La Canción de la Sacerdotisa [Megaevento: Historial del juglar]

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La Canción de la Sacerdotisa [Megaevento: Historial del juglar]

Mensaje  Sigel el Vie Nov 25 2016, 23:10

Era una alta sacerdotisa de Sandorai. La más hermosa que los elfos habían visto nunca. Ni los poetas más atrevidos eran capaces de poder describirla con palabras. No había palabras para poder describir a la sacerdotisa. Las letras se quedaban cortas al expresar su belleza. Fueron muchos los osados que intentaron componer un poema a la sacerdotisa,  primero en la lengua común y luego en la élfica. No les fue suficiente. Nada era suficiente a la hora de hablar de la elfa. Las palabras se mezclaban en sus bocas, intentaban pronunciar bella y estupenda al mismo tiempo con el deseo de formar una nueva palabra que pueda describir a su amada. No les fue suficiente. Ni a los poetas ni a nadie. La sacerdotisa no pertenecía a Aerandir, era del mundo de su propia canción, por lo que las palabras de tierra real no servían para poder describirla.

La insuficiencia de palabras no era el único dolor que los poetas tenían al hablar de la sacerdotisa. Había otra pena respecto a la chica; más que pena, era envidia. Ella, tan bella y tan dulce, solo tenía ojos para un hombre y a él era al único al que cantaba todas las noches a la vez que ponía sus manos sobre sus heridas para sanarle. Todos los hombres con dos ojos para ver a la belleza de la sacerdotisa y dos orejas para oírla cantar, sentía envidia de aquel chico. No fueron pocos los que fingieron estar heridos o se autolesionar con tal de que la sacerdotisa tan solo les mirase a la cara para susurrarles al oído: “Levanta”. Ni tan solo eso consiguieron. La chica era realmente inalcanzable.

Blendein, otro elfo más enamorado de la sacerdotisa, fue un paso más allá de todos los demás. Decidido a conquistar el corazón de una mujer que reconocía que no existía de verdad y era el producto de una canción popular,  decidió coger una espada y acabar con el dolor de la sacerdotisa. Cuando matase al hombre a quien lloraba todas las noches, ella dejaría de sufrir y se podría fijar en otros hombres y cuando eso pasase, él estaría presente.

Una  buena noche, o mala según se mirase, Blendein se coló en los aposentos de la sacerdotisa. Esperó a que se durmiese y buscó el lugar dónde dormía aquel chico a quien cantaba noche tras noche.

Al próximo a quien la sacerdotisa cantase sería a él.


_____________________

_____________________

ESTROFA: Canción-ven-ero
De amor estoy enfermo.
Que me cantes es lo que quiero,
porque de amor estoy enfermo
RESPUESTA: ¡Canción-ven-once!
Eres la única que me puede curar
Mis heridas son de verdad,
Ven y cura mi enfermedad.

_____________________

* Amante de la sacerdotisa: Es de noche, estás en bosque de Sandorai y, por alguna razón que dejo a tu libertad, entras en el lugar donde reside la sacerdotisa. Debo señalar que no me importa cómo has llegado a Sandorai,  aunque si deseas explicarlo, estás en tu derecho. Yo, por mi parte, no voy a ser estricto con la cronología de tu personaje. Tu deber, en este evento, es curar de amor al joven Blendein devolviendo a sacerdotisa a su canción. Para ello necesitarás tres cosas: una nueva palabra que hable de amor, un objeto sanador y un misterio. El misterio se te revelará en el siguiente turno. En éste, deberás coger los dos primeros objetos. Tienes total libertad en controlar a Blendein además de describir el lugar y la forma en que encuentras a los niños para devolver las ratas y al Flautista a su canción. A la sacerdotisa no la verás en éste primer turno. Un último consejo: no llames la atención, Blendein no es el único que se le ocurren ideas terribles sobre asesinatos y amores.
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Re: La Canción de la Sacerdotisa [Megaevento: Historial del juglar]

Mensaje  Aranarth Thal'Dael el Mar Nov 29 2016, 01:37

Había sido una tarde muy tranquila en la región norte de los bosques, los elfos de la guardia salían a hacer sus tareas de reconocimiento hacia las fronteras marcadas por los árboles mas antiguos. La espesura de los bosques impregnada por el perfume de la miel añeja y la savia congelada guardaba en sus profundidades mas misterios de los que sus habitantes podían imaginar, y hasta habían zonas que los elfos ignoraban durante décadas, ya sea por la dificultad de su acceso o por territorio hostil en la jurisdicción de otro clan. Después de todo, ante la inmensidad del territorio, era muy difícil para los elfos organizarse y distribuir un terreno tan amplio y cambiante como los bosques.

