Balas de Otoño - {Libre, completo}

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Balas de Otoño - {Libre, completo}

Mensaje  Lanre el Sáb Jun 27 2015, 17:33


Los sonidos disgregados de la posaba se balanceaban, sordos, en el ambiente recargado del descuidado asentamiento. La risa amarga de hombres hambrientos que alzaban sus copas en petición de un nuevo plato, la sonrisa apresurada de las camareras al soportar intrigas e insinuaciones de sus clientes, los murmullos deprimentes de los desgraciados desplomados sobre la barra, el movimiento apresurado del regente tras su puesto, como un mecanismo de relojería, tomando los platos y organizando los alimentos necesarios. Y al fondo, un único hombre, encordando su laúd al aplauso de sus oyentes, la madera clara de su propia instrumento desvelaba un tallado extraño, siguiendo su propia forma, ocho cuerdas firmes cruzan el mástil.

Pero más extraño que su instrumento, es el propio artista, un hombre de vestimentas holgadas y ojos entrecerrados, tomaba el instrumental con manos elegantes y delgadas, como si se tratara de una dama en sus brazos. No tocaba, no en aquellos momentos, tan sólo ajustaba las cuerdas para su siguiente actuación, dejando que su cabello lacio cayera sobre lo claro de sus ojos, ensombreciendo la mirada. Iba sucio; en su camisa de color claro eran apreciables las motas de suciedad, lo deshilachado de la tela, en la calle muchos lo considerarían un mendigo. Y lo era, a su forma.

─ Lanre, toca los cantares de Sir Banaris, su marcha más allá de Aerandir ─ Brindó un hombre desde una tosca mesa, lejana en la otra parte de la posada, meciendo su densa barba a la sonrisa de sus compañeros. ─ No chaval. Mejor la desgracia de Bakthut, el longevo eclipse ─ Responde un tembloroso anciano al lado de la barra, con rostro exigente en cuanto a la historia a narrar. Pero cada pequeño grupo tenía sus propias ideas, y pronto sus voces se alzaron entre ellos, discutiendo sobre la belleza de sus historias o la credibilidad.  

El músico desplazó su peso a un lado del taburete, profiriendo un lento suspiro que casi música, rozó sus cuerdas conformando un acorde que acalló las voces. La posada por entero pasó a observarle. ─ No, esta noche tocaré sobre Imbar, la dama pétrea, y cómo renunció a su cuerno izquierdo ─ Sisea Lanre con voz profunda, de consonancia absolutamente extraña, llevó el laúd a la altura de su pecho. Las primeras notas fueron arrancadas sin prisa, tres octavas y una cuarta ascendente lanzadas al aire, el inicio de la melodía.

Tres minutos después, el local daba palmadas al ritmo de la música, cantando o tatareando la letra con descoordinación , reían juntos. Lanre , semi-inclinado sobre su asiento, tocaba con los brazos cansados y perlas de sudor cruzando su rostro. Y finalmente, el acorde final, que golpeó su pecho al lado de el canto creciente de los espectadores, y los aplausos acelerados. Ahí terminó, dejando que el instrumentos se deslizara sobre su regazo y forzando una sonrisa al público.

Casi transcurrió otro minuto mientras Lanre se desenvolvía entre el gentío, cargando el laúd en un estuche de madera mala, y apartando las felicitaciones de cuantos se acercaban, Así fue hasta que el público se calmó, permitiendo escapar al músico hacia la escalera, para dirigirse al piso superior, donde se situaban las estancias. Dispuesto a abandonarse aquella noche, dormir y esperar a la mañana siguiente, comenzó a ascender los primeros peldaños.  


Off: mis disculpas por la torpeza del escrito. Rol reservado para Lady Ébano y Delteria. Se permite la entrada de más gente, pero debe pedir permiso previamente.



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Re: Balas de Otoño - {Libre, completo}

Mensaje  Ébano el Sáb Jun 27 2015, 19:19

Atuendo:


Porta un corpiño rojo oscuro en terciopelo con franjas transparentes negras y:


Había tenido un día de lucidez, de ánimo de entre todos los días que tenía de desgana. Me notaba gris, apagada, o al menos en comparación a lo que yo era... ¿O lo que creía que era?  Cuando la hermandad me había reclutado, me había adaptado a unas costumbres, simples, concisas: trabajar, cumplir, beber sangre. En mi tiempo libre me cuidaba a mi misma, practicaba... Pero no hacía nada más. Bueno, eso, y disfrutar de las camas ajenas. Cuando me largué de allí, no sabía nada... Me había ido adaptando al mundo, pero seguía siendo una persona fría y distante, sin una meta, sin... Nada. Nadie.

