El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

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El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Wondie el Sáb Nov 08 2014, 19:09

Lunargenta. Esa ciudad que la joven vio meses atrás y que era más grande de lo que recordaba. Con sus calles laberínticas y sus comercios que parecían asignados al azar. Nunca le agradaría estar entre grandes multitudes, pero debía reconocer que le servía para camuflarse entre ellas.

Había viajado muchos días sola, tras haber tenido una pelea con un hombre y llevando aún con ella algunas heridas de ese día. Después de aquello, no quiso quedarse más tiempo en esos bosques, así que fue dejando pistas a Sarah y a su acompañante para que pudieran encontrarla.

Con el zurrón en el hombro, apretó el paso y se adentró en la ciudad. Comenzó a vagar sin rumbo. Aún le quedaba algo de dinero para pagarse una cama por unos días, y podría trabajar en algo mientras esperaba al resto del grupo. Por ironías de la vida, pudo comprobar que había llegado al mismo mercado de aquella vez que le leyeron la mano. Ese día había aún más gente, así que decidió ir primero a la posada a pedir una habitación y luego mirar si necesitaba algo para comprar.

Y eso hizo. Consiguió una habitación para tres días y dio un adelanto, dejó lo que no era imprescindible en ella y regresó al mercado. Se le estaba pasando el día tranquilamente, hasta que le vio.
- ¡Oh, mierda, él no!- dijo para sí en un murmullo.
Recordaba bien esa cara y, si la descubría, todo lo que había recorrido hasta ese entonces no serviría para nada. Pensó en irse por otro camino, pero no podía porque apenas conocía la ciudad y él estaba por el lugar por el que necesitaba pasar para regresar a su habitación. Se echó la capucha y pasó a toda prisa por ahí, deseando internamente no ser descubierta.


Última edición por Wondie el Sáb Mar 21 2015, 23:43, editado 1 vez
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Romulo el Lun Nov 10 2014, 00:22

Las multitudes le molestaban.  Era cierto que a  él más de tres personas le incomodaban y más de cinco ya le parecían multitud, pero estar en un lugar tan concurrido era una situación que prefería evitar.  Le fastidiaba ver a los vendedores rodearle y ofrecerle cosas que no necesitaba, y muchas veces preguntar “¿Qué busca?”... en esos momentos sentía ganas de sólo responder “La maldita salida.”, pero se controlaba, sólo seguía de largo o daba una respuesta que le permitiera seguir avanzando sin problemas.  Pero necesitaba comer, había ido al mercado a conseguir provisiones y contra su gusto había decidido entrar a algún sitio a beber, informarse  de cualquier cosa que pudiera serle de utilidad y, si era posible, encontrar algún encargo que le permitiera obtener dinero extra para sobrevivir otra temporada.  En su tierra natal tenía suficiente dinero como para no depender de aquellos trabajos que conseguía, pero no deseaba volver por allí, así que se acomodaba a las necesidades de cada día y seguía adelante.

Ese día estaba mirando a unos enanos.  La suerte de aquellos pequeños entes siempre le había fascinado.  Tal vez era por obligación, pero siempre se les veía felices.  Su alegre imprudencia era algo que le apenaba y a la vez lo hipnotizaba; sabía que muchos padres deseaban tener algún hijo enano para venderlo y así ganar un dinero extra.  Según decían, todo rey y todo gran señor tenían un enano para divertirles.  Aquellos en el mercado no habían corrido con suerte por lo que se veía, y tenían que divertir al común, pero seguramente les iba mejor que a los que los rodeaban.  Distraído como estaba notó que alguien pasaba por detrás de él.  No había nada de extraño en eso, pero su paso rápido y su cabeza cubierta le llamaron la atención.  Volvió a mirarla cuando ya estaba lejos, para que no se percatara de que alguien había reparado en ella.  Miró a los alrededores y parecía que nadie le había dado importancia a aquella persona.  Tiró algunas monedas a los enanos y empezó a caminar, tratando de seguir la ruta de aquella mujer sin ser descubierto.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Wondie el Lun Nov 10 2014, 16:53

Descendió el ritmo de su marcha, pensando que el peligro había pasado. Continuó su camino hasta que escuchó el eco de pisadas, unas pisadas que no eran suyas. "No puede ser". Giró la esquina y siguió andando, pero las pisadas la seguían. Anduvo más deprisa, y decidió cerciorarse de si realmente la seguían usando uno de los viejos trucos que los ladrones le enseñaron. Dado que había llovido aquella noche, algunos charcos estaban por el suelo.

La joven fue a uno de ellos y dio una zancada para no pisarlo, alejándose del mismo a una distancia prudencial. En cuanto escuchó el chapoteo echó a correr. Fue zigzagueando, en algunos casos hasta dio la vuelta a la manzana. Estuvo mucho rato usando ese plan, el cual dio por finalizado cuando sintió que había conseguido deshacerse de su perseguidor. Cogió aire por estar exhausta de su carrera y se dirigió a la posada. Allí pidió una jarra de cerveza y se sentó en una esquina, donde pudo descansar tranquilamente. Se quedó mirando hacia la ventana mientras movía la jarra en círculos con los dedos, perdiéndose en sus pensamientos. Al prinicipio se preguntó dónde estarían sus dos acompañantes y por qué tardaban tanto.

Rápidamente su mente volvió al chico que había visto en el mercado. Maldijo al destino por haberlos puesto en el mismo lugar. Seguidamente pensó en su perseguidor. ¿Podría ser uno de los hombres de Marcus, o tal vez era el propio jefe de los ladrones? De ser así, debería marcharse a toda prisa de Lunargenta, y esta vez no podría dejar más pistas a sus compañeros. Suspiró y agarró más fuerte la jarra, dando un trago tratando de desvanecer todas esas preocupaciones.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Romulo el Sáb Nov 22 2014, 14:52

La imprudencia nunca fue uno de los defectos de Rómulo.  En su afán de no hacerse notar siempre supo mantenerse alejado de los límites que, sabía, todo mundo imponía.  Hacía tiempo, cuando sus progenitores aún vivían, cometió el error de tomar la bolsa del dinero de su padre y regar en la mesa las monedas que había en ella.  Contó con suerte aquella vez, ninguna había rodado y por su cabeza no alcanzó a cruzar la idea de quedarse alguna.  Su padre lo sorprendió jugando así y con un movimiento de su brazo lo tiró de la silla, y con una mirada fulminante lo petrificó.  Rómulo sospechó lo que seguía.  Con terror esperó el castigo sin moverse, sin quitarle la mirada de encima, con plena consciencia de lo que era capaz su padre, que incluso era peligroso cuando castigaba.  Esa vez no hubo golpes, las monedas estaban todas ahí, no faltaba nada y eso cambió la fortuna del niño... en vez de un castigo severo sólo hubo una reprimenda casi insufrible, pero en cualquier caso preferible a la alternativa.  El pequeño descansó y no se sintió a salvo de la golpiza hasta que su padre le dio la espalda y se fue.  Aquel sermón de padre preocupado por el futuro de su hijo ya lo había escuchado muchas otras veces, siempre era molesto, siempre decía lo mismo, pero siempre con un tono diferente, y todo se resumía en unas pocas palabras: No quiero que mi hijo siga malos pasos, no deseo que mi hijo se convierta en un ladrón...  Sermones de este tipo oía todo el tiempo.  También, otras veces, sufrió las consecuencias de escuchar conversaciones entre adultos.  No hubo suerte para él en aquellas ocasiones.  Entendió, por las malas, la importancia de no hacerse notar.  
Por desgracia aquel día hizo a un lado esa sana costumbre.  La curiosidad le picó vivamente y siguió a aquella persona que tanto había llamado su atención sin tener mayores cuidados.  No esperaba que fuera una mujer y mucho menos que fuera él la persona de quien ella se escondía, así que no tuvo reparo alguno.  Avanzó velozmente y al darse cuenta de lo intrincado de aquel camino sospechó que su perseguido intentaba deshacerse de alguien, probablemente de él, así que se movió  en línea recta hacia donde, creía, volvería a aparecer esa persona.  Acertó.  A una distancia prudencial la vio caminar, ya sin zigzaguear y con más cuidado se acercó.  Esperó unos minutos y entró a la misma posada donde ella había entrado.  Intentó no llamar la atención esta vez y la vio por la espalda, intentó rodear hasta ponerse delante de ella, pero su cara estaba inclinada  en ese momento así que no pudo identificar su faz.  Buscó un mejor sitio para sentarse, que no estuviera directamente frente a ella, pues si levantaba la vista su rostro sería lo primero que notaría, así que se puso oblicuo a su mesa, y esperó para poder verla.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Wondie el Dom Nov 23 2014, 15:46

Había dado unos cuantos tragos a su jarra, la cual ya estaba medio llena. Empezó a sentir calor y ahí se dio cuenta de que aún no se había quitado la capucha. Rápidamente la echó hacia atrás y se atusó el pelo, esperando que no estuviera muy enmarañado.

Pensó en qué podría hacer en esos días para aprovechar el tiempo. Buscar cualquier trabajo donde no llamara la atención para poder mantenerse, eso sería primordial. Lo segundo sería recabar información, aún debía pensar cómo. Y, si pudiera combinar ambas cosas, sería lo mejor para ella.

Sus pensamientos volvieron al objetivo de que estuviera allí: saber a quién preguntar por Forest. Descartó a la guardia, pues a ellos ya les preguntó la otra vez que estuvo. Sacudió la cabeza. Estaba perdida en ese aspecto, así que bien podría planear hacia dónde iría después. Palpó en uno de sus bolsillos al recordar que había guardado el mapa ahí por pereza de abrir el zurrón. Rápidamente lo desplegó y pasó con el dedo desde Lunargenta hacia otras posibles rutas.

