Música en el calor del fuego [Libre.]

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Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alice el Lun Mayo 29 2017, 00:08

Sonaba la misma canción. Aquella que solía sonar sobre aquellas horas de la noche, cuando el sol terminaba de esconderse, cuando las jarras comenzaban a vaciarse, sin ser nuevamente llenadas. Eran las horas en la que la gente empezaba a darse cuenta de que “ya era demasiado tarde” como para seguir por ahí fuera. Debían marchar a sus casas y descansar, para retomar la rutina al día siguiente.

Aquella posada no era de las más conocidas en Lunargenta. Aunque poco a poco comenzaba a llegar más gente, cada vez más. Una de las razones, era que Nadia la posadera había contratado un nuevo cocinero, atrayendo la atención de los transeúntes con nuevos platos a un precio relativamente razonable. Y otra de las razones, era la novedosa aparición de Alice, una mujer dedicada al arte de la música, que se dedicaba a contar historias que pocos habían oído antes. Muchas eran conocidas, otras no tanto, pero era el modo en el que las contaba, lo que había conseguido atraer al público, que cada vez era más abundante en la taberna de Nadia.

- Esta será la última. Lo prometo –dijo uno de los hombres que había allí bebiendo. Estaba frente a la barra, pidiendo una última cerveza a Nadia.

Mientras Alice tocaba el último tema con su laúd, y cantaba, Nadia la miraba de reojo con una sonrisa. Estaba encantada de tenerla allí con ella. Desde su llegada, por alguna razón los disturbios propios de las tabernas, habían disminuido cuantiosamente. Y, sin embargo, la cantidad de gente que había comenzado a llegar a diario a la taberna, había aumentado. Para Nadia, la llegada de Alice había sido alguna clase de señal, una pizca de suerte que le había traído el destino. Cuando al principio no había hecho más que ofrecerle únicamente un lecho y comida, pasados los meses de estancia en aquella posada, Nadia había decidido darle una habitación mucho más grande, y Alice había comenzado a recibir un trato mucho más especial. Al fin y al cabo, sentía que ella de algún modo era algo parecido a una hija.

Cuando Alice había llegado a la posada de Nadia, había perdido recientemente a toda la troupe con la que había estado marchando desde varios años atrás. Y estaba lejos de casa, muy lejos de casa. No conocía Lunargenta, y todo aquello era un mundo nuevo para ella. Cuando llego, los sentimientos de Alice eran confusos. Para la troupe y para ella, llegar a Lunargenta iba a ser una gran meta: implicaría que podrían interpretar grandes obras, consiguiendo un gran renombre, y también sería la oportunidad para Alice de transmitir su mensaje, transmitir la religión de sus ancestros. Pero la troupe había sido masacrada; y había sido un suceso repentino, sin sentido. Simples bandidos que no tenían nada en contra de los músicos y actores, simplemente estaban en guerra contra el mundo, por unas cuantas monedas. El destino de la troupe había sido la mala suerte que le suele tocar a algunos inocentes.

Aun en su desesperanza, Alice había continuado tocando allí en esa taberna. Se había aliviado tocando y cantando a la luz del fuego. Se había sentido inicialmente segura en aquella taberna, como si hubiera sido un pequeño refugio. Lo veía como la pequeña parte del sueño que se había formado en su cabeza junto con los miembros de la troupe. Un sueño deshecho por la inclemencia del destino. Nadia supo ver su talento, viéndola cada noche en su taberna. Hasta que decidió darle un nuevo hogar. Alice no pagaría una sola moneda más, como había estado haciendo durante las semanas anteriores, sino que recibiría una cama y comida a cambio de hacer lo que había estado haciendo los dias anteriores: simple y llanamente cantar, y tocar, deleitar al público del que ella no era consciente.

Habían pasado dos meses desde aquello. Y aquella era una noche como las que habían sucedido desde entonces. Alice mantenía los ojos cerrados, mientras tocaba con suavidad y dejaba que su dulce voz formara las melodías que habían formado rápidamente un silencio abismal en la taberna, desde el momento en el que había comenzado. Todavía cuando termino aquella última canción, la gente se mantuvo en silencio. Muchos en su ebriedad, se quedaron mirándola con la mirada perdida, con aquella sensación de estar flotando en otro mundo, la que viene después de beber en exceso.

Cuando termino, Alice levanto la vista y se dio cuenta de que el ambiente estaba ahora mucho más calmado. La gente comenzaba a marcharse, y solo llegaban algunas personas nuevas que aparecían para pedir una habitación de la posada y descansar durante aquella noche. Alice se puso en pie, dejando reposar el laúd sobre la silla, y se acercó a la barra, donde se encontraba Nadia.

- Puedes ir a descansar ya si quieres –le dijo Nadia, mientras la miraba con una dulce sonrisa. Sus ojos azules parecían brillar más a la luz de las antorchas.
- Iba a pedirte lo contrario… me gustaría quedarme un poco más tocando. –pidió Alice, mientras la miraba a los ojos. Se quedó durante algunos segundos de más mirándola, fijándose en su iris. El azul aprecia entremezclarse con el fuego de las antorchas, dando un efecto que maravillaba a Alice. Aunque se maravillaba con facilidad ante la belleza de las cosas comunes.
- ¡Ah! Claro. Sabes que puedes tocar todo cuanto quieras. Creo que nadie se quejara.

Alice se alejó de la barra, volviendo a la silla donde se encontraba su laúd. Lo tomo entre sus manos, lo acaricio y contemplo durante algunos segundos. Luego toco algunas cuerdas, y aclaro su voz. Entonaría una nueva canción.


Última edición por Alice el Mar Mayo 30 2017, 05:30, editado 3 veces
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Ryujin el Lun Mayo 29 2017, 01:05

Ryujin llevaba un par de días sin mucho éxito, más allá de un pequeño trabajo ayudando a cargar y descargar unas cajas de fruta que le habían dado de comer, no tenía muchos aeros para siquiera pensar en dormir en una mullida cama, normalmente tenía que conformarse con dormir sentado en alguna calle secundaria para no molestar demasiado, pero no era algo que a Ryujin le incomodase o molestase, todo lo contrario, dormir mirando las estrellas le ayudaba a entrar en comunión consigo mismo y rememorar con añoranza los tiempos antiguos donde su madre le instruía en las artes draconianas:
"¿Hoy vas también a la posada?" - Una frase sacó de su ensoñamiento a Ryujin, mientras una pareja de hombres rechonchos caminaban hablando:
"Si, desde que está esa chica nueva no paro de ir aunque sea para tomarme una jarra. ¡Con esa música la verdad es que hasta la horrenda comida que hacen sabe como un manjar!" - Las risas retumbaron por toda la calle secundaria y especialmente en los oídos de Ryujin: No se consideraba un cocinero demasiado diestro, pero podría ayudar en la cocina, además de disfrutar de bellas canciones interpretadas por esa misteriosa "chica nueva". Que podía perder, ¿su sitio en la calle? Habían más de treinta iguales.

Se incorporó y siguió a una distancia prudente a aquella pareja de borrachines que seguían hablando, pero el tema de conversación pronto se tornó más burdo y vulgar, por lo que Ryujin prefirió desoir a aquellos maleducados.

Tras caminar por unas cuantas calles cada vez más desérticas, pues la noche daba paso a la luna, adueñándose con sombras de la ciudad de Lunargenta, aquella pareja llegó a su destino, al igual que Ryujin: No era una posada muy ostentosa o muy céntrica, de hecho Ryujin ni siquiera la había visto anteriormente, era una posada muy común cuya edificación rústica ni siquiera destacaba de entre las casas colindantes, Ryujin no sabría distinguirla si no fuese por el cartel de madera de roble colgado sobre el portón, con el nombre de la posada.

Ryujin echó un rápido vistazo por la ventana y se sorprendió: Pese a lo apartado del local y de su calidad, parecía haber bastantes hombres y mujeres ocupando las pocas mesas y mirando ávidos un pequeño escenario que no era más que un trozo del suelo de la posada elevado y con un taburete resistente. Miró a la barra donde, pese a estar más vacía, seguía habiendo bastante gente mirando el mismo escenario, a la espera que aquella "chica nueva" entrase, supuso Ryujin.

Los murmuros crecían en intensidad, suficiente para que Ryujin pudiese oírlo, pero todos fueron acallados cuando apareció aquella mujer: Su pelo corto y negro semicubría su piel que contrarrestaba con su blancura, sus ojos estaban fijos en su laúd, aquellos ojos vivos, grandes y marrones cual savia deslizándose por un árbol cuya corteza acaba de desprenderse. No portaba unas ropas extravagantes, todo lo contrario, sus ropajes eran sencillos y de una calidad media, nada destacable, pero eso no importaba para Ryujin. La chica se sentó tras articular unas palabras a su expectante público, unas palabras que Ryujin no escuchó pues aún se encontraba fuera de aquella posada, y acto seguido se sentó en aquél taburete, mientras los hombres y mujeres la miraban impacientes, con la seguridad de que disfrutarían desde la primera a la ultima nota.

Y así fue.

Las notas vibrando con los delicados roces de sus dedos daban una armonía al lugar impropio a este y más propio al altar donde rezaba su madre al Dios Dragón, Ryujin escuchó la apertura y tuvo que entrar y tomar asiento, mientras el tiempo parecía detenerse en aquella posada, pues no se oía nada más que los rítmicos rasgueos de laúd provocados por aquella joven.

Pasaron horas y poco a poco la gente, siendo conscientes del horario, se acabaron sus jarras y se marchaban, pero Ryujin continuaba allí: Nadie le esperaba y eso le daba la enorme ventaja de poder disfrutar de aquél concierto de una sola persona.

Canción tras canción, Ryujin la escuchaba y absorbía, bebía de aquella melodía como el más delicioso néctar que hubiese probado, cerrando los ojos para perderse en la música. Finalmente, aquél concierto se detuvo y Ryujin abrió los ojos, tan solo para ver como la posada había sido casi enteramente desalojada, quedando tan solo una o dos personas y podía advertir que la posadera le miraba con recelo, pues no había pedido ningún tipo de alimento durante su estancia.

Ryujin se levantó, preso de un deseo por felicitar a quién había logrado entretenerlo durante tanto tiempo y se acercó, deseando no parecer un ser más extraño de lo que ya era. La chica estaba sentada en dirección a la barra, hablando con la posadera quién no perdía ojo de ella y Ryujin, tan solo dijo, de forma totalmente cordial y amable:

"Mis más sinceras gratitudes, joven: Habéis logrado hacerme disfrutar con vuestra música como hacía mucho tiempo que no lo lograba. Tenéis una habilidad sin par y, de poder regalaros algo, gustoso lo haría. Permitid mi descortesía, mi nombre es Ryujin y soy un simple monje viajero buscando mi lugar en este mundo." - Hizo una leve reverencia, sin mostrar del todo su rostro, cuando las palabras no habían caído en el olvido, ya que la posadera dijo, con voz socarrona:
"¿Que tal regalarle una pinta, monje?" - Ryujin sonrió, pensando para sus adentros cuantos aeros le quedaban y supo que podía permitirselo, por lo que asintió y dijo:
"Muchas gracias por su adecuada observación, señorita. Con sumo gusto invitaré a la artista a lo que ella prefiera." - Se acercó a la barra y dejó cuidadosamente los aeros que le quedaban, esperando que con ello fuese suficiente para pagar una bebida a aquella mujer.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alois el Lun Mayo 29 2017, 03:57

Aquel día la rutina había cambiado un poco, generalmente iba a Lunargenta sin compañía para hacer las compras de la granja pero esta vez Emilia había pedido también venir. Al inicio el señor Collingwood había refutado pero no había mucho que hacer ante la insistencia de la joven; por mi parte no había problema alguno, si alguien llegaba a amenazar o a atacar a la joven yo no dudaría en tomar medidas al respecto, generalmente evitaba que alguien tuviese daños innecesarios.

La mayoría del camino la joven se la pasó dando saltos o distrayéndose con la fauna local, pocas veces era donde Emilia lograba salir de la granja. Yo mientras tanto repasaba mentalmente todas las cosas que había que comprar, de igual manera estaba atento de el funcionamiento estable de mí motor y las posibles señales para volver a ingerir licor.  Aunque estuviese concentrado en todo aquello las palabras del señor Collingwood eran las más resonaban en mi cabeza “No dejes que se meta en problemas”. Cumplir aquello era mucho más importante que el resto de cosas.

- Y dime Alois ¿Siempre sigues el mismo camino? – Observé un momento a la chica y respondí su duda con un movimiento afirmativo de cabeza, no necesitaba muchas palabras para responderle. – Hum ya veo… ¿Y no te cansas de caminar? – Nuevamente una respuesta con un gesto de cabeza fue suficiente, la diferencia es que este momento era una respuesta negativa.  Emilia soltó un bufido mientras me observaba con cierto enojo. – Siempre es lo mismo, no se puede tener una conversación contigo ya que siempre respondes con simpleza.

- No es mi culpa, no veo la necesidad de tener que divagar en una respuesta cuando puedo simplemente afirmarlo o negarlo. – Me encogí de hombros tal como hacían muchas personas, tenía entendido que aquel gesto funcionaba para quitarle importancia a algo… el lenguaje corporal a veces resultaba tedioso.

Emilia volvió a bufar y me di un leve golpe en el brazo, solía hacer aquello cuando sabía que alguien más tenía la razón pero no se atrevía a admitirlo. Los tarareos de la chica continuaron todo el recorrido a Lunargenta, su estado de humor siempre era alegre sin importar que, aunque se enojara olvidaba lo sucedido rápidamente para volver a su felicidad.

Como de costumbre usé un atajo que dirigía a Lunargenta, aquel camino lo descubrí en uno de mis antiguos viajes en los cuales coincidí con un zorro algo ebrio, suceso que Emilia seguía sin creerme. El tiempo ahorrado por aquella ruta era considerable, estuvimos en Lunargenta al menos una hora antes del tiempo estimado por el camino más evidente.

El bullicio de los puestos era notable como de costumbre, el regateo entre personas y mercaderes se escuchaban a metros de distancia y de igual manera los conflictos que se generaban. Dejé que Emilia caminara al frente colocando siempre una mano su hombro, no podía dejar que el gentío la consumiera y acabara desapreciando.

- ¿Siempre es igual de ruidoso? – Comentó la joven alzando su voz entre la muchedumbre.

Negué con la cabeza y busqué con la mirada los puestos que solía frecuentar para comprar a buen precio. – Generalmente el sonido varía, algunos días son mucho más ruidoso que otros.

- ¿Hoy es ruidoso o muy ruidoso?  -Volvió  a interrogar la joven.

-  Muy ruidoso. – Dirigí a la joven por un par de callejones lejos de los vendedores de calle, las ventas a las que realmente valía la pena acudir generalmente se ubicaban en casas humildes donde las cosas eran más tranquilas, allí las provisiones no tenían precios ridículamente elevados.

La mochila se fue llenando a medida de que los recados se iban cumpliendo, la diferencia a los otros días esta vez llegaría un poco menos de pan o leche a la casa ya que Emilia se encargaba de comer en el camino. La joven intentaba entablar múltiples charlas en lo largo del día pero la mayoría acababan a los pocos minutos, el sol ya se estaba ocultando y aun no había llenado mis reservas de Vino para lo restante de semana.

- Debemos hacer una última parada antes de volver. – Le comenté a la chica mientras me acercaba a una de las tabernas cercanas del lugar, no tenía tiempo para buscar la que solía frecuentar para recargar el vino.

