[Misión] María Sangrienta

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Re: [Misión] María Sangrienta

Mensaje  Tyr el Jue Jun 08, 2017 3:04 am

El miembro 'Vincent Calhoun' ha efectuado la acción siguiente: La voluntad de los dioses


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Re: [Misión] María Sangrienta

Mensaje  Wyn el Miér Jun 21, 2017 11:10 am

Queridos lectores, si la tristeza no os ha invadido lo suficiente y os sentís con ánimo de seguir leyendo, pasad la página y reencontraros con mis bufones los valientes cazadores.

La bruja se había encontrado de cara con el grupo de niños restantes, quienes degustaban un exótico platillo de cocinero a la plancha… ¿o sería a la naranja? El complemento no importa, dudo que fuese lo suficientemente nutritivo como para beneficiar a niños en crecimiento.

Cualquiera pensaría que Huracán sería la siguiente en el menú; no obstante, este no sería el final de la maestra cazadora y lo dejaría en claro al mostrar aquellas chocantes habilidades y destrezas.

Magia de viento, bombas de humo, poderes telequineticos; nuestra heroína era todo un derroche de talento, así que imaginareis lo duro que es narrar su forma de salir ilesa a todos los peligros que se le ponían enfrente.

Aquellos artilugios habían funcionado, los niños quedaron encerrados y la bruja había conseguido librarse de una buena, al menos ahora tendría un tiempo para respirar, antes de decidir su proceder.

En el diario de Madeline encontraría el resto de letras que completarían la pista encontrada en el salón de música. La palabra ‘‘director’’ debería bastar, para saber con claridad cuál sería el siguiente lugar por investigar, junto con pequeñas explicaciones de lo ocurrido.

‘‘Hace unos días Robin entró a la oficina del Padre Flanagan. Yo le dije que no lo hiciera, pero no quiso escucharme, sabía que si nos atrapaban nos castigarían. Robin encontró un libro antiguo y dijo que pertenecía a una amable mujer que vivió en el internado hace muchos años.’’

‘‘En el libro hay un hechizo para la buena fortuna y Robin confía en que ayudará a que la escuela reúna los fondos suficientes en la venta de caridad. A mí no me gustan esas cosas y he tratado de evitarlo, pero Robin no me escucha...ha dicho que hoy será la noche.’’

‘‘Robin me ha pedido que lo acompañé a hacer el ultimo ritual, dice que el espejo de los baños es el más adecuado para el hechizo, aunque yo no estoy tan segura de querer hacerlo.’’

‘‘Tengo mucho miedo. Estoy segura de que alguien se apareció en el espejo y solo pude salir corriendo. Robin ha actuado extraño desde esa noche y hoy oí al Padre Flanagan decir que Sarah se suicidó… ¡Eso es mentira! Yo vi todo, una figura negra la empujó de la casa dela árbol.’’

‘‘Todos los adultos han desaparecido y los demás niños me han dicho que soy la siguiente. Creo que mi idea no funcionó, nadie ha venido a ayudarnos…’’


La valiente Huracán tenía dos lugares importantes que investigar, aunque con aquella voz tentándole a hablar consigo misma lo mejor sería evitar los espejos tanto como pudiese. Era temeraria, más no era tonta.

Me niego a seguir dando advertencias que no serán tomadas, después de todo, ella buscará la forma de salirse con la suya, y admito que me encanta el fantástico material que obtengo de sus pésimas decisiones.

Para llegar a la oficina del director tendría que hacer uso de sus artimañas, pues no creo que necesite recordaros que los accesos están completamente destruidos, pese a que por el momento no se encontraría con ningún adversario.

-Crecen jacarandas a donde quiera que mires -una vocecilla comenzaría a escucharse en los oídos de la bruja, cantando en un susurro infantil-, ven a acompañarme cantando esta canción...

Como si no fuera poco tener a tu subconsciente traicionándote, ahora Huracán debería averiguar de dónde provenía aquella siniestra canción, aunque yo en su lugar preferiría intentar ignorarla.

Una de las puertas selladas del tercer piso se abriría de par en par, permitiéndole el libre acceso para investigar. Este nuevo escenario la guiaría hacia el pequeño gimnasio, donde los niños practicaban diversos deportes y actividades. Tal vez aquí no hallaría muchas evidencias de lo ocurrido con los niños, pero la zona de casilleros se encontraba justo encima de la oficina del director, ubicación que se podría ver en el pequeño mapa que había entre los apuntes de la niña.

