Gatos blancos y murciélagos negros [Privado] [Tarde avanzada]

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Gatos blancos y murciélagos negros [Privado] [Tarde avanzada]

Mensaje  Secretos el Vie Mayo 05 2017, 00:48


Lluvia…

Secretos odiaba la lluvia. Confundía sus sentidos y empapaba su pelaje, haciéndole más pesado y torpe en el aire. El fuerte viento, además, le desviaba de su ruta y le obligaba a intentar enfrentarlo con fuertes aletazos que le cansaban más y más cada minuto que pasaba. Las cartas cifradas que contenía su bolsa de cuero estaban a salvo de empaparse, pero con aquél diluvio no podía dar nada por seguro. Como consecuencia de las inclemencias del tiempo, tuvo que aterrizar en el camino y seguir a pie un par de kilómetros hasta su destino: la ciudad de Lunargéntea.

La Erudita se iba a enfadar y mucho por su retraso. Ya podía escuchar su voz en su cabeza, llamándole irresponsable e inútil y su famoso “no sabes cuánto está en juego”. ¡No! ¡Claro que no lo sabía! Ella nunca le contaba nada. Ella lo sabía todo, y él únicamente llevaba de aquí para allá sus malditas cartas cifradas, sin saber mucho de su contenido. “No estás preparado para conocer la información”, decía siempre. Después de tanto tiempo sirviéndola, ¿no confiaba en él?

¡Al diablo! Estaba empapado, cansado y ciertamente no tenía ganas de caminar ni un paso más. Al entrar en la ciudad, se detuvo en la primera taberna que encontró para llenar su rugiente estómago y comprar algunos víveres para el viaje de vuelta. El calor de la estancia le ayudaba a tratar de ignorar el bullicio de la abundante clientela. Cada dos por tres, alguien pasaba sin cuidado a su lado, le empujaba, le pisaba o le tiraba algo encima al tropezarse con la vieja madera del suelo.  

Llegó un punto en el que aquello se hizo insoportable. EL mundo conspiraba aquél día para obligarle a recoger el mensaje que tanto esperaba la Erudita. Bien… cuanto antes lo consiguiera, antes podría descansar.

Según se le había revelado, su contacto sería otro hombre bestia con aspecto de tigre blanco. En teoría, debería haber recibido ya su pago, así que solo tendría que recoger la nota y largarse.

En encuentro se daría en un callejón destartalado, en pleno centro de la urbe, donde todos los ojos estaban demasiado ocupados como para mirar hacia los despojos. Dicho callejón estaría marcado con un símbolo: un círculo con un triángulo en su interior, pintado con tiza blanca.

¡Allí! Pese a la abundante lluvia, Secretos no tardó en reconocer el símbolo, medio borrado ya, tras seguir las indicaciones hacia el lugar. Agachó sus grandes orejas, observando el interior del oscuro callejón. El sonido de la lluvia resonaba entre sus mugrientas paredes, los desperdicios se acumulaban por doquier y las ratas y gatos callejeros se daban un festín con la bazofia. En resumidas cuentas: apestaba. El delicado olfato del murciélago se resintió en el acto, y Secretos trató de contener la respiración, cubriéndose la nariz con la tela de su capucha.

-¿Ho…hola?

Sus enormes ojos anaranjados buscaron y sus orejas, aún gachas, permanecieron alerta ante el más mínimo sonido. En aquella oscuridad, ante aquél suspense, no podía sino imaginar una enorme bestia blanca de afilados colmillos saliendo de entre las sombras. Tragó saliva. 
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Re: Gatos blancos y murciélagos negros [Privado] [Tarde avanzada]

Mensaje  Sora el Vie Mayo 05 2017, 15:50

Llevaba todo el día lloviendo, era un fastidio, pues Sora odiaba mojarse, pues cuando se mojaba parecía un fideo. Era delgado de por sí, por la falta de una buena alimentación, pero como su pelaje aún era espero por el frío del invierno, al mojarse éste se le pegaba al cuerpo, marcando sus flacos músculos y se le notaban las costillas. Había sido un día provechoso, se había puesto una vieja y raída capa que había encontrado en un contenedor. Apestaba y estaba llena de remiendos y agujeros, pero al menos lo ayudaba a pasar mas inadvertido, pues habría llamado mucho la atención si hubiera ido sin nada que lo protegiera de la lluvia. Tras explorar un poco el terreno desde los tejados, Sora había descendido a las calles atestadas, donde todos caminaban con la capucha de sus capas echadas. El tigre se movió entre ellos como un transeúnte más, que llevaran capas le complicaban un poco el "trabajo". Pero tras un par de horas consiguió robar un par de pequeñas bolsas de monedas, cortando los cordeles de cuero con el pequeño cuchillo que llevaba consigo. No era gran cosa, las bolsitas apenas contenían algunas monedas que le darían para un par de comidas o tres si conseguía un buen precio.

Justo iba correteando, sorteando los charcos del suelo, con la bolsita de monedas agarrada y abrazada contra el pecho, cuando sintió como una fuerte mano lo sorprendía, agarrándolo con fuerza por la zona de la nuca, agarrándole de la ropa. Sora lanzó un quejido cuando notó que lo lanzaban con fuerza contra una pared de ladrillos de un callejón en penumbra, antes de poder enfocar la vista para ver a su agresor, aquella misma mano lo agarró por el cuello y lo levantó en el aire. Sora abrió los ojos con pánicos y emitió un grito angustiado, viniéndole a la mente el recuerdo de la muerte de sus padres, cuando una sombra lo estranguló. Aquella mano por suerte no apretaba tanto, solo lo inmovilizaba, de modo que tras unos segundos de pánico, puedo enfocar la vista en su agresor. Era un tipo grande, un humano tosco, con la cara picada por la viruela y un ojo que miraba en otra dirección.

-Vaya, vaya. ¿A quien tenemos aquí? Creo que ya te dije que la próxima vez que te pillara robando en mi territorio, te cortaría el cuello.- Gruñó el tipo, cuyo aliento con olor a cebolla e hígado hicieron toser y lagrimear a Sora.

-N-no sabía que estaba en tu territorio.- Respondió el felino, lloroso, mientras llevaba una mano a la mano del tipo, sintiendo que éste tenía la mano llena de andrajos de tela.

-He expandido mi territorio, alguien clavó un cuchillo en la espalda de Grek.- Respondió el otro con una risotada sin humor, refiriéndose al matón que solía rondar aquella zona. -Bien, supongo que tendré que darte una lección para que no olvides que éste es ahora también mi territorio.- Dijo el hombre con un brillo siniestro en su ojo bizco, un segundo después un puño golpeaba con fuerza el estómago de Sora, que sintió como el aire abandonaba sus pulmones, lanzando un grito ahogado.

Las manos de Sora soltaron la bolsita de monedas que tintineó al caer al suelo, otro tipo, uno de los secuaces del hombre, se apresuró a recoger la bolsita. Mientras tanto el humano del ojo bizco, lo seguía golpeando. Un manotazo le cruzó la cara a Sora, que vio un montón de puntitos rojos delante de él y sintió el sabor de la sangre en la boca. Notó que lo soltaban, pero no tenía fuerza para mantenerse en pie y cayó sobre las cuatro patas. Entonces un montón de golpes y patadas empezaron a caer por todos lados, lo único que pudo hacer, fue encogerse, haciéndose una bola y esperar que aquella paliza no le costara algún hueso roto o incluso la vida.
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