridad... hubo mucho alcohol aquella noche, pero si recordaba pasarlo muy bien con la joven y parecía que le gustaba mis historias. Ella era muy diferente a todas las mujeres con las que había estado; que no eran muchas y menos si no era pagando. Le gustaba su compañía y quería descubrir más de ella, empezando por su nombre.

Me molestaba el pesado escudo que cargaba en mis espaldas pues se enganchaba entre la maleza y no paré de gruñir en todo el camino "¡por los dioses!, espero encontrar a esos malditos monstruos cuanto antes y necesito un trago!!" pensé mientras partía una vieja rama que estorbaba mi camino. En nuestra pequeña estancia en Lunargenta pude comprar y tomar prestado sin el consentimiento de sus dueños algunos objetos para el viaje, entre ellos el pesado escudo redondo con grietas por todos lados, pero no podía permitirme algo mejor, también  un pedernal y un eslabón. La joven iba detrás mía, sentía sus suaves pasos detrás sin emitir apenas ruido, parecía que estaba acostumbrada a ser sigilosa y recordé su arco y sus ropajes de pieles, seguramente fuera una hábil cazadora.

Llegamos a un pequeño claro y pude ver por fin el cielo sobre mí. Estaba atardeciendo y le daba a todo un color rosado - Este parece un buen lugar donde pasar la noche, podremos hacer un fuego y no dormiremos con las raíces clavándose en nuestras espaldas - dije mientras dejaba el escudo en el suelo junto mis pocas pertenencias. Necesitábamos una buena cena y en este bosque abría buenas presas... miré a mi compañera y le comenté -Mujer, parece que sabes usarlo - le indiqué con la mirada señalando su arco - si gustas, yo me encargo del fuego y tu de la cena - No quería demostrar mi penosa habilidad para la caza y quería comer algo aquella noche. Terminé añadiendo - Por cierto... ¿Cuándo verás oportuno decirme tu nombre?-
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Re: [Tema Cerrado] Dinero o honor, vida o muerte. [Interpretativo][Libre]

Mensaje  Levia el Mar Sep 09 2014, 02:37

La joven iba sorteando las raíces y los obstáculos del bosque, sin hacer apenas ruido y sin romper nada, ya que no quería dañar la naturaleza. Puso los ojos en blanco al ver que su compañero no pensaba lo mismo. Le hacia gracia ver como se movía: se quedaba enganchado en las ramas de los arboles que caían sobre el camino, se tropezaba con las raíces que se alzaban del suelo e incluso una vez se le había enganchado una telaraña en la cara. Levia sonreía cada vez que al humano le pasaba alguna de estas cosas, pero intentaba no reírse, ya que parecía que se estaba enfadando.

Al llegar al claro, la chica de ojos grises se coloco en el sitio donde pensó que podrían estar mas seguros si algún animal o algún otro ser se  acercaba al caer la moche.  

Miro al hombre cuando le hablo, asintiendo con la cabeza. Aunque tras la propuesta de él se quedo parada, después sonrió levemente -Claro, yo iré a por la cena.. - susurro cogiendo su arco. Se lo coloco en las caderas, y el carcaj a los hombros. Sonrió de lado por el comentario del hombre, él haría el fuego.. si supiera la verdad...aquel pensamiento arranco una leve carcajada de los labios de la joven.

Dejo sus cosas bien colocadas en el suelo, y tras repasar que no se dejara nada, se puso la capucha, ocultando su rostro en una leve sombra, con los cabellos cayéndole a cada lado. Empezó a andar hacia el bosque, pero antes de endentarse volvió la cabeza para mirar al hombre - Levia...- susurro antes de salir corriendo por entre los arboles, perdiéndose en la penumbra.

En el bosque la joven se movía de manera rápida, saltando por rocas y salientes, trepando arboles, sobresanando charcos...entonces encontró una liebre, que estaba comiendo unas hojas, estaba a unos veinte pasos de ella. Levia se detuvo en seco, ocultándose tras un árbol. Había estado a punto de chocarse contra una rama que había en el suelo, pero se sujeto con una mano en el tronco. Preparo su arco y una flecha, no le haría falta mas. El que no corriera apenas aire solo hacia que facilitarle la tarea. La fecha rozo sus dedos cuando destenso el arco. El animal cayo en el acto. Levia, guardando su arco de nuevo a cerco al animal ya inerte en el suelo. De camino a donde se había dejado al humano, la chica había extraído la flecha del cuerpo y estaba tirando de la piel para dejar solo la carne.

Al llegar al claro Levia miro a ambos lados. -Zelme?...- pregunto al no ver nada. Se acerco a la zona donde estaban sus cosas, también estaban las del chico. Pero él no estaba, ni había hecho el fuego... - Zelme !- esta vez alzo un poco más la voz.  Al no obtener respuesta, la joven dejo el conejo en el suelo y cogió su daga, se la coloco en la sujeción que portaba en la pierna, y después su hacha, sujetándola con ambas manos. Cerro los ojos y agudizo el olfato, a ver si podía seguirlo a través del olfato. Efectivamente, aun podía oler el aroma del humano, y ese ligero olor a aguamiel. Siguió por el claro hasta entra en el bosque de nuevo, pero por un sitio distinto por el que habían llegado.
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Mensaje  Zelme el Mar Sep 09 2014, 18:39

-Levia... - me susurré a mi mismo mientras veía partir a la muchacha que por fin confesó su nombre. Descolgué de mi hombro el pellejo y sujetándolo con ambas manos bebí un largo trago en honor de mi compañera de la cual ya sabía un poco más.

Cada vez había menos luz en aquella maraña de malditas ramas y raíces que formaba el bosque. Necesitaba darme prisa en recoger madera lo antes posible para tener la hoguera lista para la posible presa de Levia. Pero encontrar madera seca en ese bosque no era tarea fácil y con ayuda de mi hacha iba recortando las ramas de los árboles caídos que no estuvieran muy húmedos; si no, ni  los propios gigantes del ardiente reino de Muspelheim podrían hacerlas arder.

Notaba caer el sudor de su frente y perderse en su abundante barba ya empapada por los restos de aguamiel, nunca tuve buena puntería con ese maldito pellejo. Cargaba las ramas sobre mi hombro bien sujetas con mi brazo, ya tenía suficiente madrera para una buena hoguera y poder alimentarla casi toda la noche. Decidí volver al claro siguiendo los cortes que había hecho anteriormente sobre los arboles para no perderme - ¡Socorro, por favor! - escuché a mi derecha con gritos de angustia, dejé caer las ramas y corrí con hacha en mano pensando que pudiera ser Levía en peligro, pues los gritos eran claramente de una mujer.

Seguí los gritos hasta llegar a un pequeño claro con un charco poco profundo de agua oscura entre dos grandes rocas. El origen de los gritos estaba en el interior de la charca sujetándose en una de las rocas. Era una mujer con una belleza capaz de eclipsar a la propia Freya. Tenía un cabello largo y castaño entre mojado por el agua que le cubría hasta sus desnudos pechos esculpidos en los cielos. Aunque su cara expresara terror podía verse a leguas que era bella con unos ojos castaños y oscuros, sus labios carnosos se abrieron - Por favor, ayúdeme apuesto señor a salir de este horrible aguazal - Miré al alrededor un segundo y me percaté que me llamaba a mí, no estaba acostumbrado a que me llamaran señor  y aún menos apuesto.

Sin preguntarme como una joven muchacha había podido acabar sola y desnuda en mitad de aquel horrible bosque y atrapada en aquel cenagal, guardé mi hacha en el cinto y me acerqué rápidamente a la roca donde se agarraba y  la cogí con mis ásperas manos. Una vez bien sujeta la alcé sobre mí para sacarla de su prisión de agua y barro. Pero mientras tiraba de ella y sentía sus pechos desnudos sobre mí, vi como su expresión  cambiaba a una sonrisa maléfica. Fue ya tarde cuando me percaté que aquella supuesta mujer no tenía piernas, si no una larga y escamada cola que no tardó ni un segundo en enroscar sobre mi cuerpo impidiendo que pudiera mover ni brazos ni piernas. Intenté con todas mis fuerzas liberarme pero no pude hacer gran cosa, solo notaba su fuerte abrazo.
- Maldito monstruo, libérame antes de que te descuartice con mis propios dientes!!!- grité con furia. Sentía como la sangre se me acumulaba en la cabeza, haciendo que me pusiera rojo y cada vez me costaba más respirar- Estúpido Humano. Parece que hoy mi cena apesta, tendremos que darte un baño antes... - Dijo esa maldita cosa mientras me arrastraba al cenagal. No pude ni maldecir al estar casi sin aliento. Los dioses estarían riéndose de mí.