Pudo observar que, durante su primer viaje, se había dejado mucho terreno sin explorar. Bien podía volver a hacer un segundo viaje, esta vez con más calma para peinar todo el continente. Era algo tedioso, y lo sabía, pero debía hacerlo. Se lo debía a su padre. Antes de que los recuerdos volvieran a ella, guardó el mapa. Se levantó, dispuesta a irse a su habitación, sin darse cuenta de que el chico del mercado estaba allí.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Romulo el Lun Dic 01 2014, 20:17

No era divertido la espera.  Presa del sopor pidió una cerveza.  Era algo aburrido estar allí esperando que aquella persona levantara la vista, o al menos se descubriera la cabeza para poder saciar un poco su curiosidad.  Hubo un momento en que casi olvidó el asunto.  Bebió despacio la mitad de la jarra...  La cerveza nunca había sido de su completo agrado por el repulsivo sabor amargo que tenía y ese olor tan desagradable que expelía; prefería el vino, incluso el agua estancada.  Esperó con paciencia, pero en momentos de lucidez se repetía a sí mismo que no valía la pena estar ahí, sin saber si tanto tedio sería recompensado, y sin embargo aguardaba solo por obstinación.  

El sitio no estaba mal.  La posada se veía decente y hasta el momento nadie se había acercado a su mesa, nadie lo había interrumpido, nadie lo había molestado.  Era un lugar perfecto para pasar inadvertido.  Observando a lado y lado, disimulando su verdadera intención, llegó a pensar que ese sería un hostal agradable para pasar la noche en caso de no ver posibilidad de sobrevivir al frío de la noche en la intemperie.  

El tiempo se deslizaba, no sabía si muy rápidamente o de manera lenta, perdió esta noción en medio de la espera y al fin sucedió algo para ver.  Era una mujer, eso se adivinaba por los cabellos que salían libres de debajo de aquella capucha.  Seguramente era una mujer de buen aspecto.  La miró, al principio disimuladamente, y entre sorbos a la desagradable bebida fue volviendo su rostro para observar atentamente.  La sola forma del rostro le trajo recuerdos; la sensación de conocer a esa persona le hizo perder todo resto de cuidado y sin el más mínimo asomo de delicadeza clavó en ella la mirada.  Unos segundos bastaron para traerla a su pensamiento.  Ella levantó el rostro,  se recogió el cabello y entonces supo quién era.  Casi era ya un recuerdo reprimido, hasta su nombre le costó un poco recordar... la miraba como tratando de recuperar aquellas memorias y dijo, al conseguirlo, su nombre entre dientes, de forma inaudible “Anna”.  Rápidamente descartó la idea “No... ella murió”. La agonía en la boca del estómago era insoportable.  No quería que lo vieran, pero no era posible dejar de mirarla.  Se sentía como víctima de una serpiente que ya le había logrado hipnotizar; no conseguía ni moverse tan solo un poco.  Era cierto, Anna lucía diferente.  La había visto en muy pocas ocasiones y el tiempo había distorsionado su recuerdo, pero aunque intentaba sacarse de la cabeza la idea de que aquella mujer era la misma joven que conoció años atrás, la visión de su rostro no hacía más que confirmárselo.  No quiso averiguarlo; se levantó de golpe sin dejar de mirarla y le dio la espalda.  Caminó rápidamente hacia la puerta, atropellando alguna mesa o alguna silla, y antes de salir se volvió para verla una última vez.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Wondie el Dom Dic 07 2014, 15:25

Escuchaba ruido de mesas y sillas. Más del acostumbrado, así que se vio obligada a cambiar la mirada para ver qué pasaba a su alrededor. De pronto, las miradas de ambos se cruzaron y Wondie se puso pálida. Por su mirada supo que la había reconocido, así que rápidamente fue tras él, sacando la daga con discreción. Trató de que fuera por los callejones y de acortar la distancia entre ambos.

Cuando por fin fueron a una zona de la ciudad, la joven aligeró el paso cada vez más. Durante su persecución se le pasó por la cabeza que tal vez él se hubiera unido a las filas de los ladrones y quisiera entregarla al jefe, Marcus. No podía permitir que tal cosa sucediera. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que no había nadie en las callejuelas, cosa normal puesto que el cielo se había oscurecido y comenzaba a llover de nuevo.

Extendió la mano libre y agarró su hombro, obligándole a girarse y le empujó contra la pared de una forma brusca. Le puso la daga apoyada en su mejilla.
- Hola, Rómulo. Sé de sobra que me has seguido. Quizás pensaste en cobrar la recompensa que da Marcus. O tal vez porque tu padre dio al mío la dote te piensas que soy de tu propiedad. En ninguno de los casos pienso ir contigo. Así que ya me estás diciendo qué haces espiándome.
Su rostro era serio y mirada era fría, tal vez con una chispa de rabia, dándole un aspecto amenazante. Apretó más la hoja contra su cara, esperando una respuesta.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Romulo el Dom Dic 07 2014, 17:38

Maldita embustera”... Avanzaba por las calles de la ciudad, enojado, sin el más mínimo cuidado.  La rabia le hacía sentir un calor inusual, y la indignación crecía al no encontrar una manera precisa para referirse a Anna, su antigua prometida.  Cada palabra que pensaba le parecía que no era suficiente para nombrarla a ella y los peores insultos que se le ocurrían no tenían nada qué ver con la afrenta que, sentía, le habían infligido. “¡Estaba muerta!...¡Así debió permanecer!”... “maldita ramera.”.   A pesar del enojo, procuraba mantener su semblante tranquilo para evitar llamar la atención; no deseaba que nadie lo viera en tal estado, y aunque nadie en aquella ciudad lo conocía y muy probablemente a nadie le importaba si un extraño iba enojado o feliz, Rómulo tenía la extraña e inconsciente impresión de que era el centro del mundo y que donde estuviera todos notarían su presencia, de ahí la preocupación por mantenerse aislado y no hacerse notar.  No obstante, aunque procuraba no aparentar enfado, iba atropellando gente por donde pasaba. La ofuscación le hacía perder el dominio sobre su propio cuerpo y también la concentración que solía tener, pues solo pensaba en la mejor forma de maldecir a la mujer que acababa de ver.  Con su cabeza todo el tiempo en este asunto, no notó que alguien seguía sus pasos.

Quería salir del pueblo, ya ni siquiera recordaba por qué había entrado a la ciudad.  Caminaba bajo la lluvia que en vano intentaba calmarlo.  Cada gota fría le fastidiaba sobre su piel acalorada, y en un lugar solitario sintió sobre el hombro una mano que lo llevó casi sin dificultad contra una pared.  No reaccionó, su semblante fue en ese momento el mismo que mantuvo desde que salió de la posada.  Miró con enojó el brazo que le sujetaba y recorriéndolo encontró el rostro de su dueña; la sorpresa le hizo estremecer hasta los huesos y en su estómago se hizo  un nudo, su corazón se aceleró y de golpe la temperatura de su cuerpo bajó.  Había creído que no volvería a verla nunca, no habría pasado nunca por su cabeza que estaría tan cerca de ella, y mucho menos, que volvería a escuchar su voz.  Sintió entonces  el metal de la daga sobre su mejilla y todo malestar terminó en ese instante.  Ahora sabía cómo hablarle, sabía cómo serían las cosas entre ambos; no sentía el miedo de la incertidumbre o la duda.  Escuchó con calma sus palabras y el tono de su voz, dispuesto a no volver a olvidarlos.

- Hola, Rómulo. Sé de sobra que me has seguido. Quizás pensaste en cobrar la recompensa que da Marcus. O tal vez porque tu padre dio al mío la dote te piensas que soy de tu propiedad. En ninguno de los casos pienso ir contigo. Así que ya me estás diciendo qué haces espiándome.-  Sonrió al escucharla, más para fastidiarla que por la gracia que le hacían aquellas palabras.  Sentía su paranoia y la aprovechó.  Bien sabía que una persona capaz de poner una daga en el rostro de otra también sería capaz de hundirla, pero no sentía ninguna clase de miedo en ese momento, tal vez porque el poco cuidado que ambos habían tenido les había hecho bajar la guardia.  Con discreción sacó una vieja flecha rota que llevaba consigo, afilada como navaja y acomodó la punta a la altura de su tercera costilla,  aprovechando la cercanía entre ambos y los roces que había entre sus cuerpos, sabiendo que no notaría un toque más en aquellas circunstancias.

- Mírate, - Le dijo con tranquilidad que buscaba exasperarla.- no eres la niña que vi una vez.  Has cambiado tanto que ves peligro en todas partes... seguramente la paranoia no te deja dormir en las noches. - La miró en silencio un segundo. - Tienes miedo, ¿verdad?.  Tu mirada es fría pero no eres más que una cierva que huye exhausta.-  Mientras le decía estas cosas acomodaba su mano con la flecha para hundirla en su cuerpo procurando no ser notado hasta que fuera necesario. - ¿Qué clase de vida has llevado?  ¿No se te ocurre ninguna razón por la cual pueda estar siguiéndote? -  Miró el puñal reluciente apoyado en su rostro. - ¿Quién es Marcus?  ¿Alguien a quien has estafado?  ¿Alguien que te creía muerta y al saber que fue engañado quiso vengarse de ti?  Estás desesperada, Anna, y sientes que se te viene la vida encima, que todos te quieren hacer daño, eso es seguramente porque sabes que lo mereces, pero eres tan presumida, tan orgullosa, que no te das cuenta de lo tonta que resultas, y ni siquiera ves que ya has venido conmigo, no tuve que obligarte, tú sola me seguiste y sin siquiera pedírtelo. - Fanfarroneaba con la mirada fija en ella, fingiendo conocerla, le hablaba socarronamente y con  serenidad difícil de creer, sólo con la intención de hacerla enojar, pues sentía que aquella era la mejor manera de desquitar la rabia que sentía... deseaba burlarse de ella en su cara y mostrar su desprecio. - Ahora dime tú-  Empujó en ese instante la flecha contra su costilla para que sintiera su aguda punta. - ¿Por qué me sigues? ¿Te sientes culpable por el engaño de tu muerte?, ¿Crees que poniendo ese puñal en mi rostro vas a dormir mejor?, parece que solo sabes huir y vivir con miedo.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Wondie el Dom Dic 07 2014, 19:23

La sonrisa de aquel hombre hizo que frunciera el ceño. "¿Qué es tan gracioso?" Cuando comenzó a hablar, tuvo que contenerse para no clavarle la daga en el ojo. ¡Se había atrevido a llamarla loca! Lo único que pudo hacer es morderse la lengua.
- Tienes miedo, ¿verdad? Tu mirada es fría pero no eres más que una cierva que huye exhausta. ¿Qué clase de vida has llevado? ¿No se te ocurre ninguna razón por la cual pueda estar siguiéndote?
- Se me ocurren demasiadas- dijo sin pensar, enfadada.
- ¿Quién es Marcus? ¿Alguien a quien has estafado? ¿Alguien que te creía muerta y al saber que fue engañado quiso vengarse de ti? Estás desesperada, Anna, y sientes que se te viene la vida encima, que todos te quieren hacer daño, eso es seguramente porque sabes que lo mereces, pero eres tan presumida, tan orgullosa, que no te das cuenta de lo tonta que resultas, y ni siquiera ves que ya has venido conmigo, no tuve que obligarte, tú sola me seguiste y sin siquiera pedírtelo.
- ¡Oh! ¿Celoso acaso de Marcus? No sabía que tenías celos de alguien que no conoces por alguien que tampoco conoces- dijo irónica. Supo por sus primeras preguntas que el jefe de los ladrones no la enviaba, pero aún no se sentía del todo a salvo-. Y si he venido hasta a ti no es por gusto- añadió con altanería-.

