Una mano en el martillo (Killian)

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Jue Sep 10 2015, 01:38

Los días en Lunargenta se me estaban volviendo mucho más largos de lo que esperaba. Lo que en un principio iban a ser no más que un par de semanas, se estaba volviendo mucho más que eso. Lleva ya tres meses viviendo en Lunargenta, trabajando con los leñadores de las afueras, quienes me daban comida, cobijo y algunos Aeros. Sin embargo no era permanecer allí lo que había deseado desde un principio, pese incluso a que estuviera viviendo mejor de lo que había vivido en mi vida.

Paseaba aquella tarde por Lunargenta, sin intenciones concretas. Curioseaba, como llevaba haciendo los últimos días, por el mercado de la ciudad. Viendo curiosidades. Me quedé de pie frente a un puesto en concreto, levemente inclinada. Tenía algunos objetos, pequeñas estatuas que me hacían imaginar lugares inexplorados. Culturas tan distantes a la mía que debía esconder secretos impensables. Entonces volví a recordar, que precisamente esa era la razón por la cual me había marchado de mi hogar en su día: Quería conocer, saber. Y sin embargo permanecía en aquella ciudad, Lunargenta, que aun siendo una maravillosa ciudad no me daba todo lo que yo deseaba.

¡Las hay del Norte! ¡Las hay del Sur! Las hay de donde ni yo sé —comentaba el vendedor, tras percatarse de mi evidente interés.

Oh, eh —me disculpé con un gesto manual—. No pensaba comprar nada. Sólo estoy mirando.

¡¿No me vas a comprar nada?! —pareció enojado de pronto—. ¡¿Entonces por qué miras tanto, chiquilla?!

Aquello último me resultó de lo más molesto. Me encontraba inclinada, así que mi estatura se veía mucho más disminuida. Pareció sorprenderle cuan alta era en realidad cuando me situé completamente recta frente a él. Fruncí el ceño con enfado. Empujé una de las pequeñas estatuas, que cayó al suelo y se partió en decenas de pequeños fragmentos, sin apartar la mirada del vendedor.

¡¡Camorrista!! ¡¡Guardias!! —gritó el hombre, que en aquella situación se veía tremendamente pequeño. Uno de los guardias de Lunargenta se acercó de inmediato.

Me miró a mí y acto seguido al vendedor. Dejó escapar un suspiro aburrido.

Melenio, deja de molestar a las jóvenes —dijo—. Siempre tan escandaloso.

¡¡Camorrista!! ¡¿No la vas a encerrar?! —preguntó escandalizado el vendedor.

Venga Melenio —el guardia hablaba casi con agotamiento en sus palabras—. Puedes tomar un vaso de agua y relajarte. Tranquila muchacha, sigue tu camino.

El guardia era tan alto como yo, y llevaba un atuendo muy ostentoso. Le agradecí con una sonrisa y continué mezclándome entre la gente por el mercado. Noté una sensación extraña de repente, como si alguien estuviera leyendo mis pensamientos, o tratara de hacerlo. Pensé que sería producto de la molestia que me había causado el vendedor, que habría dejado alguna secuela imaginativa. Sin embargo aquella sensación no se disipaba un solo instante. Un golpe seco, en el lado izquierdo de mi cabeza, y nuevamente otro golpe al caer desplomada contra el suelo.

Cuando desperté, me encontraba en una habitación tremendamente oscura. Entre la penumbra, podía vislumbrar tres grandes estatuas, que medían alrededor de dos metros. Eran figuras de mujeres cuyos pechos estaban atravesados por lo que parecían enormes cuchillos, en cuya empuñadura surgía la boca abierta de un león. Estaba maniatada y era incapaz de moverme. Me balanceé por la tierra sobre la que me hallaba, tratando inútilmente de escaparme de las ataduras, sin embargo me vi incapaz de hacer nada en absoluto. Me tranquilicé, pensando que posiblemente sería más conveniente que quien fuera que me hubiera llevado hasta allí, pensase que continuaba inconsciente. Eché un vistazo por la estancia. Era un lugar sucio, tremendamente sucio. Con las paredes marcadas por la humedad, con algunos clavos de los cuales se colgaban ropajes sucios y harapientos. En el suelo había varias bolsas, donde habían guardadas multitud de pequeñas estatuas que compartían la similitud de sus formas.

¿Qué mierda…? —pensé en voz alta.

Háturlof, ha despertado —oí una voz gruesa al otro lado de una puerta que compartía el mismo tono de la pared; no me había fijado antes en que hubiera una puerta, hasta que sentí la voz.

Da igual, ven aquí, aun tenemos que cerrar esta maldita puerta —protestaba el otro. Una voz grave, pero levemente más aguda y ronca que la del anterior—. ¿Has matado ya al mercader inepto?

No. Me da algo de pena, a decir verdad —admitió el otro individuo—. Es un histérico, pero no creo que sea culpa suya ser así.

Oh, venga ya —espetó el otro—. Desangra al cerdo, ya. Yo intentaré arreglar esta basura de puerta, antes de que alguien empiece a echar de menos a alguno de los dos. Ya buscaremos otro mercader que se ocupe de vender toda esta porquería.

No comprendía demasiado bien la situación, sin embargo supe que el mercader estaba relacionado con ellos, no en un aspecto positivo. Además parecían nerviosos, y con prisa.
avatar
Cantidad de envíos : : 194
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Killian el Jue Sep 10 2015, 02:45

Necesitaba reflexionar sobre todas las cosas que estaban pasando en mi vida. Desde que había llegado a la ciudad, todo se había vuelto muchísimo más complejo y caótico, al punto de sentirme mareado con el puro hecho de existir en la cotidianidad. Sin embargo, aquellos pensamientos nublosos pronto se disiparon, pues a pesar de todo, me cuesta mucho mantener la atención en una cosa en un largo periodo de tiempo.

Me encontraba en el mercado, dejándome llevar por las maravillas que allí exhibían. Todo me maravillaba, las exóticas prendas, las armas, la comida, la gente... la gente. De entre todo, había una tienda que vendía extrañas estatuas, y me las quedé mirando fascinado. De pronto, el vendedor pareció increpar a una joven que parecía tener el mismo interés que yo en las estatuas, pero no iba a comprar nada. El vendedor se puso como loco y llamó a un guardia, pero el guardia claramente no le dio importancia a la situación y dejó que se marchase. Me dio risa la situación y continué mirando la estatuas... algunas eran realmente extrañas, incluso macabras. Me dio una mala sensación y me retiré para continuar con las compras de los víveres.

Sin embargo, no muy lejos de allí, divisé a la misma joven de hace un momento, pero vi que ése mismo guardia que la había dejado "en libertad", la golpeaba con un garrote y ella caía inconsciente al suelo.

- ¡Oye tú! - Grité y desenvainé la espada. El guerrero tomó a su víctima y comenzó a correr. Parecía tener una fuerza y agilidad increíbles, pues a pesar de que lo perseguía corriendo tan rápido como podía, no pude alcanzarle. Dobló por una esquina, en donde se me perdió de vista, y me vi ante un callejón rodeado de algunas casas. En alguna de aquellas casas debía estar el mal nacido.

- ¡No te vas a escapar! - Grité mientras comenzaba a golpear una a una las puertas de los hogares, recibiendo muchas quejas de vuelta. ¡No importaba, debía rescatar a esa joven como dé lugar, en nombre de todo lo bueno del mundo!

De pronto, en una de las casas escuché voces siniestras. Eran tres voces, que parecían estar planificando algo. No me detuve a escuchar, simplemente derribé la puerta de una patada y entré dando alaridos de batalla mientras empuñaba fuertemente mi espada.

- ¡Killian los ha encontrado, malditos! ¡Yiaaaaaaaaaaaaaaargh!

Al primero ni siquiera le di tiempo de reaccionar, y clavé la espada en su rostro, atravesando su cerebro a través de la frente. Cayó ensangrentado al piso mientras los otros dos, comenzaban a aprestarse al inminente combate que tenían entre manos.El segundo estaba armado con una tremenda alabarda. Chocamos metal contra metal, mientras el tercero soltó una bola de fuego que logré esquivar por los pelos.

- Maldita sea... un brujo. - Dije por lo bajo. Aquellos desgraciados eran los oponentes menos indicados para mí, pues su magia es terriblemente poderosa.

Una silla comenzó a arder, y en consecuencia toda la casa ardería en cuestión de minutos. Debía darme prisa. Salí de mi escondite y comencé a darle varios tajos a mi contrincante con la alabarda, mientras el brujo se preparaba para lanzar otra cosa. De pronto le di un golpe en la cintura a mi enemigo que fue tan fuerte, que chocó contra la pared, rompiendo una mesa y todo lo que se hallaba sobre ésta.

Antes de que el brujo pudiera tan siquiera terminar de conjurar, me miró con terror e intentó escapar. Pero corrí hacia él y enterré la espada en su estómago, dando terribles alaridos de dolor. El de la alabarda comenzó a escapar, pues el incendio crecía cada vez más rápido, y yo debía darme prisa en socorrer a la joven.

De otra patada, derribé la puerta, y en aquel cuarto oscuro, mugriento y lleno de estatuas, vi a la muchacha que estaba atada.

- ¡Descuida! ¡Killian te salvará!

Corrí hacia ella y la desaté cortando con una cuchilla sus ataduras. Sin embargo, en el marco de la puerta apareció la figura del brujo, quien se veía completamente colérico y con un agujero en el estómago, mientras se comenzaba a meter el humo.Apreté los dientes y me dispuse a hacerle frente.

- ¡Grrrrr! ¡No vas a derrotar a Killian, grandísimo hijo de perra!

Le grité. ¿Por qué cada vez que voy al mercado siempre termino en una situación de vida o muerte? No lo sabía, pero al menos la joven ya estaba desatada, y tal vez sería de ayuda... o tal vez no. La miré de reojo por si las dudas.
Killian
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 268
Nivel de PJ : : 0
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Jue Sep 10 2015, 13:38

Estuve unos minutos tratando de escaquearme de las cuerdas, sin éxito alguno. Paseaba mi mirada por la habitación con la esperanza de encontrar algún objeto que me permitiera cortar las cuerdas. De pronto escuché un grito, y el sonido producido por el acero al cortar el hueso.

Habrán matado ya al mercader… —murmuré.

Luego escuché más golpes; Aquello sí que no me cuadraba. ¿Alguien más ajeno a ellos habría entrado en el edificio? Ni siquiera sabía si seguía en la ciudad o si estaríamos fuera. Repentinamente, vi aparecer por la puerta un hombre enorme. Su musculatura era tal que prácticamente se veía apretado entre el marco de la puerta.

¡Descuida! ¡Killian te salvará!

Oh, mi héroe —dije con sorna—. ¿Cómo has sabido que…? Bueno, es lo de menos.

