¿Mentir o no mentir? [Privado]

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¿Mentir o no mentir? [Privado]

Mensaje  Colm el Lun Mar 14 2016, 00:52

Cumpleaños 26, tres años después de separarse de mentor y único amigo hasta entonces. Época de vulnerabilidad e inexperiencia individual, un cachorro sin la madre. Se entrometió en los bosques neblinosos y tétricos del oeste, con la intención de hallar un vampiro, alejado de la villa central, lo que dificultó la tarea. Vio personas, atrapó animales, cayó de árboles, recibió sustos, pero no logró identificar lo que deseaba en el mes transcurrido. Esto hizo acrecentar la ansiedad que poco a poco, lo arrastró hacia el lugar donde fácilmente cumpliría su meta. En el camino divisó a un par sobre un puente de piedra apenas visible entre la densa bruma. Como debía tomar esa vía de igual modo, decidió acercarse lo suficiente para ver y oírlos, hasta idos. Cabía la posibilidad de finiquitar su cometido ahí mismo e iniciar lo considerablemente más entretenido, la observación.

Esta es la historia tras esas personas. Historia con un testigo oculto, en parte. Empecemos por la chica vestida con una especia de bata blanquecina rasgada en la espalda, observando el vacío bajo sus pies desde el borde. Luce una tez pálida y un maltratado cabello rubio marchito y corto.  



Como comenté, observa el vacío bajo sus pies. Expresó de forma vaga. – Espesa niebla… – Luego pretendió ver el otro extremo del puente. – …Y un puente desierto, un poco alejado del pueblo más cercano. – Retomó la atención de nuevo en el vacío, con desgano. – De verdad… es perfecto para saltar… pero… – Su semblante cambió por completo. – En serio, esto está tan alto… ¿acaso estas son nubes y no neblina? – Tomó aire profundamente. – Uhmm… quizá las pócimas para dormir si eran mejor después de todo… – Cerró los ojos y exhaló despacio. – Y eso que me esforcé tanto para escapar de casa… sería algo raro arrepentirme y bajar de aquí.  –  Entonces escuchó la voz de un chico. – Uhm… disculpa. – Fastidiándola. – ¡Justo a tiempo…! – Acomodó su cabello tras la oreja, giró levemente y le dedicó una mirada de desprecio. – ¿Qué? No me molestes, e-es inútil intentar disuadirme…  Pero bueno… si me ruegas lo suficiente quizá esta vez no lo haga y…  – La interrumpió otra vez. – No, no me refería a eso… te puedo ver casi todo el trasero. – Soltó sonrojada e irritada mientras se giró, casi que con los ojos en blanco. – ¿¡Que!? ¡Alguien está a punto de cometer suicidio! ¿¡Y tú hablas sobre traseros…!? – Evidentemente sonrojado y nervioso, frotando su mano detrás de su cabeza, responde sincero. – De hecho, te he estado viendo por un rato… Me preguntaba si debía decírtelo o no… pero era un poco embarazoso decirlo y… Luego pensé que quizá esos eran tus gustos… y bueno, parece que hace algo de frio ahí abajo ¿eh? – Desvía la mirada a un costado. – Pero, aun si eres un vampiro, ir por ahí vestida asi, es un poco… tu sabes… Debo decir que si te he estado observando por un buen rato… – Atónita la chica exclamó. – ¿¡V-vampiro…¡? – Inmediatamente dada su reacción, preguntó. – ¿Uh…? Espera. ¿¡Eres una humana…!? – Pero ella viró y resbaló en un parpadeo.  El chico consiente, la tomó de la muñeca, salvándola. Forzó una sonrisa en medio de la reinante expresión de preocupación. – Ufff… Eso estuvo cerca. Lo siento, solo te hablé porque pensé que eras un vampiro como yo, eso debió haberte sorprendido ¿no? –En ese mismo instante cuando ambas miradas se cruzaron, maravillada por el acto heroico, no sabe que decir. – Ehm, ah, porque está un vampiro… – Sopló una brisa muy conveniente, pues descubrió y expuso completamente su zona intima, su trasero, todo. El joven embelesado la examinó con descaro, con un rubor mejor marcado en las mejillas. En tanto, el desprecio emanó de la muchacha. Intentó razonar, a la vez que la colocaba sobre el puente. – E-espera, eso no fue solo mi culpa. – Eso no importó, se llevó su buen golpe.

