[MEGAEVENTO] Grasa, peste y muerte [No hay santuario][Cassandra-Fredericksen]

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[MEGAEVENTO] Grasa, peste y muerte [No hay santuario][Cassandra-Fredericksen]

Mensaje  Sigel el Lun Jul 10 2017, 09:37


Adie, cibernético mensajero y muchas otras funciones, realizaba la peor de sus funciones: Dar malas noticias en un lugar triste. Dundarak había caído. Adie estuvo ahí cuando el aire enfermó y los dragones murieron. Aunque no comprendía lo que había pasado (sus funciones no fueron capaces de realizar un análisis detallado), lo había visto todo con sus grandes y brillantes ojos de color azul. Su misión, desde entonces, fue la de viajar por Aerandir dando la mala nueva.

Ulmer fue el primer destino del mensajero. La ciudad era muy diferente a como era Dundarak. Los dragones vivían en altas torres rodeadas por largas murallas; los lobos, en cambio, vivían en pequeñas cabañas hechas de madera y paja que no estaban rodeadas por nada. A Adie no le gustaba Ulmer. La mayoría de los licántropos eran analfabetos que no sabían leer sus cartas y en las anchas calles había muy poco metal que masticar; con suerte, con mucha suerte, podía encontrar el asa de un cubo o una moneda en el suelo. Nada que se pudiera igualar a las grandes piezas de hierro que los dragones dejaban sin vigilancia. Hubo una vez que, en la misma Dundarak, Adie encontró una mena de hierro en mitad de la calle. ¡Un tesoro para los dientes de Adie! No tardó en metérselo en la boca y morderlo hasta haber reducido el mineral a polvo. Los mensajeros se comprometían a realizar siempre sus deberes, aunque la recompensa fuera tan penosa como el asa de un cubo.

Se situó en el centro de Ulmer, levantó las manos y comenzó a hablar con voz triste que, junto a su característico acento metalizado, sonó como si un millar de ratas estuvieran corriendo por un camino de cristales rotos.

-¡Dundarak ha caído! Ha sido arrasada por un mal un invisible. Se recomienda anular toda función relacionada con la ingesta y con la respiración para no acabar siendo víctimas de dicho mal- un coro de lobos alrededor de Adie hablaron en susurros entre ellos- Debo realizar mi función de leer vuestro horóscopo, pero os advierto que os espera un futuro terrible y triste- el cibernético miró al cielo- ¡Ulmer caerá antes de que acabe el día!- los ojos azules de Adie cambiaron de color a amarillo y señaló las nubes con uno de sus largos dedos de metal- “Grasa, peste y muerte”. Lo veo en vuestro horóscopo-.

-¡Explícate hojalata!- habló alguien entre la multitud.

-Tus funciones auditivas no son capaces de entender mi lenguaje- el color de ojos de Adie volvió a ser azul. - No te preocupes, tus funciones visuales sí serán capaz de comprenderme-.

Con el mismo dedo que Adie, cibernético mensajero y muchas otras funciones, señaló las nubes del cielo; señaló un hombre que vomitaba en la acera, a una mujer con costras de sangre por toda la cara, a un hombre joven que no podía mantenerse de pie de no ser por la ayuda de un bastón y, por último, el cadáver de un anciano tirado en el barro pocilga de una granja, unos cerdos estaban comiendo el cadáver del viejo.

-Ellos realizaron sus funciones de ingesta y respiración y han sido atacados por el mal invisible que vino de Dundarak- dijo Adie con una sonrisa triunfal y se dirigió al mismo hombre que antes- ¿Vuestras funciones auditivas me comprenden ahora?-

Todos le comprendieron al mensajero. El mal invisible que enferma había entrado en la ciudad de los lobos. Las medidas se tomaron muy rápido. Aquellos que parecían estar sanos se alejaban de todo el mundo y se encerraban en sus casas. Los enfermos, o los que parecían estar enfermos, eran tratados como meras ratas. Por mucho que suplicasen ayuda, la respuesta era siempre la misma: Un empujón para tirarles al suelo y un adiós. Ulmer se comportaba de la misma caótica y paranoica manera con la que Dundarak se comportó antes de caer. Que siguieran como hasta ahora, las predicciones de Adie nunca erran.

_____________________

Bienvenidos pájaros de mal agüero: La enfermedad ha llegado a Ulmer. En este primer turno deberéis decir qué os ha traído a Ulmer y describir la escena que sufre la ciudad. Podéis interactuar con Adie si lo deseáis.
Si necesitas información acerca de Adie la obtendrás (aquí)
Para más información acerca del Evento, pinchar (aquí).

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Re: [MEGAEVENTO] Grasa, peste y muerte [No hay santuario][Cassandra-Fredericksen]

Mensaje  Fredericksen el Lun Jul 24 2017, 03:25

En aquel momento había viajado a Ulmer con la esperanza de tener mejores cambios por las presas que cazaba, supuse que al ser territorio de licántropos se interesarían más en animales… aunque el asunto era saber si podría estar allí tan tranquilamente, por naturaleza los lobos eran territoriales y supuse que aquel gesto también estaría en los licántropos “Realmente puedo aprovechar este viaje para estudiar un poco mejor la raza, eso me hubiese recomendado mi maestro”.

    Realmente entrar al poblado de Ulmer no fue tan difícil, por lo visto la gente estaba prestando atención a algo mucho más relevante. Sujeté con fuerza el jabalí que había matado aquella mañana y lo arrastré hasta donde la gente se estaba reuniendo, en aquel momento sin duda me iba a dejar llevar por mi curiosidad.

    El ambiente se notaba algo cargado o pesado, era como si alguien hubiese muerto en aquel sitio… o quizá solo eran ideas mías, la verdad es que posiblemente fuese la constante sensación de incomodidad al estar cerca de grandes grupos de gente y odiaba aquello, debía comenzar a pensar de una manera más social después de todo… o volver a alejarme del mundo por otros dos años y vivir en el bosque.

