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Eva Felidé Donovan

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Eva Felidé Donovan

Mensaje  Eva el Mar Jul 25 2017, 19:57

Eva Felidé Donovan


♨:

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Raza: Hombre-Bestia
Edad: 23 años (1.242 aer)
Sexo: Femenino


Historia Pasada
♨:


Se presentaba el paisaje amarillento y rojizo en las copas de los árboles con la llegada del otoño en el Bosque de Midgar, era el año 1.249 en Aerandir, una joven humana de cabellera dorada corría en los alrededores de la gran arboleda, se encontraba agitada, entre sollozos no podía dejar de pensar en Artiglio, una bestia humanizada, imponente guerrero del clan Helaya, que dominaban una de las fronteras del bosque y era el culpable de que ahora estuviera corriendo sin rumbo para no ser asesinada por los mismos amigos del clan de su ex-amado.

Durante la gran guerra y el nacimiento de los hombres-bestia, el padre de Artiglio, Yiegër, uno de los últimos experimentos en ser creados por Gregory Reese, un prestigioso científico que después de meses de múltiples fracasos logró el objetivo que tanto estaba buscando, una mezcla perfecta entre un gato pescador, una pantera y un humano.
Yiegër:
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Utilizada como un arma mortal, la criatura de casi dos metros de altura era uno de los soldados felinos más terribles, con la agilidad, fuerza y cautela de una pantera, y las garras retráctiles de un gato pescador. Sus enemigos debían tener precaución de que este ser no los tomará por sorpresa, si su gran fuerza no los mataba, sus afiladas garras que brotaban cuando éste deseaba, terminaba con la vida de sus víctimas desgarrando la carne de su cuello o cualquier parte del cuerpo que tuviera en la mira.

Siendo uno de los primeros seguir la rebelión contra los humanos y el autor de la muerte de su creador, Yiegër sobrevivió a la batalla y con otros similares a él se dispusieron a tomar nuevas tierras y formar uno de los primeros clanes del bosque de Midgar, Genok. Sus integrantes eran reptiles, caninos, aves o un sin fin de criaturas las cuales eran perfectas en su anatomía, los amigos de Yiegër sin embargo no estaban contentos con muchas de las decisiones del líder, sobre todo el aceptar aquellos seres que para ellos eran fracasos como bestias, las cuales parecían más humanos que animales. Los consideraban débiles, o simplemente que no debieron de existir y ser asesinados como las carnadas del Dr. Reese, mandadas al frente del ejército porque no eran fuertes en comparación con bestias como ellos.

Con la llegada de Deonis y sus nuevos principios de paz el clan finalmente se separó, creando dos bandos, el de los hombres-bestias que vivían en armonía con los demás y los compañeros de Yiegër que creían que no podían compartir territorio con aquellos fracasos, tomando la frontera con el bosque de los elfos, el clan Helaya fue fundado y comandado por un hombre-halcón. Yiegër tomó por pareja a una guepardo, de la cual tuvieron un solo hijo, Artiglio, semejante a Yiegër, simplemente heredó las manchas de la piel de su madre y la velocidad de este era mejor a la de su padre pero no igualaba a la gran agilidad y velocidad de su progenitora.

Artiglio era un cazador excepcional, un gran guerrero que gracias a  sus genes cumple con sus tareas diarias así como otros trabajos de asesinato por los cuales le otorgaban gran mérito.

Como parte de su trabajo, por las noches vigilaba los alrededores del territorio de Helaya, custodiando con otros dos de sus compañeros mientras los demás dormían. Una noche, una luna menguante iluminaba los caminos de tierra y las sombras de las hojas de los árboles a rayaban el suelo mientras estas bailaban al son del viento, parecía una noche tranquila, sin embargo un aroma que provenía del sur llamó su atención y decidió seguir el rastro de olor hasta encontrarse a unos metros de la orilla del río que separaba las tierras de los hombre-bestias de la de los elfos.

Helinor Donovan:
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Una joven humana se encontraba dentro del río, la excelsa visión nocturna del hombre y la luz que ofrecía el astro ayudaron a que contemplara perfectamente a la chica. De cabellera rubia y ojos azul-grisáceo  quedó la bestia totalmente impactada de que un ser tan frágil lo hiciera sentir de tal manera, quedó cautivado a primera vista.

