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El botón de cerezo [Consultorio de Medicina / Taller de Alquimia] [Ashy]

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El botón de cerezo [Consultorio de Medicina / Taller de Alquimia] [Ashy]

Mensaje  Ashryn Elaynor el Jue Mayo 11 2017, 11:55


En uno de los barrios acomodados de la ciudad de Lunargenta se encuentra una hermosa casa, la cual perteneció a un médico respetable años atrás. La gente solía llamarlo ‘‘El sabio’’ por su maravilloso trato para con sus pacientes y sus inmensos esfuerzos por mejorar la salud de los habitantes de la ciudad en base a los grandes conocimientos que poseía. Tenía una fama que se extendió rápidamente y muchas personas venían de lejos solo para que él las tratase. La jugosa colección de libros de su biblioteca había sido codiciada por muchos, pues algunos de esos tomos contenían investigaciones hechas por su propia mano, solo que hasta el momento nadie había sido capaz de entender los misteriosos aportes escritos por el famoso Doctor Lestrade, ni siquiera su adorable hija, quien terminó entregando toda su vida al trabajo de la salud fue capaz de descifrarlos.

Jenny Lestrade no había heredado la pasión de su padre para la investigación, pero amaba a las personas y encomendó su tiempo al trabajo como doctora en el hospital de Lunargenta. Nunca se casó y tampoco llegó a tener hijos, para ella su vida era el hospital y el cuidado de los enfermos, pues consideraba que eso era de mayor importancia que cualquier otra cosa. Se ganó la fama de ser una mujer intimidante, pues exigía demasiado de los aprendices de medicina, aterrorizando a algunos y corriendo a otros. Finalmente encontraría a una ingenua e inocente joven, quien rápidamente se ganaría su cariño con su ternura y dedicación. Jenny no había visto antes a alguien con la habilidad de aprendizaje de la pequeña Elaynor y casi podía jurar que tenía el mismo brillo de inteligencia que su padre poseía en la mirada.

Con el tiempo llegó a considerar a Ashryn como la hija que nunca tuvo y siendo consciente de que no le quedaría mucho tiempo de vida, le heredó a la joven aprendiz la casa donde había vivido toda su vida, confiando en que la rubia haría sería capaz de lograr grandes cosas, aunque ella no estaría ahí para verlo. Jenny partió para Roilkat, dejando a la elfa con la promesa de que volvería en un tiempo determinado, solo que esta promesa jamás sería cumplida, pues sus días estaban condenados por una misteriosa enfermedad. Claro que la agradable aprendiz no lo sabría jamás y aunque le dolía desprenderse de su querida amiga y de la casa de su padre, era consciente de que nadie haría un mejor uso de su hogar que la joven. Le parecía un pequeño botón de cerezo al que le faltaban unas primaveras para florecer y fue así como terminó cambiando el nombre de ‘‘El sabio’’ a ‘‘El botón de Cerezo’’, en honor a ella.

En la planta baja del inmueble se pude observar una pequeña estancia; al lado izquierdo se encuentran dos puertas que llevan a la sala, la cual había sido remodelada por Jenny antes de su partida, para volver a montar el consultorio de su padre en antaño y que Ashryn hiciese el mejor uso de él. Del lado derecho se encuentra la puerta que lleva a la acogedora cocina y al comedor. Las escaleras se hallan a la mitad de la estancia, barnizadas por un hermoso tono chocolate.


Estancia:

En la planta alta se encuentra la maravillosa biblioteca del Doctor Lestrade, en cuyo interior cuenta con un pequeño cubículo equipado para la creación de experimentos e investigaciones. La segunda planta posee también dos habitaciones y dos baños. Ashryn se queda ahí de vez en cuando, aunque se ha concentrado en traducir los diarios del Doctor Lestrade, ocasionalmente atiende a algunos pacientes y ha empezado a incursionarse en el arte de la alquimia.


Biblioteca:


Taller Lujoso: 900 aeros. Tu taller es reconocido por su tamaño y elegancia, ubicado en un sector prominente de una ciudad. ಥ_ಥ


Sector prominente:


Lista de precios: -En construcción- (Por el momento me enfocaré en el tratamiento de heridas y/o maldiciones)
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Re: El botón de cerezo [Consultorio de Medicina / Taller de Alquimia] [Ashy]

Mensaje  Ansur el Vie Mayo 12 2017, 03:23

ACTUALIZADO
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El regalo de los Cuervos

Mensaje  Asger Björn el Jue Mayo 25 2017, 08:08

Una palabra. Cuervos. Cuervos, cuervos y más cuervos. Aún podía sentir el daño colateral de los picotazos de esos pequeños demonios por todo mi cuerpo. Cuando desperté ciego del ojo derecho y con un fuerte dolor de cabeza, reposaba en la cama de una habitación con paredes de madera. ¿Dónde diablos estaba? La respuesta no me la dio el longevo trayecto de dolor que implico incorporarme. Desde la amplificación del dolor de las heridas de mi brazo izquierdo al usarlo como apoyo, pasando por el mismo dolor a través de todo mi torso, mi sorpresa ante la falta de respuesta de mi brazo derecho, hasta el peso que representaba la inminente explosión de mi cerebro. Intente aplacar el dolor de cabeza al apoyar mi frente en la palma mi mano, hallando en el proceso el motivo de mi ceguera: vendas cubren toda la zona de mi ojo derecho y obstruyen mi visión. Mi brazo derecho también esta hasta arriba de vendas y el resto de mi cuerpo está repleto de parches. Me disponía a retirar el vendaje justo antes de ser interrumpido por la apertura de la puerta de la habitación en la que me encontraba. Un hombre de avanzada edad, tez blanca y ropas simples entro a la habitación, tras formar un berrinche quejándose de lo mucho que se esforzó en vendarme, me explico que me había encontrado hecho mierda en el bosque esta mañana. Los recuerdos de los eventos de la noche pasada volvieron a mi mente.

