The bear and the maiden fair [Libre]

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The bear and the maiden fair [Libre]

Mensaje  Honoo Brænding el Mar Jul 28 2015, 04:46

Karalynn, su yegua y yo habíamos partido desde la cabaña de los cazadores, hogar de Karalynn, y durante el camino había tenido que aguantar a la pestilente criatura que esta montaba y la tensión entre el animal y yo se hacía más presente con el tiempo. Los resoplidos del animal eran acompañados por graves gruñidos míos, que pasaban inapercibidos por Karalynn pero el caballo era capaz de oírlos, acompañados del levantamiento de mis morros que dejaban mostrar mis dientes, algo que ni el caballo ni Karalynn eran capaces de ver puesto que aún me cubría el casco de metal cedido por Karalynn en su intento de hacerme pasar por un biocibernético en pos de darme una apariencia más amistosa para los habitantes de Lunargenta. La yegua había cambiado su forma de andar y levantaba más de lo normal sus cascos al andar, ambos estábamos nerviosos y nada conformes con la compañía que se nos había dado. Para empeorar mi humor la cota de malla junto con las placas de hierro y mi espeso pelaje hacían que tuviera un calor abrumador, algo que me hizo sudar bastante durante todo el camino. La sed y el hambre hacían que me irritase con mayor facilidad, una mezcla explosiva dado el estrés que provocaba el caballo en mí.

Finalmente paramos en una pequeña charca para que el caballo bebiese, algo que me dio un descanso. Avancé hacia el agua seguido por Karalynn que parecía no tener intenciones de desmontar al animal. Hundí la cabeza en el agua y empecé a beber del agua que se filtraba a través del casco, levanté la cabeza mientras el agua chorreaba de la pieza metálica y contemplé que la yegua estaba demasiado cerca de mí, no tuve la mejor de las reacciones y la yegua lo tomó como un ataque inminente. Resuelló, se giró y me propinó una coz en el hombro. Ante el brusco movimiento del caballo Karalynn se precipitó contra el agua de la charca. Rugí encarando a la bestia que acababa de lanzar a la chica desde su grupa y esta me respondió de nuevo con otra coz, justamente en el lugar que más temía, el casco... Afortunadamente el golpe solo hizo que el casco saliera despedido de mi cabeza y fue a parar cerca de Karalynn la cual se incorporó justo para ver como me abalanzaba sobre el caballo para morderle uno de sus cuartos traseros. Clavé mis garras en la grupa y salté sobre el animal, subiéndome encima de el y mordiéndole la columna desde su espalda. La yegua soltó un relincho y cayó al suelo, aproveché el desvanecimiento del animal para colocarme mejor sobre este y morder con más fuerza hasta que escuché como crujían sus vértebras bajo mis diente.

La sangre brotaba con violencia desde las heridas que acababa de infligir a la yegua, que yacía muerta en el barro, y fluían hasta el agua, rodeando a Karalynn que contemplaba la escena con una expresión indescriptible. No pasó mucho hasta que la furia embulló a la muchacha, levantándose de golpe y lanzándome una mirada que me atravesó como si de una lanza se tratara.

¡Tortellini tenía razón! Me gritó.

No terminé de entender la razón del enfado de Karalynn, simplemente me había defendido del caballo aunque ahora la chica ya no tenía montura. Avanzó chapoteando hacia mí y el cadáver del equino que yacía con los ojos abiertos. Cuando llegó hasta mí simplemente me preguntó -¿Qué has hecho? Con un atisbo de tristeza al contemplar la escena, mis orejas se inclinaron hacia atrás en sentido de arrepentimiento. No aguardó a una respuesta, se dio la vuelta y volvió al agua, agarró el casco y retornó hacia mí. Intenté decir algo, pero como de costumbre las palabras no abandonaron mis labios. Me colocó el casco de nuevo y me dio la espalda mientras avanzaba rumbo a Lunargenta.
Vete. Dijo sin voltearse mientras seguía avanzando.

No podía dejarla, y aunque me tentaba la idea de alimentarme del animal sobre el que aún estaba me dirigí hacia ella. Pasaron unos pocos minutos mientras seguía avanzando a sus espaldas hasta que finalmente logré ponerme a su altura, introducí mi cabeza entre sus piernas y la empujé con el cuello hasta que la chica estaba sobre mis hombros mientras yo seguía avanzando a cuatro patas.
Yo ahora tu caballo... Dije en un tono suave intentado disculparme de alguna manera. La chica respondió dándome un golpe en el hombro, justo el lugar donde hacía un cuarto de hora el caballo me había proporcionado una tremenda coz, no pude evitar soltar un pequeño quejido pero no detuve mi avance. La chica no parecía excesivamente contenta tras el cambio pero no bajo de mis espaldas.

Continuó el viaje junto a varios comentarios de Karalynn, algunos se limitaban a un simple refunfuño tras la pérdida del animal.

Finalmente llegamos hasta la entrada de Lunargenta, sus murallas eran posiblemente la construcción más grande que había presenciado, al menos desde que había perdido mi memoria. La chica desmontó de mi espalda para que mi presencia fuera menos sospechosa y me pidió que andase erguido mientras estuviera en la ciudad ya que mis andares cotidianos revelarían mi naturaleza. Inmediatamente comencé a andar de forma bípeda. No pasó mucho tiempo hasta que uno de los guardias se percató de nuestra presencia.

¡Alto! ¿Quienes sois? Preguntó uno de los guardias que iba ataviado con una reluciente armadura y una alabarda que parecía tremendamente afilada.
Karalynn se apresuró a responder antes de que yo metiera la pata de alguna forma. Saludó y me presentó como un biocibernético y a ella misma como mi protegida. Según ella había sido mandada desde el sur para un propósito que no especificó.

El guardia levantó su visera y nos examinó de arriba a abajo con la mirada, perecimos caerle en agrado puesto que dejó que continuásemos nuestro camino sin más cuestiones, algo que relajó a la chica enormemente.

Tras atravesar los muros principales de la ciudad nos encontramos en medio de grandes calles llenas de un bullicio considerable. Algunas personas iban a caballo y otras simplemente continuaban con sus labores cotidianas, la gente salía de los edificios y entraba en algunas tabernas en las que parecían servir buena comida. Era una explosión para mis sentidos, los olores me inundaban y todo lo veía a través del rojizo vidrio de las lentes de mi casco. Aún así no me sentía incómodo, la chica no se apartaba de mi lado y me guiaba entre las calles.

Pero su relajación cayó en picado mientras avanzábamos cerca de unos puestos de fruta. Mi mente estaba distraída ante tal novedad y al ver la comida no pude controlarme, agarrando un par de frutas que intenté introducir por debajo del casco y empecé a comerlas. Al mismo tiempo que Karalynn se dio cuenta de lo que estaba haciendo también lo hizo el tendero, que no tardó tiempo en llamar mi atención y reclamar el valor de la fruta que yo seguía comiendo con el casco puesto haciendo caso omiso de lo que el tendero trataba de decirme. Cogí una de las frutas y se la di al tendero, el cual lo tomó como una especie de broma de mal gusto. Al ver que no estaba contento con la fruta que le había dado cogí un montón y volví a dárselas, algunas incluso cayeron rodando por el suelo y el tendero se sulfuró terriblemente, comenzando a gritar a los guardias para que acudieran en su ayuda.

