El regreso de los payasos [Mastereado][Thiel]

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El regreso de los payasos [Mastereado][Thiel]

Mensaje  Sigel el Jue Jun 29 2017, 13:28


La habitación estaba decorada con los restos que Shimphony Shappire cogió del circo. En su mayoría eran telas roídas y a medio quemar, pero también había encontrado entre las cenizas del Circo de los Horrores bastones de baile, falso atrezo de payaso, aros de metal que usaban los contorsionistas para sus actuaciones…. Por alguna razón que Emily Shawn no podía comprender, Shappy quiso regresar al lugar donde estaban los restos del Circo de los Horrores y coger las pocas cosas que allí quedaban como si fueran tesoros teñidos de ceniza. A Emily se le encogía el corazón cada vez que entraba a su habitación y veía la decoración que la payasa había creado. Aquello le recordaba lo que no quería recordar: El fuego, los niños, la muerte y los muertos… Si pudiera, borraría de su memoria todo lo que estuviera relacionado con el Circo de los Horrores. Todo a excepción de Thiel y El Pequeño Boomer.

Emily suspiró sonoramente y se dejó caer en el taburete que estaba enfrente de la cómoda. ¿Dónde estaban sus amigos ahora? No era la primera vez que se lamentaba de haber huido de las llamas y dejar que todos pensasen que Shappy había muerto en el incendio con su padre. Era terrible estar sola y, aunque la payasa lo pudiera sentir, ella era mucho más sensible. Echaba en falta tener a Boomer a su lado; que la rodease con sus grandes brazos y la mirase con su adorable sonrisa de niño. En varias ocasiones, quiso acercarse al grandullón mientras trabajaba en la forja de Baslodia y contarle la verdad: “Estoy aquí grandullón. Soy yo”. Pero él no la reconocería. Boomer conocía a la payasa de pelo azul, no a la chica de pelo rubia.

Las pinturas de payaso estaban en la cómoda. Emily pasó la mono por encima de ellas sin llegar a tocarlas. Tuvo auténtico pavor y odio hacia las pinturas. Shimphony Shappire no había traído más que problemas. Boomer, Thiel, los hombres monstruos y ella misma eran víctimas de la payasa. ¿A cuántos niños había matado bajo las órdenes de los vampiros, cuántas niñas había secuestrado para que Teobaldo abusase de ellas, cuántas veces había levantado a los muertos con su canción y cuántas veces había besado los pies del Maestro de Ceremonias?

En un arrebato de lágrimas y gritos, pasó ambas manos sobre la cómoda y tiró al suelo las pinturas del maquillaje. ¡Sí! Había hecho bien en alejarse de todas las personas que quería porque, al hacerlo, las estaba salvando de Shimphony Shappire.

-¡Te odio!- gritaba mientras golpeaba la cómoda con la palma de las manos - ¡Tu función ha terminado, vete; quiero que te vayas! ¡¿Por qué no te vas?!-

Shappy nunca se iría. Vivía en su cabeza, era tan parte de ella misma como lo eran sus labios. Los crímenes del pasado siempre regresaban y el telón de la función de los payasos se volvía a abrir para iniciar un nuevo espectáculo.

Dos días atrás, una sombra sin ojos ni boca se llevó a Boomer. Emily estaba escondida detrás de unas cajas y observaba (cuidaba) al grandullón como cada día. Si un hombre aparecía con intenciones de engañar o hacer daño a Boomer, Emily aparecía e intentaba calmar la situación con aeros. Le gustaba pensar que, ahora que el circo había terminado, ella se había convertido en la protectora de Boomer. Sin embargo, contra la sombra no pudo hacer nada. Se colocó debajo del gigante, parecía ser su propia sombra. De repente, la sombra se hizo más grande y comió a Boomer como el pez grande come al más pequeño. Otra sombra se colocó detrás de Emily; ésta tenía la horrible sonrisa de las pesadillas de la chica (se ríe como un muerto). Le cogió del cuello, estuvo a punto de asfixiarla, y le dijo con voz sepulcral que si quería volver a ver al gigante tenía que devolver lo que había robado.

Emily giró la cabeza hacia el libro que estaba sobre su cama. Shimphony Shappire había comenzado a leer y aprender los conjuros del libro de nigromancia; Emily intentaba inútilmente girar la cabeza horrorizada. Todo lo que mostraba era tan oscuro, tan triste y tan muerto…. Emily no podía verlo, pero Shappy sí. Se alimentaba de las palabras del libro como, tiempo atrás, su padre lo hubo hecho. Emily temía que convertirse en otra “Maestra de Ceremonias”.
(Eso no va a ocurrir, confía en mí).

Lo más sensato sería devolver el libro a su propietario. Si se lo entregase a la sombra podría rescatar a Boomer.
(Te equivocas, déjame libre y te mostraré cómo te equivocas).

-Por favor Shimphony- se dijo así mismo delante del espejo- deja que se quede con su libro. No merece la pena. Hazlo por Boomer. ¡Te lo suplico: Hazlo por él! Es la única manera de salvarle la vida- hubo un momento de silencio en el que los gestos faciales de la chica cambiaron por completo. Dejó de llorar y mostró una oscura y sarcástica sonrisa - Por Boomer es por quien lo voy a hacer- dijo Shappy.

La chica (o quizás sería más correcto “las dos chicas”) se tiró al suelo. Rebuscó entre los escombros las cremas y pinturas del maquillaje de payaso. La mayor parte de potes se abrieron cuando Emily los tiró. La alfombra, antes roja, quedó llena de pintura azul y blanca. A Shappy no le importó restregar sus manos por la alfombra para coger la pintura y ponérsela por la cara y el cabello.

Las dos gritaron en el mismo cuerpo. Emily gritó desesperada y aterrada, Shappy gritó de angustia y rabia.

Shappy cogió un cuchillo y el libro de nigromancia y los metió en un bolso de cuero. ¿Estaba loca por querer rescatar a Boomer? Emily diría que sí, que sería una insensatez y que moriría en el intento. No sabía lo que era morir de verdad, nunca había visto la muerte de cara. Shappy, sin embargo, era experta. En el Circo de los Horrores, era ella quien veía todos los horrores mientras Emily, cobarde, miraba hacia a otro lado. Los pellizcos y patadas de Maximalita se los llevó Shappy, Emily estaba escondida en alguna parte de todo el maquillaje de payaso que llevaba puesto. Las niñas de Teobaldo que morían de sed, de hambre o por las heridas que el depravado enano les hacía las enterró Shappy junto con Boomer. ¿Dónde estaba Emily Shawn entonces? ¿Dónde estaba cuando el telón se abría y salía al escenario a cantar la canción que levantaba a los muertos? Emily no tenía derecho a criticar a alguno Shappy. Ella nunca estuvo presente en el circo. No tenía derecho, ni tan siquiera, a amar a Boomer como Shappy le amaba.

Salió de casa y se desemperezó como si hubiera estado toda la tarde durmiendo. Miró al cielo, pronto se haría de noche. Shappy sonrió al cielo, cada vez, más negro y menos azul. Prefería la noche al día. En la oscuridad, los nuevos hechizos que había aprendido serían mucho más eficaces.  Si tenía que enfrentarse a la guardia del Hombre Muerto, necesitaba contar con todas sus fuerzas.
(Por favor, no lo hagas. Si le quisieras de verdad, le darías el libro al Hombre Muerto).

-Si tú le quisieras lucharías por él-  dijo Shappy mirando el reflejo de su rostro en un charco de agua de cloaca.

_____________________


* Thiel: Ha pasado mucho tiempo desde la misión del Circo de los Horrores. En este tema, seguiremos la historia de Shappy y Boomer. Tendremos ese reencuentro que las dos (creo que te puedo incluir) esperábamos desde hace mucho tiempo. Suena divertido, espero que lo sea y que disfrutes del mastereado <3
Estás en Baslodia. No me importa cómo has llegado, yo no voy a ser estricta en tu cronología; lo importante es que estás aquí. Está anocheciendo, pero no llega a ser todavía de noche. En la calle te encuentras una figura de peliazul que hace meses que no has visto: Shappy. Supongo que tendrás muchas preguntas que hacerle. ¿Pero, es el momento? Ella tiene un objetivo en mente y lo va a cumplir cueste lo que le cueste. Ahora mismo, tienes dos opciones. Seguir a Shappy desde las sombras y ver dónde se dirige o reunirte con ella como buenas amigas que sois.
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Re: El regreso de los payasos [Mastereado][Thiel]

Mensaje  Thiel el Jue Jun 29 2017, 20:35


-Muchas gracias por todo, señor Gran Pa. ¡Nos vemos mañana!

Thiel saludó con la mano al gran hombre que se encargaba de dar asilo a los huérfanos de Baslodia y le dedicó una última sonrisa antes de que se cerrase la puerta. Era un hombre bueno, generoso y hospitalario, y la jovencita se había encariñado mucho con él. Cada vez que podía, iba a la humilde ciudad fortaleza para visitar a Timoteo, el niño sordo, y a Gran Pa, quienes se habían convertido en lo más cercano a una familia que podía tener.

Sin embargo, aunque ahora Thiel podía decir que tenía varias personas por quienes sentía un profundo afecto, seguía sintiéndose sola. Y así de sola se sintió cuando dio la espalda a la puerta cerrada y observó con nostalgia la calle desierta frente a ella. Terca como era, se negaba a hospedarse en el orfanato para así no ocupar las sábanas ni comer la comida que era para los niños. Aunque Gran Pa insistiese, ella prefería subirse a algún árbol cercano a las murallas y observar las estrellas mientras divagaba respecto a su pasado, su presente y, si estaba de buen humor, su futuro.

