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El fruto de la flor de belladonna [Libre] [3/3]

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El fruto de la flor de belladonna [Libre] [3/3]

Mensaje  Huracán el Jue Jun 01 2017, 20:02

Soy la última descendiente viva de los Boisson. Heredera de todo el imperio que durante siglos mis predecesores construyeron tras aplastar cientos de vampiros como si fueran burdas cucarachas. Un gremio entero a mi disposición, una tétrica mansión, negra como la esencia de mi apellido, y una considerable fortuna en forma de aeros.

Tenía todas las papeletas para continuar su legado. Continuar la leyenda de mi apellido. Continuar la gran cacería de vampiros. Como había hecho desde que me gradué en la academia. Entonces, ¿por qué renunciar a ello? ¿Por qué dejarlo todo en manos de la estúpida y arrogante Lady Cassandra Cecilia de Harrowmont? ¿Por qué dejarlo todo atrás?

Había dos principales razones. La primera de ellas: Porque ya había hecho mi trabajo. La Hermandad, la famosa secta de vampiros  que tanto daño había hecho a Aerandir, era historia tras la fatídica batalla en Sacrestic Ville. Fue costoso, pero finalmente los cazadores de vampiros habíamos ganado. La figura de su líder, mi abuela Lady Mortagglia, había desaparecido para siempre.

La segunda, porque no quería hacer más daño. A nadie. Hasta tres Boisson habían fallecido en aquel enfrentamiento, varios Harrowmont y también muchos otros amigos y conocidos. Habían muerto por una estúpida lucha fraticida. ¿Y la muerte de la Dama? ¿Y la de mi madre, la demente bruja Belladonna Boisson? ¿Qué consecuencia tendría eso sobre el resto de compañeros, familiares y amigos? Toda la ira de los seguidores de mi abuela, que no eran pocos, cargaría ahora contra otra Boisson: La asesina de la Dama, la destructora de la Hermandad. O sea, yo. Yo había ocupado su lugar, y, al igual que ella en su día, yo sería ahora la más buscada entre los chupasangres de no ser porque estos rápidamente corrieron el rumor que Huracán había fallecido en combate. Y por experiencia propia sabía que si se enteraban que estaba viva no sólo me harían daño a mí, sino a todos quienes me rodeaban. No lo iba a permitir. Nadie más moriría por mí. Mejor que todos me creyesen muerta. Nadie iría a por mí ni a por mis seres queridos en busca de venganza.

Era momento de buscar mi camino, ¿Y qué mejor ciudad a la que irme que Ulmer? Aquella ciudad, perdida en los bosques, limítrofe con el bosque de Sandorái. Pocos me reconocerían allí. Tenía que desaparecer, al menos una temporada. Hasta que todos me olvidasen.

Encapuchada, aparecí aquel atardecer en la plaza central de aquel pueblo. Hacía ya años que no pasaba por aquella villa en decadencia, pero parece que las cosas no habían cambiado demasiado por aquellos lares. Una joven, acusada de vampiresa, a punto de ser exterminada a punto de ballesta.

-¡Vampiresa! ¡A la hoguera! – gritaba a coro todo el mundo mientras un tipo mayor con bigote, que parecía ser el jefe de la zona, los alentaba aún más. Lo miré a él, y después a la víctima, que nada tenía que ver con los chupasangres, al menos desde la distancia.

Horcas. Guadañas. Azadas. Cualquier objeto era bueno para pedir hoguera para aquella hipotética vampiresa, incluso... - ¿Ristras de ajos? Por favor… – dije con asco al ver como una anciana trataba de acercarle una a la joven como el párroco asustado que muestra la cruz cristiana a aquello que relaciona con el demonio. - Analfabetos...

¿Desde cuándo me preocupaban a mí los problemas de otra gente? Desde nunca. Lo que no podía soportar eran, precisamente, las injusticias. Tenía que actuar, me abrí paso a empujones entre los campesinos y subí al estrado por la parte trasera. Allí estaba el hombre del bigote. Embravecido. Era muy valiente ante una muchedumbre deseosa de sangre y con una joven maniatada.

-¿Quién quiere ver cómo purifico su alma? – bramó al pueblo, con una daga. Tomó a la mujer del brazo y lo colocó ante esta. - ¿Queréis ver cómo extermino a este engendro de la naturaleza? - tarde, ya tenía una de mis ballestas de mano cargada y clavada justamente en su cogote.
-Suéltala. – ordené con una voz lenta y tenue, sin apenas entonación. – O desparramaré tus sesos por encima de todos estos putos paletos de aldea. – concluí sin vacilación. Todos en aquella plaza pudieron oírme. El tipo tragó saliva y la soltó. Más le valía. Me dirigí hacia la chica. - Déjame verte. – tomé a la chica, con el pelo níveo, que apenas habría cumplido la mayoría de edad, tomé su rostro con ambas manos y le abrí las pupilas, para ver si tenían un cierto tono carmesí que intentase ocultar. Me fijé en los poros de su piel. Estaban cerrados, como los de una mujer normal, de su edad. Luego sin soltarla abrí su boca y examiné sus colmillos, eran pequeños, pero los vampiros solían extenderlos. Me fijé que no hubiese un agujero en su punta, algo que utilizaban para sorber la sangre de sus enemigos. No los tenía, permanecían cerrados. – No es un vampiro. – di mi veredicto. – Déjala ir.
-¿Qué no lo es? ¡Já! ¿Y eso quién lo dice? – preguntó el hombre del bigote, mirándome. Le miré pensativa, con una mirada sentenciante, de brazos cruzados. Por momentos estuve tentada a decirle que estaba hablándole a Lady Anastasia María de Boisson, pero no, no iba a revelar mi identidad, y menos delante de aquellos catetos.
-Lo digo yo. – dije, sin bajarme del estrado, de brazos cruzados, enviando una mirada sentenciante que atemorizó al hombre y a parte de su muchedumbre enfurecida. ¿Alguien haría algo? ¿Intervendrían?

*Off: Si alguien tiene valor para intentar sociabilizar con Huracán, que se una. El único requisito es que no se abandone el tema. Fácil, ¿verdad?


Última edición por Huracán el Jue Jun 01 2017, 21:50, editado 1 vez
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Re: El fruto de la flor de belladonna [Libre] [3/3]

Mensaje  Kwenthrith el Jue Jun 01 2017, 20:40

Viajes, viajes y más viajes. Kwenthrith estaba harta del traqueteo de aquel maldito carro, y maldecía en alto cada vez que una de las ruedas cruzaba un bache. Aunque sabía que debía hacerlo si quería recuperar lo que por derecho era suyo. Cualquier oportunidad era buena para salir de Lunargenta en busca de aliados para su lucha. Ella podía prometerles de todo a cambio de labrarse ella misma un ejército propio. Aunque el rey ya tenía sospechas acerca de sus intenciones, que a menudo ocultaba bajo el manto de los intereses comerciales que traerían prosperidad al reino. Por eso se veía obligada a volver con noticias de nuevos comercios que enriquecerían su reinado. Estaba alimentando al cerdo y de eso era más que consciente, pero estaba más que segura de que contra más poder tuviese su enemigo más placer le daría rebanarle el cuello.

