Historias de Piratas [Desafío]

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Historias de Piratas [Desafío]

Mensaje  Sigel el Sáb Mar 04 2017, 11:06

Las aventuras de piratas eran mejores narrarlas que vivirlas. Quien dijera lo contrario no tenía ni la más remota idea de lo que consistía ser un pirata y surcar los mares de Aerandir. ¿De qué servía haber visto todos aquellas islas hermosas, haber follado en una nave que estaba siendo azotada por las olas del mar y haber sobrevivido a las peores tormentas que uno pueda imaginar si, después, no podía jactarse de ello en una taberna con una jarra de hidromiel en su mano derecha y una puta barata apoyada sentada sobre sus piernas? Así eran las vidas de los piratas. Una vida de orgullo, avaricia y grosería que pocos se atrevían a vivir y, menos todavía, a narrar.

Esta noche, cuatro capitanes piratas contaban sus aventuras entre ellos en una especie de competición por ver quién era el mejor pirata de los presentes:

El primero, juró y perjuró que, durante una tormenta, se encontró a una bruja en un barril en mitad del océano. Ella era realmente atractiva, casi tanto como el propio mar. El capitán se llevó la mano en el corazón cuando dijo que tal vez, esa misma bruja, podría ser el mismísimo mar. Como se cabría esperar en esta clases de historias, tanto el capitán como la bruja acabaron dejándose llevar por sus instintos más primarios. Una aventura pirata sin sexo, no era una aventura pirata. Después de esta escena, la bruja confesó al capitán que ella era muy poderosa y que estaba enfrentada contra otro brujo todavía más poderoso que le había encerrado en el barril y le había lanzado al mar para deshacerse de ella.

-¡Te lo estás inventado!- aulló otro de los capitanes sin dejar que el primer capitán terminase su historia- Esa misma historia la he escuchado en boca de un elfo cantor-.

-¿Quién te dice que ese elfo no se basó en mi vida?-

-Porque la escuché cuando todavía no habías nacido- río con tanta fuerza que se le salía saliva por la boca.

-¡Esa historia que nosotros cuatro juntos!-

-¡Callaos!- bramó el primer capitán pirata furioso porque no le dejaban contar su historia (aunque fuera falsa). -¿Es que no queréis escuchar cómo acaba?-

-Ya sabemos cómo va a acabar: Matarás al brujo malvado, te volverás a follar a la bruja y, por alguna razón desconocida, ella desaparecerá y nunca más la volviste a ver-.

-Os odio-.

-Hazte a un lado y escucha cómo son las auténticas historias-.

_____________________

Bienvenido narrador: Estás en el puerto de Lunargenta aunque, debo señalar que no me importa cómo has llegado ahí, por mi parte no seré estricta con tu cronología. En este primer turno, deberás sumarte al grupo de piratas. Una vez dentro, inventa cómo sería la historia que el último pirata ha dejado a medias. Como objetivo adicional, deberás calmar el ambiente. No querremos que la taberna se convierta en una batalla campal.  
Para más información acerca de los desafíos, pinchar (aquí).


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Re: Historias de Piratas [Desafío]

Mensaje  Alanna Delteria el Dom Mar 05 2017, 00:05

La posada rebosaba vida esa noche estrellada. El mar, embravecido, presagiaba una mañana clara y despejada, pues, como todos saben, tras la tormenta llega la calma. En el puerto de Lunargenta, una luz iluminaba los ventanales de una taberna de la que salían risas, cantos y voces gruesas que se elevaban por el cargado aire del local. La chimenea encendida y el alcohol que corría de punta a punta de la barra y de mesa en mesa evitaba que el viento que se colaba por los resquicios de la puerta se sintiera en el interior del local.

Los presentes, Piratas en su mayoría, desconocían de la presencia de una mujer de ley que se había refugiado allí al ver retrasada su salida del puerto. La real Gaviota partiría a la mañana siguiente llevando, con ella, un buen grupo de guardias y marineros para localizar el artefacto, ella se encontraba ya allí, sin ser capaz de dormir, habiendo acompañado a la ladrona que, en ese momento, era la única que permanecía en el barco. Algunos habían preferido volver a sus hogares, aprovechando esa última noche, pero el suyo, demasiado lejos como para que mereciera la pena ir, había quedado como opción descartada para ella. Había decidido, en su defecto, alquilarse un cuarto en esa taberna.

