[CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

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[CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Curgo el Dom Jul 19 2015, 11:03

Hacía aproximadamente un mes que no sabía nada de aquel misterioso puñal que habíamos dejado en casa del señor Furalter, aquel que hacía que me sintiera mal cuando lo tenía en mi posesión, y que ese fue el principal motivo por el que se lo dejé al hombre, aunque lo mejor tal vez hubiese sido que lo hubiésemos tirado en alguna parte o simplemente que se lo hubiese llevado el licántropo de Chateaux des Parlac. Lo que no imaginaba yo, era que la historia del dichoso objeto tendría un final aún más fascinante.

Hace pocos días que me llegó una carta de la esposa del señor Furalter a casa. La nota rogaba lo siguiente:

Estimados Curgo y Lida:

Mi marido no ha parado de investigar el origen del puñal que le disteis. Un elfo, Laedis, le ha dicho que posee una peligrosa maldición. No os escribe él pues se encuentra muy raro. Por favor, reuníos conmigo en el bosque de Sandorai, en el sagrado corazón del templo.

Madame Furalter.


-Joder, quien me manda a mí meterme en estos embolados – dije cerrando la carta, que había vuelto a leer justo cuando las planicies llenas de pastos de las afueras Lunargenta comenzaban a poblarse de los árboles del bosque de Sandorai.

Nunca había estado en Sandorai. Me había llevado unas horas llegar hasta allí. A lomos de Coraco, que ahora era de mi posesión. Su dueño me lo regaló tras aquel digno trabajo que le había realizado en los establos una semana antes. Ese pelaje negro y robusto me encantaba, además de su fidelidad y de que siempre quería encontrarse conmigo.

¿Y Lida? A ella no la había visto desde nuestra fructuosa cena llena de sentimientos, tal vez fruto de la borrachera, o tal vez reales, pero de eso ya pasaron tres semanas. “Espero que no se enfríe la relación”. Lo cierto es que la había venido echando en falta todo ese tiempo. Y entre tanto estuve metido en otros asuntos peliagudos y no tan peliagudos. Me ajusté el sombrero y fui consciente de que tal vez hubiera cometido errores, o debería haberla ido a llevarla de paseo en alguna ocasión. “Con la de putas con las que he estado en la ciudad y para una chica decente que encuentro no lo aprovecho”, me maldije y eché un trago a la petaca.

-Atrás, escoria humana – me gritó un elfo subido a un árbol, había varios más apuntándome. “¿Pero qué coño?”. Pensé para mí mismo. Había visto elfos en la ciudad y me parecían pulcros y elegantes. No unos vulgares bandidos de tres al cuarto.
-Caballeros, no tengo nada que pueda interesaros – les dije – y no quiero mancillar vuestros bosques sagrados. Tan sólo vengo a petición de Laedis.

Los elfos se miraron y bajaron los arcos, parecía que se habían calmado.

-Síguenos – Y así fue. Aquellos elfos me escoltaron. Me sentí perdido en el inmenso bosque durante un buen rato. Y a la hora llegamos a un poblado de no más de veinte casas de madera, en pleno corazón del bosque. Allí, un pueblo repleto de ciervos. El hombre que acompañaba tomó a Coraco y lo colocó en un establo junto con unos ciervos que le sacaban una cabeza. “Malditos montaciervos”, pensé. Y a continuación me llevaron a una especie de cabaña donde se encontraban dos personas: Madame Furalter y un elfo de melena rubia y larga vestido con una túnica azul.

-Asher a’ fallan – me dijo y me indicó que tomara asiento. Ni idea de qué había dicho. Supongo que sería una especie de saludo o algo así. Yo sonreí y coloqué el sombrero en el pecho, en señal de saludo, y me senté.


Última edición por Curgo el Dom Ago 02 2015, 15:30, editado 1 vez
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Lida Rothgar el Lun Jul 20 2015, 02:41

Tenía cierta cena en mente y paseaba por la ciudad de Lunargenta en el momento en el que alguien se le acercó, cubierto con una capucha, y le entregó una carta en la que la citaba la esposa de Furalter en el Bosque de Sandorai; pero no sólo a ella, también a Curgo. No pudo evitar alegrarse por ello, aunque sintió cierta punzada de remordimiento al enterarse de que el señor de la mansión se encontraba ''muy raro'', eso le hizo recordar la extraña sensación que sintió cuando el puñal estuvo en su poder. Antes de partir estuvo informándose sobre los habitantes de dicho bosque, lo que más le llamó la atención fue que todo el mundo le habló de gente con las orejas un poco más puntiagudas de lo normal: elfos.

Con esa información en mente, partió hacia dicho bosque con la suficiente antelación, pensó, como para poder llegar casi al mismo ritmo que su compañero por mucho que fuese a caballo, en carro, o cualquier otro tipo de transporte. Por supuesto ella y para variar no tenía el suficiente dinero como para alquilar siquiera un burro, así que fue caminando a un paso considerablemente rápido como para no cansarse, excepto cuando llegó hasta donde se encontraban los primeros árboles que señalaban el comienzo del Bosque de Sandorai.

Dentro del mismo el ambiente le pareció completamente cambiado, allí se respiraba un aire mucho más puro, los rayos del sol que traspasaban las espesas copas de los árboles eran agradables al caer sobre la piel y por algún motivo todo estaba en paz. En paz hasta que un elfo de frente, otro por detrás y dos a su lado aparecieron como de la nada y la rodearon. Su primera reacción fue desenvainar la espada, pero no pudo, ellos ya la estaban apuntando con sus arcos y estaba claro que serían más rápidos:

-¡¿Qué es lo que hacéis?! -Preguntó en voz alta, en aquel lugar juraría que hasta su voz retumbaba en los troncos, pero uno de los elfos sólo se limitó a hacer un gesto como de desaprobación y le indicó que los siguiera. Al parecer ya estaban avisados de su llegada, lo que significaba que Curgo ya estaba allí, o que la misma esposa de Furalter se había adelantado a ambos.

Fuera como fuese lo importante es que en un rato después, visualizó de lejos unas casas ciertamente primitivas contando con cómo eran las construcciones de la ''gran ciudad'' y, con ello, se sorprendió de ver a animales algo más grandes que los ciervos comunes metidos en una especie de cercado junto a un establo.

-Esperad...-Paró en seco, como si hubiera visto algo insólito. Y es que no solo estaba sorprendida por la altura que casi todos los elfos le sacaban, si no porque había visto una crin que le sonaba entre tantos ciervos, aunque ninguno de los que fueron sus ''escoltas'' la dejaron acercarse, se mostraron recelosos de que fuese a hacerles algo-...desconfiados...

Confiaba en que la llevaran ante el tal ''Laedis'', el elfo que se suponía que sabía lo que ocurría realmente con el puñal, claro que llevaban ya unos cuantos minutos atravesando aquel poblado y las miradas de sus habitantes no es que fuesen precisamente reconfortantes. No estaba segura de si ellos eran los bichos raros o si ella lo era para los nombrados; lo cierto es que pensaba en lo segundo.

-Aquí -Uno de los primeros elfos que iba delante suya pronunció únicamente esa palabra y, después de abrirle la puerta de una cabaña cuyo tamaño era mayor que el resto de las casas, pudo apreciar cómo en el interior de la misma se encontraban tres personas, dos de ellas caras conocidas.

''¡Curgo!'', se alegró para sus adentros, por algún motivo quería aparentar seriedad delante de aquel elfo rubio, el cual no le pareció ni tan reacio ni ''tan'' como los demás.

-Bienvenida -La saludó en primer lugar el elfo, Laedis supuso, y luego una gran sonrisa de la mujer de Furalter la recibió mientras le hacía un gesto con la mano para que se sentara a su lado.

Todos se encontraban ya sentados, el rubio en el lugar central, Curgo a su izquierda y las dos mujeres a la derecha, por lo tanto éstas dos estaban de frente al humano.

-Ahora que todos los citados estamos presentes, debería explicarles de forma más detenida el peligro que supone el puñal que encontrasteis -Sus palabras fueron decisivas para que la morena comenzara a mirarle y a prestar una atención más focalizada en su persona y no en mirar sonriente al que se supone que era su compañero. De todas formas tendrían tiempo de hablar más tarde.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Curgo el Lun Jul 20 2015, 16:04

Estuvimos allí esperando una media hora aproximada, en absoluto silencio, el elfo no decía nada más que dar indicaciones a sus siervos en una lengua que desconocía. “¿Pero qué coño dice?”, pensaba. No tuve que esperar mucho, al poco apareció Lida, que aunque no dijo nada, si que había esbozado una sonrisa interior al verme. Yo me giré y fui recíproco con ella, estaba encantado de volver a verla, pero no podía saludarla como me gustaría por la tensión que había en aquel ambiente.

-Ahora que todos los citados estamos presentes, debería explicarles de forma más detenida el peligro que supone el puñal que encontrasteis – dijo el elfo.

Yo estaba más pendiente de la morena que estaba a mi lado que de los comentarios del elfo, no pude evitar volver a sacarle una sonrisa pícara y mirar hacia ella.
-Te queda muy bien ese conjunto – le dije susurrándole al oido a Lida -

Pero el elfo, el tal Laedis, carrespeó claramente para que mirara para él y se me quedó mirando fijamente.

-Perdón – me disculpé con él y coloqué mi tobillo derecho sobre mi rodilla izquierda y apoyé mi cabeza sobre mi mano.
-Como decía, el puñal posee una peligrosa maldición. – continuó Laedis – Furalter lo trajo aquí y descubrimos que se trata de un objeto ancestral perdido perteneciente a nuestro pueblo. El puñal cambia totalmente la moralidad del ser que lo posee, convirtiéndola en monstruo si fuera humana, y también a la inversa, en humana si fuese un monstruo.

Aquello me sonaba a brujería barata, probablemente aquel elfo estuviera en lo cierto, y eso daría explicación a por qué el viejo licántropo buscaba el puñal. Pero eso indicaba que yo no quería saber nada más de eso. La ciudad de Lunargenta podía tener sus defectos y su gentuza, pero al menos allí los monstruos eran personas y no dragones.

-¡Genial! ¿Y dónde está el señor Furalter? – pregunté avispadamente.
- Ese es el motivo por el que estáis aquí. – comentó el elfo con una sonrisa – Cuando llegó aquí, al atardecer de hace una semana, advertimos al señor Furalter del peligro que guardaba el objeto y que lo dejara en nuestra posesión, que se quedara a dormir y partiera al alba. Pero durante la noche, sentimos un dragón volar, tomar el objeto e irse, sin poder detenerle. Según su mujer, hace un mes que tomó posesión del objeto, tiempo suficiente para corromperse.
-¿Y qué me sugieres que haga? – dije haciendo aspavientos con los brazos en un marcado tono sarcástico - ¿Qué coja el caballo y me vaya a quitarle el juguetito a un dragón? Tú tienes tus rastreadores, a mí ni me va ni me viene, es tu objeto. No el mío – ahora ya estaba claramente enfadado, empezaba a hartarme de que la gente me utilizara - Señores, no vamos a llegar a ningún acuerdo, si me disculpan…

Ni mucho menos estaba dispuesto a jugarme la vida de nuevo por un objeto maldito que encima no me daría ningún beneficio. Así que sin más cogí y me levanté. Creía que no tenía nada que discutir allí.

-Espera un segundo y escucha – me reprendió el elfo – Mis rastreadores localizaron al señor Furalter, pero dijo que sólo se dignaría a hablar con vosotros dos. A fin de cuentas vosotros habéis sido quien le disteis el puñal. – y se tomó una pausa, cuando yo ya estaba abriendo la puerta – Me parece muy cobarde desentenderse ahora del problema, máxime después de haberos salvado él la vida. Además sé que los humanos sois codiciosos. Y por ello se os recompensará generosamente.

Era la segunda vez en menos de un mes que un no-humano me llamaba codicioso. Empezaba a estar un poco harto del apelativo aquel. Pero recapacité y volví a sentarme en tono enfadado. ¿Por qué estaba otra vez en líos?

-Mira, haz lo que veas, si lo hacemos no será por el dinero. Será por el señor Furalter.
- No me importan vuestras motivaciones – dijo el elfo con las manos atrás, encima apestaba prepotencia por todos los costados – Tan sólo los resultados.