Como compensación, este le otorgó un abrigo negro y dos botas de su mochila. Ella se las puso tenuemente agradecida. –  Bueno, gracias por la ropa y los zapatos, pero… – Dejó de arreglarse. De reojo lo fijó acusadora. – Eso no cambia el hecho de que eres un pervertido que sangra por la nariz al ver el trasero de una chica… – Con el moretón en el cachete, replicó. – El sangrado fue por la patada que me diste en la cara ¿sabes? – Volteó por completo. – Como sea…  ¿De verdad eres un vampiro? – Dudoso contestó. – ¿Eh? Lo soy… – Curiosa toquetea su rostro, su cabello, sus colmillos. –  Wow, sorprendente, no sabía que habían vampiros de día.1 ¡Pero luces muy distinto a los que me contaron! – Aspiró explicar. – No es que… – Pero fue ignorado. – Y ya que eres un vampiro, ¿seguro que has comido gente no? ¿Cuántos te has comido? ¿Los puedes recordar? Es como no recordar cuanto pan te comiste en la comida ¿no? – Al pensarlo mejor, se asustó. – ¡Ah! – Se retiró súbitamente, dándole la espalda con las manos al pecho, protegiéndose sin dejarlo fuera de vista. – ¿¡Vas a comerme También!? – Un poco indignado habló. – ¿Podrías por favor no decir repentinamente cosas que me conviertan en un pervertido?

. – ¿No lo eres?
. – No, bueno…  –
. – ¿Por qué no me comes? – Relajó las extremidades.
. – Eso ehm… – Tomó asiento, recostado sobre el murito del puente.
. – ¿Es porque estas lleno ahora mismo?
Cruzó los brazos. – No hagas preguntas su si no quieres escuchar las respuestas… – Cayó en cuenta en una cosa que lo molestó módicamente. – ¿Y porque me hablas tan casual si tal parece que soy mayor que tú?
. – ¿Qué tiene la edad que ver con esto? ¡Ser mayor o menor no tiene importancia cuando te estas muriendo!  –
. – Yo ya morí ¿sabes?2
. – Ya deja deja de decir yo esto, yo aquello. Sumia…
. No logró escuchar bien. – ¿Mia?
. – Sumia. Ese es mi nombre.
. – Ja… jaja Sumia, ¿correcto?
. – ¿¡Q-que!? ¿¡Por qué ríes después de escuchar mi nombre!?
. – Lo siento. Sumia… que nombre tan bonito…
. – ¿Uh…? Tsk… – Alejó la mirada de él, enrojecida. – No es para nada agradable que un cadáver pervertido te halague, ¿sabes…?
Recogió sus cosas y se preparó para marcharse. – Bueno, será mejor que ya me vaya.
. – T-te vas...
. – Debería. No tendrás nada más que problemas si te ven por ahí con un vampiro como yo. Tampoco deberías mencionarle a nadie que conociste a un vampiro.
Con los brazos caídos apretó con las manos la tela del abrigo, pensando con la cabeza gacha. – Thc… sin siquiera decirme su nombre…
.  – Por cierto.
Alzó la mirada desanimada. – ¿uhm? ¿Qué?
. – No sé cuál sea tu historia, pero no hagas nada estúpido. Para alguien que ya está muerto, de verdad eso es un gran desperdicio.
Esas palabras fueron un balde de agua fría, siempre  le decían lo mismo. Con pesar habló, mostrándole sus brazos enteros, el estómago, la espalda, lo que cubre su cabello, una cicatriz; deslucida y lánguida. – Dijiste exactamente lo mismo y tan sencillo, solo porque es asunto de alguien más. Todos dicen cosas como “la vida es valiosa” o “debes tener esperanza”, como si solo lo leyeran de algún libro. ¿Quién no sabe cuan valiosa es la vida? ¿Y quién no querría tener esperanza? – Afincó las manos al cuerpo y su voz se enfureció de tristeza. – ¡Llegas a entender eso mejor que nadie cuando le ganas a la muerte un par de veces! ¿¡Pero porque crees que aun haría algo así, cuando lo sé mejor que nadie!? ¿Cuánto más debo sufrir aferrándome a esas palabras vacías? ¿¡Acaso debo contar todas las hojas hasta que caiga la última? ¿¡Seria una mejor muerte si esperara a que llegue el momento!? ¡Solo debería dejarme marchitar como si nada y…!

