Brisa marina. [Interpretativo • Libre] [Cerrado]

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Mensaje  John Lauper el Miér Nov 16 2016, 05:53

El cocinero se adentró en la interminable red de pasillos del interior de la nave, acarreando consigo al pelirrojo. Éste había perdido la cuenta de la cantidad de veces que había sido arrastrado forzosamente en esa noche, aunque definitivamente esta era la peor. Su captor prestaba poco cuidado, estrellandolo con todo objeto que se cruzara en su camino. -¡Hey, hay una persona aquí!- se quejó el ladrón pero no obtuvo respuesta. Cansado de esto, recurrió nuevamente a su táctica secreta. Estiró el cuello, hasta que su cabeza estuvo a la altura de su mano cautiva y, dando una fuerte mordida en el brazo del viejo, consiguió que éste lo soltara. El sabor no fué mucho mejor que el que había sentido al morder el tentáculo del monstruo. El hombre dio un grito y, tomando su mano mordisqueada, lo increpó.-¿Qué demonios haces, idiota?- John se levantó lentamente, quitándose el polvo de la ropa -Creo que iremos más deprisa si no  me llevas a rastras, ¡y mi nombre es John!-. luego de esta breve interrupción retomaron la marcha.

Encontrar el barril no fue difícil. Will había sido una persona de mucha confianza para el capitán y conocía todos los secretos que se ocultaban en el “Brisa Marina”. -Ese es uno de los barriles- dijo al ingresar en una de las habitaciones, mientras señalaba un bulto escondido bajo una lona.-Tráelo hasta la puerta, enseguida te daré una mano- luego se hizo a un lado y comenzó a golpear suavemente con su pata de palo los tablones de madera del suelo. Se mantuvo realizando aquella misteriosa tarea, mientras el pelirrojo intentaba inútilmente mover el barril. De pronto uno de los maderos crujió con un sonido particular. El viejo se inclinó con dificultad, lo años y su pata de palo no le facilitaban el trabajo. Al ejercer la suficiente presión sobre el tablón, éste cedió, revelando un compartimiento secreto. Tomó rápidamente un objeto de allí y se incorporó.-No, no, ese no és el barril- protestó y luego se dirigió a una esquina cercana al mismo. Tomó uno de los bordes de la pared y lo jaló con fuerza. Lo que en principio parecía ser la parte baja de ésta, avanzó revelando el borde de un tonel que se encontraba oculto en ella. -En este barco nada es lo que parece- agregó con una expresión de superioridad.

Ambos compañeros arrastraron el tonel hasta la puerta. El cocinero, quien se encontraba detrás, debía realizar casi todo el esfuerzo. Cuando se encontraban atravesandola, oyeron un estruendo y seguido a eso, un tentáculo penetró la pared, destruyendo todo el lugar. Una pesada caja de madera cayó sobre el cocinero, arrojándolo al suelo y cubriendo la mitad de su cuerpo. En el momento de su caída soltó un objeto, el cual rodó hasta los pies del ladrón. Se trataba de una piedra cristalina con forma de gota.-¡La lágrima del gigante!- el ladrón no pudo ocultar su sorpresa y, sin pensarlo dos veces, la guardó en su morral, para luego salir corriendo a través de uno de los pasillos. El anciano, al haber extraviado el único objeto de interés para el otro y al verse atrapado bajo ese pesado lastre, perdió toda esperanza - Así que pronto nos encontraremos otra vez Capitán- pensó, maldiciendo luego al ladrón -Espero que esa piedra te traiga tanta desgracia como a nosotros- y cerrando sus ojos, se resignó a morir abandonado en ese sitio. Pero un sonido llamó su atención. Sonaba a algo metálico que era arrastrado. Éste fue haciéndose cada vez más cercano, hasta detenerse repentinamente.-¿Acaso te parece que son horas de descansar?- el viejo abrió rápidamente sus ojos y contempló al joven de cabellos rojos cargando una pala.-Aún debes enseñarme la receta del calamar al alquitrán- afirmó mientras esbozaba una sonrisa burlona.-Entonces no te quedes ahí con cara de idiota, ¡ponte a trabajar!- le reprochó el anciano, aunque no quería admitirlo, en su interior se sentía muy agradecido. Colocando la pala a un lado de la caja y haciendo palanca, intentó moverla. Muchos fueron los intentos realizados, más ninguno tuvo éxito. Las casi nulas fuerzas del pelirrojo no eran suficientes. Sólo gracias  a una combinación de estas y de los constantes empujones que realizaba el hombre, lograron mover el lastre, dejando libre a su compañero y permitiéndoles reanudar la marcha.