Bebía en paz sentada en la barra cuando las historias comenzaron a correr como la pólvora entre unos y otro, hasta que, al final, con la gran parte de los clientes retirados, quedaron ella, y otros tres marineros que contaban sus andanzas de modos más o menos acertados. Estaba claro que no eran juglares, pero habría esperado que, al menos, tuvieran más gracia para la narración, tal vez por sus lecturas, siempre había idealizado a los piratas, tenía claras ciertas cosas, como lo eran su peligro, sus modos sanguinarios, sus tratos firmes a las tripulaciones y sus botines y abordajes, pero no podía evitar ese pensamiento que la carcomía en más de una ocasión.

Los piratas eran libres, no les ataban normas ni educaciones usuales, no había modales que valieran más que el de el respeto a la fuerza y la experiencia, su única consigna era la de seguir su instinto y dejar que los llevara el viento, y el tesoro que más les interesaba parecía ser su barco y, sobre todo, su libertad. Encarcelar a un pirata era peor que condenarle a la horca, porque cuando ellos morían, lo hacían como habían vivido, libres, como había muerto Runa. Suspiró y se giró, nuevamente, al tabernero, pidiendo una nueva copa alzando el vaso que tenía en la mano.

El alcohol de normal no le sentaba muy bien, pero solo eran dos copas, no creía que fuera a emborracharse con, únicamente, eso, aunque tal vez si se sentía algo achispada, lo bastante como, tras tomarse de un trago el pequeño vaso de licor mentolado, se levantó para acercarse al grupo que narraba sus historias y parecía, en ese momento, dispuesto a lanzar sillas por el aire, interrumpiendo el inicio de una nueva historia. Sonrió tocando el hombro del hombre que no había sido capaz de finalizar a gusto su historia y preguntó con calma, y la voz clara, el alcohol solo había logrado que tuviera valor de acercarse a los desconocidos, sin llegar a dejarla hacer tonterías:

- Disculpe, su historia, me ha gustado, ¿podría escuchar las demás aquí, con ustedes?-
preguntó esperando a que le dieran paso.

Los hombres intercambiaron una mirada curiosa, y la miraron de arriba a bajo, parecían querer asegurarse de que no era ni un peligro, ni una prostituta, por suerte para ellos, la chica no estaba de servicio, y su uniforme había quedado ya a merced de la madera del arcón del dormitorio que ocuparía en su travesía marina, y, por suerte para ella, vestía, como siempre, esa ropa que parecía más propia de una mercenaria que de una dama. Finalmente, sonrieron alzando sus copas y el más joven le dejó paso.

- Adelante, adelante, pase y maravíllese.- la invitó, encantado y algo socarrón.
- Las jóvenes hermosas siempre son bienvenidas entre los caballeros del mar.- contestó el que había ido a empezar su narración cuando ella había irrumpido, mientras esta tomaba asiento en una cuarta silla junto a él.- aunque, joven dama, aunque sea bella, ha de saber que el único amor de un verdaderos pirata, es el mar.- contestó alzando la copa, a lo que los otros dos respondieron con un grito y brindando junto a él.
- ¿No quiere tomar nada?- preguntó el tercero, más serio que los anteriores.

Alanna negó con la cabeza y pidió, por favor, que el hombre siguiera con su historia. Una tos gruesa y un nuevo trago de cerveza pareció preceder la historia que iba a contar el hombre, que miró con fijeza a la chica y como si de un misterio se tratara, bajó la vez, como si les contase un secreto que nunca debió escuchar nadie.

- Como he dicho, los verdaderos piratas solo se enamoran del mar, y el mar, a cambio, nos da sus favores, pero a veces, nuestra fuerza flaquea, y nuestro corazón, como el de cualquier humano, duda.- La taberna parecía haberse sumido, de pronto, en un silencio respetuoso, la voz gruesa del hombre recorría las paredes, que habrían escuchado tantas historias como las que debían haber vivido esos hombres.- Esto sucedió cuando yo era a penas un muchacho, un tripulante en un barco que se dirigía a quien sabe dónde. "Mi capitán, un hombre de mar, hecho a las aguas, a la sal y a las noches de tormenta, era una persona seria y capaz. Me causaba auténtica admiración el simple hecho de verle caminar, incluso cuando pisaba la cubierta que me habían ordenado fregar durante tantas horas.

Esa noche, amarramos las velas, el viento soplaba con demasiada fuerza, hacía pocos días que habíamos sufrido una tormenta y llevábamos horas encontrando restos de un barco roto. Habíamos recuperado algunos rastros que nos había parecido útiles, y, de pronto, lo escuché estando de vigía. La voz de una mujer, una voz tan suave como las olas que chocan contra las arenas de una playa en un día de sol, tanto como las nubes algodonosas, me hizo dar el aviso.

