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[Mastereado] El alma de Talisa [Rachel - Gerrit]

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[Mastereado] El alma de Talisa [Rachel - Gerrit]

Mensaje  Fehu el Dom 7 Mayo - 0:17


Tyretus, a 6 kilómetros de Beltrexus.


A pesar de que quedaban horas para que el sol se ocultase, la pequeña taberna de Tyretus, al este de Beltrexus, ya tenía a sus peculiares y habituales visitantes. Para ser un lugar tan minúsculo, siempre estaba lleno. Sus bebidas eran aclamadas incluso en la capital de las Islas y al ser la única taberna del pueblo, sus dueños podían vivir con tranquilidad en cuanto a economía se refiere, todos los habitantes iban allí.
Había un pequeño grupo de hombres jugando a un juego entre risas y gritos, pero estaban al fondo y eran ignorados por el resto, que preferían centrarse en sus jarras de alcohol. A un lado de la barra había una pareja que ni siquiera hablaba, sólo miraban el líquido de sus vasos, como si fuera lo más interesante del mundo. Esos dos eran opacados por un par de hombres de mediana edad que hablaban lo que parecían ser batallitas de sus tiempos, aunque estas acabaron cuando a uno de los hombres se le vino a la cabeza una cosa que había visto unas horas antes.

-¿Has visto el tablón? -Comentó después de dar un trago a su jarra de bebida. El otro asintió.

-¿Lo de los tributos a pagar?

-No, hombre,  lo de los cuervos. Beltrexus se está llevando de cuervos.

-Siempre ha habido -Le interrumpió su compañero, Rodrik, el más joven y el que parecía el más cabal.

-Ahora hay más. Han puesto una noticia en el tablón para que andemos con cuidado. Dicen que son una plaga, están volviendo negra la ciudad. Y temen que lleguen por aqu...

-Bah, paparruchas, estarán migrando, Grenn. No hagas tanto caso a las noticias. -Rodrik era experto en acabar con las historias de su amigo, ya lo conocía.

-¿Tantos? ¡Eso es obra de un ser maligno! -Concluyó el hombre más mayor, fanático de las conspiraciones, las maldiciones y las supersticiones. De hecho, siempre que entraba a un lugar daba tres pequeños toquecitos al marco de la puerta, para protegerse de una supuesta maldición divina. La conversación prosiguió entre tragos de alcohol, aunque Rodrik seguía sin quedarse del todo convencido por las explicaciones de Grenn.

Otro hombre trataba de escuchar con atención la conversación de esos dos, pero estaba demasiado lejos, en una de las mesas cercanas a la escalera. Aun así no podía escuchar bien. Era bastante curioso y quería oírlo todo a pesar de que ya la edad y sus múltiples vivencias hiciesen mella en sus oídos. Pero al menos algo entendía, hablaban de la bandada de cuervos de Beltrexus, los tablones se habían hecho eco de esa noticia y hasta él sabía que eran un mal presagio. Tal vez porque también era supersticioso.

A pesar de todo el jaleo que había dentro del lugar, afuera también había movimiento de gente, sobre todo fuera de la taberna, donde un chico y una chica de unos doce años, más o menos, dibujaban unas flores que decoraban la entrada del lugar. Ellos no podían entrar, pues eran menores de edad, así que esperaban fuera a su padre, entretenidos con unas pinturas y unas hojas donde intentar plasmar el encanto de las flores y las pequeñas calles de Tyretus.
La aldea era muy pequeña, pero estaba muy influida por Beltrexus, así que era más animada que cualquier otra villa de la isla. Los jóvenes no se aburrían, pues siempre había vida por sus calles, pero sin el bullicio de toda la gente de la ciudad.
Aunque, en ocasiones, podía ser tedioso ver siempre lo mismo.

-Estoy harto de pintar flores… -Comentó el chico, el menor de los dos, dejando caer una de sus pinturas. -Quiero pintar a una persona. ¡Me encantaría dibujar a una mujer! Así podríamos dibujar a madre.

Su hermana negó con la cabeza, sin decir nada. Su silencio mostraba su congoja. Bien sabía el muchacho que eso en Tyretus no era posible. Aunque a ella también le gustaría dibujar una figura antropomórfica, sabía que era mejor no tentar a la suerte y evitar la ira de los dioses, así que continuó con su dibujo, detallando los pétalos que estaba haciendo.



_________________________________________



Bienvenido, Gerrit, bienvenida, Rachel, a mi primer mastereado, hecho para intentar que desaparezca la maldición que pesa sobre el brujo. Dejémoslo en que se portó muy bien con mi querida Duna y la hizo enfadar, y las consecuencias de sus actos lo han traído hasta aquí.
Hablando de consecuencias, debéis saber que en este mastereado vuestras acciones (y la suerte) darán lugar a repercusiones favorables o desfavorables para vosotros. Mirad bien el camino que escogeréis, pues ese dictará vuestro futuro al final de este hilo.
Por supuesto, tened en cuenta que corréis el riesgo de acabar heridos o con maldiciones, al igual que también podréis obtener grandes recompensas. Como he dicho, dependerá de vosotros, en gran medida.
Añadir que, si no digo nada, podéis usar a los NPC's que vayan apareciendo, siempre con la condición de que respetéis la historia que se va creando.

Espero que nos divirtamos los tres y disfrutéis de lo que os tengo preparado. Sin más, doy por empezada esta misión.

Os encontráis en una pequeña aldea, muy cerca de Beltrexus, llamada Tyretus. Parece que el centro neurálgico de esa villa es la taberna, ¿cómo no? Es donde se reúnen todos los vecinos, ya sabéis, entre alcohol se debaten bien los asuntos. Así que está a vuestra elección entrar a tomar algo o quedaros fuera. Elijáis lo que elijáis, escucharéis la conversación de los NPC's:
Si elegís entrar en la taberna, escucharéis a los dos hombres; si os quedáis fuera, a los niños.
¿Os sugiere algo? Podéis tratar de que os expliquen bien de qué hablan, a ver qué os cuentan. Aunque también podéis ignorarlos y seguir vuestro camino. ¿Qué elegís?

Durante este turno no podéis usar a los NPC's.

*Clickando sobre el nombre de los NPC's se pueden ver sus fotos*



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Re: [Mastereado] El alma de Talisa [Rachel - Gerrit]

Mensaje  Gerrit Nephgerd el Dom 7 Mayo - 16:35

Desde hacía un par de noches, había decidido apartarme de Keira. No podíamos estar juntos, más bien, era yo quien no podía estar con nadie. No mientras tuviera la marca del cuervo negro en el antebrazo.  Todas las noches eran iguales. Me despertaba, en mitad de la noche, pataleando con un terrible escozor por todo mi cuerpo. En sueños, me había estado rascando la piel con tal de hacer desaparecer los picotazos de los cuervos invisibles. Las heridas se concentraban en el brazo donde tenía la marca. Sin darme cuenta, me había hecho una jodida carnicería. Los otros arañazos eran solo marcas superficiales que desaparecerían al cabo de unas horas; pero las heridas de donde estaban la marca del cuervo negro eran tan profundas que no podía creer que me has hubiera hecho solo con mis uñas. Si esto me hacía a mí mismo mientras dormía, no quería saber qué le podía hacer a la persona que durmiera conmigo.

Después de una ducha fría para limpiarme toda la sangre de los arañazos me di cuenta que en el brazo de la marca con forma de cuervo negro tenía una gran cantidad de heridas a medio sanar que se habían abierto con los araños de esa noche. No recordaba que hacía unos días intenté quitarme la maldición del cuervo a base de desollarme la piel del brazo con mi daga. No sirvió de nada, la marca seguía estando en el mismo lugar. ¡Mentira! Sirvió para algo: para que los cuervos invisibles me picasen con mucha más fuerza; tanta que llegaba a olvidar las propias heridas que me había hecho. Esto había sucedido durante una mañana de hacía cinco días; durante las noches era mucho peor. Perdía el poco autocontrol que tenía sobre mí mismo y me empezaba a arañar por todo el cuerpo y dar patadas en sueños a unos cuervos que no existían.

Respiré hondo  para relajarme y me vestí con la primera ropa que encontré tirada encima de una silla. No tenía mucho de donde elegir: o la ropa del suelo o a la de la silla. La segunda tenía un mejor aspecto. La mayoría de mi ropa la había dejado en casa de Keira.  Pensé que la maldición iba a durar unos pocos y que pronto podría volver con ella. Me llevé de su casa lo poco que cabía en una mochila: algo de comida, dos pantalones y dos camisetas. Este sería el cuarto día que vestiría con el mismo pantalón y la misma camiseta. Aunque no oliese especialmente fuerte, daba asco.

Los cuervos invisibles me empezaron a picotear de nuevo cuando cogí la camiseta del suelo y la rompí para hacerme una venda improvisada para mi antebrazo.  Luego, se callaron al unísono. Solo aparecían cuando rompía, mataba o pensaba en matar. Lo tenía más que comprobado. Suerte la mía que aprendí a hacer callar a los cuervos. ¿Con autocontrol?  No, siempre destaqué por dejarme guiar por mis instintos no por controlarlos. Aprendí que la mejor forma de olvidar los intensos picotazos era bebiendo. Bajo de la cama de la taberna tenía una botella de ron que robé de la cocina. Al menos, en la etiqueta ponía que era ron, su color amarillo anaranjado y su sabor amargo me hacían dudar.