Cuando finalmente alcanzaron la cubierta, sus demás compañeros ya habían colocado los barriles en posición. Algunos, entre ellos la joven loba, se habían movilizado para colaborar con el preparado de los botes. John se encontraba a punto de seguirlos (más para asegurarse un lugar que por el hecho de ayudar) pero fué detenido por el anciano. -¿Y tu a donde crees que vas? aún tenemos mucho por hacer-. A pesar de sus quejas y demandas, el ladrón se vio forzado a empujar uno a uno los barriles. Estos, valiéndose de la inclinación cada vez más pronunciada del barco, rodaban por la cubierta hasta desaparecer en las fauces de la bestia. En el último de ellos el anciano clavó un cuchillo, provocando que al rodar, regara un camino de alquitrán.

Los preparativos habían concluido y solo faltaba que alguien provocará la chispa inicial que desataría el infierno. Por supuesto esa persona debía ser ágil y rápida, ya que una vez encendida la improvisada mecha, contaría con escasos segundos para alcanzar los botes. Will tomó una antorcha y la ofreció al ladrón. Éste se negó - Ah no.. definitivamente no, ¿por qué siempre debo ser yo quien realice las peores tareas?-. el rostro del anciano se arrugó en una expresión de enojo.-Idiota, mira a los demás… eres el menos lastimado de todos-. John aprovechó una pausa en la charla, para observar primero al vampiro y luego a la joven loba, ambos estaban agotados y a penas podían mantenerse en pie. El anciano continuó - Si tanto te niegas, yo mismo lo haré, pero será mejor que se marchen ahora, ya que me será imposible alcanzar los botes-. En ese momento un extraño sentimiento de compañerismo provocó que el escaso valor del ladrón resurgiera. Tomó la antorcha, ante la mirada confundida de su compañero.-Maldito viejo, conseguiste salirte con la tuya... vete a los botes de una vez... ¡y mas les vale esperarme!-. el anciano dejó escapar una sonrisa e inmediatamente se puso en camino.

John volteó de cara al kraken. Ya sea por miedo o por lo impactante que era ver como el monstruo engullía el barco, su cuerpo quedó paralizado. La proa había desaparecido y éste se inclinaba cada vez más. -¿Qué esperas?- alguien gritó desde uno de los botes, provocando que el pelirrojo reaccionara. Pero cuando éste se dispuso a encender el alquitrán, un fuerte crujido resonó por todos lados. El barco finalmente se quebró a la mitad, provocando que la parte de popa se desplomara pesadamente sobre el agua. Los botes que allí se encontraban lograron salvarse, hallándose a flote sobre el mar. En la otra mitad se encontraba el ladrón, colgado nuevamente a escasos metros de los dientes del kraken. Había soltado la antorcha pero esta se había enganchado al barco, por medio de una lona. La tela comenzaba a arder y de seguir así alcanzaría la “mecha” de alquitrán. Al ver frustrada su ruta de escape, desesperado intento apagar el fuego por medio de soplidos, pero éstos lejos de apagarlo lo avivaron aún más. Lo último que alcanzo a ver fue como una de las llamas lamía el alquitrán. Una enorme explosión fué desatada, seguida de una lluvia de restos de kraken y del barco, confirmando el éxito del plan. El espeso humo, generado por la combustión del líquido, ocultaba los restos del Brisa Marina a los ocupantes de los botes. Todos los marineros festejaron, excepto uno. Will se encontraba inmóvil observando el humo.-He debido ser yo quien lo hiciera- pensó tristemente en voz alta. Pero no tuvo tiempo para lamentarse, ya que aún no se encontraban fuera de peligro. La explosión había esparcido alquitrán encendido por toda el agua y debían esquivarlo si querían llegar a la costa a salvo.

La marea comenzaba a traer consigo los inmundos restos de la abatida bestia. Maderas, restos de tentáculos y demás cosas no tan fáciles de identificar, quedaban diseminadas por toda la playa. Una ola arrastró consigo un objeto de mayor tamaño. Se trataba de uno de los globos oculares del monstruo. Aferrado a este se encontraba lo que parecía ser un joven, su rostro estaba totalmente teñido de negro y sus rojos cabellos se hallaban en parte chamuscados. Este quedó tendido, inmóvil en la playa. A pocos metros de este lugar, los botes comenzaron a aproximarse a la costa.
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Re: Brisa marina. [Interpretativo • Libre] [Cerrado]

Mensaje  Alzzul el Jue Nov 24 2016, 04:07

Finalmente arrojaron el alquitrán entre su acompañante y él mismo. El envoltorio de madera repicó sobre la cubierta cada vez más inclinada. Los dos hombres, vampiro y chico se dirigieron hacia los botes con paso cauteloso; no podían permitirse un nuevo error y que alguien muriera por no mirar donde pisan. Alzzul echó una mano a los integrantes del último bote, con especial cuidado de la medio-lobo, la cual parecía herida. Básicamente utilizaban un sistema de poleas improvisado con el cual alguien sujeto a una cuerda decendía por el costado del mismo hacia el bote que otros ya habían preparado y que esperaba impaciente a que los pocos últimos integrantes bajaran al mismo.