Cortó las cuerdas e inmediatamente me puse en pie. Por la puerta apareció otro individuo. Parecía muy molesto, e incluso parecía que la furia que sentía le diera más poder. De sus manos emanaba un brillo intenso, que hacía que estas tomaran un tono rojizo transparente como si su carne estuviera atravesada por una inmensa luz. Cuando comenzó a alzar una de sus manos hacia Killian, rápidamente corrí hacia el desconocido y traté de propinarle un golpe con mis puños sobre el cuello. Sin embargo fue más rápido y con su otra mano —que no la que dirigía hacia Killian—, me lanzó una ráfaga ardiente, que me empujó un par de metros a la distancia de él. Me quedé algo aturdida, y Killian parecía estar preparado para continuar su pelea contra el brujo.

De repente me sentí algo humillada. No llevaba mucho tiempo peleando, y el escaso tiempo que había peleado lo había hecho con un arco. Siempre llevaba una daga conmigo encima, aunque nunca había entablado una pelea cuerpo a cuerpo. No tenía mis flechas pues seguramente al atraparme las habrían sacado de mi carcaj (carcaj incluido). Palpé mi muslo, en cuyos pantalones había un pequeño bolsillo que no solía llamar demasiado la atención, y donde siempre guardaba una pequeña daga lo suficientemente útil en situaciones como aquella. Seguía ahí, no me la habían quitado. El brujo lanzaba ráfagas de fuego contra Killian, quien se cubría costosamente; la ira del brujo iba en aumento, y parecía muy descontento con la resistencia que estaba teniendo Killian. Rápido, y sencillo. Corrí hacia el brujo, quien estaba tremendamente centrado en Killian y casi se había olvidado por completo de mí después de lanzarme a unos metros de distancia. Traté de ser veloz, todo cuanto pude, y clavé la daga sobre su espalda atravesando su columna. El brujo soltó un grito y se giró hacia mí. Ese fue el momento en el cual Killian aprovechó para terminar el trabajo, y atravesó su columna con su arma. El brujo ya había sido derrotado, pero antes de caer me tomó de la muñeca a mí y del brazo a Killian. Su mano ardía, como si fuera fuego líquido. Traté de separar mi muñeca rápidamente de él, aunque únicamente pude hacerlo cuando la vida del brujo se esfumó por completo.

Ya separada, me observé la muñeca. Estaba de un tono rojizo oscuro, y de algunos puntos surgían gotas de sangre. Observe a Killian, quien no se había quejado un solo instante y sólo cuando vi que en su brazo había una horrible marcha semejante a la de mi muñeca, comprendí que también a él lo había tocado.

No tienen buena pinta… Pero al menos está muerto y no hay nadie más aquí. Porque no lo hay, ¿verdad? —le pregunté, mientras paseaba mi otra mano sobre la muñeca, sin llegar a tocarla—. Agradezco muchísimo que hayas venido hasta aquí. Sino no sé que podría haber hecho —le agradecí con una sonrisa. Luego fruncí el ceño y cerré los ojos, porque sentí una punzada muy intensa en la muñeca. El daño era reciente y me dolía con mucha intensidad—. Tenemos que ir a curar estas heridas, pero, espera…

Dirigí mi mirada hacia el cuerpo del brujo. Lo cierto es que esperaba que se convirtiera en polvo o alguna substancia así. Que hubiera tenido alguna muerte espectacular sólo por el hecho de ser un brujo. Pero no, sólo yacía tendido en el suelo y surgía de él una sangre muy humana. De sus ropajes, al dejarse caer muerto, había salido una pequeña nota en un papel amarillento que se estaba comenzando a manchar con la sangre. La tomé con mis manos, la abrí y me puse en pie para leerlo.

—“ Hemos vendido ya más de mil de estas estatuas ” —empecé a leer en voz alta—. “ Es tremendamente útil. Gracias a ellas y tu maravilloso hechizo de manipulación, la gente que las ha comprado nos envía Aeros así por las buenas. Eres un genio, Háturlof. Por cierto, mata ya a Melenio. No nos conviene que los mercaderes duren mucho tiempo, al cabo de unos días se ponen nerviosos y terminan confesando estas cosas a la guardia. Busca otro mercader y amenázalo con matar a toda su familia si es necesario, para que venga COMO SEA estas estatuas. Nos haremos ricos, Háturlof, ¡nos haremos ricos! Cuando quieras venir y hablar de negocios, ven al bosque de Idréas, en las afueras de Lunargenta. Estamos en una caseta de madera escondidos. Te atenderá una vieja risueña que dice vender patatas y hortalizas. Tú dile ‘cecina’ y te permitirá entrar en la caseta. Conecta con un subterráneo, allí estaré yo y podremos hablar de lo que necesites. Trabaja duro, Háturlof .”
avatar
Cantidad de envíos : : 194
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Killian el Jue Sep 10 2015, 23:54

Tras haber vencido entre los dos al brujo, la marca que nos dejó en el brazo y la muñeca ardían muchísimo. Yo me miré el brazo y no articulé ni el más mínimo gesto de dolor. Pero ardía como los mil demonios, y necesitaba encontrar la cura para esas quemaduras. Tal vez bastaría un poco de agua.

Sin embargo, no pude pararme a pensar demasiado, pues la dama me agradeció muy amablemente. Ante ello, le devolví la sonrisa y le hice una breve reverencia con la cabeza, en señal de que me sentía profundamente agradecido de sus agradecimientos. No es nada raro, simplemente no estoy acostumbrado a que me agradezcan los "actos heroicos".

- Killian te agradece.

En seguida, comenzó a leer una nota en voz alta, y yo la escuché atentamente... bueno, no mucho. Lo cierto es que me cuesta concentrarme, y lo único que entendí era algo de unas estatuas malas y tipos malos que viven en el bosque. Habría que hacerles una visita más tarde, para poder terminar con su maldad. Igual, algo se me estaba olvidando. Olisqué el aire con desagrado y entonces me acordé: ¡La casa se estaba incendiando!

- ¡Mujer, la casa se quema! ¡Tenemos que salir de aquí de inmediato! ¡Ven con Killian!

Sin esperar su consentimiento, tomé su mano y la empujé mientras corría, a atravesar la puerta para encontrarnos con un infierno. Las llamas devoraban todo, y nuestra única salida estaba bloqueada por una muralla de fuego que amenazaba con dejarnos en cenizas.

- ¡No temas, no temas! ¡Killian lo resolverá!

Dije, mirando hacia todos lados, buscando algo que me pueda servir. Pero era inútil. Todo estaba quemado, y sólo quedaba una opción. Abracé a la chica con mis brazos, usando mi capa como escudo. Después de todo, era lo único en lo que pude pensar en ése momento, y sin pensarlo dos veces, salté el muro de fuego cubierto con la capa, y caí con ella dando varias vueltas en el suelo mientras la gente nos miraba asombrada.

Al menos estábamos vivos, y me levanté rápidamente. Recuperé el aliento, y di un largo suspiro de alivio.

- Vaya, eso ha estado muy pero muy cerca. ¡Hahahahaha!

Pero una chispa se expandía rápidamente en mi cabello.

- ¡Oh, mierda! ¡Killian se quema! ¡Aaaaah!

Comencé a correr en círculos mientras apagaba la llama. Tras unos desesperados y patéticos intentos, la llama terminó de apagarse por completo. Sin embargo, me quedó la cabeza caliente, y crucé los brazos para aparentar que todo estaba bien. Miré a la chica con una disimulada seriedad.

- ¿Estás bien?
Killian
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 268
Nivel de PJ : : 0
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Vie Sep 11 2015, 16:05

El hombre de grandes dimensiones, se mostró amable en un cálido agradecimiento que no habría esperado bajo ningún concepto, recibir por su parte. Al fin y al cabo, juzgando por las apariencias, habría imaginado que se trataría de un individuo orgulloso, que ayudaba y hacía esa clase de cosas únicamente para poder tener motivos y razones por las cuales halagarse y bañarse de heroicidad. Pero no, en su agradecimiento vi un reflejo de una amabilidad y sinceridad tales, que me sorprendieron como nada me había sorprendido en mucho tiempo.

No me había percatado, pero la casa estaba comenzando a incendiarse, y las llamas se estaban alzando cada vez con más fuerza. Por unos instantes no supe qué hacer para poder superar aquella situación, sin embargo el tiempo que pasé pensando, fue el tiempo en el que Killian actuó fugazmente, tomándome en brazos, y tapándome con su capa juntos salimos de la estructura. En cuanto estuvimos fuera, me percaté de que la gente, con gran curiosidad y sorpresa, nos observaba con suma atención. Durante unos segundos me sentí algo avergonzada. En cuanto Killian me dejó de pie sobre la superficie, extraje el polvo, la ceniza y el rastro polvoriento que las llamas había causado quemando algunos de los objetos que había en el interior de la estancia, de mis ropajes.

Sí, estoy bien —respondí, todavía limpiándome los ropajes—. Me pregunto si estás bien tú. Si querías hacer algo más heroico todavía, has quedado muy bien ahora —reí brevemente.

Ya algo más limpio y habiéndome incorporado después de aquella escapada, pensé por un momento y recordé las palabras de la carta que había leído.

Te agradezco muchísimo que hayas venido a ayudarme, de verdad… Sin embargo, si no quieres seguirme, lo comprenderé. Tengo intención de ir hasta esa caseta del bosque de la que hablaron. Si hubiera comprado una de esas estatuas, por algún hechizo extraño les habría entregado los pocos Aeros que tengo. No me parece bien dejar que sigan haciendo eso, y mucho menos que sigan tomando a mercaderes como Melenio , bajo amenaza, para que vendan esas estatuas tan curiosas —intenté explicarme—. Iré a la caseta, y podremos volver a encontrarnos luego si quieres. O puedes acompañarme y… —tardé un poco antes de concluir—. Cometer un acto heroico más. ¡Salvarías mucha gente!

Aun sin haberme respondido todavía, me encaminé en dirección a la salida de Lunargenta. ¡No podía permitir que pasara más tiempo aquel individuo que había dejado la nota sobre el brujo, distribuyendo las estatuas! Además, aquellas estatuas parecían tener un origen mucho más misterioso que el hecho de haber sido fabricadas con la intención lucrativa. No parecían estatuas hechas por ellos mismos, incluso aun habiendo unas cuantas. Debían tener su historia, su fundamento y origen en un lugar muy lejano a Lunargenta. Pasó por mi mente la idea de que, tal vez, pudieran ser estatuas realizadas por alguna raza o poblado cuya razón de ser —de las estatuas— fuera tomar una inmensa energía, guardar hechizos y otras razones semejantes, de modo que las estatuas se hubieran convertido en amuletos para ellos.

¡Bella dama! —gritó un muchacho, mientras tocaba un acorde. El chico iba vestido en ropajes blanquecinos de seda impoluta, y llevaba sobre su vientre un bello laúd escarlata—. ¡Me honráis la vista con vuestra presencia! ¡Dejad que os cante unas frases!

Mi mirada fue breve, pero clara. Hice caso omiso al muchacho, únicamente dedicándole un “no” sin palabras, y continué mi camino en dirección al portón de Lunargenta.