Se acercó mientras se desahogaba y puso su mano sobre el cabello derrumbado en la frente de ella. Emblandecido la consoló. – Sentí envidia. – Comenzó a acariciarla pausadamente. Los dos se mirarón a los ojos. – Te envidié tanto que… dije lo que pensaba sin considerar tus circunstancias. Solo podía pensar en cuanto te envidiaba, lo siento.
Oyéndolo, reflexiona dentro de ese ambiente melancólico. – Dice que me envidia…  –
. – Pero por favor, entiende…
. – …Con un rostro que es imposible saber si llora o si está sonriendo…
. – Que justo en ese momento, solo puedo envidiarte aun en tu estado.
Sintiéndose vulnerable emocionalmente, escapó, propinándole otra patada como toda una profesional. – Qué cara tan fastidiosa.
Esforzándose escribe una nota con tinta derramada por la caída. “El asesino va sin pantaletas”
Ignorando ese hecho, permaneció pensativa. – Decir que me envidia,¿ que clase de tontería es esa? ¿Por qué un vampiro que ni siquiera tiene que morir envidiaría la vida de alguien cuyos últimos días están contados? De cualquier forma, debería ser yo quien sienta envidia de los vampiros. Ellos nunca mueren… – Se le prendió el foco. – ¡Ellos nunca mueren! – Deprisa corrió hacia él y lo agarró de la bufanda, entre sus quejidos por el dolor de cuello que le causó el pateo. Lo golpeó de nuevo pero con el puño.
Confundido, consternado y pasivo protestó cubriendo su boca. – ¿!Y ahora por que fue eso!? – Compadeciéndose a la vez. – ¿¡Por qué me hace esto a mí!?
Con una notable vivacidad dijo con el brazo aun extendido. –  Cómete esto. Te daré mi brazo, así que muérdelo y conviérteme en vampiro.
Estupefacto la miró frunciendo un poco el ceño. – ¿Disculpa…?
                                                                                                                                                                   
(1) Considera que murió, aunque solo fue “casi”.
(2) La neblina, los arboles altos entre otros fatores, hacen que apenas exista luminosidad a pesar de ser de día.


Última edición por Colm el Jue Mar 17 2016, 04:17, editado 3 veces
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Re: ¿Mentir o no mentir? [Privado]

Mensaje  Colm el Jue Mar 17 2016, 04:01

La actitud y las acciones de los muchachos divirtieron al chismoso. Hasta lo hicieron olvidar que colgaba de las piedras del puente a un costado. Arriesgando tanto y no pudo ver cuando quedó expuesta la chica, “Bujú” Colm.  *Carraspea* Ese mismo día pasadas varias horas, atraviesan los bosques por un camino dejado de la mano de Dios, en medio de troncos caídos y susurros de los árboles, cada vez más al sur.

El chico paulatinamente detuvo sus pasos conforme sacó un trozo pequeño y largo de tela tintada fungiendo de mapa improvisado. – Uhmm… – Lo desenrolló con ambas manos. – ¿Estoy yendo por el camino correcto…? – Se enfocó en los garabatos del trapo. – Me pregunto si esto conecta con las rutas de Salmón. No me sentiré a menos que cruce los castillos hoy… Terminé involucrándome en algo tonto y ahora estoy atrasado. Bueno, si me apresuro lo suficiente, debería poder cruzarlo ho… ¿uh? – Sonó una voz exclamando. – ¡Oh! ¡Estás aquí! – Cuando la identificó puso una sólida cara de fastidio. – ¿Quieres comer primero? – Posó de forma apetitosa en el suelo, con un dedo índice apuntando a sus labios y sutilmente de lado, dulce, tierna, haciendo ojitos. – ¿O comerme… a mí? – Ese “mí” perfectamente pudo ser un beso al aire. El joven se acercó, la tomó en brazos y… la lanzó a un lado. Reincorporándose sobó su cabeza iracunda.  – ¡¿Qué haces arrojando a una hermosa enferma terminal asi?! – El otro elevó los hombros, respondiendo con igual intensidad. – ¡Eres mas una bomba de tiempo que una enferma terminal!  – Los ánimos se calmaron. – De cualquier forma… ¿Por qué aun me sigues? – Ella se levantó. Muy tranquilita como si nada dijo. – No te preocupes por eso, piensa en mí como si fuera una cecina o algo parecido. – Él se llevó la mano a la frente. Se sentía mareado. – Argh… mi cabeza… Escúchame un momento… Creo que hay un pequeño malentendido aquí…

