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Nana Blackseven.

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Nana Blackseven.

Mensaje  Nana el Mar Sep 08 2009, 01:29

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Nombre:
Morgana

Apellido:
Blackfjeven

Apodo:
Nana Black / Nana Blackseven

Especie:
Licántropo 

Edad:
25

Sexo:
Mujer

Historia, pasada:
Ciertamente sí fue Morgana el nombre que recibí de mis padres, pero no es pues el que decidí utilizar en mi vida, mis padres no merecen que adopte el nombre que ellos me pusieron. Nací en un clan de lobos grises, al este de la arboleda, en las tierras colindantes con la península de Verisar, territorio humano. Los humanos y nosotros, los licántropos, no nos llevábamos del todo mal por aquel entonces, no nos comíamos sus ovejas y ellos nos dejaban campar a nuestras anchas por donde quisiéramos. Siendo sincera, mis padres no me querían, en realidad nadie en la aldea me quería por el color de mi pelaje, por eso casi nunca me transformaba, tenía un terrible problema de autoestima con mi lobo. Mis padres me ignoraban, cuidaban de mis muchos otros hermanos, sí, nací en una familia bastante numerosa, pero no recuerdo ni la cara ni el nombre de mis otros hermanos, que también me repudiaban. No había día que paseando por la aldea, la sacerdotisa me empezara a poner collares y pulseras supuestamente benditas por el mismo Hati para contrarrestar el poder del gran lobo Fenrir, el cual me había poseído, y así evitar la profecía del Ragnarok.

Era demasiado pequeña para no creer en esas cosas, me costaba dormir con la cantidad de amuletos y remedios caseros que se inventaba la gente para mantenerme alejada del resto, incluso mis padres llegaron a lavarme el pelaje con cardos para ver si así desgastaban el color. Es cuestión de tiempo, decían, que cambiara el pelaje a un gris oscuro. Mentira.

Pasaron varias lunas después de mi quinto invierno, aquella noche no valían amuletos ni collares contra lo que se avecinaba. Unos cazadores furtivos atacaron la pacífica aldea, es decir, mi infierno personal, haciéndolo algo más divertido. Mis hermanos lloraban al ver cómo nuestra choza era devorada por las llamas mientras yo me alejaba de la gente, mi supuesta gente, corriendo en sentido contrario al que iban ellos, porque total, no les iba a importar lo más mínimo. Tras varias horas, o días, o quién sabe qué, acabé agotada sobre la nieve cerca de algún pueblecito cerca de la capital humana. Ciertamente no conocía bien a los humanos, lo único que sabía era que me habían librado de mi infierno, y habían hecho realidad mi sueño, reducir a cenizas aquella aldea.

Un hombre de avanzada edad me encontró tirada en mitad de la nada, era un cazador de vampiros al que hacía poco se le había muerto el perro, mira tú qué coincidencia. Tenía un hijo al cual llamaba Ruth, tenía mi edad cuando nos conocimos, así que crecimos juntos, jugando, corriendo por el bosque, yendo a la ciudad... Aprendí cómo vivían los humanos, sus costumbres, a la vez que aprendía los puntos flojos de los vampiros, y aprendía a rastrearlos.  

Pero a los 14 años mi vida cambió drásticamente, los humanos, los que me habían adoptado como mascota, que ignoraban que yo era algo más que un simple perro, fueron atacados por una panda de chupasangres en busca de venganza. Ese día el viejo y yo habíamos salido a cazar, pero aquello era una trampa. Cuando llegamos a casa, sin trofeo alguno, tan solo quedaban cenizas de lo que había sido mi hogar. Fue entonces cuando el viejo empezó a morirse poco a poco. Comenzamos una marcha hacia el oeste, cruzando el bosque de Sandorai, buscando ayuda de los elfos, el bosque de Midgard, y finalmente el territorio de los vampiros. Íbamos sin duda hacia una muerte anunciada.

Todo pasó demasiado deprisa aquel día, encontramos a los vampiros que habían matado a nuestra familia, y les hicimos pagar por aquello, al menos a unos cuantos. No pude contar los que eran, pero la luna llena se alzaba ya sobre nosotros aquella noche, temiendo por mi vida y por la del viejo, perdí totalmente el control, no era dueña de mis actos. Los recuerdos de aquella noche aún los espero pacientemente, puesto que amanecí al día siguiente en mitad de un claro, rodeada de pequeños montones de ceniza y sangre. Allí, al otro lado del claro descansaba el viejo, acribillado a mordeduras de vampiro. Fue entonces cuando empecé a vivir ni como lobo ni como humana, sino como un licántropo.