- ¿Qué? ¿A dónde vamos? – Esta vez la curiosidad era mucho mayor en la chica, por lo visto le sorprendía que tuviera cosas que hacer en el sitio. Sin responderle a la chica abrí la puerta de la taberna y esperé que esta entrara, por un momento se quedó parada examinando el local para luego verme fijamente a los ojos. – Alois Felce, nunca creí que alguien como tu visitara estos sitios.

- ¿De dónde crees que saco el vino?  - Emilia abrió la boca para refutar pero la cerro inmediatamente y solo propinó uno de sus golpes.

La chica de ojos azules se sentó a esperar mientras yo iba a pedir las botellas de vino en la barra del sitio, me preocupaba el comportamiento que una joven como ella podía tener en aquel sitio… era muy inocente y los que suelen frecuentar esos locales no lo eran. Recibí las botellas y deposité un poco de licor en mi cantimplora, luego las guarde en la mochila y me acerqué a la mesa donde estaba Emelie.

- Ya debemos retirarnos.

- Pero si la chica va a tocar… solo una canción y nos vamos ¿Si? – Emelie infló las mejillas a modo de petición y solo tuve que aceptar mientras tomaba asiento a su lado.

- Para tener 15 años a veces te comportas como una niña. – Comenté por lo bajo mientras escuchaba como comenzaba la canción de la joven del laúd.

La canciones comenzaron a pasar junto con el tiempo, debía admitir que las tonadas y la melodía habían terminado pro cautivarme a mí también. En el tiempo que había pasado en la ciudad nunca me había detenido a contemplar esa especie de tonadas, además no era como la misma melodía rítmica que aquel bardo había usado en plena disputa donde más de uno había salido con la nariz rota.

La taberna se había ido vaciando poco a poco hasta que quedamos pocas personas, una mirada por la ventana bastó para ver que ya era de noche. La presentación había acabado al parecer y esa señal bastaba para tener que retíranos… aunque los caminos a la granja de noche podían ser más peligrosos de lo habitual.

- Emilia ya debemos irnos. – Me levanté de la mesa y esperé a que la joven obedeciera pero no fue novedad que ella se negara.

- Solo quiero hablar con la chica y nos vamos, te lo prometo. – La joven ojos azules se levantó y me jaló de la manga del abrigo llevándome hasta donde se encontraba.

Sin pena ajena o vergüenza Emilia no dudo en interrumpir una charla que parecía llevarse a cabo entre la cantante y su compañero, por otro lado yo tomé la distancia mientras le daba un trago de vino.

- Muy buenas noches. – Se presentó Emilia mientras hacía una leve reverencia y miraba a la joven. – Quería decir que… em, me gustó mucho la forma en que tocas tu instrumento. – Acompañó sus palabras con un movimiento de manos en el aire imitando el rasgueo de las cuerdas. – Y tu voz, también me gustó tu voz. – La joven de ojos azules son rió y me miró un instante, quitando la expresión de su cara y dándome un leve codazo. - ¿Tú no planeas decir algo?

- Yo… supongo que estuvo muy bien. – Aquello me había tomado por sorpresa, además no es como si tuviera mucho que decir.

- Disculpa al señor Alois Felce, es más seco que un caracol bañado en sal. – Bromeó la de cabellos rojos mientras iba a mis espaldas y sin permiso alguno comenzaba a sacar provisiones de la mochila. – Pero si no es molestia te lo recompensará dándote un poco de pan ¿Cierto Alois?

- Eso es para la casa. – Traté de girarme para evitar el hurto de la jovenzuela pero otro codazo me hizo mantenerme quieto.

- Interpretaré eso como un sí. – El pan salió de mi mochila y Emilia se lo entregó a la cantante de la taberna.

Emilia Collingwood:
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alice el Lun Mayo 29 2017, 04:28

Alice dirigió la mirada hacia el hombre que se había acercado después de que ella finalizara sus obras. Sonrió al escuchar sus amables palabras. No dijo nada en un primer momento, pues tenía la garganta un poco seca y cansada tras haber permanecido durante bastante tiempo centrada en sus cantos, pero en cuanto tomo un trago de la jarra de cerveza negra que le entrego Nadia, aclaro su voz y se dirigió hacia su agradecido espectador. Tenía el laúd colgado con un cinto sobre su hombro, recostado ahora sobre su espalda.

- Me causa mucha felicidad saber que gusta lo que hago –sonrió agradecida, mientras se inclinaba levemente, con educación. Se acercó la jarra a los labios y tomo otro pequeño trago.
- En realidad, hemos subido el precio últimamente –dijo Nadia mientras miraba las monedas que le había ofrecido el joven-. Pero dado que invitas a mi querida obra de arte andante, te lo aceptare.
- Eres muy dura –le replico Alice a la posadera-. Él ha sido muy amable conmigo. Con ambas. Sabes que hay pocos hombres Así pasando por la taberna a diario.
- Se a quienes te refieres –respondió la posadera, se encogió de hombros, y tomando una toalla comenzó a secar algunos vasos que había limpiado momentos antes.

Por un momento, Alice se quedó mirando fijamente al joven. Se fijó en sus ojos con curiosidad. Eran rasgados, y le resultaron llamativos. También se fijó en la escasa barba que surgía en su rostro, que era suave, pero al mismo tiempo mostraba ser curtido, como la piel de un viajero o alguien que ha vivido muchas cosas.

- ¿No es muy tarde para que sigas por aquí? –pregunto Nadia la posadera. En parte lo dijo para que el joven dejara escapar unas monedas de más, si es que las tenía, quedándose en una de las habitaciones de la taberna-. Cama mullida, velas aromáticas, todo está bien preparado. Esta posada está en auge. Son cinco Aeros bien válidos.
- Si no puede quedarse en mi habitación, si no tiene a donde ir. Yo no iré esta noche, no tengo sueño y creo que preferiré pasar la noche tocando –sonrió Alice. Por lo general solía ser bastante inocente, sin darse cuenta de los planes comerciales de su jefa.
- Diría que destruyes mi negocio, pero mentiría de forma colosal –respondió Nadia-. Como quieras, como quieras…

Alice estaba a punto de decir algo más al muchacho, pero alguien interrumpió antes de que pudiera decir una sola palabra. Era una joven, de ojos azules y aspecto refinado. A agilice en un primer momento le recordó a una de las jóvenes hijas de los mercaderes que solían acompañar a sus padres en algunos de sus viajes, y pasaban cerca de la casa donde vivía con sus padres. Siempre tan bien vestidas, oliendo a rosas y otros aromas dulzones, y con aquel rostro impoluto. Alice se inclinó con amabilidad, nuevamente agradecida.

- Lo agradezco mucho. No mucha gente se queda hasta el final, en realidad –esbozo una media sonrisa. No sabía muy bien cómo comportarse frente al entusiasmo de la joven. Aunque tras oír el comentario de “es más seco que un caracol bañado en sal”, no pudo evitar soltar una leve carcajada.
- Querida, eso suelo decir de mi marido a diario –interrumpió Nadia la posadera.

Después, la joven de cabellos rojos le ofreció un poco de pan. Dias atrás, Alice habría aceptado desesperadamente, pues durante varias semanas había sobrevivido sin saber si el día siguiente tendría algo para comer. Pero ahora tenía todo lo que necesitaba; Nadia le daba de comer, y le daba un lecho mullido donde descansar cada noche. Tenía un lugar al que llamar hogar, tan lejos de casa. Además, no había visto mucha convicción en el rostro del acompañante de la pelirroja, por lo que prefirió hacer un gesto con la mano, a modo de negativa.

- No es necesario –sonrió-, es para mí un placer tocar y compartir mi gusto por la música con los demás. Es más, agradezco tener un público que se queda hasta el final, me hace sentir bien. Soy yo quien debería invitaros a algo por vuestra cortesía.
- No hablaras en serio. ¿Ellos también, Alice? –pregunto Nadia, mirándola dudosa. Alice asintió, así que Nadia dio media vuelta y comenzó a preparar algunas cosas para los allí presentes. En el fondo de la taberna se escuchaban los fuertes ronquidos de un hombre.

Alice se quedó mirándolos con expectación. En realidad, era la primera vez en varios dias que mantenía una conversación mínimamente larga con alguno de los clientes de la taberna. Por lo general solía pasar las mañanas leyendo, las tardes llorando y las noches tocando. Pero hacía tiempo que no hablaba con nadie, hacía tiempo que no entablaba una conversación. Se quedó mirándolos durante algunos segundos más, hasta que una parte de ella comprendió que no eran malas personas, que merecían un voto de confianza. Lo que había sucedido con su troupe todavía era algo relativamente reciente, y aunque detestaba no confiar en la gente, aquello le había causado un cierto recelo hacia cualquier desconocido. El recelo propio de cualquier persona normal; pero Alice no era así, Alice siempre había confiado en la gente.

- ¿Sois de esta ciudad? ¿De Lunargenta? –se aventuró a preguntar. Una parte de ella hablaba casi con algo parecido a la desesperación. Quería hablar con ellos, mantener una conversación, saber más de ellos, y acabar de una vez por todas con esa sensación que todavía la llenaba por dentro, de que todo el mundo era su enemigo.

Hizo su pregunta con la voz tan baja que casi fue inaudible, casi con timidez. Nadia a veces se preocupaba de que Alice pudiera sentirse amenazada; pues, aunque al principio no había comprendido la situación de la joven, ella no había tardado en contarle lo sucedido. De hecho, la taberna estaba llena de carteles anunciando la búsqueda de los mismos bandidos que habían acabado con la troupe de Alice, era un pequeño favor que había hecho Nadia por Alice.

Alice permaneció acariciando casi con cariño la parte baja de su laúd, que reposaba todavía sobre su espalda colgado de aquel cinto de cuero posado sobre su hombro, mientras miraba a los que habían sido momentos atrás espectadores. Un gato gordo y peludo apareció, saliendo de detrás de la barra. Corriendo, se situó justo al lado de Alice y comenzó a maullar repetidas veces. Alice se agacho levemente y le dio algunas caricias, mientras escuchaba como ronroneaba.

- He decidido que seré buena persona –anuncio Nadia-, y os hare algo bien rico de comer a todos. Pese a que el cocinero no está aquí.
- ¡No sabes cocinar! –protesto Alice, mientras dirigió su mirada a Nadia escandalizada.
- No te preocupes. He estado practicando lo suficiente como para hacer algo decente. Tu habla con ellos, no te preocupes, en un rato regresare con una buena sorpresa. –tras decir aquello, se ocultó pasando por una puerta que daba acceso a la cocina, detrás de la barra.

Alice volvió a tomar entre sus manos su laúd, y toco algunas notas aleatoriamente, mientras volvía a mirar a los invitados con una amplia sonrisa.

- Yo no llevo mucho tiempo por aquí. No conozco bien la ciudad, aunque por el momento me ha recibido bien –mintió. Aunque sintió que no lo hizo, tratando de pensar únicamente en Nadia y en las posibilidades que habían surgido después del trágico suceso.
- Aquí tenéis mi majestuosa creación –dijo Nadia, apareciendo de repente. Con ella traía una bandeja con carne asada, pero todavía bastante cruda, patatas cocidas y una especie de salsa que nadie supo identificar-. Disfrutad. –parecía entusiasmada con su creación. Alice no quiso decepcionarla, pero tampoco tenía la intención de comer carne cruda, por lo que busco una excusa.
- Mi estómago es demasiado pequeño y creo que ya he comido demasiado por hoy. Lo siento, creo que es mejor si dejo que nuestros invitados disfruten.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Ryujin el Lun Mayo 29 2017, 23:47

Ryujin observó como la posadera le servía a la cantante una pinta de un liquido espumoso de color negro que él no fue capaz de averiguar, en un principio ni siquiera sabría deducir si era algo que pudiese tomarse, pero por el gusto con el que lo ingirió la artista, sentenció que posiblemente sería algún tipo de refrigerio del lugar.
La posadera renegó levemente ya que parecía que el precio era más alto que el que Ryujin parecía pagar, unido al hecho de la leve indirecta que significaba que debía salir del local, ya que no tenía aeros para pagar una habitación, como era de costumbre. El dragón se sintió intimidó pues no estaba acostumbrado a tanta sinceridad, pero ese hecho fue rápidamente ensombrecido por la proposición de la joven artista de compartir su habitación:

"No es necesaria tanta cord-" - Su frase fue interrumpida por una pequeña niña de amplia sonrisa y ojos emocionados, la cual se puso a un lado de Ryujin, haciéndolo retroceder un paso hacia atrás para dejarle paso y denotando al hombre que le acompañaba: Era un hombre de altura similar a Ryujin, tenia un porte duro y un pelo rojizo como las ascuas, portaba unas ropas que contrastaban con las de la pequeña que acompañaba, siendo la más llamativa una chaqueta de cuero que llevaba, por lo que supuso que dicho hombre, complementado con el carácter huraño de este, sería el guardaespaldas de la pequeña. No pretendió ser grosero, asi que hizo una reverencia con la cabeza al hombre a modo de saludo mientras escuchaba a la muchacha artista invitar a los otros tres a algo, una iniciativa que colaboró la posadera ofreciéndose desinteresadamente a cocinar algo para todos, Ryujin se sentía sorprendidamente agradecido por los amables gestos de la artista y la posadera y recordó que no había comido nada decente en los últimos días, sin embargo según las declaraciones de la artista, la cual supo por la posadera que se llamaba Alice, no era muy diestra en la cocina.

Esperó el turno de la pequeña para hablar, como había aprendido a ser educado para después proseguir con su propia presentación:
"Me temo que yo tampoco soy originario de Lunargenta, señorita Alice. Nací en el Monte Rebdoomer, cerca de Dundarak..." - Se dio cuenta que la familiaridad y confianza que había tomado había hecho que revelase algo muy personal y vital: Que había nacido cerca de la principal ciudad de los dragones, por lo que cualquiera con un poco de inteligencia sabría que él mismo era un dragón, así que apremió a decir, excusándose:
"...claro que, como pueden ver, fue una feliz unión entre humanos y no entre dragones lo que me trajo a este mundo... He llegado a Lunargenta hace poco y me temo que mis limitadas habilidades no han sido del agrado de los empleadores, pues no encuentro un trabajo en el cual pueda ganarme los aeros para poder descansar de forma adecuada." - Intentó cambiar de tema, esperando que la pobre mentira de Ryujin fuese suficiente para que no sospecharan de sus orígenes.

Guiándolos de forma mecánica a una mesa, ahora libre como todas, continuó preguntando:
"Y bien... ¿Ustedes tres de donde provienen? Si desean concederme el honor de conocer la respuesta a esta pregunta. - Trató de disimular su nerviosismo y pudo ver mejor los carteles que poblaban la posada, haciendo referencia a unos bandidos buscados, algo que Ryujin le apenaba pues no entendía como los humanos, teniendo la corta vida que poseían, deseaban usarla para adquirir unos aeros que no les iban a dar ningún tipo de paz interior o felicidad.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alois el Mar Mayo 30 2017, 01:21

- Pues realmente que gente tan grosera al no acercarte a agradecer tu música. – Dijo Emilia inflando las mejillas y tratando de parecer molesta, cosa que no nunca lograba.

La chica negó la ofrenda de pan por parte de la joven entusiasta de ojos azules, era muy claro que no la conocía ya que Emilia nunca se rendía ante un “no”.  Aun con las mejillas infladas la joven siguió acercando el pan esperando a que lo recibiesen. – Tal como a ti te gusta compartir tu hermosa música yo quiero compartir la comida, no le hagas caso a el señor Felce… es muy aburrido y correcto.