Después de la loba solo quedaban él y John. John parecía estar terminando de ejecutar el toque final. Alzzul esperó lo mejor, y casi asumió que así debía acudir cuando se cernió la cuerda alrededor de la muñeca, prácticamente dispuesto a descender. No fue así cuando una repentina sacudida quebró el barco en dos, como si se tratara de una maqueta hecha con la especial cualidad de ser de interior observable. Mucho más malogrado, sin embargo; lo cual era normal teniendo en cuenta que el origen del tremendo socavó era el de las tremendas embestidas de un pulpo gigante y la terrible explosión como gota que colmaba el vaso.

Alzzul buscó con la vista a su compañero no exento de inquietud. Su rostro de duda acrecentó hasta el punto de la ira, una ira más bien temblorosa, como el perro que enseña los dientes a sabiendas de que no tiene qué con el lobo. La impaciencia, el silencio y el cansancio eran los elementos que flotaban en el aire con tal intensidad que adensarían la atmósfera de forma que actuar suponía más un acto de determinación que de verdadera fuerza. Sin embargo, era el único que podía actuar y su iniciativa, pese a sesgada por el hastío y la fatiga, era determinante. En ese momento siquiera pensó. Arrambló con la mayor cantidad de cuerda posible tras cortar la misma con su espada y se lanzó en picado desde lo alto de la improvisada pendiente, con la vista fija en aquello que podía o no ser los restos mortales de John.
Mientras caía, se preguntó como todo había podido torcerse de aquella manera.
Mientras caía, se preguntó quién era toda esa gente, y por qué se arriesgaba de aquella manera.
Mientras caía, solo deseaba que aquella mancha en su visión fuera John. Y que estuviera aún vivo.

El impacto contra el agua, que le sentó como un aterrizaje sobre piedra caliza, terminó de saturar sus ya derrotados nervios, y a punto de perder la consciencia, observaba los fuegos fatuos desde el oscuro fondo del mar. Casi olvidándose del calamar gigante -posiblemente muerto- reposó un par de segundos, que bien podrían haber sido eternos. Desde una profundidad de quizá dos o tres metros, semejantes luces parecían cada vez más apagadas, más oníricas e irreales. Conforme la inconsciencia avanzaba, y la superficie se aproximaba, la realidad se le antojaba más extraña. Sendos planos se intercalaban entre sí de modo que cuando sus dedos mojados tocaron el aire, Alzzul creía estar agarrando el vacío.
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Mensaje  Tyr el Jue Nov 24 2016, 04:07

El miembro 'Alzzul' ha efectuado la acción siguiente: La voluntad de los dioses


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Re: Brisa marina. [Interpretativo • Libre] [Cerrado]

Mensaje  Thiel el Jue Nov 24 2016, 18:04


Thiel esperó con los dientes apretados a que cada uno de los tripulantes se subiese a los botes, aferrándose a la baranda de la borda siendo incapaz de despegar sus ojos del vampiro y el pelirrojo. Se negaba rotundamente a ponerse a salvo antes que ellos y, por otro lado, dar prioridad a los marineros era una sutil manera de disculparse por todos los lamentables sucesos. Al fin y al cabo el que se encontrasen allí entre cadáveres, a punto de hundirse y ser engullidos por las apestosas fauces de un monstruo marino, se debía a su propia curiosidad e insensatez.

Todo parecía cercano a un final medianamente feliz cuando los preparativos estuvieron a punto. Pensando que en breves el humano se les uniría, la muchacha se dejó ayudar por el pelilargo. Una vez sobre el último bote junto a varios hombres exhaustos, se ubicó en la parte de atrás asegurándose de guardar sitio para sus compañeros. Imaginó, esperanzada, que pronto llegarían a la costa sin mayores percances.
E imaginó mal.

Un “crack” absoluto, determinante e irreversible marcó el nefasto final del Brisa Marina. La embarcación se partió en dos exhibiendo sus entrañas repletas de mercancía y objetos personales de los marineros. De pronto, sin dar siquiera tiempo a asimilar lo que estaba ocurriendo, un ruido sordo que casi le revienta los tímpanos colmó el ambiente. Tuvo que cerrar los ojos y llevarse las manos al rostro cuando la explosión destrozó la mitad del barco y al enemigo. El vampiro cortó la soga y el último bote salvavidas cayó desde varios metros para impactar en el agua con un golpe seco; afortunadamente sus ocupantes pudieron aferrarse bien a los tablones que hacían de asientos para no salir despedidos hacia el mar, no exentos de experimentar el terrible vértigo apretándoles el estómago. Thiel gruñó de dolor, mas la incomodidad física se vio completamente opacada ante la urgencia de ubicar a sus camaradas, uno más suicida que el otro. Desde abajo, segura en el agua, presenció con creciente angustia las heroicas acciones de ambos hombres, uno dando fin al Kraken, el otro lanzándose en su ayuda.

