Los primeros pasos hacia el olvido. [Interpretativo][Libre]

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Los primeros pasos hacia el olvido. [Interpretativo][Libre]

Mensaje  Ainariël el Jue Dic 24 2015, 16:28

Bajo el resguardo de unas ruinas mohosas en lo más recóndito del Acantilado de la Muerte, una niña resuella entre agitados sueños.

Recuerdos mezclados con anhelos que, desde hacía tiempo, impedían su descanso. Desde hacía meses, las palabras despectivas de su familia la perseguían más allá de la vida real, atormentándola en aquellos extraños sueños que se repetían cada noche.
Una vez se fugó del cobijo de sus padres, la pequeña había deambulado sin rumbo, dándose cuenta de su pobre planificación, no sabia donde ir: la ciudad de Beltrexus era demasiado concurrida para ser un lugar seguro donde ocultarse, el bosque era demasiado peligroso para alguien que no cuenta con habilidades para protegerse, la Isla Lunar era... tan tentadora como terrorífica.
El bosque, cargado de magia desde las antigüedades, parecía poder escuchar sus pensamientos, enviando como respuesta una brisa helada que la estremecía y le ponía la piel de gallina, haciéndole recordar las palabras que su madre le contaba mientras la arropaba en la cama: “Tan sólo es un lugar lejano y deshabitado, tan fuera de nuestro alcance que no es más que una pequeña mancha en el horizonte”.
Sus pies la guiaron a través de las escarpadas montañas, siguiendo el embarrado camino que los peregrinos y sacerdotes realizan hasta la cima. Ciertamente, no se trataba de la Isla Lunar, pero el escenario también poseía cierto aire tétrico. Una cabaña aislada de toda vegetación se alzaba entre la niebla, de madera oscura y humedecida por el paso de los años, la puerta, de gran cerrojo, estaba coronada por un cráneo cornudo que no invitaba precisamente a entrar.
Sin embargo, este lugar ofrecía algo que ninguno de los anteriores podía darle: Intimidad. Tras unos días vigilando, confirmó que aquella lúgubre vivienda no se encontraba en esa zona por casualidad. La presencia de maleantes era nula, pues ninguno se atrevía a acercarse a ese sitio, y el poco tránsito de magos se veía reducido a visitas muy esporádicas, la mayoría en la noche. Siempre ataviados con ropajes que cubrían sus rostros, sus visitas a la barraca se alargaban durante horas, a veces incluso hasta el amanecer, y no siempre los visitantes volvían con la misma energía con la que habían llegado.
A pesar de la curiosidad que le recorría al dirigir la vista hacia la construcción, nunca había visto a quien la moraba. Quizás fuese mejor así, no creía que pudiese haber nada bueno, por ésto, decidió cobijarse en unas ruinas lo suficientemente cercanas para controlar el sendero y la casa, y a su vez lo suficientemente lejos como para no ser sorprendida con la guardia baja.


La pequeña que descansaba al resguardo de las piedras no tenía más de diez años, y, a pesar de no presentar signos externos de desnutrición, su apariencia resultaba cuanto menos, curiosa. Su atuendo era un conjunto de ropas raídas y sucias, su cabello anaranjado estaba cubierto de pequeñas ramas y hojas como resultado de un largo periodo de tiempo viviendo alejada de la sociedad. Sus zapatos eran unas botas de adulto encontradas en la playa, lo que le aportaba a la pequeña una apariencia desaliñada a la par que masculina.

Spoiler:

Despertó al escuchar los gritos del muelle resonando en los acantilados. Se incorporó lentamente, frotándose los ojos aún somnolienta y preguntándose el por qué de tanto bullicio. Fue al fijar su vista en la playa cuando se espaviló totalmente. Se asomó al borde del despeñadero y volvió a restregarse los ojos, incrédula: desde su posición podía ver parte de las velas de una gran embarcación que se aproximaba lentamente al puerto.
Emocionada, recogió sus pocas pertenencias y, tras dirigir una última mirada hacia la tétrica cabaña, echó a correr en dirección al embarcadero. Quizás sería su única oportunidad, en mucho tiempo, de poder alejarse de las Islas Illidenses.
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Re: Los primeros pasos hacia el olvido. [Interpretativo][Libre]

