Los buenos libros [Asarta] - Interpretativo 1/3

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Los buenos libros [Asarta] - Interpretativo 1/3

Mensaje  Valya Noorgard el Jue Ene 26 2017, 19:11

Llegar a Lunargenta me había llevado varios días, dejando atrás historias, naturaleza y personas nuevas en mi vida, que esperaba volver a ver alguna vez y en un futuro no muy lejano. Mi misión en ese sitio estaba clara, empecé por esa región, por esa ciudad porque era donde mis pasos me habían llevado. No me pare a pensar en qué destino era el primero que debía tomar, simplemente lo hice porque mis sentidos y mi instinto me llevaron hacia allí en la búsqueda de mi hermana.

Esa ciudad era abrumadora, estresante y llena de ruido y distracciones. No estaba acostumbrada a moverme por lares como esos, donde la tranquilidad y el sonido de los pájaros eran totalmente inexistentes. Tabernas llenaban las calles de gente con poco equilibrio, mercaderes chillaban para vender sus objetos al mejor precio, la suciedad estaba en cada rincón que podías encontrar, junto con el gris de los edificios tan altos que te quitaban la iluminación natural del sol, la luna y las estrellas. Las antorchas y las luces de aceite teñían de colores anaranjados las calles abarrotadas por toda clase de objetos inservibles y rotos. Caminaba despacio intentando entender como alguien podía preferir vivir en esas condiciones antes de las maravillas de los bosques. Parecía imposible encontrar un sitio donde la paz y el silencio reinara.

Incómoda, sin saber como moverme por esas calles estrechas y anchas, donde la gente se amontonaba, intentaba pasar desapercibida. Los harapos de todos ellos eran oscuros y tétricos, y aunque no quisiera mi blanca túnica destacaba ante los ojos de los ciudadanos señalándome como forastera. Intentaba esconderme dentro de la capucha, dejando que mi pelo rubio y largo les diera una pista de mi verdadera identidad, el rostro hundido en la sombra de mis ropas no dejaba que apreciaran mi tiara ni mis rasgos finos de elfa. Andaba sin rumbo, sin encontrar el sitio donde permanecer tranquila y serenarme ante tanta novedad. A lo lejos vislumbré un edificio que parecía ser especial, la energía que salía de él era de sabiduría y aprendizaje, aunque en el exterior no fuera más que todos los demás. Una placa dorada en el exterior era lo único que lo diferenciaba de todos ellos, parecía ser que eso era lo que lo hacía diferente y resaltar ante los demás.
Me acerqué con sigilo, acaricié con la mano esa placa limpia y atrayente, con las letras perfectamente talladas en las que se leía "Biblioteca". Sencillo, corto y claro. Sonreí aún con la yema de los dedos tocando esas letras hundidas en el acero dorado, ese era mi sitio.

Entré en silencio y dejé que mi rostro se descubriera apartando la capucha de mi cabeza para dejarla caer encima de mis hombros y espalda. Todo estaba lleno de quietud y había estanterías enormes llenas de libros viejos y llenos de polvo. Miré a mi alrededor inhalando el olor a papel tintado. Paseé entre los muebles que presentaban todo tipo de historias y cuentos que jamás había leído. Pasaba el dedo a todos aquellos a medida que iba avanzando distraída en los títulos que iba pasando. Una sombra delante de mi me hizo parar de golpe para quedarme mirando a esa chica tan oscura que tenía en frente. Sonreí mientras dejaba que mi mano se colocara de nuevo junto a mi cuerpo - hola - susurré - ¿has encontrado algo interesante? - pregunté sin moverme del sitio. La muchacha parecía seria, algo endemoniada, sin embargo, debía tener algo interesante si estaba allí en ese momento en vez de estar con todos los demás, en las calles con una bebida en la mano.


Última edición por Valya Noorgard el Vie Ene 27 2017, 21:45, editado 1 vez
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Re: Los buenos libros [Asarta] - Interpretativo 1/3

Mensaje  Asarta el Vie Ene 27 2017, 20:36

Adoraba la nocturnidad y la posibilidad de ser una extraña en aquel mundo del que tanto me distanciaba. Lo mejor del anochecer era que tal y como caía el sol lo hacía mi responsabilidad con Xaczer. Mis momentos privados, mi vida oculta y mi sencillez sin ojos críticos o malas caras. Por otro lado, lo mejor de la noche era que el mundo se mostraba diferente, como si al igual que algunos, la moral y los comportamientos también cayesen rendidos al sueño. Tenía claro que si en algún momento me marchaba de aquella ciudad lo haría al caer el sol, como lo hice la última vez. Encontraría en las sombras las aliadas perfectas para mi invisible vida.

Nadie solía deambular por la biblioteca, en realidad, la biblioteca no era el rincón más habitado de Lunargenta. Así lo justificaba el polvo que se acumulaba hasta en los escalones de las recónditas escaleras o el olor a humedad y cerrado. Todas esas condiciones no restaban encanto al lugar, en tal caso, las telarañas, el polvo, las humedades y el silencio eran de mis cosas favoritas. Cuando la puerta chirrió, me sobresalte, alce la vista y salí de mi escondite como una luciérnaga que se aproxima ingenua y estúpidamente hacia la llama del farol. Había que entenderlo, nadie entra en la biblioteca por la noche sin que algo raro y extraordinario se oculte tras esa situación, por no decir, que seguramente dentro de lo extraordinario se puede ocultar algo peligroso.
En ocasiones, ladrones y asesinos habían tratado de esquivar a los vigilantes ocultándose en aquel sitio, un momento desagradable si eres solo una muchacha y debes contener el aliento para no ser descubierta por alguien que porta una daga ensangrentada. Había aprendido a mantener los nervios a raya y sobre todo, a desconfiar hasta de cualquiera que solo mirase los libros con curiosidad. Sin embargo, no esperaba encontrarme con alguien como aquella mujer. Cuando se destapo el rostro y su larga melena rubia quedo a la vista, destaco por encima de su palidez o de sus ropajes blanquecinos exclusivos y para nada comunes de la ciudad. Su apariencia dejaba clara su origen. Me trague mis propias palabras de exclamación, enarcando una ceja por ser la segunda elfa en encontrarme en un lapso de tiempo tan corto.
-Yo diría que si-respondí simple y seca, pero en referencia a ella- ¿Te has perdido? -pregunte de golpe. ¿Qué haría allí? No me tome ningún tipo de sutileza a la hora de revisarla de arriba abajo y darme cuenta de lo diferente y a la vez similar que era a la que me había encontrado en el puerto la otra noche. Muchos elfos estaban arribando a Lunargenta en aquellos días.
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