Había ido a visitar Beltrexus cuando me tope en mitad del bosque con esa macabra niña y sus molestas alimañas. Buscaba a un vampiro neófito que aparentemente era el responsable del ataque de un hombre que encontré tirado en el camino, la niñata dotada con los dones de la magia elemental compartía mi misión. Vaya sorpresa me lleve cuando me entere que la verdadera causante de todo era esa pequeña diablilla y me dispuse a detenerla, me importo una mierda que se tratara de una niña, bastante me enseñaron en mi clan que la maldad más grande viene en pequeños paquetes. Logre pillarla con la guardia baja e intente estrangularla, pero ella aplaco mis intentos quemando mi brazo con sus manitas en llamas, al final me vi obligado a lanzar su cuerpo contra un árbol, pero la muy hija de puta me golpeo con otra onda flamígera que impacto de lleno en mi rostro y logro un grito de dolor de mi parte. Cuando abrí con dificultad mi parpado derecho, una especie de humo gris nublaba mi visión y me impedía ver bien lo que pasaba a mí alrededor. Sentía la carne de mi brazo derecho consumirse al paso de las llamas y los tejidos de mi piel incinerarse, por otro lado mi brazo no mostraba respuesta alguna, no podía moverlo.

Me recuperaba del ardiente beso de la llamarada cuando aquellos espantosos cuervos empezaron a chillar como locos a un nivel que desestabilizaba mi razón. Acto seguido, sentí como centenares de agujas empezaban a clavarse y a desgarrar trozos de mi piel, una bandada de pajarracos descendió sobre mí y empezaron a azotarme con sus picos. Intente enfrentarlos con mis piernas y el brazo que no había sufrido por la llamarada, no podía ver a mis atacantes entre mi nublada visión y el camuflaje de su oscuro plumaje en la negrura de la noche, aun así creo que llegue a darle a alguno, pero todo fue sencillamente inútil. Solo tuve la opción de huir. Correr, correr hasta que las piernas dejaran de responderme. Los cuervos no dejaron de perseguirme. Lo siguiente solo es un tropiezo y luego... una densa oscuridad. Imagino que ahí es donde entra el tierno anciano en escena.

Las heridas habían representado demasiado para el anciano, así que solo se limitó a vendarlas para evitar infecciones y detener temporalmente el sangrado. Aún necesito de atención médica, no puedo permanecer con un brazo inútil toda la vida. Así que, en un abrir y cerrar de ojos, ya me había despedido del hombre llamado Gerardo y me encontraba en una embarcación rumbo a Lunargenta para buscar a alguien que pudiera lidiar con la gravedad de mis heridas. El viaje transcurrió con calma y sin contratiempos, aun no anochecía cuando ya habíamos desembarcado y me encontraba en busca de algún lugar donde pudiera encontrar un curandero.

Y todo eso me lleva finalmente hasta este punto, mi búsqueda me había traído hasta está bien construida vivienda, El botón de cerezo. Sin embargo, por algún motivo, no tengo el valor para llamar a la puerta... ¿por qué? ¿Qué hay detrás de las paredes de esta casa? ¿Por qué esta extraña sensación? Es como si el destino recorriera mi espalda lentamente con sus brazos y desatara un millón de escalofríos por todo mi ser. El corazón se me dispara cuando alzo el puño para llamar a la puerta, me lo pienso mil y un veces. No tengo que hacerlo, siempre puedo ir a otro lugar, ¿no? Más no creo que pueda vivir sabiendo que no tuve la osadía para descubrir lo que se hallaba en este lugar. Tras armarme de valor, golpeo finalmente la madera de la puerta. Necesito distraer mi mente con algo y desplazar esta inexplicable sensación, así que me dedico a retirar lentamente las vendas de mi brazo. Tras un buen rato en el que no me di la vuelta para marcharme, solo porque aún no concluía mi labor de retirar los vendajes, escuche la puerta abrirse.

— ¡Finalmente! Como veras estoy hecho polvo y necesi- —fue lo único que alcance a decir antes de alzar la mirada y encontrar la respuesta a toda esta inquietud. A primera vista no reconozco a la mujer que se encuentra frente a mí, pero, al observar detenidamente las facciones de su rostro y esos orbes azul cristalino llenos de ilusión, su imagen empieza a resultarme familiar. Quizás me estoy equivocando, quizás solo es él jugandome más bromas. Mas todas las dudas desaparecieron al mirar como el rostro de la chica adquiría lentamente un característico tono carmesí. Por un minuto vuelvo a estar abordo de aquella embarcación de piratas. Por un minuto veo a esta chica con el cabello azul y dejando un rastro de agua a su paso. Por ese minuto todo vuelve a empezar, los nervios, el acelerado latir de mi corazón, perderme en el universo que oculta su mirada, el placer masoquista de perder el control de mis acciones. Por ese minuto ninguno de los dos se atrevió a dar el primer paso para romper este silencio eterno, hasta que yo logre reunir todas mis fuerzas para finalmente articular una frase. — ¿Ash...? —pregunte expectante. Necesitaba oírlo de sus labios, solo ella tenía la palabra final. Me burlo internamente de mí mismo, me prometí mil veces no acercarme a ella y aquí estoy, deseando con ansias que esta mujer me confirme que es aquella dama que tomo sin permiso el completo control sobre mi lado bestial. No lo admitiré, pero me alegra volver a verte.
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Re: El botón de cerezo [Consultorio de Medicina / Taller de Alquimia] [Ashy]

Mensaje  Ashryn Elaynor el Vie Mayo 26 2017, 03:07

Ese día en particular había decidido quedarse en su consultorio y darle un poco de uso, pues desde que su mentora se lo heredó solo había estado ahí para atender a uno que otro paciente, y darle el mantenimiento adecuado. Sentía que era momento de disponer de él en su totalidad. Total, su mentora no volvería en una buena temporada y había que darle seguimiento al tratamiento de algunos pacientes, algo que en el hospital no podría hacer con la cantidad de trabajo que ahí había. La mañana transcurría con tranquilidad, solo tres personas habían ido a buscarla y ahora casi terminaba de preparar algunas medicinas de reserva, aprovechando que tenía algo de tiempo. Casi había terminado, cuando el sonido de la puerta llamó su atención, haciéndola dejar su labor para atender a que necesitara de sus servicios.