    Tuve que levantar la vista cuando reconocí la voz de quien hablaba “¿Qué está haciendo Adie aquí?”  Ya me había encontrado con él en otras ocasiones y en la mayoría solo trataba de dar un mensaje  ¿Acaso ahora estaba haciendo lo mismo? El problema es que parecía transmitir un mensaje negativo “¿Ulmer caerá antes de que acabe el día?”.

    Las palabras siguientes de Adie fueron un poco más confusas, aunque el hecho de que viese muerte en el futuro no sonaba nada bien.  Uno de los presentes no había entendido bien el mensaje del Bio-cibernetico, la verdad es que yo tampoco lo había captado del todo bien y me alegraba que alguien hubiese preguntado.  La explicación está vez vino por ejemplos señalados por el propio Adie,  había elegido apuntar a gente que parecía enferma… ¿Acaso aquel era el mensaje?

“¿Atacados por el mal invisible?” Seguramente estaba hablaba de que habían enfermado, aquello tenía sentido ya que los seleccionados estaban en deplorables condiciones… entonces si su mensaje era referente a ello ya cobraba sentido lo de peste y muerte, ¿Pero acaso aquello era tan grave como para que Ulmer llegara a su fin en tan solo un día? Realmente no tenía todo claro aun y por lo visto el “mal invisible” venía de Dundarak, lo cual ahora me hacía pensar en cómo estaría el norte.

    El caos no tardó mucho en desatarse, claramente los que creían estar sanos querían seguir así y los enfermos iban a ser rechazados, el clásico esquema de la supervivencia del más fuerte. Mientras evitaba todo aquel caos supe que era lo que sentía en el aire al llegar, era la pesadez que efectuaba un ambiente enfermo y triste.

    Podía simplemente irme de aquel sitio y no regresar pero necesitaba saber que sucedía con exactitud y por lo visto Adie parecía saberlo, evitaba una que otra persona que parecía tener gestos de enfermedad tal como los señalados antes por el Bio-cibernetico; en aquel momento no podía detenerme y ayudar a cualquiera que se cruzara frente a mí.

     La figura de Adie era por suerte fácil de seguir, su altura lo delataba con facilidad y dudaba perderle la pista. Tuve que dejar de arrastrar al jabalí para ganar velocidad y alcanzar finalmente al gigante, dudaba que si seguía arrastrando al animal muerto tuviese oportunidad alguna de llegar igual de rápido al Bio.

- Adie, amigo… espera. – Le dije por lo alto al robot colocándome a su lado y dándole una palmada en una de las piernas. – Detente por un segundo, no tan literal pero ya entiendes... creo

   Tuve que estirarme y recuperar un poco de aire, por suerte el gran Bio-cibernetico pareció haberme reconocido y se había detenido momentos después de que le diese la palmada. El problema ahora es que había olvidado las preguntas importantes que debía realizar, debía pensar algo para no quedar como un idiota.

- ¿Cómo sabes que Ulmer caerá antes de que acabe el día? – Aquella pregunta de cierto modo era importante. – Está claro que hay una que otra persona grave… pero eso no significa que todo vaya a empeorar en menos de un día. – Me pasé la manos pro la barbilla tratando de idear otra pregunta, realmente la tensión del momento me dificultaba pensar bien. - ¿Cómo se supone que vivamos si no podemos comer o respirar? Tampoco le veo mucho sentido a eso ¿Seguro que estás dando bien el mensaje Adie? No dudo de tu labor como mensajero… pero quizá algo esté mal.
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Re: [MEGAEVENTO] Grasa, peste y muerte [No hay santuario][Cassandra-Fredericksen]

Mensaje  Cassandra C. Harrowmont el Miér Jul 26 2017, 23:26

Hacía un par de semanas que había regresado a casa. Mi madre aún seguía triste, no había conseguido persuadirme de abandonar el gremio, y mi padre tampoco estaba muy contento con que volviera a recuperar mi puesto de cazadora. Sabían que era peligroso, pero no podían hacer nada, pues él mismo había decidido nombrarme maestra cazadora junto a Isabella. Todavía seguía faltando gente, yo sabía que no regresarían nunca pero…

Días después de mi regreso, me dirigí al Palacio de los Vientos a empezar con la nueva etapa del gremio. Al verme, Natasha Boisson puso una cara descompuesta, no sabía si porque se alegraba de verme o porque todavía estaba resentida por cómo la trataba las últimas veces. Aun así, saludé. - Buenos días, Natasha. ¿Hay nuevos contratos? - Su mirada no cambió. - Quiero empezar cuanto antes. ¿Han llegado los nuevos cazadores? - Simplemente asintió, incapaz de creerse que fuera a empezar así, de golpe, con todo. - Pásame la ficha de todos, quiero revisarla. Y quiero ver los nuevos contratos. - Dicho esto, entré en el despacho. Ya no estaba destruido, habían reconstruido todo como estaba siempre, con ese estilo gótico tan feo. Sí, era horrible, en mis manos había estado cambiarlo pero no había querido. Antes de mi partida a Lunargenta, había pedido que se respetara toda la decoración del lugar, en especial la del despacho.

Comencé a ojear los papeles sin prestar demasiada atención. Vampiros atacando villas, eso no había cambiado. Todos iguales salvo uno que venía de Ulmer. Era una petición de ayuda a los cazadores porque les era imposible controlar las masas. ¿Y esto? Me fijé en quién solicitaba nuestra ayuda y era un cliente que ya nos había pedido en más de una ocasión nuestros servicios para eliminar a unos chupasangres. También decía que había vampiros aprovechándose de las oleadas de personas, eso ya me cuadraba más. Lista para empezar a trabajar, accedí a ese contrato. El resto, más fáciles, serían para los nuevos integrantes.

Tardé relativamente poco en hacer las maletas  y volver a embarcarme hacia el continente, aunque no pasamos por Lunargenta, sino que el barco atracó más adelante. Cerca de la Base de los Bios. Lo siguiente fue llegar hasta Ulmer. Esta vez iba yo sola, sin compañeros, aunque echaba en falta el apoyo y la conversación de otro cazador.

