Los 10 pobrecitos [Misión]

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Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Sigel el Lun Jun 12 2017, 21:16


Emily Shawn despertó en la cama de una habitación que no conocía. Tenía todo el cuerpo tapado con las sabanas, incluso la cabeza. Sobre las sabanas, la ataban unas cuerdas que la impedían moverse. El primer impulso fue el de tirar las sabanas y destaparse; con suerte, las cuerdas se desatarían por sí solas. (La suerte no existe, princesa). Se agitó hacia un lado de la cama, luego hacía el otro. Debía poder destaparse, ella no era tan débil (Si me dejases a mí seguro que podría sacarnos a las dos de un solo tirón). Shimphony Shappire, su alter ego, tenía razón. Ella era más fuerte y más inteligente que Emily. Si no fuera por ella, si hubiera suicidado el mismo día en el que el Circo de la Alegría pasó a convertirse en el Circo de los Horrores. ¿Ahora podría sacarla de la cama? Lo más seguro es que fuera que sí. A ella siempre se le ocurría alguna forma de escapar.

-¡Deja de protestar y ayúdame!- se gritó Emily así misma.

Fue inútil. Sabía muy bien que Shimphony no saldría de su interior sin antes estar maquillada.

-¡Ayúdame!-

Movió, con todas sus escasas fuerzas, su cuerpo hacia el lado izquierda de la cama y ésta pareció ceder un poco. Juraría que había escuchado astillarse una de las patas. ¡Otra vez! Otro empujón más. (Mira por dónde, la niña ha aprendido a moverse).

-Si no vas a ayudarme lo mejor será que te calles-.

Al último golpe le acompañó un pequeño gritó de esfuerzo y triunfo. Una de las patas de la cama se rompió por completo y Emily pudo salir de su enredo de sabanas y cuerdas. Ahora, venía lo más complicado: saber dónde estaba: Era una habitación enorme en las que habían más de una docena de camas. ¿Un hospital, un motel, un… (un Circo de los Horrores)? No, no era nada de eso. Por la decoración de la sala juraría que se trataba de un palacio. Los muebles eran de madera de la buena. No conocía el nombre de la madera, “de la buena”, pero sabía muy bien cuánto podría costar. Por no hablar de las estatuas de plata.

Caminó, todavía confusa y adormecida, hacia la puerta. La intentó abrir. Estaba cerrada con llave. Las ventanas, más de lo mismo: Cerradas. No se podía ver que había al otro lado de los cristales, estaban las contraventanas también estaban cerradas con llave. Una cosa era segura: era de noche. Si fuera de día podría haber visto algunos rayos de sol a través de las rendijas de la contraventana. Cada vez se hacía más difícil deducir dónde estaban y quién le había llevado hasta allí.

Abrió cada puerta del armario (estos sí estaban abiertos) y cada cajón de las mesitas; no encontraba nada. Una pista; solo pedía una pista para saber dónde estaban y qué hacía allí. ¿Qué querían de ella? ¿Por qué le habían atrapado como una rata? (Las ratas no se dejan atrapar tan fácil como tu).

El último rincón de la habitación que quedaba por investigar era un bulto que había sobre una de las doce camas. Como había estado ella hacía unos largos minutos, allí había una persona atada con unas cuerdas y tapada con una larga sábana desde los pies hasta la cabeza. En un principio, no se atrevió a despertarle porque pensó que podía ser alguien peligroso (un vampiro de los del Circo de los Horrores). Poco a poco, se fue haciendo a la idea que ese bulto era una persona inocente como ella (¿Inocente? ¿Te recuerdo cuántos niños hemos matado porque lo dijo tu padre?). Se atrevió a cruzar delante de la cama a la hora de pasar de una estantería a otra. Finalmente, se puso delante del bulto y, con una mano le dio pequeños golpes en la espalda para que se despertase. ¿Desatarlo primero? Seguía siendo demasiado arriesgado.

_____________________

* Bienvenido bulto extraño: Para esta misión solo necesitaré a una persona. Eres el bulto que Emily despierta. Estás atado y no ves nada por la sabana que te cubre todo el cuerpo. Una vez despierto, deberás convencer a Emily que te ayude a desatarte (o puedes desatarte tú solito si te ves con fuerza) y estudiar alguna posible salida. Te adelanto el resultado: No hay salida.
Ficha de Emily/Shappy (aquí)


Última edición por Sigel el Mar Jun 13 2017, 12:19, editado 1 vez
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Re: Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Athos el Mar Jun 13 2017, 00:29

"Garras vienen de la oscuridad. Jalando. Sujetando. Rasguñando. Arrastrando. Las tinieblas se incrementaban y rodeaban, como un fuego que se esparce sin control hasta exterminar todo alrededor. La luz extingue a medida que la bestia se acerca, causando una asfixia abrumadora. Athos trataba de defenderse, empujando al monstruo, atacándolo, agrediéndolo, pero nunca entendiéndolo. Era incomprensible. Era penumbra total. Estaba paralizado, incapaz de combatir más, sólo sentir el vacío, sentir el arrastre hacia lo desconocido. Una daga era clavada en su espalda. Un filo largo y profundo penetraba la carne una y otra vez. Dolor. Mucho dolor. Una y otra vez. Entraba el hierro y salía sólo para entrar una vez más. Más dolor. Una interminable tortura, cortando el músculo, perforando el pulmón, creando agujeros, sacando el agujero. Un filo muy largo, un filo muy profundo era clavado en su espalda..."

Desperté súbitamente, no por la intensidad de la pesadilla, sino por las palmadas que sentía en mi espalda. No eran agresivas, ahora que estaba consciente, mas sí desconocidas. Una mano muy extraña me tocaba, invitándome a regresar al reino de los despiertos. Pero aún parecía estar soñando. Abría mis ojos, pero nada veía. Respiraba y mi aliento se me era devuelto. Estaba encerrado, estaba atado. Como en la pesadilla... Pero ésta no era una pesadilla, ¿verdad? Era la realidad.

¿Hola? —Inquirí tratando de mantener la calma, aunque inevitablemente reflejando mi confusión—. ¿Quién vive? —Sólo una mano viva puede hacer eso, ¿no? Me tranquilizaba la idea de que aún seguía vivo, mas me sentía aún perplejo por la situación en la que me encontraba. Uno no despierta súbitamente sin saber dónde está, especialmente no con el cuerpo cubierto atado, aunque la superficie era extrañamente cómoda.

Hola.

Escuché algo. Una voz. Fue breve, muy breve, pero estaba ahí. ¿Mi secuestradora? ¿Mi salvadora? ¿O sólo otra víctima como yo? Debía admitir que se sentía algo interesante estar en esta posición, no siendo capaz de percibir con mis otros sentidos, sólo dependiendo de mi oído. ¿Así era como se sentía mi hermana? No, ella podía sentir de otras maneras, yo era muy torpe.

Saludos. —Articulé como si de una conversación normal se tratara—. Soy Athos. Y, como puede observar, no puedo moverme ni ver. Es algo incómodo estar así. ¿Podría ayudarme, por favor? —Trataba de direccionar mi cabeza al punto de origen de aquella voz femenina—. Se lo agradecería mucho. —Era extrañamente complicado mantenerme sereno, no por el miedo a lo desconocido, sino por estas cuerdas que me limitaban. Podía tolerar la prisión, la oscuridad, la incertidumbre, pero estar encadenado era abrumador... Podía sentir un fuego de desesperación nacer en mí. Inhalaba de manera mesurada para mantener el control.

¿Cómo sé que puedo confiar en ti?

Supongo que es una pregunta justa. Hoy en día, la confianza es un atributo raro, fácilmente traicionado. Lo depositamos en alguien, con las mejores intenciones del mundo, en las condiciones más puras imaginables para luego verlas destruidas con tanta sencillez. Aunque sentía que mi posición hablaba por sí sola, entendía que tuviera desconfianza de mí, en especial si, así como yo, ella había despertado atada.

Sólo puedo darle mi palabra de que no le haré daño. Pero, no tiene que ayudarme si no quiere... —Hice una breve pausa, meditando una manera de que no piense mal de mí—. Sin embargo, ahora somos extraños y seguiremos siendo extraños hasta que nos conozcamos, ¿no cree? ¿Qué le parece si me libera el rostro? Así podrá verme y yo podré verla, y ya no seremos un par de desconocidos. —No había, prisas, ¿verdad? No lo sabía, mas me parecía correcto que en medio de este misterio dedicáramos un instante a la paz. Un momento para sólo hablar.
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Re: Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Sigel el Mar Jun 13 2017, 13:02

Bajó muy despacio la cabeza y suspiró levemente. El chico tenía razón. Entre ellos, eran un par de desconocidos. No sabía nada de él: ¿Bueno o malo (Circo de la Alegría o Circo de los Horrores)? Lo único que sabía es que estaba atrapado de la misma manera que ella había estado antes. Si fuera la misma persona que le había secuestrado, no hubiera podido atarse luego. El chico debía de ser otra víctima igual como ella lo era.

-Tienes razón- dijo muy despacio.

Las cuerdas del chico eran mucho más gruesas y fuertes que las que le habían atrapado a ella. Emily notó el áspero y arrugado tacto de las cuerdas; la Shimphony Shappire de su interior tuvo ganas de escupir al suelo por el asco y la rabia. La payasa había estado atada demasiadas veces cuando vivía en el Circo de los Horrores. Con cuerdas, muy parecidas a la que ataba al chico, Teobaldo ataba a las niñas pequeñas para luego abusar de ellas (Tenían cinco años; eran unas crías). Emily sintió parte de esa rabia, pero, a diferencia de su alter ego, lo que sintió fueron ganas de llorar.

-Esto ya casi está,- su voz sonaba artificial; estaba demasiado concentrada para que ninguna lágrima cayera de sus ojos para preocuparse de hablar de forma natural - ya eres libre-.

Las cuerdas cayeron al suelo y el chico, por fin, se liberó. Ahora eran dos personas atrapadas en una habitación en la que no había nada.

-Ya no somos unos desconocidos- su sonrisa fue igual de forzada que su voz. - Yo soy Emily ¿Y tú, cómo te llamas? Nunca te había visto por Baslodia. – (Ni tampoco por todos los otros lugares en los que el Circo de los Horrores levantó a los muertos y condenó a los humanos).

Después de las presentaciones, Emily y Athos dejaron de ser unos desconocidos. No hablaron sobre sus gustos o disgustos, sobre sus miedos o sus ilusiones ni siquiera sobre la comida que le gustaban a cada uno. No hablaron de nada y, a pesar de ello, Emily creyó conocer de buena mano a Athos. Era porque los dos estaban presos en la misma habitación. Tenía a alguien a quien apoyarse en los momentos de pánico o alguien con quien entretenerse cuando más desesperada por salir de la habitación estaba.

El desespero era lo peor; podía sentir a la payasa gritar en su interior hacia las ventanas cerradas como si fuera una bestia que ruge a los barrotes de su jaula. Hubo un momento en que se tuvo que sentar al borde de la cama, con una mano en el vientre, porque Shimphony chillaba con tanta fuerza que le hacía daño. Si tuviera encima su mochila con el maquillaje de payaso, se lo pondría. ¡Lo juraba! Una y otra vez, Emily prometía mentalmente a su subconsciente que hacía todo lo posible para salir de allí. Shappy parecía contestar con puñetazos y patadas.

(Eres estúpida. Si me dejarás libre ya te hubiera sacado de la habitación. Eres tan estúpida que no te has fijado en las líneas bajo del armario).

Shappy tenía razón, el suelo a los pies del armario había unas delgadas líneas, como si alguien hubiera estando arrastrando el mueble. Emily Shawn se levantó de la cama y fue, sin decir nada, hacia el armario. Puso sus manos en uno de los costados del mueble. Al estar vacío no pesaba nada. Empujó el mueble siguiendo las líneas del suelo esperando que, de un momento a otro, la puerta se abriera por sí sola. Sin embargo, no pasó nada.

Entonces sintió un impulso en sus manos provocado por las palabras que Shappy le decía desde su mente y empujó el mueble con tanta fuerza que cayó al suelo. ¡Un doble fondo! Al otro lado de las puertas del armario, había un doble fondo donde había una llave y una nota. (¿Lo ves? Sin mí tú no eres nada).

-¡Mira que hay aquí!- le pasó la llave a Athos y leyó la nota en voz alta - “Buenas noches, dos de mis queridos diez invitados. ¿Estáis disfrutando de vuestra estancia? Recordad que la fiesta continua más adelante. Todavía tienen que despertar todos los invitados”. Si es un acertijo, no entiendo lo qué quiere decirnos.- (Eso es porque eres estúpida) - ¿Tú has entendido algo?-

_____________________

* Athos Ahora tenemos una llave para  salir de la habitación. Es la llave que abre la puerta. Sal de la habitación y prueba abrir las demás puertas y ventanas que encuentres. Todo está cerrado. Ahora puedes elegir entre ir a uno de estos lugares que te propongo donde habrán dos invitados más para la fiesta:

-Cocina
-Biblioteca
-Otra habitación igual a la que tú has despertado
-Cuarto de baño

Es importante que elijas bien pues, es posible, que tengas que volver a alguno de estos escenarios en un futuro de la misión. Si lo conoces ya, jugarás con ventaja. En cada uno de estos escenarios hay 2 invitados nuevos (Tengo a todos los npcs preparados y prefiero no decirte quiénes son para que lo tomes como una sorpresa). También es importante tener en cuenta quién conoces primero pues estos, probablemente, confíen más en ti.

Como objetivo secundario, debes de entablar conversación con Emily. En esta misión, la relación que tengas con todos los npcs es muy importante.
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Re: Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Athos el Mar Jun 13 2017, 20:25

Qué alivio que fuera una persona razonable, de lo contrario nunca hubiéramos llegado a algo productivo. Una mente testaruda es incapaz de generar un progreso, aunque un alma asustada puede ser mucho peor. Era normal tener miedo, en especial en una situación como ésta, mas era menester no sucumbir a esas emociones negativas, pues sólo un ser en calma podrá hallar la luz. Eso me decía a mí mismo, al menos, y me tranquilizaba.

Comencé a sentir las cuerdas ceder por los esfuerzos de la chica. Percibía el esfuerzo de la dama y me imaginaba que sus manos podían ser superadas por el calibre de la soga o la complejidad del nudo, aunque parecía que lograba un avance en cada instante—. Tómese su tiempo. —Dije tranquilo, quedando completamente quieto. Me hubiera gustado ayudar, mas sentía que podía intimidarla con algún movimiento brusco o entorpecer su acción, por lo que sólo esperé.

Muchas gracias, amiga Emily. —Musitaba apacible una vez que me había desatado. Sentía un gran alivio ahora que podía moverme con libertad, disfrutando de mi movilidad con un estiramiento de brazos, flexionando mi cuello y rotando mis hombros, no sin antes chasquear mis dedos—. Me llamo Athos. —Repetí una vez más, aunque como reflejo al oír su pregunta, sin realmente ponerme a pensar si había o no escuchado antes mi nombre, o quizá lo hizo pero no había puesto atención, no era algo que me molestara, solía pasar.