¡Pero bella dama! ¡Bella dama! —continuó llamando el cantor. Luego dirigió la mirada hacia el gran Killian—. ¡Bello damo! ¡Oiga bello damo!
avatar
Cantidad de envíos : : 194
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Killian el Dom Sep 13 2015, 08:12

Parecía que tras nuestra intervención, de la casa de los captores sólo quedaron cenizas chamuscadas. Sin embargo, me sentía completamente dichoso de poder haber ayudado a alguien, aunque debo admitir que no había sido el mejor rescate que he efectuado. Me quemaba un poco la cabeza, pero fuera de eso y las muertes en consecuencia, lo cierto es que ya no había nada que lamentar.

- ¡Bueno, y ustedes qué miran! ¡¿Que acaso nunca han visto un incendio?! ¡Váyanse! ¡Váyanse! - Le grité a la multitud, haciendo gestos con mis brazos. En consecuencia, la gente se retiró indignada ante el poderoso héroe que no quería público. Tras ello, puse mis manos en la cintura mientras escuchaba a la joven. Una sonrisa esperanzada se dibujó en mi rostro.

- ¡Este es un llamado a la aventura que Killian no puede rechazar! ¡Vamos, bella dama! ¡Salvaremos muchas vidas, y los traseros de los malvados serán pateados alegremente por nuestras botas! ¡Oh, Killian se siente dichoso! ¡Muy dichoso, sí señor!

Me dispuse a seguirla, marchando alegremente. Canturreaba con la voz rasposa una melodía, entonándola como si fuera un himno glorioso, el himno de la nación más poderosa y bélica del mundo.

- ¡Tráiganme al cobarde, al traidor!
Tráiganme al hechicero y le rajaré la garganta.
Tráiganme al débil y lo destruiré.
Tráiganme al violador y lo castraré.
¡Vamos, vamos! ¡¿A qué esperas?!
¡Soy el dios de la guerra!
¡Y voy a destruirte!
¡Soy el dios del sexo!
¡Y voy a darte por el culo!


Me golpeaba el pecho mientras cantaba. Era uno de los cánticos de mi clan, usados para subir la moral. A mí me encantaba la letra, la melodía, la energía. ¡Oh, la energía! ¡Mierda, me dan ganas de partirle la cara a alguien y follarme a cien putas! ¡Beber... no, beber no. ¡Pero pelear, follar, vivir, morir! Mis bellos se erizaban al pensarlo. Ese sentimiento me tenía muy animado. Sin embargo, al ver que la muchacha me miraba con una cara de extrañeza, me encogí de hombros.

- ¿Qué pasa? - En fin, no le di importancia.

Al llegar a la salida de la ciudad para adentrarnos al bosque, un bardo quería cantarle a la joven. Ella se negó, pero entonces me llamó... ¿Bello damo? ¡¿Yo, Killian, un bello damo?!

- ¡Hahahahahahahahaahahaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Oh, oh, amigo mío, a Killian realmente la has caído muy bien! ¡Por supuesto que puedes cantarle a Killian!

El chico, entusiasmado, comenzó a cantar sobre mis enormes músculos, sacando de la poesía y del instrumentos las emociones más bellas y puras.

- ¡No, no! ¡Así no!

Le grité, y le quité el instrumento. La verdad es que yo no sé tocar música, pero en ese momento sólo iba a imitar algo que había visto en mi clan.

- Observa a Killian con atención. ¡Así es como se hace!

Comencé a tocar el instrumento de la forma más rápida y brutal que pude. Canté la misma canción que venía canturreando, agregando unos fieros guturales entre líneas. Comencé a menear la cabeza de forma circular mientras que algunos se detenían a mirar impresionados mi performance. Terminé con un grito terrible para que el mensaje de la canción le quedase grabado hasta al más sordo de los sordos.

- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRRRRRRRRRRGGGGGGGGGGGGGH!

Le devolví el instrumento al atónito bardo, mientras recibía algunos aplausos.

- ¡Gracias, gracias! ¡Killian los ama, Lunargentos!

Les di una breve reverencia y me dispuse a seguir con mi camino, junto a Karalynn. Sin embargo, nadie se hubiese imaginado que aquel bardo pelirrojo, inspirado por Killian, formaría el conjunto musical más brutal visto en Aerandir... aquel grupo se llamaría en honor a los elfos: MEGADELF. Pero esa es otra historia.

Killian
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 268
Nivel de PJ : : 0
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Dom Sep 13 2015, 15:59

¿Qué ha sido tanto escándalo? —pregunté.

Había estado centrada principalmente en salir de Lunargenta e ir cuanto antes a aquella caseta del bosque de la que había hablado en la nota. Pero durante mi camino hacia la salida, había escuchado gritos, sonidos disonantes, veloces y prácticamente producidos por un instrumento que parecía estar siendo apaleado de forma brutal por un poco conocedor de la música. Aun así, en cierto modo, me resultó graduable. Cuando acabé escuchando un largo grito brutal, es cuando me giré. Pero Killian ya estaba a un par de metros de distancia de mí y parecía mucho más relajado. Por un momento me pregunté si el muchacho habría tenido un momento masturbatorio justo antes de marchar de la ciudad, para poder coordinar mejor sus golpes contra sus enemigos sin que su furia lo hiciera excederse hasta el punto de colocarse en una situación vulnerable.

Creo que es por allí —señalé a la arboleda que se abría después de una breve planicie, justo tras la salida Oeste de Lunargenta—. Creo… —reafirmé. No estaba del todo segura.

Caminamos durante algunos minutos, y yo tuve la esperan de que aquel fuera el camino correspondiente, pero a medida que nos sumergimos en las entrañas del bosque, fui dándome cuenta de mi terrible error.

Creo que es al norte, habrá que caminar un poco más —dirigí mi mirada hacia las piernas del gran hombre. Parecía que tuviera duras piedras en su interior—. Aunque claro, no creo que a ti te moleste. ¿Alguna vez has tenido una montura? Un caballo, un poni, un burro… Algo así.

Volvimos el camino hacia el norte, tomando como referencia a Lunargenta, cuyos muros todavía se avistaban desde el interior del bosque, más allá del montón de árboles que cubría como una empalizada, a la ciudad que se avistaba al fondo. Identifiqué el portón del Norte de la ciudad en cuanto la rodeamos, todavía estando en el interior de la arboleda. Debía ser por allí, y no debíamos estar muy lejos. Había estado pensando durante el camino en algo que me llevaba penetrando los pensamientos desde el momento en el que me incorporé, tras salir del edificio en llamas. Había perdido el arco que Wallace me había entregado. Había perdido mi primer arco, el arco que me había entregado al formar parte de los Cuervos de Plata. Y ahora no tenía más que un par de dagas que había comprado en un mercado de armas de Lunargenta que se celebraba en tercer día de cada año; bonitas y afiladas, pero sin un motivo en especial. Sin embargo el arco que Wallace me había entregado… Había sido mi primera arma, y había pasado largo tiempo entrenando con ésta para poder controlarlo y ser una mejor arquera. Ahora prácticamente desarmada y sin aquel objeto cuyo valor era más emocional que bélico, me sentí culpable.

Mira, ahí está —le indiqué a Killian.

Frente a nosotros, en un pequeño, diminuto claro, había una caseta hecha en madera en cuya parte superior poseía una larga chimenea, cuya altura se alzaba casi tanto como la altitud en que se encontraban la copa de los árboles. Tenia algunos grabados sobre la madera, grabados de historias infantiles al parecer. Historias de brujas, de hombres del saco, de niños con alas que robaban los dientes: Todos estos cuentos grabados como dibujos sobre la madera, tallados.

Toqué un par de veces a la puerta, una puerta de ébano escarlata que también tenia algunos grabados. Allá donde posé mis nudillos para golpear, había dos ojos, felinos e inmensos. Abrió la puerta una anciana con un rostro tan inocente y agradable, que de no haber leído la nota con anterioridad, habría imaginado cientos de cosas sobre ellas. Una anciana con un rostro apacible, tremendamente sincero y que desprendía una amabilidad sobrenatural. La vi por un momento como la clase de abuela que nunca había tenido, y me habría agradado tener.

¿Quiares una putata, queride? —me preguntó, con un acento muy difícil de comprender—. ¿Ouna hortulisa?

Entonces intenté recordar la palabra clave, aquella que había leído en la nota. Gran error no haber tomado la nota, llevándola conmigo.

¡Celina! —dije, recordando. Acto seguido en cuanto vi el rostro confundido de la anciana, me percaté de que no era así.

¿De qué hublas, muchucha? —me preguntó—. Si nu quiares una putata tundrá que serrá mu caaása.

¡No, espere! —indagué nuevamente entre mis recuerdos, tratando de recordar con claridad la palabra que debía dejar escapar frente a ella para que nos permitiera entrar. Aunque no estaba segura de que después de fallar una primera ocasión, me permitiera aun acertando, entrar—. ¡Cecina!

No sabía qué significaba aquello, pero la anciana sonrió tanto que casi me causó pavura, y se apartó de la puerta para remitirnos pasar. Una vez dentro, observé el interior de una casa muy hermosa y rústica. Había varios estantes llenos de libros, la típica gran olla al fuego que había leído que tenían las brujas de pantano, y varias mesas con animales muertos. Cuando me giré, la vieja estaba quitándose la piel de la cara y desnudándose.

Por fin —dijo una voz grave y masculina que provino de la misma anciana—. Me cansa hacer esto, de verdad. Me cansa. Cuando seamos ricos dejaré esto como una mala historia que contar a mis hijos, ¡si los tengo!

La “vieja” dejó sus ropajes sobre una de las mesas cuya superficie estaba plena de libros y animales muertos, y descubrió un hombre de largas barbas, cabello largo —aunque con una incipiente calvicie— y curiosamente, los mismos ojos pacíficos que había tenido el mismo hombre en su forma de fémina anciana. Llevaba un traje negro, con algunos fragmentos escarlata, muy elegante.

Bajad abajo, por allí —nos señaló a la olla—. ¿Dónde está Háturlof?

Nos pidió que viniéramos nosotros. Tuvo problemas y sospecharon de él así que pensó que era mejor que viniéramos nosotros en su lugar —me inventé en el momento. Creíble o no, el hombre asintió sin pensarlo demasiado y volvió a señalar la olla.

Espero que tengáis buenas noticias para él, no lo he visto de buen humor hoy. Voy a disfrutar un poco de mi virilidad ahora que ya habéis venido —dijo, y soltó una carcajada.

Volví la vista a Killian, por el momento parecía bastante tranquila. Y sin embargo lo cierto es que pese a que únicamente había hablado yo (OffRoL: espero que no te moleste este detalle :\ ), empezaba a sentirme bastante nerviosa. No sabía qué clase de individuo podía haber ahí abajo, si se daría cuenta de nuestro engaño, o qué era lo que podría suceder. De hecho sólo tenía una certeza que tenía que ver conmigo misma, y era que quería parar aquel engaño por parte de ellos pues no era capaz de imaginar cuántas personas habrían caído en aquella trampa, tan sencilla y lucrativa. Era posible que Killian estuviera de lo más tranquilo debido al momento masturbatorio pretérito. Nos acercamos con lentitud a la olla, mientras el otro individuo salía de la caseta dispuesto a “disfrutar de su virilidad”. Cuando me asomé, vi que había una puerta circular bastante pequeña. Me pregunté si Killian cabría.