Esperaba encontrar algo totalmente distinto a lo que mis ojos vieron al llegar al poblado. Antes estaba lleno de vida, los lobos paseaban por las calles, si es que se podían llamar así y, aunque hubiese vampiros siempre había alguien que te guiara. Ahora no. Todo estaba vacío, las puertas cerradas y las únicas personas que parecían estar por la calle tenían un aspecto horrible. En la hoja del contrato lo decía: Ulmer estaba sucumbiendo a una extraña enfermedad traída del norte. Y era contagiosa. Así que me mantuve muy alejada de toda  esa gente. Aparte de los enfermos que intentaban suplicar por ayuda, había un robot. Y, hasta donde sabía, no podían enfermar, así que me acerqué a él a distancia prudencial. - Hola, ¿sabe dónde se encuentra el líder de la manada? - No iba a decirle el nombre porque era más fácil que si no lo conocía pudiera indicarle si le nombraba como líder que por su nombre. También enseñé el papel firmado por él. - Me han llamado para ayudar. ¿Qué sucede aquí?

Al momento llegó un encapuchado y no pude evitar dar un par de pasos hacia atrás, por si acaso estaba contagiado. Miré a todos lados, no había mucha más gente por la calle aparte de nosotros y los enfermos. No pude evitarlo y escuché al chico hablar de que Ulmer caería al final del día, eso me alarmó. ¿Comer o respirar? ¿No podíamos comer? La cabeza me daba vueltas porque no entendía del todo qué había pasado, aparte de que sabía que había una enfermedad. Pero no conocía su alcance. - Quiero saberlo todo. - Sentencié mirando al hombre encapuchado y al robot. - ¿Y por qué el líder de la manada requiere la ayuda de los cazadores?
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Re: [MEGAEVENTO] Grasa, peste y muerte [No hay santuario][Cassandra-Fredericksen]

Mensaje  Sigel el Vie Jul 28 2017, 19:51

[Entorno al cibernético gigante se formó un círculo de personas. En su mayoría, eran curiosos que preguntaba toda clase de gilipolleces. Podía escucharlos a la perfección desde su mesa de trabajo donde tallaba una futura mesa: ”¿Qué significa eso que has dicho? ¿Puedo ayudar en algo? ¿Qué va a pasar con Ulmer? ¿Qué nos pasará a nosotros? Para Jacob Marsh, todas aquellas preguntas eran gilipolleces. No era necesario un hombre de hojalata para que las respondieran, él lo haría encantado. ¿Por qué no le preguntan? Sus respuestas serían mucho mejores que la del supuesto mensajero: ¿Qué significaba lo que el cibernético había dicho? No significaba nada. ¿Podían los extranjeros ayudar? No, lo que debían hacer es regresar a sus casas. Los asuntos de los lobos, los lobos los solucionan. ¿Qué iba a con Ulmer? Absolutamente nada. Porque Dundarak hubiera caído, no significaba que a Ulmer iba a pasar lo mismo. ¿Qué iba a pasar con los lobos? Que serían felices por el resto de sus días.

Los tajos con el cuchillo cada vez iban siendo más violentos. Jacob Marsh perdió la imagen mental de la mesa que estaba construyendo. Seguía tallando, pese a no saber ni siquiera que lo estaba haciendo.  Era una manera de clamar el rencor y el odio que sentía hacia los extranjeros. Ellos se creían con derecho a protestar de todas las decisiones de la manada. Marlowe ya les había avisado y qué razón tenía el viejo. Jacob Marsh no le había creído hasta aquel momento. No creyó que nadie fuera tan osado ni belicoso como para aprovechar el mal de otra ciudad con tal de asustar a la manada y adueñarse de ésta. Jugaban con el miedo, si no obedecíamos sus órdenes acabaríamos muertos. Se equivocaron al pensar que los lobos se dejarían domar. ¡Se equivocaron! Y con ese último pensamiento, perforó con el cuchillo la que debería haber sido la tabla de la mesa.

-Mis funciones no pueden localizar al líder de la manada- el cibernético gigante fue respondiendo a las cuestiones una por una. Mientras, a unos metros de distancia, Jacob preparaba un nuevo madero de fresno para empezar a tallar. - Sucede lo que sucedió en Dundarak. Un villano invisible está devorando a la carne de los lobos y las funciones de éstos son incapaces de detectar que les están devorando.- ¿Fue una risa mecánica lo que escuchó Jacob? ¿Acaso el mensajero se estaba burlando de la manada. Plantó la oreja para escuchar mejor el sonido que el cibernético emitía. No parecía una risa, era como si un montón de espadas cayesen al suelo. ¿Quizás un llanto? - Mis funciones no me permiten ser más literal: vas a ver grasa, vas a sentir una horrible peste atacar tu nariz y la muerte va a llegar a Ulmer antes de que acabe el día. Tengo la función de hablar más alto, pero carezco de alguna función que me permita hablar más claro.- Adie se encogió de hombros y siguió hablando- Desconozco lo que las funciones de los hombres y mujeres de carne os permite o no os permite hacer. No te puedo ayudar a desactivar tus funciones de ingesta y respiración, Fredericksen, lo debes hacer solo-.

Una vez quedaron respondidas todas las preguntas, la multitud de gilipollas se dispersó como si nada hubiera pasado. El cibernético se sentó en el centro de la plaza de Ulmer, el mismo lugar en el que dio el mensaje, y se quedó un largo rato comiendo trozos de tierra y piedras que arrancaba con sus propias garras. No podía apartar la vista de él, había algo que lo atraía a miradlo y no sabía él qué. Se sentía amenazado, aunque el cibernético no le estuviera hablando ni mirando directamente, eso no importaba. La propia presencia del mensajero era una manaza para Jacob Marsh.

Echó un ojo al resto de la manada. Muchos de ellos sentían lo mismo que él.  Dennis Schunke e Inga Scharf hacían sus labores diarias sin apartar los ojos del cibernético. ¿Acaso sentían lo mismo que Jacob Marsh? Inga tejía en prenda amorfa en el telar y Dennis cortaba la leña a hachazos. En más de dos ocasiones, la chica estuvo a punto de sacarse un dedo entre los punzones de la máquina y la cabeza del hacha del chico estuvo a punto de salirse del mango. No estaban prestando atención, al igual que Jacob que seguía tallando algo que no tenía la menor idea de qué era.