Mensaje  Curgo el Lun Dic 28 2015, 22:35

¿Pero quién cojones me mandaría a mí meterme en estos líos? ¡Já! ¿Se creía Isabella que yo, Curgo Marcano, galán de Lunargenta, iba a trabajar para su estúpida causa de brujería y vampiros? Lo llevaba claro. Que tuviésemos una hija en común no le daba el derecho a mandar sobre mí. Aerandir no era un mundo feliz donde el padre pasa una pensión a la madre. No. Y menos después de ocultármela… ¡24 años! ¡24 largos años sin decirme nada Isabella! ¡Ya te vale!

Y la joven… ¿Puede haber algo más duro para un padre que sentirse rechazado por su propia hija? Hasta el alcohol y las furcias mostraban más sentimiento que esa fría piedra llamada… ¡Oh! Ni siquiera sé su nombre. Porque parece ser que la chica es una renegada que renuncia de su nombre y apellido, de MI apellido. Afortunada debería sentirse de llevar la grandeza del apellido Marcano. De seguir el testigo de mi padre, que murió como un héroe en una pelea de borrachos, o de mi tío, que fue acribillado a palazos por unos matones que no tuvieron suficiente paciencia para esperar a que les devolviera el dinero.

Tenía que salir de aquella maldita isla, fuera como fuera. Ya no tendría que soportar a la dragona refunfuñona de Arygos ni al bruto de Nicolás. Ni siquiera se despidieron de mí, encima de que gracias exclusivamente a mí consiguieron sobrevivir y llegar a buen resguardo. Tampoco les necesitaba. Ni a ellos ni a nadie. Yo me valgo solo y soy totalmente autosuficiente. Sin embargo, no creo que nadie me deje coger un barco que me lleve a Lunargenta de nuevo. No sin un triste aero que no tenía. Necesitaba dinero. Habría que o bien persuadir, infiltrarse, o cogerle algo a alguien. Total. Allí nadie me conocía y nunca más me iban a volver a ver el pelo por allí.

Se escuchaban unas voces de un puerto, pero desde yo estaba no se veía nada, solamente un precipicio cercano y una tétrica cabaña, también pude ver desde allí a una… niña. Una pelirroja. Probablemente una brujita de fuego. Se asomó al precipicio ¡madre mía! Que se va a caer… Pero no, no se cayó, es más, volvió hacia una posición cercana a la mía y recogió sus pertenencias. Parecía apresurada. No había duda. Aquella niña pensaba escaparse de casa. Y eso era algo que alguien con un noble corazón como el mío no podía permitir. Corrí también tras de ella y me interpuse en su camino.

Detente, amiga! – le dije interponiéndome a su paso. Poniéndome delante de ella - ¿A dónde vas con tanta prisa? – le pregunté con una voz amistosa – Cualquiera diría que quieres escaparte de casa, ¿me equivoco? – continué de brazos cruzados, mirando hacia abajo. – Una persona de tan noble corazón como el mío no puede permitir que unos padres sufran la desgracia de perder a una hija. No puedo – dije llevándome las manos al sombrero de ala ancha. Para mostrar señar de rectitud.

Y me tomé una pausa para ver lo que la niña tenía que decir al respecto. Observé sus pertenencias con recelo, seguramente si se había escapado de casa habría considerado llevarse un aero consigo.

-No obstante, igual con una suma de aeros se me quita el remordimiento por tus padres. – le dije con una clara insinuación a que me dejase algo de su dinero. – ¡Es un trato justo! Tu me das dinero y yo no me chivo – concluí con una sonrisa de oreja a oreja.
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Re: Los primeros pasos hacia el olvido. [Interpretativo][Libre]

Mensaje  Ainariël el Mar Dic 29 2015, 12:22

La pequeña bajó a todo correr por el angosto sendero, derrapando entre las piedras y levantando una pequeña nube de polvo a su paso. Tenía que llegar al puerto lo más rápido posible para observar a la tripulación, con suerte los marineros se apearían para dirigirse a la taberna para tomar unas cuantas copas, entonces el barco quedaría vacío y sería su oportunidad.
Cargada hasta la nariz con sus pocas pertenencias, compuestas por una manta sucia y ajada -que había cogido prestada una fría noche de invierno-, una bolsa cuyo contenido tintineaba a su paso,  y un peluche raído de un Liietana –cosido por su madre, era el único objeto que la vinculaba a su familia y que guardaba con gran cariño-, apenas podía ver bien el camino.