De pronto, sintió cómo algo punzante le tocaba, sin llegar a dañarla.
- Ahora dime tú. ¿Por qué me sigues? ¿Te sientes culpable por el engaño de tu muerte?, ¿Crees que poniendo ese puñal en mi rostro vas a dormir mejor?, parece que solo sabes huir y vivir con miedo.
- ¡Oh, así que es eso! Perdón por hacernos un favor a todos para seguir con vida y hacerme pasar por muerta. No tienes ningún derecho a juzgarme. He tenido que renunciar a todo para sobrevivir, incluida mi identidad. Así que haznos un favor a los dos y no hagas como que me conoces, porque no tienes ni idea de lo que he tenido que pasar. Imagina "la clase de vida que he llevado" para tener que estar mirando siempre a mis espaldas.

La sangre le hervía y le encantaría darle tantos golpes hasta dejarlo irreconocible, pero la flecha se lo impedía.
- ¿Crees acaso que yo tengo miedo? Adelante, clava eso que tienes en mis costillas. ¿Qué importa una herida más? Ni es la primera, ni será la última. Si me escondo es para no morir antes de tiempo.¿Y qué si me merezco morir? No pienso hacerlo hasta acabar lo que tengo pendiente. Y si ello significa que yo deba perder la vida, yo misma saltaré por los acantilados si hace falta. Pero dije, todavía no. No soy miedosa, pero tampoco estúpida. Así que hazme un favor y ahórrate la lección de moral.

Se alejó unos pasos sin dejar de mirarle desafiante.
- Lo mejor será que olvides que me has visto. Haz como si siguiera muerta. No creo que te sea muy difícil.

Iba a guardarse la daga, cuando escuchó unos pasos y unas voces algo familiares.
- ¡Eh, Wondie!- la joven apretó los labios-. Acompáñanos. Marcus quiere verte.
Se quedó inmóvil hasta que sintió una mano en su hombro. A partir de ahí, no pensó: se giró y le rebanó el cuello. El hombre sólo pudo agarrarse en la herida, pero ya era tarde. En cuestión de segundos se arrodilló para caer por fin al suelo. El otro que le acompañaba había echado a correr.
- ¡Mierda!- dijo antes de ir detrás de él.
Enseguida le perdió de vista y volvió dónde estaba.
- Tengo malas noticias. Debes esconderte, al menos por un tiempo. Luego se olvidarán de ti- dijo atropelladamente, sin dar muchas explicaciones.

Comenzó a andar a la posada, pensando en una forma de dejarles a Rojo y Sarah su ubicación sin que Las Ratas se percataran, pero no se le ocurrió ninguna. Suspiró mientras entraba a la posada, donde rápidamente tomó el zurrón donde llevaba todas sus cosas y salió de allí.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Romulo el Dom Dic 07 2014, 21:21

Rómulo mantuvo siempre una cara serena, intentó ocultar la rabia que sentía mientras hablaba, y ahora que ella respondía con enojo intentaba esconder la satisfacción que ello le causaba... quería que se sintiera miserable y no iba a dejar de increparla.

- ¡Oh! ¿Celoso acaso de Marcus? ...- La escuchó atento... de vez en cuando... poseído de un júbilo maligno al ver que ella se había dejado provocar.  Le parecía un ser despreciable, repugnante, pero casi le divertía verla indignada, lo sentía como un triunfo, el primero de muchos que esperaba tener.  Las palabras que salían de aquella boca le eran indiferentes, más atención dedicaba a la forma en que las pronunciaba y a cada gesto que las acompañaba.  En esos instantes le pareció un ser patético, y tuvo la impresión de que solo intentaba autocompadecerse, pero justo en ese momento, al tiempo que Anna, su rostro se paralizó al escuchar una voz desconocida... alguien hablaba de Marcus.  No mucho tiempo después la voz tomaba forma y se acercaba; con algo de asombro vio su reacción, y el cuello rebanado del desconocido.  La mujer se alejó y él no se lo impidió; permaneció inmóvil viendo desangrar al pobre hasta que no brotó de su cuello ni una gota más de sangre.  Con su pie lo sacudió un poco y se cercioró así de que ya estaba muerto, y bien muerto.  No se dio cuenta de que Anna volvía, sólo lo notó cuando estuvo ya a su lado y le habló.

- Tengo malas noticias. Debes esconderte, al menos por un tiempo. Luego se olvidarán de ti.

Entornó sus ojos e intentó levantar una ceja.  Aquello había sonado tan pretencioso que volvió a sentir asco, rabia, y un “algo” que no tenía ni siquiera nombre, a causa de su odiosa figura.  Le respondió con una mirada llena de odio y recordó las palabras que le había dicho antes de ser interrumpidos: “Lo mejor será que olvides que me has visto. Haz como si siguiera muerta. No creo que te sea muy difícil.

Maldita...” - Dijo entre dientes, pero no concluyó el insulto, le molestaban las palabras malsonantes.  Se quedó mirando a la mujer alejarse y cuando su silueta se esfumó entre la bruma y la oscuridad se sintió tranquilo y pensó que aquel “consejo” era digno de ser acogido.  “No la he visto... ella está muerta.”. - Volvió su mirada hacia el cadáver y pensó si sería adecuado dejarlo ahí, tirado, entonces volvió a pensar en Anna: “Esta clase de vida ha llevado... merecido tiene el pago.”. Se inclinó y recogió el cuerpo, lo llevó hasta el cementerio con la certeza de que nadie lo vería y lo arrojó a la entrada.  Se alejó buscando la salida de la ciudad mientras la lluvia lavaba la sangre que había ensuciado sus ropas, pensando en una nueva ciudad para visitar... recordó que su entrada a Lunargenta se debía a la necesidad de comprar provisiones, pero los acontecimientos lo habían distraído; ahora ya no había nadie en las calles, el día declinaba y la noche se acercaba amenazante, pero no quería permanecer en el pueblo por más tiempo.

Avanzó sin detenerse, ya sin pensar en lo sucedido.  Tenía hambre; el viento movía los árboles y las nubes prometían una gran tormenta.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Wondie el Dom Dic 07 2014, 23:27

Una vez fuera, comenzó a caminar sin rumbo por las calles. Sabía que los ladrones ya no andarían por la ciudad. Estarían a la carrera por ser los primeros en contarle a Marcus que la traidora se hallaba allí. Debía esperar un tiempo razonable, no fuera que le tendieran una emboscada. Aprovechó para comprar algunos víveres.

No pudo evitar pensar en la actitud de Rómulo. "¿Y a ese que le pasa? Parece un estúpido acusándome así. Ni que tuviera motivos...". Un trueno la sacó de sus pensamientos. "Genial. Con lo bien que estaría ahora en la taberna, y por culpa de ese idiota me va a tocar dormir a la intemperie, con la que va a caer... ¡Maldita mi suerte!"

No sabía que podía estar más malhumorada hasta ese momento. Las primeras gotas tocaron su cara, así que echó el zurrón al suelo, lo ató aún más fuerte y se tapó la cabeza con la capucha. Después, se echó el zurrón al hombro y anduvo a toda prisa hasta que dio con la muralla mientras la lluvia iba en aumento. Siguió su recorrido hasta llegar a una puerta. Justo cuando fue a cruzarla se chocó contra alguien. Abrió la boca para disculparse, pero en cuanto vio que se trataba de Rómulo, enseguida frunció el ceño y cambió sus palabras.
- ¡Tenías que ser tú!- dijo molesta.

Se adelantó, tratando de seguir el camino hacia su siguiente destino, pero el vendaval era tal que tuvo que desviarse hacia un bosquecillo cercano mientras soltaba una maldición. Fue contando los árboles antes de desviarse. Contó otros trantos y, en lo más profundo, encontró una cabaña. No tardó en atravesar la puerta y soltar sus cosas en el interior.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Romulo el Lun Dic 08 2014, 19:03

El camino era algo difícil de seguir debido al viento, la lluvia y la bruma, pero Rómulo no quiso detener su viaje a causa de lo sucedido aquel día.  Ya casi había olvidado a su antigua prometida, sólo los restos de sangre sobre su ropa podrían traerle recuerdos, pero el agua  poco a poco los iba borrando, no obstante la vida le propinó un golpe inesperado al volver a encontrarla a las afueras de la ciudad, cerca a las puertas, cuando aquel capítulo de su vida parecía cerrarse para siempre.  

¡Tenías que ser tú! - Oyó decir detrás de él.  Volvió su mirada hacia la voz enojada y reconoció a Anna.  La miró con desgana y no respondió; caminó un poco y vio cómo ella lo adelantaba, pero no por eso dejó de avanzar, ya llegaría el punto del camino en el cual se separarían y entonces sí sería para siempre... no tuvo que esperar mucho para que eso sucediera, pues al cabo de unos minutos la mujer se desvió hacia una pequeña zona boscosa y allí la perdió de vista.  “'¡Tenías que ser tú!' dice ella, como si le hubiera pedido que tropezara conmigo.  No entiendo cómo ha sobrevivido si va sola y es tan torpe.” - Pensó.

