El mejor equipaje es una buena compañía... [trabajo] nvl1

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Mensaje  Levia el Dom Dic 13 2015, 20:39

Tras terminar con los raros acontecimientos que se le habían presentado en Lunargenta, la mujer dragón se tomó “un día libre”. Aquel día no iría a la herrería, había aprendido mucho en tan poco tiempo de aquel oficio, aunque claramente aun le faltaba mucho por aprender.
Nada más despertarse, la mujer se dio un baño, más bien frío, y salió a la cuidad. Había dejado la  armadura en la herrería para que Einar le echase un vistazo, por lo que se había tenido que comprar nuevas ropas en uno de los comercios de la misma ciudad. Constaba de una camisa de color blanca, no sabía exactamente de qué pito de tela era, pero era más gruesa de lo normal para ser una camisola de mujer. Encima de esta, una chaqueta de color negro, con varillas en la parte delantera, simulando el efecto de un corsé. Encima de los hombros portaba pelo negro, anudado en la parte delantera. Unos guantes del mismo color cubrían sus manos. En la parte inferior llevaba unos pantalones de cuero, finalizando el traje con unas botas altas.
Todo era blanco y negro, como a Levia le gustaba, aunque hubiese prescindido del blanco… Aquella vestimenta era algo femenina para su gusto, aunque tampoco era un vestido, así que estaba medio contenta, todo y que  le había salido un poco caro según su criterio.  Solía gastarse dinero en armas y armaduras, además de que conocía los precios, pero gastar en ropa normal… para el poco uso que tenía le parecía un precio muy elevado.

Sin prisas, la mujer dragón se dirigió a la biblioteca de la cuidad. Después de tantos días trabajando en la forja le apetecía leer un rato y olvidarse del martillo. Nunca había estado en la biblioteca de la cuidad de Lunargenta, así que nada más entrar le preguntó a un señor mayor que había en la entrada donde podía encontrar la sección de bestiario y mitología antigua. Le encantaba conocer las criaturas que habitaban aquel mundo, pero muchas veces se enfocaba en la mitología, pues bien era sabido que muchas veces, animales que solo existían en los libros se habían visto después en la vida real.
Había muchísimos libros sobre aquel tema. Libros de lomos grandes y gruesos, otros finos como el grosor de un cabello. Predominaban los colores tierra, anquen algunos verdes y azules se asomaban entre la multitud, llamando la atención del espectador. La mujer se paseó por la habitación iluminada por la luz del sol que se colaba por grande ventanales. La luz se proyectaba en diferentes colores, creando dibujos y formas. Dejó que su dejo se paseara  por la solapa de los tomos que había en las estanterías, no quería escoger un libro, sino que el libro la escogiese a ella.
Su dedo se paró en un libro que se metía más hacia dentro que los demás, era grueso, pero al parecer más pequeño. La morena lo estajo de la estantería y se dirigió a una zona donde había una especie de sofá de color marrón. Se sentó, cruzando las piernas, y abrió el libro.

-Manticore…- aquellas ilustraciones y descripción sobre aquel animal la llevaron por un momento al pasado, cuando ella misma tuvo que enfrentarse a una de esas criaturas. Cerrando los ojos recordó la suerte que tuvo en tener ayuda aquel día. Leyó con interés aquellas páginas, por si quedaba algo que no conocía de aquella bestia.


"Se trata de una bestia muy fuerte, que habita en su normalidad cuevas entre la gran estepa y la llanura nevada, aunque se han visto algunos ejemplares en la isla de los brujos.
Se trata de un animal con cabeza similar a la de un león, con su pelaje característico, aunque en vez de cabellos porta espinas. Es un cuadrúpedo de fuertes patas, que utiliza para realizar cortos sprint  para cazar sus víctimas. Una coraza de escamas similares a los dragones cubre en su totalidad la parte superior de su cuerpo, haciendo de él un contrincante difícil de acertar, puesto que una flecha y una espada normales no la pueden atravesar. Unas alas de mucilago, grandes, negras y con garras le permiten volar cortas distancias – por tamaño y peso no puede volar más de cincuenta metros seguidos- . Y para acabar, una cola de  escorpión cubre sus espaldas, siempre erguida para atacar, muy difícil de cortar. No posee veneno en la cola ni las espinas, pero una vez incrustadas en la piel, se desprenden de la Manticore, quedando incrustadas en la piel creando un dolor atroz.
Algunos de los pocos ejemplares que se han encontrado en las isla, se asegura que pueden llegar a escupir por la boca una especie de luz, que ciega a los contrincantes, aunque no es un dato que se haya asegurado científicamente.
Se alimenta de todo tipo de animales, no come plantas, por lo que es totalmente un depredador. Puede oler el miedo a larga distancia, así como a las personas y animales. Tiene un mal oído, prácticamente nulo. Su campo de visión aumenta en la penumbra de las cuevas, por el día no suele salir al exterior, ya que ve poco.

Antiguamente se decía que a Manticore se trataba de un animal con cara mitad león mitad anciano, de tamaño descomunal.  De fuertes patas y largas garras, con membranas entre las patas delanteras y el torso –lo que terminó por ser las alas- , pelaje de animal, muy abundante, que resistía las bajas temperaturas del norte.
Mucho ha cambiado desde esta ilustración
".


Sabía el aspecto del animal, pero no recordaba haber leído en ninguna parte las descripciones de antaño. Al parecer, las personas que la describían como un animal con cara de anciano habían visto pocos ejemplares de aquellos animales.
La dragona continuó pasando las páginas, esperando encontrar algo nuevo que memorizar.
Liietana. Le llamó la atención la imagen de un caracol de color lila. Siempre que pensaba en bestias y animales peligrosos se imaginaba grande criaturas, y ahora acaparaba su atención un pequeño ser alucinógeno. La mujer no pudo evitar sonreír ante la descripción d aquel animal. Ya se imaginaba a los jóvenes estudiantes bajo de este tipo de “droga”. Le pareció curioso el dato de hacer una sepa de Liietana, pudiendo crear alucinaciones colectivas, sonaba atrevido, pero a la vez muy peligroso. Sandorai… estaría con los ojos muy abiertos la próxima vez que pasase una noche ahí, quería ver aquel ejemplar con sus propios ojos.

-Ograrck, gran animal de sangre caliente… -


"Se trata de un mamífero, de sangre caliente. Es un animal muy territorial, tanto que puede llegar a matar a cualquier persona que se acerque a las manadas. Viven en grupos de 6 individuos, con un solo macho alza.
Tiene una piel muy dura y resistente a bajas temperaturas. Habita en las zonas más calurosas y secas de Aerandir. Aunque se han encontrado pequeños grupos en la llanura nevada, con ejemplares que han cambiado ligeramente el tono de piel y la capacidad de adaptación, soportando así el frio mortal del norte.
En la nariz les crece de manera natural una extensión de hierro, con la forma de un aro que hacen vibrar cuando están marcando territorio o quieren aparearse. El macho que produce más ruido, suele ser el que tiene más fuerza y por lo tanto, más poder.
Es un animal muy fuerte, soportando incluso el triple de su peso, que suele ser, en su edad adulta, tonelada y media.
No existen muchos ejemplares de esta raza. A pesar de su carácter territorial y algo agresivo, estos animales pueden llegar a ser pacíficos. Algunas personas incluso han logrado hacer de estas bestias su montura, cosa que se volvió su solicita y cara de conseguir.
Para saber si te encuentras en una zona habitada por Ograrck, debes fijarte en los árboles, rocas y suelo, ya que estos animales suelen marcarlos con sus duros cuernos.
Para poder tener un Ograrck como “mascota” debes haber pasado antes por una quest, donde se te será entregado
".

Jamás había visto un animal de aquellos, por lo que la mujer se quedó largo rato examinando la ilustración. Realmente tenía pinta de impresionar encontrarse con una de aquellas criaturas.
-… “En la nariz les crece de manera natural una extensión de hierro, con la forma de un aro que hacen vibrar cuando están marcando territorio o quieren aparearse. El macho que produce más ruido, suele ser el que tiene más fuerza y por lo tanto, más poder”.- leyó la mujer en voz alta, aquel mamífero la estaba fascinando. – “Algunas personas incluso han logrado hacer de estas bestias su montura”- la morena se quedó con la boca abierta- ¿Cómo debería ser montar un Ograrck de estos?...- preguntó para ella misma con fascinación y respeto al mismo tiempo.