Aranarth, no participaba como oficial en la guardia de su clan, pero nunca iba a negarse a brindar apoyo a la sustitución de algún efectivo enfermo o herido en combate, y aquel día se había presentado el caso. Las instrucciones eran claras, y el elfo conocía el terreno: no debía pasarse de la antigua formación de fresnos al sudoeste, era una larga distancia hasta allá, pero si no se distraía estaría de vuelta antes del anochecer. Y no había tenido problema alguno en el camino hasta los fresnos, era su mente la que lo atormentaba con ideas que no podía controlar: estaba realmente confundido, su cabeza no paraba de dar vueltas en las mismas ideas todo el tiempo. Creía ya haber superado la crisis que le afectaba, el fuerte vínculo de amistad que llevaba con Kaeltha, y la honrada fraternidad que compartía con Arzhak eran sus escudos en la conciencia, y estaba claro que el jamás obraría en contra de ella.

Y así fue que mientras marchaba atravesando la inmensa arboleda de fresnos destinada, un relámpago encandiló su visión, y un trueno erizó sus orejas de elfo. -Ruk...- Murmuró con aspereza en élfico, mientras el viento sacudía su melena dorada y la lluvia se acercaba inminente desde occidente. Y por si fuera poco, en el tropiezo sensorial, el filo de una rama partida rasgó la blanca piel de su rostro, justo debajo de el pómulo derecho, dejando caer unas gotas de sangre. Siguió unos metros hasta encontrar una cabaña élfica muy descuidada, la madera parecía carcomida por el tiempo y la maleza se las había arreglado para colarse por las uniones de la madera, además había un aura de antigüedad muy presente en todo el lugar, la lluvia lo hacía incluso mas misterioso.

Se acercó a una de las ventanas laterales de la cabaña, y cubriéndose un poco del agua, sacó de su bolsillo un frasco de vidrio con un ungüento espeso, aséptico y astringente a base de ortiga, esencia de ciprés hervido y corteza de roble, que le había obsequiado su amiga hace unas semanas, cuando le dieron la noticia del puesto que debía cubrir. No alcanzó a abrirlo cuando la lluvia comenzó a caer, el agua arruinaría el ungüento, así que simplemente dejó que las gotas sigan cayendo.

Pasó unos minutos observando la lluvia caer sobre los árboles, hasta que los vientos empezaron a agitar el caudal de agua, y no podía salvarse de las heladas gotas que perforaban su rostro, el poco cielo que pudo divisar, estaba gris y oscuro. De alguna forma, había calculado mal el tiempo de partida, y no tenía equipamiento suficiente para acampar en la tormenta. No parecía haber nadie dentro de la cabaña, así que opto por ingresar a través de la ventana lateral, para protegerse un poco, y quizás pasar la noche allí. Estaba muy oscuro, y prefería mantenerse en el rincón cercano a la ventana, acurrucado en posición fetal mientras observaba lo que parecían muebles viejos, frascos con especias, morteros y primitivas herramientas de cirugía -Qué lugar tan extraño...- Murmuró mientras cerraba los ojos, olvidándose de su herida. Cantaba en su cabeza una melodía tradicional Eytherzair, mientras intentaba componer versos entre murmullos, era la técnica que usaba para dormir desde pequeño.

"Melitzen sedrari...
...arael shanya.
Lat...
...litzen.
Té litzen
Me lat,
Medel litzenlat"

Traducción:

"Mi querida señora,
arael shanya,
libertad,
amor,
tu libertad,
mi amor
nuestra Litzenlat."



_____________________

Nota de traducción: "Litzenlat" es un juego de palabras en sindarín (quenya), entre "amor" y "libertad". Arael shanya, en cambio, es un concepto que no vale la pena traducir textualmente, pero es algo que se le dice a una persona a la que se le tiene mucho afecto.
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Re: La Canción de la Sacerdotisa [Megaevento: Historial del juglar]

Mensaje  Sigel el Vie Dic 02 2016, 10:52

A tientas por la oscuridad, Blendein se ayudaba de cada mueble y estantería para no tropezar. No estaba acostumbrado a la noche y, algo le decía, que si hubiera sido de día no hubiera sido más fácil. ¡Qué los Dioses no lo vieran! Se había colado en el hogar de la sacerdotisa. Un acto tan ofensivo que, de tratarse de una auténtica elfa y no una salida de una canción popular,  hubiera sido castigo. ¡Qué los Dioses entendieran que  era víctima del más puro amor!