En ese mismo momento se encontraba en Los Reinos del Este, por la tarde, donde se anunciaba a voz de grito que una vampiresa sería ejecutada al caer la noche. Tanto ella como sus hombres no se perderían el evento. En parte, porque odiaba a los vampiros —a pesar de que si tales le ayudasen a conseguir su objetivo quizá fuese más tolerante— pero por otro lado porque la noble consideraba la información como un arma más poderosa que las espadas. ¿Qué ocurriría si Kwenthrith asegurase a voz de grito por el pueblo que el monarca hizo uso de artes oscuras para hacerse con el trono? Comprobar la reacción y comportamiento de personas supersticiosas era un aprendizaje de lo más valioso. Durante el transcurso de la tarde hizo uso de sus pinturas moradas para cubrir su rostro con motivos vikingos. Eran una ofrenda hacia Freya. Pasó los dientes humanos de su collar por sus dedos como si se tratasen de cuentas, una y otra vez hasta que el ocaso dio lugar a la luna.

Una vez en la plaza se bajó la capucha y alzó la cabeza, observando con curiosidad hacia aquel hombre que incitaba a la multitud a enfurecerse por la presencia de un monstruo. ¿Quizá verse acompañado de aquel gentío limpiaba su conciencia sobre el asesinato que estaba apunto de cometer? Ella no tenía la información suficiente para saber si aquella joven era o no aquello de lo que se le acusaba así que les concedía el beneficio de la duda. Por otro lado, sabía que tales eventos a menudo se usaban para distraer al pueblo. La vikinga no pudo evitar rodar los ojos delante de las menciones hacia cosas sobre la falsa religión cristiana.

Fue entonces cuando una mujer interrumpió el espectáculo, y Kwenthrith sonrió por su valentía. Apartó a la muchedumbre con ayuda de sus hombres para posicionarse cerca. La noble observó como tras un minucioso examen aquella mujer decía con seguridad que no se trataba de un vampiro. Cuando los abucheos comenzaron decidió actuar.

Junto a sus hombres se subió al estadio y alzó la mano pidiendo silencio. Si al menos los de aquel lugar sentían curiosidad de saber quien era la obedecerían.

Parece tener más idea que vos, sea quien sea.—Dijo, e hizo un gesto con la cabeza para que aquellos que la protegían cubriesen el lugar donde se encontraban ambas. Después se dirigió hacia la acusada y fingió examinarla también. Se puso frente a la multitud y habló —Mi nombre es Kwenthrith de Caster, supongo que habréis oído mi nombre. Tal como dice esta chica no se trata de un vampiro. Múltiples expertos de mi reino estarían de acuerdo conmigo. Si no, siempre podemos dejarla en un cuarto a oscuras junto a vos, "purificador"—Paladeó la última palabra con gusto, disfrutando de la burla hacia aquel inepto que iba a matar sin motivo alguno.
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Re: El fruto de la flor de belladonna [Libre] [3/3]

Mensaje  Jarle Björn el Jue Jun 01 2017, 21:36

A veces estoy aquí y otras no me encuentro. Hoy estaba de encargo para el señor de la casa en Ulmer, no sabía muy bien que quería que hiciera allí, las ordenes eran que estuviera alerta y observara, estaba todo bastante alborotado, muchos desconocidos y sin ningún control del perímetro. Sin quererlo siempre tenía la mente en modo estratega, con la mano en la empuñadura y los sentidos a flor de piel, aquel día era como cualquier otro podría decirse que si acabará el día así uno podría estar contento, puesto que abrir los ojos cada día era como un regalo.

Entre en una taberna y pedí un trago, o dos, la mirada de aquel mesero no era muy amigable, quizás por las pintas que llevaba o las botas mugrientas, aunque el abrigo se encontraba a la par que las botas, parece que la mierda entre oro, sigue siendo mierda. Pero aún así era la mejor forma de tirarse el farol, de pasar desapercibido en cualquier sitio. Salí de la taberna e intenté salir de aquel tugurio, cuando escuché a un gordo berrear en la plaza del pueblo mientras sujetaba a una joven por el pelo, gritaba a todo el pueblo buscando que le bramaran, el típico escenario de la peor mierda de la sociedad. Me abrí hueco intentando llegar a primera fila mientras escuchaba como la gente bramaba para que mataran a aquella vampira... yo no era muy amigo de esta raza, pero en mi ética no entraba matar por matar, siendo la raza que fuera. Mis viajes me habían enseñado muchas cosas curiosas, mucha técnica, artes, pero también me había enseñado a apreciar al resto de razas, a apreciar las cosas malas, pero también las buenas, aunque si tenía que rebanar una cabeza no me temblaba el pulso, que llore su madre antes de que llore la mía.

Mientras alcanzaba la primera línea vi como una damisela entraba en escena, ya podía estar aquella chica agradecida de que le sacaran de aquel marrón. Aunque la verdad, es que aquello era una escena bastante peculiar, parecía un teatro ambulante cuando una segunda damisela con la cara pintada acabó entrando en escena con un séquito de hombres protegiendo el perímetro, cuatro palabras bastaron para sorprenderme con aquella segunda dama, Caster decía, no pude ver bien quien era, ni acabar de escuchar sus palabras cuando uno de sus hombres al intentar alcanzar la primera línea para poder verlas de cerca, me empujo para detenerme, mal asunto. Sin pensarlo mucho, quizás por acción reacción, le solté un golpe que le hizo perder el equilibrio. Me crucé la mirada con aquellos ojos tan intensos que me confundieron por un momento, ¿la conocía?, tenía unos ojos que ni mirándola con los peores ojos que puedas, podías fastidiarte esa sensación- Perdón, pero creo que tus hombres juzgan igual que ese gordo al que llamas 'purificador'. No era la mejor forma para pasar desapercibido, ni para presentarse, pero ya sabía yo que el día no podía acabar bien.
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Re: El fruto de la flor de belladonna [Libre] [3/3]

Mensaje  Huracán el Vie Jun 02 2017, 20:18

-¿Y acaso TÚ eres alguien? – enfatizó. Lo miré seria. Tan valiente y, a la vez, tan ignorante. Si aquel tipo tuviese una sola idea de a quién se estaba dirigiendo, aprendería a cerrar el pico. Iba a responderle, pero perdí mi vista entre la muchedumbre. Una mujer con aires de grandeza venía hacia nosotros. Vi cómo sus hombres, que hacían de escolta, se habrían paso a empujones y ésta subía por las escalerillas hasta el escenario para interrumpir mi gran momento.

Había subido allí, sorprendentemente, para apoyarme. Vaya. Siempre había alguien que no tardaba en subirse al carro del victorioso. A pesar de todo, aquella mujer, a decir por sus ropajes y compañía, tenía pinta de ser alguien importante. ¿Algún tipo de autoridad en aquel pueblo? No lo sabía, tampoco me importaba. Kwenthrit de Caster. Se suponía que todos en aquella plaza debíamos conocerla. ¿Donde me habré metido los últimos 25 años de mi vida para no haber escuchado una sola palabra de ella?

