Ninguno vivirá [Libre] [3/4] [Cerrado]

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Re: Ninguno vivirá [Libre] [3/4] [Cerrado]

Mensaje  Alanna Delteria el Miér Sep 28 2016, 20:45

Empezaban a acorralarla, los vampiros iban aumentando en el tejado, y Alanna comenzó a perder terreno en el que pelear, lo cual era mucho a decir pues no es que hubiera mucho sitio encima de un tejado a dos aguas. Los chupasangre avanzaban con rapidez y sed hacia ella, mientras, bajo, Eltrant y Huracán no parecían estar mucho mejor. Los vio combatir unos instantes, a penas, antes de tener que rechazar a un nuevo vampiro que se abalanzó contra ella, haciéndola perder momentáneamente el equilibrio.

Alanna se reincorporó usando una de sus manos para volver a su posición, perdiendo, así, una de sus armas, ese fue el momento que un vampiro aprovechó para cogerle el brazo y lanzarla por los aires. Se golpeó la espalda y salió rodando por el tejado, sin soltar sus dagas a pesar de todo, mientras el vampiro que había conseguido cogerla y otros dos compañeros suyos se acercaban a ella con rapidez y voracidad. Pensaba que irían a morderla, que le arrancarían la cabeza y ella no habría tenido tiempo ni para levantarse, pero no sucedió nada.

Abrió los ojos, asustada, y vio a Velo frente a ella, dándole la espalda golpeando a los vampiros que se acercaban sin perder un solo instante. La espada ligera del hombre, a penas algo más que un florete, cortaba a diestro y siniestro a aquellos que se acercaban mientras el tejado temblaba. La estructura era vieja, y parecía que no iba a aguantar mucho más en pie, al menos, las tablas de madera que cubrían el tejado bajo las tejas, algunas de las cuales ya habían caído al suelo.

Mientras se levantaba, vio resquebrajarse la primera tabla, y escuchó los cracs que la seguían al tiempo que giraba la cabeza a tiempo de ver a la abuela de Huracán acercarse a ella y a Eltrant. No llegó siquiera a gritar antes de que el suelo bajo sus pies se abriera y cayese hacia el suelo de la iglesia. El golpe nunca llegó, quedó estancada sobre una biga mientras los vampiros caían hacia bajo y Velo se sostenía de un candelabro. Se intentó levantar de la biga, debía bajar, allí era objetivo fácil de quien subiera al tejado, pero no pudo moverse, tenía una gran astilla de madera en el muslo.

Fuera los sonidos de pelea seguían, pero desde su lugar podía ver a Huracán y a Eltrant frente a la bruja de la abuela. Alanna chasqueó los dientes, impotente, y miró como poder salir de ahí, tenía que ir a ayudarles, no sabía como, pero tenía que ir, llegar a ellos. Miró a su frente al oír su apodo, Velo se acercaba corriendo a ayudarla, él, él llegaría en su lugar.

- ¡No! ¡Ve, ayuda a mis amigos!- le gritó aguantándose la pierna. Velo no le hizo caso y se acercó hasta ella.
- Esto te va a doler.- advirtió cogiéndole la pierna.- aguantalo.
- No.- lo detuvo.- yo me las puedo apañar, ellos no, necesitan ayuda, ve y ayudalos o te juro que tu nombre pasará a engrosar mi lista de muertos.- Amenazó con seriedad y una voz que no admitía réplica. Velo le devolvió una mirada entre divertida y dudosa.
- ¿Tanto te importan?- Preguntó detenindo se.
- Más que mi vida.- afirmó sin que la voz le temblase, logrando sacar un suspiro de labios del misterioso hombre.
- Está bien, pero no creas que no me lo voy a pagar.- advirtió antes de saltar a unos enganches que había en una columna no muy lejos y comenzar a bajar.

Salió abriendo la puerta y cerrándola tras él lanzándole a Alanna una última mirada verde bajo su mascara negra. La guardia suspiró, genial, le debía un favor a un perturbado, un perturbado que acababa de salvarle la vida y que, aun con todo, había accedido a su petición. Alanna intentó moverse nuevamente, recibiendo un pinchazo en el interior del muslo, ese maldito trozo de madera le había llegado al músculo, por suerte parecía que no había tocado ninguna vena o arteria importante o estaría sangrando mucho más de lo que ya sangraba.