Y a eso iba cuando una silueta a no más de cincuenta metros de distancia le llamó la atención. En Baslodia era sumamente extraño ver a alguien maquillado o, peor aún, con el cabello de colores llamativos. -¿Acaso...? -Aunque pensaba ir hacia el lado contrario, cuando se dio cuenta estaba caminando hacia ella- No, no lo creo -Los grandes ojos oliva estaban bien abiertos y clavados al frente, tan absorta estaba en la carrera que no pudo evitar tropezarse un par de veces- ¿¡Podría ser!? -Terminó diciendo en voz alta cuando estuvo a pocos metros de la joven. Ese cabello azul sólo podía pertenecer a una persona en todo Aerandir.

Hacía mucho tiempo que no pensaba en el Circo de los Horrores. Eran recuerdos que le humedecían los ojos y le dejaban un gesto triste por el resto del día. Pero, aunque no quisiera pensar en ello, era imposible olvidar el fuego, los gritos, la pequeña espalda de Hont azotada, el maquillaje de sangre y las lágrimas y gritos de Boomer cuando pensaron que Shimphony Shappire estaba muerta. Cuando la vio en el fogón de Freyr y Freya, pudo disipar una parte de la enorme pena que cargaba desde lo sucedido en el Circo. Sin embargo, el encuentro fue tan fugaz que no pudo preguntarle nada y aún tenía demasiados sentimientos sin resolver al respecto.

-¡Shappy! ¿¡Eres tú!? -Cuando por fin estuvo cerca, se adelantó y la observó con la boca abierta. ¡Era ella! Aunque estaba emocionada, de pronto no supo si sonreír o preocuparse- ¿Cómo estás? ¿Qué haces aquí? ¿Y Boomer? -Muchas preguntas juntas y demasiado entusiasmo contenido. Respiró profundo, controlándose para no echársele encima y apretarla en un gran abrazo- No creí... -Se llevó ambas manos al pecho, acongojada- ...¡No creí que nos encontraríamos de nuevo!
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Re: El regreso de los payasos [Mastereado][Thiel]

Mensaje  Sigel el Vie Jun 30 2017, 17:17

Tenía los ojos clavados hacia el final de la carretera. Más allá de las murallas de Baslodia, pasando el cementerio, estaba la mansión de la donde estaba la sombra que vio. Nadie se lo había dicho, no hubo hecho falta. Entre los conjuros que había aprendido del libro de nigromancia, había uno que le estaba resultando especialmente útil para seguir la pista de Boomer. El hechizo era sencillo, consistía en convocar un ojo fantasmal al lado de un ser querido y ver lo que el ojo veía. El ojo lo situó junto a Boomer. Vio el castillo en ruinas, dos torres casi destruidas que guardaban la entrada al castillo, un cementerio… y a él. El Hombre Muerto miró a la payasa a través del ojo que ella había convocado. Shappy pudo escuchar su risa y sentir los dedos del Hombre Muerto sobre su piel.

Deshizo el hechizo e hizo desaparecer el ojo antes que de que el Hombre Muerto le pudiera hacer daño. Tarde. Unas manos hechas de sombra rodearon el cuello de la payasa. La estaban asfixiando. En su mente tenía clavada la voz del Hombre Muerto.

"Podrías haber sido una buena alumna, tan buena como lo fue tú padre. Es grato que las niñas sigan el camino de sus padres. Sin embargo, elegiste mal y yo tengo un nuevo discípulo mucho mejor de lo que hubieras poder haber sido jamás".

Entonces lo comprendió. Las sombras que la estrangulaban no eran del Hombre Muerto sino de ese “nuevo discípulo”. Él es el que había secuestrado a Boomer. El Hombre Muerto nunca se ensuciaría las manos. Amenazaba, manipulaba y criaba a sus discípulos para que hicieran el trabajo sucio por él, pero nunca daba la cara. El Profanador, ese niño que había estado vinculando a los muertos con peluches de trapo, y el Maestro de Ceremonias fueron dos discípulos del Hombre Muerto. ¿Cuántas más habían desperdigados por Aerandir? ¿Cuántos más quedaban?

La voz de Thiel a la espalda de la payasa hizo desaparecer las sombras que la estrangulaban. Shappy tenía los nervios a flor de piel. Emily Shawn quería llorar; los ojos de la payasa estaban vidriosos, pero todavía podía resistir el llanto de niña hasta cierto momento. Todo terminó cuando Thiel pronunció el nombre de Boomer. El corazón de Shimphony Shappire se quebró como si fuera un cristal. Se dejó caer encima de Thiel y la abrazó con la misma fuerza con la que abrazaría al grandullón.

-También creí que nunca más volvería verte- Shappy, a diferencia de Emily, era independiente. No necesitaba que nadie cuidase de ella. Odiaba pedir ayudar tanto como odiaba dejarse ayudar por alguien. Sin embargo, ella era Thiel. La misma chica que le salvó del Circo de los Horrores. La había echado mucho de menos. Jamás había podido darle las gracias por haberla salvado (otra cosa que odiaba) y, ahora que la veía, tenía que tragarse su orgullo y contarle la verdad. No fue por rodeos:- Han secuestrado a Boomer. Le están haciendo daño- dejó de llorar y de abrazar a Thiel- Tengo que ir a salvarle- apretó las manos en dos puños- ¡Acompáñame por favor!-

_____________________


* Thiel: Lo estás viendo. Shappy lo está pasando francamente. Anímala, dile que le ayudarás a salvar a Boomer y haz que Shimphony Shappire vuelva a ser la arisca payasa que siempre fue. Los puñetazos son eficaces para hacer entrar en razón a alguien, eso dirían Dag y Eltrant.
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Re: El regreso de los payasos [Mastereado][Thiel]

Mensaje  Thiel el Vie Jun 30 2017, 18:49

La jovencita recibió el abrazo entre grititos de júbilo y lágrimas que, de su parte, eran de felicidad. Disfrutaba tanto los reencuentros como odiaba las despedidas, cosa curiosa tomando en cuenta que siempre era ella quien decidía marcharse del lugar en que había hecho buenas relaciones para recorrer el mundo en soledad. Quizás por eso se llevaba bien con Shimphony: porque ambas eran independientes hasta el extremo de dañarse a sí mismas.

La alegría del abrazo duró poco. Cuando se separó para ver los ojos de la joven payasa, el brillo de éstos la desconcertó. Entonces, como un chorro de agua fría, la inesperada noticia le hizo pegar un respingo y taparse la boca con ambas manos.
-¿A Boomer? -Repitió atontada, boqueando como un pez sin encontrar las palabras correctas que decir. No existía frase alguna para dar consuelo en esa situación... y no hizo falta ninguna. Shappy estaba pidiéndole ayuda, no consuelo. Más atónita aún, Thiel dio un paso atrás y bajó la mirada hasta escudriñar con el ceño fruncido algún punto indefinido entre sus pies.

Lo sucedido en el Circo de los Horrores no había sido fácil de asimilar. Durante largas semanas le costó conciliar el sueño y, cada vez que pensaba en ello, se le empañaban los ojos y se le aceleraba el pulso. Había sido la aventura (o desventura) más difícil de su corta vida... y la idea de pasar por algo similar hizo sonar todas las alarmas de su instinto en un clarísimo “¡Ni loca!”. Pero allí estaba la dulce Emily, o la compungida Shappy, mirándola fijamente con los ojos llorosos y las manos temblándole. Y también estaba Boomer, ¿cómo podría seguir viviendo en paz consigo misma si se daba la vuelta sin ayudar al pobre Boomer? Lo imaginó solo, tan inocente y aterrado, llorando y clamando por alguien que lo salvase. Porque el dulce Boomer era tan puro y genuino que él no dudaba en rogar por ayuda cuando la necesitaba.

Se pasó el antebrazo por el rostro para secar la incipiente humedad y tomó firmemente las manos de la payasa. Aunque sus ojos estaban igual de cristalinos, éstos brillaban con decisión.
-Te ayudaré. ¡No llores, Shappy, cada lágrima que cae es un poquito de energía desperdiciada! -Intentó darle ánimos, aunque bien sabía que cuando las cosas se ponían emotivas ella era la primera en llorar- Hemos logrado juntas cosas muy difíciles, ¿recuerdas? Aunque tenga que saltar desde el techo de un circo -rió- ¡cuenta conmigo!

La joven peliazul también se secó las lágrimas e inhaló profusamente. Thiel sonrió y, haciendo acopio de todo su tacto, le dijo con dulzura:
-He aprendido muchas cosas útiles en todo este tiempo, así que haré todo lo que pueda para serte de ayuda. ¿Sabes quién lo ha hecho? ¿Dónde está?
Shappy volvió a observar en dirección al cementerio y asintió. Aunque su tono de voz sonaba todavía alicaído, le respondió con firmeza: -Es por allá.