Uno de los jóvenes que había sido empujado por los hombres de la tal De Caster, no trató en reprender a ésta por el burdo trato de los mismos. Poniéndolos a ella, y por extensión a su jefa, en la misma posición que el purificador de almas. Sonreí tímidamente. Al final iba a ser una tarde divertida y todo.

Personalmente, no me posicioné en ninguno de los dos bandos. Permanecí como acostumbraba, en silencio, y cruzada de brazos. Hice un gesto con la cabeza a la joven no-vampiresa para que aprovechara la distracción para largarse, algo que no tardó en hacer, mirándome agradecida. La muchedumbre parecía más atenta al lío entre aquella noble con aires de grandeza y el plebeyo.

En cualquier caso, el populacho ignorante estaba más a favor de defenestrar a la joven que acababa de dejar marchar. Y no tardaron en soltar una serie de adjetivos muy poco apropiados para unas señoritas como las que estábamos en el estrado. Estaba claro que aquella chica había sido condenada por cuentas pendientes y tenía que morir sí o sí: Tal vez un matrimonio fallido, adulterio, o simplemente que necesitaban mostrar autoridad en el pueblo. Y a los paletos no les gustaba que les quitasen su ración de circo diario.

-¿Quiénes son estas dos mujeres para venir a decirnos cómo debemos juzgar? – preguntó el hombre gordo del bigote, señalándonos. Mientras gran parte del populacho, “armado” con horcas, rastrillos, hoces o azadas, las alzaban y gritaban en nuestra contra. - ¿Acaso conocen nuestras leyes? ¿Nuestros ritos? ¡No nos respetan! ¡No nos…! – continuó, pero ya no le escuché. Hasta ahí había llegado mi paciencia.
-Katerina Kendrick, Christian Lossac, Guy de Matheron y Villiers... – comencé a decir nombres de vampiros de reconocido prestigio de los que seguramente aquellos analfabetos habrían escuchado alguna vez en la vida. El silencio se apoderó de la discusión por mi tono serio y frío. Con personalidad y actitud. - … Lady Mortagglia. – concluí, enfatizando con pena quizás, el que fuera el nombre más famoso. – Me he enfrentado a todos ellos. Muchos de ellos han muerto, otros, han tenido la fortuna de sobrevivir. – comenté. – No conozco vuestras leyes ni ritos. Y, sinceramente, me importan una mierda. – esto ya no gustó tanto al populacho que se sorprendió por mi “osadía”. – Pero yo no soy mucho mejor que los chupasangres a los que he exterminado. Tengo autoridad y potestad suficiente como para diferenciar lo que es un vampiro de lo que no. Y si alguno de vosotros, paletos, queréis venir a cuestionármelo. – continué con un claro odio, consecuencia de todo lo que había sucedido en los últimos meses y deslomé mi enorme y legendaria ballesta pesada de mi espalda, que cargué con ambas manos por su debido peso. Tan bella y ornamentada tecnología firmada por los Boisson de Beltrexus. Tiré de la corredera de la ballesta para permitir que el virote accediese a la cámara de disparo. – Aquí os espero. – amenacé.

Nadie. Absolutamente ninguno de aquellos tipos se atrevió a decir nada. Ni siquiera el gordo del bigote que había intentado liquidar a aquella joven sin ningún motivo. No me importaba. La multitud se dispersó, tratando de hacerse la ignorante. Miré entonces a la que tenía pinta de noble, la tal De Caster. -Recuerda esto, valiente. Son tus acciones las que te harán que seas respetada, no tu apellido. – respondí seria, con soberbia, sin mirarla. En alusión a su poco efectiva intervención basando su autoridad en el nombre. Y es que aquella era una frase que perfectamente podía resumir mi vida como cazadora de vampiros.

Sin detenerme un instante bajé rápidamente por las escaleras del estrado, dispuesta a dirigirme a la taberna del bar. Si la muchacha o alguno de los tipos que aún permanecían por allí querían cuestionármelo, lamentablemente para ellos aún estaban a tiempo.

*Off: Esto siempre lo digo a los nuevos para que no se asusten. Huracán es uno de los personajes más antisociales y chulos del foro xD. Así que no me odiéis a mí user. Ella es así ^^

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Re: El fruto de la flor de belladonna [Libre] [3/3]

Mensaje  Kwenthrith el Dom Jun 04 2017, 21:38

Kwenthrith estaba entretenida con aquel espectáculo que se acababa de montar en apenas minutos. Si mataban o no a la joven lo cierto es que le daba igual. Los pueblos vikingos no estaban tan atemorizados a la muerte como aquellos influenciados por el cristianismo. Pero ella no perdía oportunidad de hacerse notar y con que corriese el rumor de que una Caster estaba por esas tierras quizá conseguía más que yendo a palacio. Cuando la chica a la que -eso creía ella- acababa de salvar de una multitud enfurecida habló con tales aires al pueblo, la noble se llevó la mano a la boca para que no se notase que se estaba riendo aunque en seguida no pudo disimularlo por las carcajadas que estaba soltando. Quizá era el vino que se había ido tomando durante la tarde lo que hacía que todo le pareciese tan gracioso y lo que le había provisto de esa necesidad de atención.

Reconoció el nombre de Lady Mortagglia. Al menos le vagaba por la mente pero no terminaba de hacer la conexión que le diría porqué le sonaba tanto ese nombre. Aún así ese asunto perdió importancia cuando la chica le recriminó el acto. Se acercó a ella juntando mucho la cara a la ajena y sonrió.

Es el resto del mundo el que se empeña en reducirme a mi apellido. Pero sin embargo no les interesan mis hazañas. He arrancado cabezas con mis propias manos y me he dado un festín con su sangre—Explicó, y entre su expresión y las pinturas parecía una lunática de lo más sádica.—Si quieres que te lo demuestre estaré encantada de enviarte al Vallhala—Agachó la cabeza y escupió a sus pies para faltarle al respeto. Giró un momento la cabeza y se encontró de lleno con unos ojos azules como los glaciares del norte. Se quedó embobada durante unos segundos.

Poco después sacudió la cabeza para centrarse y bajó de aquel podio de un salto, cogiendo al hombre al que sus soldados habían apartado de la barbilla.

El adivino...—Comenzó, y se acercó aún más a él. Cualquiera que no entendiese lo que estaba ocurriendo la tacharía de loca.—Puedo ver la valentía de Odín en tus ojos, en tu tacto siento a Freya y veo en ti la codicia de Loki.— "El gran semental que cabalgará el mundo" le repitió la voz del adivino en su cabeza. Aquel encuentro iba a ser importante para Kwenthrith y ella estaba segura de ello. Pero lo cierto es que también le interesaba la mujer que había mencionado a Lady Mortagglia. Debía saber más sobre la cazavampiros y parecía más escurridiza que una anguila.

Coged al hombre y que venga con nosotros—Ordenó, antes de encaminarse apartando al gentío hacia aquella misteriosa mujer— ¡Espera, espera! ¡Tenemos que hablar!
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Re: El fruto de la flor de belladonna [Libre] [3/3]

Mensaje  Jarle Björn el Dom Jun 04 2017, 23:27

Como un perro perdido en la calle. Me reía al ver aquella escena entre dos damas, a cada cual más bella, malas mujeres. No las escuchaba muy bien lo que se decía la una a la otra, pero tampoco quería saberlo, tenía más cicatrices de mujeres que de espadas o flechas. Lo único que no me habían enseñado y tuve que aprender solo era entender a las mujeres, y aun así sigo sin comprenderlas, solo sé que te pueden llevar a la ruina, se te pueden llevar el corazón, el orgullo, la paz y la vida.