Mientras Emilia trataba de convencer a la chica de aque aceptara la hogaza de pan me fijé en el acompañante interrumpido; había sido una falta total de respeto por parte de la joven irrumpir en una conversación ajena. Ante su movimiento de de cabeza que supuse que era un saludo me limité a repetirlo, quizá aquella era la manera más adecuada de dirigirme a aquel hombre. - Lamento que hubiésemos interrumpido vuestra plática. -  Le comenté por lo bajo al mismo, las disculpas también eran importantes ante aquellos actos.

- ¿También planeas invitarnos a nosotros? – Dijo Emilia con entusiasmo en su voz al escuchar las palabras que soltaba la chica a la tabernera. – Si ves Alois Felce, deberías aprender más de ella y compartir. – Luego sacó la lengua hacía mi persona.

- Realmente no es necesario que nos invites algo… es una molestia que no deberías tomas. – Aquello iba dirigido más a la cantante, se suponía que los agradecidos debíamos ser nosotros con ella y no al revés.

Ante la pregunta expuesta por la chica de cabello me limité a negarlo con un movimiento de cabeza, cosa que por suerte Emilia no notó o estaría quejándose nuevamente.  Emilia estaba por abrir su boca para soltar otro discurso cuando un gato entro, posiblemente mascota de la cantante; dando unas palmadas de emoción la “niña” de cabello rojo se comenzó a acercar al animalito y a la otra chica.

- Oooh que adorable ¿Puedo acariciarlo? Parece muy cariñoso ¿Si puedo? – Sonrió y fijo sus ojos azules en los marrones de la contraria sin quitar una sonrisa de la cara. - ¿Te llamas Alice cierto? Porque ella te dijo Alice y seguramente es tu nombre. – Supuso nuevamente Emilia refiriéndose de “Ella” a la tabernera.

- Emilia por favor para de incomodarla, no todos estamos acostumbrados a tu curiosidad. - Tomé a la joven de nuevo por los hombros y la alejé tratando de calmarla, su entusiasmo cada vez era más volátil. – Nuevamente ofrezco disculpas por el comportamiento demostrado, también reitero que no hace falta comida o contribución alguna. – Cosa que por lo visto fue ignorada cuando la tabernera se alejo a cocinar.

Según palabras de “Alice” resultaba que ella era alguien de otro sitio, pada nada originaria de Lunargenta… algo ciertamente extraño.  El sujeto también era de otro sitio, Dundarak para ser más exacto, era muy extraño ver a alguien de tan lejos por esa zona; según había leído Dundarak quedaba muy al norte.

- ¿Por qué el lazo de dos dragones te traerían al mundo? Eso no tiene sentido. – Interrumpió Emilia a lo cual me limité a darle un leve codazo para que supiese que debía hacer silencio.

La razón por la cual el sujeto se encontraba allí llegó a continuación, buscaba un trabajo en el cual donde pudiese explotar sus habilidades aunque parecía ser que nadie le daba alguna oportunidad. Le di un sorbo al vino de mi cantimplora mientras pensaba posibles consejos a aquel hombre, algo de ayuda externa nunca caía mal.

- ¿Ya intentaste probando por tu cuenta? Los pescadores o cazadores suelen ganar dinero con la obtención de productos por sus propios métodos... podrías intentar con ello. – Volví a dar un trago al vino de la cantimplora y limpié mi boca con la manga de la chaqueta.

La comida de la tabernera llegó y no se veía del todo apetitosa aunque si pudiese ser comestible, le agradecí con un leve gesto de cabeza y Emilia arrugó la cara al ver la carne. - ¿Acaso mataron al animal hace poco? –  Tuve que dirigir otro codazo a la joven para que cerrara la boca, esta solo se limito a tomar una patata y untarla en la salsa misteriosa, sin pensarlo se la llevó a la boca y mastico lentamente. – Pero esto realmente sabe muy bien, podría comerlo toda mi vida si fuese necesario.

- Realmente se lo agradezco. – Afirmé a la tabernera mientras tomaba la bandeja y la dirigía a la mesa a la cual el sujeto desempleado nos dirigió.

Otra vez la pregunta de dónde procedíamos se hizo presente pero por parte del hombre, por lo visto esta vez no podría contestar con un movimiento de cabeza debido a la amplía información soltada por los presentes posteriormente.

- Tanto ella como yo provenimos del sur, una granja familiar humilde y con las comodidades necesarias… no hay mucho que decir realmente; visitamos Lunargenta para comprar un par de cosas y luego volver, el único problema es que ya se hizo tarde y los caminos resultarán peligrosos de ida.

- ¿Ya estás tratando de arruinar la diversión? – Criticó Emilia tomando otra patata bañada en salsa. – Podríamos quedarnos y le decimos a papá que tuvimos problemas por el camino, lobos o ratas gigantes… yo que sé; además confía en ti como el hijo que nunca tuvo, no te preocupes.

- No creo que mentir sea buena idea.

- Nada es buena idea para ti. – Emilia se giró dando por terminada la conversación y se dirigió al sujeto. - ¿Dónde queda Dundarak? ¿Es un bonito sitio?  Si es bonito me gustaría visitarlo algún día.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alice el Mar Mayo 30 2017, 02:02

En cuanto el dragón menciono Dundarak, Alice no pudo disimular su asombro. Sus ojos parecieron mostrar un breve destello. Dundarak, aquello estaba cerca de su hogar, aquel lugar que ahora estaba tan lejos, y que hacia tanto tiempo que no pisaba. Una tormenta de emociones la sacudieron; su familia, lo sucedido con la troupe… se sintió de repente extremadamente desamparada. Se sintió en un mundo muy grande, en el cual no era capaz de controlar ni sus propios pasos. Aun así, trago saliva, y continúo escuchando al joven. Según lo que había dicho, no era un hombre dragón, y tan solo era uno de los humanos que había decidido habitar en aquellas tierras del norte.

- Podrías trabajar aquí –menciono Nadia, en cuanto escucho a Ryujin-. No es que esté buscando a alguien con urgencia, pero vendría bien alguien que ayudara a nuestro nuevo cocinero. Piénsatelo.

La joven pelirroja no tardo en volver a interrumpir la conversación, cobrando ahora el protagonismo.

- No creo que sean groseros –dijo Alice, riendo ante su comentario-. Creo que simplemente se dedican a disfrutar sin más. Si se dedicaran mas a agradecer mis notas, que, a disfrutarlas, pensaría que estoy haciendo algo mal –tras la repetida insistencia de la joven para que ella tomara la hogaza de pan, acabo asintiendo. A Alice le costaba decir que no-. Está bien, seguro que esta delicioso con una buena capa de mantequilla. –Alice miro a la joven con dulzura. Le recordaba a la inocencia y el entusiasmo que solía tener ella en su niñez.

Tal y como había esperado Alice, la joven no tardo en acercarse al gato en cuanto este se aproximó a ellos. Fue entonces cuando Nadia sintió la necesidad de reafirmar algo que consideraba muy importante.

- El gato es mío. Y el gato no se moverá de la posada –dijo con firmeza. Luego, antes de que los allí presentes pudieran sentirse confundidos por aquel comentario, se aclaró la voz y rectifico sus palabras-. Demasiadas veces han intentado llevárselo. Sobretodo borracho, que consideraban que su pelaje era tan suave que era un excelente método anti depresivo. Pero el gato es mío, y no sale de esta posada.

Alice escucho en esta ocasión la historia de Emilie y Alois. La sencillez de sus historias y la humildad en sus palabras casi la conmovió. No podía dejar de sonreír, disfrutaba con aquella conversación, y especialmente con el mejunje de personalidades tan heterogéneas que había allí reunidas. En cuanto terminaron, Alice sintió la confianza suficiente como para poder hablar de sí misma por fin. Y aprovecho la pregunta de la joven, para hacerlo. Articulo sus palabras con calma, hablando de forma pausada y tranquila. Cuando Alice hablaba, solía generar una gran tranquilidad en aquellos que la rodeaban; era como la paz personificada, un mensaje de esperanza en la forma de una muchacha que toqueteaba todavía distraída las cuerdas del laúd.

- Dundarak es una gran ciudad. ¡Muy fría! Está muy cerca de donde yo nací y crecí –hablo sin borrar la sonrisa de su rostro. Tenía la mirada perdida en alguna parte de la taberna, mientras hablaba, aunque entre sus pensamientos se formaba la viva imagen de sus recuerdos-. Es una villa hermosa. La llaman “la ciudad de los dragones”, y no sin razón; las historias más impresionantes que hayáis podido oír sobre ellos, nacen en esas tierras. –hizo una leve pausa-. Yo nací sin embargo un poco más al sur, y al otro lado, al oeste. Mi hogar era una acogedora cueva situada en la estepa. Cálida, bonita, ¡no imagináis cuanto! Como mis padres, y los padres de mis padres, yo y toda mi familia, compartimos la sangre de los dragones, y siempre hemos cuidado sus costumbres y tradiciones. Algún día regresare, pero no sin antes cumplir el motivo que me ha traído hasta aquí. Aunque las razones que me trajeron concretamente a Lunargenta ahora están un poco difusas. –y callo, ya había dicho suficiente. No iba a contar nada sobre la troupe y su destino fatal. A veces no era consciente de cuando hablaba en exceso. Toco algunas notas para cerrar su dialogo, y se quedó mirando con una sonrisa a cada uno de los allí presentes.
- Yo soy de Lunargenta –dijo segundos después Nadia la posadera-. Nací aquí, crecí aquí, me case con un hombre de aquí y ahora regento una posada aquí. –hizo una pausa, manteniendo una expresión seria y firme-. Es posible que un día decida mandarlo todo a la boñiga de Ragueto (animal de Aerandir visto en el bestiario) y me vaya a alguna isla paradisiaca a tomar el sol y beber zumo de coco.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Ryujin el Miér Mayo 31 2017, 23:41

Estaba claro para Ryujin: No debía haber sido tan sincero, pero tampoco sabía mentir. Al mencionar Dundarak, vio como los ojos de Alice se abrieron y brillaron de una manera extraña, no era pura felicidad sino más bien una mezcla entre melancolía y tristeza, una sensación que el joven dragón no supo desenmascarar, pues aún apenas conocía nada de esta gente. Desvió la mirada para ver a la pequeña jugando con el gato y preguntaba incesantemente cosas a Alice, lo cual hizo que Ryujin sonriese de lado levemente.

El consejo del hombre serio hizo que este tomase la atención de Ryujin: Entendía que los seres vivos cacen para comer, pero él se veía incapaz de tomar la vida de otro ser vivo en pos de alimentarse, pero no quería sonar del todo raro, por lo que tras meditarlo levemente, dijo:

"Me temo que mis competencias son más en el terreno de arreglos manuales y de acompañamiento, quizá de cuentacuentos, señor... Disculpe, no he escuchado anteriormente su nombre con claridad, ¿es Alois?" - Antes de recibir una respuesta, la posadera llegó con una fuente de comida sorprendente: Se trataba de un pequeño animal de granja el cual había visto mejores días y parecía que había embadurnado en aceite y había tratado de decorarlo con lo que había podido encontrar en la cocina: Verdura, patatas y un cuenco con una especie de salsa bicolor. Dejó la fuente y sirvió platos para todos, cortando la carne del animal escurridizo y sirviendo a todos, que por lo que parecía tenían una cara de agrado fingido similar a la de Ryujin. La pequeña fue la única que fue totalmente sincera, ganándose la reprobación de su acompañante, pero rápidamente su cara cambió al probar una de las patatas en dicha salsa, alabando la comida de la posadera, la cual permanecía cerca a la mesa con abundantes gotas de sudor perlando su frente, a la espera de una aprobación universal, Ryujin bajó la mirada a su propio plato: La carne parecía haber estado demasiado condimentada, demasiado tiempo en el fuego o una mezcla de ambas, pero quién era él para quejarse, había comido en sus viajes prácticamente de todo, hizo acopio de valor y dio un mordisco el cual, como había sucedido con la pequeña, le había sorprendido, pues la carne estaba tierna en el interior pero crujiente en su exterior y la mezcla de aceite y diversas especias le daban un gusto único que Ryujin no dudo en denotar:
"No he comido nada tan rico en ninguna otra posada en la que he morado señorita, mis felicitaciones." - La posadera, sonriente, se dio la vuelta a encerrarse de nuevo en la cocina, no sin antes ofrecer trabajo a Ryujin, algo que él sin duda aceptó, pues le vendría bien unos aeros para continuar el viaje.

Pero la sorpresa mayúscula vino de labios de Alice, revelándose como una dragona, algo que impactó de sobremanera a Ryujin, pues aparte de su madre no había conocido nunca otro de su especie, ya que pensaba que vivían escondidos y ocultos, sin embargo esa muchacha lo había admitido abiertamente. Sin duda ahora quería saber más sobre ella, pero no veía cauto revelar que había mentido sobre su descendencia draconica, aunque si trabajaba en la posada quizá tendría una oportunidad de conocer mejor a aquella enigmática mujer dragón:
"Decidnos, Alice, ¿Que motivos difusos os han traído a Lunargenta? ¿Estáis en peregrinaje de iluminación?" - No sabía si sonaba ansioso, pues no deseaba intimidar a la muchacha, por lo que después simplemente miró a su plato y continuó comiendo, mientras la posadera se acercaba con unas jarras, hablando de su vida y, tras colocar las jarras en la mesa dijo a Ryujin con una sonrisa:
"Ya que has aceptado trabajar, cuando acabéis te toca lavar los platos, como pago por dormir en la habitación de Alice" - Tras su propia ocurrencia volvió a resguardarse en la cocina antes de que Ryujin siquiera pudiese responder.
Bajó la cabeza al plato, escuchando la conversación y se dio cuenta que realmente hacía bastante tiempo que no compartía una comida agradable y animosa, lo cual hizo que sonriese de nuevo: Sin duda Aerandir poseía mucho más de lo que él siquiera había empezado a descubrir.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alois el Jue Jun 01 2017, 21:05

Según el hombre sin fortuna para los trabajos el no tenía habilidades de caza o recolecta, era más de “Terrenos manuales y acompañamiento”  lo que sea que aquello significara. Incliné un poco la cabeza escuchando las palabras del sujeto tratando de entender a que se refería, cuando terminase de hablar lo más aceptable sería preguntarle acerca de aquello; cuando preguntó la verificación de mi nombre asentí para darle la respuesta afirmativa.

Fui a abrir la boca para revelar mis interrogantes cuando la posadera intervino ofreciéndole trabajo al sujeto, por lo visto estaba en su día de “suerte”… una de las muchas suertes que parecían existir, aun no entendía bien eso al respecto y el joven de la otra vez solo me hizo confundir declarando que yo tenía “suerte” al hacer los trabajos pesados. El hombre no dejó pasar la oportunidad y aceptó el trabajo de cocinero, tal vez a eso se refería con lo de trabajos manuales.

- Si las agradecen es porque las disfrutarían mucho mucho más. – Insistió Emilia inflando las mejillas y se erguía todo lo posible. – Tal como yo lo hice. – No era de extrañar que la joven de cabellos rojos se tomara de ejemplo para algo. – Y además ese pan es bueno con o sin mantequilla, solemos comerlo en la granja cuando Alois lo lleva y siempre es maravilloso.

La tabernera soltó un comentario referente al gato como si pensara que lo fuésemos a tomar, según lo dicho muchas personas habían intentado secuestrar al animal mientras estaban en un estado etílico y de ebriedad.

- Nosotros no llevaremos al gato a ningún lado, no somos ladrones de animales ¿Cierto Emilia?

- Y…yo, Cierto. – Respondió la de ojos azules mientras dejaba de intentar de esconder al animal bajo sus ropas, luego se acercó hacía mi para susurrarme algo al oído. – Pero sí parece querer tener otro hogar ¿En serio no podemos tomarlo? -  La mirada que le dirigí a la chica sirvió para que la respuesta quedara clara. – De acueerdo. – Y luego de eso la joven de ojos azulados siguió el jugueteo con el felino.

