Punto de inflexión [Privado]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Punto de inflexión [Privado]

Mensaje  Elen Calhoun el Lun Jul 31 2017, 09:48

Continuación de Sumida en las tinieblas


Su visita al puerto fue breve, la hechicera buscaba el barco de Gabrielle y no tardó en encontrarlo atracado en el muelle, pero por desgracia cuando subió a bordo la capitana no estaba en condiciones de atenderla. La tripulación al completo se había corrido una buena juerga aquella noche y ahora dormían tras la borrachera, así que no le quedó más remedio, tomó pluma y pergamino del estudio de la rubia y le dejó una nota clavada en el mapa con el que solía orientarse para navegar. “Necesito que me hagas un favor, lleva tu barco al norte y reúnete conmigo en el punto señalado tan pronto como puedas. Elen.” Una vez dejado el mensaje se marchó a toda prisa, consciente de que a caballo le llevaría más tiempo alcanzar el lugar de amarre que Gabrielle solía usar cuando viajaba a los fríos reinos del norte.

Sombra era rápido pero no viajaría sola, tenía que reunirse con Melena Blanca en el bosque antes de continuar su camino hacia isla volcánica, y teniendo en cuenta su tamaño, buscar una montura para el leónico parecía bastante difícil. Seguramente tendría que adecuar su paso al que marcase el centinela del este, algo que podía echar por tierra su plan de alcanzar el territorio de Amaterasu sin que Alister la alcanzase, pero al menos debía intentarlo. Por lo pronto debía abandonar Lunargenta y llegar al punto en que el hombre bestia había decidido quedarse acampado, movido por su unión al bosque y por la reticencia a visitar una ciudad infectada de maldad. Ciertamente no era el mejor lugar del mundo, había ladrones, asesinos, estafadores y maleantes por doquier, así que podía entender su posición, aunque no todo el mundo era así.

Elen espoleó su caballo e inició una carrera a través de las adoquinadas calles, cabalgando como si la llevara el diablo hasta traspasar los muros de Lunargenta y dejarlos atrás. Los guardias que vigilaban las puertas tuvieron que apartarse bruscamente para no ser arrollados por el negro corcel, pero cubierta como estaba con la capa y la capucha, no alcanzaron a reconocerla. Pronto comenzó a llover y la joven dio gracias por ello, su olor desaparecería gracias al agua y también las huellas de Sombra, lo que dificultaría aún más al cazador que pudiese seguirla.

Una vez pasada la primera línea de árboles, dejando atrás Vulwufar y Baslodia, redujo el paso, no quería agotar a su montura ya que les esperaba un largo viaje a través del bosque hasta la estepa y luego las gélidas tierras del norte, así que bastaría con un trote ligero para avanzar a buen ritmo, al menos de momento. Echando cuentas, y si conseguía aprovechar toda la noche, la joven tendría una ventaja considerable sobre el dragón, que con suerte tardaría un poco en darse cuenta de su marcha. Nadie la había visto abandonar la posada así que no tendría forma de saber cuándo se había ido, aunque su destino si podría imaginarlo. Amaterasu era la última centinela que quedaba por convencer y él sabía que antes de conseguir tal cosa la benjamina de los Calhoun tenía que saldar cuentas con la nigromante, cumpliendo su palabra y realizando la tarea que ni la propia Amaterasu se veía capaz de lograr.

Aquello por supuesto no pintaba nada bien para la tensai de aire, pero no le quedaba más remedio que intentarlo, necesitaba reunir de una vez por todas a sus hermanos para la batalla final contra los jinetes. Sin detenerse, la de cabellos cenicientos continuó a través del bosque hasta llegar al pantano misterioso, lugar en que todos sus sentidos se agudizaron ya que había tenido más de un problema con las criaturas de la zona. La lluvia arreciaba con fuerza y había empapado ya su capa, así que sin opciones, buscó una cueva lo suficientemente grande para que pudieran resguardarse tanto ella como su caballo, al menos durante unas horas. Revisó la caverna espada en mano, y en cuanto pudo asegurar que no había nada dentro, tomó las riendas de Sombra y lo guió al interior, al tiempo que se retiraba la capucha.

Retiró la silla de montar con las alforjas de su lomo y se preparó para pasar allí el tiempo que tardase en amainar, reuniendo algunos trozos de leña para encender un pequeño fuego con que calentarse y secar su ropa. También había traído algo de comida consigo pero no tenía hambre, sus pensamientos iban una y otra vez al cúmulo de sentimientos que había percibido del dragón, y eso provocó que sus ojos volvieran a empañarse mientras aguardaba sentada a la entrada de la cueva, con la vista perdida en algún punto del bosque. Sin saberlo, alguien estaba siendo testigo de su tristeza, pero no decidió mostrarse, le habían dicho que no lo hiciera.