-No puedo sacar el cubo- dijo un chico, apenas un niño, que intentaba sacar agua del pozo común- creo que hay algo muy pesado encima del cubo-.

Dennis y Jacob, como si estuvieran esperando la llamada del chaval, se acercaron a ayudar a tirar de la cuerda. Adie también se unió pero se quedó unos centímetros alejados de los lobos.

Tiraron con fuerza. Con toda la que eran capaces de conseguir entre los dos hombres y un cibernético. Era como pescar. Allí abajo, había un pez muy gordo. Si lo querían sacar del agua debían de estirar. Con fuerza. ¡Más fuerza! Jacob era el que más cerca del pozo estaba, apoyó sus piernas en la piedra del pozo para hacer un mayor impulso. Dennis, detrás de Jacob, hacía lo que podía.

Después de unos minutos, el pez gordo que habían pescado salió del agua.

La cabeza hinchada de un hombre asomó por la boca del pozo. ¿Estaba vivo? Aquella pregunta, utilizando el vocabulario de Jacob Marsh, era una gilipollez: Estaba muerto.

El cadáver había caído al pozo, por el estado de éste, quizás hacía varios días.  La cuerda del cubo había rodeado el cuerpo por la barriga de tal forma que daba la impresión de que fuera una peonza. Los hombres y el cibernético siguieron estiraron sin descanso. El cadáver ya había sacado los brazos y media barriga.

De repente se escuchó un sonido seco, pero viscoso. Como si una masa pan recién horneado se estuvieran quebrando. Esa comparación era más que adecuada pues el olor que producía el obeso al romperse era muy parecido al del pan mohoso.


-¡Grasa y peste!- Adie pareció celebrarlo.

Medio cuerpo del muerto estaba en tierra, la otra mitad cayó otra vez dentro del pozo. Adie se acercó al cadáver, le arrancó la nariz y se la comió con dos mordiscos.

-Mis funciones señalan que lleva 91 horas y 19 minutos 45 segundos muerto. El agua ha hecho que el cadáver se inflase y pareciese más grande y pesado de lo que en realidad era antes de morir ¡Causa de la muerte!-levantó los brazos- El mal invisible. Toda esta agua está contaminada por el mal- se dirigió al extranjero encapuchado- ¿Los hombres de carne podéis desactivar vuestras funciones de ingesta de agua? Todo aquel que haya bebida de aquí está contaminado; el villano lo estará devorando desde su interior-.

-¡Cállate gilipollas!-

Jacob atizó con la mano abierta el careto del mensajero cibernético. La mano le quedó roja del impactó, al gilipollas de hojalata no le hizo nada.

-Esto no es Dundarak, nosotros a nosotros no nos va a pasar lo mismo que a ellos. Y si nos llega a pasar… ¡¿Qué más da?! Nosotros lo solucionaremos. No hemos pedido la ayuda de los extranjeros. No queremos vuestra compasión.-

Fue hacia el porche de la cabaña de Dennis e Inga y cogió el hacha con la que antes Dennis había estado trabajando. Con ella, volvió a golpear la cabeza del cibernético. Le dio directo al ojo produciéndole un corte que le atravesaba la cabeza. El cibernético no se defendió.

-¡No va con vosotros!- con una mano, interrumpió a Dennis e Inga que estuvieron a punto de decirle que parase- Él se lo ha buscado. Nos ha amenazado y ahora dice que todos nosotros estamos enfermos. No, no ha dicho esa palabra. Ha dicho que estamos muertos-.

El segundo hachazo, éste en la pierna izquierda, hizo que el mensajero cayese de rodillas contra el suelo.

Jacob Marsh:

Dennis e Inga:


_____________________

Bienvenidos al convoy de los enfermos: Esta misión es sencilla. El objetivo es doble, poneros de acuerdo entre vosotros cómo organizaros. En primer lugar, deberéis proteger a Adie. Jacob Marsh puede acabar herido pero no muerto. Y en segundo lugar, deberéis hacer lo posible para calmar a los habitantes de la manada. Es muy posible que todos los habitantes de Ulmer estén enfermos, infectados por ese muerto que hemos encontrado en el pozo. ¿Cómo hablaréis con ellos? ¿Cómo trataríais a unas personas que saben que van a morir?
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Re: [MEGAEVENTO] Grasa, peste y muerte [No hay santuario][Cassandra-Fredericksen]

Mensaje  Fredericksen el Miér Ago 02 2017, 23:00

No me había fijado de la presencia de otra mujer que ya había llegado hasta Adie, por lo visto también tenía varias preguntas que esperaban respuestas… el asunto es que yo no sabía que era el “todo” lo que quería saber y tampoco es como si yo conociera mucho de lo que sucedía, por eso mismo había seguido al bio-cibernético. Por si no fuera poco ahora tenía otra duda ¿El líder de allí había pedido ayuda a cazadores? ¿Qué clase de cazadores?

    Para no parecer tan ignorante ante el asunto me llevé una mano a la barbilla y miré pensativo el suelo, aunque en mi mente no pasara nada interesante en ese momento debía parecer conocer algo del tema. Además la mujer parecía ser una de esas mercenarias que siempre lleva más información encima de la que aparentaba tener, posiblemente si era mercenaria, eso explicaba porque buscaba al líder.

    Por fortuna Adie había comenzado a hablar y a soltar información, si algo me quedaba claro es que él nunca tomaba decisiones a la ligera. “¿Un villano invisible comiendo a los lobos?”  No entendía muy bien aquello, suponía que ese villano era el mismo mal anteriormente mencionado… y si era así debía tratarse de una enfermedad,  tuve que seguir escuchando con atención al bio-cibernético para tratar de entender del todo sus palabras.