El oleaje se embraveció, meciendo los botes con inclemencia. Algunos hombres gritaron con júbilo, pero el cocinero no fue el único que se abstuvo de festejar. Thiel, quebrándose por dentro, no podía más que mascullar entre lamentos su desolación por la pérdida de aquellas personas que hasta el día anterior no tenía idea siquiera de su existencia, pero que a esas alturas se habían ganado un profundo sentimiento de compañerismo por su parte.


Fue un tan solo un instante, no obstante el tiempo pareció detenerse. A diferencia de sus acompañantes, era incapaz de apartar la mirada de la caótica escena. El fuego lo consumía todo, incluso esparciéndose sobre el agua gracias al alquitrán derramado, y los botes flotaban entre verdosos trozos de carne, tablas rotas y barriles cuyo contenido ya a nadie le importaba. Observó la otra mitad del barco, esa que no había estallado, inclinándose antes de ser tragada por el océano para ser olvidada por siempre.

Y entonces lo vio. Como si de un tobogán se tratase, el vampiro se deslizaba por la empinada cubierta para lanzarse hacia donde podría, o no, estar el cuerpo de John. Thiel abrió los ojos de par en par vislumbrando entre el fuego, el humo y sus propias lágrimas, cómo el pelilargo se estampaba contra el agua con contundencia. Contuvo la respiración y esperó verlo emerger una vez más.
Esperó y esperó. Contó hasta diez, entrelazando los dedos de ambas manos temblorosas. Y al no verlo nunca brotar de entre las olas, tomó la decisión. Inhaló hasta colmar sus pulmones y se lanzó al mar, suscitando los alaridos de unos cuantos marines en el transcurso.

El agua fría contribuyó, en parte, a avivar sus sentidos. El otro gran porcentaje del trabajo lo hacía la adrenalina, que la mantenía activa mientras el peligro durase. Era consciente de que estaba llevando a su cuerpo, e incluso a su mente hacia un límite terriblemente peligroso; sabía que luego de aquello no podría moverse durante largos días y necesitaría mucho más tiempo para sosegar su psiquis. Cada brazada contribuía a su enorme cansancio, por suerte el agua salada colándose en sus heridas le provocaba un insoportable ardor que la mantenía despierta. Con los ojos entrecerrados, nadó intentando emerger lo mínimo para respirar, temiendo encontrarse en sectores que aún estuviesen bañados de alquitrán. Esquivó trozos de barco, sin salvarse de algunos golpes que recordaría cuando contase cuántos moretones le adornaban el cuerpo.
Entonces lo encontró. Buceando apacible a escasos metros de profundidad, aparentemente inconsciente y ajeno a todo cuanto aconteciese, el vampiro navegaba inerte mirando hacia arriba. Temiendo lo peor, se apresuró a nadar hacia él y atraparlo en un abrazo con el cual lo arrastraría hacia la superficie, agradeciendo enormemente que el agua le facilitase la tarea de levantarlo sin demasiado esfuerzo. Al emerger tragó con desespero una bocanada de aire y se aferró a un tablón con un brazo libre, pasando el otro bajo las axilas del pelinegro para mantenerlo a flote. No había rastro del pelirrojo. Suspiró, omitiendo palabra alguna, y cerró los ojos antes de perderse en un estado de aletargamiento que le haría los minutos siguientes más llevaderos.

No supo cuánto tiempo pasó. Aparentemente no demasiado pues todavía era de noche, aunque lentamente el horizonte comenzaba a clarear. Sus ojos se abrieron cuando sintió la áspera arena raspándole el rostro y se incorporó de un respingo, exaltada. Sentía como si alguien le hubiese pegado un martillazo en la cabeza. Observó a su alrededor; la arena pedregosa era bañada por los restos de esa historia que no desearía recordar jamás. A su izquierda vislumbró al vampiro y más allá pudo ver una melena pelirroja en un cuerpo cuyo abdomen subía y bajaba evidenciando su respiración. Una lágrima le recorrió la mejilla y volvió a dejarse caer al suelo, esta vez con una afligida sonrisa adornándole el rostro. Todavía no era hora de dormir, se dijo, pero al menos se daría el lujo de descansar unos minutos más.
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Re: Brisa marina. [Interpretativo • Libre] [Cerrado]

Mensaje  John Lauper el Jue Dic 01 2016, 08:00

[Off-rol: musica inspiradora: musica y Sonido a mar (oír juntos)]

El ladronzuelo comenzó a recobrar el conocimiento. La fresca brisa marina fué lo primero que percibió su cuerpo. Éste le dolía íntegramente. Y no era para menos, en una sola noche había sido jalado, empujado, tironeado, golpeado, aplastado, vuelto a jalar y, por último, incinerado y casi ahogado. Pero, por algún capricho de la diosa fortuna, había conseguido sobrevivir. Lo siguiente que sintió fue el sonido del oleaje rompiendo en la costa. Algunos tempranos graznidos se armonizaban con el poderoso rugir del mar, dando como resultado una relajante melodía que invitaba a descansar.