Me quedé mirando a Lida, esperando ver su opinión al respecto. Y también esperé a que el elfo nos dijese dónde se encontraba el dragón. Estaba asustado pues no sabía el nivel de locura al que había llegado el señor Furalter y si sería sociable o nos freiría con un chorro de fuego en venganza nada más vernos. No sé por qué, tenía un presentimiento de que aquella iba a ser la aventura más peligrosa a la que nos íbamos a enfrentar.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Lida Rothgar el Lun Jul 20 2015, 20:00

Ni siquiera se percató de la sonrisa pícara ni del comentario de Curgo, no le dio tiempo, pues la mirada de reprimenda del elfo si no le prestabas atención era bastante penetrante y no era precisamente cómoda de mantener. Nunca había sentido tanta superioridad concentrada en un solo ser, una de las cosas que más le molestaban en la vida; claro que en aquel momento no es que prestara mucha atención a eso si no a sus palabras.

-Como decía, el puñal posee una peligrosa maldición...-Y así continuó.

En un momento les explicó lo que sucedía con el puñal que encontraron en su momento y a su compañero no le faltó mucho tiempo para comenzar a sentirse algo alterado. Lo cierto es que no podía quitarle razón, pues ella en un principio pensó que le parecía una locura que de nuevo estuvieran metidos en un lío si se suponía que se habían desecho del mismo, pero no, ese sentido del honor suyo y ese corazón que siempre estaba dispuesto a ayudar no le permitieron pronunciar una sola palabra negativa al respecto:

-Me parece muy cobarde desentenderse ahora del problema, máxime después de haberos salvado él la vida. Además sé que los humanos sois codiciosos. Y por ello se os recompensará generosamente -Curgo se encontraba en la puerta y pareció tener la misma reacción que ella cuando escuchó aquello de que su raza era codiciosa, no pudo evitar pensar en quién fue la otra persona que los llamó así y se sintió ofendida, pues más de un día pasaba hambre por tal de ayudar a los demás-...no quiero ningún tipo de recompensa de manos de un elfo que juzga a todos los humanos por igual -Fue lo único que se dignó a pronunciar justo cuando el otro humano regresó a su asiento.

Fuera como fuese la cosa había quedado en que tendrían que salir a buscar al señor Furalter, no sonaba a que sería una misión precisamente sencilla, porque además la mirada de la mujer del mismo ante aquella situación se fue tornando húmeda y sus ojos enrojecieron: estaba a punto de llorar. La morena no pudo evitar sentir compasión hacia su persona y, tras una fugaz mirada de ''despedida'' a Laedis, se levantó e hizo un gesto a su compañero para que salieran.

-Mi primero al mando os dará las instrucciones necesarias -El elfo se limitó a decir esto y poco más vio del mismo, pues ya se encontraba fuera, donde les estaba esperando uno de los individuos que les trajo hasta aquel poblado.

Las instrucciones que les dio el mismo no fueron precisamente palabras de consuelo, pues no hizo más que hablarles a ambos de los peligros que les aguardaban en aquel bosque y de los posibles elfos que podrían encontrarse que no eran ''tan amistosos'' como ellos. ''Si todos son así...'', pero lo más importante fue que les dijo exactamente la localización de Furalter: estaba en el interior de una cueva, una cueva a la cual llegarían siguiendo el curso de un río no muy caudaloso que atravesaba el bosque.

-...y llevaos de una vez a ese caballo -Fueron sus últimas palabras.

Después, una muchacha de aspecto joven y alguna que otra peca en las mejillas traía de las riendas a una montura que a Lida no le faltó tiempo para reconocer, se trataba de Coraco, supuso que Curgo había conseguido comprarlo y eso le dio tanta alegría, que fue rápidamente hacia el animal y bajo la atenta mirada de muchos de los presentes le dio un abrazo por la parte del cuello.

-Qué de tiempo, Coraco -Lo saludó, éste correspondió con un movimiento de la cabeza, pero estaba prestando más atención al que se suponía que era su dueño ahora. Tras esto la morena se giró hacia el susodicho y no tuvo otra cosa mejor que soltarle- ¿Qué? ¿Lo llevas tú o yo? -Fue su forma de hacerle saber que llegaba el momento de embarcarse en otro de sus ya típicos líos.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Curgo el Lun Jul 20 2015, 22:40

No me gustaban las palabras de aquel elfo malnacido. Nunca me simpatizaron los elfos y los pocos que había conocido en la ciudad eran demasiado “suyos”. Pero la tristeza de Madame Furalter me hizo recapacitar y sacar mi lado más humano. Miré hacia otro lado mordiéndome el labio inferior. No podía creer que me volviera a ver en un lío así. ¡Y encima Lida había rechazado la recompensa! ¡Otra vez becarios! Y esta vez de un arrogante elfo. Bueno, vale, no somos codiciosos, pero un poquitín de dinero… no vendría mal, si que podía empezar a verlo pasar después de tanto tiempo.

El elfo nos dijo que saliésemos de la casa y que hablásemos con su primero al mando. De la que salí no pude evitar recordarle a mi compañera que nos íbamos a volver a jugar el cuello sin un duro, pero lo hice de una manera sutil y cariñosa.

-Deberíamos formar un grupo. – le dije de la que nos dirigíamos al hombre – Podríamos hacernos llamar “Los Altruistas” o “Los Bonachones”, creo que queda bien con la filosofía de nuestra compañía.

El capitán nos dijo por donde teníamos que pasar y nos advirtió de los peligros del bosque. Yo no podía quitar mi cara de asombro mientras hablaba. “¡Eso encima!”. Después de hombres lobo y dragones, ahora voy a enfrentarme también a elfos psicópatas, sólo me faltaban los vampiros para tener la colección completa.

-“… y llevaos de una vez a ese caballo” – Eso sí que no. Por ahí ya no paso. Que se meta conmigo vale, pero que se meta con mi bello y fiel corcel es imperdonable.
- Trata con respeto a mi caballo – le dije en tono desafiante con el dedo. Encima de que estaba ya de mal humor me había empeorado aún más – Te recuerdo que tus venados se sirven de aperitivo en los mejores burdeles de Lunargenta.

No me dijo nada más que aguantarme fijamente la mirada durante unos segundos. Estaba claro que no les gustábamos demasiado. Fuimos a tomar a Coraco sin más meditaciones. Sonreí al ver a Lida abrazar a Coraco. Todavía abrazada a él me preguntó quién lo llevaría.

-Venga lo llevo yo los primeros metros – le dije con una sonrisa y un gesto cariñoso en la mejilla.

Pero el maestro de establos vino aprisa y corriendo a indicarnos que partiéramos, aquellos elfos no eran demasiado sociables. Y llegó con malos tonos empujando a mi compañera.

-Partid de una puta vez – dijo y empujó a Lida, que estaba acariciando a Coraco. Otro que opositaba a llevarse una hostia.
-¡Mira, gilipollas! No somos dos de tus matones – le advertí mientras me interponía entre él y Lida – así que trátanos con respeto y deja de darnos órdenes o tendrás problemas.

Esta vez sí, partimos. Estaba claro que aquellos elfos aborrecían a los humanos. Tal vez fuera porque el bosque de Sandorai cada vez era más pequeño por las talas que los humanos provocaban en la parte más oriental del mismo. O por los abundantes recursos naturales, como el agua o los animales, que servían de abastecimiento para gran parte de Lunargenta y los alrededores. Fuera como fuera no éramos, de nuevo, bien recibidos en aquel lugar. Y eso me hizo realizar una reflexión filosófica sobre lo mal que estaba el mundo y que tal vez todo sería mejor si nos llevásemos bien.

-Si un elfo te vuelve a poner la mano encima, no dudaré en cortarle la mano – le dije a Lida mientras partimos. Me había parecido mal que aquel elfo tratase así a mi “protegida”, y es que Lida ya podía considerarse mi amiga. Teníamos confianza para hablar de lo que habíamos hecho estos días que no nos vimos. Además se notaba que me prestaba estar a su lado, aunque fuera una aventura peligrosa. Tampoco había olvidado sus últimas palabras en la cena ni tampoco las mías. Estaba claro que tras nosotros existía un sentimiento pero no sabía describirlo correctamente. “Espero que no fuera fruto de la borrachera” pensé. Pero no quería sacarle el tema, al menos no en aquel momento.

Al poco vimos el río que nos había comentado el elfo, que de pequeño no tenía nada. Por el lado por el que íbamos nosotros era infranqueable por la maleza, así que habría que cruzar.

-¡Genial! ¿Cómo hacemos ahora? – le pregunté sujetando las riendas de Coraco para que no se lanzase.
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Mensaje  Lida Rothgar el Mar Jul 21 2015, 01:54

Se respiraba la tensión, cada minuto que seguían pasando en aquel poblado parecía que el aire se hacía más pesado de respirar, casi todo el mundo tenía sus miradas clavadas en ellos y después de saber que Curgo sería el primero en dirigir a Coraco, se limitó a sonreír hasta que un elfo con palabras no precisamente amables la empujó:

-...así que trátanos con respeto y deja de darnos órdenes o tendrás problemas -Su compañero se había interpuesto entre el ''agresor'' y ella, para defenderla, cosa que la dejó por un momento con buen sabor de boca y le habría durado más de no ser porque quería abandonar aquel pueblo de una vez.

Montó en el caballo con ayuda de Curgo, para variar, seguía necesitando ese empujoncito para llegar hasta la altura del mismo, encima del cual se agarró a quien llevaba las riendas; le faltó tiempo para arrear al corcel y que éste obedeciera comenzando a caminar a un paso que parecía más al trote que otra cosa.

-Gracias -Susurró ante las primeras palabras que le dedicó a cualquier elfo que decidiera tocarla.

Lo notaba mucho más protector, además de que la unión entre ambos parecía haberse fortalecido y eso por algún motivo provocaba que el agarre para no caerse se convirtiera en un abrazo por la espalda, lo había echado de menos.

-¿Todo bien en este tiempo? -Preguntó, aunque en mente más bien tenía otro tipo de preguntas o comentarios, sobre todo dirigidos a la noche en la que cenaron juntos. De esa misma noche había cosas que recordaba vagamente, principalmente las que sucedieron en último lugar, pero recordaba cada palabra que dijo, tanto las pronunciadas por ella como por el que fue su pareja ese día-. Me alegro de que hayas comprado a Coraco.

Durante el trayecto en el que estuvieron buscando el río que era el supuesto camino que tendrían que seguir, estuvieron haciendo comentarios sobre lo sucedido aquel tiempo que no se vieron, y Lida se percató de que casi siempre antes de comenzar una nueva ''aventura'' se separaban. Siempre había algún motivo por el cual acababan cada uno por su lado pero después de todo comprendía que él tenía que hacer sus cosas y ella debía seguir con su profesión como mercenaria; por muy poco negocio que tuviera últimamente.

Al rato comenzaron a oír un sonido peculiar que no era muy difícil de adivinar, se encontraban a escasos metros del río y ya se habían dado cuenta de que no era posible pasar dando un rodeo o cualquier otra cosa, la opción que les quedaba era cruzar a nado.

-Tenemos que mojarnos -Decir aquella frase le resultó gracioso en un principio, de hecho usó uno de esos tonos que Curgo a veces ponía para hacer sus comentarios cómicos y por suerte se dio cuenta de que el río no era lo suficientemente hondo como para que tuvieran problemas.

La principal preocupación era la corriente, no sabrían del todo bien lo fuerte que era hasta que no se metieran dentro, claro que tendrían que estar pendientes del pobre Coraco, al cual esperaba que no le diera miedo el agua.

-Por allí -Señaló hacia un lugar algo más alejado por el cual podían entrar hasta llegar a la orilla desde donde cruzar.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Curgo el Mar Jul 21 2015, 14:11

Estuvimos hablando entre risas todo el rato. Incluso parecía un agradable paseo por el bosque, inconscientes de los peligros que allí había. Lida me comentó que se alegraba de que hubiera conseguido a Coraco. Le conté lo que había hecho, salir y pasear, las nuevas broncas que había tenido y las nuevas gentes que había conocido.

Lida me indicó por donde se podía acceder a atravesar aquel río, que si bien no era muy caudaloso parecía bastante profundo. Me dirigí hacia allí, pero Coraco parecía que no quería entrar en el agua, le daba miedo por alguna circunstancia.

-¡Arre, Coraco! – le dije atizándole con las riendas, pero el caballo solo relinchaba y marchaba hacia atrás. Seguí insistiendo y poco a poco se acercó al agua. Metió una pata y luego otra, que le cubría media pierna aproximadamente. La corriente no era muy fuerte pero por un momento parecía que el caballo iba a terminar cediendo y nos íbamos a caer al agua. Lida, se agarraba a mí con fuerza. Pero el caballo resistió y cruzó finalmente el río, saliendo casi de un salto – Buen chico – Lo felicité dándole una caricia en la crin.