Abrió con una sonrisa, pensando que sería algún aldeano común, pero realmente no se esperó que fuese ese joven con quien se encontrase. Su cuerpo se paralizó, mientras los orbes azulados se encontraban con los hermosos ojos color avellana del caballero, dejándola completamente en shock. Su corazón comenzó a latir con fuerza y sus mejillas obtuvieron ese característico color carmín, que aparecía cada que él estaba cerca. Había esperado mucho para volver a verlo y ahora todo aquello parecía una especie de ilusión, pero lo que más captó su atención fue el semblante del muchacho, pues realmente parecía que la había pasado muy mal. No sabría qué tan graves eran las heridas de su cuerpo, necesitaría examinarlo exhaustivamente y así buscar una mejor forma de ayudarlo. La voz del joven la trajo de vuelta a la realidad, pronunciando su nombre con aquella voz que a ella tanto le gustaba.

—Yomo… —susurró desconcertada. ¿Cuánto tiempo habían estado en silencio? Ni siquiera lo sabía—. Eres tú… —Aquello parecía más una pregunta que una afirmación, pero iba cargada con un extraño tono de necesidad—. ¡Por Imbar! —Le tomó la mano, volviendo a centrarse en las heridas de su cuerpo—. Por favor...entra, te revisaré de inmediato.

No le daría tiempo de negarse, necesitaba hacer algo para ayudarlo y pronto. El único problema sería no ponerse nerviosa ante toda aquella cercanía, especialmente ahora que había olvidado que no le había soltado la mano ni un solo momento. Extrañaba esa calidez que él emanaba, aunque ahora la prioridad era sanarlo a como diese lugar. La de orbes cristalinos tuvo que esconder el gesto de sorpresa que le supuso ver todas las heridas que su compañero tenía. Quemaduras de diversos grados, heridas abiertas, inclusive habían llegado a afectarle uno de los globos oculares, al menos era lo que podía vislumbrar en su rostro, aún faltaba ver qué tan grave estaba la situación bajo los vendajes. Debía darse prisa y trabajar, pues conforme más tiempo pasase, más sería el riesgo de infecciones. Le acarició la mejilla con una sonrisa, tal y como lo había hecho en el Mary, asegurándole que todo estaría bien, aunque en el fondo estuviese sumamente preocupada por él.

—Parece que tuviste algo de diversión —intentó bromear, mientras bañaba algunas franelas en una infusión de agua fría con algunos agentes antibióticos—. Es un efecto de cruzarse con Bio —tomó asiento frente a él, dejando la bandeja en un taburete cercano—. Nuestras vidas se ven de cabeza —volvió a sonreírle—. Recuerda como nos fue en el barco de queleas… —levantó un poco la cabeza para observarle—. ¿Puedes mover el brazo…?

Hablaba de más para mermar los nervios que comenzaban a aparecerse, delatándose en sus mejillas. Y es que no le era sencillo controlarse cuando lo tenía tan cerca, además de que debería despojarlo de las vendas que llevaba sobre su cuerpo y si no quería perder la poca profesionalidad que había demostrado, tendría que hallar la forma de no distraerse. Con cuidado comenzó a quitarle los vendajes con los que lo habían envuelto —porque estaba claro que en su estado no habría podido hacerlo él solo— y el alma casi se le cayó al suelo. La situación era más difícil de lo que se imaginó, pero nada que no pudiese solucionar. Una vez que lo despojó de las vendas, comenzó a limpiar las heridas con mucho cuidado, cuidando siempre que el agua fría cayese en las quemaduras. No lo iba a negar, estaba reservando su magia para lo que consideraba más laborioso y esperaba que el muchacho no la riñera por eso.

Una vez que se aseguró de darles el tratamiento inicial a las quemaduras y de detener momentáneamente el sangrado de las heridas, aplicó un ungüento de Culúrien sobre las zonas dañadas, esto evitaría las infecciones que pudiesen generarse por la exposición y ayudaría a que la piel cicatrizara más rápido. Muchas veces tuvo que morderse el labio inferior al tocar la piel del caballero, sintiendo como el carmín volvía a sus mejillas, haciéndole sentir torpe. Se regañó a si misma por ponerse así en esos momentos y buscó volver a centrarse en su labor. Sobre las heridas sangrantes aplicó un ungüento de Finwë, que finalmente terminaría por parar el sangrado y ayudaría a sanarlas sin importar la profundidad de las mismas. Lo último sería crear una infusión de Míriel, misma que le entregó a su compañero para que bebiese. ‘‘Las tres hermanas’’ eran una combinación maravillosa a la hora de tratar a pacientes con heridas similares.

—N-No es veneno —se apresuró a decir, cuando le acercó el pequeño frasco con la infusión—. Ayudará a tu sistema inmune…

Estaba tan acostumbrada a que Candau le dijera que ella solo buscaba envenenar personas, que terminó soltando aquello de manera inconsciente. Ahora venía la hora de la verdad. Tomó un par de bocanadas de aire, preparándose para lo que estaba por hacer, y volvió a tomar asiento frente a él. Acercó su mano, posicionándola delicadamente, cubriendo el ojo del joven, mientras cerraba los ojos, para controlar mejor el uso de su magia. Una plegaria fue elevada a los dioses en silencio, sanando poco a poco aquel órgano dañado, junto a gran parte de las quemaduras que tenía en el rostro. No había sido sencillo y requirió más magia de la que había calculado, pero finalmente parecía haber conseguido su cometido. Tomó una bocanada de aire, tratando de reponer las energías que había perdido al correr de un lado a otro.

