No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Asher el Lun Jun 26 2017, 20:51

Simas me estaba empezando a poner nervioso. No solía estar tan paranoico.

Había llegado a Lunargenta con Syl, con la intención de comprar suministros y volver al campamento. Seguir con nuestra vida como "escoria de la sociedad" y demás. Pero el destino parecía haber tenido otra idea.

Por suerte o por desgracia, acabé cruzandome con un viejo conocido. Simas, un hombre calvo y de ojos saltones, había sido un informante bastante útil en el pasado. Solía actuar como mediador en varios contratos cuando trabajaba de mercenario, y poseía una gran cantidad de contactos en las catacumbas... pero era tan útil como traicionero. O eso me parecía. Realmente, no tenía pruebas, pero siempre parecía que estaba jugando varias partidas a la vez... en distintos bandos. Siempre con su propia agenda, por supuesto.

Pero mientras me beneficiase, me daba igual. No le convenía librarse de mi, después de todo: era una baza para él. No era idiota.

Además, siempre suponíamos un peligro el uno para el otro, lo cual prácticamente asegura que una relación de negocios funcionase.

-¿Ya están aquí? ¿Todos?- preguntó Simas, asomándose por la puerta entreabierta. El tipo había insistido en que me trajese al resto del grupo, lo cual se alejaba un poco de lo planeado... pero aseguraba que valdría la pena. Asentí, viendo que aún esperaba una respuesta. -Bien. Pasa.-

Simas:

El hombre abrió la puerta... y la cerró detrás de mi, impidiendole el paso al resto del grupo. -Preferiría que hablásemos solos.- declaró. Le atravesé con la mirada, claramente molesto, pero tras unos segundos, me di la vuelta y me asomé por la puerta.

-Chicos...- suspiré. -Quedaos por la zona, por favor. No me gusta un "pelo", pero el tipo es así.- dije, algo exasperado. Nadie estaba del todo contento con eso. Ni siquiera mi pequeño chiste les había arrancado una sonrisa. -Por favor...- pedí. Accedieron, aunque a regañadientes, y se dirigieron a las escaleras para bajar a la posada. Volví a cerrar la puerta, y miré a Simas con cara de pocos amigos.

-¿Por qué me has hecho traerlos hasta aquí si solo querias hablar conmigo?- pregunté, frunciendo el ceño.

-Tenía que verlos con mis propios ojos. En un principio, dudaba de que existiesen. Nunca trabajas en grupo.- dijo rotundamente. No le faltaba razón, supuse. Aunque tampoco me alegraba.

Las conversaciones con aquel tipo siempre iban de esa forma.

-Bueno, ya estoy aquí, como querias. ¿Que tienes para mi?- pregunté. El hombre hizo un gesto, hacia la silla delante de su escritorio, ofrenciendome un asiento. Siempre era extremadamente meticuloso. Nunca se reunía en lugares privados, y raramente repetía un lugar. Pero los aeros valían la pena.

-Primero tú. Según me han dicho... te encerraron hace cosa de un año. Y no fue en una prisión bonita. La mayoría de criminales no salen vivos de ese lugar... pero tu estás aquí.- declaró. -No solo eso... unos meses después, un hombre perro de descripción preocupantemente similar a la tuya fue visto patrullando la ciudad... junto a guardias.-

Me mantuve impasible, sin cambiar mi expresión ni siquiera asentir.

-Pero, en un momento dado, desaparece. Deja de ser visto por las calles. Y ahora... estás aquí. Otra vez. Mira, Wernack...-

-Asher. Mi nombre es Asher.- interrumpí, enseñando los dientes. Aquello pareció pillarle por sorpresa.

-...el mercenario que conozco, y el que tiene una reputación, se llama Wernack.- dijo, lentamente. -¿Acaso no has vuelto a eso? ¿O, realmente trabajas para la guardia? No puedo ni imaginarme lo que han tenido que hacer para...

-SIMAS. BASTA.- grité, golpeando la mesa y levantándome. -Solo lo diré una vez. No estoy con la maldita guardia. Si realmente hubiese estado trabajando con ellos por voluntad propia, todos tus locales estarían en llamas, y tu no volverías a ver la luz del sol. Pero ni siquiera les mencioné tu nombre.- dije. Volví a sentarme. -Y no. He dejado eso atrás. Ahora soy un "bandido", no un mercenario.-

-Agradezco... el que no lo hayas hecho.- dijo, con un tono apaciguador. El hombre estaba claramente intimidado por mi estallido, pero solía actuar bien bajo presión. -Sin embargo... Hay quien dice que un bandido es simplemente un mercenario sin trabajo.-

-...será mejor que valga la pena.-

___________________________________________________________



Tras una hora de negociación, intercambio de información y detalles, salí de la habitación. Busqué a mis compañeros con la mirada, pero no fue dificil encontrarlos: aún estaban sentados alrededor de una mesa, con distintas bebidas en sus jarras.

-Espero que no os hayais pasado con el alcohol.- dije, arrugando el hocico. -Tenemos trabajo que hacer.-

-Tranquilo, supuse que nos necesitarias para algo.- dijo el dragón. -¿De que va esto?-

-Os lo contaré por el camino. Primero tenemos que ir a buscar al segundo grupo...- expliqué, algo molesto. Nunca le había hecho falta un "segundo grupo". O quería estar muy seguro de que todo saliese bien... o el trabajo era más dificil de lo que hacía ver.

Probablemente ambas.
Asher
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 401
Nivel de PJ : : 3
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Sarez el Lun Jun 26 2017, 22:12

Los gustos de una chica no son, precisamente, baratos. Sarez no lo entenderá. A estas alturas, no me planteo tener que explicarle porque una chica tiene que pagar más por un perfume o por qué necesitamos maquillarnos para ser más bonitas. Ni me molesto, ya lo intenté una vez y fue un desastre. Es como tener que explicarle a un perro la razón por la que los humanos comemos en plato y no en el suelo. ¿Papá sería capaz de comer en el suelo? No estoy segura,  pero esa imagen me saca una tímida sonrisa de mis labios.

La gente por la calle se queda mirándome. Me pregunto si lo hacen porque me han reconocido por mi música, porque me han visto meterme en problemas con papá o porque se sorprenden al ver que una chica bonita esté sonriendo sola por en una de las peores calles de Lunargenta. Nunca me ha molestado que me miren y creo que es algo nunca me va a molestar, parte de mi trabajo como artista consiste en que me miren y me reconozca. Si esta gente lo ha hecho, bien por mí; significa que soy una buena artista.

Tres hombres me siguen hasta llegar a la puerta del escondite de Simas. Dos de esos hombres son, lo que yo llamo “Dedos de Simas”; gente de su confianza que mira, escucha y calla. El más grande lo he visto un par de veces, se llama Otto, es simpático pero algo lento de entendimiento; solo lo vi una vez y no escuché bien su nombre. ¿Kira, Kina, Kita? Por mucho que me esfuerzo, no lo consigo recordar. El tercer hombre no lo conozco. Dudo que sea un Dedo, me sigue desde demasiado cerca. ¿Algún aprendiz de Simas? Idea descartada: Simas no confianza en nadie y menos en alguien que sea nuevo.

Otto resuelve todas las dudas acerca que tengo sobre el tercer hombre. Se pone a quince metros de distancia detrás de él. Me guiña un ojo y lo señala con la cabeza. Se estuviera aquí Sarez diría que el tercer hombre es un hombre malo, acto seguido, y sin preguntar, sacaría una flecha de su carcaj y le atravesaría la cabeza. Pero yo no soy como mi padre, yo soy un poco más sutil.

Antes de llegar a la nueva guarida de Simas, giro hacia un callejón sin salida. El típico donde los hombres malos acorralan a las chicas bonitas. ¡Oh no, me tiene atrapada; qué miedo! Otto y su compañero, que sigo sin acordarme cómo se llama, se quedan atrás. El tercer hombre es el único que entra al callejón. Cae directo en mi trampa.

-Dónde vas, preciosa- con una mano sujeta un cuchillo y con la otra su pene. Por desgracia, no es lo más asqueroso que he visto. Ojala lo fuera. - ¿Te gustaría pasar un rato conmigo? A mí sí-.

Dejo que se acerque un poco más. En este juego, hay que ser tan paciente como papá cuando dispara con su arco.

-A mí también me gustaría pasar un rato contigo-. Los caprichosos de una chica no son baratos, y a veces tengo que hacer cosas de las que no me siento orgullosa para poder pagármelos.  

Una vez que el tercer hombre está lo suficientemente cerca para no poder escapar, lanzo un orbe de luz a su mano derecha, la que no sujeta el cuchillo. No me acostumbro al ver a alguien gritar y suplicar de la manera que el tercer hombre lo hace. Agacho la cabeza para no verle revolcarse por el suelo. Sus gritos borran cualquier rastro de sonrisa de mis labios.

Otto llega a tiempo. Se queda de pie encima del tercer hombre. El grandullón sujeta una roca tan grande como su torso. Deja caer la roca en la cabeza del tercer hombre. Yo no quiero mirarlo. Tengo más que suficiente con escuchar el sonido que hace la roca al hacer estallar la cabeza del tercer hombre.

-Parece una sandía- celebra Otto dando palmadas.

-Yo no lo hubiera dicho mejor- digo sin darme cuenta.

-Simas quiere verte, tiene trabajo para ti. Paga bien.- dice Kira/Kina/Kita.

-¿Está donde nunca?- regla número uno: prohibido decir los nombre de los lugares.

-Está donde nunca-

-Nunca. Nunca. Nunca-

Los Dedos me acompañan a la nueva guarida de Simas. Otto me abre la puerta del despacho de Simas y me hace una reverencia para dejarme pasar. Es adorable, no sabe fingir que está enamorado de mí.

-¿Y bien, qué tengo que hacer?-

-Me gusta que seas tan directa- Simas sirve dos copas de vino en la mesa. Eso significa que la charla va para largo. -¿Haces lo mismo con tus canciones?-

-No siempre, solo cuando el público es terriblemente aburrido- me siento en una silla delante de la mesa de Simas y cojo una de las copas de vino, la menos llena para no ofender a Simas.

-¿Está fuera, lo has traído?- sin levantase de la silla, levanta la cabeza para asomarse a la ventana.

-¿Qué?-

-¡Quién! Habló de tu padre. Sarez. He oído hablar mucho de él: Un elfo blasfemo  que se crío solo en el bosque y se comporta como un animal. ¿Dónde está? Quiero verlo-.

-Le he dicho que vaya a la panadería a comprar el almuerzo mientras yo iba a arreglar el arpa-.

-¿Qué le pasa a tu arpa?-

Nada. Lo que pasa es que no quiero que Sarez sepa que me dedico a estas cosas- no me atrevo a decir la palabra “asesina” en voz alta.

-Es una verdadera lástima, de verdad quería ver a tu papito. Tengo mucha curiosidad.- Simas da un sorbo a su copa, no lo hace porque tenga sed, lo hace para cambiar de conversación. - Necesito dos grupos para el próximo encargo. El primero es el brazo fuerte, guerreros experimentados que saben muy bien lo qué hacen. El segundo, el que a ti más interesa, pensé que estuviera formado por un elfo salvaje y una chica bonita que supiera controlarle- otro sorbo a la copa- Tengo a la chica, pero no tengo al salvaje-.

-Sarez…-

-Tú padre. Debes de aprender a llamarlo papá- no sé qué contestar. Simas sabe toda mi historia y también sabrá toda la historia de Sarez. Sabe que solo le llamo papá cuando él está delante. Si no está, es Sarez, el elfo que conocí demasiado tarde. –Cuando conocí a tu madre pensaba hundir todo su talento en la prostitución. Tienes el mismo talento, diría que tienes incluso más que ella- me acaricia la mejilla con dos dedos- Si me dices que no ahora, no podrás decirme que sí nunca más-.

Entre lágrimas, asiento con la cabeza. Me doy asco.



_____________________


Merrigan dice que tenemos que ir al puerto a reunirnos con unos amigos suyos. No me dice la razón; no quiere decirlo. En el poco tiempo que llevamos viajando juntos he aprendido a conocerla. Cuando no quiere hablar de algo, bajo la cabeza, entrecierra los ojos y sigue caminando. Hay muchos temas de los que no quiere hablar: Sus orejas picudas, sus habilidades de elfa, su madre… Yo no insisto. Me pide que vaya con ella y eso es lo que hago.

-Lleva tu arco- me dice en voz baja sin apartar la vista del suelo- y también tus cuchillos y tu hacha-.

Merrigan me ayuda a atarme las armas en el arnés. Luego, yo le ayudo a atar su arpa en el su arnés.

-¿Vamos?-

-Vamos-
Sarez
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 565
Nivel de PJ : : 2
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Asher el Mar Jun 27 2017, 00:43



Me apoyé contra la pared del almacén. Nos encontrábamos en una zona del puerto sorprendentemente poco frecuentada, muy alejada de las calles principales, y casi al extremo lateral del puerto. Si caminásemos un poco más, solo podríamos dar la vuelta, o nadar.

Nadie se acercaba a aquel sitio con buenas intenciones. Aunque la mayoría no se acercaban, y punto. Demasiado alejado para barcos comerciales o de pasajeros. Ni siquiera la guardia pasaba por esa zona. Ahí se hacían los tratos que traían suministros a las catacumbas, al mercado negro, y a algunos de los gremios ilícitos de la ciudad.

No estaba seguro de cual de ellos sería esta vez.

-Simas quiere que... "supervisemos" un trato.- expliqué, una vez me encontré a solas con el grupo. -Por supuesto, nunca es algo tan simple. Una vez se complete, tenemos que robar la mercancía del barco.-

-Espera. ¿De que "mercancía" estamos hablando?- preguntó Dann.

-Según Simas... Productos alquímicos. Me imagino que eso significa venenos, alucinógenos, alcohol... y pociones peligrosas. Cualquier cosa líquida e ilegal que se te ocurra.- Irirgo abrió la boca. -Salvo eso. Dioses...-

-...iba a decir. ¿Como vamos a llevar todo eso? Ni siquiera yo puedo llevar un cargamento entero. Y tampoco es que pudiese transformarme y volar por toda la ciudad.- preguntó, encogiéndose de hombros.

-Casi todos los productos están en barriles.- explique, caminando hacia unas roídas cajas abandonadas. Eran grandes y polvorientas, pero no llamaban la atención en el tétrico almacén. Empujé una de las cajas que estaba colocada junto a la pared, revelando un pasadizo demasiado pequeño para caminar. Estaba demasiado oscuro para ver a donde iba, pero incluso con la escasa luz que teniamos, se podía ver que llevaba a una larga rampa que se adentraba en las profundidades. -Simplemente tenemos que meter los barriles aquí, y rodarán hasta las catacumbas. Simas ya tiene hombres preparados para llevarlos desde allí.-

-...oh.- dijo el brujo, interesado. Se acercó más y lo examinó cuidadosamente. Tras unos segundos, sacó un aero de su bolsillo, y lo dejó rodar por la rampa, escuchando atentamente. El sonido de la moneda se alejó hasta ser imperceptible. -...es muy profundo.- observó.

-La verdad, no me convence del todo.- admitió el dragón. -¿Estás seguro de que Simas es de fiar?- preguntó.

Solté una carcajada amarga. -Sé perfectamente que no lo es. Pero es demasiado útil. No solo ganamos más dinero del que necesitamos, también tenemos un favor suyo. Y eso es realmente valioso.- expliqué.

-Si tu lo dices...-

-Venga. Confiad en mi. No dejaré que ninguno de vosotros salga herido.- prometí. -Y tendremos una buena cena para celebrarlo.- los hombres intercambiaron una mirada. Una sonrisa empezó a formarse en el rostro del brujo. Debía estar imaginándose el banquete.

-Está bien. Te tomo la palabra.- dijo Irirgo.

-¿Syl? No has dicho nada desde hace horas.- dije, mirandole con cierta preocupación.

-Es solo que... no me gusta. Parece muy arriesgado. ¿Realmente necesitamos esto?- preguntó.

Suspiré. -Si prefieres no participar, lo comprenderé perfectamente. No voy a obligaros a hacer nada que no querais.-

-Mmh. No es eso... mira, olvídalo. Hablaremos luego. Me quedo.- agaché las orejas, algo desanimado. Parecía más serio que de costumbre, pero no podíamos discutirlo en ese momento. -Estoy bien. Venga. ¿No es ese el segundo grupo?-

Miré hacia donde señalaba el gato. Dos figuras se estaban acercando directamente hacia nosotros. Syl debía de estar en lo cierto. Una vez pude mirarles de cerca, arqueé una ceja. Ambos eran elfos. Uno de ellos parecía mucho más joven que el otro... pero con esa raza siempre era difícil adivinar. El mayor llevaba, como mínimo, un arco. Y la chica...