La búsqueda había terminado, ahora solo buscaba libros sobre aquel animal territorial y agresivo, quería saberlo todo de él, tanto que cuando quiso darse cuenta ya se le había escapada prácticamente todo el día.
Esbozó rápidamente un croquis del animal junto un par de anotaciones en su diario, en el que tenía mucha de la información que había ido recopilando con los años sobre las bestias. Rápidamente guardó el diario en su saco y Salió de la biblioteca, deseando poder, algún día, complementar aquellas hojas con más información, pero aquella que se adquiere cara a cara con un ejemplar.


Jamás había visitado las dos restantes ciudades de la península de Verisár, así que viajaría a la más cercana, pero primero debía ir a por su armadura, y a despedirse del viejo.

-¿Einar, tienes lista mi armadura?- el anciano herrero asintió mientras comía una pata de conejo recién horneada. –Tranquilo, yo misma la recojo.- pasó por el lado del joven que la había ayudado con la parte de la curtiduría unos días antes. –Buen provecho…- susurro mientras los hombres continuaban comiendo.
-Partiré de Lunargenta en breves. Volveré, pero esta vez no tardaré tanto, debes contare más secretos de esos, viejo- dijo cordialmente la morena, acariciando el hombro del herrero mientras pasada por detrás de él nuevamente, para dirigirse a la puerta. –Gracias por estos días.- susurró con una sonrisa ladeada, había sido días difíciles para todos. –Hasta más ver…- se despidió antes de salir por la puerta.
No le apetecía para nada poner que vestirse, así que se dejaría aquellas ropas más “elegantes” al menos hasta que finalizara el día.

Había un par de jornadas hasta la cuidad más cercana, y a pesar de que le encantaba viajar debía cargar con la armadura, así que pensó ir a la entrada de la cuidad y alquilar un carro.

Y así lo hizo. Se dirigió a la salida de la cuidad, ya tras los muros, al lado de las caballerizas. Un hombre sentado en la parte delantera del carro estaba hablando con otro hombre, que iba acompañado por una joven.

-Ya le he dicho que no soy una niñera- dijo el hombre a regañadientes, antes de escupir en el suelo.

-Pero mi sirvienta ha enfermado, y no puedo acompañar a mi primogénita a la cuidad vecina, donde debe desposarse con un…-

-Ya le he dicho, que no me importa- le interrumpió el hombre del carro, lentamente, con parsimonia, aunque parecía que su paciencia comenzaba a menguar bastante. La joven estaba cabizbaja, no decía palabra.

-¿Cuánto por ir hasta Vulwulfar?-preguntó la mujer, sin querer entrometerse, pero ella también necesitaba un carro, y al parecer era el único.

-250 aeros, joven.- el hombre que había al lado de Levia miró rápidamente a la mujer y después al conductor, repitiendo aquel acto un par de veces.

-Es demasiado caro para un viaje tan cercano, no pienso pagarte más de 100- dijo seria y rotunda la morena, ni con una sonrisa de cordialidad que apaciguara la situación.
El hombre apretó los dientes, parecía gruñir como un perro. Escupió en el suelo, esta vez a más distancia.

-Está bien mujer, sube al carro, partimos ahora mismo.- dijo agrio, comenzando a coger las riendas para irse cuanto antes. Pudo notar miradas en su nuca, y cerró los ojos para que no pasase.

-Perdone, señorita, ¿podría pedirle un favor?- la mujer no quería meterse en problemas, solo quería irse, pero pudo ver de reojo la cara de la joven. Suspiró y se volvió.

-¿Qué sucede?- señorita… jamás la había llamado de aquel modo. Con su armadura negra y sus armas a la vista, ningún padre con dos dedos de gente cedería a una de sus hojas casaderas a Levia, al parecer aquellas roas le habían parecer otra.

-¿Podría ir un hija con usted, compartiendo carruaje?- preguntó como con cuidado, como si algo fuese a romperse de un momento a otro.

-No.- dijo Levia mirando al hombre a los ojos.




Le acomodaron una habitación en casa de la familia, aunque había insistido en no quedarse a dormir. Al día siguiente, con la salida del sol, Levia y la joven llamada Mía, partirían hasta Vulwulfar.
ropa elegante de señorita":


Última edición por Levia el Vie Dic 18 2015, 11:40, editado 1 vez
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Re: El mejor equipaje es una buena compañía... [trabajo] nvl1

Mensaje  Levia el Jue Dic 17 2015, 16:12

Levia se despertó un poco antes que la familia. Se puso su armadura y guardó las ropas “elegantes” en su bolsa. Se sentó en el alfeizar de la ventana, dejando el que aire fresco se colase en la habitación, tirando s cabello hacia atrás en algunas ocasiones. El sol comenzaba a asomarse por entre los puntiagudos techos de las casas de la cuidas. Era una imagen digan de ser grabada en un lienzo, aunque jamás cambiaria aquellas vistas por las propias de la naturaleza.
Pudo escuchar como los integrantes de la familia se despertaban. La sirvienta que estaba enferma dormía en la planta baja, en una modesta habitación. En la planta superior, la primera puerta correspondía a la habitación de los gemelos, dos niños de unos cinco años. La segunda puerta era un aseo, con un tanque para bañarse bastante amplio y un espejo de apariencia antigua, entre otras cosas más comunes. La siguiente puerta fue la primera en zonas, la de Mía. Y junto a las pequeñas escaleras que conducían al altillo, estaba la habitación principal, donde dormía el padre de ojos verdes.  Levia estaba en el altillo, que había sido reformado para ganar una habitación más. No era muy luminosa pasado el medio día pero con las primeras horas se inundaba de una luz radiante.

Levia salió de la habitación, dejándola tal y como se la había encontrado. Bajando las escaleras, pudo ver como los gemelos ya correteaban por la casa, parecían no cansarse nunca. Eran dos pequeños niños rubios, con el cabello con corto y claro que parecían calvos. Iban desnudos, al parecer se le había escapado al padre, que poco después pudo ver correr tras ellos. Les faltaban los dientes delanteros, a ambos, y portaban algunos moratones en las rodillas, eran unos trastos, al parecer. Mía era una joven muy hermosa, era rubia y bastante alta. Tenía los labios carnosos y el color de ojos como el de su padre. Se había puesto un vestido color hueso, con un lazo anudado en la cintura. Un adorno en la frente llenaba su cabeza de pequeñas flores. Una capa del mismo color que el vestido tapaba sus hombros, y si quisiera, su cabeza.  
La morena se había armado con la armadura, y ya portaba sus armas bien colocadas, aspecto que no pasó desapercibido en la familia. Los gemelos se quedaron parados y muy serios, Levia pensaba que se iban a poner a llorar de un momento a otro, menos mal que no portaba el casco. Mía puso cara rara, seguramente le gustaban más las ropas del día anterior. El hombre de ojos verdes se quedó atónito.

-Vaya… buenos días…señorita- casi se le atraganta la última palabra. Levia luchaba por no reírse de un momento a otro.

-¿Ezo zon fechaz?- preguntó uno de los desdentados señalando su carcaj. –Ala, que pasada…- añadió el otro abriendo mucho la boca.

-Mi tocarlas…- advirtió el padre, acto que la mujer dragón agradeció, ya que no se le daban muy bien los niños.

-¿Mía, te queda mucho? Partiremos en cuanto estés.- dijo la  morena seria, bajando las escaleras hasta la planta baja de la casa.




-Adiós papá…- susurró la joven abrazando a su padre ante el carruaje. El hombre del carro puso los ojos en blanco ante aquella muestra de afecto.

-Se me va a atragantal el pollo que comí hace tres jornadas como continuéis asin.- dijo con voz carrasposa el conductor.
La dragona estaba esperando a un lado, ya había cargado en el carruaje el equipaje, solo quedaba la niña.

-Cuando la hayas dejado, vuelve y cerraremos el contrato…- susurro el hombre antes de carraspear.  La mujer asintió subiendo al carruaje.

-Vamos, Mía. – la azuzó a que se subiese al carruaje y partiesen cuando antes. Sería mejor llegar antes de que les pillase la noche.
mía:
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Re: El mejor equipaje es una buena compañía... [trabajo] nvl1

Mensaje  Levia el Vie Dic 18 2015, 12:01

La joven miraba hacia atrás, viendo como la ciudad y todos sus seres queridos se iban alejando poco a poco. El padre no se movió de los establos hasta que el carro desapareció de su campo de visión. Tendría una buena vida en Vulwulfar, además que era el lugar más cercano que podía pedir, por lo que su pequeña Mía podría visitarles a menudo.
A Levia le pareció que la joven sorbía con la nariz, quizás estaba comenzado a llorar, o intentaba impedirlo.  La morena no era una mujer muy entendida en el tema de los sentimientos, y menos con una niña que acababa de conocer, así que ignoró aquello y continuó mirando al frente, recorriendo el camino con la mirada.


