[MEGAEVENTO] ¿Oyes al pueblo cantar? [Juez, jurado, verdugo] [Elen]

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[MEGAEVENTO] ¿Oyes al pueblo cantar? [Juez, jurado, verdugo] [Elen]

Mensaje  Fehu el Dom Jul 16 2017, 00:12


Dicen las voces del Norte que la muerte acecha en cada esquina. Hostil y silenciosa aguarda el momento de llevarse vidas de forma indiscriminada. Nadie está a salvo, ni siquiera a miles de kilómetros. Ni siquiera tras las fronteras de las ciudades, indispensables protectoras en miles de batallas, pero inútiles para aplacar este mal invisible.

Más cruento que una guerra.

Ni siquiera los poderosos dragones del norte habían podido salvarse de esa extraña enfermedad. Ni siquiera los lobos del este lo habían conseguido. Todos habían sucumbido a esa maldición. ¿Era cosa de los Dioses? ¿Cuánto mal habían hecho para que los Dioses se cebaran así con ellos?

La península de Verisar, que al principio se veía como una opción de refugio, había dejado de serlo. Las grandes masas de refugiados de ambos reinos, la escasez de medicamentos y el pánico social estaban complicando mucho cualquier intento de retención de la enfermedad.

Y todo se volvió gris.

¿Dónde quedaba la solidaridad que predicaban las buenas personas? ¿Había cabida para ayudar a los enfermos? ¿Qué vidas había que salvar y cuáles no? El miedo, la desesperación, la escasez y la represión estaban empezando a convertir las ciudades en auténticos campos de batalla. Había saqueos, venganza, golpes entre hermanos, descontrol, protestas, secuestros, chantajes, asesinatos… Todo lo malo de una sociedad que estaba destruyéndose estaba en Verisar.

Pero, ¿quién es el juez de estos actos? ¿Quién es el jurado? Y… ¿Quién tendría el papel de ejecutor?
_____________________




-¡El puerto está cerrado! ¡No lo repetiré más! ¡Recojan su comida y vuelvan a sus casas! –Bramó uno de los guardias mientras el resto de sus compañeros trataban de echar a los que se agolpaban. Un par de ellos empujaron a un chico de aspecto desaliñado con tal fuerza que lo tiraron al suelo.

-Fuera. –Ordenó uno de ellos. -¿Acaso no estás escuchando?

-¡¡Vosotros sois quienes no escucháis!! ¡¡Queremos salir de aquí!! ¡¡Estáis dejando morir a familias enteras!! -Protestó el muchacho, incorporándose en el suelo y volviéndose a encarar con los soldados, quienes empuñaron sus espadas, pero sin desenvainarlas aún.

-Vámonos, Marius. Déjalos. -Trató de controlarlo un compañero, apartándolo de los guardias, aunque no se libraron de su mirada de reproche. A pesar de intentar sacar de allí a Marius, sabía que su amigo tenía motivos de sobra para luchar. La madre de Marius estaba enferma, él mismo sabía que iba a morir, y la rabia le comía por dentro, pero había alguien más importante que aún no lo estaba y no quería que acabase enfermando por la falta de la falta de cuidados: su hermana pequeña.

Claro que en Verisar había médicos... Pero se estaban centrando en cierta parte de la población más, ¿cómo decirlo? Privilegiada. Y Marius era un simple panadero. Sus derechos no estaban siquiera a la altura de los de los ricos, bueno, ni a la altura de las mascotas de los ricos.

Tal y como había dicho el guardia, recogió su pequeño saco de comida y se apartó junto a su amigo, Thomas. Sí, también les racionaban la comida.

-Tenemos que ir en ese barco. ¡Podemos ayudar a la gente! Hay sitio para unos cuantos... -Insistió mirando a Thomas. La esperanza no se borraba de sus ojos mientras todavía quedasen horas para que el barco zarpase. El único que iba a salir desde el puerto de Lunargenta mientras la enfermedad estuviese asolando el continente. Iba dirección a las Islas Illidenses, el único lugar donde todavía no había resquicios del mal invisible. ¡Ese barco era la vía de escape perfecta! Era la única forma que esa niña tenía de salvarse.
¿Pero era fácil? Claramente no.

Ese no era un barco cualquiera, sino el del mismísimo Rey Siegfried. Como es fácil de deducir, los vigilantes de ese bergantín estaban por todos lados. Nadie podía acercarse a menos de 40 metros del puerto, pues rápidamente intervenían los miembros de la Guardia. Eran muchos los que querían salir de allí, muchas las revueltas que se originaban en el puerto durante la entrega de comida.Y muchos los días que habían durado estas quejas. Hacía ya una semana que el último navío había zarpado desde Lunargenta, dejando a miles de personas expuestas a un mal que estaba arrasando el continente.

-¡No os preocupéis! ¡Que no cunda el pánico! ¡Aquí no entrará ningún enfermo! -Decían los guardias hacía semanas, cuando las noticias de Dundarak sólo hablaban de “unos pocos casos aislados”. Pero, ¿acaso las noticias llegaban a tiempo real? Para el siguiente mensaje de “aumentan los casos aislados en Dundarak”, ya había llegado la enfermedad a Ulmer.

Pocos días después, empezaron a llegar los dragones y se desató el caos. ¿Qué decían los guardias sobre que no iba a haber ningún enfermo en Verisar?

Pronto empezó el pánico colectivo y se comenzaron a tomar medidas de protección, como las raciones de comida, el aislamiento... Y, por supuesto, el aislamiento del rey. Algo que no había gustado, y nada, a cierto grupillo, que se veían abandonados a su suerte.

-Tenemos que conseguir subir. -Seguía insistiendo Marius. -Es enorme, ¡hay sitio para todos! El Rey no querría ver morir a su gente. -Se le notaba desesperado por darle un futuro a su hermana, Liah.

Thomas y Marius se habían apartado un poco,apoyados contra una pared, pero las revueltas seguían.
-¡¡No nos podéis dejar aquí!! ¿¡Qué pasa con nuestros hijos!? ¿¡Vais a permitir que mueran sin hacer nada!? ¡¡Nos estáis abandonando!! ¿¡Y vosotros nos protegéis!? - Gritaba una muchedumbre enfurecida. Había varias familias entre los rebeldes, cargaban con bebés o niños pequeños.

-¡Atrás! ¡No me hagáis hacer algo que no quiero! -Vocifeó el guardia para que retrocedieran.

Ellos sabían que estaban haciendo lo mejor para su pueblo. Lo más importante era Su Majestad el Rey Siegfried, debían su vida a él. Y si entre esa gente había enfermos, la vida más valiosa de Lunargenta podría perderse. ¡A las Islas sólo iba a ir Siegfried y punto! Bueno, y su cohorte, y multitud de riquezas.

Pero Marius no estaba de acuerdo en eso, e iba a actuar. Y sabía cómo. -Vamos. Tengo un plan.


_____________________


Bienvenida, Elen Calhoun: Estás en Lunargenta, y no sólo tendrás que tratar de esquivar la enfermedad, sino que tú, en particular, podrás hacer que el barco del rey zarpe... O que no. ¿Te imaginas lo que puede suponer eso? He ahí tu decisión.

Pero no nos adelantemos. ¿Qué estabas haciendo para que te pillase toda la pandemia en Lunargenta? Me interesa saberlo. En tu primer turno tendrás que narrar cómo has llegado hasta ahí y cuál es tu posicionamiento. ¿Estás con la Guardia, protegiendo a nuestro Rey, controlando a la gente? ¿O con los rebeldes, tratando de salvar a más gente de a pie y tratando de impedir que ese barco parta hacia Beltrexus?
De esta elección dependerán tus siguientes turnos.
Te aconsejaría extremar las precauciones en cuanto al contacto, debo recordar que la pandemia acecha en cada esquina.

Clickando sobre los nombres en gris de los NPC's, encontrarás su aspecto.


Última edición por Fehu el Lun Jul 17 2017, 19:08, editado 1 vez


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Re: [MEGAEVENTO] ¿Oyes al pueblo cantar? [Juez, jurado, verdugo] [Elen]

Mensaje  Elen Calhoun el Dom Jul 16 2017, 12:03

La terrible pandemia había asestado ya un duro golpe a medio Aerandir, comenzando por el norte y extendiéndose rápidamente a través de las tierras del este hasta alcanzar Verisar, que estaba sumida en el caos. Poco quedaba ya de la bulliciosa ciudad en que uno podía sentirse relativamente seguro y no tenía por qué desconfiar de sus vecinos, desde que los rumores acerca de la enfermedad se intensificasen, cada ciudadano había empezado a mirar por sus intereses sin tener en cuenta en ocasiones, la legalidad. Muchas tiendas habían sufrido saqueos en la última semana, sobre todo aquellas que ofrecían medicamentos o productos alquímicos, ya que de momento no se conocía cura alguna para la enfermedad, detalle que solo incrementaba el miedo y la paranoia.

¿Hasta dónde serías capaz de llegar para proteger a los tuyos y mantenerlos a salvo? Ya se habían registrado asesinatos y secuestros por toda la ciudad, y la cosa no tenía pinta de ir a mejor sino todo lo contrario. Las protestas ante la guardia eran constantes, el pueblo necesitaba más de lo que se le daba, y el reciente racionamiento de la comida no ayudaba en nada a calmar los ánimos, sino que incrementaba las peleas y robos entre los propios ciudadanos. Aquella era sin duda una situación insostenible, y en cuanto las noticias llegaron a oídos de la hechicera, que en aquel momento se encontraba en Beltrexus pasando unos días con su compañero mientras intentaba mejorar su equipo, ambos embarcaron rumbo a Lunargenta, aprovechando que Gabrielle andaba por las islas comerciando y tenía que regresar a la península.