-¿Es eso un arpa?- preguntó Dann, abriendo los ojos con curiosidad. -¿Sabes tocar? ¿Oh, y cantar? He oído que el arpa es un acompañamiento maravilloso para...

-¡Dann!- interrumpí, reprochándole con la mirada. -Disculpa. Se emociona cuando algo le interesa. Y le encanta hacer preguntas con respuestas obvias.- dije, dirigiéndome a la chica. -Mi nombre es Asher. Estos son Irirgo, Dann y Syl.- añadí, señalando a cada uno respectivamente.

-¿Cual es tu canción favorita?- le preguntó Dann a la elfa, provocando un suspiro general en el resto del grupo.

-A Dann le gusta cantar, así que tiene cierta pasión por el tema. Si te molesta demasiado, avísame y te lo sacaré de encima.- dijo Irirgo, guiñándole un ojo.

-Disculpa. No quiero resultar pesado.- dijo el brujo nerviosamente.

Miré a Syl. El felino estaba algo tenso, lo cual no me sorprendía demasiado. Le froté el hombro ligeramente, y este sonrió un poco, algo aliviado.

-Muy bien... no tenemos mucho tiempo, así que mejor dejarlo todo claro cuanto antes. Va a llegar un barco con contenidos ilegales: pociones, brebajes, venenos, y demás. Tenemos que esperar a que se produzca el intercambio, y una vez el dinero cambie de manos, robar los barriles y colocarlos en esa apertura.- expliqué, mirando a todo el grupo de uno en uno. -Cada uno tiene un papel, para hacerlo más simple.-

>> Para empezar, hay tres bandos en todo esto. Los contrabandistas, que serán los que traigan la mercancía en el barco. No nos importa lo que les ocurra. Si es necesario, podemos matarlos a casi todos, pero al menos uno debe quedar con vida. Estan armados, y llevan un pañuelo azul en el cuello, asi que podreis reconocerlos fácilmente.

Después están los hombres de Simas. Estos son trabajadores sin mucha importancia. No saben que vamos a robar la mercancía, pero no podemos matarlos. Noquearlos, aturdirlos, herirlos o dejarlos inconscientes está bien, pero si matamos a más de tres, nos quedamos sin pago. Van vestidos como cualquier civil y la mayoría no están armados, pero es posible que alguno se quiera hacer el héroe y lleve un cuchillo o algo. Cuidado con eso.

Ahora, el plan.

Irirgo se encargará de mover el cargamento. Son bastante pesados, y sin él, necesitaríamos llevarlos de dos en dos. El problema es que no puede defenderse mientras está llevando el cargamento.

Syl y tú -dije, señalando al elfo- ofreceréis cobertura. Buscad una posición elevada. Acabad con tantos contrabandistas como podáis, salvo que no representen ningún peligro. Si lo veis necesario, podéis bajar y ensuciaros las manos.

Dann tendrá que mantener ocupado a los trabajadores. No debería ser muy difícil, pero recuerda que la piedra de aquí está más húmeda a lo que estás acostumbrado. Usa muros, o empujalos al agua si es necesario. Seguramente saben nadar. Si no, creo que contaría como selección natural.

Eso nos deja a nosotros dos. Tendremos que proteger a Irirgo y lidiar con cualquier cosa inesperada. Sé que Simas no te habría contratado si no supieses lo que haces, pero durante este trabajo, somos aliados. Si necesitas ayuda, pídela.


-Bien.- terminé. -¿Alguna pregunta? ¿Duda? ¿Sugerencia? Si tenéis mejores formas de hacer esto, me encantaría oírlas.
Asher
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 401
Nivel de PJ : : 3
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Sarez el Mar Jun 27 2017, 11:16

No tengo una pregunta; sino muchas que hacer. No sé quiénes son estas personas, pero no son amigos de Merrigan. No parece que sean amigos de nadie. Examino con cautela a cada uno de ellos. El más viejo se llama Irirgo. Tiene el rostro cubierto de cicatrices que no transmiten confianza. Sé que no soy quien para hablar de cicatrices ni tampoco de confianza; pero se trata de Merrigan, no de mí. Merrigan no debe codearse con ancianos de malas cicatrices.  Los otros tres no son mejores que Irirgo. Dann parece el más joven. Tiene ojos de cobarde y se dedica a atosigar a Merrigan poniéndose a su lado para hacerle preguntas sobre música y canciones. No me gustan las personas que hablan mucho; son molestas. Dann es molesto. Los otros dos son grandes bestias. El felino, se llama Syl, sigue al canino allá donde vaya. Parece imitar sus pasos como si fuera un niño pequeño siguiendo a su padre. El canino se llama Asher y es el líder del grupo que hombres que no son amigos de Merrigan. Es él el quién pregunta si tenemos dudas después de haber explicado lo que tenemos que hacer. Es a él a quien le tengo que preguntar todas las dudas que tengo.

Agacho la cabeza y miro hacia Merrigan. Hemos venido cogidos de la mano. Me la soltó cuando nos reunimos con el grupo que no son sus amigos y me la ha vuelto a coger después de que Asher terminase de explicar. Me mira directamente a los ojos y, sin palabras, me dice que no me preocupe y que todo va a salir bien. Quiero creerla, confío en ella; pero todo esto es demasiado extraño.

Levanto la mano que me queda libre y siento que Merrigan me aprieta la que me tiene cogido para hacerme callar antes de que hable.  

-Tengo preguntas- digo finalmente y siento que el apretón de Merrigan se ablandece- ¿Quiénes sois? Sé vuestros nombres, pero quiero saber qué hacéis vosotros aquí y qué hacemos nosotros.- Irirgo baja la cabeza para ocultar una leve sonrisa. Dann no es tan educado y da una palmada a Syl en la espalda sin dejar de reír. - No sois amigos de Merrigan.  No quiero mentiras-.

-No le hagáis mucho caso, es su primer trabajo. Solo está algo nervioso- Merrigan termina por soltarme las manos. Hace gestos con sus brazos como si estuviera apartando el aire y el tema de conversación.

-¿Trabajo?-

Merrigan se levanta en puntillas y me susurra al oído:- Te lo explicaré cuando lleguemos a casa. Pero tú no vuelvas a hacerlo-.

-No lo haré- yo no hablo en susurros. - Pero quiero saber quién es esta gente y qué hacemos aquí-.

-Si me disculpáis, tengo que hablar con mi compañero en primero- Merrigan me coge de la mano y me arrastra a un lugar a parte del otro grupo. Pasa una mano sobre mi cuello y me tira para que me agache a su altura. - Te lo diré de forma que puedas entender: Esta gente es peligrosa. Los contrata una persona, todavía más peligrosa, para hacer “cosas malas” que acaban siendo buenas. Como cuando mataste a aquel tipo con tu hacha porque me quiere hacer daño. ¿Lo entiendes?-

-No son tus amigos-.

-No lo son- Merrigan muestra una sonrisa forzada.

-¿Y nosotros?-

-Nosotros ayudaremos a Asher y a los demás-.

-¿Por qué?-

-Porque a esto se dedicaba mamá-.

Es lo último que dice Merrigan. Está enfadada. Le molesta hablar de su madre. Sabe que yo no me acuerdo de ella. Fue hace muchos años, era un niño (los dos lo éramos) cuando tuve mi primer encuentro con una mujer y nunca más le volví a ver. No conocía a Merrigan hasta hace unos meses. Según me dijo, se pasaba las noches despierta mirando a sus Dioses que habitan las estrellas suplicando que volviera a su vida. El día que falleció hizo prometer a Merrigan que me encontraría y que no me dejaría estar solo. Esa es la historia que Merrigan me contó de su madre. No sé más acerca de ella. No me quiere contar más acerca de ella. Si le pregunto, cambia de tema o me dice que me responderá en otro momento. “Otro momento” nunca llega”. Este es mi momento. Quiero que me diga que pasó con su madre y por qué no consigo acordarme de ella.

Pongo una mano en la espalda de Merrigan y ella me la aparta como si apartase una mosca. Se une al grupo de personas peligrosas que no son sus amigos y me  mira con los ojos vidriosos al borde de las lágrimas. Ojala pudiera entender qué me quiere decir con eso.

-Dann, ¿me dejas que te acompañe? Podemos hablar de nuestras canciones por el camino- le habla al humano, pero sus ojos se desvían hacia mí.

Lentamente, me vuelvo a unir al grupo de personas peligrosas que no son amigos de Merrigan. Yo voy con el hombre felino.

-Voy contigo- le digo a Syl.

Repaso mentalmente lo que ha dicho Asher: Barriles, contrabando, pañuelo azul… Creo entenderlo todo. No hará falta que me lo explique. “Los contrabandistas son hombres malos. Vamos a robar barriles con cosas malas a los hombres malos. Tengo que esconderme con el hombre felino y matar a todos los hombres con pañuelos azules menos uno. Irirgo que es fuerte cogerá los barriles con cosas malas. Los hombres que no tienen pañuelo azul son buenos. Nos atacarán porque creerán que somos los malos. Podemos noquear a los buenos, pero no matarlos”. El trabajo lo entiendo. Lo que sigo sin entender y empiezo a creer que nunca entenderé es qué hacemos Merrigan y yo aquí.
Sarez
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 565
Nivel de PJ : : 2
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Asher el Mar Jun 27 2017, 14:10

Apreté las mandíbulas, tensandome un poco ante el comentario del elfo. Parecía que alguien le había dejado a la sombra... pero al menos la elfa (¿Merrigan?) le tranquilizó. Supuse que era ella la que había hablado con Simas. Suspiré, esperando que aquello no complicase las cosas.

Tras un rato, Dann se fue con Merrigan, y el elfo acompaño a Syl.

-Te estás poniendo tenso, otra vez.- observó Irirgo. -¿Que ocurre? Creía que querías hacer esto.-

-Es... complicado.- dije, mirando al suelo. -No debería tomar decisiones sin vosotros. Ni tu ni Syl estais de acuerdo con esto...- Empezaba a arrepentirme de haber tomado el trabajo. Noté como la espalda se me estaba quedando tiesa.

-Te estás ahogando en un vaso de agua.- respondió el hombre, apretándome los hombros. Por algún motivo, la presión de su mano me hacía sentir algo mejor, fisicamente. -Venga. Si realmente estuviesemos en contra, lo diriamos. Y cualquier problema que surja, lo arreglaremos entre todos.- me reconfortó.

-...esta bien.- asentí. -Gracias.-



_______________________________________



Los ojos de Dann se iluminaron cuando Merrigan se ofreció para charlar. Aunque tenía mucho por su grupo, era raro que se interesasen tanto por algunos de los temas que al brujo le apasionaban. Podía hablar de runas y magia con Asher, claro, pero sabía que a Syl le desagradaban aquellos temas.

De hecho, hablar con el hombre gato siempre le resultaba difícil. Sospechaba que era por su magia, pero no era fácil estar seguro: el brujo era algo incompetente socialmente, según le parecía, así que no le extrañaba que pudiese ofenderle sin pretenderlo. Por eso quería ser especialmente cuidadoso junto a Merrigan. La elfa era atractiva, pero no podía decir eso sin sonar como un idiota.

-No sé que es lo que tiene la música... pero siempre me ha parecido superior a la magia.- dijo. -Es decir... sé que la magia puede afectar al mundo físicamente, sanar heridas o afectar a como piensa la gente... pero la música y las canciones son distintas. Mucho más sutiles. No ofrecen nada como un control mental. Suavemente, sugieren cosas, tranquilizan, pero sin obligar.- explicó.

-Tal vez sea algo idealista por mi parte, pero creo que una canción puede hacer mucho más que la magia más poderosa, en buenas circunstancias.- musitó. -Perdona, estoy desvariando otra vez...-

El joven paseó lentamente por el puerto, junto a la elfa, usando su lanza como bastón. El lugar no era precisamente acogedor, pero no era mal sitio para conversar. Un pensamiento se introdujo en la cabeza de Dannos. Era una elfa. ¿Y si odiaba a los brujos? Sus dos razas solían tener cierta tensión, incluso después de tantos años. Pero tampoco es como si pudiese ocultar su magia. Tal vez incluso ya lo supiese, de todas formas, y le diese igual.

-Voy a... quedarme por aquí. Tengo que mantener a los trabajadores a raya. Ten cuidado.-


______________________________________



Syl se dirigió a la segunda planta del pequeño almacen, seguido del elfo. La estructura de madera estaba vieja y roida, y probablemente no aguantaría demasiado peso. Sin embargo, ninguno de los dos parecía excesivamente cargado. El felino miró alrededor. El lugar estaba mal iluminado, pero eso solo le resultaría un problema a los humanos. Como en la planta baja, había cajas y baules de todos los tamaños, que probablemente nadie habia usado en años.

El hombre bestia miró el techo. Algunos agujeros eran lo suficientemente grandes como para trepar por ellos.

-Ayúdame a empujar esto.- pidió Syl, arrastrando un baúl. Una vez estuvo en posición, el hombre gato se subió a él, y, con tras coger impulso, dio un impresionante salto para encaramarse al agujero del techo. Tras unos segundos, empezó a subir, aún con las piernas colgando. -Ugh. Demasiado polvo...- gruñó, limpiándose los guantes. Acto seguido, le ofreció una mano al elfo para ayudarle a alcanzarlo.

Los dos tiradores avanzaron con cuidado por el tejado. No tenía una pendiente demasiado marcada, pero debía de ser bastante frágil, y se encontraban a ocho o nueve metros del suelo. Sin embargo, sería una excelente posición para su tarea. El día estaba nublado, lo cual les ocultaría bien mientras se ocupaban de  acabar con los contrabandistas.

-Vale. Quédate en esa esquina.- dijo Syl, a unos cinco metros de distancia. -Y recuerda, no dispares hasta que Asher de la señal.-

El hombre gato preparó su ballesta. No tardaría en comenzar.



_______________________________________



Los trabajadores de Simas no tardaron en llegar. Siete, todos hombres. Uno de ellos, un hombretón de pelo rizado y barba poblada, se acercó a mi.

-¿Venis a supervisar, no? Me dijeron que Simas había contratado algo de seguridad... tampoco es que vaya a hacer falta. Esto es algo casi rutinario. Nunca ocurre nada.- se quejó. Asentí, aún sin decir nada. El barco de los contrabandistas ya se estaba aproximando.
Asher
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 401
Nivel de PJ : : 3
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Sarez el Mar Jun 27 2017, 17:41

Nuestro trabajo es el más sencillo. Solamente, debemos entretener a los Dedos de Simas mientras los demás se dedican a matar a los contrabandistas y robarles los barriles. ¿Me pregunto qué tal se le puede dar a Dann bailar? Una orquesta en el muelle sería más que suficiente para entretener a los Dedos. Nadie sospecharía de nosotros. A los ojos de los demás, parecíamos a una pareja de enamorados que da un agradable paseo por el puerto. La manera con la que Dann me mira ayuda a que los curiosos del lugar crean que somos pareja. Dudo que lo haga intencionadamente, parece tan buen actor como bailarín; pero hoy, que me miren como él me mira, no me tiene que molestar.

Doy un leve suspiro y saca todas mis dotes de actuación a relucir. Si alguien ve mi cara solo se fijará en mi suave sonrisa de enamorada y mis mejillas sonrojadas. No verían mis ojos,  eso espero, si lo hicieran se darían cuanta que a quien miran no es al charlatán de Dann sino a la tersa figura de Sarez trepando por las ruinas del almacén.

-No te preocupes, Dann- sonrío con las mejillas enrojecidas; mis ojos siguen sin mirar al brujo- no me importa que hables. Además, tienes que aprovechar que no está Irirgo para atizarte-.

Todo lo que me cuenta Dann me resulta atractivo. Comparto su visión de la música y de la magia, si dijera que no es interesante estaría mintiendo. Sin embargo, no puedo concentrarme en lo que me cuenta. He mentido a Sarez. Le he utilizado para traerlo conmigo a hacer un trabajo que se nota que no quiere. ¿La razón? El orgullo. No podía seguir engañándome. Si acepté el trabajo de Simas no lo hice por los aeros, sino porque había mencionado a mamá. Lo mismo he hecho con mi padre para que dejase de hacer sus inacabables preguntas. ¿Si Simas era asqueroso, yo qué era?

Me sentía tan culpable que quería echarme a llorar. Prefiero escuchar quince cabezas aplastarse por las rocas de Otto (suenan como una sandía) que escuchar las voces de mi cabeza culparme de haber manipulado a Sarez. No tengo elección. ¿De acuerdo? Él no me entiende. Sabe lo que digo, pero todavía no entiende cómo me siento.