El sol se movía por el cielo sin descanso, apenas habían cuatro nubes en el cielo, blancas como el algodón, anquen no lo suficientemente grandes como para tapar la brillante claridad.
La dragona cerró los ojos, el brillo y el calor del sol acariciaban su rostro de manera muy agradable. El viento movía su cabello suelto, negro como las plumas de los cuervos. Aquel viaje estaba resultando tranquilo y cómodo.
Mía, por otro lado, estaba con la capucha puesta, haciendo que una leve sombra cubriese todo su rostro. Estaba sentada, con la espalda más bien encorvada hacia delante, con sus brazos abrazaba sus piernas. Parecía una bola. No daba la más mínima impresión de que estuviese feliz por su cada vez más próximo matrimonio.
Era sabido que muchas jóvenes eran casadas a la “fuerza” con algunos hombres por tierras o títulos, por bienestar familiar y económico. Como primera impresión, aquella familia de padre preocupado, no le había parecido un matrimonio de conveniencia, incluso las cinco palabras que pudo escuchar de labios de la joven no parecían forzadas. Hasta que habían subido al carruaje, parecía que la joven estaba “feliz”.  Lo más seguro, después de ver la casa en la que vivían, que aquello no fuese más que un pequeño berrinche de la chica. Miedo al saber que toda su vida cambiaba aquel día.

Ya no se veían casas alrededor, ni siquiera las de algunos campesinos que había escogido vivir fuera de los muros. Ahora solo había campos y prados, arboles y flores. La estación de lluvias había ayudado a que todos los campos se cubrieran de miles de flores, como si un montón de  colores hubiesen salpicado en un lienzo verde. Era un paisaje precioso, pero parecía que la joven no estaba disfrutando del viaje. Quizás en un principio a la muer dragón le hubiese dado igual, pero aquel tema la estaba escamando.

-Pare el carruaje- dijo en un tomo imperativo la de cabellos negros. – Pararemos unos instantes a descansar. –cuando el carro se hubiese parado, la mujer bajó de este, haciéndole una señal a la joven para que hiciese lo mismo.
Cabizbaja, la rubia bajó del carruaje sin decir nada. Sus dedos retorcían de manera nerviosa las costuras de la capa. Había utilizado algunas pinturas para realzar los rasgos de su tez, haciendo que pareciese más mayor.  Olía a madera, a bosque, aunque el olor a humano luchaba por persistir.
Se alejaron un poco del carruaje, la joven seguía a Levia sin rechistar.

-Mujeres... siempre queriendo parar. Meonas todas...- dijo a regañadientes el malhumorado conductor cuando estuvo solo.


-¿Vas a contarme qué demonios te pasa?- quizás sus palabras portaban más euforia de lo que le hubiese gustado. No la conocía de nada, pero siempre se sentía extrañamente protectora con los más pequeños, y aunque aquella joven ya no fuera tan benjamín,  le brotaba la vena protectora. Quizás porque le recordaba a cierta humana que había conocido en tierra de lobos.
La muchacha la miró por primera vez a los ojos desde que salieron de la casa. Su mirada lo decía todo, aquella pregunta la había desconcertado, y no pretendía contestarla. Parecía que sus ojos se llenaban de nuevo con lágrimas.
-Si  no es tu deseo no hace falta que me des explicaciones, pero tu cara no es de una joven que vaya a casarse.- dijo mirándola fijamente, sin titubear. No era la más indicada, ya que jamás había sentido aquel sentimiento tan fuerte que unía a las persas de por vida, pero si había visto gente con aquella cara de tontos al estar enamorados.  Mía continuaba sin contestar, parecía testaruda, cosa que hizo que la morena pusiera los ojos en blanco por unos segundos. –En fin, volvamos al carro. – deberías cambiar esa cara para cuando lleguemos a la cuidad…pensó la morena para ella misma. Quizás sí se trataba realmente de un matrimonio sin amor, y si la propia Mía no había hecho nada para oponerse a ellos, Levia era la menos indicada para hacerlo.


-Irsos de aquí, canallas. Ya sus he dicho que me dirijo a la cuidad vecina. El carro esta llenito, asin que ¡largo! – se podía escuchar al conductor levantar la voz.
Levia apretó el paso.
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Re: El mejor equipaje es una buena compañía... [trabajo] nvl1

Mensaje  Levia el Lun Dic 21 2015, 16:51

-¿Qué sucede?- preguntó la mujer alzando la voz, sonó algo brusca, aunque no era para menos.
Dos hombres, o más bien muchachos, estaban frente al carro, que al escuchar a la mujer se volvieron hacía ella. Por como la miraron, les sorprendió ver a una mujer armada, y más con su porte, acercándose a ellos de manera amenazante.

-¿Así que nos niegas aeros por llevar a una mujer y…- el más moreno de ellos alargó el cuello, mirando a Mía que se acercaba por detrás de Levia a paso lento-… una bonita joven?- era un elfo, de piel más bien oscura, posiblemente un antepasado suyo fuese mestizo. El otro era un hombre bestia, aunque parecía un humano, ya que iba tapado con telas.
El conductor escupió al suelo, cosa que hizo lo que los mozos le mirasen con cara de pocos. Al parecer el hombrecillo tragó sabia y enmudeció.
Los ojos de la morena se entrecerraron, calculando la distancia a la que se encontraban los dos jóvenes y las armas que portaban. El elfo llevaba una espala curva, y el hombre bestia al parecer iba desarmado.

-Marchad ahora que tenéis oportunidad…- dijo Levia seria, alzando el brazo para alcanzar su hacha. Ambos muchachos se miraron y sonrieron. El hombre bestia se quitó la chaquetilla de tela que cubría su cuerpo, dejando su esbelto cuerpo al descubierto. Portaba dos hachas de manos colgadas en la cintura.
Su cuerpo estaba cubierto de escamas, como si de una serpiente se tratase. Armados y riendo como dos buenos jóvenes llenos de esperanzas y hormonas, comenzaron a andar hacia la mujer dragón.

-Aunque vayas vestida así sigues siendo una mujer, para ahora y no te haremos daño…- susurró la serpiente con una voz tenue.
Levia giró un poco la cabeza.

-Mía, ni te acerques…- susurro antes de comenzar a pelear con los jóvenes. El del carro se había bajado de este, escondiéndose tras unas maletas que había atrás.
Los dos jóvenes y Levia parecía bailar sobre la arena, levantando un poco de polvo. A fin de cuentas eran dos niños, y no quería causarles daño, por lo que la mujer dragón se limitaba a esquivarles y golpearles con la parte ropa de su arma.
Los muchachos eran jóvenes, y aun tenían mucho por aprender, por lo que en poco rato se cansaron de hacer tantos movimientos excesivos y poco calculados.
Terminaron los dos muchachos en el suelo, respirando muy fuerte. Levia les miraba desde arriba, esperado que se levantasen para continuar.
Pero no fue así, salieron corriendo, alejándose de allí lo antes posible. No antes sin darle un golpe al carro, haciendo que el conductor diese un bote.


-Maldita mujer…- pudo escuchar antes de que se alejaran. Se volvió para comprobar que la joven estuviese bien. Se había acercado más, y portaba una de las flechas de Levia en las manos, al parecer se le había caído del carcaj mientras pepeaba.

-Te dije que no te movieras- dijo tajante la dragona.

-Estaba preparada por si necesitabas ayuda…

-Las estas cogiendo al revés…- la rubia miró las plumas verdes que estaban próximas a su cara. Levia intentaba no reírse puesto que le había desobedecido. –Vamos, hemos perdido mucho tiempo con estos niños- añadió esperando a la joven para conducirse las dos al carro. Se agachó para ver el golpe que habían dado los jóvenes al irse, y muy a su pesar, la morena pudo comprobar que había rota una parte del carro próxima a la rueda, que impedía que esta rodase.

