Buen vino, buen viaje [1º Concurso de Aerandir]

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Buen vino, buen viaje [1º Concurso de Aerandir]

Mensaje  Friðþjófur Rögnvaldsson el Vie Ago 04 2017, 22:34

Pues yo decidí hacer una historia tomando a mi personaje de Aerandir. Os haré un resumen, por si no os apetece leerlo, o por si a lo mejor gracias a esto os entra curiosidad. La historia trata de Frith, como he dicho, y su acceso al tiempo futuro / actual, 2136 y eso en el planeta tierra; y por medio de acceder al tiempo actual, lo envían hasta el tiempo contemporáneo (el que vivimos nosotros ahora) pensando que es el actor que interpreta al personaje, tratando de colocarlo en el tiempo correspondiente. Y bueno, la historia narra brevemente las andadas de Frith en un mundo extraño y fu turista, en el que no conoce nada ni a nadie, pero sin embargo es conocido por todos. ¿Le gustara ese mundo? ¿O preferirá regresar a su amado y conocido Aerandir? De eso trata: D
Por otro lado, quiero pedir disculpas porque es posible que tenga muchas faltas. He intentado revisarlo cuanto he podido, pero utilizo un teclado islandés, y eso me lo complica un poco. Por otro lado, tampoco pensé mucho en hacer una obra de arte, sino una historia en si misma, y me parecía interesante la idea de llevar a mi personaje a nuestra actualidad.

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Todavía a día de hoy no tengo muy claro si los sucesos que contaré a continuación, fueron reales o fruto de una ebriedad excesiva. Bien es cierto que en aquellos días frecuentaba más que de costumbre las tabernas. Mi hermana se había marchado hacía poco más de una semana, y la añoranza me inundaba el corazón. Además, me había dejado demasiados recuerdos que fácilmente habían traído a mí la nostalgia y la melancolía. Y cada una de esas cosas siempre era para mí, una buena excusa para tomar unos tragos de más.

Además, había conocido una agradable taberna en las afueras de Lunargenta. La cerveza era barata allí, aunque no era lo mejor. Lo mejor, sin duda alguna, era el vino. Buen precio, y excelente calidad. De hecho, todavía hoy en día continúo yendo a esa taberna para tomar unas cuantas jarras de buen vino sin miedo a que mis Aeros vuelen. Y si vuelan, suelo estar demasiado borracho como para que me importe lo más mínimo; no como en tabernas más caras, donde se me terminaban los Aeros antes de que estuviera ebrio, por lo que era consciente de todo lo que había gastado.

Esta historia comienza con una enorme jarra de buen vino, tinto, con un aroma afrutado y dulzón. Me encontraba en una amplia mesa redonda, sentado en lo que podría haber llamado un trono, por lo cómodo que llegaba a ser. El vino era exquisito, y ni siquiera habrías tenido que preguntarme si me estaba gustando: Sólo con ver las otras cinco jarras que todavía reposaban frente a mí en la mesa, te habrías hecho una idea. El mundo parecía dar lentamente vueltas. Alguien se sentó a mi lado. Recuerdo que olía a rosas. A flores en general, y también a tierra. Me giré hacia él y lo miré frunciendo el ceño y con los ojos entrecerrados. Estaba ya bastante bebido, aunque todavía podía aguantar un poco más como para golpear a quien se atreviera a interrumpir mi catarsis privada.

-Una hermosa noche. De esas en las que vale más la pena salir fuera y dar un paseo, en lugar de encerrarse en un antro a hundirse en el alcohol -dijo el hombre. Tenía una voz curiosamente suave.

Me giré hacia él. Alcé mi mano y la coloqué sobre su hombro, empujándolo.

-Cállate. No digas nada. Largo de mi vista -dije únicamente. No sabría decir muy bien por qué; creo que simplemente quería beber a solas, tranquilo.

El individuo colocó una jarra de cerveza frente a sí mismo. Aunque en ningún momento llegué a ver que el tabernero la hubiera dejado a su lado, o que él la hubiera buscado. Aunque tampoco me había fijado demasiado, por lo que no le di demasiadas vueltas. Se quedó mirándome fijamente, y pareció comenzar a reír. Lo miré con el ceño fruncido, y golpeé la mesa con mi mano derecha.

- ¿De qué te ríes, desgraciado? -protesté. Él negó con la cabeza, y dio un trago a la jarra.