No supo cuánto tiempo había transcurrido al momento de abrir sus ojos. Lo primero que divisó fue que algo lo observaba a él. Asustado gritó y se arrastró hacia un lado, separándose del amputado globo ocular de la bestia, el cual rodó nuevamente hacia el mar. Una vez sentado en la playa, se dedicó a contemplar el hermoso paisaje. Las nubes se habían desvanecido y un cielo estrellado resplandecía en el firmamento. A lo lejos los restos del barco continuaban ardiendo, pero desde esa distancia se apreciaban como si fueran diminutas luces, flotando en el negro océano. El ladrón tomó la piedra de su morral y la contempló un momento, ésta centelló reflejando la luz de las estrellas. En su rostro se dibujó una expresión de conformidad. Era la primera vez que lograba cumplir, en tiempo y forma, una tarea encomendada por Densel. Claro que no lo había logrado solo. La niña loba y el vampiro habían realizado la mayor parte del trabajo, encargándose de la tripulación, del hombre-pez y del Kraken, mientras que él solo se había limitado a encender la chispa final de un plan más elaborado. Se preguntó en dónde se encontrarían y si aún seguirían con vida. Casi como si de una respuesta se tratara, oyó que alguien tosía a su lado. Grata fue su sorpresa, al notar que se trataba de sus dos extraños compañeros, quienes a juzgar por su respiración se encontraban aún con vida.

Aguardó en silencio a que despertaran. No podía escapar y negarles su parte de la recompensa. No después de haber visto cómo el vampiro se había arrojado al mar para intentar rescatarlo, aún a riesgo de su propia vida. No después de haber sido testigo de cómo la niña loba, en reiteradas ocasiones, buscó protegerlo, interponiéndose entre el peligro y él. No luego de la gran aventura vivida a bordo del Brisa Marina.

Cuando sus compañeros comenzaron a dar señales de estar despertando, el pelirrojo les habló, sin apartar la mirada del horizonte.-¿Cómo pueden cerrar los ojos teniendo este hermoso paisaje frente a ustedes?- hizo una pausa, esperando a que ambos se incorporaran.-Parece que nada salió como lo habíamos planeado, ¿eh?-. opinó, pero inmediatamente se corrigió. -Bueno, no todo al menos- y mientras decía esto los observó, exhibiendo en una gran sonrisa, todos sus amarillentos dientes, y alzando victorioso la Lágrima del Gigante.

John continuó hablando mientras sus compañeros recuperaban sus fuerzas.-Ya que hemos entrado en confianza, sería apropiado presentarnos- sugirió sin tener en cuenta que el ya lo había hecho.-Mi nombre es John Lauper, Gran Ladrón- dijo esbozando su sonrisa burlona.

No muy lejos de la costa, comenzaron a divisarse los botes de la tripulación. Éstos se habían demorado al tener que evadir cuidadosamente los restos de alquitrán en llamas, que se encontraban esparcidos por todo el océano. El joven se puso rápidamente en pie. -Los marineros se aproximan-. dijo señalando las luces de los primeros botes.-Si bien tenemos un acuerdo con ellos, no me gustaría poner a prueba su sentido del honor-. Sabía con seguridad que sus compañeros podrían hacer frente a la reducida tripulación, pero deseaba evitar cualquier enfrentamiento con el viejo cocinero, al que también le debía la vida. Así que se limitó a bromear -Además…¿Soy el unico al que se le apetece una buena porción de anillos de calamar fritos?-.

El Pelirrojo los condujo hacia el centro comercial de la ciudad. Durante el camino no paró de hablar ni un instante, tocando diversos temas desde la batalla con el hombre-pez, hasta teorías de por qué la tripulación traficaba alquitrán, aún a pesar del poco interés que demostraban sus agotados compañeros. En el rincón más alejado y oscuro, se encontraba una vieja posada. Bandidos, borrachos y apostadores, lo más bajo de la ciudad, solían reunirse en este lugar. El dueño de dicha posada era un humano llamado Densel, un ex sargento de la guardia quien fue expulsado por sus actividades ilegales. Este hombre llevaba la posada como una fachada, siendo su verdadera actividad la de ser intermediario en diversa clase de negocios (mayormente ilicitos).