Seguimos avanzando río abajo por una pequeña senda. Se escuchaban los pájaros trinar pero ni rastro de animales ni de elfos, mejor. No tenía ganas de verme las caras con ninguno de esas alimañas. Ya tendría tiempo a preocuparme por el más peligroso de ellos: el dragón, al menos espero que el señor Furalter sea sociable y no un peligro.

Poco después vimos la famosa cueva que nos había indicado el elfo, lo cierto es que el camino no tenía pérdida. Estaba a la orilla de un pequeño lago con una cascada. Todo lleno de vegetación frondosa y radiante, un ciervo hembra bebía del lago pero marchó corriendo en cuanto nos vio acercarnos. Era un lugar paradisíaco.

-En otras circunstancias no me importaría pasar un rato aquí contigo – le dije de nuevo con una sonrisa maliciosa. Teníamos confianza y después de lo que nos habíamos dicho en la famosa cena no tenía inconvenientes en tontear con ella. Luego me fijé en la manera de la que me cogía, que era más un abrazo que como se agarró tímidamente la primera vez, llevaba así todo el camino – Incluso un abrazo así en el agua estaría mejor – y volví a sonreír.

Pero no estábamos allí para ver el paisaje, nos dirigimos a la cueva, que se encontraba justo al final del pequeño lago. Nos bajamos del caballo y me asomé a la entrada. La caverna estaba oscura, dejé a Coraco apartado y atado a uno de los árboles. Se sentía una clara sensación de humedad en el interior de la misma. Mucha. Y en su interior “llovía” de manera constante por la permeabilidad de las rocas y las recientes lluvias de los días anteriores. Se trataba de una cuenca importante. Parecía todo muy oscuro y no se veía nada.

-¿Cómo entramos sin luz? – le pregunté a Lida. Ese era un aspecto importante y no llevaba nada a mano para prender. Luego me di cuenta de que había un pequeño recoveco más adelante, un agujero kárstico en la cueva por el que entraba la luz, más bien al fondo, tal vez pudiésemos adentrarnos. Por cierto, aquello olía fatal, demasiada mierda de murciélago allí metida. “Malditos elfos, me lo pagarán”, pensé.

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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Lida Rothgar el Mar Jul 21 2015, 15:43

Casi estuvo a punto de proponer que bajaran del caballo en el momento en el que vio las dudas del pobre para meterse en el agua, seguramente no estaba entrenado para aquel tipo de cosas y aunque le costó, al final acabó cruzando el río bajo las órdenes de su amo. Aunque tras la felicitación del mismo al animal, lo cierto es que daba la sensación de que no era una simple relación amo-montura, si no algo más allá, eran muy buenos amigos.

-Muy bien, a los dos.

Iba sonriendo mientras caminaban a lomos del corcel por aquella especie de camino que parecía estar ya hecho al paso de tanta gente. Suponía que por allí los elfos u otros habitantes del bosque vendrían a buscar agua, claro que luego se percató de que seguramente cogerían ese camino para dirigirse al lago que minutos después pudieron contemplar. Las aguas no tenían ni comparación con el sitio en el que en su momento tendrían que haber buscado el cofre, estas eran mucho más cristalinas, aunque no se percibía bien el fondo, lo que daba cierta fobia.

-Tal vez en otra ocasión -Fue lo único que respondió a los comentarios del pícaro, nunca mejor dicho.

A aquellas alturas que dijera cosas por el estilo, por vergüenza que le siguiera dando, era inútil negar que existía cierta atracción o como se denominara, por lo que tener otra especie de ''cita'' en aquel lugar no habría estado mal.

-¿Es esa la cueva? -De lejos se veía una abertura en la roca que dejaba claro que era allí donde se dirigían.

En cuanto llegaron a la misma se ayudó de uno de los hombros de Curgo para bajar del caballo y, después de que lo dejaran a un lado, se adentraron en la cueva unos primeros metros en los que la pobre muchacha no tardó en mojarse el pelo:

-¿Por qué siempre hay agua de por medio cuando estamos juntos? -Se quejó, aunque bien poco le importaba eso, sólo lo dijo de broma, tenía otro dragón más importante del que preocuparse.

La roca que cubría las paredes de la cueva estaba tan húmeda que las gotas no paraban de caer una y otra vez, formaban ecos que seguramente serían una tortura para quien decidiera habitar dicho lugar, además, la peste era notoria pero nada comparable con los recuerdos nauseabundos de cierto campo de batalla.

-¿Cómo entramos sin luz? -Le preguntó su compañero y, aunque no le faltaba razón, no les hizo falta plantearse gran cosa más si no seguir caminando hacia el interior de la misma, donde al final podía apreciarse un haz de luz que seguramente sería una especie de salida-...avancemos.

Conforme caminaban las botas de la morena se hundían y estaban cada vez más sucias de heces de murciélagos y otros habitantes de aquel lugar, cosa que le hacia más bien poca gracia y quiso imaginarse la cara que habría puesto el estirado elfo Laedis de haber entrado allí.

-¿Qué es eso...? -Pronto llegaron al final, donde se veía esa luz y tras unos pasos más hacia el exterior de nuevo, se encontraron con una escena impresionante.

Un inmenso dragón estaba encogido, al parecer dormido, sobre un suelo rocoso que parecía funcionarle como cama y, curiosamente, algo brillaba entre sus patas delanteras: el puñal maldito. No había duda de que se trataba del señor Furalter y por mucho que hubiesen querido encontrarlo en su forma humana, al parecer no tenían lo que se llamaba suerte; mucho menos si eran ellos dos los que estaban en el lío.

-Shh...-Hizo un gesto a su compañero para que no hiciera mucho ruido, si la criatura estaba dormida lo mismo podrían acercarse sigilosamente y coger el puñal para que dejara de afectarle. Si conseguían eso desde luego las ganas de deshacerse de dicho objeto serían inmensas.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Curgo el Mar Jul 21 2015, 22:36

Mi morena compañera propuso seguir medio a oscuras, y eso hicimos. Avanzar por la caverna aprovechándonos de los pequeños huecos de luz que había en la superficie del techo. Poco a poco comenzamos a escuchar una fuerte respiración, había luz sobre el techo que iluminaba el cuerpo de un inmenso dragón. De tono amarillo, el mismo que nos había salvado más de un mes atrás. Era el señor Furalter en su estado natural. Y justo en el centro sostenía el famoso puñal maldito.

Había leído alguna novela de dragones durmientes que custodiaban tesoros, pero aquello me parecía surrealista total. El dragón respiraba plácidamente, parecía estar en su primer sueño, y el puñal casi se le caía de sus garras.

-Voy a tratar de cogerlo – le susurré a Lida suavemente. Al ser pícaro me había entrenado bastante en el arte del robo y del sigilo, de manera que me desplacé suavemente tratando de evitar los charcos, para no despertar al monstruo. En una cueva, adicionalmente, cada ruido se multiplicaba por el eco y aumentaba considerablemente su estruendo. Cuando me estaba acercando una piedra se desprendió del suelo y el monstruo hizo el amago de despertarse, y el aire de su respiración llegó hasta mí de tal modo que casi me tira el sombrero. Me quedé pálido esos instantes pues estaba a unos diez metros de él, pero no, afortunadamente no ocurrió nada. Siguió durmiendo como un tortolito.

Tomé con el mayor de los cuidados el puñal, intentando no tocar al monstruo de ninguna manera. La jugada salió bien, pues no se percató de que lo había perdido en principio. Volví sobre mis pasos y le indiqué a Lida con la mano que avanzara suavemente hacia la salida. Avanzamos igual de despacio y salimos del recoveco en el que se encontraba el dragón, que estaba bastante en el interior de la cueva. Justo cuando salimos le di una palmada en la espalda a mi compañera, con el objeto en la mano.

-¡Lo hemos logrado! – le dije mientras sostenía el puñal maldito.

Pero acto seguido sonó un potente chillido procedente de la cueva, y a continuación se escuchó gritar “¡Noooo!” desde el interior, en una voz ronca, oscura y resonante. El dragón se había despertado. Fuera como fuera teníamos que salir de allí. Debía tener algún vínculo con el puñal que al encontrarse lejos del mismo le hacía sentir esa distancia. En cualquier caso no me apetecía ponerme a dialogar con un dragón enfurecido.

No sé qué se me pasó por la cabeza en ese instante. Miré a la derecha y había una especie de bosque frondoso, un lugar demasiado obvio para esconderse, a la izquierda, unos matorrales, un tronco y el lago. Correr por el camino no era una opción. Afortunadamente, noté que la roca que albergaba la entrada a la caverna tenía muchos huecos y justo en la prolongación de la pared de la entrada de la caverna hacia el lago había una especie de cavidad entre las rocas bastante oculta, estrecho pero que cabía una persona, y que giraba de tal ángulo que hacía imposible ver lo que se escondía detrás, además de inaccesible para el dragón. Rápidamente sin pensármelo dos segundos tomé la mano de Lida y me dirigí a ese pequeño recoveco en la pared.

Efectivamente, no se veía que había detrás, y cuando entramos en ese recoveco nos topamos con un agujero de no más de un metro de diámetro y caímos por él para abajo, afortunadamente debajo había agua, seguramente lleno por las filtraciones o la lluvia. Eso sí, habíamos caído bastante, una caída de tres metros aproximadamente, y yo me había raspado la pierna. Estábamos sujetándonos en la pared y en el agua totalmente pegados, casi sin poder respirar. Fue cuando oímos al dragón.

-¿Dónde está el puñal? – gritó el dragón. Y acto seguido sentimos cómo comenzaba a quemar todo a su alrededor. Pensé en Coraco. Pero menos mal que lo había apartado bastante antes de entrar. Yo de hecho miré hacia arriba, hacia el pequeño agujero circular que era la única vía de escape aparente por la que habíamos caído, y vi cómo el fuego cubría totalmente la superficie del agujero y el calor aumentó considerablemente. En ese momento agradecí que allí hubiese un hueco y hubiésemos caído, o de lo contrario habríamos muerto escaldados.

-¡ELFOS! ¡Me habéis robado mi tesoro! – dijo con furia el dragón - ¡Vuestra aldea arderá!

Y rápidamente pegó un graznido y se elevó en los cielos, con un fuerte sonido. Yo desde aquel agujero del que no sabía cómo salir estaba asustado.

-¿Qué hemos hecho? – le pregunté a Lida con clara cara de asustado. Pensando en la mala suerte que correrían nuestros amigos los elfos.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Lida Rothgar el Miér Jul 22 2015, 01:35

No fue ella la que se acercó a por el puñal, si no su compañero. Lógicamente era el que estaba capacitado para ser más sigiloso, pues como buen pícaro que era recordaba perfectamente la primera vez que lo vio abrir una puerta con la misma facilidad con la que ella blandía la espada. Ambos eran buenos en sus elementos, y mejor que cada uno ocupara el puesto que le correspondía.

-...cuidado -Cuando aquella piedra se desprendió el corazón se le encogió de tal manera por una milésima de segundos que casi se lleva la mano al pecho, claro que fue gracioso que el aire que soltó el dragón al respirar casi le quitara el sombrero. Se veía enorme con el humano ahí al lado.

Al volver a la salida del lugar y pensar con ello que ya habían logrado lo que pensaba que era la parte más complicada, se escuchó un quejido por lo bajo y luego un grito que les dejó lo suficientemente claro que la ''lucha'' acababa de empezar.

-¡Vamos! -Se dejó llevar rápido de la mano por Curgo, lo cierto es que ella no fue tan avispado como él en observar el recoveco al que se dirigían pero sí que fue tan torpe que, al caer detrás de él en el mismo agujero, colocó las manos delante haciéndose daño conforme caía. El agua le dio cierto escozor pero fue un alivio no haber caído sobre un suelo de piedra o sobre heces de murciélago.

Mientras ambos mantenían las manos en movimiento aún en el agua y sus cabezas sobresalían de la misma, podían notar cómo en la parte superior el dragón quemaba todo a su paso y no paraba de echar fuego por la boca. Había entrado en cólera, era impresionante el poder que ese puñal tenía sobre la gente y para colmo ahora lo tenía su compañero, podía distinguirlo aún en sus manos debajo del agua.

-¡Vuestra aldea arderá! -Después de esas palabras juraría que los ojos se le abrieron como platos, no esperaba que el dragón fuera a tomarla con los elfos pero no era ninguna sorpresa, seguramente el tal Laedis no lo habría tratado precisamente con la ''delicadeza'' que lo caracterizaba- ¿Qué hemos hecho?

Escuchó vagamente la voz de Curgo, su mente se había centrado en el fuerte aleteo que se seguía oyendo perteneciente a la criatura pero que en pocos segundos dejaron de oír, se estaba dirigiendo hacia el poblado élfico y todo por culpa de ambos, desde luego no era motivo para sentir orgullo.