Nos apresuramos a sacarla del agua, y yo bajé de mi puesto de vigía para verla. Tenía la piel clara, parecía que el sol blanco de enero había decidido prestarle su luz incluso en esa noche gris, su pelo era como la bruma, sus dientes, perlas, y sus ojos, sus ojos eran el mar mismo. Cuando volvió a hablar, un escalofrío recorrió mi piel, jamás vi, y sabía que, jamás vería, nunca, a alguien como ella."-
sus mirada se había perdido en la ventana que tenía Alanna a la espalda, su voz, que parecía el retumbar de un tambor ronco, llenaba el silencio sepulcral, y casi religioso, que se había instalado en el lugar, el que había sido interrumpido pareció querer soltar una broma, pero el que se encontraba a su otro lado lo acortó con un gesto de la mano, Alanna lo sabía, esa historia no debía ser cortada.- Lo siento señorita, pero ni siquiera su hermosura puede compararse con la de esa mujer.- comentó el viejo capitán con la mirada aun perdida, llena de recuerdos. El ambiente en la taberna había cambiado, ya no era ligero, tampoco parecía ir a desatarse una batalla campal, la melancolía llenaba la sala como si hubiera pasado una valkyria y se hubiera llevado sus almas, y sus voces.- "Siempre se ha dicho que las mujeres traen mala suerte en los barcos, esa, en cambio, fue mi mejor augurio. La llevaron al camarote del capitán mientras yo volvía a mi puesto de vigía, y al poco la vi salir de allí con una expresión de gratitud tan sencilla y sincera, que pensé que la luna había bajado a saludarla. Esa noche, no pude volver a concentrarme en mi tarea. La mañana llegó tan pronto que a penas lo noté, y el cielo amaneció del color del pelo de esa joven, mientras el océano pareció querer imitar el de sus ojos. La observé de lejos. A pesar de lo que debía haber pasado, reía, sonreía, correteaba, cantaba y bailaba junto a nosotros, era libre, como el viento, y, como este, efímera.

La encontré una noche, en la cocina, fue la primera vez que hablamos, la primera vez que me atreví a cruzar palabras con esa sirena, porque las leyendas, no le hacían justicia, no, no era medio pez, pero, como a ellas, me la había traído el mar, y su voz me había embrujado. A partir de ese día, parecía que estábamos solos, la gente nos rodeaba, pero eran cadáveres frente a nuestros ojos. Me habría podido bañar en esos pozos azules, y que le jodieran al mar. El tiempo pasaba y el minutero se lo tragaban las olas, los días fueron segundos, y dos meses pasaron volando, el viento nos encontró frente con frente, y no pudo separarnos ni si quiera el primer puerto.  

No era consciente de nada de lo que sucedía, en nuestro camarote resonaban todas las noches su risa, su aliento, y yo me perdía en sus olas, no quería ver lo que sucedía, a pesar de que cada día era más pálida, sus mejillas, menos rosadas, y su piel de espuma, parecía ser, cada vez, más de color amarillento que blanco. Un mes más pasamos en el mar, mientras yo ascendía de categoría, segundo al mando, quien lo habría dicho nunca de ese joven enclenque que era este viejo lobo de mar. Una noche, al entrar al camarote, la vi en el suelo, tosiendo rosas en forma de gotas, llorando rubíes, en lugar de lágrimas. Estaba enferma.

Nuestro médico la vio, pero no supo que era, no me importaba, era mía, había atrapado al océano en mis brazos, había logrado que el viento se doblegara a mi, y no quería soltarla, porque era joven, y no entendía que nadie puede doblegar aquello que es libre. Porque era ingrato y presuntuoso, y no quise ver que atrapar el agua, es solo cosa de imaginación de idiotas. Le pedí matrimonio, inqué la rodilla en el suelo, alcé mi barba, en ese entonces negra, y le puse mi anillo, al fin, la marqué como mía. Y un día, mientras el barco dormía, sentí movimiento a mi lado, vi una carta y el aro que había decorado su dedo sobre ella, solo había una frase mal garabateada, manchada de rojo. "He de volver al mar".