-Asquesosas alimañas callejeras…- escupió- m’an rompió la carreta.
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Re: El mejor equipaje es una buena compañía... [trabajo] nvl1

Mensaje  Levia el Miér Dic 23 2015, 11:48

Levia puso los ojos en blanco, no parecía que aquel escuálido hombrecillo fuese a arreglar la carreta, al menos no sin llamar a alguien y tardar toda una eternidad.

-Déjame ver…- susurro la morena dejando sus armas en la parte trasera de la carreta. No tenían herramientas a mano, tan solo tenían sus propias armas, una cesta con comida que había cogido Mía y poco más. –Esto me llevara un poco de tiempo, no te alejes mucho…- Mía sabia que le estaba hablando a ella cuando ya estaba comenzando a caminar. Lo que menos ayudaría en aquel momento era que se encontrasen más rufianes y acosaran a la joven, o algo por el estilo.
La madera cercana a la rueda se había abollado por una parte, haciendo que por el otro extremo hubiese un saliente astilloso de madera. Levia cogió su daga y cortó toda la parte sobrante de madera intentando que quedase lo más invisible que podía. Pasando después la hoja en el sentido contrario, la mujer “limaba” la superficie, para que no raspase nada con la rueda cuando se pusieran en marcha. Y fue entonte cuando vio que la rueda también estaba rota, no era muy importante, pero si pisaban una piedra con aquello en la rueda se quedarían si carro a medio camino. Con las tiras de mimbre de la cesta de la joven, la morena ideó una especie de vendaje sobre la rueda, esperando que aquello funcionase. No era como forjar una espada, pero no le había quedado tan mal.


-Jovencilla, el carreto ya está arreglado. ¡Vamos!- la dragona alzó una ceja, limpiándose el sudor de la frente con el brazo. Si que se atribuía meritos tan pronto el conductor…
La rubia corrió un par de metros que le faltaban para llegar al carro, al parecer había estado recogiendo flores, y ahora portaba un ramo de muchos colores en la mano. Aparentemente estaba de mejor humor, quizás aquel descanso le había servido para pensar y reflexionar.

Y continuaron el viaje tranquilamente.
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Re: El mejor equipaje es una buena compañía... [trabajo] nvl1

Mensaje  Levia el Mar Dic 29 2015, 12:49

El sol brillaba en el cielo y el aire acariciaba el rostro de la joven, haciendo que su cabello pareciese un lienzo dorado.
Su corazón aun latía con fuerza puesto que jamás se había visto involucrada en una pelea, su cuerpo aun sentía los efectos de la adrenalina. Las manos ya no le temblaban, su respiración ya no estaba entrecortada. Aquel acontecimiento le había hecho despejar su mente de los grandes cambios que iban a suceder e apenas medio día.
Tenía las manos apoyadas en el saliente del carro, con la cabeza sobre estas, mirado el cambiante paisaje que conducía de la cuidad de Lunargenta hasta Vulwulfar. Esta nueva cuidad en la que tendría que residir en el futuro era famosa, entre otras cosas, por el paso comercial entre el bosque de los elfos. Mía había escuchado muchas historias sobre los elfos del bosque, guardianes de los bosques, personas antisociales con otras razas y territoriales. La rubia no había conocía muchos elfos, la verdad, pero los pocos que conocía no eran para nada todos aquellos adjetivos que se atribuían a los elfos de las historias.
Había conocido a una elfa años atrás, una joven aprendiz de alquimia. Había llegado a la cuidad a por unos encargos de la gran biblioteca de Lunargenta. En su corta estancia en la ciudad, Mía y ella se hicieron “amigas”. La elfa le contó historias del bosque, relatos llenos de magia y fantasía, que a pesar de estar prácticamente al lado de su ciudad, parecían relatos de otro mundo.
También había conocido un mercader elfo, acusado de robar todos sus artículos para después venderlos en mercadillos y mercado negro. Su padre no le dejó acercarse más a él desde las acusaciones, pero antes había podido hablar un par de veces con él, y Mía lo había catalogado como un hombre muy educado y amable. Siempre tenía buenas palabras y maneras, aunque algunas personas no pensaban lo mismo.
A pesar de su poca experiencia con los elfos, pero no malas experiencias, la joven no podía evitar sentir cierto miedo a estar tan cerca de un territorio desconocido.
Wulwulfar también era conocido por su gran importancia en la pesca. Era una ciudad muy importante en la exportación de ciertas especies marítimas. Se podía imaginar una pequeña ciudad de casa blancas y bajas, todas con al menos una cara hacia el mar. Pájaros que vuelan los puertos y las playas, barcos grandes y pequeños… Posiblemente su ciudad idealizada cambiase al verla por primera vez, pero al menos le gustaba la idea de estar cerca del mar. Aunque tendrían que hablar sobre la dieta, ya que no le gustaba mucho el pescado…

Levia miraba de vez en cuando de reojo a la joven que había sentada a su lado, parecía pensativa. La morena sabía que no era una de las mejores compañeras de viaje, ya que era callada y algo reservada. Pero tampoco le importaba, era un trabajo, caerle bien o no a la joven no era su principal misión.

No había visto antes a su prometido, aunque le habían hablado muchas veces de él. Al parecer era un noble de la cuidad pesquera. Su familia se había forjado un nombre después de muchas generaciones de trabajo. Sus antepasados habían sacrificado sus pocos aeros en comprar un destartalado barco, y dedicarse a la exportación de pescado por el resto de Aerandir. Con el tiempo, la familia fue haciendo dinero, y con ello compraron un barco mejor y pudieron contratar más trabajadores. A día de hoy el prometido de Mía era el dueño de un par de barcos, de treinta tripulantes cada uno. Todos bajo su orden y mandato, se encargaban de llevar un pescado de selecta calidad a todos los rincones donde el barco les permitiese.
Kirk, así se llamaba el prometido, pasaba gran parte de su vida en alta mar, acompañando a sus trabajadores. Aquella vida era emocionante y llena de aventuras, palabras que no iban muy acorde con familia y estabilidad. Su madre, ya mayor, había intentando en un par de ocasiones emparejar a su ya no tan joven hijo con alguna mujer de la cuidad. Pero este siempre las rechazaba.
Toda aquella información sobre Kirk no era conocida por Mía, puesto que de saberlo, posiblemente no hubiese aceptado el enlace. El padre de la joven había escuchado rumores, pero valía la pena intentarlo.
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Re: El mejor equipaje es una buena compañía... [trabajo] nvl1

Mensaje  Levia el Sáb Ene 23 2016, 11:58

¿Y si se trataba de un hombre mayor?
Mía no dejaba de pensar en su futuro prometido. Estabilidad económica le sonaba a largos años de trabajo, y eso no acompañaba a la juventud. Seguramente se trataba de un hombre mayor, y si con una ya avanzada edad no estaba casado es que sus defectos superaban todas sus cualidades.
Comenzaba a sentir que le sudaban las manos y que su estomago se encogía constantemente, haciendo que se sintiese mareada.

Levia miraba el cielo y sus escasas nubes, la luz del sol le hacía entrecerrar los ojos de tanto en cuanto. Aquella forma de viajar era cómoda y bastante rápida, aunque algo más aburrida. Hacía ya un rato desde el imprevisto del carromato y los “bandidos”, sentía tener el culo plano y las piernas entumecidas.
Se sentó de lado. Después de frente con las piernas flexionadas, abrazándolas con sus propios brazos. Después apoyó la espalda en la pared arqueando la, estirando las piernas en toda su extensión. Piernas cruzadas y espalda encorvada, de lado con un pie marcando un ritmo mudo, espalda totalmente recta y forzada… no podía más, necesitaba matar el tiempo o se volvería loca.
Sacó de la bolsa su diario, en el que anotaba sobre los animales que iba viendo y sobre los que estudiaba.
Fue al apartado donde tenía toda la información de la Manticore para añadir lo último que había leído sobre ellas. A un lado había hecho un dibujo del Manticore contra el que se había enfrentado, no deseaba cruzarse con otro en largo tiempo.
En una de las páginas en blanco puso sus nuevos conocimientos sobre el caracol morado, el de las alucinaciones. Dejó bastante espacio sin escribir para añadir cosas nuevas cuando viese a ese animal con sus propios ojos.
Al pasar la hoja pudo ver el rápido dibujo y las pequeñas anotaciones que había escrito en la biblioteca sobre el Ograrck. Era un animal descomunalmente impresionante e interesante. Dejó volar su mano y comenzó a escribir todo lo que recordaba, retocando el dibujo a medida que añadía algo nuevo a la descripción.