-...tenemos que darnos prisa, ¡no podemos dejar que mueran! -Gritó y de repente se oyó el eco de un caballo relinchando, lo que le permitió identificar más o menos de dónde procedía el sonido y comenzó a nadar junto al pícaro hacia el exterior.

Al parecer y no se sabía muy bien cómo habían acabado justo dentro de la cascada, pues en unas pocas brazadas estuvieron cruzando la misma que por muy fuerte que cayera el agua debían luchar contra la misma. Menos mal que el pobre Coraco seguía estando en el lugar donde lo dejaron y en cuanto salieron del agua, chorreando, apenas les faltó tiempo para montarse y que Curgo, quien tomó las riendas de nuevo, lo arreara como nunca, ahora el tiempo era fundamental y corría claramente en su contra.

Conforme el caballo galopaba y se acercaban cada vez más a la aldea podían oírse gritos y unas grandes pisadas que seguramente serían del dragón, Lida para facilitar el manejo del corcel a su compañero tomó el puñal de sus manos y lo sujetó entre las suyas, agarrándose a su vez para no caerse pues no estaba acostumbrada a tanta velocidad.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Curgo el Miér Jul 22 2015, 22:54

Nadamos a través del pequeño agujero y dimos a una cascada. Salimos como pudimos del agua y observamos como las llamas cubrían parte del bosque. Coraco relinchaba como una bestia tratando de escapar, tenía cerca una llama, pero llegué para rescatarlo, subirme en él y subir a Lida con el brazo corriendo al galope.

-¡No podemos dejar que mueran! – insistió Lida. Y yo no dije nada. Opinaba exactamente lo mismo que ella.

La partida hacia el pueblo fue épica, corriendo entre las llamas, viendo como las ramas quemadas caían a plomo sobre nosotros. Hubo una que justo Coraco pasó por debajo y casi alcanza a Lida de no ser porque agachó la cabeza, que iba detrás mía. Un árbol ardiendo cayó justo delante del camino, pero Coraco rápidamente saltó por encima.

Se veía a los animales huir hacia ninguna parte. Cuando llegamos al pueblo vimos al dragón, posado. La gente gritaba y se esparcía. Mi amiga retenía el puñal con todas sus fuerzas. Lo había tomado para facilitarme el manejo de la montura. Y menos mal, porque iba tan rápido que de no ser por ella seguramente el puñal habría acabado en el suelo.

Coraco se asustó cuando vio el dragón enfrente suya. Paró de lado rápidamente con un relinche, y elevándose sobre sus patas traseras que no sé como nos caímos para abajo. Los elfos atacaban al dragón con flechas pero no paró en ninguna ocasión. El pueblo ardía totalmente.

-¡Por favor, detente! – gritaba la mujer de Furalter sobre el suelo.

El dragón recapacitó cuando vio a su esposa y se le vio incluso apenado mientras todos los elfos continuaban disparándole flechas. Sintió una especie de sensación de dolor y miedo por ambas partes, ni se percató de nuestra presencia, simplemente se elevó sobre el cielo y se fue. Dejando una corriente de aire que hizo volar mi sombrero.

Pero el pueblo estaba medio en llamas, muchos elfos corrían a apagar sus casitas de madera. Todos los elfos comenzaron a mirar hacia Lida y a mí y al puñal maldito, que portaba mi compañera, y entendieron que nosotros se lo habíamos robado al dragón en lugar de dialogar con él y que éramos los causantes de la maldición.

-¡Asesinos! ¡Vosotros sois los culpables! – gritó una mujer con odio.
-¿Qué? ¡Eso encima! Nos pedisteis el puñal y aquí lo tenemos – le dije.

Pero no recapacitaban, y rápidamente una lluvia de arcos comenzó a apuntar hacia nosotros. Las cuerdas se tensaban.

-¡Benevolencia! – gritó Laedis, que apareció de la nada, no se sabe donde se había escondido. Pero se interpuso delante nuestra – Estos hombres han sido unos héroes al infiltrarse al dragón – se detuvo unos instantes – Sin embargo. Vuestra negligencia en vuestras labores ha causado que un dragón destroce la aldea. Y por ello, como estáis en mis tierras y yo soy el juez de las mismas. Os condeno a pagar vuestro peso en oro.
-No tenemos tanto dinero – comenté enseñando mis bolsillos vacíos en tono irónico – y lo sabes.
-Lo sé, y por eso vais a trabajar para mí, habéis hecho un trabajo a medias, habéis traído el puñal pero el dragón sigue pululando. Volveréis con el dragón, con un puñal falso copia del original. Y se lo entregaréis e intentaréis hacerlo entrar en razón. Si no seréis condenados a morir ahorcados.

¿Otra vez en busca del dragón mientras el poblado entero ardía? ¿En serio? Aunque los elfos habían reaccionado rápido y se habían escondido, afortunadamente no hubo ningún herido. Y el incendio rápidamente remitía. Pero de no ser por la esposa de Furalter no sé yo qué habría pasado allí. Le hice un gesto a Lida para que entregara el auténtico puñal. No le pregunté su opinión porque imaginaba qué prefería entre “dialogar” con el dragón y terminar colgada de un árbol.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Lida Rothgar el Jue Jul 23 2015, 14:35

Esperaba que el tener el puñal tan pegado a su cuerpo y tocando sus manos de forma tan directa no le afectara, lo último que quería en aquel momento era tener que lidiar aparte de con un dragón, con una maldición. Era de miedo escuchar los gritos y ver cómo los animales escapaban conforme se acercaban cada vez más al poblado.

-¡Coraco! -Chilló sin querer el nombre del animal cuando con todo su miedo se elevó sobre sus patas traseras y se agarró como buenamente pudo a su compañero y a la montura del mismo; menos mal que no se cayeron, porque las caídas de los caballos no eran precisamente seguras.

En pocos minutos todo se había convertido en un caos: llamas por todos lados, las pequeñas casas ardían sin tregua, algunos no sabían si atacar al dragón o salir corriendo,...pero una mujer tirada en el suelo de todo aquello fue la que hizo reaccionar a la criatura, era la misma señora de Furalter.

Al poco el dragón se había esfumado, al parecer dolorido por el daño que estaba causando a su propia mujer y los dos compañeros se vieron envueltos en un lío ahora mucho más importante e inminente:

-¡Asesinos! ¡Vosotros sois los culpables! -Gritaban los elfos, les habían echado la culpa y aunque parte de razón no les faltaba pues habían sido cómplices en aquello de que el dragón llegara hasta sus casas...tenían el puñal.

Pero no parecían entrar en razón, sus rostros de cólera y el ver a sus familiares y amigos apagando desesperadamente las llamas les estaba produciendo un dolor inmenso y una rabia que desde luego pagarían con ellos mediante el uso de sus arcos. Lida jamás se había visto apuntada por tantísimas armas mortales a la vez.

-¿Héroes...? -Repitió una de las palabras pronunciadas por Laedis, el elfo que suponía el líder que se había interpuesto entre los suyos y ellos, al parecer para salvarlos, pero no a un precio precisamente barato- Os condeno a pagar vuestro peso en oro.

Las cuerdas de los arcos de los elfos que los amenazaban aún seguían tensas, pero tras mencionar eso del oro no tuvieron otra cosa mejor que hacer que bajar sus armas y dejar claro que aquello les interesaba. ''Y resulta que los codiciosos son los humanos...''.

-...si no seréis condenados a morir ahorcados -Y esas fueron las palabras que remataron el mini-discurso o mejor dicho plan que acababa de explicarles el elfo rubio, desde luego era un hombre que sabía trabajar con presión y cómo manejar a los demás, porque sin duda la mercenaria pensó que ese plan sería mejor idea a que le colocaran una soga al cuello.

-¿Dónde está ese puñal falso? -Seguían a lomos del caballo y en ese momento decidió bajarse, como buenamente pudo y con la ayuda de una mano de Curgo, para tener a la misma altura al elfo-...démelo y terminemos con esto cuanto antes.

Le entregó el puñal, el que estaba maldito de verdad, al rubio y en pocos segundos sus ojos se tornaron de un tono distinto, se notaba que codiciaba aquel objeto, pero eso ya no era de su incumbencia, ahora lo que le importaba era salvar la vida; la suya y la de Curgo.

-Este es el puñal falso, ''persuadid'' al dragón como podáis, no debe creer que es mentira -No prestó gran atención a estas últimas instrucciones, lo cierto es que le importaba bien poco escuchar a alguien así y su único propósito fue el de coger la réplica y subir a lomos de Coraco otra vez-. Vamos, por favor...
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Curgo el Jue Jul 23 2015, 22:45

Con gran dolor de sentimiento, y con Lida portando el falso puñal, partimos de aquel pueblo casi apagándose. El desprecio de la raza élfica era tal que de nuevo marché con la sensación de que el enemigo lo teníamos en casa. Posiblemente fuera más traicioneros aquellos elfos que el propio dragón. Pero el señor Furalter había mostrado un atisbo de humanidad cuando vio a su mujer, pensé que tal vez tendría consideración con nosotros.

En un principio no sabía donde se encontraba, sabíamos que había partido hacia el centro del bosque, en dirección Este, a tenor del vuelo que había tomado. Pero no encontramos nada interesante en una hora larga de caminata a lomos de Coraco sobre el bosque. Después de tanta emoción me había entrado hasta el hambre, así que paré en un descanso y cogí de una pequeña cesta de provisiones que llevaba un alimento nutricional muy importante e indispensable en cualquier dieta. Tomé otro para ofrecérselo a Lida.

-¿Quieres una manzana? – le sugerí cordialmente acercándole la pieza y le pegaba un bocado a una mía.

Pero no todo iba a ser tan sencillo, mientras tomábamos nuestro pequeño descanso, aparecieron tres elfos de apariencia bastante joven y peinados variopintos. Uno iba literalmente rapado con una única línea de pelo rubia en el centro de la cabeza, un peinado mohicano se hacía llamar. Otro llevaba el pelo largo con un flequillo tapándole el ojo, rubio más oscuro. El tercero llevaba pelo pincho y moreno. No portaban armas. Sus atuendos… también variopintos, camisetas sin mangas y pantalones cortos. Lo que más me sorprendía era el olor que desprendían, una colonia pija y femenina.

Parecían inofensivos, se quedaron olisqueando a Coraco y dando vueltas alrededor de nosotros, dieron varias vueltas, su actitud me había resultado un poco extraña. Al poco, el del flequillo se dignó a hablarnos.

-¿Sois novios? – menuda primera pregunta. Así se empieza una conversación -
-¿Qué? – Había sacado la manzana de mi boca del susto, ni me esperaba esa pregunta – Somos… - y miré a Lida a los ojos – amigos – y le devolví la mirada al chaval. Ahora ya preguntándole por lo que nos interesaba en aquel momento – Estamos buscando a un dragón. ¿Lo habéis visto?
- Ha pasado para allá atrás – dijo el mohicano apuntando hacia atrás – ¿Vosotros sois los protegidos de nuestro padre, verdad?
- Eso depende de quién sea tu padre – le respondí mordiendo la manzana. Conocía demasiada gente, y algunos elfos les caía bien y a otros no tan bien, de ahí mi pregunta. Aunque parecía claro que iba por Laedis - ¿A qué os dedicáis?
-Tocamos en una banda élfica – respondió el pelo pincho, les daba la pinta la verdad. Aunque tuvieran cien años mentalmente no dejaban de ser adolescentes, y eso quedaba claro – Nos hacemos llamar Aulyn – Había oído hablar de ellos. A veces tocaban en Lunargenta. Las adolescentes de allí babeaban por ellos más que por su música. ¿Para mí? No me parecían más que tres maricas del bosque, si ya me lo parecían los elfos, aquellos se llevaban la palma. Ni los había visto en directo ni tenía pensado verlos en mi vida.
-¿Podemos ir con vosotros? Nos molan los dragones. Y podremos ayudar – me preguntó el tercero, el del flequillo.
-¿Vosotros? Bastante tengo con cuidar de mí y de mi amiga como para cargar con tres imberbes – No me parecía buena idea que vinieran. Su padre nos colgaría si les pasase algo.
-Por favor, déjanos ir, – Preguntó el mohicano mirando hacia Lida, esperando convencerla – os guiaremos hasta el dragón. - trató de chantajear

Aún con el ofrecimiento de guiarnos hasta el dragón, la idea de que vinieran con nosotros seguía pareciéndome una temeridad, especialmente por ser hijos de quienes eran. No obstante me callé y esperé a que mi amiga tomara la decisión

Fuera la que fuera la decisión que tomara Lida, los otros dos parecían hacerse gestos indicando que iban a seguirnos para ver al dragón en primera fila. Parecía que aquellos mocosos iban a causarnos problemas de todas las maneras.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Lida Rothgar el Vie Jul 24 2015, 19:48

Cuando Coraco comenzó a caminar parecía que se le hizo eterno el momento en el que dejaron de clavarse las miradas de los elfos resentidos sobre su espalda, ni siquiera se giró para mirar cómo el fuego terminaba de apagarse, desde luego para ser los primeros de esa raza que conocía estaban muy lejos de haber satisfecho sus expectativas; ella que siempre los había imaginado como gente culta, algo creídos pero no tanto y sin límite de conocimiento.