Ninguno de los tres podía hacerse una idea de lo mal que estarían las cosas al llegar, pero pronto les quedó claro que el muelle no era un buen lugar para atracar, a menos que quisieras ver cómo una multitud invadía tu barco en su desesperación por huir de la pandemia. - Lo siento Elen, no puedo acercarme más. - exclamó Gabrielle desde detrás del timón, cuando apenas les separaban cien metros del muelle. - No te preocupes, nos apañaremos con uno de los botes. - le respondió la bruja, sin apartar la vista de la muchedumbre que se concentraba alrededor del único barco que seguía anclado en el puerto. El navío en cuestión era grande y su decoración podía considerarse ostentosa, hecho que dejaba claro a quién debía pertenecer, al rey o a la alta nobleza de Lunargenta.

Eso supondría un problema, pues por muy noble que el rey fuese, probablemente el miedo a infectarse lo empujase a no permitir que nadie más subiese a bordo, algo que crearía descontento entre la que se consideraba su gente. Alister ayudó a un par de marineros a preparar el bote con que ambos salvarían la distancia que los separaba del muelle, mientras Gabrielle dejaba por unos instantes su puesto tras el timón para acercarse a la de ojos verdes. - ¿Estás segura de que quieres quedarte aquí? Beltrexus aún es una zona segura. - comentó, con cierta preocupación en el rostro al ver la situación en que estaba la ciudad. - Tengo que hacerlo. - respondió la tensai, pues su cargo de centinela del Sur implicaba que debía proteger tanto las islas como Verisar, y no pensaba dar la espalda a sus gentes.

Tras una breve despedida, el dragón y la hechicera embarcaron en el pequeño bote y pusieron rumbo a la zona menos concurrida del puerto, esperando poder dejar allí la barca sin que se les echasen encima para hacerse con ella. Apenas habían tenido tiempo pero no llegaban con las manos vacías, no, la benjamina de los Calhoun traía consigo una cantidad considerable de medicamentos e ingredientes alquímicos, adquiridos en la tienda del alquimista Crowley, otro que también trató de disuadirla en cuanto supo a dónde pretendía viajar. El mago la instó a no correr riesgos innecesarios ya que la enfermedad podía también alcanzarla, pero Elen hizo caso omiso a sus palabras, no podía quedarse de brazos cruzados mientras la gente moría.

Por suerte para ambos, la muchedumbre parecía mucho más interesada en discutir con los guardias que protegían el barco del rey que en su modesta barca, así que no les costó llegar a tierra y atar el bote para descargar los bártulos que traían consigo. Una vez hecho esto se pusieron en marcha a través de calles secundarias y manteniéndose siempre alerta, querían ayudar pero de nada valdría su presencia allí si también terminaban contagiados. La mejor opción era mantener cierta distancia con los posibles enfermos y tratarlos de forma segura utilizando protecciones como mascarillas y guantes, motivo por el cual ambos llevaban ya puestos un par de guantes de cuero para no arriesgarse al contacto directo con los afectados. Solo mantenían sus rostros al descubierto, pero eso podría cambiar si la situación empeoraba.

- Sígueme. - instó la joven, guiando a su compañero hacia un local del puerto, el taller de su hermano. - ¿Vincent? ¿Vincent estás aquí? - preguntó nada más entrar, deseando encontrar al brujo y asegurarse de que estaba bien. Toda la ciudad estaba padeciendo por culpa dela pandemia, pero la sangre tiraba más que el deber, y por ello la de cabellos cenicientos visitaría primero a su familia antes de buscar la forma de ayudar al pueblo. - Señorita Calhoun. - respondió Sandal, el ayudante del rubio, apareciendo tras el mostrador. - Su hermano no se encuentra en la ciudad, partió hacia el Norte hace más de un mes. - informó, acrecentando los temores de la tensai. ¿Y si su hermano se había visto en mitad de la pandemia cuando se originó? No quería ni pensar que pudiese haberle ocurrido algo. - Estaré hospedada en la posada de siempre, si regresa dile que venga a verme. - le indicó Elen, tratando de alejar los malos pensamientos de su cabeza mientras ponía rumbo a la siguiente parada, la casa de su madre.

Yennefer estaba en casa junto a Allyson, ambas a salvo y sanas aún, lo cual alivió en parte a la de ojos verdes, que les advirtió sobre los peligros de salir a la calle aquellos días, no había más que mirar los alrededores para comprender el caos que se había apoderado de Lunargenta. Escaparates y ventajas de locales rotas por doquier, cadáveres en las esquinas fruto de las peleas por los bienes más básicos, ningún lugar parecía seguro a aquellas alturas, así que tras esperar que recogiesen algunas cosas y víveres, se las llevó consigo a la posada, donde podría protegerlas de ser necesario.

Durante el día siguiente la centinela trató de ponerse al corriente acerca de la situación real en que se encontraba no solo Verisar sino también los reinos que habían padecido la pandemia antes, lo cual se tradujo en noticias nada alentadoras, a pesar de los rumores de que algunos valientes estaban buscando una cura. ¿Llegaría a tiempo la supuesta cura? Esa era la verdadera cuestión, el tiempo corría en contra y con cada hora que pasaba se perdían vidas, debían darse prisa.

Consciente de que el puerto era la zona más conflictiva, Elen decidió acudir allí para hablar con los guardias que protegían el barco del rey, acompañada como no de Alister, que ahora más que nunca, se sentía agobiado por culpa de la multitud y el riesgo que entrañaba. Podían estar caminando entre enfermos sin saberlo, y si alguno de los dos se contagiaba tendrían serios problemas, hecho que lo mantenía en una constante tensión que no le beneficiaba en nada. Al llegar a los muelles fueron testigos de cómo las autoridades repelían a los ciudadanos mientras éstos los acusaban de estar dejando morir a la gente.

Un muchacho en particular se encaró con ellos, pero pronto otro intervino para apartarlo de los guardias, temeroso quizá de que no se limitasen a empujarlo y utilizasen sus armas para disolver a la multitud. Aquel barco estaba reservado para el rey Siegfried y su cohorte, todos lo sabían, y también el destino, las islas Illidenses, lugar al que parecía que aún no había llegado la enfermedad. El dilema era claro, la vida del rey era sin duda importante, pero ¿de qué valdría un rey sin pueblo al que gobernar? Resultaba injusto sacrificar a tantas personas por salvar a una sola, sobre todo cuando en aquel barco podían viajar muchas más de las que se tenía planeado. Su postura sobre aquello era la más humana posible, no se podía salvar a todos y lo sabía, pero tenían que salvar a tantas personas como pudiesen antes de que la pandemia arrasara Lunargenta.

Elen observó como el par de muchachos hablaba entre sí para luego apartarse de la línea de guardias, y algo en su interior le dijo que debía seguirlos porque tramaban algo.




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Re: [MEGAEVENTO] ¿Oyes al pueblo cantar? [Juez, jurado, verdugo] [Elen]

Mensaje  Fehu el Sáb Jul 22 2017, 00:16

Marius fue con Thomas a un lugar apartado y empezó a contarle su plan, con gran entusiasmo. –Quedan horas para su partida. Sé que hay muchos guardias, sí, pero los distraeremos.
-Eso no va a funcionar, Marius. -Comentó Thomas, perdiendo la esperanza de poder salir de Lunargenta.
-¡Que sí! Mira, con dos guardias que dejen su puesto, habrá más hueco para pasar.
-Pero somos muchos. –Señaló con la cabeza una calle. Allí, en esas casas, se juntaban todas las personas que querían irse de la ciudad. La familia, amigos y vecinos de esos dos muchachos.
-Joder, Thomas. ¡Lo conseguiremos! Esta vez sí… -Trató de sonreír, pero ya eran incontables las veces que los habían echado de los barcos por miedo a que la infección se extendiera. En este, que era el del Rey, era más complicado entrar.  –Ve a avisar a todos. –Dijo mientras miraba desde la distancia las revueltas que había en el puerto. El amigo se fue a las casas.

No era justo nada de eso que estaba sucediendo. ¿Cómo no eran nobles no tenían derecho a una oportunidad? Los médicos estaban demasiado ocupados para centrarse en toda la ciudad y muchos morían por falta de cuidados. Marius tosió tapándose la boca con la manga de la camisa. Llevaba días con cierto malestar pero no había avisado a nadie, pues si lo hacía lo meterían en cuarentena y su única misión era poner a salvo a su hermana Liah. Las Islas eran su última oportunidad. Ahí, solo, se fijo en una mujer de cabello blanquecino. La escudriñó durante un momento, tratando de averiguar sus intenciones. -¿Estás con ellos? –No llevaba uniforme de Guardia de Lunargenta, así que el chico optó por no considerarla enemiga. -¿O con nosotros?

Thomas apareció con una niña pequeña en brazos, posiblemente de unos cinco o seis años, que estaba dormida. Se notaba que le costaba respirar y cuando el muchacho advirtió eso, Marius lo calló. –Sólo está dormida, ha pasado la noche mal. ¡Con esta gente metiendo ruido todo el rato! -Se quejó. Las incursiones de los guardias y la extrema preocupación de los vecinos hacían que dormir fuese una ardua tarea. -Thomas, distrae a los guardias de aquella esquina. Por allí podremos pasar. -Mientras él hablaba, un grupo de unas diez personas cruzaba la calle para colocarse detrás de Marius. -Tú. -Señaló a la forastera. -Ayúdanos. Todas estas vidas dependen de que podamos salir en ese barco. -Lo señaló. Luego se dirigió hacia sus vecinos para darles indicaciones. Todos parecían estar completamente sanos, aunque sí que había alguno que se tapaba la boca con un paño, o que se le notaba cansado. Era lógico, a fin de cuentas la ciudad era un caos y muchos acababan enfermos sólo por el cansancio. Aunque eso era difícil determinarlo sin el ojo de un profesional.

