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Estropicios. Interpretativo [Nübian - Libre]

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Re: Estropicios. Interpretativo [Nübian - Libre]

Mensaje  Sarez el Jue Jun 25 2015, 18:21

No tengo palabras para describir mi estado de ánimo. Me cuesta poder expresar cómo me siento. No es fácil. Nübian es la primera elfa que conozco después de más de medio siglo de soledad  y la he tratado como un idiota. Ella, dentro de lo que cabe solo pretendía ayudarme. Merezco mi destierro. Merezco mi soledad. No merezco estar con nadie más que conmigo mismo. Hubo un momento en que creí haber encontrado a alguien con quien compartir mi dolor, alguien que me entienda.

Desde los dejos alcanzo a escuchar la última frase de Nübian. El agudo oído de los elfos es una de nuestras principales ventajas en comparación a otras razas. Sin embargo preferiría haber nacido sordo a tener que escucharla. Fueron apenas cinco palabras. Cinco malditas palabras que me hieren más que cualquier arma.  Me doy la vuelta con la intención, no, la necesidad de disculparme por mis actos. No está. La conciencia me carcome por dentro. Giro la cabeza a un lado, luego al otro, me doy la vuelta. Sigo sin verla. Es mejor así. ¿No? Es mejor que no vea a nadie nunca más.

No puedo hacer nada por encontrar a Nübian. La he perdido. Para siempre. Con el peso de los remordimientos cargados sobre mis hombros retomo mi tarea inicial. Vender la piel de ciervo. Me acerco a una tenderete de la plaza de comprar y venta de artículos. Tiene objetos muy variopintos. Desde espadas a joyería pasando por comida en conserva.

-¿Cuánto me das por esto?- Le digo al mercader. Dejo la piel de ciervo en el estante que se encuentra delante de él para que vea a qué me refiero.

-¿Bromeas?- Me contesta incrédulo. - Si crees que te voy a dar algo por un apestoso trozo de piel sucia estás muy equivocado. – Me hace un gesto con la mano para que me aleje. - Largo. Me espantas a los clientes. Mira, como mínimo te puedo dar está moneda. ¿Te gusta verdad?- La lanza al suelo como si fuera un hueso y yo un perro. - Corre. Busca.

-Quiero eso.- No hago caso a sus amenazas verbales. No tengo tiempo para bromas. Necesito ese objeto. Si me doy prisa podría alcanzar a Nübian donde quiera que haya ido pero primero necesito eso. No sé qué es pero su aspecto me recuerda a ella.

-Sigue soñando amigo. Alguien como tú jamás podrá una obra arte como esta. – Coge la joya con delicadeza. - Es una flor de loto hecha recreada con el cristal más puro que tus ojos de elfo mendigo puedan ver. – Noto cierto orgullo en su voz. Vuelve a dejar la flor en el cojín de enfrente suya. -¿Quieres saber cuánto cuesta? Más del triple de todo lo que llevas puesto. ¡Ahora fuera si no quieres que llame a la guardia!- No me gusta cómo me habla. –¡Te dejas tu asquerosa piel!- Me advierte. Vuelvo para coger la piel de ciervo y la envuelvo en una bola. Cuando estoy lo suficientemente lejos, abro la piel sacando el cristal de flor de loto de su interior. Me había dejado la piel a consciencia. Al ser tan grande resulta perfecto para coger la joya sin que nadie se diera cuenta.

Corro por toda la ciudad en busca de Nübian. No puede ir tan lejos. Tengo la valentía de preguntar a un joven transeúnte si ha visto a una elfa.  Pese a que mis descripciones son escasas, el joven me dice que la ha visto marchar por el camino que lleva a las afueras de la ciudad. No me hace falta más. Sin decir ni una sola palabra de agradecimiento ni despedida, corro por la dirección que él me ha marcado. Allí está.

-¡Espera!- Grito desde la lejanía para hacerla parar. –Me he portado mal. Hay muchas cosas que no entiendo. No sé nada.-  Hablo nervioso sin explicarme bien lo que quiero decir por lo que dejo que mis actos hablen por mí. Desenvuelvo la piel de ciervo enseñándole el cristal de flor de loto. –Era de un tipo que me ha hablado mal. – Digo como si eso fuera suficiente para justificar mis actos. –Ahora es tuyo. Lo siento.-


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Re: Estropicios. Interpretativo [Nübian - Libre]

Mensaje  Nübian el Sáb Oct 24 2015, 10:46

Mientras caminaba hacia el lado opuesto a aquel claro del corral de gallinas había notado las gotas saladas resbalar por mi piel, y me las quité con rabia.