Cuanto ya estaba lo suficientemente borracho para poder dormirme otra vez, me acosté a la cama y dejé que el alcohol hiciera efecto. Cuando desperté eran las altas horas de la tarde. ¿Cuánto había estado durmiendo? Ni lo sabía ni me importaba.  Había podido disfrutar de un buen descanso sin tener que arañándome a mí a mí mismo, eso era lo importante.

Apestaba a alcohol. Me di otra ducha, esta vez con la ropa puesta.  

¿Así iban a ser mis días malditos por los cuervos? Parecía un perro vagabundo que se lamentaba de las cosas que no podía hacer, pero que tampoco hacía nada nuevo para solucionar sus problemas.  No sabía qué era lo que me daba más asco: no tener ropa para cambiarme, la peste a alcohol o el estilo de vida que había elegido con tal de dejar de sentir los jodidos picotazos.

Cogí los cubos de agua vacíos de las dos duchas del día y, en un golpe de ira en el que los cuervos invisibles cumplieron su función de picotearme, los lancé contra el espejo del cuarto de baño. Los cristales, pequeños y afilados, tenían un aspecto tentador. Una parte de mi cabeza que el dolor de los picotazos no podía hacer callar, me decía que intentase rasgarme el brazo con los trozos de cristal; con suerte, serían más eficaces que mi daga. El trago de ron amarillo que quedaba en la botella me hizo olvidar las ideas que tenía con los cristales.

Sin saber muy bien la hora qué era ni cuántas horas había estado durmiendo o bebiendo, bajé al piso inferior. La mujer encargada de la posada estaba preparando las mesas del salón para los borrachos (los de verdad no como yo) disfrutasen de su alcohol de color amarillo.

-Buenos días, señor Nephgerd. ¿Dónde ha estado durante todo el día?- me preguntó la mesonera mientras adornaba una mesa con un horroroso mantel de color pastel. - No le he visto pasar por aquí ni una sola vez-.

-Si me guarda un secreto se lo diré:- dejé unos segundos de suspense- he pasado todo el día con una bella mujer. Ella sigue en la cama sin poder moverse. ¿Por qué no nos prepara una cena a ambos? Cuando se despierte la chica tendrá hambre- terminé guiñando un ojo a la mesera.

-Como desee, señor-.

-Muchas gracias-.

Salí de la taberna sin saber a dónde dirigirme. Vi a un grupo de niños jugar a las puertas de la taberna. La chica me recordó a Duna, la puta de los cuervos; el chico, tal vez, sería un amigo suyo o su hermano. Estaban hablando sobre las cosas que estaban pintando. El chico quería pintar a su madre en lugar de pintar flores. Lo que yo entendí en un primer momento, tal vez porque estaba recordando los discursos de Duna sobre sus cuervos, era que quería pintar “con mamá”; como si las pinturas de colores estuviera hecha con los restos de su madre. Los picotazos de los cuervos invisibles se encargaron de devolverme a la realidad. No, el chico no había dicho “con mamá” sino “a mamá”.  

¿Por qué pensaba en esas cosas? ¿Era el alcohol o solo por el recuerdo de Duna? Di vueltas en círculos con la cabeza con la intención de quitarme esas malas ideas y centrarme en la realidad. Nada de cuervos invisibles (había dicho “a mamá” no “con mamá”). Tenía que relajarme y, ahora que no tenía la botella de ron amarillo en mis manos, me debía autocontrolar con otros métodos más primitivos.

Me rasqué el antebrazo donde tenía la marca del cuervo negro por encima de la venda provisional hecha con los restos de la que era mi última camiseta (sin contar la que llevaba puesta) y seguí caminando dando la espalda a los niños. Que pintasen con el cadáver de su madre si querían. Aquello no era asunto mío. Levanté la cabeza al cielo y empuñé a Suuri. La nube de cuervos negros que cada vez estaba más cerca de Tyretus, a diferencia de los críos, sí era asunto mío.

-Odio los cuervos-.
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Re: [Mastereado] El alma de Talisa [Rachel - Gerrit]

Mensaje  Rachel Roche el Lun 8 Mayo - 18:26

Tras el combate final contra la Dama Mortagglia y su séquito el gremio había vuelto a las islas. Ahora quedaba muchos trámites administrativos por hacer, papeleos y herencias que los líderes tardarían en resolver. Jules me había dicho pasarían un par de semanas antes de volver a ser asignada a una nueva misión. Así que aprovechando que parecía hacer un día maravilloso, decidí salir a dar una vuelta. - ¿A dónde podemos ir hoy? – me pregunté sola, en voz alta. – NIA, pásame las localizaciones más próximas y establece una ruta con el pueblo más cercano. – pedí. “Suministrando información al biocibernético. Por favor, espere”.

De entra todas las localizaciones de NIA, el pueblo de Tyretus no estaba demasiado lejos de Beltrexus, apenas 6 kilómetros 439 metros con 19 cm separaban la puerta de la mansión Boisson con el centro neurálgico de la villa. Por lo que era un paseo adecuado para, según los cálculos de la inteligencia, estar de vuelta exactamente para la hora del té.

Mercaderes y buenas gentes recorrían, como yo, el caminito de tierra que cruzaba por medio del bosque. Era la primera vez que recorría los bosques de las islas illidenses, que eran mucho más coloridos que los de Sacrestic, ¡y eso me encantaba!. Por ello me entretenía sonriente, viendo las copas de los árboles. ¡Qué altos eran! O los pajaritos negros cantar y surcar los cielos. ¡Oh! ¡Si era una bandada de pájaros del tipo “Corvus corax comunis”, según NIA!

-Ay, mira. – exclamé feliz, juntando mis manos y mirando al cielo tímidamente. - Cuervos… Negros. ¡Qué bonitos! – opiné  con un cierto tono de tristeza. Me quedé mirando la bandada de cuervos. Ellos eran el emblema de la familia Boisson. Sí. Aquello tenía que ser una especie de homenaje por nuestra victoria en Saccrestic. – Seguro que la maestra Boisson tiene algo que ver con esto. – Sonreí, mientras un tipo a mi lado se giró, se llevó la mano a la sien y empezó a girar su dedo. ¿Qué curioso? ¿Qué significaba eso? Como no dijo nada más que refunfuñar algo inentendible por mis sensores auditivos preferí guardar silencio, poniendo cara de disculpa si le había molestado.

Seguí mi camino hacia Tyretus. Desde donde estaba ya podía ver la posada, que era el edificio más destacable de la ciudad. Sin embargo lo que más llamó mi atención fue aquel tipo alto, fuerte y musculado, de media melena. Entrecerré los ojos mientras los circulitos que aparecían en mi visión se centraban en sus facciones. Pronto tuve una ficha completa del mismo con la información recabada en anteriores encuentros con él. ¡Su nombre era Neph! El amigo de la maestra Boisson que quería tirar a la chica elfo-mariposa a la hoguera en el Ostara.

Llegué a su altura. Iba con un martillo grande y, a decir por su rostro, notaba un cierto comportamiento ofensivo hacia los cuervos que no me inspiraba confianza. Sus comentarios destilaban odio hacia aquella raza animal.

-¡Hola, señor Neph! – Le saludé con alegría. – Estoy al ochenta por ciento segura de que esos cuervos han venido a felicitar a la maestra Boisson por sus éxitos en la campaña contra los vampiros. Agradecería que no los espantase. Gracias. – le pedí. Y me dispuse a despedirme moviendo la palma de la mano de un lado a otro, tal y como Jules me había enseñado. Pero entonces, por el movimiento de aire una extraña mezcla de olores que no me resultaban agradables llegaron a mis sensores olfativos, procedentes del cuerpo de aquel hombre. Olores que NIA no tardó en analizar y que identificó como “Sudor, alcohol, orina, entre otros muchos compuestos orgánicos de hasta cinco carbonos”. Aquello no era saludable ni para él, ni para ninguno de los viandantes. Y por ello me sentí en la obligación de darle un consejo. – Por cierto, señor Neph, mis sensores detectan un fuerte olor a sudor y alcohol. ¿Eres consciente de que existen los baños y el jabón? – pregunté con toda mi buena voluntad, poniendo una mirada de inocencia. – Recomiendo que los uses al menos una vez cada tres días. – propuse con toda mi buena voluntad.

Sin escuchar su réplica me di la vuelta y seguí mi camino. Aún me faltaban dieciocho metros y veinte centímetros para llegar a mi destino. Destino que estaba ocupado por unos niños que jugaban a pintar las flores. Llegué, me mantuve de pie, esperando que se apartasen para poder pisar el punto que NIA había establecido como final de ruta. ¡Ahora que ya casi había llegado casi al final no iba a abandonarla a falta de 23 centímetros con nueve milímetros! De modo que no tuve más remedio que escuchar su conversación de pie. Ellos me miraron con cierto miedo o sorpresa, pero siguieron a lo suyo.

El pequeño estaba enfadado con su hermana porque no quería pintar más flores. Quería pintar a una persona. Y a una mujer concretamente. Cosa que su hermana no estaba dispuesta a hacer. Me arrodillé entonces sobre la falda y me puse junto a ellos. – Píntame a mí. – le dije para tratar de complacerle. Jules siempre me decía que a los niños había que tenerlos contentos. - ¿Quieres pintar a una persona? Yo soy una persona. ¿A una mujer? Yo también lo soy. – le dije. – Lamentablemente, no soy tu madre. Pero puedes pintarme, si así lo deseas. – le propuse con una sonrisa, cerrando los ojos.