Thiel siguió la mirada impropia y asintió. Luego dejó caer la pequeña mano en el hombro ajeno, dándole un suave apretón.
-¡Pues te sigo!
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Re: El regreso de los payasos [Mastereado][Thiel]

Mensaje  Sigel el Vie Jun 30 2017, 21:40

Se sentía horrible por haber metido a Thiel en un asunto tan peligroso. ¿Sabía ella algo acerca del Hombre? Después de lo que pasó en el Circo de los Horrores, habría tomado medidas y, lo más probable, es que hubiera elegido a un “nuevo discípulo” mucho peor de lo que fue el Maestro de Ceremonias. Shappy conocía tan poco del Hombre Muerto como Thiel; sin embargo, gracias a leer el libro de nigromancia, podía intuir cómo pensaba. En muchos capítulos del libro decía que el primer paso para cualquier invasión era formar un ejército. ¿Y no era en eso lo que se dedicaba el Circo de los Horrores? Shimphony Shappire creía que el Hombre Muerto seguía el mismo modo operandi que siguió tiempo atrás. Enseñar a un discípulo, invocar un ejército y acorralar a sus enemigos con trampas y mentiras. Thiel y ella caminaban directas hacia la trampa.

-Lo siento,- dijo con la cabeza baja- esto era un trabajo para hacerlo yo sola; no quería que nadie me siguiera. Pero, aquí estás. Has aparecido de la nada como hiciste la otra vez y, simplemente, no te puedo decir que no vengas. Todo lo contrario. Por alguna razón, siento que te necesito.- dejo unos segundos de silencio y respondió las preguntas de Thiel que había dejado en el aire- No sé qué están haciendo con Boomer. Lo vi encerrado en una torre cerca del castillo abandonado del cementerio. No sé nada más-.

Shappy se subió el cuello de la blusa para que Thiel no viera las marcas que la sombra le había hecho en el cuello. ¿Le seguiría si supiera lo poderoso que era el rival? ¿Iría con ella a pesar de estar cayendo en una trampa? La payasa se relamió los labios para mojarlos con saliva y habló de nuevo con una voz ligeramente más fría.

-Hay algo que te tengo que contar. Se trata del hombre que se ha llevado a Boomer- hubo unos segundos de silencio en los que Shappy se preguntó cómo podía explicarle a Thiel quién era Hombre Muerto y que lo pudiera entender- Es el mismo que convirtió a mi padre en el Maestro de Ceremonias y en el hogar y la Alegría de Emily en un Horror- otro tiempo de meditación- o, quizás, sea su nuevo discípulo. Me ha amenazado. Me dijo que como yo no era una buena alumna, se había buscado a otro. Sí, creo que es el nuevo. El Hombre Muerto, el creador del Horror, nunca se deja ver la cara. Sabe que quiero matarle así que estará escondido descojonándose de mí-.

Shappy se dio cuenta de que hacía mucho que no hablaba con tal confianza con nadie, ni siquiera con ella misma. Thiel era la única persona en toda Aerandir, sin contar a Boomer, con la que sentía que podía hablar de absolutamente todo. Tenía confianza plena con ella. Sabía, o creía saber, que Thiel jamás la juzgaría por sus pasados, presentes y futuros crímenes. Parecía no importarle los muchos niños que habían muerto por su culpa ni las veces que levantó a los muertos con su canción. Sonreía. Fuera lo que fuera lo que le estuviera contando, Thiel siempre mostraba su agradable sonrisa de ángel. A Shappy le gustaba aquella sonrisa.

-Hay algo que quiero enseñarte.- sacó el libro de nigromancia del bolso- Lo robé de las cenizas Circo. El Hombre Muerto quiere recuperarlo, pero será por encima de mi cadáver.- entonces dijo lo que a ningún otra persona más le podría decir- Estoy aprendiendo los hechizos del Hombre Muerto, los usaré para matar a él y a todos sus discípulos que me ponga por delante-.

_____________________

El primer paso para cualquier invasión era formar un ejército. ¿Y no era en eso lo que se dedicaba el Circo de los Horrores?

_____________________

Mamá decía que no podía salir a la calle de noche a jugar porque, cuando el Sol se va a dormir a su casa del cielo, los malos salen de su casa a hacer daño a la gente. Cada vez que mamá repetía la lección, daba un pequeño chasquido en la regordeta nariz de su hija. Gilda, la pequeña de cuatro años, reía y abrazaba a su madre justo después que le golpease la nariz. ¡Era muy divertido!

Si mamá pudiera hablar diría que es de noche y que no podía jugar en la calle. Le golpearía la naricita e irían las dos juntas de vuelta a casa. Pero mamá no podía hablar, estaba durmiendo en la acera.

Gilda se acostó entre los pechos de mamá. Se llevó el dedo gordo en la boca y fingió estar durmiendo. El suelo estaba frío y la acera de la calle era incómoda para dormir. A Gilda no le importó y se durmió.

¿Y los malos? Ellos habían salido de sus casas a hacer daño mucho antes de que se hiciera de noche. Ellos fueron los que hicieron que mamá se fuera a dormir. Le golpearon en la cara y luego le hicieron daño en el cuello. Salió mucha sangre. Gilda se escondió asustada al ver tanta sangre. Cuando los malos terminaron, cogieron el cuerpo de mamá, la desvistieron y la tiraron a la calle junto a otros papás y mamás que también estaban durmiendo.

Mamá empezó a despertase. Gilda notó como se movía muy lentamente.

-¿Volvemos a casa mamá?- no hubo respuesta- ¡Mamá!-

El brazo de la mujer rodeó a la pequeña. No la abrazaba, la sujetaba para que no escapase. Abrió la boca; casi se le cayó la cabeza del lugar por el corte que le había hecho el malo. La vio que en la frente de su madre creía un tercer ojo mucho más abierto, grande y brillante que los otros dos. Gilda gritó con todas sus fuerzas. Los otros papás y mamás que dormían habían despertado; todos tenían caras de malos y el mismo tercer ojo que mamá.  

Guilda:

_____________________


* Thiel: Shappy confía plenamente en ti y te ha contado su mayor secreto. ¿Qué pensará Thiel ahora que conoce contra quién se enfrenta y que Shappy ha estado aprendiendo hechizos prohibidos?
Por otra parte, caéis en la primera trampa que el nuevo discípulo del Hombre Muerto os tiene preparada. Delante vuestro, un grupo de cadáveres desnudos (zombies) que habían tirado en la calle, se levantan y se dirige hacia vosotros. Tuya es la opción de huir, esconderte o luchar. Ten en cuenta que uno de los zombies lleva una niña en brazos. ¿Dejarás que la pequeña muera?
No es necesario lanzar la Voluntad de los Dioses. Los zombies son débiles.
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Re: El regreso de los payasos [Mastereado][Thiel]

Mensaje  Thiel el Miér Jul 05 2017, 00:16

El sonido de los guijarros crujiendo bajo sus pies era la única compañía del par hasta que la voz de Shimphony rompió el silencio. Los grandes ojos oliva de la loba la observaron de reojo con expectación justo cuando se subía el cuello de la blusa. Thiel ya había visto las marcas en un principio; era una buena observadora. Lejos de amedrentarse, sólo había sentido más enojo hacia quien quiera que le había hecho tal cosa a su querida amiga. Demasiado difícil había sido liberar a Emily de las torturas del circo como para tolerar que alguien siguiera molestándola. Había imaginado que la próxima vez que se vieran se daría en felices circunstancias, y ver que la realidad distaba de aquello sólo acentuaba su determinación para terminar con el embrollo de una vez.

-Si necesita ocultarse y mandar a otros a hacer el trabajo sucio, entonces ese tal Hombre Muerto no debe ser muy fuerte. Suena más bien como un cobarde. -Murmuró con cierta irritación escondida en el tono aterciopelado de su voz. ¿Por qué, si no, evitaría tanto mostrar la cara? Quizás sólo era un hombre con gran capacidad de convencimiento que lograba captar la atención de los pobres crédulos sedientos de poder. Suspiró. Si bien es malo subestimar a los enemigos, también lo es imaginarlos más terribles de lo que realmente son.

Poco después Shappy sacó un libro de su bolso y se lo extendió. La jovencita lo tomó entre sus pequeñas manos y lo examinó superficialmente; por delante, por detrás y lo abrió a la mitad. Como no entendía en lo más mínimo qué ponía dentro, no tardó en cerrarlo y devolverlo a su amiga. Sin embargo, aunque no entendiese qué decía, podía comprender la connotación de ese tipo de magia.

-Así que has estado estudiando todo este tiempo. -Comentó con naturalidad, como restándole importancia al asunto. Thiel no era más que una jovencita salvaje e ignorante. Tan ignorante que no sentía rechazo por las razas “peligrosas”; vampiros, brujos, dragones, humanos, nigromantes, todos eran iguales para ella. Ni todos eran buenos y generosos, ni todos eran malos y rastreros. No sabía de magia, no sabía de hechizos buenos ni de hechizos malos, sólo sabía que todo lo que pudiese usarse para una buena causa era bienvenido. ¿Por qué habría de importarle si las armas de Shappy salían de un libro oscuro y maldito? Sus propias armas, sus garras y colmillos, no provenían de ningún oscuro conjuro y podían causar el mismo daño- Yo también me he esforzado por mejorar. -Añadió, sonriente. Quizás los meses que habían pasado en medio de ambas aventuras contribuirían a que ésta fuese menos penosa. Quizás, pensó esperanzada, esta vez no tendrían que sufrir tanto para vencer.

O quizás estaba siendo demasiado optimista.

Se había perdido tanto en sus pensamientos que, para cuando notó el pestilente olor a podredumbre llegando a su nariz, ya era demasiado tarde. No muy lejos, frente a ellas, se acercaba una... ¿espantosa? ¿desagradable? ¿vomitiva? multitud de lo que hacía no mucho tiempo habían sido personas. Thiel paró en seco y alzó una mano frente a Shappy para detenerla, instándola a que se escondiese detrás de la pared de una humilde casa de adobe.
-Esto es cosa del Hombre Muerto, ¿verdad? -Le preguntó a su amiga en voz baja mientras tomaba lugar junto a ella. -Sí... era una trampa. -Ya lo veo. -Ambas suspiraron al mismo tiempo. Si tenían suerte y esas “personas” resultaban no ser muy avispadas, quizás el escondite sería suficientemente bueno para evitarlos.