-¿Quieres una manzana? -Ya estaban de nuevo en el suelo y su compañero no tuvo otra cosa mejor que hacer que ofrecerle aquella fruta. No la rechazó, pero se la notaba algo malhumorada, y no precisamente por tener que comer eso-...gracias -Miró a su alrededor casi todo el rato que tardó en comerse la manzana, se notaba que tenía algo en mente y no paraba de darle vueltas.

Y es que no entendía porqué habían llegado a una situación tan extrema de nuevo, no es que no apreciara aquellos momentos con el pícaro pero cada vez que se juntaban un lío nuevo aparecía, y no precisamente con ciervos o criaturas inofensivas de por medio.

-Estoy ya harta de to...-Justo cuando iba a empezar a hablar de cómo se sentía, por mucho que pensara que poco le iba a importar, aparecieron esos tres individuos que menos mal que ya se había terminado la manzana, si no se habría atragantado con la primera pregunta que hizo uno.

Lo cierto es que al ver el aspecto de los elfos se quedó pensando en si de alguna forma ella se había quedado anticuada, se sintió un poco mayor, pero nada más lejos de la realidad, ellos sólo eran un poco...avanzados:

-¿Podemos ir con vosotros? Nos molan los dragones. Y podremos ayudar -Seguía aún pensando en el nombre del grupo que se suponía que tenían y estaba claro por la cara que puso que ni los conocía ni tenía intención de ello. Ninguno tenía la presencia de un adulto, ni los modales, ni tampoco usaban un vocabulario muy elaborado que se dijera- ¡¿Cómo?! -No pudo si no sorprenderse cuando propusieron ir con ellos. Le parecía impresionante que no les importara tener que ''enfrentar'' a un dragón, o dialogar o lo que fuese, cuando ellos ni siquiera habían pedido estar en esa situación-...no, definitivamente no.

Aunque las palabras de la morena parecieron rotundas, la actitud de los muchachos no pareció cambiar en absoluto, incluso se percató de que parecían estar haciendo planes por lo bajo para dársela, es decir para seguirlos de alguna forma. Por esto y sabiendo que Curgo, de nuevo, le había dado la oportunidad de tener la última palabra, dijo:

-Está bien, venid -A lo que luego añadió: ''Guiarnos hasta el dragón'', ya que habían dicho que sabían dónde estaba.

Ni siquiera subieron de nuevo a caballo, según los comentarios de los tres jóvenes que parecían entusiasmados porque iban a poder ir con ellos, no estaban del todo lejos del lugar y contando con que conocían todo aquello no tendría mucha pérdida.

-¿Y qué hacéis juntos si no sois novios? -Soltó el mismo que había preguntado rato antes algo parecido.

Lida ni siquiera respondió, se limitó a caminar junto al pícaro y le susurró: ''¿Se puede saber quiénes son estos elementos? ¿Los conoces?'', mientras que ellos seguían tan panchos, caminando con esas ropas tan variopintas. Si eran hijos de Laedis desde luego entendía en parte cómo se las gastaba el elfo.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Curgo el Dom Jul 26 2015, 19:27

Lida aceptó traer a aquellos mocosos con nosotros. No lo vi como mala idea del todo, a fin de cuentas podrían decirnos donde se escondía el señor Furalter. Fuimos siguiéndoles mientras los otros avanzaban corriendo por el bosque. Se notaba que habían pasado su juventud allí y lo conocían a la perfección.

El dragón había escogido unas antiguas ruinas élficas para esconderse. Estaba despierto y consciente, aunque con algo de amargura visible en sus ojos. Parecía consciente de lo que acababa de hacer. Nos bajamos del caballo y le hicimos un gesto a los niñatos de que no avanzaran hacia nuestra posición. Ellos asintieron con la cabeza y se quedaron con Coraco tras unos árboles. No me parecía tampoco una buena idea dejarlos allí.

Lida y yo nos acercamos al gran dragón de escamas amarillas, recogido como si fuera una bola, que nos miraba con una fuerte respiración mientras nos acercábamos.

-Señor Furalter – le dije – Tranquilo. Hemos venido hasta aquí para ayudarle. Traemos de vuelta su puñal.

El dragón no dijo nada, elevó su cabeza para observar el puñal, estaba a una distancia prudencial de nosotros, pero parecía más humanizado que en nuestro último encuentro.

-¡Vosotros me habéis robado el puñal! – exclamó claramente alterado, aunque aún controlando su ira – Me ha causado mucho dolor, alejadlo de mí. Me hace alterarme muy fácilmente.

Pese a que el puñal no era más que un placebo inofensivo, el señor Furalter parecía no quererlo. La clave parecía estar ahí. El puñal maldito le había hecho perder los nervios, la capacidad de contener su ira y sus acciones. Provocándole un malestar general que lo hacía perder la cabeza y arrasar con todo. Pero en él aún quedaba algo de humanidad y del maravilloso hombre que nos acogió en su casa.

-Laedis explicó que sería lo mejor para todos. – le dije piadosamente, ahora que parecía entrar en razón – Este puñal que portamos es inofensivo. Por favor, vuelve a tu estado normal y podremos hablar.
-No me perdonarán lo que he hecho nunca – dijo lastimosamente ahora mirando hacia el suelo – He fallado a mi esposa. Os he fallado a todos. Será lo mejor. Volver al estado natural.

Parecía calmarse el dragón, tanto que me dio pena por momento. Tanto que iba a acercarme hasta a acariciarle. Pero fue entonces como desde lo alto de una ruina vi caer una piedra, miré arriba y eran los estúpidos adolescentes elfos… ¡lanzándole piedras al dragón!

-¡Puto dragón! ¡El último que le de en el ojo paga la cena! – Estaban lanzándole piedras al dragón desde un alto. Pero qué desconsiderados e ignorantes. ¿Acaso no habían visto lo que había ocasionado en su aldea?
-¡Y yo que creía que los elfos tenían respeto por los animales y la naturaleza… - dije a Lida mirando a aquellos niñatos mimados creyendo que estaban jugando.

Uno de ellos, el de pelo mohicano, estaba subido en una columna muy estrecha y alta. Había llegado allí escalando. El dragón empezaba a enfurecerse de nuevo. Pensé que iba a soltar una llamarada, pero no, se contuvo y únicamente destrozó con su cola la torre sobre la que se situaba el elfo, que cayó en picado dando vueltas. Con tan mala suerte que cayó de cabeza y se partió el cuello. El señor Furalter no podía creer lo que había hecho.

-¡No! ¡Más muertes no! – gritó el dragón totalmente consciente de lo que había hecho. El dragón rápidamente empezó a convertirse en humano. Quedó totalmente inconsciente durante la transformación.

Los dos jóvenes empezaron a gritar y corrieron a gritar. Lida y yo fuimos corriendo al lugar donde había caído el joven. Que estaba en una postura muy poco práctica. Yo me quedé mirando desde arriba.

-Era un gilipollas, y murió como un gilipollas – le dije a Lida, que estaba arrodillada y parecía preocupada, tratando que reaccionase.

Entonces resonó una especie de cuernos de guerra. Era Laedis y un grupo de elfos de élite, que habían llegado de apoyo. Rápidamente tres de ellos fueron a capturar al “dragón”, ahora en forma humana y desmayado sobre el suelo. El elfo vino, los dos hijos del hombre corrieron a abrazar a su padre, llorando a llantos.

-¡Papá! ¡Ha sido culpa suya! ¡Nos dijeron que fuéramos con ellos! – gritó el del flequillo. Laedis, todavía no era consciente de que había perdido a un hijo imprudente, estaba asustado y corrió a tomar a su hijo. Cuatro elfos comenzaron a apuntarnos con ballestas ante la acusación de los dos hermanos. Yo no me podía creer la mala suerte que teníamos.

-Joder, otra vez no – exclamé negando con la cabeza.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Lida Rothgar el Lun Jul 27 2015, 14:45

A la morena le llamó la atención la facilidad que tenían para orientarse por el bosque, apenas prestaban atención a su alrededor ni tampoco cesaban en la charla que llevaban, eran unos chicos muy enérgicos, o eso parecía. Le recordó a lo bien que se conocía las afueras de Lunargenta ya que había pasado mucho tiempo allí, puede que incluso lo echara un poco de menos.

-¿Estará bien...? -Susurró nada más llegar a aquellas ruinas élficas y ver al dragón.

Se notaba que la escamada criatura tenía una tristeza en los ojos impropia de la persona humana que escondía, pero al menos en un primer momento no decidió quemarlos ni tampoco comérselos, por lo que entablar conversación parecía una vía fiable, de momento:

-Quedaos ahí -Ambos, a los jóvenes elfos les permitieron que los acompañaran pero no iban a permitir meterse en otro lío porque les pasara algo, así que quedaron aún resguardados entre los árboles junto al caballo-...señor Furalter -Curgo fue el primero en hablar, desde luego estaba demostrando tener templanza.

La morena estaba situada al lado de su compañero, la respiración del dragón les llegaba perfectamente y se notaba caliente y molesta, aunque eso era mil veces preferible a que escupiera fuego. Además, permitió que fuese el pícaro quien hablara ya que había tomado la iniciativa pero no desaprobó en absoluto que le contara la verdad, por arriesgado que fuese.

-No...no nos ha fallado, sois víctima de una maldición, ¿no lo entiende? Víctima, no es su culpa...-Pero la situación no parecía mejorar, ya que seguía teniendo esos ojos tristes y seguía empeñado en que nadie lo perdonaría.

A la mercenaria no le hacía falta pensarlo dos veces para saber que uno no podía ser culpable por ser víctima de una maldición, ese tipo de cosas no podían controlarse, o eso pensaba desde el desconocimiento de la magia y semejantes. Claro que aquello de que de repente cayera una piedra directa hacia la criatura no fue una de las mejores cosas que podían ocurrir.

-¡Puto dragón! ¡El último que le de en el ojo paga la cena! -Se escuchó gritar al que estaba arriba tirando las piedras, los otros no tardarían en seguirlo.

Lida abrió los ojos como nunca al observar lo ocurrido, le entraron ganas de darles un buen escarmiento a aquellos chicos sin conciencia, pero fue entonces cuando sucedió: como si lo vieran a velocidad reducida, el elfo de peinado mohicano cayó al suelo sin posibilidad de supervivencia, la muchacha casi juró que pudo oírse cómo su cuello cedía. Nada más morir, ambos compañeros sabían que las consecuencias serían graves y corrieron para intentar auxiliarlo, pero ya era tarde, por mucho que intentara que reaccionase era imposible reparar semejante daño.

-No puede ser, no podemos tener tan mala suerte -Susurró justo cuando Curgo habló, a ella no le gustaba criticar a los muertos pero la razón no podía quitársela.

Y aunque pareciera mentira, lo peor estaba por llegar ya que, no se sabía si por los gritos agudos de los otros dos elfos jóvenes o si porque los habían seguido, no tardaron en llegar un grupo de elfos élite liderados por Laedis. ''No...ahora no''.
La mercenaria quiso correr para evitar que capturaran al señor Furalter, que había vuelto a su forma humana, pero cuando lo intentó el elfo rubio y sus llorosos hijos se interpusieron en su camino; les estaban echando la culpa de lo ocurrido.

-¡Ellos eligieron venir con nosotros! -No pudo evitar soltar lo que era cierto, pero el elfo rubio acababa de ver el cadáver de su hijo en el suelo y su rostro pasó del desconocimiento y la sorpresa a la rabia- ¡¿Cómo os atrevéis?! ¡Era mi hijo! ¡Moriréis en la horca! -Las palabras resonaron en la mente de la mujer como si hubiera eco, no les dio tiempo a reaccionar cuando de nuevo otros tantos arcos los apuntaban y estaba claro que sería inútil defenderse- ¡¡Llevadlos a morir!!