Escuchó un grito desde el exterior, no podía perder más tiempo. Apretando los dientes, puso sus manos sobre la biga y comenzó a alzarse como cuando intentaba alzarse para dar una patada, con cuidado, más despacio de lo que le gustaría, comenzó a abrir las piernas, notando la madera salir de su pierna, mantuvo sus gritos en la garganta y, cuando por fin salió lanzó uno únicamente. alejándose como pudo de la peligrosa astilla cubierta de sangre, miró un instante su herida, era profunda, y, efectivamente, le había llegado al músculo, rompió una de las mangas de su camisa y la anudó sobre su herida intentando cortar la sangre, ya se preocuparía más tarde por eso.

Se levantó sabiendo que esa herida la hacía más lenta, por lo tanto la ponía en mayor riesgo, sobretodo porque, en cuanto los vampiros la olieran, irían tras ella. Pero no le preocupaba, podía correr y luchar, al menos un tiempo, al menos el suficiente para darles la oportunidad a Eltrant y Huracán de huir. Dolorida, cojeando e intentando ignorar el dolor, comenzó a bajar por el mismo lugar por el que, poco antes, había descendido Velo. Al llegar bajo, caminó entre los cadáveres de los vampiros, y se le ocurrió una idea, tal vez no era lo más inteligente que podía hacer, pero en ese momento en el que estaba débil, aparentar era de las pocas cosas que podrían darle la oportunidad de sobrevivir.

Respirando hondo, cortó la cabeza de uno de los vampiros y, cogiéndola por el pelo, salió de la capilla dejando la puerta abierta y disimulando su cojera, caminó hasta donde se concentraba el bullicio. Al llegar, vio, no sin sorpresa, que Eltrant sangraba incluso más que ella, y que, sostenía su tripa con una mano enguantada cubierta de rojo. Sorprendida, soltó la cabeza y cogió su otra daga para, a corte limpio, llegar hasta el chico para ponerse a su frente y cubrirle. ¿Cómo demonios se había hecho eso?

- ¡Huracán!- gritó intentando llamar la atención de la chica, estaban todos para el arrastre, lo más sensato sería salir de allí.

En cuanto tuvo un segundo de respiro se agachó como pudo hasta Eltrant y le levantó la cara con una mano, tenía los ojos empañados, y la sangre, como había supuesto, le salía del estómago. Chasqueó los dientes, ese chico siempre hiriendose. "Mierda" pensó mientras cortaba su otra manga para ponersela al chico.

- Tapona la herida, vamos a sacarte de aqui.
- le prometió nerviosa, y algo asustada antes de levantarse nuevamente para ver mejor cual era el camino más fácil de despejar.- ¡Velo!- llamó en su desesperación esperando que, nuevamente, acudiera a ella.- ¡sácale de aquí!- gritó esperando que el hombre la escuchase mientras ella volvía a cubrir al mercenario herido.




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Re: Ninguno vivirá [Libre] [3/4] [Cerrado]

Mensaje  Eltrant Tale el Vie Sep 30 2016, 14:03

- “¿Esta… esta es mi sangre?” – Hasta aquí había llegado, no le sorprendía, siempre supo que moriría así.

Una espada, una flecha, las garras de una vampiresa; todo aquello era indiferente, sabía desde hacía mucho que no iba a llegar a viejo, que no iba a perder la vida rodeado de su familia, en una cama mullida.

Gruñó, gritos a su alrededor, el sonido del fuego crepitando lentamente, cerró los ojos y trató de incorporarse, no le respondían las piernas, no le respondían los brazos, frente al dolor, comenzó a sentir como, curiosamente, una cierta calidez se concentraba en su vientre.

Le llamaban, ¿Era Huracán? ¿Estaba bien? ¿Dónde estaba Alanna? Volvió a abrir los ojos, el rostro de la cazadora, iluminado por el tenue color naranja del fuego contrastaba con fuerza frente al oscuro firmamento que tenía la bruja tras de sí. – “¿Está preocupada? ¿Así de mal estoy? - Le quemaba el tatuaje de la espalda, la brújula mágica oculta bajo sus ropajes giraba frenéticamente, sin control, sin detenerse ni un solo momento, apuntando en todas direcciones al mismo tiempo. - Todavía, no he acabado… todavía… – Trató de alzar un brazo, le quedaban cosas que hacer, objetos que recuperar, le quedaban cosas por las que vivir.

Vas a morir, Anastasia. – La voz de la vampiresa, la misma que le había atravesado el vientre apenas unos instantes atrás, seguía viva, le había dado su mejor golpe y apenas le había hecho un rasguño ¿De qué demonios estaba hecha? Apretó los dientes, quiso gritar, quiso levantarse y tomar su espada, lo único que pudo hacer fue emitir un triste sonido gutural.