“Verás grasa y olerás peste.” Aquello podía explicar porque decía que no se podían cumplir las funciones respiratorias… cosa que veía imposible a decir verdad. Por lo último que dijo Adie estaba claro que no sabía que una persona no podía hacer aquello, lo cual me daba a entender algo; si realmente hablaba de una… todo mundo estaba en peligro por igual.

- Si, ya veré como me encargo de eso de no comer o respirar… pero lo veo complicado. –  Respondí al gigante quitándole importancia a mis palabras con un movimiento de mano.

    Ahora solo me quedaba pensar que hacer, si había un mal invisible allí lo más probable es que también pudiera atacarme; tal vez podía irme aun sin correr peligro pero eso no me quedaba claro… por el momento solo me quedaba esperar y ver que nuevo suceso ocurriría ¿Y qué mejor manera de esperar un mensaje que sentarme al lado del mensajero?

    Observé a la mujer que también había buscado respuestas con Adie, supuse que por su lado podía hacer lo suficiente con aquella información, si conocía al líder seguramente estaba allí con algún propósito.

- ¿Acaso el líder de la manada ya sabía lo que iba a ocurrir? – Solté sin pensarlo en voz alta, era lo más razonable si había pedido ayuda de cazadores.

   Como de costumbre solo esperaría, acariciando el filo de una flecha y observando como el bio-cibernético comía tierra… cosa que no era normal, seguramente costumbre de su raza. Si en un rato no llegaba algún dato importante no dudaría en irme de allí, seguramente esconderme en los bosques pudiera ser más seguro… claro, si ya no estaba jodido.

    Tuve que girarme al escuchar un niño pedir ayuda con una cubeta, un par de sujetos del pueblo no dudaron en acercarse a ayudar, extrañamente Adie también se acercó dejándome solo con la alternativa de seguirle, en aquellos momentos debía ser como una garrapata pegada a su lomo, le seguiría a cualquier sitio.

    Mientras Adie y los otros dos sujetos tiraban de la soga yo solo me limitaba a observar, no necesitaban más fuerza para aquel trabajo… y además yo era un ser ágil pero no fuerte, si soportaba caídas de los árboles era porque ya estaba adaptado a esos golpes. El que estaba más cerca del pozo parecía hacer estar haciendo gran fuerza, algo debía haber allí abajo que causara que una labor tan simple como sacar un balde resultara complicada.

    Me acerqué al pozo para saber bien que podía ser, pero solo me conseguí con un olor asqueroso y… con la cabeza de alguien saliendo, por lo visto estaban jalando a alguien. Retrocedí rápidamente del sitio y me posicione varios pasos lejos allí, ya entendía porque se les dificultaba tanto, estaban jalando un cuerpo. Poco a poco el cuerpo iba saliendo, cada vez resultaba más asqueroso ver a aquel cadáver; había visto muchas cosas en la vida pero no algo tan asqueroso… ni el cuerpo de un oso muerto siendo devorado por lombrices…bueno, eso también había sido repugnante

    Un sonido tan repugnante como el olor que había en el aire acompañó el cuerpo del sujeto partiéndose, tuve que girarme y  respirar tratando de controlar las nauseas… cosa inútil ya que terminé vomitando de todos modos a causa del asco producido, eso era mucho peor que ver a una dragona devorando gente y esta vez estaba en lo cierto.

    El grito emocionado de Adie me hizo recordar de nuevo toda su plática de la plaga y la peste atacar la nariz, si tanto énfasis hacía en que una peste llegaría a la nariz seguramente debía ser importante evadirla, por algo el mismo había propuesto dejar de respirar. Rápidamente me limpié la boca con el dorso de la mano y cubrí parte de mi rostro con el cuello de la camisa, en aquel momento podía dejar libre mi paranoia sin tener problemas.  Tuve la desgracia de girarme en el momento que Adie le arrancaba la nariz al cadáver y se la llevaba a la boca, ya definitivamente había algo mal con él.

-¿Era necesario quitarle la nariz para saber cuando había muerto? – Dije con cierto asco, el funcionamiento de aquel ser cada vez era más raro. – Y no, no podemos desactivar eso Adie, podemos resistir un buen tiempo sin beber algo pero no es saludable… bueno, beber de esa basura no creo que sea muy saludable tampoco.

    Aquella charla podía resultar agradable si se le daba su tiempo, cosa que uno de los sujetos que posteriormente había ayudado no parecía tener… hasta parecía enfadado de cierto modo “Hay gente que necesita relajarse un poco en el mundo.” Sacudí un poco la cabeza a modo de negación, ser impulsivo nunca era bueno. El asunto no solo terminó con el insulto, aquel extraño también se había atrevido a agredir a Adie, aunque parecía haberle hecho más daño a él que al gigante de hierro.

- Si llega a pasar algo posiblemente puedan quedar como ese sujeto hinchado… quizá peor, realmente no sé.

    El sujeto se retiro un momento para luego regresar con un hacha, no dejó tiempo a reaccionar cuando el primer golpe ya había sido dirigido contra Adie. El gigante parecía tener una grave herida pero aun así no hacía nada… realmente si aquel golpe hubiese sido dirigido a un humano ya la persona se hubiese muerta tan solo con el contacto del utensilio.

- El solo está advirtiéndoles del peligro, no los está amenazando ni les atacó. – Apreté los puños observando al grupo de pueblerinos que parecía conocerse, aquella forma de reaccionar era la peor que podían tomar.  

Otro golpe se presentó contra Adie e hizo caer de cierto modo al Bio-cibernético, aquello había estado de más y no iba a quedarme como un idiota viendo como maltrataban al pobre ser; aquel gigante me agradaba, no lo conocía del todo pero en los pocos encuentros que habíamos tenidos había aprendido a respetarlo… aunque me hubiese hecho recorrer medio bosque en busca de una carta.
   
    Retiré el arco de mi carcaj y una flecha de mi carcaj, nunca me había agradado la idea de tener que usar el arco a tan cortas distancias pero no iba a usar una flecha como arma cuerpo a cuerpo, al menos no esta vez. Tensé la flecha sin pensar mucho en el asunto y disparé al hombro del sujeto antes de que pudiera seguir dañando al Bio-cibernetico, aunque aquello había sido un grave error.