Luego comprobé la reacción de la hermana, que tenía cierto miedo a pintar a una mujer. Torcí a un lado y me arrasqué la cabeza, como hacían los humanos, tratando de pensar, de entenderla, aunque no me servía de mucho. Afortunadamente, NIA siempre aparecía para darme una respuesta. “Mantente alerta, Rachel. El sujeto identificado como “Niña número 119” esconde secretos”, me advirtió NIA, para desconcierto mío. - ¿Por qué no quieres pintar a una persona, niña número 119? No debes pintar a las personas. Pero si te dejan, no tiene nada de malo. - le pregunté. Esperando su respuesta. - ¿Ahora puedes apartarte? Voy a tener que pisar tus flores para completar la ruta. Y luego dejaré que tu hermano me pinte, si quiere, en compensación.- le pedí educadamente haciendo un gesto con el dedo a la ubicación exacta.

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Re: [Mastereado] El alma de Talisa [Rachel - Gerrit]

Mensaje  Fehu el Sáb 13 Mayo - 9:50

El niño miró al hombre del martillo con cierta admiración, pues era fuerte y grande, tal como desearía ser él cuando fuera mayor, aunque se imaginaba con un mandoble, luchando por defender su pueblo. Su hermana le pegó un codazo, haciendo que saliera de su mundo y mirase a la mujer que se había detenido frente a ellos. ¿Buscaría alguna dirección? El muchacho tenía cara de embobado hasta que por fin entendió qué pasaba. La mujer se estaba ofreciendo a dejarse pintar y rápidamente su gesto de ensimismamiento cambió a uno de entusiasmo.

-¿Podría p…?

-¡No! Matie, no se puede. ¡Lo sabes! -Le regañó su hermana. Luego pasó la vista por la mujer, que la estaba nombrando por un número. -No me llamo “niña 119”, y sí es malo dibujar a mujeres. -Se quejó, enfurruñada. Sólo el chico se apartó para dejarla pasar, recogiendo su bloc y pinturas.

-Pero… ¿Y partes de ella? -Trató de insistir, pero la mirada de su hermana no daba opción a más propuestas. -Una mano, por ejemplo.
La niña resopló. -Vas a acabar como Castinur si lo haces. -Se levantó del suelo y se cruzó de brazos.  

-Pero… No creo que pase nada. Lo de ese hombre es diferente.

-Haz lo que quieras. -Y dicho eso se metió en la taberna, enfadada con su hermano por no hacer caso a lo que decía. La pequeña Belly, que así se llamaba la niña, siempre quería llevar la razón y, en ocasiones, trataba a su hermano como si fuera tonto. Y muy listo no era si se atrevía a pintar a una mujer después de lo que le ocurrió a Castinur.

Mientras tanto, Matie se acercó  a Rachel con una gran sonrisa. -Gracias, señora, por ser mi modelo para pintar. -Él sí estaba contento. El pequeño apreciaba cosas que solían pasar desapercibidas para los demás.
No le dio tiempo a mucho más, un par de rayas que nada tenían que ver con la modelo que tenía enfrente. Inmediatamente se escuchó un grito salir de la puerta de la taberna.

-¡Matie! ¿¡Eres idiota!? ¿¡Cómo se te ocurre dibujar a una mujer!? ¿¡Quieres acabar como el loco de Castinur!? -Bramó Grenn mientras se aproximaba muy rápido al chico y le arrebataba el bloc de las manos. Luego se dirigió a Rachel. -¡Aléjate de mi hijo!

-Pero, papá… Sólo era un boceto… -Se entristeció Matie. Detrás de su padre, junto a la puerta de la taberna, estaba su hermana. Detrás de ella subía Rodrik.

-¡Me da igual! ¡¡Déjate de tonterías!! Si quieres pintar, pintas paisajes. ¡Pero me niego a tener a un hijo que acabe loco! -Acto seguido lanzó el bloc al suelo y tirando del brazo del niño, hizo que se levantase. -Vámonos a casa, está claro que no os puedo traer a ningún lado. -Eso también ofendió a la pequeña que, después de haber intentado hacer una buena acción, la bronca repercutiría en ella.

Rodrik se detuvo frente a la joven forastera. -Disculpa la escena, señorita. Mi amigo está un poco alterado.

-¿¡Cómo no voy a estar alterado!? Si te leyeras el puto tablón de noticias… ¡¡Mira!! –Grenn señaló la bandada que sobrevolaba la arboleda que separaba ambas villas. -¡Ya están aquí! ¡Esos jodidos cuervos vienen a por nosotros! Entre esos pajarracos y que uno de mis hijos acabará maldito como siga así, ¿¡cómo esperas que esté tranquilo!?¡¡Tú no tienes la marca!! ¡Ella me la hizo! ¡Y estos cuervos vienen a por mí! -Grenn estaba demasiado alterado, incluso su hijo se apartó de él porque estaba asustado, y Belly no se movió de donde estaba, viendo como su padre se iba enfadando más y más al ver a los cuervos, los cuales estaban empezando a posarse en el edificio. Todos los cuervos atentos a esos lugareños. Salvo dos: uno decidió posarse en el hombro de Gerrit, el otro, en el de Grenn.

El cuervo que estaba sobre Gerrit empezó a picotearle la marca, sorprendentemente no le hacía daño. Pero acto seguido, el viejo Grenn echó a correr hacia el brujo con su hacha en ristre. Sus intenciones no parecían ser muy buenas. -¡¡Estás maldito!!

Lejos de lo que se pudiera esperar, Matie tomó una hoja de su bloc, que estaba en el suelo, y comenzó a dibujar a esos pájaros negros. Belly agarró a Rodrik de la mano, a su hermano le gustaban, a ella le daban miedo, y más se lo daba su padre viendo cómo se comportaba.  


_________________________________________



¡Los cuervos han llegado! Pero por ahora no hacen nada, sólo están ahí posados, observándoos. Otra bandada sobrevuela los árboles, pero no ocurre nada... Salvo lo que se le está pasando a Grenn por la cabeza. ¿Tienen los cuervos algo que ver?
Gerrit: Has escuchado todo el jaleo que se ha armado en un momento en las puertas de la taberna. Hay muchas cosas extrañas, pero sobre todo una que te incumbe. Mas no creo que puedas averiguarlo en este turno, el viejo Grenn se ha abalanzado contra ti con intención de atacarte y tendrás que evitar que te haga nada. Puedes intentar reducirle, dialogar con él para que se calme, o atacar. Lanza runa para determinar tu suerte si eliges el último caso.
Rachel: ¿Has cometido algún mal con tus buenas intenciones para con los niños? ¡Casi parece que has matado a alguien! Tranquila, la gente de este lugar es extraña pero, ¿por qué? En este turno tendrás que intentar averiguar qué pasa ahí, por qué no pueden dibujar a una mujer y quién es el famoso Castinur. Deberás elegir a uno de todos para que te lo cuente, elige bien, pues no todos tienen la razón.
No podrás usar a los npcs, en este turno.




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Re: [Mastereado] El alma de Talisa [Rachel - Gerrit]

Mensaje  Gerrit Nephgerd el Dom 14 Mayo - 8:01

Para ser sinceros, no me sorprendió encontrarme con la cibernética amiga de Jules y Huracán. Aerandir estaba repleta de personajes raros, había conocido los suficientes como para darme cuenta que, en cualquier lugar, podía aparecer una extraña persona. Solo había que verme al espejo. ¿Qué pensarían esos niños al ver a un hombre grande, todavía mojado por la ducha anterior, que apestaba a sudor, alcohol y orina? Seguramente, lo mismo que pensaba Rachel con la diferencia que ella lo decía en voz alta. Si ella supiera cuanto odiaba sentirme sucio después de haberme duchado dos veces en lo que llevaba de día no lo hubiera dicho. ¿Explicárselo? Sería inútil. Se pondría a analizarme, como tantas otras veces había hecho, y a decir la primera idiotez que se le pasara por la cabeza.  

Contuve las ganas de golpear la cara de metal Rachel con mi martillo fingiendo estar limpiándome los labios con el brazo izquierdo. Si lo hubiera hecho, la cabeza dura de la chica hubiera magullado a Suuri y los cuervos invisibles me hubieran picado con tanta fuerza que me hubieran hecho caer de rodillas. Ya estaba escarmentado. En estos casos, lo mejor que podía hacer era ignorar lo que había escuchado y seguir mi camino. Conociendo a Rachel, tan bien como la conocía, se distraería con cualquier cosa, por simple que sea, antes de perseguirme diciendo que tenía que darme una ducha con jabón. Ventajas de tratar con mujeres de metal con el conocimiento de niñas pequeñas.

Eché un vistazo hacia atrás para asegurarme de que, efectivamente, Rachel no se pondría a perseguirme por toda la aldea. Mis labios se curvaron en una ligera sonrisa al darme cuenta que había acertado. Los niños tenían que jugar con otros niños. Rachel se había quedado arrodillada frente al par de niños que pintaban flores en la entrada de la posada. Por lo que a mí respecta, se podía quedar ahí tanto rato como quisiera. Mientras no hiciera explotar la posada con una granada como hice con la fiesta del Ostara semanas atrás, Rachel no molestaba.

-Muy bien- me felicité a mí mismo por haber dejado a la cibernética atrás y también felicité a Rachel por haberse quedado a jugar con los niños en lugar de perseguirme.

Me quedé unos instantes observando a Rachel desde, lo que yo consideraba, una distancia segura a los problemas que ella causaba.  Problemas que no tardaron demasiado en llegar. Rachel parecía que se había metido en uno de sus famosos líos. Unos tipos que había visto antes en la posada, salieron de ésta tan rápido como sus cortas y gordas piernas le permitieron y se pusieron a gritar a la cibernética. No escuché todo lo que dijeron. Hablaban sobre pintura, mujeres, paisajes, maldiciones y cuervos. Volví a frotarme los labios con el brazo izquierdo. Hablando de esos temas parecía que me estuvieran invitando a que les diera una paliza. Lo siento, que probasen suerte la próxima vez. No quería que los jodidos cuervos de mi maldición volvieran a aparecer. Los había hecho callar con el alcohol y las duchas frías. Ahora, debía concentrarme en mantenerlos callados.