Thomas, estudiante de alquimia, había preparado un poción que al ser lanzada generaría un incendio. Esa era su distracción. Sí, muy rudimentaria, pero eficaz. ¿Quién no le tenía respeto al fuego? Tenía la intención de hacer prender el carromato que estaba más cercano a los guardias, así tenían que ir más efectivos que si lo lanzaba a más distancia. -Voy para allá. -Dijo, no muy seguro de que el plan funcionase. Sólo sabía con certeza que no descubrirían, pues las revueltas opacaban cualquier intento de vandalismo. Y, por si acaso, tenía otros tres productos más. Si uno no funcionaba, Marius se había encargado de tener un plan B, C y D.

El que parecía ser líder del plan miró a Elen. -Ve con él. Se llama Thomas, por cierto. –Hizo una rápida presentación antes de volverse hacia sus vecinos, como antes, sin soltar a su hermana a quien ahora llevaba él en brazos. La niña tenía los mofletes muy rojos y alguna que otra roncha por el cuello. Pero Marius se negaba a ver eso.
Sin siquiera esperar a la mujer, Thomas salió corriendo y empezó a destapar uno de los botes, dispuesto a reventarlo contra el carromato para generar un gran incendio. -Una… Dos…


_______________


Elen: Has decidido seguir a los muchachos. ¿Sabes que esto puede ponerte en apuros con la Guardia? Estás ayudando a los rebeldes… O no. Has visto que tanto Marius como su hermana presentan síntomas de malestar. ¿Pueden ser contagiosos? A lo mejor sólo es cansancio o cualquier otra enfermedad que nada tiene que ver con esta. ¿Te atreverías a dejar que esa gente subiera al barco? ¿O les impedirás la única forma que tienen de escapar?
Deberás decidir si vas con Thomas y ayudas a distraer a los guardias para que el resto pueda subir, o si impides a Marius y a los vecinos subir al barco.
En el primer caso, si ayudas con la distracción, deberás tirar runa para determinar vuestra suerte.

¡Ah! Casi lo olvido: ten cuidado con el contacto entre personas.


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Re: [MEGAEVENTO] ¿Oyes al pueblo cantar? [Juez, jurado, verdugo] [Elen]

Mensaje  Elen Calhoun el Lun Jul 24 2017, 10:24

Estaba en lo cierto, aquel par de muchachos buscaba la forma de embarcar, pero tenían un problema considerable, los guardias. Había tantos alrededor del navío que resultaba imposible subir sin ser visto, así que en vez de valerse del sigilo pensaban quitar de en medio a cuantos pudiesen con una distracción, aunque la idea no parecía convencer a uno de ellos. El otro por su parte demostraba un entusiasmo y esperanza que no tardó en arrastrar a su compañero, a pesar de su queja de que eran muchos. El dragón y la hechicera los observaban desde cierta distancia, y siguieron con la mirada al que salió corriendo hacia las casas cercanas antes de volver a centrarse en el otro individuo, que no tardó en percatarse de su presencia allí.

La de cabellos cenicientos no le quitaba ojo de encima, lo había visto toser y cubrirse la boca con la manga de su camisa, indicio que podía estar avisándola de que se trataba de un afectado por la pandemia. Tampoco es que tuviese el mejor aspecto, al menos su rostro no lo demostraba, pero la ciudad aquellos días era un caos, y puede que su situación se debiese al mal descanso y la escasez de alimentos que se había extendido por toda Lunargenta. - Aún no lo he decidido. - pensó para sí como respuesta a lo que el chico acababa de preguntarle, instantes antes de que el segundo muchacho reapareciese con una niña en brazos, la cual tampoco parecía encontrarse bien.

Le costaba respirar, y aunque su hermano achacaba aquello a haber pasado una mala noche, la rojez de sus mejillas y las ronchas que se podían ver en su cuello eran otro asunto. Sin duda estaba enferma, pero ¿sería una infección común y corriente o tendría que ver con la terrible enfermedad que ya había asolado las tierras del norte y del este?, debía descubrirlo antes de actuar. Salvar a toda la gente posible, de eso se trataba a fin de cuentas, y ayudar a que la pandemia llegase a las islas no iba a servir de nada, solo aumentaría el número de víctimas mortales y arruinaría el que hasta aquel momento era un lugar seguro. No, no podía permitir que eso ocurriese, no podía llevar la muerte a su hogar, así que tendría que arriesgarse y revisar tanto a la pequeña como al muchacho, aunque no eran los únicos que planeaban embarcar.

Una decena de personas abandonaron sus casas y se colocaron tras el chico que había traído a la niña consigo, la mayoría con aspecto sano pero a algunos el cansancio ya les pasaba factura, o habían optado por cubrirse la boca, quizá por precaución o porque al igual que Marius, habían comenzado a padecer ciertos síntomas que podrían considerarse sospechosos. A pesar del poco tiempo que llevaban en la ciudad, Elen se había informado del protocolo que estaban siguiendo las autoridades para controlar la expansión de la pandemia, y entre aquella lista de recomendaciones estaba la de avisar en cuanto se notase que alguien podía estar enfermo para que fuese puesto en cuarentena. Seguramente querían evitar aquello.

Por un momento la tensai se imaginó a vecinos acusándose unos a otros movidos por el pánico, puede que así hubiesen empezado algunas de las peleas en la calle que habían terminado con heridos y muertos por todas partes. - Ten cuidado Alister. - susurró al dragón, mientras el cabecilla de aquella operación daba la orden al otro chico para que iniciase la maniobra de distracción. Ambos debían extremar las precauciones para no terminar contagiados, así que aparte de los guantes de cuero pronto tendrían que utilizar las mascarillas, en cuanto la hechicera comenzara a revisar al grupo.

Marius les pidió ayuda, alegando que todas aquellas vidas dependían de que pudiesen subir al barco, al tiempo que su compañero se preparaba para actuar, con un bote en las manos. Aquello tenía toda la pinta de ser una poción, ¿para qué? Pronto lo verían. Thomas, que era como se llamaba, salió corriendo en dirección a su objetivo para crear la distracción, contando por el camino como si tuviese que calcular de forma exacta el momento en que lo lanzaría contra el carromato más próximo a los guardias, y a pesar de la petición de Marius, ni Elen ni su compañero se movieron para acompañar al alquimista, no, debían asegurarse de lo que tenían entre manos antes de tomar una decisión.

- Parad, esa rojez de sus mejillas y las ronchas del cuello no tienen nada que ver con un mal descanso, ambos estáis enfermos. - dijo la bruja, colocándose entre el grupo y su posible entrada al navío. - No puedo permitir que subáis sin antes haberos revisado para descartar que sea producto de la pandemia. - añadió casi al momento. Elen pensaba en su hogar y en el bienestar de toda la gente a la que conocía, no podía dejar que por un acto suyo la enfermedad asolase también Beltrexus, destruyéndola. Sabía cuáles eran los síntomas que debía buscar gracias a sus informadores, fiebres altas, malestar general, pústulas… pero si la enfermedad mutaba todo se complicaría, y al final cualquiera con una simple gripe parecería contagiado.

Los médicos no daban abasto, así que sin opción de consultar a uno para que pudiese ayudarla, le tocaría a ella examinar al grupo uno por uno, bueno, eso sí se dejaban claro. - Deja que la revise. - pidió, señalando a la pequeña ya que era la que peor cara tenía. Sus remedios y pociones podrían ayudarla, pero si verdaderamente se trataba de la temida pandemia, no podría permitir que la subiesen al barco.

Alister seguía tenso pero no se apartaría de la hechicera, dispuesto a protegerla si la multitud se negaba a escucharla y decidían pasar por encima de ellos.




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Re: [MEGAEVENTO] ¿Oyes al pueblo cantar? [Juez, jurado, verdugo] [Elen]

Mensaje  Fehu el Jue Jul 27 2017, 14:05

El tiempo apremiaba y Marius no quería perder un segundo más. Tenían que actuar ya si querían subir al navío. Su hermana no podía esperar. Sabía que estaba enferma aunque dijera que era causa de una mala noche. Pero si lo admitía sería sacrificada. Los brujos tenían mejores recursos que ellos y sólo habían rescatado a los ricos. El resto… Pues ahí estaban, detrás de él a la espera de salvarse. Poderoso caballero es Don Dinero, que permitía que los nobles que los explotaban siguiesen vivos y sanos, mientras los guardias, que debían velar por ellos, los atacaban en el puerto para defender a alguien que había sido elegido por su sangre para tener poder. Estaba claro que Marius no era simpatizante del rey, no en esos momentos. Y tampoco de Elen y Alister, porque no estaba de su parte. No iba a ir con Thomas y estaba molestándolos. -Fuera. -Dijo de mala gana el líder, apartando a su hermana de los viajeros. -¡Estáis con los guardias! ¡Nos vais a condenar! - Les gritaron algunos de los vecinos que estaban detrás de Marius.

-Vamos a pasar. Si os apartáis o no, es vuestro problema. -Sentenció Marius, enfadado. Había pensado que tendría un par de aliados que les ayudarían con su plan, tan desesperado estaba por salir que cualquiera podía ser un buen ayudante. Pero si no iban a aportar nada a la misión, querían que se largaran cuanto antes. El tiempo corría.

De pronto, un fuerte sonido retumbó por el puerto seguido de una columna de fuego y una onda. Thomas había lanzado la poción contra el carromato, pero en lugar de sólo crear un incendio, había creado una explosión que mató a varios guardias y vecinos que estaban más cerca, al instante. Los trozos del carro salieron despedidos por todos lados y el lugar era ahora un desconcierto total. El mismo Thomas murió a causa de la explosión, que le hizo volar un par de metros y ocasionó la detonación de los otros tres frascos que llevaba, haciéndolas a cada cual más violenta, destrozando parte del puerto.
Si lo que quería era hacer un incendio, seguro que no era el alumno de las matrículas de honor en la universidad.