¿A qué esperas, Háturlof? —escuché una voz. Muy remilgada, muy poco masculina pese a que provenía de un hombre—. Mi hermoso compañero de tramas engañosas. ¡Ay! ¡Espero que todo esté yendo de maravilla! Que no tengas nada malo que contarme, ¡nada!

Su voz resonaba como un eco por un túnel que ascendía hasta la pequeña puerta que teníamos en frente, justo en el interior de aquella olla. Me subí con cierto es fuerzo, que se vio completamente disipado en cuanto Killian me echó una mano alzándome por los pies. Caí justo sobre la puerta, y la abrí con cuidado. Luego me dejé caer, descendiendo por un amplio tobogán que cayó hasta una sala amplia oscura, iluminada escasamente con algunas antorchas y cuyas paredes estaban tan lejos las unas de las otras, que no vislumbraba más que cuatro lejanos destellos. Y justo a unos metros de mí, un hombre alto y corpulento. Sus ojos ahumados en rosa, sus labios del mismo tono y una indumentaria de lo más extravagante, compuesta por pieles de diversos animales teñidas de colores pastelosos: celeste, rosa claro, púrpura…

Ay, pero qué chica tan adorable. Háturlof, ¿haces ahora lo mismo que Idréas? No era necesario, a él se le da bien hacer de anciana, pero, ¡este cambio! ¡Qué maravilla! Casi pareces una auténtica dama. ¡Tu voz! ¡Quiero oír tu voz! ¿Es probable que consiguieras un cambio tan idéntico?

Hola —dije, con mi voz más femenina y agradable.

¡Pero qué maravilla! —exclamó con una sorpresa inmensa—. Escandalosamente sorprendente. Bueno, Háturlof, puedes des vestirte ya si quieres. No es necesario que te disfraces ante mí, aunque comprendo que hayas querido venir hasta aquí con ese aspecto para sorprenderme, ¡eres fantástico!

Killian, corre, ven YA ” pensé en mis adentros. Un pensamiento tan intenso que esperé que llegase a él. “ ¡Aunque tengas que romper el techo, la marmita, lo que sea!
avatar
Cantidad de envíos : : 194
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Killian el Lun Sep 14 2015, 01:18

Off: Lamento que Killian no se quede callado, pero es su naturaleza xD Además no interviene en la trama xD

On:

Al ver que Kara me guiaba por el camino equivocado, le di un manotazo en la cabeza.

- ¡Aaaaah, pero debes guiar bien! ¡Vamos a patearle el culo a los malos, ponte seria!

Y me empecé a reír de lo sucedido.

En seguida llegamos a nuestro destino, y una anciana nos abrió la puerta.

- Emmmm... ¡Sí, Killian quiere una putada! Ejem...

Pero otra vez, Kara equivocó la contraseña y me llevé una mano a la frente.

- Oh, maldita sea. Creo que la estupidez de Killian es contagiosa. ¡Jahahahahahahaaaaaa!

Pero en seguida pudo recordar la palabra correcta, y pudimos entrar a esa extraña casa. Cuando la anciana reveló su verdadera identidad, yo me quedé atónito, mirándole sumamente sorprendido.

- ¡Oh, wooooow, mira, es un travesti! ¡Killian nunca había visto uno!

Empezó a decirnos un par de cosas, y yo le miraba lleno de curiosidad.

- ¿Que bajemos hacia abajo? Ni modo que bajemos hacia arriba, imbécil. ¡Hahahahahaha!

El tipo me miró serio por unos segundos, y yo le devolví la mirada mostrándole los dientes. No le dio mayor importancia a mi inoportuna intervención, y siguió con lo suyo. En seguida, fuimos a la olla, y ayudé a mi compañera de aventuras a entrar en lo que parecía ser una sala oscura, iluminada de manera muy tenue. En seguida me dispuse a entrar yo también, y me sambullí de un salto, pero...

- ¡Ah mierda, Killian está atorado!

Mis hombros no cabían en aquella olla.

- ¡Oye vieja travesti! ¡Ven a dar a Killian una mano! ¡¿Quieres?!

- ¡¿Qué?! ¡Pero qué demonios!

- ¡Es que a Killian se le olvidó decirle algo a mi amiga! ¡Anda, ayúdameeeee!

- ¡Bueno, lo que hay que ver! ¡A ver, ahora.... YA!

Su empuje me permitió pasar, y deslizarme por el amplio tobogán.

- ¡Wiiiiiiiiiiiiiii!

Cuando aterricé, me situé al lado de Kara y miré desafiante al tipo que teníamos por delante.

- ¡Ahá! ¡Tú debes ser otra chica travesti! ¡Ya sabemos qué es lo que traman! ¡Killian les hará pagar, porque lo que hacen es muy malo! ¡MUY MALOOOOOO!

Dije, desenvainando mi espada.

- ¡¿Eh?! ¡¿Y a ti qué te pasa?!

- ¡Há, ya sabemos eso... ¡Eso que estaba en la carta!! ¡Aj, Killian no se acuerda, pero no nos vas a engañar... con tus... cosas!

- ¡¿Ah sí?! ¡Entonces bajo ésta forma te voy a hacer pedazos! - Desenvainó un espadón inmenso, tanto que me dio nostalgia al recordar mi propio espadón, hecho pedazos. Pero tragué saliva.

- Ahh... Killian debe aprender a diferenciar a quién retar a combate...

Dije, completamente pálido. Aparté a Kara hacia atrás, y di un grito estruendoso mientras comenzamos a chocar acero contra acero. Desde arriba, en la olla, se escuchaban ruidos de que el tipo estaba viniendo hacia nosotros. El duelo contra el "travesti" era muy complicado, pero su técnica no era tan buena.

- ¡Aaaaaaa yiaaaaah! ¡Killian te dará tu merecido!

Le di una patada en la entrepierna, y el tipo se retorcía en el suelo, lleno de dolor. Puse la espada en su cuello, dejando en claro mi victoria.

- Ni un movimiento en falso, o Killian te cortará en pedacitos.

Le dije, con una sonrisa maligna.

Killian
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 268
Nivel de PJ : : 0
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Lun Sep 14 2015, 23:19

Encontrándome ya abajo, frente a aquel individuo de apariencia escandalosamente extraña, me pregunté de qué modo podía salir de esa situación. El individuo, estaba convencido de que yo era el brujo que con anterioridad, habíamos matado Killian y yo. Y creía que yo, al igual que la “anciana” que nos había atendido en un principio, había realizado aquel acto de camuflaje en la bella dama, que por supuesto era yo. No podía —evidentemente— quitarme el supuesto camuflaje, y reclamaba de forma inmediata en mi mente, la presencia de Killian, para que una vez más salvara la situación. Por los ecos que escuché, pareció haberse quedado atascado en la olla. Lógico, debí haberlo imaginado anteriormente.

El caótico —y en apariencia, común— comportamiento de Killian, hizo que condujera mi mano hasta mi frente. Tras sus alaridos, cayó hasta la amplia sala en que me hallaba y rápidamente nada más ver al curioso individuo, le plantó cara. Dejé escapar un largo suspiro que ocultaba una inmensa indignación. ¡Discreción! ¡Es posible un poco de discreción! Pero Killian parecía funcionar mejor de aquel modo, zancadas y golpes, breves y certeros. ¿Y por qué me molestaba que fuera de aquel modo? Yo había funcionado así, desde el primer momento en el que sostuve una espada, o un arco, funcioné así.

¿No eres Háturlof? —me preguntó finalmente, viéndome a mí.

Se mostró furioso. Y justo en ese preciso instante el extraño individuo extrajo su enorme espada, a la par que Killian. Éste último me empujó hacia atrás para poder dejarme a un lado respecto a la pelea que se iba a llevar a cabo. Comenzaron los golpes de espada, alguna que otra preciosa chispa que iluminaba la inmensa estancia al chocar los aceros. Fue la voz de alguien más la que oí más allá, proviniendo de la misma entrada por la cual había descendido con anterioridad. En cuanto habían pasado algunos minutos, Killian posaba su espada sobre el cuello del extraño individuo.

¡Tranquilo precioso, ahora voy! —gritó el que se hallaba arriba. Su voz hizo eco por todo el pasadizo vertical, descendiendo hasta la amplia sala donde estábamos—. ¡Y llevo compañía!

Maldije por lo bajo. Entonces rápidamente extraje mis dagas, lo único que tenía como armas en aquel momento. Me enfrentaría a lo que hubiera hecho falta en aquellos momentos, aun siendo con aquellas pequeñas armas, ligeras pero tremendamente diminutas. Me vería obligada a apuñalar repetidas veces a mi oponente si de verdad aspiraba a deshacerme de éste. Bajó por el túnel con un alegre canto y un “wiiii" de felicidad, el otro individuo desconocido. Killian todavía tenía a su merced al que ya había pretéritamente en la sala inferior. Escuché entonces el ladrido de unos canes. Aquello sí que no lo esperaba, ¿perros?

¡Mi precioso, ya estoy aquí! —dijo el que antes había sido una anciana. Si de verdad hubiera tenido interés alguno en “buscar su virilidad” tal y como nos había mencionado antes, no habría hablado de aquel modo. Al menos lo pensé de ese modo. Su voz sonó aguda, pero en su última frase, su voz se volvió mucho más grave, hasta el punto de que me resultó un cambio perturbador—. Os arrancaré la carne —dijo en referencia a nosotros. Unas palabras, sin duda, preciosas.

Los canes pronto aparecieron. Perros enormes, gigantescos, y uno de ellos fue directamente hacia el trasero de Killian, mordiéndolo cuan fuerte le fue posible. Dos más se quedaron a un metro de Killian, ladrando y gruñendo. Otros dos se quedaron del mismo modo frente a mí, mientras frente a mí tuve al que antes había sido una anciana.

¿Por qué hacéis esto? —dijo aquel, nuevamente con aquella voz tan suave y aguda—. Sólo queríamos algunos Aeros. Algunos los ganan con oficios corrientes. Otros somos más astutos, y buscamos otros métodos.
avatar
Cantidad de envíos : : 194
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Killian el Mar Sep 15 2015, 13:21

- ¡AAAAAAAAAH MI CULO! ¡MI CULOOOOOOOOOOOO! ¡AAAAAAAAAH!

El maldito can de seguro me iba a dejar una cicatriz poco agradable en el trasero, uno de los pocos lugares de mi cuerpo que aún estaba "virgen" de marcas. ¡Pero aquello no se iba a quedar así, no señor! Le di una patada hacia atrás, justo en el estómago al perro. Éste empezó a lloriquear mientras corría a reunirse con sus compañeros, quienes nos mostraban los colmillos de forma amenazadora. Encima, el otro idiota había bajado también, a socorrer a su inepto amigo... o amiga, ya no tengo ni idea del género de nuestros enemigos... ¿O enemigas?

- ¡Van a pagar por ésto! ¡¿Acaso no sabes que el hocico de un perro te puede dar... rabia?! Grrrr.... grrrrrrrrrrrrr... ¡Grrrrrr!