La voz de Dann me quita de mis pensamientos. Dice que se queda aquí mientras para vigilar los trabajadores. No me gusta la idea de separarnos tan pronto, pero reconozco que si lo hacemos cubriremos más terreno.

-Te gusta la música, ¿pero sabes tocar algún instrumento?- del bolso, saco una ocarina con los mismos grabados que tiene mi arpa y se la doy a Dann- Ten cuidado con ella, es mágica. Me la hizo un brujo a cambio de un favor.  Si ocurre algo fuera del plan de Asher, tócala para alertarme. Yo haré lo mismo con mi arpa. ¿Quién sabe, quizás hipnoticemos a los trabajadores de Simas y podemos separarlos de los contrabandistas?- acabo guiñando un ojo a Dann.

Con mi cuchillo, corto las cuerdas del arnés donde llevo el arpa. Busco un lugar entre la multitud del puerto donde pueda tocar cerca del barco de los contrabandistas y, al mismo tiempo, cerca de los ojos del mayor público posible. Si todos son como Dann, me miraran con ojos de enamorados mal disimulados y me cubrirán por si un contrabandista, más avispado que el resto, descubriese que pertenezco al grupo de mercenarios que les va a matar.

El sitio ideal lo encuentro encima de unas cajas de madera vacías puestas enfrente de una taberna abandonada. Subo las cajas como si fueran escalones y, una vez en la cima, me siento a raspar las primeras cuerdas del arpa.

El plan de Asher comienza a funcionar cuando los primeros hombres del puerto comienzan a tatarear mi música.


_____________________

No me gusta este lugar. Es oscuro, vacío y está muerto. No se escuchan ni las ratas. Si no hubiera discutido antes con Merrigan, me incomodaría el almacén. Ahora mismo, cualquier lugar alejado de Merrigan me parece un paraíso. No es que no quiera estar con ella. Es de mi sangre; es mi deber tenerla a mi lado. Es mi deber… y también quiero hacerlo. Pero, no quiero que siempre tenga que estar explicándome todo, no quiero que me mande callar, no quiero que se enfade y no quiero que me mire con unos ojos que parecen estar gritando. Me hace sentirme mal. A veces creo que ella estaría mejor sin mí.

Muevo mi cabeza de lado a lado para deshacerme de los malos pensamientos sobre Merrigan. Debo concentrarme: Hombres malos, pañuelos azules, barriles con cosas malas….  

Sigo a Syl por el almacén abandonado. Hago todo lo que él hace. Mira el techo y yo lo miro con él. Señala con la cabeza los agujeros en las paredes, yo lo hago después. Syl parece moverse bien en los lugares muertos. Debo imitarle: Ver todo lo que él mira y señalar todo lo que él señala.

-Voy- le ayudo a mover el baúl para tapar unos agujeros-No me molesta el polvo. Es peor la muerte-.

Una vez en el tejado me quedo en la esquina que me señala Syl. Delante tengo una maltrecha chimenea con la que poder ocultarme. Saco una flecha del interior del carcaj y la paso por dentro de la chimenea. Al sacar la flecha, paso un dedo por encima. No está sucia de hollín. Dejo caer la flecha por dentro de la chimenea y la escucho chocarse en el segundo piso. No está muy alta. Si tenemos que huir, podríamos bajar por la chimenea.

-No he disparado- levanto las manos tras dejar caer la flecha. El sonido es muy fuerte y Syl lo podría haber escuchado- He comprobado que podemos usar esto para escapar-.

“Escapar”. La palabra suena estúpida si la digo yo. ¿Escapar de qué? Es lo que me pregunto. La respuesta, aunque no la quiero aceptar, la conozco muy bien: Escapar de Asher, Syl, Dann, Irirgo y de Merrigan.

Me descuelgo el arco de la espalda. Me quito y el chaleco y me quedo solo con mi arnés cubriéndome el pecho. En él llevo atado el carcaj con las flechas y las fundas de los cuchillos y el tomahawk. Tengo mis armas a mano. Estoy preparado para disparar. Solo necesito la señal de Asher (hombres malos, pañuelos azules y barriles con cosas malas). En cuanto la de, una de mis flechas volarán con el viento hasta clavarse en la cabeza de un hombre malo.

La música de Merrigan suena unos metros debajo de donde me encuentro. Haga la intención de girar la cabeza y verla; pero, pronto, vuelvo a erguirme. Mi mirada la tengo fija en el barco.

-Hombres malos, pañuelo azul y barriles con cosas malas- digo como si estuviera rezando.
Sarez
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 565
Nivel de PJ : : 2
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Asher el Miér Jun 28 2017, 16:08

El barco se acercaba con una lentitud exasperante. Observé cuidadosamente a los hombres. Algunos no me miraban con buenos ojos, mientras que otros evitaban el contacto visual en absoluto. Realmente, parecían trabajadores de puerto: hombres fuertes, con experiencia, pero sin mucha cabeza para cosas más complicadas. O para hacer preguntas si se les pone una bolsa de aeros delante. Simas sabía lo que se hacía. Siempre buscaba a la persona perfecta para cada trabajo.

Lo cual me hacía pensar. ¿Que me hacía idoneo para ese trabajo? Aquel tipo conocía mis métodos. No me habría hablado del intercambio si no quisiese que se volviese sangriento. Pero no dejaba de ser extraño. Rara vez se arriesgaba con cosas que no conocia... y estaba bastante seguro de que no conocía a Syl, a Irirgo, o a Dannos.


Que yo supiese, al menos.


Solté un gruñido. Intentar adivinar en que pensaba Simas era como resolver puzzle a ciegas. Miré a mi compañero dragón. No era tan distinto a los trabajadores de puerto... salvo por la edad, las cicatrices, y la vestimenta. Y el hecho de que a veces era un arma de asedio viviente.

Finalmente, el barco atracó. Respiré hondo, y me mantuve a la sombra, esperando el momento. Agudicé el oido mientras uno de los contrabandistas se dirigía a hablar con el barbudo.

-Dos barriles de veneno de Osaris. Tres barriles de "Mal despertar".  Uno de pócima de fuego. Cuatro de "Licor de brujos". Dos de leche del sueño.- enumeró.- La mitad por adelantado, un cuarto ahora, y otro cuarto al verificar... 650 aeros.-

¡650! Eso era más de lo que iba a cobrar por ese trabajo. Claro que hacerme enemigo de Simas no valia la pena. Intercambié una mirada con Irirgo. Debía estar pensando lo mismo que yo, porque acabó negando con la cabeza lentamente. El barbudo sacó una bolsa y empezó a contar, poniendo las monedas sobre un barril mientras el resto de trabajadores subía al barco para cargar la mercancía.

Tenía que esperar a que los sacasen. Los segundos pasaron, lentos. Poco a poco, los hombres salieron del interior, cargando con los pesados barriles y pasandolos al puerto. Diez hombres más el lider, un barril por cada dos. Cinco fuera, siete dentro.

Respiré hondo. Aún no.


___________________________________


Dann se encontraba maravillado por la elfa. No parecía estar incómoda, ni molesta. Compartia un interés con él, después de todo, y el brujo se encontraba a gusto. Pensó en lo mucho que le gustaría hablar con ella fuera del trabajo. Tal vez oirla cantar, o que él venciese su verguenza inicial y cantar él, o incluso ambos. Los duetos eran raros de ver, pero muy populares en cualquier parte, tal vez por el gran efecto que tenian.

Cuando Merrigan le tendió aquel objeto, el brujo se quedó sin palabras. ¿Que era eso? ¿Un regalo? Pero el no tenia nada. No, espera... ¿mágica? La sostuvo cuidadosamente, mirandola como si fuese el mayor tesoro del mundo, y se preguntó que clase de encantamiento tendría. Tenia grabados, pero no parecian runas, sino más bien... símbolos decorativos. Curioso. Dann estuvo tentado de soplar para escuchar como sonaba (o para ver que hacía), pero supuso que era mejor dejarlo para cuando lo necesitase. Había visto instrumentos así antes, e incluso recordaba haber aprendido una sencilla melodia, pero eso fue mucho tiempo atrás.

-Gracias...- sonrió el brujo, guardandola cuidadosamente en un bolsillo. No la perdería por nada del mundo. Por unos momentos, siguió con la mirada a la elfa, para ver donde se encontraría si era necesario.

Sin embargo, tenia que centrarse. Volvió su atención a los trabajadores, y a Asher. Los barriles comenzaban a amontonarse. Podía contar alrededor de ocho... diez, contando a los que bajaban del barco. No debía faltar mucho para...

-¡Ahora!- gritó una voz desconocida.

Nadie pudo haberlo visto venir. Hombres armados empezaron a salir de la oscuridad del almacén, dirigiendose directamente hacia los contrabandistas.

¿Que demonios estaba pasando?


______________________________________


Syl soltó un bufido. Mercenarios. No había otra explicación. No vestían como guardias, y sus armas no parecían saqueadas. La mayoría iba con un arma en cada mano, y todos llevaban el mismo uniforme de cuero negro. ¿No los había detectado? Tenían que haberse escondido al fondo del almacén, entre las cajas y el polvo donde no podía oler nada.

-¡Cuidado con...!- un hacha voló junto a la cabeza del felino. Syl se volvió, agazapándose. Un par de ellos habían subido. Tenían que haberlos visto mientras ascendían. Los rasgos de aquel tipo eran difíciles de distinguir, ya que iba completamente enmascarado.

Pero eso no importaba. El gato cambió su ballesta de posición y disparo, pero el tipo fue más rápido. Con un fluido movimiento, se alejó de la trayectoria del virote, y empezó a cubrir la distancia que les separaban. No tenia tiempo para recargar. Dejó la ballesta en el suelo y empezó a moverse, buscando rodear a su oponente. Por fortuna, este había perdido una de sus hachas... pero aún le quedaba otra.

Una suave melodía resonó por todo el puerto.

Melodia:


Sin embargo, Syl estaba demasiado ocupado para prestarle atención. Mantuvo la mano en el cuchillo que portaba en la parte trasera de su cintura, esperando a que su enemigo se lanzase a por él. Sin embargo, tenia que tener cuidado. El peso de ambos podía bastar para que el suelo bajo ellos cediese. ¿Que hacia Asher en enfrentamientos como ese? No tenia tanta experiencia, pero había visto al hombre perro moverse, una y otra vez. Como norma general, dejaba que el enemigo atacase primero...

Y así lo hizo. Syl esquivo el primer asalto. La madera crujió a sus pies, lo cual no le daba ninguna seguridad. El hombre atacó otra vez, lanzando un largo tajo horizontal, y el gato vio su oportunidad. Se encogió, evitando el corte, y atacó con una cuchillada ascendente, encontrando el cuello del hombre.

Fue una herida relativamente superficial, pero bastó para hacerle sangrar. Con un quejido, el hombre se separó del gato, y se llevó la mano al pañuelo que cubría su boca, ahora manchado de rojo.
___________________________________________________________________________________
Señalado el comienzo de la complicación. (Viene un tercer partido)


Última edición por Asher el Dom Jul 02 2017, 16:04, editado 2 veces
Asher
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 401
Nivel de PJ : : 3
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Sarez el Miér Jun 28 2017, 17:52

Sigo tocando, mirando hacia el suelo, incluso cuando los planes de Asher salen mal. No es él quien da la señal para que los demás cumplan su parte del trabajo, es alguien que, aunque no alcanzo a ver, sé que no es de nuestro  grupo. “Cambio de planes”. Hay que moverse rápido. Dann puede escapar si puedo, todavía no se ha mostrado de cara al público como yo lo he hecho. Lo mismo puedo decir de Syl, Asher, Irirgo y Sarez. Nadie les ha visto. Pueden escapar antes que las espadas comiencen su particular baile de sangre. Por lo que a mí respecta, debo continuar sentada sobre las cajas de madera tocando mi arpa. Sería demasiado sospechoso que le levantase sin antes acabar la canción. Los marineros comunes se preguntarían entre ellos qué podría haber hecho que interrumpiese la música y los Dedos de Simas sabrían que le he dicho (si me dices que no ahora, no podrás decirme que sí nunca más).

Cierro los ojos y me dejo atrapar por el sonido de las cuerdas del arpa. Esta no es la canción que tenía en mente tocar. Pensé en tocar una alegre y divertida que hiciera a los marineros sonreír y les enrojecieran las mejillas. Sin embargo, la que estoy tocando por puro instinto es una canción triste y melancólica: “Lilium”. Mamá me la enseñó. La primera vez que la tocamos juntas fue el día que murió mi abuelo humano. No llegué a conocerle; mamá siempre me quiso alejar de mi familia humana porque decía que les avergonzaría.  Pese a ello, lloré por mi abuelo como si le conociera porque mamá lloraba por él.  Desde entonces, asocio la canción a los momentos en que las cosas cambian para mal. No lo supe hasta dos años después de la muerte de mi abuelo; él nos pasaba aeros a escondidas a mamá y a mí. Sin sus aeros, mamá tuvo que vestirse con el color blanco de los lirios y aceptar el trabajar para Simas.

-Lilium- digo que en un susurro inaudible.

Las cosas han cambiado para mal. Unos hombres vestidos de negro entran en el almacén donde están Syl y Sarez. Pero yo sigo tocando mi canción. Oigo el sonido de la ocarina que le di a Dann a veinte metros de donde estoy. Sigo tocando. No hay noticias de Irirgo ni de Asher, no descarto que les haya pasado algo grave. No dejo de tocar. Un hombre y una mujer vestidos de negro me señalan; él lleva una ballesta y ella una espada; armados y con malas intenciones. Y yo no dejo de tocar.

-Lilium-.

La mujer de la espada  entra en medio del público de marineros y su acompañante, bien oculta, dispara un virote hacia mí.

“Papá, si me ves que sepas que lo siento. No quería enfadarme contigo, no quería gritarte, no quería que te enterases a lo que me dedico. ¿Sabrás perdonarme? ¿Sabrás quererme como yo te quiero? ¿Entenderás lo que significa Lilium?”

Las runas del arpa brillan al ritmo de la canción. El tatuaje de mi brazo brilla con los mismos colores que las runas del arpa. Antes que el virote me alcance, una onda de luz en forma de luna menguante hace explotar el proyectil. El público se pone nervioso, busca al hombre de la ballesta, pero él ya se ha escondido. La mujer que le acompañaba finge comportarse como el resto de marineros asustados. Entre todas las opciones que tengo, elijo Lilium.

La segunda luna de luz corta el cuello de la mujer de negro como si fuera mantequilla. Los marineros y los Dedos de Simas que me están en el público, cada vez más disperso, saben que la he matado yo. Podría decir que fue en defensa, que los mercenarios de negro empezaron su ataque. ¿Y de qué servirá?

-Lilium- digo sin dejar de hacer sonar las cuerdas del arpa.

Lilium:

_____________________


-Trampa- no se lo digo a Syl. Me lo digo a mí.

Me han engañado muchas veces. Reconozco una trampa cuando las veo. Nos han engañado para luego atraparnos en un lugar muerto y que nosotros formemos parte de este lugar. Asher dio las órdenes. ¿Es él quién nos ha engañado? No lo sé; pero no está aquí. Es prueba suficiente para poder sospechar de él.  Como se atreva a tocar un pelo a Merrigan….

Estoy enfadado y nervioso. Mala combinación para tensar el arco. La cuerda se me resbale entre las manos. Me cuesta tensar la flecha en el arco y, cuando lo consigo, me cuesta a apuntar. La madera tiembla con mis manos. Si, al menos, el hombre de negro que pelea con Syl estuviera quieto, me puedo arriesgar a disparar. Este no es el caso. Syl y el hombre de las hachas ruedan por el suelo y por los aires. Si disparo, corro arriesgo de herir a Syl. Por lo que ahora mismo sé, a él lo quieren muerto tanto como a mí.

Cambio de objetivo: el segundo hombre de negro. No sé quién es, pero no me importa. Disparo sin pestañear. Mis nervios me juegan una mala pasada y hacen que falle el tiro.

-Una lástima que tengamos que pelear- el hombre se inclina de hombros- allá abajo están haciendo un concierto de arpa y ocarina. ¡Adoro la música!- A la vez que habla, sonríe divertido y me apunto con sus dos espadas. No sé qué tiene que divertido. No quiero que venga Merrigan a explicármelo.

-No escuches-.

-¿Por qué no lo iba a hacer?- suelta una carcajada y se acerca más a mí- No puedo cerrar mis orejas-.

-No escuches-.