Las roncas voces y amargos olores estaban cada vez más cerca; a juzgar por la forma en que crujía la tierra, eran más pares de pies de los que se veían a simple vista. Thiel asomó la cabeza para constatar la situación; las criaturas estaban a menos de diez metros de distancia, todas mirando al frente, con las bocas entreabiertas y los ojos en blanco. A algunos incluso se les había caído hacia atrás la cabeza, terminando por partírsele el tajo del cuello. La joven loba tuvo que contener las arcadas llevándose una mano a la boca. Entonces, por primera vez, notó que algo no encajaba en el dantesco paisaje: Una niña viva se debatía entre sollozos, intentando liberarse del agarre de la muerta que la apresaba.

-¿Qué dem...? -¿Qué? ¿Qué pasa? -Una niña. Ahí. -Thiel se apartó para permitir que Shappy se asomase. Ambas observaron la escena con consternación. Aunque el plan era permanecer en el escondite hasta que la oleada pasara, ambas sabían que Thiel no podría quedarse de brazos cruzados. -No son muy rápidos. -Susurró mientras se quitaba la ropa bajo la atónita mirada de su compañera. Una vez desnuda, actuando con determinación pese al arrebol de sus mejillas, le tendió a la payasa su ropa y el resto de las pertenencias que solía llevar consigo- Rodéalos y sigue hacia el cementerio, ¿vale? Yo me ocupo de la niña y te alcanzo.

Aunque la peliazul no parecía muy convencida al respecto, ambas asintieron con la cabeza en mutuo acuerdo antes de separarse. Durante todos esos meses, Thiel se obligó a aceptar su faceta salvaje y aprender a sacar provecho de ésta. En el circo no sólo había temido a los payasos: también se temía a ella misma. Pero ahora las cosas serían distintas. Ahora no podía permitirse ser así de egoísta y temerosa.

La transformación fue breve. De un momento a otro, en vez de la flacucha y pálida muchachita, era una bestia blanca la que observaba a los muertos desde el amparo de una pared. La aceptación del salvajismo, del dolor de la mutación y de los impulsos instintivos que le calentaban la sangre en esa faceta, le permitía mantener la consciencia más que antes. No tanto como cuando estaba sobre sus dos pies, pero lo suficiente para ser un poco más calculadora. Observó y esperó el momento adecuado para salir del escondite, justo cuando la primer línea de muertos estaba a medio metro de distancia.

La carne blanda cedía bajo sus garras sin dificultad. Apartar a esos seres era como empujar a un montón de muñecos de trapo que gemían y manoteaban el aire débilmente. Aún así, sólo tocaba a los que se le venían encima; no tenía intenciones de dañarlos a todos. Lo más difícil fue intentar liberar a la niña del férreo agarre de su madre; no era tarea fácil intentar agarrarla sin lastimarla con sus garras, y más siendo que la pequeña gritaba y se retorcía en el proceso. Tuvo que destrozar los brazos de la madre a zarpazos para arrancarle a la niña. Para más inri, los otros muertos aprovecharon el momento para echársele encima, colgándose de sus hombros, su espalda y su cuello.

Apretó a la infante contra su pecho y se liberó de los lastres a patadas y codazos. Con un gran salto, se apartó de la multitud y comenzó a trotar por delante de ellos, a la dirección contraria del cementerio. Los gritos de la niña y su gran presencia ayudaron a llamar la atención de los no vivos hacia aquel lado. Cuando decidió que los hubo alejado lo suficiente, giró una esquina para perderlos y recorrió, por una callejuela paralela, la distancia que se había alejado. Giró nuevamente para regresar al punto de inicio y, más adelante, se encontró con Shappy.

Los muertos vivientes continuaron su recorrido sin mirar atrás, alejándose de ellas. Thiel constató con tranquilidad que no parecían tener interés en las casas que los rodeaban; si todo iba bien, sólo estarían deambulando sin rumbo por las calles desiertas. La razón por la cual no los había matado, era que tenía la esperanza de invertir el hechizo en algún momento y volverlos a la normalidad. Dejó a la niña en el suelo, junto a la payasa, y transmutó a su forma humana. La cría no dejaba de mirarla con los ojos desorbitados, sollozando y limpiándose los mocos y las lágrimas con ambas manitas. Thiel tomó su ropa de manos de Shappy y se vistió con premura, sin quitar los ojos de la pequeña humana. ¿Y ahora qué se suponía que hicieran con ella?
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Re: El regreso de los payasos [Mastereado][Thiel]

Mensaje  Sigel el Sáb Jul 08 2017, 12:10

Se equivocó, la trampa que el discípulo del hombre muerto les había preparado no era el pequeño grupo de muertos vivientes que esperaba al final de la calle; era la niña viva que estaba atrapada por uno de esos muertos. Cuando Thiel la trajo al provisional escondite que las chicas habían encontrado, Shappy se quedó mirando a la mocosa. Intentaba apartar los ojos de encima suya, incluso, en ocasiones, puso su mano en horizontal delante de su cara para tapar a la niña que seguía llorando en el suelo y solo fijarse en Thiel. No servía de nada. Al poco tiempo, la mano bajaba y la payasa miraba a la chiquilla. Ella era la viva imagen de todos los pecados que había cometido en el circo. ¿Cuántas niñas como esa había secuestrado para llevárselas al depravado Teobaldo? ¿Cuántas veces había maldecido con las risas a los padres de un crío para luego secuestrarlo y llevarlo junto con sus amigos? En aquellos días, Shimphony Shappire adormecía sus remordimientos al prometer a sus víctimas que eran sus amigas. Las promesas se cumplieron y, al final, el Maestro de Ceremonias murió y el Circo de los Horrores se convirtió en cenizas. Sin embargo, aquello no devolvería a la vida a todos los niños que murieron por culpa de Shappy. Sintió náuseas y se odió a sí misma tanto como la odiaba Emily Shawn.

Shappy apartó la cabeza de la niña sin dejar de verla. Estaba cayendo en la trampa del discípulo del Hombre Muerto. Estaba jugando con su mente igual como el Maestro de Ceremonias manipuló a todos los payasos del Circo de la Alegría. Se puso las dos manos en la sien, negó con la cabeza repetidas veces y dio un patada a la pared con tal de descargar toda la ira que sentía. Pensó en matar a la niña. Ella era un lastre para su misión de salvar a Boomer. Sería difícil escapar de los muertos con una cría en brazos, además de que le estaba atormentando los recuerdos. ¿Thiel lo entendería?

-Emily…,- movió otra vez la cabeza la cabeza en sentido negativo- en realidad fui yo sin maquillaje, te vi hace unos días visitar un orfanato. Los niños te tienen mucho cariño.- Se agacho con dificultad hacia la pequeña y levantó, con un dedo, la barbilla de la niña para verla de cara.- No puedo evitar pensar lo que estoy pensando, lo sabes, ¿verdad? Me críe entre payasos y horrores…- no terminó la frase. - Podemos llevarla al orfanato, pero los muertos de allí fuera nos seguirían y pondríamos en peligro a los demás niños. Podemos llevarla con nosotras y nos molestará en nuestro camino. Si tengo que elegir entre Boomer y una niña que no conozco, elegiré a Boomer.- con la mano que tenía libre acarició el cabello de la niña- Cariño, tienes suerte que la loba esté conmigo- sino le habría matado sin pestañear.

-¿Mamá?- preguntó la chiquilla con voz suave.

La payasa se mordió la buena. No podía decirle que su madre estaba muerta.

-¿Cómo te llamas, cariño?-.

-Me llamo Gilda- se limpió la cara con un brazo- ¿dónde está mamá?-

-Luego iremos con ella, ahora te tendrás que quedar un ratito con nosotras-.

-Tengo que ir con Mamá, me tiene que curar- la niña se levantó la manga de la camisa dejando ver una horrible pústula de sangre en su antebrazo- papá me pegó el bicho-.

La pústula parpadeó, parecía un ojo que se abría y cerraba. Era imposible. Shappy creyó que no había visto nada igual. ¿O tal vez sí? Se asomó fuera del escondite y vio la misma especie de pústula/ojo sobre la frente de los de muertos. Tenía, razón, la niña era la trampa.

El ojo se abrió y se movió del antebrazo de la chiquilla a la nuca. La payasa se apartó de un sobresalto. La niña se acercó gateando donde estaba Thiel. El llanto de la cría se había convertido en una leve sonrisa que iba creciendo por momentos. ¿Otra trampa?

Shappy estuvo rápida y, antes de que de la niña llegase donde estaba Thiel, invocó una jaula de huesos que emergió del propio suelo y atrapó a la chiquilla. El ojo se cerró y volvió a su posición original en el antebrazo de la niña.

-¡Quiero ir con mi mamá!- lloraba desconsoladamente. Volvió a ser ella misma.