Sonrió de manera inocente y risueña. – ¿Por qué? ¿Qué pasa?

Esa imagen lo ensimismó. – Ah… es que… No podría soportar decirle… que ella debería olvidar esos sueños imposibles… y aceptar la muerte tal cual es… Simplemente no podría decir las palabras que quitarían esa sonrisa de su rostro. – Rompió el estado de reflexión. – C-como sea, te digo que nada bueno ocurrirá si te quedas cerca de mi.

. – ¡Entonces conviérteme en vampiro ya! ¡Así no tendría que seguir a alguien como tú por ahí!
. – Uhm… pero no tengo el apetito para eso…
. – ¿Por qué? ¿No te gustan las manos? ¿Preferirías comerte un ojo, en una buena sopa?
. – ¡Oh vamos! ¡Dame un respiro!

De esa forma prosiguieron el viaje esta vez juntos. Lo siguiente ocurrió avanzados varios metros, tal vez unos kilómetros a lo mucho. Entre otras cosas, se descubre el objetivo del chico, Beltrexus.  

Desde atrás preguntó. – ¿Estas yendo al mar? ¿Para qué?
Con una expresión de añoro respondió. – Hay alguien a quien me encantaría ver una vez más…
Se sorprendió un poco. – ¿Alguien que… te encantaría ver…? – Ganó rubor e intentó cubrirlo. – ¿Qué? ¿Vas a ver tu novia o algo? Te va bastante bien para ser un cadáver.
. – ¡Jaja! No realmente una novia. Bueno, supongo que ella si pondría contar como una, si… La reconocerás si te digo el nombre, es Su…
Se descubrió parcialmente. – ¿Su..?
Apenado evitó verla. – No-o, es Zelcher, y ella es una amiga mía…
Dejó de ocultarse. – ¿Qué? ¿Zelcher? ¿La persona que vas a ver es la bailarina Zelcher?
. – Si, así es. Así que la conoces, ella es bastante cercana a...
Tapó su boca con una mano y se mofó. – Pffft... – Alzó las cejas mientras se burló a carcajadas, señalándolo con un dedo. – ¡Jajajajajaja! Con todo ese ambiente que pusiste, pensé que ibas a ver a tu amante o algo. ¿Pero qué? ¿Una bailarina? ¡Dios mío! ¿¡Quien lo habría pensado!? ¡Eres solo un fanático!
Puso malacara desde la primera oración que escuchó. – ¿Qué? Un fanático? –  
. – Wow, un fanatismo que se mantiene aun después de la muerte. Eso es genial… – La interrumpieron.
. – ¡Te digo, en verdad soy amigo de Su…! No… ¡de Zelcher!
. – Oh, vaya, eres uno de esos fans acosadores, ¿no?
Giró y la señaló alterado. – ¡Tu! ¡Si te pruebo que en verdad soy su amigo...! – La vio postrada en el suelo riendo aun a duras penas. – ¿Eh…? Oye, ¿te encuentras bien? – Comenzó a acercarse con cautela. – ¿Qué te…? –  Logró alcanzarla antes de que se desplomara en la tierra. Acuclillado la sostuvo preocupado. – ¡Oye! ¡Despierta! ¿¡Que tienes!? ¡Abre los ojos! ¿¡Puedes oírme!? ¡Hey...!

Luego de cargar con la chica un gran trecho, eligió por refugio la parte superior de una muralla con un tramo derruido. Enciende fuego, la noche se asoma, una hora de luz a lo mucho. Prepara una comida ligera. Ya ha despertado.