Siguió caminando a paso rápido.  Bien sabía que la tormenta duraría toda la noche pero así era mejor porque nadie habría por los caminos, el agua no lo mataría y no habría ladrones rondando por ahí, solo esperaba no enfermar, o que un rayo cayera justo sobre su cabeza, pero creía que ese sería el colmo de la mala suerte habiendo tanto espacio en el mundo para golpear.  Al cabo de un trecho largo, cuando creyó que ya sus ropas estaban limpias, se detuvo bajo un árbol robusto y se puso un manto de cuero que si bien estaba mojado, le protegería del viento inclemente; no permaneció allí mucho más y continuó sin intención de detenerse hasta que despuntara el alba, pero llegó un momento en que ya no pudo continuar y se  desvió a un lado del camino, hacia una peña donde esperaba encontrar alguna saliente, o una cueva donde aguardar el nuevo día.  Al hallar lo que buscaba se pegó a la roca y estuvo inmóvil durante un lapso relativamente corto, mientras sus ropas escurrían; al reaccionar pensó que sería ideal encender una hoguera, pero apenas si había pequeñas ramas, delgadas y quizá húmedas, esto último no podía comprobarlo pues sus manos estaban totalmente mojadas.  Juntó los chamizos y sacó de su bolsa un pedernal que intentó frotar contra la roca esperando producir algunas chispas, pero el barro adherido a la pared se desmoronaba por la fricción.  Suspiró decepcionado y esperó de pie un rato más, mirando el vacío, fijando la vista después en los árboles a lo lejos que eran fuertemente sacudidos, esperando que por una especie de milagro todo se calmara para poder continuar, o que la noche terminara.  Un trueno lo sacó de tal letargo y miró el piso, vio una piedra e intentó frotar en ella el pedernal, con una nueva chispa de esperanza, pero nada sucedió; todo indicaba que esa sería una mala noche.  Cuando ya la oscuridad era casi completa recordó la flecha rota que había usado aquella tarde para mantener a Anna a raya.  “La punta es metálica”, pensó.  Palpó en su cinturón, y ahí, erguida, con la punta hacia arriba estaba; la sostuvo en su mano y frotó la punta contra el barro seco de la pared de la peña para quitarle todo rastro de humedad y luego raspó el pedernal contra ella, provocando chispas al instante, después de eso fue solo cuestión de paciencia hasta tener una pequeña llama que le permitió ver con mayor claridad la saliente donde se había refugiado... había trozos pequeños de madera, y carbón en sus puntas, prueba de que otras personas antes que él habían usado el lugar como refugio.  El calor y la luz le proporcionaron suficiente confianza como para tenderse; la ropa húmeda le impidió dormir, y cada tanto, cuando estaba a punto de hundirse en el sueño, despertaba asustado, como si su instinto de conservación le previniera acerca de los peligros de no permanecer en vela.  La noche fue larga y muy poco satisfactoria; el día llegó y la tormenta amainó, el sol brillaba y con los dolores en el cuello Rómulo se levantó, aún con las ropas mojadas, pegadas incómodamente a su piel, preguntándose si en verdad los borrachos despertaban después de sus juergas en peores condiciones que él; se miró todo, y luego comprobó que el fuego se había extinguido horas atrás.  Caminó buscando algún lago dónde sumergirse para terminar de despertar y limpiar sus ropas de la tierra que tenían adherida. Se bañó y esperó bajo el sol un rato, luego buscó la sombra mientras sus ropas se secaban y tras ponérselas, se dispuso a seguir su camino.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Wondie el Mar Dic 09 2014, 22:36

A pesar de que el viento golpeaba contra la puerta y la única ventana que había y del ruido que hacía, por una vez en mucho tiempo, Wondie pudo dormir profundamente. Se sentía segura esa noche, además de muy cansada. El calor que emanaba de la pequeña hoguera que había hecho propició que el sueño se la llevara aún más pronto.

Por desgracia, apenas duró unas horas. Los sueños se convirtieron en pesadillas, así que el resto de la noche durmió a intervalos. No supo en qué momento de la noche cesó de llover, y agradeció internamente la llegada de los primeros rayos. Se apresuró a desayunar, calzarse, ponerse la capa y echarse el zurrón al hombro. Al caminar, las botas se le embarraron alrededor de la suela. Pero como le gustaba el olor de la hierba mojada, decidió concentrarse en eso y siguió adelante.

Vagó por el bosque sin rumbo. Ahora tenía muy difícil reunirse con sus compañeros, así que decidió dejar que el destino los reuniera. Debía esperar también a que se calmaran las cosas, para así volver a poder salir libremente. Lo que no se le ocurría es dónde establecerse durante ese período. Sin haberse fijado por dónde iba, se topó con el camino, por lo que retrocedió unos metros de él. Sabía que los ladrones estarían vigilándolo y no pensaba ser un blanco fácil.

Bordeaba el camino, pero cada vez se volvía adentrar en el bosque, hasta que decidió parar. Apoyó la espalda contra un árbol y se quedó mirando al frente, aunque en realidad no miraba a nada en concreto. Sólo el crujido de unos palos la sacó de sus cavilaciones. Miró a su alrededor pensando que la habían descubierto, pero no fue así. En su lugar, vio a lo lejos a Rómulo, lo cual la enfurruñó. Al fijarse que se dirigía a una trampa, se quedó inmóvil. Estuvo unos instantes decidiendo si advertirle o no, hasta que al final optó por ir tras él. Escondió el zurrón y su capa en unos matorrales y se acercó sigilosa, pero a paso ligero.

Cuando estuvo a su alcance, le tiró del cuello de la camisa y le tapó la boca.
- Parece que el destino tiene una curiosa manera de fastidiarnos- dijo en voz baja.
Ante su forcejeó, ella apretó su agarre.
- ¡Quieto, o nos oirán!
Señaló en diagonal hacia arriba, luego desplazó a otro punto y paró unos segundos, después volvió a hacerlo sobre otro lado.
- Ahí están algunos bandidos. Si sigues adelante te capturarán- le soltó despacio-. Ahora que si tienes prisa por morir, adelante. Veo que lo de esconderte no te quedó claro- dijo con burla, antes de seguir-, así que si quieres salvar el pellejo, sígueme. Volvió por donde había venido y recogió sus cosas.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Romulo el Vie Dic 12 2014, 19:22

 

Rómulo apenas  reaccionó ante la mano que lo sujetaba y se limitó a buscar, débilmente, el rostro de la persona que así lo trataba.  En verdad aquella noche incómoda lo había afectado, pues sus reflejos se veían muy limitados, su capacidad para pensar se veía reducida, sus fuerzas menguadas no le permitían ni siquiera resistirse a aquella voluntad, evidentemente, más poderosa que la suya.  Escuchó la voz de quien lo asía pero apenas pudo reconocerla; se volvió y el rostro se le  hizo familiar, pero tardó unos segundos en identificarlo, y al hacerlo, en vez de responder con el desprecio que cabría, simplemente pensó en lo afectado que estaba aquel día... ya solo le faltaba empezar a sentir dolor en los huesos para convencerse de que había envejecido 40 años tan solo en una noche.

Forcejeó un poco, aún confuso, sin dejar de mirarla, como si de una extraña se tratara - ¡Quieto, o nos oirán! - Dijo ella y entonces empezó a mirar alrededor.  “Se me ha pasado la mano con la cerveza.” - Pensó.  Después recordó que ni siquiera había terminado de beber la única jarra que le sirvieron en la posada, y que tal vez tampoco la había pagado, no se había detenido a pensar en esto hasta aquel momento.  Cerró los ojos y movió la cabeza como para despejarse un poco y volver al presente, para intentar entender aquella situación. (...) Se dio cuenta de que ella señalaba algo y siguió con la mirada su dedo, pero no se fijaba hacia donde apuntaba, sólo miraba su mano. - Ahí están algunos bandidos. Si sigues adelante te capturarán. -  Volvió a mirar hacia donde su mano le había señalado y vio lo que ella intentaba mostrarle.  Escuchó el resto de su sermón, y notó el tono de burla, quiso responderle entonces pero frenó su lengua sabiendo que en el estado en que se encontraba aquella mañana sus posibilidades de sobrevivir no eran muy grandes:  O ella lo dejaba atrás, y seguramente caería en manos de los bandidos, o ella misma lo mataba por intentar pasarse de listo.  

-¿Son los mismos que te están buscando para entregarte a tu am...- Se detuvo ahí.- a... a... a... ¿Marcus? - La siguió procurando ser sigiloso y volvió a hablar, en voz baja: - ¿Por qué te persiguen?- Bajó la mirada y pensó: “No veo razón para esconderme, debería hacerlo ella, no sé por qué me arrastra a mí a esto”, pero guiado por el buen juicio se lo calló, sabiendo que en el estado en que se hallaba era mejor estar acompañado que ir solo por los bosques o los caminos, aunque no le dejó saber que la lucidez se le había quedado en el mismo sitio donde había pasado la noche, pues por orgullo no quería mostrar debilidad.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Wondie el Lun Dic 15 2014, 17:39

No volvió la vista atrás en todo el camino hasta sus cosas, pero supo que era seguida al escuchar los pasos de Rómulo. No respondió a sus preguntas hasta que estuvo lo bastante lejos de ese lugar, y eso sucedió cuando ya se ponía la capa.
- Sí, son los esbirros de Marcus. Y el por qué me persiguen... son varias las razones que ahora no vienen al caso.

Paseó de un lado a otro, pensando en voz alta.
- Supongo que habrán ido a los pueblos más cercanos a buscarme. Así que lo mejor será volver a Lunargenta- levantó el dedo índice para que la dejara seguir-. Para esconderte de un ladrón, debes pensar como uno. Y sé que ellos pensarán que me he ido lejos, tan sencillo como que era mi método de escape cuando estaba con ellos.

En ese momento el estómago le rugió, avisándole de que apenas había comido esa mañana. Se sentó sobre un tronco caído y abrió el zurrón. Había comprado unos cuantos panes, así que tomó uno de los trozos y partió dos trocitos para poder llevárselos a la boca, devorándolos con avidez. Supuso que él no habría comido, así que se puso el pan en el regazo. Sacó otro trozo, extendió el brazo y se lo acercó.
- Será mejor que comas algo, necesitas fuerzas por si toca pelear o correr.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Romulo el Mar Dic 16 2014, 15:48

Las pisadas de Rómulo eran tambaleantes.  Con cada paso que daba sobre la hierba sentía que su interior se estremecía y el olor de la hierba húmeda no ayudaba a mejorar su situación; con la mirada siempre en el suelo para fijarse dónde ponía los pies, avanzaba sin detenerse, levantando la cabeza de vez en cuando solo para asegurarse de no haber perdido a Anna en algún punto del corto recorrido.
Al detenerse escuchó la voz de la mujer; no tenía muchas ganas de hablar así que la dejó cavilar,  y tuvo la impresión de que más de una vez ella habló más para sí misma que para él.