El hombre de negro está delante de mí y suelta un tajo que consigo esquivar de un salto hacia atrás. Disparo hacia su oreja izquierda al mismo tiempo que salto. Fallo por culpa del enfado.

-Eso de que todo los elfos tenéis buena puntería deberá ser una leyenda urbana. Como la que dice que todos los hombres bestias tienen pulgas-.

Para esquivar el siguiente salto, dejo caer al suelo el arco. No es suficiente. Una de las espadas alcanza mi pecho. Corta un par de cuerdas del arnés y corta mi vientre dejando un hilo de sangre.

Desenvaino el tomahawk y un cuchillo. Siento las empuñaduras de las armas temblar en mis manos igual que temblaba el arco. El rival sonríe  y se asoma desde el tejado a ver de dónde procede la música.

-¿Por qué todas las arpistas son tan guapas?- señala hacia el lugar que suena la canción con la espada con la que no me apunta.

-No la mires- esta vez soy yo quien salta para atacar- y no la escuches-.

Con el cuchillo aparto el filo de la espada con la que me apunta y con el hacha le corto una oreja. El hombre de negro me golpea la cara con la empuñadura de su otra mano. Yo soy más rápido. Desvió el cuchillo de la espada que tengo atrapada y le corto los dedos de la otra mano. El hombre de negro suelta las dos espadas. La primera porque no tiene dedos para sujetarla y la segunda porque la necesita para coger su mano herida. Se arrodilla y busca con la mirada los dedos que están por el suelo.

-No la escuches- le corto la otra oreja. (Lilium)

Recojo mi arco y voy donde Syl  le ha hecho un tajo en el cuello a su rival . Su hombre de negro se mantiene en pie sin llorar pese a la herida; diferente al mío que llora y grita en el suelo como un perro callejero. El hombre felino también está herido. Le puedo curar, pero perderíamos mucho tiempo. Algo malo ha pasado. No puedo entender el qué, sin embargo, alcanzo a saber que los planes han cambiado.  

-Sus pañuelos son negros- señalo el hombre de negro del tajo en el cuello con mi arco y me uno al combate. -¿Por qué estamos luchando?- La respuesta la conozco: Porque nos han intentado matar. Lo que quiero saber va más allá que lo que he preguntado. Merrigan entendería qué es todo lo que quiero saber. Ella no está conmigo y no estoy seguro si Syl me entenderá como Merrigan no me entiende.


Última edición por Sarez el Jue Jun 29 2017, 08:10, editado 1 vez
Sarez
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 565
Nivel de PJ : : 2
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Asher el Jue Jun 29 2017, 01:51

Y, con aquello, mi plan terminó por irse al garete. Un tercer bando, probablemente con sus ojos puestos sobre la mercancía. Por algún motivo, no me sorprendía del todo, ni me sorprendía que Simas no hubiese mencionado aquello... aunque estaba bastante seguro de que sabía lo que iba a ocurrir. Era la mejor explicación que tenía para el que hubiese mandado un grupo tan grande. Desenvainé, preparado para el primer asaltante que se acercase a los barriles.

-El trabajo sigue en pie.- le recordé al dragón. Aquello no nos venia del todo mal. Después de todo, desviaba la atención de nosotros... parcialmente. Los contrabandistas y mercenarios se habían lanzado en una caótica trifulca, y ninguno de los bandos sabía que teniamos nuestros propios intereses. Varios trabajadores decidieron que no les pagaban lo suficiente por aquello, y huyeron para vivir otro día. Unos pocos, sin embargo, se quedaron a luchar, recogiendo armas del suelo, usando las suyas propias, o improvisando a partir de botellas rotas u objetos arrojadizos.

No les iría bien, pero tampoco era nuestro problema. 

El dragón se acercó a uno de los barriles y lo alzó. Era impresionante: incluso los trabajadores, que eran más jóvenes y no les faltaba fuerza, habían necesitado hacerlo de dos en dos. Lentamente, empezó a acercarlo al pasadizo. 

Uno de los mercenarios se me encaró. No hacian falta palabras: estaba entre él y los barriles. Iba armado con un escudo de cuero y una espada corta. No me detuve a esperar: si iba con escudo, tendría que centrarme en atacar. Sujeté mi arma con ambas manos, y cargué hacia el, lanzando un corte horizontal. 

El hombre bloqueó el primer ataque, aunque le intimidó lo suficiente como para que se centrase solo en ello. Para cuando pensó en contraatacar, giré en la dirección opuesta, aprovechando el "choque". No fue lo bastante rápido. Mi espada atravesó su carne desde la parte trasera de su brazo hasta el hombro, destrozandolo casi por completo. El hombre dejó escapar un rugido de dolor. No duró demasiado. Reposicione mi espada, apuntando a su pecho, y la hundí con fuerza, atravesando su pulmón. 

Débilmente, intentó alzar el brazo que aún sujetaba su espada. Pero no tuvo la oportunidad de conseguir vengarse. Le empujé al suelo, sin mucha dificultad, y saqué mi arma con un tirón.

La sensación de tener mi pelaje cubierto de sangre no era extraña. La emoción por la batalla, tampoco. Con el corazón bombeando sangre, corrí hasta el dragón, que estaba colocando el primer barril en la rampa. 

-Uno menos. Quedan... demasiados.- se quejó, yendo a por el otro. Me aseguré de mantenerme cerca esta vez. Esperaba que el resto estuviese bien.



___________________________________________


-¡Fuera de mi camino!- gritó Dann, extendiendo su mano hacia delante. La tierra y roca del puerto ascendió, conviertiendose en una esfera de piedra. Con un empujón al aire, la roca salió disparada hacia uno de los contrabandistas, ocupado en luchar contra el mercenario de negro. El peñasco le impactó en la  nuca, derribándole al suelo... y, tras un segundo, estalló en decenas de afiladas estacas de piedra. Estaban demasiado cerca para escapar.

El brujo avanzó, ignorando los hombres agonizantes cubiertos de sangre y tierra. Tenia que asegurarse de  que Merrigan estaba bien... pero su grupo también le necesitaba. Aunque la elfa le gustaba, Asher, Irirgo y Syl eran su familia, y la única gente a la que podía ser leal.

-Maldita sea.- se quejó, dando la vuelta. Intentó correr, pero su pierna se resintió, haciéndole maldecir una vez más. Poco a poco, avanzó, apoyándose en la pared de madera, húmeda y roída. Finalmente, llegó a una esquina. La escena que se encontró al girar era aún peor de lo que imaginaba. Aquello era una batalla campal. Tenía que pensar sus movimientos.

Syl debía estar en un lugar alto... como el tejado del almacén. Confirmando sus sospechas, una ballesta se asomó desde la estructura, y disparó a... alguien. No estaba seguro de quien en todo el caos, pero probablemente ahora estaría en el suelo. Oh no. Los contrabandistas también tenían arqueros, atacando desde el barco. Y le estaban apuntando. ¿Se habrían dado cuenta de...?

No tuvo que pensarlo. Instintivamente, alzó un muro de piedra delante de si mismo, bloqueando las saetas en su dirección. Una mueca se dibujó en la cara del brujo. No era tan alta como había pretendido... tal vez la humedad de los materiales si le estaba pasando factura, después de todo. Iba a tener que esforzarse más.

_____________________________________________


Syl recargó. Tenía que centrarse. Sentía como la cabeza le palpitaba. Demasiado confuso. Pero el plan debía continuar.

-Son mercenarios. Más... hombres malos.- dijo, repitiendo la expresión que le había oído murmurar. -No sabíamos que estarían aquí, pero debemos continuar. Mata a los de azul. Mata a los de negro.- dijo, simplemente. Buscó un nuevo objetivo, asomándose de nuevo. El barco de los contrabandistas. También tenían tiradores, y, subidos al "nido" que colgaba del palo mayor, contaban con una posición mejor que la suya. -A esos.- siseó, apuntándoles con la cabeza. El elfo era avispado... para cosas prácticas, al menos. Seguro que lo entendería.

Falló otra vez. Demasiado lejos. El viento tampoco mejoraba la situación... y los nubarrones empezaban a acumularse, siendo cada vez más notables detrás de los arqueros. Se cubrió detrás del tejado, recargando una vez más, y cerró los ojos. "¿Que estoy haciendo? DEJA DE FALLAR".  El viento estaba llevando sus disparos demasiado hacia un lado, y no podía contar con cuando se detendría. El hombre gato respiró hondo, y apuntó de nuevo, esperando a una ráfaga de viento.

Y entonces, llegó. Como si le estuviese obedeciendo, el viento condujo su flecha hacia el hombro de un arquero, derribándole. No tardaría en levantarse, pero a ver como disparaba usando un solo brazo. Miró hacia abajo. Ocho barriles en el suelo. Dos en el barco. A ese paso, acabarían con ambos bandos antes de terminar la carga.
Asher
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 401
Nivel de PJ : : 3
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Sarez el Jue Jun 29 2017, 15:26

La canción está a punto de terminar. Siento que he fracasado en mi parte del plan. Los nuevos mercenarios vestidos de negro, los inocentes trabajadores de puerto, los Dedos de Simas y los contrabandistas del pañuelo azul…. Hay al menos un par de ellos entre el público que conseguí reunir con mi música. Han visto el virote explotar antes de que me alcance y a la mujer de negro morir por un haz de luz. Algunos están confusos, giran la cabeza de lado a lado buscando al culpable que ha matado a la mujer. Otros, me miran con la ceja erguida y se preguntan por qué sigo tocando el arpa si estoy llorando. Por fortuna, nadie me reconoce como la asesina. “Nadie sospecha de la chica bonita”. Es lo que diría Simas.

Uno de los marineros, quizás inocente o quizás Dedo, sube al improvisado escenario de cajas de madera. Me quiere llevar con él. Rescatar de la lluvia de flechas que está al caer. Recuerdo las palabras de Asher: Si matamos a más de 2 Dedos de Simas, podemos dar el trabajo por terminado. Puedo disparar otro haz de luz contra el marinero; pero ya he matado a una persona. No es un Dedo, eso creo, pero no confío en la palabra de Simas. Puede que nos reniegue del trabajo por cualquier tontería tal como haber matado a una mujer vestida de negra que estuvo a punto de matarme primero.

Sin moverme ni un milímetro de mi posición y sin abrir los ojos, hago sonar las últimas notas de la canción. Las runas del arpa brillan con fuerza. Una onda expansiva, nacida de las runas del arpa, empuja al marinero hacia fuera. Ya nadie tiene duda: La que mató a la mujer fui yo.

Dejo de tocar el arpa y pongo mis manos quietas sobre las cuerdas. Como yo lo veo, pueden pasar dos cosas: me pueden atacar directamente o pueden llamar a la guardia para que me arreste. Las dos cosas suceden al mismo. Unos hombres, los que más papeletas tienen para considerarse Dedos, llaman a la Guardia. Los mercenarios de negro y los contrabandistas de pañuelo azul, desenvainan sus armas o cogen lo primero que encuentran a su alrededor (botellas vacías, tablas de madera, trozos de hierro) y se abalanzan contra mí.

-Te quiero papá- lloro tanto que apenas se entiende lo que digo.

Parece que Sarez me oye. Quiero creer que lo ha hecho. Un centenar de flechas y virotes caen hacia el que fue mi público. El caos se apodera entre los hombres y mujeres. Aprovecho la situación para crear una nueva onda que me resguarde de las flechas y escabullirme detrás de las cajas de madera.

No son las flechas de papá. Él no se arriesgaría  a hacerme daño. Las flechas son de los mercenarios que visten de negro. Me han intentado matar, pero el viento es traicionero (lo aprendí de Sarez) y he podido escapar.

Pienso en Dann. ¿Habrá tenido tanta suerte? Los brujos son buenos desvían flechas con su magia de telequinesis. Aunque, hay brujos que prefieren usar el fuego para que quemar las flechas antes de que les alcance o utilizar el viento desviar las flechas. ¿Fuego o viento? Es curioso, Dann me había preguntado muchas cosas acerca de la música y mis instrumentos, pero yo no le había preguntado nada acerca de su magia. ¿Qué clase de brujo era? Prefiero hacerme esa pregunta que la que me había hecho minutos antes: “¿Estará bien?”

Hago sonar las cuerdas del arpa imitando los primeros acordes de la melodía que Dann creó con la ocarina. Si me escucha sabrá que estoy bien, que estoy escondida debajo de las cajas de madera que me sirvieron de escenario y que aquí las flechas no pueden darme.


_____________________

Syl me da una explicación que puedo entender. Mata a los de azul y mata a los de negro. Dice que debemos continuar con el plan. Parece confiar en las instrucciones del trabajo mucho más que yo. Pese a los pesares, dice que debemos que continuar. Deber no es igual que tener. Deber implica que, aunque sea lo adecuado, puedes decir que no e irte. Merrigan me lo explicó. Pienso que Syl se ha equivocado. “Tenemos que continuar” es lo que tendría que haber dicho.

Vuelvo a mi posición detrás de la chimenea. El hombre sin orejas se ha vuelto a levantar. Me grita furioso. Dice que me va a matar. La mano izquierda y la cabeza las tiene vendadas con trozos de su propia camisa antes verde ahora negra. Se ha quitado la armadura negra, está a un lado del suelo junto a una de sus espadas. La otra espada la tiene sujeta con la mano derecha y es con la que me apunta.

El hombre corre hacia mí espada en alto. Veo que su arma tiembla en el aire. Está furioso y nervioso como yo había estado en nuestro primer encuentro. Es una oportunidad que no puedo dejar escapar. Saco una flecha de mi carcaj y la cargo rápido en la cuerda del arco. Suelto la cuerda y la fecha vuela hasta la cabeza del hombre. Muerto.

-Así Syl- es una pregunta pero no suena como tal.

Cojo el cadáver sin orejas y lo lanzo por dentro de la chimenea. Lo mismo hago con la armadura negra y las dos espadas. Necesito espacio para moverme libremente entre las tejas. Un obstáculo en un mal lugar puede costarme la vida.

Miro hacia el grupo de personas que Merrigan reúne. Hay hombres de negro y hombres de azul. Puedo disparar, pero… No quiero fallar y herir a un inocente; o lo que es peor, herir a Merrigan.

Los disparos llegan de otro lugar. En los edificios colindantes hay hombres de negro escondidos y ellos disparan donde esta está Merrigan. Me concentro, no quiero volver a fallar. Me tomo mi tiempo, unos pocos segundos, para relajarme, respirar y observar todo lo que sucede. Estoy concentrado. Ahora, no puedo fallar mis flechas cómo antes.

Disparo hacia los hombres de azul y de negro que consiguió reunir Merrigan. Ella está protegida por unos rayos que nunca he visto antes. Un hombre de azul tiene una especie de botella de fuego en la mano y está a punto de lanzarla contra Merrigan. Antes de que tire la botella, mi flecha atraviesa su cabeza. Un segundo hombre de azul muere de la misma manera. La tercera flecha que disparo atraviesa el vientre de un hombre de negro y la cuarta acaba con el haciéndole un nuevo agujero en el pecho.

Me fijo que Merrigan ha desaparecido de donde estaba. ¿Le ha pasado algo? No puedo parar a preguntar. Sigo disparando sin descanso.

Un pico de tierra de tres metros se levanta a unos pocos metros de las cajas de madera. Las flechas de los hombres de negro se clavan ahí. Eso me da una pista para poder localizar sus escondites. En el edificio que tengo en frente, tres ventanas hacia arriba y una a hacia la derecha, allí hay un hombre de negro con una ballesta.

-Ahí- le digo a Syl.

Disparo una flecha al hombre de negro de la ballesta. Le doy en una mano, no diferencio en cuál. Su ballesta cae a tierra y se rompe a pedazos. El hombre ha conseguido huir. Le busco con la mirada. No le veo por ninguna otra ventana.

Más allá de los edificios y las ventanas están los barcos. En uno de ellos alcanzo a diferenciar una figura grande y peluda, debe de ser Asher. Está combatiendo contra los hombres de azul. Hago una señal a Syl con dos dedos para que se fije en Asher. No confío en el hombre cánido, pero no voy a dejar que muera.


offrol: Uso mi habilidad de nivel 1: concentración
Sarez
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 565
Nivel de PJ : : 2
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Asher el Vie Jun 30 2017, 01:31

El tercer barril bajó por la rampa. Bueno, aquello avanzaba. Pero a una lentitud desesperante. Los cadáveres empezaban a amontonarse, pero las cosas no pintaban bien para los contrabandistas. A pesar de que estaban en el mismo bando que los marineros, su especialidad no era el combate abierto. Después de todo, estaban acostumbrados a que sus enfrentamientos fuesen en el mar.