La rubia escupió a los pies de la otra, mientras la escupida salía decidida fuera de la escena, pareció no enterarse del escupitajo, pero mientras yo allí bebiendo de aquel botellín, viendo aquella escena de teatro mudo. El gordo no sabía dónde meter la cabeza ya, me parece que temía más por si alguna de aquellas mujeres hacían embutido con su barriga, que por acabar con aquella pobre chica.

La rubia saltó del escenario para ponerse delante de mí, se me pusieron los pelos de punta, ningún hombre podría provocar tal reacción, pero me había dejado sin habla. Hubiera estado bien haber sido entrenado en las artes femeninas, me hubiera librado de muchos disgustos. – El adivino…- dijo la loca de la cara pintada, con unos ojos que se me clavaban hasta la nuca, de esos ojos con los que no te puedes contener, de los de llévame a la ruina, pegué un trago. – Puedo ver la valentía de Odín en tus ojos, en tu tacto siento a Freya y veo en ti la codicia de Loki.- A cada cual más loca, sabía de que estaba hablando, aunque mi creencia se asemejara bastante a lo que ella promulgaba, no llegaba a casar conmigo, puesto que no creo en más dioses que los que puedo abarcar con mi espada.

-Coged al hombre y que venga con nosotros.- Cuando me quise dar cuenta tenía a aquellos cinco matones dirigiéndose hacia mí, a cada cual más grande que el anterior, cuando me quise dar cuenta los tenía encima y ella se alejaba de mí. Empuñe la espada y la desenvaine, posicionándola en alto a la altura de sus cabezas. – Si alguno osa ponerme la mano encima, le rebano la cabeza de perrito faldero. – Sujeté el botellín con la boca, mientras calculaba que hacer con aquellos armarios, metí la mano en el bolsillo del pantalón y tiré un puñado de monedas al aire, y en menos de 5 segundos tenía a un puñado de personas abalanzándose sobre nosotros, lo que me dio tiempo para salir de allí corriendo.

Menudo pitote, no me quitaba a aquel cuerpo de la mente, ¿Quién sería aquella Caster? Corrí esquivando a todo aquel que se me ponía delante, y conseguí ver a la rubia alcanzando a la morena, hice un último esfuerzo saltando por encima de un puesto de fruta y cogí a la seudo Caster por el brazo antes de que cogiera a la morena, la frené en seco y cruzamos la mirada, la volteé y la acerqué hacía a mí, abrazándola por la espalda para ponerle el filo de la espada en el cuello. – Bueno, mala mujer, ¿cómo acabamos con esto?
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Re: El fruto de la flor de belladonna [Libre] [3/3]

Mensaje  Huracán el Mar Jun 06 2017, 22:13

La multitud se dispersó. Por una vez las cosas habían concluido de manera “pacífica”, o al menos, los pueblerinos habían hecho caso a mis advertencias. Y es que la sutil diferencia entre aquella vez y las otras en las que todo terminaba en masacre era que, en esta ocasión, los campesinos habían optado por agachar la cabeza y volver por donde habían venido.

Quien no lo hizo fue la mujer adinerada y sádica. ¿De qué me sonaba aquella historia? Muy interesante el arrancar cabezas con las manos. Ni siquiera yo llegaba a tanto, y es que odiaba mancharme las manos y máxime con sangre de otra gente. Era bastante más rectada y escrupulosa que aquella bárbara de bastas costumbres. Mujer que, por cierto, se atrevió a escupir a mi paso y a dedicarme una amenaza muy poco inteligente por su parte. Me giré sobre las escalerillas y la miré desafiante al escuchar sus palabras.

-Inténtalo. – la desafié en tono bajo y con tranquilidad, enviándole una mirada seria y fría como el hielo. La misma mirada tranquila y, a la vez, enfermiza con la que la dama Mortagglia miraba a sus víctimas. La mantuve sin moverme durante un buen tiempo hasta que ordenó a los cinco matones que la acompañaban que fuesen a por el paleto que había osado levantarle la voz antes, el cual comenzó a correr.

¿Adivino? ¿Valentía de Odín? ¿Freya? ¿Loki? ¡Oh! Aquella mujer idolatraba a todas aquellas deidades. La religión era el refugio de los cobardes, de los que no sabían valerse por sí mismos y debían confiar en un dios que les ayudase a sobrevivir. Ridículo. Ni me molesté más en perder el tiempo y descendí rumbo a la taberna más cercana, tal vez allí podría descansar un poco después de tanto viaje.

Sentí que aquella mujer de las pinturas insistía en hablar conmigo. Venía detrás de mí. Pero no iba a perder el tiempo con ella. No me detuve ni me giré a hablar con la misma, simplemente seguí mi camino y de espaldas a la misma le respondí ante su insistencia. – Me has amenazado. ¿Y ahora quieres hablar? – hice una pausa antes de darle la puntilla. – Piérdete. –Y es que no iba a emplear un minuto de mi tiempo hablando con aquella individua. Poco o nada podría decir que me resultase interesante a aquellas alturas de mi vida.

Sin embargo, justo después sentí un golpe a mi espalda y vi a la mujer de las pinturas en el suelo. Aquello llamó mi atención y, ahora sí, me giré. Pude ver al hombrecillo de la barba reteniéndola. La había sorprendido, derribado y ahora la agarraba desde su espalda mientras la amenazaba con una espada afilada en el cuello. Sus hombres llegaron a tratar de salvarla, pero la muchacha estaba en apuros y poco podían hacer por ella.

-Estoy ansiosa de ver cómo le arrancas la cabeza con tus propias manos. – avivé con ironía a la mujer, recordándole lo que ella me había dicho previamente. ¿Y es que por qué iba a ayudar a aquella estúpida que sólo había tenido malas palabras para mí, la Maestra Cazadora?

O, al contrario, ¿por qué no demostrarle a tan triste humana una exhibición de mi poderío? Era soberbia y prepotente y, a pesar de que en aquel momento no terminaba de darme cuenta, estaba comenzando a pensar como Belladonna, o más bien como Mortagglia. Lo había notado en la fiesta del Bealtine, aunque aún tardaría unos meses en percibirlo y en darme cuenta de mi cambio de conducta, que si ya de por sí era agrio, al estar sola y sentirme frustrada a nivel personal, aún más.

Así, encapuchada como iba, sin moverme ni realizar ningún tipo de gesto con rostro o brazos, concentré el poder de la telequinesis sobre la espada del hombre que sujetaba a la apurada de Caster. El de la barba comenzaría a notar como su pulso comenzaba a temblar, pero no era su mano lo que estaba moviendo, sino su espada, realicé un impulso fuerte sobre la misma sin moverme del sitio y ésta salió volando. A menos que supieran de las capacidades de los brujos, o intuyeran que yo (o cualquiera de los hombres de De Caster) lo éramos, no tendrían ni idea de quién habría sido hasta que viesen la espada clavándose en la tierra bajo mis pies. Entonces miré a ambos con soberbia y suficiencia.