Tanto Emilia como mi persona escuchamos con interés la historia de Alice, ambos teníamos interés en saber cómo eran las tierras del norte… aunque cada uno tenía sus motivos diferentes. Emilia soltó un leve suspiro mientras se dibujaba una sonrisa en su rostro, al parecer las palabras de la joven la habían atrapado y por primera vez en todo el día estaba tan tranquila, tenía apoyada una de sus mejillas en la palma de su mano y parecía estar imaginando detalladamente el sitio descrito por la chica.

- ¿Dragones? – Preguntó Emilia abriendo los ojos y centrándose más en la chica. - ¿Eres una Dragona? – La emoción en las palabras de la pelirroja era notable. – Nunca he visto alguno, creí que eran un mito… oh Dioses, dime por favor que no es una broma.

El otro sujeto también parecía interesado en los motivos de la chica, era curioso que tan solo al saber la especie se generara una duda general por aquella joven. Yo también tenía mis interrogantes pero no iba a bombardear con preguntas a la joven, sabía bien lo que se sentía cuando un grupo de seres comenzaban a tomar interés por tu raza… a veces soltaban preguntas incomodas o nada gratas.

- ¿Isla paradisiaca? – Comenté ante la acotación de la tabernera. – Dudo que las islas Illidenses sean tan paradisiacas… no lo sabría decir a ciencia cierta.- Di un sorbo al vino de la cantimplora degustando el sabor y esperé a que la tabernera terminara de retirarse.- Si me lo permiten comentaré un par de dudas que tengo ante los temas tratados. – Observé primero al sujeto y pensé bien la pregunta. – Si dices poder ser un “cuentacuentos” ¿Significa que eres una especie de Escaldo o Trovador?

- ¿Qué es un escaldo? Suena a sopa. – Interrumpió Emilia sin sutileza nuevamente.

- Te lo explicaré luego Emilia, sabes que con gusto contesto tus preguntas si las haces cuando no interfieres. – La chica soltó un bufido y volvió a apoyar sus mejillas entre las manos. – Mi segunda duda es para ti. –Dije esto observando a la chica proveniente de Dundarak. - ¿Qué motivos podrían traer a una dragona a viajar tanto desde su hogar hasta Lunargenta? Quizá sea un tema del cual no quieras hablar y si es así lo comprenderé perfectamente. – No se podía exigir u obligar a un ser a dar respuestas en contra de su voluntad… aunque podía depender ciertamente del panorama, en este caso aquella ley de respeto si debía ser aplicada.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alice el Vie Jun 02 2017, 02:48

- Considérate desde hoy, parte de esta posada –dijo Nadia al dragón en cuanto este asintió ante su propuesta.

Alice se percató que después de la pregunta de Alois, la tabernera se había quedado observándola fijamente. Con una mirada bastante neutral, aunque le costaba fingir que sentía curiosidad por los motivos que habían traído a Alice hasta Lunargenta. Lo que la tabernera conocía sobre ella, estaba directamente relacionada con la troupe. Sabía que Alice había viajado con una troupe desde hacía varios años atrás; también sabía que tocaba varios instrumentos, y cantaba casi celestialmente. Sin embargo, sobre su pasado poco o nada era lo que sabía.

- Espera, no digas nada aun –pidió la posadera. Tomo una jarra enorme y se sirvió un poco de vino. Probablemente la hizo pausar un instante por el ruido que causo al dejar caer el vino sobre la jarra. Normalmente Alice hablaba con tanta suavidad, que, si había demasiado ruido, resultaba un poco más complicado escucharla. En cuanto termino de servirse, hizo un gesto para que prosiguiera.


Ambos habían preguntado por las razones que habían llevado a Alice hasta Lunargenta, por lo que de algún modo se sintió obligada a hablar sobre aquello. No sabía por dónde comenzar, ni de qué modo. Y aunque tenía claro las razones por las cuales había marchado hacia aquella bulliciosa ciudad, el destino había traído consigo algo muy distinto a la dicha que esperaba.

- Vine a Lunargenta con un grupo de artistas –comenzó a hablar finalmente-. Actores, músicos y dramaturgos. Ellos vagaban por el mundo, ganándose la vida con sus espectáculos. Eran muy queridos allá donde iban, y ya cuando yo los conocí, eran bastante conocidos. –hablaba con una amplia sonrisa cuando los recordaba. Todo continuaba siendo muy reciente, lo suficiente como para que aquellos recuerdos todavía permanecieron muy vivos en su mente. Ella recordaba casi cada instante que había pasado al lado de aquellos artistas-. Decidí marchar con ellos porque creí que era una gran oportunidad para poder aprender del mundo y lo que alberga, y también para poder compartir los conocimientos de mi pueblo sobre nuestros dioses…

Alice callo durante unos segundos que parecieron precitamente eternos. Frente al silencio de sus espectadores, que habían permanecido tantos a sus palabras, que Alice dejara de hablar hizo que aquel silencio se volviera incluso más vacío. Ella tenía la mirada perdida en alguna parte de la posada, con la evidente expresión de alguien cuya mente recreaba una imagen muy viva. La posadera señalo con mirada a los carteles que había colgados por toda la posada, donde se veía el rostro mal dibujado de los bandidos que habían acabado con la troupe en la que había viajado Alice durante tanto tiempo.

- Los artistas con los que viajaban, tenían a Lunargenta como una meta. El lugar al que pensaban venir cuando se creyeran lo suficientemente hábiles como para dar un buen espectáculo al público de la ciudad. Habían viajado muchísimo, habían hecho grandes espectáculos y ya estaban preparados. –dejo escapar un largo suspiro.
- Los bandidos aparecen cuando menos te lo esperas –concluyo Nadia, la posadera, con el ceño fruncido.
- Aun así, he aprendido mucho durante todo este tiempo, y mi objetivo de propagar mis conocimientos sobre la religión de mi pueblo todavía sigue en pie –esbozo una leve sonrisa tras decir aquello último.

Alguien más había allí en la posada con ellos. No era aquel borracho que había permanecido roncando en el rincón, aquel que había dejado de hacerlo desde bastante tiempo atrás. Era otro individuo, que cubría su rostro con la capucha de una capa marrón bastante sucia. Mirándolo de reojo, antes Alice había pensado que aquel individuo estaba recostado en la mesa sobre sus brazos; sin embargo, tras hablar, se había fijado nuevamente en él, y había podido comprobar que estaba sentado inmóvil, con el rostro en dirección a ella. Había estado observándolos y escuchándolos silenciosamente desde aquel rincón, al amparo de la oscuridad en una de las pocas zonas de la taberna a la que la luz de las antorchas no alcanzaba.

Aquel individuo se puso en pie y se acercó despacio a ellos. Bajo su capucha, y revelo un rostro desgastado, por la edad y un trasfondo difícil de imaginar. Parte de su rostro estaba quemado, como si el fuego hubiera salpicado algunas zonas de su piel. Una barba poco cuidada, que crecía aleatoriamente desde su cuello. Y unos ojos de un tono gris intenso que, pese a las características de su rostro, formaban una mirada casi dulce, una clase de mirada que inspiraba confianza y bondad.

- ¿Quieres una habitación? Cuanto más tarde la pides, más sube el precio, debes saberlo –aprovecho la posadera la evidente oportunidad de hacer fluir su negocio.
- No he podido evitar escuchar la conversación –dijo aquel individuo, con una voz frágil y ronca-. Hace relativamente poco también yo he perdido a los míos por culpa de los que sospecho, fueron los mismos que hicieron eso con esos artistas. –Después de hacer aquello, fijo su mirada atentamente en Alice. Pese a que su mirada no inspiraba ninguna desconfianza, Alice no pudo evitar sentirse incomoda-. Me preguntaba si podría contar con alguno de vosotros para, si bien no resolver lo que no se puede resolver, terminar con quienes nos hicieron esto, y volverán a hacerlo a quien sabe quién…
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Ryujin el Sáb Jun 03 2017, 02:41

Ryujin se estaba acabando el plato gustosamente, pues no había comido nada parecido en bastante tiempo, mientras la pequeña y la posadera tenían un rifi-rafe con un simpático gato que era propiedad de la posada, por lo que parecía habían intentado robarlo, lo cual Ryujin le pareció poco menos que extraño, ya que no entendía los motivos que llevaban a alguien a secuestrar un animal, claramente no entendía el sentido de estar ebrio ya que nunca lo había estado.

La pequeña, de nombre Emilia, se inclinó sobre la mesa para mirar con los ojos llenos de sorpresa a Alice, ya que ella había admitido ser una dragona, algo que había captado la atención de toda la mesa por lo que parecía, recibiendo como respuesta una leve afirmación con la cabeza, mientras el hombre miraba a Ryujin y le preguntaba con respecto a lo que había dicho de "Cuentacuentos".

"Temo, al igual que la pequeña, desconocer el significado de la palabra "escaldo", pero si conozco la de trovador: Desgraciadamente mis habilidades musicales me limitan tan solo a poder disfrutar de la música, no de reproducirla. Sin embargo, en mis viajes he podido conocer a distintas personas y vivir bastantes experiencias que gustoso comparto con quienes desean oírlas." - Asintió mientras daba un calmado trago a su bebida y miraba de forma alternativa a todas las personas en la mesa, viendo como el siguiente turno de preguntas pertenecía a Alice, haciéndole el hombre una pregunta que captó no solo la atención de Ryujin, sino de también la posadera.

Ryujin certificó que Alice era una artista, pues relataba la historia sintiéndola, llegando a causar que el propio dragón sintiese que conocía a aquellos músicos ambulantes de manera personal, lo cual hizo que se lamentase al conocer su desgraciado fallecimiento, sin embargo al alzar la vista pudo ver a un hombre saliendo de la oscuridad, interesado por la historia de Alice: Tenía muy mal aspecto, con heridas cerradas de antiguas quemaduras y unas ropas algo destacadas, pero algo le hizo no alarmarse, parecía ser una persona de confianza, pese a que no sabía exactamente porque pensaba tal cosa.

El hombre afirmó no solo conocer a aquellos bandidos, sino que también deseaba acabar con aquella espiral de muerte, acto que sorprendió a Ryujin pues los creía más belicosos. El dragón se deshizo de su capucha y, mirando al hombre, dijo sin reparos:

"Señor, me tiene a su disposición para que los asesinatos discriminados acaben, espero que se pueda llegar a una solución pacifica, el suelo regado por sangre no permite que las flores más bellas florezcan." - Miró a los compañeros de mesa, soltando una pequeña sonrisa cuando vio a la posadera que parecía ignorar la petición de ayuda en pos de obtener un mayor beneficio en su establecimiento. Por una parte esperaba que aceptasen, pero por otra temía por la pequeña Emilia, había posibilidad de llegar a la violencia física, pues los bandidos suelen ser muy tercos en su empeño por empuñar sus armas.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alois el Dom Jun 04 2017, 06:19

Era normal que Emilia no conociese el término de escaldo; pero me extraño que un hombre que por lo visto ya había viajado lo suficiente para aprender de palabras lo desconociera. El sujeto afirmo que sus habilidades como trovador eran nulas, por lo cual esa opción fue desechada instantáneamente.

- Para no dejar dudas de términos en el aire voy a decirles que es un escaldo. – Comenté paseando la mirada de Emilia al hombre. – Un escaldo es una clase de poeta, estos se basan más que nada en narrar relatos heroicos de personas.

- Y seguro eso lo aprendiste en los libros. – Dijo Emilia con una sonrisa, la chica se negaba a leer cuando se lo comentaba; cuando la conocí creí que se debía a un posible analfabetismo pero con el pasar del tiempo me quedó claro que era por vagancia.

- Si, por los libros que deberías ojear algún día.

Todos escuchamos con atención la historia de Alice, por lo visto tanto su raza como procedencia causaba mayor curiosidad entre los presentes, hasta la misma Emilia había dejado las preguntas para fijar sus ojos azules en la joven y escuchar con atención cada palabra que salía de la boca de esta. El motivo principal al parecer era obtener conocimientos y compartir cosas de su religión, un gesto algo admirable ya que no había conocido antes a alguien que quisiera hacer lo mismo.

El silencio se hizo en la taberna y la joven perdió su mirada en algún lugar lejano, no sabía si aquel tipo de pausa eran las que ofrecían los narradores para causar suspenso en sus historias; a decir verdad causaba mucha más curiosidad ante las palabras que podían seguir “Que método más curioso”.  Tanto Emilia como mi persona seguimos las señales que hizo posadera con su mirada, no nos habíamos tomado la sutileza de repasar posteriormente el ambiente y fijarnos en aquellas cosas.

- Oh… -Fue lo único que dijo Emilia por lo bajo llevándose una mano a la boca para no soltar más palabras.

El final de la historia no necesitó explicación, con las señas y lo dicho estaba claro lo que había sucedido  o al menos gran parte de lo sucedió. Aquel tipo de seres me resultaba desagradable, no entendía cómo podían atreverse a arrancar la vida a otra persona… algo tan confuso y misterioso como era la vida. Lo bueno era que aparte de todo lo sucedido la chica aun tenía ánimos de cumplir sus metas, eso significaba que no se desmoralizaría con tanta facilidad.

- Lamento mucho lo sucedido. – Volvió a repetir Emilia por lo bajo, yo me limité a asentir a sus palabras a modo de aprobación, al fin la joven era sensata. – Pero si te anima podrías enseñarme a tocar tu bonito instrumento. – Comentó la pelirroja con una sonrisa mientras movía los dedos en el aire.

Unas pisadas acercarse me hizo olvidar totalmente que debía reprochar a Emilia, miré por el rabillo del ojo tratando de captar que o quien se dirigía en esta dirección. Me giré lentamente para observar al nuevo participante justo al tiempo que la posadera parecía ofrecer una habitación, la apariencia de aquel sujeto ni inspiraba mucha confianza y temía que fuese un peligro para Emilia.

La propuesta repentina del hombre me pareció extraña, más que nada por el hecho de asociar a los bandidos relatados en la historia con la de Alice a los mismo que le pudieron efectuar un daño a él, las probabilidades de que fuese el mismo grupo de maleantes resultaba casi imposible… pero no del todo a decir verdad.

El nuevo cocinero de la posada no dudo en ofrecer la ayuda a aquel desconocido, por lo visto era un mediados que no buscaba la sangre derramada en combate, aquello hizo que mi confianza en ese sujeto en peculiar creciera un poco más. Alterne la mirada en Emilia y el hombre encapuchado, Emilia mostraba clara preocupación en su rostro ante la presencia de aquel hombre.

- Yo… realmente. – Mis palabras fueron acalladas por el movimiento brusco en mi chaqueta por parte de la joven, estaba claro que Emilia se preocupaba.

- Alois no lo hagas… por favor. – Dijo la chica en mi oído mientras me jalaba tratando o de que no partiera.

Había prometido al señor Collingwood que protegería a Emilia sin importar que pasase pero aquel asunto salía de mis manos totalmente, si habían bandidos podía ser un peligro mayor y además también podrían afectar a la joven si llegábamos a topárnoslo. Con cuidado hice que la mano de Emilia soltara mi chaqueta y me levanté del asiento; al ver la mirada de enojo, reproche y miedo que Emilia dirigía a mi no pude sentirme mal de cierta manera, era como si estuviese rompiendo mi promesa a ella y su familia.