Karalynn por su parte me tomó del brazo y empezó a tirar de él para que abandonásemos el lugar, empecé andando y ella aceleró el paso. Al poco habíamos echado a correr dejando atrás al tendero y a los guardias que se aproximaban a él. Comprendí entonces que la chica estaba tratando de huir con rapidez de la zona, así que la tomé en brazos y comencé a correr dando zancadas enormes sin un destino en concreto, intentando poner el mayor espacio entre nosotros y el puesto que acabábamos de abandonar hacía escasos segundos. No tomó mucho despistar a los guardias de la ciudad, pues simplemente tuve que torcer un par de esquinas y seguir las indicaciones que Karalynn me iba dando. Gracias a mi velocidad pronto estuvimos lo suficientemente lejos como para que fuese imposible que nos localizasen de nuevo.

La noche empezaba a caer y el cielo se tiñó de un color anaranjado, iluminado solo por las últimas luces del día reflejadas en las capas superiores de las nubes.

Deberíamos encontrar un lugar para dormir y comer algo. Dijo arqueando una ceja, posiblemente haciendo referencia al último acontecimiento con el tendero. Afortunadamente no muy lejos encontramos una posada que parecía suficientemente vacía, algo que sin duda nos ahorraría muchos problemas. La posada se dividía en dos secciones, una constaba de escaleras que llevaban a un piso superior, en el cuál se suponía que estarían las habitaciones, la otra se trataba de un largo salón plagado de mesas de madera que parecían de un roble de buena calidad. Nos sentamos en una mesa alejada, cercana a una esquina, siendo atendidos casi de inmediato por un camarero que había permanecido al fondo de la sala.

Para sorpresa del camarero Karalynn comenzó a pedir mucha comida, no tardó mucho en comenzar a llegar platos repletos de comida. Intenté no mirarla demasiado, pues no era consciente si ello nos traería problemas, pues la inmensa mayoría de los problemas que había traído a la chica habían estado relacionados con alimentarme y temía que aquello pudiera traer más disgustos. Mis ojos se iluminaron ante la permisión que Karalynn me dio para comer y me abalancé sobre la comida con un supremo énfasis. La gente que estaba en la taberna observó con curiosidad la escena, pues era raro ver a un biocibernético comiendo y más a la velocidad a la que lo engullía todo.
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Re: The bear and the maiden fair [Libre]

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Mar Jul 28 2015, 23:36

“Si que estabas hambriento…” aunque lo dije, realmente fue un pensamiento que se me llego a escapar. Era evidente que la criatura tenia un hambre inmenso. Llevaba días y días sin  llevarse nada a la boca. Todavía estaba bastante molesta con lo que había hecho contra mi yegua, a la cual le tenia un gran aprecio. La quería muchísimo, y era la primera razón por la que me había marchado del sur hacia el norte. Ella me había llevado hasta Lunargenta, desde la ciudad costera del sur donde nací. Aquello no podía olvidarlo, y lo que le había hecho a la yegua aquella criatura, menos. No podía evitar recordarla constantemente, y al fin y al cabo no había pasado ni siquiera un día desde lo sucedido. “Por que lo has hecho?” le pregunte, con verdadera curiosidad. “Eres así? Eres una bestia violenta? Solo te gusta matar y sacrificar? De verdad eres así?”

Deje escapar un largo suspiro pero no volví a decir nada mas, lo deje comer. Pensé que no era un buen momento para hacerle esa clase de preguntas, por mucho que me reconcomieran. Pero me preocupaba, me preocupaba verdaderamente que aquel ser se estuviera comportando de aquel modo, porque aunque tratara de ayudarlo desde que lo ayude a escapar de entre los esclavistas, y me hubiera acabado sintiendo responsable de el, no podía permanecer con esa criatura si seguiría siendo de aquel modo siempre.

“Me preocupas. Me da miedo que puedas hacer cualquier barbaridad mas en cualquier momento. No se si puedo confiar en que podrías aguantar, en si podrías no hacer nada mas malo.” Y aquello lo dije con sinceridad.

Quería ayudarlo, pero seria abismalmente difícil en el caso de que continuara haciendo aquella clase de cosas. Los hombres que bebían hasta hartares en aquel lugar, nos miraban con cierto recelo. Era un biocibernético, y ya de por si muchos humanos sentían una sensación de respeto temeroso por ellos, pero al mismo tiempo cierta rabia. No les gustaba a muchos, ser controlados o vigilados por aquellas criaturas, muy pese a que gracias a estas, no pudiera entrar los terráqueos. Miraban a Honoo con desprecio, incluso, mientras lo veían comer. Y uno de los hombres  que estaba mas bebido de cuanto era recomendable, se puso en pie y se acerco a nosotros, a nuestra mesa. Este hombre reía frenéticamente, mientras todavía alzaba una jarra enorme de madera, con un liquido rosado en su interior.

“Tu, montón de hojalata. Que demonios haces aquí? Es que no te fías de nosotros?” pregunto, con una voz bastante difícil de entender, debido a su estado. “Que sepas que nos portamos bien, muy bien. Y si la chica que te acompaña quiere que nos portemos aun mejor con ella, lo haremos si lo desea”. Luego dejo escapar una repugnante carcajada. “Podemos defendernos solos, lo sabias, Bio de pacotilla?”

“Déjalo tranquilo” interrumpí yo al individuo. “Esta temporalmente, por una misión de importancia. No creo que le hiciera gracia al rey de Lunargenta, saber que un borracho estúpido como tu esta interfiriendo en los planes de importancia que tiene el”.

“El rey” soltó una carcajada. “El rey. Hablas en serio? El rey me puede oler el pie.”
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Re: The bear and the maiden fair [Libre]

Mensaje  Honoo Brænding el Miér Jul 29 2015, 13:07

No pude evitar dejar de comer mientras Karalynn me hablaba, sus palabras me afligieron enormemente y más aún la mirada con la que lo dijo. Desde que nos habíamos encontrado solo le había causado problemas, mi misma liberación había sido un problema... Pero la mayoría de los acontecimientos habían ocurrido bajo la motivación del hambre. La cabra de Tortellini, matar a la yegua y la fruta del mercado. No dejaban de ocurrir desgracias a mi alrededor, muchas veces por malentendidos ya que me costaba comprender las extrañas relaciones que establecían los humanos, al fin y al cabo éramos especies totalmente diferentes... Pero el mayor fallo había sido matar a la yegua, sin embargo aún me preguntaba cómo debí responder ante el ataque del caballo, cuando tiró a Karalynn y casi me rompe la mandíbula de una coz...

Finalmente la chica dejó de hablar y sus palabras terminaron por ser como una serie de estocadas a mi corazón, acabando como una lanzada que sentía que me hubiera atravesado el alma. La chica no confiaría en mí...

Entonces fue cuando un hombre que apestaba a sudor y alcohol se acercó a nosotros ofreciéndonos nada más que insultos e insinuaciones hacia Karalynn aunque no fui capaz de entender por completo lo que quería decirnos, puesto que le costaba vocalizar más incluso que a mí, probablemente por su estado, aún así sabía que no había venido con buenas intenciones.

Karalynn respondió al individuo el cual simplemente rió. La situación se tornaba más tensa, mientras tanto yo seguía comiendo cuanto podía, no sabía cuando volvería a hacerlo. Fue entonces cuando el beodo volvió a dirigirse a mí.