Lamia:
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Re: [Tema Cerrado] Dinero o honor, vida o muerte. [Interpretativo][Libre]

Mensaje  Levia el Sáb Sep 13 2014, 00:01

Levia siguió el olor de Zelme hasta adentrase en el bosque de nuevo, a partir de ahí no fue tan difícil seguirle la pista, ya que las ramas de los arboles que habían taladas tejían un leve camino, aunque aun abrupto y espeso. Sus manos iban apartando algunas ramas que habían resistido al hacha del humano, quedándole a la altura de la cabeza, tirando de sus cabellos, enredándonos en ellos. Entretenida con su tarea, la chica no vio el montón de ramas que había en el suelo, y al pisarlas tropezó y estuvo a punto de caer al suelo, pero una de sus manos se apoyo en un ancho tronco, ayudándola a estabilizar su equilibrio. Maldició colocándose bien las ropas, agradeciendo que el humano no hubiese visto aquello, Levia se agacho, poniéndose en cuclillas, y empezó a coger las ramas que supuso que había dejado ahí el hombre - Donde se supone que ha ido este hom...- calló, cerro los ojos, agudizando el oído y el olfato. El olor del humano ahora era mas leve, como más difusa. Una voz...¿ De mujer ? Levia frunció el ceño, muy confundida. Se levanto de nuevo, mirando a su alrededor. Habían unas leves huellas en el suelo que se dirigían hacia unos arboles. Las salpicaduras de barro y la hierba aplastada de manera brusca le hizo creer a la joven dragona que quien fuera que hubiese pasado por allí lo había hecho deprisa, corriendo.

Su cabeza se lleno de preguntas, a las cuales Levia no tenia respuesta. Dejando las ramas a un lado, siguió las huellas, con cuidado pero con paso seguro y decidido. A lo lejos podía ver lo que parecía el final del laberinto de arboles: un pequeño claro. Sus brazos se movían de manera enérgica, apartando los obstáculos, sus piernas prácticamente andaban solas. ¿ Estaría su compañero en el claro ? De nuevo una voz femenina llevo los oídos de la dragona, pero no conseguía distinguir palabra alguna.

Tras dar la espalda a los últimos arboles, Levia quedo inmóvil, con los brazos extendidos a cada lado de su cuerpo. Su pecho se movía de manera visible, inspirando y exhalando con fuerza, un ligero hilo blanco de vaho salia de entre sus rojos labios. Sus ojos miraban al frente, a un pequeño charco. Respondiendo a sus preguntas, Zelme se encontraba en el agua, con una joven...desnuda. Las mejillas de Levia adquirieron un ligero tono rosado al verlos. Sintió un amplio abanico de sensaciones y sentimientos. Se disponía a volverse e irse por donde había venido cuando escucho a Zelme, después a la muchacha de dulce voz, con el rabillo del ojos pudo ver como esta le sumergía en el agua, aparentemente ahogándolo. No lo pensó dos veces. Las manos de la joven volaron hacia su arco, en el tiempo en que sus grandes y rápidos pasos la dejaron junto al pie de la orilla, la flecha ya estaba preparada para ser disparada. Se podían ver bajo el agua las dos figuras, aunque con el movimiento de esta y el espuma que estaba produciendo no se atrevió a disparar el arma, ya que podría darle al hombre. No acababa de comprender lo que estaba pasando, hasta que pudo ver que del agua se asomaba una escamosa cola de serpiente.

- Lamia...- sus dedos se aferraron con mas fuerza a la madera del arco, pensando en como ayudar a su compañero. Vio que la cola de la criatura salia intermitentemente del agua, como intentando impulsarse, ya que el forcejeo del hombre le dificultaba la faena de ahogarlo. Levia soltó el arco, quedándose solo con la flecha, se agacho, apoyando las rodillas en húmedo suelo. Al ver de nuevo la cola serpenteante salir a la superficie, la dragona le clavo la flecha con todas sus fuerzas, ya que no quería que las duras escamas que la cubrían hicieran su golpe no fuera certero. Un hilo de liquido rojo empezó a emanar de la herida de la lamia, acompañado de un agudo chirrido. El grito desconcertó un poco a la joven, haciendo que cerrara, solo por un segundo, sus grises ojos. Al abrirlos, pudo ver que la criatura se había separado del hombre, dejándolo libre de su fuerte abrazo, estaba intentando arrancarse la flecha de la cola con ambas manos, aunque parecía que le era una tarea difícil, ya que la madera se le escapaba de entre las manos mojadas y llenas de sangre. Levia metió rápidamente las manos en el agua, cogiendo a Zelme de sus fuerte hombros, ayudándolo a salir a la superficie. Dejó al hombre tendido sobre el suelo, y tras comprobar que aun respiraba, por lo que aun estaba vivo, la chica se acerco de nuevo a la orilla, cogiendo su arco.
Entonces una mano, mojada y teñida de carmín, araño su piel, tirando de ella hacia el agua. La joven pudo reaccionar a tiempo y separarse de la criatura, para propinarle después un puntapié en el pecho desnudo, haciendo que esta retrodecira unos centímetros, creando entre ambos mas espacio. A causa de aquel movimiento, Levia resbalo al pisar unas plantas que había en la orilla del charco, haciéndola caer de culo.
- Maldita hierba, maldita Lamia...-  murmuro entre dientes mientras sus manos preparaban nuevamente el arco. La flecha voló hasta clavarse justo en la frente de la criatura. La Lamia, dispuesta a volverse nuevamente hacia la dragona, quedo inmóvil, con los ojos muy abiertos y los brazos extendidos. Aquellos ojos perdieron poco a poco su brillo, sin expresión alguna, su cuerpo quedo tendido mirando hacia arriba, sus pechos sobresalían del agua junto a su cola. El agua no tardo mucho en tornarse toda del color de la sangre.

Levia aun estaba en el suelo, sentada, con el arco en las manos, viendo el cuerpo inerte flotando en el agua, fue entonces cuando sintió un escozor en la mano. La Lamia le había marcado bien las garras, dejandole cuatro leves granjas rojas. Se levanto y sacudiendo la mano, como si eso fuese a curar la herida, se acerco a donde se encontraba el hombre.
- Zelme...- susurro agachándose junto a el, colocando su mano sobre el pecho del humano.
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Mensaje  Zelme el Dom Sep 14 2014, 21:51

Sentía como el agua iba empapando mis ropas aplastadas contra mi cuerpo por causa del fuerte abrazo de la lamía. Miraba al cielo rosado por el atardecer entre las puntas de los arboles que rodeaban el claro, notaba mi cuerpo frio pero mi cabeza estaba ardiendo. Cuando noté que mi barba se mojaba me revolví como un demonio con las pocas fuerzas que tenía, no iba a dejar que esa cosa me matase tan fácilmente, me negaba a ser una presa fácil de comer, y por los dioses que lo haría. Pero la maldita Lamia controlaba con creces la situación y con suma facilidad me introdujo completamente en la fría agua. seguí removiéndome con fuerzas desesperadas pero poco a poco sentía que mi cuerpo no reaccionaba y ya pensaba que era cena de ese maldito monstruo "Ojala mueras de una maldita indigestión monstruo de los demonios!!" pensé en mis adentros mientras bajo el agua vi la mirada de aquella mujer relamiéndose sus carnosos labios con una pequeña sonrisa. Al final, mis fuerzas me abandonaron por completo y perdí la conciencia.