Sin embargo, la atención de los mercenarios estaba en otra parte. Era dificil de distinguir, pero había visto un estallido de luz. Y, por el motivo que fuese, los hombres de negro parecían considerarlo una amenaza. ¿Habría sido la elfa? No se me ocurría otra explicación.

Tenía que continuar. Aprovecharme de la situación. La mayoría de enemigos se había dispersado o estaban muertos. Tumbé uno de los barriles al suelo, y empecé a hacerlo girar: de ninguna forma iba a poder llevarlo en brazos como hacía el dragón. Mi método era más burdo y poco preciso, pero relativamente eficaz. Por fortuna, eran lo suficientemente resistentes como para no romperse ante el duro tratamiento.

Un virote pasó volando junto a mi cabeza, emitiendo un silbido al cortar el aire. Escuché un quejido detrás de mi, y un débil gorgoteo. La saeta había estado dirigida a un contrabandista, que de alguna forma, se había movido bajo mi guardia. Por fortuna, mi felino ángel de la guarda con ballesta le había atravesado la garganta. Esbocé una mueca, odiandome por haberme quedado expuesto de esa forma, pero moví los labios para decir un silencioso "Gracias".

-Todavía quedan barriles en el barco. Tengo que ir a por ellos.- dije, dándole la espalda al dragón. Estaría bien. Tenía a Syl para cubrirle, después de todo, y necesitábamos ese último par. Abordé la nave usando la pasarela, espada en mano. Uno de los barriles estaba en la cubierta, lo cual simplificaba las cosas.

Salté hacia atrás, esquivando el sablazo de uno de los tripulantes que había bajado desde la proa. Acto seguido, cargué hacia adelante con mi arma en alto, preparando un potente (y predecible) ataque. El hombre no tenia espacio para retroceder, por lo que solo pudo intentar bloquear el golpe con su sable. Mi espada descendió sobre la suya. La fuerza detrás del golpe le hizo soltar su arma... y ese fue su final.

Me separé del cadaver. Mi espada estaba casi llena de sangre, hasta el punto en el que era difícil ver las runas. Pero no había tiempo para ocuparse de eso. Tumbé el barril. Tenía que moverlo antes de que llegasen más sorpresas inesperadas.

________________________________________________


Dann jadeó,  apoyandose detrás del muro de piedra que acababa de crear. Se encontraba acorralado. Si rompia el muro, las flechas le perforarian unos nuevos agujeros que prefería no tener. Volver hacia atrás era la única opción, pero el muro dejaría de protegerle si se movia demasiado, y no podía correr lo suficiente como para evitar múltiples proyectiles.

Un acorde de harpa resonó por el puerto, amplificado por magia. De alguna forma, la información llegó a su cabeza. Merrigan estaba bien. No muy lejos de donde la vio por última vez... y a salvo de las flechas. Esa debia ser la magia. Portar un mensaje... era increiblemente apropiado para un instrumento de música. Pero, ¿que podía hacer con eso? Las flechas no eran el único peligro al que se enfrentaban. Y, de todos modos, él apenas podia hacer nada por ayudar.

El brujo maldijo en voz alta. Odiaba sentirse impotente. En esas ocasiones se sentía como un lastre para todos.

Si levantaba otro muro, empezaría a cansarse. Y si lo hiciese una vez más, corría el riesgo de perder el conocimiento... y ser aún más inutil. Suspiró. Solo tenia una lanza, su telekinesis, y... aquella ocarina. Debia tener el mismo encantamiento que el arpa. Llevar información... y eso podía ser útil. Tenia que pensar deprisa.

La información no era transmitida a todo el que oyese la música, o Merrigan no se habría arriesgado a decirselo a todo el mundo. Luego tenia que ser algo especifico. Dudaba de que la elfa hubiese tenido tiempo para escribir un mensaje. Asi que tenia que venir de su mente o su voz. ¿Estaba conectada directamente con el otro instrumentista, o la persona que recibia el mensaje era determinada de otra forma? Merrigan estaba segura de que recibiría el mensaje. Tal vez porque pensaria en ella al tocar. Y si pensaba en otra persona, ¿recibiria el mensaje? ¿En que se basaba? ¿Su voz? ¿Nombre? ¿Aspecto? El olor no: el hedor del puerto tenia que haber tapado cualquier otro olor. Respiró hondo. Tenia que arriesgarse. Con cautela, el brujo se asomó por el borde de la muralla. Uno de los arqueros aún apuntaba, esperando que saliese. Identificó los rasgos que podia ver. Pelo largo. Castaño. Arco. Sacó la ocarina y se la llevó a los labios, pensando en aquel tipo. Solo faltaba el mensaje.

Y empezó a soplar. Sus dedos comenzaron a bailar sobre el instrumento, de forma caotica, provocando un chirrido irritante y extraño. Mientras soplaba, pensaba en toda la información que queria transmitir. Y eso era decir...

Todo lo que se le ocurría. "La parte blanca de una flor en concreto es adictiva. Las runas suelen estar hechas de tinta mágica. Uno de los metales más utiles del mundo tiene vida propia. No todos los dragones escupen fuego. La pócima Inhibis te mata si bebes tres tragos. La Leyenda del Capitán Gareth acaba con él siendo devorado por el calamar gigante. Siete. Tres. Ochenta y cinco. Arf. Damilos. El cielo es rojo. Tu madre está sucia. Jade. Hilarante. El tipo de tu izquierda te va a matar. Un guardia puede intentar detener a cuatro bandidos y acabar haciendo amigos. Tus huesos se romperán como tenedores de agua. Lo de la tarta es mentira. GAAAAAAAAAAAAAAAH, dijo el cuervo."

El terror acústico que acababa de provocar se detuvo. De nuevo, el brujo se asomó. El arquero estaba encogido sobre si mismo, sujetandose la cabeza. Con una sonrisa de satisfacción, el brujo empezó a caminar hacia donde se encontraba Merrigan.


_________________________________________________


Syl exhaló, agradeciendo mentalmente al elfo por avisarle de la posición del perro. Aquel tipo había estado cerca de acabar con su amigo. O, al menos, herirlo de gravedad. No debía pensar en ello. Tenia que continuar.

Le estaba diciendo algo a Irirgo, pero el gato no podía oirlo desde allí. Sin embargo, por como se dio la vuelta para dirigirse al barco, podía hacerse una idea de que pasaba por su cabeza. Syl maldijo en voz baja. Si se metía en el interior, no podría cubrirle. Pero tampoco podia abandonar al dragón a su suerte.

Un hombre se dirigía hacia Irirgo, pero el virote le alcanzó en la pierna. El siguiente, en la cara. Miró alrededor. Los arqueros que quedaban aún centraban su atención en unas cajas lejanas que apenas podia distinguir. Uno de ellos estaba de rodillas, en el suelo. Un objetivo facil. Inhalar. Exhalar. Inhalar. Apretar el gatillo. Exhalar. Recargar.
Asher
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 401
Nivel de PJ : : 3
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Sarez el Vie Jun 30 2017, 13:18

Miro por las pequeñas rendijas de las cajas de madera. Estoy buscando a Dann, Irirgo, Syl, Asher, Sarez…. A quien sea. Me contentaría si, al menos, pudiera ver al último hombre que herí con una onda de luz para alejarlo de mí. ¡Qué estén bien! Si les ha pasado algo malo, jamás me lo perdonaría. Ha sido por mi culpa. No debí delatar mi posición en el equipo. Mejor es morir que errar la misión. Es lo que diría Simas para luego añadir la misma frase que tanto me repite: “Tanto talento desperdiciado”. No se referiría a mí, sino a los demás miembros del grupo. Por lo que sé, yo estoy viva mientras que el resto podría haber resultado herido o muerto bajo la lluvia de flechas.

El puerto está plagado de cadáveres: Marineros despistados que no habían sabido por donde huir, mercenarios vestidos de negro, contrabandistas de pañuelo azul…. ¿Alguno de ellos sería algún Dedo? ¡Qué más da! Doy por perdido el trabajo. No me importa que hayan muerto más de dos Dedos de Simas en su transcurso.

También veo montículos de tierra, de un tamaño similar a unos menhires. Han salido de la nada. Juraría que antes no estaban. No es que no los hubiera visto, estoy segura, es que no estaban allí.  Además, es absurdo colocar un menhir en el puerto. Alguien debió crear los montículos en el rato en el que yo me escondía de la lluvia de flechas y virotes debajo de las cajas de madera. Ese “alguien” debe de ser un brujo y, que yo sepa, en el puerto solo hay un brujo.

-¡DANN!-

Mi grito es enmudecido por un grave chillido que inunda a todo el puerto. Me tapo las orejas con ambas manos. Reconozco el sonido, pero nunca lo había escuchado con tanta fuerza.

-¡Dann, estoy aquí!-

Saco mi mano por fuera de las cajas para que, esté donde esté, pueda verme. “Ven pronto, por favor”.

Una figura negra me pisa mi mano. La regreso de nuevo bajo las cajas antes de que la figura se dé cuenta que me ha pisado. Escondo la mano chafada bajo la blusa y la otra la uso para taparme la boca. Si hago cualquier ruido, por pequeño que sea, el enemigo puede descubrirme.

A medida que la figura avanza por encima de las cajas puedo ver más de él. Sus pies (no son pies) son de color negro azabache y acaban en lo que creí que eran uñas, pero que, al verlo mejor, me doy cuenta que son alas. Viste de color negro. ¿Obsidiana? Reconozco el mineral. Sus grebas y su armadura están reforzadas con placas de obsidiana para hacerlo más resistente. Lo último que veo son dos alas del mismo color que sus garras. No alcanzo a ver su cabeza, tampoco lo necesito. Sé que se trata de un Dragón-Humanoide.

Se cubre de las flechas usando sus alas como escudo. En una mano, que no dudo que tenga forma de garra, tiene una maza y en la otra una espada. Un hombre, el marinero que antes he empujado con el último haz de luz, se lanza contra el dragón. Éste le da un golpe con la maza en el pecho y le corta la cabeza con la espada.  

-Dann- digo sin querer.

El dragón me ha oído. Lanza una llamarada de viento que hace volar las cajas que están encima de mí. Me mira fijamente y sonríe sin decir nada. No le hace falta hablar. Puedo deducir qué es lo que va a decir: “Tanto talento desperdiciado”.


_____________________


No me gustan las ballestas. Son toscas, pesadas e incómodas. Desde lejos, es difícil apuntar con ellas. El mínimo cambio de viento resulta atroz. Sus proyectiles son muy pesados, pocas veces llegan a los lugares altos. Mi arco es más liviano, más grácil y más rápido. Mis flechas pueden llegar a los lugares que los virotes de Syl no creo que puedan llegar. Disparo hacia la tercera ventana hacia arriba y quinta hacia la derecha del almacén de enfrente. Mi flecha castiga la cabeza de un hombre de negro. El cadáver cae al suelo. Primera ventana de arriba y segunda hacia la derecha. Otro enemigo. Otro muerto de la misma manera. Tengo buena puntería. Si estoy concentro y uso mis flechas rápidas y livianas, puedo llegar a cualquier lugar.

Aun así, debo reconocerlo: Syl es bueno con la ballesta. Se concentra en el barco donde están Asher e Irirgo. Carga y dispara sin cesar. No le veo errar ni un solo disparo. Podría ser mejor. A un hombre de azul le da en la espalda y a otro en la pierna. Es por culpa de su arma. Con un arco, sus flechas pueden se clavarían en las cabezas de los enemigos. Sería más rápido y más certero. Es lo que creo. No me gustan las ballestas.

La mayoría de hombres de negro también disparan con ballestas pesadas como la de Syl. Son más torpes que el felino. Cargan y disparan muy lentamente. Me da tiempo a matarles antes de que lleguen a cargar las ballestas.

Un ruido que parece el grito de un gran animal me saca de mi concentración. Viene del puerto, de alguna parte cercana a los monolitos o al escenario. ¿Merrigan? Dirijo mis flechas a los pilares de tierra y a los hombres de negro que consigo ver. Merrigan debe de estar en algún lugar detrás de un pilar. La voy a encontrar.

Salto por la chimenea donde antes he lanzado el cadáver del anterior hombre de negro y sus armas. Caigo justo encima del cadáver. No me hago daño. Desde un piso inferior tengo un poco más de visibilidad. Busco a Merrigan entre los pilares y el escenario de cajas de madera. No está. En cambio, en el mismo  lugar donde Merrigan estuvo tocando su arpa, veo a un semi-dragón vestido con armaduras negras. Ya he visto uno de esos antes. Combaten como humanos y tienen la ferocidad de un dragón.

Sin pensarlo, cojo mi arco y disparo al dragón. No sé cómo, pero consigue refugiarse de mis flechas bajo sus alas negras. Ruge y lanza una un vendaval de aire que hace mover las banderas de los navíos como si estuvieran en una tormenta.

Un hombre sale de la nada a enfrentarse al dragón. Aprovecho la oportunidad y bajo las escaleras. Hacia el nivel inferior. Tengo que moverme y encontrar a Merrigan. Si uno de esos hombres de negro la encuentra antes que yo, le hará daño. No puedo dejar que eso suceda. Debo darme prisa.

Mientras bajo las escaleras oigo una segunda tormenta de aire y golpes de madera. No me gusta cómo suena. Acelero el paso. Voy tan rápido como puedo. Corro el riesgo de resbalarme por los escalones y caerme de bruces contra el suelo. Por Merrigan me atrevo a correr riesgos.

Una vez bajo veo a Merrigan tocar su arpa. Un escudo de luz la rodea. El dragón golpea con sus dos armas el escudo de luz.

-Déjala- mi flecha impacta en la coraza del dragón. No le hago daño.

-No me puedes obligarme a que la deje- dice el dragón.

El dragón comete un error, girarse a hablarme. El escudo de Merrigan golpea al dragón desprevenido y le empuja fuera de las cajas de madera.

Es mi turno, disparo una flecha a su cabeza. El dragón es rápido, ruge otra llamarada de viento que hace desviar mi flecha. La canción de Merrigan sigue sonando (Lilium) y un nuevo escudo luz, esta vez más pequeño, rodea la cabeza del dragón y lo estira hacia arriba. No puede lanzar más vendavales. Otros dos escudos rodean sus alas para que se estén quietas en a su espalda. No puede usarlas para refugiarse. Vuelvo a disparar, mi flecha se calva de lleno en el largo cuello del semi-dragón.

-No le hables así a mi padre, maleducado- le dice  Merrigan al dragón que ya es cadáver.

Corro hacia Merrigan y la rodeo con mi brazo derecho. Con una mano, le abrazo con cariño y con la otra reviso por bajo de su blusa si tiene alguna herida. Su mano derecha está sangrando mucho. No me gusta el aspecto que tienen esos cortes.

-Yo te curo-.

-Estoy bien, es solo un arañazo- esconde la mano herida detrás de su espalda.

-Nos vamos-.

-No podemos irnos. No sabemos dónde están los demás-.

-Allí Syl,- señalo el punto más alto del almacén- allí Asher e Irirgo,- señalo el barco de los hombres de azul- y allí Dann.- señalo el hombre que camina entre los grandes pilares de tierra. - Están bien. Podemos irnos-.

-No.- me aparta la mano con la que le abrazo- Esto no ha terminado. La gente del puerto está muriendo por nuestra culpa. Hombres de negro y los hombres de azul son malos, pero ¿y el resto? Tú te puedes ir si quieres. Yo no voy a dejar que más gente muera por mi culpa-.

-No quiero que mueras-

-No lo haré;- ahora es ella la que se lanza a abrazarme. Me besa en la mejilla- si estás conmigo no me pasará nada-.
Sarez
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 565
Nivel de PJ : : 2
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Asher el Sáb Jul 01 2017, 13:47

-Deja el otro.- dijo Irirgo. -Asher. No. No vuelvas a por él.- El hombre dragón puso una mano sobre mi hombro, apretando firmemente. -No vale la pena. No sabes cuantos hay dentro. Si te metes, morirás.- declaró.

-No tenemos tiempo para esto. La guardia aparecerá en cualquier momento.- dije, evitándole la mirada. La zona empezaba a despejarse... o más bien, todo aquel que antes se encontraba de pie y luchando estaba ahora en el suelo. Estaba prácticamente seguro. Sin la preocupación de ser atacado, podría cargar con los barriles sin problemas. -No hay nadie más. Tan solo quedará algún pobre alma en el barco... dejaré a uno vivo y me encargaré del resto. Sin problema.- añadí, poniendo el mismo tono de seguridad que solía usar. Esa vez era falso. Me pregunté si el dragón lo notaría.