¿Es verdad que no podéis dañar a los humanos, maldito engendro metálico? Dijo el hombre mientras me daba un golpe con su jarra en el casco. El golpe no me dolió pero sí encontré tremendamente molesto el sonido que hizo, puesto que golpeó muy cerca de mis orejas y el casco metálico actuaba como una especie de caja de resonancia. No aguanté más, tiré la silla hacia atrás mientras me levantaba y me quité el casco mientras me giraba hacia el hombre, emitiendo un potente rugido que incluso hizo que pequeñas gotas de saliva y diminutos trozos de comida acabasen en la cara del hombre. La sorpresa fue abrumadora, el hombre perdió el equilibrio y cayó sentado al suelo con el miedo reflejado en su cara. Afortunadamente pude salvar la jarra, ya que el hombre la soltó en el aire y pude agarrarla haciendo un alarde de mi agilidad, aunque la bebida olía extraña la comida me había dado sed y aquel hombre no había muerto después de beberla por lo que me la llevé a los morros y comencé a darle largos tragos en los que sentí como quemaba mi garganta por dentro. Solté un resoplido tras apartarme la jarra de la boca, era obvio que no me había gustado el trago, sabía muy amargo y ahora notaba extraña mi lengua, incluso mi cuerpo lo tomó como algo asqueroso por lo que empecé a salivar en un esfuerzo por eliminar el sabor de mi boca. Volví a sentarme con el casco y la jarra en las manos, sacando mi lengua y raspándola con mis dientes.

Sus compañeros al ver la escena, que en cierto modo había sido cómica, se rieron del hombre, aunque durante el rugido el local se había tornado con un silencio sepulcral.

¡E-E-Es un monstruo! Dijo el hombre señalándome con el dedo aún en el suelo, ni tan siquiera lo miré, estaba más entretenido con el muslo de pollo que había dejado a medio terminar en el plato.

Solo es un hombre bestia jajajajaja. Rió uno de sus compañeros mientras tomaba un gran trago de la jarra que sostenía al fondo de la habitación. Aunque he de admitir que es uno bien grande, 3 centímetros más y seguro que hasta te habrías cagado encima. Volvió a reír, esta vez acompañado por la risa de los demás hombres.

El beodo se levantó de suelo, intentado salvar algo de la dignidad que había perdido hacía unos instantes. Se acercó a mí para recoger la jarra que reposaba a mi lado, mi respuesta fue enseñar los dientes junto a un gruñido con lo que el hombre apartó rápidamente la mano y volvió junto a sus compañeros, intentando salvar algo de su honor.

Volví a colocarme el casco como pude y miré hacia Karalynn, la cual había contemplado la escena sin mediar palabra alguna.
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Re: The bear and the maiden fair [Libre]

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Jue Jul 30 2015, 16:27

“Pero… pero… has dicho que era un maldito robot, desgraciada, asquerosa” protesto el individuo. Entonces me gire hacia el levantando la cabeza levemente.

“Si no quieres que te arranque el brazo de un mordisco, sera mejor que te calles y no llames mas la atención, imbécil” le espete.

El pareció estar de acuerdo con la idea de no hacer mas caso a la criatura Honoo. Volvió con su gente y tomo una jarra nueva, que se llevo a la boca, bebiéndola de pocos tragos. Parecía no creer lo que había sucedido, y su orgullo no hacia mas que hacer que quisiera emborracharse y olvidarse totalmente de lo sucedido. Dirigí mis ojos a la criatura, que ahora comía en su impresionante tranquilidad. Parecía que no hubiera pasado nada, que seguía comiendo como si nada de aquello hubiera pasado, como si no hubiera acabado con la vida de mi yegua antes, como si no hubiera venido de una agrupación de esclavistas. Como si simplemente fuera un animal comiendo, una vaca pastando o un león comiendo su presa.

“Come cuanto puedas, así al menos me cerciorare de que no volverás a llamar la atención por cualquier cosa que hagas debido a la hambruna” le dije, mientras con tranquilidad tomaba una jarra que me acababan de traer. “Y no bebas lo que los demás beben. Si quieres beber, mejor házmelo saber y te daré agua, pero no bebas esto. Una criatura tan grande como tu no debería tomar esas cosas, a lo mejor podría perturbar tus pensamientos para mal.”

Lo que temía era que Honoo, en su embriaguez, pudiera salir danzando de la taberna e ingiriera al primer humano que pasara delante de el. Tal vez lo mas inteligente habría sido llevarlo lejos de allí, no introducirlo en el centro de la ciudad Lunargenta. Pero había pensado que lo mejor era llevarlo allí, que era el mismo lugar donde yo tenia que ir en aquellos momentos, y comprar algunas cosas, además de permitir que la criatura tomara los alimentos que quisiera. Además, no era raro ver algún que otro biocibernético por la ciudad de vez en cuanto, y por lo tanto, era mas probable que le dieran menos inconvenientes estando allí, que en cualquier poblado de menor población, donde cualquier aparición inusual (como la del biocibernético) podía llamar la atención inmediata. En cambio en aquella taberna, lo único que había pasado era que se había desarrollado un pequeño conflicto, pero el habitual que era propio de tabernas como aquella. Estaban todos borrachos, así que probablemente al día siguiente nadie lo recordaría.

“Estoy pensando en pagar por una habitación para ti. Estarás cansado, y después de comer sera mejor que te eches un rato”. Le sugerí. Seguía sin estar segura de si me entendería cada vez que yo le hablaba. Hasta el momento había demostrado comprender las cosas… a su manera.
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Re: The bear and the maiden fair [Libre]

Mensaje  Honoo Brænding el Jue Jul 30 2015, 19:38

Tras el insignificante conflicto pude disfrutar de la comida aunque la bebida me había sido retirada no era algo que me molestase, pues no había acabado por ser de mi agrado. No sabía muy bien por qué aquellos hombres la bebían, supuse que el sabor les agradaría igual que las vacas comían el pasto que encontraban. Observé como Karalynn la bebía, mientras yo seguía atacando sin cesar la comida que me habían servido. No pasó mucho tiempo hasta que ya no quedaba comida y sinceramente no sabía si podía comer más, estaba lleno, algo que me apaciguó enormemente.

Karalynn se levantó de la mesa haciéndome señas para que la acompañase hasta la entrada de la posada, saliendo del ala que incluía la taberna.. Allí se dirigió hacia un barbudo hombre al que pidió 2 llaves de las habitaciones por las que pagó una cantidad bastante aceptable de monedas junto a lo que habíamos consumido en la taberna. Fue entonces cuando procedió a subir las escaleras mientras yo la acompañaba. Había elegido habitaciones contiguas por lo que no dormiríamos muy lejos.

Esta es tu habitación. Dijo mientras tocaba la puerta con la mano. Aquí podrás dormir hasta mañana sin problemas, seguro que agradeces una cama. Dijo con una pequeña sonrisa. Abrió la puerta y me dio una de las llaves tras abrir la puerta. Colé la cabeza para inspeccionarla. El suelo y las paredes eran de madera, al fondo había una cama junto a una mesa con una silla acompañada por un pequeño taburete en el cuál solo cabría una de mis zarpas, imposible de usar para algo de mi tamaño. Miré a la chica y me hizo señas para que entrase, tras pasar me deseó buenas noches y cerró la puerta.

Avancé por la habitación y dejé la llave sobre la mesa. Seguido de esto me acerqué hacia una pequeña ventana que se ubicaba encima de la cama. Me senté allí y observé por ella, aún con su tamaño era capaz de observar los techos de los edificios colindantes y sobre ellos una luna que casi rozaba su cenit y su plenitud. La noche había caído sobre la ruidosa ciudad y ahora solo el silencio la guardaba a excepción de las personas que ocupaban algunas tabernas cercanas y un par de personas que avanzaban por la calle charlando con normalidad.
Me tiré desparramándome sobre la cama, mirando hacia la puerta, preguntándome cuando aparecería Karalynn...