No he visitado Baslodia. —Me senté en la cama, mirando alrededor. Era una sala tan amplia como oscura, con más de una cama presente, bien arregladas, excepto por una que estaba demolida. Obviamente una era la mía, otra de mi socorrista, ¿pero y las demás? Parecían estar vacías, ¿mas siempre lo habían estado? ¿Por qué tantas camas? ¿Qué lugar necesitaría de esta cantidad de camas? ¿Emily rompió la suya? Las preguntas me invadían, mas no podía saltar sobre todo al mismo tiempo.

Quería continuar investigando con la mirada, pero tampoco podía ignorar a mi acompañante—. Soy de Dundarak. Y tampoco la había visto por mi ciudad. —Le sonreí amigable, en un vago intento para relajarnos. La risa era muy útil para empatizar con los demás, era un sentimiento tan inocente y familiar, tan cálido. Pero no era tiempo para relajarse, ¿o sí? Todo esto aún no tenía sentido.

Imagino que estamos encerrados, ¿me equivoco? —Quizá una conjetura bastante obvia, pero sólo quería obtener información. ¿O quizá sólo deseaba llenar el silencio?

Sí. La puerta no se abre, ni las ventanas. Estamos atrapados como ratas.

Oh... —Era más o menos la respuesta que esperaba. Salir de aquí requeriría de un esfuerzo, pero más que querer regresar me daba curiosidad saber por qué estábamos aquí. Si no éramos los únicos, teníamos que ayudar a los demás, y si estábamos solos, ¿por qué nosotros? Volvía a recorrer la mirada por el lugar, viendo la noche entre las rejillas del vidrio, estatuas como guardianas decorando las esquinas. ¿Era un especie de palacio?

No me puse de mi pie ni busqué como Emily lo hacía, sino que medité. Medité para encontrar calma, para tratar de darle sentido a esta experiencia, tratando de recordar cualquier pista que pudiera servirme a ubicar nuestros captores o al menos localizarnos. Nada recordaba, nada útil al menos. Sólo me daba cuenta que no estábamos en peligro inmediato y que nuestros secuestradores tenían todo el tiempo del mundo para hacer con nosotros lo que quisieran.

Mi concentración fue rota por un fuerte estruendo, seguido del llamado de la chica. Me dirigí hacia ella, no con prisa pero tampoco caminando. Me entregaba una llave de bronce, bien cuidada, probablemente abriría la puerta de aquí. Antes de siquiera ponerme a pensar más al respecto, escuché la lectura.

¿No es obvio? —Inquirí inocente, viendo sólo lo evidente—. Quiere que salgamos de aquí para ir a celebrar... —Señalé hacia la puerta, viendo la llave en mis manos—. Pero... Ahora que lo menciona... —Hice una pausa para reflexionar. No lo había visto como un acertijo, de hecho no parecía ser un acertijo, sin embargo sí parecía haber algo oculto en esa misiva.

Tal vez lo estoy sobrepensando, ¿pero no le parece curioso que ese papel sepa que aún hay invitados dormidos? —Sonreí algo ingenuo, sabiendo que no era relevante lo que decía—. Eso sí, si hay otros ocho invitados como nosotros, quién sabe en los líos que puedan meterse. Debemos encontrarlos y ayudarlos. —Nosotros habíamos tenido suerte, por decirlo de alguna manera, ya que no nos hicimos enemigos y no intentamos atacarnos, pero otras personas, con mayor desconfianza podrían atacar a la primera señal de peligro.

Por cierto, ¿dónde es adelante? —Pregunté acariciando mi barbilla—. Inicialmente asumí que adelante era la puerta, pero... —Me acerqué hacia donde estaba el doble fondo—. Tal vez esto es adelante. Adelante para la carta, digo. —Toqué los bordes del interior, tratando de sentir una grieta, un doble fondo detrás del doble fondo, ¿un triple fondo? ¿Cuádruple? Nada. Sólo pared, lisa y sólida.

Mejor sólo vayamos a la puerta.

De acuerdo. —No tenía mucho caso buscar algo donde nada había, y claramente Emily no opinaba igual que yo, quien sin duda estaba muy ansiosa por salir de aquí, quién sabe el sentimiento que le estaba invadiendo estar aprisionada.

La llave entró en el cerrojo con suavidad—. ¿Cree que sea una trampa? —Sería algo inusual, creía yo, pues hubiera sido más fácil lastimarnos estando dormidos. Giré el picaporte con cuidado, abriendo la puerta con calma, esperando un peligro, mas nada pasó—. Si quiere usted puede esperar aquí mientras yo inves-

De eso nada. Estamos juntos en esto. —Me interrumpió súbitamente, comenzando a avanzar.

Muy bien. Pero permítame ir por delante. —Me adelanté a su paso—. Mantengámonos cerca y vigilantes. —Vi que asintió con la cabeza, aunque no se posicionaba exactamente atrás de mí, sino a un lado. Me sentía más tranquilo el tenerla a mis espaldas, así sabía que si algo malo pasaba yo podría responder sin preocuparme por ella, mientras tenía la posibilidad de protegerse o ponerse a salvo, pero si prefería ir en paralelo conmigo estaba bien.

Nos encontrábamos en un complejo de puertas, todas cerradas. Ni siquiera la llave que teníamos funcionaba, tal parecía que cada cerrojo era único, o el nuestro era el único especial. Nuestra llave era inútil. Pensaba si era buena idea tocar, tratar de comunicarme con lo que hubiera del otro lado, mas temía que eso pudiera perturbar demás a los ‘invitados’. Después de todo, si compartían el mismo destino que nosotros, deberían de estar a salvo.

¿Qué haces? —Preguntaba la rubia al verme regresar a nuestra puerta.

Dejar un mensaje. —Le respondí, abriendo la puerta y trabándola con una almohada para que no se cerrara. Luego, con la agarradera de la llave, tallé sobre la madera para escribir nuestros nombres y un mensaje: ‘Confiemos entre nosotros’—. Discúlpeme si puse también el suyo sin preguntarle, pero creo que es importante. —La miré con neutralidad, tratando de leer si se había molestado o no.

Continuamos, dejando las puertas atrás hasta llegar a una que no se encontraba cerrada. ¿Aquí sería la fiesta? Sonaba muy siniestro, pero quería imaginarme a un ser muy solitario que sólo deseaba un poco de compañía mas no sabía cómo pedirla. La entrada nos llevó a lo que parecía ser una biblioteca, amplia y diversa, con estantes elegantes y bien cuidados. No parecía un lugar donde se lleve a cabo un festejo, al contrario, inspiraba respeto y paz.
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Re: Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Sigel el Sáb Jun 17 2017, 20:58

Era irónico, ¿verdad? Charles Gwalchmei pasó la mayor parte de su vida encerrado en un enorme edificio repleto de libros. Era uno de los pocos hombres que sabían leer en Dortama, una aldea muy próxima a Baslodia; su deber, como anciano y sabio, era encargarse de la biblioteca y enseñar a leer y escribir a quienes no sabían. Con una amable sonrisa, el viejo señor Gwal recibió a todos los curiosos que se acercaban a su biblioteca. ¿Compraron algún libro? Para nada. Dortama era una aldea muy pobre y analfabeta; la única forma de sobrevivir que el bibliotecario tenía era compartiendo su sabiduría a cambio de alimentos y bebida. Tres tomates, dos pimientos y medio pollo por leer un libro de cuentos a los niños de la familia Trance; una botella de viejo vino por enseñar a un joven pescador a fabricar redes, medio cordero por enseñar a leer a la esposa de Tao Gang.

Charles vivió de aquella manera durante muchos años. Demasiados para su gusto. Cuando los años hicieron meya en su cuerpo, decidió vender la biblioteca y comprar una humilde casa de campo apartada de la aldea. El viejo señor Gwal dejó de ser aquel hombre que se pasaba largas horas leyendo y que ayudaba a los habitantes de Dortama siempre con un libro bajo el hombro para convertirse en el viejo loco que no quería hablar con nadie. Estaba demasiado cansado y aburrido, tanto de la gente como de los libros, como para querer hablar con nadie.

La ironía nació cuando se despertó en una enorme rodeada por estanterías, tan viejas como él, repleta de libros.

Las mismas preguntas que se hizo Emily Shawn cuando se despertó tapada hasta la cabeza con la sabana y atada con unas gruesas cuerdas, se las estaba haciendo Charles cuando despertó de su sueño. A diferencia Emily, él estaba sentado en un sillón orejero. Unos grilletes de metal le ataban las manos sobre las orejeras del sillón y otros, los pies a las patas. No había ninguna sabana que le recubriera la cara, podía ver todo lo que había a su alrededor: Libros, libros y más libros. Por un momento se quedó absortó al ver tantos libros. Tuvo pavor a las letras que alcanzaba a leer. Giró la cabeza de un lado a otro con tal de intentar escapar tanto de las ataduras como de los libros. No hubo manera. Se cansó pronto de escapar y dejó caer su cabeza con la mirada fija en el suelo.

Patético. De joven podía recorrer 15 kilómetros sin cansarse; ahora, ya en su vejez, se cansaba solo con girar un par de veces su cabeza. Tuvo ganas de escupir e hizo el gesto apuntando hacia el suelo, pero no salió ni una gota de saliva. “Soy tan viejo que no puedo ni escupir”.

Charles Gwalchmei no levantó la vista el techo de la biblioteca. Si lo hubiera hecho, hubiera visto a una mujer vista con un vestido de cuero decorado con algunas plumas negras, encadena, con los mismos grilles de metal del viejo, a una cruz anclada al techo.

La mujer le llamó desde la altura con un grito de desesperación:

-¡Te voy a arrancar la cabeza!-

-¿Disculpe?-

-¡SÁCAME DE AQUÍ, HIJO DE PUTA!-

Charles Gwalchmei:
Aileen Sloan:

_____________________

* Athos: El asunto se pone un pelín más complicado. Cuando llegas a la biblioteca te encuentras la escena: Una mujer encadenada a una cruz anclada en el techo amenaza a un viejo atado a un sillón. Tu labor es sencilla: liberar a los dos nuevos invitados y mantener la calma entre ellos. Es importante ganarse la confianza de todos los npcs. La confianza de Emily ya la tienes, es hora de ganar la del viejo humano Charles Gwalchmei y la de la bruja (tensai de agua) Aileen Sloan.
Como objetivo secundario: También es importante que la mayor parte de los npcs se lleven bien entre ellos. Necesitarás que todos los invitados colaboren de la manera más civilizada posible para poder atrapar al villano. Para ello, todos deben confiar entre ellos.
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Re: Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Athos el Sáb Jun 17 2017, 23:00

Pero paz no era la que reinaba tan solemne lugar, mucho menos el respeto. Al ingresar fuimos testigos de amenazas y blasfemias, gritos desesperados llenos de cólera proveniente de una dama amarrada en el techo de la manera más teatral, decorando una cruz de madera. Justo abajo hallaba la víctima de sus iracundas exclamaciones, un anciano en la misma posición que ella, sólo que sin la cruz, sentado encadenado, viendo confundido y débil arriba.

Y la pregunta se venía a mi mente, ¿se conocían? Más importante, ¿qué razones tenía la mujer para hablarle de esa manera? ¿Acaso él la había puesto en esa posición? ¿O sólo hablaba con ese tono porque se frustraba estar en tal condición? Ojalá fuera por esto último, porque eso tendría solución, cualquier otro escenario sería sumamente complicado. Reparar las heridas del pasado son muy difíciles de sanar, para algunos imposible. Un corazón dañado es, frecuentemente, inmune a la razón.

Por favor, ¡deténganse! —Aceleraba hacia ellos, levantando los brazos como una señal de paro—. No dejen que- —Mis palabras fueron abruptamente interrumpidas por la dama en el techo.

¿Y tú quién carajo eres? —Me impresionaba el volumen que lograba alcanzar a pesar de estar tan arriba, era claramente alguien de carácter fuerte.

Me llamo Athos. Y ella es mi amiga Emily. —La chica parecía saludar titubeante, o quizá extrañada por mi decisión de introducirla—. Los ayudaremos a ambos. Juntos lograrem-

Y te voy a creer. ¡Tú me pusiste aquí!

Eso al menos cancelaba la opción de que el señor era culpable de su prisión, aunque era desagradable que pensara eso de mí. ¿Cómo podía brincar a una conclusión con tal velocidad? ¿Qué tan desesperada podía estar? Pobre mujer, debía liberarla cuanto antes, de lo contrario podría explotar en su propio odio.


Oye, idiota, ¡nosotros también estuvimos como tú! No intentes echarnos la culpa a nosotros.

Señorita, no. —Ponía mi mano sobre el hombro de Emily, tratando de serenarla—. Ella no sabe lo que ha pasado. Está igual de confundida que nosotros. —En mi mente eso sonaba bastante adecuado, pero claramente no había elegido bien mis palabras.

¿Cómo me dijeron? ¡No soy una idiota y tampoco estoy confundida! ¡LES VOY A REVENTAR EL HOCICO A TODOS!

¡Baja, pues, vamos a arreglar esto! —Respondía burlona a las amenazas.

Esto no podía continuar. A este ritmo terminarían desgarrándose entre sí antes de acercarnos a salir de aquí. Al menos el hombre se mantenía calmado, aunque tal vez se debía más a su senilidad que a su paciencia. Era una lástima, sería adecuado tener a alguien más que optara por un sendero pacífico.

¡Ya es suficiente! —Me plantaba enfrente de Emily con los brazos extendidos, interfiriendo con la discusión que se llevaba a cabo—. No empeore el caos en el que ya estamos. Recuerde que seremos unos extraños hasta que nos conozcamos. —Si pudo confiar en mí, también podría confiar en ellos, pues no éramos diferentes, tan sólo éramos invitados de una maníaca fiesta.

Volteé hacia la mujer—. Deme un minuto, por favor. Tan sólo un minuto de su tiempo para bajarla de ahí. Todo va a estar bien. —Juntaba mis palmas, implorándole humilde—. No podrá asesinarnos si está presa ahí, ¿verdad? —Esperaba que con ese razonamiento dejara de lanzar tantas injurias.

¿Pero qué dices muchacho? —Decía incrédulo, bufando por lo bajo.

¿Y cómo propones hacer eso?

Era una buena pregunta, una que afortunadamente ya había estado meditando. Requeriría tiempo, pero estaba bien, pues podía usar ese tiempo para apaciguar sus almas. O al menos eso esperaba. No era un sabio ni un negociador experto, sólo un soñador con ideas muy fantásticas, como algunos llegaban a decirme. Pero para algo sí era bueno, y eso era en controlar mi cuerpo.