-Esto es cada vez más parecido al Circo- dijo Shappy- Está atrapada como estuvo con Hont y las otras bestias- volvía a tener las manos en la sien, sentía que la cabeza le iba a explotar del dolor (era porque Emily que estaba llorando) -  ¿Has visto lo que ha hecho? ¿Qué hacemos con ella?-

_____________________


* Thiel: Lo que fuera que ha maldecido a los muertos, lo hizo también con a Gilda. Shappy ha estado rápida y la ha atrapado antes de que pudiera atacarte. ¿Qué debemos hacer con la niña? Es la pregunta clave. Shappy te ha dicho algunas opciones, tal vez a ti se te ocurra alguna nueva. La decisión final es toda tuya. Lo que elijas, dependerá sobre el trascurso del tema.
¡La historia se complica!
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Re: El regreso de los payasos [Mastereado][Thiel]

Mensaje  Thiel el Mar Jul 11 2017, 02:19

Terminó de vestirse con el jirón de tela que le servía como vestido y acomodó el cordel que hacía las veces de cinturón, del cual colgaba su daga, un bolsito y otro par de fruslerías. Fingiendo estar concentrada en su tarea, observó de reojo las reacciones de la payasa ante la presencia de la pequeña niña. Thiel sentía un profundo afecto por su amiga pero, aunque no la juzgaba, los peligros de estar con ella no se le pasaban por alto.  

Sintió cierta decepción al oír que la payasa ya sabía de su presencia en Baslodia días antes, cuando la vio visitar el orfanato de Gran Pa. Sin embargo, aunque torció el gesto, no dijo nada al respecto; no era el momento adecuado para reprocharle nada a la pobre y perturbada Shimphony. Escuchó mansamente, intercalando su mirada entre la peliazul y la niña llamada Gilda. El terso entrecejo de la loba se arrugó al ver la desagradable herida que ésta última tenía en su pequeño brazo. Luego todo pasó muy rápido. La niña pareció entrar en un extraño trance y, cuando se lanzó a atacarla, Shappy la detuvo antes de que Thiel, absorta en su sorpresa, pudiera hacer nada.

Ahora dentro de la jaula, Gilda las miraba a ambas con ojos llorosos y se llevaba las manitas al rostro para secarse las lágrimas, que le hacían caminos húmedos entre la sucia piel. La loba, tras tomarse unos segundos para pensar, dejó caer una mano sobre la cabeza de Shappy, advirtiendo su acongoje, y dijo con una profunda serenidad que se forzó a tener para contrarrestar el nerviosismo de su amiga:

-No podemos poner en peligro al orfanato. Y tampoco podemos ponerla en peligro a ella llevándola con nosotras. -Se cruzó de brazos y tocó con la punta del pie los huesos que conformaban la jaula- Supongo que no tendrás dentro de ese libro algún conjuro para curarla, ¿verdad? -Masculló. Shimphony apretó contra su pecho el grueso libro oscuro- No lo sé. Quizás. Pero, aunque lo hubiera, tendría que estudiarlo por un buen rato y no tenemos tiempo. -La joven de ojos oliva asintió. Entendía que rescatar a Boomer era la prioridad, por más inhumano que sonase decidir postergar el socorro de aquella infante.

Suspiró copiosamente y volvió a pensar, con la mirada clavada en la niña, quien no hacía más que sollozar. Parecía ser una criatura tranquila, acostumbrada y resignada a la dureza de la vida pobre. Luego de un momento, se acuclilló frente a la jaula y decidió:
-La llevaremos a su casa. -Gilda quitó el pulgar de su boca al oír esto, Shappy exhaló un gruñido de hastío- ¿Mamá? -Tendrás que esperar allí a mamá. O a nosotras. Quien llegue primero. -Thiel le dedicó una cálida sonrisa a la infante- ¿Sería Gilda una buena niña y esperaría en casa? -Gilda... Gilda buena. -La pequeña asintió sin mucha convicción. Dicho esto, la joven loba se puso de pie- Entonces guíanos a tu hogar.

Le pidió a Shappy que deshiciera la jaula y emprendieron el camino hacia la casa de la niña, que iba adelante marcando el camino con pasitos cortos y zigzagueantes. Ninguna de las dos jóvenes le quitaba los ojos de encima, pendientes de lo que pudiera hacer, y al mismo tiempo observaban con cautela el entorno para no toparse con más trampas. Por suerte, la casa de Gilda era una modestísima construcción de adobe a pocas manzanas de distancia en dirección al cementerio, por lo cual no debieron desviarse mucho del camino.

Acompañaron dentro a la infante, que caminó hacia el viejo catre que descansaba en un oscuro rincón de la casucha. El suelo era de tierra y la ventana era un simple hueco desnudo en la pared. Thiel se preguntó si, aún teniendo padres, esa niña no habría estado en mejores condiciones viviendo en el orfanato de Gran Pa.

-Ya sabes, pequeña. Serás buena y obediente, ¿verdad? Tienes que quedarte aquí hasta que volvamos por ti, ¿vale? -La niña asintió, cada vez menos convencida. Las lágrimas volvían a desteñir sus mugrientas mejillas y la loba debió hacer un gran esfuerzo para marcharse e irse. Sus ojos también se habían humedecido más de la cuenta. La mayoría de la gente de Baslodia era muy humilde, y ésta ya era la segunda vez que Thiel atestiguaba los males que acechaban al pueblo. Entendía que la niña fuera tan tranquila, tan serena pese a su corta edad. ¿Habría estado también en las largas filas de críos raptados por el flautista? ¿La madre muerta cuyos brazos cercenó para arrancarle a su hija no habría sido una de las tantas mujeres de la plaza a las que le dio una flor aquella vez? Era probable. Tan horriblemente probable que se esforzó por apretar los párpados y borrar de su mente las caras de todos los muertos que acababa de ver.

Cuando volvieron a salir, le dijo a su amiga:

-Sería bueno que cerráramos bien la puerta y la ventana.

Shappy asintió y, como con la jaula, invocó macizas hileras de huesos que enrejaban las salidas de la casucha. Así, por lo menos, la niña no sería herida... ni heriría a nadie.
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Re: El regreso de los payasos [Mastereado][Thiel]

Mensaje  Sigel el Miér Jul 12 2017, 11:47

-Salgamos por aquí- dijo Shappy señalando el techo de la habitación de la niña- no quiero que tengas que enfrentarte otra vez con los tipos de allá bajo. Es mejor que vayamos saltando por los tejados de los edificios. ¿No te parece?-

Terminó la frase con una sonrisa cínica. Dejar a Gilda abandonada en su propia casa no era la mejor de las ideas, cualquier padre malhumorado protestaría al saber que un par chicas habían dejado a una niña de dos años encerrada en su propia habitación. Sin embargo, aquello era mucho que sacrificarla como había propuesto en silencio Shimphony Shappire; por no hablar de la idea de llevarla al cementerio encerrada en una jaula de huesos como si fuera un perro.  

“Cariño, tienes suerte de que la loba esté conmigo”. Repitió para sus adentros la payasa mirando hacia la puerta cerrada de la habitación de Gilda, acto seguido agregó: “Las dos tenemos suerte de que Thiel cuide de nosotras”. Si hubieran llevado a la pequeña con ellas, Shappy se habría sentido traumada, casi violada por los remordimientos de haber matado a tantos niños en sus días como payasa del Circo de los Horrores. Cierto, esas muertos no fueron culpa de ella, sino del Maestro de Ceremonias e, indirectamente, del Hombre Muerto.  Pero, la mano que guiaba a los niños a la muerte y la voz que invocaba a los muertos era la de Shimphony Shappire. Sentía que el Hombre Muerto había estado jugando con ella. Para él, no fue más que un peón al que poder sacrificar cuando las cosas se ponían feas. ¡Sorpresa! Éste peón se convirtió en reina y a su lado tenía a nueva pieza del tablero llamada La Loba que era incluso más valiosa que el propio rey. “Si conseguimos rescatar a Boomer, será gracias a Thiel”.

Las chicas llegaron al tejado del edificio. Abajo se podía ver a un grupo de personas, todas con el ojo de sangre en la frente, caminando sin tener ningún rumbo fijo.  Era una muy desagradable.

Shappy  sacó del bolsillo de su chaleco plateado una coleta con la que se ató el cabello para que no le molestase a saltar. Los edificios en Baslodia no eran como en las otras ciudades humanas. Las casas eran altas y estaban casi pegadas las unas a las otras de forma que hacían callejones muy estrechos que atravesaban las amplias avenidas de la ciudad. No sería difícil saltar por los tejados;  tampoco era fácil.

Tomó aire, sujetó las cuerdas de su mochila, se concentró y clavó la vista al edificio que tenía enfrente. Saltó sin vacilar. Una vez sus pies tocaron las tejas, estuvo a punto a resbalar pero supo mantener el equilibrio.

-¡Vamos!- hizo una señal con la mano a Thiel -¡Te echo una carrera!- lejos de Gilda y de los ojos de sangre, la payasa se podía permitirse el lujo que era bromear.

El cementerio no estaba lejos. Después de saltar siete edificios más se encontrarían con la muralla que rodeaba la ciudad, una vez allí, las chicas tendrían que idear un plan para pasar por allí sin que los guardias les vieran. Después de algunos incidentes, por llamarlo de alguna manera, los guardias decretaron el toque de queda en Baslodia. Nadie sabía nada y la información que daban los guardias era escasa:

-No pueden salir de sus casas después de que se haya puesto el sol. Es por vuestro bien-.

“¿Entonces, qué pasa con todos los malditos de tres ojos?” le costó comprenderlo, pero, finalmente, lo vio claro. Seguramente, los guardias tendrían el mismo tercer ojo de sangre que el resto de habitantes de Baslodia.