Paró unos instantes para descansar la mano y la vista, estiró los brazos y el cuello sin poder evitar sonreír. Aunque aquella sonrisa se desvaneció casi tan rápido como vino: Mía estaba tan pálida como un vampiro.

-¿Te encuentras bien?- preguntó la morena frunciendo el ceño.

-Si- contestó seca la joven. A pesar de su escueta respuesta, parecía que le había costado articular palabra.

-¿Qué sucede, Mía?- insistió la dragona al ver su aspecto, que parecía empeorar a cada segundo que pasaba.

-No es nada…- la mujer continuaba mirándola, parecía que tan solo hacía falta insistir un poco y tener paciencia-…es sobre mi prometido, el compromiso, la ciudad…- bingo.
Estaban una frente a la otra, sentadas. Mía continuaba hablando y gesticulando, sus caras eran muy teatralmente expresivas. No sabía exactamente cuándo, pero Levia hacia un rato que había desconectado de aquella conversación. Miraba a la rubia a los ojos, e incluso asentía de vez en cuando, pero no estaba atendiendo a una sola de sus palabras, palabras que escupía a la velocidad de un rayo. Podía escuchar un leve pitido y de manera muy tenue y alejada, sus pensamientos. Se está poniendo totalmente roja…parece que va a explotar. ¿Tan nerviosa estaba? ¿Por qué no toma un trago para calmarse? Oh vamos Levia es una niña, no puede beber…pero si casarse con un desconocido. Me está mirando, ¿Qué digo? parece que está esperando a que diga algo… La morena asintió un par de veces, con lo que la joven aceptó para continuar con su monologo. ¿Cuánto quedara para llegar? Pensó antes de reparar en que la rubia estaba temblando.

-Deberías calmarte un poco.- la interrumpió. Alzo una mano para tomar una de las manos de la humana, estaba helada. Tenía la respiración agitada y entrecortada. Debía hacer que no pensase mas en aquello o se le caería en redondo ahí mismo.
Colocando de nuevo la mano en su regazo y acariciar el lomo del diario, Levia tuvo una idea.
-¿Te gustan las historias?- no eran del todo cuentos o historias, pero llamarlo así lo hacía más tentador. La joven asintió rápidamente, mientras tragaba saliva, seguramente tenia la boca seca. –Vale. Vamos a ver, claro Liietana. Se trata de un bonito…- calló al momento, ante la cara dubitativa de la rubia. Un caracol de con efectos alucinógenos no era la mejor anécdota para una joven. Intentó hacer un rápido escaneo de toda la información de su cabeza, algo debía ser bueno para aquella situación. –Jamás he visto a uno de estos ejemplares, incluso se rumorea que se trata de leyendas o mitos- la rubia parecía atender, así que continuó.- Siempre aparecen en pareja y ante alguien perdido, ellos son los encargados de señalar el camino, bueno los caminos. Siempre hay más de un camino o posibilidad, oportunidad…solo hay que saber escoger. Se dice que sus cuernos son de cristal, y que emanan una luz blanca y violeta, el camino acertado y el desafortunado, el bien y el mal.- como había dicho, nunca había visto aquellas criaturas, por lo que solo conocía lo que había leído en los libros. Esperaba que con eso bastase.
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Re: El mejor equipaje es una buena compañía... [trabajo] nvl1

Mensaje  Levia el Vie Ene 29 2016, 18:25

La joven parecía escucharle con atención, disminuyendo poco a poco la agitación de su respiración alterada y entrecortada.

-¿Tu nunca has visto uno de esos?- preguntó Mía parpadeando un par de veces, al parecer aquella historia sobre aquellos animales casi mitológicos le había hecho dejar de pensar en su inminente destino. -¿Entonces como sabes tanto de ellos? ¿Quién los ha visto alguna vez para poder afirmar todo lo que dices?- era curiosa, irritantemente curiosa. Levia también lo era, pero jamás lo admitiría.

-No hace falta ver algo para saber de su existencia, humana.- al parecer, por el gesto que puso la joven, no le había gustado aquella forma de nombrarla. Aunque a fin de cuentas era aquello, una humana.

-No puedes creer en algo que nunca has visto…- sus ojos miraron a un lado, y después a otro, como intentando buscar la palabra adecuada para denominar a la morena. -…humana. ¿Humana?- alzó ambas cejas y ladeó la cabeza hacia un lado como un pequeño cachorro. Levia sonrió de lado, sin corregirla, pero tampoco afirmando, por lo que la joven se quedó algo desconcertada.  Aparentemente parecía una humana, ya que casi nunca se trasformaba delante de otros, además que ocultaba su olor bajo esencia de lavanda, con lo que podía confundir a algunas otras razas, excepto a los hombres lobo, ellos tenían un olfato extraordinario. Pero una humanar era incapaz de poder averiguar su raza. Lo extraño es que aquella joven, ni su padre, hubiesen reconocido a la dragona por los recientes acontecimientos en la ciudad de Lunargenta. -¿Por qué eres una humana, verdad?- insistió la rubia volcando toda su atención en su acompañante.
La morena bajó la mirada, agradeciendo que los nervios de la joven casadera hubiesen menguado, ya que de seguir así se le hubiese desplomado antes de llegar a la ciudad vecina. Suspiró, quizás lo mejor sería parar un poco a descansar, retrasando un poco más la hora de llegada, seguro que la joven agradecería aquello.

-Perdone, pararemos un poco a descansar.
El hombrecillo escuálido murmuró algo y después escupió sonoramente sorbiéndose las narices, mientras el caballo ralentizaba el paso, ordenado por el conductor.
>>Vamos, baja, descansaremos un poco antes de continuar.- la joven no respondió ante aquello, pero su sonrisa no pasó desapercibida.
A lo lejos podían verse algunas granjas, escondidas entre los árboles, pero a lo lejos. Allí aun habían explanadas vedes, salpicadas por los colores de las flores. No estaban muy lejos del mar, por lo que se podían escuchar algunas gaviotas, aunque acercarse al agua les haría perder mucho tiempo.
Mía miraba al cielo y respiraba hondo, miraba las flores y los árboles, como buscando algún animalillo escondido. Dio un par de pasos, adentrándose entre los árboles que enmarcaban el camino. La joven volvió la cabeza, mirando a la morena, esta le asintió con la cabeza, y después de esto pasó entre los troncos. No la perdería mucho de vista, pero comprendía que la joven probablemente necesitase algo de intimidad.
El hombre, aun en el carro, movía los pies como con impaciencia, haciendo un ruido sordo y constante contra la madera del carromato.
Levia apoyó la espalda contra el carro, ignorando los ruiditos del conductor.
Mía pasó entre dos árboles, como si fuese una entrada a un pequeño bosque. Allí los pájaros parecían cantar aún más, y el aire parecía ser más limpio y puro. Pudo ver como un conejo de color parduzco se metía entre unos matorrales, y la joven fue tras él. El animal, asustado, comenzó a correr, y la rubia también, riéndose y disfrutando de su poco tiempo de libertad. Hasta que se topó con un hombre. Portaba una capa de color oscura, pantalones del mismo tono y una especie de chaleco de color vino. Era alto y de piel algo bronceada, de cabello no muy oscuro, aunque se notaba que el sol lo había aclarado un tanto. Tenía una barba pulcramente cuidada, ojos claros y penetrantes. Mía se quieta, mirando la hombre con la espiración algo acelerada por la carrera.

-Buenos días tenga, muchacha…- susurro el hombre con una vez varonil en un timbre bajo. Revisó a la joven rubia de arriba abajo, y por la leve sonrisa que apareció en sus labios, le gustaba lo que estaba viendo.
Aquello al principio a Mía le asustó. No contestó, y tenía pensado salir corriendo en tres, dos, uno…


Levia ya no podía ver a la rubia, y tampoco podía olerla. Le daría un poco de tiempo, después si no aparecía entre aquellos arboles ella misma iría a buscarla.
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Re: El mejor equipaje es una buena compañía... [trabajo] nvl1

Mensaje  Levia el Sáb Ene 30 2016, 14:03

Ya había pasado un buen rato, y la joven parecía no aparecer, Levia comenzaba a impacientarse. Y aparentemente, el conductor también: se había levantado del carromato, dando un pequeño brinco, y estaba caminando alrededor de este de manera repetitiva. Arrastraba los pies, levantando polvo y haciendo rascar las piedrecillas con la suela plana de sus zapatos.
La dragona respiraba hondo, mirando al cielo, intentando tener paciencia con aquel pobre hombre. Mía no aparecía. Se estaba poniendo nerviosa.