Sorprendente. - resumí sin exclamar, con una voz tenue, mirando el arma en el suelo. - Uno no sabe proteger su arma. La otra ni siquiera a sí misma. – Tomé el arma del barbudo y la tiré a los pies de aquella que decía ser noble. – Ninguno duraríais un asalto contra mí. – respondí seria, sin vacilar. Mientras esperaba a que la tal De Caster dijera lo que fuera que quisiera comentarme. De manera aborrecida. Y más le valía que fuera algo convincente pues tenía nulas ganas de conversar con nadie. - Ana María. – me presenté mostrando un pésimo estado de humor. Aquel era el pseudónimo, sin adornos ni calificativos de condición social o profesional, que venía utilizando en los últimos tiempos desde que me desvinculé del gremio. Una forma corta de mi nombre, Anastasia María, poco conocido entre los vampiros, para los que era Huracán, ni tampoco para amigos o conocidos, para los que era Anastasia.
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Re: El fruto de la flor de belladonna [Libre] [3/3]

Mensaje  Kwenthrith el Mar Jun 13 2017, 00:34

En cuanto sintió el tacto frío de la hoja de metal en su cuello sonrió de forma inmediata.

Parece que no eres un mendigo mugroso, que es por cierto exactamente lo que pareces. Además...¿qué es ese olor?—Kwenthrith inhaló aire de forma ruidosa como si estuviese identificando a qué olía aquel hombre—Déjame adivinar...¡fragancia de estiércol!—Soltó una carcajada justo después de aquello. No estaba asustada en absoluto, y menos de aquel idiota. Quien quizá le generaba algo de respeto era la mujer, pero no era algo que la vikinga fuese a dejar ver. La estaba agarrando por detrás, y poco tardarían sus guardias en alcanzarles y clavarle una lanza por la espalda. Esa idea la asustaba un poco; ella en sí tenía el don de ver cosas que los demás pasaban por alto, sabía escuchar las palabras de sus dioses. Y sus dioses le habían susurrado al oído que la descendencia de aquel hombre tocado por Odín saquearía todas las tierras y tendría renombre. Reptó su mano por la pierna del contrario y la posó en el pene—Tu osadía me resulta de lo más atractiva. Si no estuviéramos delante de esta señorita te dejaría preñarme mientras me apuntas con la espada.—Se relamió los labios sonoramente aunque se interrumpió a si misma por la otra mujer.

Muchacha...—Empezó—Le arrancaré la cabeza con las manos si al final no es tan interesante como parece. Me gusta escuchar a los demás antes de hacer puré con sus sesos. Además, estoy un pelín en desventaja, ¿no es así tesoro?—Dijo, y balanceó con los dedos el miembro de su captor.

Lo que pasó a continuación la hubiese dejado con la boca abierta si no hubiese visto antes a magos. Aún así, le seguía sorprendiendo que alguien tuviese la capacidad de hacer tales cosas.—Impresionante, pero las he visto mejores.—Concedió, y entonces se giró para coger de nuevo al hombre por la barbilla.—Jamás me pondrás la mano encima o te apuñalaré cien veces mientras duermes.—Y eso fue lo último que le dijo a él. Ahora tenía que prestar atención a la otra chica.—Kwenthrith—Se presentó, e hizo un ademán con la falda que le provocó el amago de una sonrisa de lo ridícula que se sentía con tales protocolos.—¿Ana María? No suena tan imponente como tú. Aunque seguro que tu historia sí lo es...quizá te interese pasar tiempo conmigo. Siempre tengo buenos tratos para aquellos como tú.
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Re: El fruto de la flor de belladonna [Libre] [3/3]

Mensaje  Jarle Björn el Mar Jun 13 2017, 22:46

En toda mentira, hay siempre un trago amargo de verdad. Nadie tenía que decirme que parecía un mugroso, si quisiera podría ser más digno que los allí presentes, pero hoy día las galanterías no te salvaban la vida, y aquella desconocida me hablaba de mugroso cuando lo único que hacía ella era cubrirse de gloria con un apellido, la palabrería en boca de los débiles.

Pero todo se volvió más interesante cuando empezó a reptar por mi pierna hasta llegar a mi entrepierna, poniendo encima de mi miembro su mano, ojalá lo hubiera agarrado, si lo hubiera sabido no me hubiera puesto ropa interior. - Tu osadía me resulta de lo más atractiva. Si no estuviéramos delante de esta señorita te dejaría preñarme mientras me apuntas con la espada.. Se relamió para gusto de mis sentidos, aquello me había sentado como un balazo en el pecho, me rondaban las moscas por la mente mientras ella seguía hablando, palabrería y más palabrería. - .... con las manos ..... al final ..... Me gusta ...... hacer puré con su..... tesoro? Me había perdido en la conversación, mi mente había captado la información que le convenía, bueno en aquel momento no creo que fuera mi mente la que captara información, y más hablando de tesoros mientras jugueteaba con mi miembro. Yo estaba a punto de perder la cabeza, esto es así, ya no recordaba ni mi nombre, se me había grabado su esencia como una cicatriz, no me venía a la mente otra idea que empotrarla contra la puerta de la taberna, preñarla decía, de allí salía con un equipo de soccer.

Pero poco tardé de volver en mi, la espada voló de mis manos, ni recuerdo con que mano la sujetaba, la espada digo, una pena porque si aquel suceso hubiera esperado unos instantes más, seguramente hubieramos acabado en el altar. Pasión inmoral. Sacudí la cabeza mientras entraba en situación - Ninguno duraríais un asalto contra mí. - dijo la bruja, una pena, es una pena que me corten aquel momento para demostrar quien es mas temible de las dos, pero también es una pena ver que las razas no cambian, si de algo pecaban estos brujos era de soberbia, les había acompañado toda la vida y muchos de ellos seguían poseyendo ese don tan humano, aunque lo desmintieran. Seguramente con sus malas artes no le faltará razón y no podría con ella, pero como siempre, las guerras no las gana un guerrero, es un dato que la soberbia hace pasar siempre por alto. Después de aquella demostración la observé bien, intuí de quien se trataba, una belleza de mujer no se olvida, aunque no recuerde ni cuando ni donde la había visto, pero aquellos rasgos, aquel carácter y esa destreza, las malas lenguas hablaban de una mujer apodada Huracan, con un buen registro en batalla, no recordaba bien en que expedición me habían informado de su existencia, ni quien me había dado aquella información, pero me habían informado sobre ella y cuadraba en todos los aspectos, hasta en el que siempre pecan los mejores brujos.