Alister

Después de todo lo ocurrido el dragón solo quería que aquella maldita noche terminase, quería olvidarlo todo, el ataque a la hechicera, su lucha en el puerto para recuperar el medallón y sobretodo… la petición de Elen, petición que seguía sin asimilar. No podía creer que le hubiese pedido que la matase de ser preciso, era algo que no estaba dispuesto a hacer de ninguna manera, y eso tendría que hacerle entender al día siguiente, cuando ambos estuviesen más calmados y pudiesen hablar tranquilamente. Estaba seguro de que ella insistiría, pero su mayor miedo era que ahora no eran solo ellos dos, no, Melena Blanca los esperaba en el bosque, y el leónico quizá aceptase lo que la hechicera pedía.

Debía impedirlo, ¿pero cómo? Aún no lo sabía. Cansado, se dejó vencer por el sueño, aunque no pudo descansar mucho, los malos recuerdos se adueñaron de su mente, provocándole pesadillas. Su hermana Emily volvió a aparecer tendida en la cama y sin vida, pero pronto su rostro fue sustituido por el de la centinela, una imagen que no quería ver. No podía perderla a ella también, no lo soportaría. Alterado por las imágenes, Alister despertó de forma repentina, abriendo mucho los ojos y alegrándose de que todo hubiese sido un mal sueño.

Se incorporó hasta quedar sentado en la cama, y entonces pudo comprobar que los primeros rayos de la mañana empezaban a colarse por entre las cortinas, estaba amaneciendo. Aquel día se suponía que tenía que acudir a un entrenamiento bien temprano así que no perdió el tiempo, se levantó y fue al baño para asearse y cambiarse de ropa, tras lo cual tomó su espada y abandonó la habitación, deteniéndose frente a la puerta de la bruja. Alzó una mano para tocar pero se detuvo indeciso durante unos instantes, después de la mala noche que había tenido quizá fuese mejor no despertarla, se dijo, así que optó por bajar las escaleras y dirigirse al campo en que le esperaba su instructor, con el que estuvo practicando un par de horas.

Aquello no solo le ayudó a mejorar su técnica sino también a despejar la mente, algo que le vendría bien de cara a la conversación que debía tener con Elen. A su regreso, Alister observó que la ventana de la joven estaba abierta de par en par así que supuso que había despertado, pero también se percató de que su caballo no estaba en el establo, detalle que podría indicar que había salido a alguna parte. Al parecer tendría que esperar para poder aclarar las cosas con ella. Entró en la posada y se dirigió hacia la barra, donde el propietario terminaba de colocar unos barriles de cerveza que acababan de traerle. - Buenas, ¿ha dejado Elen algún recado para mí? - preguntó, captando la atención del hombre. - ¿La bruja? No ha pasado por aquí. - le respondió el tabernero. - ¿Cómo qué no? Su caballo no está en el establo. - replicó el dragón, pero aquel hombre no podía brindarle más información.

De pronto aquella ventana abierta tomó otro significado para él, y sin perder ni un segundo, subió las escaleras y utilizó su copia de la llave para entrar en la habitación de la centinela. La cama estaba fría, no había dormido allí, y buena parte de sus cosas habían desaparecido, varias mudas de ropa, sus armas y armadura, las pociones e ingredientes, se había llevado casi todo, dejando únicamente una escueta nota de despedida para él. Alister la leyó y la arrugó hasta hacer una bola con ella, tenía que dar con Elen antes de que cometiese una estupidez.

Maldijo interiormente mientras abandonaba la estancia cerrando tras de sí, y de inmediato volvió a bajar para dirigirse a los establos en busca de algún rastro que seguir, pero la lluvia lo había borrado todo. - Mierda. - masculló entre dientes, incorporándose y pensando a dónde podría haberse ido, aunque eso no era difícil de imaginar. Su siguiente parada era isla volcánica, pero ¿cómo se le ocurría ir sola al encuentro de la nigromante sabiendo lo peligrosa que era? No, antes de acercarse al territorio de Amaterasu tendría que reunirse con Melena Blanca en los bosques del este, allí debía alcanzarlos.