La calidez desapareció y los gritos volvieron, el combate, alejado de él, continuó.

Como si estuviese atrapado en una cárcel formada por carne, en su propio cuerpo, se quedó allí, tumbado, oyendo como Mortagglia atacaba a su nieta sin ninguna compasión, como trataba de jugar con su cabeza, con sus ideales.

Poco después el sonido de un cuerpo cayendo junto a él, el fuerte golpe seco que ya estaba cansado de escuchar vino acompañado por otra frase por parte de la vampiresa que le había derrotado, tan clara y tan cristalina que le taladró la cabeza como si de un cincel se tratase - La bonita estampa de la cazadora derrotada. – Gritó, con todas sus fuerzas, escupiendo sangre empujó contra el suelo, incorporándose levemente.

Había pactado con ella, le había prometido ayudarla, era los ojos de los cazadores de vampiros en Verisar, no podía permitir aquello. Quizás fuese su orgullo, quizás fuese porque se había encariñado con la muchacha inexpresiva, no podía permitir que la matasen.

Su cuerpo parecía no estar de acuerdo con su voluntad de pelear, apenas hubo flexionado los brazos, volvió a caer – “Eres un inútil Tale” – Imitó lo que había realizado momentos atrás, con exactamente el mismo resultado, cayó apenas se hubo levantado un poco – “Te falta voluntad para pelear” – Un tercer intento, apretando los dientes desvió todas las fuerzas que le quedaban hacía los brazos – “¿Es que te falta algo por lo que luchar? ¿Algo por lo que seguir con vida?” – Vomitó más sangre antes de desplomarse definitivamente – “Eres un inútil Tale”  

La voz de Alanna llegó hasta sus oídos, seguía viva, instintivamente sonrió.

Le giraron de nuevo sobre la hierba, ahora boca arriba, clavó sus ojos en la bóveda de color azul oscuro que tenía sobre su cabeza, dónde una infinidad de puntitos brillantes le devolvieron la mirada – “Al menos, tengo los mejores asientos del lugar” – La luz de las estrellas fue apagándose, así como todo lo demás, el crepitar del fuego se fue convirtiendo en sus oídos en un murmullo suave, la cara de Alanna, frente a él, comenzó a desvanecerse, intentó alzar la mano hasta ella. – “No te escapes…”

Algo tiró de él, con fuerza, le estaban cargando – “¿Quién…?” – La voz de Mortagglia volvió a resonar en el descampado, parecía enfadada, algo había salido mal ¿Estaban escapándose? Un fuerte vaivén le hizo gruñir débilmente, dolorido, no era al único al que cargaban. –“¿Huracán?” – Fuese quien fuese, estaba soportando también el peso de la cazadora.

¿Era Alanna? ¿Alanna tenía la fuerza suficiente como para llevar a sus dos aliados heridos? No, dudaba que fuese ella, pero dada la situación, no había muchas más opciones. Cerró los ojos, estaban corriendo, o al menos el que le llevaba como a un viejo saco de verduras lo estaba haciendo, podía sentirlo, probablemente ya habrían dejado atrás la capilla, o eso esperaba al menos, estaba agotado.
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Re: Ninguno vivirá [Libre] [3/4] [Cerrado]

Mensaje  Huracán el Dom Oct 02 2016, 19:17

Mortagglia se postraba erguida sobre mí, que permanecía inmóvil y temblorosa sobre el suelo, sin fuerzas para girar la cabeza y poder contemplar mi muerte. –Tu madre nunca me perdonará esto. – decía Mortagglia con una voz fría, mientras sonaba cómo cruzaba las garras metálicas de una mano contra la otra, como si estuviera afilándolas para darme el golpe definitivo.

-¡Ah! – grité con todas mis fuerzas, cerrando los ojos y apretando los dientes. Me había rasgado parte de la espalda de arriba a abajo. – No… Por f… ¡Ah! – lo hizo de nuevo. A la Dama no le bastaba con matarme, no podía darme una muerte distinta a la

Diluviaba en la plaza de la iglesia en la que iba a fallecer en unos breves instantes. La lluvia calaba en mis huesos y discurría entre los adoquines teñida de rojo, como un reguero de mi propia sangre. Estaba llegó hasta las botas de mi Mortagglia, que me miraba implacable con su fría mirada de asesina. Cuando ésta dejó de golpearme, pude hacer un esfuerzo sobre humano para tratar. Tosía una y otra vez, tenía los pulmones encharcados de sangre que escupía por la boca.