-Eres un tipo tan común. Un individuo simple, un bárbaro -anunció. Era el colmo, además de interrumpir en mi descanso y sentarse en mi mesa sin ser invitado, me llamaba bárbaro, simple y común. Monté en cólera y me puse en pie, llevando mi mano a la empuñadura de mi espada. Estaba dispuesto en mi ebriedad, a cortarle la cabeza allí misma. El individuo no pareció sorprenderse.

Alzó la mano, y de sus dedos surgió un destello fugaz, intenso, que me cegó durante algunos segundos. Luego, sentí una repentina relajación. Me sentí mucho más tranquilo de repente, y por alguna razón, pensé que conocía a aquella persona de tiempos pasados. Me quedé mirándolo perplejo, mientras él me miraba con desenfado.

- ¿Qué has hecho? -pregunté, en un tono muy neutral. No estaba enfadado, tan solo confundido. Y toda la ira que había estado creciendo en mí por su osadía, se había esfumado de repente.

-No hace falta alarmarse -dijo únicamente. Tomó un nuevo trago a su jarra, y se quedó observándome, ahora con seriedad-. Te he escogido a ti, porque eres simple, sencillo, no demasiado complicado -volvió a repetir aquellas palabras que me habían ofendido con anterioridad. Aunque aquella vez no las tomé tan a mal; me sentía como embriagado por alguna clase de magia. Si bien no estaba contento, tampoco me veía capaz de enfadarme-, y eso es ideal para el experimento que llevo un tiempo pensando en realizar.

- ¿Experimento? -él asintió, y se puso en pie.

- ¿Alguna vez has querido ver cómo sería nacer en otras circunstancias? -echó un vistazo a su alrededor-. En un lugar completamente distinto, donde conseguir alcohol no es tan difícil, donde no apestarías a tierra y barro, donde pudieras ser rey con sólo desearlo.

- ¿Hablas del Valhala? -pregunté yo, todavía más confundido.

-No -soltó él una risotada, y se quedó mirándome, todavía con una sonrisa dibujada en los labios-. Hablo de otro lugar. Si tienes curiosidad, podemos quedar en el puerto de Jarabear. Para que puedas entender de lo que te hablo, necesitamos ir mar adentro. Yo estaré allí dentro de una hora, y me quedaré hasta la primera luz del amanecer.

Se puso en pie, y se marchó de la taberna, habiendo dejado su jarra. Tomé la jarra que le había pertenecido a él, y miré su interior: había agua. Todavía confuso, y no seguro de si lo que acababa de suceder era verdaderamente real, continué bebiendo durante las dos horas siguientes. No fue hasta que la taberna cerró, no mucho más tarde que la medianoche, cuando decidí ponerme en pie y plantearme si ir o no hacia el puerto de Jarabear. Sabía dónde estaba ese pequeño poblado. Había pasado por allí en varias ocasiones, acompañando a grupos de caravanas comerciales a las que había jurado lealtad temporal a cambio de unos cuantos Aeros, como solía hacer. Según recordaba, era un poblado compuesto por poco más que una docena de casas, y un puerto bastante precario, pero lo suficientemente preparado como para recibir mercaderías de otros puertos de la península.

Ya estando fuera de la taberna, me volví hacia esta, mirándola. Y luego dirigí mi mirada hacia la luna, que estaba resplandeciente. Tan sólo había una o dos nubes que tímidamente pasaban frente a la luna, para continuar su viaje desapareciendo en el horizonte. El aire se respiraba fresco, y de algún modo dulzón. Sonreí, comenzaba a encontrarme un poco mejor. Y pensé entonces en lo que me había dicho aquel hombre. No estaba seguro de si debía dejarme llevar por la curiosidad y buscarlo en Jarabear, o si debía descartar esa idea y marcharme a dormir. La verdad, es que la idea de satisfacer mi curiosidad por lo general me atraía más que la seguridad del hogar. No medité durante mucho tiempo hasta decidir que quería tomar un caballo y marchar hacia Jarabear sin pensarlo una tercera vez. Y eso hice. Marché hasta la caballeriza, y busqué al mozo de cuadra, dado que el dueño del establo estaba durmiendo a aquellas horas. Alquilé un caballo por algunos Aeros y emprendí mi marcha hacia Jarabear.