Sin planificar nada, Alister se alejó de los caballos y comenzó a transformarse, alzando el vuelo en cuanto completó su forma bestial.  
Elen Calhoun
Moderadr/a.
avatar
Cantidad de envíos : : 1358
Nivel de PJ : : 8
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Punto de inflexión [Privado]

Mensaje  Elen Calhoun el Mar Ago 15 2017, 09:54

La lluvia tardó varias horas en cesar, dando a la hechicera el tiempo necesario para poner en orden sus pensamientos y auto convencerse de que había hecho lo mejor para ambos, aunque doliese. Sin embargo, no pudo evitar que las lágrimas recorriesen sus rostro, detalle que llamó la atención de quien la observaba desde el bosque. Unos ojos color tierra la siguieron mientras se levantaba para preparar nuevamente a su montura y retomar el camino, aún era de noche y con el suelo lleno de barro no era recomendable viajar pero nada de aquello parecía importar a la mujer, que sin duda debía estar huyendo de algo malo. ¿La estarían persiguiendo? Se preguntó mentalmente la observadora, con expresión preocupada.

No debía delatarse, le habían dicho que se mantuviese oculta en el bosque hasta que volviesen a por ella, pero de eso hacía ya varios días y nadie había aparecido para llevarla a casa, hecho que la entristecía. Aquella mujer era la primera persona con la que se cruzaba desde el incidente en que había quedado sola, y por alguna razón sintió el impulso de seguirla, quizá ella pudiese ayudarla se dijo, aunque primero debía asegurarse de que no representaba un peligro. Viendo que estaba a punto de marcharse, la observadora se preparó para partir tras ella a pesar de su clara desventaja, ya que iría a pie mientras la extraña se movía a caballo. En realidad no importaba, el bosque era su amigo y la ayudaría a no perder el rastro de la mujer, tarea que la reciente lluvia le facilitaría.

Los cascos del caballo dejaban huellas claras a su paso, a lo que debía sumar que la bruja utilizaba su elemento para iluminar el camino con un precioso orbe celeste, luz que resultaba muy fácil de seguir a pesar de la distancia. Sin detenerse, Elen avanzó en dirección al campamento de Melena Blanca esperando alcanzarlo poco después del alba si todo iba bien, consciente de que entonces se acabaría su ventaja, Alister despertaría y se daría cuenta de que se había marchado. El dragón podía ser muy terco, igual que ella, así que intentaría encontrarla, pero si lograba reunirse con el centinela y emprender la marcha hacia el norte quizá tuviesen una oportunidad de alcanzar los dominios de Amaterasu antes de que diese con ellos.

Para ello necesitaba la ayuda de Gabrielle, o más bien su barco, con el que planeaba cruzar el mar y alcanzar isla volcánica. Una vez allí estaba casi segura de que las cosas se le pondrían difíciles, aún debía un favor a la hechicera y sin duda se trataría de una tarea casi imposible y muy peligrosa, pero debía hacer honor a su palabra y ganarse el apoyo de Amaterasu, así que no le quedaba más opción que intentarlo. La benjamina de los Calhoun sintió la presión cuando el cielo comenzó a clarear, debía darse prisa o Alister los encontraría, y la verdad era que no quería verse en esa situación, no sabía cómo actuar con él ahora que había descubierto lo que sentía.

Espoleó su montura para acelerar el paso, algo que aumentó la distancia entre ella y su perseguidora, de cuya presencia se habría percatado si no hubiese estado tan centrada en la idea de huir de su compañero. Por su parte, la pequeña observadora no se rindió, siguió caminando sin perder de vista el brillante orbe de electricidad, aunque su cuerpo comenzaba a cansarse. La realidad era que no podría seguirle el paso durante mucho tiempo, lo cual la obligaría a descubrirse para captar la atención de la mujer y con ello, poder pedirle ayuda.

Después de pasar casi toda la noche en vela, y calculando que le quedaban aún un par de horas para el amanecer, Elen detuvo el caballo y se bajó de la silla, para acto seguido atar las riendas de su montura a un árbol cercano y sentarse contra el tronco del mismo, permitiéndose cerrar los ojos durante unos minutos. No le serviría de nada llegar agotada a su encuentro con Melena Blanca, aún les quedaba por delante un largo viaje en el cual tendrían que hacer lo posible por mantenerse ocultos, algo fácil de decir pero no de hacer cuando tu compañero de viaje mide más de dos metros y su blanco pelaje destaca entre verde de la vegetación. Ni siquiera sabía cómo le explicaría la situación, y la verdad era que no tenía ganas de entrar en detalles sobre el porqué de su separación con Alister, pero algo tendría que decir.

Dejando esas preocupaciones a un lado, la de cabellos cenicientos cerró los ojos y trató de descansar un poco, momento que su perseguidora aprovechó para alcanzarla y recuperar el aliento, su cuerpo no estaba hecho para aquellas largas caminatas, aún no. Aprovechando que la mujer parecía dormida, dedicó unos minutos a dejar una señal que pudiese llamar su atención cuando despertase, optando por no descubrirse todavía ya que no podía estar segura de que fuese inofensiva.