Con cuidado, con sumo cuidado, el osado elfo fue avanzando muy lentamente con tal de hacer el menor ruido posible. No lo consiguió. Tuvo la mala suerte que, al cambiar de estantería, hizo caer un frasco de alguna poción aromática de romero. El olor se hizo presente en toda la habitación y, tal vez, en toda la mansión; sin embargo, para Blendein carecía de importancia. A él, lo único que le importó es que había hecho ruido.

Por fortuna, a la vez que desgracia, en otras habitaciones se escuchó el característico ruido de frasco de cristal cayéndose al suelo. Blendein no era el único que entrado en la mansión sin permiso en busca de un beso de su querida. ¡Que los Dioses perdonasen a todos, no eran conscientes de su imprudencia! No, Blendein no tenía razón para rezar para los demás. ¡Qué los Dioses perdonasen SU imprudencia! Los otros elfos debían de ser castigados pues, solo él se creía digno de poder conquistar el amor de la querida sacerdotisa.

Sin pensar más en el sonido, sin culpabilizarse más por el pecado cometido y tras olvidar que había llamado la atención haciendo ruido; Blendein comenzó a correr tanto como sus piernas le permitían. Era una carrera y él sería el vencedor. La meta era la sacerdotisa y el camino a recorrer su dulce voz que le servía como guía. Debía de darse prisa, toda la que podía y más. Blendein sería el único vencedor.

_____________________

*   Aranarth Thal'Dael: Esto es una carrera y tú debes de ser el vencedor. Puede que decenas de amantes de la sacerdotisa se hayan colado en la mansión víctimas del hechizo de la mujer. Para sanar a los elfos y devolver a la sacerdotisa a su canción deberás entregarle el objeto sanador y la canción de amor a la elfa y que las use para sanar al antes mencionado amado enfermo antes que los intrusos lleguen al lugar donde ella se encuentra; ese es el misterio que te he estado ocultando. Te advierto que los amantes de la sacerdotisa no te lo pondrán fácil. Este será tu último turno, ¿serás capaz de hacer frente a todo lo planteado? Esperemos, por el bien de la Sacerdotisa, que sí lo seas.
P.D. Me ha gustado la canción de amor que has propuesto; es un toque original el poder hablar en élfico, idioma del cual estoy enamorada. “Elen sí'la lúmenn´ omentielvo”.
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Re: La Canción de la Sacerdotisa [Megaevento: Historial del juglar]

Mensaje  Aranarth Thal'Dael el Miér Dic 07 2016, 19:06

Aranarth estaba totalmente ensimismado en la canción que su mente confeccionaba, siguiendo el ligero ritmo de las gotas chocando contra los tejados, y los árboles que se agitaban violentamente por la tormenta, hasta creía poder escuchar el sonido del harpa de sus ancestros desde el interior de su mas prematura conciencia. De repente, como si de un relámpago se tratase, el agudo sonido de un frasco rompiéndose invadió la mente del elfo, seguido de una ráfaga aromática de romero, que expulsó del ambiente el suave aroma de la tierra mojada. El elfo abrió los ojos precipitadamente, y el fugaz correteo de algo que no parecía ser una rata lo obligó a levantarse y observar a ambos lados en la penumbra, no había nadie con el en la habitación de cirugía, pero si quería conocer la fuente del ruido debería comenzar a moverse.

Lo mas lógico hubiese sido escapar por la ventana y buscar otro refugio en el bosque nocturno, pero el elfo sentía un fuerte impulso por conocer mas del lugar, ahora que sabía que no estaba solo, y habría mas gente rondando por la zona, la mansión parecía no estar tan abandonada después de todo. Buscó la puerta que lo sacaría de la habitación, y encontró en la obscuridad el picaporte de bronce entre todo el instrumental quirúrgico que lo rodeaba. Por un segundo rogó que la puerta esté cerrada para volverse afuera con alguna excusa, pero no, la puerta se abrió vislumbrando un extenso pasillo obscuro que por el efecto de la visión parecía no terminarse en ninguno de sus dos extremos ¿Donde se había metido el elfo, tanto lo había engañado su visión en la tormenta?