- Como decía, en ningún momento se les amenazó como para que tuviesen que recurrir a la fuerza. – Retrocedí un par de pasos y tensé otra flecha en el arco. – Pero creo que ya es muy tarde para hablar. - Sabía que las palabras no ayudarían de nada.

    El licántropo del hacha ahora tomaba el arma con más fuerza, los nudillos del hombre estaban blancos y su cara se había puesto roja “Muy bien Fred, sigue buscando problemas en sitios donde no debes”.  Esperaba que aquello de que “Los licántropos de Ulmer tienen muy buen olfato”  fuese mentira, si aquel sujeto podía oler el miedo que iba creciendo poco a poco dentro de mí seguramente se confiaría.

    Cuando noté que el hombre comenzó a avanzar con más rapidez no dudé en disparar otra flecha directo a su rodilla, si él había herido a Adie con un solo golpe no quería imaginar que le pasaría a mis huesos si aquella hacha llegaba a impactarme. La flecha se enterró limpiamente en la rodilla del sujeto, aquello hizo que tropezara dando oportunidad de alejarme aun más.

- Nada de rencores por lo de su amigo ¿Cierto? – Sonreí nerviosamente observando a los otros dos pueblerinos que habían estado junto al agresor, por lo visto eran conocidos de aquel hombre. – Digo… todos vimos que fue en defensa propia y hay cosas más importantes que una pelea… como por ejemplo el muerto en el agua ¿No? – No sabía que tanto pudiera convencer a aquellos de lo que se debía hacer.

    El sujeto agresivo ya volvía a estar de pie y la ira en sus ojos no aminoraba; tal como antes, los pueblerinos de Ulmer que aun seguían en las calles se habían congregado para saber que era el alboroto que se estaba formando. Escuché una que otra exclamación en referencia al cuerpo muerto, también referencias a las flechas clavadas en el sujeto del hacha… lo único que tenía claro por ahora es que había sido mala idea ir a Ulmer.
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Re: [MEGAEVENTO] Grasa, peste y muerte [No hay santuario][Cassandra-Fredericksen]

Mensaje  Cassandra C. Harrowmont el Vie Ago 04 2017, 20:00

Buscaba respuestas cuando llegué a Ulmer. Nos había llegado un contrato para ayudar en aquel lugar y no había vampiros, no por ahora. ¿Cuántas veces tenía que repetir que mi trabajo era exterminar a esos chupasangres? Allí, junto al cibernético de las premoniciones, me quedé esperando a que resolviera todas mis dudas. Teníamos que desactivar funciones y cosas así a las que no presté mucho caso porque ese tipo hablaba raro. ¿No podía hablar como otros cibernéticos? Rachel también era rarita pero, al menos, hablaba bien, se la entendía. Al ver que no podía localizar al líder de la manada me pregunté, para mí, qué leches estaba haciendo en ese lugar. Y más si veía que la muerte acechaba a cada rato. Estaban enfermos y no sabía cómo se contagiaba ese mal, pero se veía que era muy grave.

El bio-cibernético se sentó y el otro chaval igual. Los miré con sorpresa y comencé a dar vueltas por el camino, buscando alguna pista. Pero nada. Lo único que llamó mi atención fue la voz de un niño, cerca de donde estaban los dos sentados y me fui hacia ellos, pensando que podría ayudar en algo. Cuando llegué sólo estaban sacando agua del pozo. Bah… Era un niño que no podía cargar el cubo, nada más. Lo raro empezó cuando tuvieron que ayudar varios hombres y el cibernético. Ahí me quedé mirando lo que hacían, eso ya era más raro pues, por mucho que pesase el cubo de agua, no eran necesarias tantas manos para empujar.

Lo siguiente que vi fue lo más asqueroso que he visto en toda mi vida. Y he visto cosas asquerosas, pero dejar a un vampiro como un alfiletero no era nada comparado con eso: atrapado en el cubo había un cadáver hinchado que, literalmente, se partió a la mitad, dejando un olor jodidamente desagradable en el ambiente. Al ver cómo todo su cuerpo se separaba en dos y ese hedor no pude evitar llevarme la mano a la boca por las arcadas que me estaban dando. Por más que intentaba contener las ganas de vomitar no sirvió de nada y, al final me tuve que ir a un callejón a echar todo lo que tenía en el estómago. Había sido demasiado, encima ese olor se quedaba metido en la nariz y era peor. Todo eso junto con el sabor asqueroso que quedaba después de haber vomitado. ¡Horrible! Hice gárgaras con un trago de agua de mi cantimplora y lo escupí, pero no se me iba la sensación de quemazón de la boca. Justo salí del callejón para escuchar al robot decir el tiempo que llevaba muerto… Pero de una forma demasiado particular y asquerosa que me hizo meterme en el callejón, de nuevo.

Estaba apoyada en la pared con el codo, apoyando mi frente en el antebrazo, resoplando. En un momento me estaba encontrando fatal por tantas cosas asquerosas que había visto en tan poquito tiempo. Sólo de acordarme del olor se me nublaba la vista y me volvían a entrar las náuseas. Estaba sudando y unos pocos mechones de pelo se me pegaban a la frente. Por los dioses, qué mal cuerpo se me había quedado.

Después de unos minutos tratando de tomar aire fresco, decidí salir, dispuesta a aguantar lo que fuera. Si habían llamado a los cazadores, no era plan de encontrarme así. Tenía que dar una imagen de que nada había ocurrido, aunque mi pálido rostro reflejaba otra cosa distinta. Justó salí cuando uno de los hombres estaba golpeando al robot, que no se movía. El chico de la capucha le disparó en dos ocasiones, tratando de calmar las cosas. Hombre… Calmarlas después de haber disparado…
Ese tipo había sido derribado, pero volvía a la carga sujetando un hacha. Sin pensarlo, cargué una flecha y disparé desde mi posición, luego me fui acercando a donde estaban. El virote impactó en la pierna del hombre y lo caer, haciendo que también la puya de la flecha se clavase en el suelo. - No te muevas. Y escucha. ¡Escuchad todos! - Me acerqué al encapuchado y al cibernético, pero miraba a los habitantes de Ulmer mientras levantaba la voz para que me oyeran. - No sé qué está pasando aquí. Pero este robot sólo os informaba. ¡No ha amenazado a nadie! - No conocía a ese hombre de metal pero sí que era cierto que no había amenazado a nadie, sólo había dicho cosas que, en un principio, hasta a mí me habían parecido tonterías, pero estaba acertando en todo. Lo de “grasa y peste” era muy cierto. - ¡Os está ayudando!