Los primeros rayos de la mañana interrumpieron el sueño de la tensai, obligándola a abrir los ojos y proseguir su camino, no sin antes reparar en algo que estaba segura de no haber visto al sentarse. A apenas un par de metros de su posición y en medio de dos árboles, había una rosa blanca que parecía haber brotado mientras dormía, completamente florecida y solitaria, algo extraño cuanto menos. Elen frunció levemente el ceño mientras se levantaba, se acercó a la flor y la observó durante unos instantes, extrañada al ver que no parecía un rosal normal y corriente, no, solo había un tallo y era el de la propia rosa, pero no tenía tiempo para ponerse a investigar al respecto. Subió a su montura y volvió a emprender la marcha hacia el campamento de Melena Blanca, lugar que no tardó mucho en encontrar.

El leónico ya estaba despierto y vigilaba el fuego mientras su desayuno se cocinaba, pero de inmediato se percató de su llegada y levantó la vista para cruzarla con la de la hechicera. - Tenemos que irnos. - indicó Elen nada más llegar. - ¿Y el dragón? - preguntó Melena Blanca, ladeando la cabeza y comprobando al momento que no se encontraba tras ella. - No viene con nosotros. - respondió la bruja, sin dar más detalles.

Justo en aquel instante, en Lunargenta Alister acababa de regresar a la posada tras su entrenamiento, descubriendo la fuga de la hechicera.
Elen Calhoun
Moderadr/a.
avatar
Cantidad de envíos : : 1358
Nivel de PJ : : 8
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Punto de inflexión [Privado]

Mensaje  Elen Calhoun el Mar Sep 19 2017, 13:32

Por suerte para ella el leónico no hizo más preguntas al respecto, dando por sentado que al no poder cruzar al plano de los jinetes, la hechicera había decidido continuar su camino sin la compañía del alado. Su desayuno fue más breve que de costumbre ya que la joven parecía impaciente por iniciar la marcha, así que tras unos minutos, ambos se pusieron en camino, lo cual obligó a Elen a adaptarse al paso de su nuevo compañero, ya que buscar una montura para semejante hombre bestia parecía una tarea bastante complicada. - ¿Siempre vas a pie? - preguntó la bruja, mientras intentaba imaginar qué criatura del bosque podría hacer de caballo a un león tan grande. - No siempre, pero lo prefiero. - respondió Melena Blanca, que avanzaba ligeramente por delante de la tensai.

Elen aprovechó esto para intentar borrar las huellas de ambos mientras caminaban, valiéndose de su telequinesis para hacer que una rama cargada de hojas barriese el suelo tras ellos. No había forma de cubrir el campamento improvisado del hombre bestia pero al menos si Alister llegaba hasta allí, no sabría qué dirección habían tomado… aunque por otra parte el dragón podía optar por adelantarse a ella y esperarla en isla volcánica, donde sabía que tarde o temprano aparecería. Esa idea hizo que la joven frunciese el ceño, no quería que se expusiese a la impulsividad de Amaterasu, no cuando había visto de primera mano cómo se las gastaba.

- En el templo dijiste que Vladimir ya está de nuestra parte… ¿cómo lo conseguiste? - inquirió Melena Blanca, rompiendo el silencio y sacando a Elen de sus pensamientos. - Cuando lo encontré formaba parte de una organización de vampiros dirigida por una mujer horrible, se había dejado arrastrar por ella después de que no se valorase su trabajo como centinela durante tantos años. - comenzó a relatar la benjamina de los Calhoun, trayendo a su mente los acontecimientos de aquel día. - Mi misión era sacarlo de allí y convencerlo de que debía ayudar en la lucha contra los jinetes, pero una de mis compañeras tenía otra muy distinta… pretendía matarlo por todo el daño que había causado bajo las órdenes de Mortagglia. - continuó, centrándose en lo importante ya que dar detalles sobre los actos de Vladimir no ayudaría a que el leónico confiase en él.

- Finalmente tuve que enfrentarme a mi mejor amiga para defenderlo, y eso fue lo que le dio cierta esperanza en los centinelas, ver que podía confiar en mí y que estaría dispuesta a luchar por él. - terminó la de ojos verdes, sin querer recordar aquella parte, ya que no estaba orgullosa de haber lastimado a Anastasia. - ¿Defendiste a un ser como él antes que a tu amiga? - preguntó el león, con un deje de reprobación en la voz. Melena Blanca se guiaba por el honor y seguramente no estaría de acuerdo con muchas de las cosas que la hechicera había tenido que hacer para llegar a donde estaba, pero la muerte de Tyrande lo obligaba a intervenir para que aquel mal que los Tarmúnil representaban fuese erradicado, así que debía aprender a colaborar con sus hermanos y por ende, aceptar que no fuesen como él.