Decidió no acercarse, al menos ese no era el momento indicado, prefirió esperar y seguir viéndola unos segundos más antes de que uno de sus compañeros lo atraparan y comprometa el destino de la joven con la muerte.

Cada noche de guardia, esperaba percibir aquel aroma para volver al mismo lugar, la misma figura femenina en el agua, la misma belleza que hacía que su corazón latiera fuertemente, era la quinta vez que podía verla oculto desde la melaza y la arboleda del bosque. La chica nada tonta ya se había percatado noches atrás de su presencia, sin embargo esperaba a que él se le acercara primero, aunque curiosa aún temía de que criatura era la que le observaba cada noche que iba a nadar.

Cansada de la rutina nocturna, la décima noche decidió pisar la frontera de los hombre-bestia. Artiglio sorprendido ante la valentía que presentaba la joven también decidió caminar hacia ella. La chica sabía que no estaba en peligro alguno, al menos presentía que él no la atacaría, pues, si el quisiera haberla lastimado lo hubiera hecho desde el primer día que la vió.

Frente a frente, la mirada penetrante de la bestia no paraba de mirar el color azul de los ojos de la humana. Después de unos segundos ella simplemente le sonrío, no le temía, le parecía interesante esta imponente presencia. Noche tras noche, en el mismo punto de encuentro, ella ya no solo iba a nadar, iba a conocerlo a él, charlaban durante horas, se conocían uno a otro en su totalidad. Artiglio le comentó sobre la filosofía de su tribu y las enseñanzas de su padre, dando entender a la chica que si llegasen a verla, seguramente saldría lastimada o muerta. Él le juró que no permitiría que nadie la lastimara mientras pudiera protegerla, así tuviera que pelear con su propia familia.

Sintiéndose protegida junto a él, comentó que ella pertenecía a la familia Donovan,  que se dedicaban a la medicina y al cultivo de alimentos. Al terminar sus tareas, ella decidió una noche escabullirse hasta llegar al río para relajarse y nadar en él. Enamorados uno del otro, bajo la luna llena por fin consumieron su amor y como resultado, Helinor quedó embarazada, sin poder explicarle a sus padres la situación en la que se encontraba decidió ir por ayuda de Artiglio abandonando su hogar. La bestia no sabía cómo sentirse, su clan detestaba las relaciones interraciales, ahora qué haría con un bebé mestizo que tenía pocas probabilidades de salir completamente bestia.

Él conocía el terreno del bosque a la perfección, sabía que alejados del este, había pequeñas cavernas donde podría quedarse la chica mientras él le diera carne fresca y herramientas necesarias para que sobreviviera sola los días y noches que no pudiera acompañarla.

Los meses pasaron, ya con la barriga grande, a Helinor solo faltaban semanas para que diera a luz al crío. Desesperado no sabía qué hacer, ¿qué tal si el bebé salía como su padre, Yiegër, con una ferocidad inigualable?, sería una desgracia que su propio hijo matara a la mujer que amaba. Sabía del clan que se regía ante las normas de Deonis y que a diferencia de su familia ellos seguramente ayudarían a una humana que sería la progenitora de uno de los suyos, aunque fuese hijo de uno de sus enemigos.

Una tarde con gran cautela se escabulló hacia la gran arboleda en camino al territorio enemigo. Percibió el olor de madera quemada, sabía que estaba cerca de la aldea, con precaución sabía que debía estar sereno para lograr su cometido que es proteger a su familia.

Llegó a donde estaba la fogata que había percatado kilómetros atrás, frente a él un trío de un hombre-oso, un hombre-tigre y una mujer-camaleón preparaban lo que pareciese una gran comida.

Apareció frente a ellos, y aunque el orgullo le carcomía el corazón inclinó su cabeza y miró al suelo, rogó por ayuda, a lo que inmediatamente la camaleón se le acercó, en cambio los hombres-bestia se mantenían en alerta, aunque pacifistas eso no los hacía unos ineptos en combate y sabían que podría ser una trampa enemiga. En cuanto Artiglio explicó la situación en la que se encontraba con Helinor, el trío decidió ayudarlo con la condición de no entrometerse en las enseñanzas que le darían bajo las leyes de su tribu y la filosofía de Deonis. Sabía que la consecuencia de esta condición sería el sacrificio de no ver nunca más a Helinor y ahora no conocería a su bebé, pero sabía que así podrían ayudar a la humana y su hijo viviría con algunos de su raza.