Pasaron horas sin ningún ruido y yo seguía sin conciliar el sueño, simplemente seguía en mi misma posición, mirando a la puerta como si mirase el fin del universo. Sentía como si la habitación se hiciera cada vez más pequeña, como si aquellas paredes fueran la misma jaula en la que me pasé tanto tiempo. Me levanté sobre la cama y empecé a girar en ella para volver a tumbarme mirando hacia la ventana por la que ahora solo se veía la luna y la pálida luz que esta irradiaba. Siguió pasando el tiempo y solo una pregunta acechaba en mi mente, ¿cuándo volvería la chica?.

No pude dormirme, me parecía algo imposible aunque hubiera comido y no tuviera sed. Decidí bajarme de la cama escuchando como crujían los tablones de madera al volver a su posición ahora que mi peso no reposaba sobre ellos. Me dirigí a la puerta a cuatro patas y abrí el manillar. El pasillo estaba a oscuras, acompañado por un solemne silencio que intentaba no romper con mis pisadas. Cerré la puerta tras de mí girándome torpemente por el pasillo que era obvio que no estaba diseñado para albergar a algo de mi tamaño. Miré hacia la puerta de Karalynn y decidí abrirla con sumo cuidado, la puerta cedió y contemplé la escena. Sus ropas estaban tiradas por el suelo justo sobre una alfombra que decoraba la habitación ,muy parecida a la mía, y allí estaba ella, arropada y bañada por la luz de la luna que hacía que su piel fuera más blanca de lo que era. Dormía en tranquilidad y así seguiría si no hacía ruido. Cerré la puerta con sumo cuidado y decidí echarme sobre la alfombra y por ende sobre su ropa que aún estaban impregnadas con su olor. Mi cabeza se dirigía hacia la puerta, puesto que si mirase hacia la cama mi hocico se vería bajo ella debido al espacio. Finalmente pude conciliar el sueño, escuchando la tranquila respiración de la chica que dormía a mis espaldas.

Las horas avanzaron y ya no se escuchaban ruidos en la calle, las tabernas habían cerrado y ahora se encontrarían desiertas a excepción de los guardias que realizaban su ronda y emitían ruidos metálicos al moverse con sus armaduras por las calles.

Escuché un crujido cercano y mis ojos se abrieron como platos, aún somnoliento escuché pisadas en el pasillo, se acercaban poco a poco y se detuvieron justo delante de la puerta de la habitación. Algo no andaba bien, empecé a olfatear suavemente el aire y pude notar un olor familiar, antes de que la puerta se abriese ya sabía quien se encontraría tras esta. Mis morros se levantaron enseñando los dientes a la vez que la puerta comenzaba a abrirse. Observé una sombra que portaba algo brillante en la mano, una daga iluminada solo por la selénica luz reflejada en el acero. Mi reacción fue inmediata, me lancé sobre la sombra mordiéndole la mano que portaba el arma, sucediéndose un grito de dolor inmediato que despertó a Karalynn. Con un movimiento de mi cuello lancé el cuerpo hacia la habitación y me tiré encima del hombre. Karalynn se apresuró a encender una de las velas de la habitación y su luz reveló la identidad del acechador nocturno, era el borracho de la taberna.

¡Borracho estúpido!. Casi rugí imitando la forma en la que lo había nombrado Karalynn con anterioridad
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Re: The bear and the maiden fair [Libre]

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Jue Jul 30 2015, 21:55

Los sueños son algo de lo mas curiosos. No los llegas a comprender en ningún momento de la vida, solo en alguna ocasión eres capaz de justificar la razón de ser de estos, y cuando lo llegas a comprender, suele ser siempre demasiado tarde. Aquella noche estaba teniendo los peores sueños que había a tenido en mucho tiempo. De hecho hacia mucho tiempo que siquiera dormía algunas horas escasas, y las pocas horas que dormía, rara vez tenia algún sueño. Siempre veía la misma imagen, el rostro ensombrecido por la escasa luz de un atardecer, de mi madre. Las pocas veces que soñaba con algo era con ella, y siempre mostraba la misma expresión de inmensa decepción. Me repetía de alguna forma, sin que sus palabras saliera n de sus labios, sino que estos se vieran introducidos en mi cabeza como si formaban parte de mis pensamientos, unidos a los de ella, que todo lo que había hecho lo había hecho mal, que no había elegido el camino correcto. Y lo peor de todo: que la había abandonado a ella y a mis hermanos.

Pero aquella noche el sueño fue mucho mas lejos. Estaba Honoo allí también, en mitad de mi sueño. El mismo rostro ensombrecido de mi madre, mirándome con aquella inmensa decepción tan doliente. Y estaba mi hermano pequeño abrazado a ella, como si yo fuera una criatura capaz de causarle algún mal. De pronto me gire hacia mis espaldas, mas allá estaba la puerta de mi antiguo hogar, que estaba abriéndose. Tras ella, la figura, y únicamente la figura, de mi padre. Esta figura iba creciendo progresivamente, hasta que su cabeza llego al techo, y aquel que antes había sido mi padre, era ahora una gigantesca criatura de gran pelaje. Apretó sus garras contra las gargantas de mi hermano y mi madre, y los desangro, dejándolos allí tendidos en el suelo. Me levante precipitadamente, y la escena con la que me encontré, fue de lo mas inesperada. En cuanto note una cantidad importante de ruidos, busque la vela mas próxima y la encendí. Vi como Honoo estaba sobre un hombre, aquel que antes nos había hablado durante la cena, el borracho.

“Borracho estúpido!” exclame, aunque había deseado decir algo peor, pero no surgió de mi. “Que demonios te crees que haces aquí?”


Y lo mismo me preguntaba respecto a Honoo, pero por lo que veía, había acudido en mi ayuda al instante. O tal vez llevaría mas tiempo en la habitación, del que podía imaginar? Me sorprendió entonces no haber despertado antes, cuando yo poseía una inmensa agudeza auditiva, y generalmente despertaba por el mas mínimo sonido audible. El hombre intentaba estirar su brazo izquierdo, para tomar el cuchillo que se le había escapado de las manos con anterioridad. Me acerque corriendo hasta el cuchillo, cubierta únicamente con la manta que me había tapado en la noche del frio, y le pise el pie, tomando entonces con mis manos el cuchillo. Luego clave su punta sobre el dorso de la mano del individuo, el cual soltó un grito inmenso.

“Das autentico asco. No se ni por que te dejare vivir” masculle. Me gire un segundo hacia Honoo, pero no le dije nada. Luego volví la vista hacia el hombre, y poco después hacia la puerta, pues alguien mas había llegado. El tabernero.

“Que demonios es este escandalo?!” pregunto este. “Entiendo las peleitas propias de las cenas, pero esto?! Que es esto?!”

“Ha entrado sin permiso alguno. Deberías regular mas los movimientos de la escoria” dije.

“La criatura ha acudido en tu ayuda?” pregunto el tabernero. Estaba claro que ya sabia que no se trataba de un biocibernético. “Si así ha sido, mañana acude a la hora de comer, y te daré toda la carne que quieras” esto ultimo se lo dijo a Honoo. Se acerco al individuo y le extrajo el cuchillo de la mano, me lo lanzo, tomándolo yo con mi mano izquierda por la empuñadura, y tomándolo por el otro brazo se lo llevo por el pasillo, y luego escalera abajo. Me pregunte si lo presentaría ante la guardia, o recibiría la penalización correspondiente.