Estaba tumbado boca arriba mirando un cielo blanco y brillante, miré a mi alrededor y solo veía un infinito paisaje blanco. No había árboles, ni rocas, solo la nada. Pero cuando empecé a preguntarme qué hacía allí vi una figura con alas bajando con las manos extendidas. Tenía un cota de malla ajustada, la cual dejaba ver sus atributos de mujer. De su casco plateado sobresalía un cabello rubio brillante y de su cuello le colgaban collares con símbolos que no lograba reconocer. De su cinto colgaban una espada y una daga brillantes como toda ella. La valquiria se acercó a mí y se arrodilló. No pude reaccionar cuando aquella mujer puso su mano en mi pecho, en ese momento todo se tiñó de negro -Zelme...- me susurró la valquiria, cerré mis párpados.

Al abrir los ojos aun sentía una mano sobre mi pecho, tenía el cuerpo entumecido y me dolía la espalda. El frio recorría mi cuerpo húmedo y me hacía temblar. Bajé la mirada y vi a Levia donde unos instantes antes estaba la imponente valquiria. Me incorporé un poco y la miré a sus profundos ojos grises, parecía preocupada y me avergoncé por dejarme atrapar tan fácilmente. Pude observar que tenía unas profundas heridas en la mano, corría la sangre entre sus dedos. Me sentía como un idiota y no me perdoné aquello, si no fuera por aquella mujer en esos momentos estaría siendo digerido y acabaría cruzando los ríos de Helheim condenado a estar encadenado en ese lugar toda la eternidad por no morir en batalla, eso me aterrorizaba - Muchas gracias mujer, yo... no se... - no supe que más decir, necesitaba un trago y pronto. Me levanté con dificultad, estaba un poco mareado y tenía frio, mucho frio. Pensando en la herida de mi acompañante, fui directo al lodazal entre pasos torpes, me arrodille ante la orilla y alcance la cola de la maldita lamia, saqué mi hacha aun mojada y de un tajo arranqué la punta de la cola del monstruo. Retiré la piel escamada de la carne sangrante y fui con Levia - Toma, esto curará tu herida - le dije a Levia ofreciéndole la piel escamada. Cogí mi pellejo y bebí un largo trago calentando y reviviendo mi maltrecho cuerpo. Daba gracias a los Dioses por vivir un día mas y prometí no olvidar el acto de aquella mujer. Le debía la vida a Levia.
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Re: [Tema Cerrado] Dinero o honor, vida o muerte. [Interpretativo][Libre]

Mensaje  Levia el Mar Sep 16 2014, 19:31

Le pareció una eternidad: El viento mecía las ramas de los arboles, los pájaros cantaban ajemos a lo que acababa de pasar en el charco, las ranas saltaban para acercarse al agua, acompañando sus pasos mientras croaban. El aire frió acariciaba a la joven dragona, aun de rodillas frente al humano, mientras sus manos se iban apretando poco a poco, quedando en un puño. Sus nudillos estaban ligeramente blancos, de hacer fuerza. Sentía que los brazos mojados se le entumecían del frió. Cerro los ojos, maldiciendo aquella estúpida Lamia, cuando el humano habló.

Levia abrió los ojos y sonrió levemente, contenta de ver que este estaba vivo, aunque aun un tanto maltrecho.  Retroceder un poco, ya que parecía que Zelme quería levantarse. Le hubiese ayudado, pero el humano parecía que no quería ayuda. Al ver que iba hacia el pequeño lago, la chica se levanto y se lo quedo mirando, con un brazo sujetando su otro antebrazo. Al ver que cortaba la cola de la Lamia, el primer pensamiento de Levia fue venganza. Quizás aquello le hacia sentirse mejor, ya que la maldita criatura casi lo ahoga.

-Oh, la herida...- bajo la miraba mirando su mano - S-si, quizás tienes razón...- titubeo un poco aceptando el trozo de carne. Observo como bebía, y le pareció un trago más largo de lo normal - Seria mejor que volviéramos al claro...- se encamino hacia la zona por la que había entrado, siguiendo sus propios pasos. Coloco el arco en su espalda, para así coger el trozo de carne y que le quedara la otra mano libre. Se adentró en la espesura de los arboles, pensando que quizás el hombre necesitaría unos momentos a solas. Como pudo, con la mano libre, cogió algunos de las ramas que el humano había dejando en el camino, y que ella había apilado en un lado, y siguió hacia la zona donde habían dejados sus pertenencias.

Tras dejar tanto las ramas como la piel de la Lamia, Levia repaso que no les faltara nada. Que nos va a faltar, pensó Levia sentándose junto a sus cosas, si aquí no estamos mas que nosotros... - Bueno y la estúpida Lamia...- aquello ultimo lo dijo en voz alta, empezando a poner las ramas para poder hacer una buena hoguera, ya que el humano la necesitaría, tanto para sus ropas empapadas como para el mismo.

Preparo la cola de la criatura para poder hacer una especie de ungüento curativo. Sentía su mano palpitar y arder, eso no le gustaba nada, así que intento apresurarse en la preparación, dejando para más tarde la hoguera y la liebre. Al terminarla, la chica se unto la mezcla en la herida de la mano. Frunció el ceño, ya que para su gusto olía un tanto mal.
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Re: [Tema Cerrado] Dinero o honor, vida o muerte. [Interpretativo][Libre]

Mensaje  Zelme el Vie Sep 19 2014, 15:06

vi a Levia adentrarse al bosque de camino al claro; o eso esperaba, no quería separarme de ella en estos momentos, tenía una deuda con ella y pensaba devolvérsela. Alcé la cabeza y mire el cielo casi negro, ya podían verse algunas estrellas y me pregunté que estaría haciendo los Dioses en esos momentos. Bajé la mirada y le di la espalda al cenagal con el cadáver en su interior , me adentré en el bosque para seguir a la joven muchacha.

Seguía a Levia con pequeños pasos intentando no tropezar  a través del bosque de vuelta al claro donde estaban nuestras pertenencias. Cargaba unas pocas ramas de las que había recogido antes, no eran muchas pero me pesaban como si fuera un árbol entero. Me sentía muy débil y estaba congelado por el frío de la inminente noche. Necesitaba cuanto antes un fuego para calentar mi cuerpo y mis ropajes, y si era posible llenar mi estomago el cual rugía como un león hambriento.

Al llegar al claro dejé las ramas junto con las que cargaba Elvia y me senté junto a mis cosas. Me alegré de ver mi viejo martillo, es lo único que me quedaba de mi querido maestro él cual me enseño todo lo que sabía de los dioses y mi oficio de herrero - Bueno y la estúpida Lamia... - escuché decir a mi acompañante, recordé los momentos bajo en agua y aún me entró mas frio del que ya tenía. Levia estaba preparando un Ungüento con la piel que le di de ese maldito monstruo , ya que conocía sus propiedades curativas. Uno puede aprender muchas cosas en una taberna al compartir grandes botellas de un buen licor con viajeros de todo el reino, si uno consigue recordarlas al día siguiente...

Me levanté y recogí las ramas que pude y las coloqué una sobre otra formando un cuadrado, en el interior puse las ramas más finas con  hojarasca y con ayuda de mi pedernal y eslabón prendí el interior de la estructura de madera haciendo una buena hoguera, coloqué las demás ramas cerca para ir alimentándola cuando hiciera falta. Ahora solo quedaba hacer la cena. Me acerqué a la mujer que ya había terminado de ponerse el mejunje y mirándola a sus preciosos ojos le pregunté - ¿Qué tal la herida? ese ungüento te lo curará sin ninguna duda, aunque huela a demonios -  y era cierto, la pobre muchacha olerá a serpiente podrida durante un tiempo.