- Sí, son los esbirros de Marcus. Y el por qué me persiguen... son varias las razones que ahora no vienen al caso. -  Él la miró a los ojos y se limitó a pensar “La persiguen, ella los mata, ellos le preparan emboscadas, y ella está convencida de que también estarían interesados en matarme a mí, sin que me quede claro por qué... pero las razones no vienen al caso ahora... ¿cuándo diantres vienen al caso entonces?” - No quiso decirlo en voz alta... miró alrededor y vio algunos sitios donde encantado tendería una piel y se echaría a dormir.  Salió de sus pensamientos cuando la oyó hablar nuevamente y parecía estar revelándole parte de su vida:

-...tan sencillo como que era mi método de escape cuando estaba con ellos. - No había prestado mucha atención a lo que dijo antes por estar pensando dónde sería bueno tenderse a dormir, pero aquellas palabras habían llamado poderosamente su atención.  ¿Cómo era que había terminado involucrada con un grupo de ladrones, y cómo era posible que ahora la buscaran para entregarla al líder?.  Torció los labios sin estar seguro de haber entendido bien y se sentó frente a ella, nuevamente pensando en lo cómodo que estaría tirado a la orilla de algún camino, durmiendo como vagabundo.

- Será mejor que comas algo, necesitas fuerzas por si toca pelear o correr. - Dijo ella.  Vio su mano extendida y tomó el trozo de pan que le ofrecía.  Por primera vez le sonrió, agradecido, y se dio cuenta en ese momento de que no había pensado en el hambre que tenía.

- Gracias. Tengo mucha hambre.  Ayer no pude comprar las provisiones que quería, y salí de la ciudad sin probar más que unos sorbos de cerveza. - Recordó el desagradable sabor de la misma y le dio asco. - ¿Cómo... hmmm...Cómo fuiste a dar con un grupo de ladrones? - Preguntó intentando no afirmar nada, pues no estaba seguro  de haber entendido si realmente ella hacía parte de aquel montón de facinerosos. - ¿Fue con ellos que aprendiste a usar las dagas que llevas en... la manga... y la bota? - Le dijo señalando con el dedo. - Desde ayer te he visto suficientes veces como para notarlo... además, pusiste uno en mi cara. - Le dijo sólo para aclararle el por qué tenía conocimiento de esos detalles.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Wondie el Vie Dic 19 2014, 22:02

Wondie había dado un mordisco a uno de los trozos y se hallaba masticándolo cuando Rómulo le hizo aquellas preguntas. Masticó más despacio, tomándose algo más de tiempo para dar una respuesta que no la comprometiera a más preguntas que pudieran revelar toda la verdad. En cuanto tragó, comenzó a hablar.
- Cuando mi padre murió, supe que lo que me enseñó para defenderme con la espada no me serviría de mucho. Además, necesitaba protección. Si quería seguridad y aprender las artes más rastreras, ¿quién, sino era gente de esa calaña, me iba a enseñar y proteger? Así que les pedí unirme. Lo que no sabía era que la permanencia con ellos era de por vida. Mucho menos sabía que Marcus, el líder, iba a obsesionarse conmigo de esa manera- se sacudió algunas migas que le habían caído por el pelo-. Al tener tanto poder, podía elegir a cualquier mujer o cualquier cosa que se le antojara. Pero a mí no me interesaba en absoluto que fuera tan poderoso o cualquier cosa que pudiera ofrecerme. Estaba, y estoy, demasiado ocupada con otros asuntos...- dejó la frase inconclusa al darse cuenta de que podía hablar más de la cuenta, así que carraspeó, cambiando ligeramente el rumbo de la conversación-. La idea de usar dagas fue suya, es lo que mejor se me daba, mejor incluso que la espada.

Mientras había narrado a grandes rasgos lo que había sido aquella etapa, trató de mantenerse inexpresiva, como casi siempre estaba. Terminó rápidamente su porción y se levantó, cogiendo el zurrón a la vez.
- Será mejor que nos movamos rápido hacia Lunargenta. Deberíamos esperar al menos un par de días allí hasta que todo se calme. Después ya podremos seguir cada uno nuestro camino.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Romulo el Vie Dic 26 2014, 18:02

Mientras comía el pan que Anna le había ofrecido, Rómulo escuchaba la respuesta a sus preguntas, respuesta que, por cierto, generaba en él muchos más interrogantes, pero de cualquier forma el tema no le interesaba tanto como para preguntar más.  Se dio por satisfecho y masticó la masa que se formaba en su boca como si fuera incapaz de tragarla por algún motivo.  La comida no le sabía nada, sospechaba que enfermaría pronto... sentía necesidad de beber algo de vino, pero no llevaba consigo.  En cuanto llegara a Lunargenta, si no caía en cama, lo primero que haría sería aprovisionarse.  

- Será mejor que nos movamos rápido hacia Lunargenta. Deberíamos esperar al menos un par de días allí hasta que todo se calme. Después ya podremos seguir cada uno nuestro camino. - Dijo Anna y tratando de disimular su debilidad, se levantó y sin decir palabra se dispuso a seguirla. Esperaba que después de dormir unas horas en un buen lugar su ánimo y su fuerza volvieran, y que la idea de una enfermedad solo fuera paranoia suya.

Caminó una buena parte del camino sin pronunciar palabra y sin mirar a su acompañante; ya sabía cerca las puertas de la ciudad y se reprochaba la falta de ideas sobre su proceder una vez estuviera dentro.  No quería seguir a la mujer que le acompañaba a todas partes, y tampoco sabía en qué términos despedirse cuando se separaran. Todo aquello le parecía muy enojoso; cada paso los acercaba más y más a las enormes puertas y cuando ya estaban a punto de llegar decidió que solo le diría que se iría al mercado por las provisiones que no pudo comprar la tarde anterior:  “Así no habrá despedida y podré seguir mi camino a solas.” - Pensó.

- Ya se puede ver la ciudad. - Dijo sin saber qué otra cosa agregar.  Después de unos instantes en silencio añadió: Supongo que esos ladrones son los únicos enemigos que tienes y de los que, por extensión, yo debería cuidarme, ¿No? … es decir, ¿hay riesgo de que si alguien me ve caminando a tu lado, además de ellos, quiera matarme? … Lo pregunto para tener claro de quién y cómo debo cuidarme, siempre es mejor estar prevenido. -  Miró su arco en ese momento. "¿Dónde habré dejado las flechas?” - se preguntó a sí mismo, sin esperar siquiera una respuesta de Anna.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Wondie el Lun Dic 29 2014, 00:48

La joven fue andando en silencio hasta Lunargenta, afinando el oído para escuchar posibles pasos de perseguidores. Por suerte, el camino hasta allí fue tranquilo, pero tenso. No respondió a la afirmación de Rómulo.
- Supongo que esos ladrones son los únicos enemigos que tienes y de los que, por extensión, yo debería cuidarme, ¿No? … es decir, ¿hay riesgo de que si alguien me ve caminando a tu lado, además de ellos, quiera matarme? … Lo pregunto para tener claro de quién y cómo debo cuidarme, siempre es mejor estar prevenido.
- Para ti no hay más peligro que el que acabas de mencionar.

Se fijó en que buscaba algo y no tardó en darse cuenta de qué era.
- Si quieres munición, deberías ir a la armería- se giró sobre sí misma, mirando despacio en qué parte de la ciudad se encontraba exactamente-. Hay una cerca. Si andas por el camino que está detrás de ti, la cuarta bifurcación a la derecha.
Notó que Rómulo seguía incómodo con su presencia. Pensó que no había motivos para alargar esa incomodidad.
- Supongo que aquí nos separamos. Recuerda estar aquí un par de días y después ya serás libre. ¡Ah! Me olvidaba: si alguna vez volvemos a encontrarnos, olvida que me llamo Anna. Para el mundo soy Wondie. Anna está muerta, y así debe seguir estando- retrocedió un par de pasos antes de girarse-. Espero que te vaya bien con lo que sea que hagas con tu vida.

No volvió la vista atrás. Deambuló por algunas calles, sin rumbo fijo. En ese momento se dio cuenta de lo cansada que estaba y la cabeza le empezó a doler. Siempre le venían esos dolores cuando acumulaba mucha tensión. Sacudió la cabeza tratando de olvidarse del mal que le acechaba. Ahora se hallaba en una calle concurrida y no le fue difícil sustraer una bolsa de monedas a un hombre que estaba hablando con otro. Rápidamente se perdió entre la multitud y se alejó de allí, buscando la casa de una curandera que no estaba lejos de ahí. Una vez que llegó, le pidió una de sus pociones para dormir. Después de eso, y dado que aún tenía comida, buscó otra posada donde alojarse. Tardó bastante tiempo, pero lo consiguió. Pidió que su habitación tuviera un barreño con agua, y le concedieron una del primer piso. Mientras tramitaba la cantidad de tiempo a quedarse, la mujer del posadero le fue preparando el baño.

Cuando se acomodó, lo primero que hizo fue atrancar la puerta y mover una cómoda para asegurarse de que no pudiera abrirse. Miró por la ventana y vio que aún le quedaría aproximadamente una hora más de sol. Colocó las cosas como pudo y echó un leño a la hoguera. Se desnudó, se metió en el barreño y dejó que el agua caliente relajara sus músculos. Decidió usar el jabón antes de quedarse quieta y perderse en sus pensamientos. Lo usó primero en su pelo y después en su cuerpo, aclarándolo casi al instante.

Se sentía perdida. No sabía qué rumbo tomar a partir de ahora, ni dónde buscar. Ahora se daba más cuenta del cansancio que llevaba acumulado, y no sólo físicamente. Su misión le estaba pasando factura. No quiso seguir siendo negativa. De hecho, no quiso seguir pensando más sobre su futuro. Salió del agua, se secó y se puso la ropa extra que llevaba en el zurrón: una camisa que había pertenecido a su padre y que sólo se la ponía cuando iba a lavar su ropa. Y eso hizo con el jabón sobrante. Tenía suerte de que le quedaba enorme, por lo cual no necesitó llevar pantalones extra. Extendió de un lado al otro de la habitación una cuerda que se encontró en uno de los cajones de la cómoda y ahí puso su ropa a secar, echando después otros dos leños a la hoguera.