*                                     *                                     *


El caballo no pudo más. Paró en seco, y una de sus patas falló, haciéndolo caer. Caí con él, y decidí que era buen momento para continuar el camino andando. Aun así, lo mantuve conmigo dado que no pensaba pagar más Aeros por el hecho de haber perdido un caballo. Caminamos durante diez minutos, hasta un cruce de caminos, donde por fin pude ver un letrero en el que se veía por primera vez Jarabear. No estaba muy lejos, de hecho, podía ver desde la colina donde estaba aquel cruce de caminos, la orilla del mar y el pequeño conjunto de casas que se había formado a su alrededor. También había dos barcos, uno grande y elegante, el otro mucho más pequeño y alargado.

Caminé colina abajo en dirección al pequeño poblado, mientras tomaba de las riendas al caballo, guiándolo con cuidado y acariciando su lomo repetidas veces. «Ánimo compañero, queda menos» le repetí en varias ocasiones. Tardamos aproximadamente unos veinte minutos más en llegar al poblado, y una vez allí lo primero que busqué fue el establo. Afortunadamente estaba en la parte externa del poblado, así que me acerqué y dejé atado al caballo allí. Rápidamente se acercó al abrevadero. Luego me puse en marcha hacia el puerto, donde me había dicho el individuo que había encontrado en la taberna que nos podríamos encontrar. Tarde cerca de diez minutos en llegar hasta el puerto, y otros cinco en localizar al individuo. Este se encontraba mirando fijamente la embarcación más pequeña, pero pareció darse cuenta al instante de mi presencia. Se giro hacia mí y me miro con una amplia sonrisa.

- Ah, la curiosidad -dijo, ampliando todavía más su sonrisa-. Que débiles somos siempre ante la curiosidad, ¿verdad?

No dije nada. Únicamente me dedique a mirarlo con cautela, y acercarme lentamente. Tenía la mano sobre mi empuñadura, pues pese a que había hecho un viaje largo hasta allí para por fin saber de que se trataba toda aquella intriga, pensaba que siempre debía mantener la desconfianza. Se acerco a mi despacio, y me puso una mano en el hombro.

- Vamos. Este es mi barco. Te llevare a un lugar muy especial -dijo.

-Si por un momento llego a pensar que quieres hacerme alguna clase de daño, te cortare la cabeza. Lo sabes, ¿no?  -le dije. El únicamente se rio, y me hizo un gesto con la mano para que avanzara hacia el barco. Por lo menos par que me acercara a contemplarlo.

La embarcación era un poco más grande de lo que había imaginado, ahora que me encontraba frente a ella. El coloco una madera entre el muelle y el barco, y me indico con la mano que ya podía pasar. Camine pausad amenté hasta encontrarme en el interior del barco, y me quede observando la cubierta. Ahora parecía todavía más amplio, sobre todo cuando me di cuenta de que había una puerta que conducía -supuse, más adelante me di cuenta de que así era- a los camarotes. Aun así, solo estábamos nosotros dos allí. No vi ningún otro tripulante o marinero, lo cual me pareció extraño. El dejo caer la tabla por la que había cruzado hasta el barco al mar, y alzo sus manos. De repente la embarcación pareció tomar vida propia, y empezó a moverse despacio. Lentamente, fue alejándose del muelle. Yo me quede a un borde, mientras miraba como el puerto poco a poco se iba alejando cada vez más.

*                                     *                                     *


Habíamos navegado durante aproximadamente dos horas. Aun así, no sé muy bien decir a que velocidad llegamos a navegar, dado que parecía que el viento estuviera dando toda la fuerza al velamen en todo momento, incluso cuando nos inclinábamos hacia otra dirección. Era extraño, y «mágico».

-Bien, ya estamos donde debíamos estar -dijo finalmente.

Ni siquiera necesito soltar el ancla. Estábamos en medio de la nada, en un mar inmenso calmado, casi completamente llano. De hecho, me arriesgaría a decir que ni siquiera conseguía ver pájaros, o alguna clase de vida que habitara aquellas aguas. El individuo, me hizo una señal con la mano para que me acercara al borde de la embarcación, y así pudiera dirigir mi mirada hacia las aguas. En el medio de estas, había un gran vórtice, un agujero que parecía engullir las aguas. También parecía que en algún momento pudiera engullir al barco, haciéndolo caer en un abismo desconocido. Aun así, el barco continuaba inmóvil, como si alguna fuerza lo mantuviera firme.

- ¿Qué es esto? -pregunte directamente, mientras o apartaba la mirada del vórtice.