Cogí la caza de Levia, una gran liebre despellejada y destripada. No era mucha cena  pero era mejor que nada. Cogí una de las ramas más recta que pude y con el hacha le quité la corteza con cuidado, una vez terminado empalé la liebre haciendo la rama de espetón y con una pequeña plataforma con unos palos lo puse sobre el fuego. Saqué de mi pequeña alforja un poco de sal y hiervas, uno siempre tiene que estar preparado en temas de cocina. Fui regando nuestra cena con un mejunje hecho con agua, ajos, sal y tomillo. Por los dioses!!! El olor de nuestra cena podría revivir a los propios muertos!!. Miré a Levia a través del fuego, sus ojos brillaban con el baile de las llamas - Dime mujer ¿Que camino tendrán fijado para nosotros las Nornir? - dije mirando al cielo estrellado.
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Re: [Tema Cerrado] Dinero o honor, vida o muerte. [Interpretativo][Libre]

Mensaje  Levia el Dom Sep 21 2014, 12:36

Levia alzo un poco la mano herida, apretando el puño para después dejar la mano relajada, repitió esta acción un par de veces. -Si, ya empieza a surgir efecto, no me escuece tanto...- los rojos labios de la joven dragona se fruncieron, dando a su cara una mueca un tanto graciosa -Mil demonios es poco...- sacudió la cabeza, intentando desprender de sus fosas nasales aquel olor tan penetrante, aunque sabia, a su pesar, que aquel olor la acompañaría, a lo menos, un par de lunas más.
Suspiro, cerrando los ojos, realmente parecía que la pomada de cola de Lamia estaba haciendo efecto: el hinchazón de su mano había disminuido, el color rojo intenso había dejado paso a un tono rosado, este ya no parecía tan enfermo. Ya no sentía los latidos del corazón en los palpitantes arañazos, ni el escozor inicial. Maldijo entre dientes de que una cosa tan apestosa le fuese tan bien.

El olor a cola de Lamia fue substituido por el agradable y tentador olor de la comida que el humano estaba preparando, no sabia que demonios le había puesto, pero su cuerpo se sintió terriblemente hambriento al oler tal delicia. Su tripa gruñó, exigiendo alimento, energías, fuerzas.. Tragó saliva. Dejo lo que le había quedado de ungüento a un lado, y se sentó más cerca del hombre.
La noche había llegado a la espesura del bosque, sumiéndoles en una oscuridad que solo era disipada por el fuego, dibujando figuras de sombras a su alrededor. Las siluetas de Zelme y Levia estaban perfiladas por un tono entre rojo y negro, entre luz y oscuridad. Apenas se escuchaban ya animales, todo el bosque estaba en silencio. El fuego chasqueaba rompiendo aquel silencio de manera mínima, a penas imperceptible.

Las manos de la joven se introducieron en su saco, sacando una pequeña bota de pellejo, la destapo y bebió un poco. - Como te encuentras?- susurro bajito, tendiéndole el licor a su compañero. Sintió el calor del fuego recorrer su cuerpo, abandonando por fin el húmedo frió. Espero que Zelme no tenga fr... - Tus ropas aun están mojadas...- interrumpió sus pensamientos - ...deberías de quitártelas, podrías enfermar.- le pasó el saco donde llevaba las cosas que había comprado en Lunargenta, antes de emprender su camino. En este habían también ropas, las ropas de Levia. Lo más seguro es que le quedaran pequeñas, ya que el cuerpo del humano era considerablemente mayor que el de ella, pero era mejor que nada.
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Mensaje  Zelme el Mar Sep 23 2014, 14:27

Nuestra cena ya estaba casi terminada pero esperaríamos un poco más resistiéndome a su aroma, me gustaba la carne crujiente. Aunque estuviera cerca del fuego sentía mis ropas húmedas aún y el frio se me calaba un poco en los huesos, pero no tenía más ropa para ponerme y maldije pensando en mi falta de previsión. La noche parecía tranquila y solo se escuchaba alguna ave nocturna, no sabría distinguir cual pero cortaba el silencio de una manera incomoda. Levia estaba a mi lado iluminada por el fuego haciendo que sus cabellos oscuros destellaran brillos acompañado de sus grandes ojos.

vi que la joven buscaba en su saco sacando al final una bota de licor y bebía de ella deslizándose una gota por los labios meriendo al final  en el cuello., me entró sed - Como te encuentras? - me preguntó, yo solo miraba el licor - Bien bien, hasta al propio Loki con sus artimañas le costaría matarme JAJAJAJAJA - le conteste alegre, ya me sentía mucho mejor estando fuera del agua a punto de morir ahogado por una maldita lamia, la próxima vez que intentara rescatar a una muchacha en apuros miraría antes sus piernas  como mínimo. Y como si los dioses contestaran a mis plegaria Levia me ofreció su bota de licor, de di con gusto un buen trago, no era muy fuerte y el sabor suave, seguramente porque estuviera aguado pero me calentó por dentro igualmente, cosa que agradecí mucho.

-Tus ropas aun están mojadas... deberías de quitártelas, podrías enfermar - dijo ella ofreciéndome una ropas que ella tenía en su saco. Las cogí y al primer momento vi que eran suyas "Esta se piensa que voy a vestir de mujer!!?" cuando le iba a negar sus ropas me acordé de una historia del Dios Thor el cual en una ocasión también se vistió de mujer para salvar a los dioses y me lo pensé mejor cuando me dio un escalofrío. Me levanté con cara de resignación y de espaldas al fuego fui quitándome la ropa. La armadura de cuero tachonado estaba ya casi seca pero en el interior, mi camisa de tela gorda y mis pantalones estaban completamente mojados y las tendí junto al fuego. Sentía en mi espalda desnuda el calor de la hoguera, pero por la otra parte el frío de la noche, era una sensación que me gustaba. Cogí los ropajes de la mujer y con suma dificultad fui poniéndomelas  intentando no romperlas en el proceso.

Una vez terminado me sentía como un maldito embutido de carne y rezaba para que no se rompieran las costuras al moverme. Despacio me senté de nuevo junto el fuego cruzando las piernas ya que tenia falda - Mujer, ni se te ocurra contar esto a nadie!!! - dije enfadado y rojo del ridículo. La liebre estaba ya más que lista, se había chamuscado un poco las patas pero no importaba. Corté nuestra presa en dos con mi afilada hacha, le di una a Levia y con suma ansia devoré mi parte. Me supo a gloria aquella carne "Ni el gran Odín se resistiría a este bocado" pensé alegrándome de no perder mi habilidad para la cocina. Una vez terminado me limpié los restos de grasa con la manga y me recosté sobre mi capa raída mirando el cielo estrellado -Si quieres yo puedo hacer la primera guardia - le dije a la joven aún mirando el cielo sintiendo que mi cuerpo se estaba recuperando de aquel maltrecho día.
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Mensaje  Levia el Miér Sep 24 2014, 01:12

- Bien bien, hasta al propio Loki con sus artimañas le costaría matarme JAJAJAJAJA - Levia alzo una ceja al escuchar la respuesta del humano, no sabia si aquella risa era fruto de los nervios o realmente era sincera. Sus dudas quedaron resueltas al ver como Zelme bebía con agrado, parecía que eso le curaba cualquier mal. Levia sonrió ante sus propios pensamientos, mientras aun repasaba al hombre con sus grises ojos. Esperó que no notara que el licor que le habían vendido en Lunargenta fuese un licor rebajado con agua, pero tras sus compras era para lo único que le llegaba. Mejor que nada... pensó la joven con un poco de resignación.

Tras ofrecerles las ropas, Levia no quito ojo del rostro del humano, ya que esta era un poema . Le hizo mucha gracia, quería echarse a reír, pero sabia que si lo hacia el hombre no las aceptaría, y en las frías noches del bosque no era buena idea estar mojado, así que se aguanto, colocando la bota de licor en sus labios, para así ocultar la sonrisa que peleaba por salir, y de paso beber un trago.
Entonces el hombre, tras coger las telas, se levanto y empezó a despojarse de sus ropas, de espaldas a la chica. Levia no pudo evitar examinar su cuerpo: como le había parecido, Zelme, era un hombre de complexión fuerte, su cabello rozaba con gracia sus anchos hombros, los músculos de sus brazos se tensaban con los movimientos más simples, su espalda se iba estrechando a medida que bajaba hacia la parte inferior del torso.  A la luz del fuego, Levia puedo ver las cicatrices del hombre, pensando e imaginando como se las podía haber hecho.
Sacudió la cabeza, quizás mirarle no era lo más apropiado...Quizás...
Se quedo mirando como el fuego lamia la carne de la liebre, tostándola y haciendo que la joven se muriera de ganas de hincarle el diente.