- Era necesario… sé que tu opinión de Vladimir y Amaterasu no es la mejor, créeme yo tampoco los hubiese elegido como compañeros para esta batalla, pero si queremos salir victoriosos debemos trabajar en equipo, o de lo contrario nuestras vidas se perderán en vano y les entregaremos en bandeja de plata las cuatro reliquias… imagina lo que harían con ellas. - contestó Elen, consciente de que si perdían, todo lo que había visto durante años a través de sus pesadillas se haría realidad. - Yo ya he sido testigo de lo que ocurrirá si fracasamos, me han obligado a verlo una y otra vez… el fuego consumiendo todo a su paso, los gritos y llantos, la sangre corriendo como ríos… no podemos permitirlo. - prosiguió tras una leve pausa.  

El centinela del este sabía que estaba en lo cierto, y que Verzela no sería la última en intentar abrir un portar al Oblivion, pero aquellas palabras de la joven lo intrigaron, haciendo que se volviese hacia ella para mirarla. - ¿Cómo lo has visto? - inquirió, deteniéndose. - Antes de despedirse Tarivius me dijo si debía confiar mi vida a alguno de vosotros lo hiciese a ti, supongo que no tiene caso ocultar la relación que me une a los jinetes. - dijo la de cabellos cenicientos, tomándose unos instantes antes de volver a hablar. - Estoy maldita, así comenzó todo… por estar en el lugar y momento equivocados. - empezó a relatar, como si de una historia lejana se tratase. - No importan los detalles de aquella noche, el hecho es que terminé maldita por los jinetes y a partir de entonces comencé a tener pesadillas con ellos y lo que pretenden hacer en estas tierras, entre otras cosas. - continuó, sin mencionar las fiebres y desvanecimientos.

Aquella revelación sorprendió al leónico, que comenzó a mirarla con otros ojos, entendiendo ahora su fijación por reunir a los centinelas para enfrentar de una vez por todas a los Tarmúnil. - Los años pasaron y aprendí a vivir con ello, hasta que encontré a Tarivius y aceptó ayudarme, a pesar de que eso iba a costarle la vida. - dijo instantes después, llevando la diestra a la marca que el hechicero le había dejado como recuerdo. - Si hubiese sabido desde el principio que para convertirme en centinela él tenía que morir no hubiese aceptado el cargo. - musitó, bajando la vista al árbol de la vida. - Supongo que vio algo en mí y creyó que podría lograr lo que él no pudo, reuniros a todos para la batalla final, consiguiendo que formásemos un verdadero equipo. - prosiguió, buscando los ojos del hombre bestia.

Años, eso había dicho la benjamina de los Calhoun, que había pasado años bajo la maldición de los jinetes, ¿seguiría bajo la misma? - ¿Aún tienes esas pesadillas? - preguntó, con curiosidad. - El medallón mantiene a raya los efectos de la maldición, pero sí, si me lo quito vuelven... y cada vez son peores. - confesó, sin mencionar que Ilmerith se divertía ahora jugando con su mente e intentando que se viese a sí misma como un mero instrumento de la oscuridad que cargaba consigo. - Entiendo, será mejor que nos reunamos pronto con Vladimir y Amaterasu… esto debe acabar. - dijo con voz firme, volviendo a ponerse en marcha y aligerando su paso para llegar cuanto antes a los dominios de la nigromante. - Estoy en deuda con Amaterasu, cuando lleguemos a isla volcánica tendré que cumplir la tarea que me pida, espero que eso y la intervención de Vlad sirvan para convencerla de que colabore con nosotros. - dijo Elen, para luego guardar silencio durante un rato y espolear a su montura.

Su pequeña perseguidora se mantenía a cierta distancia para no ser descubierta, sobre todo porque la aparición del enorme león la había asustado, ahora no solo debía decidir si aquella mujer era de confianza, sino también si el hombre bestia podría ser una amenaza para ella.



Alister

Spoiler:

Una vez transformado, el dragón intentó nuevamente encontrar cualquier rastro de la hechicera gracias a su olfato, pero la lluvia de la noche anterior había borrado su aroma, no tenía nada con lo que poder guiarse. Frustrado, alzó el vuelo y se dirigió al bosque, esperando alcanzar a la tensai y al leónico antes de que ella cometiese la estupidez de pedirle que la matase en caso de perder el control. Melena Blanca no dudaría en aceptar tal petición, sobre todo si con ello consideraba que hacía un favor a la centinela, salvándola de convertirse en algo que no era.