Empecé a apretar los músculos muy fuertemente. Mis ojos casi se salían de sus cuencas, y estaba extremadamente furioso, aunque no de la forma en que me disocio de la realidad. No, ésto era distinto... muy distinto, pues empecé a soltar espuma por la boca mientras les seguía gruñendo.

- ¡GRRRRRRRRRRR GUAUF! ¡GUAUF!

Me puse en posición, y en seguida salté violentamente hacia los perros, mientras los otros dos idiotas (y tal vez mi compañera), me miraban anonadados. Los enormes perros saltaron al ataque también. Pero yo me focalicé en el mayor, en el macho alfa. Me lancé directamente a morderlo, y ambos nos revolcamos en el suelo mientras los otros canes empezaban a morderme también. Mis dientes se clavaron en el cuello del perro, quien intentaba desesperadamente zafarse de mí. Pero no contaba con que mis fuertes brazos lo abrazaban también, haciéndole imposible liberarse de mí.

- ¡GRRRRRRRRRRRRR!

Con mi poderosa mandíbula, lo lancé hacia un lado, y éste perro empezó a subir por el tobogán, mientras que su cuello sangraba profusamente. Los otros canes lo siguieron, pues era el alfa. Mi boca goteaba con su sangre, y le miraba desafiante. Los perros me habían mordido en los brazos y las piernas, y sangraba también. Pero al menos me había deshecho de su amenaza, y podíamos focalizarnos en el par de tarados que dicen que se ganan la vida de manera creativa.

Dejé de botar espuma por la boca, y miré con una siniestra sonrisa al que había sido una anciana anteriormente.

- Killian se gana los Aeros pateándole el culo a gente como tú. ¡Oh, vamos! Por favor, hazlo interesante.

Empecé a caminar hacia él, mientras apretaba los nudillos con las manos opuestas, respectivamente, haciendo crujir ruidosamente los huesos de mis manos. Le miraba con esa mirada que sólo el combate me permite tener. ¡El combate, el glorioso combate!

El sujeto desenvainó una espada, y me apuntó con ella.

- ¡Alto! ¡No te acerques más o te sacaré las entrañas!

- Oh... oh... ¿Tienes miedo? ¿Te da miedo Killian?

- ¡Basta ya! ¡¿Pero qué clase de hombre eres tú?!

- De acción.

En seguida me lancé hacia él, sin intenciones de esquivarle. Su espada era fuerte, pero su mano temblorosa le hacía inservible. Se notaba a simple vista que su moral había decaído terriblemente, y eso a veces es todo lo que necesitas para que te corten la cabeza en el campo de batalla. Simplemente golpeé el filo con el puño. Mi puño sangró, pero me permitió encerrar mi brazo izquierdo alrededor de su cuello, y empecé a asfixiarle, obligándole a soltar su arma.

El otro sujeto se mantenía en el suelo, tal como le dejé, mirándonos completamente sorprendido... tal vez asustado.

- Bueno, Karalynn. ¿Qué sugieres que hagamos con éste par de villanos?
Killian
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 268
Nivel de PJ : : 0
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Mar Sep 15 2015, 19:07

Dirigí mi mirada hacia Killian. Ambos individuos estaban completamente derrotados, los canes se habían marchado con el rabo entre las piernas. En teoría no teníamos ya ningún enemigo que pudiera causarnos mal alguno! Estaban a nuestra merced, y Killian me preguntaba sobre que era lo mejor que podíamos hacer con ellos.

Bueno, lo cierto es que me parece muy tentadora la idea de cortarles el pene y hacer que cada uno se coma el del otro —comente—. O cortarles los huevos despacio con una daga… o con sus propias armas! No lo se, Killian, mátalos, acabemos con esto cuanto antes y vayámonos. No podemos estar aquí todo el día, incluso aunque estemos haciendo algo bueno.

Puta de mierda, deja de decir tonterías —se quejo el individuo que estaba en el suelo. Estaba bastante cerca de mi.

Me acerque unos pasos a el, y le patee el brazo, el cual tenia estirado en dirección a Killian. Estaba desarmado y tendido en el suelo sin nada que hacer, todavía podía hablar y fruncía el ceño con una furia inmensa. De haber podido, se habría lanzado a mi para ahogarme, para matarme de cualquier forma. Sin embargo estaba en el suelo, con un rostro cuya expresión mostraba una mezcla entre una inmensa furia y un temor incomparable. Killian era aguerrido, y Killian era realmente el protagonista de toda aquella actuación heroica. Era quien se había enfrentado a ellos y quien había luchado arduamente. De hecho en el caso de haber estado yo sola allí, seguramente no habría durado mucho mas. Aun así el hecho de tener a mi lado a alguien con tal fortaleza, me daba cierta seguridad y en cierto modo, se me contagiaba la seguridad que debía tener Killian de que era, sencillamente, “capaz de todo”.

Que miras, asquerosa? —Me pregunto el individuo que estaba en el suelo. Alzaba sus ojos hacia mi, pero no giraba su rostro—. Crees que puedes matarme? Crees que podréis acabar con nosotros? Que nadie vendrá a ayudarnos y estamos solos? —Soltó una carcajada inmensa. Parecía estar muy seguro de que pronto aparecería alague para ayudarlos. Sencillamente extraje una de mis dagas y la clave en su pecho, en el costado derecho. No era un punto mortal, pero pareció molestarlo en demasía aquel golpe. Me miro con gran sorpresa, sin haber esperado aquello.

Y lo cierto es que también yo me quede sorprendida. Habría esperado alguna oposición por su parte. No me refiero a el como persona, sino, que habría esperado alguna dificultad al clavar mi acero en su carne. Una cota de malla, algún cuero, alguna clase de armadura o interferencia entre el acero y la piel humana. Sin embargo el acero penetro en su carne sin ninguna dificultad, como si estuviera atravesando un recuadro de mantequilla con un cuchillo.

Pero que? —Deje escapar aquel pensamiento—. Que fácil —dije, todavía con sorpresa.

El individuo, paso de mostrar aquel rostro de sorpresa a uno de completo espanto, de dolor. Hizo un breve movimiento con su brazo, y sentí como un par de uñas se clavaban profundamente en la piel de mi pierna, en la carne y penetraban sin demasiada dificultad. Aturdida por el dolor, no ice mas que tomar su mano y cortar con mi cuchillo, como si cortase pan recién hecho.

Killian, terminemos ya. Mátalo como prefieras, debemos irnos cuanto antes —comente. De pronto empecé a sentirme nerviosa, no me gustaba aquella situación. No me gustaba estar haciendo aquello… uno, a decir verdad, si, me gustaba. Me agradaba “hacer el bien” aunque fuera llevando a cabo aquellos métodos. Pero, el sufrimiento ajeno..
avatar
Cantidad de envíos : : 194
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Killian el Miér Sep 16 2015, 09:08

Miré a Karalynn mientras sucedían los acontecimientos. Me di cuenta que no le gustaba la sangre. Ella no tenía estómago para el combate, donde te juegas la vida en sacar los ojos de las cuencas del guerrero que quiere matarte. No, a ella le daba remordimiento, y con un largo suspiro, asumí que era una buena persona. Si a ella no le gusta el sufrimiento ajeno, ni siquiera en una misión valerosa, es sinónimo de que es buena persona. Le sonreí con amabilidad.

- Como digas.

Torcí los huesos del cuello de mi víctima. El "click" con que su cara miró hacia atrás, mientras sus ojos se quedaban mirando al vacío, y su gemido de dolor se apagaba paulatinamente, me hizo hacer una mueca de desagrado. Dejé el cuerpo allí, ya no podía hacer daño alguno. Suspiré de nuevo, y ayudé a mi compañera a salir por el tobogán de aquel extraño lugar, en el que puedes llegar a través de una olla. La magia no deja de sorprenderme. No puedo entenderla, pero no puede dejar de sorprenderme.

- Karalynn, Killian se pregunta, ¿Por qué decidiste venir aquí? Es claro que eres una muchacha decente, valerosa a la hora de entrar en acción. Pero Killian se pregunta si acaso no hay otro motivo.

Le pregunté, sin maldad. Al estar nuevamente en la casa, llena de animales muertos encima de la mesa, empecé a examinar. Parecía que estaban preparando alguna especie de brujería. No tenía idea de cómo funciona, así que no pude sacar ninguna conclusión de todo lo que se hallaba en la casa. Miré a mi compañera de nuevo, a ver si ella había encontrado algo de utilidad. Tal vez algunos pocos Aeros, o tal vez el contacto que les hace ganar dinero... alguna red.
Killian
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 268
Nivel de PJ : : 0
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Miér Sep 16 2015, 16:38

Killian mato al individuo limpiamente, sencillamente con un movimiento brusco que se tradujo con un “crack”, semejante al de un hueso recientemente roto. El individuo que estaba justo a mi lado, tendido en el suelo, yacía desde hacia un rato gimoteando de dolor debido al corte de su mano. Su mano yacía a cerca de un metro de distancia de su cuerpo, de su posición inicial, y este aunque en un principio había extendido la otra con la intención de tomar su preciada y ahora perdida mano, ya había desistido. Tome mi cuchillo y se lo clave en el cuello repetidas veces, hasta que finalmente su vida ceso. Luego, subimos.

La pregunta que me hizo mas tarde, me tomo totalmente por sorpresa, y no habría esperado bajo ningún concepto que después de aquello me hubiera preguntado algo tan… difícil. Por que había hecho aquello? Si bien en un principio lo había hecho por la furia que me causaba el hecho de que, al igual que pasa personas que habían sufrido aquel engaño, yo también lo habría podido sufrir, una de sus razones era que deseaba evitar esa clase de situaciones. Creo que Wallace vio eso en mi, y fue la principal razón por la que me sugirió unirme a los cuervos de plata. La razón por la que consideraba correcta mi posición entre ellos. El había visto mi potencial como alguien que podía hacer mucho bien por los demás, y es posible que así fuera en su momento. Me quede mirando al vació durante algunos segundos.

Luego volví nuevamente mi rostro hacia Killian, y contemple en mi mente los pensamientos que me había generado su pregunta. No sabia que responderle, no sabia que decirle al respecto. Yo no era buena! Coma podía ser buena yo si había abandonado a mi familia, marchándome  hacia el norte? En principio había tenido las esperanzas de conseguir dinero, de traer a Mi madre y mi hermano pequeño conmigo y que no tuvieran que aguantar un solo instante mas a aquel individuo pero… había pensado en ellos las semanas anteriores? Había pensado en ellos cuando había pisado por primera vez el nido de los cuervos de plata? No. No era buena persona. Y sin embargo, había necesitado ir hasta allí, allí donde me encontraba con Killian con la intención de terminar de una vez por todas con la gente que estaba engañando a tantos inocentes.

No lo se  —le respondí, sin mas—.  Si te dijera algo, no lo habría pensado demasiado, y tampoco tengo una razón lógica por lo que lo haya querido  —me quede contemplándolo fijamente. Mire sus ojos, como si tratara de buscar algo en ellos—. No lo se, Killian. Sin embargo si puedo decirte, que me siento realmente bien ahora. Siento que hemos hecho algo que debíamos hacer. De no haber venido nosotros a por estos individuos, a lo mejor habría venido alguien a por ellos. O tal vez no… —sonreí—. Como sea, hemos terminado aquí, verdad? Oh, mira, esto es interesante.