Salí corriendo del cuarto, desesperado, llegué a la cubierta, y la vi, más hermosa de lo que la había visto nunca, con su pelo de fuego ajitado por un vendabal, su cuerpo, desnudo, miraba hacia mi y sus ojos, más azules de lo que los había visto desde esa primera vez, me pedían disculpas mientras una lágrima roja surcaba su mejilla pálida. Iba descalzo, y unos cristales que no habían recogido parecían querer impedirme que me acercase, pero no se lo impidieron a ella. Se acercó y rozó sus labios con los míos. Intenté volver a atraparla, mantenerla junto a mi, pero, como el aire, se esfumó de mis brazos. Con los pies heridos subió a la baranda del barco y, con un último susurro, sus ojos dejaron de mirarme, su cuerpo se balanceo hasta el agua y, como el día que la encontré, volvió a ser espuma."-
los ojos encharcados del hombre atinaron, por fin, a cruzarse con los de Alanna. Una lágrima, clara, y no roja, caía por su mejilla, el alcohol debía haberle afectado de más.- Mi sirena, roja como el óxido, blanca como la bruma, azul como el mar, volvió al lugar al que pertenecía.- sonrió con tristeza el hombre.- Por eso, joven, los Piratas nos debemos enamorar solo del mar.

El hombre de barba blanca sacó un pañuelo de su manga y se lo tendió a Alanna, que, sin entender, lo tomó, y sintió una gota caerle sobre su mano. Se tocó la mejilla, lloraba. Se apresuró a secarse el llanto, avergonzada, devolviéndole el pañuelo al hombre que parecía haber regresado a la normalidad, y bebía de su cerveza como si lo que hubiera contado no fuera más que una anécdota de bar.

- Disculpe, he bebido de más.- intentó excusarse pasándole el pañuelo de vuelta, no solía llorar por cuentos, ni por historias ajenas, intentaba, incluso, evitar las lágrimas por la suya propia, no lloraba, siquiera, por Runa, desde su entierro, pero el alcohol había hecho de las suyas con sus barreras, haciendo que bajase la guardia.

El silencio se había apoderado por completo de la taberna, ni siquiera el más joven de los tres hombres reunidos allí parecía querer, ya, pinchar al hombre, a pesar de que este si había interrumpido, anteriormente, su historia. Y fue, al final, el tercero de ellos quien decidió alzar nuevamente su jarra de cerveza, pidiendo una nueva para la guarda, y proclamar en voz alta, seria y serena, el brindis que cualquier pirata tomaría como acertado.

- Por el mar, porque sus olas nos sean favorables, y nuestros corazones y ojos no se desvíen del rumbo que nos tiene marcados.
- Por el mar.- repitieron todos, Alanna incluida, uniéndose al brindis, consciente de que, en el fondo, no era por el océano por lo que brindaban, si no por esa joven de ojos azules que, en apenas diez minutos, habían conquistado los corazones de los presentes, como había hecho, en su tiempo, con el viejo capitán. Esperaba que no fuera echarle sal en la herida, y que, si por desgracia lo era, las encontrasen cerradas con mil cerrojos.


Off: me he inspirado en la canción "que se joda el viento" de Marea (si, esto ya es como hacer una bibliografía en un trabajo xD) Para que tenga más impacto, recomiendo leerlo escuchando esta versión https://www.youtube.com/watch?v=vNuMJasCLKs




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Re: Historias de Piratas [Desafío]

Mensaje  Sigel el Dom Mar 05 2017, 19:04

Del grupo de capitanes piratas, uno se unió al brindis con la nariz arrugada y una falsa sonrisa creada con la única finalidad de quedar bien con el resto del grupo. Si los demás reían y bebían, él tenía que cerrar la boca y hacer como si también riese con ganas. Por lo de beber, no tenía de qué preocuparse. Era un pirata, el alcohol era tan parte de su vida como lo era el mar.

-¡Por el mar!- su voz fue la que menos fuerte sonó en el gritó.

La espina de que le hubieran tomado como un maldito mentiroso y le hubieran humillado entre con el resto de piratas la tenía demasiado clavada. Quería gritar como la bestia que era  a la vez que, con un solo golpe, derribaba todas las jarras que allí había. ¡Oh, aquello sí que sería una buena historia que contar! Más todavía si las jarras caían encima del capitán de la barba blanca. Se lo tendría merecido por haber contado mejor que la que él había dicho. Por eso, por ridiculizar y por invitar a una mujer a una reunión de hombres. Ella no tenía que haber venido. Era culpa suya.

-Me estás haciendo daño cariño- la puta que tenía sobre las rodillas habló con voz melosa a la vez que, con una mano, le acariciaba la mejilla y con la otra, apartaba la suya (la del viejo capitán) de uno de sus pechos.