Cuando me quise dar cuenta me tenían cogido por la barbilla, - Jamás me pondrás la mano encima o te apuñalaré cien veces mientras duermes, ojalá y me apuñalaras pensé, me aparté de ella mientras hablaba con la otra, pasando la mano por su trasero, sin pasarnos, ya me había marcado, por lo menos, hasta la próxima que viniera. Me aparté y me acerqué hasta mi espada, la recogí del suelo, no se me caían los anillos por recoger la espada, seguramente a estas dos bellas damas se le caían los anillos hasta por hacerse un almuerzo. Lo mejor sería dejar que aquellas dos bellas damas acabaran con su conversación, pero aquello era demasiado tentador como para dejarlo pasar, todo podría complicarse, pero es lo que tenían los malos hábitos, que nos entretienen la vida. Caminando alrededor de aquellas damas... - Muy bien bellas damas, después de sus demostraciones particulares, podríamos divertirnos los tres... o por lo menos dos de nosotros, aunque también podríamos hablar en plata y no andarse con tantos rodeos... Mi nombre es Jarle! no desciendo de ninguna estirpe.. que yo sepa, de altos reyes.- dije mientras pasaba cerca de mi bella dama, que ganas me entraban de quedarnos a solar... - Tampoco soy un temible asesino, ni voy a acabar con vosotras, pero me interesa saber que forasteros habitan nuestras tierras. acabé diciendo para sentarme en la escalerilla de una vieja carreta.
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Re: El fruto de la flor de belladonna [Libre] [3/3]

Mensaje  Huracán el Miér Jun 14 2017, 22:44

Aquella mujer de noble sólo tenía el apellido. Era tan ruda y grosera… ¡Tan basta cual pastor de aldea! A saber si, en realidad, era quien decía ser y no una mercenaria cualquiera provista de matones descerebrados. Anda que no me había cruzado yo en mis viajes con gente así.

De brazos cruzados y seria, y siempre cubierta por mi capucha de espaldas a la mayor parte de la población para evitar ser reconocida, no aparté ojo de aquel ridículo espectáculo que aquellos dos habían montado. Ella, amenazándole con testículos en mano. Él, cuan imbécil parecía, “en su mundo”, feliz por donde había ido a agarrar la rubia. Diálogo de besugos típico de pueblerinos de aldea. Olvidaba que estaba en Ulmer.

Definitivamente, aquella mujer no era noble, y si lo era, no había aprendido modales en su vida. Pero tenía lengua de víbora afilada para todo el mundo, incluso para mí. ¿Mi nombre no sonaba imponente? Eso es lo que pretendo, muchacha. Soy una loba con piel de cordero, ignorando la petición del campesino de querer saber cosas de mí. – No te conviene conocerme. – dije mirándole seria, si a cada campesino que me encontraba por el mundo fuese contándole mi vida ahora mismo no tendría doscientos ojos sobre mí, sino ochocientos.

Señalé entonces a Kwenthrith de Caster. - Habla. – respondí de manera seca a su ofrecimiento a hablar conmigo. Esperaba que tuviese algo interesante que decir.

Escuché su oferta con atención, sin moverme y sin quitarle un ojo de encima. Incluso parecía decir cosas interesantes. Pero entonces, alguien pronunció la palabra mágica.
-¡Huracán! – gritó una voz masculina, justo detrás de mí.
-¡Ash balla ná! – me di la vuelta furiosa, grité y estiré la mano, invocando una fuertísima corriente de aire que empotró al hombre contra una de las paredes de piedra de aquella pequeña choza que parecía actuar de taberna. Ahí quedaba patente que era una bruja de aire.

El tipo gimoteó, casi no podía respirar ni moverse. Aquella corriente que había generado era cuanto menos extraña, parecía estar asfixiando a aquel campesino que había pronunciado mi nombre, empotrándolo fuertemente contra la pared. Y lo peor de todo, era que estaba disfrutando torturándole, dejándole sin respiración. La cordura volvió a mi mente cuando le solté, cayendo el hombre al suelo y abandonando mi posición para ir a ritmo firme hacia el tipo.

-¿Qué es lo que has dicho? – pregunté furiosa caminando hacia él, que había caído al suelo y respiraba asfixiado, encarándome con el pobre hombre del suelo, mientras apretaba los puños, tratando de contener el nombre. Quería saber qué sabía de mí aquel hombre y por qué me conocía.
-Por… Por favor, milady. – suplicó el hombre desde el suelo, anteponiendo las manos sobre su cuerpo y mirando entre las mismas como si eso fuese a salvarle el cuello. - Sólo… Sólo llamaba a mi perro… - gimoteó. – Hu… Huracán.
-¡Guau! ¡Guau! – un chucho apareció a mi espalda ladrando y meneando su cola, feliz de estar con su dueño.

Sin quererlo, había revelado mi verdadera identidad a cualquiera que supiese algo mínimamente sobre mí. ¿Pero por qué iba a saber alguno de aquellos dos algo de mí? Confiaba en que nadie conociera la masacre de Sacrestic Ville, o que al menos no tuviera el “valor” de venir a decírmelo. Estaba mostrando actitudes, quizás, excesivamente violentas incluso para ser yo. Y aunque repudiaba completamente aquel tipo de comportamiento cada vez sentía que me parecía más a Belladonna, o incluso a Mortagglia. Y me daba asco a mí misma. Los genes de los Boisson iban en mi sangre, pero tenía que ser capaz de controlarlos. Yo no era como ellas.

-¡Joder! – marché frustrada, abandonando al pueblerino y también ignorando a Jarle, Kwenthrith, y su propuesta. Abrí la puerta de la taberna de un fuerte empujón. Tal vez me seguirían, o tal vez no. No me importaba, en cualquier caso, quería estar sola. Aunque por el nuevo numerito montado aquel dúo seguramente se sentiría ahora más atraído por mí. Pedí un vaso de ron y me dispuse a sentarme en una mesa alejada en aquella mugrienta taberna.
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Re: El fruto de la flor de belladonna [Libre] [3/3]

Mensaje  Kwenthrith el Jue Jun 15 2017, 17:33

Jarle, ¿eh?—Repitió la noble y después enarcó una ceja—No podrías acabar con nosotras ni aunque te lo propusieras, tesoro.—Replicó Kwenthrith sonriendo aún por el ofrecimiento de pasárselo bien entre ellos.—Ya me he presentado. Kwenthrith de casa Caster. No es tan complicado de recordar, ¿no crees?—Escupió con burla y después atendió a la chica. Por sus expresiones se atrevía a decir que Ana María no estaba tan indiferente como al principio y sus tratos podían llamarle la atención. La noble podía prometer de todo, pero lo cierto es que no sería capaz de dar nada a menos que se hiciera con el trono de Lunargenta. Aún así, era capaz de embaucar a aquella mujer. Por lo general sus camelos iban dirigidos hacia hombres, pero alguna que otra vez había usado su persuasión en féminas. Cuando se estaba acercando hacia ella algo ocurrió.

"Huracán", escuchó, y eso activó a la dama como si Loki le hubiese ordenado matar. En ningún momento pretendió parar lo que ocurría, la vida de aquel hombre para ella tenía el mismo valor que un muslo de pollo. Y el muslo como mínimo alimentaba. Ver como el hombre rogaba le resultaba patético. Si hubiese sido uno de sus guerreros suplicando de esa forma ella misma le habría cortado la lengua. Pero lo que realmente le intrigaba era la reacción de aquella chica. ¿Qué le había hecho saltar de aquella forma? Algo quería hacer conexión en su mente...Lady Mortagglia, Huracán...algo tenían que ver. Pero la noble no era capaz de descifrarlo. Aunque estaba al tanto de lo que le llegaba de tierras lejanas, rara vez las recordaba si no veía su reino peligrar. Estaba tan sumida en sus pensamientos que no se dio cuenta de que la mujer se alejaba. Cuando lo notó quiso correr detrás de ella, pero antes se paró frente a Jarle.