- Yo iré pero con ciertas condiciones. Nade de intentos de asesinato, no quiero ver el uso de armas letales contra un ser viviente… y les pido por favor que la cuiden bien. – Esto último estaba dirigido más que nada a la posadera y a la joven cantante. – Y tú compórtate, no quiero llevar más quejas a tu padre de las que ya tienes. – Le di una leve palmada a la joven en la cabeza, había notado que aquel gesto aparte de realizarse con niños también podía servir para calmar a las personas.

- Como sea, aunque también llevo quejas tuyas. – Respondió Emilia al momento que escondía la cabeza entre sus brazos.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alice el Dom Jun 04 2017, 14:07

La mirada de la joven Alice se desvió durante un momento a Alois y su acompañante, aquella muchacha pelirroja de tez impoluta. Hasta aquel momento, no se había dado cuenta de que era más alta que ella. Aunque tampoco era demasiado difícil superar la escasa altura de Alice. La muchacha pelirroja no parecía convencida con la idea de que Alois se uniera a aquella empresa que había propuesto el desconocido. El drogan, sin embargo, había demostrado completa disposición para lo que fuera necesario, en cuanto vio que las razones que había expuesto el desconocido eran lo suficientemente razonables.

- También a mí me gustaría ayudar con esto. Creo que pocas serían las cosas que querría con tanta intensidad, de tener la oportunidad… -dijo Alice, mientras su mirada quedaba perdida en algún rincón de la taberna. Los bandidos, todo lo que había presenciado, era tan reciente que todavía permanecían las imágenes claras en su cabeza. Estaba convencida de que, si aquello salía bien, sería capaz de olvidarlos para siempre, de sentirse en paz y poder continuar con sus objetivos iniciales.
- Conmigo no contéis –dijo firmemente la tabernera. Luego señalo al desconocido con un plato blanco que llevaba un rato sosteniendo con su mano izquierda-. Tienes una pinta muy rara, y yo no me junto con gente de pinta rara.

Alice dejo escapar un leve suspiro. Pensaba que a veces Nadia hablaba demasiado. Por lo general solía tratar día tras día con gente ebria, gente perdida en la ciudad buscando una dirección, o individuos que tan solo querían entrar en la posada para utilizar el baño. Tras muchos años teniendo la misma clase de clientes, al final había terminado comportándose de un modo mucho más frio e indiferente hacia la gente que llegaba a la taberna. Era una de las razones por las que había acogido de buen grado a Alice; ella era pequeña, tierna, cantaba y era amable con todo el mundo. Y todo el mundo lo agradecía regresando una vez más a la taberna, guiados por el buen recuerdo de aquella amabilidad, la misma que Nadia había olvidado como usar.

- Como guste, señora… -respondió el desconocido, mirándola con una media sonrisa. Luego miro a Alice, y le tendió las manos. La reacción instintiva de Alice fue entregarle las suyas, de modo que ambos habían juntado las dos manos-. Valoro mucho que hayáis decidido contribuir en esto.

Alice no puso que decir en aquel momento. Aprovechando el momento, se quedó mirando durante algunos segundos a los ojos del individuo. Eran unos ojos profundos, “no decían nada”, y guardaban algo que no podía desvelar. Aun así, la convicción que había mostrado el otro dragón, y la aceptación por parte de Alois, habían terminado de hacer creer a Alice que era una buena idea continuar con aquello. Pero en especial, lo que la movía a continuar con aquello, era la posibilidad de hacer justicia, de conseguir sentirse en paz de una vez por todas. Si no lo hacía pronto, tal vez sentiría aquel pesar durante los años venideros.

- También yo formare parte de esto –asintió Alice, finalmente. El hombre continuaba mirándola a ella.
- Sé dónde se encuentran, donde se refugian. Conozco el lugar donde operan, donde deciden a quienes atacar. Donde guardan todos sus mapas, sus tesoros, las rutas, todo –contaba el individuo, que se movía inclinándose levemente hacia delante, cada vez que pronunciaba una palabra con más intensidad que las demás-. Tenía pensado hacer un ataque sorpresa. Que no lo esperen. Sé que dentro de una hora llegaran a su refugio para dejar algunos objetos robados.
- ¿Cómo sabes todo eso?   –pregunto Alice, recelosa. Aunque trato de ocultar su desconfianza. Se había percatado de que aquel individuo sabía demasiado, más de lo normal.
- He ido adquiriendo toda esta información para poder encontrar las personas indicadas y usar esa información a nuestro favor –se excusó él.

Era la única oportunidad que tendría en aquel momento Alice. La oportunidad para ir a por aquellos que le habían arrebatado sus nuevos amigos, aquellos que casi se habían convertido en parte de su familia.

- Vosotros no tenéis por que venir. No es necesario –se dirigió en aquel momento hacia Alois y la joven pelirroja-. Quiero decir… supongo que puede ser peligroso para ella.

Aquel repentino comentario, aunque tenía su motivo, despertó sin embargo la sospecha de Alice, que prefirió responder rápidamente antes de permitirle decir nada a Alois.

- Es mejor que venga con nosotros, por lo menos el hombre. Cuantos más seamos, más fácil será hacer esto.
- ¿Y porque simplemente no llamáis a la guardia y que se ocupen ellos?   –pregunto Nadia, acercándose nuevamente a ellos, e introduciéndose en la conversación.
- La guardia no hará nada –la mirada de Alice hacia Nadia fue casi inquisitiva. El hecho de haber recibido una completa falta de atención acerca de aquel tema por parte de la guardia, todavía le hacía hervir la sangre. Nadia tan solo se encogió de hombros y continuo con sus quehaceres.

El desconocido se encogió de hombros, aceptando por alguna razón de mala gana que Alois marchara con ellos. Alice finalmente simplemente atribuyo aquello a que el individuo no quería involucrar a la joven pelirroja en todo aquello, y le disgustaba la idea de que pudiera sufrir daños. ¿Pero si se quedaba al final con Nadia, porque reaccionaba de todas formas de aquel modo?

- Muchas gracias –respondió el desconocido, sonriendo ampliamente. De ese modo, descubrió de sí mismo tres dientes de oro que lanzaron un breve destello en cuanto vieron la luz de las antorchas-. Creo que es un buen momento para que me presente… mi nombre es Queelm –luego se quedó en silencio, acercándose a una de las ventanas de la taberna. Se fijó en que todo estaba extremadamente oscuro, y en que algunas de las farolas que habían estado iluminando momentos atrás las calles, iban apagándose-. Con la oscuridad de la noche, esa agrupación de bandidos suele aprovechar para mover las mercancías hasta el refugio. Yo sé dónde se encuentra ese refugio, así que podremos sorprenderlos y exigirles responder ante la ley. Normalmente no van armados cuando regresan hasta el refugio, porque intentan hacer esa marcha lo más silenciosamente posible.

Todos habían escuchado con atención las palabras de Queelm. Nadia le propino una mirada amenazante.

- Como le ocurra algo a Alice, iré a por ti y te arrancare esos dientes de oro con mis tenazas –le dijo.
- Nadia –dijo rápidamente Alice, abriendo mucho los ojos al escuchar semejantes palabras-. No tienes de que preocuparte. Sé que todo irá bien.
- La amenaza seguirá en pie hasta que estés aquí sana y salva.
- Nadie dañara a la joven Alice –respondió Queelm.

Haciendo saber sobre los últimos detalles al pequeño grupo, Queelm termino de comentarles sobre la localización del refugio, la cantidad de bandidos que habría, y todo lo que debían hacer. Prácticamente, organizo el asalto.

- Pero, ¿y si tienen armas? –pregunto Alice.
- Créeme, no las tendrán. –había respondido rápidamente Queelm.

Alice no estaba segura de sí era demasiado seguro depositar su confianza y la del grupo a Queelm. Ir a por los bandidos que habían masacrado a su troupe, completamente desarmados, le parecía algo bastante estúpido. Y por esa misma razón volvió a formularle la misma pregunta de nuevo hasta tres veces a Queelm, durante el camino que emprendieron hacia las afueras de la ciudad, para llegar hasta el refugio. Él había respondido nuevamente que estaba seguro de que no estarían armados, que debía recordar lo que había dicho: “no llevaran armas para causar el menor ruido posible”. Cuando por fin Alice dejo de hacer preguntas al respecto, el camino hacia el refugio de los bandidos pareció hacerse mucho más rápido.

Llegaron hasta el claro de un bosque. Era un rincón suficientemente alejado, a treinta minutos andando desde la parte limítrofe de la ciudad. Queelm señalo al suelo del claro, entre varios arbustos y flores. Cuando Alice forzó un poco más la vista, se dio cuenta de que en el suelo había una trampilla de madera, y una cuerda larga para abrirla.

- ¿Es ahí? ¿Ahí se esconden?   –pregunto Alice con un susurro.
- Así es –respondió Queelm, sonriente-. Pronto vendrán a dejar sus cosas. podemos sorprenderlos una vez hayan entrado, o esperarlos dentro. Creo que sería más efectivo lo segundo –en cuanto escucho un ruido en el bosque, el ruido de varios pasos, agito el brazo de Alois, que se encontraba a su izquierda-. Vamos, tenemos que ir ya.

Alice sin pensarlo, por los nervios de aquella situación, marcho corriendo hacia la trampilla, abriéndola y entrando. Trato de colocar el pie sobre algún escalón, pero en cambio no encontró más que el vacío, y cayo varios metros hasta un montón de hierba y heno, que amortiguo la caída. Cuando alzo la vista hacia arriba, vio un pequeño cuadrado luminoso: la entrada, había caído tantos metros abajo que ahora desde su punto de vista no era más que un cuadrado lejano del que entraba una luz escasa.

El grupo de bandidos apareció finalmente, encontrándose a Queelm, Alois, la joven y el dragón, a medio metro de distancia de la trampilla.

- ¿Estos también son dragones?   –pregunto uno de los bandidos. Tenía una máscara negra que cubría la parte superior de su rostro. Todos ellos tenían aquella mascara-. Perfecto, Queelm. Te has lucido esta vez. Nos lo has puesto realmente fácil, recibirás un buen pago por esto. –se quedó mirando durante algunos segundos al pequeño grupo con el que había ido Alice. Tomo una bocanada de aire, y grito-. ¡Apresadlos! Y lanzadlos al calabozo, hasta que el comprador venga tenemos que tener la mercancía guardada en un lugar seguro.


Última edición por Alice el Dom Jun 04 2017, 17:21, editado 1 vez
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Ryujin el Dom Jun 04 2017, 16:25

La respuesta fue unánime, incluso con el hecho de que Alois no desease involucrar a Alice, esta estaba resuelta a ir, sin embargo a Ryujin le sorprendió todos los detalles que tenía aquél misterioso hombre, pero en ningún momento fue capaz de advertir ningún rasgo que indicase que era una trampa, tan solo pensaba que era un hombre dedicado que había invertido mucho tiempo en adquirir información de aquellos bandidos.

El hombre, apodado Queelm, conocía cada paso de aquellos bandidos, pero Ryujin estaba convencido de hacerlos entrar en razón: ¿Que necesidad había de sustraer vidas y dedicar las suyas propias al robo de posesiones? Era mucho más lógico para él vivir una vida de paz y conocimiento, y eso pensaba que podría hacer entender a aquellos hombres y mujeres.

Después de unas palabras algo cargadas de amenazas de Nadia, Queelm decidió emprender la marcha antes de que los bandidos llegasen a su escondite, siendo seguido por el resto de participantes, quedando atrás únicamente la pequeña Emilia y Nadia, aunque Emilia parecía preocupada por Alois, algo comprensible.

Pasaron las puertas de la ciudad y rápidamente Queelm se adentró en un bosque colindante con la ciudad, no era un bosque demasiado espeso en principio pero según Queelm iba guiándonos con una pericia experta el bosque fue cerrándose, hasta el punto que a Ryujin le era imposible discernir el camino de vuelta, pero no le preocupaba: Esperaba que después de razonar con ellos, amablemente le acompañasen a la salida... aunque esa posibilidad la veía poco probable.

Finalmente Queelm llegó a un claro, era un claro natural donde apenas se filtraba la luz de la luna por la espesa vegetación que lo cubría, lo que dificultaba la visión, pero no era un problema para el guía, ya que rápidamente se arrodilló ante unos arbustos y, tras apartarlos, reveló una pequeña trampilla de madera desgastada y cuya forma de abrirla era desde el exterior con una cuerda.

Queelm reveló que pronto estarían aquí por lo que era mejor esperarles dentro, algo que no llegó a convencer a Ryujin pues si les sorprendíamos dentro, quizá fuesen menos propicios a una charla y sacaran las armas antes de siquiera explicar porque estábamos allí.

Un pequeño grito femenino atrajo la atención de Ryujin, era el grito de Alice, la cual se había adentrado en la trampilla y, por lo que parecía, el fondo era mucho más lejano de lo que una vez había avisado Queelm. Al momento, como si aquél grito hubiese sido una señal, aparecieron siluetas que estaban ocultas: Portaban ropajes ligeros y armas, algunos con ellas ya desenfundadas, y tenían la peculiaridad de que compartían el mismo modelo de máscara: Una máscara negra que cubría la parte superior. Queelm rápidamente se acercó a ellos mientras uno le felicitaba.

Habían caído en una trampa. Estaba claro ahora. Ryujin se maldijo por su poca perspicacia en ese asunto, pero intentó aún así razonar con ellos:

"Señores, si me permitiesen habl-" - No pudo terminar la frase cuando uno de los enmascarados hizo una seña hacia ellos, ordenando a sus hombres apresarnos y lanzarnos donde estaba Alice.

Sin duda no eran buenas noticias, pero Ryujin aún se sentía capaz de cambiar la situación, repitiendo su discurso:
"Señores bandidos, he venido aquí a hablar con ustedes y pedirles que cesen en sus actividades de pillaje y brutalidad, pues una vida sesgada antes de tiempo es una v-" - Una vez más fue incapaz de terminar su discurso, pues después de las risas de los bandidos al oír las increíbles palabras de Ryujin, estaban apuntándole con una cimitarra, forzándole a retroceder en dirección al calabozo.

Pensó en transformarse, pero sabía que necesitaría tiempo para hacerlo y, en caso de que le atacasen mientras lo hacía, temía que la transformación se descontrolase, liberando la fiereza del dragón y, posiblemente, acabando con los seres vivos de alrededor, algo que no deseaba ni siquiera para los bandidos, mucho menos para Alois y Alice. Miró al interior y, resignado, se vio obligado a entrar, pensando que quizá dentro tuviese suficiente tiempo para pensar un plan mejor en el que nadie resultara herido de gravedad o muerto.

Tras saltar al calabozo, se arrodilló ante Alice, preguntando por su bienestar, no deseaba que se hubiese quebrado nada, pidiéndole perdón por su incompetencia a la hora de divisar una trampa. Después miró alrededor, mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad, pudo ver que el calabozo era de un tamaño pequeño, no llegaría a los tres metros, lo cual dificultaría la huida pues sabía que si se transformaba allí derrumbaría el calabozo, causando posibles heridas a Alice. Empezó a pensar en un plan, mientras meditaba un plan.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alois el Dom Jun 04 2017, 21:16

La cantante había tomado la decisión de acompañarnos de igual manera, por suerte la posadera parecía tener una opinión diferente  efectivamente se quedaría en el lugar “Solo espero que Emilia se comporte y no le sea una molestia”. A veces la joven tenía reacciones que resultaban irritantes a las personas, se podría decir que era lo que le hacía especial de cierto modo, una inocencia y curiosidad más alta que la promediada.

La manera en la que el hombre revelaba que sabía cada uno de los movimientos de los bandidos resultaba curiosa, por no decir alarmante y extraña; pareciera que hubiese dedicado cada segundo a espiar a los maleantes. Alice por suerte preguntó como sabía todo aquello, duda que yo también estaba por soltar. La explicación usada por el sujeto solo me hizo arrugar el ceño, no era una respuesta de mucha ayuda a decir verdad.