Sus súbditos obedecieron sin duda alguna, de pronto pasaron de tener una misión mediante la cual salvar sus vidas, a ser arrastrados hacia su muerte por unas sucias mentiras de unos jóvenes estúpidos.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Curgo el Lun Jul 27 2015, 22:56

Estaba claro que ahora sí estábamos en una situación complicada. Probablemente más difícil que cuando nos enfrentamos a la pareja de dragones y al licántropo en la mansión de Chateaux. No terminaba de ver una salida. Furalter estaba inconsciente en el suelo. Si el elfo era poco razonable, tras ver el final de su hijo aún lo sería menos. Pero no, no estaba dispuesto a que aquel fuese mi triste final.

Los guardias nos apresaron con celeridad y nos llevaron al pueblo. Iba un poco abatido, pero trataba de tomarme el asunto con “humor” dentro de lo que se podía, aquellos elfos querían verme hundido y no sería así. Mi compañera no parecía tan animada, así que mientras avanzaba esposado traté de animarla.

-Saldremos de esta. Algo se me ocurrirá. Te lo prometo. – animé mirando hacia ella. Hecho que me llevó a ser el honroso ganador de un puñetazo en el estómago que casi me deja sin aliento, por parte de un elfo. Que me ordenó callar inmediatamente. No diría una palabra más en todo el camino, mi intención era llegar vivo al poblado, como así fue.

-Seréis ejecutados mañana al amanecer – sentenció al llegar al poblado un elfo, que nos encerró en una jaula dentro de una cabaña de madera. La prisión era de lo más “acogedora”, sin una triste litera o colchón. Sin nada más que un suelo frío lleno de piedras y barro. Allí había otro tipo encerrado. En nuestra misma jaula. Otro humano. Cuyo destino parecía ser el mismo.

-¿Cuál fue tu delito? – le pregunté agarrándome a los barrotes y tratando de empujar. Una prueba de fuerza. Pero aunque eran de madera parecían bastante resistentes. Aquello sin una espada no iría a ningún sitio, y nos habían despojado de ellas.
-Me pillaron esta mañana meando detrás de un árbol que ellos consideraban sagrado – dijo el tipo apesadumbrado y sentado en el suelo con los brazos abrazando las rodillas. Sí que eran extremistas aquellos tipos. Creo que si salía vivo de aquella no volvería a acercarme al bosque de Sandorai en mi vida.

Los ánimos parecían destruidos en el ambiente. Tanto Lida como el otro hombre no parecían muy esperanzados. Yo empecé a pensar en como me libré de situaciones similares, porque ni mucho menos.

-Es la tercera vez que estoy en la cárcel, y la segunda que me quieren ahorcar – luego hice memoria y me corregí - bueno, la tercera, pero esa no fue en la cárcel. – dije ante la sorpresa de todos. Y era algo totalmente cierto, y es que no toda mi vida de pícaro fue maravillosa, a veces las situaciones se complicaban – así que ya tengo experiencia en este tipo de situaciones – y me puse a observar cada rincón de la pequeña jaula, aunque había poca luz pues ya era de noche en el bosque de Sandorai – observad todos los puntos de la jaula.

El recinto era pequeño, se encontraba enterrado en el subsuelo, de manera que no había ninguna ventana ni ninguna puerta de acceso más que la trampilla que daba al piso superior.

-Los guardias estarán durmiendo dentro de unas seis horas – dije tras observar la jaula y no detectar ningún fallo importante de seguridad. Algo lógico y muy difícil – No detecto ningún fallo en la jaula. Así que habrá que optar por lo clásico. – dije con toda la tranquilidad del mundo tras acabar la inspección.

Luego me giré y me llevé la mano a los calzoncillos del pantalón. Nos habían chequeado enteros, pero no me habían mirado exactamente dentro del mismo. Saqué un par de ganzúas de las mías que llevaba en un bolsillo cosido al calzoncillo.

-Los guardias elfos también son estúpidos. ¿Por qué nunca te cachean los calzoncillos? - Siempre las llevaba en un bolsillo del calzoncillo "por precaución", pues con mis malas artes nunca sabía donde podía acabar. Era una medida de seguridad. – Bueno señores, a menos que encontréis algún fallo en el sistema o tengáis una idea mejor, a las dos de la mañana estarán todos durmiendo así que procederé a abrir las puertas – Y me senté en un rincón con las piernas y brazos cruzados y el sombrero bajado. Pero mi intención no era dormir. Sino mantenerme despierto. Un buen profesional de jaulas no debe perder la noción del tiempo nunca – contadme chistes para que no me duerma – finalicé para tratar de animar los ánimos.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Lida Rothgar el Mar Jul 28 2015, 14:16

Verse ''escoltada'' por unos elfos de regreso hasta su poblado no era algo precisamente alentador ni por lo que animarse, mucho menos cuando eso significaría su muerte. No tenía tan claro que fueran a salir de esa fácilmente o mejor dicho, ni siquiera pensaba que fuesen a salir de esa. Y al parecer su compañero lo notó, pero al intentar animarla por el camino recibió un puñetazo totalmente inmerecido.

-Malnacidos...-Murmuró, y juró que uno de ellos lo escuchó, pero hizo oídos sordos supuso.

Bajo la promesa de Curgo de que haría todo lo posible porque se libraran de la muerte, llegaron al poblado élfico donde fueron encerrados en una celda con barrotes de madera dentro de una de las cabañas que curiosamente se había librado del fuego. El ver los barrotes de madera habría sido un alivio si no fuera porque anteriormente los habían despojado de sus armas y todo tipo de utensilios, o al menos eso pensaba la muchacha que no le había hecho ni pizca de gracia ser registrada por aquellas personas; tampoco quería separarse de su tan preciada arma.

Dentro de aquella jaula hecha a conciencia, otro humano estaba condenado y en cuanto se enteraron del motivo, o al menos Lida, no supo si reírse o soltar improperios hacia Laedis. Desde luego los elfos les estaban empezando a parecer unos extremistas y no era para menos, pero por lo menos ellos dos estaban encerrados allí por un motivo de peso. ''Una mentira...pero motivo al fin y al cabo''.
Su ánimo había decaído bastante incluso estando al lado de su compañero, que les dio instrucciones para que buscaran algún tipo de ''punto de fuga'' de la jaula. Lo cierto es que se tiraron un buen rato mirando y mirando, disimuladamente claro, pero ni siquiera el pícaro pareció encontrar nada:

-No detecto ningún fallo en la jaula. Así que habrá que optar por lo clásico -Estuvo a punto de preguntar a qué se refería por lo clásico, pero lo descubrió en cuanto vio cómo sacaba unas ganzúas que más tarde volvió a guardarse no fuesen a descubrirlos-...eres un genio.

Parte de sus ánimos aunque sólo un tercio, habían regresado y eso consiguió que cuando Curgo mencionara lo de los chistes sonriera de forma muy leve. Le daba cierta vergüenza que la observara el otro humano, pero no era momento ni lugar para sentir eso y se acercó para sentarse justo al lado del pícaro, poniendo su mano sobre el suelo cerca suya, como si tuviera la intención de dársela.

-Iban dos por las calles de Lunargenta y...-Estuvo a punto de contar un chiste que ni conocía pero recordaba vagamente, pero justo entró en la cabaña un elfo que con la mirada advirtió a los presentes que no iba a moverse de ahí bajo ninguna circunstancia-...no, otro no.

Su vigilante se sentó en una silla de madera también de espaldas a ellos, a unos dos metros de la jaula y mirando hacia quién sabía dónde.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Curgo el Mar Jul 28 2015, 16:22

Justo cuando Lida comenzaba a hablar un nuevo elfo apareció para advertirnos de que no se movería de allí hasta nuestra ejecución. Cosa que me creía. Pues no parecían una gente muy agradable y solidaria. Apoyó una silla contra la pared y se colocó de espaldas a nosotros. Aquello dificultaría mi intención de abrir las puertas. Yo acostumbraba a hablar con los carceleros, solía ser gente que daba pistas a escapar de aquellos sitios. Me sujeté con las dos manos a los barrotes y medio traté de asomar la cabeza, aunque lo único que me pasaba al exterior era la nariz.

-Disculpa – le pregunté - ¿sois conscientes de que habéis encerrado a los amigos de un dragón gigante que seguramente incendie vuestra aldea cuanto se despierte?
-Tranquilo, escoria – respondió – al dragón se le proporciona sedante cada poco tiempo. Morirá también mañana, al amanecer, pero no se enterará ni sufrirá como vosotros – lo que más me extrañaba de todo aquello fue qué opinaría la mujer de Furalter de todo esto. Ella había sido “protegida” por el pueblo y en parte había hecho que el dragón no arrasara con todo. Seguramente no vería con buenos ojos que ahorcasen a su marido. Sonreí.
-¿Y su muj…? – pero no me dio tiempo terminar la frase pues al poco la puerta se abrió y por las escaleras de aquel sótano descendió otro elfo arrastrando del pelo a la mujer del señor Furalter. El que estaba en la silla nos apuntó con una ballesta y nos ordenó que retrocediéramos. Y su esposa accedió al mismo lugar que nosotros. Ya éramos cuatro en aquella celda.
-¡Traidores! ¡Brutos! – gritaba la mujer, que era coqueta y su peinado refinado.
-Calla zorra – respondió el guardia élfico mientras la tiraba de un empujón a la celda – Tu marido está condenado a muerte por destruir la aldea. Y en vez de aceptarlo lloriqueas e insultas como una ramera. El pueblo élfico es justo. - Cerró violentamente la puerta, y este segundo guardia se fue de nuevo hacia arriba. El que ya estaba guardó la ballesta y volvió a sentarse.

La última frase del elfo me marcó. ¿Justicia? ¿En serio? Aquello no era justicia. Era una jodida dictadura. Incluso el Rey Siegfried era más comedido y pausado que aquel elfo loco llamado Laedis.

-Curioso concepto de justicia el vuestro. Ley mordaza a tope. – hice notar al carcelero - ¿La ahorcáis porque no apoya que se mate a su marido? ¿Esto qué es? ¿Sandorayistán?

Pero no recibí ninguna otra respuesta del hombre. Que seguía en sus trece. Poca esperanza me quedaba. La mujer del señor Furalter, era muy tímida y pocas veces la había visto tan alterada. Ahora estaba llorando desconsoladamente en una de las esquinas de la jaula, lo cual no animaba. Tras un buen rato me acerqué a ella a preguntarle.

-¿Por qué no te conviertes en dragón y los quemas a todos? – le pregunté. Podía ser nuestro medio de escape.
-Porque yo no soy una dragona – respondió entre el llanto y siguió llorando como un bebé cuando le quitas el biberón. Hice un gesto de negación con la cabeza y brazos en jarra y le hice un gesto a Lida con la mirada para que la atendiera, ya que era mujer tal vez podría calmarla un poco.

Me acerqué de nuevo a la puerta donde el atento elfo mantenía ojo avizor. Calmarla… aquella palabra me hizo pensar en una posibilidad, sonreí maliciosamente, tal vez había una manera de poder escapar con vida de aquel lugar. Necesitábamos una revolución para poder salir de aquel lugar pues un método cordial suele ser inviable. Y me acordé de la vez que escapé de la cárcel gracias a un motín. En aquella ocasión no había presos dispuestos a organizarlo. Así que tenía que ser yo mismo sorprendiendo a todos para que no pensasen en que estaba organizado. Me giré rápidamente hacia la posición en la que se encontraban ella y Lida.

-Tú, zorra estúpida – le dije a la mujer del señor Furalter claramente cabreado y agitado. Ante la sorpresa de todos. Pero mis palabras no eran sentidas ni mucho menos. Solo trataba de crear caos. – El imbécil de tu marido ha sido el culpable de todo esto, ojalá le ahorcasen solo a él y a ti por ser su fulana.
-¿Qué coño estás diciendo? – la mujer se desquitó de Lida y se encaró conmigo. Ahora estaba totalmente enfadada y había conseguido sacarla de sus casillas. Tanto que me pegó un empujón fuerte - ¿Después de cómo os hemos tratado me lo pagas así?
-No me pongas la mano encima – le respondí enfadado – a ti no te matan los elfos, te mato yo.

Y me propuse a propinarle un puñetazo, aunque no quería darle y lo hice lo suficientemente lento como para facilitarle que lo esquivara. El otro hombre intentó pararme llamándome loco e insensato. Pero la mujer lejos de parar se volvió contra mí y empezó a arañarme. La tiré al suelo y empezamos a pegarnos, aunque me daba ella a mí con más gana que yo a ella, que ni siquiera le hacía daño, pero estaba tan desquiciada que no controlaba.

-¡Parad! – gritó el guardia desde fuera mientras el otro hombre intentaba detenernos, pero yo seguía haciéndola enfadar metiéndome con su marido y con ella misma. Disparar con la ballesta era demasiado peligroso. El guardia pensó que ambos estábamos desquiciados y rápidamente abrió la puerta – ¡He dicho que basta!