Las explosiones destrozaron parte del puerto, edificios, dañaron a los que estaban más cerca, mataron a otros tantos y dejaron un desconcierto generalizado entre los que estaban allí, que tardaron un poco en reaccionar. En cuanto el humo se fue sólo quedaba el fuego quemando varias partes del lugar. Marius tenía a su hermana en brazos aún, la había intentado proteger, pero ya nada se podía hacer por ella, tenía parte del cuerpo quemado y sangraba en abundancia. Liah había muerto. Pero su hermano se negaba a aceptarlo y seguía empeñado en que podrían salvarla si conseguían llegar hasta el barco. Tan cegado estaba que ni él mismo veía su sangre o el destrozo que había hecho Thomas en el puerto. Ni siquiera se preguntó dónde estaba su amigo. -Liah… Te salvarán. -Susurró acariciando el pelo a la niña.

Si hubiese contemplado un poco a su alrededor entendería que se les había ido de las manos el tema de la distracción. La secuencia de explosiones había acabado con mucha gente del puerto y otros estaban heridos. Ahora sí que se requería a los médicos y no es que sobrasen muchos…

Entre la enfermedad y las explosiones, los ciudadanos se asustaron mucho más y, los que estaban más alejados del tumulto, después del desconcierto, se abalanzaron contra el barco. ¡Ya estaba libre! No había apenas guardias vigilando y, tras el pánico por la explosión, podrían escapar. ¡Los estaban matando! -¡Que se quede aquí! ¡Un rey sin reino no es nada! ¡Morirá como cualquier persona! ¡Si no nos ha ayudado, no le ayudaremos nosotros! ¡Ha atentado contra su pueblo! -Gritaba la masa contra el monarca, mientras trataban de abordar el barco.

Alister y Elen resultaron heridos por la explosión, más el dragón que la hechicera. La dicha de los dioses había querido que los que habían ido con buenas intenciones, a ayudar, resultasen heridos. ¡Caprichosos dioses! Pues habían dejado sin apenas secuelas al artífice de todo el plan. Y a Marius pareció importarle poco la cantidad de heridos que había dejado con su brillante, seguía ensimismado en recuperar a Liah. Se levantó y avanzó hacia el navío real.

-El Rey necesita salir de aquí. -Decía repetitivamente uno de los soldados que estaban tirados en el suelo. En el lugar donde debían estar sus piernas había un amasijo de carne sin forma. Y los guardias que quedaban en pie eran insuficientes para intentar detener a la masa que se lanzaba contra el barco y averiguar qué había sucedido con las explosiones.

Un sucesión de catastróficas desdichas en el puerto de Lunargenta había acabado con el lugar destruido, multitud de personas afectadas y cadáveres que podrían ser una fuente de infección para quienes corrieran a levantarlos. Y el tumulto que se agolpaba frente al barco, otra fuente para propagar la enfermedad si conseguían subir e irse a las islas. ¡Y los que podían ayudar, heridos! Los dioses debían estar riéndose desde el Valhalla de la mala suerte que tenían sus mortales.



_____________________


Elen Calhoun: O habéis sido muy malos en otra vida o alguien ha retado a los dioses con la pregunta "¿es que nada puede salir peor?". Estáis jodidos gracias a Marius y sus planes, y a Thomas y sus matrículas en alquimia que parecen ser inexistentes.

Como puedes comprobar aquí he tirado runas para que la suerte decida el alcance de las explosiones:
Tanto Thomas como Liah han muerto, entre otras personas como vecinos y guardias, cuyos cadáveres están tirados por el suelo. Tu compañero, Alister, ha sufrido heridas por todo el cuerpo y quemaduras de hasta segundo grado en el torso y brazos. Tú también has sufrido heridas, pero más leves que las del dragón. Tu brazo izquierdo presenta quemaduras de segundo grado.

El barco está siendo abordado por enfermos, aunque muchos están tratando de echar a otros para entrar primero, así que hay una revuelta en el puerto, más violenta, pero con menos personas.
Los cadáveres y enfermos pueden ser un foco de infección para vosotros, cuidado.

Tu objetivo principal será impedir que los enfermos suban al barco, pues el Rey es el único que debe salir de Lunargenta. No podrás sanar todavía a Alister, pero puedes ponerlo a salvo para evitar su contagio.



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Re: [MEGAEVENTO] ¿Oyes al pueblo cantar? [Juez, jurado, verdugo] [Elen]

Mensaje  Elen Calhoun el Sáb Jul 29 2017, 09:31

Su petición no fue bien recibida, y tomándolos a ambos por miembros del bando enemigo Marius apartó a la niña de ellos y los instó a que se marchasen, justo antes de que varios de los vecinos que planeaban escapar con él empezaran a gritarles en plena calle. El deseo de escapar de aquella enfermedad no les permitía pensar con claridad sobre lo que estaban haciendo, ¿y si alguno de ellos era víctima de la pandemia? ¿acaso creían que llegar a las islas arreglaría todos sus problemas? No, claro que no, lo único que iban a conseguir era propagar aún más aquel mal, y que el número de muertos aumentase considerablemente.

Marius no cejó en su empeño, pretendía pasar de todas formas y embarcar, pero la distracción con que Thomas debía darles la oportunidad salió mal, terriblemente mal. La explosión hizo retumbar el puerto, y no quedó solo en un incendio sino que se llevó la vida de cuantos se encontraban más cerca del carromato, incluido el propio Thomas. Varios guardias y ciudadanos se desplomaron como víctimas de la primera explosión, pero a esta le siguieron otras tres, a cual más violenta y destructiva que la anterior. Como resultado, parte del puerto y los edificios colindantes acabaron destrozados, mientras la cantidad de heridos y muertos aumentaba por momentos.

Un dolor que no le resultaba desconocido se extendió por la parte superior de su brazo izquierdo, desde el hombro hasta el antebrazo, donde hacía nada había sentido el abrasador calor de las llamas. Elen profirió un quejido de dolor mientras se levantaba del suelo, escuchando de fondo como los supervivientes culpaban al rey antes de aprovechar la nueva situación para abalanzarse sobre el barco, que contaba ahora con menos defensa. Buscó con la mirada hasta encontrar a su compañero, que había corrido peor suerte que ella. Alister tenía ambos brazos y el torso con quemaduras, a lo que había que sumar las heridas causadas por la onda expansiva de las explosiones, heridas que ella también sufría aunque en menor medida. - ¡Alister! - exclamó, al tiempo que salvaba la distancia que los separaba. El dragón sufría grandes dolores, su cara era prueba de ello, pero trataba de incorporarse por su cuenta y ahogaba los gritos de dolor que querían escapar de su garganta, emitiendo solamente gruñidos guturales cuando los movimientos empeoraban su estado.

- Maldita sea, tengo que sacarte de aquí. - dijo la hechicera nada más llegar a su lado, sujetándolo con sumo cuidado para poder serle de apoyo. Toda aquella gente y cadáveres podían ser focos de infección, y ahora que ambos tenían heridas abiertas y quemaduras podían contagiarse con mayor facilidad, debía apartar al cazador de la multitud y ponerlo a salvo antes de nada. - Vamos, aguanta. - añadió, mientras lo guiaba hacia una zona del puerto menos concurrida, justo aquella en la que días atrás habían dejado el bote que Gabrielle les había prestado. Allí lo acomodó como buenamente pudo, tratando de no tocar ninguna de sus zonas afectadas para no causarle más daño, pero no podía hacer más, al menos de momento. Kortinque, eso era lo que ambos necesitaban para sanar sus quemaduras, pero las hojas que tenía estaban en su habitación de la posada, lugar al que tendrían que llegar en cuanto el problema del puerto se hubiese solucionado. Su bolsa de cuero solo albergaba algunos remedios básicos ya que no esperaba verse en una situación como aquella, pero servirían para hacer desaparecer el dolor, que ya era algo.

- No dejes que nadie te toque, espérame aquí, volveré tan pronto como pueda. - indicó, pero el alado la detuvo con un gesto. - Tu brazo… no puedes acercarte a ellos así… enfermarás… - consiguió decir aunque con lentitud, ya que sus energías estaban puestas en soportar el dolor. Tenía razón, así que sin perder tiempo, la de ojos verdes buscó por los alrededores hasta dar con un trozo de tela de esos que los marineros utilizaban para cubrir las mercancías durante sus viajes. No era lo mejor del mundo pero serviría para envolver su brazo y mantenerlo cubierto, que ya era algo. - Ten cuidado. - fue lo último que dijo Alister antes de verla marchar, quedando solo en aquel pequeño bote y luchando por no perder el conocimiento a causa de sus heridas.

Elen volvió a la conflictiva zona tan rápido como le permitieron las piernas, y alcanzó a ver a Marius acercándose al bote con su hermana, ya muerta, en brazos. Tanto era su deseo de salvarla que no se daba cuenta del verdadero estado de la niña, que también había perdido la vida a causa de las explosiones. La situación era caótica, los asustados ciudadanos peleaban entre ellos por una plaza a bordo, mientras los pocos guardias que aún seguían en pie trataban de frenar su avance, pero la inferioridad numérica jugaba en su contra. La benjamina de los Calhoun no podía permitir que los potenciales enfermos subiesen al barco, había quedado claro que por duro que pareciese, lo mejor sería retenerlos allí y permitir que el monarca y sus acompañantes fueran los únicos en embarcar, así que buscó la zona menos atestada de gente y de forma brusca, se abrió paso.

Sus heridas, la terquedad de Marius y la estupidez de Thomas, el hecho de tener a su compañero herido y haberlo dejado solo, todo aquello la puso de mal humor, muy mal humor. - ¡Atrás! - ordenó a voz en grito, antes de barrer con una fuerte onda de viento a buena parte de las personas que se interponían entre ella y la entrada al barco. Muchos estaban débiles a causa del hambre, el cansancio, las peleas y la enfermedad, así que no pudieron mantenerse en pie ante el hechizo de la joven, que continuó lanzando ondas hasta situarse junto a los guardias que aún quedaban. - El barco tiene que salir ya, ¿dónde está el rey? - preguntó, permitiendo que la electricidad le envolviese el brazo sano y disparando una descarga contra el suelo justo a los pies de los ciudadanos más adelantados, a modo de advertencia.