Spoiler:
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A pesar de que siempre ponía especial atención en todo lo que la rodeaba para evitar un desencuentro fortuito, la emoción al ver llegar un navío tras los largos meses de espera la hizo no poder centrarse en nada mas que en llegar al puerto. Fue ésto lo que la llevo a no advertir la presencia de un hombre hasta que éste se interpuso en su camino. Dio unos pasos atrás, sosteniendo sus enseres como podía tras el parón inesperado, con el corazón latiéndole a mil, le miró con una mezcla entre curiosidad y susto. Si bien eran pocas las veces que había visto aparecer alguien por aquellos lugares, nunca había sido fuera del horario nocturno.
Aquel hombre que le había cortado el paso era de mediana edad, con algunas arrugas típicas de la edad alrededor de los ojos y boca, su barba, canosa y rala, era corta, posiblemente su cabello también estuviera poblado de canas, pero no podía verlo ya que llevaba un gran sombrero; poseía un característico olor corporal que la niña no supo identificar, y su constitución recia le hacía dudar que se tratase de un brujo.

- ¡Detente, amiga! ¿A dónde vas con tanta prisa? Cualquiera diría que quieres escaparte de casa, ¿me equivoco? - la pequeña ladeó un instante la cabeza al escuchar su tono amistoso y despreocupado - Una persona de tan noble corazón como el mío no puede permitir que unos padres sufran la desgracia de perder a una hija. No puedo.

Aquel hombre hizo una pausa, pasando la mirada de la niña a sus pertenencias sin borrar de su rostro una enigmática sonrisa. No parecía estar junto a los acantilados por casualidad, pero el deje extraño en sus palabras le hizo dudar que fuese enviado por sus padres. ¿Serían capaces de algo así? ¿O sería, quizás, un oportunista?

- Buen día, señor. Nada más lejos de lo que usted cree, no me he marchado de casa – dudó un momento, buscando una excusa que sonase lo suficientemente plausible -. ¡Vuelvo a ella!

Conforme las palabras salían atropelladamente de su boca, sabía que no colarían, pero tenía demasiada prisa para preocuparse por eso. ¿Cuánto tiempo estaría el barco en el puerto?

- ...igual con una suma de aeros se me quita el remordimiento por tus padres. ¡Es un trato justo! Tu me das dinero y yo no me chivo.

No, claramente no le había engañado. Sin embargo, sus palabras la sorprendieron, si podía chivarse significaba que conocía a su familia, y eso era un gran problema.

- Pe... Pero yo no poseo  ningún aero – tristemente, aquello era cierto, nunca había recibido paga, y desde que se había marchado de casa había subsistido como había podido gracias al bosque, sin tener relación alguna con la comunidad de brujos -. Por favor, señor, - dijo con tono apremiante - ¿no oye el bullicio del puerto? ¡Ha llegado un gran navío y tengo que subir a bordo! Si no se lo cuenta a nadie, le conseguiré aeros, lo prometo.

Miró a aquel hombre, de quien no sabía ni el nombre, esperando una migaja de compasión.
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Re: Los primeros pasos hacia el olvido. [Interpretativo][Libre]

Mensaje  Curgo el Mar Dic 29 2015, 17:35

La niña parecía temerosa, y parecía creer verdaderamente que conocía a sus padres. Sus padres probablemente me cortarían el cuello si se enteran de que estoy chantajeando a su niña, pero da igual. La cuestión es que no llevaba dinero encima.