-¡No vale la pena! ¿Que más da doce barriles que once? ¿De verdad te importa tanto Simas?- preguntó, frunciendo el ceño. No respondí. Pero mi rostro lo dijo todo. -No... hay algo más, ¿no? Nos estás ocultando algo...-

-Sigue con los barriles.- ordené, liberandome de su agarre y corriendo hacia el barco de nuevo.

-¡Asher!-

Abrí la puerta que daba al interior, y bajé las escaleras.

El lugar estaba mal iluminado, y, como todas las embarcaciones, tenia ese horrible olor a madera húmeda... más que el almacén del puerto, incluso. Avancé lentamente, procurando hacer poco ruido. No tenía demasiado sentido: estaba seguro de que la mayoria de contrabandistas habian salido y estaban luchando por su vida. Los no combatientes no serian un problema. Pero aun así, prefería no arriesgarme demasiado.

La mayoria de espacios estaban vacios. No escuchaba ni un alma. Seguí mirando alrededor, en busca del barril... tenia que estar en la bodega. Dejé cualquier pretensión de sigilo: demasiado lento. Finalmente, mi busqueda me llevó a una escalera que probablemente llevaría al almacén del barco. Bajé las escaleras, empezando a sentir cierta ansiedad. Como si algo fuese a salir mal.

Y, nada más darme la vuelta, algo salio mal. Una espada se posó delante de mi cuello. No lo había visto venir: demasiado oscuro. Pero me habían tendido una pequeña emboscada. Una lámpara de aceite iluminó toda la sala. Al fondo, sentado sobre el objeto de mi búsqueda, estaba sentado el capitán de ese barco. El jefe de los contrabandistas. Un coloso de dos metros, con armadura de escamas y largas patillas a los lados de la cara que le daban un aspecto muy característico.

-Vaya, mira lo que ha traído el... gato.- dijo, acercándose con unas grandes zancadas. Gruñí, mostrando los colmillos al hombre que aún me apuntaba con su arma. Un secuaz cualquiera, probablemente obedeciendo ordenes. Debía estar más furioso que yo, a juzgar por su expresión. Claro que había matado a casi toda la gente que aquel desgraciado conocía en cuestión de minutos. Igual me merecía su odio. -Ojos aquí.- dijo el capitán, llamando mi atención a su mirada.

-No eres de esos mercenarios, ¿no? Te han visto matarlos tan indiscriminadamente como a mis propios hombres.- dijo, examinándome de cerca. Su rostro estaba plagado de cicatrices... y también sus brazos. Eran las únicas partes expuestas de su cuerpo, después de todo. No tenia armas, salvo por un par de pesados guanteletes que cubrían sus manos. -No, ni siquiera llevas uniforme... pero tampoco estás sólo. ¿Eres tú el que da las órdenes?

-"Ordenar" suena muy feo. Prefiero llamarlo "sugerencias no debatibles".- respondí sin apartar la mirada. -¿Y a ti que?

-Estoy... muy cansado de este baño de sangre. Gran parte de mi tripulación ha muerto. Podría haberte matado aqui mismo, pero prefiero lidiar con esto de otra forma.- explicó. -Un duelo. Tu y yo. A muerte. Si gano, tu grupo se retira. Si ganas... te llevas el barril. En cualquier caso, solo se pierde una vida más.- No era difícil de ver que realmente le dolía el haber acabado involucrado en esa carnicería. La forma en la que hablaba tenia casi... respeto. Era la clase de persona que se guiaba por honor.

-Muy bien.- sonreí. -Es tu funeral, humano.-

______________________________




Los nubarrones empezaron a agruparse. La tormenta no tardaría en llegar. Si Dann creyese en esas cosas, le preocuparía: las nubes oscuras significaban malos presagios. Pero el brujo no era supersticioso. Y aunque lo fuese, tenia otras cosas de las que ocuparse. La había visto. Una mano asomandose fuera de las cajas. No podía ser otra que Merrigan. Y necesitaba ayuda...

Un dragón. Su porte regio y su armadura dejaban claro que no era un mercenario cualquiera. Solo podía ser el líder. Continuó avanzando, pero el ritmo del brujo era desesperantemente lento. No podía llegar a tiempo. El dragón la había descubierto.

Pero la elfa no estaba indefensa. Su escudo de luz la mantendría a salvo, aunque no fuese durante mucho tiempo. Dann intentó correr, desesperado. No quería que muriese por su inutilidad.

Por fortuna, no era el único que se preocupaba. El otro elfo, el arquero, consiguió bajar hasta encontrarse de cerca frente al reptil. Entre los dos, los elfos lo derrotaron sin mayor dificultad. Parece ser que la ayuda del brujo no era necesaria.



________________________________________


La ansiedad empezó a formar un nudo en el pecho de Syl. El hombre gato se estaba quedando sin objetivos... y sin virotes. Asher no había salido del barco, y Dann había salido de su campo de visión después de formar esa pared de roca. El elfo había desaparecido sin decir nada... y ahora solo veía a Irirgo, que estaba transportando los últimos barriles.

Lo peor de todo era la tormenta. No solo las detestaba, sino que solían traer malos augurios. La suerte era una parte importante en la vida de Syl. En su trabajo, y en el día a día. Y, en ese momento, no podía hacer nada más que pedir suerte. Era frustrante. Pero al nivel del suelo no sería de ninguna ayuda. 

El hombre gato hincó una rodilla en el tejado de madera y rezó. A los espíritus sin nombre. A la esencia de la madera, el agua, el viento. El tigre, por su raza. El lobo, por la de Asher. El dragón, por la de Irirgo. El mago, por la de Dannos. Solo tenia sangre como ofrenda, y sangre era lo que ofrecía. Todas las muertes que había causado ese día. El cuerpo volvería a la tierra, y el espíritu al mas allá. 

-Tomad mi sacrificio, y protegednos a todos...- murmuró. Las primeras gotas de lluvia empezaron a caer.
Asher
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 401
Nivel de PJ : : 3
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Sarez el Sáb Jul 01 2017, 18:00

Merrigan gira la cabeza hacia Dann y corre hacia él sujetando el arpa con las dos manos. Está dispuesta a quedarse. Se va a quedar. Diga lo que diga, no me hará caso. Buscará a los otros miembros de la banda de Asher y se unirá a sus combates. Doy un soplido hondo y cansado. Merrigan me agota. Tiene muy claro qué está haciendo en el puerto, por qué tenemos que matar a los hombres de azul y a los hombres de negro, por qué son tan importantes los barriles con cosas malas y por qué toca su arpa. Yo, sin embargo, apenas sé qué tengo que hacer ahora. Si me fuera, ¿dónde iría? Lejos del peligro donde no puedan hacer daño a Merrigan. ¿Pero, dónde está ese lugar? No lo sé. Me comparo con Merrigan y me doy cuenta que ella sabe todo lo que yo no sé. Tiene mucho que explicarme. ¿Lo hará? Una parte de mí cree que Merrigan me ha engañado. ¿Qué han sido esos golpes de luz? ¿Por qué me ha traído? Quiero confiar y amar a Merrigan; pero, por alguna razón, parece que ella no me deja que lo haga.

-Tenemos que ir donde esté Asher,- dice Merrigan a Dann una vez que lo ha alcanzado- creo que va a necesitar nuestra ayuda-.

Doy un paso hacia delante para ir con Merrigan. Ella me intenta decir algo con los ojos que no llego a entender. Con la cabeza me hace una señal para que vaya a su lado. Me mantiene cerca de ella y lejos de los miembros del grupo de Asher.

Doy otro paso hacia delante. Un hombre de negro que creí cadáver me coge la pierna. Tiene una saeta clavada en la cintura; se arrastra por el suelo hacia mí. Le doy una patada en la cabeza sin apartar la vista de Merrigan. El hombre de negro se queda boca arriba y espera a que le llegue la muerte.

-¿Sabes? Antes he escuchado la ocarina que te di, me alegra que te haya sido útil. Te la puedes quedar si quieres. El mago que te conté me puede hacer otra igual o mejor- Merrigan continua hablando con Dann. -Quédate tú esa-.

Comienza a llover. Las banderas de los barcos baten con fuerza por culpa del viento. Syl lo va a tener difícil para disparar con este vendaval. En un acto instintivo, miro hacia el cadáver del semidragón.  Tiene convulsiones en el suelo. Intenta rugir, pero no lo consigue. Su boca y su cuello derraman mucha sangre. El dragón se ahoga en su propia sangre; lo que hace que no pueda rugir. Entonces, ¿es del cielo esta tormenta? Sí, al menos una parte. Desde lo más alto de uno de los edificios donde estaban los hombres de negro veo una figura con un semblante similar al hombre dragón pero unos centímetros más grande. La figura tiene los altos en alto y ruge hacia las nubes.

Cae un rayo cerca de donde están Dann y Merrigan.  No hace falta que nadie me lo explique, ha sido el hombre dragón. Saco una flecha de mi carcaj y disparo. El dragón es rápido, esquiva mi objetivo y vuela hacia Merrigan. ¡No! Disparo más rápido. Apunto a sus alas y a sus patas. Quiero derribarle antes de que llegue a dañar a Merrigan. No lo consigo. Cuando me quiero dar cuenta, el dragón está enfrente de Dann y Merrigan. Golpea con el brazo desnudo la cara de Merrigan y ruge un vendaval a Dann para apartarle de ella.

Me coloco el arco a la espalda y me salto a la espalda del dragón. Le distraigo antes de que golpee a Merrigan otra vez. Él es más fuerte. Despliega sus alas de forma que me hace caer al suelo. Mi mira de frente y ruge, no con viento, sino con truenos. Con el tomahawk y un cuchillo, formo una x para frenar los truenos. Es inútil, me golpean igualmente contra el pecho.

-Arquero salvaje,- me dice y mira hacia el otro dragón más joven- ya veo que has sido tú quien ha estado matando a mis hombres-.

Me pisa el pecho y me clava sus garras haciéndome sangre. Se inclina hacia mí y, con la misma mano/garra que golpeó a Merrigan, me retuerce el cuello.

-Te voy a hacer lo mismo que le has hecho a mi chaval-.

La música de Merrigan suena. Es la canción de Lilium. Golpea la espalda del dragón para empujarlo igual que había hecho con el anterior. Éste, más grande y resistente, ni se inmuta por el empujón de luz. Gira la cabeza hacia Merrigan y le envía un rugido de truenos que atraviesan el escudo de luz y la golpean de lleno. Las manos y la sien de Merrigan están sangrando.

-Protégela- susurro a Dann- protege…-

No puedo hablar más. El dragón aprieta su garra. Me quiere hace sufrir por lo que le he hecho al dragón más pequeño. Me mata poco a poco. Intento chillar, moverme de lado a lado… No consigo hacer nada.

El dragón abre su boca, prepara un nuevo rugido. No soy bueno en los combates cuerpo a cuerpo, pero por simple instinto de supervivencia, doy un puñetazo en el ojo del dragón. Me libera de su agarre en el cuello. Cojo el tomahawk y el cuchillo. Me levanto a duras penas. No ha terminado conmigo. Estoy débil, pero esto no ha terminado. Lucharé. Eso es lo que tengo que hacer: Luchar hasta que se rompan mis brazos. Combatiré contra el dragón. No dejaré que haga daño a Merrigan.
Sarez
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 565
Nivel de PJ : : 2
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Asher el Sáb Jul 01 2017, 22:58

El gigante se puso en guardia a unos pasos de mi, pero le detuve con un gesto.

-Espera. Si quieres un duelo, tenemos que hacerlo arriba, donde sea visible. Si no, ¿Como esperas que mi grupo se rinda si ganas?- O más bien, ¿como esperaba que huyese del barco tras rebanarle el cuello? La verdad es que me molestaba un poco. Los humanos no solían superarme en altura... ni conservar tanto la calma. Afortunadamente para mi, aquel tipo no parecía muy listo, porque tras pensarlo un segundo, asintió. -Y sube el barril, ya que estás.- dije con una sonrisa arrogante.

-Tch. Tienes mucho valor para hablarme de esa manera en mi propio barco, perro.- vociferó. Sin embargo, no había ningún deje de irritación en su voz. -Espero que puedas respaldar esa actitud con habilidad.-

No respondí. Simplemente, subí las escaleras de vuelta a cubierta, seguido por el grandullón que portaba el barril. Igual que Irirgo, era capaz de moverlo sin ayuda, pero tenia incluso más brío que el veterano. Eso significaba que iba a golpear fuerte. Ningún problema.

Salí del interior del barco. Si antes había indicios de ligera lluvia, esta había evolucionado a una tormenta. La lluvia torrencial había empapado el barco por completo, pero eso no significaba demasiado en una superficie de madera. Después de todo, había sido pulida especificamente para no resbalar incluso cuando estaba mojada. Me coloqué en posición y estiré un poco, sujetándome un brazo, y después el otro, hasta oír un ligero crujido. Respiré hondo y me preparé.

El otro hombre se mantuvo a cuatro metros. De un segundo a otro, adoptó una postura con los puños en alto, y los pies colocados cuidadosamente. Era... extraño.

Fuera como fuese, no tenia ningún arma letal. Incluso si me alcanzaba, no podía acabar el combate de un ataque. Todo estaba bajo control.

-¿Preparado, perro?-

-Despídete.-

Me lancé hacia adelante, dispuesto a dar el primer golpe, lanzando un tajo vertical por encima de mi cabeza. El gigante lo esquivo con un paso lateral. Continué el ataque, con un corte ascendente que le hizo retroceder. Era rápido. Mucho más de lo que había asumido por su tamaño. Pero si lo mantenía a distancia, estaría bien.

Me mantuve en guardia, preparado para su próximo movimiento. Pero no lo vi venir. En un rápido movimiento, dio un paso hacia adelante,apartando mi espada de un manotazo. Antes de que pudiese retroceder o recuperarme, siguió con otro paso adelante. Su puño alcanzó el centro de mi pecho.

El impacto fue más potente de lo que imaginaba. Lo suficiente como para dejarme sin aliento. Retrocedí, arqueado hacia adelante. Pero no iba a dejarme contraatacar. Sus pasos fueron más rápidos. Prácticamente se deslizaba por la cubierta. Lanzó un segundo puñetazo dirigido a mi cabeza, pero conseguí evitarlo. En su lugar, impactó en mi hombro, enviando una descarga de dolor por toda la zona. No le dejaria acertar otra vez. Bloqueé el siguiente puño con mi espada, y lancé una patada a su estomago.

Pese al acierto, el hombre se mostró case impasible. Sin embargo, fue suficiente para ganar espacio. Mi espada comenzó a brillar mientras repasaba mentalmente las runas que poseia. Cargué hacia él, con un ataque fácil de predecir... seguido de una onda cortante que no lo era. El humano retrocedió, evitando el alcance de mi espada. Sin embargo, la media luna de energía lo alcanzó, dejando una profunda herida en el antebrazo.

-Bah. Esa clase de trucos no te salvarán.- gruñó, apretando la mandíbula. -Tengo más cicatrices de las que puedes contar. Yo las llevo con orgullo. Tu las escondes.- dijo, haciendo referencia a mi hombro vendado, bajo el que se hallaba una marca.

-Acércate más y te haré unas cuantas nuevas.- dije con una sonrisa sádica.

No le di tiempo para eso. Comencé mi asalto, buscando atravesar la armadura de una estocada. De nuevo, el hombre esquivó hacia un lado, haciendo gala de una destreza que no creia posible. No me detuve. Lancé un corte diagonal, aprovechando mi impulso. Esperaba acertar o fallar. Pero no fue ninguna de las dos. El coloso alzó una de sus manos, deteniendo el corte con su guantelete. Sin esperar a que reaccionase, contraataco, lanzando un puñetazo contra mi cara.

El impacto fue demoledor. Lo suficiente como para derribarme. Caí al suelo, incapaz de percibir otra cosa que el ardiente dolor que sentía. La lluvia no era suficiente como para aplacarlo. Me levanté del suelo y escupí sangre. Había soltado mi espada. Sin embargo, el hombre le dio una ligera patada, enviándola hacia mi. La recogí del suelo y enseñé los dientes, ahora teñidos de rojo.

-Voy a destriparte.- gruñí.
_____________________________________________


Dann se quedó sin palabras. ¿Un regalo? ¿Para él? El brujo sacó la ocarina de su bolsillo una vez más, examinandola con admiración. Miró a la elfa, con una enorme sonrisa que parecía olvidarse de la situación en la que estaban.