No le gustaba tomar aquel papel, pero estaba claro que la situación se les había ido de las manos, cuanto antes se marchase el barco mejor, así se acabarían los conflictos, al menos en el puerto. Elen hacía lo posible por mantenerse centrada pero el dolor seguía extendiéndose por su brazo izquierdo, necesitaba que aquello terminase pronto para no solo ocuparse de sus heridas, sino también de las de Alister.




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Re: [MEGAEVENTO] ¿Oyes al pueblo cantar? [Juez, jurado, verdugo] [Elen]

Mensaje  Fehu el Miér Ago 02 2017, 15:09

El destino y la suerte queda a manos de los dioses más caprichosos, que creen poder jugar con la vida de los mortales, a quienes ellos dieron vida. Son los que deciden quién vive y quien muere en este juego que ellos han creado para su divertimento. ¿Quién si no podría haber sido el artífice de que cuatro explosiones destruyeran el grandioso puerto de Lunargenta? Un fallo humano acompañado de la mala suerte que los dioses querían brindar. Un error que se había llevado decenas de vidas, que había herido a otro gran número de personas ajenas a esos sucesos, como era el caso de Alister o Elen. Ellos, que no habían tenido nada que ver en la elección de los dioses sobre la vida y muerte de los humanos, también habían caído en las garras de su juego.

El dragón se encontraba en una barca, alejado de todo lo que podía volverse contra él: infecciones, golpes, heridas, la enfermedad… Y su compañera, Elen, había tomado el control de la situación impidiendo que los enfermos tomasen el barco que con ansias intentaban abordar. Las ráfagas de viento y los rayos persuadían a bastantes personas. Sin duda, la enfermedad no había mellado su inteligencia: era mejor un par de pasos para atrás que acabar chamuscado. Por supuesto, no se libró de insultos. -¡Ayudas a esos perros! ¡Traidora! ¡Nos estás dejando morir! ¡Atacas a los inocentes! ¡Abajo la corona! -Gritaban en multitud, sin ponerse de acuerdo. Los que trataban de subir llegaban, incluso, a querer trepar, pero acababan cayendo al mar, o recibiendo algún rayo de la bruja.

-Gracias por su ayuda. -Comentó uno de los guardias que trataba de ponerse de pie apoyado en su lanza. Dos de sus compañeros, quienes podían andar y estaban ilesos, salieron corriendo en dos direcciones: uno fue al campamento médico y el otro, a la base de la Guardia. El primero debía avisar a los doctores que eran necesarios en el puerto, lo que conllevó que no se prestara asistencia a los enfermos que se encontraban en la zona de cuarentena.  

El segundo tenía por misión avisar a Lord Tinegar. La situación era de tal magnitud que el líder debía saberlo cuanto antes. Aunque el general tampoco tenía mejores noticias que su subordinado. Una hora antes acababa de recibir un comunicado desde la Base de los Biocibernéticos avisando de que cualquier indicio de cura había sido paralizado después de que se destruyera la única unidad de la fábrica preparada para crearla. Y con ella, también se había destruido cualquier esperanza de que la pandemia tuviese solución. Los reinos de Aerandir estaban condenados y el único lugar seguro eran las Islas Illidenses. El único barco que saldría llevaba consigo a los últimos que podían salir del continente.

-Señor… -Se arrodilló el soldado frente a su líder. -El puerto ha sido destruido. -Lord Tinegar asintió apesadumbrado.
-¿Le ha pasado algo al barco de Su Majestad? -Quiso saber el general,  y el hombre negó.
-No… No todavía. -Seguía sofocado por la carrera. -Pero deben darse prisa. La gente intenta subir.
-Debemos partir cuanto antes, soldado. No hay cura que sane este mal.

Preparó su caballo,  otro para el guerrero, y galoparon hasta el puerto junto a tres soldados más. Aquello era desolador, igual que un campo de batalla, pero en la propia Lunargenta. Parecía totalmente destruida esa bella ciudad, su bella ciudad. El barco del Rey seguía intacto, pero era gracias a la mujer que lanzaba corrientes de viento y eléctricas contra el pueblo que, desesperado, trataba de abordar.

La situación era caótica, extrema. Necesitaban dejar el lugar libre para el Rey y su corte. Todos sus subordinados habían preparado todo con rapidez y dado el estado de alerta, se había adelantado la salida del Rey hacia las Islas. Debían hacerlo inmediatamente. Lord Tinegar y sus soldados iban equipados con todas las medidas de protección y, desde el caballo, con sus lanzas, también tomaron represalias contra los enfermos. La comitiva real apareció por el puerto, tan brillante y pulcra que contrastaban con todo lo sucedido en el puerto.
A su paso, la situación se volvió más peliaguda. Muchos culpaban al monarca por abandonarlos, otros sólo suplicaban por ayuda, entendiendo que él debía ser rescatado para que no cundiese la anarquía. Pero gracias a Elen y a los guardias, el Rey consiguió subir a su navío.

-Soldados, debemos retirarnos. -Lord Tinegar les mostró el pergamino a los que estaban más atrasados, cerca del barco.





Mensaje interno para Guardia de Lunargenta
Preferencia: URGENTE

Estimado Lord Tinegar,
Lamento comunicarle que no podemos generar la cura, ni mucho menos distribuirla. Hemos tenido problemas con los grupos de partida que enviaron al lugar, y con diversos asaltantes.
Actualmente estamos intentando reparar los daños que están en nuestra mano pero, desgraciadamente, no podremos hacer más con respecto a la medicina.
Lo siento, lo hemos intentado. Los dioses son testigos de los esfuerzos que hemos hecho por intentar reparar todo. Pero nada más se puede hacer.
Suba el nivel de alerta y tome precauciones.
Evacuen inmediatamene a su Majestad, el Rey. Y traten de ponerse a salvo.

Desde Base de Bios


© HARDROCK


Luego se dirigió a la bruja. -Suba. Por su valentía y servicio a nuestro Rey, le obsequiaremos gratamente, milady. -Debía hacerlo rápido, los enfermos empezaban a tirar piedras de las que se habían desprendido por la explosión, y trozos de madera. El general sí subió. Incluso su caballo lo hizo, quedando constancia de la importancia de las vidas en ese lugar.

Luchaban por proteger a su pueblo, eso era algo que la guardia no olvidaría jamás. Pero luchaban por un pueblo sano, no por uno que no tenía salvación. Su mayor lealtad se la debían al Rey, a quien debían proteger  con su propia vida. Y él era quien debía salvarse.

-¡No nos podéis dejar aquí! ¡Ayudadnos! -Gritaban desesperados. Incluso los médicos, quienes habían ayudado en la zona de cuarentena, se quedaron en el puerto. Sabían que podían estar contagiados y no debían subir al barco. Todos ellos sabían que perecerían en la ciudad. Y sin saber todavía que ya no iba a haber cura. Eso sólo lo sabían los que habían estado en el castillo, el resto vivía en una ignorancia llena de esperanzas sobre su futuro. Elen había ayudado a salvar al Rey, ella merecía estar en ese barco, merecía salvarse. Pero, ¿querría? Todos los obsequios con los que podrían colmarla, ¿eran suficientes por salvar la vida de Su Majestad?


_____________________


Elen: Tu gran hazaña será recordaba, has ayudado al Rey a subir al barco y con ello has salvado su vida. Te debe gratitud. Pero la situación es extrema y debéis salir de ahí cuanto antes. No hay cura. Si enfermáis… Los dioses decidirán vuestro destino. Pero en toda la oscuridad de Lunargenta, la guardia te ofrece luz. Tú decides si subir al barco o rechazar la oferta para quedarte en una ciudad plagada de enfermos. Y que puede ser peor si tus compañeros los liberan de la zona de cuarentena -> Aquí.

En cambio, si decides subir, serás recompensada con grandes premios. Y podrás elegir entre:
-La curación completa de tus heridas.
-Un arma de gran calidad, forjada por los herreros del Rey, especialmente para ti.
-Un kit de alquimia, de calidad superior.
-Que remolquen la barca de Alister para alejarlo del puerto. No os curarán en este caso, ni él subirá al barco real (porque puede estar enfermo a ojos de la corte).
-Un título honorífico, que hará que tu nombre sea reconocido por todos los reinos de Aerandir.


Harán o te darán lo que desees. Elige una de estas cosas si decides subir al barco. Ya que las explosiones y el capricho de los dioses os ha dejado tan maltrechos, en este turno sólo tendrás la aprobación de los habitantes del Valhalla. Nada malo te pasará… Si subes al barco. Al menos, en esta ronda.
Si decides quedarte en el puerto, tu suerte y la de tu compañero dependerán de la gracia que le cedan los dioses a una elfa.

Esta historia y “Venta de humo” están interconectadas, suceden a varias calles de distancia, por lo que las decisiones de una afectan a los otros, y viceversa.


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Re: [MEGAEVENTO] ¿Oyes al pueblo cantar? [Juez, jurado, verdugo] [Elen]

Mensaje  Elen Calhoun el Dom Ago 06 2017, 11:02

Frustrados porque una mujer se hubiese convertido en el nuevo obstáculo que los separaba del barco y con ello de la supuesta salvación, los ciudadanos no tardaron en arremeter contra ella con insultos y acusaciones, pero la mayoría se mantuvo a distancia tras ver de lo que era capaz la bruja, que seguía manteniéndolos a raya utilizando sus poderes. Algunos ignoraron el aviso que sus descargas implicaban pero a pesar de lograr encaramarse al navío no llegaban muy lejos, el viento los hacía caer al mar o recibían algún rayo por parte de la joven, que los enviaba al mismo sitio. Por supuesto Elen no estaba utilizando su elemento con toda la potencia de la que era capaz, comprendía el pánico que se había adueñado de la gente y no buscaba herir a nadie, solo apartarlos del muelle para que su majestad pudiese abandonar la ciudad de una vez por todas y con ello, que los conflictos y peleas por embarcar cesasen.