El siguiente comentario del desconocido me hizo arrugar aun más el ceño, en parte tenía razón pero si pedía ayuda no la negaría… además confiaba en que Emilia se quedase allí para que no corriera riesgos. Estuve por contestarle cuando la joven de cabello negro intervino, al menos ella apoyaba mi presencia en el asunto.

- Realmente la guardia si podría hacer algo pero se tomaría su tiempo. – Comenté ante lo aportado por Alice.

- Pues que se tomen su tiempo. – Refunfuño Emilia inflando las mejillas.

- Realmente tengo curiosidad de donde sacaste tanta información ¿Cuánto tiempo estuviste observándolos? – El sujeto no tenía la apariencia de alguien que se dedicara a la búsqueda de información, tampoco era como los mercenarios… aunque si era un mercenario también tendría que tomar medidas contra él.

La posadera denotaba preocupación de lo que le pudiese suceder a Alice, por lo visto no solo Emilia era la que estaba en contra de aquello al parecer  “Aunque si todo es tal como dice Queelm no hay nada de qué preocuparse, todo estaría bien planeado”. Le di un sorbo al vino degustando el sabor y llenando un poco más la fuente de energía para el viaje que se aproximaba.

- Si tienen armas no procederemos. – Comenté luego de que Queelm afirmara que los bandidos estarían desarmados, realmente nunca se podía confiar en que los factores se repetirían o estaban fijos… a veces podían cambiar mínimamente.

- Más te vale volver, torpe. – Fue lo último que dijo Emilia antes de que partiéramos de la taberna.

La joven de cabellos negros repitió la pregunta de las armas múltiples veces en el camino, la respuesta del desconocido nunca cambió. Mientras tanto yo estaba tratando de memorizar el camino que era tomado entre la maleza, según mi sentido de orientación nos dirigíamos en sentido oeste a la ciudad.

Revisé el funcionamiento interno de mi sistema a través del ojo biónica que tenía, el motor funcionaba bien y no había recalentamiento alguno en este, además la señal de necesidad de licor no se hacía presente. Moví levemente los dedos de mi mano de cobre para sentir como se movía fluidamente, si había un problema y algo en mi fallaba podía terminar resultando totalmente inútil y no quería eso.

Me fijé que ya habíamos llegado al sitio cuando los presentes comenzaron a hablar nuevamente, había una trampilla en el suelo la cual decían que era el escondite. Miré con cierto asombro al ver que Queelm recomendaba esperar adentro, tenía entendido que lo mejor en aquellos asuntos era esperar y emboscar desde el exterior.

Alice fue la primera en tirarse de cabeza por así decirlo, el chillido de la joven se presentó cuando entró velozmente y se fue alejando como si estuviese cayendo.  De los matorrales salió un grupo con máscaras y supuse que eran los bandidos, lo peor del asunto es que se refirieron a Queelm como si se tratara uno de los suyos “Nos llevó a una trampa”. Tuve que arrugar el ceño y mirar de mala gana al desconocido, eso explicaba como sabía tanto.

El único compañero que tenía ahora fue a hablar cuando el grito de que nos capturaran llenó el aire, callando las palabras del cuenta cuentos. Apreté el puño de cobre y le di un largo sorbo a mi cantimplora degustando el vino, ya era obvio que aquello no se arreglaba con palabras… además ya nos habían amenazado con armas y eso me permitía recurrir a la fuerza.

El cuenta cuentos solo siguió tratando de dialogar, sus palabras causaban únicamente gracia a los bandidos y hacían que el filo de sus armas se acercara más y más.  Amarré la cantimplora en mi cinturón y di un paso al frente ante los bandidos, confiaba en el apoyo del sujeto para salir de aquella situación… solo que él por lo visto no confiaba mucho y saltó a la trampa.

- Eso solo da problemas. – Comenté por lo bajo y paseé la vista entre los bandidos presentes, terminando en el traidor de Queelm. – Se trató de dialogar y por lo visto niegan ese camino, al apuntar sus armas contra mí considero que consideran dañarme de letalidad; además no puedo permitir que seres como ustedes  actúen de mala forma por el mundo, deberé detenerlos. – Levanté un poco los brazos para proteger mi rostro y escuché como todos los bandidos volvían a reír.

- ¿Crees que un idiota como tú pueda hacer algo? Eres solo un humano. – Dijo Queelm entre risas.

- Entonces no nos sirve, mejor hagamos que desaparezca. – Dijo uno de los maleantes que estaba en la parte posterior y se acercó con un puñal en mano. – Yo puedo solo contra él, ya verán. – vítores se extendió en el grupo de bandidos seguidos de risas.

El movimiento del bandido era sin experiencia y tosco, su cuerpo se inclino de manera baja para luego intentar subir el puñal, según sabía aquello era para ensartar el arma en mi costado y perforar alguna costilla u órgano importante. Dando un paso hacia atrás tomé impulso e impacté el puño de cobre en el pómulo del bandido, el sonido de algo partiéndose calló el ambiente al mismo tiempo que el cuerpo tendido del luchador quedaba en el suelo. Aprovechando el silencio de las risas y las miradas estupefactas me agaché junto al cuerpo, coloqué mi mano en la muñeca del ser inconsciente y tomé su pulso. – Sigue vivo. – Comenté lo suficientemente en alto para que todos escucharan.

Aquello no causo mucha gracia ni calma en el grupo, todos dejaron de reír y con ojos llenos de enojo se abalanzaron cargando con sus armas “Atacan a matar”. Me levanté tan rápido como pude y traté de recibir el menor daño posible, una cimitarra pasó muy cerca de mi cara y solo logró cortarme sobre las cejas, otra espada surcó la parte baja y corto parte de mi muslo, afortunadamente sin llegar a los tendones.

Sin tener tiempo a analizar todos los movimientos desenfrenados y sin orden de los atacantes mi limité a mantener una pose defensiva, en una que otra oportunidad liberé un golpe con el puño de cobre escuchando el hueso de algún brazo partirse o una nariz quebrarse; pero ninguno de los atacantes caía inconsciente aún.  Las posibilidades de salir en buen estado de allí eran muy bajas, ya comenzaba a dudar de si podía vivir ya que un golpe correcto con el filo de un arma podría lograr cortarme una de mis pocas partes carnosas o hasta llegar al mecanismo de enfriamiento.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alice el Dom Jun 04 2017, 23:19

Alice  no tenia ni la mas remota idea de lo que habría pasado después. Se encontró sumida en la penumbra, rodeada de oscuridad, en lo que parecía un pequeño sótano. Miro a un lado y a otro, pero continuo viendo poco mas que oscuridad. Afino un poco mas su mirada para conseguir vislumbrar por lo menos el contorno de los objetos que la rodeaban, y pudo ver algunas mesas redondas y pequeñas, cajas y herramientas que reposaban sobre estas. Pero no conseguía adivinar que clase de lugar era aquel. Lo que sabia, era que todo aquello no estaba bien, que Queelm claramente les había tendido una trampa. Se puso en pie, pues llevaba un rato largo estando sentada sobre el frió suelo, y miro hacia donde estaba la trampilla. Estaba demasiado lejos, pero aun así dejo escapar un fuerte grito. No un grito de miedo, ni tampoco pidiendo socorro; era un grito de advertencia. Para que no se lanzaran, para que pensaran un poco antes de realizar la siguiente acción, porque todo aquello estaba mal.

No paso mucho tiempo hasta que Alice escucho unas risas, proveniente de la parte superior del calabozo. Algo caía en picado ahora al interior, y caía justo frente a ella. Era Ryujin. Alice poso las manos sobre sus hombros y lo miro a los ojos, con los ojos muy abiertos.

- Estas bien? -Le pregunto, mientras observaba que Ryujin no tuviera ningún rasguño o daño mayor-. Lamento mucho esto, lo lamento de verdad. No tenia ni idea, no habría imaginado esto. Aquel hombre no me había despertado ninguna sensación negativa…

Alice le hizo saber que ella se encontraba bien, que no había sufrido ningún daño al caer. Pero se sentía preocupada por lo que pudiera pasar con Alois, quien se había quedado completamente solo arriba. Alice se puso en pie, y empezó a moverse alrededor, recorriendo el sótano, palpando las paredes, cada uno de los objetos que había a su alrededor. Haciéndolo, se hizo un pequeño corte en la mano. Soltó un leve quejido, pero aquel corte no fue lo suficientemente grande como para que detuviera su búsqueda. Continuo buscando algo, una pista, algo que le permitiera escapar o subir. No podía transformarse, era consciente de aquello; si lo hacia, corría el riesgo a destruir algo al no poder controlar demasiado bien sus movimientos en un espacio tan reducido.

- No encuentro nada. Esto es exasperante…  -admitió Alice, mientras volvía a situarse al lado de Ryujin, quedándose sentada a su lado. No conseguía escuchar nada de lo que estaba sucediendo en aquel momento arriba.

De pronto Alice escucho que arriba se había desatado una pelea. Ella pensaba que probablemente la pelea no duraría mucho; estaba Alois a solas, sin un solo aliado que pudiera equilibrar mínimamente la balanza de la pelea. Suspiro largamente y miro de reojo a Ryujin.

- Tenemos que salir de aquí -le dijo-. Como sea, pero tenemos que salir de aquí.

La figura de una mujer salio entre los arbustos. Era Nadia, la posadera. Tenia un cuchillo con el que apretaba con fuerza el cuello de Queelm, que alzaba los brazos rendido ante la sorprendente fuerza de la posadera.

- Dejad las armas o lo mato. Ya sabía yo que algo no iba bien... -dijo repentinamente.

Uno de los bandidos dejo caer su arma, fingiendo una repentina sorpresa

- No! Por favor, no lo mates! No podemos continuar sin Queelm!  -Poco después el resto de los bandidos comenzaron a soltar fuertes carcajadas-. Por nosotros como si le rebanas el cuello. Nos ahorraras el trabajo. Al fin y al cabo, no podrá rescatar a su hijo.

- Que? -Pregunto Queelm, abriendo mucho los ojos y mirando fijamente a los bandidos.

- Ya has hecho todo lo que tenias que hacer. Nos has traído dragones. Tu hijo esta muerto. Cuando te dijimos que lo rescataríamos si nos ayudabas con esto, tu hijo ya estaba perdido en el fondo del mar -rió con fuerza el mismo bandido que había estado hablando antes.

La posadera dejo de apretar el cuello de Queelm, quien ahora fruncía el ceño con una furia que era incapaz de retener en su cuerpo. El dolor y la furia que provocaba la injsuta perdida de un ser querido. Nadia le tendió el cuchillo con el que lo había amenazado momentos antes, y Queelm se situó al lado de Alois, dispuesto para pelear. No era especialmente un buen luchador, pero la furia de la perdida y el dolor le otorgaban aquella fuerza escondida que nace únicamente en esos momentos. Nadia en cambio dio media vuelta y busco con la mirada a Alice, sin encontrarla. En cuanto se percato de que a su lado había una trampilla, dio por hecho que estarían allí, o por lo menos fue el primer pensamiento que cruzo su mente.

- Alice? -Pregunto ella.

Desde el interior del calabozo, Alice grito, respondiendo a su llamado. Nadia sin pensarlo, aprovechando que los bandidos estaban entretenidos con Alois y Queelm, corto la soga que se encontraba en la puerta de la trampilla, cuya función inicial era abrir la trampilla. Luego se arranco el vestido, quedando en sus prendas interiores, lo suficientemente largas como para no dejarla expuesta, e hizo un fuerte nudo entre la tela y la soga. La dejo caer. Alice vio como aquella soga se posaba frente a ella y el dragón, y sin dudarlo se agarro.

- Por favor, ayúdame, no llego -pidió Alice a Ryujin.

(espero que no te importe que te interprete). Ryujin asintió y la tomo por la parte inferior de sus piernas, ayudándola a ascender medio metro. Lo suficiente como para poder agarrarse con firmeza al rescate de la posadera. Nadia la subió rápidamente, poniendo todas sus fuerzas en ello. Una vez Alice estuviera arriba, repetiría el rescate con Ryujin. Era capaz de  subirlos de uno en uno, pero el peso de dos personas era demasiado para ella. Una vez Alice estuvo arriba, la abrazo rápidamente, sin entretenerse demasiado con ello.

- Y la chica pelirroja? La has dejado sola? Es peligroso, Nadia! Además le prometimos a el -señalo a Alois, quien se mantenía a la defensiva frente a los bandidos-, que la cuidaríamos.

- No te preocupes. Mi hija mayor esta con ella, cuidándola. Están encerradas en la posada, no le pasara nada  -le sonrió.

La posadera repitió el mismo procedimiento, lanzando aquella larga soga al interior del calabozo de nuevo. Alice se puso en posición, al lado de Alois. Queelm ya se había lanzado, perdido en la ira, contra los bandidos. Le habían causado múltiples heridas, sin embargo el continuaba repartiendo el acero del cuchillo que llevaba consigo entre los bandidos, causando tanto mal como era capaz. Alice comprendió que no había sido el, el artífice de todo aquel engaño. Queelm debía ser tan víctima como ellos. Queelm continuo peleando aun tras el mas extremo agotamiento, hasta que tres de los bandidos lo acorralaron, acabando con el tras apuñalarlo múltiples veces. Alice observo aquello con terror, y una furia inconcebible. Sintió que algo dentro de ella estaba cambiando, algo que no podía controlar. Sentía que se estaba convirtiendo, en el dragón.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Ryujin el Lun Jun 05 2017, 02:10

Rebuscó, aumentando su frustración en aquél estrecho lugar: Deseaba sacar a Alice de allí pero a su vez no quería transformarse, pues lo más probable era que la aplastara. Buscaba una manera de sacar a Alice de allí, habían sonidos de batalla fuera, Alois estaba encargándose de ellos... o ellos de Alois. Había sido un movimiento erróneo, Ryujin confiaba en que Alois lo siguiese, pero no había sido así. Le pareció escuchar una voz femenina difusa en la distancia, pero la voz del bandido la escuchó claramente: Queelm no era más que un títere, un peón en los juegos macabros de aquellos bandidos que habían arrebatado su vida a incontables personas: Los amigos de Alice, el niño...

Ryujin apretó el puño mientras notaba una sensación que pocas veces había sentido en su ser, su madre le había advertido de ella pues era lo que hacía que más probablemente desatara su don interior: Era la rabia de ver una situación injusta. La rabia de sentirse impotente ante la masacre de personas inocentes. La rabia de ver como, pese a todos sus esfuerzos, habían seres vivos que despreciaban la vida humana de esa manera.

Seres así... no merecían otra cosa sino ser juzgados. Juzgados por la fiereza del dragón.

La trampilla se abrió, desconcentrando a Ryujin que poco a poco notaba como se le nublaba la vista: Era Nadia.

Miró arriba y vio como se esforzaba por ayudarles, algo que agradeció.

Entonces sus pensamientos volvieron: Había gente que proteger, había gente que debía ser protegida de aquellos seres... Si no hacía algo sus amigos acabarían como el hijo de Queelm; Nadia, Alois... Alice...

Como un autómata, ayudó a levantar a Alice para que se sujetara a la soga, pero una vez lo hizo, Ryujin fue claro: Habló con una voz grave, cargada de enfado, su tono relajado y pacifico había cambiado y sus palabras eran imperativas:

"Nadia, recoge la cuerda y alejaos de la trampilla." - Nadia, sin entender muy bien el porque, acató la orden de Ryujin y se alejó, dejando a Ryujin solo en la penumbra de aquél estrecho calabozo.