-...no sé que decir. Gracias, Merrigan. La protegeré como a un tesoro.- murmuró, guardándola de nuevo. -Yo también te buscaré un regalo.- prometió. Pero cualquier tipo de momento que tuviesen no duró. Un relámpago estalló cerca. Demasiado cerca. El brujo se protegió con un brazo, buscando cualquier objeto metálico con la mirada que pudiese actuar como pararrayos. No había ninguno.

El elfo estaba disparando. Dann siguió la trayectoria de la flecha... y vio al dragón. Demasiado tarde. Antes de que se diese cuenta, estaba a su lado... y una gran ráfaga de viento le separó del suelo. El hombre rodó por el suelo, haciéndose varias heridas ligeras por el impacto. A pesar de su constitución débil, tenia que aguantarlo. No era la primera vez que sentía dolor.

Merrigan atacó al dragón con su luz, desviando la atención de su elfo... y atrayendolo hacia ella. El elfo susurró algo. Dann no lo pudo escuchar... pero no le hizo falta. Aún con piernas temblorosas, el brujo se levantó. El dragón no parecía tomarlo como una amenaza. Sus ojos solo mostraban ira. Sed de venganza. Y dolor. Y, aunque el dolor era comprensible, no podía dejar que los matase solo por eso.

Dann alzó la mano. Un pilar de roca salió del suelo a gran velocidad, y, tomando una ligera curva, se dirigió a la cabeza del dragón. El golpe fue contundente. Lo suficiente como para moverle, al menos. Pero no para aturdirlo. Separándose del elfo, el reptil voló hacia Dann. La maza impactó contra su pecho, tirándole al suelo una vez más. El crujido que se escuchó no era buena señal. Respirar era doloroso. No podía moverse. No podía levantarse.

-Débil... patético. Vas a morir, chico. Después de ellos dos.- sentenció el dragón. Era cierto. El brujo era débil. Muy débil. Lo suficiente para ser un lastre, incluso. Y se sentía patético. Incapaz de ayudar. Pero no moriría.

La cabeza del brujo palpitaba. No le quedaban fuerzas. Pero tenía que continuar. Tenia que concentrarse. Desde el suelo, el brujo alzó la mano en dirección al dragón, que se dirigia de nuevo a Merrigan. No podia dejar que la matasen. Detente. Para.

-¡PARA!- gritó el brujo. Los movimientos del dragón se ralentizaron. Sus escamas se volvían pesadas. El negro pasaba a marrón. Poco a poco, todo su cuerpo se convirtió... en piedra. No duraría demasiado. Pero les daba una oportunidad. -No... tardará mucho...- dijo entre quejidos. Si iban a actuar, tenia que ser en ese momento.
_____________________________________


Syl tembló. El gesto de Asher le había indicado que no actuase. La impotencia ante aquella situación era demasiado. Peor incluso que la que sentía minutos atrás. El hombre perro estaba perdiendo. No podía morir. Prometió que no moriría.
El gato mantuvo la ballesta en alto, apuntando al gigante. Pero los brazos le temblaban. No podía dejar de pensar en lo que podría pasar. ¿Por qué...? Nunca debian haber aceptado ese trabajo. Debia haber estado firme. Pedirle que se fueran de ese sitio. Le habría escuchado. Pero no quería ser una carga. No quería influir en sus decisiones.
Quería disparar. Ignorar la señal que había hecho. Pero incluso si lo hacia... no podía acertar. No de esa manera. Quería llorar. Gritar. Matar. Morir en el lugar del perro. Salir corriendo. No mirar. Los dioses no podían ser tan crueles. No podía salir de esa manera. Asher tenia que ganar.
"Por favor... gana..."
_________________________________________________________________________

Señalado el uso de la habilidad de nivel 1: Corte de energia


Última edición por Asher el Dom Jul 02 2017, 15:56, editado 2 veces
Asher
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 401
Nivel de PJ : : 3
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Sarez el Dom Jul 02 2017, 12:09

Amenazo al semidragón con el hacha y el cuchillo. El me ignora. Se dirige hacia Merrigan. Maté al dragón más pequeño, el grande se quiere vengar matando al elfo más pequeño. Sabe que he acabado muy herido después de que sus rayos chocasen contra mi pecho. No puedo correr y saltar a su cabeza como hice antes para proteger a Merrigan. A duras penas puedo ponerme en pie. Siento que mi pie izquierdo cede por momentos. Mi espalda está curvada en una posición grotesca. Si me mantengo en pie es por Merrigan. No quiero que le hagan daño. Resisto el dolor de espalda, de piernas y de cuello por ella.  

-¡A por mí!- escupo una mezcla de saliva y sangre. -¡Ven a por mí!-

El dragón me ignora. Sigue su camino hacia Merrigan. Aunque camina rápido, le veo avanzar lentamente. Es como si todo el tiempo de mi alrededor fuera más despacio. Las gotas de la tormenta, las gaviotas del puerto, el batir de las banderas… todo va más lento. ¿Me estoy muriendo? Merrigan me dijo una vez que alguien a punto de morir ve todo más despacio; como si el tiempo se detuviera. Meses atrás no me hubiera importado morir. No era nadie y no estaba haciendo nada. Ahora, tengo a Merrigan a mi lado. Vivo por ella y vivo para ella. Necesito seguir vivo.

Mi pie izquierda se dobla haciéndome caer al suelo en el mismo momento que Dann se interpone en el camino del dragón para salvar a Merrigan. Recibe un mazazo en el vientre y vuela tres metros. Me arrastro por el suelo como si fuera un gusano. Me intento poner en pie, resbalo, me caigo y vuelvo a avanzar arrastras. Por donde voy, dejo un hilo de sangre. Estoy perdiendo mucha sangre. No me rindo. Tengo que llegar donde está el dragón. Tengo que vivir por mi hija.

Merrigan toca su arpa. Lanza hojas de luz contra el dragón; son inútiles. El dragón golpea los hechizos de Merrigan con su maza o se protege con sus alas.  Como hizo con el dragón más pequeño, Merrigan rodea las alas y la cabeza con escudos de luz. El rugido de tormenta destruye el escudo que rodea su cabeza. Sus alas afiladas como cuchillas rompen los escudos que las cubren.

El dragón está cerca de Merrigan. Levanta su maza, está apunto de golpear y los empujones de luz son inútiles contra él. Entonces, escucho la voz de Dann. El dragón se cubre con una capa de dura roca.

-Voy- gruño al mismo tiempo que consigo ponerme de rodillas. Es un primer paso para volver a levantarme.

Lanzo el cuchillo contra el dragón. Si no estuviera recubierto de pierda no le habría hecho más daño; sus escamas le habrían protegido casi tan bien como  la roca. Mi intención es de la de liberarme la mano izquierda. Apoyo la mano en el suelo y la uso para darme impulso. Salto hacia el dragón sujetándome del cuello para no caerme.

La piedra comienza a ceder en las alas del dragón. Se escucha como se quiebra. “Por favor, aguanta Dann”. Mientras no mueva sus alas me puedo mantener aquí cogido. Cojo el hacha y golpeo repetidas veces el cuello del dragón como si estuviera talando un árbol. La piedra que le cubre es demasiado dura. Su hocico se libera del hechizo de Dann. Gira su boca hacia mí. Veo los rayos formarse por detrás de sus dientes blancos. Meto el hacha dentro de su boca antes de que termine de formar el rugido. Desgarro el paladar desde dentro. Me suelto del dragón y me dejo caer al suelo. Mientras, el hacha sigue clavada dentro de su boca. El dragón sangra más de lo que yo estoy sangrando. Los rugidos de viento y rayos se dirigen hacia el cielo. Merrigan y Dann están a salvo.

Vuelvo a ponerme en pie. Mi pie izquierdo no responde. Creo que me he hecho un esguince. Aguanto todo mi equilibrio en el pie derecho. Consigo mantenerme, medianamente, firme. Pongo las dos manos sobre la empuñadura del tomahawk y lo saco cortando la boca del dragón en dos mitades. El recubierto de  piedra se ha convertido en ceniza. Las alas y las garras hacen movimientos toscos como si estuvieran peleando contra un rival invisible. Merrigan toca las cuerdas de su arpa; me fijo que el instrumento está machado con su sangre. Una onda de luz empuja al dragón al mar.

Me asomo a la orilla del puerto. El dragón patalea y bate sus alas en el agua durante unos pocos segundos. Luego, se deja engullir por el mar. Me aseguro que no volverá a salir lanzando una flecha al lugar desde donde salen unas pocas burbujas. Muerto.

Al darme la vuelta veo a Merrigan sostener la espalda de Dann. Sus manos están brillando. Es la primera vez que veo a Merrigan usar sus poderes de sanación.

-Ya ha terminado, pronto te pondrás bien- le dice a Dann, pero me mira a mí.

Asiento con la cabeza. Sí, ha terminado. La tormenta también parecer haber menguado. Las nubes se dispersan y ligeros rayos de sol aparece entre ellas. Ha terminado.
Sarez
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 565
Nivel de PJ : : 2
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Asher el Dom Jul 02 2017, 14:06

Avancé de nuevo. No iba a permitirle atacar. Lancé un tajo tras otro, en rápida sucesión. No tenia ninguna apertura, y su alcance con los puños era mínimo. Si quería atacar, iba a tener que sufrir. El cansancio y el dolor estaban siendo amortiguados por la adrenalina. Pero el hombre esquivaba, una y otra vez. Retrocediendo cada vez más. Le acorralaría.

Su brazo estaba cubierto de sangre. No podría atacar firmemente con aquella herida. Tenia que aprovecharlo. Poco a poco, gané el terreno suficiente. La espalda del hombre chocó contra la pared. Lancé una estocada, dirigida a su corazón. El hombre se movió, pero no fue suficiente. Mi hoja se clavó en su hombro derecho. No retrocedí. Empujé mi espada, hundiéndola profundamente en su carne. Aulló de dolor. Pero no le incapacitó. Lanzó una patada a mi estómago, que me hizo retroceder de un salto y sacar mi espada.

Con ambas extremidades dañadas, tenia una oportunidad. Sin embargo, no estaba pensando con claridad. Quería verle sangrar. Despedazado sobre la cubierta. Su instinto de supervivencia pareció activarse. Corrió hacia mi. Lancé un tajo hacia su estómago. Pero su armadura era más fuerte de lo que parecía, y deflectó el golpe. El golpe me alcanzó en el torso. Y lo siguió con otro, directo a mis costillas. Retrocedí, encogiendome y tosiendo. Pero no se detuvo. Antes de que me recuperase, atacó de nuevo, castigando mi torso, y terminando la secuencia con un gancho a mi hocico.

No sentía más que dolor. Tenia que detenerlo. Estaba cubierto de sangre. Si no acababa con aquello, moriría. Me arqueé hacia delante, con el pelo del lomo erizado. No dejaba de emitir un grave gruñido. Casi ni me daba cuenta. Mis ojos se clavaron en aquel hombre. Iba a destruirlo. 
Los contrabandistas que quedaban estaban observando. Animando a su líder. No eran muchos. También moririan. Todo el que estuviese ahí sería reducido a un amasijo de carne ensangrentada.

Se movió de nuevo. Llevé mi arma a un lado. Esta vez, fui yo el que esquivó su golpe. Respondí con un potente impacto con el pomo de mi espada, impactando en su mandibula con toda la fuerza que pude reunir. Un sonoro crujido hizo estremecerse a los presentes. El hombre rugió. Tal vez de ira, o de dolor. Pero no retrocedió. Su mano se movió de nuevo, golpeándome en la cabeza.

Me quedé aturdido. Los oídos me pitaban. No veía bien. Se tornaba rojo. Sentí algo cerrarse en torno a mi cuello. Instintivamente, solté la espada y moví mis manos hacia el agarre, intentando liberarme. Mis pies se separaron del suelo. El agarre se hizo más fuerte. Estaba cortando mi respiración. No tenia mucho tiempo. Elevé un brazo a la derecha. Abrí la mano y la cerré de nuevo, como buscando algo que coger. 

-No puedes ganarme en un combate limpio, perro. Estás muerto.- No dejé de mover la mano. Abrir. Cerrar.

-Yo no juego limpio.-

Una saeta atravesó el brazo del hombre. Sentí como me soltaba. Y, al momento, llevé mi garra extendida hacia él. Desgarré su cuello. El hombre retrocedió, sorprendido. Un impacto sacudió el barco. El dragón se había transformado, y ahora estaba en la cubierta, rociando a los contrabandistas con una llamarada. Se volvió, y le dio un potente zarpazo al líder. Salió volando unos metros... y cayó por la borda. Tenia que moverme. Recogí mi espada y atravesé la pasarela, volviendo al almacén.

El mundo se volvió borroso. Estaba desorientado. Solo quería huir, tan lejos como mis pies me llevasen... pero no fue mucho. Empecé a tambalearme. No podría correr.
_______________________________________________


La lluvia era lo único que podía sentir. Ni siquiera el dolor. O la fatiga. O el miedo. Solo frío. Pero eso no le detuvo. Su vista seguía fija en el dragón. Tenia que seguir siendo piedra. Solo piedra. Su consciencia empezó a flaquear, y la boca del dragón consiguió liberarse. Dann escuchó truenos. Pero no los sintió.

Los segundos se hicieron eternos. Un agudo dolor recorrió la cabeza de Dann. Durante un momento, todo se volvió negro. Cuando volvió a abrir los ojos, el dragón ya no estaba. Como si nunca hubiese existido. No lo comprendia... El brujo notó que algo se acercaba, y le tocaba. Le sostenia. Su vista se volvió. Merrigan. Parecía preocupada. Notaba algo en la espalda, allí donde le tocaba. Un extraño cosquilleo. Algo moviendose. Su propio cuerpo. El dolor empezaba a menguar. Ha terminado.

Dann empezaba a sentirse mejor. Capaz de moverse. Apoyandose en la elfa, se puso en pie. Algo iba mal. ¿Donde estaba el resto?

-La... la guardia. Está en el puerto.- dijo, señalando a la lejanía.- Tenemos que movernos. Al almacén...- empezó a cojear. Solo había una salida de aquel lugar.
____________________________________________


Syl saltó a la chimenea que le había indicado el elfo, usándola para descender al piso inferior. Aterrizó sobre un cadaver que amortiguó su caída. Corrió, desesperado. El hombre perro estaba a punto de colapsar. Le sujetó, apoyando su peso sobre él. Pesaba, pero podría moverse.

-Estás a salvo.- dijo Syl, pasando su mano por el pelaje del perro, alisándolo. Asher exhaló, apenas consciente. -¡Irirgo!- llamó. El dragón había vuelto a su forma humana. Introdujo el último barril en la compuerta, y le hizo una señal al gato para que se acercase.

-Tenemos que usar esto para huir. No puedo cargar con tanta gente a la vez. ¿Donde está...?- no terminó la pregunta. Dann se estaba acercando, junto a los dos elfos. Ninguno de ellos parecía haber salido bien parado. Maldijo entre dientes. -La compuerta. Syl, tu primero. Puedes aguantar caídas mejor que nadie. Grita una vez llegues al suelo, si es seguro.-

El hombre gato no protestó. Se encogió sobre si mismo, colocando sus brazos sobre su pecho, como si estuviese en un ataúd, y se deslizó por la rampa. Estaba oscuro, pero no bajaba demasiado deprisa. En cierta forma, era como un tobogán. Tras unos largos segundos, su cuerpo cayó sobre un montón de paja. ¿Donde estaban los barriles? El hombre gato vio a un hombre que le miraba atónito. Detrás de él, había un carro, llevando la mercancía. Debía ser el tipo de Simas.

-Espera. Ayúdanos. Tenemos heridos.-

-¡SYL! ¡¿ESTÁS BIEN!?- vociferó Irirgo a través de la rampa. El hombre gato respondió. Era seguro de usar. Estarían a salvo.
___________________________________________________________________________________________
Señalado el comienzo de la complicación (Sales herido en el enfrentamiento)
Asher
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 401
Nivel de PJ : : 3
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Sarez el Dom Jul 02 2017, 17:34

Cojo un poste de madera del suelo y lo uso como bastón para poder caminar hacia el almacén donde están Syl y lo demás. Merrigan lleva a Dann apoyado en su hombro. Él ha sufrido el peor golpe. El dragón le puede haber roto las costillas con su maza. Merrigan tiene que ayudar al brujo. Lo mío son unos pocos arañazos, un esguince en el pie izquierdo, debilidad general y cansancio por la batalla. Puedo moverme con ayuda del improvisado bastón.