Con ayuda. —Le sonreí confiado, dirigiéndome hacia una de las estanterías, tratando de empujarla inútilmente—. Es muy pesado, ¿verdad? Yo sólo no puedo moverla. Y seguramente entre los cuatro tampoco podríamos. —Comencé a remover unos libros tranquilamente, poniéndolos en el piso con delicadeza—. Sin embargo, si nos deshacemos de todos los males, si quitamos del camino los obstáculos, si liberamos nuestros corazones de la duda, los prejuicios y el miedo... —La joven Emily me había apoyado en remover los objetos, aunque con una aproximación más brusca, al menos eso aceleró el proceso—. Lograremos avanzar.

Entre los dos fuimos capaces de arrastrar el mueble hasta quedar debajo de la dama. Escalé hasta llegar a la cima, mas aún había cierta distancia separándonos—. Y cuando todo esfuerzo parece inútil, transformamos el miedo en amor. —Entre Emily y yo fuimos creando una escalera improvisada con los libros, inestable pero lo suficientemente sólida para que yo ascendiera—. Tomamos las dudas y las convertimos en conocimiento. Forjamos un puente hacia la confianza. —Finalmente lograba acercarme lo suficiente hacia la pelinegra.

Muy bonito y todo. —Parecía sonreírme, mas luego volvía a expresar su rabieta—. ¡Pero cómo vas a desencadenarme!

Otra muy buena pregunta. Yo no era herrero para manipular las cadenas, ni cerrajero para abrirlas astutamente. Por lo que no le quitaría las cadenas propiamente, pero sí tenía una idea de cómo ponerla en libertad—. Como dije, yo me encargaré de liberarla. —Inhalé profundamente, lanzando un fuerte y concentrado puñetazo contra la raíz de la cadena. No rompería el acero, mas sí era capaz de destruir la madera, logrando hacer que su mano pudiera moverse, aunque arrastraba aún la cadena. Repetí el movimiento tres veces, lastimando mis nudillos hasta que brotaron un poco de sangre, mas logrando soltarla por completo, atrapándola en mis brazos para que no cayera—. Discúlpeme si no pude quitarle esas cadenas.

¡Suéltame, yo puedo sola! —Di un brinco de mis brazos, tratando de pararse sobre el delicado camino de libros, causando un desequilibrio, haciendo que la estructura colapsara.

Inevitablemente fuimos atraídos por la gravedad, dirigiéndonos hasta el suelo en una caída que parecía imparable. Y lo era, no tenía tiempo para transformarme ni de sujetarnos al estante. Lo que sí logré hacer fue abrazarla en el aire, colocándola encima de mí, sirviendo como escudo ante la caída, colisionando contra una dura capa de libros en el suelo.

¿Se encuentra bien? —Le pregunté agitado, adolorido por el súbito golpe.

¡Que me sueltes! —Volvía a alejarse de mí, parándose con los brazos cruzados, dando la espalda a todos.

¡De nada! —Le gritaba la rubia, imaginándome que quería decirle más que eso.

Está bien. La ayudamos porque era lo correcto. —Me paré con cierta dificultad, flexionando mi cuello, revisando mi espalda. Estaba completo, sólo la sangre en mi mano que limpié con mi manga. Aún tenía otra mano—. Perdóneme si le hice esperar, amigo...

Charles. Me llamo Charles. —Dijo con un gesto neutral.

Un gusto conocerlo. —Le compartí una sonrisa, posicionando mi otra mano a tres pulgadas de la orejera de la silla. No tenía mucho espacio, sólo una pequeña abertura para romper la madera. Estuve a punto de propinar el puñetazo cuando, una vez más, la desconocida decidió interrumpir mi acto, aunque esta vez con una voz más suave.

Al principio pareció titubear, como pensando dos veces lo que iba a decir—. Mi nombre es Aileen. —Aún con los brazos cruzados, dirigiéndonos sólo la vista. Había amagado voltear su cuerpo completo, mas se había quedado firme ahí.

Le sonreí aliviado—. También es un placer conocerla, amiga Aileen. —Quizá no dio las gracias y ni propuso una forma para ayudarnos, pero sentía que era un progreso. Lástima que no poseía algún poder para hacer esta tarea más sencilla, ¿o lo tenía pero prefería no hacerlo? ¿O no podía? Quién sabe. Reanudé mis acciones, rompiendo ambas orejeras con mis puñetos, luego las patas de la silla con un par de patadas, aliviando la tensión en mis manos.

Ahora éramos cuatro, quizá un poco separados pero el ambiente ya no era igual de turbio, había un dejo de paz, ¿sería suficiente? ¿Podríamos continuar de esta manera?

Gracias, muchacho. —Nos dábamos la mano, ayudándolo a ponerse de pie. Era en verdad frágil, mas no un incapacitado, podía mantenerse de pie sin problema.

Aileen se acercó a nosotros, sin desprender sus brazos—. ¿Nos vamos a quedar aquí como estúpidos o qué?

En el cuarto en donde estábamos encontramos una llave y un mensaje. ¿Quizá aquí también habrá algo?

Y con esa sugerencia nos pusimos a buscar. Uno con debilidad y otra antipática, pero al menos no intentaban molerse a golpes. ¿Lograríamos encontrar algo más en este enorme lugar? Trataba de buscar una grieta sospechosa en la pared, pensando que habría un muro falso o un acceso escondido; no tenía mucha imaginación así que realmente estaba buscando algo similar que en el cuarto donde estaba. Charles se paseaba por los estantes, observando delicadamente los libros, como si pudiera comunicarse con ellos, preguntándole secretos, preguntándoles si habían visto algo. La joven Emily se veía más dinámica, poniendo sus ojos sobre las vitrinas, casi siguiendo una corazonada, tal vez inspirada por alguna otra experiencia similar o algo leído en un libro de misterio. Aileen, menos interesada, pasaba la mirada por aquí y por allá, mirando el techo, caminando sin un rumbo fijo.
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Re: Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Sigel el Dom Jun 18 2017, 19:21

La segunda llave cayó justo a los pies de Charles Gwalchmei. Ésta, estaba atada con un hilo de pesca a la cubierta de un libro que el ex-bibliotecario conocía bien: Leyendas y Costumbres de Aerandir. ¿Cuántas veces le habían hecho leer ese libro a lo largo de su vida? Agricultores confundidos que no sabían durante qué meses los Dioses bendecirían sus cosechas, ganaderos que preguntaban por cuántos animales había que sacrificar por cada camada, mujeres que buscaban una oración para que los Dioses les ayudasen a quedarse embarazadas, niños que empezaban a interesarse por las historias de héroes y monstruos… A todos ellos les tuvo que leer ese mismo libro.

El señor Gwal no se interesó por la segunda llave ni por el mensaje que le acompañaba (el mismo que a Emily y Athos), sino por el libro. ¿Era casualidad volver a encontrarse con él después de tantos años huyendo de sus antiguas labores o era parte de un plan mayor? Creía que sería lo segundo. No podía explicarlo con palabras, pero sentía que la propia mansión le conocía demasiado bien. Era como si le estuviera castigando; a él y a los otros “invitados”.  

Sin decir nada, abrió el libro por una página al azar. Apareció un nuevo mensaje similar al que acompañaba a la llave, este escrito con tintas rojas.

-No me gusta lo que pone aquí-.

Fue leer el mensaje mentalmente y marearse, ya sea por la preocupación, por el miedo o porque era muy viejo.

Lentamente, se apoyó en una de las orejeras del sillón y se volvió a sentar.

-Déjame ver.- la chica que estaba en el techo, la que se hacía llamar Aileen, le arrancó el libro de sus manos arrugadas y delgadas. –¿A qué viene todo ese drama?- dijo cuando terminó de leer la nota en voz baja- Solamente pone que debemos ir al gran salón y reunirnos con nuestro anfitrión. Nada más-.

-Se equivoca, querida- Charles hablaba de forma sofocada, parecía que su voz se fuera a quebrar en cualquier momento. - “Mis nueve amados invitados, llevad vuestra magia, vuestra sabiduría y vuestra fuerza al gran salón. Ahí nos encontraremos. Ahí me descubriréis”- hubo un momento de silencio después que recitará el mensaje de memoria y luego volvió a hablar- Te das cuenta. Quien sea el hombre que nos ha metido aquí nos conoce. Aprovecha nuestras debilidades y virtudes y las pone en nuestra contra-.

Alieen se mordió el labio inferior, sabía que Charles tenía razón.

-Tenía seis años cuando decidí que sería buena idea trepar a la copa de un pino- Aileen levantó las cejas en un gesto casi desafiante, como si se odiase a sí misma por estar de acuerdo con el viejo - Caí desde lo más alto y desde entonces cogí miedo a las alturas-.

-¿Ve lo que le quiero decir?- los ojos de Charles daban vueltas por toda la sala como si estuviera vigilando cada esquina y cada pared. –Nos conocen y nos observan-.

Charles comenzó a toser fuertemente. Emily, quien se había mantenido callada mientras la bruja y el viejo hablaba, se abalanzó a socorrerle. Dio unos golpecitos a la espalda e inclinó, ligeramente, la cabeza para que mirase hacia el cielo. Fue suficiente, por ahora bastó para que el señor Gwal no se ahogase en su propia tos.

-Necesita medicinas- dijo Emily mirando con urgencia a Athos.

-Es-es-es-estoy bien querida- se adelantó a decir Charles.

-Pero….-

-Ya has oído al viejo, está bien. Yo digo que vayamos al salón y acabemos con esto- Aileen cogió tanto la llave como el libro. -Si el viejo tiene razón, habrán más “invitados” perdidos por toda la mansión y todos nos tendríamos que reunir en el salón. ¿No es así? Entonces, vamos-.

Emily levantó a Charles de un brazo y esperó a que Athos le ayudase por el otro.

-¿Tú qué dices?- Emily miró directamente a Athos- ¿Qué debemos hacer?-

_____________________

* Athos: Si te parece bien, en lugar de decirte directamente lo que se ha de hacer en el próximo post, voy a empezar hablando de lo que piensan los npcs sobre ti.
Emily Shawn confía muchísimo en ti, hará cualquier cosa que le pidas.
Charles Gwalchmei confía en ti y está muy agradecido por haberle salvado.
Aileen Sloan desconfía de todos los demás.
(Las opiniones de los npcs están variando continuamente. Puede mejorar o empeorar la imagen que tienen de ti).

Me gustaría darte elegir entre quedarte en la biblioteca y dejar que el viejo descanse o ir todos juntos al gran salón; sin embargo, veo que quedarse todo un turno parado en la biblioteca haría más larga la misión. Por lo que, tu objetivo, en el siguiente turno, debe ser ir al gran salón donde estarán el resto de invitados esperando. Por el camino, deberás hacer lo posible para que la relación con Aileen Sloan mejore.  
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Re: Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Athos el Lun Jun 19 2017, 00:52

Era una estructura ordinaria. No grietas, no botones ocultos, no puertas secretas, sólo un muro sólido. Todos habíamos estado desperdiciando el tiempo buscando algo que no había. O una forma más positiva de verlo es que habíamos invertido nuestro tiempo para descartar los lugares irrelevantes. En cualquier caso, nada habíamos hallado. Al menos no nosotros. Un nosotros que no incluye al buen Charles, quien había hallado otra llave junto con un mensaje.

¿No se supone que somos diez invitados? —Inquirí con cierta inocencia, temiendo haber olvidado lo que habíamos leído en el otro papel.

Sí, ¿verdad? —Diría Emily sacando la misiva de su bolsillo, leyendo una vez más.

¿Se habrá equivocado? —Cualquiera puede errar, hasta la mente más perversa y estratégica—. ¿O uno de los invitados ya no está entre nosotros? —Parecía inusual que los mensajes se modificaran de esa manera, la magia requerida debía ser muy especial. No quise darle muchas vueltas a un asunto que podía estar relacionado con un error, además de que no le veía gran referencia. Nueve, diez, estábamos aquí encerrados, perdidos.

Más importante, como estaban mencionando, no habíamos seleccionados al azar. O, al menos, nuestro secuestrador nos conocía. Aileen revelaba su temor a las alturas y yo... Se podría decir que me sofocaba estar amarrado, pero realmente ése no era mi miedo. No, mi miedo no involucraba el plano terrenal, me había separado de lo mundano, desterrado el miedo de mi mente, solamente un pensamiento contaminaba mi psiquis, la liberación del caos, el desenfreno de mi locura, de mi naturaleza más salvaje. Todas las noches tenía las mismas pesadillas, sentía mi mente ser arrastrada a lo oscuro, veía a mis seres queridos morir por mis garras, presenciaba el fuego descontrolado que yacía en mí. Si este individuo sabía eso sobre mí, ¿hasta dónde sería capaz de empujarme con tal de ponerme en ese estado?

Digo que avancemos. —Respondía con cierto pesar, inseguro de mi propia respuesta. Auxilié a la rubia para llevar a Charles, ayudándole a caminar—. Vayamos a ese salón. No tiene mucho caso permanecer aquí. —A paso ligero fuimos avanzando, gradualmente atravesando la biblioteca para llegar a la salida, manteniendo mi vista sobre el desgastado anciano. Me gustaría poder ayudarlo, mas no veía síntomas evidentes de alguna enfermedad, sólo estaba desgastado, necesitaba descansar, pero no podíamos estar mucho tiempo aquí sabiendo que otras personas estaban en problemas. Aunque si su debilidad se volvía inevitable, tendríamos que esperar a que se recuperara.

¡Rápido! Estamos desperdiciando el tiempo. —Se adelantaba, luego volteaba hacia nosotros, discutiéndose si esperarnos o no.

Te juro que la voy a golpear. —Susurraba en disimulo.

Merece tanto respeto como cualquiera. Sin duda tiene sus razones... —Me preocupaba lo que esta relación podía llegar a convertirse. Tanto desinterés, tanta desconexión. Se veían entre sí casi como enemigos, como objeto de ira y violencia. ¿Qué podía hacer para evitar las enemistades? ¿Cómo podía hacerles ver que éramos iguales? Maestro, qué haría usted...

Señorita Aileen. —Llamaba su atención, dirigiéndole una mirada empática—. ¿Mencionó que tiene miedo a las alturas? Yo también tengo miedos, al igual que todos los demás. Eso nos vuelve humanos, es natural. —Tan humanos como cualquier criatura, realmente, bestias, dragones, elfos, todos compartíamos esa pizca espiritual, esa esencia que nos convertía en seres vivos, en mortales—. Si nuestro secuestrador, nuestro verdadero enemigo, sabe nuestra debilidades debemos hacer lo posible para no doblegarnos ante ellas. —Aunque era a la dama a quien veía, mis palabras estaban dirigidas a todos, incluyéndome—. Es normal que la desesperación nos invade, sin embargo debemos hallar la fuerza para superar el miedo y seguir adelante, escapar de las garras de la tiniebla, abandonar las cadenas del pasado, liberarnos de la desesperanza.

Más fácil decirlo que hacerlo. —Se cruzaba de brazos, dándonos la espalda para seguir su camino a la puerta.