Uno de los dos hombres giró su cabeza hacia mí al ver que un cuervo se posó en mi brazo izquierdo (el de la maldición). Estaba tan asustado que parecía haber visto a uno de esos demonios de los que hablan los predicadores cristianos. Teniendo en cuenta mi pasado, era cierto que podía ser un buen demonio, pero, en aquellos días, era un brujo más. Uno del montón, de la clase de personas que no se metían en problemas (Rachel no podía decir lo mismo).

Por tercera vez, me volvía frotar los labios con el brazo izquierda. El cuervo saltó en el momento que me estuve frotando y luego se volvió a poner en su sitio del brazo. Me di cuenta que, durante todo este tiempo, la venda se había movido. ¿Lo había hecho yo al limpiarme los labios o había sido algo más? El cuervo negro del brazo comenzó picarme justo en el lugar donde estaba el cuervo negro de la marca. Era molesto pero no me dolió.

El hombre, el que me había dedicado la misma mirada que los cristianos dedicaban a las ilustraciones de los demonios,  señaló el cuervo de mi brazo y chillaba llamándome maldito.

-Dime algo que yo no se sepa- me volví a frotar los labios, esta vez, con el brazo derecho.

Tenía una enorme hacha en sus manos y venía a por mí con malas intenciones. Una simple hacha no era rival para Suuri. Tomé el martillo con mi mano derecha. Pronto la cabeza de Suuri comenzó a centellear con pequeños rayos azules por la electricidad que le hacía pasar.

-Todavía estás a tiempo de escapar- le dije al hombre del hacha antes de que estuviera demasiado cerca como para quedarse sin dientes.

Si me escuchó, me ignoró tan bien como yo había ignorado el comentario de los baños de jabón de Rachel.  Continuó corriendo hacia a mí, sujetando su hacha con las dos manos bien alto, para, si el tipo tenía suerte, cortarme la cabeza de un solo tajo. Era valiente, eso había que reconocerlo. Él era valiente y yo un estúpido por haber aceptado el combate. Los cuervos invisibles comenzaron a despertarse de nuevo de su letargo de alcohol y a picarme por todo el cuerpo. Sabían lo que estaba a punto de hacer; todos lo sabían: los cuervos de la maldición, el amigo del hombre del hacha, los dos niños, tal vez, incluso Rachel. Perfecto, nadie se llevaría las manos a la cabeza cuando oliesen la carne chamuscada del hombre del hacha.

Lo primero que hice fue lanzar un rayo hacia el pecho del rival para hacerle ralentizar y que no pudiera bajar su hacha cuando con rapidez cuando estuviera cerca de mí. Luego, comencé a correr hacia él, martillo en mano. La intención era golpear primero el brazo derecho del hombre para desarmarlo y luego su cabeza para matarlo. Con el martillo recubierto de rayos, los dos golpes juntos acabarían con el tipo antes de que se él mismo se diera cuenta. Entonces, todos los presentes, notarían el olor de carne chamuscada y Rachel tendría que mandar al cadáver del hombre del hacha que se tomase un baño de jabón y burbujas. Esa era la intención. El resultado, que lo predigan los Dioses.  


Offrol: Señalo el uso de mi habilidad de nivel 0.


Última edición por Gerrit Nephgerd el Dom 14 Mayo - 11:17, editado 1 vez
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Re: [Mastereado] El alma de Talisa [Rachel - Gerrit]

Mensaje  Tyr el Dom 14 Mayo - 8:01

El miembro 'Gerrit Nephgerd' ha efectuado la acción siguiente: La voluntad de los dioses


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Re: [Mastereado] El alma de Talisa [Rachel - Gerrit]

Mensaje  Rachel Roche el Lun 15 Mayo - 20:01

Mi ofrecimiento parecía haber devuelto la ilusión a aquel niño. ¡Qué bonito era que los niños pudiesen reír y divertirse! Le devolví una amplia sonrisa a la vez que me sentaba en el suelo, esperando que pintase mi cara si eso le resultaba divertido.

A su hermana, que rápidamente me confirmó que no se llamaba “niña 119”, no parecía gustarle que me pintase, alegando que es malo dibujar a mujeres. ¿Por qué era malo? No lo entendía. Y giré la cabeza escuchando su conversación con detalle. ¿Castinur? ¿Quién era Castinur? NIA no disponía en su base de datos ninguna persona con ese nombre, lo cual no hizo sino destapar mi curiosidad sobre Castinur. Pero ante el ímpetu del niño, le volví a sonreír.

-¡De nada! ¡Píntame! – respondí con alegría mirándolo con una sonrisa, mientras veía como me dibujaba en su cuaderno. Aunque me fijaba en ello y lo cierto es que no se parecía en nada a mí. Lo cual me decepcionó bastante.

Un hombre terminó saliendo eso una furia. Llamando al niño como Matie. Al ritmo que el hombre lo apartaba de mí y me gritaba que me alejara de él. ¿Por qué tanta agresividad? ¿Qué le había hecho al niño más que jugar con él y reír? No comprendía nada. – Pe... Pero si no estaba haciéndole nada, señor. – sollocé, de hecho, creía que jugar con los niños era lo correcto. O así lo había visto hacer a otras mujeres en Beltrexus o Lunargenta. La reacción de aquel hombre escapó de mi entendimiento, y por ello me arrasqué la cabeza.

Continué escuchando la bronca del padre a sus hijos, y también a un joven con barba que había aparecido para disculparse por los desafortunados comentarios de aquel señor tan maleducado. Hablaban de maldiciones. Y había escuchado decir a la maestra Boisson que las maldiciones no eran cosas buenas, que ella había tenido una en el brazo que le hacía tener visiones sobre la Dama Mortagglia. Pero aquello nuevamente no hizo sino despertar mi curiosidad por conocer más. Me daban miedo, me asustaban. Pero necesitaba saber más. ¿Por qué NIA no tendría una base de datos dedicada únicamente a maldiciones? Miré a la niña, que parecía tener las constantes vitales menos aceleradas que el padre. Sería mejor preguntarle a ella.

Cuando me erguí vi como los cuervos de la maestra Boisson se posaron sobre el hombro de Neph y en el del padre de la niña que no se llamaba número 119, que una vez vio esto no tardó en acusar al amigo de Anastasia de “maldito”. Giré la cabeza, intentando comprender. ¿Los cuervos tenían algo que ver con la maldición? Me acerqué a la hija.– Niña que no te llamas número 119. – llamé su atención de pie. - ¿Quién es Castinur, y qué le ocurrió? ¿Las maldiciones de las que habla tu padre tienen que ver con los cuervos? – le pregunté con los ojos abiertos, con curiosidad. – Sigo sin relacionar los dibujos de las mujeres con las maldiciones. ¿Podrías explicármelo mejor?

Pero poco tiempo tendríamos para hablar ya que su padre pronto se encaró armado hacia Neph, que parecía haberla tomado con los cuervos y ahora ambos tenían uno en el hombro. ¡Qué bien! ¡La fraternidad había alcanzado sus corazones por medio de los cuervos de la maestra Boisson! Sin embargo, la paz que yo intuía no fue duradera, y vi cómo el padre definía al hombre fortachón de aspecto sudoroso como “maldito” y se lanzaba a por él. No debía lanzarse a por Neph, era un hombre maleducado y muy bruto. Era mejor dejarlo en paz. Incluso aunque estuviera maldito. Aún así, yo no me atreví a decir nada y me quedé pasiva viendo que era lo que pasaba.

-¡Ay! - Horrorizada, me llevé las manos a la cara y grité cuando vi cómo Neph le lanzaba primero un rayo en el pecho, y después le golpeaba con su martillo en el brazo y posteriormente en la cara. Destrozándosela por completo.

-¡Papá! ¡Papá! – lloraban a la vez los niños, que se lanzaban a por su padre llorando. Me acerqué a la escena y en principio vi al hombre contra el suelo, con su rostro “abollado”, metido hacia dentro, hecho un amasijo de sangre que salía por globos oculares, nariz, frente, y todo lo que tuviera orificios. Con partes que NIA identificaba como “cerebro”. – ¡Oh! – exclamé llevándome las manos a la cara, horrorizada.

Los niños lloraban desesperanzados, desesperados. Habían perdido a lo que más querían en la vida: Un padre. ¿Cómo podía haber hecho eso? ¿Cómo podía haber sido tan bruto y descuidado? Comencé a llorar por ellos, a lágrima viva, como si hubiesen asesinado a mi propio padre, aunque yo no tenía ni sabía lo que significaba tenerlo al menos en mi vida como biocibernética. Pero del mismo modo lloré, porque me tenía que poner en el lugar de los niños y sentir sus emociones.

Tratando de reaccionar como una persona normal. Tomé a ambos niños desconsolados por los hombros y apoyé sus cabezas en mis brazos metálicos. Tratando de consolarlos lo mejor que podía. – No llores, niño 131, no llores, niña que no te llamas número 119. A mí un día me cortaron los dos brazos y las dos piernas y ¡mirad que sana estoy! – les sonreí, y es que tal vez contándoles una vivencia propia similar se animasen. Confiaba en que todo tuviese solución. – ¡Vuestro papá aún conserva la cabeza! – dije con inocencia y una sonrisa, estaba tratando de animarlos lo mejor que sabía en mi mínima experiencia. Pero no había consuelo posible para ellos.