—Solo dame unos minutos y estaré como nueva para seguir —le sonrió, alegrándose de ver el apuesto rostro del joven libre de las quemaduras—. ¿Cómo te sientes?

Volvió a acariciarle la mejilla. Parecía que ese contacto se había vuelto usual en ella, aunque a esas alturas decirle que se alegraba de verlo solo haría que sus mejillas se tiñesen aún más y que el nerviosismo se apoderase de ella, por lo que solo atinó a apartar la mano y desviar la mirada con timidez. No podía permitirse perder el control, especialmente cuando tenía un brazo que sanar y magia que recuperar para lograrlo


''Las tres hermanas'':

Culúrien
Finwë
Míriel

Yomito hermoso, perdón por metarolearte tanto ;w; si hay algo que no te guste, por favor avísame para editar <3
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Re: El botón de cerezo [Consultorio de Medicina / Taller de Alquimia] [Ashy]

Mensaje  Asger Björn el Dom Mayo 28 2017, 04:02

Paralizado, congelado, aturdido y otras tantas palabras que puedo usar para describir mi incapacidad para reaccionar y el estado de éxtasis en el que me encuentro al verme reflejado a través de sus ojos. Es ella, ¡claro que es ella! No me decido entre estar alegre y disfrutar de volver a sentir todas estas emociones que despierta la hermosa dama frente a mi, o estar preocupado por lo que esas emociones puedan desatar, me veo tentado a optar por la primera opción —vamos, que en este estado no podemos hacerle daño a nadie, ¿cierto?—, pero justo has vuelto a hablarme y recuerdo que no debo subestimarte, muchas gracias. Aunque siempre me mantuve en la posición de evitar volver a verla, eso no quito el hecho de que imaginé miles de veces nuestro reencuentro. Nunca pensé que sería algo así, se suponía que me las arreglaría para esfumarme apenas le detectara, pero ahora preciso de su ayuda y no tengo otra opción que enfrentarle —venga, acepta que no tienes ningún problema con que ella trate nuestras heridas—. ¡Cállate! Que preferiría no estar en este estado, no quiero que tenga que preocuparse por mí.

Antes de que pudiera decir algo más, ella se percato de mis heridas. Una vez cruzara esa puerta ya no había vuelta atrás, más no pude hacer absolutamente nada para impedir que ella me llevara al interior de su consultorio. No se que aplaco mi voluntad, quizás fue el dolor del contacto entre su mano y la sensibilidad de mi piel por las quemaduras, o quizás fue la agradable sensación que el mismo contacto producía. No importa realmente, ya estoy aquí y debo arreglármelas para mantener el control con toda esta —agradable cercanía—. ¡Por amor a todos los dioses! ¡Silencio! Ash me llevo a la sala donde pude finalmente tomar asiento, con toda la caminata y el molesto dolor de las heridas ya estaba molido. La elfa me permitió volver a gozar de la suave caricia de la palma de su mano contra mi mejilla. Si, he dicho gozar, ¿algún problema? Justo antes de retirarse a preparar todo para iniciar el tratamiento.

— Ja. Y que lo digas. —respondí recordando a los malditos cuervos. — En efecto, me cruce con Bio un par de días antes de terminar así. —reí agradeciendo que se esfuerce en entablar una conversación, hablar me ayuda a mantener el control. O bueno... lo hizo hasta que me hizo recordar mi experiencia en el Mary. — Siempre pienso en eso. —se escapo de mis labios. Ella se refería a todas las desgracias que nos causo Bio, pero él me hizo decirlo refieriendose a nuestros momentos con ella. — N-no —me apresure a responder. Uff... gracias al cielo ella no lo ha notado.

Maldita sea, esto es más difícil de lo que pensé. Con solo conectar nuestras miradas por un segundo, se dispara una corriente que él aprovecha para hacer de las suyas —vamos, no me hagas ver como el malo, no he hecho nada que no te haya gustado, ¿o si?—. P-pues... mierda. Ash procedió a retirar mis vendajes, un proceso en el que no podía arriesgarme a mantenerle la mirada y me vi obligado cerrar los ojos para conservar el pequeño atisbo de autocontrol que poseía. Al abrirlos nuevamente me encontré con una imagen distorsionada de la realidad, mi ojo izquierdo no tenia inconvenientes, pero las imágenes que reunía mi ojo derecho eran borrosas y percibía los colores en tonalidades diferentes, las imágenes se mezclaban volviendo muy limitada y desordenada mi visión, casi no podía percibir a la elfa frente a mi. Odio las quemaduras, no existen heridas más molestas que las malditas quemaduras, pero esta vez les agradezco que me ayudaran a desplazar de mi mente a la dama que hábilmente trataba mis heridas. Apretar los dientes era lo único que podía hacer para reprimir los quejidos de dolor por el contacto de la tela con la herida, y el ardor del agua fría infundida con antibióticos contra la sensible piel quemada. Finalmente ella aplico un par de ungüentos sobre las heridas, estaban fríos y generaban un leve ardor que fue opacado por mi intento de no mal interpretar el tono rojizo de su rostro. Conocía esta combinación, mi abuelo me comento de ella y su efectividad en este tipo de casos, solo falta Míriel para completar a "Las Tres Hermanas". Ash no tardo en traerme el componente final. Levante una ceja con ironía ante su comentario.

— ¿Por qué sería un veneno? —reí sin entender a que se debía ese comentario. — Solo has sido amable conmigo desde que nos conocimos. —comente sincero recibiendo la infusión de sus manos. — Jamás pensaría eso de ti. —finalice sin oponerme a la influencia de él, quise tomar un pequeño riesgo justo antes de ingerir la bebida medicinal.