-…y llegamos al puesto de Lunargenta con el barco casi hundido- dijo el hombre sonriendo, dejando ver su blanca dentadura.
Mía se reía, tapándose la boca con la mano de manera coqueta. Estaban sentados en unos tocones que había en el suelo, uno al lado del otro. El hombre con el chaleco de color vino tenía una ramita de roble en las manos, a la que le había quitado las hojas y estaba dando vueltas. Mía hacía círculos con los pies en la hierba, intentando parecer despreocupada, aunque aquel joven le estaba gustando demasiado. Le había contado algunas historias sobre su trabajo, principalmente. Sobre aventuras y viajes que a la rubia se le antojaban como cuentos de libro.

-Debe ser una vida muy emocionante. Te envidio…- dijo la joven con un extraño brillo en los ojos.

-Bueno, como todo, tiene cosas buenas, pero también cosas malas- aunque esas se abstendría a contárselas, pensó el joven mirando a la bella joven que estaba sentada a su lado.



Suspiró sonoramente, aquella niña estaba jugando con su paciencia. Con fuerza e ímpetu, la morena emprendió camino hacia la arboleda justo cuando la joven salió de allí mismo.

-Lo siento.- la interrumpió al ver su cara de “enfado”- me he encontrado… con un joven y hemos estado conversando.
Levia no sabía que contestar a aquello.  ¿Un joven? ¿Qué habían estado hablando? ¿En medio de un bosque? Parpadeó atónita un par de veces, sin saber cómo proceder a aquello. Mía sonrió un poco sonrojada, aquello no era bueno.

-Al carro, debemos continuar con el viaje.- dijo algo más seria de lo que le hubiese gustado.

El traqueteo del carromato les hacía moverse involuntariamente de un lado a otro contantemente. Estaban calladas desde que había subido al carro, tan solo se podía escuchar al conductor escupir de vez en cuando.

-¿Levia, crees que…?-

-No.- seria y concisa, sin mirarle. No necesitaba ver sus ojos ni escuchar el resto de su pregunta para saber en lo que estaba pensando.
La rubia bajó la cabeza, parecía triste. Los sentimientos y las hormonas de los jóvenes en algunas ocasiones les causaban malas pasadas. Aquella era una de esas veces.  
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Re: El mejor equipaje es una buena compañía... [trabajo] nvl1

Mensaje  Levia el Sáb Feb 06 2016, 14:42

El resto del trayecto se sumió en un espeso e incómodo silencio. Mía miraba con desgana el camino, que poco a poco iba cambiando: el camino de tierra ahora era de pedregoso, los campos había dejado paso  granjas, las pequeñas arboledas ahora era una vista preciosa al mar. Levia la daga en las manos, le daba vueltas, mirando su forma e imaginando como fue su elaboración. Un regalo más que útil, pensó la dragona recordando a la persona que se lo había dado, mucho tiempo atrás. Aquellos recuerdos se le antojaban a una vida pasada, quizás comenzaba a ser hora de dejar aquello en el lugar que le pertenecía, el pasado, y no volver a involucrarse jamás. Pero el destino es muy caprichoso, y lo que la morena no sabía era que, por mucho que las personas, y ella misma, se empeñasen en creerse dueños de sus vidas, en realidad cuando el destino está escrito, nadie puede cambiarlo.

Ya se podían ver las tejas azules, e las casas costeras y pesqueras. Barcos que se acercaban lentamente al pequeño puerto, probablemente por su aspecto, repletos de mercancías.  El olor a agua marina sobrepasó al de los árboles y flores. Aves blancas sobrevolaban sus cabezas, indicándoles la llegada a la nueva cuidad, parecía que les estaban escoltándoles, cuidando el cielo sobre sus hombros. La mujer puso los ojos en blanco, no le gustaban las aves, y a las a veces no les gustaba ella. Era un odio recíproco.
Entraron en la cuidad sin problema alguno. El padre de Mía le había indicado donde dirigirse al llegar a Vulwulfar, y por quien preguntar. La rubia suspiró sonoramente, Levia hizo ver como que no la había escuchado. El conductor escupió antes de destensar las riendas.





-Por los dioses… La muchacha debe estar al llegar, y tu hijo aún no ha aparecido por casa. Si no fuese porque el barco está en el puerto, pensaría que los dioses le mandaron un fuerte viento y que ahora acompañaría a los percebes. ¡Cuántos disgustos me da este, tu hijo!-  decía la mujer sentada en la mesa, llevándose las manos a la frente y frotándosela. Tenía el cabello platino, recogido en un pulido y espectacular recogido, digno de una reina. Portaba un vestido de color lavanda, con estampados de flores grandes de color negro. El corpiño apretaba su torso, elevando sus firmes pechos, dejando ver una cuidada piel en una mujer de ya avanzada edad.
El hombre que había frente a ella no la miraba mientras esta despotricaba de su hijo.

-También es tu hijo, Adelaida- susurró el hombre con voz pausada, a diferencia de ella, aquel comportamiento  en Kirk no le sorprendía. –Seguramente  este trabajando, o disfrutando de su retorno a la ciudad, ha pasado muchas jornadas en alta mar…

-Siempre tratas de excusarle, Salvador. Ya no es un jovenzuelo, tiene obligaciones y deberes. Yo no estaré siempre para ayudarle. No me mires así, tu eres más viejo, vivirás aún menos… no se cuantas más mujeres estarán interesadas en casarse con un hombre mayor que jamás está en la casa…

-Por suerte o desdicha, mujer, somos una familia adinerada, y mucha gente lo sabe en esta ciudad y en otras. Pretendientes seguro que no le faltan…- dijo el hombre sin levantar la vista de su libro. No era algo que le gustase, pero sus palabras estaban repletas de razón. Salvador era un hombre alto, de cabellos blancos y rizados. Portaba una perilla muy bien cuidada que enmarcaba su rostro alargado. El paso delos años afectaba más en él, debía a sus largos años de trabajo en alta mar, aunque igual que ella portaba unas finas y elegantes ropas, de color azul marino.

-Ya debería estar aquí… que irresponsable que es K…- continuó la mujer mientras la puerta de la entrada de abría. Callo al ver a su hijo.
>>Kirk, ¿Qué horas de llegar son estas? No recuerdas lo que…

-Madre, estaba disfrutando de estas nuestras preciosas tierras. Además, no me he demorado tanto, aún quedan algunas horas de sol.

-¿Acaso no recuerdas que día es hoy?- aquella pregunta era estúpida. No, no lo recordaba. Jamás recordaba los días que su madre organizaba para citarle con las mujeres en edad casadera. Los dos hombres se miraron con complicidad. –Hoy hemos quedado en vernos con la joven de Lunargenta.- le recordó Adelaida, cansada de esperar una respuesta por parte de su hijo. Kirk no demostró euforia al escuchar aquello. –Sube y lávate, vístete con buenas ropas y arréglate esos pelos tan desmarañados, has de causarle una buena impresión a tu prometida…
El de ojos claros subió al piso de arriba, sin añadir nada al monologo de su madre. Ya había vivido aquello en algunas otras ocasiones. El no mentía sobre como era su vida, y mucho menos de como quería que fuese en un futuro. Si a las mujeres les llamaba la atención su físico de primeras, las ahuyentaba con sus expectativas de futuro. Aunque algunas cerraban los ojos ante aquello, pues el peso del monedero les era más importante. Kirk sabía catalogar muy rápido a aquellas mujeres, y las ahuyentaba de otros modos. Modos que su madre detestaba.





Habían llegado un par de horas antes de lo previsto, así que la dragona se llevó a la joven  a una taberna.

-Bueno Mía, ha sido un placer conocerte…- dijo rompiendo el silencio de las últimas horas. Ambas se sentaron en una mesa, apartada de la muchedumbre. La morena pidió un par de jarras de aguamiel para las dos. La rubia miraba a un lado y a otro, al parecer jamás había estado en un lugar así, y seguramente nunca había bebido algo igual, sería interesante.

-Levia…- comenzó la joven cabizbaja-¿podrías quedarte un poco más?- la miró a los ojos, de nuevo parecía asustada, aunque ya no la embargaban aquellos nervios que casi la matan. –No me dejes sola ahora. No conozco a nadie… Tanto si sale bien como si sale mal, me gustaría que estuvieras conmigo…- Levia no podía soportar aquella tristeza en sus ojos.