- Mujer, ni se te ocurra contar esto a nadie!!! - sonrió de manera perversa, alzando la mirada poco a poco hasta chocar contra la del hombre. Estaba rojo... no sabia porque pero eso le gustaba. Pero entonces llegó la comida. Todos sus pensamientos de utilizar aquella situación contra el hombre para "reírse un rato", fueron substituidos por el dulce aroma que desprendía la comida. Se lamió ligeramente el labio inferior cuando el hombre la paso su porción. Comió con ansia, aunque intentando no perder la compostura...al menos no mucho. Cuando acabo se limpió los morros con el antebrazo.  Sus ojos se pusieron en blanco, odiaba hacer aquello, pero aun así lo hacia siempre. Le dio un ultimo trago a su bota, para dejarla después al lado del hombre, por si quería beber más.

- Como quieras...- susurro sacando de su saco las telas que había comprado para dormir, las que tenían un pequeño relleno. Espero que esto si vaya bien... pensó colocando la suya y unos centímetro al lado otra, para su compañero. Tras tumbarse, coloco las manos detrás de la cabeza, su mirada paso fugazmente por el hombre antes de perderse en el cielo estrellado. Sin poder evitarlo, una sonrisa salio de sus labios - Zelme, quizás deberías limpiarte la barba...- dijo sin perder su sonrisa, con un tono amable. Sus ojos se cerraron, aunque aun podía escuchar el fuego, y esperaba escuchar algo más del humano antes de dormirse.
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Mensaje  Zelme el Dom Sep 28 2014, 18:44

La mujer colocó los dos telas rellenas de plumas una cerca de la otra y pensé como podía haber vivido antes sin una de esas, se terminó el dormir en el frio suelo clavándome las malditas piedras. Observé a Levia mientras se acostaba en una de las mantas cruzando las miradas un instante, ella se quedó observando el cielo estrellado - Zelme. quizás deberías limpiarte la barba... - me dijo sonriendo, me quedé un rato bloqueado y me limpie de grasa de la cena con la manga maldiciendo al recordar que no era mía aquella ropa, recé para que no se hubiera dado cuenta la mujer, no me quedaría bien una flecha en mi cráneo.
- Que tengas buen sueño mujer, y que los dioses te hablen en ellos! - le dije en un tono algo mas fuerte las últimas palabras. Yo aun espero que me hablen algún día y me guíen por el buen camino del guerrero, pues es el fin que quiero alcanzar antes de morir entre enemigos.

El cielo estaba despejado y podía verse cada estrella brillando majestuosamente. Mi maestro me contó que las estrellas eran chispas que salían de Musspell, el reino del fuego, luminoso y caliente. Allí vivía Surtur que saldría en el fin del mundo con su espada llameante para acabar con los dioses. Estaba todo tranquilo y solo se escuchaba el crepitar de la hoguera, la cual alimentaba de vez en cuando para mantener su calor, pues hacía frio y mis piernas desnudas a penas tapadas por la falda estaban heladas. La única compañía que tenía era la bota de licor casi bacía de la muchacha, aguada y sin fuerza. Luchaba por no dormirme y aún quedaba mucho hasta que llegara el turno de la mujer, aunque era difícil de calcular ya que apenas se veía la luna para saber la hora.

Estaba trenzándome la barba cuando escuché un ruido en unos de los árboles a la espalda de Levia, esta estaba profundamente dormida y solo se escuchaba su respiración. Pensé que sería algún animal pero volví a escucharlo. Me levanté en silencio y muy despacio, aunque aquellos ropajes no me dejaban mucho más movimiento. Cogí una de las ramas y la acerqué al fuego para que prendiera y me hiciera de antorcha, con cautela pasé al lado de Levia observando su blanco rostro entre su cascada de pelo y continué hacia el origen de aquel ruido que continuaba. Era como un crujir de de ramas pero más seco, como si estuviesen huecos, me recordaba a un instrumento de percusión que solían llevar algunos juglares. Acerqué el fuego de la rama prendida entre los árboles pero no vi nada hasta que delante mía lo que supuestamente era un tronco se movió y me miró con unos ojos verdes brillantes, estos parecían luciérnagas. Ese ser de madera era delgado y con forma de hombre, parecía tener brazos y piernas largos y terminaban el lo que parecía unos dedos, las cuales eran unas ramas retorcidas acabadas en punta. Se me quedó mirando unos segundos y gruñó, o eso parecía, y con un rápido movimiento escapó de mi vista adentrándose en el bosque.

Volví rápidamente a la hoguera y me puse al lado de Levia desenfundando mi hacha, miré a los arboles que nos rodeaban intentando distinguir a otro ser de esos, pero parecía no haber más por el momento. Dudé si despertar a la joven mujer, pero podíamos estar en peligro y pensé que le gustaría que la despertara yo y no uno se esos seres de madera. Me agaché junto a la muchacha y con cuidado le di unos golpecitos en el hombro hasta que abrió los ojos. Esperé a que se incorporara y tras unos segundos le dije - Acabo de encontrarme una Dríope, pero no me atacó, solo gruñó y huyó- le hablaba en voz baja temiendo que nos pudieran escuchar, aunque era una tontería, quien diablos nos iba a estar espiando en este bosque lleno de monstruos - Ese monstruo ya debe estar avisando a sus compañeros de nuestra presencia, debemos aumentar nuestras precauciones, ninguno me pillara desprevenido, por los dioses que no!!! - mi intento de ser silencioso se me fue con esa última frase.[/color]
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Re: [Tema Cerrado] Dinero o honor, vida o muerte. [Interpretativo][Libre]

Mensaje  Levia el Lun Sep 29 2014, 00:32

Levia, ya con los ojos cerrados, escucho como el hombre le deseaba las buenas  noches. Y que los dioses te hablen en ellos... aquellas palabras estuvieron un rato en la mente de la joven. Pero si los dioses no existen... bueno al menos no... los que él...aquel tema siempre le creaba pensamientos contradictorios. Si tantas especies, de diferentes lugares, hablaban de dioses, es que quizás existían, pero si eso era verdad, ¿Cuáles son los reales? ¿Por qué la gente mataba en su nombre? Zelme, tan atento a sus dioses, podría haber muerto aquella misma noche…No entendía prácticamente nada de lo que rodeaba al tema de los dioses y las diferentes religiones, por lo que siempre le había sido más sencillo pensar que no había nada, que estaban solos. Así todo parecía más fácil.
Entre unos pensamientos y otros, la joven se quedó dormida sin apenas darse cuenta: ya no sentía el frio de la noche, ni el leve calor de la hoguera en sus pies, no sentía a su compañero, ni escuchó el ruido que a este le hizo levantarse del sitio. Incluso cuando la mano del humano le dio unos golpecitos en el hombro, tardo un poco en abrir los ojos. ¿Ya era su turno? Se le había pasado el tiempo volando. Se incorporó, rascando sus ojos con el puño.

-Acabo de encontrarme una Dríope, pero no me atacó, solo gruñó y huyó. Ese monstruo ya debe de estar avisando a sus compañeros de nuestra presencia, debemos de aumentar nuestras precauciones, ninguno me pilara desprevenido, por los dioses que no!!!- Levia abrió mucho los ojos al escuchar las palabras del hombre.

- Baja la voz…- dijo tranquila, al ver que se estaba alterando un poco - Es…extraño, que no te atacaran…- el entrecejo de la chica de arrugo, pensando - Pero si, debemos de estar alerta, gracias…- se sentó mejor, acercando sus armas, dejándolas a su alcance por su les era necesario atacar rápidamente. Los ojos grises de la joven examinaron detenidamente casa árbol, esperando que alguno se moviera, pero sabía que si alguna Dríope les estaba observando, a duras penas lo sabrían.  