Sin embargo, alcanzar el campamento en que se habían separado del león le llevaría algunas horas y su cuerpo no estaba en el mejor momento, la noche anterior había resultado herido durante su pelea con Maxine y el entrenamiento de la mañana se había encargado de agotar buena parte de sus energías, con lo que pronto se vio obligado a descender entre los árboles. Un sonoro gruñido escapó de su garganta, espantando a los animales que se encontraban por los alrededores, apenas había dejado atrás las afueras de la ciudad y le quedaba bastante para llegar a la frontera que separaba el bosque de los humanos de las tierras del este.

No lo había pensado bien, pero ¿quién lo haría en su situación? El hecho de no tener comida ni nada más que su ropa a prueba de transformaciones no importaban cuando la mujer a la que amaba se dirigía a una batalla de la que quizá no regresaría. ¿Y si no volvía a verla antes de que cruzase al Oblivion? No, no podía permitir que eso pasase, tenía que encontrarla a como diese lugar. Sin permitirse ni un respiro, Alister volvió a alzar el vuelo ignorando el cansancio que se adueñaba de su cuerpo y trató de llegar lo más lejos posible antes de volver a aterrizar, pero solo consiguió alcanzar el pantano misterioso, donde no le quedaría más remedio que quedarse hasta haber recuperado las fuerzas.

Aquel no era el mejor lugar ni el más seguro, más de una vez había estado allí de cacería con la hechicera, y por eso mismo decidió mantenerse en su forma bestial todo el tiempo, al menos así podría defenderse si alguna amenaza se le acercaba, cosa que en su versión humana no podría hacer ya que no tenía ningún arma. - Elen… ¿dónde estás? - se preguntaba interiormente, mientras intentaba controlar la oleada de emociones que lo asaltaban, esa misma que la joven había sentido la noche antes cuando utilizó la flor de sentimiento.
Elen Calhoun
Moderadr/a.
avatar
Cantidad de envíos : : 1358
Nivel de PJ : : 8
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Punto de inflexión [Privado]

Mensaje  Elen Calhoun el Jue Oct 12 2017, 14:21

A pesar de tener al bosque de su parte y de que gracias a la aparición del enorme león la marcha de la mujer de cabellos cenicientos se hubiese ralentizado considerablemente, su cuerpo no estaba preparado para caminar durante horas sin descanso, hecho que comenzó a pasarle factura tras un rato persiguiéndolos. ¿Qué debía hacer? Al decidirse a seguir a la joven se había alejado bastante del lugar en que la habían dejado, pero sus esperanzas de que alguien volviese para llevarla a casa se habían esfumado hacía días. Sin más opciones, la pequeña observadora siguió adelante ayudándose del terreno para no perder el rastro del par de centinelas y así permitirse ir algo más despacio, lo cual daría un respiro a sus piernas.

Por suerte para ella decidieron detenerse poco después de que el sol llegara a su cenit, marcando el paso del mediodía. Aquello fue más bien decisión del hombre bestia, pero la joven a pesar de tener prisa por proseguir, cedió ante la petición de su compañero, que claramente estaba más cansado por ir a pie y quería reponer fuerzas comiendo algo. Una vez situada a cubierto y manteniendo cierta distancia con el par de extraños para que no se percatasen de su presencia, la pequeña pudo observar como la mujer de cabellos claros preparaba una hoguera, elevando la vista al cielo con preocupación de vez en cuando, detalle que captó su atención. ¿Qué ocurría? ¿Cuál sería el motivo de su tristeza y nerviosismo? Aquellas preguntas revolotearon dentro de su cabeza, y no fue la única que se dio cuenta del extraño comportamiento de la bruja.

- ¿Pasa algo? - inquirió Melena Blanca, mientras extraía de su bolsa lo que le había sobrado del desayuno. - ¿Qué?... No, nada. - fue la respuesta de la tensai, que bajó la vista hacia la leña y utilizó sus poderes eléctricos para soltar una descarga contra la misma, encendiendo el fuego en cuestión de segundos. Una columna de humo que delatase su posición no era precisamente lo que necesitaba en aquel momento, pero debía actuar con normalidad y asegurarse de que tanto ella como su compañero estuviesen en las mejores condiciones cuando llegasen a isla volcánica, desde donde con suerte, abrirían un portal al Oblivion para acabar de una vez por todas con los Tarmúnil.