Luego volví mi mirada hacia Honoo.

“Has venido en mi ayuda?” le pregunte. “No antes, verdad?”
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Re: The bear and the maiden fair [Libre]

Mensaje  Honoo Brænding el Jue Jul 30 2015, 23:46

Cuando Karalynn clavó la daga sobre la mano del hombre me aparté, no se escaparía a ningún lado mientras tuviese el cuchillo clavado en la mano. Entonces llegó el tabernero, ante su oferta levanté la cabeza y me relamí en signo de aceptar por completo esta. Tras la marcha del hombre, y el beodo que iba dejando un rastro de sangre allá donde lo arrastraban, volví a mirar hacia Karalynn para encontrarme con sus ojos y sus preguntas. No respondí ante ellas, solamente bajé las orejas y me volví a tumbar en el suelo en signo de sumisión y para demostrarle que quería quedarme allí, le sería difícil arrastrarme fuera de la habitación.

La respuesta no fue necesaria para que Karalynn descubriese que efectivamente había estado allí desde hacía un buen rato, sus ropas estaban calientes porque me había tumbado sobre ellas y había dejado varios pelos tras mi sueño.

Está bien, puedes quedarte, pero no te muevas de ahí. No quiero que vayas dando vueltas por la posada a estas horas ni que me despiertes. Dijo la chica que volvió a la cama con la esperanza de volver a conciliar el sueño, aún a sabiendas que no sería esa su suerte.

A medida que fueron pasando las horas la luz fue entrando en mayor cantidad por la ventana hasta que el sonido de los pájaros marcó el final del amanecer y el comienzo del día.
Karalynn se recostó contra el cabezal de la cama, tapándose con sus sábanas, volviendo a encontrar nuestros ojos de inmediato mientras yo levantaba mi cabeza hacia ella.

¿Tú tampoco has dormido? Preguntó la chica, mi única respuesta fue un resoplido mientras me estiraba en el suelo aún vestido con la armadura y el casco.

Necesito que salgas de la habitación, tengo que vestirme y asearme un poco, nos encontraremos en el pasillo de nuevo... Dijo haciendo un gesto con la mano pidiendo que saliese de la habitación. Inmediatamente me levanté, me dirigí hacia la puerta, la abrí y salí fuera cerrándola tras de mí. Nada más salir mi única acción fue sentarme en el suelo y volver a tirarme en él soltando un gran bostezo mientras contemplaba las gotas de sangre que seguían el camino marcado por la herida del hombre por las escaleras, y fue entonces cuando recordé la oferta del hombre. Me levanté y seguí el rastro bajando las escaleras, el rastro terminaba en la puerta de salida pero olfateé el aire y comencé a buscar la cocina. No me costó demasiado encontrarla, pues se encontraba al final de la taberna. Antes de entrar en esta decidí erguirme puesto que me sería más fácil encontrar cualquier comida de este modo.
¡Ah! Gritó una mujer nada más verme entrar.
¿Qué ocurre? Preguntó el tabernero apareciendo al instante. Oh, eres tú. No te preocupes Bridget. Dijo el hombre mientras ponía sus manos sobre los hombros de la mujer. Supongo que vienes a por tu recompensa, ¿por lo de esta noche, verdad? Preguntó el hombre.

Mi única respuesta fue un asentimiento de cabeza, tras esto el hombre empezó a buscar en una alacena que había en la cocina.
Ayúdame a sacar esto. Dijo el hombre mientras intentaba sacar un cuarto trasero de una res. Era sin duda una pata bien grande, podría pesar tranquilamente 50 kilos. Ayudé a aquel hombre a levantarla de un garfio que la sostenía y la depositamos encima de la mesa.

¿Sabes Bridget?, este hombre salvó anoche a una de nuestras clientas. Garren, ese puto borracho, entró por la noche en una habitación armado con una daga con intenciones que solo los dioses conocen y él le detuvo. Dijo a su mujer mientras agarraba un cuchillo de carnicero y me preguntaba mediante signos cuánta parte de la pata quería, tras esto empezó a dar machetazos a la altura de la rodilla de la pata, separando el muslo de la pata en sí. Fue por lo que me tuve que ausentar anoche, ¿verdad, tipo grande? Esto... ¿Quieres que te cocinemos esto o así te vale? Preguntó agarrando con dificultad el enorme pedazo de carne. La mujer mientras tanto retomó sus labores mirándome por el rabillo del ojo constantemente.

A-Asado... Intenté pronunciar con dificultad. No necesitaba cocinar la carne para disfrutarla, pero sabía que Karalynn sí que la necesitaría cuanto menos caliente.

Perfecto entonces. Dijo el hombre mientras sacaba unas barras de pan recién hechas en el horno y metía la pata sobre una bandeja. Toma, para ti. Dijo con una sonrisa mientras me daba el pan entre paños. Esto tardará en hacerse, vuelve y podrás comértelo entero, aunque no sé si será suficiente para alguien de tu tamaño. Dijo entre risas.

Agarré los panes y me dirigí de vuelta a la habitación, justo cuando subía las escaleras me encontré con Karalynn a quien le caían algunas gotas de agua del mentón, seguramente acababa de limpiarse la cara.

Pan... Caliente... Dije mientras me acercaba a ella y le ofrecía una barra. Hay carne asándose el horno, para nostros . Dije intentando pronunciar la frase más larga que había dicho a la mujer, aún con varios errores al decirla.
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Re: The bear and the maiden fair [Libre]

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Vie Jul 31 2015, 14:28


– Vaya, así que estás pasándotelo muy bien tu solo, ¿eh? –pregunte a Honoo, un vez baje hasta la parte inferior de la taberna y lo halle comiendo sin cese alguno, aquello que le habían ofrecido.

Estaba contenta con él, muy contenta, más de lo que habría imaginado antes. Al fin y al cabo de haber estado sola, seguramente me habría visto en un importante apuro, y en cambio, habia estado el a mi lado en el momento más vulnerable que habia tenido tras mucho tiempo.

– Come algo tú también, muchacha –comento el tabernero–. Espero que hayas podido descansar bien, aunque imagino que después de lo sucedido, el descanso no habrá sido lo más cercano que abras tenido. Nos hemos ocupado del borracho, Garrett, un muchacho apestoso que estaría mejor entre rejas, de no ser porque el rey le tiene cierto aprecio.

– Solo los dioses comprenderían por que el rey le tiene alguna clase de aprecio… –comento su esposa, quien estaba preparando una bebida caliente. Supe esto último debido a que de la pequeña cazuela que estaba utilizando, salía un aroma dulzón y surgía un humillo producido por el calor del producto.

Entonces tome algo de pan y comí un poco de carne, aquella que estaba cocinada. Me sorprendió verla cocinada, pues habría imaginado que Honoo habría consumido aquella carne cruda, tal y como habia mostrado preferirla, en nuestra particular reunión con tortellini… mas no habia sido así, y en cambio Honoo estaba comiendo aquello cocinado. A lo mejor sencillamente solo habia pensado en mí. El pesar por haber perdido mi yegua, iba disminuyendo levemente, pero no dejaba de ser algo que habia pasado, y no hacía mucho tiempo todavía, no el suficiente como para olvidarlo y dejarlo pasar.