-¿Y crees que llegarás muy lejos sin un aero? – le pregunté de brazos cruzados. La niñata parecía no tener ni un triste aero, y por lo que decía estaba claro que pretendía escaparse de casa sin ningún dinero ahorrado. ¿Cree que llegaría muy lejos? Aunque por su aspecto famélico, cualquiera diría que en su casa la matan de hambre.

En cualquier caso, me dan igual las motivaciones de la niña. Yo solo quería coger un barco para ir a Lunargenta… mi hogar… si… un barco. Exactamente igual que ella. Quizás pudiésemos aprovecharnos de la situación mutuamente y cooperar para conseguir el barco. Aún así parecía dispuesta a conseguir aeros para mí. Así da gusto, veo que nos íbamos entendiendo.

-Te tomo la palabra, amiga. – le dije con una sonrisa.– Como soy una buena persona, te ayudaré a subir al barco. ¿Vale? – de hecho, sería ella la que me ayudaría a mí a subir. Tenía una gran idea.

Parecía que tenía prisa, así que nos dispusimos a caminar hacia abajo. Hacia al muelle, con relativa prisa. Había que darle un poco de sentimiento a la situación. Cuando llegamos al puerto, en la parte más profunda de la cala. Le pregunté a la joven.

-He sido un maleducado no presentándome. Si vamos a ser amigos será lo primero que deberíamos hacer – le dije – Mi nombre es Curgo Marcano, noble guardia de Lunargenta, dándolo todo por la patria desde hace veinte años. – esto, como de costumbre, era una profesión falsa. Pero el tema del dinero y lo de guardia podía ser algo a utilizar más adelante con la incrédula niña, si es que se lo creía - ¿Y tú como te llamas y quién eres? – le dije expectante, mientras observaba el puerto.

Estaba bastante despoblado, sobretodo por la noche. Había tres o cuatro casas, que imagino que serían la comandancia del puerto, la oficina de exportaciones e importaciones y los almacenes. Así como los muelles y las pistas enormes de estiba. Lo común en cualquier puerto, vaya.

Al ver el barco, que era enorme. No pude evitar pensar en el barco que me había llevado hasta aquellas islas. Sólo esperaba que en esta ocasión, los marineros del barco no tuviesen pensado amotinarse y que terminásemos naufragando en aquella isla tropical de nuevo. En cualquier caso. Había que salir de allí como fuera.

-Aprovechando que estás hecha un estropicio… – le dije cogiéndole su pelo rojizo y despeinándoselo todavía más de lo que tenía – Así mejor... – le dije agarrándole la mejilla, tal vez un tanto fuerte y tirando de sus mofletes, en un gesto en el que trataba de ser cariñoso, aunque nunca fue mi especialidad – Ahora sígueme la corriente y te meteré en tu barco, ¿vale? – concluí.

Resoplé fuerte. Me armé de valor, me reajusté el sombrero y salí fuertemente a voz en grito.

-¡AUXILIO! – grité para todo el muelle, creo que había conseguido llamar la atención de todo el puerto. – ¡Mi hija está muy enferma! ¡Se va a morir si no consigo llevarla a un curandero de Lunargenta rápidamente! Que alguien me ayude, por favor. Tiene... Tiene... – no sabía que enfermedad decir, no estaba yo muy fino aquella noche - ¡tiene la peste! - ¿La peste? ¿Qué coño había dicho? No existía. No era más que un nombre inventado. El primer juego de palabras que se me había ocurrido. Pero qué más da, sonaba a chungo y aquel grupo de analfabetos fijo que corría a atendernos. Esperaba que con eso, consiguiese atraer la atención de alguien. Lo había hecho, de hecho, tenía a tres o cuatro trabajadores del puerto, junto a nosotros.
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Re: Los primeros pasos hacia el olvido. [Interpretativo][Libre]

Mensaje  Thorn el Miér Dic 30 2015, 03:27

La mujer bestia que todo lo veía desde las sombras se acercó con paso lento y sigiloso al par que estaba montando el teatrillo. El bello día estaba despejado, sin siquiera una nube. Los movimientos del puerto cada vez eran mayores debido a la proximidad del barco, los alrededores se estaban llenando de personas que provenían de distintas direcciones. Vestida con su habitual traje negro, escotado, y su imperdible collar de hierro se coló entre los transeúntes y de exprofeso dejó caer un extraño cubo de madera al suelo. Éste llegaría a los pies de Curgo, frente a los de Ainariël.