-¿Cuánto tiempo lleva planeando esto?- Shappy se sorprendió al haber hecho la pregunta en voz alta. Miró a Thiel directamente a los ojos; no quería haberla metido en peligro, pero agradecía profundamente que estuviera a su lado. - Me acabo de dar cuenta de algo que no te va a gustar.- se sentó entre las tejas del edificio donde quedaron (faltaban dos casas más para llegar a la muralla) - El Hombre Muerto, o su discípulo, no lo sé- se llevó las manos en la cabeza como si estuviera intentando calmar un dolor profundo - nos la ha vuelto a jugar. Allá delante está la muralla de la ciudad. Desde hace algunos días, los guardias cierran las puertas para que nadie pueda entrar ni salir durante la noche. Adivina qué creo que tienen los guardias detrás de la nuca… No podemos pasar por allí sin que nos vean. – dejó unos segundos de silencio y volvió a hablar - Emily, con su cara inocente de no haber roto un plato en su vida podría pasar inadvertida, al menos hasta que se tope con la puerta cerrada en sus narices.- dio un golpecito a su coleta de color azul – Los guardias sospecharían de mí mucho antes de toparme de bruces con la puerta de hierro. ¿Se te ocurre otra gran idea como la de encerrar a Gilda en su habitación o voy sacando el libro de hechizos?-

_____________________

A medio quilómetro de donde estaban Thiel y Shappy; una sombra se reía mientras observaba, con los dos ojos normales cerrados y el ojo sangre abierto,  qué hacían las muchachas. La nueva, la loba, podía llegar de ser muy peligrosa. Su cabeza estaba llena de brillantes ideas. ¿Cómo había podido escapar de la trampa de la chiquilla? La sombra río a carcajadas sin abrir la boca. El sonido que producía era como el de una centena de grillos chirriando al mismo tiempo. No importaba. Que escape. Que huya. Que piense con su brillante cabecita y que llegue al castillo donde la sombra la esperaba. Shimphony Shappire tenía que llegar. El libro. El tercer ojo de sangre miraba el libro que la payasa robó. Podría haber aceptado servir al Hombre Muerto.  Se lo propuso y ella lo rechazó. ¡Adelante! La sombra la estaba esperando. Tenía que llegar. Tarde o temprano, las chicas pasarían la trampa que les esperaba en la muralla y luego la del cementerio. Llegarían al castillo y allí, sucumbirían al poder del nigromante.

_____________________

* Thiel: Shappy ya te ha felicitado, pero ahora me toca a mí. La forma en la que has solucionado la primera complejidad ha sido extraordinaria. Me pregunto qué es lo que harás ahora. Tu objetivo es buscar una forma en la que tanto Shappy como tú podréis pasar por la muralla sin llamar la atención. ¿Disfraces de guardia, hechizos de sombra o tus ideas originales?
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Re: El regreso de los payasos [Mastereado][Thiel]

Mensaje  Thiel el Miér Jul 12 2017, 23:02

Tuvo que hacer un enorme esfuerzo para marcharse antes de arrepentirse de dejar a la niña prácticamente a su suerte. Se prometió que volvería por ella y la llevaría a vivir bajo el cuidado de Gran Pa, y con ese triste juramento juntó fuerzas para seguir a Shimphony Shappire. Al fin y al cabo otro “niño”, un niño inocente y amable metido en el cuerpo de un grandullón con la cara pintada, necesitaba urgentemente la ayuda de las muchachas y cada segundo de indecisión era, probablemente, otra gruesa lágrima rodando por las mejillas del buen Boomer.

Trepar hasta el tejado de la casa no le resultó difícil. Lo complicado era controlar los latidos de su corazón que se desbocaba ante la idea de caer. De haberle gustado las alturas, hubiese nacido siendo pájaro. Pero era una loba cuya zona de confort era la tierra firme, con sus rocas y sus árboles bien arraigados a ella. Respiró profundo y tragó saliva, apenas esbozando una mueca nerviosa ante la broma de Shappy. La payasa escondía su nerviosismo, su angustia y su desesperación tanto detrás de su espeso maquillaje como de su humor. A Thiel le sudaban las manos y su incomodidad se dejaba entrever entre una sonrisa torcida y tensa. -Has saltado desde el techo de un circo... -Se dijo, aunque el recuerdo no hizo más que aumentar su vértigo durante un instante- Puedes hacerlo. Por Boomer. -Saber que la vida del gigantón dependía en gran medida de ellas dos le dio fuerzas. Tomó impulso y saltó; sus pies descalzos contribuyeron a que pudiera adherirse bien al tejado sin resbalar. No era tan difícil (o eso se dijo una y mil veces) y, salto tras salto, poco a poco fue perdiendo los nervios.

Pocas casas antes de llegar a la muralla, su compañera se detuvo a analizar la situación. La ojiverde, por su parte, no pudo hacer más que observar la cercana muralla con incertidumbre. Mientras Shappy hablaba, Thiel sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. Por escasos segundos se sintió observada; un terrible presentimiento le heló los huesos y le tensó todos los músculos. Sin embargo ya habían llegado hasta allí y no cabía la posibilidad de darse la vuelta. Era natural que todo le diese mala espina, pensó, si estaban yendo directamente a enfrentarse contra el terrible creador del Circo de los Horrores.

Por enésima vez esa noche, Thiel respiró tan profundo que sintió que los pulmones le iban a estallar. “¿...voy sacando el libro de hechizos?” acababa de decir Shappy, a lo cual la loba negó enérgicamente con la cabeza. Aunque esa magia en sí no le parecía reprochable y podía ser muy conveniente llegado el caso, tampoco cometería la tontería de pensar que era inofensiva. Aquellos guardias, si estaban bajo la influencia del enemigo, no sabían lo que hacían. Eran muchachos con sus vidas, con sus familias, entregados a la labor de proteger a su ciudad. No merecían convertirse en víctimas. -Quizás haya una manera más fácil... -Murmuró. No podían recurrir a la violencia siempre que quisieran deshacerse de un obstáculo. ¿Y si eso era parte del plan del Hombre Muerto? A cada paso que daban, Shimphony tendría más y más muertes sobre sus hombros, algo que Emily tarde o temprano ya no podría aguantar. Thiel se entregó a la tarea de evitar, en la medida de lo posible, que su amiga se acostumbrase a quitar de en medio a los inocentes bajo cualquier costo, como si las vidas de los demás no valiesen tanto como las suyas.

Tras un momento con la mirada clavada en la muralla, chasqueó la lengua y, por fin, dijo:
-Tengan el ojo o no, no dejan de ser guardias. Tendrán que acudir al peligro si pasa algo cerca de la puerta, ¿no? -Se cruzó de brazos. Desde donde estaban, no se veía a más de cinco hombres custodiando el portón; uno de ellos permanecía junto a la gran palanca que activaba el sistema de poleas para abrir o cerrar la entrada- Quizás pueda darles una buena razón para descuidar su labor.

A Thiel no le agradaba mucho la idea de volver a adoptar su forma salvaje tras tan poco tiempo. Resultaba agotador y, con cada vez, tardaba más en reponer sus fuerzas. Pero teniendo esa opción se sentía obligada a usarla. Nobleza obliga, ¿no? -Si el dolor de mis huesos va a ayudarnos a todos... que así sea. -Susurró para sí misma mientras volvía a desvestirse. Al tenderle nuevamente sus pertenencias a Shappy, habló en voz más alta- Si funciona y se distraen todos, podrás acceder a la palanca que abre la puerta. No me esperes para salir corriendo. Soy rápida, así que te alcanzaré pronto. -Le sonrió con esa sonrisa que decía “te prometo que todo estará bien... aunque ni yo misma esté segura de esto” y acto seguido se deslizó por el tejado hasta caer a la calle. Tal como antes, la transformación fue rápida y el dolor, aunque más acentuado, soportable.

No fue directo hacia donde los uniformados hacían guardia. En vez de eso, trotó hasta la muralla por las callejuelas secundarias en el amparo de la penumbra. Estaba a dos casas de la puerta, esta vez pegada al gran muro, con la intención de que los hombres tuviesen que ir hasta allí y dejar su sitio sin vigilancia. Se atrincheró tras un montón de cajas apiladas, repletas de basura, desperdicios y tablones que descansaban contra la pared, y con su enormes zarpas se dio a la tarea de tirar todo por doquier creando una baraúnda que se oiría a un kilómetro de distancia. Entonces, para dejar claro que el espectáculo no estaba siendo causado por un gato callejero (o un tigre, tomando en cuenta la gravedad del barullo) exhaló un aullido largo y apabullante que retumbó en el tétrico silencio de la maltratada Baslodia.