Vislumbre en una mesa redonda un libro bastante ancho, que estaba abierto de par en par. Sin duda alguna había estado siendo leído por uno de aquellos dos individuos. Por cual? No era capaz ni de imaginarlo; muy probablemente por aquel que había sido en un principio una dulce anciana que vendía patatas, llamándolas de un nombre de lo mas extraño. Pase la yema de mis dedos sobre el libro, y note un leve ardor en estos. Cuando me fije en que era lo que ponía el libro, no pude comprenderlo demasiado binen. Pero los textos estaban acompañados de dulces imágenes, algunas de ellas no tanto. En la pagina de la izquierda, había una anciana, precisamente, que ofrecía a un joven muchacho una patata. El muchacho en la imagen siguiente, se convertía en una criatura bastante dismórfica, desagradable y que jamas habría imaginado. Una de esas criaturas que no salen mas que en cuentos de viejas, cuentos desagradables para asustar a los niños en la noche, o para evitar que hagan maldades.

Me resulta perturbador  —confesé al ver la pagina.

Las letras parecían inclusive dulces dibujos. No parecían letras hechas con total normalidad, con la intención de comunicar un texto a alguien. Eran letras que eran arte en si mismas. Pretendían ocultar algo mas, yo estaba segura de ello, aun sin tener la certeza absoluta. Acerque bastante mas mi rostro hacia la hoja, hasta estar a escasos centímetros. Entonces pude vislumbrar cada un de las letras. Eran pequeños dibujos, símbolos muy definidos, con exquisita precisión. Tome mi cuchillo y lo acerque a l ahoja de la izquierda, y levantando levemente la hoja, coloque la hoja tremendamente afilada del cuchillo, al borde de la hoja. Con cierta dificultad, semejante a la de colocar un hilo en su aguja, abrí la hoja. Había una mas en su interior! Había algo mas oculto bajo aquella hoja. Y quien sabia? Era posible que todas y cada una de las hojas de aquel libro guardaran inscripciones secretas bajo sus hojas!

Creo que no eran estos los únicos individuos que estaban dentro de esto. Alguien mas recibía los Aeros, alguien mas esta detrás de esto  —comente finalmente—. Y creo que si damos con ese alguien, terminaremos de una vez por todas con esto.

Y entonces oi una voz. Una voz que provenía del exterior, mas allá de la caseta. Tambo escuche el golpeteo de las armaduras, y el chillido momentáneo de las cotas de malla. Eran guardias del Lunargenta, posiblemente. Y aunque hubiéramos cometido un acto benévolo,s seguramente nos interrogarían, nos tomarían, y lo que habíamos hecho no dejaba de ser un homicidio.

Si, es por aquí —decía uno de ellos. Una voz muy gruesa—. El granjero nos dijo que era aquí donde había oído los gritos y el bullicio.
avatar
Cantidad de envíos : : 194
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Killian el Sáb Sep 19 2015, 17:59

La respuesta de Karalynn ante mi interrogante me hizo alzar una ceja. No me había esperado que fuera tan humilde, pues las chicas que van en busca de aventuras, suelen creer que pueden levantar cien toneladas con sus delgados brazos. Pero ella tenía una percepción de las cosas distinta. De todas formas, aquel valor que ella tenía le iba a hacer falta. No sé por qué, pero me dio la sensación de que su vida había sido muy difícil, y que lo seguiría siendo en el futuro.

Asentí con la cabeza, correspondiéndole la sonrisa y seguí buscando. Ella encontró un libro bastante interesante, y me dispuse a escucharla.

- Terminar con ésta red para siempre. ¡A Killian le gusta la idea! Debemos aniquilar al mal en donde sea que se presente. ¡Vamos a patearles el cuelo, que Killian no ha tenido suficiente por hoy!

Entonces me di cuenta que venían otros sujetos, desde afuera.

- Ah, guardias. - Dije, dando un bufido de desaprobación. No me llevaba precisamente bien con la autoridad, pero no quedaba de otra. Mi compañera parecía no querer que nos descubrieran, pero me encogí de hombros y salí a su encuentro. Eran tres guardias robustos, fuertes, armados con unas largas lanzas. Apenas me vieron, le apuntaron con ellas, y yo les miré desafiante, con cara de pocos amigos.

- ¡Alto! ¡Identifícate!

- Killian es mi nombre.

- Nos dijeron que habían gritos. ¿Qué pasó?

- Pues habían unos tipos que vendían unas estatuas... que mataban gente. Killian vino acá, y les mató a ambos.

- ¡¿Qué?! ¡Tú te vienes con nosotros inmediatamente!

- Ajjjj... ¿Es eso necesario?

- ¡Claro, pero muerto te vamos a llevar! ¡Vamos hijos de puta, matemos a éste desgraciado!

Desenvainé rápidamente mi espada, pero me tomaron por sorpresa. Una lanza se clavó en mi pierna izquierda, hiriéndome gravemente. No hice ni una mueca de dolor, pero retrocedí un par de pasos. Esos guardias, quizás serían esbirros de un jefe mayor, alguna conspiración en Lunargenta que apenas estábamos empezando a entender... tal vez necesitaríamos ayuda de la verdadera guardia para poder cortarla de raíz. Pero de momento, las tres lanzas que amenazaban mi vida me preocupaban más.

Chocamos las armas, pero la habilidad de esos guerreros era bastante superior a los otros tipos con los que habíamos peleado. Estaban bien entrenados, y derrotarlos no iba a ser nada fácil. Seguí bailando, pero otro logró enterrar su lanza en mi brazo. Mordido por canes, y con dos heridas de lanza. Me estaba empezando a marear. Mala señal, siempre es mala señal.

Apreté los dientes y les miré furioso.

- ¡ESTE NO SERÁ EL FINAL DE KILLIAN! ¡YAAAAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRGHHHH!

Entré en furia berserker, y mis golpes se volvieron mucho más brutales. Ahora la sangre corría más rápido que un río, mis ojos estaban completamente en blanco, mis dientes parecían afilados colmillos de una bestia, mi rabia me haría matar a todo lo que tuviera por delante. Me estaba jugando el cuello con la jugada. ¡La única jugada que vale la pena jugar!

Se vieron superados por mi fuerza de berserker, y al primero le enterré la espada en el estómago. Se empezó a revolcar en el suelo, lleno de un tremendo dolor y espasmos de muerte. Al segundo le di un golpe tan certero en el cuello, que lo decapité. Su cabeza rodó por el suelo, ensangrentado. Al tercero me le lancé encima, y lo derribé al suelo. Con los pulgares, enterré sus ojos adentro de sus cuencas, mientras que sus gritos desesperados me ensordecían y me daban un extraño placer. En seguida apreté su miserable cuello con mis propias manos, y apreté tan fuerte que la sangre de su boca hizo un pequeño riachuelo a su lado.

Al que todavía estaba vivo, con la herida en el estómago, empecé a patearlo con crueldad.

- ¡Aaaaah, aaaaah, piedad! ¡Piedad!

- ¡NO PIEDAD! ¡NO!
Killian
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 268
Nivel de PJ : : 0
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Mar Sep 22 2015, 17:32

El espectáculo que contemplé momentos después de que se acercaran los guardias a la zona donde estábamos, fue… No sabría calificarlo si como grotesco, o espléndido. Killian entró en un estado de frenesí que no había visto jamás en un hombre. De hecho, llegué a sentir cierto temor. ¿Y si no era consciente de que yo era su aliada, o lo había sido desde el momento en el que decidió marchar a mi lado para resolver todo aquello? Me aterrorizaba la idea de tener que enfrentarme a él, un hombre mucho más grande físicamente que yo, y con una clara experiencia en el arte de la pelea.

¿Killian? —pregunté. Una pregunta estúpida, ¡claro que era él! ¡Y claro que posiblemente ni siquiera se percataría de mi pregunta!

Me acerqué a él por la espalda y coloqué la palma de mi mano sobre su hombro.

Killian, para. Ya está, ya has terminado —intenté que se calmara—. No hace falta golpearlo más. De hecho ni siquiera creo que hubiera sido necesario hacer esto…

Los cuerpos muertos de aquellos guardias yacían en el suelo. Me sentí tremendamente culpable de repente. Sólo eran guardias, y aunque parecieran hostiles en un primer instante, no eran más que guardias. ¡Tenían que actuar de ese modo! Y además, ¿quién no reaccionaría como ellos tras una respuesta como la que había dado Killian? Terriblemente simple, seca, y en apariencia había mostrado un frío homicidio intencionado, dejando a un lado la importancia de aquello que habían hecho los individuos con las estatuas. Y todos y cada uno de esos guardias, a lo mejor tenían esposa, hijos…

Ya está —repetí, todavía con mi mano sobre su hombro, acariciándolo.

Lo cierto es que estuve siendo muy tolerante. Por lo general tenía un mal carácter gigante. De haber sido otra persona en otras circunstancias, seguramente le habría tirado una piedra en la cabeza, o le habría propinado un golpe preciso en la nuca. Pero por alguna razón sentí una extraña compasión por ese individuo, por Killian. Había conocido a algunos guerreros, ¿pero esa reacción? No era del todo normal, ese frenesí, esa carencia del razonamiento frente a lo consecuente que podían ser sus acciones… Sencillamente pensé que algo no estaba bien ahí.

Volvamos dentro, necesito coger el libro que estuve hojeando antes —le dije, esperando que me hiciera caso, esperando que al menos me escuchara un poco—. Necesito intentar descubrir dónde se hallan esos otros individuos. Aquellos a quienes enviaban los Aeros para que los guardaran, y de ese modo nadie descubriera quien estaba verdaderamente detrás de todo esto. Oh, espera, eso me gusta.

Había observado de pronto en el interior de la casa, una bella hacha de tono dorado. Ésta se encontraba justo entre las patas de la mesa donde había hallado el libro. No me había fijado antes, no había mirado la parte inferior de la mesa antes. Tomé el hacha con mi mano derecha y la observé con detenimiento. Su hierro parecía estar aleatoriamente en oro, y sobre la “hoja” había varias inscripciones rúnicas. Me pareció una hermosa hacha, así que sencillamente la tomé y la coloqué en el espacio donde antes había habido una de las dos dagas que había utilizado con anterioridad, de las cuales una ya no estaba pues tras usarla para separar las hojas del libro, la había dejado sobre la mesa. Luego dirigí mis manos al libro y lo tomé conmigo. Hojeé nuevamente y hallé una localización. Un poco más al norte, casi en el linde de los bosques del norte. Era un dibujo de Aerandir —o eso creí—, no estaba segura pero tenía regiones que yo conocía. Aunque yo no conocía la forma real de toda Aerandir, sí conocía los nombres de algunas regiones, como la Península, Ulmer, o las Islas del Oeste. Me dirigí hacia Killian y le señalé la localización.