No digo que no tengamos miedo, lo que sugiero no es imposible. Es simplemente recordar que podemos ser más grandes que nuestros propios fantasmas y dudas y debilidades. Si nos permitimos ser presas del pánico, nuestro enemigo nos vencerá con facilidad. —Suavizaba la voz conforme parlaba—. ¿Sabe usted cómo combatir el miedo? —Habíamos alcanzado a la mujer quien se había detenido en la salida.

Con valentía. Con el poder suficiente para no ser vencidos. —Apretaba sus puños, viendo desafiante hacia enfrente.

Hmmm... —Tal vez sí, pero no realmente—. Con amor y confianza. —Llegamos hasta ella y estiré mi mano, entregándole la llave que Charles había encontrado—. Debemos ser aliados, cuidarnos y protegernos. Si no por solidaridad, entonces para sobrevivir. Sea cual sea el desafío que nos espera más adelante, no podrá superarlo sola. Es la soledad la que nos vuelve débiles, la que nos pone en el árbol más alto y nos empuja a la caída inevitable. —Le sonreí amable—. Pero no se preocupe, yo siempre estaré con usted para que caiga sobre mí.

No sabía cómo hacer que confiara en Emily o en Charles, pero esperaba que, aunque fuera pequeña, la confianza que me tuviera en mí se transferiera a los demás. Pero una mujer tan dura como lo era ella necesitaba más que palabras, requería de experiencias para justificar sus sentimientos. Pobre alma, probablemente había sido traicionada tantas veces en el pasado.

¿De verdad darías tu vida por alguien como ella? —Me preguntaba escéptica, viendo a Aileen separarse de nosotros otra vez, dirigiéndose a una puerta que se distinguía de las demás por su tamaño, probablemente el acceso que daba al Gran Salón.

Por cualquiera de ustedes. —Le contestaba con decisión—. Descanse un instante, amigo Charles. —Juntos poníamos al anciano en el suelo, haciendo que se recargara sobre el muro. Probablemente la silla era más cómoda—. Ya vengo. —Corrí hacia Aileen, quien se había quedado viendo la puerta, con la llave en el seguro—. No creo que haya una trampa. —Le dije despreocupado.

No la hay. —Musitaba entre dientes—. ¿Por qué no hay una trampa? —Fruncía el ceño, girando la llave para quitar el seguro.

La forma en que lo decía, esa extraña seguridad y descontento, era como si pudiera sentir que realmente no había una trampa. Supongo que tendría sentido poner trampas si quisiera cazarnos, pero ya éramos sus presas, sus ‘invitados’. Algo más quería con nosotros, ¿pero qué?— ¿Usted cree que sólo quiera compañía? —Las puertas se abrían, dejando ver el Gran Salón. Una habitación enorme, como su nombre describía, decorada elegantemente, con velas iluminando uniformemente el lugar.

¿Qué? —Cuestionó incrédula.

Quizá es alguien solitario que sólo desea un amigo. Tal vez es su cumpleaños y...

No. —Bufó una risa burlona—. De todas las ridiculeces que has dicho, ésa fue la más idiota. —Desaprobó mi suposición, negando con la cabeza. Yo también creía que era algo ridículo, pero la verdad se lo decía para que se diera cuenta de algo más profundo, pero si prefería cerrarse a esa idea... Estaba bien.

Regresé con Emily y Charles, reincorporándonos y yendo hacia el Gran Salón, reagrupándonos con Aileen. Volvíamos a estar los cuatro juntos, sin saber qué hacer, a la espera de que algo sucediera. Se suponía que aquí sería la fiesta, ¿no? Que aquí nos encontraríamos. Esperaba ver a los otros invitados también y el atrevimiento que tendría el anfitrión de presentarse frente a ocho o nueve individuos que seguramente lo verían con ojos de odio. ¿Yo? ¿El noveno o el décimo invitado? ¿Cómo reaccionaría yo? Deseaba conocerlo, saber qué tipo de persona era, entonces decidiría cómo actuar. Lo único que realmente deseaba es que nadie estuviera en peligro, incluyendo a nuestro secuestrador. Sin embargo, ¿debería defenderle en caso de que lo atacaran? Absolutamente.
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Re: Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Sigel el Mar Jun 20 2017, 20:06

-¡Mirad quienes han venido a unirse a la fiesta!- dijo Kano señalando, con el muslo de pollo que sujetaba con la mano derecha, hacia los cuatro invitados que pasaban por las puertas del salón.

El cibernético Kano era el único del grupo de seis que estaba sentado en la larga mesa del salón. Pese a ser una máquina, reía, bebía y comía como un cerdo. Parecía estar disfrutando de estar secuestrado en mitad de tanta comida. Algo que los otros cinco no entendían.

-No grites, te lo suplico. Habla y come todo lo que quieras, pero no grites- dijo la elfa que se llamaba Lauren.

-¿Vas a ser tú quien me impida gritar?- Kano miró de soslayo a Lauren y acto seguido rugió como un león reciente levantado de su siesta- ¡AHHH!-

Lauren se tapó las orejas con las dos manos. Sentía que la cabeza le estaba a punto de estallar. Se sentía mareada y dolorida. Sentarse en una de las muchas sillas sería una buena solución para calmar su dolor; pero ella se negaba a hacerlo. No quería tener nada que ver con Kano. Aunque fuera el simple hecho de sentarse en una misma mesa, no quería hacerlo.

Harambe, al que todos llamaban “Gorila”, fue el que intervino para poder orden. Dio un paso por delante de Lauren cubriéndola con su fuerte brazo en un tono protector y plantó cara a Kano mientras que, con el brazo que tenía libre, se daba repetidos golpes al pecho:

-Ella no te ha hecho nada. Discúlpate-.

-Déjalo Gorila,- Lauren acarició el cuello de Harambe y, acto seguido, sus ojos apuntaron hacia los cuatro nuevos personajes que pasaban por la puerta- no merece la pena-.

La elfa tenía muy buena conexión con Harambe, y eso que prácticamente, se acaban de conocer. No fue el primero de los invitados que conoció, ni tampoco el segundo ni el tercero. Ella había despertado al lado de Cein (que por lo que había contado era una enfermera de Dundarak) en la cocina. Ambas, tenían la cabeza metidas en dos fregaderos. Cuando despertaron, como si la misma mansión hubiera sabido que abrieron los ojos, las cañerías a marchar y los fregaderos se fueron llenando poco a poco de agua. Fue un milagro que Cein pudiera liberarse de sus ataduras y rescatarlas. Lauren estaba muy agradecida con ella. Luego de ese encuentro, encontrar dos notas extrañas. Cada una, debajo de cada fregadero. En el fregadero de Cein decía que habían diez invitados, en el de Lauren decía que nueve. Fuera como fuera, les estaba invitado a ir al salón y poner una llave en la cerradura de la mesa redonda. Al menos, eso fue lo que dijo Kano. El cibernético y Thoner (un extraño joven con una cicatriz todavía más extraña que recorría su labio) ya estaban en el salón. Según dijeron, despertaron ahí y Lauren lo creyó. ¿Por qué no iba a creerlo? Kano se mofó de las chicas por el peligro que habían vivido. ¡Por poco morían ahogadas! Él dijo que los dos habían despertado en las sillas, sin ataduras ni esposas. Simplemente, despertaron enfrente de un montón de comida y empezaron a comer; mejor dicho, el cibernético empezó a comer. Thoner se limitó a ver cómo comía. Ellos también encontraron sus propias notas y su propia llave. Apartada de la mesa central, había una pequeña mesa redonda con cinco cerraduras que activaban un dispositivo que ninguno de los presentes supo decir qué era. Thoner activo el primer cerrojo y Cein el segundo la llave que habían traído las chicas de la cocina. Quedaban tres cerrojos por activar.

El tercero lo activo Gorila, él vino al gran salón junto con Seeren, una mujer sirena. Harambe trajo a la mujer al salón arrastrando una bañera. Por lo visto, si el cuerpo de Seeren no estaba en contacto con el agua, podría morir asfixiada (o ahogada como lo que casi le sucedieron a Cein y a Lauren). Harambe dijo que él había despertado con una horca en el cuello por encima de la bañera donde despertó Seeren. Cuando despertó, la cuerda se movió sola y empezó a asfixiarle. Si no fuera por la sirena, ahora mismo estaría muerto.

-Comportaos bien, no quiero que nuestros nuevos amigos piensen que somos unos brutos- dijo Cein mientras se limpiaba las uñas con una esquirla de metal que había salido disparada del fregadero cuando se liberaron.

-Por mí como si piensan que soy un orangután.- respondió Kano- No va por ti Harambe- dijo con un tono soccarrón a la vez que hacía un saludo con otro muslo de pollo hacia Gorila.

-Aburres- dijo Seeren a la vez que asomaba la cabeza del agua. La sirena sacó sus brazos y abrazó a Lauren del cuello. –No se encuentra bien-.

-Solo es un poco de fiebre, se me pasará- la elfa hizo un intento inútil por sonreír.

-Más vale que acabemos con esto de una vez. Nos faltan dos llaves y supongo que las debéis de tener vosotros. Ese es el lugar- Harambe señaló la pequeña mesa redonda donde estaban los cerrojos.

-Te olvidas de las presentaciones- dijo Cein con una sonrisa pícara que a Lauren la pareció la tímida risa de una meretriz.

-¡Cierto! Yo soy Harambe, pero todos me conocen como Gorila. La sirena se llama Seeren, es buena chica, pero solo sale del agua si es preciso; se puede morir. Lauren Ytrallen es una elfa flaca, pequeña y muy valiente; aunque ahora la veis un poco cansada. La máquina de la mesa se llama Kano, si habla no le hagáis caso- el cibernético estuvo a punto de contestar, pero luego recordó que tenía un lechón delante de sus narices y decidió callarse para comer.- El de la cicatriz es Thoner; el chico es raro, no dicho todavía ninguna palabra. Sabemos cómo se llamaba porque lo pone en la silla donde estaba atado. Él escribió el nombre con sus uñas. Y ella es…-

-Me puede presentar solita, gracias. Á mí me podéis llamar como Cein- dijo la enfermera guiñando un ojo.

-¿Y vosotros, quienes sois?- preguntó Harambe.

Finalmente, Lauren no pudo resistir ni al mal de cabeza ni a su orgullo y se sentó en una silla. Se encontraba realmente mal.

Harambe (Gorila):
Seeren (sirena):
Kano:

Lauren Ytrallen:
Cein:
Thoner:


_____________________

* Athos: Como antes, primero resumen de qué es lo que piensan cada npc de ti:
Emily Shawn confía muchísimo en ti, hará cualquier cosa que le pidas y desconfía de Aileen.
Charles Gwalchmei confía en ti y está muy agradecido por haberle salvado.
Aileen Sloan ha dejado de desconfiar, pero teme abrirse hacia los demás.
(Las opiniones de los npcs están variando continuamente. Puede mejorar o empeorar la imagen que tienen de ti).

En el siguiente post, tu deber, es muy simple: explícales al resto de invitados tu historia en la mansión y escucha también la suyas propias. Ten cuidado con lo que dices y lo que te callas. Cualquier detalle puede hacer que te ganes a un personaje o lo pierdas para siempre. Después de esto, pon las llaves en la mesa redonda para activar el mecanismo.
Una vez se active el mecanismo, no hay vuelta atrás. El juego habrá empezado y todas tus decisiones serán de vital importancia para la historia de la partida (entonces seré una Diosa mala).    
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Re: Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Athos el Miér Jun 21 2017, 00:38

Un gran gorila era lo primero que llamaba mi atención. Grande, de pelaje oscuro y denso, con ojos muy humanos aunque postura primitiva. Se paraba imponente al lado de lo que parecía ser un tinajo, conteniendo agua y una figura femenina, una sirena de cabellos dorados y cola azulada, con una protuberancia curiosa proveniente de su frente. No menos llamativo, un hombre con rasgos mecánicos yacía devorando una pieza de pollo, con brusquedad, en una postura dominante y agresiva. Una elfa se asomaba sutil entre los demás, precisamente por eso atrayendo mi atención, pues era la única que transmitía un aura serena, característica que siempre me gustaba destacar. A diferencia de un joven con el labio cosido, que también se retraía de la escena mas que su esencia transmitía peligro. Finalmente descubría la otra fémina, también rubia y de estética cuidada, presentando un atuendo modesto en contraste.

Éramos diez en total, no nueve como algunos mensajes insinuaban. Diez invitados somos, no nueve. A menos de que uno de ellos ya estuviera aquí, que fuera residente del lugar y haya sido atrapado en esta escaramuza, aunque igual sería un invitado de la fiesta. No quería ser arrastrado por ese pensamiento, seguramente sólo hubiera sido un error...

Prefería concentrarme en los rasgos de los invitados, ya que su apariencia física poco me dirían. Harambe, el gorila que se había encargado de hacer la mayoría de las presentaciones, transmitía mucha confianza. Articulaba con elocuencia y se había puesto entre Kano y Lauren, quien claramente habían forjado una gran tensión entre ellos. Honestamente, el cibernético parecía alguien que generaba odio a su alrededor con su actitud prepotente; no quería darlo como caso perdido, pero en mi experiencia ese tipo de personas sólo causaba problemas, debería tratarlo con especial cuidado.

Cein, la chica de ojos azules, parecía una dama bastante independiente, algo desinteresada pero correcta en su propio estilo, claramente alguien con mucha autoconfianza. Me recordaba a... ¿A quién me recordaba? No es que me pareciera familiar, sólo su forma de expresarse me era conocida, estoy seguro que he estado con alguien así antes. Espero poder recordar, eso me ayudaría a entenderla mejor.

Thoner era del tipo silencioso, quizá callaba por impedimiento físico, lo que explicaría su herida, porque era un ser reservado o quizá por haber hecho un voto de silencio. En cualquier caso, lo mantendría vigilado de manera especial, puesto que me causaba una sensación más siniestra que el mismo Kano.

Seeren lucía más preocupada por la salud de la elfa, o al menos parecía estar más atenta a ella, aunque era un poco invasiva, seguramente con costumbres muy distintas. Había conocido a una sirena antes y su forma de ser era igual de íntima, claramente era una raza que no generaba muchos prejuicios y dependían mucho de la comunicación no verbal; me causaba una especie de urgencia por cuidarla, debía ser complicado estar tan alejada del mar.

Finalmente la elfa... Ciertamente no lucía bien. Aun si sólo se tratara de una leve fiebre, si no era entendida apropiadamente podría poner en riesgo su salud, hasta su vida. Podía notar su esfuerzo por lucir bien, de mantenerse en pie, era sin duda una dama fuerte, mas el cuerpo tenía sus límites y si se presionaba tanto a tan tempranas horas de la fiesta sería una inmensa carga.

Saludos. Yo me llamo... —Noté el flaqueo de Lauren, desplomándose en la silla, aún consciente pero sumamente débil. Impulsado por mi instinto, me apresuré hacia ella, sintiendo la mirada del gorila sobre mí—. Debemos atenderla. —Decía con firmeza, acercándome a ella, pero luego repelido por un empujón del gran brazo del animal.