Sus babeantes fauces exhalaban gruñidos ásperos mientras, poco a poco, se acercaba al encuentro con los guardias. “Vengan... Vengan a mí si saben lo que les conviene...”
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Re: El regreso de los payasos [Mastereado][Thiel]

Mensaje  Sigel el Sáb Jul 15 2017, 13:25

Mientras hacían la patrulla de cada día, los tres guardias hablaban de las banalidades de cada día. La mayoría de sus temas eran cotilleos y rumores sin fundamento. Alica Arrow, que al parecer era quien estaba más pendiente de los temas del corazón, dijo que durante la mañana acompañó a su abuela al mercado y que, en la parada de las verduras, escuchó decir al tendero que había visto a una mujer realizar el oficio más viejo del mundo en la cancela de los Worken. Benjamin Axe y William Sword alzaron sus cejas al unísono. Pensaron que su compañera se habría equivoco. Los Worken se habían ganado su fama en Baslodia por haber cambiado de religión hasta tres veces en lo que iba de década. Primero obedecían las leyes de la vieja religión de los humanos, la señora Worken, cada mañana, iba al santuario de Freya a rendirle tributo. Tres años después, la misma mujer cambió radicalmente. Comenzó a usar vestidos negros y casi todas las joyas (en su mayoría collares y pendientes) llevaban una pequeña cruz como colgante. El templo al que fue a rezar fue al de los nuevos cristianos, una religión que era prácticamente desconocida para el resto de los humanos de Aerandir. Más tarde, cinco años después de las cruces y los rosarios, los vestidos de la señores Worken volvieron a cambiar de color, esta vez al blanco. Cambió las relucientes joyas de oro por diademas de flores con las que adornaba su largo cabello cano. Esta nueva religión que acogió era una mezcla entre lo que se creía que hacían los elfos en sus secretos bosques y lo que se inventaba la señora Worken. Caprichos de la nobleza, pensaron todos los habitantes de Baslodia (incluidos los tres guardias que cotilleaban en la muralla). Fuera como fuere, cada vez que la señora Worken cambiaba de religión, también lo hacían sus hijos.  Benjamin Axe dijoen voz alta  lo que William Sword pensaba en su cabeza:

-Si doña Worken se entera que su hijo contrata a meretrices, le cortará la polla y hará que los cocineros la cocinen para el próximo caldo-.

Los tres guardias rieron. Benjamin tenía una manera de hablar muy característica. A Alica Arrow le hacía gracia que fuera tan grosero, había que tener valor para utilizar ese ruin lenguaje de una dama (Benjamin hubiera respondido a eso: ¿y dónde está dicha dama?).  William Sword, sin embargo, se reía porque pensaba exactamente lo mismo que su compañero pero no se atrevía a decirlo en voz alta. Axe era quien decía las groserías y Sword quien las pensaba.

-No he dicho que el chico de los Worken hubiera pagado a la mujer- Alica Arrow movió el dedo haciendo círculos como si estuviera enredando un nudo que no existía.

-¡El señor Worken! - se adelantó a decir Sword. Axe era algo más lento que William a la hora de atar cabos.

-El mismo que viste y calza. Se lo escuché decir al verdulero del mercado mientras ayudaba a mi abuela con las bolsas. Al parecer, a él se lo había contado el zapatero el día anterior cuando fue a que le reparase unas alpargatas que se le habían roto en el campo-.

-Me tienes que invitar a que ayude al mercado con tu abuela, yo también quiero enterarme de las historias de los nobles-.

-Yo te las resumo, Will: “putas, coños y pollas”. Todos los ricos son iguales-.

Los tres guardias volvieron a reír a la vez.

Las patrullas eran más divertidas si se hacían entre amigos. Ali, Will y Ben se conocían desde que eran pequeños. Los tres habían firmado por la guardia en el mismo día. No fue coincidencia, lo hicieron justo al día siguiente que las canciones cobraron vida. La hermana pequeña de Ben fue una de las desaparecidas por el flautista. Los tres amigos movieron cielo y tierra por encontrarla. Siguieron la orquesta de Hont y la otra chica que ninguno de los tres recordaban. Ben golpeaba como un loco los restos de una placa de metal con sus propios puños. Fue un auténtico milagro ver salir a la pequeña de los Axe con vida. Un milagro que no fue obra de los Dioses viejos, nuevos ni los que se inventaba la pulcra doña Worken. Fue gracias a la Guardia y a la justicia. Benjamin convenció a sus amigos a que se alistasen con él.

-Creo que he oído un ruido-  William Sword interrumpió las risas y señaló algún lugar entre los tejados de los edificios.

-Yo no he oído nada. - dijo Benjamin- Habrá sido un gato-.

-Se distinguir el ruido de un gato cundo lo oigo, esto es más grande.- se puso la mano en la frente como si fuera la visera de una gorra.

-Entonces es un gato grande-.

-Ben, haz caso a Will. A mí también me ha parecido oír algo y no tiene que estar demasiado lejos-.

-¡No estoy loco, gracias!- contestó William Sword con una buena dosis de sarcasmo.

Ben fue al interior de la muralla. No tardó más de dos minutos en regresar con tres catalejos, uno para cada uno (a William le dio el catalejo más pequeño por ver si la conseguía hacer enrabiar). Alica Arrow fue quien vio a la persona, si es que se podía llamar persona, que estaba saltando entre los edificios más cercanos de la muralla.

-Chicos, ¿qué sabéis acerca de los lobos?-

-Que sueltan mucho pelo-.

En ese momento se escuchó el aullido del licántropo muy cerca de donde los guardias estaban.

-¿Y qué más?-

-Y que sangran como cualquier otra raza- terminó Benjamin Axe cogiendo su par de hachas de guerra.

-Premio para el grosero caballero-.


_____________________


Corría lento porque la mochila le pesaba. Antes de separase de Thiel, cogió la ropa de la chica y se la guardó mientras ella se encargaba de llamar la atención de los guardias. Shappy hubiera preferido disfrazarse. Podrían haber buscado en alguno de los edificios de los muertos de la calle, seguramente habrían encontrado alguna pieza suelta de armadura. Si a eso se le sumaba las buenas dotes de actuación de la payasa, habrían pasado por guardias con la misma facilidad con la que Shappy consiguió hacer pasar a Thiel por payasa.

-Lobos, ¿qué se le va a hacer?- se dijo para sí misma sin dejar de correr - Aunque no te gusten los disfraces, sigues siendo mi loba favorita-.

Llegó a una pequeña puerta que daba al interior de la muralla. Por poco estuvo de cruzarse de frente con un hombre casi tan grande como Boomer e igual de fuerte. Esperó, escondida detrás de unas cajas de proyectiles para ballestas, a que el guardia se fuera por donde había venido. El primer impulso de la payasa fue seguirlo, quizás así podría saber cuántas guardias y cuán peligroso era cada uno de ellos. Sin embargo, tenía que cumplir con la misión que Thiel le había mandado.

¡Una palanca! Por algún lugar del interior de la muralla debía haber una sala con los engranajes que hagan levantar la puerta. Engranajes que se harían funcionar con un mero movimiento de palanca. Pero, ¿dónde? Ahora se lamentaba de no haber seguido a aquel tipo. Los pasadizos de la muralla formaban un laberinto. Había un millar de salas; algunas eran habitáculos no mucho más grande que su antigua caravana en el Circo que servían como dormitorios para los guardias y otras simples almacenes de comida y armas.

Después de haber pasado más de cinco veces seguidas por el mismo pasillo, pensó que se contentaría si llegaba a salir de la muralla. Dejó de buscar la sala de engranajes y tuercas; con encontrar la salida ya estaría la mar de contenta.

Volvió a llegar al mismo almacén donde antes se había cruzado con el guardia. Se fijó en la caja de los proyectiles de ballesta que, minutos atrás, había usado como escondite. La caja estaba vacía.

-Te quiero Thiel, no me juzgues por lo que te voy a hacer-.

Se sentó detrás de la caja, en la misma posición que antes usó para esconderse, y sacó el libro de nigromancia. El mismo ojo que utilizó para averiguar la posición de Boomer, lo usó para cuidar (y espiar) a Thiel.

-Si estás en peligro, prometo que intentaré ayudarte- terminó en un susurro.

Criatura que invoca Shappy y que te sigue allá donde vayas:

_____________________


* Thiel: Los guardias no se han fijado en los malditos de tres ojos que hay en las calles. Están demasiado pendientes de sus propias historias. En cambio, tu plan de distraerles ha dado efecto. Se han fijado en ti y te perseguirán. Son gente de bien; una vez salvaste a la hermana menor de uno de ellos. ¿Te atreverás a defenderte haciéndoles daño o intentarás huir de ellos sin llegar a atacarles? Eres libre de describir a los guardias como gustes, no me he centrado en su aspecto físico por si deseas darles tú alguno en particular.
Por otra parte, Shappy no encuentra la sala de máquinas que abre el portón de la muralla. Ha invocado una criatura para cuidar de ti mientras estáis separadas. Deberás lanzar una runa. Dependiendo de su suerte, Shappy podrá encontrar la sale de máquinas en el turno siguiente o seguirá perdida en la muralla.
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Re: El regreso de los payasos [Mastereado][Thiel]

Mensaje  Thiel el Lun Jul 17 2017, 21:01

Los guardias estaban tardando y la enorme loba blanca caminaba sobre sus patas traseras de un lado a otro. La sangre corría hirviendo dentro de sus venas, sus músculos permanecían tensos y dentro de la mente de la criatura se libraba una batalla entre la consciencia y el instinto. En su forma bestial eran sus deseos animales los que pujaban por dominar: correr, aullar, cazar, morder. Por otro lado, había pasado mucho tiempo fortaleciendo su raciocinio para impedir que su faceta salvaje lograra tomar el control por completo. Gruñó algo ininteligible y se detuvo cuando oyó, por fin, los tres pares de pies acercándose a su escondite.

En ese momento, una nueva presencia se hizo notar a sus espaldas. La bestia se volteó y observó la cosa que mantenía su mirada clavada sobre ella. Pestañeó, bufó y negó bruscamente con la cabeza un par de veces antes de decidir ignorarla. Ahora tenía asuntos más importantes que atender. Además, tenía la sensación de que no era una presencia a la cual debía temer; más bien al contrario, pues se sentía acompañada por ella.