Es ahí, ¿sabes llegar? La única vez que fui más hacia el Norte, fui acompañada por dos muchachos —comenté.
avatar
Cantidad de envíos : : 194
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Killian el Miér Sep 23 2015, 15:53

Mi furia intencionada no terminaría ahí. Al tipo que tenía ante mí, suplicándome piedad, quería despedazarlo, separar sus miembros uno por uno, hasta dejarlo hecho puré. Pero Karalynn tocó mi hombro diciendo que ya bastaba. Casi le doy un golpe en la cara para que me dejara en paz. Pero entonces recordé un montón de charcos de sangre, todos ocasionados por mi momentánea irracionalidad. Me dio un dolor inmenso en el estómago, y paré. Sin más, enterré mi espada en el cuello del último guardia, acabando de ésa manera con mis enemigos. Ya nadie quedaba, y volví a la normalidad con la respiración agitada. Uno de los inconvenientes de mi técnica, es que después me siento muy cansado. La seguí a paso muy lento, mientras recuperaba el aliento.

En la casa, ella encontró el libro y un hacha. Curioso, tal vez ahora sí la vería entrar en acción. Estaba seguro de que llegaría a sorprenderme su habilidad. Había sido bastante egoísta en llevarme toda la diversión. Pero al menos aún estábamos vivos, razón suficiente para estar contentos.

La escuché con atención mientras limpiaba la sangre de mi espada con un paño de cuero.

- ¿Al norte? Al norte... Killian recuerda haber estado... en los bosques de los Reinos del Sur... al norte de la Península Verisar. Pero el viaje es muy largo, y el camino peligroso. Hay criaturas extrañas...

Hice un poco de memoria. En el exterior de Lunargenta, la primera vez que viajé solo desde la crisis de mi clan, me enfrenté a un toro en llamas que rompió mi espadón, espadón que aún no había logrado reparar. Sin embargo, era lógico que debíamos hacer el viaje para terminar con la maldad de éstos sujetos. Una sonrisa aventurera se dibujó en mi rostro. Me gustaba la idea del viaje, pero en éstas circunstancias, había aprendido que los viajes siempre es mejor realizarlos bien acompañados. ¿Estaría aquella muchacha a la altura del desafío?

Le miré de reojo. No parecía extremadamente fuerte, pero tal vez su fortaleza radicaría en otras cosas.

- Viaje peligroso. Muy peligroso. Karalynn, ¿Tienes lo necesario?

Si su respuesta no me satisfacía, comprobaría su fuerza yo mismo. No me encontraba en las mejores condiciones, pero sí las suficientes como para ponerla a prueba. No le iba a confiar mi espalda a cualquiera. Si alguien iba a cubrirla, que sea alguien capaz. No siempre puedo cuidar a quienes atesoro.
Killian
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 268
Nivel de PJ : : 0
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Jue Sep 24 2015, 02:08

Killian termino su trabajo matando al último de los guardias que se resistía a morir. Entonces me dirigió la mirada, y tras escuchar todo lo que le mencione, sobre que debíamos marchar –probablemente– en dirección al norte, me menciono sobre los peligros que aquello podía suponer. Deje de pensar por unos instantes. Volví la vista al cielo, estando ahora fuera de allí, fuera de la caseta. Tenía el libro, y a su vez tenia también la nueva hacha, la preciosa hacha que había halla don suden alguno en el interior de la caseta. Observe los cielos, la copa de los árboles, y escuche durante algunos instantes el sonido armonioso del canto de los pájaros. Parecían estar más tranquilos ahora; habían estado sin cantar durante algunos minutos durante la ardua pelea que había llevado a cabo Killian contra los otros individuos.

‘Tienes lo necesario?’ me pregunto finalmente Killian. Aquella pregunta fue lo que básicamente, me devolvió a la realidad. Lo que hizo que me girara hacia él y me quedara mirándolo con una extrema curiosidad. No era curiosidad realmente, pero si un cierto desconcierto. No esperaba una pregunta como aquella. Estuviera o no preparada, iba a ir, no era algo que hubiera pensado con antelación. Pero el hecho de que me lo preguntara el, me desconcertó tanto que no pude evitar dejar que penetrara aquella pregunta más profundamente en mis pensamientos. Si tenía lo necesario? No estaba segura de ello. Aunque tampoco lo había estado cuando me había marchado de casa, después de la gran discusión que había tenido con mi padre. Después de tantos años, no estaba segura de si de verdad era necesario ‘tener lo necesario’ para lograr afrontar determinadas situaciones. Sabia pelear, eso sin duda, sabía pelear lo suficiente. Y aunque no era una guerrera formidable, tenía los conocimientos que tanto Wallace como otras experiencias tales como luchar junto con Vincent, me habían dado. Aun así posiblemente carecía del o que Killian esperaba, o a lo que él se había referido con ‘lo necesario’ para llevar a cabo ese trayecto. Aun así, lo mire con firmeza, y asentí.

Sí, claro que lo tengo –dije.

Y recordé todas y cada una de las ocasiones en las que mi maldito padre, me había reprochado mis destrezas. ‘Karalynn, eres una inútil’, ‘marcharte? No durarías ni dos días fuera’, ‘el mundo es demasiado grande para ti, quédate aquí y talla la madera, que será lo que mejor se te dará en esta vida’. Frases como aquellas, y otras mucho peores que prefería no recordar, eran las que me lanzaba una y otra vez, día tras días. Frases con las que había aprendido a vivir, de las cuales había escapad al mismo tiempo me había enfrentado. No iba a tolerar nada semejante una vez más.

Claro que lo tengo –repetí, y fruncí el ceño. Me sentí furiosa de repente.

Por un momento pensé en lanzarme contra él, en golpearlo. Precisamente lo que no quería que continuara haciendo con aquellos guardias a quienes habia matado recientemente. Pero las palabras de killian resonaron en i cabeza, como si fueran las de mi padre. Aquello me altero, y no pude evitar fruncir mucho más el ceño mientras miraba a Killian prácticamente, con odio. Saque el hacha de allá donde la habia guardado, enfundándola donde antes habia estado una daga, y me acerque un paso hacia killian.

No vuelvas a decir eso, claro que soy capaz –dije. Por un momento no vi a killian, sino a mi padre ante mí–. No vuelvas a decirlo. Ni se te ocurra.

avatar
Cantidad de envíos : : 194
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Killian el Jue Sep 24 2015, 02:42

Le devolví la mirada, desafiante. Parecía un poco sorprendida con mi pregunta al principio, pero luego se mostró furiosa. Tan furiosa que se atrevió a tomar el hacha que había encontrado. Ese gesto me hizo plantearme mi idea. La probaría. Si hay algo que odio, son las personas que hablan y no pueden fundamentar lo que dicen.

Me acerqué dos pasos hacia ella, sin dejar de mirarle a los ojos. El dolor en mi cuerpo era latente, pero eso importa un carajo en el combate.

- ¿En serio eres capaz? Mujer, sostienes un hacha pero tus brazos son débiles.

Apreté mis músculos para probar que en cambio mis brazos, son muy fuertes. No dejaba de mirarle para provocarla. En el fondo me caía bien la muchacha, pero tampoco quería que arriesgara su vida en una misión que podía terminar en desgracia para ella, o para mí. No es un juego de niños el jugar a las armas. Alguien resulta gravemente herido, o muerto. En esos momentos añoraba tanto mi espadón... pelear era mucho más simple. Un golpe, una extremidad menos de la que preocuparse. Pero ya forjaría otro de nuevo, emprendería un viaje para conseguirlo. Pero ése viaje era personal.

- Killian no cree que tengas lo necesario.

La empujé en el hombro, tirándola hacia atrás.

- ¿Qué pasa, vas a probar a Killian que se equivoca? Anda, vamos. Qué, ¿Tienes miedo?

Mi boca comenzó a hacer un siniestro rictus de una macabra sonrisa. Me excito mucho cuando se trata del combate. Saqué la funda de mi espada y la puse sobre una mesa. También puse mi arco y mis flechas, para no tener inconvenientes. Iba a probar si tenía lo necesario, no a matarla. Por eso decidí que lucharía con ella con los puños, no con el metal. El metal vendría después, cuando entre más en calor.

Apreté mis nudillos, haciéndolos crujir mientras elongaba el cuello. Volví a mirarla con esa mirada desafiante, y le hice un gesto para que viniera a atacarme.

- Anda. ¿O eres una cobarde?
Killian
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 268
Nivel de PJ : : 0
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Jue Sep 24 2015, 03:08

Solté casi un gruñido de extremo odio. Lo estaba volviendo a hacer, estaba volviendo a decir aquello, dudando de mi fuerza, de mis capacidades. No soportaba que hiciera eso, que era lo que habia llevado haciendo mi padre más de una década. Tenía tan apretada mi mano sobre la madera del hacha que sentí como una astilla se clavaba en mi piel. Lo mire con odio, con un infinito desprecio. Cuando me percaté de que el habia dejado caer sus armas sobre la mesa, mostrándome que posiblemente pelearía puño contra puño, deje caer mi daga y el hacha que habia tomado recientemente, sobre el suelo. La estancia era poco amplia como para que estuviéramos peleando en ese entorno. Sin embargo no aguarde más tiempo y me lance contra él. Estando a escasos centímetros de distancia de Killian, le propine un golpe con mis nudillos en la parte más tierna de su cuello. Luego de un salto me aleje un metro de él, antes de que pudiera moverse contra mí y golpearme. Debía ser rápida si quería tener alguna oportunidad contra él, y aunque no era consciente de que debía llevar a cabo una estrategia de lucha apropiada en aquellos momentos, pues estaba sumida en la furia y la ira, sí que sabía que no podía descuidarme un solo instante, que debía ser rápida en contrapartida de mi escasa fortaleza en comparación a Killian: él era más grande, era evidente de que la fuerza no era mi punto ventajoso.

Eche un vistazo a la mesa donde el habia dejado sus armas. Tenía una espada, y un arco, y si llegábamos a combatir acero contra acero posiblemente me situaría en una posición muy arriesgada. Pero era fuerte, estaba convencida de ello, yo era mucho más fuerte y podía mostrar mucho más de mil de lo que aquel hombre rudo y grandote podía imaginar. Me moví a su alrededor, con mis puños frente al rostro y buscando un buen momento para golpearlo. Estaba herido, del combate pasado, y aunque no me habia puesto a pensar mucho en ello, no faltaba mucho para que me diera cuenta de que aquello suponía una impresionante y funcional ventaja para mí.

No vuelvas decir eso, maldito bárbaro descerebrado –se me escaparon las palabras, pero él no hacía más que provocarme para que continuara peleando, para que me lanzara contra él.

avatar
Cantidad de envíos : : 194
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Killian el Jue Sep 24 2015, 03:27

Muy bien, ya la había hecho enfadar. Ahora sólo quedaba comprobar su fuerza. Sin embargo, no me esperaba que fuera tan rápida. Me dio un golpe en el cuello que casi me corta la circulación del oxígeno. Me puse una mano en el cuello, sobándolo. Ya no le daría otra oportunidad como aquella.