-Quien paga manda- volvió a poner su mano sobre el pecho de mujer.

Él ya se había dado cuenta que le estaba apretando con demasiado fuerza. Era consciente de ello. Si no lo hacía, sería capaz de desahogar toda su furia sobre los otros piratas. ¡Entonces verían quién era el mentiroso que se copiaba de las canciones de los bardos!

En mitad de toda esa rabia y frustración, se le ocurrió una idea. Quizás, la mejor que jamás había pensado. Si lo pensaba con detenimiento, podría matar a dos pájaros de un tiro si jugaba bien sus cartas.

-¿Y qué ha de usted, señorita?- su sonrisa dejó de ser falsa en el mismo momento que se dirigió a la recién llegada- Si entre sus aventuras se encuentra una historia de piratas, tendrá que contarla. Sepa que no dejemos que alguien se siente con nosotros si no tiene una historia que contar.- Las putas no contaban como “alguien” para el viejo capitán pirata.

_____________________

Alanna Delteria: Casi todos los capitanes piratas te han aceptado como una más del grupo. Todos menos uno. Éste te ha retado a que cuentes tu propia historia de piratas con el fin de dejarte en ridículo. ¿Vas a dejar que se salga con la suya? Tu objetivo en este último turno es contar una historia de piratas que haya vivido tu personaje.

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Re: Historias de Piratas [Desafío]

Mensaje  Alanna Delteria el Lun Mar 13 2017, 21:26

Sonrió forzadamente ante la invitación más que altanera del hombre que no paraba de apretar el pecho de la mujer que se sentaba sobre su regazo. No le gustaban las personas así, era el tipo de gente que no sabía bromear consigo mismos, odiaban quedar en ridículo, como cualquiera, pero además, se lo tomaban a mal. Ella no era precisamente una persona de humor ligero o con la que fuera sencillo bromear, sabía que había ocasiones en las que no tenía el aguante como para soportar que la ridiculizaran, pero no era como para tratar de semejante modo a nadie, por mucho que el dijera "quien paga manda"

- Me temo que no tengo demasiado arte para narrar, no se me da tan bien como le pasa a usted y a sus compañeros.- se vio forzada a elogiarlo, poco dispuesta a una discusión mayor.- Y tampoco tengo demasiadas historias marinas, al contrario que ustedes, no estoy hecha de agua, viento y bruma, si no de tierra y fuego.- giró a mirar al viejo capitán que había terminado poco antes su historia.
- Entonces no tiene historias que contar.- pareció sonreír satisfecho el pirata avergonzado.

Alanna lo miró de hito en hito, si decía que no, poco aplacaría el ambiente, solo lograría que ese hombre viese satisfecho su ego, y aumentaría la vanidad que lo llevaba a actuar como un completo idiota. Observó al resto de la taberna, parecía que el ambiente volvía a estar tenso, a pesar de la paz y el aunamiento que se había creado con la historia del viejo capitán de barba blanquecina. Tal vez comenzar a narrar tampoco fuera la mejor de las ideas, pero quería cerrar la boca de semejante cerdo.

Sabía que los piratas no se atenían a más ley que la del mar, y que poco había que los hiciera callar o cambiar de dirección su carácter impetuoso. Sin embargo, por desgracia, ella no se quedaba atrás, estaba chocando una tormenta con un incendio, un incendio que no estaba dispuesta a dejarse apagar por un par de gotas de lluvia. La sonrisa de Alanna se ensanchó en su rostro, llevaba unos días de mierda, había perdido a una amiga, a una hermana, se preparaba para salir en un viaje del que no tenía claro como iba a volver ni que iban a encontrar, con un grupo de gente al que a penas conocía, exceptuando Eltrant y Schott, y no estaba dispuesta a que un mequetrefe le arruinara la noche.

- Deja hablar a la muchacha.- reclamó el tabernero con calma y serenidad, limpiando una jarra, mientras lanzaba una mirada al idiota. No sabía quien era, pero, inmediatamente, el tipo rrecibió otras tantas de los demás presentes y cerró la boca soltando el pecho de la bailarina, como un niño al que acababan de regañar, sin perder, aun así, ese aire iracundo.
- No se confunda, por favor.- dijo ella al tipo airado.- Si tengo historias, podría decirle lo que es estar en dos frentes de batalla, ver morir compañeros, amigos y familia, le podría narrar como rescaté a una dama en apuros o como atrapé a un infame ladrón, podría relatarle con puntos y señales lo que es acabar con un vampiro que comercia con niños, podría contarle muchas cosas, pero ninguna de ellas sería de su interés, porque poco o nada tienen que ver con el mar.- intentó explicarse.- Pero tengo una, solo una, que tal vez les interese.- dijo con una sonrisa, levantándose de la silla.