Mi vida no era exactamente un cuento de hadas, tuve que cazar, buscar, matar, para sobrevivir, vivía de algunas recompensas por la muerte de algunos vampiros, así me gané el preciado mote de la asesina de vampiros. Iba de aquí para allá, me movía preferiblemente por el bosque del oeste, sin cruzar al otro lado, sin buscar a los míos. Pero un día mi curiosidad fue más allá, era hora de conocer todo aquel mundo y ver qué más podía ofrecerme. Fue en las runas de los Baldíos donde conocí a unos muchachos que planeaban crear un clan, un clan donde todo el mundo fuera como fuere era bienvenido. Me agradaba la idea, y me agradaba él, Higue era su nombre, mi primer amor. La cosa fue bastante bien, fuimos a descubrir mundo, visitamos a los elfos y vivimos varios meses con ellos, y ya nos disponíamos a volver a los terrenos del este cuando una noche, desaparecieron. Sin más, por la mañana cuando desperté, volvía a estar sola, e hice lo único que podía hacer, caminar.

Caminé descalza quién sabe cuánto, hasta que divisé una cabaña en un pequeño pantano en las tierras colindantes con los elfos en los reinos del este. Poco más recuerdo de aquello, pues mi siguiente recuerdo era una cama mullida, ropas nuevas y olor a comida recién hecha. Genro se llamaba el líder del clan de lobos marrones que encontré allí, había sido secuestrada por ellos y me convertí en su esclava, por así decirlo. Fue allí donde aprendí a sobrevivir con lo mínimo, y sobre todo a cómo tratar a los hombres para conseguir todo lo que yo quería cuando quería. Pero un día me cansé, yo era así, un alma inquieta que ansiaba ir de aquí para allá, en busca de problemas y emociones fuertes. Así que me escapé.

Fue entonces cuando mi vida dio un vuelco de trescientos ochenta grados. Conocí a una chica muy peculiar, Nordica, se convirtió en mi mejor amiga, compartíamos todo, cazábamos juntas... Nos unía una historia bastante trágica, la de la marginación dentro de tu propia raza. Poco a poco encontramos a gente que se sentía como nosotros, y finalmente fundamos un clan, El Colmillo de Hierro. Nuestra sede era algo bastante humilde, una pequeña cueva al lado del río, que justamente daba frente a la parte este del gran lago. Era un lugar bien situado, con buenas vistas, y con comida. Por no hablar que había sido utilizado por contrabandistas de alcohol en épocas pasadas y había cientos de cajas de cualquier tipo de alcohol, y por eso nos quedamos mayormente. Conocí a gente espectacular, como Kurono, el cual se convirtió en mi mano derecha, izquierda y ambos pies, corrimos muchas y diferentes aventuras juntos. Pero la gente que conocíamos acababa desapareciéndose porque querían más, querían mucho más de lo que una pequeña cueva podía ofrecerles, y no les faltaba razón.

Tiempo después conocí a una muchacha que vivía entre los humanos como si nada, su nombre era Fleur, una albina con mucha mala leche, todo hay que decirlo. Nos prestó su posada como sede del clan, así que nos traspasamos. Yo trabajaba ahí para pagarme mis caprichos, y para atender la posada cuando Fleur no podía, y a cambio nos dejaba a todos vivir ahí, comer, y sobre todo beber gratis. No era un mal trato. Me pasaba las noches en la calle, peleando por diversión en diferentes luchas clandestinas. También era asidua en la arena de Lunargenta, donde me gané el mote de La Bestia Negra. Mi público me amaba.

En mi estancia en la ciudad humana, Lunargenta, conocí a mucha gente, entre ellos un pequeño dragón llamado Alfgard, al cual por alguna razón que desconozco le cogí un cariño importante, pero fue asesinado varios meses después por un brujo que intentaba la dominación de Aerandir o no sé qué cosas. Pero sobre todo, conocí a alguien que gracias a mi, y no es por tirarme flores, se hizo un hueco en la historia de Aerandir. Él era Siegfried, recuerdo que nos conocimos en la playa, mientras yo intentaba, en vano, cazar un pez en forma humana, ese día dio la casualidad de que volviendo un dragón -de esos que tan solo salen en los libros- estaba atacando la ciudad, ¿Y quién estaba allí? Nosotros. Frente a la incompetencia de los guardias, ambos le plantamos cara a semejante bicharraco. La verdad es que quedé muy mal parada, pero mereció la pena. De ahí surgió una amistad que aún prevalece y seguirá hasta que me arranquen el corazón del pecho. Ahora él es rey de Lunargenta, así, como dato.