Sin soltarlos y arrodillada, mientras seguían llorando en mi hombro, me dirigí a Neph - ¡Eres un bruto! ¡Un violento! – le grité, cuando me volvió a llegar su particular olor. - ¡Y también un cochino! – le insulté de nuevo. Enfadada y con voz chillona. ¿Qué podía hacer? ¿Atacarme? NIA calculó como probable esta posibilidad ya que el brujo no parecía tener ni una pizca de remordimiento. Mi hermano Jules me había enseñado que había que ser buena persona. Matar a los padres de unos niños no era de buenas personas. Me concentré en acariciar la cabeza de los pequeños, tratando de consolarles lo mejor que sabía, aunque inútilmente, y esperando la reacción de aquel segundo hombre, que me había dicho ser amigo del fallecido, o del propio Neph.
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Re: [Mastereado] El alma de Talisa [Rachel - Gerrit]

Mensaje  Fehu el Mar 16 Mayo - 20:09

Belly sabía que su padre se enfadaría si le decía que su hermano estaba intentando pintar a una mujer, pero era eso o arriesgarse a que acabase maldito. Aunque la niña no pensaba que su padre se iba a alterar tantísimo, hasta el punto de atacar a una persona.

-Ah… Castinur es un curandero que vive a las afueras. Quitaba maldiciones pero enloqueció. Pintó a una mujer y… -Su charla se vio interrumpida por el arranque de Grenn hacia Gerrit. Lo siguiente que vieron los ojos de la niña fue a su padre caer al suelo tras un fogonazo azulado. Ambos pequeños gritaron y fueron corriendo a rodear el cadáver de su padre. Nada existía para ellos, trataban de despertarlo aunque era imposible que estuviese vivo después de semejante golpe. -¡Papá! ¡Despierta! ¡Vamos!

-¡Es culpa mía! ¡Es culpa mía! -El pequeño se abrazó a la biocibernética, llorando desconsoladamente, creyéndose el culpable por haber desobedecido las indicaciones de su padre y hermana. La maldición de Castinur por haber intentado pintar a una mujer, eso era lo que creía él. -No tenía que haber pintado… ¡Es culpa mía!

-Despierta, vuelve con nosotros. No te mueras… -Lloraba la pequeña, que no podía creerse lo que acababa de pasar. Diez minutos antes, su padre estaba tomando algo en una taberna y ahora tendido en el suelo con el peor aspecto posible. -Por favor, responde…
Las habilidades para consolar de Rachel dejaban mucho que desear, sólo consiguió que los niños llorasen más todavía.

Por otra parte, los cuervos ni se inmutaron, no volaron, no se movieron. Parecían estatuas. Salvo dos: el que estaba sobre Gerrit ahora sobrevolaba su cabeza, y el que había estado sobre Grenn, estaba sobre su hija, quien estaba tan desesperada que ni se dio cuenta. Pero ninguno más había que no estuviese posado. Tras la muerte del hombre pareciera como si todos los pájaros que había en el lugar estuvieran atacando a Gerrit, aunque ninguno se estaba moviendo.

Pero cuando el que volaba sobre su cabeza posó sus patas de nuevo, sobre el brujo, el dolor acabó.

¿Te ha dolido? ¡Ups! ¡Lo siento! Pero ahora eres bueno porque estás alimentando a los cuervos, aunque… ¡Has destrozado los ojos! ¡Muy mal!

Era la voz inocente y cantarina de Duna, mas sólo la podía escuchar Gerrit. Salía de la pequeña Belly. Para el brujo hablaba Duna, podía llegar a ver los rasgos de esa despreciable bruja; los demás solo veían a la joven Belly llorando. Y nadie más oiría lo que le decía a Gerrit… ¿salvo los cuervos? Pues en cuanto esa vocecilla terminó la frase, el negro animal que picoteaba el cadáver graznó y una bandada de pájaros acabó sobre el lastimado cuerpo sin vida de Grenn, arrancándole partes de su piel y vísceras.

Debías proteger los ojos. Aunque los tuyos son más bonitos, me los quiero quedar. ¿Me los regalas?

-Ha sido culpa mía… -Repetía horrorizado Matie, quien se apartó de Rachel y echó a correr hacia el bosque.

-¡Matie! -Rodrik intentó detener al chico, pero no lo consiguió. La cantidad de cuervos que había volando en torno al cadáver le impidió avanzar más y el joven Matie ganó ventaja. -¡Fuera, bichos! ¡Apartad! -Tenía que encontrar al hijo de su amigo.

Él también tenía una marca, como tú. ¿Tan poco querías a tu hermano?” -Duna no se refería a hermanos carnales, sino marcados por su fuego. Ante los ojos del brujo, la niña se levantaba desafiante hacia él, pero siempre sonriendo, mas Belly estaba aún acurrucada junto a la cibernética. -"Jijiji... Aunque es bueno, estás alimentando a los siervos de tu padre, Hijo de Odín. ¡Vas aprendiendo!" -Aplaudió entre risas burlescas. -"¿No quieres ser el Elegido?"


_________________________________________



¿Segundo turno y ya he perdido un npc? Pobre Grenn, que descanse en paz, si es que los cuervos se lo permiten. Aunque lo siento más por vosotros, era uno de los que tenía la clave para ayudar a Gerrit. ¡Lástima! La vida a veces es tan frágil...

Gerrit: ¡Has dejado a dos niños huérfanos! ¿No te da pena? ¡Qué cruel! Menos mal que tenemos a Rachel para consolarlos...
Debes saber que Duna hizo de las suyas con Grenn, también estaba maldito y marcado. Ahora tú también puedes oírla y verla en el cuerpo de la pequeña Belly. Es decir, tú ves a Duna al lado de Rachel.
Podrás intentar dialogar con ella para que te quite la maldición, ignorarla o atacarla para que se calle, pues su voz te seguirá a donde sea que vayas. En caso de elegir la segunda opción, tira runa:
Runa muy buena/buena: Acabarás con "Duna", es decir, también matarás a Belly.
Runa media: Dejarás a Belly herida, pero las voces desaparecerán.
Runa mala/muy mala: Tu ataque fallará y seguirás viendo a "Duna" en tu mente.

Rachel
: Has estado a punto de conseguir la información sobre Castinur, pero la pequeña ahora no podrá continuar contándote nada. ¡Han visto morir a su padre! No están para contarte ya nada, aunque tranquila, puede que más adelante descubramos quién es ese famoso Castinur.
Notarás que algo no va bien con Gerrit, aunque no puedas ver lo mismo que él. Tu deber será, o bien proteger a Belly si Gerrit decide atacarla o bien puedes dejarla a su suerte e ir a buscar a Matie al bosque. En este caso, Rodrik se unirá a ti, podrás usarlo. Encontrarás al pequeño sin problema, no está en un lugar muy escondido.
Si eliges la primera opción, proteger a la pequeña, deberás tirar una runa para intentar contrarrestar el ataque del brujo, siempre sacando una runa mejor que la de él.

*Aquí os dejo la información sobre Duna*




Todas las vidas tienen un precio. ¿Pagarías por la tuya?
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Re: [Mastereado] El alma de Talisa [Rachel - Gerrit]

Mensaje  Gerrit Nephgerd el Lun 22 Mayo - 8:20

Miré al cadáver que había dejado sin pensar en todas aquellas banales preguntas que la gente se hacía cuando mataba a una persona inocente por haber enloquecido: ¿Quién era él? ¿A qué se dedicaba? ¿Qué le había pasado para que quisiera atacarme?  Nada de eso me importaba. Para mí, aquel tipo no era nadie. Lo comparaba con una mosca cojonera que revoloteaba alrededor de mi cabeza. Cualquier persona con dos dedos de frente aplastaría la mosca con la misma facilidad con la que yo había acabado con aquel tipo. ¿La razón? Alguien inferior estaba molestando. Con aquella premisa podría matar a los otros hombres del interior de la posada, a los niños que lloraban y a cibernética, amiga de Huracán y hermana de Jules, que se atrevía a darme lecciones de moralidad. Estaban molestando. Eran moscas cuyo destino era ser aplastadas.

Respiré profundamente y relajé el brazo con que sujetaba a Suuri. Estaba volviendo a pensar como en los viejos tiempos, los malos tiempos (los buenos tiempos). Los tiempos en que no estaba solo. Los tiempos en los que aplastaba a moscas con orejas picudas que vivían en las copas de los árboles. Los tiempos de sangre y el odio.

Era por el daño que me hacían los picotazos de los cuervos invisibles. Aquel dolor me recordaba cómo me sentía después de haber acabado con un grupo de elfos a golpes de martillo. ¿Remordimientos? Mi abuelo decía que sentir remordimientos era como sentir un cuervo que te picoteaba la nuca. Si era remordimientos lo que sentía, ¿por qué los cuervos picoteaban todo mi cuerpo al mismo tiempo y no solo la nuca? En los malos tiempos era igual. Después de acabar con la vida de un par de elfos, sentía mis músculos tensarse y vibrar como si estuvieran soportando los picotazos de una bandada de cuervos invisibles.

Y entonces me di cuenta: Cuanto más daño recibía por parte de la maldición del cuervo negro, más cerca estaba de lo que pensé que había dejado atrás.

Sonreí como el fantasma de mis pesadillas a Rachel Roche y hablé despacio con una voz nítida y alta para que, tanto el amigo del hombre que acababa de matar como sus hijos entendieran lo que estaba diciendo.