Sin perder el humor, subió a una banqueta, y, después, a una mesa, bajo la atenta mirada de los presentes, y del tabernero, no pareció importarle que pisara la mesa, por fortuna. El alcohol seguía controlando parte de las acciones de la guardia, por lo que la serenidad que solía tener había dado paso a una ligera perdida de vergüenza, logrando, así, que se soltase su lengua, más dispuesta que nunca a contar lo que sabía. Tomó su copa en alto, y se sentó sobre la mesa para poder ver mejor a los presentes.

Lo que iba a relatar sucedió en su primer viaje en barco, la primera vez que pisó un navio, cuando tenía, a penas, dieciséis años, poco hacía que había entrado a la guardia, y menos aun que le habían dado sus propias dagas. Respiró hondo, no era algo que pudiera decir, probablemente el ambiente se enrarecería o incluso cundiría cierto pánico que la metería en un buen lío, si se descubría que pertenecía a la guardia de Lunargenta.

- ¿Habéis oído hablar alguna vez de los tres corazones de Verisar?- preguntó.
- ¿Ahora vas a venirnos con leyendas?- interrumpió el pesado.
- Toda leyenda tiene parte de realidad.- contestó manteniendo la calma.- y como todas, está también. Todo marinero, ladrón, o aventurero que se precie sabe que los corazones de Verisar son los rubíes más grandes del mundo, se dice que tres valkirias les entregaron el corazón a mujeres de tres grandes familias, y estas, a cambio, les prometieron que harían que Verisar volviera a ser grandiosa. Esos corazones pasaron de mano en mano durante generaciones hasta que, de algún modo, se les perdió la pista..- introdujo.- “Era un día nublado, la noche no tardaría en cernirse sobre las cabezas de quienes nos encontrábamos en el barco. Era mi primer viaje por mar, una travesía corta de un par de días y a penas habíamos levado anclas cuando una figura vestida de negro de pies a cabeza saltó hacia nosotros, logrando, de puro milagro, no acabar en el agua, mientras desde el puerto un grupo armado profería improperios.

Los presentes la observamos curiosos, empuñando nuestras armas por si era alguien peligroso, y una joven de pelo rubio que parecía más un ángel que una persona alzó la vista con evidente miedo reflejado en sus ojos verdes. El capitán, un hombre que debía estar ya en la cuarentena, pero no por ello menos atractivo, se acercó a la nueva polizonte y se la llevó a un camarote que usaba las veces de despacho.

No supe demasiado hasta tiempo atrás, así que si mi narración es algo confusa, ruego me disculpen. En el camarote, el capitán y sus dos hombres de más confianza interrogaron a la joven. Se llamaba Lissandra, a penas habían comenzado a preguntarle de dónde venía cuando la muchacha, con los ojos acristalados por las lágrimas, pidió ayuda. El capitán mandó salir a sus dos hombres, y la joven le mostró un rubí, un rubí tan grande como sus dos manos, un rubí tan opaco y brumoso, tan brillante como una gota de sangre recién derramada.

El capitán sonrió de modo adulador, asintiendo, esperando el momento para hacerse con esa joya, porque lo había reconocido, era uno de los corazones de Verisar. Aceptó llevarla hasta Sacred Ville, dos días de trayecto serían suficientes para conseguir arrebatar semejante joya, o convencer a la chica de aspecto inocente de que nadie como él podría proteger el rubí de ojos codiciosos.

Esa noche, dama y capitán se la pasaron hablando en cubierta bajo el cielo oscuro, sin saber que un barco se aproximaba a ellos con velocidad, esperando alcanzarlos antes de que se perdiera la pista de la alhaja. Hablaron toda la noche, y la mañana, hablaron del día y la noche, del mar y a tierra, de porque la luna tiene celos al sol, de las estrellas, de leyendas, de sueños, de esperanzas, de su pasado y su presente, hablaron y hablaron hasta que se dio la voz, habían avistado un barco.

Las velas de la guardia se vieron aparecer a lo lejos, y alcanzaron el barco mientras los presentes se empezaban a poner en marcha y dejaban que los pasajeros se ocultasen en los botes mientras ellos cogían las armas dispuestos a matar a los que se acercaban, con intenciones de acabar con ellos.