Seguido, se tomó su tiempo para comer algo. El calor de la hoguera y el baño estaban haciendo mella en Wondie, pero resistió el impulso de cerrar los ojos. Sabía que, si se dormía, las pesadillas regresarían y pasaría otra mala noche. Cogió la botellita de encima de la mesita de noche y se quedó mirándola. Ella le daría una noche de descanso auténtico, sin soñar nada. Eso pensaba mientras tomaba los últimos bocados y se limpiaba. Bebió unos sorbos de agua y dejó la justa para beber después del contenido de la botella. Esto último lo hizo a toda prisa porque conocía su sabor y era realmente asqueroso. Tomó su daga y la escondió debajo de la almohada, se tapó y cerró los ojos. Para no ponerse a pensar en su incertidumbre de qué camino tomar, se concentró en los sonidos de su alrededor, hasta que cayó profundamente dormida.

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Editado para corregir faltas.


Última edición por Wondie el Miér Ene 07 2015, 23:39, editado 2 veces
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Romulo el Miér Ene 07 2015, 23:07

- Para ti no hay más peligro que el que acabas de mencionar. - Rómulo la escuchó, prestando sólo la atención necesaria para recordar la información, pero sin ánimo de continuar la conversación.  Sus gestos despreocupados mostraban el cansancio y sueño que desde la mañana le invadían; un día entero caminando no era la mejor manera de recuperarse.

- Si quieres munición, deberías ir a la armería. Hay una cerca. Si andas por el camino que está detrás de ti, la cuarta bifurcación a la derecha. - Oyó decir a Anna.  Al parecer se había dado cuenta de que buscaba sus flechas, y eso le molestaba un poco pues, consideraba, tal descuido equivalía a mostrar debilidad, y dadas las circunstancias no quería sentirse vulnerable ante nadie, y menos ante aquella mujer que el día anterior casi le rebana el cuello, pero su consejo igual le era útil, debía seguirlo así que agradeció, sin mayor efusividad, asintiendo, y mirando hacia donde ella le indicaba, convencido de que prestar atención era una buena forma de demostrar que valoraba lo que le decían.

- Supongo que aquí nos separamos. Recuerda estar aquí un par de días y después ya serás libre. ¡Ah! Me olvidaba: si alguna vez volvemos a encontrarnos, olvida que me llamo Anna. Para el mundo soy Wondie. Anna está muerta, y así debe seguir estando. Espero que te vaya bien con lo que sea que hagas con tu vida.

- Sí, hasta aquí llegamos.  Iré al mercado a comprar comida, cosas sin las cuales no puedo continuar el viaje, a donde sea que vaya. - Hizo un gesto dubitativo con su boca y levantó las cejas con incertidumbre.- Supongo que después iré a la armería de la que hablaste y buscaré dónde pasar la noche, me vendrá bien dormir unas horas, después de eso sabré con certeza a dónde me dirijo. - Dijo con una sonrisa, pensando que quizá ella no entendería la razón de sus palabras. La miró un instante y pensó en su sobrenombre “Wondie”... “Wendy”... - Nos encontramos tres veces en dos días, yo imagino que no va a ser la última vez que nos veamos, al destino parece divertirle hacer que nos estorbemos y nos metamos en problemas por culpa del otro.  Quizá la próxima vez seas tú quien termine siendo perseguida por alguien que no conoces, y sólo por hablar conmigo. - Reaccionó y pensó si sus palabras tenían algún sentido. - Pero si así es como prefieres que te llamen, así te llamaré. Wally”- pensó. -  “No, Wondie”... “Anna”... “Wondie”... “no tiene nada qué ver”...  - Igual espero que estés bien tú, en algún momento debes encontrar un poco de tranquilidad para tu vida, o va a terminar pronto. - Reprimió un bostezo y sin ser consciente, mientras giraban para tomar caminos diferentes, se despidió de ella: Hasta mañana.

Caminó buscando por la ciudad un sitio dónde comprar las provisiones que necesitaba; deseaba algo de pan y un poco de vino... no quería comprar nada que pudiera descomponerse o corromperse fácilmente, pero pensó que algo de carne no le vendría mal, aunque esa podía procurársela en los bosques atrapando algún animal.  También quería algo de queso, un poco de miel, y procurarse de inmediato una sopa.  Siempre, desde niño, cuando estaba en aquel estado de agotamiento se dejaba llevar por su instinto, y comía lo que se le iba antojando con la certeza de que aquello lo reanimaría, y funcionaba muy bien.  Compró lo que iba buscando y comió hasta la saciedad... se sentía bien, ya su cuerpo no sentía casi ningún malestar y sólo bostezaba... necesitaba dormir, pero sabía que seguro hacerlo en ese momento no le sentaría bien, así que salió, después de pagar, en busca de la armería.  Tardó un poco en encontrarla, anduvo errante un buen rato y por suerte la halló abierta... el dueño se veía sudoroso y mugroso: “Seguro es herrero”... su cuerpo hinchado de grasa y cubierto por hollín y polvo de carbón le reafirmaba la idea que siempre tuvo  sobre la profesión de la herrería.  Encargó las puntas de flecha que necesitaba y echó un vistazo a lo que había más a la mano en aquel lugar.  Tuvo que pagar un poco más por el encargo para que estuviera listo lo antes posible, pues no deseaba estar en una ciudad tan grande por más de un par de días, que ya suficiente se había retrasado.  

Salió de la armería hacia la posada donde había comido, caminó por las calles como si estuviera perdido y al llegar pidió alojamiento para dos noches, pagando de inmediato para que no lo importunaran después. Sus ojos se cerraban, aun contra su voluntad. Cayó sobre lo que creyó era el lecho y mientras pensaba en la tormenta de la noche anterior, el frío y el ruido de los rayos, se sumergió en un profundo sueño.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Wondie el Lun Ene 12 2015, 16:40

Con pesadez, Wondie abrió los ojos. No le costó hacerse a la suave claridad que inundaba la estancia puesto que aún no había amanecido. Se deslizó de la cama hasta tocar el suelo con los pies y se levantó. El lugar se había quedado frío, así que rápidamente fue a hacer otra hoguera. Cuando estuvo listo, fue hacia la ventana y se quedó mirando en ella, sin ver nada en realidad. Le vino a la mente unas palabras que había dicho Rómulo antes de despedirse: "En algún momento debes encontrar un poco de tranquilidad para tu vida, o va a terminar pronto". Y tenía razón. Llevaba tanto tiempo queriendo venganza, buscando a los asesinos de su padre, sin ninguna pista sobre nada, que ya le pareció que su búsqueda había perdido todo sentido.

Y se dio cuenta de algo más. Aquella frase contenía la propia respuesta sobre cómo conseguir tranquilidad. A través del reflejo pudo observarse a sí misma. A pesar de haber dormido bien, tenía profundas ojeras por la falta de sueño de muchas noches. Su mirada era como el hielo. No había ningún signo de emoción humana en su rostro, ningún atisbo de aquella chiquilla que fue años atrás. "Ya es hora de terminar con todo este sinsentido". Un brillo hizo que saliera de sus cavilaciones. El sol comenzaba a asomar por el horizonte, así que decidió aprovechar para vestirse. Lo hizo sin darse ninguna prisa, asegurándose de que los cordones del corpiño y las correas en sus botas estuvieran bien ajustadas. Aunque le pareció que tardó una eternidad, en realidad no fue tanto el tiempo que consumió para ello, ya que el sol aún estaba terminando de salir de su escondite.

Ya con sus cosas recogidas y con la capa puesta, movió la cómoda a su lugar y se marchó de allí. Su presencia no fue advertida por nadie. Y ondeando su capa roja fue recorriendo las calles de Lunargenta. Tenía hambre y pensó que se merecía una última comida, así que fue a una panadería y pidió uno de los pasteles que más le gustaban. Se sentó en las escaleras de la entrada a saborearlo y, dado que apenas había gente, no la echaron de allí. Una vez terminó, se sacudió las migas de las manos y siguió vagando sin rumbo.

El día avanzaba muy despacio para su gusto. Había aparcado la cautela y se había metido en calles poco concurridas. También en lugares que se sabía de su mala fama por encontrarse gente de la peor calaña. Curiosamente, nadie le hizo nada malo. El calor que estaba haciendo le iba a obligar a pasarse por el mercado, así que se dirigió hacia allí y compró unas tiras de tela y cuero, las cuales usó para recogerse el pelo.


De pronto, sintió que algo afilado le pinchaba el costado.
- Marcus está deseando verte, Wondie.
- Hola, Escualo. Si tantas ganas tiene, no le hagamos esperar- lo dijo con voz cansada y sin ningún temor.
Escualo, uno de los hombres de Marcus y antiguo compañero de Wondie se sorprendió, pero no le impidió obligarla a andar a las afueras de Lunargenta.
- Dime, Escualo, ¿se sigue respetando el código sobre las últimas voluntades?
- Calla y anda.
- Me callo si me respondes. Sino, comenzaré a gritar.
Supo que había apretado los dientes. Siempre lo hacía cuando se le sacaba de quicio.
- Sí. Ahora sigue andando y cierra el pico.
Y eso hizo. Ni siquiera se quejó cuando la maniataron al otro lado de la muralla. Sabía que la llevarían a algún lugar apartado y la matarían. No le importaba, eso era lo que quería y estaba lista. Tropezó algunas veces, lo que la valió unos buenos empujones. Se les habían unido otros dos hombres que se habían puesto uno a cada lado y llevaban su espada y sus escasas pertenencias en el zurrón.

Fueron escondiéndose entre los matorrales, alejándose del camino, hasta dar con una pared rocosa. Más adelante pudo ver la entrada de una cueva. Escualo silbó y al poco fue respondido de la misma forma. "Hay cosas que nunca cambiarán". No tardaron en salir unos cuantos hombres. Entre ellos estaba Marcus y sus miradas no tardaron en cruzarse. En otro tiempo, la joven hubiera cambiado la mirada o la hubiera agachado. Pero no esta vez. Había crecido y ya no estaba bajo sus órdenes. Eso también sorprendió al jefe de los ladrones.
- Vaya, vaya. Hemos cazado a un pajarillo.
- Marcus- fue lo único que respondió, a modo de saludo, con total seriedad.