-Mira quién habló de lecciones de moralidad: la chica que, con la violencia y brutalidad que me acusa, destruyó una fiesta con una bomba de fuego.- di un toque a la frente de metal de Rachel para llamar la atención- Ahí dentro deberás tener recursos suficientes para entender qué se ha de hacer cuando alguien quiere matarte. Creo que vosotros lo llamáis: Funciones de defensa. ¿No es así? No me importa. Hice lo que debí hacer. Tú amiga Huracán hubiera hecho lo mismo si un vampiro quisiera matarla-.

Iba a decir algo más pero una voz que me resultaba terriblemente familiar sonó a espaldas de Rachel. Puso una mano en el hombro de la chica y a la parte de vista con un leve movimiento (eres un bruto y un violento). No me sorprendió ver que, detrás de Rachel, estaba Duna. Los cuervos de los tejados y el que se me había posado en el brazo que ahora estaba sobre mi cabeza comenzaron a graznar como si hubieran reconocido a su cuidadora. ¿Otra vez vamos a jugar?

El efecto de la electricidad sobre mi martillo todavía permanecía activado. Un golpe (bruto y violento) en la cabeza de la niña y dejaría de burlarse de mí. Era tan sencillo. Un beso de Suuri y se acabó.

-¡Cállate!- Duna no se calló- Destrocé sus ojos porque sabía que te gustaban. Así tus cuervos no podrán comérselo-.

“Si fueras Thor de verdad hubieras protegido los ojos. Muy mal. Aunque los tuyos son más bonitos, me los quiero quedar. ¿Me los regalas?”

-¡He dicho que te calles!- golpeé la pared de la posada con mi martillo. Centenares de pequeñas centellas producidas por la electricidad explotaron tras el golpe.

“Él también tenía una marca, como tú. ¿Tan poco querías a tu hermano? Jijiji... Aunque es bueno, estás alimentando a los siervos de tu padre, Hijo de Odín. ¡Vas aprendiendo! ¿No quieres ser el Elegido?"

Fui donde estaba el cadáver y le levanté la manga de la camisa. Efectivamente, allí estaba, sobre la piel de su brazo estaba la misma marca con forma de cuervo que yo tenía.

“¿Lo ves? No te estaba mintiendo. Yo no soy una mentirosa. Tú eres el mentiroso. Un mentiroso con unos ojos muy bonitos.”

Duna me señaló con el dedo y soltó una amarga carcajada. Los cuervos invisibles me picotearon con la mayor fuerza que habían hecho hasta el momento. Los recuerdos de lo que fui fueron tan vivos que, por un momento, sentí que tenía diez años menos.

-Rachel- Tenía los dientes apretados para soportar el dolor de los picotazos, a duras penas se me entendía al hablar. - busca una pala. ¡Ahora! No voy a dejar que los cuervos de la niña coman otro cadáver. Ella mató a su familia para alimentar a unos putos pájaros. – Señalé a Duna con la cabeza de mi martillo. - Llámala bruta, violenta y cochina y luego busca para enterrar el cadáver y que los cuervos no se lo coman-.

“Eres tonto. Primero le pegas y luego le pides ayuda. Jijijiji. Eres muy tonto si crees que te va a ayudar.”

Levanté el cuerpo del muerto y me lo puse sobre el hombro. Los cuervos giraron todos sus cabezas para mirarme de frente. Ya me había enfrentado a ellos una vez. No tenía miedo en hacerlo una segunda. Es más, una pequeña parte de mí que cada vez se estaba haciendo más grande, deseaba que lo hicieran. ¡Qué vinieran! Ellos habían despertado a una bestia que las cenizas del tiempo intentaron cubrir y olvidar. Era hora que probasen de su propia medicina. Quería devolverles todo el daño que me habían hecho a base de golpes de Suuri.

-Te juro que como no me cures de la maldición, tus queridos cuervos morirán de hambre. No querrás eso; pobrecitos tus amiguitos-

Después de hablar, escupí a mis pies una mezcla entre saliva y sangre. Los cuervos invisibles me picaban con tanta fuerza que podía sentir como me mataban por dentro.


Offrol: Elijo la opción de “dialogar”. Más bien, Gerrit está haciendo chantaje a Duna: O le quita la maldición o sus cuervos se quedan sin comida. Seguramente no sirva de nada, pero es divertido no hacer caso al Master.
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Re: [Mastereado] El alma de Talisa [Rachel - Gerrit]

Mensaje  Rachel Roche el Mar 23 Mayo - 17:35

Estaba agachada, abrazando a la niña que no se llamaba número 119. Dándole golpecitos suaves en la espalda para tratar de no herirla. Estaba desconsolada y se pegaba a mí. Su hermano en cambio, corrió culpabilizándose hacia el interior del bosque. ¡No podía ser! Tenía que ir tras él.

Pero el psicópata Neph volvió a dirigirse a mí. Acusándome de un error en la fiesta de los huevos pintos. ¡Pero si aquello no había sido culpa mía! Yo no tenía ni idea de que los huevos de la Maestra Boisson eran explosivos. – ¡Eres muy injusto conmigo! Yo no sabía que los huevos de pascua podían explotar. – le dije con voz chillona, tratando de defenderme de sus acusaciones sin soltar a la niña, ante el cadáver su padre. Entonces me dio un toque en la frente y explicó que había sido utilizado en autodefensa. – Los sistemas de autodefensa deben corresponderse con la acción del atacante. – repetí la teoría sobre los sistemas que tenía en la cabeza. - ¡Has dejado a unos niños huérfanos sin motivo! ¿Cómo puedes compararte con la Maestra Boisson? ¡Ella nunca haría eso! – defendería a la maestra a capa y espada. Ni siquiera a ella la veía capaz de asesinar al sangre fría al padre delante de unos críos. -Ay, no llores, corazón. – consolé acariciándole la cabeza a la niña que tras las palabras del loco había vuelto a llorar.

Pero el tipo seguía mirando a la niña con ojos desorbitados. Gritándole. Diciendo que se callara. Diciéndole que había destrozado los ojos del padre, acusándola de que los cuervos eran de la pequeña. “La actitud del sujeto se corresponden con la de un demente”. Lo definió NIA. - ¿Por qué le hablas así a una niña que no está haciendo nada? – Y golpeó la pared de la posada con su martillo, lo que me hizo levantarme, asustada. Estaba mal de la cabeza.

El bruto me pidió una pala y, para colmo, dijo que había sido la niña la que había asesinado a su padre, pidiéndome una pala para enterrarlo. -¡Tú mataste a su padre! ¡Violento! – por supuesto. Pero sus comentarios no se detuvieron ahí, ya que lo último que hizo fue lanzarle una amenaza. ¿Curarle la maldición? Aquel tal Neph estaba muerto. “Rachel, saca a la pequeña de ahí”. Me ordenó la inteligencia.

Esa era la gota que colmaba el vaso. Aupé a la niña en mi cuello y le señalé. – Gerrit Nephgerd, si te atreves a ponerle un dedo encima a la pequeña niña que no se llama número 119 o a su hermano, te las verás conmigo. – Respondí, ahora sí, con una amenaza similar y una mirada seria, quizás demasiado falsa pues la cara era falsa, debido a que aún no había ensayado muy bien los rostros para mostrar sentimientos de enfado.

The kid is mine .I.         :

-Tranquila, niña que no te llamas número 119. No te dejaré con un sujeto con alguien con trastorno de personalidad antisocial. Vamos a buscar a tu hermano. – le prometí a la pequeña, que se agarraba desesperada a mí.

Empujé a Gerrit con el otro brazo para apartarla de la pequeña, que seguramente se vería sorprendido como la mayoría de gente por una fuerza desproporcional a mi tamaño, no había ido a hacer daño, simplemente a ganar algo de tiempo.

Con la niña a cuestas me introduje en el bosque. - ¡Espera! – gritó Rodrik, el hombre que decía ser amigo del padre. Estaba claro que se había posicionado de mi lado, al menos hasta que encontrásemos al niño. Tenía que sacarlos de allí y llevarlos con su madre. O con quien fuese, pero no podía dejarlos huérfanos y con un loco suelto rondando los alrededores. – NIA, despliega el rastreador.“Orden recibida” confirmó la inteligencia, y mi vista comenzó a llenarse de circulitos naranjas que se convertían en pisadas en el suelo, pisadas de un niño pequeño. – Mira, ¿ves los círculos naranjas? Sólo tenemos que seguirlos – le dije al hombre.
-Yo no veo nada… - susurró el tipo. Que no entendía nada.
-¡Que sí! Mira, ven conmigo. – dije con una ilusión, señalando los circulitos de NIA debajo de los arbustos. Yo no era consciente de que un simple humano no era capaz de verlos.
¡No hay nada, joder! ¡Estáis todos como una puta cabra! - desesperado. Llevándose las manos a la frente. Sudando.
-Señor, las cabras no son prostitutas. Y yo no tengo cuernos. – le corregí – Así que no puedo ser una puta cabra. Y escúchame bien, no seré yo quien defienda al sujeto Gerrit Nephgerd, es cierto que puede pecar de tener trastornos esquizofrénicos de grado severo, pero jamás será tampoco una “puta cabra”, porque ni es un prostituto, ni tiene cuernos. – comenté algo fatigada, cerrando el monólogo y sin dejar de correr por el bosque.
-Ay madre… dónde me he metido. – comentó el tipo ya resignado. No entendía muy bien por qué ese giro en la conversación.
-No soy tu madre, pero le diré que está usted en el bosque de Tyretus, a seis kilómetros y trescientos cincuenta y cuatro metros de Beltrexus, a una altitud de veintiséis metros y cuarenta y cinco centímetros sobre el nivel del mar y a…
-Vale, vale. Ya me queda claro. Le sigo señorita… - Me interrumpió.
-Roche. – contesté agradecida. - Rachel Roche.