Nada que una sesión de vandalismo improvisada no solucionase. Al final de cuentas ya estaba ahí, ¿qué más podía pasar por destruir el piso del internado?

-Hey lalulalula, ¿tú quieres bailar? La luna aun dormida estará -nuevamente aquella voz infantil hizo su aparición, retumbando por cada rincón del colegio-. Ahora verás que ya el ataúd no está y te aburrirás.

Tal vez este fuese el momento preciso para emprender la huida del tercer piso, ya fuese hacia el gimnasio o hacia cualquier otro lugar que le pareciera seguro.

La tercera puerta, aquella que se encontraba aun sellada, podría ser abierta por la bruja de igual forma que lo hizo con el aula de música, más la decisión correría por parte de ella.


☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀

Hay personitas que se merecen una palmadita…en la cara…con una silla. Sí, estoy hablando del brujo. ¿Qué acaso no veía el lío en el que estaba metido? Menudo chico, luego se quejan de que uno les maltrate.

Con muchos esfuerzos consiguió librarse de la siniestra raíz, que de un modo u otro buscaba echarle mano, esquivando los ataques con ingeniosa agilidad. Lamentablemente no sería lo único con lo que se encontraría en ese sitio, puesto que de un momento a otro se encontraría con un sequito de árboles dispuestos a despacharle al otro mundo.

¿Acaso eso es sarcasmo? Nunca me hubiese imaginado que mi brujo favorito tuviese excelentes momentos hilarantes, inclusive puedo decir que me siento orgullosa de ese lado cínico y vacilón.

La ironía es un grandioso arte que no todos pueden desarrollar. Tomad eso en cuenta la próxima vez que intentéis hacerme una oda con pésimos chistes.

Así que esto estaba chupado, ¿no? Entonces ella debería mandar a lo mejor de su artillería para darle batalla, considerando que el brujo era mucho más hábil y resistente de lo que parecía a simple vista. No volvería a subestimar a ninguno de los dos.

Yo le daría ánimos si mi labor no fuese más que narrar los hechos acontecidos. Además, la amabilidad es una virtud carente en mi persona, ¿Qué pensaríais de mí, si de pronto accediera a animar a mis bufones? Tengo una reputación que mantener.

Vincent se había defendido de manera formidable; no obstante, al igual que cualquier mortal, él estaba llegando a su límite, incluso podríais llegar a pensar que este sería su final, si no fuera por el descubrimiento de la clave para salvar al pequeño.

Así es, el brujo había dado con el árbol que mantenía cautiva el alma del niño, usando una de esas chocantes habilidades mágicas, aunque seguramente Huracán agradecería que esta vez decidiese no usar el fuego o de lo contrario ya podría darse por calcinada.

La escena seguramente sería digna del cine hollywoodiense; el caballero corriendo con grácil destreza, cercenando ramas y abriéndose paso entre sus oponentes, para finalmente lanzar una serie de ráfagas de viento hacia las raíces del árbol, liberando al niño de su cautiverio, aunque esto no sería todo.

En el mundo real, la valiente Huracán tendría que cubrirse del estruendo que provocaría el repentino estallido de los vidrios del edificio, mientras los arboles del invernadero comenzarían a caer uno a uno, destrozando la única entrada hacia aquel recinto y rompiendo el único portal hacia el mundo donde Vincent se hallaba.

No importaba lo que hiciese para evitarlo, tanto el primer piso como el invernadero quedarían completamente destrozados, junto con las pistas restantes que hubiese en tales escenarios.

Al menos no había sido fuego o todo el colegio ya estaría ardiendo en llamas. ¡Aleluya! Se había acordado de tener un poquito de prudencia.

Haré un pequeño paréntesis para explicaros por qué el alma del niño seguía atrapada en el mundo del espejo: el único portal que conectaba al mundo reflejado con el mundo real había sido enteramente destruido, lo cual solo significaba que, hasta no hallar otra salida, todo lo que estuviese dentro de esa dimensión, permanecería ahí…incluyéndola a ella.

En resumidas cuentas, sin portal no hay salida y sin salida…pues…descansad en paz.