Ash volvió a tomar asiento frente a mí y cerro los ojos antes de elevar la palma de su mano y posicionarla delicadamente sobre mi parpado dañado, haciéndome cerrarlo en el proceso. Lo siguiente que ocurrió fue extraño. De pronto una energía sagrada recorrió toda la zona que había sufrido daños y lentamente empezó a recomponer todo aquello que había sido consumido por las llamas. En el momento en que ella concluyo lleve mi mano hacia mi rostro para comprobar que había sido sanado, efectivamente, no había ni rastro de las quemaduras por ningún lado. Abrí lentamente el parpado para encontrarme con mi visión recompuesta, y vaya que gozaba de una buena primera imagen con el hermoso rostro de la elfa que me hacía perder el control con una simple caricia. Pensándolo bien, aún no tengo idea de porque su apariencia ha cambiado tanto, no es que me desagrade su nueva imagen —al contrario, siempre nos han molado las rubias—, pero me intriga semejante cambio. Me percato de algo, ella parece estar agotada. No puedo evitar sentirme culpable por su actual estado, no soy usuario de la magia, pero imagino que debio esforzarse demasiado sanando mi visión.

— Eso no importa. —afirme restándole importancia a mis heridas. Yo podría estar al borde de la muerte, pero el bienestar de esta elfa valía mucho más para mí. — ¿Como te sientes tu? —pregunte con preocupación antes de recibir su caricia.

Su mano se aparto antes de lo esperado y sus ojos huyeron de los míos. ¿En serio se encuentra apta para continuar con esto? Mi siguiente acción no fue forzada ni influenciada por el otro habitante de mí ser, yo mismo decidí rodear su cuello con mi único brazo disponible y atraerla hacia mi pecho para cerrar el espacio que nos separaba en un abrazo. No me importaron las consecuencias, no me importo el ligero dolor que sentía en su no intencional tacto sobre las quemaduras de mi brazo derecho. ¿Por qué lo he hecho? ¿Con que fin? No sé la respuesta, solo tengo un implacable deseo de proteger a la dama que tanto se ha esforzado en curar mis heridas. Tengo la sensación de que debería decir algo, pero prefiero mantener un rato el silencioso pero agradable ambiente y disfrutar de este cálido contacto entre nuestros cuerpos. Deje reposar mi mentón suavemente sobre su cabeza mientras me perdía en lo que pareció ser una eternidad, hasta que nuevamente me encargue yo de romper el silencio que los dos manteníamos.

— No quiero que continúes con esto. —le susurre al oído como si le contara un secreto, un secreto que, a pesar de estar completamente solos en la habitación, alguien más podía escuchar. — Prometo que volveré mañana, solo no te fuerces más. —volví a susurrar.

Me sorprende lo que estoy haciendo —a mi también, que conste que todo lo has hecho tu, yo no he tenido nada que ver—. ¿Por qué? ¿Por qué no aprovechas mi debilidad para tomar el control? En todo momento he tenido el control de mis acciones y he decidido continuar poniendo en riesgo mi cordura, pero aún teniendo la oportunidad perfecta has decidido no hacer nada. ¿Por qué? ¿Acaso todo este tiempo he estado huyendo de la verdadera solución? ¿Acaso mi deseo de protegerle es tan fuerte para neutralizar la influencia que la bestia tiene en mi?
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Re: El botón de cerezo [Consultorio de Medicina / Taller de Alquimia] [Ashy]

Mensaje  Ashryn Elaynor el Miér Mayo 31 2017, 10:07

Su corazón latía tan fuerte, que casi podía escucharlo retumbar en sus oídos y sus mejillas estaban tan coloradas como una brillante cereza. No quería incomodar al muchacho, había necesitado de todo su esfuerzo para evitar desmayarse de los nervios, mientras luchaba por sacar todo el profesionalismo que poseía en el fondo de su persona. Reunir toda su magia para sanar la visión del joven había servido a la perfección, aunque ahora debería aguardar unos instantes para reponer la magia perdida y así curar el brazo dañado, pero lo que ocurrió la tomó completamente por sorpresa. El caballero le preguntaba por su estado, dejando de lado que era él quien se encontraba en una situación tan peligrosa. ¡Se preocupaba por ella! Realmente se preocupaba por ella. Su corazón se disparó y su rostro obtuvo un nuevo tono de rojo, más el asunto no concluyó ahí.

En un rápido movimiento, el muchacho la llevó hasta su pecho con ternura, pidiéndole que no continuara con el proceso de sanación, asegurándole que volvería mañana, algo que descolocó por completo a la rubia. Cerró los ojos un momento y se afianzo con cuidado al cuerpo del joven, aspirando el dulce aroma varonil que emanaba de cada poro de su piel. Quería hablar, pero sus labios no se abrían, solo deseaba seguir disfrutando de ese contacto, de ese momento que parecía haberse congelado para la ojiazul. Debía decirle lo que pensaba, los motivos que tenía para no querer que se fuese, solo que su cuerpo había dejado de responderle en el momento en que él la atrajo hacia si. No supo cuánto tiempo pasó, antes de que se percatase de la situación en la que ambos se encontraban. Seguramente ella le estaba ocasionando más daño que beneficio en esa posición.

—No te vayas… —susurró, mientras se separaba un poco de él—. No deseo verte marchar…

Temía mucho no volver a verlo si se iba. ¿Y si esta vez no volvía? Eso le daba el doble de temor. Ella era novata en todas las sensaciones que el caballero despertaba en su persona, por eso es que se aferraba tanto a pasar el mayor tiempo posible a su lado. No lo iba a negar, hubiese deseado encontrarlo en otras circunstancias, tal vez en una similar a la del Mary. ¿Infantil? Realmente no le importaba parecerlo. Tomó una bocanada de aire y repitió el proceso de concentrar su magia, llevando la palma de su mano hacia el brazo del joven, sanándolo tal y como lo había hecho con su ojo. El procedimiento duró menos tiempo que el anterior, ya que, aunque había conseguido restablecer completamente la movilidad en la articulación, su magia se había agotado antes de que pudiese sanar las quemaduras de aquel miembro, mermando solamente su gravedad.