“Castiga exhausto el poste tosco y recto; e insiste, infausto, que ha visto los espectros”. Me viene a la mente un trabalenguas de los que me enseñó Merrigan para que aprendiese nuevas palabras. Ella habla muy bien. Siempre ha conseguido decir el trabalenguas del tirón. A mí me resulta complicado. Son palabras complejas que no conocía hasta que Merrigan me las enseñó. Exhausto es la palabra que más me cuesta pronunciar y es la que mejor describe cómo me siento ahora. Exhausto quiere decir cansado y débil.  Infausto también fue difícil de aprender. En un principio, decía infusto o infasto. Merrigan dijo que era normal que resultase difícil. Me contó que dos vocales unidas crean un sonido casi musical que no era nada fácil de aprender. Recuerdo el significado de Infausto: muy malo. Los barriles que Asher e Irrirgo han cogido del puerto son infaustos. El último semidragón ya muerto bajo el agua es infausto. Mis heridas y las de Dann son infaustas.

Todas las palabras del trabalenguas tienen su símil en el combate que hemos pasado en el puerto. El poste tosco y recto me ayuda a caminar. He castigado a los hombres de negro. Hemos acabado con las cosas infaustas. Estoy exhausto y, entre las calles de la ciudad, llegan los espectros. Los Hombres de la Guardia. Aquellos que deciden quién es bueno y puede vivir y quién es malo y debe morir. Hoy han muerto muchos hombres malos (infaustos). Pero los Guardias no saben que lo son. Si nos ven, creerán que nosotros somos los malos e insistirán que nos deben castigar.

-Insiste infasto que ha visto los espectros- susurro para mí sin darme cuenta.

-¿Has dicho algo?- Merrigan, que camina delante junto con Dann, gira la cabeza gira para preguntarme.

-No, - muevo la cabeza lentamente de lado a lado-hablo solo. Estoy [i]exhasto[i/]-.

Llegamos al almacén donde están Syl, Irirgo y Asher. Iba a preguntar al hombre perro quienes eran los hombres de negro y si ha visto a los espectros; pero me detengo antes de preguntarle nada. Está herido; quizás es el que ha terminado peor. Veo grandes manchas rojas y moradas entre los recovecos de su pelaje. Las peores zonas son el pecho y el hocico. Me recuerda a las peleas callejeras entre dos hombres luchando sin armas. En esas peleas, uno moría y el otro acababa como ahora está Asher. Él ha tenido su propia batalla y sus propios infaustos. Syl confianza en Asher. Le acaricia el lomo esquivando las manchas rojas y moradas y se preocupa por sus heridas. El hombre perro no puede haber sido quien nos ha traicionado y ha llamado a los hombres de negros. Si Syl confía en él, yo también.

Merrigan ayuda a Irirgo a cerrar las puertas para que los guardias no nos vean. Yo me dejo caer a lado de Dann. El brujo es el que más confío del grupo de Asher. Ha protegido a Merrigan cuando se lo he pedido. Pocos hacen lo que le pido

-Gracias.- le digo con voz seca al brujo señalando con la cabeza hacia Merrigan –Está bien. Gracias-.

Syl asoma su cabeza por la ventana. Pide ayuda y dice que estamos heridos. ¿Habla con los espectros? No lo sé. No me importa. Estoy exhausto (exhasto). Me siento tan débil que no puedo pensar con claridad. Solo puedo repetir, mentalmente, el trabalenguas de Merrigan.

-¡Conozco al hombre de la carretilla!- dice Merrigan mirando al resto del grupo- ¡Es Otto! Trabaja para Simas como guardaespaldas. Si ha venido hasta aquí es porque todavía podemos salir de ésta-.

Fuera, los guardias cogen los cadáveres y los tiran al mar. Limpian la zona del desastre que hemos causado y nos buscan para castigarnos exhausto como si fuéramos postes toscos y rectos. He tenido muchos problemas con la guardia.  Uno más y me condenaran a muerto. Todos creen que soy un hombre malo. Es por mi cicatriz del ojo. Hasta que Merrigan no llama con la mano a Otto y él le responde a gritos desde la calle, pensé que volvería a tener un nuevo y el último problema con la Guardia.

Merrigan coge la cuerda que le lanza el hombre desde la calle y la ata a un pilar.

-Listo, podemos bajar por aquí detrás sin que la guardia nos vea. Abajo, Otto tiene vendas, ropa y comida. ¡Estamos salvados!-.
Sarez
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 565
Nivel de PJ : : 2
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Asher el Dom Jul 02 2017, 19:31

Seis horas después



Syl observó al hombre bestia que yacía en la camilla. Su pelaje aún estaba manchado de sangre, y las heridas eran visibles. Nunca le había visto con tan mal aspecto. El felino se mordió el labio. Si hubiera actuado antes, tal vez no estaría allí. Pero era tal vez habría salido peor. El elfo les dijo que su vida no corría peligro. Se recuperaría de aquello. Syl no podía evitar sentirse inseguro. Su respiración era débil, casi imposible de notar. Desde su posición, Asher parecía estar muerto. Si le tocaba, no se despertaría.

Aquella clínica les había venido bien. Era discreta. Si resultabas herido haciendo algo de dudosa legalidad, ibas a ese sitio. Mejor que el hospital, menos ocupado... más caro. Pero aun así, la mejor opción. Los elfos de ese sitio no hacian preguntas, y la guardia no podía tocarlos. 

-Eh...- dijo la voz de Irirgo, entrando a la habitación. -Tenemos que salir. Van a empezar a tratarlos.- el gato asintió levemente. Dannos estaba en una habitación contigua a la de Asher. Sus heridas no eran tan graves, así que no le preocupaba mucho. Siguió a Irirgo a través de los pasillos de la clínica, hasta salir fuera, y continuaron hasta una calmada posada, donde tomaron asiento en una esquina. -Venga. Estará bien.- dijo el dragón, buscando al gato con la mirada.

-Nunca debimos haber estado allí.- murmuró. Tenia un nudo en la garganta. No sabía como desatarlo. -Creía que iba a morir.- dijo. Sintió un escalofrío al recordar todo aquello. La tormenta. La angustia. La muerte en el aire. No sabía cuantas vidas había quitado ese día.

-Venga... tranquilo.- el dragón puso una mano sobre su brazo, lo que le hizo dejar de temblar. -Lo siento. Debería haber dicho algo... a mi tampoco me convencía. Pero al final le animé a continuar. No es culpa mía, ni tuya, Syl.-

El felino suspiró. Ambos sabían lo que no había dicho. Era de Simas.



_________________________________________________________


Tres días después.



De nuevo, Syl se encontró a si mismo observando al perro. Dormido, parecía casi pacífico. Habian limpiado las heridas y la sangre, por lo que su pelaje ahora estaba del mismo tono plateado que tanto le gustaba. Apenas tenía heridas visibles. Los elfos dijeron que ni siquiera le quedarían cicatrices. Syl pensaba que se merecía algunas, para recordar lo que había hecho.

El felino apoyó la cabeza sobre el pecho de Asher. Escuchar el latido de su corazón era reconfortante. Syl respiró hondo. Después de todo, no moriría. Su cabeza subía y bajaba con la respiración del can. No era del todo cómodo, pero le daba seguridad.

-Dime que no he roncado...- dijo la voz de Asher. Syl retrocedió, casi saltando. Se sentía avergonzado, pero al mismo tiempo...

-Oh, dioses...- murmuró, rodeando al perro con ambos brazos en un fuerte abrazo. -Estás bien...- dijo, temblando. La felicidad y el alivio que sentía eran indescriptibles.

-Au. Au. Au. No tan fuerte.- se quejó el perro. No obstante, le devolvió el abrazo, sonriendo ligeramente. -¿Cuanto tiempo llevo dormido?- preguntó, aún arrastrando las palabras. Dio un largo bostezo, abriendo exageradamente la boca... y se llevó la mano a la mandíbula inferior, dolorido.

-Casi tres días. Estaba tan preocupado...- murmuró. Volvió a abrazar el torso de Asher. Un par de lágrimas escaparon de sus ojos, enviando una punzada de culpa por el cuerpo de su amigo. 

-Lo siento mucho...- dijo este. Tras unos cuantos segundos, rompió el abrazo y se incorporó. -Os lo explicaré cuando esteis todos aquí.

-Eres un idiota... si hubiese fallado...- empezó Syl. No quería pensar en ello, pero había sido una gran posibilidad.

-Sabía que no lo harías. Contaba contigo. Me has salvado muchas veces, Syl.- replicó el hombre bestia, poniendo una mano sobre su hombro. Hubo una larga pausa. Ninguno de los dos sabía que decir. -¿Puedo levantarme?-

-Me dijeron que no te dejase, si te despertabas.- dijo, negando con la cabeza ligeramente. -Vas a tener que aguantarte.-

-Pero me muero de hambre...- Una ocarina sonó a través de la clínica. Una serie de melodías breves. El brujo aún estaba aprendiendo y cometía errores. -De todos modos... tenéis que contarme lo que ha pasado. Necesito las versiones de todos.-



____________________________________________________________________

 

-Fuiste tú, ¿verdad?- pregunté. No tenia ninguna duda.

-¿...de qué estás hablando?- dijo Simas, poniendo una mirada completamente inocente que no me tragué ni por un minuto.

-Los mercenarios. Les avisaste tú. Les hablaste del intercambio, y sabias que atacarían. Me estabas tendiendo una trampa.- dije, taladrándole con la mirada. Acerqué mi rostro por encima de la mesa, dejando entrever mis dientes. Aquello fue suficiente para hacerle dudar sobre si mentir, lo cual me dio la respuesta que quería. Sonreí, relajándome en la silla. -Lo sabía. Bastardo.-

Esto pareció pillar por sorpresa al hombre, que rió nerviosamente, preocupado por mi reacción. -No es lo que crees. No pretendía matarte... te habría enviado a ti solo si fuese el caso.- Ni siquiera había preguntado por si sus trabajadores habían muerto o no. Estaba claro que no le importaba. Probablemente apenas le interesaban los barriles.

-Querías librarte de los mercenarios. Pensaste que los exterminaríamos a todos.- dije. La sonrisa se desvaneció de su rostro.

-¿...qué quieres decir? ¿Los habeis dejado vivos?- preguntó, preocupado. Ladeé la cabeza, divertido. -Está bien. ¿Que quieres?-

-Vas a aumentar la paga a el doble por cabeza, y cubrir los gastos médicos. Y, además, me vas a deber tres favores. Uno por traerte los doce barriles, otro por no arrancarte la cabeza después de que me traicionases, y otro por librarte del grupo mercenario.- declaré, alzando tres dedos de mi mano. Aquellos "favores" eran servicios para Simas. Dados por escrito. Podían servir para muchas cosas. Información, ayuda para desaparecer, algunos bienes ilícitos... Cualquier cosa. No era algo que vendiese... era algo que usaba para aplacar la ira de la gente a la que apuñalaba por la espalda.

El hombre gruñó, y se recostó sobre su asiento, pensativo. Finalmente, dio un largo suspiro, y alzó las manos en señal de derrota.

-Muy bien. Dime todo lo que ha ocurrido.-


_______________________________________________________________________________________
Uso el objeto mágico: Moneda de latón: Una misteriosa moneda, relacionada con la antigua leyenda del Capitán Gareth. La habilidad de este objeto es sumarle el 50% de tus ganancias en los próximos tres temas con recompensa. Ejemplo: Si en un futuro desafío te premian con 100 aeros, a esos se les sumaran 50 extra.
Asher
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 401
Nivel de PJ : : 3
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Sarez el Lun Jul 03 2017, 12:25

Habitualmente, siempre solía levantarse el primero, iba al horno más cercano y compraba dos bollos de crema rosa (mis preferidos) para desayunar. Pero, ahora no se levanta. Es por las heridas que le hizo el dragón. Los primeros días al combate, le costaba mucho moverse. Le tumbé en la cama de la habitación nuestra posada favorita. Le puse un cojín en la cabeza y el otro en los pies para que pudiera estar cómodo y que no le doliese el esguince que se había hecho. Desde entonces, no despertó. Intenté curar sus heridas, pero no soy buena sanadora. Él, sin embargo, tiene mucho más sangre elfa que yo. A pesar de que estuviera con los ojos cerrados, rodeó sus manos con las mías y me curó todos los cortes que me había hecho durante la batalla. Me sanó sin decir ni una sola palabra. Todavía estaba muy herido y confuso como para poder hablar; lo máximo que alcanzaba a decir en sueños era “exhasto e infasto” (quería decir exhausto e infausto). Son las palabras del trabalenguas que le enseñé. Puedo reconocerlas aunque las pronuncié mal.

-Lo siento mucho- le digo cuando aún duerme- esto es por mi culpa. No debí arrastrarte para que vinieras conmigo-.

Me agacho y le abrazo la cabeza. Le estoy ensuciando la cara con mis lágrimas, pero a él no se da cuenta. Sigue durmiendo como si nada.

Llaman a la puerta. Seguramente sea la camarera del hostal con el desayuno. Le pagué un extra para que todos los días fuera al horno temprano a comprar dos bollos de crema rosa. Rápidamente, me pongo erguida de vuelta en la silla y me limpio la cara con una toalla mojada en agua para que no note que estaba llorando.

-Sí, adelante-.

La puerta se abre lentamente. Efectivamente, es la camarera. Lleva una bolsa de tela desde donde sale el inconfundible aroma de los bollos de crema rosa.

-Con permiso- hace una ligera reverencia. No creo que haya visto a muchos elfos a lo largo de su vida, nos trata como si fuéramos reyes -¿El señor se encuentra mejor?-

-Eso espero- me esfuerzo por mostrar una sonrisa de cortesía.

-Mis deseos para que se ponga bien- otra reverencia- ¿quieren que les prepare una sopa de pollo para la comida?-

-Si es tan amable-

La camarera se despide con una tercera reverencia y sale de la habitación. Cierra la puerta sin hacer ruido. Se preocupa mucho para que estemos lo más cómodo posibles. Por eso su posada es nuestra favorita. No es la más elegante ni tampoco la que cocina mejor; pero tienen un buen servicio. Se preocupan por nosotros sin ser excesivamente pesados. Nos traen las sabanas más blancas y los cojines más blandos, preguntan si necesitamos algo más y siempre se saludan y despiden con una reverencia. Creen que somos reyes, o quizás Dioses. Sea como sea, nos tratan bien.

Me levanto de la silla y preparo dos platos. En cada uno de ellos, pongo un bollo de crema rosa y dos cubiertos. Sarez no necesita cubiertos. Se comen los bollos con las manos. Pero, si hoy tampoco despierta, me tendré que comer su bollo de crema rosa. Llevo cuatro días comiéndome dos bollos en vez de uno. Huelen bien. Parece que son de la última horneada. ¿La camarera habrá pedido expresamente los bollos que estén recién hechos? Conociéndola, no me extrañaría.

-¿Se ha ido?- es la voz de Sarez que me sorprende a mis espaldas. Doy tal salto por la sorpresa que poco falta para que se me caiga el plato que estoy preparando. Es la primera frase entera que consigue decir desde el trabajo en el puerto.

-Papa…- le miro cuidadosamente durante unos segundos. Dejo los platos en la cómoda y salto a abrazarle- ¡Estás bien!-

-No tan fuerte-

No le hago caso. Le abrazo con todavía más fuerza y le doy al menos quince besos entre las dos mejillas. Llegué a creer que no despertaría. Que tendría que darle la sopa en pajita hasta que las heridas terminasen su trabajo y acabasen con él.  Sarez me rodea con sus brazos. Ya no se queja porque le esté abrazando con demasiada fuerza.

-Tienes mucho que explicarme-.
Sarez
Honorable
avatar
Cantidad de envíos : : 565
Nivel de PJ : : 2
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Ger el Miér Jul 05 2017, 22:44

Un buen trabajo el que habéis realizado. El control de los NPC's de Asher es soberbio, a la altura de los mejores del foro, aunque nunca dudamos de tu calidad rolera. Tus diálogos son, quizás, la mayor de tus virtudes. Y ver lo cínico que puede llegar a ser Wernack es algo que es muy atractivo para el lector. Tus post son muy amenos.

Por otro lado, Sarez dota a sus personajes de una personalidad única. Leer a Gerrit, a Werner o a Sarez como en este caso, es algo totalmente mágico. Pocos usuarios pueden dotar a personajes tan distintos sin que dejar rastro de quienes son ellos mismos como escritores.

Qué decir, me ha encantado. Y las recompensas irán en consecuencia:

- 20 ptos de experiencia
- 450 aeros para cada uno.

Asher recibe 225 aeros extra por el objeto Master
Todo sumado a vuestro perfil.


Criad cuervos, criadlos. Y os sacarán los ojos.
Ger
Master
avatar
Cantidad de envíos : : 620
Nivel de PJ : : 0
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: No un mercenario [Trabajo] [Cerrado]

Mensaje  Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.