Por lo menos el alma del niño estaba a salvo y los arboles habían sido derrotados, ahora el problema sería averiguar cómo salir de ese siniestro lugar.

El internado estaría macabramente distorsionado, apenas cruzar la puerta del lobby el brujo lo podría notar. Más peligros acecharían desde las sombras y seguramente serían tan poderosos como aquellos árboles malditos.

La cocina en el tercer piso se encontraría completamente sellada y sin posibilidad alguna de acceder a ella, obra de la maestra cazadora, desde luego. Además, no creo que deseará vislumbrar lo que ahí se ocultaba, pues los caníbales son peores en un mundo desconocido, que en el mundo real.

-No queda mucho tiempo… -comentó el niño-. Ella se alimenta de nuestras almas -se acercó al brujo para seguirle de cerca-. Tiene que ayudar a mis amigos…

Aunque su alma aun no pudiese volver a su cuerpo, Johnny se sentía a salvo con la fornida silueta del brujo en aquel extraño mundo, quizá, solo quizá sus compañeros y el internado tendrían alguna esperanza.

Elegir hacia dónde desplazarse sería el siguiente paso que seguir, pero ¿cómo se comunicaría con su compañera a partir de ahora? Bueno, eso le enseñaría al joven a no andar de overpower por la vida.


☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀ ☀

Huracán: Venga, acepto mi derrota con honor. La suerte te ha sonreído esta vez y lo admito con humildad. Ahora ya sabes a lo que se refería el cuadro de la sala de música, así que podrás buscar una manera de llegar hasta la oficina del padre Flanagan o averiguar que se oculta detrás de la última puerta del tercer piso. Yo te aconsejaría esconderte lo más pronto posible. ¿Escuchaste esa canción? No creo que presagie cosas buenas para tu futuro. Al parecer alguien ha decidido cazar a la maestra cazadora. ¡Menuda ironía! Casi me siento mal por ello. No olvides agradecer a tu compañero por destrozar el invernadero y el piso principal, junto con los cristales del colegio. Ahora deberás apresurarte y encontrar una manera para comunicarte con él. Estaré ansiosa por conocer hacia dónde te desplazarás.


Vincent Calhoun: Te cantaré un pedacito de una bella y melodiosa canción. ‘‘Eres un idiota al derecho y al revés’’. Ya, eso es lo más importante de la canción, ¿acaso esperabas más? Nuevamente tu runa media ha evitado que sufras heridas graves, agradécele a tu suerte que aún no te he rebanado en trozos. Bueno, admito que me gustó demasiado ver mi estilo plasmado en tu post, solo por eso trataré de ser un poquito más amable contigo. Lograste salvar el alma de Johnny, pero ahora tendrás que decidir en qué sitio continuar con tu aventura. La comunicación con tu compañera se ha roto por completo, y, por si fuera poco, deberás encontrar las demás almas de los niños, las cuales se encuentran esparcidas por todo el internado reflejado. Esa será tu prioridad principal, déjale a tu compañera el trabajo de batirse con los malos. Elige bien, algunos escenarios (salvo por la cocina que se encuentra sellada) contiene el alma de un niño en su interior; tus decisiones y tu proceder podría hacer que uno o varios de ellos mueran, además de afectar a tu compañera en el mundo real, así que por amor a Master Thorn, piensa bien antes de actuar.


Ambos: Muy bien, puede que os hayáis aburrido bastante en estos turnos, pero os aseguro que las siguientes rondas se complicarán considerablemente, pues como ya había dicho, vuestras decisiones afectaran al otro directamente. Buena suerte, mis querubines. Ah, casi lo olvido, no debéis lanzar runas en este turno. Sí, eso va para ti, Huracán.  


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and you will end because we demand it.

Que empiece el juego
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Re: [Misión] María Sangrienta

Mensaje  Huracán el Lun Jul 03, 2017 7:54 pm

Durante toda mi vida luché incondicionalmente contra los mayores tarados mentales que poblaban el continente. Podía decirse que ese era básicamente mi trabajo, pues los vampiros a los que cazaba con tanta pasión no eran sino una extensión de esta ¿minoritaria? muestra de la sociedad.