Aceptó y acordó llevar a Helinor ese mismo día durante la madrugada. En la noche Artiglio le explicó a la joven el plan que tenía, que no le podía ofrecer ayuda, llevándola con su tribu estos no comprenderán en lo absoluto destinando a ella y al crío a la muerte. Entre lágrimas pensó la situación y el futuro de su bebé, así que aceptó sin quejas el acuerdo que tenía con el trío.

La madrugada se presentó en el oscuro firmamento y Artiglio llevó durante su guardia a la humana hacia el punto donde acordó con sus enemigos. Al llegar ahí, las bestias la recibieron con amenidad y ella entre lágrimas se despidió del padre de su hijo.

Pasaron los días y al fin había nacido aquél bebé mestizo que resultó ser una pequeña niña, de la cual solo se apreciaban unas orejas de gato, su piel era aterciopelada y clara. Decidió llamarla Eva Felidé Donovan, en la aldea solamente se le llamaba por su primer nombre.

Siete años más tarde, la niña de cabello platinado, ojos bicolor y unas orejas y cola afelpadas corría por las arboledas mientras que su madre preparaba medicinas para curar a los enfermos y eso las sustentaba de alimentos ya que ninguna cazaba, Helinor vivía con el temor de que su hija fuera como el padre de Artiglio, por lo que procuró siempre inculcar las buenas costumbres del clan Deamonís.

Eva aprendió sobre la tolerancia hacia las demás razas, y la variedad de habilidades que posee cada ser de la tribu por más diferente que fuese, no importaba que una criatura canina de dos metros desafiara a otro ser de metro setenta mientras esté usará sus virtudes y usará las debilidades del contrincante. Observaba cada combate y entrenamiento de los demás mientras ella deseaba estar en uno de esos puestos.
Con el tiempo descubrió su capacidad de ocultar sus garras, pareciese que por arte de magia sus uñas crecieran y desaparecieran a su voluntad, a escondidas de su madre, a la edad de diez años, decidió aprender el arte de la caza y acompañaba a las bestias encargadas de traer el alimento a la tribu, sorprendiendo a los superiores notaron su capacidad innata al momento de atrapar a sus víctimas, sigilosa esperaba el momento de atacar y de un salto mostraba sus afiladas y fuertes garras para desgarrar la carne del pobre animal al que deseaba cazar.

Durante esa tarde después de la caza, regresaban a la aldea pero el cuerno de alerta resonaba por las paredes de las chozas de la tribu, varios guerreros salieron en su defensa. Corrieron a toda prisa, Eva preocupada por su madre se dirigió inmediatamente a su hogar dejando la comida en el suelo. Observó la choza destruida, y no había rastro de su madre. Escuchaba decir a sus vecinos que habían sido atacados por el clan de Helaya, los más débiles de la aldea habían tomado a los niños y se habían apresurado a correr hacia el norte del bosque.

Helinor corría todo lo que la fuerza de sus piernas le brindaban, le habían dejado sola ya que los demás tenían mayor velocidad, en su mente no podía dejar de pensar en donde se encontraba su hija, y que si los culpables del ataque era el clan de su ex-amado, tenía la esperanza de que Artiglio sería capaz de ayudarla si no es que no la mataban antes.

La humana se había perdido en sus pensamientos y no se percató de que una gran bestia azabache se paró delante de ella para impedirle el paso. Como ella lo había esperado, era Artiglio, pareciese que los años no habían pasado, los dos seguían igual, la bestia volvía a ver esa gran belleza que había apreciado en el pasado en el río. La misma sonrisa estaba frente a él, ambos olvidaron por unos minutos el ataque, ella le comentó sobre el nacimiento de su hija, Eva, le dijo que era muy hermosa, casi no se percataba de sus orejas que compartía el color de su lacio cabello, lo único notable era su cola. Esto no era del total agrado de la bestia, sin embargo era su hija y la quería por igual, pero sabía que de tener ese aspecto, su hija no estaría segura si su clan la capturaba.