Tenía el arco preparado en una mano y una flecha en la otra, por si hacía falta disparar a alguien más, no quería que se me acercara ninguno de esos seres. El bio-cibernético había dicho que todos los que hubieran bebido agua de ese pozo estaban enfermos y siendo el único lugar que yo había visto desde donde se podía sacar agua, no quería arriesgarme. La gente empezó a ponerse nerviosa ante las palabras del robot. - Dejadlo en paz. Si sabe ciertas cosas y podemos encontrar la solución a la enfermedad no tendremos que volver a ver cosas como esa. ¡No está todo perdido! ¡A lo mejor ese tipo se ahogó! No entréis en pánico. - Moví la mano de la flecha señalando el pozo. - ¡Joder! Si queréis no estar muertos empezad a colaborar, busquemos una solución a todo esto. - Era irónico que yo dijese lo de colaborar, cuando prefería hacer las cosas en solitario. Pero el gremio me había enseñado que, en ocasiones, necesitabas el apoyo de alguien para ayudarte en situaciones peliagudas. Y esta gente me daba igual, pero ahora mismo corríamos peligro todos y, siendo egoísta, no iba a enfermarme por culpa de unos paletos de pueblo que se ponían a discutir y a arrear hachazos a diestro y siniestro. Yo no iba a morir ahí como ese tío del pozo. O colaborábamos y yo me largaba a las Islas. Aquí no había vampiros, mi trabajo no era este.
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Re: [MEGAEVENTO] Grasa, peste y muerte [No hay santuario][Cassandra-Fredericksen]

Mensaje  Sigel el Dom Ago 06 2017, 19:25

Se encontraba arrodillado en mitad de la plaza, a pocos metros de donde estaba el pozo. Le caía una fina línea de sangre y saliva por la boca. En el lugar donde el extranjero le clavó la primera flecha, había una mancha roja en su camisa. No le dolía, tampoco le dolió cuando se la sacó de un tirón. La mayor molestia que sentía en el hombro era un terrible picor, como ciento de hormigas rojas estuvieran caminando en un mismo lugar. La flecha de la pierna no se atrevió a arrancársela, prefiero dejársela puesta, aunque no se pudiera levantar. Al menos, mientras la tuviera clavada, no sentiría a las hormigas.

Las emociones de su rostro cambiaban por cada segundo, de igual manera podía estar riéndose al imaginarse cuánto daño le había hecho al gilipollas de hojalata como podría gritar de angustia porque una de las hormigas rojas había conseguido penetrar su piel y morderle desde dentro. En el momento en el que el un segundo proyectil atravesó su pierna sana, Jacob Marsh estaba llorando.

Definitivamente, no se iba a levantar. Desde el suelo las vistas eran estupendas, y no lo pensaba solo por el trasero de la extranjera o las delgadas piernas de Inga Scharf; sino que, además, tenía una perspectiva mucho más amplia de todo lo que sucedía en la plaza. Veía a la hojalata arrodillado de la misma manera que él, el extranjero de la capucha levantar los brazos con cordialidad pretendiendo ser amigos de los lobos, la chica nueva, erguida como una estaca de madera, se presentaba como la salvadora de todo y de todos… Jacob era más de consciente de lo que pasaba. Lo que más le fascinó ver, fue ver a Dennis Schunke entrar a escondidas en su casa. Días atrás, Marlowe, le dijo a Jacob que tenía la sospecha de que Schunke ocultaba algo en lo alto de su altillo. Jacob quiso saber qué era, llamó a la puerta de los Schunke y les pidió entrar de buenas y de malas formas. Dennis se negó a dejarle pasar mientras Inga corría en la habitación de arriba (subía al altillo). Escondían algo, no había duda. Jacob Marsh imaginó que Dennis iba a por lo que fuera que estuvieran escondiendo.

Después de terminase el discurso de la extranjera, hubo unos minutos de silencio y de paz. Jacob aprovechó para romper las flechas de sus piernas, las puntas de ésta se las dejó clavadas. Si las sacaba, podía perder mucha sangre y ya había perdido suficiente.

Adie, hojalata mensajera y gilipolleces de funciones, se tocó la cara. Tenía una brecha vertical que le cortaba medio rostro. Jacob esperaba ver un rastro de sangre, aceite, brea o de alguna sustancia similar salir de la herida del cibernético. Sin embargo, no salía nada. La herida era una línea por la que salía un tenue brillo azulado.

-Necesito un herrero que realice sus funciones de reparación conmigo. ¡Grasa, muerte y peste! ¿Quieres que te prediga el futuro? ¡Sabía que era 19! Funciones de reparación y tratamiento de metales. Cibernético mensajero y muchas otras funciones. Los humanos no pueden desactivar sus funciones de respiración. Los humanos necesitan realizar sus funciones de ingesta de agua. Mis funciones pueden ver el futuro en las estrellas. – Adie estaba delirando, repetía frases sin sentido.

-No le ayudéis, dejadla que se muera- dijo Marsh entre risas.

Dennis Schunk, que estaba ayudando a Jacob, retiró su mano y dejó a su compañero en el suelo.

-Deberías callarte si no quieres acabar muerto. Los extranjeros no se andan con chiquitas- dedico una mirada de soslayo a la cazadora.