Ofreció un tarro caliente con gentileza. – Toma algo de sopa, la calenté un poco. ¿Te sientes mejor?
Decaída descansa recostada de una pared. – No tenías que… – Aceptó con algo de resistencia.
Se sentó a un lado de ella respetando su espacio. – Ahora que lo pienso, no habías comido nada hoy, ¿cierto?
Sopló para enfriar el líquido. – Tsk, ¿Quién te dijo que te preocuparas? – Sorbió. – ¿Pero por qué llevas comida contigo si eres un Vampiro? – Siguió sorbiendo de a poco.
. – Ah, bueno… No quiero olvidar mis hábitos. Ya sabes… de cuando aún estaba vivo. – Sacó un pan redondo dentro de una envoltura de tela. – ¿Cómo está? Sabrosa ¿Eh? Tengo pan también.
. – Sabroso mi trasero. Es solo sopa de todas formas. Por eso es que no te da hambre, comiendo cosas así todos los días… Si eres un vampiro, come humanos como todos los vampiros. – Sopló de nuevo varias veces. – Ocurre a veces… pero no estoy preocupada. Cuando me convierta en vampiro, cosas como esta ya no serán problema ¿Cierto? Escuché que los vampiros pueden ir por ahí aun sin un corazón. ¿No? ¿No?

La observaba desmoralizado, ignorando sus preguntas. – ¿Es esto lo correcto? Podría hacerla sonreír con mis mentiras, pero al final solo será más doloroso. No hay nada que pueda hace por ella… Es difícil, pero debo decirle cual es la realidad… Debería decirle la verdad ahora… –  Se quitó su pequeño abrigo azul y lo colocó sobre los hombres de la chica. – Si, por supuesto. Pronto estarás bien. – Sus miradas, entristecida una y esperanzada la otra, se cruzaron. – Sé que estoy siendo un cobarde. Así que deja de preocuparte y descansa un poco. Pero quiero que ella siga sonriendo, aunque sea un poco más… Despues de todo, esto es lo único que puedo hacer por ella.

Se ruborizó levemente. Apretó la manga del abrigo con una mano. – ¡Je!... Ok…  – Continuaron comiendo hasta acabar lo que tenían. – Avísame cuando tengas hambre, ¿ok?
. – B-bueno. Ack, no debí mentirle… – Muy tenue tintineó por las escaleras. Se levantó y viró al origen de inmediato. – ¡Maldición! ¿¡Perdí tanto tiempo!? No creí que me alcanzaría tan rápido.
. – ¿Eh? ¿Qué pasa?
. – Si te dije que… nada bueno ocurría si seguías a alguien como yo, ¿no? Volverse un vampiro no es tan bueno… porque… – Una Garra metálica se posó sobre el marco de piedra y solo eso bastó para agrietarlo. Tomó la funda del enorme cuchillo de carnicero en la cadera. – … ¡Eres perseguido por algo como esto!

Asomó un bio-cybernetico o robot con una cabeza mayor que el propio cuerpo y de tres patas emitiendo en una voz sintética. – ¡Fugitivo detectado! ¡Fugitivo detectado! – Preparó el ataque con la garra, mano, látigo, retrayéndola.
Cabreado, empuñó el arma. – ¡Me pregunto a quién carajo se le ocurren estos enfermos diseños! ¡Es peligroso, quédate detrás de mí!
Se hubo levantada desde la aparición del bicho. – E-eso…
. – No mires, puede resultar perturbado.
Exclamó con las manos en los cachetes. – ¡Tan lindo!

. – ¿¡Que!? ¿¡Lindo!? – La amenaza aguijoneó extendiéndose en el camino, directo al joven peliblanco. Hábilmente lo desvió con un tajo. – ¡Pierdete…! – De reojo la vió seguir. – ¡Argh! ¡Pasó de larg…! – Destruyó la superficie donde estaba la chica pálida, que caería varios metros al suelo, si no hacía algo. – ¡Su…! – El tiempo se pausó para él y la imagen de la adolescente que añora se mostró en su mente. – Me pregunto por qué, en ese momento… pude verte como a ella.
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