Mi vida se nubló, vivía frustrada en el sueño de derrotar a la manada y conseguir la igualdad y el derecho a la libertad de todos los licántropos independientemente de su condición, ya fueran de pelaje negro, o transformados. Vivía tan frustrada que me abandoné, me dejé llevar por el alcohol. Las noches de borrachera siempre acababan en camas ajenas, y siempre despertaba con el mismo dolor de cabeza y las mismas lagunas, en una cama y en un cuarto que no eran los míos, con una cara diferente cada mañana. En esta época conocí a Leonardo, Alec, Hera, Rose y Aleki que fueron para mi la escalera hacia la luz en un pozo hondo en el que había caído.

Tuve que alejarme de la vida humana, el olor a alcohol me ponía nerviosa, y perdía los nervios con facilidad, así que más bien obligada por mi gente, tuve que exiliarme de nuevo a nuestra pequeña y preciada cueva del río.

Historia, presente:
Es aquí cuando realmente mi historia cambia, de ser una persona totalmente perdida en los rumbos catastróficos y caprichosos de la vida, a ser una líder, responsable y respetada por todos.

Ya me había exiliado a la cueva, ahora volvía a la vida salvaje, cazando y pescando con mis propias manos, sin más compañía que la de los grillos por la noche. Hacía lo que quería cuándo y dónde quería, pero no había alcohol, ni hombres con los que acostarse. Era todo un reto. Pero el olor a sangre y muerte me llevó a otro punto cerca de mi territorio, y fue como mirarme en un espejo, porque era igual que yo, solo que más grande. Tuve que seguir a aquel lobo negro, pues jamás había visto uno que no fuera yo misma, hasta una cueva. Brendarid, cómo no. Ese día experimenté lo que era encontrarte cara a cara con tu alma gemela. Cuando yo lo conocí era una bestia con ojos de hombre, que a penas sabía que era la ropa o cómo se ponían los zapatos.

Él buscaba venganza por la muerte de sus seres queridos, y yo una excusa para ir a la guarida de la manada, así que estábamos en la posición perfecta. Eona nos condujo hasta la guarida, donde mi querido Markus nos esperaba, pero Thorbald se unió a la fiesta, y la cosa no acabó muy bien. Nos metieron en un calabozo, aislados del mundo. Pero no tardaron mucho en darse cuenta de nuestra ausencia y Rose, Alec, Hera y Leo vinieron en nuestra ayuda.

Fue después de esto cuando Brendarid decidió que quería ser marinero, y no un delfín. Pero me prometió sobre todas las cosas que volvería a encontrarme, y así fue. Seis meses después yo ya había conseguido lo que llevaba toda mi vida intentando, hacer un clan y formar una aldea donde poder convivir todos en paz indistintamente del clan o de la condición de cada uno. Un lugar donde ser libres. Y así fue, apareció, y no lo hizo solo, sino que también me trajo un hechicero que decía que quería unificar a todas las razas, vamos, un soñador.

Ahora, ahora... Ya no sé qué más me deparará el destino, pero las cosas que están por venir pintan que mi vida va a volver a cambiar.

Carácter:
Desconfiada,  responsable en las cosas importantes, alocada en algunos momentos y le encanta luchar, es simpática con la gente que conoce, extrovertida, y muy calculadora, a veces excesivamente calculadora aunque parezca todo lo contrario. Tiene un sentido del humor un poco bizarro. Su personalidad es irritante. Tiene bastante mal humor por las mañanas. Le gusta vivir la vida día a día, y vivirla al límite. Es muy interesada y saca el partido máximo a todas sus amistades en tal de sacar algo en beneficio propio. Ella es el centro de su mundo, es muy ególatra y tiene mucha confianza en sí misma, y eso a veces la hace débil. 

Arma:
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Vestimenta.
-Armadura, solo se la pone en casos excepcionales, (Eventos oficiales)
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-Por la ciudad, y en la arena.
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Apariencia:
Spoiler:

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1,75
Constitución delgada-media 58 kg

Lobo
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Tamaño medio, semejante al de un pastor alemán.
Ojos amarillos.

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Defectos/debilidades:
-Pánico a las cucarachas y todo bicho asqueroso que ronde por Lunargenta.
-Cualquier ser querido, cualquier cosa en que metan a una persona querida, ya que para ella son sagrados, si alguien hace algo o la amenaza con hacerle algo , ella cambiará de parecer.
-El dinero, tiene un serio problema con ahorrar, y sueña a menudo con nadar entre monedas de oro.
-Miedo a las tormentas. 


Defectos de combate:
-Es muy confiada y siempre va a matar, por lo tanto tiene una gran desventaja con la gente que ataca des de lejos.
-El tobillo izquierdo lo tiene flojo, no sabe muy bien por qué, alguna lesión mal curada.


Última edición por Nana el Miér Ene 11 2017, 15:47, editado 31 veces
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Re: Nana Blackseven.

Mensaje  ThunderStorm el Dom Jul 15 2012, 02:18


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ThunderStorm
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