No pretendía que mis hombres te mantuviesen cautivo, semental...—Le dijo agarrándole de la chaqueta y poco después deslizando la mano a su cuello—Pero estoy segura de que me seguirás sin mostrar resistencia, ¿verdad? Has sido mío desde el momento en el que nuestros ojos se han cruzado. ¿No escuchas el martillo de Thor forjando nuestros destinos?—Sus dedos recorrieron la nuez del chico, bajaron por el pecho y se posaron en su barriga—Incluso siento el calor del Mitgard cuando te toco—Se acercó a su rostro y juntó los labios con los del ajeno. Le sujetó la mano al contrario y la posó sobre sus pechos—Vamos a buscar a la chica.—Dijo, antes de apartarse de él sin soltarle la muñeca para que le siguiera.

Entró en la taberna y la buscó con los ojos. Debía entender toda aquella situación y lo cierto es que se había encaprichado con ella. Su mal humor la convertía en un rompecabezas que la noble quería resolver. Algo le decía que todo aquello era una cortina de humo. Una vez la encontró no dudó en acercarse. Lo cierto es que con el poder que tenía la maga podía matarla en segundos, pero no la asustaba. Se sentó a su lado sin siquiera pedir nada en la taberna.

¿Algún trauma con los huracanes? ¿Uno destrozó tu hogar y mató a tu familia?—La sombra de una sonrisa le asomó en los labios. A veces pecaba de no ser seria cuando debía—Era una broma, no te enfades. Pero de veras, ¿qué te ha hecho reaccionar así? ¿Es que tiene que ver con Lady Mortagglia?—Inquirió, y observó bien sus gestos. También echaba miradas a Jarle para que de alguna manera le ayudase a entender quién era y qué había ocurrido.
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Re: El fruto de la flor de belladonna [Libre] [3/3]

Mensaje  Jarle Björn el Vie Jun 16 2017, 00:15

Ojos negros como piedras de zafiro, respira hondo y acepta el desafío. Aquella reacción despiadada de la bruja me dejó más claro mis intuiciones, no tenía mucha más información que la que circulaba a través de las malas lenguas, pero parecía que había que tener cuidado con la forastera. Por su actitud estaba claro que no le afectaba el frío, era un bloque de hielo y sobretodo esas habilidades que nos había descubierto sin intención, poca broma, en luto como un cuervo.

No era menos la atención que tenía que prestar a Kwen, fuera de toda atracción, ¿que se tramaba aquella mujer entre las manos? Me parece que tardaría un tiempo en volver por Baslodia... No pretendía que mis hombres te mantuviesen cautivo, semental...— me atrajo hasta ella cogiéndome y me intentó coger del cuello, hice un gesto de desaprovación, por ahí no pasaba —Pero estoy segura de que me seguirás sin mostrar resistencia, ¿verdad? Has sido mío desde el momento en el que nuestros ojos se han cruzado. ¿No escuchas el martillo de Thor forjando nuestros destinos?— empezó a recorrerme el cuerpo con la mano, mientras hablaba de dioses, me era imposible resistirme, pero ya llegaría mi momento, todo
a su debido tiempo—Incluso siento el calor del Mitgard cuando te toco— sin más me puso la mano en sus pechos y ahí perdí de nuevo la cabeza —Vamos a buscar a la chica.— y me arrastró dentro de la taberna, ¿pero que demonios le pasa a esta mujer Jarle?

Entramos en la taberna, bueno entró ella y yo entré casi por la fuerza, al fondo de la taberna podíamos ver a la bruja con la capucha puesta, que manía de ocultar esos rasgos tan perfectos. Kwen le vaciló un poco intentando romper el hielo, la verdad es que no habíamos tenido el mejor comienzo en ninguno de los aspectos, y no iba a ser fácil calmar aquello lloviendo estacas afiladas. Me senté en uno de los lados de la mesa, entre Kwen y la forasteras peligrosa, apoyé los brazos sobre la mesa para intentar pensar como aclarar todo aquello - Las malas lenguas cuentan historias, historias que no podría reproducir en esta taberna y que llevan el nombre que hemos escuchado los tres ahí fuera... - miré a Kwen y después a la pseudo Huracan - en algunos de mis viajes he conocido a transeúntes, y en algunas ocasiones me han contado seres de otras razas historias sobre una profesional en su trabajo, de acabar con ciertas razas. Y por lo visto hace un instate, aseguraría que es usted - acabé mirando a la bruja. - ¿Pero en esta história que tiene qe ver Lady Mortagglia? ¿De que estamos hablando? - pregunté mirando a Kwen, no sabía que pasaba allí o que se tramaba, pero algo me decía que me quedara, que aquel era mi lugar.
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Re: El fruto de la flor de belladonna [Libre] [3/3]

Mensaje  Huracán el Dom Jun 18 2017, 21:24

Resoplé cuando vi de reojo entrar a aquellos dos por la puerta del local. ¿De verdad no podían haberse quedado fuera? Ella quería ser duramente empotrada y él parecía estar encantado con la idea. ¿Qué necesidad había de venir a tocarme las narices a mí? En serio, si llego a saber que iba a tener a aquellos dos pesados detrás de mí todo el rato habría dejado que degollasen a aquella joven del estrado.

Para colmo, el hecho de venir tratando de hacerse la graciosa hizo que sentenciara aquella mujer con la mirada. ¿Pero quién cojones se cree que era para venir a vacilarme a mí? Luego se disculpó cuando vio mi cara. Suerte por ella, estaba al borde de mi paciencia. – Mis asuntos no son de tu incumbencia, humana. Lárgate. – le dije. Aunque el hecho de volver a mencionar a Lady Mortagglia hizo que la volviera a mirar con cara de pocos amigos.

Pero para colmo el tal Jarle me descubrió. Aquello ya fue el colmo. ¿Una gran profesional que acaba con ciertas razas? – Qué observador. – dije aborrecida. – Pues si tan interesantes historias has oído de mí, sabrás lo arriesgado que es compartir mesa conmigo. – apunté con segundas. No porque yo fuese a hacerles nada especial, o sí, si seguían molestándome, sino porque había no pocos chupasangres que me perseguían.

Pero el hecho de que siguieran hablando de Mortagglia una y otra vez me resultaba cansino, molesto. Aunque fuese incluso para realizar una pregunta inocente como la de aquel tipo. Ella había sido mi abuela y no precisamente me encontraba demasiado orgullosa de ello, y menos después de todo lo que pasó la fatídica noche en la que tuve que terminar fingiendo mi muerte. Ahora estaba condenada a llevar una vida de mierda para no perjudicar a aquellos que me querían. La frustración se apoderaba de mí

Di un puñetazo en la mesa, me levanté, cogí el vaso y lo estampé contra la pared más cercana. - ¡No pasa nada con Mortagglia! – grité. Ya me daba igual todo. - ¡Está muerta! ¡Yo la maté! – volví a sentarme frustrada en el taburete. - ¡Joder!