Pasaron lo que a la chica le parecieron horas, los ojos se le cerraban, mientras que sus pies jugaban con la hierba. – Zelme…- miro al hombre sacudiendo la cabeza. Alargo la mano y bebió lo que quedaba del licor, haciendo que su cuerpo se espabilara. -…duerme, yo vigilo lo que queda de noche. Si veo o escucho algo te aviso.- dijo rápidamente antes de que el hombre se negara. Con una leve sonrisa, la chica le deseo las buenas noches, aunque sus labios no se separaron en ningún momento. – Y que los dioses te hablen en tus sueños…- susurro la dragona cuando creyó que el hombre ya estaba dormido.

Levia estuvo largo rato mirando el fuego, viendo como figuras y siluetas se dibujaban en sus llamas, muriendo al momento.  Observo el movimiento de las hojas, producidas por el aire, haciendo que algunas cayeran al suelo, quizás porque se acercaba la época de lluvias. Se levantó a estirar las piernas, mirando los árboles, ninguno se movía. Se sentó de nuevo, deseando que la luna se escondiera ya tras las montañas y la noche acabara ya: odiaba hacer guardia, ya que le era muy aburrido. Podía pasar horas y horas meditando, pero aquello era distinto.
Las manos de ella se posaron en la tela, quedando ligeramente incorporada, mirando hacia arriba. Miro a Zelme mientras dormía, sonrió al ver unas trencitas en su barba. El sol iba alzándose en el cielo lentamente. La hoguera, aunque la había ido avivando, era ahora más pequeña. La mano herida de la chica empezó a escocerle, así que se untó un poco más de esa pestilente crema en la zona, para así calmar el dolor de nuevo.

El crujir de una rama rompiéndose advirtió a la chica. Levia volvió la cabeza hacia el sonido, mientras su mano se posaba en el pecho del hombre que dormía a su lado. -Zelme, despierta…- susurro moviendo un poco su pecho, mientras ella se levantaba lentamente. Esperó a que el hombre  se desperezara y con la mano señalo una zona de árboles -…he oído algo…- cogió su hacha y se la coloco a la espalda, y después el arco, reposando en sus manos. Entonces unas ramas se movieron, haciendo silbar las hojas. De entre la espesura se les acercaron unas criaturas, que a simple vista parecían simples arboles: las Dríopes. Las criaturas repasaron a Zelme y Levia en silencio, a una distancia segura. Sus ojos como luciérnagas pasearon por el claro donde se encontraban. Entonces una de las criaturas empezó a gruñir, y con ella las demás. Empezaron a agitar sus brazos y a hacer ruido. Levia tenso un poco la cuerda del  arco, mirando a Zelme de reojo.

Las Dríopes fueron rápidas, se acercaron a ellos con grandes pasos, alzando sus brazos contra ellos, golpeándoles. Una flecha voló y se clavó en el pecho de una Dríope, esta siguió avanzando, sin importarle. Levia tuvo que retroceder para poder esquivar los golpes. -¡Zelme!- grito la chica antes de agacharse y lanzarle el hacha a su compañero, para que pudiera defenderse. Un fuerte tronco golpeo a la chica, haciéndola rodar por el suelo unos metros. Después se levantó, un poco aturdida por el golpe, alzo la cabeza, estaba lejos de su compañero. A Zelme se le acercaban todas las Dríopes menos la que estaba atacando a Levia, pudo contar unas seis. La chica intentaba defenderse con el arco y las flechas, pero parecía que ni se enteraba, el monstruo seguía acercándose y moviendo los brazos. La dragona tiró desesperadamente el arco al suelo y saco su hacha. Esta se clavó en el tronco del ser, haciéndolo crujir, pero la Dríope la cogió con una de sus grandes manos y la lanzo, y con ella a Levia.

Los monstruos se estaban acercando al hombre de manera rápida e imponente, alzando sus brazos contra él. Uno de ellos, el que parecía estar más lejos, se quedó quieto, mientras los otros atacaban. Parecía que estaba mirando la escena, sin interactuar, cuando su brazo verde y trenzado, empezó a alzarse lentamente. Con la palma de la mano apuntando hacia el humano, la Dríope empezó a gruñir. De su mano empezaban a salir insectos pequeños, como luciérnagas, y pequeñas hojas afiladas, impulsadas con fuerza contra el hombre, haciéndole pequeños cortes por todo el cuerpo.

Dríopes:
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Mensaje  Zelme el Mar Oct 07 2014, 00:05

La noche parecía tranquila, pero no me fiaba después del incidente con la driope. Intentaba mantenerme despierto y alerta pero la falta de sueño y el calor de la hoguera dificultaban el labor. Miraba a Levia juguetear con la hierba y eso me ayudaba a entretenerme un poco, me quedaba embobado en esos ojos grises brillantes por el fuego. Le daba vueltas a la cabeza pensando en la intenciones de aquellos seres, ¿Que harán ahora? en principio no los habíamos  enfurecido, aunque el fuego no les gustaba, y menos talar ramas de sus preciados árboles.

-Zelme... - giré la cabeza para mirar a la mujer - ... duerme, yo vigilo lo que queda de noche. Si veo o escucho algo te aviso - iba a negarme pero era cierto que necesitaba descansar, apenas podía mantener abiertos mis párpados  y un hombre que no descansa no atina con su hacha, o eso decía mi maestro.  Refunfuñando un poco me tumbé y acomodé junto la muchacha en una de aquellas mantas y cerré los ojos cuando escuche susurrar a Levia - Y que los dioses te hablen en tus sueños... - o con una joven muchacha de pelo oscuro y grises ojos...

Sentí una cálida mano en mi pecho que Interrumpió mis sueños, abrí los ojos con dificultad - Zelme, despierta... - estaba aun medio dormido e intentaba espabilarme - Qué sucede mujer? - le susurré mientras bostezaba -... he oído algo...  - la miré y pude percibir su preocupación en su mirada. Ella estaba ya casi preparada y yo intentaba apresurarme, ya tenía mi martillo, pero no encontraba la maldita hacha - Demonios, donde estas... - susurré, pero justo en ese momento se escucharon unas ramas y hojas que avisaban la presencia de las Dríopes. Las criaturas repasaban con la mirada todo el claro hasta pararse en nosotros, notaba sus miradas penetrantes clavarse en mí. Miré a Levia y tensé los músculos pensando que podría suceder a continuación.

Aquellos seres no se hicieron esperar y atacaron rápidamente y solté un gruñido alzando mi martillo. La primera driope que tuve alcance recibió un buen martillazo, pero poco efecto tuvo con aquella arma "si tuviera mi..." - ¡Zelme! - como si los propios dioses me hubieran escuchado, Levia me arrojo mi querida hacha, la cual cogí en vuelo y hundí en lo que parecía el hombro de aquella criatura astillándola. Esta grito y retrocedió unos metros pero no tardaron en socorrerle sus compañeros de madera. Me estaban rodeando y busque a Levía con preocupación por si le había pasado algo, estaba tendida en el suelo y parecía maltrecha. Me distraje y no me percaté de que mientras me estaban rodeando aquellos seres, el que estaba más alejado me lanzo insectos y hojas afiladas. Me retorcía de dolor causado por las picaduras de los insectos y los pequeños cortes de aquellas afiladas hojas como espadas. Me cubrí la cara con rapidez para poner a salvo mis ojos, pero al no ver nada aquellas malditas criatura aprovecharon en golpearme. Tapándome con una mano mis ojos y aguantando el dolor de las picaduras y cortes, con la mano libre sujetando mi hacha, di cortes en el aire a diestro y siniestro intentando rajar, o por lo menos alejar aquellas criaturas de mí, aun cegado.

Pasaron unos segundos aun moviendo mi hacha alrededor de mí, pero aquellos malditos me golpeaban con facilidad y notaba mi armadura rajarse por las afiladas ramas. Y si ya era mala mi situación, por motivos que desconocía, sentí un fuerte dolor de cabeza que me dejó descolocado totalmente y caí al suelo de rodillas. Estaba muy débil y mi cuerpo no respondía. Pude abrir un poco los ojos y solo vi aquellos seres alrededor mía para dar fin a mi vida. Cerré los ojos notando un punzante dolor en mi cabeza, ya no pude abrirlos por la hinchazón de las picaduras . No pensé ni en los dioses ni en su reino en aquellos momentos de un posible fin, solo pude pensar en mi compañera, esperaba que estuviera bien, que estuviera a salvo...  