Poco después, sin dejar de correr, terminé encontrando al niño desconsolado tras un árbol, en ningún momento solté a la niña en el suelo, a la que gracias a la fuerza de mi motor pude coger con un brazo, mientras aupaba al que se sentía culpable en brazos. Se sentía culpable por la muerte.

-Ha sido culpa mía… Ha muerto por mi culpa. – sollozaba.
-No, niño número 98. No te martirices, que no fue culpa tuya, corazón. – le dije con una expresión común humana tomándolo en cuello también – Fue culpa del martillo de Neph. Fue él el que le hundió la cara a tu padre. – le dije para tratar de animarlo con la mejor de las intenciones, y lo aupé en cuello. -Estáis a salvo. – y comencé a pensar en posibles gentes. Luego miré a Rodrik. - ¿Qué hago ahora? ¿Los llevo a algún sitio? – le pregunté al hombre, que si era amigo de su padre imaginaba sería alguien fiable.


*Off: He hecho caso al master "a medias". Rachel ve a Gerrit amenazando a una niña y no escucha a Duna, por lo que decide sacarla de ahí. No va a dejarla con un loco que la amenaza después de haber matado a su padre ¬¬. ¡Pero si hay algún problema avisad!
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Re: [Mastereado] El alma de Talisa [Rachel - Gerrit]

Mensaje  Fehu el Dom 28 Mayo - 16:24

Aquel brujo que voceaba a una pequeña e inocente niña atrajo la atención tanto de transeúntes como de los que estaban en la taberna. Pero nadie entendía qué pasaba, ¿qué se había tomado ese tipo para ponerse a gritar semejantes cosas? Ya algunos lugareños musitaban, a una distancia prudencial, que su comportamiento se debía a hongos, alcohol, medicinas… Eso sí, nadie daba un paso adelante para detener a ese hombre que amenazaba a una niña desolada y a la mujer que consolaba a los pequeños. ¿Para qué? Ese tipo tenía un martillo y ninguno quería acabar como el viejo Grenn. Así que mejor ver el espectáculo desde la distancia, a salvo de golpes desafortunados.

La risita de Duna sólo la podía escuchar Gerrit, por tanto ninguno entendía por qué la había tomado contra la pequeña Belly. Nadie más veía a la bruja de los cuervos. -Te dije que no te iba a ayudar… -Canturreó Duna, moviendo su cuerpo a un lado y al otro sin mover los pies, haciendo que se balancease la falda de su vestido. Parecía tan inocente, como si estuviera jugando. Siempre bajo la protección metálica de Rachel. Los cuervos seguían al cadáver que Gerrit tenía en sus brazos y no perdían la oportunidad de seguir picoteando. Y por supuesto, los pájaros invisibles seguían haciendo de las suyas con el brujo.

-Te veré pronto… Cuida tus ojitos. -Siguió canturreando Duna muy divertida, desapareciendo cuando Rachel salió corriendo con Belly en brazos ante el asombro de los ciudadanos que seguían sin moverse, observando como si fuera un espectáculo. En cuanto Belly se fue junto a la cibernética, ni rastro de Duna, aunque sí de sus cuervos, que seguían ahí.

Solo una persona consiguió salir, a duras penas, del semicírculo que habían montado los curiosos. Era un hombre de baja estatura  y muy delgado, ajado por la edad y tenía mutilada la pierna desde la rodilla, se iba sujetando en dos muletas de madera.

-Apartaos, apartaos. -Trataba de pasar. -¡Que os apartéis! ¡Agh! -Por fin consiguió salir de entre la multitud. -¡Callaos y dejad al muchacho! -Ese hombre sí parecía ver que Gerrit no estaba pensando con claridad y que había visto algo. Ya había estado escuchando en la taberna el tema del que hablaban Grenn y Rodrik y sabía que algo pasaba. Pero a él le interesaban otras cosas… Otras cosas que ya no tenía pero que podía conseguir. Carraspeó. -¿Has hablado de una maldición? No negocies con niñas. Sígueme y te ayudaré. Pero aquí no, no quiero contarles mis secretos a esta gente. -No se cortaba a la hora de ser borde con los lugareños. Se dio la vuelta y, cojeando, se salió del semicírculo calle arriba.  -¡Y trae al hombre! ¡Ya lo enterraremos nosotros!

Todos quedaron atónitos mirando la escenita. No conocían a ese tipejo pero ninguno quiso moverse, ni llamar a la guardia, ni nada. Sólo miraban como si la cosa no fuera con ellos. ¿Y meterse en líos? Mejor cada uno seguía a sus quehaceres y se dejaban de problemas, que el martillo de ese hombre había hundido la cara a Grenn y no había falta arriesgarse si ese viejo tullido podía arreglar el asunto. O al menos, sacar al violento brujo de allí.

El viejo se detuvo para mirar si Gerrit lo iba a seguir o no, aunque no se molestó siquiera en ocultar una sonrisa traviesa de medio lado, mirando al brujo y al cuervo que seguía posado en él. -Vamos, chico. Ya soy viejo, no puedo esperar mucho.


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La pobre Belly no paraba de llorar, sin entender por qué ese hombre gritaba tanto. Agarró a Rachel con fuerza porque era la única que la estaba ayudando. Aunque consolar no era lo suyo, pero sí la protegía, incluso cuando su hermano salió corriendo. ¡Siempre estaba huyendo! Abrazó a la mujer y, por suerte, se alejaron de ese tipo tan odioso. Rodrik con ellas, otro punto a favor. Conocía bien al amigo de su padre, pasaban tiempo juntos, así que Rodrik era otro apoyo para la pequeña, aunque tampoco entendía nada de lo que pasaba y simplemente se limitaba a seguirlas. Y también se limitó a callarse, pues su conversación con la biocibernética no llegaba a buen puerto. ¿En serio era tan literal?

Aun así era muy bueno tener a la mujer, pues en poco tiempo encontró al pequeño, que sollozaba detrás de un árbol. Matie se abrazó a Rachel igual que su hermana, aunque seguía repitiendo la misma frase, cada vez más nervioso.

-Ha sido mi culpa… ¡Ha sido mi culpa! -Lloraba el pequeño. Belly apoyó la cabeza en el hombro de la mujer con cuidado y, secándose las lágrimas con el dorso de la mano llamó la atención de su hermano, que estaba en el otro hombro, tratando de mantenerse con calma, aunque se notaba que no podía. Le temblaba la barbilla y aún lloraba.

-Sí, sería mejor llevarlos a casa. -Comentó Rodrik agachándose para ayudar a Rachel a cargar a los niños. El inocente lugareño no pensaba en la fuerza que podía tener esa chica.

-Matie, mira las flores… Son bonitas. En el bosque hay muchas. Míralas. -Susurraba para tratar de tranquilizar al pequeño. -Mira las flores, Matie. Luego podrás pintar más y si te quedan bonitas le regalas un dibujo a esta mujer.

Rodrik sabía ese ritual para calmar al joven Matie. Era un chico que se ponía nervioso con muchísima facilidad y entraba en un bucle del que no  conseguía salir. La muerte de su padre de forma tan traumática estaba desencadenando en él un estado de nerviosismo descontrolado, que Belly trataba de calmar, dejando apartado su propio dolor.

-No quiero mirarlas…Las flores no pueden hacer que papá resucite.

-Eso no se puede… -De pronto a Belly se le hizo un nudo en la garganta que impidió que siguiera hablando y abrazó a Rachel con más fuerza.

-Blazh me ha dicho que sí.

El silencio más incómodo se hizo presente en el bosque durante segundos.

-Vamos a casa, chicos, necesitamos descansar un poco todos. -Sentenció Rodrik. -¿Necesitas ayuda, señorita Roche? -Ahora parecía más serio que antes. Belly tendió los brazos al amigo de su padre para irse con él y que la mujer no cargase con tanto peso.

Apenas unos minutos después de empezar a caminar hacia el poblado, Matie aprovechó la cercanía con la joven biocibernética para pedir algo.

-¿Me ayudas? Tú puedes ayudarme… Pero tienes que ser un secreto entre nosotros. -Susurraba en su oreja. -Quiero que mi padre vuelva. Eres la única que puede ayudarme, Blazh me lo ha dicho. Y él nunca se equivoca. Vámonos nosotros solos y ayúdame, por favor.

Mientras tanto, alguien oculto en el bosque vigila a los que entraron.


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Gerrit: Efectivamente, el chantaje no funciona. No con Duna. A ella le sigues pareciendo muy divertido. Aunque gracias a eso te has librado de Rachel y de la niña que tanto te quiere.
Duna ha desaparecido (por ahora), junto a la biocobernética. Pero en su lugar ha aparecido otra persona que parece que puede ayudarte... O no. Será cosa tuya averiguar las intenciones del nuevo personaje que ha aparecido en escena. Parece muy dispuesto a sacarte de ahí a pesar de que hayas matado a alguien.  
Tendrás que elegir si ir con el nuevo hombre, que dice que puede despojarte de tu maldición, o seguir a Rachel. Ten en cuenta que Duna se ha ido con ella... En caso de ir elegir esta opción, los encontrarás.
No podrás usar al nuevo hombre.