El dragón cerró los ojos, concentrándose en su alrededor: Podía escuchar los sonidos de batalla, los gritos de ira y tristeza de Queelm y las hojas de los bandidos cortando el viento. Notó como poco a poco su cuerpo reaccionaba.

Comenzó a temblar, mientras su cabeza se comenzaba a embotar, trató de calmarse Mantén el control. Su cuerpo se hinchaba y su piel iba clareándose hasta adquirir una tonalidad azul cielo. Canaliza el dragón que hay en ti. Sus ojos se tornaron blancos y sus manos poco a poco se convertían en garras. Usa tu don para proteger a quienes debas hacerlo. Diversas costuras de su túnica se rasgaban mientras la musculatura de Ryujin cambiaba, de su espalda creció una crin blanca a la vez que acababa en una larga cola con un fin emplumado. Derriba a tus enemigos, nunca los mates. Ryujin se vio obligado a agazaparse cuando las paredes del calabozo apretaban su cuerpo, mientras notaba como de su espalda brotaban unas alas encerradas que no podía extender. Has sido bendecido con el poder del dragón, Ryujin. Úsalo con precaución.. Clavó las garras en el suelo, podía notar alrededor suyo pequeñas piedras desprenderse de las paredes del calabozo.

Era el momento. Iba a mantener el control. Esperaba que pudiese hacerlo.

Momentos después, en la superficie, la batalla se había vuelto más encarnizada: Los bandidos poseían una clara ventaja numérica y el desgaste de Queelm no les favorecía, se veían ganadores y lo demostraban lanzando comentarios jocosos sobre el propio Queelm y el destino de su hijo.

De pronto, un estallido ocurrió en el calabozo, destrozando la trampilla y parte del suelo de alrededor, algo que tomó a todos por improvisto. Un enorme dragón de cuatro metros blanquiazul había salido de ese calabozo. Y no estaba contento.

Cayó ante los bandidos causando un estruendo, algo que acompañó con un rugido feroz y expandiendo sus largas alas, para acto seguido mirar a los bandidos mientras resoplaba audiblemente. Los bandidos se encontraron en shock, pues aunque habían capturado un dragón nunca lo habían visto desatado, hecho que Ryujin aprovechó para alzar la garra y golpear a uno de los bandidos en el pecho, lanzandolo varios metros e incrustandolo en un árbol, dejándolo inconsciente.

Aquél acto despertó a los bandidos, que blandieron sus armas levemente temerosos mientras su jefe les vociferaba:

"¡Solo es un dragón, podemos con él! ¡El vendedor nos dará los aeros por su piel esté vivo o muerto, asi que acabemos con él y con todos!" - Los bandidos asintieron, pero Ryujin no permitió que se acercaran a nadie: Ni a Queelm, ni a Alice, ni a Nadia ni a Alois, saltó de nuevo para interponerse entre ellos y con la cola golpeó a otro más, mientras los bandidos se acercaban a él y le atacaban, sin embargo sus cimitarras gastadas no causaban tanto daño como parecían a la dura piel de dragón de Ryujin, aunque el dolor era suficiente para que poco a poco notase como su furía creía, haciendo que sus pensamientos se tornasen difusos. Debes defender a tus amigos. Los seres vivos deben vivir. Debes acabar con los seres injustos.

Rugió de nuevo cuando una cimitarra penetró su piel, clavándose para alegría de los bandidos, pues habían logrado hacerle sangrar. Ryujin bajó la cabeza al ver la sangre propia deslizarse por la hoja que tenía clavada y sus pensamientos fueron disminuyendo, hasta que finalmente solo quedó un pensamiento en su cabeza.

Acaba con los seres injustos.

Ryujin, sin dudarlo, abrió la boca y mordió a uno de los bandidos, clavandole sus potentes fauces en el brazo y el cuerpo, haciéndolo gritar y sangrar mientras el dragón lo zarandeaba y terminó lanzandolo con fuerza contra un árbol, donde dejó de moverse. El resto de bandidos se acercó, pero algo había cambiado: Ryujin ya no se detenía, avanzaba hacía ellos y no estaba reprimiendose, a juzgar por los mordiscos y zarpazos que asestaba ya no solo a los bandidos, sino a los arboles o a quién se interpusiese en su camino, debía acabar con los seres injustos.

Solo le costaba deducir quién era injusto y quién no en este punto.



Por si no queda claro, los trozos en cursiva están en primera persona porque son los pensamientos de Ryujin.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alois el Miér Jun 07 2017, 01:13

La batalla ni iba para nada bien, el filo de las armas aun no había logrado contactar con un punto sensible pero sentía varios hilos de sangre surcar tanto por mis mejillas como por mis extremidades. Un leve vistazo a mi sistema de funcionamiento indicó que no era nada alarmante, aun podía resistir mientras la sangre derramada no fuese excesiva y se mantuviese en simples líneas básicas.

El filo de otra daga surcó cerca de mi costado y profirió un corte más profundo que el resto, si no estuviese a la defensiva lo más probable es que me hubiesen apuñalado hace buen rato. Mientras el atacante seguía con el brazo alargado aproveché para impactar mi puño en su frente, no podía darle tiempo a lanzar un segundo y letal ataque de tan cerca distancia. El sujeto se tambaleó un poco hasta terminar tendido en el suelo, lo bueno de tener un brazo de cobre era poder propinar golpes con suficiente fuerza en el sitio adecuado para dejar fuera de combate a los oponentes.

El conflicto se detuvo por un momento cuando la voz de la posadera se hizo presente, la busqué con la mirada y noté como tenía a Queelm de rehén “¿Trajo a Emilia consigo?” Aquella fue la única duda que llego a mí; no me preocupaba que ella estuviese allí, me preocupa que Emilia también estuviese allí y corriera peligro.

La posadera había amenazado con matar al rehén, por muy complicada que fuese la situación actual yo no podía permitir muertes en el sitio. Al principio uno de los bandidos pareció estar en contra de aquella idea pero luego se rió junto a sus compañeros, no entendía muy bien aquel sentido del humor ¿Acaso les hacía gracia la muerte?

Con lo que pude escuchar aquello era un entramado plan de secuestro y traiciones, Queelm solo había sido un peón en el juego para el propósito real. Le habían engañado totalmente para luego clavarle el cuchillo por la espalda, por lo visto aquellos bandidos pensaban muy bien sus planes.

Por un momento Queelm se puso de mi lado y luchó… el problema es que estaba tacando a matar “¿Acaso nadie es sensato aquí?” Traté de evitar que siquiera con sus ataques pero los bandidos no se olvidaban de mi, por la fuerza me obligaron a alejarme del viejo engañado.  Por lo que escuché la posadera estaba tratando de ayudar a los caídos en la trampa, mi misión actual era mantener alejado a los bandidos todo lo posible mientras tanto.

Al verse los bandidos repartidos en dos objetivos los ataques habían aminorado y me permitían reaccionar y movilizarme mejor.  Según lo recordado había abatido ya a 3 bandidos pero aun así el número nos superaba, mientras retrocedía tomé la muñeca de uno de los atacantes y lo giré de tal manera que pudiese usarlo de escudo, dudaba que sus compañeros se arriesgaran a atacar si sabían que él podría resultar dañado.

Mi error fue garrafal ya que los atacantes continuaron y terminaron asesinando a su propio colega, la sangre comenzó a brotar del cuerpo del escudo humano y lo dejé caer al suelo mientras perdía la vida “¿Qué le pasa a estos sujetos?”

- ¿Crees que un simple iniciado nos va a importar? Acaba de fallar su prueba de inicio. – Dijo uno de los atacantes mientras escupía al cadáver y volvía a la carga. Aquello me repugno, no por el escupitajo… si no por las palabras, poco entendía de la vida y su existencia pero entendía que no debía ser menospreciada por nadie.

Por el sonido de las voces que capté Alice ya había salido, también escuché como la posadera le decía que Emilia seguía a salvo donde se había quedado, aquello era un alivio y algo menos de lo que preocuparse actualmente. Alice se situó a mi lado por lo visto dispuesta a pelear, coloqué uno de mis brazos frente a la joven evitando que se acercara de más al conflicto.

Queelm por otro lado se había lanzado de cabeza ante los atacantes, al menos eso nos había ganado un leve respiro. Lucho aunque sangrara por varias heridas, aunque todo acabó para el viejo cuando lo acorralaron; lo habían usado y al final asesinado como si fuese algo insignificante.

Bajé los brazos y comencé a caminar lentamente contra los bandidos, ya aquello había sido el límite de todo el asunto y no podía seguir manteniéndome a la defensiva.   Apreté ambos puños respirando y revisando el sistema, no estaba estable del todo pero se encontraba lejos de lo que podía ser un caos interno.

Mi caminata se había vuelto carrera y estaba por taclear al grupo cuando un estruendo a mis espaldas me hizo detenerme nuevamente para no caer, el temblor del suelo había producido que perdiese el equilibrio y por poco caía. La figura de un dragón se interpuso en el camino y quedó frente a los bandidos ¿De dónde había salido aquel ser?

Con permiso, me gustaría ambientar la aparición de Ryujin (?:

Giré la mirada para encontrarme con la trampilla y el suelo junto a esta destruidos, por lo visto tenían a la criatura encerrada allí adentro ¿Pero por qué no salió antes?  La bestia atacó a uno de los maleantes y lo mandó a volar contra un árbol, el golpe posiblemente dejara al sujeto sin ganas de levantarse.

Ante el nuevo peligro presente retrocedí nuevamente donde estaba Alice y la posadera sin saber mucho que hacer, nunca había tenido problemas contra un dragón… tan solo ver al escamoso gigante resultaba sorprendente. – ¿Así son ustedes? – Pregunté a la joven que había afirmado antes tener sangre de dragones. - ¿Es amigo tuyo?

Los bandidos atacaron al dragón, según palabras de estos lo necesitaban vivo o muerto. Lo impresionante era que la criatura parecía estar defendiéndonos de aquel grupo, no dudaba que un ser gigante pudiera contra simples humanos pero aun podía resultar peligroso.  Una simple herida en el dragón había desatado una masacre, un sujeto gritó cuando su brazo termino en las fauses del animal luego golpes iban y venían propinados por las zarpas del escamoso gigante.

- ¿Deberíamos… hacer algo? – Volví a dirigirme a ambas mujeres mientras secaba la sangre que comenzaba a caer en mi ojo, los múltiples cortes ya comenzaban a doler. – Si sigue así terminara con todo… hasta nosotros podremos correr peligro. – Miré por el interior de la trampilla para percatarme que el cuenta cuentos aun no estaba. - ¿Qué se hizo el cuenta cuentos?  No lo escuché salir… - Me preocupaba el hecho de que el dragón ya se hubiese cobrado la primer víctima del grupo.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alice el Vie Jun 09 2017, 20:21

Las preguntas de Alois no llegaron hasta la joven. Ella se encontraba ya en transición, y sentía como poco a poco sus brazos, sus piernas y cada parte de su cuerpo dejaban de ser humanos. Alice de repente se dio cuenta de que su cuerpo había cambiado. Ahora era mucho mas grande, y las vestiduras que antes había estado llevando, habían quedado deshechas en un rincón, en medio de aquella batalla campal entre los bandidos, y el pequeño grupo. Sin embargo, no era ella la única que se había convertido. También Ryujin había mostrado su forma de dragón, pero de un modo incluso mas feroz del que Alice habría imaginado jamas. Ya en la consciencia del dragón, y tras tomar el control de su cuerpo y su voluntad, Alice dio un paso hacia delante en contra de los bandidos. Estos los miraban con ahora temor. Uno de ellos jamas había visto un dragón, por lo que directamente dejo caer el largo cuchillo que había estado empuñando momentos atrás con fuerza y convicción, y se marcho corriendo hasta perderse de vista entre los arboles.

El temperamento de Alice como dragón, no cambiaba en absoluto. Había utilizado aquel don con frecuencia, convirtiéndolo al igual que su familia, en algo cotidiano y natural, que era tal y como ella lo veía. Sin embargo se percato en que en la forma de dragón, Ryujin no parecía tan convencido de quien era el verdadero enemigo. Desprendía una furia que Alice había podido ver incluso antes de que se lanzara hacia los bandidos. Ella permaneció quieta durante algunos segundos, observando que era lo que Ryujin haría. El se quedo inmóvil durante algunos segundos. Por un momento Alice pensó que todo quedaría en aquello; que los bandidos huirían, siguiendo el ejemplo de aquel que se había perdido entre el bosque. Sin embargo no lo hicieron, se lanzaron al ataque del dragón, considerando el hecho de que no se moviera como un símbolo de que era una criatura inofensiva. Aquello no hizo mas que despertar la furia de Ryujin, quien se abalanzo contra ellos, en un ataque letal, y del cual no había vuelta atrás.

El primer bandido que había caído, había luchado con mas desesperación que coraje. Los que habían sido gritos de furia en un principio, se convirtieron al cabo de un rato en gritos de espanto y horror. El siguiente bandido se arrepintió demasiado tarde de su ataque, pues en cuanto estuvo demasiado cerca del dragón, este arraso con el. Pero aquello era demasiado, mas de lo que Alice esperaba que pudiera suceder, ya conociendo la traición y la verdad de lo que estaba sucediendo.

- No lo se -respondió tardíamente Nadia a Alois, tras haber permanecido durante un largo rato viendo las acciones de los dragones. Y en especialmente viendo a Alice, a la muchacha a la que llevaba varios meses teniendo contratada en su taberna, haciendo las mismas cosas sencillas que ella solía a hacer a diario. Cosas sencillas que jamas habría imaginado hacer a alguien capaz de convertirse en una criatura como aquella-. Yo dejaría que murieran esos bándalos -dijo finalmente-. Al fin y al cabo, no han traído mas que desgracia.

También uno de ellos fue a por Alice. El ataque fue interrumpido por ella, quien lo logro noquear siendo suficientemente un único coletazo. Ryujin, sin embargo, no paraba. Continuaba y no parecía planear parar en sus acciones. La joven dragona se dio cuenta de que debía interrumpirlo, pues en cuanto terminara con los bandidos, no tenia la certeza de que la furia que parecía cegarlo en aquellos momentos, no fuera a desviarse hacia ellos. Así pues, fue en dirección al dragón, con la intención de calmarlo, frenarlo e impedir que continuara causando mayor destrucción.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Ryujin el Dom Jun 11 2017, 00:13

Los bandidos fueron diezmados en cuestión de minutos, gracias a la fiereza de Ryujin y a los esfuerzos de sus compañeros, pero una vez la batalla había acabado, el dragón no era capaz de calmarse: Su mente estaba en plena ebullición y emitía un gruñido de furia, buscando más bandidos. Los arboles parecían moverse y la visión de Ryujin se tornaba roja por momentos cuando, de pronto al mirar hacia su derecha, vio a otro dragón, posiblemente Alice, acercarse a él.
Aquella visión le hizo recobrar minimamente el sentido común, pues él jamás dañaría a un hermano dragón. Sin embargo, se sentía demasiado nervioso para retornar a su forma, sus garras ensangrentadas temblaban al igual que el resto de su cuerpo, miró como detrás de ellos estaban Alois y Nadia, ambos mirándole, Nadia parecía tener una mueca de inseguridad, lo cual era entendible, ya que momentos antes había desmembrado a otros seres humanos. Le dolía su cuerpo y la cimitarra que tenía clavada, supurando sangre, era lo que más le dolia. Sabía como sanarse si volvía a ser humano, pero no tenía esa habilidad con las enormes garras que poseía.