Rápidamente se acercó a ella, agarró su mentón y la estampó contra la pared, haciendo que soltara un leve quejido.
- ¿Te crees que puedes presentarte así? ¡Maldita perra! Después de acogerte entre los nuestros, huyes y nos robas.
- Te dije que no estaría para siempre- contestó como pudo al tener la presión en su mandíbula.
Marcus la miró con odio y ella le devolvió la mirada desafiante.
- Sé muy bien lo que me espera, así que me acojo a la última voluntad.
- No lo mereces.
- Eso está fuera de toda cuestión. ¿O sólo sigues el código cuando te interesa?

Sintió como la soltaba y se frotó la zona dolorida.
- Habla, no tengo todo el día.
- Primero de todo, la espada que llevaba debe ser la que acabe con mi vida. Lo segundo que pido es que esa espada sea devuelta al rey. Lo único que debe saber es que su dueño ya no la necesita. Puedes enviarla anónimamente si quieres- agregó al ver que abría la boca para protestar.
Todos se habían quedado mirándola. No se dejó intimidar, sino que tenía la cabeza bien alta. Marcus se volvió a acercar.
- Estás diferente, y no sólo por el físico.
- Será por las vivencias que he tenido.
Sentía su aliento en el cuello e intentó alejarse yéndose a un lado, pero el jefe fue más rápido y sintió los besos desde el cuello hasta su mejilla. Rápidamente giró la cara asqueada, cosa que Marcus no pudo ver porque le susurró:
- Sé mía y no tendrás que sufrir todo esto.
- Prefiero la espada a tener que aguantarte toda la vida.

El rostro de Marcus estaba contrariado mientras el de Wondie era firme.
- Bien, bien. Cumplamos la última voluntad de esta traidora.
Dieron un tirón a la cuerda, lo suficiente para separarla de la pared. Le temblaban las piernas, por lo que calcó su peso en ellas. Sabía que pronto terminaría todo y por fin tendría la paz que llevaba años buscando.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Romulo el Mar Ene 13 2015, 15:02

El sol salía ya e iluminaba la habitación donde Rómulo se hospedaba, despertándolo.  El sueño había sido profundo y reparador, aunque aún sentía mucha pereza, pero la costumbre de madrugar no podía reprimirse tan fácilmente.  Bostezó un poco, cerró los ojos y dormitó unos minutos antes de decidir que sería bueno lavarse, lo sentía como una necesidad y, aunque no le gustaba la idea, sólo podía pensar en agua fría para hacerlo. Pidió al dueño de la posada una cubeta para meterse en ella y permaneció en el agua helada todo cuanto soportó.  Salió de ella, de inmediato se cubrió y se acercó a la chimenea encendida para no morir.  El agua estaba más fría que la mañana anterior en la charca donde se había metido, “¿Cómo es posible?” pensó... Su cuerpo entró en calor rápidamente y pudo ponerse algo de ropa, la sentía cómoda , caliente, hasta suave le pareció que estaba; al terminar de vestirse salió con intención de estirar las piernas que se le entumecerían si no caminaba; además, tenía que comer para saciar el hambre voraz que lo torturaba aquella mañana.  Tomó su arco, que ya sentía como una parte de sí mismo y nunca dejaba tirado, y confiado en que entre sus ropas estarían sus demás utensilios, salió del aposento.

Vagó por las calles y se detuvo, sorprendido por no estar fastidiado al saberse rodeado de tanta gente; realmente el sueño de la noche anterior había sido reparador y había dejado en él un inusual buen humor; entonces recordó de Anna, se le hacía raro no escucharla, o verla.  

Buscó un lugar dónde comprar comida... la mañana era fría.  Quería también un sorbo de algún licor para calentarse por dentro, sonreía sólo de imaginar el festín que se daría con el escaso dinero que le quedaba.  El tiempo se le pasó recorriendo la ciudad y repentinamente se halló convenientemente cerca de la armería a la que había acudido la tarde anterior... decidió pasar por el lugar; no esperaba realmente que tuvieran listas las puntas de sus flechas pero se le antojaba ir por allí.  Al llegar vio al gordo del día anterior, tan mugroso, grasoso y sudoroso como lo recordaba.  Para sorpresa suya al reconocerle mostró cierta alegría, como satisfacción; le dio la espalda y se alejó, pero volvió rápidamente trayendo en sus manos el encargo: eran buenas puntas las que le entregaba, y le ofrecía además la madera lista para ponerlas, aunque ya suponía que eso elevaría el costo.  Aquello le pareció  extraño.  Probó las flechas y no encontraba nada malo en ellas... disimuladamente le recordó al armero que su pedido había sido hecho apenas el día anterior, y éste reaccionó con cierta presunción, difícil de percibir, es cierto, en medio de tanta mugre y movimientos toscos, pero le hacía saber que no era un error, que ya había terminado el trabajo y por eso lo entregaba.  Pagó y se quedó allí quizá media hora, mirando las armas que había en derredor, el trabajo del herrero, la fragua, la suciedad del lugar, las ratas que caminaban por las vigas sin acercarse a los carbones que desprendían un calor infernal.

Cuando salió no dejaba de mirar su arma; desde niño le atrajo la idea de manejar el arco y por eso había practicado tanto.  No siempre tuvo destreza, no tenía ese don que parecían tener algunos, pero tantas horas dedicadas le habían hecho mejorar mucho... se sentía realmente satisfecho.

Nuevamente empezò a caminar por las calles de Lunargenta, haciéndose a la idea de que esta sería su única ocupación para esa y la siguiente jornada, pues Anna le había dejado claro que no era conveniente salir antes.  Suspiró y se fue hacia las puertas de la ciudad; se paseó por los campos que rodeaban la muralla y volvió a entrar divagando.  Hacía frío, pero el sol parecía picarle en la piel, por lo cual se quedó bajo un árbol que halló frente a una de las primeras casas del pueblo; pensó que una cabaña en un árbol no sería mala idea, y tampoco sería difícil de construir... en medio del bosque seguramente proporcionaría un refugio ideal para las noches lluviosas, o para cualquier noche, y le ahorraría la molestia de tener que buscar posadas:  “Tendría que ir construyendo casas en los árboles de cada bosque que recorro; se me irìa la vida hacièndolo y ya no tendrìa tiempo para quedarme a dormir en ellas.” - Pensó.  Esta clase de ideas infantiles le robaban buena parte de las horas cada día, mientras caminaba, mientras estaba solo, mientras comía... su existencia era sencilla, no tenía que preocuparse por una familia ni tenía persona alguna a su cargo, asì que se podía permitir aquellas imaginaciones, imaginaciones que contrastaban con su carácter y apariencia.  Él parecìa desplegar una personalidad diferente según lo requiriera la situación.

Miraba hacia arriba, escudriñando las ramas  cuando vio a la distancia a un hombre caminar empujando a alguien; la escena le pareció divertida y pensó que quizá expulsaban a algún borracho de la ciudad e imaginaba que una vez lo dejaran a las puertas no tardaría en volver a colarse sin importarle si lo echaban a patadas nuevamente.  Los siguió distraídamente con la mirada sin prestar mayor atención hasta que se dio cuenta de que era una mujer quien iba adelante; recordó en ese momento haber visto, años atrás, en una plaza a una ramera siendo golpeada por una vieja que rayaba en la senectud, seguramente la beneficiaria de sus fornicaciones, y sintió compasión.  Continuó contemplando al par que avanzaba hacia las puertas, no se separaban mucho a pesar de los empujones; fijó la vista y notó que presionaban un puñal contra el costado de la que hacía un momento  había confundido con una prostituta;  la escena le pareció un deja vù: se vio él mismo, dos días atrás,  con una daga en el rostro, acomodando una flecha rota en las costillas de una joven... Se puso en pie, algo incrédulo, al ver la repetición de tal acontecimiento.  Reconoció plenamente las ropas de Anna, y de nuevo sintiò pena por ella. “Un dìa tenìa que terminar... supongo que ella lo sabìa.” - Pensò.  

Suspiró y la dio por perdida, se recostó e inclinó el rostro, recordó la mañana anterior y no pudo creer que todo fuera a concluir así, no pudo asimilar la idea de que aquel pudiera ser el final de Anna.  No creía poder hacer nada pero se movió rápidamente hacia la muralla; avanzò alejándose de ellos y trepó por un árbol,  saltó hacia el muro y con un lazo se deslizó para salir de la ciudad sin ser visto.  Corrió silenciosamente hacia los árboles y entre la maraña empezó a rodear para acercarse a los ladrones sin que lo advirtieran; ahora eran tres, caminaban sin preocupaciones, parecían muy confiados; ella tropezaba y recibía empujones por ello...

- ¿Qué hizo el mundo contigo, Anna? - Dijo en voz baja mientras veía cómo la trataban y se imaginaba lo que habrían de hacerle al entregarla a Marcus.

Temía por la cantidad de bandidos que pudieran estar esperando escondidos así que fue prudente y esperó hasta casi no verlos para moverse... lo hizo hasta que, avanzando por la zona boscosa, llegaron a la guarida.  Vio salir de ella a alguien que por su porte y la forma en que se comportaban los demás parecía ser el líder del grupo, entonces  se subió cuidadosamente a un árbol para observarlo todo.  Eran demasiados, no podía acercarse y era inconveniente llamar la atención, por lo cual  decidió quedarse allí; palpó entre sus ropas como buscando algo y lo halló en su bolsa; tomó una flecha y  ató a ella con fuerza el cuchillo que siempre lo acompañaba de modo que el filo quedara descubierto y pudiera utilizarse, la dejó a un lado y continuó observando... trepó un poco más alto y tuvo qué contenerse para no disparar contra Marcus al ver que intentaba acceder a la mujer por la fuerza, sin embargo algo peor parecía que iba a ocurrir: la movieron tirando de la cuerda y supo entonces que debía evitar que procedieran, debía interrumpirlos. Sin dudarlo tomó de la aljaba otra de sus saetas y fijando la vista en el ladrón que se encontraba más lejos disparó, sin intención de matarlo, atravesándole el brazo a la altura del codo, fijándolo contra un madero.  El grito retumbó y todos se volvieron hacia él mientras realizaba el segundo disparo; esta vez arrojó la flecha con el cuchillo haciéndola caer a los pies de la joven con la esperanza de que pudiera cortar con él la cuerda con que la sujetaban y sin perder el tiempo atravesó el pecho de otro de los captores antes de que pudieran reaccionar.  Hirió con su arma a quienes estaban más cerca de Anna para protegerla y la llamó con un grito para que lo reconociera:

- ¡WONDIE! - Dijo a voces,  esperando igualmente que los ladrones pudieran ubicarlo y se movieran hacia donde estaba, alejándose de ella.  Aún hizo otro tiro para matar a uno de los que habían permanecido sin moverse y buscó después a Marcus con la mirada para atravesarlo también, pero no lo halló.  