Artiglio le dijo a la humana que siguiera corriendo, que se escondiera donde pudiese y él se encargaría de buscar a su hija. Helinor confío en él y siguió su camino, en cuanto el hombre se retiró hacia la aldea, ella recapacitó, no podía dejar sola a su hija, debía ayudar a Artiglio así que a menor velocidad volvió también hacia allá.

Una peste a sangre ondeaba sobre la aldea, los del clan Helaya estaba felices de que por fin, después de tantos años se habían decidido a tomar parte de sus tierras que creían les pertenecían y que los pacifistas debían morir por deshonrar a su raza. Comandados por Yiegër y otros dos jefes, se burlaban de los Deamonís, aunque estaban bien preparados y poseían grandes habilidades, pero, la culpabilidad moral y la falta de la práctica de matanza en combate, era una desventaja ante los asesinos de Helaya.

Capturaron a Eva junto a los demás cazadores, Artiglio llegó justo cuando vió a la niña hincada en la tierra junto a otros cinco habitantes, resguardados por los amigos de su padre. Inmediatamente decidió afrontar a su padre para defender a su hija, aceptó que lo mataran a él en lugar de la niña y que a su vez la dejaran en paz.

Ante los ojos de Yiegër eso no era nada más que pura traición a su clan y debilidad, con la cuales se pagaban con la muerte, la revelación de Artiglio fue en vano, igualmente matarían a la niña. Enfadado atacó a su padre por la espalda iniciando un combate, padre-hijo. Apareció en ese momento Helinor que inhalaba a grandes jadeos, corrió hacia su hija para terminar igualmente a la par de la niña, hincadas en el suelo.

Los hombres de Yiegër prosiguieron a asesinar a los otros cazadores, aunque estos dieran pelea, les ganaban en número de integrantes. La mujer de Yiegër, la mujer-gueopardo, apreció el rostro de su nieta y miró asqueada a la humana, había sido la culpable de que ahora su hijo peleará con su padre a muerte. Eva le miró con enfado, tratando de posicionarse al frente de Helinor pero esta no le dejaba hacerlo, hasta que de un zarpazo de la gueopardo marcó el rostro de la humana, con gran dolor sentía un ardor en la piel. Cayendo totalmente al suelo los hombres prosiguieron a terminar de asesinarla frente a Eva.

La niña tenía sentimientos luchando en su interior, el enojo y la tristeza que sentía era muy fuerte y simplemente dejando mostrar sus garras corrió hacía la que era su abuela, impulsada saltó hacia la garganta de su abuela mordisqueando el cuello de la guepardo, terminando de encajar sus firmes y afiladas garras en uno de los ojos de la felina dejando desangrándose en el suelo.

Yiegër y Artiglio seguían peleando, un par de cicatrices que se hacían uno al otro no les impedían continuar con su lucha, sin embargo los gritos de la madre de Artiglio llegaron a los oídos de ambas panteras, a unos metros de donde se encontraban ellos, Eva estaba llena de sangre mientras que la gueopardo terminó de dar su último grito para caer ante la muerte. Con el corazón acelerado Yiegër corrió hacia la niña, pero ésta había heredado la velocidad de su padre, aunque no tuviese el cuerpo de una bestia, había heredado perfectamente las facultades de su familia.

El padre de Eva embistió a Yiegër abrazandolo por la espalda tratando de cargar el gran peso de su abuelo, sin embargo el longevo se enganchó con sus garras en el brazo de su hijo cortando su carne en cuatro líneas. Luego tomó a su hijo por el cuello y lo apretó hasta terminar de encajar nuevamente sus garras en él dejando a Artiglio sin aire. El gran cuerpo de la pantera cayó y la niña no sabía que hacer más que correr, sabía que no podía enfrentarse a su abuelo, pero, justo en ese momento una tropa de hombres-bestia iban en dirección hacia la aldea, eran los sobrevivientes de Deamonís que habían traído seres de otros clanes hermanos que venían a apoyar.

La niña se dirigió al combate nuevamente con los demás y lograron matar a los hombres de Yiegër, sin embargo, su abuelo logró escapar gravemente herido de un brazo con un par de hombres más.

Los Deamonís tomaron lo que pudieron de los escombros de la aldea y se marcharon a un nuevo hogar para iniciar de nuevo, los clanes hermanos les brindaron ayuda mientras volvían a establecerse.