Pocos guardias quedaban ya en pie, y viendo que la situación no hacía más que empeorar, dos de ellos salieron corriendo en direcciones opuestas, mientras un tercero se esforzaba por volver a levantarse con ayuda de su arma y le daba las gracias. - No ha sido nada, tenéis que sacar al rey de aquí ya, no quiero saber cuan fea puede ponerse la cosa. - respondió, mirando por el rabillo del ojo al individuo para cerciorarse de que conseguía ponerse en pie. - ¡Mis hijos! ¡No podéis dejarlos aquí! - gritó una mujer entre lágrimas, con un bebé en los brazos y un niño pequeño aferrado a su pierna. - ¡Nos estáis condenando! - gritó otra voz, la de un hombre mayor con evidentes signos de cansancio en el rostro. Mirase donde mirase había alguien que deseaba huir de aquella pandemia, personas inocentes cuyas vidas habían cambiado de un día para otro a causa de la enfermedad y que solo pedían una oportunidad, algo que por mucho que le doliese, la hechicera no podía darles.

El barco debía zarpar sin posibles enfermos a bordo, solo así podría asegurarse de no enviar la muerte a su tierra natal, así que le tocaba seguir ejerciendo el papel de mala. - ¡Atrás! ¡Nadie subirá a este barco! - exclamó, acompañando sus palabras con una nueva onda de viento que alejó a un grupo de muchachos. - No me lo pongáis más difícil. - añadió, antes de concentrar la forma avanzada de su elemento para crear un muro de energía que separase a la multitud de ellos. Un par de jóvenes intentaron atravesar la barrera de la hechicera, pero solo consiguieron llevarse una dolorosa descarga y acabar en el suelo, aturdidos y sin poder controlar sus cuerpos. Aquello hizo entrar en razón al resto, que optó por retroceder para mantenerse a cierta distancia del muro eléctrico.

- Lord Tinegar llegará pronto. - aseguró el guardia que seguía con ella, y estaba en lo cierto. No paso mucho tiempo, de pronto cinco caballos irrumpieron en el muelle, y sus jinetes armados con lanzas empezaron de inmediato a disolver a la multitud, obligándolos a apartarse del lugar para dejar paso a la comitiva real, que no tardó en aparecer. El pueblo gritaba e insultaba a su rey, tachándolo de traidor y acusándolo de abandonarlos a su suerte, pero a aquellas alturas ya apenas les quedaban fuerzas para tratar de embarcar, así que se limitaron a suplicar una ayuda que no llegaría.

Elen retiró la barrera pero se mantuvo alerta y preparada para volver a utilizar sus poderes si la gente volvía a intentar tomar el navío, cosa que por suerte no ocurrió gracias a la presencia de Lord Tinegar y sus hombres. Como estaba previsto, el rey subió a bordo junto con su comitiva, momento en que Tinegar mostró un pergamino a los soldados que seguían alrededor del barco, uno que contenía malas noticias. La de ojos verdes alcanzó a leer parte del contenido del mismo, y la tristeza se adueñó de su rostro al enterarse de que no había cura, la incursión en la base de los Bio de la que había oído hablar había fracasado. Toda aquella gente estaba condenada y solo los dioses sabían cuántas vidas se perderían a causa de la pandemia.

¿Se encontraría bien su hermano? No tener idea de su paradero ni estado la preocupaba, pero de momento tenía otras personas de las que ocuparse, entre ellas su compañero, que seguía herido en la barca y solo. Lord Tinegar, en agradecimiento por su ayuda, le ofreció un lugar a bordo, pero la benjamina de los Calhoun no podía marcharse así como así, su madre y Allyson seguían en la posada esperándolos, a lo que había que sumar que tenía que ocuparse de las heridas de Alister, y todo lo necesario para ello estaba también en su habitación de la posada. Los ciudadanos comenzaron a tirar piedras y cuanto encontraban a mano para demostrar su descontento, el barco debía partir sin más demora. - Gracias pero no puedo aceptar su oferta, hay gente aquí que me necesita. - respondió, antes de echar mano a sus poderes de viento para frenar en seco todo lo que la multitud lanzaba contra los guardias y el barco en sí.

- Marchaos, os cubriré. - indicó, antes de girarse hacia la gente y levantar ambas manos en su dirección, soltando una potente onda que no solo derribó a las primeras líneas de ciudadanos, sino que hizo dudar al resto sobre si debían continuar mostrando su descontento, aquella bruja no se andaba con juegos y si colmaban su paciencia podrían salir muy mal parados. El dolor seguía recorriendo su brazo herido pero no podía flaquear en aquel tenso momento, si veían cualquier señal de debilidad por su parte se abalanzarían sobre ella y entonces tendría que pelear por su vida en serio, cosa que no quería hacer pero que de ser necesario, haría.

Como medida preventiva, Elen volvió a levantar la barrera de energía entre el barco y la muchedumbre, esperando que con eso el pueblo desistiese en su empeño por subir, pero estaba segura de que solo cuando el navío se marchase las cosas comenzarían a calmarse, aunque a ella no volverían a verla con buenos ojos. Sin pretenderlo acababa de echarse una cantidad considerable de potenciales enemigos, y los rumores no tardarían en extenderse por las calles de Lunargenta, debía ocuparse de sanarse a sí misma y a Alister tan pronto como le fuese posible, para luego reunirse con Yennefer y la pequeña Allyson en la posada y abandonar la ciudad en dirección a Sandorai, con la esperanza de que los elfos pudiesen tener la cura que tanto necesitaba Aerandir.



Off: Lamento la tardanza, no pude sacar tiempo antes >.<




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Re: [MEGAEVENTO] ¿Oyes al pueblo cantar? [Juez, jurado, verdugo] [Elen]

Mensaje  Fehu el Sáb Ago 12 2017, 13:27

A pesar del ofrecimiento, Elen se negó a recibir los obsequios que le venían dados por el mismísimo general de la Guardia de Lunargenta. El tiempo apremiaba y, a pesar de la masa ingente de personas que trataban de abalanzarse sobre el barco, ella solita era capaz de mantenerlos a raya. Estaba haciendo un trabajo loable para mantener a salvo la vida de Su Majestad.

Podría haber recibido una curación de sus heridas, se veía que flaqueaba de uno de sus brazos, aunque la gente ignorase ese detalle. Podrían haber ayudado a su amigo a salir del lugar. Pero no quiso nada. Honrada mujer era esa bruja, que daba su ayuda a cambio de nada. Todos subieron al barco y, tras insistir una vez más en que subiera, partieron. Eso alteró más a las gentes que se inclinaban sobre los escombros del puerto o trataban de nadar para alcanzar el navío. A veces, tan cerca, que se golpeaban con la quilla o con el codaste. Pero pocos fueron los que llegaban a metros del barco. Podían haber subido de no ser por los soldados y por la bruja esa. Pronto, la emprendieron contra ella, que era la cara visible de la represión.

-¡Zorra! ¡Por tu culpa vamos a morir! ¡Deberías estar en el fondo del mar! ¡Espero que enfermes como nosotros y mueras aquí! -Trataban de abalanzarse sobre ella, a pesar de que muchos habían desistido de esa idea después del segundo calambrazo.

Marius, el chico que encabezaba la revuelta entes de que su amigo volase el puerto en pedazos, apareció frente a ella. Posiblemente ya hubiera recibido el impacto de alguno de los rayos de la forastera, pero no se rendía. Si no podían alcanzar el barco, su único medio para salir del continente, iban a vengarse. Él fue el primero en empezar el linchamiento público. Tomó uno de los escombros del puerto y se lo lanzó a la mujer que había impedido su paso a la libertad. El resto de personas que estaban allí, le siguieron. Era una forma de no acercarse a ella y recibir las descargas.

¿Por qué siempre la moneda se balancea entre su cara buena y su cara mala? Tal vez ayudar al Rey e impedir que la enfermedad llegase a las Islas era un bien mayor, pero había que dejar a otras tantas personas perecer sin ningún tipo de ayuda. Los caprichosos dioses jugaban con sus mortales de esa forma, haciendo que cualquier decisión que tomasen tuviese las dos caras. Elen lo había hecho bien, pero solo a ojos de la guardia y de los más altos cargos de Lunargenta, y también sería una heroína para los habitantes de las Islas que supieran la historia. Pero aquí, en la península de Verisar, se convertiría en alguien indeseable. Ella y cualquier persona que estuviese a su lado. Su imagen había quedado manchada por sus actos, por preocuparse más por la vida de unas pocas personas de recursos que de la salvación de miles. Era culpable de cortar la larga vida que los dioses tenían para sus hijos, de una nueva oportunidad en un sitio alejado del mal que los destruía. La que había impedido cualquier tipo de salvación y había arruinado las esperanzas de los que esperaban una oportunidad.

Las piedras seguían volando pero ese no era el mayor de los problemas de la bruja. Dos nubes negras pasaron volando por toda la ciudad, voceando y repitiendo lo mismo. -¡LARGA VIDA AL REY SIEGFRIED! ¡LARGA VIDA ALLÁ EN LAS ISLAS! ¡¡LUNARGENTA ES NUESTRA!! ¡¡ES NUESTRO REINO!!