Veo que te hace falta sangre, Anastasia, estás perdiendo mucha. – mientras tanto, trataba de levantarme, mareada por los golpes recibidos y por mi pérdida de sangre. –  Y más que te hará falta a partir de ahora. – Mortagglia me tomó por la trenza y me levantó a la fuerza. Dando yo un grito para quejarme.
-¿Qué… h-haces? – musité sin fuerzas de espaldas a ella.
-¿No pensarás que te voy a dejar morir, verdad? – rió mientras me empotraba de espaldas contra una pared. - ¿Qué abuela mataría a su propia nieta? – comentó, empotrándome la cabeza contra un barracón de madera. Inmovilizándome por completo. – En unos instantes, serás rebautizada. Bienvenida a tu nueva vida... Vampiresa.
-No… Detente. Por favor. – le supliqué, sin poder moverme. - No lo hagas... - supliqué, por primera vez en mi vida, casi entre sollozos. Y es que prefería morir a verme convertida en algo que repudié toda mi vida. La Dama era conocedora de ésto

Pero Mortagglia no se detuvo, recogió mi pelo y me inmovilizó de brazos. Sin fuerza para nada más, no podía moverme, mi cuello estaba expuesto y mis compañeros derrotados. Toda esperanza estaba perdida. Cerré los ojos y sentí lágrimas de impotencia recorrer mi rostro para, acto seguido, sentir sus colmillos sobre mi cuello. Se había acabado.

Pero el destino es caprichoso en ocasiones. Y aquel día, los dioses no querían que terminara en una de las seguidoras de la Dama. Una décima de segundo antes de que clavara sus colmillos, sentí que algo golpeaba a Mortagglia y, ante mi falta de fuerzas y a que mi abuela no me sujetaba, caí al suelo, rendida. No pude observar nada, tan sólo escuchar.

-¡Velo! ¿Qué estás haciendo? – preguntó la Dama sorprendida.
-Esto ya no es divertido. Ya están acabados. Hemos ganado. – explicó el compañero de mi abuela. – Y te dije que Alanna tendría que sobrevivir.
-Con Alanna puedes hacer lo que quieras. Anastasia es mía. – le explicó, avanzando hacia él.
-Me temo que hoy no puedo hacerlo. Lo siento, milady. – y no sé muy bien qué hizo exactamente, pues pronto perdí la conciencia, cuando la retomé alguien cargaba conmigo.

Sentía el traqueteo de unos caballos, estaba prácticamente inconsciente y sin fuerzas, ¿a dónde me llevarían?

.Al… Alanna. Eltrant. – dije sin fuerzas, con los ojos cerrados, sin fuerzas para nada. Rendida por completa y todavía sangrando por la paliza sufrida. No quería que me rescataran solo a mí. Necesitaba saber cómo estaban mis compañeros. Esos que habían aceptado morir por una causa, si les había pasado algo jamás me lo perdonaría. Los tres habíamos sido conducidos a una trampa en la que a punto estuvimos de perder la vida o, en mi caso, algo peor.

Si el destino no quería que pereciera aquel día, probablemente fuese por una causa. Volvería para enfrentarme a Mortagglia. Volvería para derrotarla. Pero la próxima vez, sería en otro terreno y bajo mis condiciones.

OFF:
*OFF: Mi Huri está KO. Así que con esto doy por terminada mi intervención en el hilo. Gracias a los dos por participar de manera tan rápida en una parte de la historia tan importante para Huri ^^. Me encanta rolear con vosotros, espero que coincidamos en el futuro con Huri o con otro pj ^^
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Re: Ninguno vivirá [Libre] [3/4] [Cerrado]

Mensaje  Alanna Delteria el Mar Oct 04 2016, 14:28

Caos, peligro, destrucción, la plaza de la capilla de SacredVille se había convertido en un infierno similar a Térpoli o a Basoldia, con los Nórgedos. Ella había logrado evitar, en la guerra directa en ambos casos, quedando en el primero en la avanzadilla, donde había tenido que huir con toda la velocidad que le permitían sus piernas para advertir de una inmensa catapulta repleta de muertos; en Baslodia había sido la encargada de defender al dirigente de la ciudad junto a un extraño hombre lagarto. Pero, al final, no se había visto sumida en la tragedia y no había visto morir a demasiados compañeros.