Con el tiempo, conociendo a distintas personas y a.. él. Suspiré. Ya no volveré, no encajé en su mundo, me sentía mal por haberme ido así pero.. Él estaría mejor. Pero yo, no. Durante ese tiempo había ido rompiéndose mi coraza, poco a poco, día a día. Y ahora no era capaz de... Sentirme bien.

Estaba perdida; todo lo que yo conocía era el trabajo sin más, la sangre, la noche; la piel, el vino y las hojas afiladas. ¿Y ahora? Ahora quería utilizar a mi favor mi.. ruptura de caracter. Ahora quería ser alguien, con un cometido, no quería ser fría de nuevo, pero necesitaba olvidarle y dejar de vivir vagando en aquel camino gris, sin medida, sin horas y sin gracia.

Estaba sentada en una mesa de un local, era de noche, reciente aún. Estaba repleto de gente, había oído que alguien tocaría esa noche. Con la esperanza de tantear el terreno, me había animado a salir a una de las posadas de la ciudad, había cogido el papel de un hombre, un anuncio en que se buscaba alguien para un trabajo, y me había encargado de citarme con el sujeto en aquel lugar.

No aparecía... Y sin embargo, sentía un cosquilleo aquella noche. Darme cuenta de mis problemas me había hecho sentir mejor, capaz de revivir una noche como cualquiera que hubiese vivido antes: la expectativa del trabajo, el murmullo de la gente el alcohol...

...Pero tras dos horas esperando, nadie apareció. Aquello me había puesto de los nervios, y además ahora tenía la expectativa de una noche entera vacía, sin nada que hacer. Al menos me había puesto en claro una cosa: necesitaba actividad, cuando volviese, partiría de viaje. Pedí otra copa al mesonero y me senté en un rincón, disfrutando de la actuación de un joven... Muy interesante, ciertamente.

Sus notas acariciaban mis oídos, infundían exactamente aquello que él quería generar en su público. Observaba desde las sombras, preguntándome si alguien más tendría un ojo analítico que poner en su música. Cuando me vine a dar cuenta, me había terminado la copa. Me levanté a por otra y me apoyé en la barra mientras el músico terminaba sus acordes, efusivamente, y tras unos instantes, la sala estallaba en vítores.

Sonreí de lado, aquello era un placer, siempre lo era escuchar música. Bebí de mi copa despacio y me senté de nuevo en la mesa, cercana a las escaleras. Observé al músico, que se dirigía hacia las escaleras; era apuesto, y no parecía un cualquiera.

Sois un placer para los oídos, querido. ¿A quien debo el honor de hacer vibrar mis sentidos? No me gustaría que se retirase sin invitarle a una copa.


Y yo, no era quién para rechazar una buena conversación...




“Si tú lo quieres volveré a ser un angel otra vez, otra vez… viviré. De los infiernos surgiré, como el alma que cayó y que ahora vuelve a renacer por ti…”

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Re: Balas de Otoño - {Libre, completo}

Mensaje  Keira Brabery el Dom Jun 28 2015, 00:19

Era noche abierta, las estrellas adornaban el cielo y la luna esparcía su fulgor, una joven cubierta por una capa, con un tirante estratégicamente colocado para que no se viera una enorme quemadura de su hombro, avanzaba por las calles de  la ciudad contemplando el cielo. En su hombro sano, una pequeña águila, que por su tamaño bien podría ser un halcón, observaba lo que las rodeaba.

Algo más alejado de ellas, el cartel de una posada se balanceaba con la brisa, ese era el destino de la joven, donde, el posadero, nombrado a si mismo admirador de artistas, le había pedido que acudiese para entretener a sus, como el mismo hombre citaba en la carta, "adorables borrachines".

Se detuvo unos instantes ante la puerta, dándose cuenta de que el lugar estaba particularmente silencioso, las tabernas solían ser ruidosas, lenas de estruendo, pero de ese lugar lo único que salía era una melodía suave y una voz hipnotizante. Una sonrisa ladeada cruzo el rostro de la joven encapotada, al parecer no era la única invitada, esa noche tendría competencia, interesante, aun en todo el tiempo que llevaba viajando, no había encontrado a un artista que, al igual que ella, intentase hacerse un renombre trabajando en las tabernas, muchos artistas de circo, una incontable cantidad de bufones, pero nadie con autentico talento que mereciera la pena considerar artista.