Oye. —Sentenciaba con dureza, clavándome la mirada.

Sólo quiero asegurarme de que esté bien. —Me sentía pequeño frente a Harambe, mas trataba de mantener la espalda recta.

Oh, no se preocupen por mí. —Musitaba suavemente, reclinándose hacia atrás cerrando los ojos, figurando una sonrisa.

Si realmente tiene fiebre, es posible que esté delirando. Con mayor razón deberíamos ayudarla. —Marcaba mi preocupación, viéndola detenidamente, tratando de analizarla a la distancia, aún con el brazo del gorila enfrente de mí, quien continuaba fulminándome con la mirada.

Soy enfermera y ya la había revisado. —Se encogió de hombros con una sonrisa—. Sólo tiene fiebre. Le dije que reposara pero no me quiso hacer caso, hasta ahora. Está bien mientras que alguien —miró hacia Kano— no siga molestando tanto. —Volteaba la mirada, relajando su postura.

¡Ja! —Exclamaba aún con comida en la boca, golpeando la mesa con una mueca divertida—. No es mi culpa que sea una debilucha. —Alzaba la voz, dando otra mordida al pollo.

Retrocedí unos pasos, sintiendo haber causado un mal—. Vale, lo siento. —Daba una reverencia, mostrándome humilde.

No puedes ayudarlos a todos, muchacho. —Decía Charles, cuando regresaba con él para cargarlo, llevándolo a una silla con ayuda de Emily.

Supongo que tenía razón, no podía ayudar a todos, pero era mi deber intentarlo, aunque las presencias me abrumaran. Éramos tantos en un espacio tan pequeño. Físicamente el Salón era espacioso, pero se sentía tan denso...

Yo me llamo Athos. —Retomé la presentación, en vista de que Aileen no tendría intenciones de hacerlo, Charles estaba cansado y Emily parecía más preocupada por no hacer contacto físico, sólo observar—. Ellas son Emily y... —Había señalado hacia la rubia, luego volteé con la otra chica, quien miraba con el ceño fruncido, sintiendo parte de su mirar intenso caer sobre mí, haciéndome titubear si debía dar su nombre o no—. Aileen. —Al final lo dije sin mucha preocupación—. Y él es Charles. Es un gusto conocerlos. Espero podamos salir juntos de este problema. —Levantaba la mirada con una sonrisa algo forzada, no queriendo hacerles recordar la situación, aunque obvia fuera

Y discúlpenme si causé un problema. —Giré hacia Lauren y Harambe, dando una reverencia—. De verdad que sólo quería ayudar. —Claramente el gorila estaba apegado a la elfa y sólo quería protegerla de mí, un completo desconocido.

No te preocupes. —Diría la sirena, posándose sobre el borde de su tina—. Gorila protegería a Lauren de hasta la mosca más insignificante. —Dijo jugando, viendo divertida al primate, quien le gruñó por lo bajo, no enojado sólo desaprobando su comentario.

¿Y cómo llegaron aquí? —Nos preguntó Harambe con naturalidad, como si fuera una pregunta frecuente por aquí. Probablemente ya entre ellos se conocían. De hecho, era bastante conveniente que nosotros fuéramos los últimos en llegar, ¿tanto tiempo demoramos en la biblioteca?

Oh, aquí vamos de nuevo. —Lanzaba una queja fastidiado, levantando las manos y arrojando accidentalmente, suponía yo, gajos de fruta—. A quién le importa. Ya estoy harto de escucharlos. Despertamos sin saber qué había pasado y estamos aquí. Punto. —Sentenciaba con seriedad, inflexible a escucharnos, probablemente muy desesperado.

Es más complicado que eso, caballero. —Le respondí a Kano, yendo en contra del consejo de Harambe—. Creo que conocer nuestros escenarios nos beneficiará en superar este gran obstáculo que se nos presenta. —Clavé mis orbes en los de él, tratando de transmitir la mayor calma posible, obteniendo sólo una mueca irritada de él.

No le hagan caso. —Me repetía una vez más.

Emily y yo despertamos en la misma habitación, atados con unas cuerdas, cubiertos con una sábana en camas individuales. —Fui relatando lo sucedido, con palabras pausados para asegurarme de no omitir detalle alguno, quizá alguno sabría descifrar los misterios que al parecer rodeaban este lugar—. Fue Emily quien me despertó, ayudándome a deshacerme de mis ataduras. —Calle un segundo, meditando, dándome cuenta que había omitido un evento—. ¿Nos compartiría cómo logró liberarse usted misma, amiga Emily? —Inquirí inocente. Yo había asumido que sólo se había desatado con destreza, probablemente rompiendo la cama en el proceso.

Om... —Rodó los ojos, algo pensativa—. Sólo me mecí en la cama hasta que se demolió, aflojando las cuerdas. —Respondió luego sin muchas complicaciones.

Sí. Después halló una llave y un mensaje detrás de un armario. —Mostraba ambos objetos en mis manos—. Buenas noches, dos de mis querid- —Había comenzado a leer la misiva, siendo interrumpido por Kano.

¡Ya sabemos! La fiesta continúa más adelante. Lo que sea. Todos tuvimos una.

Claro. Dispénseme... —Tal vez estaba entrando en demasiados detalles—. La llave abrió nuestra puerta y llegamos luego a una biblioteca, donde estaban Aileen y Charles, amarrados. Luego de que los liberáramos, Charles halló una segunda llave y otro mensaje similar, asegurando que encontraríamos al responsable aquí. —Decidí acortar mis palabras para evitar más conflictos—. Y aquí estamos.

Posteriormente Harambe pasó a resumirme la forma en la que habían despertado ellos, asociando sus situaciones con las nuestras. Si la conclusión de Charles era correcta, cada uno estaría cerca de su miedo o debilidad, mas no quedaba tan claro la de cada uno. ¿Harambe tendría miedo a ser ahorcado? ¿Ytrallen y la enfermera al agua? ¿Kano y Thoner a... la comida? ¿La libertad? No quise vociferarlo, era algo bastante vago.

Entonces... Poner las llaves aquí activará algo. —Musitaba dudoso, pero realmente sin opciones. Todo lo demás llevaba a un callejón sin salida—. Pase lo que pase, por favor, tenemos que confiar en nosotros. Confiemos entre nosotros. —Enfatizaba con seriedad—. Si permitimos ser arrastrados por la desesperación y el miedo, será más difícil mantenernos a salvo.

Parecía una inmensa tragedia y yo estaba totalmente abrumado por las presencias de todos. Éramos tantos, con tantas dudas, con tantas desconexiones en medio de un vacío. Me hubiera gustado tener más tiempo con ellos, como lo tuve con los demás, pero no pudo ser, todos estaban apresurados por continuar. Aileen y yo colocamos las llaves en el mecanismo, girándolas, atentos a lo que sucediera después.



OFF:

Te juro que si my nigga Harambe termina siendo el malo voy a ir a tu casa y la cubriré con sangre de cabra ò.ó Y discúlpame si cerré la respuesta de forma un poco apresurada... Sentí que ya estaba escribiendo mucho y, al igual que Athos, me sentí abrumado por todos los presentes. Te admiro por poder tener tantos personajes presentes =) En el futuro no seré tan perezoso~
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Re: Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Sigel el Miér Jun 21 2017, 20:16

Charles hizo una señal a Emily para que le llevase al lado de la mesa redonda. Quería ver más de cerca el mecanismo que se activaba con los cinco cerrojos. En la biblioteca de Dortama, al menos en los días en los que él era oficiaba de bibliotecario, había un mecanismo similar. La cerradura se encontraba a los pies de una estatua de cobre del Dios Thor. Una vez ponías la llave, se activaba un sistema de poleas y engranajes que Charles nunca supo descifrar y la estatua movía sus brazos como si estuviera razón truenos con el mjolnir. A los niños les hacía gracia y a Charles  Gwalchmei le resultaba un quebradero de cabeza.

¿Cómo unas simples llaves conseguían mover la estatua? Fue una pregunta que jamás supo responder.

Que bien le hubiera venido haber conseguido una respuesta pues, entonces, sabría cómo era posible que la mesa redonda se abriese por el centro como si fuera la boca de un caimán y que sacase un enorme reloj de arena con una nueva nota.

Aileen cogió la carta, ella y Athos fueron los que más cerca quedaron del reloj de arena.  Los otros miembros del grupo de diez, todos a excepción de Kano que siguió comiendo en la mesa como si nada hubiera pasado, se acercaron a escuchar lo que su anfitrión tenía por contarles en este nuevo texto.

-“Mis queridos invitados. Espero que estéis disfrutando de la bebida y la buena comida”- Kano alzó una copa de vino a la salud de quién fuera que haya escrito la carta- “Sin embargo, la fiesta va más allá de lo que veis en vuestros platos. La fiesta empieza ahora. ¿Conocéis el juego del escondite? Estoy aquí. ¿No me veis? Estoy entre vosotros. Tenéis que encontrarme antes de que el reloj de arena caiga, solo así acabará la fiesta y podréis iros a vuestras casas. Poneos de acuerdo entre todos, la persona que señaléis morirá. No es tan difícil. Tenéis 8 intentos para hacerlo bien”.- Hubo un corto tiempo de silencio en el que nadie supo qué decir. Solo se escuchaba el crujir de la carne dentro de la boca del cibernético. Aileen rompió ese silencio  y habló con tal desdén que parecía estar escupiendo las palabras- Está jugando con nosotros-.

-Eso es obvio, querida- contesto Cein con un desdén no mucho menor que el de la bruja.

Kano soltó una inmensa carcajada. Mientras tuviera comida seguiría disfrutando de la “fiesta.

-Mirad.- Seeren asomó la cabeza del agua y señaló el reloj de arena- Queda poca-.

-Me estoy haciendo un lío- Lauren estaba gritando sin alzar la voz. Tenía en las manos en la cabeza y le temblaba todo el cuerpo. - ¿Acaso quiere que elijamos alguien para matarlo?-

-A alguien no, que le elijamos a Él- contestó Cein.

-¿Y cómo sabemos quién es Él?- inquirió la elfa cada vez más nerviosa.

-No lo sabemos- dijo Aileen sin alejar sus ojos del reloj de arena.

-Es decir, que si decimos mal un nombre, estaremos matando a un inocente.- la enfermera lo dijo como si fuera natural y cotidiano matar a inocentes por un mal menor- Yo quiero vivir-.

-Todos queremos vivir- contestó Harambe quien seguía detrás de Lauren como un padre protector.

-Entonces no elijamos a nadie. No sabemos qué pasará cuando se acabe la arena. Puede que no pase nada.- Siguió Lauren.

-¡Ja! Hablas del tipo que te intentó matar ahogándote en un fregadero, al que ató a esos dos en dos camas y el que por poco asfixia al Gorila con una soga.- dijo Kano entre risas- Si dejamos que la arena caiga, ten por segura que nos matará a todos-.

-Eso lo dice el que no ha estado a punto de morir- Aileen fulminó con la mirada a Kano.

El cibernético mandó un beso por el aire a la bruja y siguió hablando como si ella nunca le hubiera interrumpido:

-Yo voto por matar al viejo. ¡Miradle, apenas puede mantenerse en pie!-

Charles Gwalchmei bajó la cabeza. No se sorprendía que Kano hubiera dicho su nombre. El cibernético era sincero, decía lo que pensaba. ¿A caso era malo? Charles creyó que no. Por lo que no se defendió. Se limitó a bajar la cabeza y a esperar a que los le defendieran.

-¡Tú lo has dicho, es tan débil que no podría habernos atado cómo lo hizo!- gritó Harambe poniendo su mano en el hombro de la elfa. –Él es alguien más fuerte-.

-Como tú, por ejemplo.- Kano tenía un hueso del costillar el lechón en las manos y lo movía en el aire mientras hablaba como si fuera una varita.

-Cállate Kano- Seeren salió a decir la frase más importante de su vida.

-No le mandes callar, no es tan estúpido como parece.- Cein habló desde detrás Harambe pillándolo por sorpresa- O tal vez sí, pero lo que ha dicho no es ninguna estupidez. Seamos sinceros. ¿Cuántos años buenos le quedan al señor Gwalchmei: ¿Dos, tres a lo sumo? La arena está a punto de caer y no confió en la persona que por poco me mata ahogada-.

-¡La estáis escuchando, me ha dado la razón!-

-Por lo que veo hay dos bandos. No hacer nada o votar al viejo-.

-No puedo creer que estéis hablando en serio- A Lauren le daba vueltas la cabeza.

-Lo están haciendo- dijo Shimphony con la voz de Emily.

-De acuerdo, que levante la mano los que digan de matar al viejo-. dijo Kano.

Cein levantó la mano acto seguida. Thoner gruñó sin abrir los labios y levantó la mano.

-No quiero que me vuelvan a colgar boca abajo- dijo la bruja.

-Yo no quiero matar a nadie- Lauren movía la cabeza de lado a lado diciendo que no.

-Yo tampoco- Colaboró Harambe.

-No-. Siguió Seeren.

-Y yo no quiero morir.-

_____________________

* Athos: Como antes, primero resumen de qué es lo que piensan cada npc de ti:
Emily Shawn confía muchísimo en ti.
Charles Gwalchmei Confía en ti.
Aileen Sloan Indiferente.
Harambe (Gorila) Confía en ti.
Seeren Indiferente.
Kano No confía en nadie.
Thoner Indiferente.
Cein No confía en ti.
Lauren Ytrallen Confía en ti.
(Las opiniones de los npcs están variando continuamente. Puede mejorar o empeorar la imagen que tienen de ti).

Empieza lo divertido. En el siguiente tema deberás elegir si votar que Charles es El Anfitrión pese que es posible que mates a un inocente o no votar a nadie y dejar que caiga toda la arena. Hagas lo que hagas, Emily votará lo mismo que tú. Recuerdo cómo va la  votación sin contar los dos votos que dispones.
4 por seleccionar a Charles Gwalchmei.
4 por dejar que pase el tiempo.
Como extra, puedes elegir a otra persona como posible Anfitrión. Pero no se le tendrá en cuenta como posible sospecho hasta la próxima votación (sí, habrán más).
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Re: Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Athos el Jue Jun 22 2017, 02:15

En el instante en el que interactuamos con el cerrojo, pude sentir la vibración mecánica que accionaba, moviendo los engranajes y artilugios internos provocando el pequeño espectáculo con la mesa, abriéndose de por medio y presentando un inmenso reloj de arena. Sólo necesite verlo para darme cuenta que habíamos cometido un grave error. Yo había cometido un gravísimo error. Yo esperaba una trampa, un ataque directo por parte de nuestro captor, alguna especie de explosión, pero jamás pasó por mi cabeza que tendríamos una batalla contra tiempo.

Tiempo. Un elemento tan esencial que a veces se nos escapa su verdadera importancia. No habíamos aprovechado correctamente el tiempo que teníamos y ahora teníamos la presión de una cuenta regresiva. Claramente deberíamos tomar decisiones inmediatas, decisivas y constantemente preocupados por el correr de la arena. Debí tratar de prolongar el momento, de crear un mejor diálogo entre nosotros para coordinarnos, sin embargo había cedido a la prisa de la incertidumbre.