Simplemente no entendía por qué todo tenía que ser difícil cuando uno era diferente, no entendía el enfado del otro elfo ni… Ni siquiera por qué yo me había abierto a él.

“Porque eres abierta y la Madre dicta que todos debemos convivir en armonía” – me dije. Pero la Madre… Ella lo veía todo desde arriba y tal vez no cree que… tal vez cree, mejor dicho, que esa utopía es posible y tal vez no sea más que eso. Una utopía; una vez escuché a un viejo errante en su carro contar historias de libros olvidados, de sabios, a algunos curiosos que buscaban aprender, o simplemente noticias: utilizaba la palabra utopía porque había unos caballeros en una ciudad que querían imponer su ley para vivir en su sistema, en su idea.

La idea de la Madre era maravillosa, pero en aquel momento yo me sentía muy mal, tenía una bola enorme en la tripa que me oprimía y me hacía respirar con dificultad… “¡No! ¿Pero qué dices? La Madre es sabia… Ella sabe, no puedes cuestionarla. Ella te lo ha dado todo… si confía en una utopía armónica es por algo…” – volví a reprenderme. A fin de cuentas, pensar en que todo podría salir bien en algún momento dado hacía que me relajase…

Suspiré. Al principio el elfo había sido amable; a lo mejor él también quería una utopía y tampoco sabía cómo conseguirla. A lo mejor…

– ¡Espera! – me tropecé cuando me sobresalté con el grito. Parecía su voz. La imagen fugaz de Sarez gritando me hizo torcer el gesto y me volví, y lo vi allí, corriendo hacia mi perdiendo el aliento; la mueca torcida en mi cara se convirtió en media sonrisa. Por su rostro, parecía resuelto a… ¿Hablar?

– Me he portado mal. Hay muchas cosas que no entiendo. No sé nada. – sonreí abiertamente, sin poder evitarlo, luego me sonrojé avergonzada y bajé el gesto; lo miré desde ahí, alzando los ojos. – No te disculpes. Supongo que tengo que dejar de ser ingenua… No conozco gran cosa del mundo exterior, solo lo que la Madre me ha enseñado… No quería molestarte, ella me hace pensar que hay una utopía posible, la armonía… Y yo… Yo respeto tus sentimientos por tu pasado pero… Quiero… – las palabras aparecieron ante mi como una iluminación – Quiero enseñar a todos que es posible la armonía… Que no es una fe tonta y que es posible ser… bueno, y… respetar. Todos lo merecemos porqu… – volví a callarme de pronto, esta vez casi a tiempo – Yo... Lo siento, hablo mucho, debe ser difícil toparse con alguien como yo, eres el primer elfo que veo en mucho tiempo y parece que las palabras brotan solas de mi…

Sin embargo al menos uno de los dos supo cómo callarme, cómo proceder bien. Abre una piel de ciervo y me enseña su contenido.

Y me quedo sin palabras.

– Era de un tipo que me ha hablado mal. Ahora es tuyo. Lo siento.

Me quedo sobrecogida mirando aquel fino detalle… Aquella joya que palpita con luz, suave y a la vez firme como el cristal que es… Es signo de fertilidad, de vida y de lealtad, es puro. Enrojezco mucho, lo miro emocionada casi sin atreverme a tocarlo y trato de proyectar toda la gratitud en mis gestos, en mi mirada.

– Oh cielos… ¡Gracias! Es… Es precioso y…. ¿Ves? Es… Respeto… El mundo iría mejor con… – alcé la vista con el loto en las manos, creyendo que podría romperse en cualquier momento y lo miré a los ojos – con personas como tú, Sarez. Esto es tan bonito… Nunca… Yo nunca he tenido nada y… Así… Es…

Sonreí de nuevo y lo abracé con fuerza, aunque me separé pronto sabiendo que no era lo adecuado para él. – No olvidaré nunca tus palabras, ni tus ojos… Ni tu carga, porque es una injusticia y tus ojos dictan que debes ser feliz, lo sé, la Madre me ha enseñado a ver la pureza. Siempre que la mires a ella me verás a mí, no te quepa duda, no hay noche que no la mire. Y ahora por primera vez esperaré siempre en mis rituales que allá donde estés, todo esté bien para ti.
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