Intentando no interrumpir la actuación de tan grata sorpresa entró al lugar quedándose rezagada junto a la puerta, escuchando, con calma y ojos cerrados, ese sonido tan vocal, esa pronunciación tan clara, esa dicción tan perfecta y esa melodía tan suave, que fue disminuyendo poco a poco la cadencia hasta cesar por completo. La chica entonces abrió los ojos y sonrió, una buena razón para dar un buen espectáculo... dejó a su ave sobre una percha y, pandereta en mano, se dirigió al centro del lugar sin que nadie le prestase atención.

Situándose en el centro decidió que era momento de llamar la atención y, alzando los brazos, dejó caer la capa al tiempo que soltaba una llamarada de fuego rojo y frío llamando la atención de los presentes, con las caderas estrategicamente situadas, comenzó a bajar la pandereta haciendo temblar los platillos de esta y comenzó a susurrar las palabras que daban paso al baile.

- Libertad...-
un movimiento que seguía al susurro-  fuego....- un nuevo movimiento que la cambiaba de posición- luz....- de nuevo, sacudida- oscuridad....- llegaba el final de la introducción- Pasión..

Una llama envolvió a Keira mientras esta comenzaba a girar agitando el instrumento, dejando cesar su voz suave y dulce, permitiendo que el vuelo de su vestido, que se elevaba dejando ver sus piernas, y su pelo, la envolvieran, la pandereta no era más que un mero acompañamiento, la música salía de esta y, sobretodo, de los golpes con los pies, creando un ritmo de cadencia suave, provocativa.

Un golpe, fijaba la mirada entrecerrada en los presentes, y volvía a moverse, temblor de pandereta, sacudidas suaves recorriendo el cuerpo, de pronto, un nuevo golpe, un spagat en el suelo antes de, cerrándose de piernas sentada, volver a alzarse con movimientos sinuosos y, una vez arriba, comenzar a prender pequeñas llamas y, mientras giraba con calma, dejar que estar la envolvieran, como si la hubieran metido en el interior de un tubo de fuego donde lo único que se distinguía era una figura sinuosa moviéndose de forma serpenteante acompañada por el sonido de una pandereta para, finalmente, terminar explotando con fuerza rodeando a la delicada figura femenina de chispas rojizas que enmarcaban aun más el azul de su vestido y de sus ojos, haciendo que ese frío hielo derritiese a quien la contemplase.

Sabedora de que la reacción se haría esperar, por la sorpresa de su aparición, esperó con calma, desmontando la figura final, mientras las chispas aun la rodeaban y caían al suelo extinguiéndose sin dejar una sola marca. Tras un par de segundos, aplausos, silbidos y exclamaciones sorprendidas.

off:
El vestido, aunque lleva más cortes en la falda y los tirantes algo más anchos
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Re: Balas de Otoño - {Libre, completo}

Mensaje  Lanre el Dom Jun 28 2015, 15:06


Sí, entonces la escuchó; un puñado de palabras simples, pronunciadas sin prisas desde la estadía de una mesa. Un conjunto hermoso, la voz hacía del resto de sonidos algo más burdo... pero fue cuando la miró, que todo se rompió en pedazos. Ahí posaba una dama de cabellos dorados, enmarcados en torno a un rostro pálido y de facciones insultantemente hermosas, no sin un vestido de buena confección, tendente al lino rojo. Desentonaba con el ambiente, rompía con lo extraño , como una fina prenda entre un manojo de harapos.

Y frente a ello, Lanre no pudo hacer otra cosa que desdeñar una pequeña sonrisa, lenta y dolorosa, parecía arrancada de los versos de un cuento, donde los príncipes se disfrazan de mendigos y las doncellas caminan en el misterio de un final inconcluso. Pero, lejos de ser un cuento, el músico elevó su voz con cierto grado de discreción, alentador. ─ Aún no he perdido la suficiente cordura para rechazar tal oferta ─ Sus pies lo llevan hasta la mesa, donde deposita con delizadeza su estuche y se sienta al lado de la mujer, descubriendo en ella lo absolutamente extraño, una habilidad impropia en el propio moverse.  

─ Mi nombre ya lo conoce. Lanre, así lo grita esta gente ─ Los dedos del músico rozan la madera de la mesa, nota su aspereza, y se reclina sobre ella entonando un grado de complicidad que llegaría a ser juzgados por algunos como impropio. ─ Pero, yo desconozco el suyo, y sospecho que todos los hombres de este establecimiento lo desean oír ─ Sí, era a su forma una pregunta, un intento por comedir a aquella mujer y descubrir al menos una pauta en su aptitud sobre la que basarse.