—Como nuevo —esbozó una sonrisa, escondiendo el cansancio que comenzaba a cobrarle factura—. Las quemaduras restantes sanarán en un par de semanas, solo necesitas usar las medicinas que te recetaré y verás que ni siquiera dejarán cicatriz...espero —soltó una risita para mostrar que estaba bromeando—. Si no es así, te curaré cuantas veces sean necesarias,

Tomó los pequeños frascos con ungüentos y unas cuantas vendas limpias, sentándose nuevamente frente a él. Le hubiese encantado sanar todas y cada una de las laceraciones que habían quedado sobre el cuerpo del muchacho, pero si se forzaba más allá de sus límites, terminaría siendo ella quien reposase inconsciente sobre la camilla de su consultorio. Con mucho cuidado volvió a aplicar las medicinas de dos de las ‘‘tres hermanas’’, cubriendo las quemaduras con los vendajes, teniendo extremo cuidado de no lastimar más al caballero. Los ojos comenzaban a pesarle y parpadeaba constantemente, tratando de mantenerse despierta y centrada. Lo peor del caso era que en instantes como esos su cordura también la abandonaba y le preocupaba lo que pudiese llegar a hacer sin pensar.

Una vez que terminó de colocar y fijar los vendajes, comenzó a organizar las medicinas que le entregaría al joven, y fue ahí cuando todo se descontroló. Su mente comenzó a evocar el momento que ambos habían vivido en el Mary, así como la terrible sensación de desasosiego que la embargó al no haber sido capaz de saciar su curiosidad, ocasionándole un terrible batido de sensaciones que presagiaban un terrible desastre. El corazón volvió a disparársele, mientras dejaba de lado los frascos medicinales, mordiendo su labio inferior con nerviosismo, peleándose consigo misma. El debate existencial acabó de la forma más inesperada, pues antes de que la ojiazul se diese cuenta, sus labios se habían posado sobre los masculinos, llevándose la sorpresa de que tenían un sabor cien veces más exquisito de lo que jamás se pudo haber imaginado.

Nunca olvidaría lo sucedido tras las puertas de su consultorio. Y pensar que esa mañana creyó que sería un día común y corriente. Al menos el joven se encontraba recuperado en un 85% y en cuestión de unos días sus heridas no serían más que un triste recuerdo, mientras que la rubia no olvidaría como terminó profanando el espacio personal de alguien, aunque en el fondo no se arrepintiese de nada.
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Re: El botón de cerezo [Consultorio de Medicina / Taller de Alquimia] [Ashy]

Mensaje  Ingela el Lun Jun 05 2017, 22:02

La joven dragona avanzaba a duras penas arrastrando la camilla en la que llevaba al pequeño Fëanor, quien luchaba por mantenerse despierto. Los brazos y piernas de Ingela estaban vendados con cataplasmas que evitaban que las heridas sangraran. EL chico también estaba con sus extremidades vendadas con los mismos cataplasmas, pero deliraba de fiebre.

EL trayecto había parecido eterno para la chica, a cada paso sentía como si sus heridas se abrieran más y se hundieran más en su cuerpo. El cataplasma le quemaba y el cuerpo ya no le daba para más, pero el pequeño Fëanor... ella tenía que salvar al pequeño. Afortunadamente llegó a un camino, sabía que por allí llegaría a Beltrexus, pero ella no daba más. Su cuerpo colapsaría y estaba demasiado débil como para transformarse en dragón y llegar volando.

Sentía ganas de llorar, no podía ser ese su final... no podía fallarle a la bella Eowyn, cuyo cuerpo había quedado en la Cala de la Luna a las orillas del lago. Lo había dejado allí sin poder sepultarlo o esconderlo pues no tenía las fuerzas para hacerlo y su tarea ahora era salvar al pequeño Fëanor, por quien la dulce elfa había dado su vida. Desconsolada, rompió en llanto, eran lágrimas que le salían del alma. -Tranquila... Ingela...- dijo el niño con su voz débil, aguda, un hilito de voz apenas perceptible -Eowyn nos acompaña...- dijo intentando reconfortar a la chica, quien sentía que ya no tenía más recursos de donde sacar fuerzas.

EL pequeño Thunderbolt, el dragoncito que nació de la bolita luminosa, permanecía enroscado al cuello de Ingela y al sentirla llorar, se soltó haciendo ruiditos tranquilizadores también. -Perdóname Fëanor...- dijo ella con voz trémula. -Te prometo que saldremos de esta- le dijo secándose las lágrimas como pudo. Tenía que continuar aunque su cuerpo ya no diera más, aunque sus piernas no respondieran y tuviese que arrastrarse por el suelo, llegaría a Beltrexus y pediría ayuda.

Afortunadamente, no tuvo que caminar hasta la ciudad de los brujos. A los pocos metros escuchó que se acercaban unos cascos. Era una carreta. ¡Personas! -Ayuda... ¡ayúdenme!- exclamó la joven dragona apenas estuvo lo suficientemente cerca como para que su voz se escuchara.