El silencio se hizo en toda la taberna. Pocos iban a atreverse a hacerme enfadarEstaba frustrada y resignada. Lo sucedido aquella noche no dejaba de atormentarme desde hacía ya más de un mes. Había abandonado el gremio, mi familia y mis amigos. Pero todo iba a ser mejor, para ellos al menos. No para mí, que no encontraba forma de curar mi resignación.

Un anciano con capucha que estaba en la barra se entornó tras mi enfado hacia nosotros. Tenía un viejo cayado que utilizaba como apoyo y sobre el que se irguió una vez se puso de pie. Era tuerto y, aunque parecía hastiado de la vida

-El mismo temperamento que Belladonna. – rió. – Está claro que eres su hija y, de seguir por esa línea, terminarás como ella. – luego miró de costado hacia Kwenthrith y a Jarle. – Y dos jóvenes impetuosos que no saben quién es Huracán, la cazadora de vampiros más famosa de Aerandir. – rió. – Os aseguro que fue una gran cazadora, aunque ahora no es más que una caricatura de sí misma. – apreté la botella, que aún no había estampado, con fuerza mordiéndome los labios.
-¿De qué me conoces para juzgarme, anciano? – le pregunté levantando la cabeza de mala manera. Antaño solía tener respeto por los venerables, mas ahora cada vez muestro menos empatía con todo el mundo, ellos incluidos. Y estaba tan molesta por todo, que estaba a punto de explotar.
-¡¿Y quién no te conoce?!. Eres tan famosa como tu abuela, chica. Y crees que intentas ayudar a la gente, pero, ¿a cuántos vampiros has matado ya, cazadora? – preguntó. – Tu madre y abuela mataban humanos. Tú, vampiros. Las tres sois asesinas, racistas, violentas. ¿Acaso no hay vampiros inocentes que han tenido la desgracia de ser malditos sin su consentimiento? ¡Por los dioses! ¡Intercambias sus cabezas por aeros! Todo por lo que dice un puto contrato. – me echó en cara el hombre. ¿Estaba poniendo al límite mi paciencia? Ya que si lo estaba haciendo, lo estaba consiguiendo. Clavé mis ojos en él.
-Estás colmando mi paciencia, viejo. – musité en voz baja. Parte de la gente ya se disponía a evacuar aquella taberna. Otros, aguardaban expectantes cómo se resolvería aquello. – Yo salvé Aerandir de una amenaza real. – reconocí señalándome, totalmente creída de mí.
¿Ah, si? Hagamos una encuesta. – miró a Kwenthrith y Jarle. - Decidme, jóvenes que la acompañáis, que parece habéis oído sus “proezas”. ¿Consideráis a esta mujer una heroína educada, digna y justa? ¿Alguien por el que valga la pena luchar? – el hombre se levantó. - ¿O no es más que una asesina de prestigio? ¡Mil aeros dan algunos vampiros por su cabeza! ¿Por qué no uniros a nuestra causa? ¿Por qué no acuchillarla aquí mismo como ella ha hecho tantas otras veces? – al decir esto el resto de paletos empezaron a sentirse más interesados por mí. Aquel estúpido anciano me había descubierto.

Tres hombres comenzaron a acercarse a nuestra mesa. No parecían ser muy fuertes y eran paletos desarmados, probablemente licántropos. Pero si los dos humanos y el séquito de la mujer se unían a su causa me sería más difícil salir bien parada de aquello. Aún así no estaba dispuesta a suplicar ayuda a nadie. Miré a Kwenthrith y a Jarle, no sabía qué papel iban a desarrollar ellos en el inminente combate, pero por si acaso, les advertí. - Os mataré si os acercáis. - amenacé, de nuevo, con una frase más propia de Belladonna que mía. Miré a ambos con cara de enfado, aguardando su respuesta… o sus acciones a favor o en mi contra, mientras me alejaba de la mesa caminando de espaldas. Desenfundando mis ballestas.
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Re: El fruto de la flor de belladonna [Libre] [3/3]

Mensaje  Kwenthrith el Miér Jun 21 2017, 20:14

¿Así que la conoces?—Preguntó a Jarle, observándole fijamente. Después adoptó de nuevo aquella actitud chulesca que mostraba minutos antes. Alzó la ceja para mirarla con incredulidad—¿Que no es mi asunto, dices? Tú lo has hecho mi asunto al sobresalir defendiendo a aquella fulana. Si no querías llamar la atención deberías haber mantenido esos labios pegados. ¿O es que te crees la defensora del pueblo?—Soltó un breve bufido a modo de desprecio. Si la maga solo tenía malas palabras para ella la noble no iba a ser mejor.

Pocas réplicas se le ocurrieron a sus palabras dedicadas a Björn. No le importaba demasiado la fama que tuviera, si quisiera deshacerse de ellos ya lo habría hecho momentos antes. Se podía ver en su gesto como Jarle y ella estaban tirando demasiado de la palanca. Era como una maquina que iba a saltar por los aires de un momento a otro. Y en cierta forma eso divertía a Kwenthrith. Y tal y como imaginaba la chica acabó reaccionando.

Se sobresaltó cuando gritó mencionando a Lady Mortagglia, y después empezó a reírse casi a voz de grito.—¿Y qué pasa con ese nombre que te enfurece tanto, Huracán? Espera...—Abrió mucho los ojos—vas a matar a todo bicho viviente en esta taberna si te llamo Huracán?—Dijo antes de escuchar que ella era la asesina de la portadora de aquel nombre que la hacía invadir de furia. Ver a aquella maga tan vulnerable le parecía patético. Intentaba aparentar peligrosidad y fuerza pero se había rendido al impulso. Un movimiento imperdonable al parecer. La noble la miró con cinismo mientras esperaba a que Jarle contestase. Pero no fue eso lo que pasó.

El discurso del anciano le pareció un amasijo de estupideces, así que se levantó para ponerse frente a él y enfrentarle. Era considerablemente más alta.—Tonterías, anciano, tonterías. No es cosa de los hombres juzgar lo que pasa aquí si no de nuestros dioses. Además...¿vampiros? Una plaga a exterminar. Por muchos vampiros buenos que hayan...no te vas a parar a considerar qué pulga te pica con buena intención. Simplemente las aplastas. ¿Así que por qué no se inmiscuye en sus propios asuntos?—Silbó para hacer intervenir a sus hombres, que se aproximaban. El ambiente se estaba caldeando. La noble alzó la voz—Solo quiero dejar claro que pertenezco a una familia muy importante. Herirme a mi o a mi compañero, Jarle, le traerá consecuencias a quien lo haga de lo más graves.—Aquello último que dijo el anciano le llamó la atención de sobremanera. ¿Mil aeros por la cabeza de un vampiro? Si aquella chica era capaz de generar esa cantidad de forma rápida era la gallina de los huevos de oro. Necesitaba los aeros para financiar su ejército. Cogió un cuchillo demasiado grande de una de las mesas y apuntó hacia los hombres que se estaban acercando—A ver si os atrevéis a dar un paso más...
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