Y entonces se hizo, llamas en el centro de la posada, exclamaciones sorprendidas y el repiqueteo de unos pasos sobre el suelo. El joven alzó ligeramente su rostro, y ahí la encontró... Una dama, impune, danza al ruido de una pandereta, persiguiendo una melodía nunca descrita. Lanre observó con precaución la sinuosa figura entre el gentío, vio sus cabellos castaños, y sí, la apreció como tantos hombres... pero sólo un momento, lo necesario para atrapar el ritmo, la pausa, el acento, los acordes necesarios... y llevó sus manos al estuche, abriendo el contenido con un ligero chasquido. ─ Un baile necesita el acompañamiento adecuado, ¿no lo piensa? ─ Comenta a su invitadora , inusitadamente pálida, cuando extrae el laúd de su estuche y lo aprieta contra su pecho. Posiciona sus dedos en el lugar adecuado, ajusta con presteza nuevamente las clavijas, y cuando sintió seguridad en sus dedos... sencillamente comenzó tocar. Una melodía lenta y halagadora, correspondiente a la danza de la dama. Procura un matiz seco, golpes contra la cuerda que desdeñaron cierta intriga. La acompañaron hasta el final, y ahí permitió que se debilitara su melodía hasta acallar. Todos los hombres vitorearon a la dama, le silbaron y los más novicios lanzaron piropos torpes. Por otro lado, las camareras semi-avergonzadas parecían esconderse detrás de la barra, en sus puestos.

Lanre rió, apenas tres carcajadas lentas y claras, extensas, que contuvo en su pecho al guardar el laúd nuevamente en su sitio. Sí, definitivamente era una noche extraña.   


 

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Re: Balas de Otoño - {Libre, completo}

Mensaje  Keira Brabery el Dom Ago 09 2015, 23:53

Un hombre inició un son de mandolina mientras ella bailaba, el acompañamiento musical era un buen cambio, a la propia Keira le gustaría aprender a tocar algún instrumento más a parte de la guitarra y la pandereta, pero bailar y tocar son cosas imposibles de hacer a la vez, por eso se resignaba a marcar compases con los golpes en el suelo.

Lo cierto es que no era que quedase mal, los ritmos fuertes daban más fuerza a su baile, la música de esa guitarra suavizó sus movimientos, y provocó el estallido de la taberna. La bailarina sonrió medio satisfecha, pero molesta en parte, quien se creía ese para interrumpir su espectáculo, ella no había molestado durante el suyo, sin embargó prefirió ignorarlo, y, tras recibir su pago, salió de nuevo a la calle, en busca de su siguiente parada.

El viento arrastró hasta ella un papel, en el que rezaba que Sakun, buscaba gente que supiera algo de los dragones de agua, ella no hacía mucho se había enfrentado a uno, en esa estúpida isla, así que posiblemente lo mejor sería ir a avisarle. su siguiente parada, sería el norte, tierra de dragones....

Mejor sería abrigarse.

******************************************

Off rol: Paso de tener un tema parado, y más durante tanto tiempo, así que, aunque pintaba interesante, me salgo, lo siento mucho.
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Re: Balas de Otoño - {Libre, completo}

Mensaje  Ébano el Jue Oct 29 2015, 20:15

Dejé pagada la copa al caballero. Su música era apabullante, sí, como pocos podían tocar... Las emociones surgían a flor de piel con sus manos, pero aquella noche yo estaba de paso, tenía tareas, tenía cosas que averiguar, gente con la que hablar... Y además, él parecía haber encontrado a alguien flamante, esa era la palabra; y yo sabía reconocer una batalla perdida.

La muchacha apareció de pronto y comenzó a bailar dejando la sala en un mudo silencio cargado de asombro y tensión. Y también de patalones cargados. No era para menos... Hasta yo misma me confesé sentirme atraída por ella, ese pelo y esos labios merecían el trato que se merecía y que ningún hombre podría darle jamás pero... Por desgracia aquella no era noche para ocio, ni para mis divertimentos.... También debería comer, por poco que me gustase, tenía que hacerlo.

Aquel pensamiento me amargó el resto, de modo que me levanté, cogí mi capa y salí sigilosa al exterior mientras él se incorporaba al espectáculo de la muchacha.

Sin duda alguna, aquello daría que hablar mucho tiempo en aquella taberna...



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