En cualquier caso, nunca me había encontrado con niños caníbales. Aquel no era un comportamiento natural entre los infantes, y dejaba claro que algo raro pasaba en el internado. ¡Como si no fuera obvio! Pues claro que pasaba “algo”. La cuestión estaba en saber el por qué. Y ahora que los había dejado encerrados en la cocina y tenía un poco de tranquilidad podía echarle un vistazo al diario de Madeline que me había dado Vince.

Un caos. Así podía definirse el diario de la chica. Entre garabatos ininteligibles aparecía lo que parecía ser una especie de… ¿gimnasio? Que supuestamente estaba… ¡Oh! Justo por la puerta que acababa de abrirse delante de mis narices. Mosqueada y seria. Así me quedé, pero lo peor no era eso, sino la voz que acababa de escuchar, procedente de los pisos de abajo.

-¿Qué dia…? – no terminé de pronunciar la palabra “diablos” pues la cordura vino a mí. ¿Había alguien cantando en aquel sitio? Sí. Y una voz femenina que para nada me invitaba a comprobar qué o quién era. No. Tenía que sacar a Vincent de ahí y luego, entre los dos, podríamos dar caza a lo que fuera que fuese aquella cosa. Ir sola a por ella era, definitivamente, un suicidio, y parecía que se acercaba.

Opté por entrar al gimnasio, que era la puerta más próxima. Asegurando de cerrar bien la puerta una vez entré, por si acaso se le ocurría subir al tercer piso. El lugar era amplio, abierto y totalmente abandonado. Tal y como me gustaba a mí para combatir. Los sitios cerrados no beneficiaban en nada el uso de mi ballesta de medio tiro ni mi agilidad, por lo que de tener que combatir, prefería hacerlo en espacios abiertos.

Había alguna portería y pelotas. O colchonetas. A los chicos humanos les gustaba jugar a un deporte que ellos llamaban “fúrtol” o algo así. Había empezado a jugarse hace poco tiempo pero cada vez se ponía más de moda. En Beltrexus no jugábamos a esas cosas. Recuerdo que los duelos de magia eran mucho más divertidos, y como chica refinada jamás me vería pegando patadas a un balón. Fuera como fuera, aquel sitio había conseguido trasladarme a mi infancia, pero no era momento de sentimentalismos. Había que seguir avanzando. No había un alma allí dentro.

Llegué a la zona de los casilleros, donde los jóvenes guardaban sus ropas para cambiarse. Según el diario de Madeline la oficina del director estaba justo debajo.  Ahí tenía que haber alguna pista interesante. Curioso, yendo por el segundo piso todo parecía indicar que era inaccesible ya que ahí era donde había estado Vincent y terminó en el espejo. Además tomando aquella ruta perfectamente podría encontrarme la pequeña niña cantante. Que perfectamente podría encontrarse paseando por los pasillos de debajo. Desde luego, la opción de bajar andando era mala mirase por donde la mirase.

Entonces, ¿estando en un gimnasio sin salida cómo diantres puedo bajar abajo? pensé, llevándome instintivamente la mano justo a mi cinturón. ¿La bomba crépitus? Eso sería una buena idea si quisiera atraer a los demonios del internado. Por favor dioses del Valhalla, ¿no pensaréis de verdad que Anastasia Boisson iba a ser tan ilusa y optar por la opción más ridícula y obvia? No esta vez, dioses todopoderosos. No cuando toda tu vida has entrenado para ser una tensái de viento.

Había una opción mejor por lo que guardé el diario de Madeline. Estábamos en los gimnasios y, como todos los gimnasios, necesitaban “airear” el sudor y ventilar. Acercarme a una de las ventanas elevadas que estaban sin cristales era la mejor opción, llegué a ella de un salto y la abrí sin demasiados problemas. Habían reventado todos. ¿Habrá tenido algo que ver con Vince? Espero que ese brujo no la haya vuelto a liar. Si no, no tendría manera de sacarlo de ahí, seguramente.

En cualquier caso, me asomé al tercer piso, agarrándome fuertemente al marco de la misma. Fuera era ya de noche y soplaba una fuerte corriente de viento que meneó mi melena al viento. No me hizo falta ni removerlo, simplemente con dejarme caer ligera como una pluma hasta el piso inferior bastaría. Llegué al piso inferior amortiguando con el viento y me agarré al nuevo marco, donde había entendido en el diario que estaba la oficina del director, aunque tampoco es que la orientación fuese mi punto fuerte, perfectamente podría equivocarme.