Eva se alegraba de que el clan de Helaya no había resultado victorioso, pero ahora no tenía a su madre y nunca logró convivir con su padre, desde aquel día sabía que no podía volver a permitirse algo igual. Trató de hablar con los jefes de la aldea, diciendo que esto había pasado por la filosofía de Deonis, debían tener la práctica del asesinato del combate para que algo así no se volviese a suceder, pero los jefes no se alegraron de que se atreviera a cuestionar los ideales de Deonis por lo cual no le permitieron hablar y le dijeron que simplemente se concentrara en construir un nuevo hogar y que lamentaban la pérdida de su madre, pero que muchos habían quedado huérfanos igual que ella.

No entendía aquel estado pacífico en el que se encontraban después de la masacre que acababan de presentar, así que decidió tomar un nuevo camino lejos de los Deamonís.

Se instaló en una cueva, cerca del Lago de la Luna y solo salía de ella para cazar alimentos.

A los 17 años, Eva cruzaba las fronteras del territorio de los hombres-bestias, se cubría sus orejas y cola, buscando trabajo en los mercados de los humanos, algunos solicitaban sus servicios de caza y otros de asesinato, así se mantenía en entrenamiento para poder defenderse de cualquiera que se atravesara en su camino.

Veloz, ágil y cautelosa lograba terminar los mandatos que le daban, y conseguía comida o lo que le faltase, como medicinas.




Historia Presente


En la actualidad aún lamenta la muerte de sus padres, pero lo toma como inspiración para seguir entrenando, sigue buscando trabajos por los mercados.

Espera que algún día pueda asesinar a su abuelo y tomar venganza en nombre de Helinor y Artiglio.




Carácter


Su temperamento es controlado a su beneficio. Persuasiva, logra casi siempre lo que ella quiere al menos con sus víctimas, haciéndose pasar por una chica dulce y frágil.

Solitaria, intenta no establecer contacto con nadie más que con sus clientes, aunque parezca de una personalidad fría, ella no es así, sigue teniendo ese humor infantil que tanto la caracterizaba de niña, a veces ingenua con las bromas que le hacían. Es bondadosa con los niños y ancianos o gente que le parezca que necesite ayuda.

Aunque en su naturaleza este el don de la caza, ella aprecia a los seres vivos, admira los paisajes de la naturaleza, tal vez lo heredó de su madre o fue inculcado por los Deamonís.

Analiza muy bien las situaciones y eso le ayuda al planear las emboscadas y asesinatos.

Otra característica es que es fácil hacerla reír si es que no se encuentra en un estado de seriedad.


Armas


Lleva consigo siempre un pequeño boomerang de plata que le ayuda en los ataques a largas distancias o para crear distracciones.
Boomerang:
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Apariencia


Eva es una chica que mide alrededor de un metro y setenta, de cuerpo atlético y estilizado adornado por muchos tatuajes que se hace por placer o representar lo que considera importante en su vida, como las rosas al rededor de sus hombros en honor a su madre.

Su cabellera, al igual que el pelaje de sus orejas y cola son de color rubio platinado. Su piel es aterciopelada, suave y clara. Tiene una anomalía en sus ojos, la heterocromía.

Sus garras estas son de color negro, posee grandes colmillos que han sido culpables de que la confundan con una vampiro en muchas ocasiones en el mercado.

Tiene delicados rasgos, como unos labios poco carnosos que se alargan cuando sonríe. En su labio superior se puede apreciar la partidura de felino que tiene al igual que el color oscuro de esta parte de su boca. La terminación de su nariz se ensancha un poco y en degradado se vuelve oscura, simulando la nariz de un gato.
E.F.D:
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Habilidades


Posee una velocidad y agilidad más desarrolladas que las de un hombre-bestia corpulento.

Sus garras son retráctiles manteniendo su filo por más tiempo sin necesidad de cuidados especiales.

Su visión en la oscuridad no es afectada, ve a la perfección como si fuese de día.




Defectos


Es muy sentimental, se deja guiar fácilmente por ellos en momentos críticos.

No sabe mantener una relación duradera con nadie ya que no quiere perder a nadie más en su vida, esto desde que su madre falleció.
Eva
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Re: Eva Felidé Donovan

Mensaje  Nana el Sáb Jul 29 2017, 22:42

FICHA ACEPTADA



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