El singular trío se detuvo ante las puertas del lugar. La casa lucía tenebrosa en la oscuridad nocturna. Una tenue luz en el salón principal indicaba que, a pesar de lo avanzado de la noche, se encontraba en plena actividad.-Bienvenidos al Infierno de Densel- dijo finalmente John, mientras señalaba con su mano la totalidad del lugar. Éste no poseía un nombre, pero así era como lo conocían en el bajo mundo. -Si dicen que vienen de parte mía recibirán un importante descuento…. ó una patada en el trasero… depende el día-. El ladrón se abrió paso a través de las puertas, indicandoles el camino. El interior no era muy acogedor. La luz escaseaba, limitándose solo a la proveniente del hogar y de contadas velas en algunos rincones. Entre la penumbra y el abundante humo de pipa, acumulado en el salón, les era difícil reconocer los rostros de los presentes (siendo quizás el efecto esperado, dado el tipo de personas que allí se reunían). Al ingresar, las miradas se posaron sobre la joven loba y su extraño atuendo, oyendose varios murmullos y algún silbido. Atravesaron el salón hasta llegar a una extensa barra. Allí John les indicó que tomaran asiento en unos taburetes altos.

-Y yo que creía que este lugar no podía apestar más- la voz provenía de un hombre robusto de tez morena, que se encontraba al otro lado de la barra. -¿De dónde vienen, de pasear por las cloacas?- concluyó con una fuerte carcajada. -Te equivocas viejo, el hedor proviene de eso que sirves y llamas comida- respondió en tono burlón el pelirrojo. Una expresión de enojo se dibujó en la cara del posadero. Éste tomó al joven del cuello con una mano y  levantándolo  lo acercó a su rostro. La tensa situación duró unos segundos e inmediatamente se vio interrumpida por otra poderosa carcajada del posadero. -Pero miren quien ha vuelto... casi no te reconozco Lauper, estas mas moreno que yo-. Dijo mientras lo acomodaba con cuidado de vuelta en su silla.-¿Y quienes son ellos? no me digas que más vagabundos-. Hizo una pausa, observandolos atentamente. Su mirada se detuvo en la Joven.-Pero tu podrias ser de utilidad…. conozco gente que pagaría por pasar un tiempo contigo, incluso soportarían tu olor a perro mojado-. John no pudo evitar recordar las palabras del vampiro cuando apenas habían subido a la nave, ¿habría sido una premonición?. No pudo evitar soltar una pequeña risa. -Ellos son mis socios, y juntos conseguimos recuperar esto...-. Respondió, al tiempo que colocaba la piedra sobre el mostrador. Densel tomó el objeto y lo examinó por un momento. -¿Qué se supone que es esto?-.Preguntó un tanto confundido.-Esta es la piedra del Brisa Marina, que me enviaste a robar-. El pelirrojo no pudo ocultar su enfado.-Déjate de bromas y paga lo pactado-. El moreno soltó otra prolongada carcajada.-Eres un idiota, esta piedra no vale nada ¿y sabes por qué?- Hizo una pausa mientras buscaba algo en una libreta. Cuando finalmente lo encontró explicó. -El barco que te encomendé no era el Brisa Marina, sino éste-. Alzó la hoja para que los tres puedan leerla, ésta ponía “Brisa Maligna”.

John quedó petrificado. Había arriesgado su vida para nada y peor aún, había prometido una recompensa a sus dos compañeros que no podía entregar… ¡y todo por dos estúpidas letras!. -Sabía que esto pasaría, nunca prestas atención cuando hablo-. le reprochó el posadero. -Por fortuna, le encargue este mismo trabajo a Zatch y él sí me trajo la piedra correcta-. El pelirrojo desconocía la identidad de dicha persona, pero lo había oído nombrar numerosas veces.-¿Por qué demonios siempre me gana ese Zatch?-. balbuceó mientras revolvía su chamuscado cabello con ambas manos. El posadero sintió pena por su desdichado amigo, así que mientras este aún se lamentaba, habló.- Ya no pongan esa cara, quizás la piedra tenga algún valor... dejenmela unas semanas y veré si encuentro algún interesado-. A pesar de su oficio, el hombre solía ser generoso con las personas que le agradaban.-Ahora si me disculpan, debo atender otros asuntos-. Se retiró sin hacer reverencia, hacia una mesa cercana.

-Supongo que no estarán enfadados conmigo ¿verdad?, ¡pero si nos hemos divertido en grande!- bromeó el pelirrojo. Éste temía por la reacción de sus compañeros, más por el vampiro que por la niña.-Debo darle una mano al viejo con sus tareas o no dejará que duerma bajo techo. Estoy seguro que si se lo piden les ofrecerá un trato similar y podrán descansar aquí.-. Su charla se vio interrumpida por un grito del moreno llamándolo. -Bueno supongo que de cualquier forma los volveré a ver en unas semanas, así que ¡hasta pronto!-. se alejó unos pasos pero volteó nuevamente.-Por cierto colmillos… te vi arrojarte al mar para intentar salvarme.... ¡eres mi héroe!-.bromeó agudizando la voz en la última parte y finalizando con una carcajada, mientras retomaba su camino.
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Re: Brisa marina. [Interpretativo • Libre] [Cerrado]

Mensaje  Alzzul el Lun Dic 19 2016, 04:20

-¿Cómo pueden cerrar los ojos teniendo este hermoso paisaje frente a ustedes?
Los abrió, no por voluntad propia, si no por el despertar. Siempre era así, abrías los ojos y la conciencia tomaba con puño de hierro el control de la mente. Por mucho que los cerraras de nuevo, era imposible volver a ese lugar que acababas de abandonar. Las puertas del reino de Morfeo se cierran con tenacidad; amenazantes disuaden a cualquiera que ose plantar frente a sus barras de metal.