cubo:

chica:

Antes de que alguno se diera cuenta incluso de lo que se trataba el objeto, la chica se habría perdido entre la multitud que susurraba y hacía ecos “La peste” de pronto aquello había comenzado a tomar medidas insospechadas . El viento comenzó a cambiar, soplando cada vez con mayor fuerza. Probablemente nadie tendría permitido embarcar en el siguiente par de horas hasta saber si era seguro adentrarse al mar. -Si tiene la peste, tendremos que ponerlos en cuarentena, a no ser que haya algún alquimista en las proximidades- informó un elfo, acercándose a hombre y niña.

Por su parte los mercaderes no perdieron tiempo y comenzaron a abrir sus improvisadas carpas y pertrechos, mostrando sus mercancías al público. Ellos no podían controlar el tiempo, pero si aprovecharlo para sacar los mejores réditos.




__________________
Esta es mi única intervención. He venido a dejarles una cordial invitación al evento de año nuevo que se desarrollará próximamente. Para ver la invitación deberán arreglar uno de los lados del objeto que se ha dañado y abrirlo. Allí encontrarán una esquela que versa así:
"Cordialmente invitado estás, al baile en Roilkat.
No tardes en salir, no tardes en llegar
El año nuevo no esperará"
No es necesario que lo abran ahora, ni siquiera deben levantarlo si no lo desean. Saludos

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Mensaje  Ainariël el Miér Dic 30 2015, 23:21

Bajaron el resto del camino en silencio. Bueno, en silencio: La pequeña permanecía callada, sin desviar la vista del embarcadero, cubierto ahora por la masa boscosa que rodeaba el pie de la montaña. El hombre, sin embargo, continuó parloteando sin descanso, haciendo incisión en la importancia de tener aeros para poder llegar lejos. Ella no entendía por qué era tan importante poseer dinero para vivir, puesto que ella había podido apañárselas perfectamente sin ello.
Al llegar al puerto no pudo contener un suspiro de asombro, mientras observaba con los ojos muy abiertos cómo el navío entraba en la dársena. Sus velas blancas contrastaban con el cielo azul, su casco, aunque estaba dañado en algunas zonas por la metralla, era enorme, la niña calculaba que debía de medir por lo menos setenta metros de eslora. Unas pequeñas aberturas, como ventanucos con bisagras, se repetían a lo largo de la parte superior del casco; alguno de estos portillos estaban abiertos, mostrando el bocal y parte de la caña de los cañones, lo que daba una idea bastante aproximada de que no se trataba de un barco carguero. Del mástil más alto colgaba un pendón de color bermellón con un blasón que la niña no reconocía.

Spoiler:

Emocionada, dio un paso en dirección al barco, pero aquel hombre la sujetó del hombro y obligó a detenerse.

- He sido un maleducado no presentándome. Si vamos a ser amigos será lo primero que deberíamos hacer. Mi nombre es Curgo Marcano, noble guardia de Lunargenta, dándolo todo por la patria desde hace veinte años. ¿Y tú como te llamas y quién eres?

Aún ensimismada, apartó la vista a regañadientes del navío para mirarle. ¿Qué haría un guardia de Lunargenta en las Islas? A pesar de que le resultó algo extraño, no hizo referencia alguna a cómo había acabado allí.

- Mi nombre es... - La niña dudó. Aquel extraño no la conocía, ni a ella ni a su familia, ya que de lo contrario, no le preguntaría su nombre. No podía ser sincera, no le quedaba otro remedio que inventárselo – Ethel. Me llamo Ethel.

Fue el primer nombre que se le ocurrió. Ethel era el nombre de su amigo, de su único amigo que había estado con ella durante los últimos dos años de soledad. Aunque sólo existia en su imaginación, no había mejor forma de honrarle que usandolo de apodo. La pequeña asintió con decisión tras decir ésto, y continuó hablando:

- Mi familia tomó un barco hacia el continente, pero no poseían suficientes aeros para todos los billetes.... - A pesar de la gran mentira que acababa de decir, sus ojos se empañaron al hablar de su familia y tuvo que contener las lágrimas mientras sorbía ruidosamente los mocos. Bajó la vista hasta el suelo, viendo un extraño cubo de madera que había llegado rodando hasta ellos.