Abrir una ventana siempre era sencillo. Había llegado sin romper y sin destrozar nada, y si era cierto que la puerta de entrada normal estaba bloqueada no habría nadie que pudiese entrar por la misma. Por lo que tendría vía libre para la investigación. – Qué buena eres, Anastasia. – me felicité a mí misma. Ahora, tocaba revolver e investigar tratando de hacer el menor ruido posible.

*Off1: Supuse que los gimnasios tiene ventana. ¿Un gimnasio sin ventana? Tendría que oler muy bien. Así que… me aproveché de esto. No me mates, master Wyn, si ves algo mal o no puedo hacer esta opción comunícamelo y reviento el piso >.<
*Off2: Y sorry por el retraso >.< Se me había pasado postear. Ahora iré en modo metralleta.
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Re: [Misión] María Sangrienta

Mensaje  Vincent Calhoun el Sáb Jul 15, 2017 4:31 am

Su regreso al suelo no podía considerarse el mejor posible, y sinceramente, no había que ser experto en acrobacias para saberlo. Puede que este detalle se notara, porque quizás su movimiento no fue el más grácil visto entre los mortales. A lo mejor era porque había visto gallinas planeando mejor que él. Aunque lo cierto, es que simplemente su golpetazo contra el suelo no se podría considerar como una buena toma de contacto con el terreno. Maldita sea, no podía considerarse buena en absoluto.

El brujo había chocado con mucha fuerza contra el firme, ya que su golpe de viento contra el árbol, al estar en el aire, lo había impulsado con más velocidad que la normal en una caída. Había notado como el aire se le escapaba de los pulmones, e incluso había sentido como se le escurría la empuñadura de su arma de la mano.

No obstante, el golpe no era algo para lo que no estuviera preparado. Sabía cómo iba a acabar después de su ataque mágico final,  y por ende, al menos se había predispuesto físicamente para el choque. Endureciendo su músculos todo lo posible. Buscando con ello mitigar lo máximo posible el dolor del impacto.

Desgraciadamente para él, por mucho que se preparara no cambiaba la situación en la que se encontraba. Ni la velocidad con la que se desplazaba. Así que fue inevitable perder el soplo de vida que almacenaba en sus pulmones, y sentirse confundido y a punto de perder su arma predilecta.

Pero por suerte, no sería el mejor acróbata del mundo, mas sí que estaba acostumbrado a recibir golpes. Qué demonios, seguramente ser un mal equilibrista le había hecho ser un gran sufridor. Claro, eso lo explicaría todo…

Pero no. Tampoco era eso. Solamente exageraba. No era el hombre más torpe del mundo, ni mucho menos. Simplemente no llegaba a tener las capacidades para la acrobacia que su compañera Huri si albergaba. Igual que otras personas, que como ella, poseían un gran entrenamiento en tal arte. Eso sin contar, que había situaciones que no se podían resolver, ni siendo la persona más ágil del mundo. Y caer a toda velocidad y desequilibrado de un árbol, era una de ellas.

No. Si estaba acostumbrado al dolor era por su oficio de mercenario. Bueno, y por su faceta increíblemente desarrollada para meterse en problemas. Problemas que para colmo de males, solían tener garras, dientes afilados o espadas en las manos.

En cualquier caso, la tal adquirida costumbre servía para algo. Por lo que, pese a escapársele el aire de los pulmones, fue capaz de aferrar la empuñadura de la espada con su mano, antes de rodar lateralmente por el suelo. Tal movimiento lo ayudaría a mantenerlo a salvo, mientras recuperaba el aliento. Serviría para no ser un blanco fácil para sus enemigos arbóreos, y para al mismo tiempo conservar el arma para enfrentarlos y contraatacar.

Esa era la idea. Sin embargo, después de desplazarse y recuperar el aire, y con él, el tino de la situación; pudo percatarse de que los árboles habían dejado de intentar convertirlo en hombre muerto a base de medicina de madera.

No tardó en darse cuenta del por qué. Su plan había funcionado. Por lo que no pudo evitar dibujar una sonrisa satisfactoria, mientras se acercaba al árbol caído.