Sin mas decisión, comenzó a correr, el pasillo parecía no terminarse hasta que dio con el acceso a unas escaleras de madera, comenzó a subir de a dos peldaños; estos crujían y hacían muchísimo ruido, pero en la casa parecían haber mas elfos de los que podía contar, quizás un batallón había comenzado a meterse en la mansión. Fue cuestión de tiempo hasta que recibió un empujón de otro elfo extraño que parecía totalmente hipnotizado, parecía un fantasma siendo ordenado por una conciencia ajena. -¡Hey! ¡Con mas cuidado!- Le gritó tras ser ignorado, fue en ese momento que decidió tomarlo del cuello y arrojarlo escaleras abajo, en un rápido movimiento, eso quizás lo retrasaría un poco. Continuó camino hasta subir por otra escalera, esta vez sentía que lo seguían y que quizás estaba ganando una carrera a un lugar que ignoraba completamente, era extraño, porque de alguna forma la sensación de victoria y triunfo lo motivaba a seguir el sinuoso pasillo del tercer piso, que adornaba la puerta con laureles a los costados y muérdagos que tapaban todo el marco superior de la puerta. -Esto debe tratarse de un sueño...- Dijo incrédulo mientras su paso se ralentizaba mientras llegaba a la imponente puerta de roble.

Abrió su puerta con exasperación, y sus ojos no podían creer lo que veían: había entrado en una alcoba antigua, decorada con hierbas de todo tipo y telas blancas que cubrían los techos, todo en el lugar inspiraba nada mas que pureza, de una manera muy surrealista. Allí entre los muebles de maderas nobles y un incontable número de velas que impregnaban todo del mismísimo aroma de la divinidad; se encontraba sentada la sacerdotisa. Su belleza, que era perfecta, parecía sacada del imaginario popular mas antiguo entre sus ancestros; y al verla, sintió que las penas de su corazón desaparecían. Una fuerza que no comprendía, lo convenció de arrodillarse en muestra de respeto, sin mezquinar vista a los ojos que lo observaban distantes. Se despojó de todo lo que llevaba, incluyendo su sable y el ungüento curativo, y los dejó en frente suyo, mientras recitaba los versos que había compuesto hace unos minutos carente de voluntad, en un estado casi ajeno a su conciencia.

"Melitzen sedrari...
...arael shanya.
Lat...
...litzen.
Té litzen
Me lat,
Medel litzenlat"
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Re: La Canción de la Sacerdotisa [Megaevento: Historial del juglar]

Mensaje  Sigel el Vie Dic 09 2016, 20:42

El desconocido llegó a la habitación donde se encontraba la sacerdotisa y su amado; traía lo que tenía que traer: las palabras de amor y el ungüento sanador. Sin embargo, la sacerdotisa no le dio las gracias ni le felicitó por el arduo trabajo que había realizado. No dijo nada pues todas sus palabras estaban reservadas a la persona que amaba y no a un chico elfo cualquiera. La única prueba de gratitud que recibió el desconocido fue un gesto de asentimiento con la cabeza.

La sacerdotisa cogió el frasco que el caballero elfo le había entregado, lo abrió y, con dos dedos, mojó la frente de su amado que seguía en la cama. Eso no bastaría para sanarle, necesitaba el poema que el elfo había recitado. Se acercó a la oreja del enfermo y recitó la estrofa en un susurro tan suave que nadie que no fuera él lo pudiera escuchar. El enfermo tosió, eso era buena señal. Desde que habían emergido mágicamente de la canción que pertenecían, no había hecho señal alguna de estar vivo. La sacerdotisa sonrió tímidamente, cosa que tampoco había hecho en ese nuevo mundo.

Seis vientos entraron por las ventanas de la alcoba abrieron las ventanas de golpe. Eran los seis vientos que sacaron a la sacerdotisa de su canción, los reconoció nada más sentirlos. Estiró los brazos dejando que el aire entrase por todos los recovecos de su túnica vaporosa y se convirtió en polvo. El enfermo también se convirtió en polvo. Regresaron a casa.

-Gracias-

_____________________

* Aranarth Thal'Dael: la última palabra de una sacerdotisa de canción en el mundo que desconocía fue dirigida única y exclusivamente hacia el caballero elfo que le había devuelto a casa. Gracias.

Recompensas:
* +2 ptos de experiencia en función de la calidad del texto.
* +2 ptos de experiencia en función de la originalidad del usuario.
* 4 ptos totales de experiencia
Los puntos han sido sumados directamente a tu perfil.

Objeto: Poción de la sacerdotisa
Poción de la sacerdotisa blanco:

Tan solo dos gotas del valioso ungüento fueron necesarias para ayudar a la sacerdotisa. El resto es todo tuyo. Sin embargo, no posees la magia que un personaje de cuento tiene.  Necesitas quemar un trozo de romero en la pócima para que ésta haga efecto. ¿Y qué poder tiene? El de relajar completamente a cualquier criatura; ya sea un oso hambriento que esté a punto de devorarte como una brigada de bandidos dispuestos a matarte y luego robarte. Puedes usar este poción hasta un máximo de tres veces, una vez agotes sus usos, no será más que una poción con un fuerte y cálido olor a romero. Nada especial.
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