Se encontraba en la playa. ¿Qué había pasado? Recordó una caída en picado, un sobre-esfuerzo que había llevando la tirantez de su cuerpo al límite. Había caído inconsciente al agua. Tenía sal en las heridas, Estaba sucio de arena y aún habían rastros de fuego en el mar. Notó una mano aferrada a su brazo con insistencia, que acabó soltándose con la vuelta al mundo de los despiertos de Thiel. Alzzul observó de manera confusa y brutalmente cansado a John, que aún parecía enérgico. Era admirable. ¿Cómo podía mostrarse tan vital después de todo lo que... Se supone, había hecho? El vampiro se relajó al comprobar que la piedra estaba intacta. Por una vez, la suerte estaba de su parte. Algo de dinero le alcanzaría para renovar su acero cada vez más oxidado. Las mellas eran ya terribles, temía que se partiera en medio de un combate y tener que tirar de originalidad. Odiaba tener que pensar en un combate.

Se limitó a seguir a John hasta la taberna. Tardaron un par de minutos aún en marcharse, mientras los botes con marineros se aproximaban a la costa. Había dicho algo, se había presentado por fin, pero Alzzul no le haría tal favor. Estaba demasiado exhausto para hablar. Las piernas le temblaban a cada paso que tomó hacia el centro de la ciudad y volvió a imponerse su faceta patetista, encogida e indefensa. El hombrecillo pelirrojo no dejaba de cacarear, pero Alzzul estaba demasiado borracho de inconsciencia como para preocuparse por ello. Despertó levemente ante cierto aroma que conocía quizá demasiado bien. Un lugar céntrico, pero alejado, oscuro, pero accesible. Era un lugar perfecto para los desesperados. El Infierno de Densel. Alzzul se sonrió a sí mismo por una ocurrencia que no se molestó en compartir con sus compañeros. De hecho, ni mudó el rostro, limitándose a observar con cierta curiosidad el lugar, recogiendo la tela roja aún casi chorreante. Oscuro, pesado, neblinoso. Tenía todos los puntos para ser acogedoramente onírico. Algunos ladridos de perro en celo se alzaron hacia el macho alfa, o más bien la hembra disponible que entró más ligera de ropa de lo que le habría gustado a nadie. Seguramente los intentos fútiles de los presentes hubieran ido a más si no fuera por lo inusual de la situación. El vampiro, pese a su aspecto, seguía emitiendo un aura intimidante que no pasaba desapercibida ante el vulgo mortal.  Una vez llegó a la barra tampoco tomó asiento, permaneció ahí plantado, ligeramente encorvado y protegido con sus brazos machacados. Una conversación que no le incumbía. Hasta que ocurrió lo peor. Era el barco equivocado. Todo ese día había sido en vano. Sus ojos negros retomaron el brillo maligno, fijo en John. Despegó los labios por primera vez en un tiempo para pronunciar con voz rasgada lo que parecía más una sentencia y una amenaza que una despedida.

- Nos volveremos a ver, John. Y arreglaremos esto.

Tomó por alguna razón a la loba de la mano y la sacó de la taberna, seguramente porque dudaba de la integridad de la muchacha en tal sitio, o más bien, de la integridad de los marineros ante la bestia berserker que podía desatarse en cualquier momento. ¿Había sido ella consciente de que todo había sido al final para nada? Le miró por un momento, y entonces descubrió unos ojos vacíos cerrándose, y un peso muerto que se cernía sobre él, pesado ante su fatigado cuerpo. Se acercaba el día, la luz amenazaba y tenía que encontrar un lugar seguro para pasar la mañana. Se echó el cuerpo inerte de la muchacha a la espalda y comenzó a caminar hacia el norte. Con suerte tenía dos horas. Esperó que con ello bastara. Miró atrás una sola vez.
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Re: Brisa marina. [Interpretativo • Libre] [Cerrado]

Mensaje  Thiel el Lun Dic 19 2016, 17:37

La voz del pelirrojo la arrancó de su letargo. Thiel apenas abrió los ojos para observar la piedra, que fulguraba débilmente con los destellos del lejano fuego. Se preguntó cómo ese chico podía seguir tan vivaz y dicharachero tras todo lo que habían pasado. Él no se veía culpable, apenado ni adolorido. Sintió envidia, pero al mismo tiempo experimentó la satisfacción de haberlo protegido cuando tuvo la oportunidad, preservando intacta esa sonrisa tontorrona.