El barco chocó la batalla se desató en cubierta, los escuadrones corrían de un lado para otro mientras los marineros alzaban sus espadas al grito de “LIBERTAD” La sangre de uno y otro bando se derramaba sin piedad alguna mientras la joven del corazón de Rubí parecía tener intenciones de escapar.

“¿Por qué alguien inocente pretende huir de la guardia?” Sencillamente, su inocencia no era tal, pero nadie lo sabía. La chica corrió intentando lanzar un bote al agua, pero un guardia la detuvo en su camino, y el mismo capitán del barco se interpuso para que soltasen a la chica.

Por un instante, pareció que la joven huiría olvidándose del hombre que le había salvado la vida dos veces, pero no, se quedó, contempló sin apartar la mirada esa lucha de uno contra uno que parecía no ir a acabar en una eternidad. Cerró las alas y esperó, esperó el siglo que duró la lucha, hasta que la guardia decidió abandonar. El barco siguió su camino y el capitán herido por fin, se atrevió a preguntar.

La explicación era tan sencilla como podía serlo, sencillamente, ella era una ladrona, una ladrona que decidió entregar su corazón para agradecer al capitán su ayuda y comprensión. Esa misma noche llegamos a Sacred Ville y el capitán, aun sin poder andar a penas, salió en busca de la joven que se había despedido de él dejando que el viento le azotase el cabello, esa joven que había dejado endurecer su corazón hasta convertir el rubí en piedra.

Al encontrarla solo logró que le pidiera que la olvidase, pero no desistió, esa noche, sonaron truenos, una tormenta se desató en sacred ville y también en el pecho de ambos. “¿como te retumba el pecho?” fueron las primeras palabras sensatas que salieron de la chica. “Tranquila, solo es mi corazón, que retumba cuando oye tu voz”

No se supo que más pasó con ellos, ni con el rubí. Abrieron las alas, volaron, secaron las plumas del otro y lo dejaron ser libre de un modo en el que jamás habrían pensado serlo antes, llegando a tocar la luna, y desapareciendo frente a los ojos de quienes lo habían visto juntos, convirtiéndose en no más que un borrón de viento, con con un corazón de rubí, y otros dos de mimbre.”-
Alanna apartó la mirada de la ventana empañada, que dejaba ver a penas el brillo plateado de la luna que se intentaba colar en la taberna, satisfecha con el resultado. Habían seguido la narración como niños que escuchan un cuento, y el silencio parecía haberse vuelto a adueñar del local, hasta que el ingrato que seguía apretando el pecho de la prostituta volvió a hablar, con aire enrabietado.

- Vaya, ni siquiera sabes el verdadero final de la historia, eso es lo más falso que he escuchado nunca.- dijo con una fuerte risotada, dando un trago a su cerveza.
- Disculpe si no le convence la historia, pero he sido sincera, si hubiera dicho que se lo que fue de ellos habría mentido, todos los perdieron de vista y...
- No mientas, no sabes como acabar la historia, y punto.- dijo mientra el ambiente parecía tensarse.- ni siquiera nos has dicho el nombre del capitán, ¿qué invento es este?
- ¿Entonces habría preferido que nombrase al capitán que abandonó su barco por amor?- preguntó molesta.- Sus compañeros entienden que eso sería una falta de respeto, ¿dónde está su honor de pirata, que no comprende que no se puede acusar de ese modo a un camarada?- empezaba a enfadarse, y el alcohol no era de gran ayuda.
- ¿Qué has dicho mujer?- se levantó tirando al suelo a la mujer que estaba sentada sobre su regazo.
- Lo que has oído.- se levantó ella también.- y si lo necesitas, te lo repito.- contestó con la cabeza alta mientras los demás piratas comenzaban a alzarse, pareciendo de acuerdo con las palabras que la chica había dicho.
- ¡Basta!- se escuchó la voz del tabernero saliendo de detrás de la barra secándose las manos con un paño.- No tolero a maleducados en mi taberna, ni mucho menos a gente sin honra.- se dirigió al hombre de pie, haciendo que todo se quedase en calma.
- ¿ Y tu quien eres para decir eso viejo?- preguntó de forma maleducada el pirata imbécil.
- Más respeto, muchacho, hablas con el capitán Every, Ibrahim Every, rey del mar.- le reprendió el capitán de barba blanca de espaldas a Alanna, con la mano aun sobre la espada.
- ¿Every?- palideció el patán.- Pero... pensé que era una leyenda.- dio dos pasos atrás, con la respiración agitada y un sudor frío sobre la gente.
- ¿No has escuchado a la chica?- volvió a hablar el hombre de barba cana.- Las leyendas tienen partes de realidad.
- Acusas con mucha facilidad de mentir a una joven, y no respetas su decisión de no ensuciar el nombre de un pirata, ¿tan poco respeto tienes por quienes comparten tu oficio, joven?- se planto frente a ella, dándole la espalda, mirando con dureza al capitán patán, mientras este último volvía a dar un par de pasos hacia atrás, esquivando con un tropezón la silla en la que se había sentado.
- No... yo...- parecía no saber que decir.
- Un verdadero pirata no ensucia el nombre de un compañero, no duda de la verdad dicha por los labios de una dama, no incumple las normas del mar, e intenta hacerse respetar en puerto y en su barco, que es su castillo. Puede que seamos perseguidos, pero nunca por los nuestros. Un pirata, no daña lo que es suyo.- señaló el hombre a la joven prostituta a la que, en silencio, estaba ayudando Alanna a levantarse.- Las damas son un tesoro en el mar, no se tratan de ese modo.- cada palabra parecía una patada para el pirata.- Pero no te preocupes, porque eres joven, y aun debes aprender.- habló de pronto el hombre, de modo paternal, ciertamente el capitán patán no debía tener más de dieciocho años.- Yo fui el capitán de la historia de la joven, pero el tiempo me enseñó que el amor por el mar y el amor por una mujer no está reñido, al igual que, si me lo permites, te enseñaré a ser el mejor capitán para tu tripulación, solo necesito que permanezcas en tierra dos días.- sonrió el tabernero.