Y rápidamente abrió la puerta. No podía disparar desde la puerta pues estábamos en constante movimiento. Poco después acabé vencido en el suelo con la mujer sentada en mis tripas, me atizaba con todas sus fuerzas, me estaba dando una buena paliza. Pero mi intención no era hacerle daño a ella, sino que el guardia abriera la puerta.

-¡Lida! ¡Ahora! – le grité a mi compañera, con la esperanza de que reaccionara rápidamente. La esposa de Furalter hizo caso omiso y siguió agrediéndome. Con el jaleo que había estaba claro que vendría más gente, pero al menos la puerta estaba abierta.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Lida Rothgar el Mar Jul 28 2015, 20:09

Ver allí sentado todo el rato a aquel elfo por muy de espaldas que estuviera no era precisamente la idea que se había formado en su mente a raíz del plan de Curgo. Estaba claro que tendrían que anularlo de alguna forma y ahora que se encontraba algo más calmada era el momento de empezar a pensar; lo que no sabía era que su compañero tenía más experiencia estando entre los barrotes y parecidos, así que era mucho más rápido.

-¿Furalter morirá...? -Se le vino a la mente la imagen del pobre hombre sedado constantemente y atado de pies y manos, siendo manipulado cual mariposa por aquellos elfos. ''Malditos...''-...¿pero qué pasa con...? -Ella también fue a preguntar por la mujer cuando comenzó a escuchar los gritos.

Lo cierto es que le pareció patético el comportamiento de la mujer, la cual cuando la conoció le pareció de lo más refinada y elegante, algo que a ella le costaría cumplir de forma constante. Pensó que debería haber sido más avispada y haber fingido que se conformaba con la muerte de su marido, al menos para salvar la vida: también estaba la opción de engatusar, la de huir y pedir ayuda,...muchas posibilidades, no ponerse a insultar como una histérica.

-Oh vamos...-Se quejó la morena por lo bajo justo en el momento en el que el que la trajo la tiró de un empujón hacia el interior de la celda. Si seguían metiendo gente allí iban a acabar bien apretados.

Era Curgo el que se estaba encargando de responder a lo que decían los elfos, lo cierto es que hacía bastante que la mercenaria no intervenía con esos comentarios suyos y ese genio que la caracterizaba, pero al menos tenía ahora la justificación de estar intentando consolar a la nueva encarcelada. Además, su compañero estaba sacando unas ideas y un semblante firme que antes no había conocido tan a fondo, sabía mantener la calma ante muchas situaciones.

-Tranquila...-Quiso decirle unas cuantas palabras de consuelo cuando dijo aquello de que no era una dragona. Ninguno de los presentes tenía ningún don especial ni era de distinta raza como para poseer algún tipo de poder, por lo que en ese sentido no tenían ventaja alguna.

Pasaron unos largos minutos en los que Lida tuvo que acariciar el antebrazo de la mujer con cuidado pensando que eso la calmaría y habría sido así de no ser por la repentina reacción, en principio incomprensible, de Curgo:

-Tú, zorra estúpida...-Y lo que continuó le fue difícil de creer hasta a la mercenaria, pero al parecer la mujer de Furalter, con los nervios como los tenía, quedó mucho más enfadada e histérica si cabía y comenzó así una pelea entre ambos- ¿Se puede saber qué...?

Por un momento se quedó tan perpleja como el otro humano, pero luego ató cabos y pensó en la posibilidad de que aquello fuera una artimaña, una simple trampa en la que el elfo que les vigilaba tendría que picar. Por esto mismo en todo momento intentó evitar, disimuladamente, que el otro preso separara a la mujer de Curgo.

-¡He dicho que basta! -El jaleo que estaban montando debía de escucharse fuera, pero esa fue la menor de sus preocupaciones pues al ver la puerta abierta de la celda e incluso antes de que el pícaro diera la orden a la morena de atacar al elfo, ésta se lanzó hacia el mismo y en el intento de arrebatar su arma y noquearlo, recibió una flecha que rozó la parte superior de su brazo dejándole un corte-...uf -Resopló cuando dejó de un puñetazo tirado en el suelo al vigilante y ya tuvo la ballesta en sus manos.

Pero la situación no había terminado ni mucho menos, de repente se oyeron pasos, sólo pertenecían a una persona pero debían de ser más buenos y listos que quien venía para poder escapar:

-Curgo, toma -Apartó a la mujer de encima de su compañero y después de que estuviera en pie le entregó el arma. Se suponía que él era el experto en ballestas, por lo que tendría mejor puntería y...en apenas unos segundos ya tenían encima al segundo elfo, el mismo que antes- ¡¿Qué ha pasado aquí?!
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Thorn el Mar Jul 28 2015, 23:30

Se hizo un profundo silencio luego de la pregunta del elfo. Tras él apareció otro de su misma raza, joven, casi un niño. Ataviado con una fina armadura se cuero, se sorprendió cuando su compañero se detuvo en seco. Al ver la situación se adelantó al fulano y observó a los cuatro prisioneros con una mezcla de terror y admiración. Quizás por miedo, quizás por el orgullo de un muchacho sin experiencia, no articuló sonido, ni siquiera hubiera sido capaz de esquivar un ataque de la mujer del dragón.

Con relación al elfo adulto, intentaría ir por ayuda, pero el pequeño estaba en su camino, torpemente bloqueándoles el paso. Fuera no se escuchaba ningún sonido y el viento apagaría cualquier grito de alarma que pudiera salir de aquél frío sótano.
Entre sus manos, el más joven de los dos guardias llevaba dos bolsas con 150 aeros cada una.


Interesante trama la que tienen. Ya que son de los más activos vine a dejarles una bolsa de aeros para cada uno, si es que la quieren. No intervendré más, asique continuad como hasta ahora.







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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Curgo el Miér Jul 29 2015, 16:34

OFF: ¡Muchas gracias Thorn! No sabía que había gente que leía nuestras tramas. Nos gusta rolear y por ello lo hacemos, pero siempre se agradece que alguien las lea y se comente sobre las mismas

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ON:

Mi astuta compañera aprovechó para golpear al guardia a mi señal, parecía que se había dado cuenta de mi intención auténtica con mi pelea con la señora Furalter. A continuación me quitó de encima a la histérica de la esposa de Furalter que no parecía haberse enterado aún de que la situación había cambiado.

-Tranquila, madame Furalter – le dije tratando de tranquilizarla - ¿Ves qué bien ha salido la jugada? Aunque no sabía que pegaba usted tan fuerte.

Luego miré a Lida, quien medio resoplando me cedió la ballesta. Era una ballesta ancha mientras que yo utilizaba ballestas pistolas, pero el funcionamiento era el mismo, sólo cambiaba la escala. Parecía además que se había hecho daño, tenía la ropa algo rasgada y un pequeño corte en el brazo de su forcejeo con el elfo, al que había dejado noqueado en el suelo.

-¿Estás bien, campeona? – le pregunté cariñosamente con una sonrisa, cogiéndola por el hombro y mirándole la herida –

No tuve casi tiempo de decirle nada, un nuevo elfo había aparecido allí, sorprendido por la situación, trató de escapar a pedir ayuda pero tropezó con algo, fue sólo un instante, pero fue el tiempo suficiente para en dispararle una flecha que lo dejó clavado contra la pared. El desconocido compañero de celda terminó por rematarlo de un fuerte golpe.

Mi sorpresa fue que con lo que había tropezado tras él no era un obstáculo, sino un nuevo elfo que casi no se veía, era prácticamente un niño vestido con atuendo de guardia, pero parecía asustado y aterrorizado, tenía cara de inocente y en las guerras no todos eran culpables, no podía dispararle. Además, no tardó en suplicar por su vida.

-Por favor, no me matéis – rogó – tomad, tengo dos bolsas con 150 aeros, quedáoslas, no me pareció justa vuestra encarcelación, no me hagáis nada.
-Espero que comprendas que no puedo correr el riesgo de que nos delates – le dije. Yo era un pícaro y la vida me había enseñado a no fiarme de nadie, incluso de un inocente niño – mi compañera te atará y amordazará y mañana vendrán a buscarte – ordené a Lida hacerlo porque era la única persona en la que plenamente confiaba – No obstante, las bolsas de aeros nos vendrán bien – y tomé ambas bolsas, una se la cedí a Lida y la otra me la quedé yo.

Tras esto, había que escapar de allí como fuera, subimos al piso de arriba, a la entrada principal de la cabaña. Era de noche totalmente cerrada, tal vez las dos de la madrugada, observé por la ventana con mucho cuidado, no tenía gana de que todo el pueblo elfo se nos echase encima. Había tanta niebla que apenas se veía a cien metros.

-Perfecto, nadie nos ha oído, además parece haber mucha niebla. – les susurré a mis tres acompañantes en voz baja - Esto es lo que haremos. La señora Furalter conoce el pueblo, vendrá conmigo a donde esconden a su marido. Que imagino que será en la casa de Laedis. Lida y el otro iréis a por Coraco – y miré a Lida – sé que no sabes cabalgar muy bien, pero inténtalo.
-¿Rescatar al hombre? – reprochó el acusado de orinar sobre bellas especies vegetales – Eso es una locura y muy peligroso y…
-… y por eso voy a ir yo – le dije al hombre interrumpiéndolo. Le debía mucho al señor Furalter y estábamos ahí gracias a su mujer, ni mucho menos iba a permitir que se quedara allí – y no habrá discusión – concluí y me dirigí a Lida – cuando cojas el caballo, pasa por delante de la casa de Laedis, estaremos allí. - Le dije el caballo, pero puede que fuese mejor tomar algún ciervo más, pues éramos bastantes.

Me dispuse a partir hacia la casa de Laedis, donde supuestamente guiado por la mujer del señor Furalter, con un gran sigilo y tratando de pasar desapercibidos y escondernos cada vez que veíamos a alguien entre la espesa niebla. Avanzando entre los edificios terminamos llegando a la mansión del tal Laedis, que tenía la luz encendida, se oían voces en su interior en un ambiente que parecía más una fiesta. “¿Tanto se arrepiente este por la muerte de su hijo?” pensé. Observé por la ventana. El hombre tenía el puñal que le habíamos entregado, y parecía más preocupado por las maldades que podría hacer con el mismo que por enterrar a su propio hijo el próximo día.

Pero no estaba allí para juzgar a tal tipo, y me importaba un pimiento que haría finalmente con eso. La esposa de Furalter me dijo que escondían a su marido en la parte trasera de la casa. Le hice un gesto de que permaneciera allí y accedí a la casa abriendo una ventana, rompiendo uno de los cuatro cristales en los que se dividía y metiendo la mano para abrirla. Efectivamente, ahí estaba el señor Furalter, totalmente dormido, con la luz apagada. Rápidamente entré y lo desaté, y me dispuse a sacarlo por la ventana con la ayuda de su esposa, tratando de no hacer ruido, pues el hombre estaba inconsciente.

-Vamos a ver cómo está el dragón, tal vez haga falta sedarlo aún más – escuché decir desde una habitación contigua a la vez que oía pasos acercarse. Rápidamente saqué al hombre de la casa medio a trompicones. La mujer del señor Furalter no era tan fuerte como yo y le costaba sujetarlo. Yo salté por la ventana que casi me mato.

-¡Ha escapado el dragón! – gritaron los hombres alarmados. Pero no, el dragón no había escapado, nosotros lo habíamos rescatado. Pero no pudimos hacer otra cosa que dirigirnos antes de que salieran a la parte más trasera y escondida de la casa y escondernos allí, a la espera de que Lida y su acompañante aparecieran con Coraco. Al poco salieron los hombres de la casa, en medio de toda la niebla, y se pusieron a gritar.

-¡Guardias! ¡Guardias! Hay un dragón suelto en la ciudad – gritó para todo el pueblo, dando la alarma. Pues un dragón suelto era muy peligroso. Lo que me daba que pensar en Lida, si habría sido capaz de tomar el caballo y venir hasta donde estábamos, yo cerré los ojos durante unos instantes y no pude evitar realizar una especie de oración por nosotros.

-Por Dios, Lida, espero que estés bien – supliqué, pensando en mi compañera, pero sufriendo más incluso por ella que por mí, algo que aún no sabía por qué era.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Lida Rothgar el Miér Jul 29 2015, 21:39

Fueron unos pocos segundos los que tuvieron para un ''respiro'' pues aquel elfo de repente se les echó encima aunque no estaba muy claro si quería detenerlos o pedir ayuda. Por suerte Curgo fue lo suficientemente rápido con su nueva arma y al final los dos compañeros acabaron con 150 aeros que ni siquiera esperaban.