Y con el tiempo encima, las opciones a considerar eran exactamente las que me habían sobrecargado la consciencia. Ahora, como Aileen correctamente señalaba, esto se había convertido en un repulsivo juego. Reglas, condiciones, decisiones, ganadores y perdedores. El estado mental en el que debíamos entrar debía trascender la supervivencia, enfocándose en la estrategia para localizar a nuestro enemigo.

Con eso en mente, me separé de la conversación, desligándome de los comentarios de mis acompañantes. Bajo otras condiciones hubiera sido yo quien iniciara el diálogo para llegar a una decisión colectiva, sin embargo ya había concluido que abordé mal la apertura, no capitalizando en la oportunidad de conocernos y generar confianza. Desde el inicio estuve teniendo esa idea en mente, de crear confianza, de sincerarnos, mas lo había echado todo por la borda.

Había retrocedido unos pasos, apartándome del cúmulo de invitados, tomando distancia de las palabras y comencé a meditar en silencio, con mis ojos cerrados, en una posición reservada. Me concentré en el peor escenario posible, que genuinamente nuestras vidas estaban en peligro y seríamos nosotros los verdugos, por votación. Por supuesto, cabía la posibilidad de que fuera un engaño o que el verdadero peligro yaciera en otra parte y esto fuera una simple distracción. ¿Honestamente? Prefería este último escenario.

¿Quién sería nuestro anfitrión? Sabía que yo no era. Aunque alguien me hubiera controlado para hacerlo o si de alguna manera ese lapso en el que perdí la consciencia hubiera tomado este sendero, de ninguna manera hubiera logrado preparar todo este escenario, de eso podía estar seguro.

¿Emily? En retrospectiva, ella pudo haber mentido. Tal vez nunca estuvo atada como había dicho y estaba cooperando bastante bien conmigo. Charles había dicho que estábamos siendo observados, que habíamos sido estudiados. No era difícil estudiarme y darse cuenta que mi actitud pacifista podría causar problemas en este escenario, así que tendría sentido mantenerse cerca de mí. Pero no encajaba con el hecho de que encontrara una de las llaves pero no la otra. Nuestro anfitrión debía ser alguien paciente, alguien que disfrutara del espectáculo, alguien que gozara la emoción de su plan.

¿Entonces Thoner? Siempre observador, callado, analizando nuestros comportamientos. Alguien que fácilmente puede pasar desapercibido en nuestras vidas, a pesar de su característico rostro. De hecho, su cicatriz bien pudo ser causada después de que lo hubiéramos conocido o el tenerla provocaba que uno no quisiera poner la vista sobre él. Reservado, en las sombras, solitario. No podía ser. Los mensajes, la teatralidad, el estremecimiento, el ambiente... El que estuviera detrás de esto tendría que ser alguien que le gustara la atención, no necesariamente ser el centro de todo pero cuyo ego fuera suficientemente grande para querer escuchar su propia voz.

¿Harambe? Había estado hablando mucho, tomando la iniciativa, siendo el que liderara la orquesta. Imposible. Era más fácil descartarlo que mantenerlo. No había evidencia que apuntara a él. ¿Tal vez eso lo haría un mayor sospechoso? Nuestro enemigo se presentaría inocente, noble, como él, ¿no? Protegiendo a la elfa, parándose con fuerza, con la cabeza centrada en lo que sucedía. Realmente tenía más sentido que fuera su naturaleza el que lo mantuviera así. Además, ¿por qué alguien como él querría embarcarse en este sendero trágico? Obviamente su instinto animal lo llevaría a experimentar emociones más fuertes y menos dramáticas, donde la claridad no era un común denominador.

¿Seeren? La descartaba de inmediato. ¿Por qué se expondría de esta forma, fuera de su elemento? Obviamente nuestro anfitrión no trabaja solo, o sola, así que aunque estuviera lejos del agua no estaría realmente en peligro, no del todo. Pero aún no tenía sentido, no cuadraba que alguien se tomara tantas molestias de este estilo siendo una sirena. Aún si estaba cómoda en esa bañera, la verdad es que estaba muy limitada en cuanto a opciones. Sin embargo, había un detalle curioso, lo que me hacía conectar a Harambe, a la Seeren y a mi siguiente sospechosa...

Lauren. Ellas dos tenían un común denominador, la protección de Harambe. Aunque el gorila parecía preferir a Ytrallen, no se podía negar que Seeren no estaría aquí de no ser por la intervención de Harambe. Además, Lauren encajaba con el perfil que había imaginado nuestro secuestrador tendría. Observadora, recibiendo atención... Y algo más, algo muy interesante, ella era quien estaba más cerca de morir. Más allá de su enfermedad, su supervivencia dependía de que alguien entrara en la cocina o que Cein la ayudara milagrosamente. Era una apuesta, al igual que este juego. Nada estaba claro y eso lo hacía emocionante.

Mi nivel de empatía sólo podía llegar tan lejos, pero aún había alguien más que considerar, la enfermera. Tranquila, parlanchina, dinámica... Ése era el problema, su dinamismo. Podía ser una máscara para ocultar su locura, su anhelo por destruir y causar el caos. Era además la persona más inconsistente de todas. Ayudaba pero apoyaba la loca idea de Kano.

¿Y por qué no considerar a Kano y a Charles? Realmente puro instinto. Kano era una máquina desagradable sin mucho sentido de elegancia, que claramente era natural en nuestro anfitrión. Y Charles tenía los ojos más pacíficos que había visto, no necesariamente por una naturaleza tranquila, sino otorgada por su senilidad. Estaba demasiado cansado para tomarse estas molestias.

Era así como reducía mis opciones a las tres mujeres... Cein, Lauren y Seeren. Y cada vez me inclinaba más sobre Cein, pero las otras dos tenían muchas razones para traer aquí a Harambe, jugarse la vida, darle un sentido a sus vidas decadentes o aburridas. Los elfos podían ser tan extremistas, yéndose a proteger la vida y luego cambiando a la venganza, y las sirenas me habían demostrado que su curiosidad las hacía cometer fechorías que creeían poder justificar. Y la enfermera... era impredescible.

No soy un asesino. —Negué con la cabeza, observándolos con seriedad. No había puesto total atención a sus palabras, pero me quedaba claro que habían llegado a una decisión con pésimas justificaciones—. Voto por hacer nada, por ahora. —Volteé hacia Emily, quien también seguía mi decisión por abstenerse. Era un grandísimo riesgo ya que no estaba claro lo que pasaría, por un lado Charles podía morir ya que fue el que recibió más votos, o los que no votamos moriríamos por no seguir las reglas, o alguien al azar... Era una apuesta.

Aún quedaba un poco de tiempo, que intenté aprovechar al máximo—. No podemos tomar decisiones al azar y sólo elegir al que tiene menor probabilidad de ganar. Es nuestro deber descubrir a nuestro enemigo, quien evidentemente nos quiere poner en la posición de quitarle la vida a alguien más. Yo propongo que votemos por nosotros mismos, hacer un empate entre nosotros. —Entregué una mirada solemne a los invitados.

Mi plan, por así decirlo, era forzar la mano del anfitrión a votar por alguien más y así revelar su identidad, un intento inocente de mi parte, porque precisamente no estaría confiando en mi análisis así como ellos se aventaron por votar por alguien casi aleatoriamente. El lado positivo de eso era eliminar alguien irrelevante y ganar tiempo, pero ese tiempo no lo usaban sabiamente. Si mi estrategia no funcionaba, si Kano, por ejemplo sin ser el anfitrión votaba por alguien más sólo porque no quería ponerse en riesgo a sí mismo, de nada habría servido.

Lo siento tanto, amigo Charles... Debí esforzarme más para no ponerlo en una posición tan comprometida.
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Re: Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Sigel el Vie Jun 23 2017, 12:18

La cabeza de Emily apuntaba a la arena que iba cayendo del interior del reloj, sin embargo, sus ojos, guiados por Shimphony Shappire miraban a Thoner. El chico, que hasta el momento no había dicho ninguna palabra, se había quedado arrodillado enfrente de uno de los huesos que Kano había lanzado al suelo y lo estaba olisqueando como si fuera un perro. (Cariño, te equivocas, el chico es un lobo no un perro). Finalmente, tal escuchar la voz de la payasa en su cabeza, Emily miró a Thoner. ¿De verdad era un licántropo? Debía de ser de los más salvajes, de aquellos que vivían en los rincones más escondidos de los bosques. Eso explicaría su cicatriz en el labio. Alguna pelea de lobos. (¿Y qué más?).

-¿Y qué más?- repitió las palabras de Shappy en un susurro apenas inaudible.

-¿Has dicho algo?- Preguntó Harambe.

-No, no he dicho nada.- se apartó tímidamente del gran reloj de arena.

-No te preocupes, creo todos lo tenemos-.

-Hablad por vosotros.- Kano se dio un par de golpes con la mano la parte metálica de su cabeza-  A mí me robaron mis miedos hace mucho tiempo-.

Finalmente, la poca arena quedaba en la parte superior del reloj, cayó. Desde dos pisos más arriba se escuchó el ruido de unas campanadas. ¿Estaban una mansión o en un santuario? Lauren se tapó las orejas con las dos manos. Harambe se movió rápido hasta quedarse detrás de la elfa y abrazarla como si la estuviera protegiendo de su enfermedad. Seeren se escondió del ruido bajo de su agua. Aileen no quitaba los ojos de encima de Charles y el bibliotecario miraba a cada lado del salón como si estuviera esperando que la mansión le fuera a matar.

Emily era consciente de todo lo que pasaba. Siempre fue muy observadora, ventajas de haberse criado en un circo. Había ganado la capacidad de ver la reacción del público después de cada espectáculo y truco de magia. Felicidad, entusiasmo y alegría eran las reacciones que Emily más conocía. Miedo, confusión y horror, eran las de Shimphony Shappire. Los diez invitados (o nueve) no eran muy diferentes al público que una vez tuvo Shappy. La única diferencia que existía entre uno y otro es que en el Circo de los Horrores, los monstruos eran los propios payasos y en la mansión de los diez invitados, el anfitrión hacía que el público se comportase como monstruos. En otras circunstancias, era posible que ninguno hubiera querido matar a nadie. Pero aquí y ahora… Todo era muy distinto. (¿Y qué más?)

“Tendrás que salir para saber qué más” gritó Emily para sus adentros.

De repente, uno de los cuadros que había en el salón abrió la boca y de ésta salió el virote de una ballesta que ninguno de los presentes llegó a ver. El proyectil atravesó la garganta de Thoner. El chico intentó tosió sangre, parecía que se estuviera ahogando en su propia sangre. Emily Shawn se quedó blanca del espanto, no se atrevía a moverse ni un ápice por miedo que otro cuadro abriese la boca. Era muy Charles Cein, Aileen, Lauren e incluso Kano pensasen lo mismo.  Harambe rugía y se golpeaba su pecho como lo haría un gorila.

El mecanismo de la mesa redonda volvió a sonar y el reloj dio la vuelta. ¿Otra vez tendríamos que volver a elegir a otro supuesto Anfitrión? (¿Y qué más?).

-¡Y nada más!- gritó Emily desesperada. –Y nada más-.

_____________________

Después de unos minutos de respeto por el cadáver, Cein fue la primera en acercarse a él. Le abrió la boca con suma delicadeza. Lauren quedaba detrás de ella y sujetaba un cubo de agua para que la enfermera se lavase las manos de sangre. Cein no se lavó las manos, pese a las muchas insistencias de la elfa, hasta que hubo terminado el examen del cadáver.

-Tengo una noticia buena y otra mala. ¿Cuál queréis oír primero?-

-La buena, danos una alegría- Harambe se había sentado en la misma silla que antes había estado Lauren. Se había conseguido calmar después de haber comido unas uvas que habían sobre la mesa.

-Ya sabemos por qué Thoner no hablaba: Le arrancaron la lengua. Estoy segura que lo hizo nuestro Anfitrión.- el nombre del Anfitrión sonó con desprecio y asco- Las cicatrices del interior de su boca son recientes-.

-¿Y qué hay de la cicatriz de labio?- preguntó Aileen.

-Es muy antigua, no creo que Él lo haya hecho-.

-¿Y la mala noticia?- dijo Charles quien suspiraba mucho más aliviado que al principio de la votación.

-La mala noticia es que todos estamos malditos-. Cein abrió la boca de Thoner y les mostró el paladar a sus compañeros, Lauren estuvo a punto de vomitar- “No me gustan las trampas”. Está escrito a fuego. Creo que Él consideraba la opción de que ganase la opción de no matar a nadie- miró con desdén hacia Athos- Y nos ha castigado por hacerlo-.

-Cas…cas…casti…- Lauren tartamudeaba.

-Sí, preciosa: Castigado-.

-La muerte del chico es nuestro castigado- Charles parecía sentirse culpable de haberse salvado.

-Casi pero no. El castigo es más severo. Thoner ha muerto porque alguien tenía que morir. El castigo es algo peor que Él no nos lo quiere decir-.

-¿Cómo es que sabes tantas cosas?- Preguntó Kano con un tono más serio.

-En Baslodia trabajo de enfermera, pero en Dundarak trabajé en un hospital que se dedicaba a hacer esta clase de malos juegos con sus enfermos. No quería decirlo. Hicimos experimentos de los cuales hoy me lamento- la voz de Cein sonó mucho menos sarcástica que lo habitual.

-Lo comprendo, todos tenemos una espina de la que no estamos orgullosos.- La espina de Emily se llamaba Shimphony Shappire.

-Tenemos que encontrar el castigo. Si es listo, debe haberlo escondido en algún lugar del edificio.-

-Si nos separamos cubriremos más espacio- dijo Harambe poniéndose en pie.

-No puedo ir- Seeren dijo algo que todos pasaron inadvertidos: Dependía de la bañera para moverse.

-Tampoco creo que yo pueda ir muy lejos- dijo Charles.

-Yo me quedaré con ellos, alguien tiene que cuidar de toda esta comida- dijo Kano

-¿Nos dará tiempo encontrar el castigo antes de que acabe el tiempo?- dijo la elfa.

-Nos daremos prisa- contestó Harambe.

_____________________

* Athos: Como antes, primero resumen de qué es lo que piensan cada npc de ti:
Emily Shawn Confía muchísimo en ti.
Charles Gwalchmei Confía en ti.
Aileen Sloan Indiferente.
Harambe (Gorila) Confía en ti.
Seeren Indiferente.
Kano No confía en nadie.
Thoner Muerto.
Cein Desconfía mucho de ti.
Lauren Ytrallen Confía en ti.
(Las opiniones de los npcs están variando continuamente. Puede mejorar o empeorar la imagen que tienen de ti. Las muertes no se pueden cambiar).