A continuación todo fue silencio y solo sentía un fuerte calor alrededor mío, como si estuviera rodeado de hogueras que crepitaban con un suave sonido. ¿Ya estaría en el Valhala? .
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Re: [Tema Cerrado] Dinero o honor, vida o muerte. [Interpretativo][Libre]

Mensaje  Levia el Mar Oct 07 2014, 13:28

Tardó un poco en abrir los ojos. Sentía el aire chocar contra ella, meciendo su flequillo, que acariciaba sus mejillas y nariz. La húmeda hierba por el rocío de la mañana mojaba sus brazos extendidos, unos a cada lado. Algo frío caía por su muslo, mojando y posiblemente manchando el principio de las telas de su falda. Le pareció una eternidad el tiempo que había pasado en aquella posición, sin moverse, aunque había sido apenas unos segundos.
Una de sus manos se movió hacia el resbaladizo líquido que acariciaba su pierna. Sangre. Incorporándose, pudo ver cómo había caído sobre su propia hacha, haciéndole un leve corte. No era ni muy profundo ni muy doloroso, pero sangraba mucho. Me la abre clavado al caer… pensó alzando a mirada en busca de la Dríope que la había lanzado. Ésta se acercaba a ella a paso ligero, con algo en las manos…su daga.
Levia entrecerró los ojos. Sus manos fueron rápidas. Rompió una parte de su falda y se la ató en la pierna, donde estaba la herida, para que dejara de sangrar, o al menos no lo hiciera tan rápido. Cogió el hacha y, apoyándose en ella, se levantó, dispuesta a devolver el golpe.

Sus brazos se movían dibujando una especie de semi-círculo, impactando contra el pecho del monstruo. Parecía que su corteza de dañaba, ya que el arma dejaba grandes surcos en esta, pero al ser parecía no importarle. La Dríope abrió su boca y emitió un chirrido, antes de usar la daga de la joven en su contra. La chica fue rápida, se tiró al suelo y con un giro quedo agachada, preparada para barrer los pies del árbol. La herida le produjo dolor, como si le tirase, desgarrando su piel, haciéndole recordar que estaba allí.
La cara de la joven se contrajo, pero fue firme en su ataque. La Dríope cayó al suelo, con uno de sus pies cortado. Levia aprovechó el momento para levantarse y dar muerte a la criatura, cortando su duro cuello. Un grito, de lo que se pudo interpretar como dolor, fue lo último que emitió el monstruo antes de apagarse. Inerte en el suelo, podía pasar por un tronco más, como si nunca hubiese podido andar.

Levia, de pie, con los brazos extendidos hacia  abajo, con el hacha aferrada con fuerza en una mano, respiraba fuerte. Su pecho se movía cuando inhalaba y exhalaba. Miraba la criatura, apartando un mechón de pelo de su cara, cuando alzo la cabeza, para buscar a su compañero y ayudarle con los monstruos.
Zelme estaba tendido en el suelo, con Dríopes a su alrededor dándole golpes. Parece que este… sacudió la cabeza borrando aquel pensamiento.
-¡Zelme, levántate!- grito la chica mientras corría hacia donde estaba su compañero. El hacha arrastraba un poco el en suelo, dibujando una línea, junto a sus huellas. Eran muchos. La chica atacaba a los monstruos, pero aunque lo golpes fueron certeros, la posición de los seres no le dejaban propinar un buen golpe, como para matar a ninguno. Estos la atacaban, así que tenía que ir retrocediendo. Al menos ahora no atacan a Zelme…pensó la chica mientras golpeaba instintivamente a cada Dríope que se le acercaba. Así no acabaría nunca, es más, ellos acabarían con ella si la cosa seguía así. La Dríope que estaba más alejada, empezó a andar, alzando su brazo, dispuesto a hacer con la chica lo mismo que al humano.

Levia gimió, ya que cuando sus piernas empezaron a alargarse, la herida se rasgó, antes de cubrirse de escamas negras. Sus brazos empezaron a crecer, sus dedos se unieron y unas grandes alas se posaron en el suelo. Su cuerpo se cubrió de escamas duras e irregulares. El gemido paso a ser un fuerte rugido.
El gran animal bajo la cabeza, poniéndose a la altura de las Dríopes, que se habían quedado mirando la trasformación de la chica. Unos ojos grises y fríos repasaron a cada criatura antes de abrir su gran boca. El fuego no tardó en cubrir a las criaturas, haciéndolas chirriar de dolor antes de morir quemadas, dejando la hierba, antes verde, de color negra.

Le dolían los músculos, ya que se había transformado muy rápido, pero la adrenalina del momento hizo que apenas pensara en ello. Zelme… la gran cabeza con dos cuernos, ligeramente curvados, se volvió hacia donde estaba tendido el humano. La Dríope que estaba más alejada había escapado del fuego, y se aceraba al hombre. El dragón se movió ágil, colocándose sobre Zelme, cubriéndole con su propio cuerpo. Un rugido salió de entre sus afilados dientes cuando un astillado brazo golpeó su hocico. El fuego quemo por igual a aquel ser, devolviendo su cuerpo a la tierra.

La dragona respiraba, sin moverse. Miraba los árboles, a la espera de que uno de ellos atacara nuevamente. Pero ningún árbol se movió, ninguno ataco, estaban solos.
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Mensaje  Levia el Mar Oct 21 2014, 20:17

Humo, que se alzaba hacia el cielo creando una nube de color negra. Sangre, que goteaba de entre las escamas de la dragona. Silencio. Los cuerpos de las Dríopes yacían en el suelo, alguno aun ardiendo. Unas grandes nubes taparon el cielo, tiñéndolo de un tono gris oscuro. Las primeras gotas de agua cayeron sobre el gran cuerpo del animal, aun inmóvil. La respiración de Levia ya se había normalizado. Todo seguía tranquilo.

El animal se separó con cuidado del cuerpo del  humano, y bajando la cabeza lo examinó. Desprendía un olor muy fuerte, como a madera y hierba mojada, aunque un poco más penetrante. Veneno… El dragón retrocedió, moviendo las alas de una manera inquieta, haciendo ruido en el suelo. Sus grises ojos no dejaban de mirar a Zelme. Pero no se levantó, apenas se había movido. Maldición…
El gran dragón negro extendió sus alas, levantando polvo, estas menguaron, estrechándose y ramificándose en los extremos, formando sus dedos y brazos.  Su torso empezó a empequeñecer, mientras las escamas perdían  tonalidad a la vez que parecían ir desapareciendo, dejando a la vista una piel blanca y fina. Su cabello substituyó aquellas escamas puntiagudas de la cabeza, cayendo sobre sus hombros, tapando sus pechos desnudos. Sus pies corrieron sobre la hierba hasta llegar donde reposaba su compañero.
-Zelme…- su voz sonó como desgarrada. Se agacho frente al humano, apartando su pelo que había caído sobre el cuerpo del humano. – Zelme…- sus manos repasaron su cuerpo, examinando las posibles heridas o contusiones -…vamos levanta- pero era inútil, el humano no abría los ojos. Debían irse.

Levia recorrió el escenario sin apenas fijarse en nada: ni en la sangre que había derramada en el suelo, ni en los cuerpos de las Dríopes, no se fijó en los pájaros que volaban sobre su cabeza, a la espera para poder aprovecharse de los restos que hubiesen quedado, ni siquiera se había dado cuenta de que había empezado a llover, ahora de manera más pronunciada, empapando su cabello y haciendo que se le pagara al cuerpo, hasta que su pie se introdujo en un charco.