OFF:
Tanto Fëanor como yo tenemos mordeduras y rasguños de distintos grados de profundidad en piernas, brazos y abdomen. Fëanor además tiene afectados los pulmones ya que pasó mucho tiempo bajo el agua






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Re: El botón de cerezo [Consultorio de Medicina / Taller de Alquimia] [Ashy]

Mensaje  Ashryn Elaynor el Lun Jun 12 2017, 06:05

Luego del largo camino que tuvo que hacer como escolta de la fastidiosa Clarissa Park, la ojiazul regresó a Beltrexus para dar un informe detallado a su jefa, sobre aquel funesto trabajo. No era muy grato tener que volver a viajar de Lunargene hasta el gremio de informantes, pero desobedecer a su jefa era un lujo que la rubia jamás se daría. Apreciaba demasiado su vida como para hacer enojar a la bruja, así que, a regañadientes, terminó emprendiendo la marcha sin rechistar. Lo único bueno de todo eso era que tanto desplazarse en barco ya la estaba volviendo inmune a las náuseas, había que ver el lado positivo de la situación, no todo debía ser precisamente malo; aunque esto no quitó el hecho de que agradeció a los Dioses cuando por fin pudo poner un pie en tierra firme.

Por un instante sopesó la idea de caminar hasta la mansión de la líder del gremio, había permanecido demasiado tiempo sentada en el barco y le vendría bien estirar las piernas, solo había un pequeño inconveniente, y es que el inmueble quedaba hasta una punta olvidada de Imbar. Si se le ocurría ejecutar aquel disparate, seguramente terminaría molida. No, lo mejor sería hacer lo que la gente inteligente y pagar un carruaje que la llevara hasta el gremio. Golpeándose mentalmente por su falta de sensatez, la de orbes azulados subió al coche, pensando en lo mucho que deseaba volver a casa y descansar de aquella travesía. Después de un rato de darle rienda suelta su imaginación sus pensamientos se vieron interrumpidos por un par de gritos femeninos, que no solo la alertaron a ella, sino también al amable cochero que la escoltaba hasta su destino, quien no dudó en detenerse ante los gritos de auxilio.

La elfina salió del interior del carruaje, intercambiando una mirada con el caballero, tratando de descifrar de donde habían salido aquellas suplicas de auxilio, hasta que una silueta a unos metros de ellos llamó su atención. Ashy se acercó con rapidez, notando que no se trataba de una, sino de dos personas las que se encontraban en condiciones deplorables; una joven y un niño. La rubia le dio órdenes al cochero para que le llevase su preciado bolso con medicinas y se dispuso a revisar a ambos heridos. Parecía que habían sufrido bastante, pues ambos presentaban heridas en las extremidades, todas sangrantes y de profundidad variada. El niño tenía un aspecto pálido y su respiración era irregular. Hasta no saber que tan grave era la situación, no consideró viable moverlos a ambos, necesitaba tratarlos lo más que pudiese ahí, al menos hasta que asegurase la supervivencia de ambos.

—Mi nombre es Ashryn —le sonrió a la chica, tomando el bolso que el hombre le había extendido—. Todo va a estar bien —abrió el cierre—. ¿Qué fue lo que les ocurrió?

Inmediatamente y sin tener que buscarlos, los materiales que pensó en su mente aparecieron en su mano, acercándose al niño para examinarlo. Parecía ser él quien necesitaba ser tratado de inmediato. Se acercó para escucharle los pulmones, preocupándose de inmediato por el escaso funcionamiento que estos estaban teniendo. No había tiempo para infusiones y medicinas, tenía que actuar de inmediato. Concentró su magia y elevó una pequeña plegaria, comenzando el proceso de sanación en los pulmones del pequeño. Aquello le requirió más tiempo y más magia de la que se imaginó, pues no llegó a considerar que un chiquillo tuviese tal daño en dos órganos tan importantes. Se secó la frente con el antebrazo, tomando una bocanada de aire, notando como el color volvía a las mejillas del niño y su respiración se mejoraba considerablemente. Al menos ahora el peligro ya había pasado.

—Esto arderá un poco —sonrió acercándose a la hermosa joven, limpiándole las heridas con unos apósitos y algo de agua oxigenada—. Él se va a recuperar…

Le aseguró, aunque no estaba segura de que tanto tardaría en sanar los rasguños que pululaban como si no tuviesen fin. Definitivamente les había sucedido algo muy grave.
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Re: El botón de cerezo [Consultorio de Medicina / Taller de Alquimia] [Ashy]

Mensaje  Ingela el Mar Jun 13 2017, 15:08

La imagen de la bella mujer que apareció frente a ella, era divina, un regalo de los dioses. Ingela no recordaba estar tan feliz de ver a un elfo en toda su vida. -Gracias... gracias...- repetía la joven dragona una y otra vez, mientras veía cómo la blonda elfa se aseguraba de salvar a Fëanor. Por su parte, la dragona se echaba al suelo, tratando con todas sus fuerzas de mantenerse despierta -Sirenas...- pudo decir.

Estaba tan cansada, que cuando fue su turno de ser curada, Ingela no sentía el ardor del que le advirtiera la elfina. Sus ojos estaban en Fëanor al igual que toda su atención. Quería escuchar que respiraba mejor, sin ese silbido, sin que se ahogara. Y efectivamente, luego que la elfa le impusiera las manos, el pequeño recuperó los tonos rosados de su rostro, dejando atrás los labios amoratados y las mejillas pálidas, casi transparentes.

Por las mejillas de la joven dragona rodaban lágrimas mientras la desconocida se encargaba de limpiar las heridas de sus brazos y piernas, algunas ya infectadas. -Lo salvaste- dijo con apenas un hilo de voz, sin dejar de mirar al niño que descansaba custodiado siempre por Thunderbolt. Ella sentía vergüenza con Fëanor, pues no habia logrado salvar a Eowyn. Ahora estaba solo, tan lejos de su hogar. Fue en ese momento que decidió llevarlo junto a su familia una vez estuvieran recuperados.