Thoner ha muerto y es posible que el Anfitrión haya colocado una trampa en algún lugar del edificio. Tú deber es ir a buscar esa trampa. Irás con Emily y alguien más (a tu elección) a investigar uno de los dos lugares más próximos al salón. El otro grupo que se forme investigará el otro lugar. Los dos lugares son:
-Vestíbulo
-Cocina
Ten cuidado en elegir a quien llevas contigo. Depende de la zona, es mejor llevar un compañero u otro.
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Re: Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Athos el Dom Jun 25 2017, 05:59

Traté de enfocarme tanto en la arena cayendo como en mi alrededor, preguntándome cómo se activaría el mecanismo o de qué manera el anfitrión había preparado responder para cuando el tiempo se agotara. Suponía que se trataría de una plataforma de presión, o quizá alguien estaba observando listo para accionar la trampa. Suponía que al menos un brujo estaría cooperando en esta operación, pues eso facilitaría bastante el matarnos sin estar presente entre nosotros, al menos el asesinos, pues nuestro anfitrión estaba en medio de lo que él llamaría la fiesta.

No quise distraerme demasiado, mas fue inevitable no prestarle atención a Thorn, quien repentinamente se comportaba salvajemente, abalanzándose sobre el hueso que caía al suelo. Obviamente eso lo delataba un poco como, al menos, un híbrido bestia, más allá de eso no lo analicé, concentrándome en lo que por delante teníamos.

El tiempo llegó a su fin y era tiempo de que se comprobara en qué situación estábamos. ¿Realmente había un peligro? ¿Charles moriría por ser el único que recibió votos? Unas campanas hicieron que mi vista se elevara, como si realmente la respuesta fuese a venir desde arriba. ¿Un peso caería? ¿Nuestro enemigo se ocultaba en el techo? Al igual que Harambe, más por inercia que como una decisión inteligente, me acerqué hacia Charles; había más probabilidades de que yo sobreviviera a un ataque que el anciano.

Mas nada pasó. No a él. Fue bastante rápido. A pesar de que mantenía mi vista activa, no logré ver la dirección del proyectil que se clavó en la garganta de Thoner, sólo fui un espectador del impacto, de su caída. Pegué un salto hacia él, con la idea de ayudarlo, mas mi instinto me impulsó a ir en la dirección contraria. Qué podía hacer para ayudar, la velocidad había sido suficiente para atravesar su yugular, o al menos su tráquea, moriría asfixiado o desangrado en unos segundos. Tuve que renunciar a esa idea y dirigirme al origen de ese disparo.

Imaginé el curso que el virote debió haber seguido, conduciéndome hasta un cuadro. Rápidamente, aunque con cuidado al agacharme, lo arranqué de la pared, deseando ver lo que hubiese detrás. Efectivamente hallé un agujero, muy angosto pero suficiente para apuntar y disparar. Alguien o algo había detrás, observando, cazando. Incapaz fui de ver lo que hubiese más allá, todo estaba oscuro y temía ser atacado por sorpresa. Retrocedí, rindiéndome a cualquier intento que podría hacer. Igual no tenía muchas ideas.

Volteé hacia el muerto. Al menos sabía ya que no era Thorn, aunque honestamente era el último en mi lista de sospechosos. Qué coincidencia, ¿no? No era una opción evidente, no era obvio que él fuera inocente, al contrario, lucía bastante amenazador, sin embargo mi análisis mi indicaba que efectivamente lo era, y ahora yacía muerto. ¿Por qué? ¿Fue algo aleatorio? ¿Había sido seleccionado? ¿Y si Charles era el anfitrión y había dado la orden de matar a otro en caso de ser seleccionado? Como había imaginado, la decisión de abstenerse a votar era objetivamente ineficiente.

No fue trampa. —Aclaré de inmediato, no con el propósito de defender nuestra postura neutral, sino para señalar un punto que me parecía interesante y útil—. El individuo que está orquestando esta fiesta no es muy listo. Ha cometido errores, ha proporcionado información imprecisa o ha fallado a la hora de dar sus explicaciones. —Hablaba con seriedad, deliberadamente jactándome de nuestro anfitrión, luciendo confiando en mis palabras—. Probablemente es la primera vez que hace algo como esto y únicamente está experimentando, con las intenciones de repetirlo de una mejor manera. —Mantenía mis brazos detrás, caminando alrededor de la mesa, observando a cada uno de los invitados.

Estaba jugando con fuego aquí, pero no quería pasar por el proceso de votación una vez más, deseaba que el monstruo en las sombras se revelara, y si tenía que usar el engaño para eso, estaba dispuesto a ir en contra de mi código moral. Por así decirlo. Era verdad que el anfitrión había estado doblando la información, anunciando nueve y luego diez invitados, y no había estipulado con claridad las reglas, mas eso no lo volvía un tonto. Al contrario, me parecía una genialidad. Esto no era un juego, era un entretenimiento disfrazado de esperanzas vacías. Nuestro enemigo nos tenía a su merced y estábamos haciendo lo que quería. Buscar pistas, girar llaves, ver morir a alguien que bien pudo ser un amigo... No ‘ganaríamos’ haciendo lo que él deseaba, debíamos retomar la iniciativa.

¿Qué insinúas? —¿Era rabia en sus ojos, señorita? ¿Le habían molestado mis palabras? ¿Acaso se siente insultada? No, sólo desaprueba mi decisión por no votar...

Estoy de acuerdo con buscar esta supuesta trampa, sin embargo no nos cerremos. Tenemos opciones, sólo hay que detectarlas. Nuestro enemigo pudo haber cometido otro error, uno que revele su identidad o que nos conceda la libertad. —Titubeé por un segundo. Si yo fuera él, pondría una salida falsa en algún lugar para matar a los cobardes que se rehúsan a jugar—. Se nos dijo que el anfitrión está entre nosotros, ¿y si no? —Callé, estaba ya usando demasiado tiempo y lo más probable es que estuviéramos contra reloj.

¿Dices que lo venzamos en su propio juego? —Era una forma de verlo. Realmente no había una forma simple de decirlo.

Juguemos, está bien. Busquemos esa trampa y continuemos. No obstante...

No seamos sus marionetas. —Musitó la elfa, aún sosteniendo su cabeza.

Podemos hacer muchas cosas si trabajamos en equipo, en lugar de votar aleatoriamente entre nosotros. En el peor de los casos, somos ocho contra uno y eventualmente quedaría uno contra uno. Repito, en el peor de los casos. —No dije más, pero esperaba que fuera suficiente para que quedara claro mi mensaje. No me agradaba la idea, pero así al menos podría canalizar la atención en un enfoque común.

Por eso votamos por el viejo. —Dio una mueca inconforme, fulminándome con la mirada. Parecía entender a qué me refería, pero...

Pero no fue un trabajo en equipo. Fue individualismo coincidente. —Comenzó a acercarse Cein, manos en la cintura, mirada fija y con la postura más autoritaria que hasta ahora alguno de nosotros había presentado.

¿Y cómo llamas a tu decisión de no votar? —Me interrogaba con bastante dureza.

Paciencia. —Le contesté con tranquilidad.

Vamos a ir por esa trampa, ¿o qué? —Casi exclamaba Aileen, con sus brazos siempre cruzados.

Yo iré con el señor paciencia. —Sonrió la enfermera, encogiéndose de hombros, comenzando a caminar fuera del Gran Salón.

Con eso dicho, nos dividimos en tres grupos. Kano, Seeren y Charles se quedarían. Harambe, Lauren y Aileen se dirigieron hacia el vestíbulo, finalmente Emily, Cein y yo llegamos a la cocina.

Usted estuvo aquí, ¿correcto? —¿Nos habría dirigido aquí porque ya estaba familiarizada con el lugar?

Sí. Admito haber salido con Lauren demasiado rápido. Estaba pensando más en continuar que en observar. —Comentaba relajada, viendo alrededor.

¿Sabemos qué estamos buscando? —La chica rubia preguntó al mismo tiempo que escaneaba la cocina.

Supongo que algo inusual. —Dije sin muchas ideas en la cabeza.
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Re: Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Sigel el Dom Jun 25 2017, 14:19

Algo inusual… Decirlo era muy fácil; pero, a la hora de ponerse a buscar entre los cajones y armarios de la cocina, todo en la mansión parecía inusual. (Athos no es tan inteligente como parece). Mentalmente, Emily agradeció con sarcasmo a Shappy. No le gustó que hablase así de su amigo. Athos le había ayudado a salir de la habitación y estaba haciendo lo posible para que no muriese nadie más. La payasa no tenía derecho hablarle así de Athos. ¡No lo tenía! Aunque fuera igual de sospechoso como los demás invitados; él había ideado una forma de votación en la que no moriría nadie. ¡Quería salvarlos a todos!

Emily cerró el cajón que había abierto con un fuerte golpe a la vez que remarcaba en su cabeza que Athos era inocente. “No hables mal de Athos, ¿de acuerdo?”

-Cariño, no le des con tanta fuerza, no sabemos qué podemos estar activando al abrir los cajones-.

Miró con una mezcla de confusión y disculpa a la enfermera que se hacía llamar Cein.

-¿Qué quieres decir?-

-Ya viste como apareció el reloj de la nada y después como se movieron los engranajes para matar a Thoner. Toda esta casa el interior de un enorme reloj. Todo, absolutamente todo, está movido por ruedas, muelles y tornillos-.

Cein abrió la palanca de uno de los fregaderos, Emily pensó que sería el mismo en el que ella había despertado. Ni una gota cayó por del grifo. Sin embargo, cuando ella se acercó y puso su ojo bajo el desagüe, el agua comenzó a salir.

-¿Lo ves o también tengo que explicártelo?-

-Magia arcana. El anfitrión dibujó una runa en la boca de desagüe para que se active con un ojo abierto-.

-¡Premio para la rubita!-

-Mi padre usaba runas parecidas cuando trabajamos en el Circo de la Alegría. En el techo de la carpa dibujamos unas runas que hacían chispas cada vez que alguien del público reía. A los niños les encantaba.- cuando la alegría se convirtió en horror, las runas se activaban con la muerte de los niños y no con sus risas. Emily no quiso recordarlo, pero Shimphony, estaba muy presente para recordarlo. -Athos, ¿crees que alguien del grupo puede saber magia arcana o sigues pensando que el anfitrión es otra persona diferente que nos está observando?-
(Te equivocas de pregunta: Dile si conoce las runas tan bien cómo tú, a ver que te responde).

Emily se agachó bajo del fregadero y lo abrió de par en par con mucho cuidado para no activar la posible trampa que mencionó Cein. Si la historia de Lauren y Cein era cierta, entre medio de las tuberías fue donde encontraron la primera carta, la misma que encontró Emily detrás del armario. La segunda carta, la que ponía lo mismo que la carta que encontró Charles en su libro, apareció al fondo de todas tuberías; detrás de la tubería de color cobre. Fue fácil encontrar esa tubería, todas las demás eran de metal y estaban muy oxidadas. Solamente la última, la que estaba más al fondo, estaba hecha de cobre. Parecía ser la más nueva de todas las que habían allí. Como si no encajase...

(Sácala, a ver qué te encuentras).

Sacó la tubería del fregadero, no estaba sujeta a nada. Era como si la hubieran puesto ahí solo para que alguien la sacase. Dentro de la tubería de cobre había algo. Emily lo sacó. Era un pequeño frasco de cristal vacío. Le pasó el frasco a Athos y dijo con voz apagada:

-Lee lo que pone…- antes de que Athos pudiera terminar de leer, Emily lo dijo en voz alta- Es veneno. ¡Veneno! ¿Y si no has envenenado?-

Cein le quitó a Athos el frasco de las manos y metió la nariz en su interior. Lo olfateó durante unos segundos como si fuera un vino acabado de desconchar y devolvió el frasquito a Athos.

-Es simple veneno de Myr’nen. No suele ser letal a no ser que ingieras grandes cantidades. Aunque….-

Más allá de la cocina, pasillo abajo, se escuchó los gruñidos de Harambe. Luego, empezaron los golpes por todo el salón. También se escuchó los ruidos de gárgaras, eructos y vómitos.

-¡La comida estaba envenenada!- gritó Emily como si hubiera tenido una revelación de los Dioses (o de Shimphony Shappire) - Vi a Harambe comerse unas uvas después de que muriera Thoner.- hubo un momento de silencio en el que Emily se quedó mirando los negros ojos de Athos mientras deseaba que en el próximo cajón que abriese estuvieran las pinturas para liberar a Shappy de su mente; ella sabría qué hacer. –Tengo miedo-.

_____________________

* Athos: Como antes, primero resumen de qué es lo que piensan cada npc de ti:
Emily Shawn Confía muchísimo en ti mientras no opine su otro yo.
Charles Gwalchmei Confía en ti.
Aileen Sloan Indiferente.
Harambe (Gorila) Confía en ti.
Seeren Indiferente.
Kano No confía en nadie.
Thoner Muerto.
Cein Desconfía mucho de ti.
Lauren Ytrallen Confía en ti.
(Las opiniones de los npcs están variando continuamente. Puede mejorar o empeorar la imagen que tienen de ti. Las muertes no se pueden cambiar).

Vamos rápido: Shappy ha encontrado “la trampa” que hablaba Cein. La comida estaba envenenada. ¿La envenenaron antes o después de que muriese Thoner? ¿Le ha pasado algo a Harambe? ¿Y si alguien más comió veneno? ¿Qué hay de Kano que siempre había aparecido comiendo? Son muchas preguntas y tu deber es encontrar la respuesta o ser un buen hombre. Elige: Ir donde esté Harambe y atenderle o volver al salón y responder las preguntas.
Elegiste bien ir con Cein a la cocina. Gracias a ella sabes mucho sobre el veneno. Si hubieras elegido otra persona, el resultado hubiera sido muy diferente. Créeme, tengo todos los resultados y finales escritos en mi libretita master.
Encontrarás sobre el veneno (aquí)  
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Re: Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Athos el Lun Jun 26 2017, 01:46

¿Qué diría mi Maestro? Lo evidente es sólo un fragmento de la verdad. ¿Qué era lo evidente? Que estábamos encerrados, que éramos ocho y posiblemente uno de nosotros era el enemigo, que la confianza era una moneda escasa entre nosotros. Podía sentirme seguro estando junto a cualquiera de ellos, a pesar de las conjeturas que había hecho, no me molestaba darles la espalda, despreocupado por la posibilidad de recibir un ataque cobarde.

Si eso era lo evidente, ¿qué había más allá? Las trampas dependían de esa ilusión, de esa cortina de falsa seguridad para que no podamos percibirlas, y entonces nos atrapa en ella. ¿Pero qué trampa podría haber aquí? Ya dos habían estado presentes en la cocina, colocar una trampa aquí podía ser muy peligroso para el juego en general, ¿no? El anfitrión deseaba mantenernos vivos para el espectáculo. Quizá era un tipo diferente de trampa, no un explosivo como imaginaba o alguna especie de inundación... ¿Pero qué podía ser?