La joven se detuvo en seco, poco a poco volvió la cabeza.
Fuego, muerte, miedo.
Se llevó las manos a la cabeza.
Veneno, voces, culpa.
Cerró los ojos con fuerza. Sus dedos se enredaron en los cabellos, tirando ligeramente de ellos.
Oscuridad, frío, odio.
Su boca se abrió como en un gemido, dejando ver sus dientes.
Fuego, muerte, miedo…

Su pecho se movía con violencia, solo es escuchaba su fuerte e irregular respiración. Bajó las manos y abrió los ojos, no era el momento ni el lugar para ponerse nerviosa, y mucho menos perder la calma. –Todo saldrá bien….- empezó a decirse a si misma, mientras recogía sus cosas, que habían quedado repartidas por distintos lugares del claro -…toda va a salir…bien.- Mientras recogía sus cosas y las de Zelme, poniéndolas dentro de la bolsa, encontró el ungüento que se había puesto en la herida de la mano…quizás sirva para él. Se apresuró en acabar, para reunirse con su compañero lo antes posible.

Dejo el bol donde estaba la pomada en el suelo,  para poder despojar al humano de sus ropas. No se detuvo a desabrochar los cierres, sino que desgarro con las manos la parte delantera de las telas.  En el pecho del hombre había unas marcas de color verde clarito, haciendo una especie de marcas, parecidas a las que quedarían al dejar atado a alguien con unas cuerdas durante largo tiempo, aunque por todo el torso y parte de los brazos. En estas marcas verdes había unos puntos más oscuros, posiblemente de los insectos y las hojas. La joven se puso un poco de la mezcla en las manos y lo extendió por el cuerpo de Zelme, esperando que al menos atenuara los efectos del veneno, aunque nunca había visto aquello, y no sabía si resultaría útil.

Estaban demasiado lejos como para llevar al humano hasta Lunargenta, y más a través de aquel bosque tan frondoso, así que lo sobrevoló.  Sus grandes alas se movían de manera rápida, haciendo silbar el aire a su alrededor. Cada segundo que pasaba era una eternidad, la cuidad parecía no divisarse nunca.  El agua chocaba con fuerza contra ella, debido a la velocidad que se desplazaba. Aterrizó de manera violenta, obligando a las personas que había en la plaza a apartarse. Su transformación se produjo rápida, haciendo crujir sus huesos. – ¡Vamos que alguien me ayude, no os quedéis mirando!- gruñó furiosa. No tardo en obtener ayuda, los hombres que había allí la ayudaron a coger al humano y llevarlo al hospital. En la puerta había un par de enfermeras, que atendieron rápido a su compañero. Levia no se quería separar de él para nada, pero los médicos insistieron en verle a solas.

Ya vestida, la joven andaba a buen paso hacia la posada, donde unos días antes había estado con su compañero, donde aceptaron la “misión” de las Dríopes. Iba haciéndose una trenza, ya que no había dejado de llover, y su cabello largo y negro no le era más que una molestia. Antes de entra por la puerta de madera, se puso la capucha.
Abrió la puerta de par en par, con fuerza. La gente que había en la posada se volvió para ver quien entraba. Sin detenerse a cerrar la puerta, Levia se dirigió a la barra, donde pidió licor.

-U-usted es la mujer que iba con el guerrero.- dijo uno a sus espaldas.- ¡Si el hombre que nos librara de las Dríopes!- dijo otro, este con un poco más de euforia.- ¿Dónde se encuentra?...- aquella fue la primera de las muchas preguntas que empezaron a lloverle a la dragona, que apenas se había movido. Estaba callada, mirando al frente, se bebió el vaso de licor que le había servido de un trago. Los hombres se habían acercado ella, sin parar de parlotear. Los dedos de la joven acariciaban el mango de su daga, cuando una sonrisa apareció en sus labios. La daga se clavó con fuerza en la barra de madera, haciendo callar a todos los que estaban a su alrededor, incluso alguno dio un paso atrás.

-Sí, soy la mujer que estaba con el guerrero, vengo a por la recompensa.- dijo fría, seria, de nuevo sin mirar a nadie en particular.
- ¿Pero dónde está el hombre?- tardo un poco en contestar el primero. -Sí, ¿Dónde está?- preguntó de manera descarada en segundo. -¿Qué hay de los monstruos?- sonó un tercero, este algo más lejos.  Aquello desencadeno de nuevo el bombardeo de preguntas y comentarios. Levia respiro hondo, controlando sus impulsos. Sus dedos estaban aferrados con fuerza contra la daga, aun clavada en la mesa.

La taberna parecía igual que la última vez que había estado allí: oscura, olía a alcohol y a hombre, las ventanas por lo menos tenían dos dedos de polvo, por lo que parecían opacos, en el suelo habían marcas de zapatos, pero esta vez acompañado por barro y el licor estaba aguado.

Una mano se posó con fuerza sobre el hombro de la dragona, haciéndole volverse un poco hacia el hombre que le estaba hablando. - Seguro que esta se quiere quedar con el dinero. ¡Seguro que ni siquiera ha ido con el guerrero a por los monstruos!- Levia se movió de manera rápida y fluida: apartó la mano del hombre que estaba aún en su hombro y se lo colocó tras la espalda, inmovilizándole. Su otra mano sujetó el cuello de la camisa, levantándole un poco del suelo, a pensar que era algo más voluptuoso que ella.

Minutos después, Levia salía de la posada con la bolsa de aeros en la mano, dejando a la mayoría de los hombres que había dentro tirados por el suelo. Justo cuando se dirigía hacia el hospital a ver a Zelme, al cruzar una esquina, se topó con una anciana, tuvo que sostenerla para que no cayera al suelo.
Lo siento…- estaba dispuesta a irse cuando la anciana habló, interrumpiéndola.
El dinero no ayudara a tu amigo, niña- Los ojos de la dragona se abrieron mucho, volviendo la cabeza hacia la anciana.
- ¿Cómo…ha dicho?- la anciana sonrió, satisfecha de haber acertado.
- Que el dinero no ayudara a tu amigo- la chica suspiro.
- Si… eso ya lo he escuchado… ¿Cómo lo sabe?- la anciana le hizo un gesto con la mano para que se agachara, y así lo hizo.
- Hay una flor que nace en la llanura nevada, la Barrimorth…- hizo una pequeña pausa, mirando a la dragona a los ojos- …puede curar a tu amigo- Levia tenía toda su atención volcada en aquella señora.
- ¿De verdad?- pregunto incrédula. La anciana asintió con una sonrisa amable. - Como sabe…- la mujer se alejó sin decir nada más. Levia tardo unos momentos en reaccionar. - Barrimorth…- no debía olvidarlo.

Corrió por las calles de Lunargenta, se detuvo al encontrarse con las grandes puertas de del hospital. Agradeció que unas enfermeras la guiasen hasta la habitación donde descansaba su compañero. Sonrió al ver que el hombre estaba con los ojos abiertos.
-Hola…- susurro Levia acercándose a la cama.
- Ho... Hola... - dijo Zelme entre tosidos - Dioses!!! Estos médicos quieren matarme, ni siquiera me dejan beber un buen aguamiel!!! malditos!! - tenía la cara roja y tosía con fuerza - Solo me dan agua caliente... Odin debe estar riéndose de mí!!
-Zelme, hay una flor que curaría el veneno... debemos ir a la llanura nevada, a por la flor Barrimorth…- se sentía muy mal por lo que le había pasado al humano, y no pensaba dejarlo solo.
- Pues marchemos cuando antes de aquí, no aguantaré más la cara de ese viejo amargado al que llaman médico, ni siquiera las enfermeras están de buen ver... - Zelme bajo el tono de la última frase cuando se cruzó una enfermera avanzada en edad - Aquella arpía me golpeó con una vara al quejarme... estaré mil veces mejor entre gigantes de hielo!! - Zelme se levantó de la cama con dificultades apoyándose en Levia. La chica sonrió ante las palabras del humano, ni en aquella situación perdía su sentido del humor.
La dragona sujeto con un brazo a su compañero por la espalda, y ambos abandonaron aquella ciudad, cambiando el paisaje actual por las blancas montañas repletas de nieve.
-Gracias Zelme…- susurro antes de darle un beso en la mejilla. No sabía por qué había hecho eso, pero no se arrepentía.- Tenemos mucho camino por delate…
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