- He visto un riachuelo no muy lejos de aquí, iré a recoger algo de agua. - comentó, a modo de excusa para ausentarse unos minutos y estar a solas con sus pensamientos. El leónico asintió con la cabeza en respuesta y se puso a preparar la comida para ambos, aprovechando la tranquilidad del lugar para descansar un poco de cara al trayecto que aún les quedaba por delante. Ni siquiera sabía cómo cruzarían al territorio de la nigromante, pero eso no parecía preocupar a Elen, así que decidió no pensar mucho en ello, dando por hecho que tendría algún plan.

Lo tenía, con suerte para cuando llegasen al norte Gabrielle ya estaría allí con su barco y podría ayudarlos a cruzar a isla volcánica, eso en el mejor de los casos, ya que si se veían obligados a esperar por el navío Alister tendría tiempo de alcanzarlos y las cosas podrían ponerse feas. Esa idea no la dejaba tranquila, ¿qué haría si los encontraba? ¿cómo afrontaría tal encuentro? La última conversación que habían tenido no había sido agradable para ninguno de los dos y el hecho de haber huido solo complicaría las cosas aún más. En un vano intento por despejar su mente, la de ojos verdes se alejó del lugar en que acamparían y siguió el sonido del agua hasta ver el riachuelo que había mencionado, pero no se acercó a rellenar su cantimplora como había dicho, en vez de eso apoyó pesadamente la espalda y la cabeza contra un árbol cercano y se dejó caer hasta quedar sentada, con las rodillas flexionadas y los brazos sobre éstas.

Durante años había mantenido sus emociones a raya para que los efectos de la maldición no empeorasen, pero desde que portaba el medallón solar y no tenía que reprimir sus sentimientos las cosas se habían desestabilizado, ya no era la misma, y en ocasiones deseaba volver a aquella fría versión de sí misma del pasado. Todo parecía más sencillo sin aquellas emociones sacudiendo su cuerpo y sumiéndola en una tristeza que no desaparecía ni le permitía concentrarse como debía. El rostro del cazador ocupó sus pensamientos, junto con todo lo que había sentido la noche que discutieron, provocando que golpease el suelo con el puño cerrado a causa de la impotencia y seguidamente hundiese el rostro entre los brazos, mientras sus verdes ojos se aguaban.

Una vez más la pequeña era testigo de aquello desde los árboles, la había seguido para intentar un segundo acercamiento, y verla allí apartada y desconsolada la convenció de que no era una amenaza, al contrario, necesitaba apoyo. A pesar de su cansancio se concentró para hacerle un regalo como el que había dejado a la entrada de la cueva la primera noche, echando mano de sus poderes para hacer brotar una hermosa rosa blanca justo delante de donde se encontraba. Ésta vez Elen si sintió el flujo de maná y levantó la vista a tiempo de ver como el tallo de la flor terminaba de formarse para dar paso a las hojas y níveos pétalos. Sorprendida, se secó las mejillas y observó la rosa hasta que ésta terminó de abrirse delante de sus ojos, momento en que alargó la mano para acariciar levemente los pétalos.

Alguien estaba detrás de aquello sin duda, podía percibir la magia, pero ¿quién era el responsable y por qué lo hacía? Sin querer arrancar la flor ya que era hermosa, la joven miró a su alrededor en busca de la persona que la había hecho brotar, alcanzando a distinguir una pequeña silueta tras unos árboles, no muy lejos de donde se encontraba. La figura se ocultó de inmediato al verse descubierta, pero no se escucharon pasos ni nada que indicase que estaba huyendo, simplemente había decidido esconderse, quizá por miedo. - ¡Eh, espera! - exclamó Elen al tiempo que se levantaba para dirigirse al punto en que había visto la silueta.




Alister

Buscar un lugar seguro para descansar en el pantano no resultó fácil, el dragón conocía bien aquel terreno y las bestias que solían morar por la zona, todas dispuestas a causarle problemas si tenían el estómago vacío. Eso lo llevó a buscar un sitio que le permitiese tener la espalda cubierta en todo momento, una pared de roca lo suficientemente alta como para no tener que preocuparse de que algo le atacase por detrás. Allí haría lo posible por recuperar fuerzas, aunque al haber salido de Lunargenta sin comida ni agua lo único que podía hacer era esperar a que el cansancio remitiese, momento en que proseguiría su viaje hacia el norte esperando alcanzar a la hechicera lo antes posible.