Habían conseguido un derrocamiento aprovechando la salida de Su Majestad. Lunargenta había caído en manos de unos salvajes vampiros. Ahora la ciudad y su gente estaban sumidas en un nuevo régimen que ni siquiera esperaban. Había sido todo tan rápido…
Parecía que los dioses se divertían metiendo en problemas a los pobres mortales que habitaban Aerandir: una pandemia que asolaba todo el continente, cualquier indicio de cura había sido destruido, multitud de refugiados buscando otro lugar en el que vivir, la esperanza perdida en los doctores y los guardias, la caída de la capital, los asesinatos injustificados y los saqueos a cada hora… Para colmo, Elen se había convertido en una de las personas más odiadas de la ciudad. ¿Se podía hacer algo para evitar esa malvada voluntad de quienes habían creado el mundo?


_________________________________________


Elen: La situación es insostenible y tienes que escapar de allí cuanto antes. Pero no tú sola. Sé que tienes familia en el lugar y es mejor que ellos también huyan contigo. Tus decisiones han sido las acertadas, has impedido que la pandemia se extienda hacia las Islas. Gracias a ti son el único lugar libre de esta enfermedad. Pero tus decisiones también han tenido unas repercusiones no del todo buenas. Al menos, no para ti y los tuyos.

Te están apedreando y claman por tu cabeza. Tu misión será escapar de la ciudad junto con Alister. Y si crees que también pueden estar en peligro, junto con el resto de tu familia. Pero la ciudad ha caído en manos de los vampiros y los enfermos vagan por las calles cometiendo todo tipo de delitos. A pesar de que se hayan hecho con el trono esa misma noche, la anarquía sigue reinando en las calles. Si ya saben que van a morir… ¿Para qué hacer caso a leyes impuestas?

Esta vez no dejaré tu suerte a la voluntad de los dioses, son demasiado caprichosos con el destino de sus mortales y podrían hacerte fallar en tu huida. Este último turno será de tu salida de la ciudad. Pero ten cuidado, aparte de los enfermos que están intentando aplastar tu cabeza, también hay otros que simplemente están por las calles y son fuente de contagio. Las murallas siguen cerradas para que nadie de fuera entre. Aunque, ¿merece ya la pena tener las puertas cerradas si dentro se está viviendo un infierno peor que en cualquier otro lugar?
Tranquila, tus decisiones han sido duras, mereces salir de la ciudad junto con tus seres queridos.


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Re: [MEGAEVENTO] ¿Oyes al pueblo cantar? [Juez, jurado, verdugo] [Elen]

Mensaje  Elen Calhoun el Jue Ago 17 2017, 01:06

Lord Tinegar insistió una vez más, pero la hechicera negó con la cabeza, no iba a abandonar a los suyos en la ciudad estando la situación tan mal, y el barco del rey no podía esperar a que ella reuniese a su familia para partir. En cuanto estuvieron todos a bordo, el navío de Su Majestad levó anclas y comenzó a alejarse del puerto, aumentando la tensión entre los ciudadanos, que aún se negaban a rendirse y trataban desesperadamente de llegar a la cubierta. Viendo que sus esperanzas se esfumaban, algunos optaron por llorar de forma desconsolada, mientras otros la emprendían nuevamente contra la bruja, insultándola e intentando alcanzarla para castigarla por haberse interpuesto en su camino hacia la supuesta salvación.

El muro de energía mantuvo a raya a la mayoría de los presentes, pero eso no impidió que comenzasen a tirarle escombros de nuevo, el primero de ellos de manos de Marius, el culpable de todo aquel caos y de que medio puerto estuviese destrozado. Con esfuerzo, Elen consiguió desviar los proyectiles que le lanzaban, pero el dolor seguía recorriéndole el brazo y pronto sus fuerzas empezarían a flaquear, tenía que ponerse a salvo y alejarse de aquella zona tan conflictiva. La aparición de dos nubes de humo oscuro sobrevolando la ciudad y gritando que Lunargenta había caído en manos de los vampiros no hizo sino empeorar la ya de por sí espinosa situación, así que sin más opciones, manipuló el muro de energía para que avanzase en dirección a la multitud, obligándola a retirarse poco a poco. - ¡Marchaos a vuestras casas! ¡Encerraos antes de que empiece el baño de sangre! - exclamó, pero ¿qué caso iban a hacerle después de que les hubiese privado de la posibilidad de viajar al único lugar que aún era seguro?

Los gritos no tardaron en escucharse en las calles principales, los nuevos y autoproclamados reyes de Lunargenta iniciaban un festín para celebrar su victoria, atacando salvajemente a cuantos encontraban en su camino. Entonces, y con el miedo en el cuerpo, parte de la multitud, sobre todo las mujeres, los ancianos y los niños, abandonaron el puerto para correr a esconderse en los edificios más cercanos, mientras el resto seguía intentando linchar a la de ojos verdes, creyendo que con ello se sentirían algo mejor. Elen no podía perder el tiempo así que le tocó actuar, volviendo a desplazar la barrera eléctrica para ganar terreno, tras lo cual concentró su elemento en un orbe de tamaño considerable, que empezó a brillar cada vez con más intensidad, hasta explotar en un destello que cegó a sus atacantes y que podría ser visto a bastante distancia.

A toda prisa, la tensai corrió hacia el lugar en que había dejado a su compañero aprovechando la momentánea incapacidad de la multitud, alcanzó la barca y tomando otra tela de las que los marineros usaban para cubrir sus mercancías, se tapó a sí misma y al dragón, de modo que no pudiesen verlos al recuperar la visión. - ¡¿Dónde está?! - escuchó gritar a Marius instantes después. Elen contuvo el aliento, no quería hacer daño a más gente pero si volvían a arremeter contra ella no le quedaría más remedio que defenderse. - ¡Esa zorra ha huido! ¡Buscadla! - añadió el muchacho, movido por la ira y la sed de venganza. Algunos de los ciudadanos le obedecieron, tomando direcciones diferentes para revisar las calles secundarias que iban desde el puerto hasta la zona central de la ciudad, pero otros ignoraron sus palabras, estaban condenados y no pensaban pasar sus últimas horas registrando la zona en busca de la hechicera.

No, en vez de eso optaron por asaltar las tabernas cercanas para emborracharse y olvidar así lo que se les venía encima, al menos algunos de ellos. Otros prefirieron el dinero, y otros a las mujeres, sea como fuere, el caos seguía siendo el verdadero dueño de Lunargenta, y la llegada de los vampiros no haría más que intensificarlo. Recostada junto al dragón, Elen esperó hasta que el puerto quedó lo suficientemente vacío como para considerarlo seguro, luego se quitó de encima la tela de saco y recorrió con la mirada a su compañero, que gracias a los dioses aún se mantenía consciente a pesar del dolor. - ¿Puedes levantarte? - le preguntó, tomándole con cuidado por uno de los brazos para hacerle de apoyo. - Tenemos que llegar a la posada cuanto antes. - añadió, mientras Alister ahogaba un quejido y se ponía en pie.

Sus quemaduras requerían tratamiento, al igual que las del brazo de la centinela, pero primero debían cruzar varias calles hasta su destino, y eso sin ser descubiertos, cosa que no resultaría fácil. Sin mucho a su alcance, la benjamina de los Calhoun tuvo que improvisar una especie de capa con la tela de saco, cortando parte de la misma con su daga para añadir una tosca capucha que le cubriese los cabellos y parte del rostro, dejando solo al descubierto la zona de los ojos. Con ello esperaba no ser descubierta por aquellos que la buscaban, pero de todos modos debía darse prisa, si no salían pronto de la ciudad tendrían que enfrentarse nuevamente a la multitud o a los vampiros. - Vamos. - instó al alado, rodeándole la espalda con el brazo sano para que él pudiese colocar el suyo sobre sus hombros y apoyarse en ella.

Avanzaron despacio, sin fijar la vista en nadie en particular y muy atentos a cuanto los rodeaba, ya que de un momento a otro podían atacarlos desde cualquier dirección y por cualquier motivo. Por el camino pudieron comprobar que la delincuencia seguía en auge, había gente destrozando las ventanas de casas y locales para robar lo que guardaban en su interior, otros discutían y terminaban enzarzándose en peleas a muerte. Los llantos de los niños se escuchaban por todas partes, algunos heridos y enfermos, otros perdidos y con el miedo atenazando sus pequeños cuerpos. También se escuchaban gritos, no solo de los vampiros y sus víctimas, sino de las desdichadas mozas que se convertían en el objeto de deseo de algunos desalmados, la hermosa Lunargenta se había convertido en un lugar horrible, en el que nadie querría permanecer.

Más de una vez sintió la bruja que la observaban con demasiado interés, y teniendo en cuenta que la estaban buscando y que alguien podría reconocer a Alister, optó por fingir que estaba enferma, tosiendo sonoramente para apartar de sí a la gente. Aquello funcionó, y tras un par de cambios de calle para evitar las zonas más concurridas, ambos llegaron a la posada, que por suerte parecía seguir intacta. No era de extrañar, el propietario había tomado medidas en cuanto las cosas comenzaron a ponerse feas. Todas las ventanas de piso inferior estaban tapiadas con tablones de madera y había puesto un barril lleno de cerveza tras la puerta para asegurarse de que nadie entraba sin que él lo permitiese.

En los últimos días se había limitado a atender a un número reducido de clientes, aquellos a los que conocía desde hacía tiempo y por tanto no suponían una amenaza, como era el caso de la tensai. - Ya hemos vuelto, ábrenos. - pidió Elen, tras tocar con los nudillos. Desde fuera pudieron escuchar los pasos del hombre acercándose a la entrada y como rodaba el barril para dejarlos pasar, barril que volvió a su lugar en cuanto ambos se encontraron en el interior. - ¿Qué os ha pasado? - preguntó al ver el aspecto que traían. - Medio puerto ha sido destruido, la situación es crítica, deberíais marcharos. - recomendó la joven, al tiempo que se deshacía de la tela de saco y guiaba a su compañero hasta la escalera. - No puedo abandonar el local, lo destrozarían como han hecho con el resto. - contestó el propietario. - Ya debes haberte enterado, los vampiros han tomado la ciudad y no tardarán en iniciar una masacre, piénsalo bien. - dijo, antes de empezar a subir los escalones.