-...mi compañera te atará y amordazará y mañana vendrán a buscarte -Fue la decisión del pícaro hacia el joven elfo que les había entregado el dinero. Lo cierto es que tenía toda la razón, no podían ir dejado cabos sueltos por muy pequeño que fuese, podría llamar la atención de los adultos.

Lo ató de pies y manos y lo dejó sentado en la silla que anteriormente utilizó su vigilante, luego rompió un trozo de tela de la misma ropa que llevaba el chico y le tapó la boca, haciéndole un buen nudo para que no se atreviera ni por casualidad a pronunciar palabra:

-...ya está -El amordazado intentó decir algo pero no se oyó nada más que murmuros sin sentido, la tela funcionaba.

Pero lo que debería salir bien era el plan que les dictó Curgo minutos después, no tenían tiempo que perder y tampoco podían fallar, si volvían a capturarles estaba claro que doblarían la vigilancia y su cuello acabaría de la misma forma que el del hijo de Laedis.

-Tened cuidado...-Les dijo la morena antes de perderles de vista, pero quedaba claro por quién se preocupaba más.

Después de que Curgo y la señora de Furalter fueran a por el marido de la misma, la mercenaria comprobó que no había nadie fuera de sus casas como para pillarlos en su camino hacia donde recordaba que estaba el cercado de las monturas y salieron, ella y el otro humano.
Iban prácticamente agachados todo el rato, moviéndose entre los huecos de las casas y evitando pasar por al lado de las ventanas para que nadie pudiera verlos. Había que decir que para ser un trabajo de sigilo no se les daba del todo mal, aunque sabía de alguien que se movería por allí mucho mejor.

-¿Pero qué...? -No pareció que les costara llegar hasta el cercado, pero la cara que se le quedó a la muchacha cuando vio que allí sólo había ciervos fue todo un poema- ¿Qué han hecho con Coraco?

El uno y el otro buscaron con la mirada por los alrededores, pero que estuviera un tanto oscuro no ayudó demasiado como para que pudieran localizar al animal que, por suerte para ambos, decidió relinchar por lo bajo como si entendiera la situación en la que estaban metidos. Resultó estar amarrado a un poste de madera algo más alejado del cercado de los ciervos y los establos, sin agua ni comida y aún ensillado, Lida no pudo comprender cómo los elfos que suponían adorar la naturaleza podían hacer eso con el pobre.

Por suerte que estuviera ensillado les hizo ganar tiempo, el mismo que aprovecharon para ensillar, bajo amenazas de pisotones y mordiscos, a los ciervos que parecían ser bastante ariscos. Una vez que tuvieron a dos ciervos preparados, la mercenaria se montó en Coraco recordando lo difícil que le resultaba hacerlo sola y controlar al caballo sin ayuda de Curgo y el otro hombre lo hizo en un ciervo. No pudo resultarle más cómico verlo montado en semejante animal.

Lo siguiente que consiguieron fue moverse con las monturas, con lentitud y cuidado pues el oído de los elfos seguro sería bastante agudo, a través del poblado hasta llegar a estar justo en frente de la casa de Laedis. Esperaba que no le hubiera pasado nada a su compañero, sobre todo a él, pero también al señor Furalter y a su mujer.

-¿No están? -El que habló fue quien la acompañaba, lo que provocó que le hiciera un gesto para que se callara y tuviera paciencia.

Pero lo cierto es que le estaba costando tenerla, sobre todo porque acto seguido escucharon cómo alguien gritaba en el interior de la casa que el dragón se había escapado. Eso era buena señal, al menos en parte, y por suerte no tardó en distinguir dónde se encontraban los tres individuos y cedió el ciervo que quedaba a la señora para que montara con su marido y evitara con ello que se cayera.

-¡Vamos! -No pudo evitar meterles prisa, a Curgo le tendió una mano desde lo alto de Coraco por mucho que no le hiciera falta y los gritos de los elfos alertando sobre lo ocurrido no paraban de escucharse.

Spoiler:
Muchas gracias Thorn, de verdad, agrada saber que alguien nos lee n.n ¡Gracias por los aeros!
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Curgo el Jue Jul 30 2015, 16:18

Empezaba a ponerme nervioso pensando en que toda esa gente nos buscaba. Cada vez empezaban a rondar más cerca nuestra, pero había tanta niebla que se dificultaba muchísimo la visibilidad. No obstante la situación me parecía arriesgada. Se me hicieron eternos esos instantes mientras esperaba a que Lida llegara.

Casualmente, justo detrás de esta casa, también había un pequeño cofre, era donde se guardaban nuestras queridas armas. Egoístamente, lo primero que tomé y recoloqué en su sitio fueron mis ballestas

-¡Luisa y Marisa! Creía que os había perdido para siempre – dije con gran alegría al verlas, pero no sólo se encontraban estas también se encontraba la espada de Lida, “¿Cómo se llamará?”. La tomé igualmente.

No tuvimos que esperar mucho más, al poco allí apareció mi compañera a lomos de mi esbelto jamelgo. Ayudé a subir a un ciervo al señor Furalter y su mujer sería la que llevara las riendas del animal. El otro hombre, montado en un tercer ciervo, nos instaba a que nos diéramos prisa. Una vez asegurado Furalter no dudé un segundo en tomar la mano de Lida para subirme al caballo.

Sigilosamente salimos del pueblo, era tan de noche que ni siquiera sabíamos a dónde íbamos. Campo a través. Allí no había orden ni nada, tirábamos por el monte para arriba avanzando entre artos que me pinchaban la pierna los muy malditos. Encima tenía el pelo totalmente empapado, aún tenía la ropa húmeda por el chapuzón que nos habíamos dado por la tarde, pero el pelo se me mojó entero por la densa niebla presente en el ambiente.

-¿A dónde nos dirigimos? – preguntó el hombre que iba solo montado en un ciervo.
-Sinceramente, no conozco este bosque – respondí con franqueza – así que supongo que a un lugar lo suficientemente lejano como para que no nos busquen.

Seguimos ascendiendo, supuse que los elfos no estar dispuestos a iniciar una partida de caza para unas personas que ni les va ni les viene. No obstante no tenía ganas de correr riesgos.

-Lo dejo a vuestra elección, pero yo creo que sería mejor no detenerse hasta salir del bosque. No podré dormir en los dominios de un elfo que quiere ahorcarme – propuse. Yo prefería continuar aunque no durmiera en toda la noche. Si no me costaba aguantar despierto las noches de fiesta, mucho menos me costaría estando sobrio.

Pero esto no iba a ser cierto aquella vez, a la hora y pico ya estábamos muy cansados y muertos de frío debido a la niebla, el señor Furalter parecía que comenzaba a despertar. Nos detuvimos en una especie de planicie para descansar un poco. Hacía un frío que pelaba. Serían cerca de las dos de la madrugada y no se escuchaba absolutamente nada. Todos nos bajamos de nuestras monturas, la señora Furalter bajó a su marido que comenzaba a ser consciente, y el otro hombre lo ayudó a ir despertando poco a poco. Yo me quedé algo rezagado a espaldas de éstos, con Lida.

-Toma, tu espada, la encontré en un cofre – dije ofreciéndole la espada, y, al igual que cuando la encontré, me entró curiosidad por saber su nombre – Por suerte o por desgracia, la he visto ya muchas veces desde que estoy contigo, pero aún no te has dignado a presentármela. ¿Cómo se llama?

Poco después miré a nuestros acompañantes y vi que seguían de espaldas tratando de reanimar a Furalter. Yo estaba cansado. Tanto que no pude evitar tirarme sobre los brazos de Lida en plan peso muerto, en una mezcla medio amistoso medio buscando el cariño. Luego me despegué y ya me aproveché para cogerle las manos.

-Ay, querida mía – le dije suspirando en tono cómico – que cada vez que te veo, me meto en un lío más gordo, y aún así sigo con ganas de volver a verte ¿Será precisamente eso lo que me atrae de ti? – le dije negando con la cabeza pero con una sonrisa en la boca, en tono jocoso, y en clara alusión a las últimas palabras que nos dijimos durante la cena en Lunargenta.

Y es que aquello que había dicho era cierto. A cada paso que avanzaba conociendo más a Lida, cada vez me metía en un lío mayor, pero sin embargo volvía a coincidir con ella una y otra vez. Pero pese a que aquella vez casi habíamos perecido en el intento, seguía queriendo tener aventuras a su lado…y ganamos unos aeros que nunca venían mal.

Luego miré la bolsita con los 150 aeros que tenía. Era una miseria, pero menos daba una piedra - ¡Y ésta es la recompensa a nuestro gran trabajo! ¡El tesoro del cofre sumergido! – dije sarcásticamente.
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Re: [CERRADO] Locos, orejas picudas y otras maldiciones [Interp. Libre 2/2]

Mensaje  Lida Rothgar el Jue Jul 30 2015, 20:05

No tuvo muy claro cómo fue capaz de controlar al pobre Coraco cuando Curgo se montó, ni mucho menos cómo consiguieron salir del poblado sin que los pillaran, pero así fue aunque de momento no podría sentirse orgullosa de ello hasta que el peligro no hubiera pasado. Era cuanto menos curioso ir cabalgando con dos ciervos al lado.

-...sí por favor -Apoyó el plan de su compañero de seguir con el ritmo que llevaban hasta salir del Bosque ya que, aunque parecían estar ascendiendo y estaban alejándose cada vez más, el sitio ya no le inspiraba la misma confianza que la primera vez que cruzó sus lindes.

Y con la idea en mente de no parar ni un solo momento y no conceder un descanso a las monturas, acabaron teniéndolo que hacer porque el agotamiento podía con ellos. El corte del brazo de la mercenaria había manchado la tela a su alrededor pero la sangre ya se había coagulado, por lo que no era gran problema y el lugar donde pararon, una planicie donde había hierba abundante, sería al menos útil para poder defenderse, a no ser que el enemigo aprovechara las sombras de los árboles.

-¿De verdad? -No pudo alegrarse más cuando, al bajar de la montura, Curgo le entregó su tan preciada arma, de la cual en un principio pensó que se había separado para siempre- Muchas gracias -La tomó entre sus manos y luego la envainó, colocándola donde correspondía y se le escapó dar un beso en la mejilla al hombre a modo de agradecimiento-...ejem -Miró hacia otro lado por unos segundos, luego volvió a mirarle y sonrió-. Su nombre es Dolin, lleva conmigo demasiados años.

Ambos estaban algo más alejados del otro grupo, es decir de Furalter y su señora más el otro humano, cuyo primer miembro estaba a punto de despertar de un momento a otro. Claro que a eso poca atención podía prestar en aquel momento cuando su compañero se le echó en los brazos de forma cariñosa, ella le devolvió un abrazo y dejó que la cogiera segundos después de las manos:

-Ay, querida mía...-Su sonrisa se ensanchó conforme le escuchaba hablar pero esas palabras confirmaron sus primeras sospechas sobre lo ocurrido en la cena que tuvieron; ella no era la única que recordaba ciertos ''detalles''-. Siempre tendré ganas de volver a verte...y de que vuelvas a invitarme a una cena...gratis -Rió un poco por lo último que dijo, haciendo referencia esta vez a lo cómico que resultó lo ocurrido con el muchacho que actuó en el restaurante que estuvieron.

Después de algún que otro comentario más y de que, bajo la risa de Lida, Curgo afirmara que aquellos aeros eran su recompensa por el tan problemático cofre, pudieron oír cómo el señor Furalter comenzaba a hablar y en un primer momento soltó un grito ahogado de sorpresa al encontrar el rostro de su mujer cuando abrió los ojos.

-¡No...! Espera...¿eres tú, querida? -La muchacha no pudo evitar acercarse, cogiendo a Coraco de las riendas para que no se quedara atrás y esperando que Curgo viniera también, el pobre dragón parecía haber despertado de una pesadilla-...creía que habías muerto, los elfos me dije...-Lida no pudo evitar interrumpir lo que iba a decir-. No se preocupe, todo ha pasado, nada de elfos ni de maldiciones, déjelo en el pasado -La mujer del señor asintió con una sonrisa y alguna que otra lágrima de emoción, ninguno de los presentes iba a reprocharle nada al pobre hombre por lo sucedido.

La morena guiñó un ojo a Curgo con complicidad y queriendo decir que habían hecho un buen trabajo en equipo, había sido uno de sus líos más complicados y aún podían seguir estando en peligro, desde luego descansarían unas horas pero en cuanto tuvieran las fuerzas renovadas aunque fuese la mitad, saldrían a toda velocidad de aquel al que llamaban el Bosque de Sandorai.
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