Aquella incapacidad para poder curarse aumentó su enfado, por lo que intentó intimidar a Alice para que no se acercase a él: Clavó las uñas en la tierra, rugió y trató de intimidarla, pero no pareció tener ningún efecto. Ryujin no deseaba hacerle ningún daño y no sabía cuanto más podría retenerse.

Vio a Queelm detrás de Nadia, semitumbado en el suelo, herido de gravedad pero aún vivo: Él había puesto en peligro la vida de Alice y de sus amigos, hasta de él mismo. Lo había hecho por... ¿por qué lo había hecho? Ryujin no podía recordarlo, su sangre hervía, podía ver a sus compañeros de viaje hablando con él y tratando sus heridas, quizá confiaban en él después de encerrarlos en un calabozo.

Perdido en sus pensamientos, no se dio cuenta que Alice estaba muy cerca, transformada en dragón. Ryujin sintió miedo de dañarla, por lo que decidió huir: ayudándose de sus alas, alzó el vuelo y aterrizó en una zona cercana: Antes de hacer daño a otro ser vivo, prefiero hacerme daño yo mismo.

Se golpeó contra una roca que encontró, tratando de sacar la cimitarra y, afortunadamente lo logró, aunque una parte se quebró dentro, hecho increíblemente doloroso para Ryujin, cual rugido era más lastimero que intimidante. Jadeaba mientras notaba de su herida brotar sangre y se notaba más y más cansado, perdiendo poco a poco las fuerzas. Notó como el don abandonaba su ser, volviendo a su forma humana de nuevo, recuperando la conciencia pero muy débil.

Finalmente volvió a ser un ser humano, se miró el costado y vio el trozo de cimitarra aún clavada en sus costillas, esperaba que no fuese una herida mortal, aunque sabía que tenía una resistencia forjada con mucho entrenamiento, las heridas que tenía habrían sido suficiente para tumbar a una persona normal. Se apoyó en un árbol, jadeando cada vez más lentamente, reparando que su túnica se había rasgado al transformarse y se encontraba desnudo, pero no le dio una gran importancia. Arrancó con cuidado unos hierbajos, untándolos con un poco de resina que había en un arbol, haciendo una venda improvisada para evitar el excesivo sangrado que estaba sufriendo. Pero antes de eso se vio en la obligación de tomar una rama fina del suelo y morderla, ya que debía primero extraer parte del filo que aún residía en su interior. Tomó el filo y, haciendo un esfuerzo titanico por no quedar inconsciente, arrancó el trozo de su interior, sintiendo como la cabeza le daba vueltas, debía actuar rápido antes de que la perdida de sangre lo dejase inconsciente: Se aplicó el ungüento, apretándolo con sus manos mientras se apoyaba en la pared, jadeando y con los ojos entrecerrados de puro cansancio.

Escuchó pasos cercanos y rezó al Dragón ancestral que fuesen sus compañeros y, resbalándose sobre el árbol que se apoyaba, esperó a ver al dueño o dueños de los pasos.

Uso de medicina:
Creo que va así no? Lo de poner en subrayado el uso de habilidades.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alois el Miér Jun 14 2017, 22:38

Antes de siquiera poder fijarme estaba rodeado no solo de un dragón, ahora eran dos lo dragones contando la forma de reptil gigante tomada por Alice.  Una escena que claramente no olvidaría, tanto por el hecho de que tenía muy buena memoria y también porque era una escena que no podía ser olvidada, era la primera vez que veía dos dragones en el mismo sitio… y también había sido donde había visto el primer dragón “Cuantos descubrimientos en una sola noche”.

La diferencia notable era que la chica si parecía controlarse a diferencia de aquel dragón que estaba atacando todo lo que interponía en su camino, quizá tenía algo que ver con cosas de generaciones o algún posible entrenamiento especial.  La posadera se había quedado sorprendida también por los dragones que habían presentes, aunque luego de salir de su leve trance comentó que a ella no le importaba si los bandidos morían después de todo.

- Aunque hubiesen actuado mal y su comportamiento no fuese el adecuado… la muerte no es la solución. – Respondí ante lo dicho posteriormente por la tabernera, asesinar a los culpables no era la opción más valida a tomar para solventar aquella clase de asuntos.

La dragona se acercó posiblemente para calmar la situación pero su cercanía solo provocó el rechazo natural del contrario, había leído que aquel gesto se presentaba en animales más que nada. Un par de gemidos lastimeros me hicieron apartar la atención de los dragones, dirigí la mirada al causante de aquel sonido para encontrar que el anciano aun seguía con vida… un hecho impresionante pero por lo que deduje de su aspecto poco tiempo era el que le quedaba.

Me acerqué un par de pasos al anciano, su apariencia era lastimera y la sangre brotaba sin cesar; me agaché ante el cuerpo moribundo de Queelm que trataba de decir algo, solamente no tenía fuerza suficiente para soltar alguna palabra y la sangre brotaba por diversos hilos desde su boca hasta su pecho. El anciano se dio por vencido ante soltar una palabra, levantó su mano temblorosa y apuntó a alguna parte de mi cuerpo, por lo visto señalaba la cantimplora.

- ¿Tratas de decir que quieres un trago? – La respuesta fue un leve movimiento de cabeza en formo de confirmación. Desenganché la cantimplora de mi cinturón y la abrí para pasársela al anciano, las gotas de vino resbalaron por su barbilla acompañando el color carmesí de la sangre.

 Una repentina ráfaga de aire me hizo apartar la vista de Queelm, me giré para notar que el dragón había elevado vuelo alejándose ante la cercanía de Alice, lo más probable es que se hubiese visto intimidado ante la dragona y hubiese cedido la zona en modo de paz… quizá los dragones si eran iguales a los animales desde cierto punto de vista.

Cargué el cuerpo de el anciano con su respiración cada vez más lenta, volví a asegurar la cantimplora y limpié nuevamente la sangre que intentaba nublarme la visión, resultaba incomodo tener una herida de ese estilo en aquella parte de la cabeza. Miré por última vez la trampilla destruida y una idea llegó a mi mente, el monje aun no había salido… o quizás si.

- Aquel dragón que partió ¿Era Ryujin? – Paseé la mirada de la dragona a la posadera, si había una respuesta ellas dos la tenían, habían estado cerca del sujeto mientras yo evitaba morir por el filo de las espadas y dagas.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alice el Vie Jun 23 2017, 01:15

Alice contempló, cómo Ryujin parecía de repente confundido. Ella lo miró, con la mirada calmada del dragón que era ella ahora, y aguardó al momento más oportuno para hacer algo. Sin embargo Ryujín pareció ser más rápido, y siguiendo sus propios motivos, alzó el vuelo y se alejó de allí, desapareciendo de la vista de Alice y sus compañeros. Ella en cambio, permaneció allí. Rugió con fiereza dirigiendo la mirada ahora hacia dónde se habían encontrado los bandidos. Todo parecía calmado ahora, y sintió que toda aquella disputa había terminado finalmente; no haría falta volver a pelear.

Paseó pausadamente por la zona, mirando a su alrededor. Hacía tiempo que no se encontraba en aquella forma, y se sentía realmente bien. De hecho, sabía que era momento de dejarlo atrás, de regresar a su forma humana, sin embargo se sentía tan cómoda que buscaba una excusa para permanecer de aquel modo. Su excusa fue, que todavía no terminaba de sentirse segura del todo; aunque no era del todo cierto. Vio a Alois, justo agachado al lado de Queelm, quien le pedía el último deseo de un hombre moribundo. Un deseo humilde. Alois cumplió con lo que había pedido, y le permitió tomar un trago; el último.

Alois hizo una pregunta que tarde o temprano alguien acabaría formulando.

Si tengo en cuenta el transcurso de los acontecimientos… –respondió Nadia, quien llevaba un rato largo en silencio–. Diría que sí, ese dragón era Ryujín.

Mientras hablaba, contemplaba a Alice, en su forma de dragón. Se acercó despacio a Alice, mirándola con serenidad. Mientras, la dragona se mantenía en calma y la observaba. La imagen de Alice en su forma de dragón inspiraba paz, y Nadia sintió una inmensa confianza y tranquilidad desde el mismo momento en el que la vio. De hecho, todavía no conseguía comprender cómo era posible que una criatura tan feroz fuera capaz de inspirar al mismo tiempo tanta seguridad y armonía.

No puedo creer que seas la misma niña que toca cada noche en mi taberna –dijo casi en un susurro, esbozando una sonrisa.

Alice de repente se apartó de ambos. Sacudiendo las alas, obligó a Nadia a alejarse algunos metros cubriéndose con los brazos. Emprendió el vuelo, y al igual que Ryujín, marchó en la cercanía pero lo suficientemente lejos como para que dejaran de verla. En cuanto se halló escondida en la sombra de los bosques, su cuerpo comenzó a hacerse más pequeño. El dragón quedaba atrás, guardándose nuevamente en lo más profundo de su ser, y dejando a su paso la joven humana que era cada día, la misma que Nadia veía tocar y cantar cada noche. Se había alejado pues no deseaba que nadie la viera en la desnudez, propia de cuando revertía su transformación. Y ahora se encontraba con la piel al viento, encogida sobre sí misma tapándose con sus brazos y sus piernas, como si temiera que los bosques la observaran. Se puso en pie, y despacio caminó cansada. Por fortuna, no muy lejos encontró una túnica oscura que había dejado caer uno de los bandidos que había conseguido escapar. La prenda le había molestado al correr, por lo que había decidido que era mejor dejarla atrás, al igual que una pieza de armadura. Alice tan sólo tomó la túnica, y cubrió su cuerpo con ella. Luego, despacio, regresó hacia donde se encontraban Alois y la posadera.

¿Habías visto un dragón alguna vez? –preguntó Nadia a Alois–. ¡Yo jamás! ¡Qué bestias! ¡Menudas bestias! Impresionante. ¡Sin duda! –exclamaba, posando sus manos sobre su cintura–. Estoy contenta, satisfecha. Ya he cumplido con las tres nuevas cosas asombrosas que debo ver antes de que termine el año: El gordo y feo hijo del panadero saliendo con esa muchacha de pelo rubio, a Walden bebiendo nada menos que 12 jarras de hidromiel en menos que los dados suman un número, y ¡dos dragones en un mismo día!
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alanna Delteria el Sáb Jul 01 2017, 12:31

TEMA PAUSADO




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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alois el Dom Jul 16 2017, 03:55

No fue de extrañar que la respuesta acerca de la forma de reptil de Ryujin fuese casi positiva, de cierto modo aun existía duda si aquel dragón había sido o no él pero lo más probable es que así fuese.  Luego de que la posadera contestase mi duda, se quedó contemplando a Alice; al parecer que la joven ahora fuese una dragona gigante la había dejado sin palabras.

No sabía si la aproximación que tomaba la mujer hacía Alice era segura, momentos atrás se había logrado contemplar como uno de sus semejantes acababa con varios bandidos sin mucha piedad, posiblemente aquella reacción también pudiese ser tomada por la joven dragona… aunque la verdad era que esta se veía más relajada que el dragón, posiblemente había algo que diferenciaba a ambos y permitía que Alice tuviese más control sobre si.

De un momento a otro la dragona también desplegó sus alas y se dispuso a alejarse, tal cual había hecho posiblemente Ryujin… si es que el monje resultaba haber sido el lagarto gigante “Tal vez los dragones tengan tendencia a desaparecer luego de mostrar su forma verdadera”. Aquel dato debería ser investigado a futuro si la joven no volvía a aparecer, aunque no sabría exactamente donde debería buscar acerca de aquello.

- No, nunca antes había presenciado a algún dragón, es la primera vez que logro observar alguno. Además concuerdo con el factor de que sean seres impresionantes, se podría decir que es una fortuna contemplarlos por estas tierras. – Respondí ante lo dicho por la posadera que parecía estar más que satisfecha con lo que había presenciado, omitiendo el peligro que habíamos corrido. – Puedo suponer que lo más asombroso en esa lista es lo de ver los dos dragones. – Le comenté a la posadera luego de escuchar sus palabras, aunque no sabía cómo eventos tan ordinarios podían estar en la misma escala que la anteriormente nombrada por mi persona.

Acomodé el cuerpo del cada vez más moribundo Queelm sobre mi espalda y observé por un momento a la posadera, estaba claro que el anciano ya estaba ante las puertas de la muerte y no había nada que hacer pero no consideraba buena idea simplemente dejar su cuerpo tirado en medio de la nada.

-  ¿Qué hacemos con él? No creo que una pira sea apta… tampoco sepultarlo. – Las posibilidades eran varias, y eran tanto positivas como negativas… una decisión difícil de tomar. – Aunque podemos dejar eso para después, lo que importa ahora es saber si debemos o no buscar a los dragones. ¿Quisieras buscar a Alice cierto? – Aquello era lo más probable, existían posibles causas de afecto que dejaban clara la respuesta; si la posadera ya la había buscado una vez lo más posible es que ahora también.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

Mensaje  Alice el Lun Jul 24 2017, 19:05

- Claro -respondió inmediatamente Nadia-. Como puedes imaginar, no tengo la menor idea de si esto le puede generar alguna clase de efecto negativo a mi pequeña -dijo refiriéndose a Alice.

Nadia echó un vistazo a su alrededor, buscando con la mirada algún indicio de movimiento. Tanto para tratar de encontrar con su mirada a Alice, como para asegurarse de que no había nadie más que pudiera suponer un riesgo para ellos, en la cercanía. Dejó escapar un largo suspiro, tras asegurarse de que en efecto, no quedaba nadie más que ellos dos, y tal vez Alice y el otro dragón en algún rincón de la oscuridad.

- Nadia -se escuchó una voz suave saliendo de entre los árboles y arbustos. Era Alice. Estaba cubierta con la túnica oscura que había encontrado, y caminaba a paso tranquilo, bastante cansada-. Estoy aquí.

La posadera rápidamente corrió en su dirección. Le tendió la bufanda, que había recogido momentos atrás del suelo: la bufanda de Alice. Ella la tomó con delicadeza y dirigió su mirada durante algunos segundos a Alois. Lo miró con una mirada enigmática; era como si Alice todavía estuviera tratando de recuperar la consciencia, y acostumbrándose de nuevo a su forma humana. Por lo general se hallaba ligeramente confundida durante los minutos posteriores a la reversión de su transformación. Después, poco a poco iba sintiéndose mejor, y recobrando su energía.

- No sé dónde está Ryujin -afirmó la joven-. No lo he visto, ni sé si lo encontraremos aunque lo busquemos.

- ¿Por qué piensas eso? -preguntó Nadia, sin comprender.

- Lo vi marcharse demasiado lejos. Creo que de algún modo, él no es capaz de controlarse tanto -calló durante algunos segundos-. Pero creo que sabrá volver a nosotros, cuando le sea posible. Confío en que estará a salvo.

Nadia asintió con cautela, y luego se dirigió hacia Alois.

- Conozco a varias personas que se ocupan de estas cosas -dijo la posadera, mientras miraba entonces al cadáver-. Gente que se dedica a contactar con los familiares, a ccelebrar los rituales correspondientes, y todo eso -se encogió de hombros-. Tal vez sea mejor dejarlo aquí y que regresemos cuanto antes a la posada. Yo podré contactar con esas personas. Me parece poco prudente que nos quedemos aquí por mucho más tiempo. Por lo menos él ya no tiene el peligro de que lo maten -señaló al cadáver.

- ¡Nadia! -protestó Alice de repente. Parecía que había recuperado su energía.

- No es que esté bromeando. Es verdad, ¿o no? -se encogió de hombros la mujer.

- Supongo que sí… -hubo un silencio-. Entonces mejor regresemos a la posada.
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Re: Música en el calor del fuego [Libre.]

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