– Tengo que comprar algunas cosas en la ciudad… y hacer algunos recados. Además debo conseguir algún trabajo nuevo –le comente a Honoo, y debido a la presencia de los regentes de la taberna, al mismo tiempo se lo estaba contando a ellos–. En la casa de leñadores ya tienen mucha gente asique no me volverán a pagar por talar árboles. Y debido a eso, no tengo derecho a la cabaña donde siempre he estado, así que tendré que buscar urgentemente un nuevo trabajo, para al menos tener una habitación en la taberna.
– Podemos prestarte una de forma temporal si lo deseas –me dijo el tabernero con toda su amabilidad. Tenía una voz ronca pero que despedía una sensación de calidez, como la típica de alguien que se hacía confiar.

– Sería muy amable por su parte –reconocí–. Pero no me sentiría cómoda aprovechándome de su amabilidad, señor.

– Bueno, siempre puedes trabajar aquí, ¿no? –sugirió el tabernero–. Así no te deberías sentir culpable.

– Está bien, eso lo veo más razonable –reconocí–. Pero solo hasta que encuentre otro trabajo. Al fin y al cabo aun ayudándoos en este lugar, me sentiría como si estuviera aprovechándome de vuestra amabilidad, porque soy consciente de que realmente no necesitáis ayuda.

El tabernero sonrió con una sonrisa tremendamente afable, e hizo un gesto con la mano, para invitarme a que continuara comiendo. Luego volví la mirada hacia la puerta, y vi como algunas personas empezaban a entrar, seguramente para pedir algo que comer antes de retornar a sus labores rutinarias.

Cuando terminamos de comer, salimos de la taberna. Deje mis pertenencias en la misma habitación donde habia pasado la noche, después de que el tabernero me diera su permiso y me confirmara el hecho de que podría trabajar allí durante algunos días hasta que encontrara otro trabajo. Honoo iba a mi lado, pero esta vez no iba como un biocibernético, sino como la criatura que era, como el hombre bestia que era. Todavía no conocía demasiado bien sobre esos seres, de hecho no sabía lo más mínimo sobre ellos… habia llegado a pensar que tal vez se trataría de una especie de licántropo de mayor tamaño, pero no, no era así. Hombre bestia, así lo habían llamado en la taberna, e imagine que lo habrían llamado así por alguna razón. Caminamos por las cuantiosas calles de Lunargenta, observando multitud de tiendas que abrían a aquella hora. Nos acercamos a una pequeña tienda, de arquería. Allí compraría un nuevo carcaj y algunas flechas, pues no me quedaban ya de estas últimas.

– Me aguardas fuera un segundo? –le pregunte–. Espero que no te moleste. Tratare de no tardar.
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Re: The bear and the maiden fair [Libre]

Mensaje  Honoo Brænding el Mar Ago 04 2015, 14:05

Me senté sobre mis cuartos traseros observando desde las escasas ventanas de las que disponía la tienda cómo Karalynn hablaba con un hombre iniciando un trato. La chica me había quitado la armadura y el casco, finalmente podía caminar por la calle notando la fresca brisa de la ciudad. Preferiría haber conservado la armadura puesto que me incluso llegaba a agradarme su peso sobre mis hombros y me hacía gracia el incesante tintineo de esta al moverme pero no había hecho saber a esta mis gustos y aún así sabía que esta yacía en mi habitación por lo que podría recuperarla en cualquier momento. La gente caminaba por la calle en pos de sus labores cotidianas y estas rezumaban una notable tranquilidad y alegría, nadie había hecho noticia sobre mi presencia salvo alguna mirada curiosa que no desvelaba miedo alguno, tan solo la simple impresión de mi tamaño, algo que en cierto modo me tranquilizaba ya que Karalynn pensaba que la gente enloquecería al ver a un enorme oso blanco caminando por la ciudad, como si fuera estandarte de calamidades y destrucción, aunque este pensamiento era normal en la chica dados los anteriores desafortunados acontecimientos.

Mientras esperaba a la chica vi como no muy lejos de mí había una manzana en el suelo, no tenía hambre pero me acerqué hacia aquel olvidado manjar y terminé comiéndolo, para mi sorpresa no muy lejos había otro pedazo de fruta, en esta ocasión una pera, al igual que la manzana terminé por acercarme a ella y tras un par de olfateos acabé comiéndola. A una pequeña distancia encontré otra manzana de un color carmesí vivo que tenía una suculenta apariencia. Era impresionante la cantidad de comida que la gente tiraba en la calle, seguramente se habrían caído de alguna caja mientras la transportaba un carruaje, igualmente la perdida del descuidado mercader había sido mi gloria. Observé que en un callejón cercano había más y sin pensármelo dos veces proseguí comiéndolas, sin duda era mi día de suerte puesto que a mitad del callejón se encontraba la supuesta perdida caja del mercader que estaba hasta los topes de frutas, algunas incluso no había visto en mi vida. Mi felicidad rozaba un insospechado límite y mi paladar se deleitaba con el tesoro hallado.

Gozaba tremendamente de la suerte que había tenido, hasta que esta acabó. De la nada salió un hombre que saltó hasta mí, había bajado por completo la guardia y solo me había concentrado en el dulce regusto que sentía en el paladar. Aquel hombre llevaba una especie de cadena enganchada a un garfio que me clavó en mi hombro izquierdo e inmediatamente comenzó a tirar. El desgraciado había acertado justo entre mi espalda y mi omóplato, lo que hacía que sus tirones remitiesen justo en mi articulación. Me lancé sobre él levantando la garra que tenía libre pero no pude alcanzarle, otro gancho me perforó el antebrazo y tiró con una soberana fuerza mientras caía sobre mi mentón emitiendo un rugido de dolor. Los dos hombres no paraban de tirar e inmediatamente otra cadena me apresó mi pata izquierda, haciendo que no pudiera aguantar mi propio peso y finalmente cayese por completo al suelo. Intentaba liberarme como podía, pero el metal se había aferrado muy bien a la carne y solo conseguiría liberarme si me desgarraban por completo.

¡HAHAHAHAHAHAHAHA! Escuché una risa desde el fondo del callejón mientras una figura emergía de entre las sombras. Parece que Garrett estaba en lo cierto... Dijo mientras se acercaba con un cuchillo en la mano.
No recordaba la cara del hombre, pero sí su olor... Aunque este se entremezclase con el de mi sangre que ahora tapizaba los lugares donde habían clavado los garfios. Era uno de los esclavistas, algo que me sorprendió pues había aceptado que todos habían muerto tras el asalto de los bandidos. Inútilmente intenté lanzarme contra el hombre, pero los otros 3 que me agarraban pronto tiraron más aún de las cadenas mientras volvía a soltar un alarido de dolor.

Menuda bestia, es increíble que llegases justo al lugar al que te dirigíamos. Los dioses deben estarme muy agradecidos, aunque solo eres la recompensa de mi propio trabajo. Dijo el hombre mientras se sentaba en un barril cercano y ponía la punta de su cuchillo en la yema de su dedo índice y empezaba a jugar con él mientras le daba vueltas.
No ha sido fácil encontrarte, la verdad... Bueno, sí que lo ha sido. Garrett nombró que le había atacado una especie de oso blanco gigante y no se suelen ver por estos lares... De verdad que los dioses deben sonreírme... ¿Sabes cuanto podría valer tu cabeza, solo tu cabeza, sin nada con ella? Me podría sacar unos buenos Aeros y más si consigo venderte vivo... Así que se un buen chico y no me obligues a matarte. Dijo el hombre mientras se acercaba con el cuchillo en mano, mientras se acercaba intenté lanzarme contra él de nuevo, esta vez con una furia tremenda, tanto que los hombres que me sujetaban tuvieron que hacer un esfuerzo colosal para no caer al suelo, pero el dolor me venció y no pude dar un paso más mientras el hombre ponía su rostro a pocos centímetros del mío mientras volvía a emitir un rugido.