Se incorporó a duras penas, con las rodillas temblorosas y los dientes apretados en una mueca de dolor, y dejó caer pesadamente una de sus pequeñas manos sobre el hombro derecho del muchacho humano. –Soy Thiel. –Accedió, por fin, a presentarse con voz afónica producto de los reiterados gritos a lo largo de la noche. Lo más lógico seguía siendo guardar su identidad celosamente, aún más tomando en cuenta que en sus garras pesaban las vidas perdidas en el barco; pero, al mismo tiempo, luego de la explosión ya no había prueba alguna de la masacre y dudaba mucho que John Lauper, ese juvenzuelo que había preferido quedarse a escapar con el botín, fuese a acusarla con nadie. Se apartó para dar un par de pasos hacia el vampiro y observar con alivio cómo éste también se incorporaba. No conocía de nada a esos dos, pero ya no podía decir que eran completos extraños y se alegraba enormemente de saber que estaban vivos.

Se alejaron del muelle para adentrarse en las callejuelas de la ciudad. Thiel, al igual que el chupasangre, se abstuvo de hablar a pesar de que numerosas oraciones del pelirrojo daban paso a alguna contestación, recibiendo en vez de eso débiles asentimientos de cabeza y breves sonrisitas corteses. En ese momento no tenía fuerzas para conversar, y la verdad era que no podía prestar demasiada atención a lo que pasaba fuera de su cabeza. Los rostros de los marineros la apabullaban en sus quimeras y el olor de la sangre seca pegada en su piel era un intenso recordatorio de lo que acababa de suceder. Hubiese deseado que el muchacho hablase de cualquier otra cosa, o mejor que se callase y le diera un maldito abrazo, mas no se atrevió a pedirlo.

Supo cuándo llegaron a la posada debido a que la verborrea del humano se detuvo de súbito. Thiel agradeció el silencio, aunque éste duró poco. Cuando entraron, el humo le colmó los pulmones obligándola a toser y el bullicio le taladró el ya de por sí aturdido cerebro. John Lauper, “Gran Ladrón”, los guió hasta unos taburetes y la muchacha tuvo que dar un saltito para conseguir sentarse en el suyo, haciendo oídos sordos a la bulla causada por los hombres que, no sabía ella por qué, no le quitaban los ojos de encima.

Entonces el posadero tomó del cuello al pelirrojo y Thiel se irguió, apoyando las palmas de las manos sobre la barra con los ojos bien abiertos, exaltada pero demasiado cansada para tomar ningún tipo de acción al respecto. Afortunadamente, aunque para consternación y confusión de la loba, el hombre de piel oscura comenzó a reír y un ambiente de repente amigable la indujo a relajar, lentamente y con desconfianza, sus músculos hasta volver a sentarse. Excepto los del entrecejo, que se frunció al oír una ya muy trillada mención respecto a su aroma corporal y una propuesta que inocentemente no entendió. Se abstuvo de replicar, aunque se dijo que recordaría la cara de ese desagradable hombre non grato por si se lo volvía a cruzar en alguna ocasión.

Y sí que la recordaría. También recordaría la cara de ese pelirrojo que se había equivocado de maldito barco y los había hecho mancharse las manos de sangre para conseguir una piedra que no valía nada. Se le cerró la garganta, sintió ira, humillación y tristeza, y con lentitud se giró hasta quedar mirando fijamente al muchacho en busca de algo, alguna frase, alguna promesa o disculpa que lograse tranquilizar su frustración por poco que fuese. Cosa que no obtuvo, y sintió como si un baldazo de agua fría le cayese encima. Lo único que hacía de esa noche una aventura era la idea de la recompensa, la creencia de que todo su sufrimiento no había sido en vano; cuando esa ilusión desapareció, su ánimo terminó por caer hacia el lado más oscuro, pesimista y decaído de sus emociones.
–Cuídate, John Lauper. –Apenas alcanzó a murmurar, faltándole las palabras para expresar su descontento.

Hincó los codos en la barra y hundió el rostro entre ambas manos para ahogar un suspiro que no alcanzó a librarla ni de una décima de frustración. No solo toda la noche había sido un sinsentido trágico, espantoso y agotador, si no que ahora volvía a estar tal como en un principio: sola, pobre y sin un sitio adónde ir. Apretó los dientes y estuvo a punto de romper en llanto, con los nervios ya destrozados, cuando una mano fría y grande tomó la suya para guiarla fuera de la taberna.

No escuchó los silbidos, las sucias palabras de los malvivientes ni el bullicio. Para cuando pasaron el umbral de la puerta, un agudo pitido en los oídos la aisló de cuanto la rodeaba y finalmente sus ojos se cerraron concediéndole esa paz solitaria y vacía que sólo podía hallarse en la inconsciencia.
Algo dentro de sí la calmó; se dijo que estaba en buenas manos.
Thiel
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