Esto era diferente, estaba en pleno centro, Velo había logrado sacar de allí a Huracán y, a su espalda, comenzaba a levantarse con Eltrant al hombro. ¿Podría con ambos? Parecía que si, mientras ella cubriera su huida, podría. Tragó saliva al verlo aparecer con Huracán, malherida, en un hombro. Había llegado de milagro. Mientras atravesaba el pecho de uno de los vampiros que tenía más cerca y escuchaba el alarido rabioso de la abuela de Huracán, miró a Velo con desesperación, tenían que sacar de allí al mercenario y a la cazadora.

Tomando posición al frente comenzó a abrir camino, notó más de un colmillo rasguñando la piel, la pierna a penas le resistía ya, necesitaban volver como fuera a la taberna. Los brazos le pesaban de golpear, y la perdida de sangre comenzaba a marearla, pero debía aguantar, si caía, Velo no podría sacarlos de allí a todos, y Eltrant y Huracán necesitaban ayuda urgente.

A sus espaldas, mientras corrían con todas sus fuerzas y la potencia que le permitían sus piernas, Alanna viró y dio un último vistazo a la vampiresa que había orquestado toda esa catástrofe. Sabía que no acertaría, pero debía dejar clara la amenaza. Lanzó una daga que se clavó justo frente a la mujer, quien alzó una mirada furiosa que la Gata no temió devolver. No quedaría así.

Llegaron a la posada y rápidamente pidieron al tabernero un médico, mientras ellos comenzaban a aplicar los primeros auxilios. Apresurados, mientras el tabernero corría por las calles en pos de un doctor, Velo comenzó a coser. Las órdenes eran claras, agua caliente, trapos, hilo y aguja, encender el fuego, esterilizar la aguja hervir el agua y comenzar a limpiar las heridas. Estaban ambos inconscientes, ella seguía perdiendo sangre y el mareo aumentaba por momentos.

Cuando las heridas de Eltrant y Huracán estuvieron limpias y Velo seguía comprobando su estado mientras remendaba, Alanna salió del cuarto y se dejó resbalar por la pared, completamente cubierta por la sangre de sus amigos y la suya propia. Dolorida, quitó la venda de su pierna,sangraba a borbotones. Abrió, con la boca, una botella de licor que había sobrado tras usarla para limpiar urgentemente las de Eltrant y Huracán. La tiró sobre su pierna, quemaba, y después de eso, todo se oscureció.

Despertó a la mañana siguiente, entre sábanas blancas y limpias, el cuarto, iluminado y cálido, había otras dos camas, ocupadas por Eltrant y Huracán. Le dolía la pierna, peor ni de lejos igual que el día anterior. Quitó las sábanas para ver que le habían puesto una camisa y que su pierna, tenía una venda limpia cubierta por una pasta verde, por lo que podía oler, un analgésico, ella lo había usado en alguna ocasión para atontar a alguien a modo de bebida, no para aliviar las heridas como una crema.

Suspiró y volvió a taparse a tiempo de ver abrirse la puerta y que un elfo apareciera por ella con una bandeja en las manos. Alanna se sentó y saludó con un asentimiento de cabeza. Seguramente, cuando Eltrant despertase, les darían una explicación, notaba moverse el cuarto, por lo que era probable que ya no estuvieran en la posada. El hombre le tendió una carta con un sello rojizo, la tomó con el ceño fruncido y la abrió con poco cuidado.

“Gata:

Estáis sanos y salvos, el barco os llevará a Lunargenta. La posada está pagada y el médico también. Hice lo que me pediste, los salvé. Pero no creas que quedará así, aun debes aprender una lección “cuida de ti misma”. Te encontré desmayada en el pasillo y no permitiré que eso vuelva a suceder. Recuerda, me debes una, y pronto volveré a cobrármela.

No te olvides de mi.

Velo.”


Suspiró y se echó hacia atrás en la cama, cansada y preocupada, le debía su vida a un acosador, no, no solo su vida, la vida de los tres, había sido su petición, y ahora debería atenerse a las consecuencias. Arrugó la carta entre sus manos y dobló una rodilla para abrazársela hasta que volvió a ver movimiento en el cuarto. Con la cabeza apoyada en la pierna sana sonrió con calma, era su problema, nadie más tenía porque saber de ello, pagaría su propia deuda. Apartó el pelo de su cara y, por fin, hablo con voz algo ronca por el sueño.

- Hey... Buenos días.- saludó en voz baja, apenas un susurro.




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