Patético... Solo eres una mole de músculos e instintos, ¿verdad? Dijo el hombre mientras ladeaba su cabeza hacia la izquierda y hacía un gesto con ella. No recuerdo nada más de aquello, todo se tornó negro y por un instante me pareció ver el rostro de Karalynn.

Cuando volví a abrir los ojos no tenía ni idea de donde me encontraba, me dolía la cabeza y casi ni podía mover los hombros. Miré hacia mi brazo solo par ver que estaba encadenado de él, con un metal oxidado justo encima de la herida que me habían ocasionado con uno de los garfios.

Me encontraba en una celda, más allá de mí solo veía unos barrotes que se fundían con la oscuridad y tras ellos un cuchillo saltaba de barrote en barrote.

Vaya, al fin te despiertas oso perezoso... Dijo el mismo hombre que me había apresado. Pensaba que las heridas te habrían hecho desangrarte, ¡pero mírate! Ahí estás, aguantando como la puta bestia desalmada que eres... Propició finalmente con una sonrisa tras la puerta de la puerta de la celda.

No me mires así... Pronto estarás fuera de aquí, uno de mis contactos se ha mostrado tremendamente interesado por ti, es un alquimista un poco ido de la cabeza, hablaba sobre que el pene de los osos es usado como afrodisíaco y no sé qué mierdas más... El caso es que me va a pagar una buena fortuna, aunque tuve que mirar si tenías una verga, no pareció molestarte mucho que mirase entre todo ese pelo... Me sorprendió mucho no encontrar un nido de garrapatas, pulgas o incluso una familia de zariguellas entre tanto pelaje, la verdad, pero parece ser que la chica con la que ibas te ha tenido bien limpito... En agradecimiento a Garrett por la información he pagado a un par de guardias para que lo dejasen salir de la prisión, un par de monedas en los bolsillos adecuados y todo es posible... Probablemente le vuelva a hacer una visita a la chica, creo que tienen algunas cuentas pendientes, ¿no es así? Sentenció finalmente el hombre con una sonrisa de oreja a oreja.

Me revolví como pude de mis ataduras, intentando liberarme, rugiendo con una mezcla de ira y de dolor.

Madre mía... Lo que tengo que ver... ¡EH, NO TE MUEVAS MUCHO, COMO SE TE ABRAN LAS PUTAS HERIDAS Y TE DESANGRES AQUÍ ME QUEDARÉ SIN UN PUTO AERO, JODIDA BESTIA! Gritó el hombre mientras daba un golpe a la puerta de barrotes con el pomo del cuchillo.

Tiré con una fuerza sobrehumana de la cadena, al menos la abrazadera estaba oxidada, si tiraba lo suficiente de ella era posible que partiese. Me agarré la muñeca con la zarpa izquierda, tratando de tirar con toda mi fuerza. Notaba como el metal se clavaba en mi piel y la cortaba pero me daba igual, tenía que salir de allí aunque fuese con una mano menos.

¿NO ME HAS OIDO, PUTO ENGENDRO? Preguntó el hombre entre gritos mientras daba una patada a la puerta.

Rugí mientras seguía tirando hasta que milagrosamente la abrazadera cedió aun dejándome un par de cortes en la muñeca. No perdí el tiempo, me tiré encolerizado contra la puerta mientras aquel hombre finalmente revelaba una cara de horror ante tal brutalidad. Plaqué la puerta con todo mi peso a la carrera, esta cedió por las bisagras y cayó sobre el hombre que soltó el cuchillo que se deslizó por el pasillo ante tal colisión.

¡Ayuda! Grito el hombre, fueron sus últimas palabras antes de que colase el morro entre los barrotes y mordiera su cara repetidas veces, la sangre empezó a brotar violentamente, tanto que se confundía si emanaba de la cara del hombre o de mi boca.
Inmediatamente aparecieron dos hombres con lanzas por los pasillos que pararon en seco durante un segundo contemplando la horrorosa escena pero que tras ello cargaron hacia mí con las lanzas apuntándome. Mi reacción fue la misma, cargar contra ellos mientras rugía. Una de las lanzas me pasó rozando la cara, la otra me atravesó las tripas para finalmente salir por mi espalda, aunque afortunadamente no había tocado ningún órgano importante. Mis zarpas cayeron sobre ellos mientras soltaba mordiscos a todo aquello que se ponía a la suficiente distancia. Uno de mis zarpazos impactó en el cuello de uno de los hombres, el que había fallado la lanzada, el otro fue víctima de mis colmillos que cayeron como decenas de dagas en su pecho mientras tiraba con fuerza con mi cuello.

Con ambos hombres en el suelo solo pude avanzar, no sin antes romper el mango de la lanza que dificultaba mi paso, aun así la punta seguía sobresaliendo de mi espalda. Corrí por los pasillos en un caos de gritos y sangre que se derramaba por doquier, tanto de hombres que intentaban cerrarme el paso como la mía propia, todo se tornó confuso, no recuerdo haber tenido más pensamiento que matar cualquier cosa que se interpusiera en mi camino, mi parte más animal había tomado por completo el control.

Lo siguiente que recuerdo con claridad es ver de forma borrosa las escaleras de la posada, totalmente vacía y a oscuras mientras avanzaba hacia la habitación de Karalynn, con un último esfuerzo raspé la puerta con una de mis garras e inmediatamente me desplomé sobre el suelo en un charco de sangre.
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Re: The bear and the maiden fair [Libre]

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Vie Ago 07 2015, 23:42

Cuando ya había pasado un buen rato desde que había entrado en aquella tienda, salí cargada con más de los carcajes que esperaba tener conmigo. Pero había perdido muchas flechas en aquel tiempo, más de las que habría imaginado. Desde que había obtenido por primera vez aquel arco, por parte de Wallace, que me lo había entregado, no había dejado de utilizarlo. Por primera vez ya había gastado todas las que mi carcaj había poseído, en aquella batalla que se había desenvuelto en las minas a las que había marchado con Wallace. Posteriormente, había conseguido algunas flechas más pero las había utilizado todas durante la batalla que había vivido en un poblado cercano a Lunargenta, defendiéndolo de la multitud de bandidos que lo habían asaltado. Aquella vez, había conocido a Vincent, aquel muchacho tan altanero que finalmente se había dirigido a mí con cierta amabilidad, y me había ayudado a comprender algunos detalles más del arte de la lucha. Y la última vez, cuando de verdad me había quedado sin flechas –pues durante la batalla contra los bandidos, por lo menos había recogido algunas flechas de los caídos–, fue en mi primer trayecto hacia el norte, cuando nos asaltaron un grupo de salvajes, nativos de aquellas tierras, poco contentos con nuestra presencia.