-Estén atentos. -dijo una voz femenina cerca de ella. La loba estaba agazapada en el estrecho y penumbroso espacio que quedaba entre dos casas, esperando que el trío se acercara un poco más.
-Gracias por el consejo. -Susurró, sarcástico, el guardia que parecía encabezar al grupo. La voz sonó tan allegada que la bestia supo que habían pasado junto a su escondite y seguido de largo. Cuando los tres hubieron pasado, Thiel salió del escondrijo apareciendo a espaldas de los guardias, quienes incluso siguieron caminando unos pocos metros antes de percatarse de su presencia. Tuvo que gruñir para llamar su atención, y todos voltearon al mismo tiempo con los ojos bien abiertos y las hachas en alto.

-¡Ahí está! -Clamó Will, siendo tan obvio que hasta Thiel rodó los ojos con gesto hastiado. Sólo eran tres pobres jóvenes; ni siquiera se veían muy capaces de cumplir bien con su trabajo. Sin embargo, cuando una de las hachas silbó pasando justo al lado de su cabeza para clavarse en el suelo metros más allá, la loba supo que no debía subestimarlos demasiado.

-¡Rodéenla! -Ordenó Ben. La joven conocía esos ojos azules, lo había visto más de una vez al entrar y salir de Baslodia. Nunca le había parecido un mal chico. Se preguntó si no sería mejor simplemente transformarse y pedirles amablemente que abrieran la gran puerta... Pero si Shappy tenía razón y estaban siendo controlados por el Hombre Muerto, no podía arriesgarse a hacerlo. ¿Qué tan cobarde era ese maldito como para esconderse tras muchachos inocentes? Se prometió que, si lograban llegar hasta él, pondría fin a ese manipulador para siempre.

Alica se plantó frente a ella, mientras que Benjamin y William se situaron a cada uno de sus costados. Este último, habiéndose desprendido del hacha, desenvainó su espada. Durante un instante la bestia blanca los observó a los ojos de uno en uno. Todo fue quietud por un segundo. Quietud que fue quebrada cuando se impulsó hacia adelante para embestir a Alica y quitarla de su camino, desencadenando los ataques de los otros dos guardias. La espada de Will le rozó el muslo izquierdo. Benjamin, sin embargo, estuvo más cerca de decapitar a su amiga que a Thiel cuando lanzó un hachazo con demasiada impulsividad. La guardia mujer cayó de espaldas al suelo con el latoso estrépito de su armadura; probablemente le dolería todo el cuerpo durante una semana, pero nada demasiado grave. Thiel le pasó por encima y se escabulló, evitando estocadas y sablazos, por un pequeño sendero que se abría entre las edificaciones.

Ambos jóvenes ayudaron a su compañera a ponerse de pie y se aprestaron a recomponerse antes de perseguir a la cánida para darle caza. Se preguntaban, sin embargo, por qué clase de milagro aquella bestia había decidido huir en vez de darles lucha; una lucha que sin duda habría acabado mal para todos.

La loba dio unas cuantas vueltas para distraer a sus perseguidores antes de encaminarse de nuevo hacia la muralla. Esperaba con ansias y optimismo ver la puerta abierta cuando se asomara por entre las viviendas.
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Re: El regreso de los payasos [Mastereado][Thiel]

Mensaje  Thiel el Lun Jul 17 2017, 21:03

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Re: El regreso de los payasos [Mastereado][Thiel]

Mensaje  Tyr el Lun Jul 17 2017, 21:03

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Re: El regreso de los payasos [Mastereado][Thiel]

Mensaje  Sigel el Vie Jul 21 2017, 12:16

Thiel había conseguido distraer y esquivar los ataques de los guardias. Ellos eran tres, y lobas sola había una. En teoría, los guardias deberían haber tenido ventaja. Solo en teoría, en la práctica era Thiel quien ganaba. Ella era mucho más brillante que cualquier otra persona. ¡Esa era la palabra! “Brillante”. Cualquiera puede ser inteligente y resolver los acertijos más complicados de Aerandir; pero solo había una persona, una loba blanca, que fuera excepcionalmente brillante.  Shappy invocó el ojo fantasmagórico a espaldas de la chica para cuidar de ella; sin embargo, en ningún momento hizo falta que utilizase sus poderes de nigromancia para salvarla. Hubo un momento en el que estuvo a punto de crear una jaula de huesos que rodease al guardia más grande; el tipo por poco rebana la cabeza a Thiel. Shimphony Shappire no iba a permitir perder a sus dos mejores y únicos amigos en una misma noche. Por Thiel, la payasa sería capaz de desvelar sus poderes. El castigo por haber estudiado nigromancia era la muerte. ¿Significaba que Shappy era capaz de sacrificarse por Thiel? En un principio, ella creía que si tenía que morir, lo haría única y exclusivamente por El Pequeño Boomer (mi querido grandullón). En cierto sentido, Shappy estuvo a punto de morir en el Circo de los Horrores por él. Se dio cuenta que había otra persona, a parte de Boomer, por la que merecía la pena vivir y  morir cuando vio el hacha del guardia más grande rozar la cabeza de Thiel.

Cogió el libro de nigromancia con una mano y, con la que quedaba libre, se apoyó en las cajas vacías para ayudarse levantarse sin tener que cerrar el libro. Una vez en pie, fue por los caminos que ya había recorrido. Se acabó buscar la sala de engranajes y máquinas. Shappy iba a ir donde estaba la loba blanca. De alguna forma que todavía no sabía (Thiel era la de las ideas brillantes), detendría a los tres guardias y atravesarían la enorme puerta de metal.

Hacia abajo, siempre hacia abajo. La puertecilla por donde se había colado en el interior de la muralla estaba en el primer piso, el almacén que usaba de escondite en el cuarto o el quinto piso. ¿Y si era el sexto? La payasa era pésima para haber de orientarse en el interior de una gran estructura; lo suyo eran los espacios abiertos. Cómo sea, el pequeño almacén estaba en uno de los pisos más altos. Tenía que bajar. Si algún pasillo cambiaba de rumbo y se dirigía a unas escaleras, la payasa las usaba para bajar.

Si encontrase una ventana podría hacerse una idea en qué piso estaba. Sin embargo, éstas daban en el interior de las habitaciones de los guardias. En los pasillos no había ninguna sola ventana. Shappy no se atrevía a entrar en las habitaciones de los guardias por miedo a que hubiera alguno durmiendo. ¿No era raro que únicamente hubiera tres guardias en una ciudad tan grande como Baslodia? ¿Dónde estaban los demás? ¿Haciendo frente a la oleada de poseídos o estarían poseídos por el tercer ojo?

Las preguntas de Shimphony Shappire se respondieron cuando, después de bajar las últimas estrechas escaleras, llegó por error a las mazmorras de la muralla. Todas las celdas, a excepción de una, estaban ocupadas por guardias con el tres ojos. El tercero estaba en la frente y tenía la misma apariencia que el que había visto en la nuca de Gilda.

Los poseídos se levantaron del suelo y atacaron los barrotes nada más ver a la payasa. Shappy dio un paso hacia atrás y tragó saliva. Los barrotes parecían resistentes, los poseídos no podían escapar. No había razón para tener miedo, sin embargo, en un pequeño rinconcito de su mente donde habitaba Emily Shawn, Shimphony Shappire tenía miedo.

-Les avisé; saben los Dioses que lo hice. Durante dos semanas dije que esto sucedería.- decía el hombre que quedaba solo en una celda independiente- ¿Crees que alguien quiso escucharme? No me hagas reír, preciosa. No quisieron escucharme. Las profecías de los sacerdotes no son asunto de la Guardia de Baslodia.¡Claro que no! Ellos prefieren esperar a que ya sea demasiado tarde y solo queden un par de supervivientes sin hechizar-.

-¿Quién eres?- fue la única pregunta que se le ocurrió hacer.

-El único hombre que sabe qué ha pasado: Nigromantes. Eso es lo que ha sucedido. Los Dioses llevan semanas hablándome. Me dijeron que una chica especialmente guapa maldeciría a mi mujer, a mi hija y a otras personas más al azar. ¿La razón? Se la callaron; a los Dioses no les gusta hablar demasiado. ¿Lo sabías? Lo que sí me dijeron es que conocería a una chica de pelo azul y cara pintada y que llevaría un libro especialmente interesante. –hubo unos segundos de silencio-¿De qué trata ese libro que llevas en las manos? ¿Es interesante?  ¿Magia negra? ¿Nigromancia, quizás?- La sonrisa del joven amable se curvó en una mueca de odio y recelo- ¡¿Me lo enseñas?!-

El chico se asomó por los barrotes y dio un manotazo para coger el libro. Shappy estuvo atenta y se echó un paso hacia atrás. Reconoció los ojos azules del hombre, eran los mismos que vio en Gilda.

-¿No me lo quieres dar? No me importa. Tus amigos no tardarán en romper los barrotes. Serán estúpidos, pero no les importa usar los dientes- señaló los guardias de las otras celdas; estaban royendo los barrotes como si fueran ratones.

-Thiel…- llamó a su amiga a través del ojo fantasmagórico. Emily estaba llorando. Shappy confusa y furiosa. Las piernas de la chica eran controladas por Emily, estaba temblada y parecía no poder sostenerse en pie durante mucho tiempo más. Las manos también le temblaban, pero no por miedo, éstas eran de Shimphony, lo hacían por la impotencia que sentía al no saber qué hacer en este momento - Thiel… necesito que vengas… trae ayuda-.

Chico misterioso:

_____________________


* Thiel: Shappy te pide ayuda y la escuchas por el ojo que te sigue. Ve hasta donde está ella. Esta vez, te lo pondré un poco más fácil. Busca una manera para que los tres guardias te sigan hasta el calabozo. El chico misterioso que ha conocido Shappy puede ser un aliado muy valioso (además de guapo); no puede salir herido.
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