De niño, siempre me lanzaba directamente a mi contrincante, tackleándolo, tirándolo al suelo y golpeándolo hasta que se rinda. La mayor parte de las veces, funcionaba. Contra los osos, bueno, tenía una cicatriz en el rostro que me recordaba que aquella táctica es peligrosa en ellos. Con los peleadores rápidos, es más complicado. Yo sabía que ella estaba esperando presionar mis heridas. En mi brazo izquierdo y mi pierna derecha, para ser más exactos. Estaría ella pensando en presionar tan fuerte mi herida, que me obligaría a decir que me rindo. Tonto soy. Pero en el combate, enfrío la cabeza cuando se debe.

Avancé lentamente hacia ella. Para ser mujer, era muy alta. Pero sus movimientos y sus insultos la delataban: Tenía miedo. Y con razón. Sería una estúpida si no lo tuviera.

Tomé una silla de pronto y la aventé cerca de ella. El estruendo de la madera quebrándose la descolocaría el tiempo suficiente. Todo lo que necesitaba era tenerla en mis manos. Si lograba alcanzarla, le costaría mucho que la suelte. Por eso, inmediatamente corrí hacia ella y le di un tackle para votarla al suelo. Si tenía éxito, mi abrazo no la dejaría escaparse de mí.

- ¡Háaaaaa!
Killian
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 268
Nivel de PJ : : 0
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Sáb Sep 26 2015, 02:19

El bárbaro tomo con sus manos una silla, y avanzando hacia la muchacha rompió la silla, causando un intenso estruendo que por un instante distrajo a Karalynn. Ella observo la silla casi con espanto. Por un momento se sintió asustada, pensando en que tanto podría llegar a hacer aquel hombre de guerra. Pero inmediatamente se incorporo y recordó lo que debía hacer. No podía dejarse distraer, debía pelear y demostrarle de que era capaz, y todavía resonaban las palabras de odio en su cabeza, las palabras de su padre.

Bruto estúpido —comento ella.

Justo se estaba lanzando contra ella, con la intención de aplacarla. Y de hecho habría podido, pero ella trato de ser mas rápida, impulsándose con el pie izquierdo y haciéndose a un lado. Los amplios brazos de Killian podían tomarla en cualquier momento, pero para su fortuna era grande, y pesado. Se apresuro para poder situarse detrás de el, a su espalda y levanto su pierna con todas sus fuerzas, golpeando en la entrepierna del gigante hombre. Era un hombre al fin y al cabo, pensó Karalynn, debía dolerle! En el peor de los casos echaría mano de alguna de sus heridas, apretándolas, golpeándolas, haciendo que el dolor lo aturdiera lo necesario como para que lo rezagara ante sus ataques. Echo un vistazo a la estancia, buscando muebles, estantes, lugares que pudieran favorecerla en el combate. Si volvía a aplacarla, se aseguraría de estar frente a alguna estantería de modo que chocase con esta. También echo un vistazo a una olla que había mas allá, sobre una mesa donde parecía situarse una improvisada cocina. De esa olla surgía un humillo interesante: agua hirviendo, tal vez. Esbozo una amplia sonrisa y se situó a unos metros de distancia de el. Ya no sentía miedo, sentía una plena emoción, de hecho inclusive estaba empezando a divertirse, y no habían ni empezado a pelear. Pero no debía confiarse, sabia que en el momento exacto en el cual se descuidara, Killian podría atraparla consigo: y no podría escapar, estaría a merced de sus golpes.
avatar
Cantidad de envíos : : 194
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Killian el Dom Sep 27 2015, 19:46

- ¡Oye eso no se vale, tramposa! - Dije con una voz más aguda de lo normal. Su patada me había dolido mucho, y encima choqué contra una mesa por mi tackle fallido. Me di vuelta y le miré con rabia. Era muy rápida, del tipo de luchadora con las que no suelo tener mucho éxito. No importa. En algún momento tendrá que venir a atacarme, y en ese momento, le haría pagar caro. No soy demasiado rápido, pero aún así, soy un guerrero letal.

- Patético. ¡Peleas como una chica! - Le grité, insultándola y provocándola. Pero por un momento medité mis propias palabras... "¡Pero si es una chica! Killian tonto..." Negué con la cabeza y puse mis puños en alto. El caldero de agua hirviendo... ¿Lo usaría contra mí? No lo creía, después de todo no era un combate a muerte. No planeaba lesionarla de gravedad, pero lo haría si no me dejaba elección.

Me acerqué a ella de forma cautelosa. No dejaría que me agarrara por sorpresa por segunda vez. Entonces le dí una patada en el estómago, directa y fácil de predecir. Entonces empecé a dar varios golpes hacia el torso, acercándome de ésta forma a su defensa. Retrocedí dos pasos, y le lancé una mesa directamente hacia ella. Alguno de mis ataques debía dar resultados, pero noté preocupado que mis heridas seguían sangrando. Estaba en pésimas condiciones para luchar, pero mi compañera debía mostrar lo que vale. Después de todo, era por su bien.
Killian
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 268
Nivel de PJ : : 0
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Karalynn Fjelstad el Miér Sep 30 2015, 22:51

Bueno, es posible que lo sea, ¿no? —respondió ella frente al “peleas como una chica”. Pero esto fue antes de que Killian cargara contra ella.

Karalynn hizo un amago de retorcieres de dolor tras el duro golpe que recibió en su estómago. Sin embargo, antes de poder partirse en dos llevándose la mano al estómago, Killian ya estaba golpeando contra su torso, haciéndola retroceder varios metros, gravemente dolorida. Sólo había sentido un dolor tan grande en dos ocasiones. Peleando contra determinados individuos al lado de Wallace, y debido a las fuertes peleas que había mantenido en el pasado con su padre. Frunció el ceño y cerró los ojos durante unos segundos. Luego los abrió nuevamente. “¿Qué haces Karalynn? ¡No puedes cerrar los ojos! ¡Te destruirá!”.

Con los golpes de Killian, había retrocedido en la misma dirección en la que se hallaba la pequeña olla de la que humeaba el agua —posiblemente— que estaba hirviendo. Tremendamente dolorida, aprovechó un instante en el que Killian, pese a no haber parado, estaba preparando su próximo golpe, y rápidamente vació la olla y la dirigió en un golpe contra la cabeza de Killian. Golpeó varias veces, y aunque no estaba ardiendo, el calor era suficiente como para dejarlo levemente aturdido, durante unos instantes. Luego se alejó un par de metros, y cayó con una rodilla contra el suelo, llevándose la mano al torso: Aquello sí le había dolido especialmente. Miró nuevamente a Killian y observó sus heridas, tenía que aprovechar de alguna forma el momento para atacarlas, para de ese modo hostigarlo con sus puntos más débiles. Sin embargo se sentía demasiado dolorida como para actuar de forma inmediata. Pero tenía que mantener su posición veloz, en el momento en el que fuera ella quien se rezagara, Killian volvería a cargar contra ella y en esa segunda ocasión difícilmente podría mantener la compostura, tal y como costosamente había podido en la última ocasión.

Realizó un acto arriesgado. Cargó contra él, pero con un meditado movimiento. Debía ser exageradamente rápida si quería escapar de aquello sin problemas. Dirigió su pie directamente hacia su herida, que continuaba sangrando y parecía tener mal aspecto. Golpeó tan fuerte cuanto pudo y trató de impulsarse hacia atrás para poder ponerse a salvo de las “tenazas” de Killian.
avatar
Cantidad de envíos : : 194
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Killian el Mar Oct 06 2015, 03:59

La cara de la muchacha se deformó de dolor, pero continuó luchando. Tiene agallas, muchas agallas. Pero eso no iba a ser suficiente contra mí. Antes de que pudiera protegerme, me dio en la cabeza con la caldera, vacía de agua. El calor conservado en el utensilio me quemó en la frente, pero ya me habían golpeado peor como para caer por esos golpes.

Esquivó mis golpes, pero al retroceder, me dio tiempo de sobra para realizar con éxito mi siguiente acción: Aventé una mesa contra ella en el momento en que se arrodilló por el dolor. Aquella mujer era de hierro, pues a pesar de haberle causado un daño considerable, no se daba por vencida. Pero ya no estaría lejos de llegar a su límite. Al igual que yo. Sólo bajo estas especiales circunstancias ella tendría alguna posibilidad contra mí. Pero esa posibilidad aún no era consumada.

Le vi acercarse, en un acto heroico de su parte. Iría a mi pierna, que sangraba aún. Era obvio por el modo en que se movía. Al fin había cometido el error que estaba esperando que cometiera. En mi experiencia, el oponente siempre intenta aprovecharse de tus debilidades, sobre todo los oponentes inteligentes como ella. Si había sobrevivido tras tantos peligros en mi vida, había aprendido mucho sobre cómo pelear. Ya estaba extrayendo primitivos patrones en mi mente. Ella respondía al patrón de la mujer rápida y letal. Ya había tenido la desgracia de luchar contra luchadoras como ella. No volvería a fallar.

Dejé que consumara su patada, y me apreté los dientes del dolor. Obviamente, la sacrificaba para poder atraparla. No importa lo rápido que sea, no podía escapar de mis tenazas. Atrapé su pierna con ambas manos y caí con ella, pues mi pierna ya no me permitía mantenerme en pie, tras recibir tamaño ataque de su parte. Pero su pierna era todo lo que necesitaba.

Al caer con ella, inmediatamente puse mi hombro contra su muslo y le hice una llave para quebrarla. El dolor le haría reconsiderar su situación. No esperé a que se rindiera por las buenas, ya había probado que eso no funcionaría. Su orgullo le traicionaría. Su arrogancia, su inseguridad. Rompí su pierna sin demora.
Killian
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 268
Nivel de PJ : : 0
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Killian el Mar Jul 05 2016, 16:00

Sus gritos fueron atronadores, al punto en que casi se desmayó del dolor. Ya la pelea había terminado. Me levanté con mucha dificultad. Mi pierna me estaba matando, y le miré con seriedad. Los otros la golpearían mucho más duro de lo que yo la había golpeado hasta el momento, y fue por ello que decidí que no debería ir con ella a por los malvados que financiaban a los que habíamos derrotado.

- Hay un hospital en Lunargenta, que es muy bueno. A Killian le curaron allí una vez.

Le ofrecí mi mano para llevarla, pero la muchacha se rehusó con orgullo. Era natural. Había perdido, y se sentía humillada. Pero no debería haberse sentido de esa manera, después de todo, no todos los días puedes vencer a un bárbaro a puño limpio. Además, me había dado un buen combate. Mis heridas necesitaban ser sanadas. Mi mareo no había hecho más que empeorar.

Me llevé mis armas, y le dirigí una última mirada.

- Killian te desea lo mejor, amiga. Si es el combate tu camino, sigue mejorando. Puedes hacerlo. -
Le sonreí.

Luego, me dirigí hacia el hospital de Lunargenta.

Allí, atendieron mis heridas con prontitud, y en un par de días, ya estaba listo para volver a la capital. ¿Quizás debería avisar a la guardia sobre aquella amenaza que descubrimos? La duda estaba latente en mi mente.
TEMA CERRADO
Killian
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 268
Nivel de PJ : : 0
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Una mano en el martillo (Killian)

Mensaje  Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.