De todos modos, pese a la victoria, no debía fiarse, y gastar demasiado espacio de su mente en saborear dicha victoria. Solamente había conseguido un pequeño triunfo parcial, y no sabía que podría depararle la rotura de ese árbol.

La luz azulada que salía de este le decía que debía tomar todas las precauciones posibles, y acercarse hasta él con cuidado. Por ello mantuvo la espada en ristre y lista para contraatacar, aunque… No pudo acercarse más.

Los árboles comenzaron a caer uno tras otro, en un nuevo síntoma que demostraba más claramente que de verdad había vencido a los seres del invernadero. No obstante, cuando uno sepultó el espejo por el cual había llegado hasta ese mundo de pesadilla, bien se dijo que ojalá se hubiera caído a tomar por culo.

Ese maldito árbol había destrozado el portal por el que había llegado, Y aunque no sabía cómo usarlo para regresar, contaba con averiguar como activarlo para ello. Maldita sea. Tendría que encontrar una nueva forma para salir de allí. Y no solo la forma para lograrlo.

- Hay que joderse-, se dijo, mientras se levantaba del suelo, después de haberse tenido que tirar a un lado  para que otro de esos árboles no lo sepultara a él.

El espejo enterrado y destrozado bajo el tronco de un árbol era todo un problema, pero si fuera él, el que estuviera en su lugar, sería mucho peor. Había que pensar en positivo. Al menos seguía vivo para continuar adelante.

Esa la idea esperanzadora que se obligó a pensar, antes de encaminarse nuevamente hacia el primer árbol caído. Aquel que retenía al niño, y que había sido la clave para vencer.

Una idea que no tardó en ser trastocada de nuevo. Pues nada más llegar hasta el tronco tirado sobre la fuente, no pudo sino pensar que no era su día. La luz azulada había desaparecido, y en su lugar no había nada. La madera del árbol partida en dos en un ángulo de varios grados sobre la fuente, y el agua de esta desparramándose por la hierba, e internándose al interior de la tierra de ese mundo imaginario.

Pero nada de luz. Y lo peor y grave, nada de niños.

Vincent bufó, y pateó un trozo de corteza que estaba tirada sobre el suelo. Allí posada sobre la tierra, después de romperse tras el impacto contra la fuente. Golpear la madera servía para desahogarse, y gastar un poco de la rabia que le había invadido ante su fracaso. Más, no podía dejarse llevar por ella. Fue por esto, que clavó su espada en la tierra, y se retiró el guante de su mano diestra. Para, con dicha mano, libre del cuero, acariciarse y limpiarse sus parpados. Para masajearse y calmarse.

Todo iba de mal en peor. Pero al menos, ahora había acabado con esos árboles. Eso debía significar algo. Si el niño ya no estaba, ¿es que ya sería libre de algún modo? O solamente era otro engaño ilusorio del mal que le acechaba constantemente.

Sin embargo, eso no tenía sentido. Para que iba a mostrarle el punto débil para vencer a los árboles. Nada de eso tenía sentido, pero no podía quedarse todo el día esperando una respuesta que nunca llegaría quieto. Debía seguir inspeccionando ese mundo, y ya averiguaría qué demonios pasaba. Si tirar ese árbol había funcionado y servía para algo, o si simplemente había sido una pérdida de tiempo y de energías.

En fin. Por lo menos le había creado un puente por encima de la fuente, por lo que había sido del todo inútil su acción. Y como ya tenía camino por el cual proseguir, se colocó el guante nuevamente en su mano, y desclavó la espada para continuar la aventura.

El rubio se subió al tronco, y caminó por este, dando un salto por donde más quebrado estaba, y de este modo conseguir llegar al otro extremo del árbol partido. Una vez hecho esto, bajó por el otro lado hasta alcanzar un nuevo pasillo de aquel maldito internado. Bueno, más bien distinto.

Era el mismo por el cual había llegado al colegio, pero con claras diferencias. Todo era más oscuro, por lo que tuvo que crear otra de sus bolitas mágicas de fuego para iluminar su tránsito. Además, las sombras de movían a su alrededor, deslizándose por las paredes cuando creían que no miraba. Algo parecido a la sombra que le había atacado en la habitación de los niños. Aquella con aspecto de garra, pero en esta ocasión con un estilo que le hacía recordar a las serpientes. Víboras de pura oscuridad. Merodeando.