- Aprovechando que estás hecha un estropicio…–  Curgo la despeinó totalmente, dandole un aspecto, si cabe, mucho más triste - Así mejor... – Tres ésto, le dió un pequeño pero contundente tirón del moflete y le susurró -  Ahora sígueme la corriente y te meteré en tu barco, ¿vale?

Ethel asintió, agachándose para recoger el cubo mientras Curgo tomaba aire ruidosamente. Se lo guardó cuidadosamente en una de las bolsas, e intentó mesarse el pelo ahora desgreñado para aplastarlo un poco. El puerto estaba vacío, quizás una o dos personas dirigiéndose hacia la comandancia, y otros dos esperando la llegada del navío para echar una mano con los amarres. Todas ellas, sin excepción, se giraron al escuchar el grito de Curgo.

- ¡AUXILIO! ¡Mi hija está muy enferma! ¡Se va a morir si no consigo llevarla a un curandero de Lunargenta rápidamente! Que alguien me ayude, por favor. Tiene... Tiene...– hizo una pausa bastante melodramática - ¡tiene la peste!

La niña se giró hacia él, bastante sorprendida. No era el plan que ella había ideado precisamente. No era, para nada, su idea de incursión silenciosa en las bodegas del navío. Los trabajadores se acercaron rápidamente, todos con los ojos puestos en ellos dos. Las preguntas llenaban el aire, cada vez más asfixiante: ¿Dónde se había contagiado? ¿Cuáles eran los síntomas?
El viento soplaba fuerte, y la pequeña, apenas abrigada, no pudo evitar estornudar, pasándose la mano por la nariz para limpiarse los mocos, lo que hizo que algunos se echasen hacia atrás con temor. Un elfo apareció de repente, con semblante serio y voz grave, se hizo escuchar entre los curiosos.

- Si tiene la peste, tendremos que ponerlos en cuarentena, a no ser que haya algún alquimista en las proximidades.

Ethel miró a Curgo inquisitivamente quien parecía estar en un gran aprieto intentando responder todas aquellas preguntas, mientras el elfo la separaba de su lado y la llevaba a uno de los edificios del puerto.
Atravesaron unas grandes puertas de madera, y tras caminar unos minutos en silencio por un angosto pasillo, llegaron a una pequeña sala. Allí, el elfo le hizo esperar mientras se colocaba unos guantes y una gran bata que cubría sus ricos ropajes.
La pequeña estaba asustada, sus extremidades temblaban casi sin control, y no podía dejar de preguntarse cuál sería su futuro. ¿Cómo había acabado metida en ese embrollo? Todo era culpa de aquel extraño del que se había fiado.
El elfo, notando su miedo, le sonrió amablemente, intentando tranquilizarla.

- Cuéntame, pequeña. ¿Qué te ha ocurrido?
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Re: Los primeros pasos hacia el olvido. [Interpretativo][Libre]

Mensaje  Curgo el Dom Ene 03 2016, 09:46

Vale. Reconozco que igual no había sido mi mejor momento de lucidez al inventarme que tenía aquella enfermedad. Todo el mundo se acercó con cara de preocupación. Incluso un elfo que había por allí, pasó para decir que nos iban a poner en cuarentena. También pasó una mujer con cuernos… ¿sería la reencarnación del mismísimo diablo? Dejando caer un cubo a mis pies. El cual tomó la niña. Aquello me dio aún peor rollo. ¿Para qué servirá eso? Bueno, un juguetito para la niña.

Intenté explicarle a un marinero que aquello era un mal entendido, que no era tan grave como parecía, pero cuando levanté la mirada ya se habían llevado a la pequeña Ethel, así decía que se llamaba. También me llevaron a mí, muy cuidadosamente eso sí, al mismo edificio que a ella, aunque a otra sala. Allí, una orejas puntiagudas, muy guapa ella, eso sí, iba a atenderme.