¿Qué diría mi Maestro? Que soy muy inocentes. Mi hermana también me dice lo mismo... ¿Pero cómo puedo no ser inocente? ¿Es astucia la que carezco? O al menos un poco de perspicacia como la joven Emily. Trataba de imitar sus acciones, buscando entre vitrinas y cajones, con muchísima cautela. Era consciente que en cualquier momento algo malo podría suceder, pero también debería estar atento a cualquier pista o presencia de esta trampa.

Escuchaba desde lejos la conversación que sostenían Cein y Emily, tal parecía que había runas mágicas por la mansión, o lo que fuera esta estructura. Era un completo ignorante al respecto, poco podría opinar o ayudar en la discusión. ¿Habría más? ¿Podíamos desactivarlas? ¿Quién las puso? ¿Se pueden mover? No lo sabía. Pero si ésa era la trampa que buscábamos, difícilmente la identificaría.

Hay tantas posibilidades, no descartaría ninguna opción... —Meditaba rápidamente y, mediante proceso de eliminación, llegaba a una curiosa conclusión—. Aileen podría ser una bruja. —Obviamente Harambe, Sereen y Kano quedaban fuera de la lista. Sin embargo, cualquiera podía tener conocimiento arcano.

O Charles. —Arrojaba la hipótesis al aire con normalidad. Supongo que también podía ser, pero él siempre me había parecido muy humano.

Nos encogimos de hombros, reanudando nuestras búsquedas. El tener que preocuparse por runas mágicas volvía muy complicada está tarea, pues ahora no sólo debíamos preocuparnos por mecanismos, sino por cualquier hechizo. Abrir una puerta podría significar que una bola ígnea impactara en nuestro rostro, pero ya había revisado la mayoría de los cajones, con excepción de los que estaban de lado de Cein, quien siempre tranquila observaba como si supiera exactamente qué buscar, definitivamente una mujer que gozaba de una gran inteligencia...

Decidí echar un vistazo por los sacos de comida, entre la harina, el grano y las legumbres. Temía que de pronto me brincara una serpiente o una araña venenosa, no quería convertirme de repente en una molestia para el grupo. Peor, no quería hallar ambas al mismo tiempo—. Hmm... —Ambas. ¿Dos anfitriones? ¿O tres? O todos...

Mi pensamiento fue interrumpido cuando la joven me llamó, entregándome un papel. ¿Más mensajes raros? Lo leía y descubría una horrible verdad, al mismo tiempo que Emily lo vociferaba. Entonces me fui dando cuentas de cosa, al mismo tiempo que especulaba otras. Habían invitados tramposos entre nosotros. Los invitados podían ser trampas puestas por el anfitrión, lo supieran o no. Kano estaba aquí para devorar esos alimentos y Thorn como un sacrificio para enviar un mensaje. ¿Qué otros propósitos servirían los demás? ¿Harambe sería el guardián de nuestro verdadero enemigo? ¡Harambe!

Iré a ayudar a Harambe. —Me apresuraba a salir de la cocina—. ¡Debe haber un antídoto! —Exclamaba esperanzado, quizá Cein lograría improvisar una forma de contrarrestar los efectos del veneno o la observadora Emily hallaría un estuche escondido en el techo. No lo sabía, pero yo nada podía seguir haciendo ahí adentro. Lo que podía hacer era advertir a los demás y, de ser necesario, frenar a Harambe. Los sonidos que escuchaba anunciaban un horrible escenario.

Llegué cuanto antes al vestíbulo, presenciando el escenario nauseabundo, era peor de lo que me imaginaba. Efectivamente el gorila atacaba todo a su paso, destruyendo las mesas, agrediendo a los otros, probablemente alucinando. Pero al mismo tiempo estaba tosiendo y expulsando de su boca líquido gástrico, combinado con sangre. El veneno debía estar destruyendo su sistema digestivo y quizá el dolor, combinado con un agente neurotóxico le causaba la locura que presentaba. Esto era sumamente peligroso, pues aún herido demostraba una inmensa fuerza.

Perdóneme, amigo Harambe. —Aceleré hacia él en una arremetida agresiva, tratando de desviar sus ataques para evitar que se concentra en los demás. Trató de propinarme un puñetazo con su enorme brazo, mas logré esquivarlo con un salto, usándolo como punto de apoyo, alcanzando su rostro y colocando una veloz patada en su rostro.

Rugió con enorme fuerza, respondiéndome al instante con un manotazo, lanzándome al piso contra una silla. De nuevo el dolor de espalda volvía a renacer, incomodándome agudamente. Uno a uno no lograría pararlo y quién sabe cuándo lo cansaria. Pero podría tratar de frenarlo, atraparlo como nuestro anfitrión había hecho con nosotros.

Lo provoqué con suaves golpes, eludiendo sus ataques versátilmente, valiéndome de mis más finos reflejos para evitar ser azotado. Retrocedía tres pasos, me defendía, intercambiaba golpes y volvía a retroceder, lentamente trayendo al gorila hasta el pasillo. Si tan sólo hubiera un candelabro aquí... Oh, sí lo hay, pero estaba muy arriba, ¿cómo alcanzarlo? Planeaba llevarlo hasta la biblioteca, pero quedaba aún lejos, era arriesgado continuar este proceso.

Pero tenía la ventaja del razonamiento, mientras que Harambe estaba en puro estado desenfrenado. Comenzaba a predecir sus movimientos, logrando coordinarme con sus arremetidas. Esperé a que lanzara un manotazo ascendente y aproveché su fuerte extremidad como plataforma, brincando con fuerza hacia arriba con un tremendo impulso, apoyándome luego contra la pared para ganar más distancia. Me estiré lo más que pude, a pesar de que mi columna continuaba irritándome, pero tenía que hacerlo.

Me aferré al metal del candelabro y halé de él con potencia, arrancándolo del techo, lanzándoselo al gorila sobre la cabeza. Esperaba no matarlo, definitivamente, sólo detenerlo. Pero aún si lo hacía... Supongo que eventualmente su estómago se derritiría de todas maneras.

Caí por efecto de la gravedad, rotando en el aire sobre mi propio eje para aterrizar de pie, rodando lejos del gorila derrotado, siguiendo mi carrera hacia el Gran Salón, irrumpiendo violentamente—. ¡La comida está envenenada! —¿Habrá sido muy tarde? Fue una decisión que tomé al instante, dando prioridad a los tres que habían quedado detrás de nosotros, confiando en que Harambe estaría inconsciente, sólo pudiendo ser salvado por el antídoto que había imaginado... Esto cada vez se complicaba más y más.
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Re: Los 10 pobrecitos [Misión]

Mensaje  Sigel el Lun Jun 26 2017, 17:05

Athos fue corriendo a socorrer a Harambe y Cein se quedó en la cocina buscando cualquier cosa que le pudiera servir para hacer un antídoto para el veneno: cera de las velas, rasgaduras de la tubería de cobre, agua, el propio veneno… Parecía que estuviera mezclando lo primero que tuviera a la vista. Emily Shawn no entendía qué diantres estaba haciendo la enfermera; estaba demasiado confusa y asustada como para poder prestarle atención.

Emily retrocedió unos pasos desde donde Cein estaba haciendo la poción. Miró el pasillo por donde se había ido Athos como si estuviera pidiéndole sin palabras que regresase con ella.  Algo muy malo estaba a punto de suceder, estaba segura. Algo que iba más allá de cualquier trampa o cualquier votación. Ese algo estaría era lo que estaría relacionado con su miedo particular. Charles Gwalchmei contó que el libro donde habían encontrado la segunda nota era el mismo que el utilizaba con mucha frecuencia en los días que trabajó de bibliotecario y que, luego de abandonar el trabajo, cogió asco y pavor a ese libro. Eso sin olvidar la prueba más concreta que “Los Pobrecitos” (así comenzó a llamar Shappy al grupo) sobre que el Anfitrión jugaba con los miedos de los demás era que Aileen Sloan había despertado anclada en el techo pese a que ella tenía pánico a las alturas. El miedo de Emily estaba a punto de aparecer, podía sentir como le llamaba para que fuera a su encuentro y como cierta payasa que vivía en su mente le empujaba para que fuera donde el miedo.

Respiró una buena bocanada de aire para inflarse de valor y comenzó a caminar por los largos pasillos de la habitación. Dos habitaciones más allá donde estaba, Emily escuchaba el ruido de trompetas, violines y risas de payasos. La habitación estaba vacía, por supuesto, esos sonidos solo podían venir de su cabeza o, quizás, de su magia. “No, Shappy es la que leyó el libro de nigromantes. Yo solo soy una chica normal”. Las suplicas no servían de nada pues, las voces de los payasos muertos de su pasado la llevaron a la habitación donde el Anfitrión habría preparado una trampa más.

Ahí, justo encima de la cómoda, estaba el maquillaje que Emily utilizaba para liberar a Shimphony Shappire. Se sentó en el taburete y se vio frente al espejo. Emily lloró durante dos segundos, luego Shappy soltó una suave carcajada triunfal.

_____________________

Nadie en la mansión pudo escuchar cómo Shimphony Shappire despertaba; la risa de la payasa fue apagad por una risa todavía más grande que hizo eco por todo el edificio. Aquella era la risa de Kano y el chiste que le hizo reír fue el que contó Athos: La comida estaba envenenada.

-¡Y yo que había pensado que ese sabor ácido era por alguna especie exótica!- dijo Kano sin dejar de reír- ¿Sabes cuál es la primera lección que nos hacen aprender a los mercenarios? No intentes matar a un cibernético con veneno para humanos-.

-Esto es serio Kano- dijo Seeren.

-No te pongas celosa sirena, todavía queda comida para peces envenenada-.

-¿Es que no tienes respeto? Harambe ha estado a punto de morir- Lauren Ytrallen fue corriendo a abrazar el brazo del gorila. - Si no fuera por Athos ahora estaría muerto-.

-¡Sí, demos todos gracias a Athos! El salvador de gorilas y viejos, el que se vota así mismo, el asesino de Thoner’s… ¡Gracias, oh gran Athos!-

Seeren, harta del cibernético, movió su cola en forma de aleta para salpicar agua de su propia bañera a Kano. Solo así se consiguió callar.

_____________________

La última en llegar al salón fue Shimphony Shappire. Todos se quedaron mirándola como si hubieran visto al extraño que necesitaban culpar para salir de ahí. Y es que Emily Shawn era tan diferente a lo que era Shappy. Emily era rubia, pecosa y tenía la carita de un ángel caído del cielo. La payasa era su contraparte. El pelo lo tenía pintado de azul, las pecas estaban tapadas por el maquillaje blanco y la carita de ángel asfixiada por la magia que Shappy resplandecía.

Quien primero la reconoció, o por lo menos el primero que no fingió no conocerla (el Anfitrión era un buen actor), fue Kano. Ella la saludó con el brazo en alto y dijo, con el tono burlesco que minutos antes Seeren había conseguido apagar.

-¡Parece que has metido la cabeza en un cubo de leche!-

Shappy ladeó la cabeza e ignoró al cibernético, para ella no resultaba ninguna amenaza.

-¿Señorita Emily?- preguntó Charles.

-Se ha ido a dormir.- contestó a la vez que se daba un golpecito a un lateral de la cabeza- Mi nombre es Shimphonny Shappire; pero podéis llamarme Shappy-.

Tras la presentación, los Pobrecitos contaron sus nuevos descubrimientos. Cein, después de darle la improvisada sal de frutas a Harambe, contó todo acerca de las runas y el veneno del desagüe de la cocina. Luego vino el turno de Aileen, su grupo también hizo un gran descubrimiento y es que la caldera de la mansión estuvo a punto de explotar; según ella, en el sótano hacía tanto calor como en la forja de un herrero concentrada en una botella. En aquel momento es cuando Aileen cometió un error que pegaría tiempo después y es que dijo que habían conseguido hacer apagar el horno utilizando su magia de agua.

-Fijaos en la arena,- dijo Charles a medio voz - nos queda poco minutos para…- no terminó la frase.

-Cein.- dijo Harambe que ya se encontraba un poco mejor- Ella es enfermera, sabe de venenos. Ella nos intentó matar a todos-.

-Tranquilo Gorila- Lauren pasó una mano por la espalda de Harambe.

-Sé que yo no soy el Anfitrión. Han matado a Thoner y también me han intentado matar con la comida. ¡Estuvo a punto de matarnos a todos con el horno!- el gorila miró hacia Athos como si se estuviera lamentando de sus palabras- Voy a votar al culpable, y esa es Cein-.

-Ella no es el culpable.- Shappy cogió a Cein con un medio abrazo y la apretó contra su cintura- Pensadlo bien. ¿Si fuera El Anfitrión cree que hubiera contando que trabajaba en un hospital maldito o te hubiera preparado una sal de frutas? No, El Anfitrión es un poco más inteligente: Es alguien callado que siempre ha hecho de nosotros lo que ha querido. ¿Verdad que sí, Athos?-

Los Pobrecitos quedaron en silencio, necesitaban pensar por la acusación que Shappy acababa de soltar. Como ya estaba siendo habitual, finalmente, Kano rompió el silencio con una obviedad y una estupidez;

-Os equivocáis: El Anfitrión no quiere morir. Estuvo controlando el veneno y el fuego del horno todo el tiempo.- esa fue la obviedad. Con un hueso a medio mordisquear, señaló a Aileen- Ella no probó la comida y apagó el fuego- y esa la estupidez-.

-Y tú sigues comiendo y no estás muerto- contestó la bruja.

-Dejad de discutir, tenemos cosas más importantes que atender- Charles tenía la cabeza pegada al reloj de arena.

Harambe y Lauren culparon a Cein
Shappy y Cein dijeron que el Anfitrión debía de ser Athos.
Aileen y Charles votaron por Kano.
Kano fue el único que señaló a Aileen Sloan como culpable.
Athos y Seeren fueron los últimos por votar.

_____________________

* Athos: Como antes, primero resumen de qué es lo que piensan cada npc de ti:
Shimphony Shappire Desconfía de ti
Charles Gwalchmei Confía en ti.
Aileen Sloan Indiferente.
Harambe (Gorila) Confía en ti.
Seeren Indiferente.
Kano No confía en nadie.
Thoner Muerto.
Cein Desconfía mucho de ti.
Lauren Ytrallen Confía en ti.
(Las opiniones de los npcs están variando continuamente. Puede mejorar o empeorar la imagen que tienen de ti. Las muertes no se pueden cambiar).

Deberías empezar a temer por tu vida, te acaban de señalar como Anfitrión. Tú deber, en el siguiente turno es doble; por un lado deberás demostrar que eres inocente y, por otro, deberás señalar a quien creas que es el culpable (puede ser uno de los que ya han sido seleccionados o uno nuevo). Si presentas pruebas lógicas, ya hay una serie de pruebas para marcar a alguien, Seeren (es decir, yo en el siguiente turno) votará lo mismo que hayas dicho. Sino, Seeren elegirá a uno de los que ya han sido señalados como presuntos Anfitriones.  
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