-Mía…- hizo una pequeña pausa, no podía hacerle aquello. El tabernero dejó dos rebosantes jarras en la mesa. –Vale, me quedare un poco más- terminó antes de llevarse su jarra a los labios y beber un largo trago. La rubia olisqueo su jara, y poniendo una cara realmente muy comica, la hizo a un lado.
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Re: El mejor equipaje es una buena compañía... [trabajo] nvl1

Mensaje  Levia el Mar Feb 16 2016, 18:38

-Hemos quedado para cenar con la familia de mi prometido esta noche. En su casa. Esta noche… Levia, ¿me estas escuchando?- la rubia estaba mirado a la dragona fijamente pero esta no le correspondía, miraba a un punto fijo, con la mirada perdida. –Deberías… ponerte otras ropas, ¿no?
La morena entonces volvió la vista hasta los ojos claros de la joven, lentamente. ¿Otras ropas? Claramente se había demostrado que ya no estaba ahí en condición de guardaespaldas, sino como algo muy distinto. Aun portaba en el saco las ropas que se había puesto el día que conoció a Mía, aquellas deberían servir, ya que no pensaba comprarse nada para aquella ocasión. Al menos ella no, ya que la rubia sonreía de oreja a oreja.
La morena se terminó su jarra y después la que la rubia había rechazado.  Iba a ser una noche muy larga. Mía se atusaba el cabello de manera nerviosa, mirando por la ventana. “¿Ya es la hora?” “¿Salimos ya?” Levia negaba con la cabeza cada vez que la joven preguntaba de manera apremiante.

-Tranquilízate un poco, pequeña. Voy a cambiarme de ropa. Ten, ves pagando… - dijo dejando sobre las manos de la joven unas monedas. Las mejillas de la muchahca se pusieron más rojas que un pimiento.

-¿Y-yo?- preguntó vergonzosa, mirando su mano y después la mujer que se alejaba de ella sin impórtale su reacción. Cuando se quedó sola, y después de quejarse quita unos segundos para asegurarse de que no iba a volver, se acercó a paso a la barra. –Pe-perdone…podría…yo…pagar…- susurró cabizbaja, con palabras sueltas y casa audibles. Al parecer al tabernero le produjo mucha gracia, ya que comenzó a carcajearse, llevándose las manos a su enorme panza, dejando ver sus dientes y salpicando inconscientemente algunas metrallas de saliva.

-¡Claro que sí, jovencita!- dijo el hombre con euforia. La rubia dejó las monedas sobre la enorme mano del tabernero.
Miró de nuevo por la ventana. La noche se había apoderado del cielo de la cuidad, bañándola de una penumbra que tan solo la luz de la luna y del interior de las casas podía romper. Al parecer la prometida estaba algo nerviosa, le dolía la tripa y sentía un poco de mareo. Toda aquella situación le provocaba gran estrés, y más de conocer al joven en el bosque, el cual no podía apartar de su cabeza. No sabía más que su nombre, ni como contactar con él ni donde poder ir a buscarle, por lo que pensar en él era una pérdida de tiempo, pero le había calado. Y ahora debía conocer al supuesto hombre con el que debía desposarse… aquella situación era surrealista.
La morena se acercó con sus ropas de arreglar, de colores negros y blancos, con largos guantes y pelo sobre los hombros. Pantalones estrechos de piel y botas. Se acercó a su compañera y, colocando una mano en la cintura, ladeando las caderas, se dirigió a ella.

-¿Nos vamos, Mía?- preguntó sonriendo. Sabía perfectamente que llegaban tarde, y Mía también lo sabía, por la cara que le dirigió a la dragona. –No me mires así, está bien que le hagas esperar un poco…

-Por lo que me ha dicho padre, su madre es una mujer muy decente y puntual. Detestará que lleguemos tarde, Levia. Seguro que…

-Ya no se puede llegar más pronto, pero si menos tarde. ¿Vamos o continuamos sumando noche?- la rubia hizo una mueca antes de volverse hacia la puerta. Aprovechando que le daba la espalda a su compañera se rio un poco, pero no se lo haría saber a la morena.
-No camines tan deprisa, te pisaras el vestido y el suelo está un tanto sucio.- La rubia se remangó coquetamente la falda del vestido. Levia se quedó mirando, aquel gesto le recordaba a Lena. Parpadeó fuertemente antes de pararse ante una gran puerta de madera, con dibujos de barcos y sirenas.

-Es aquí…- susurró Mía soltando su falda rosada.
Era una gran casa cerca de la costa, con una entrada privada al mar. Paredes blancas y tejas azules, o eso imaginaba, ya que estaban muy altas y con la oscuridad costaba ver si realmente era azul o negro.
Levia miró a la rubia, que se había quedado con una mano alzada para picar. Parecía congelada, helada por un encantorio que le privaba de movimiento alguno. La mujer picó con fuerza, haciendo retumbar la puerta. Poco después, un hombre del servicio, reconocible por sus ropas, abrió la puerta, dándoles paso a ambas mujeres después de preguntar por sendas identidades.

Era un comedor enorme, con una mesa muy grande, como para acoger a treinta personas. En el extremo más lejano había un hombre sentado, de cabellos blancos y buen porte. A su derecha, una mujer muy buen plantada, con las manos cruzadas y el morro un poco encogido, parecía cabreada. A su izquierda un joven, que casualmente estaba vuelto hacia su padre, con el cual parecía que estaba hablando.

-Disculpen, la señorita Mía está aquí, acompañada por su…mmmh… -repasó a Levia de arriba abajo- … por su hermana mayor. – era lo primero que se le había ocurrido decir a la joven, y por la cara de sorpresa que había puesta su acompañante, mayor que la del mayordomo, no había sido una mentira muy creíble.

-Llegan tarde…- susurró Adelaida mientras los tres se levantaban para darles la bienvenida.

-No seas así, quizás ha pasado algo, querida- excusó el marido entre dientes, viendo como ambas mujeres se acercaban ante las indicaciones del mayordomo.

-¿Kirk?- preguntó Mía con los ojos muy abiertos, alucinada por la situación.
El joven, hasta ahora despreocupado de la visita y que apenas había regalado una sola mirada, ahora se volvió con su mayor atención hacía la joven rubia que se acercaba a él.

-¿Mía, eres tú?
kirk:
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Re: El mejor equipaje es una buena compañía... [trabajo] nvl1

Mensaje  Levia el Miér Feb 17 2016, 12:51

Los padre del joven y Levia se miraban, sorprendidos. Los jóvenes se estaban mirando, con una mirada extraña y una sonrisa tímidas por parte de Mía y ladeada por parte de Kirk.

-Bueno… sentémonos…- rompió el hielo Adelaida, mirando a la rubia y después a su hijo, aquella situación era algo extraña, pero al menos su hijo parecía contentado por la presencia de aquella joven. ¿Sería una de las fulanas que iban tras su hijo?

-Sí, será lo mejor…- dijo Salvador  sentándose en el lugar que presidía la mesa. Colocó las manos sobre la mesa, y carraspeando, miró a su primogénito. “¿Os conocéis?” era la pregunta que se estaban haciendo todos, pero que ninguna parecía atreverse a formular. Todos se sentaron en la mesa y el servicio sirvió algo de beber. Era realmente placentero para la madre ver a su hijo tan emocionado con una mujer, aunque aquello o tenía porque significar algo bueno.
>>Bueno, Kirk ¿de que conoces a Mía?- preguntó el padre con la copa ya vacía, después de in incomodo silencio. Levia ya lo sabía, por la cara de tonta que ponía la niña, sabía perfectamente quien era. -¿Acaso la conocías de alguno de tus viajes?- preguntó el padre cauteloso, al igual que su esposa, imaginando que sería una de las busca fortunas con la que su hijo habría retozado en algún otro puerto.
Mía se puso un poco roja, bajando la cabeza y bebiendo un pequeño sorbito de su copa aun llena. La miraba de la madre caía sobre ella con fuerza, sus ojos no se separaban de la rubia, intentando detectar en ella cualquier ápice de tanto cosas buenas como malas.