Y desde entonces, había tenido pocas flechas, y muchas de ellas las perdí practicando, disparando contra diversos árboles. Muchas de ellas podía extraerlas, pero otras quedaban tan dentro de la corteza del árbol, que luego yo era incapaz de extraerla y devolverla a su carcaj. En aquella tienda, había una diversidad inmensa de flechas, era como si fuera el “hogar de las flechas”. Pues había incluso algunas que eran utilizadas por enormes balistas. Había virotes para ballestas, flechas con una leve cantidad de veneno letal, flechas con diversas formas en su punta, algunas con formas específicamente formadas para que fuera mucho más dificultoso extraerlas de la carne humana, o fuera tan doloroso que hubiera convenido dejar que formaran parte del cuerpo…

–Bueno, esta vez creo que prefiero ir bien provista –dije finalmente al vendedor, que me había atendido con una inmensa amabilidad–. Aunque… pesa mucho todo…

Llevaba seis carcajes en total. Tres sobre la parte superior de mi espalda, y tres alrededor de mi cintura. Eran pequeños, pero cabían gran cantidad de flechas, aun así. También había comprado las flechas correspondientes. Cuando salí de la tienda, salí hablando, esperando encontrarme con Honoo al instante.

–Pesa mucho, pero tendré que acostumbrarme. Ya va siendo hora, ¿no cr…? –no estaba.

Miré hacia la izquierda, acto seguido a la derecha… No estaba por ninguna parte, y comencé a ponerme nerviosa. Me llevé una mano a la cabeza, repitiendo una y otra vez “no debí traerlo, ha sido un error…” y culpándome constantemente de lo que había pasado. Por mi cabeza comenzaron a recrearse diversas situaciones. Cualquier cosa podría haber pasado, cualquier cosa… Lo habrían secuestrado, se lo habrían llevado para extirparle los órganos, el pene, para colocar la cabeza en una pica como trofeo… ¿Yo qué demonios sabía? Pero era una criatura enorme, que sin duda en el caso de que la atraparan, muy raro sería que no lo utilizaran con algún fin doliente. Era una criatura inmensa, y eso no hacía más que darle más valor para algunas mentalidades putrefactas.

Busqué por toda la ciudad, y pregunté a una importante cantidad de personas. Algunas coincidían en haber llegado a ver a Honoo en alguna parte, pero nadie mencionaba que hubiera sufrido algún daño. Simplemente lo “habían visto” y en algún momento “lo habían dejado de ver”. Parecía inclusive, como si estuvieran tratando de ocultar lo que de verdad habían vislumbrado. Mis nervios iban en aumento, y me sentía tan inmensamente impotente, que la desesperación iba apoderándose de mi –generalmente– mente pacífica y paciente. Hasta que por fin fue una persona, una pareja de ancianos que dirigían una diminuta tienda donde vendían algunas vestimentas, quienes me dijeron lo que había pasado. Habían visto a alguien más “discutiendo” con la criatura. Y ese mismo alguien había conseguido atraparla. En aquel momento yo no era capaz de imaginar dónde podría estar ahora Honoo; a dónde se lo habrían llevado. Continué buscando por toda Lunargenta, a ciegas en realidad, pues no podía ni imaginar dónde podría estar. A ciegas porque tampoco sabía por dónde buscar. Así que no hice más que continuar preguntando a la gente si habían presenciado algún acontecimiento que se saliera de la normalidad. Nada… finalmente regrese hasta la taberna; continuaría buscando al día siguiente, si es que aquello serbia de algo, aunque habia perdido ya las esperanzas. En aquel momento yo no hacía más que culparme por lo que habia sucedido. Seguramente de haber prestado más atención a Honoo, de no haberlo dejado solo, de no haberlo llevado hasta la ciudad… sobre todo esto último, habia sido el acto más estúpido que habia cometido en mucho tiempo. No tendría que haberlo llevado hasta Lunargenta, ¿Qué mejor lugar para que lo atraparan que allí? ¿Qué mejor lugar para que lo reconocieran y lo llevaran consigo? Habia sido uno de los errores más estúpidos que habia cometido en mucho tiempo, pero ya lo habia hecho, y no habia ya marcha atrás. Al día siguiente continuaría buscando.

Ya estaba en la habitación. Le habia contado lo poco que sabía a los regentes de la taberna, quienes me hicieron saber que en el caso de saber algo al respecto, inmediatamente se dirigirían a mí. y que intervendrían además, si era necesario. Pero mientras… poco era lo que yo podía hacer. Me quede sentada en la cama, con los hombros apoyados en el borde de la ventana. Y desde allí, contemple la noche.

– Debes estar ahí, en alguna parte de la penumbra nocturna… ¿Dónde estás, Honoo? –pensé en voz alta.

Obviamente no apareció, como me habría gustado que sucediera. Habría sido muy novelesco e ideal. Pero no, en lugar de eso, continúe estando sola en aquella estancia, preocupada por aquel hombre bestia que me habia protegido en la noche, y que en aquel momento por mi culpa, podría estar en cualquier parte. Muerto, inclusive. Fui cerrando mis ojos, estaba agotada, habia pasado la mayor parte del día buscando a Honoo por toda la ciudad, inútilmente. Mis parpados estaban húmedos, y mis mejillas también; sin darme cuenta, me habia inundado la tristeza y la culpa por haber abandonado de aquel modo a Honoo. Una parte de mi me pedía que me marchara de la taberna, que fuera corriendo a continuar con mi búsqueda. La parte más racional, me decía que debía descansar, que debía estar allí y que en aquel momento no podía hacer nada en absoluto. Que no podía hacer nada… eso sí que dolía.

Fue un estruendo el que me despertó. Tal vez no fue tan fuerte, pero si lo suficiente como para alejarme de las pesadillas que me estaban comenzando a invadir en la mente. Habia sido como un fuerte rasguño contra la puerta de madera, y note el quejido de la madera al rasgarse. Abrí los ojos repentinamente y me dirigí hasta la puerta. Cuando abrí, me halle a quien esperaba hallarme. Honoo estaba allí, lleno de heridas y magulladuras. Solté un gritito al verlo, y me abrace a su pelaje, pero el parecía estar inconsciente.

Cuando nos encontró el tabernero, seguramente lo primero que habría pensado habría sido en lo adorable que resultaba la situación. Yo estaba aferrándome con fuerza a Honoo, hundiendo mis manos en su pelaje, y entre el llanto, entre murmullos pidiendo que no muriera, que aguantara. Después de eso, vino la oscuridad.

Cuando desperté, estaba en una cama mucho más amplia, y más agradable que aquella que yo habia alquilado. Me levante rápidamente, y mire a mí alrededor. Era una habitación muy bien amueblada, y habia varios cuadros de una pareja que aparecía en ellos de forma recurrente. Luego verifique que se trataba de la pareja de regentes de la taberna. La anciana estaba justo a mi derecha, sobre una silla, parecía haber pasado la noche en vela por si yo despertaba en cualquier momento y necesitaba algo.

– ¿Dónde está Honoo…? –fue lo primero que pregunte–. Disculpe… muchas gracias, ¿me habéis traído aquí? ¿sigo en la taberna?

– Es nuestra habitación, pequeña –me respondió la anciana. Si me llamo pequeña fue por nuestra diferencia de edad, más que nada–. Y tu compañero está en el establo. Hemos llevado a otra parte a los caballos, y le hemos brindado un espacio enorme para él solo. Esta mejor, y está curado.

– Tengo que hablar con él. Tengo que decirle que nos vamos de aquí, de Lunargenta… y le debo una disculpa… –tras esas palabras, volví a caer dormida.
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Re: The bear and the maiden fair [Libre]

Mensaje  Sarez el Vie Sep 25 2015, 18:05

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