El brujo se giró rápidamente cuando sintió la magia fluctuar a su espalda, y se preparó para recibir un ataque de una de esas malditas serpientes. Pero en su lugar, una luz azulada, con forma de humano pequeñito, apareció repentinamente ante él.

- Joder-, se dijo, reponiéndose del susto que suponía pensar que lo estaban atacando. - Podrías decir hola primero ¿no? - bufó y meneó la cabeza.

Menuda consideración, ya podría haber aparecido antes y de mejores maneras. Pero por lo menos, ahora sabía que su ataque al árbol había tenido éxito de verdad.

- Bueno. Lo hecho, hecho está. Mi nombre es Vincent, y he venido a rescataros-, Que mal sonaba eso, cuando no sabía ni como rescatarse a sí mismo. - A tus amigos, eh. Y donde están. Por cierto, ¿cómo te llamas? - preguntó curioso, antes de centrarse en el pasillo y avanzar por este nuevamente.

Encontrar a más niños, suponía un problema añadido a los que ya tenía. Descubrir cómo salir de allí, y por donde. Pero en cualquier caso, este nuevo problema, era la razón por la que había ido a ese internado, así que no le cambiaban muchos los planes iniciales. Es más, acabar en un mundo de pesadilla por culpa de un portal en un espejo, los cambiaba muchos más.

- Me llamo Johnny-, contestó el niño, que se puso a seguirle en cuando volvió a andar por el pasillo. - Mis amigos están diseminados por todo el internado. Es su forma de…-, no habló por unos instantes. - Controlar lo que pasa al otro lado. De hacerse más fuerte-, terminó por decir.

La pista del chico, aunque ambigua, era bastante esclarecedora. Pero para llegar y rescatar a esos niños, bien parecía que tendría que revisar bastantes alas de ese edificio.

- Muy bien. No te separes de mí-, comentó protector, encaminándose hacia su próximo destino.

No tenía contacto con Huracán desde que se alejara del espejo. Aquel que ahora era un rompecabezas destrozado contra el suelo. Y no sabía si podría tenerlo nuevamente, no al menos hasta que encontrara un modo de poder comunicarse con ella. Otro espejo seguramente. Cada vez entendía mejor cómo funcionaba ese sitio.

De todos modos, no sería tan fácil como llegar hasta uno. Si es que se podía considerar sencillo encontrar otro espejo. Había un problema grave. Pues aunque hallara un nuevo espejo, Huri debería estar al otro lado en ese momento, y con lo peligroso que era eso del lado del que estaba ella, parecía improbable que se quedara mucho tiempo rondando alguno.

Todo se complicaba en demasía. Y elegir un lugar donde buscar infantes, parecía una labor grandiosa. Tan grandiosa como enorme era ese colegio. Sin embargo, inspeccionar el lugar donde había escuchado un ruido, cuando estaba en las habitaciones del internado real, le parecía un buen sitio por el cual empezar a buscar niños.

Por ello, movió ligeramente el pomo del aula de música, y observó con cuidado su interior. Aquella habitación, que había estado cerrada para Huri y para él, cuando habían llegado al colegio. Parecía una buena opción inspeccionarla, cuando se habían molestado en cerrarla en el mundo real.

- Muy buen Johnny. Me harías un gran favor, si me dices cuántos niños debo rescatar. Eso me ayudaría enormemente, ya lo creo-, musitó a su fantasmagórico compañero. - Por cierto, hay un dicho popular en mi tierra cuando se hunde un barco. Dice así. Las mujeres y los niños primero-, siguió hablando en el mismo tono, mirando al joven, con un rictus totalmente serio. - Seguro que no solo vale para naufragios. Sino también cuando hay que entrar en lugares siniestros, y… Bueno. Aquí solo hay un niño. El aura de un niño. Sí. Pero seguro que tiene que valer-. Fue cambiando el rostro, del serio a uno más divertido según hablaba, y enarcó una ceja sin dejar de mirarlo. - Vamos. Yo sigo de una pieza. Podrías colaborar un poco-, bromeó. - Ahora en serio, quédate cerca. Esto no pinta bien-, suspiró. - Allá vamos-, dijo, más para si mismo que para Johnny, y se adentró en el aula de música.

Menudos comentarios soltaba a veces. Como si algo pintara bien en ese maldito internado.
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