-Nos conocimos esta mañana, en el bosque al costado del camino hacia la cuidad…

-¿Así que estabas en el bosque? Cuantas veces te he dicho que…

-Madre, ¿me deja continuar?-le interrumpió el de ojo claros sonriendo. Aquella mujer era algo temperamental, pero los hombres de la casa parecían saber llevarla bastante bien. La señora de la casa asintió dejando su copa en la mesa de madera antigua, mirando ahora a la morena, examinándola de arriba abajo.  Al parecer la dragona se dio cuenta, y ambas se quedaron mirando fijamente, aquello parecía una batalla silenciosa. Levia tenía las cejas algo alzadas, sorprendida por la dureza de la mirada de aquella elegante mujer, al parecer no se fiaba de ellas después de saber que su hijo las conocía. La mirada de la mujer perdió la batalla obligadamente, ya que su hijo prosiguió con la explicación. –Estaba paseando por el bosque cuando encontré a una muchacha correteando tras un animalillo. Y… bueno, digamos que terminados conversando un buen rato.- Mía lo miró a los ojos, sonriendo como una tonta. Demasiado atontada, pensó Levia mirándola de reojo. Aquel hombre parecía hablar bien y tener una buena educación, aunque algo tenía que no terminaba de gustarle a la dragona. Adelaida frunció los morros, imaginando muchas de las cosas que podría llegar a hacer el golfo de su hijo con mujeres en un bosque, y ninguna de ellas tenía que ver con conversar, aunque aquella no parecía una mujerzuela. Salvador asentía mirando a su hijo, y después a Mía, parecía que aquella historia le agradaba, al menos la joven estaba aguantando muy bien el tipo, otras antes del primer plato ya habrían salido corriendo.

-Entonces supongo que le habrás contado a que te dedicas, entre otras cosas…- dijo la madre con un tono algo malicioso, deseaba que su hijo se casase y asentara la cabeza, pero no podía evitar sacar el carácter territorial y sobreprotector de toda madre.

-Si- respondió sorprendentemente la joven, dejando al de ojos claros con la palabra en la boca. Al parecer, por la manera en que la miraba, le agravada que empezase a intervenir. –Me contó en qué consistía su profesión, lo peligroso que puede llegar a ser y lo hermoso que es en otras ocasiones. – miró de reojo al hombre que ocupaba sus pensamientos. –Entre otras cosas…-susurro entre tierna y picarona, para sorpresa de todos, sin dejar de mirar a Kirk. Adelaida se ruborizó, Levia se sorprendió, Salvador movió el bigote y Kirk se quedó con cara, ahora él, de tono.  

Llegó el primer plato, sopa de mariscos, apio y pan, acompañado de un licor transparente, algo blanquecino, muy suave y que dejaba un agradable toque dulce en los labios.
Sobre la mesa había unos cuantos muchos cubiertos. Levia, con su poca experiencia en modales tales como aquellos, esperó a que todos comenzaran para imitarles, cogiendo el cubierto adecuado, no quería dejar de mentirosa a Mía, así que ella también debía parecer una señorita…
Prefería la carne, pero aquello estaba delicioso.
Conversaciones más banales acompañaron la cena, incluso el segundo plato, lomo de Anfisbena cortado n dos partes, con una salsa de caracoles de río, ajo y perejil. Levia se sorprendió de aquel plato, ya que la Anfisbena era un pez muy difícil de encontrar, con un alto contenido de veneno en su interior. Poseía dos cabezas, para poder superar aquellos altos niveles de veneno. Nadaba rápido y en cualquier dirección, escurridiza y a veces mortal… aquel debía ser un plato muy exclusivo y costoso, pocos cocineros en todo Aerandir sabían cómo cocinar aquel ejemplar para quitarle todo el veneno y que estuviese sabroso. Y realmente lo estaba.
Y con los postes, una tarta de frutas elficas envueltas por una fina y dulce para de crema, la conversación importante salió a flote.

-Y si mi hijo ha gustado de contarte sus quehaceres del día a día... ¿Continuas queriendo casarte con él?- aquella pregunta sonó algo incomoda, y todos lo notaron.
Kirk comenzaba a estar harto de las  palabras cortantes de su madre, por primera vez, era ella quien intentaba ahuyentar a la mujer con la que le citado, no pensaba  tolerarlo, aquella mujer le gustaba.
Mía miró a Levia con una cara extraña, se notaba que Kirk le había gustado, y quería gustarle a su familia, pero estaba ya cansada de aguantar todas aquellas pullitas. La dragona le miró asintiendo de manera casi imperceptible, sonriendo de manera ladeada, con una complicidad que habían creado las “hermanas”. Mía sonrió agachando la cabeza.

-¿Quiere que le diga la verdad, señora Adelaida?- preguntó retóricamente la joven, sin dejar tiempo para que esta le contestase.- Al principio no quería casarme con su hijo, es más, su no fuese por mi hermana, a medio camino hubiese dado la vuelta para no tener que conocerle.- Kirk, sorprendido y con los ojos muy abiertos, escuchaba con atención, sin saber que decir o pensar, todo aquello le estaba pillado de nuevo. –No deseaba casarme con un hombre al cual no conocía, ni sabía si me iba a agradar su apariencia o forma de ser. No quería ser la mujer de un borracho o un viejo.
>>Tuvimos que hacer una parada en el camino, ya que estaba muy nerviosa por este encuentro…- continuó tras darle un sorbito a un vaso de agua- …y entonces conocí a un joven en el bosque. Al principio me asuste y comencé una cuanta atrás cara salir corriendo. Al final aquel joven resultó ser muy amable y simpático, por lo que me quedé a conversar con el largo rato. Si hasta entonces no quería casarme con un desconocido, el haber conocido a aquel joven me llenaba de pesar pasar el resto de mi vida con un hombre que no fuese él. –al parecer lo estaba dando todo en aquel discurso, ojala no saliese rana….-Y después de entrar, para mi sorpresa y agrado, ese hombre del que me… al que conocí en el bosque, aquel que tanto me gusto, es el hombre con el cual estaba citada y supuestamente prometida. Sí, señora, continua queriendo casarme con él, no me importa su oficio.- terminó creando un silencio en la sala.
Salvador no había podido evitar sonreír al escuchar todo aquello, la joven estaba siendo sincera, y aquello era lo único que le importaba, aquella batalla ya estaba ganada.
Kirk estaba atónito por aquella declaración, por primera vez se sentía pequeño frente a una mujer, pequeño débil e indefenso. Aquello le producía miedo y una extraña adrenalina a la vez.
Adelaida miraba fijamente a la joven, intentando analizar cada palabra. Realmente habían estado largo tiempo buscando una buena mujer para su hijo, y aquella parecía la idónea. ¿Qué más se podía pedir?
Levia pidió que le llenasen la copa, estaba muy orgullosa de aquella mocosa.






-[…] La madre está enamorada de su hija, se la lleva a todas partes, siempre que puede, para presumir de su nuera. El padre le cuenta largas batallitas de sus años de juventud, y con lo curiosa que es su hija, está encantado. Y Kirk… bueno los niños están muy enamorados, ya están planeando la boda. Su hija me ha mandado que le diga que está muy feliz, viaja junto a su futuro marido por los mares de Aerandir, ayudándole a comandar los barcos. Está muy emocionada por vivir grandes aventuras… - estaba sentada en uno de los taburetes de la posada, hablando con el padre de Mía, terminándose una jarra de aguamiel. El hombre aún no había dado un solo trago, estaba un poco desconcertado por lo que la morena le estaba contando. -…no me mire así y beba. Sonría, la boda de su feliz hija está al llegar.
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Re: El mejor equipaje es una buena compañía... [trabajo] nvl1

Mensaje  Levia el Miér Feb 17 2016, 12:56

.:
Hola!

He puesto las complicaciones:

-intentan robar
-se estropea el carro

He marcado la primera como la principal, las demás las he añadido para ir haciendo post.



He usado las pasivas:

-conocimiento antiguo; bestias (1)
-herrería (2)

Ambas están marcadas en los post, pero si tan solo se puede puntuar uno preferiría la primaría.


Saludos y gracias.
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Re: El mejor equipaje es una buena compañía... [trabajo] nvl1

Mensaje  Othel el Mar Mar 15 2016, 22:09

Felicidades por el trabajo. Las imágenes dan una forma clara a los personajes que has presentado.
Recuerdo que, a partir de las nuevas actualizaciones, los trabajos deben ser, obligatoriamente, de más de una persona.

Obtienes:

+ 18 puntos de exp.
+ 3 puntos de habilidad pasiva
+ 350 aeros
Paso a sumar los puntos directamente a tu perfil.
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Re: El mejor equipaje es una buena compañía... [trabajo] nvl1

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