Rachel: ¡La salvación de los pequeños! Si no fuera por ti seguramente acabarían como su padre, con la cara hundida. ¡Y no pueden morir tan jóvenes! Has hecho bien en ir a buscar al pequeño Matie, el bosque no es un lugar donde deban estar los niños solos. Aunque. ¿están solos de verdad?
Te estás ganando la confianza de los pequeños, tanto es así que el niño te está pidiendo ayuda en secreto. ¿Qué harás? ¿Escuchar lo que te dice y ofrecer tu ayuda? ¿O decirles a Rodrik y Belly lo que te está diciendo Matie?
En caso de ayudar al niño deberás disimular ante los demás, algo guarda, te lo está contando en voz muy bajita. ¿Y quién es ese Blazh?
Tú puedes sentir que, efectivamente, hay alguien en el bosque. Aunque no lo verás. No aún. También tienes la opción de hacérselo saber a tus acompañantes. Confío en que elijas la mejor opción, querida Rachel.
Podrás usar a Belly y a Rodrik, pero no a Matie.




Todas las vidas tienen un precio. ¿Pagarías por la tuya?
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Re: [Mastereado] El alma de Talisa [Rachel - Gerrit]

Mensaje  Gerrit Nephgerd el Dom 18 Jun - 17:51

No, no necesitaba enterrar al hombre que acaba de matar. Miré al nuevo hombre que venía desde la multitud con un gesto de vacilación.  Rachel se llevaba a Duna por el lado contrario por el que hombre venía. La opción de perseguir a las chicas era tentadora, la preferida de Suuri. Si me quedé en el sitio, sin dar ni un solo paso, fue por la aparición de aquel nuevo hombre. ¿Otra víctima inocente de la maldición de Duna? De ser así comprendería que no necesitaba enterrar el cadáver; me bastaba con sacarle los ojos (Es lo más preciado).

Con la mano derecha, hice una señal al desconocido para que me esperase.

Eché el cadáver en el suelo y me arrodillé a su lado. No tenía guantes ni pinzas, mis propias manos me bastaban para coger los ojos del muerto y arrancárselos de un golpe. Sentí los picos de los cuervos invisibles rasgarme la piel como si me la estuvieran arrancando a tiras. El dolor se concentraba en las manos sucias de sangre, pus y otros líquidos desconocidos que empezaron a salir de los orificios donde deberían estar los ojos del cadáver. Mis manos comenzaron a pesar cada vez un poco más. Podía diferenciar muy bien el peso de los ojos con el que producían los picotazos de la maldición. Me mordí el labio inferior para contener el dolor. Muy lentamente, no podía mover los brazos más deprisa por culpa del dolor, puse los ojos en mi pequeña bolsa de cuero donde guardaba los aeros.

-Ya no hace falta que carguemos con él-.

Las piernas las tenía entumecidas. Quizás por la mala posición en la que me había arrodillado o, más probable, por los cuervos invisibles que seguía sintiendo por todo mi cuerpo. Me levanté con la misma lentitud con la que había metido los ojos en la bolsa y seguí al viejo a cual fuera el lugar donde me tenía que llevar. A estas alturas, no esperaba un milagro ni un héroe salvador que me quitase la maldición de los cuervos. Lo había probado y, al final, lo mejor para adormecer los cuervos fue el alcohol. Tenía que ser del fuerte. El más fuerte que podía robar o comprar. La bebida era mi milagro y mi salvador, no un viejo que no sabía ni siquiera mantenerse en pie.

Bajé mi cabeza para y reí sarcásticamente al darme cuenta que estaba siguiendo al viejo cojo. No caminaba mejor que él. Lo mío tenía una excusa, era porque una bandada de cuervos invisibles me estaba devorando sin dejar marca; lo del viejo parecía ser fruto de la debilidad y la edad.

-¿Sabes? Todo sería mucho más fácil si me dijeras dónde me llevas- Si me lo dijera, podría calcular, más o menos, cuánto tiempo más debía seguir haciendo fuerza para caminar sin aullar de dolor.
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Re: [Mastereado] El alma de Talisa [Rachel - Gerrit]

Mensaje  Rachel Roche el Mar 20 Jun - 20:45

No había manera de consolar al pequeño Matie. Poco podía hacer más que cargar con él y tratar de calmarlo. Era entendible. Gerrit Nephgerd había aplastado la cabeza de su padre y había intentado hacer lo mismo con la niña. Estaba loco y le haría pagar por ello. El brujo había hecho alusión a la fiesta del Ostara. Pero aquello fue diferente. Un accidente inintencionado fruto de una mala broma de Jules Roche. Cuando ya estábamos lo suficientemente lejos de Gerrit Nephgerd posé al niño en el bosque, que seguía llorando, como dirían los humanos, como una magdalena.

Pero la niña sí que sabía como consolar a su hermano. Lo posé en el suelo para que lo intentara y lo cierto es que logró tranquilizarlo. Escuché su conversación mirando a uno y otro, según hablaban. Lo hacían de manera tan atolondrada que me resultaba difícil seguir el hilo de la conversación y centrarme en uno o en otro. Mi cuello no daba a basto a tanto giro.

Todos guardaron silencio cuando el pequeño Matie pronunció un nombre: Blazh. Un hombre que, supuestamente, podría resucitar a su padre.

Pero ni la niña que no se llamaba número 119 ni Rodrik se pronunciaron al respecto. Es más. Preferían pasar página acerca de lo ocurrido. ¿Qué ocurría? NIA abrió un fichero en la base de datos donde guardaría información acerca del sujeto Blazh, conforme fuera obteniendo información de la vida y obra del mismo. Interesante, cuanto menos.

-Noto un cambio emocional en usted, señor Rodrik. Y también en la pequeña niña que no se llama número 119. – y la señalé con el índice. – Ambos derivados a partir del nombre de Blazh. ¿Qué esconde este nombre? – pregunté mirándole a los ojos, con ellos abiertos como platos. NIA se encontraba analizando sus expresiones y facciones de cara a proporcionarme un mejor informe psicológico de su estado actual.

Si me contestó, no le hice mucho caso, pues algo había que llamó mi atención, o más bien la de NIA. Tras unos árboles, La inteligencia percibía movimiento. En mi vista se generaron los clásicos círculos azules de identificación de entidades que utilizaba NIA para una primera aproximación de raza, sexo o rasgos. Mantuve mi mirada en ellos esperando que NIA completase el escaneo, pero la circunferencia nunca se llegó a completar pues desaparecieron de mi campo de visión. Aún así, estaba claro que había algo. Y no dudé en advertir al resto. – Hay algo tras los árboles. - y señalé la zona. Haciendo una pausa. – Pero será algún animal. – supuse restando importancia. A fin de cuentas, era común encontrarse animales en el bosque de Beltrexus. Los tenía bastante recorridos. – Devolvamos a los niños a casa. – comenté, dirigiéndome a aupar al pequeño Matie en brazos mientras Rodrik tomaba a su hermana.

El pequeño comenzó a decir que quería que su padre volviera. E insistía en que el tal Blazh podía ayudarles a resucitarle. Diciendo que nos fuésemos solos. Manteniendo el secreto. Me quedé pensativa unos instantes, con él en brazos, mirándole a los ojos. - ¿Estás seguro de que se puede resucitar un muerto, pequeño Matie? – pregunté. Qué tontería. ¡Pues claro que se podía! ¿Qué era yo más que una resurrección? Aunque no tenía recuerdos ni de cómo había muerto ni si verdaderamente algún día lo hice. Tendría que preguntarle algún día a Jules Roche como ocurrió todo con detalle. – ¿Blazh te ha dicho que concretamente “yo”, Rachel Roche, soy la única que puede ayudarte? – enfaticé en esta palabra. Había analizado su sentencia a la perfección. – Es extraño. No dispongo de archivos de ningún Blazh en mi base de datos. Me resulta extraño que un sujeto con ese nombre me conozca. – aunque tal vez me hubiera equivocado en la interpretación. – Pero guardaré el secreto. Te lo prometo. – le sonreí. Tenía que complacerle, había perdido a su padre. “Contrato de confidencialidad almacenado” confirmó NIA. Era una espía, a fin de cuentas, y tenía capacidad para guardar secretos.

Pero mi código de conducta no me permitía llevarme al niño sin decir nada al respecto. Si Gerrit había cometido un delito de homicidio, no iba a ser yo quien cometiese un delito de secuestro.

-Señor Rodrik. Voy a llevarme a Matie a ver al señor Blazh. Debemos ir solos. Él y yo. Solicito su autorización para ello.– le pregunté con educación, sonriente. Con el pequeño a cuestas.
-¡¿Qué?! ¿Por qué quieres llevártelo? – preguntó.
-Me temo que no puedo proporcionarte esa información. Es un contrato de confidencialidad entre el pequeño Matie y yo que no me permite comunicarle el mensaje salvaguardado a nadie. – Expliqué con cordialidad, sonriéndole. El mensaje guardado era literalmente: “Quiero que mi padre vuelva. Eres la única que puede ayudarme, Blazh me lo ha dicho”. - Simplemente necesito tu autorización para llevarme al pequeño. ¿Me la otorgas?
-¡Estás como una regadera! – expresó su opinión. ¿Cómo interpretaba aquella respuesta? Giré la cabeza desconcertada.
-¿Pero por qué se lo ha dicho, señorita Rachel? – me preguntó el pequeño molesto dándome golpecitos en el pecho. ¿Por qué se enfadaba? ¡Si le había guardado el secreto!
-No se lo he dicho. Repasa el secreto que me has pedido guardar, pequeño Matie. – le negué. Aunque perdí algo de tiempo sin moverme que tal vez Rodrik podría aprovechar para reprenderme. ¿Me dejaría llevarme al pequeño?
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