-¿Así que dicen tener la peste bubónica? – preguntó mientras se remangaba las mangas de su camisa – Demasiada alegría para una enfermedad tan grave.
-Señorita… - le expliqué – Ha habido un grave error. Le seré sincero. Soy un total ignorante en el tema de enfermedades y tal vez no sea la peste lo que tiene. Pero ella lleva días sintiéndose mal. – dije quitándome el sombrero, cabizbajo, mi capacidad de poner dramatismo a la situación era asombrosa – Nos han dicho que, si no encontramos a un curandero que sepa de la enfermedad que tiene en Lunargenta, seguramente empeore. – en realidad no sé ni por qué – la mujer sonrió, tratando de quitar hierro al asunto.
-Bueno, en cuanto a usted, si tiene la peste se lo diré yo, quítese la camisa, voy a auscultarle – prosiguió. ¿Ausculqué? Siempre había odiado los médicos por cosas como esta.

La mujer me hizo un análisis de todo mi torso buscando algo, había oído que la peste consistía en ronchas que salían alrededor del cuerpo, así que evidentemente no vio nada relacionado con ella, así que pronto me sonrió.

-Puede estar tranquilo, no hay ni rastro de peste – respondió con una sonrisa. ¿No me diga señorita? ¡Ha descubierto usted la isla Lunar! A menos que me lo contagiaran las ratas de Lunargenta o los borrachos o las prostitutas, no sé quién más me la iba a pegar. Y ya me andaba yo con mucho ojo de no arrimarme a gente con aspecto enfermizo.
-¿Puedo irme entonces? – respondí una vez había vuelto a mi mundo. Vistiéndome de nuevo.
-Claro. Esperemos que su hija no presente síntomas tampoco y entonces podrán ustedes partir a Lunargenta si alguien accede a llevarles.

Agradecí con un gesto con la cabeza el examen de la elfa colocándome de nuevo el sombrero y saliendo con las manos en el bolsillo. Pero Ethel aún no había salido, de manera que me apoyé con una pierna sobre una de las paredes del edificio al que se la habían llevado, saqué un puro de mi bolso y me dispuse a fumarlo.

Un marinero algo rechoncho, con un aspecto de ser alguien importante, avanzaba cojo de una pierna por el muelle, pasó tímidamente cerca de mí a las oficinas del puerto portaba una caja, parecía querer decirme algo, pero no se atrevió. Al poco volvió, ya sin la caja, seguramente algún paquete que habría ido a dejar y se arrimó a mí.

-Cuente u’té conmigo caballero
– me dijo estrechándome la mano a modo de presentación – que yo zé lo que é perdé una hiha - continuó – zuba u’té a mi bahco que le vi a llevá a Lunahgenta – y ahora puso una mano en el pecho – Que no hay nadie que tenga má corasón, que Sansón er Patacoha.
-Gracias caballero, no sabe cuanto agradecemos mi hija y yo la nobleza de alguien como usted – le dije con cara de felicidad. Dándole un sincero abrazo. Sintiéndose el hombre feliz por haber ayudado a una familia necesitada ¡Y parecía un buen tipo! Espero que sea un viaje más tranquilo que el de vuelta.

Esperé a que viniera Ethel con alegría con impaciencia. Fue cuando la vi salir por la puerta cuando corrí hacia ella. No sé que le habría contado al elfo que se la llevó, como dijera algo equivocado o se fuera de la lengua íbamos a tener problemas, en cualquier caso parecía que teníamos disponible barco por el momento.

-¡Ethel! ¡Tenemos un barco! – le grité estirando los brazos para que saltara a mi cuello, dispuesto a llevármela al barco. Aunque parecía que habría que seguir simulando que éramos padre e hija. No sé como se lo tomaría la niña, a fin de cuentas ella estaba también interesada en subir a un barco.
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Mensaje  Sarez el Sáb Feb 13 2016, 14:01

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Este tema ha sido cerrado por el abandono de Ainariël, se aplicará la resta de puntos tal y como pone en las normas del foro.
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