No pasó mucho tiempo hasta que él capitán patán, avergonzado pero agradecido, conocedor del honor que era, y de que le habían perdonado actos que, para un pirata, podían costarle su barco y su tripulación, accediera, agradecido, y se disculpase con sinceridad. El tabernero se giró a mirar a la guarda, y le guiñó un ojo, divertido, sabedor de quien era en realidad Alanna, y dispuesto a guardar silencio, mientras una mujer, algunos años más joven que el “rey del mar” con un curioso anillo con un brillo rojo.

Alanna sonrió mientras se volvía a sentar, junto al resto, a escuchar historias, y la prostituta, agradecida, le susurraba al oído que le había gustado su narración. La cerveza volvió a correr y las historias volvieron a elevarse en el calor del local, mientras el “rey” los invitaba a una ronda, y Alanna miraba nuevamente a esa pareja que, efectivamente, había abierto las alas para quedarse con el brillo de un corazón más rojo que la sangre. Tenía curiosidad, quería preguntar que había sido del corazón de Verisar, pero estaba claro que había veces que era mejor que las leyendas, siguieran siendo leyendas, y los misterios, simplemente misterios.




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Re: Historias de Piratas [Desafío]

Mensaje  Sigel el Miér Mar 15 2017, 19:16

Nadie lo vio, pero bajo la mesa, mientras contaban sus historias, el Rey de los Piratas estaba realizando una de sus aficiones favoritas: Papiroflexia. No era un arte propio para un pirata, pero tampoco lo eran las historias de amor, y en este día, se habían contado más de una. No tenía nada de lo que avergonzase.

Terminadas las historias, el Rey de los Piratas fue el último en levantarse, no sin antes hacer una señal a la muchacha que les había acompañado en aquella noche para que viese lo que el pirata había dejado en la mesa. Era una copia exacta del barco que, una vez, había abandonado por un por una mujer. Exacta, si se obviaba el tamaño, pues la figura era tan grande como un aero. Si en algo era experto el Rey de los Piratas, después del amor y de arrasar los navíos enemigos, era fabricar miniaturas de barcos de papel con servillas, palillos o cualquier cosa que estuviera a su alcance en la posada.

-Considéralo un pequeño obsequio por tu historia-.

_____________________

* Alanna Delteria: Irónico que a Alanna no se le dé bien contar historias y tú seas una experta en contar cuentos.

Recompensas:
* +2 ptos de experiencia en función de la calidad del texto.
* +3 ptos de experiencia en función de la originalidad del usuario.
* 5 ptos totales de experiencia
Los puntos han sido sumados directamente a tu perfil.
Objeto: Barco de papel en miniatura
Barco de papel en miniatura:


Por muchos quilómetros que navegue este pequeño barco de papel, jamás se mojará ni se romperá.
Si lo lanzas al mar, el Rey de los Piratas acudirá en tu ayuda. Un único uso y volverá a ser un pequeño barco de papel.



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Re: Historias de Piratas [Desafío]

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