Sus alargadas pupilas de reptil recorrían incansablemente los alrededores, alerta ante cualquier posible amenaza, pero tras un rato de tensión terminó relajándose, en cuanto se convenció de que permanecer en su forma bestial mantendría a raya a las criaturas del pantano. ¿Cuánta ventaja le llevaría Elen? Se preguntó, recordando el punto en que se habían separado de Melena Blanca para volver a la ciudad. Teniendo en cuenta que la joven había tenido toda la noche para avanzar probablemente ya se hubiesen reunido, razón de más para esforzarse y alcanzarlos, antes de que fuese demasiado tarde. Puede que la benjamina de los Calhoun no tuviese en mente rendirse antes de enfrentarse a los Tarmúnil pero si pactaba con el leónico que la eliminase de ser preciso él podría pasar a convertirse en su compañero de viaje y vigilante, un protector para la reliquia que portaba la bruja y al mismo tiempo, posible verdugo de su dueña.

Alister no estaba dispuesto a permitir que eso ocurriese de ninguna manera, era el único que había conseguido traer de vuelta a la tensai cuando la oscuridad se apoderaba de ella y creía firmemente que con su presencia podría evitar una recaída de la bruja, podía mantenerla a salvo. Exhausto y preocupado, el dragón intentó quitarse los malos pensamientos de la cabeza y centrarse en lo que tenía a su alrededor, al menos hasta que el sopor lo venció, sumiéndolo en un necesario y reparador sueño.

El sol avanzó hasta pasar su punto más alto, momento en que al alado despertó y con energías renovadas, decidió alzar el vuelo para seguir su camino, manteniéndose a poca altura y muy atento a todo lo que tenía bajo él. Buscaba el campamento de Melena Blanca, y tras un par de horas, con sus obligados descansos para no forzar su cuerpo, dio con él. Vacío, no estaban allí ni el león ni la bruja, y a juzgar por el estado de la hoguera se habían marchado hacía ya varias horas. Alister descendió lentamente y aterrizó junto a las cenizas, mientras el hambre comenzaba a atenazar su estómago y la sequedad se adueñaba de su boca. - Está borrando su rastro. - dijo, al no encontrar huellas que saliesen del campamento, sin duda trataba de dificultarle las cosas, no quería ser encontrada. Sin embargo, su aroma estaba en el ambiente, ese olor a hierbas que la hechicera utilizaba para asearse era inconfundible para él, solo tenía que seguirlo, pero su cuerpo no aguantaría mucho más antes de colapsar.

Frustrado por no haberla encontrado antes de que se marchase con Melena Blanca hacia el norte, y consciente de que si seguía forzándose de aquella manera no aguantaría lo suficiente para alcanzarla, el dragón decidió aprovechar aquel lugar para reponer fuerzas, buscando algo de agua y comida en los alrededores antes de continuar. Fue así como dio con un curioso rastro de pisadas, pequeñas para ser las de Elen, pero que parecían bordear el lugar e iban en la dirección que debían haber tomado los centinelas. - Parece que no soy el único que los sigue. - musitó, tomando aquello como un golpe de suerte. Puede que la hechicera estuviese borrando su rastro pero no contaba con aquel otro, que junto con el aroma a hierbas podrían conducirlo directamente hacia ella.

Algo más animado, Alister inspeccionó los alrededores en busca de alimento, y no tardó en dar con un río de aguas claras y lo más importante, dulces. Aquello le proporcionaría agua y con suerte comida, si conseguía pescar algo claro. Decidido a reponerse, el alado cambió a su forma humana para hidratarse y hallar un modo de atrapar su almuerzo, cosa que sin herramientas de ningún tipo iba a poner a prueba tanto sus habilidades de cazador como su capacidad para improvisar con lo que la naturaleza el brindaba. - Ojalá hubiese traído un cuchillo. - masculló mientras andaba por el borde del río, observando los peces y sin saber aún cómo se las ingeniaría para atraparlos.

Finalmente, y teniendo en cuenta que no disponía de armas, optó por reunir materiales de los árboles y arbustos cercanos para crear una trampa y echarla al agua, tras lo cual comenzó a buscar piedras lo suficientemente afiladas como para tallar con ellas o usarlas para limpiar el pescado cuando lo hubiese conseguido. Toda la preparación le llevó un rato pero su esfuerzo se vio recompensado cuando regresó para revisar la trampa tras disponer todo para encender una nueva hoguera donde había estado la del leónico. No sería un festín pero al menos comería bien, algo que le ayudaría a recuperarse y le brindaría la oportunidad de continuar con aquella persecución… aunque no tuviese idea de lo que pasaría cuando volviese a encontrarse con la de ojos verdes.

Quedaba más que claro que no quería ser encontrada pero ¿cómo reaccionaría al verlo? ¿volverían a discutir? Después de haber huido como lo había hecho era muy probable.
Elen Calhoun
Moderadr/a.
avatar
Cantidad de envíos : : 1358
Nivel de PJ : : 8
Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Punto de inflexión [Privado]

Mensaje  Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.