-Soy Ingela, de Dundarak... y él es Fëanor de... no sé de dónde es él- comenzó a decir la joven dragona a su salvadora -Pero es un elfo, debe ser de Sandorai- dijo divagando -¿Cuál es tu nombre?- preguntó a la elfa, intentando enfocar en su rostro.
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Re: El botón de cerezo [Consultorio de Medicina / Taller de Alquimia] [Ashy]

Mensaje  Ashryn Elaynor el Jue Jun 22 2017, 09:32

La hermosa muchacha le dio un pequeño vestigio de información. ¿Sirenas? ¿Habían estado bajo el agua? Bueno, eso explicaría la afección del pequeño, aunque no estaba muy segura de cómo consiguieron permanecer ahí lo suficiente como para resultar tan heridos. Sonrió con amabilidad, restándole importancia a los agradecimientos que la joven le daba al ver que el niño ya se encontraba mejor. Con mucho cuidado Ashy comenzó a limpiar las heridas de la muchacha, haciendo lo mejor que podía en medio de la nada. Sacaba de su bolso mágico las medicinas necesarias para drenar los desechos de las heridas que se habían infectado, aunque no obtenía ni un solo quejido de parte de su paciente, cosa que logró preocuparla en más de una ocasión. Incluso había olvidado que ella se presentó desde que llegó frente a ellos, por lo que no dudó en revisarle la respuesta ocular, esperando no encontrar ningún tipo de daño cerebral.

—Mi nombre es Ashryn —le sonrió, indicándole que siguiera su dedo índice con la mirada—. Ingela…es un bonito nombre —siguió intentando reconfortarla—. Seguramente pertenece a Sandorai, primero enfoquémonos en curarlos y después te ayudaré a averiguar su origen, ¿de acuerdo? —Las pupilas de la joven comenzaron a dilatarse, señal de que posiblemente no tardaría en caer inconsciente—. Miríel —habló a su bolso, obteniendo un frasco con una pequeña infusión, ayudando a que la joven lo bebiese—. Te vas a reponer, pero no cierres los ojos —volvió a sonreírle, justo antes de hablarle de nuevo a su bolso, obteniendo de este una nueva infusión de un bonito tono rojizo—. Esto te dará energías.

Con mucho cuidado volvió a concentrarse en terminar de limpiar las heridas de la joven, para finalmente concentrar su magia en las palmas de sus manos, elevando una plegaria a los Dioses, justo como lo hizo con el pequeño Fëanor. Las heridas en el cuerpo de la joven dragona requirieron algo de tiempo, pues no solo eran muchas, sino que también tenían distintos grados de profundidad. Afortunadamente se acordó en reservar un poco de su magia para sanarla o de lo contrario tendría que llevarla hasta su consultorio en Lunargenta. El único problema es que había agotado toda su magia y el niño aún tenía heridas que necesitaban ser tratadas. Esta vez tendría que recurrir a sus medicinas y habilidades profesionales o terminaría desmayada del cansancio. Se acercó al pequeño y le sonrió, notando como él se sentía aliviado de ver a la dragona repuesta.

—No te dolerá —el niño arqueó una ceja con cierto temor—. Lo prometo.

El pequeño asintió no muy convencido, a lo que Ashy no dudó en aplicarle un poco de aceite de Boldori antes de comenzar a limpiar las heridas que tenía. Eso sería suficiente para anestesiar el dolor que le pudiese producir al elfito y parecía dar resultado, puesto que el niño no se quejaba para nada. Una vez que las heridas estuvieron limpias, aplicó un poco de ungüento de las ‘‘dos hermanas’’ restantes, junto con una infusión de Reishi que ayudaría al niño a sanar sus pulmones por completo. Aquella combinación era una maravilla a la hora de tratar heridas de todo tipo, ningún sanador debería andar por ahí sin ellas, y ahora agradecía a Robben por su maravilloso bolso mágico en el que podía llevar todo tipo de cosas sin necesidad de buscarlas. Con cierto cansancio soltó un suspiro, viendo que tanto la dragona como el niño ya se encontraban fuera de peligro, tal vez ahora podría retomar su camino. Claro...luego de un merecido descanso.


Hierbas utilizadas:

Reishi
Boldori
Miríel
Finwë
Culúrien
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Re: El botón de cerezo [Consultorio de Medicina / Taller de Alquimia] [Ashy]

Mensaje  Ingela el Mar Jun 27 2017, 02:52

Cuando abrió los ojos se encontró recostada en una cómoda cama, en una limpia habitación. Se incorporó lentamente, le costaba por las heridas que aún dolían. A través de la ventana vio una calle transitada. Claramente estaban en una posada. A los pies de su cama, estaba Fëanor jugando con Thunderbolt, animado, con sus mejillas rosadas.

-Fëanor...- murmuró la joven dragona mirando al niño con dulzura -¡Estás bien!- dijo con la voz aún trémula, pero su sonrisa resplandecía de lo feliz que la hacía verlo sano. -Sí, gracias a la linda Ashryn. Ella nos curó y nos dejó aquí- le dijo. Thunderbolt dio un salto y cayó en el pecho de Ingela, subiendo a su cuello, haciendo ruiditos alegres. -Claro, no sé cómo pagaremos esta posada... ¡estamos en el centro de Beltrexus!- exclamó emocionado el chico. -A Eowyn le hubiese encantado llegar aquí...- dijo con nostalgia.

Ingela estiró su brazo y acarició el cabello del niño -No te preocupes, buscaremos a Ashryn para agradecerle, podremos pagar la posada también... y nos encargaremos de que Eowyn descanse como lo merece. Te lo prometo.- le dijo en un tono tranquilizador. A pesar del cansancio, se sentía con energías, así que pronto podría ponerse en marcha.

NOTA::
Ashryn: ¡Muchas gracias! Tus manitos sanadoras son las mejores. Me gustaría, de ser posible, que participaras en la continuación de esta historia, que claro, abriré en otro hilo.



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Re: El botón de cerezo [Consultorio de Medicina / Taller de Alquimia] [Ashy]

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