Una vez en su habitación, la de cabellos cenicientos se encontró con un par de rostros preocupados, los de su madre y Allyson. - ¿Estáis bien? - preguntó de inmediato Yennefer, aunque un simple vistazo al estado de Alister le dio la respuesta. - He estado mejor. - pronunció el dragón, dejándose caer en una silla. Elen buscó entre sus cosas hasta dar con unas hojas de Kortinque y un cuenco de agua fría, donde las humedeció antes de colocarlas sobre los brazos y el torso de su compañero. Eso sanaría las quemaduras, pero no podían permanecer allí por más tiempo, así que lo vendó y repitió el proceso con su propio brazo, tras lo cual recogió cuanto pudo de sus pertenencias y se dirigió a la habitación de en frente para hacer lo propio con las del alado.

Cuando todo estuvo listo, la de ojos verdes echó mano a un pañuelo para cubrirse a medias el rostro y se puso su capa con capucha, Alister se enfundó su gabardina y todos abandonaron la habitación para dirigirse a los establos, despidiéndose del tabernero antes de salir y deseándole la mejor de las suertes, iba a necesitarla. Yennefer y Allyson irían a lomos del caballo de Alister mientras que el dragón y la hechicera lo harían a lomos de Sombra, permitiendo así que el herido pudiese recuperarse un poco por el camino sin tener que preocuparse de llevar las riendas ni dirigir al equino. - ¿A dónde vamos? - pregunto la tensai, en cuanto se pusieron en marcha. - A Sandorai. - respondió Elen, sin siquiera girarse hacia su madre. - ¿Sandorai? ¿de verdad crees que nos recibirán? - volvió a tomar la palabra, sin obtener contestación por parte de su hija. - La situación es crítica y eso sin contar con que somos brujas, sabes de sobra que algunos elfos siguen odiándonos por la guerra entre nuestras razas, dudo mucho que nos tiendan la mano como si nada. - añadió casi al momento. Por desgracia tenía razón, aquella pandemia no ayudaría a que confiasen en ellos, era muy posible que ni siquiera los dejaran cruzar sus fronteras.

- Necesitamos sus conocimientos, puede que los más ancianos sepan algo de esta enfermedad. - insistió Elen, mientras avanzaban por las calles tratando de mantenerse alejados de las multitudes y los vampiros que vagaban libremente por Lunargenta. Sin decir nada, la hechicera de cabellos negros como ala de cuervo siguió a su hija hasta llega a las murallas, que permanecían cerradas para mantener fuera de la ciudad a los cientos de refugiados que llegaban desde el norte o las tierras del este. - Abrid las puertas. - ordenó Elen al par de guardias que había apostados junto a la salida, pero estos no se movieron de su sitio. - ¿Estás loca? ¿No has visto lo que hay ahí afuera? - le respondió uno de ellos, con el cuerpo tenso a causa de las voces que provenían del otro lado del muro.

- ¿Eres ciego? La ciudad ha caído en manos de vampiros, todo está perdido. - soltó, consiguiendo que dudasen al ver a lo lejos las negras nubes de humo que sobrevolaban sin descanso las calles más concurridas. - Abrid las puertas. - insistió, dispuesta a utilizar sus poderes, aunque por suerte no fue necesario. Ante la perspectiva de ser asesinados por chupasangres, y conscientes de que tanto el rey como su comitiva y parte de la guardia habían abandonado la ciudad, le hicieron a un lado, permitiendo que las puertas se abriesen para dejar salir al grupo, que no perdió ni un instante.




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Re: [MEGAEVENTO] ¿Oyes al pueblo cantar? [Juez, jurado, verdugo] [Elen]

Mensaje  Fehu Ayer a las 16:22

Antes de partir, debían asegurarse que la bruja no estaría desprotegia contra el mal invisible. Había hecho una grandiosa labor y merecía grandiosa recompensa. Uno de los guardias arrojó un saco a los pies de la mujer cuando el barco estaba zarpando.

Hay quienes pensaban que el Rey tenía sus motivos para haberse ido a las Islas, desde allí podría ejercer su mandato. Pero otros lo veían como un traidor, como el capitán que abandona el barco. Sea como fuere, el pueblo ahora tenía otro objetivo a quien aniquilar: Elen Calhoun. La pobre bruja había sufrido una serie de desdichas que, a pesar de intentar solventar con su buen hacer, habían sido el detonante de que se ganara unos cuantos enemigos en la ciudad. Reinando la anarquía y teniendo el poder un vampiro, todo se había complicado más.

Elen tuvo que escapar, pero no solo ella, sino su familia y Alister también. Ya sabemos que los mortales se mueven por impulsos incontrolados y la frustración era tal que no les hubiera importando vengarse también de la familia de la bruja, a pesar de que ni siquiera estuvieran en el momento en que el barco zarpaba.

El Rey ya estaba en alta mar, el barco había desaparecido de la vista de los presentes después de unos minutos alejándose del destruido puerto. Ya no había más esperanzas para los ciudadanos de la ciudad. Vivirían bajo el yugo de los vampiros o contando las horas hasta que la Muerte decidiera que había llegado su hora.

Mientras tanto, los que escapaban de la ciudad encontraron las fronteras abiertas… Más les valía tenerlas así para Elen si no querían recibir una buena descarga que les cambiase la mente. El recorrido sería hacia Sandorai, tratando de buscar un lugar donde refugiarse y donde pudieran proveerlos de medicinas y todo lo que necesitasen para evitar la pandemia. Eso es lo que muchos intentaban, pero no lo conseguían. ¿Podrían conseguirlo ellos? Tal vez… Si los dioses estaban de su parte, lo harían.

Parecía el camino a la salvación, pero nada más lejos de la realidad. Eran exiliados también, no habían salido de su hogar por simple divertimento. Habían dejado atrás a amigos, su negocio, su casa… Tantos momentos vividos en Lunargenta se quedaban allí, con los enfermos. Pero suele ser más importante la vida que unas simples propiedades materiales, ¿o no?
El camino era largo, lleno de dificultades que no tardarían en aparecer, como enfermos y asaltantes por los caminos, o el muro que habían construido desde Baslodia a Vulwulfar. Entrar era difícil, pero salir no tanto, así que los dioses sonrieron a los viajeros hasta que pudieron alcanzar el bosque de los elfos. Y todo lo que pasase en aquel sagrado lugar dependía de otro dios que vigilase los pasos de Elen. Por ahora, debían agradecer el haber salido de una zona sin acabar enfermos como gran parte de la población de Aerandir. En ocasiones, los dioses son benévolos y llenan de gracia el camino de algunos mortales.

Por otro lado, a pesar de no haber querido montar en el barco, Su Majestad siempre recordará la gran labor que esa humilde joven de cabellos cenicientos hizo por él y sus súbditos. No sería olvidado tal gesto de valentía.



_________________________________________



Elen: ¡Enhorabuena! Has conseguido que el Rey pueda ser evacuado y has escapado de la ciudad con toda tu familia, sin enfermaros. Es un logro, pocos han conseguido salir sin padecer el mal. Siéntete afortunada, tus constantes precauciones te han hecho mantenerte sana a pesar de haberte enfrentado a enfermos.
Serás muy querida en la corte real pero… Mejor no aparezcas por Lunargenta por un tiempo.

Recompensas:
+15 puntos de experiencia en función de la calidad del texto.
+5 ptos de experiencia en función de la originalidad del usuario.
+20 puntos de experiencia en total que han sido sumados directamente a tu perfil.
En el siguiente hilo que abras te llegará un pegarmino con el sello del Rey Siegfried.
Carta:
Beltrexus




Su Majestad el Rey Siegfried, en pleno poder y derecho, le otorga el título de "Dama", en agradecimiento a su valentía, honradez y humildad, y su servicio a la Corona durante los altercados de Lunargenta.
Su acción será recordada y alabada.
Acepte esta medalla como símbolo de mi más sincero agradecimiento y de su nueva posición.

Atentamente,
S.M. el Rey Siegfried


© HARDROCK

En el siguiente hilo, junto al pergamino, habrá una pequeña bolsita con una medalla real.
Medalla:

Esta medalla es la muestra de tu título nobiliario, lúcela cuando necesites "un gran favor", pues nadie podrá negarle sus deseos a una "Dama".
Pero esa no es la única habilidad, a pesar de que se consigan grandes cosas teniendo poder. El verdadero don de esta joya radica en que puede transportarte. Así es, durante un turno podrá hacer que aparezcas en otro sitio distinto a donde te encontrabas. Aunque no es muy fuerte, ya que sólo podrás moverte en un rango de diez metros. Úsalo bien, dama Elen, puede darte cierta ventaja en combates o ayudarte en una huida.
Sólo transporta a quien lleve la medalla, a nadie más.

Atuendo para evitar el contagio: Los guardias te han lanzado un saco donde tienes un traje especial para evitar cualquier tipo de afección. Consta de:
-Guantes.
-Máscara.
-Túnica.

Información adicional:
Durante un tiempo tendrás que mantener tu identidad oculta cuando vayas a Lunargenta, al menos, hasta que el Rey Siegfried regrese.
Gracias a atacar a ciudadanos por ayudar al Rey, algunos ofrecen precio por tu cabeza, ya que claman venganza. Ten cuidado con los cazarrecompensas, a más de uno le gustaría tener los aeros chocando en sus bolsillos.
Sin embargo, en las Islas Illidenses eres una heroína: Has impedido que se propague la enfermedad. Te deben la vida y la admiración por ti ha aflorado mucho desde la llegada del Rey. Serás bien recibida y tratada como un ídolo en las Islas.


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