Tres ladrones corrían entre los matorrales hacia donde él estaba, pero al parecer aún no lo veían.  Acabó con uno de ellos, el que más cerca estaba, y al verlo caer, perforado por el estómago, los otros dos se regresaron y desaparecieron entre los árboles.  
Sabía que era peligroso, pero descendió y corrió hasta donde estaba Anna; no sabía dónde se encontraban los que acababan de escapar, pero no podía dejarla allí...

- ¡Dime que estás bien! - Le dijo con tono enérgico pero a la vez casi suplicante. - Tenemos que irnos, hay que correr porque les perdí de vista; no puedo hacer nada si se acercan demasiado. – agregó moviendo el arco, como si quisiera que ella entendiera a qué se refería. Miró alrededor y vio un rastro de sangre alejarse y dos pares de huellas que tomaban el mismo camino.  Otras marcas en el piso mostraban el rumbo que habían tomado los demás. Estaban dispersos, quizá eso sería una ventaja, pues desde un principio tuvo la impresión de que no eran muy listos, tal vez no se atreverían a hacer nada sin que Marcus lo ordenara, pero debían marcharse de inmediato a un lugar más seguro.

- Era Marcus, ¿verdad? - No la dejó responder y preguntó nuevamente, con voz algo agitada: Estos eran también sus hombres, ¿no es así? - Movió su mano, invitándola a moverse sin esperar entablar una conversación en el sitio.

- Vámonos, no podemos estar aquí.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Wondie el Mar Ene 13 2015, 18:05

Sabía que su final estaba cerca. Sentía como si la muerte estuviera a su lado, esperando con paciencia poder llevársela. Suspiró. No quería que el miedo la venciera al final, así que dejó vagar su mente por sus recuerdos mientras mantenía la vista fija en un punto donde los hombres no estaban. Sus recuerdos más felices eran de cuando era niña, así que entre ellos se perdió, distrayéndose con las más leves minucias. Sería más fácil si estaba despistada, el dolor la cogería por sorpresa, pero sólo serían unos instantes para sentirlo y todo acabaría.

Estaban hablando, pero ella no oía. Quería que su destino acabara de una vez, estaba agotada. Una voz gritando su nombre la devolvió a la realidad, y por el tono supo de quién se trataba.
- No puede ser- dijo abriendo mucho los ojos, realmente sorprendida.
Había algunos hombres ya muertos, así que los que quedaron vivos se dispersaron. Unos le instaron a Marcus que huyera y le acompañarían para protegerle. Se lanzaron una última mirada antes de que Marcus se fuera: la de él llena de rencor; la de Anna, llena de incredulidad y aturdimiento.

A sus pies se encontraba un cuchillo, el cual utilizó para desatar las sogas. La espada de su padre se encontraba en el suelo medio desenvainada. Se la quitó al hombre que la sostenía, quien ya era un cadáver y rápidamente anudó el cinto alrededor de su cintura. De pronto apareció Rómulo.
- ¡Dime que estás bien!
No podía ni hablar aún de la impresión, así que sólo asintió.
- Tenemos que irnos, hay que correr porque les perdí de vista; no puedo hacer nada si se acercan demasiado.

Tomó rápidamente su zurrón y comenzó a andar por el lugar donde no había pisadas, a paso tan rápido que tuvo que parar a los pocos minutos para tomar aire.
- Era Marcus, ¿verdad?
Iba a abrir la boca, pero Rómulo siguió preguntando:
- Estos eran también sus hombres, ¿no es así?
Asintió enérgicamente.
- Vámonos, no podemos estar aquí.
Señaló al frente.
- Vamos por ahí. Llegaremos a dar a una cabaña que casi nadie conoce. Si conseguimos llegar, estaremos a salvo.
Recogió su zurrón y echó a correr en la dirección que le había mostrado. Tal era la velocidad que llevaba que la capa no tocaba el suelo y no redujo el ritmo hasta que observó la silueta de la casa. Con cuidado de no pisar mal, pudo llegar sin problema hacia la cabaña.

Una vez dentro, tiró el zurrón a un lado y se dejó caer en una silla. No dijo nada en un buen rato, tratando de recuperar el aire y de asimilar lo que acababa de suceder.
- ¿Cómo diantres me has encontrado?, ¿y cómo has sido tan estúpido de salir de Lunargenta?- dijo esto último semi enfadada.
Estaba siendo injusta, y lo sabía. Soltó el aire, tratando de calmarse.
- Discúlpame. No estoy acostumbrada a que arriesguen la vida por mí. Te agradezco lo que has hecho, aunque no hacía falta.
Supo que le recriminaría esas últimas palabras que le había dicho, o al menos se extrañaría.
- No fui capturada por un mero despiste mío. Tan sólo quería tranquilidad. La tranquilidad eterna- giró la cabeza y miró por la ventana.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Romulo el Mar Ene 13 2015, 22:12

Rómulo siguió a Anna, corriendo a través del bosque, mirando a uno y otro lado para asegurarse de que ninguno de los ladrones estuviera observándolos; tenía la esperanza de llegar a la cabaña y que ésta fuera un lugar realmente seguro.  Al llegar allí, como ella, se echó a descansar, a recuperar el aliento hasta sentir que el palpitar de su corazón se normalizaba; no alcanzó a conseguir esto cuando al fin escuchó sus palabras.

- ¿Cómo diantres me has encontrado?, ¿y cómo has sido tan estúpido de salir de Lunargenta?- Su voz sonó con enfado, pero no era nada que no estuviera esperando... desde que la vio salir de la ciudad le pareció muy diferente, esa no era la misma Anna que dos días antes había rebanado el cuello a un ladrón; esa mañana lucía dócil, como aceptando e incluso deseando la muerte.  No le respondió nada.  Sólo quería que se calmara para responderle.

- Discúlpame. No estoy acostumbrada a que arriesguen la vida por mí. Te agradezco lo que has hecho, aunque no hacía falta. - Hubo una pausa en sus palabras y luego continuó: No fui capturada por un mero despiste mío. Tan sólo quería tranquilidad. La tranquilidad eterna.

Él la miró y tomó aire, respirando profundamente, adaptándose a la idea de que ya estaban a salvo, mirando hacia el piso hasta que consideró que era momento de responder.

- No  te... ayudé... porque creyera que no podías arreglártelas tú. - Levantó la mirada y la clavó en sus ojos. - Te he visto poner un cuchillo en mi cara, y cortar el cuello a uno de esos ladrones mientras otros huían.  - Frunció el ceño mientras aún la miraba, como tratando de comprenderla, y agregó: No pensaba irme de Lunargenta; estaba en la ciudad, había salido a comprar comida, y por casualidad me hallé cerca a la armería... allí recogí las puntas para mis flechas y cuando salí de allí me eché bajo un árbol  cerca a la muralla... fue entonces cuando  vi que te empujaban.  No voy a decir que te reconocí de inmediato, pero cuando lo hice  te supe muerta.  Debo admitir que sentí pena por ti, por lo que fuiste antes y por la forma en que terminarías; uno no imagina nunca que las personas que conoce pueden acabar así. - Se detuvo un momento y antes de que ella pudiera hablar continuó: Pero... bueno, iba a permanecer donde estaba, y sin embargo el recuerdo de lo sucedido ayer en la mañana me pesó en la conciencia y no pude quedarme sin hacer nada, por eso te seguí, a ti y a los que, creí, eran ladrones.  Ayer tampoco yo te pedí ayuda, aunque sí que la necesitaba, pues ni comida llevaba, y no habría sido capaz de evadir la emboscada que tendían, pero sin llamarte fuiste y me sacaste del problema. - Volvió a bajar la mirada y con la misma voz calmada siguió su perorata. . - Te veías tan diferente ayer en la mañana...

Se quedó callado un rato y el silencio llenó la estancia.  Aquello le agradaba; sabía que Anna no diría nada, por enojo, por tristeza o depresión, pero permanecería sin hablar... Así pasaron un par de minutos y retomó:

- Seguramente ya sabes lo que dicen: El que salva la vida a un hombre se hace responsable de él hasta el final de sus días. - Se encogió de hombros. -  Y aquí estamos. Va a ser cierto que ahora respondemos por lo que haga el otro. - Volvió la mirada hacia ella y nuevamente respiró hondo. - Hace unos días te dije que estabas cansada...ya veo que me das la razón, pero no creo que dejándote llevar por ellos – Hizo un ademán señalando las afueras de la cabaña. - vayas a conseguir la tranquilidad que buscas.  Has llevado una vida tan desastrada que dudo que estés cerca de encontrar paz en la muerte. - Por su mente pasaron las pinturas que del infierno habían hecho sobre lienzos, techos y paredes muchos artistas. - No creo que esa sea la forma, Anna.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

Mensaje  Wondie el Sáb Ene 24 2015, 13:10

La joven no dijo nada en mucho rato. Escuchó todo lo que iba diciendo su acompañante sin poder articular palabra. Tan sólo echó la cabeza hacia atrás y miró al techo cuando Rómulo terminó de hablar.
- Tienes razón. No lo es... por ahora- agarró instintivamente la espada-. Antes de irme de este mundo, debo cumplir cierto juramento que tengo pendiente.

Volvió a mover la cabeza, mirando al frente.
- Ya que parece que no podemos separarnos, te contaré que yo voy por el mundo buscando a unos desconocidos. Quiero venganza. Mi padre está muerto. Lo mataron delante de mí, pero no pude verles la cara. Voy por el mundo tratando de encontrar a los asesinos y cobrarme sus vidas.

Le miró seria.
- Ya sabes a lo que te enfrentas. No pienso cambiar de parecer, no importa qué me digas.
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Re: El reencuentro [Interpretativo/Libre] (Cerrado)

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