-No me callaré, - alargó el brazo para cogerse de Dennis - alguien tiene que hablar bien claro. Ya que ninguno de vosotros os atrevéis a decir la verdad, la tengo que decir yo: ¡Llevamos días enfermos!- las palabras le salieron de la boca sin que se estuviera dando cuenta, repetía las mismas frases que Marlowe le había dicho por privado. - No tiene que venir nadie de fuera para decirnos algo que nosotros ya sabíamos, y menos para burlarse de nosotros. Podemos valernos por nuestra propia cuenta-.

Terminó la última frase dando un empujón a Dennis. Jacob se fue cojeando a la cabaña de Benjamin Korlan, el curandero de la manada, mientras maldecía con gruñidos guturales.

-Mensajero,- Dennis se arrodilló delante del cibernético - dime dónde podemos encontrar agua sana. Es importante para nosotros-.

-Dennis Schunke Kantos, suma las letras y dan 19. ¡Grasa y peste! Falta por conocer la muerte. ¿Quieres que prediga tu futuro? Cibernético buscador de agua sana y muchas otras funciones. Hay tres lobos en Ulmer con pozo propio. Dos de ellos han fallecido,  el último es Gabriel Marlowe-.

-¿Fallecido?-

-Muerto, difunto, caput, caput-.  

-¿Quiénes eran?-

-¡Licántropos fallecidos que se han quedado sin funciones!-

-Jacob tiene razón, estás roto-

_____________________

Mientras Dennis hablaba con Adie, Inga Scharf cogió del brazo a la cazadora. Le miró fijamente durante unos segundos, quería asegurarse de que esa chica sería la indicada para el trabajo. Parecía muy joven, mala señal. Los jóvenes eran precipitados y miedosos. El ejemplo claro lo tenía a pocos metros de distancia: Jacob Marsh. Él, apenas se llevaba un par de años con Inga, sin embargo, ella pensaba que eran los suficientes. Jacob siempre estaría por debajo, tanto en madurez como en inteligencia. ¿Cuántos años se llevaría con la cazadora? A simple vista, no menos de diez.

-Mi marido y yo hemos sido los que te han hecho venir hasta aquí,- dijo Inga manteniendo la mirada fija en los ojos de la cazadora- ven conmigo-.

Una vez se hubo ido Jacob Marsh, Inga arrastró a la cazadora hacia la puerta trasera de su casa.

-Te lo advierto, no te va a gustar lo que vas a ver aquí dentro. Te voy a pedir dos cosas y me tienes que prometer que las cumplirás.- Puso la llave dentro la cerradura y dejó soltar un amargo resoplido - No me juzgues ni a mí ni a mi marido Dennis. Esa es la primera promesa que me tienes que hacer. La segunda: Por respeto, no vomites-.

Dicho esto, rodó la llave y dejó que la chica pasase primero. Miró hacia la derecha y hacia la izquierda. Deseaba que nadie la hubiera visto. Los rumores corrían más veloces que el viento y Gabriel Marlowe siempre se enteraba de todo. Inga una vaga sensación de que Marlowe tenía planes malvados para la manada. Había conseguido reunir un grupo, no demasiado inteligente de lobos que le reían las gracias y se creían todo aquello que decía. La mitad de las cosas eran mentiras, la otra mitad los rumores que siempre llegaban a sus orejas. Cerró la puerta con la misma fuerza con la que daría un puñetazo a Marlowe.

-Es arriba, vamos- la sequedad de Inga fue en aumento.

La primera habitación era la cocina. Había un par de cubos de agua de pozo que los echó al suelo de una patada. Después de ella un enorme pasillo que acababa en las escaleras. La cazadora subió primero. Una vez en el pio interior, Inga estiró la cuerda del techo que dejaba caer las escaleras para subir al altillo.

-Arriba del todo-.

Nuevamente, la cazadora subió primero. Inga miró por las ventanas para asegurarse que nadie les prestaba atención. Así era, allí abajo estaban entretenidos con lo que fuera que estuviera diciendo el cibernético mensajero.

En el altillo, acomodado entre sábanas y cojines estaba el cadáver del pequeño Aros Schunke. El niño había muerto hacía varios días. Inga no podía decir cuántos con exactitud, para ella parecía siglos. Todas las noches, desde el maldito día, Inga bañaba al cadáver son lociones perfumantes. Lo mantenía limpio para que no oliera y no atrajese a los insectos. Compró, en la cabaña de Benjamin, cremas para que su piel se mantuviera lisa y rosada. Al curandero le dijo que las cremas eran para ella, éste le contestó que no entendía por qué se cuidaba su piel si ya era perfecta. No hablaron sobre Aros, y aquello era buena señal, no sospechaban.

-Están escondiendo a los enfermos. Los entierran en vida o los dejan morirse en el bosque. Lo último, como ya has visto, ha sido tirarlo en el pozo. No cayó, sé que lo tiraron cuando todavía vivía. A mi hijo quise cuidarlo yo. Entiéndelo, sé que soy una madre egoísta: preferí ver morir lentamente a mí hijo que dejar que unos salvajes le matasen y escondieran su cadáver.- por un momento, pareció que iba a saltar y abrazar el cuerpo de Aros, pero se supo contener- Eres una cazadora, tú trabajo es el de proteger a los ciudadanos. Te hice venir para que protejas a mi familia y a toda Ulmer. Quiero que les hagas ver que están enfermos-.

_____________________

Dos hombres grandes y torpes hombres, enviados de Marlowe, llamaron a la puerta de los Schunke. Tenían órdenes muy concisas, Gabriel las había resumido de forma que hasta el más estúpido lo pudiera entender: Matar.

_____________________

Fredericksen: Tu objetivo es, relativamente, el más complejo. Debes de cuidar de Adie. Puede aparecer otro loco como Jacob. Aerandir estaría muy triste si perdiese a su mensajero. Por otra parte, deberás elegir a una de las casas que tienen pozo propio independiente al que ha aparecido el muerto. ¿La casa de Marlowe o la casa de alguno de los fallecidos?
Cassandra C. Harrowmont: Inga te ha llevado lejos de donde sucede la acción de Adie, más concretamente, a su propia casa. Te ha mostrado su secreto. Cumple tus servicios como cazadora y protege a la familia Schunke.
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