-Es un portal. ¿Sabes lo que es un portal?  -me pregunto. Yo asentí. Todavía recordaba algunas cosas que había leído, sobre el portal por el que habían entrado las gentes de otro mundo-. Normalmente nadie puede acceder aquí. Habrás oído sobre los biocibernéticos. Ellos protegen esto -se quedó en silencio durante un largo rato-. ¿Tú ves alguno?

-Yo no veo ninguno -soltó una risa bastante extraña, difícil de definir-. Todo forma parte de un plan que llevo dos décadas formando.

-Cómo se supone que se puede entrar ahí? ¿Saltando?  -dije con una sonrisa. En principio estaba bromeando.

-Sí -afirmó él, con seriedad-. Y quiero que lo cruces, que entres, y regreses. Que me digas todo lo que has visto. Te pagare bien. Tú no tienes nada de lo que preocuparte, estaré observándote en todo momento. Y recuerda, es algo que llevo preparando mucho tiempo, así que todo saldrá perfectamente. Si tu estas dispuesto a dar un paso en adelante.

-Y si llamo a los biocibernéticos? -pregunte.

-Crees que no te llevo observando mucho tiempo? No lo harás. Serias un estúpido si lo hicieras, e irías en contra de tus propios principios. Eres un hombre simplón -fruncí el ceño-, pero con ideales, sueños y pensamientos que me son útiles para este experimento. Por eso te escogí a ti.

Al final asentí, y ante mi asentimiento, el hombre me indico con la mano hacia el vórtice. Debía lanzarme, eso era lo que me estaba diciendo sin decir nada. Me quede en el borde del barco, y observe con detenimiento el vórtice. No tenía ni la menor idea de a donde me conduciría eso, ni que me encontraría. Tampoco sabía siquiera si podría regresar. No podría volver a ver a mi hermana, en el peor de los casos; o moriría. Era una incertidumbre total, a la que al final, decidí dejarme llevar.

Puse un pie sobre el bordillo del barco y di un largo salto, lanzándome hacia las aguas. Caí en aquel vórtice, y al caer todo se volvió cada vez más oscuro. Vi como mis extremidades se alargaban indefinidamente, estirándose hasta convertirse en una fina línea. De repente todo estuvo completamente oscuro, y negro, y fui incapaz de oír mis propios pensamientos. No veía, no escuchaba, no sentía. No sé muy bien cuanto tiempo pasé en ese estado, hasta que de repente me encontré a mí mismo recostado sobre una superficie de metal. Al ponerme en pie, no sin cierta dificultad, me di cuenta de que me encontraba en lo que parecía una prisión. Pero aquella prisión era distinta a las que había visto antes. Estaba conformada por cuatro paredes de hierro, suelo de hierro, y había ventanas oscuras. Desde esas ventanas, veía con cierta frecuencia el reflejo de unos ojos desconocidos.

-No es de nuestra época -pude llegar a escuchar-. Pero tampoco de la que viene. ¿Quién es este individuo?

Todo eran susurros y murmullos. Y, si bien conseguía comprender lo que decían, el idioma me resultaba demasiado diferente al que siempre había hablado yo. Era un idioma semejante, idéntico, pero con variaciones tales que debía pararme a pensar durante largos segundos antes de decidir si lo que creía haber escuchado era correcto, o no. Una puerta se abrió, desde una de las paredes metálicas. Y se presentó ante mí una figura. Tenía algo parecido a una armadura -no encuentro modo mejor de definir aquellas vestiduras-, de tonos azulados, plateados, pero en apariencia finos como el cuero. Tenía un gran bastón en su espalda, el cual supuse que se trataría de una especie de báculo.

- ¿De dónde vienes? -me pregunto aquella persona. Era un idioma raro, no el mío, por lo menos. Por un momento pensé en la posibilidad de que no fuera el idioma que hablaban normalmente, pero que tendrían ciertas nociones sobre el que yo hablaba.

-Aerandir -dije claramente. Prefería no hacerme el valiente, dado que no tenía la menor idea de donde me encontraba, ni que era todo aquello.

- ¿Aerandir? ¿De que conoces Aerandir?  -me pregunto ahora, con un aire nervioso en su voz-. Tú no eres de Aerandir.

Pude escuchar como dejaba escapar un largo suspiro de resignación. Escuché algo que pude interpretar, cuyas palabras más claras que entendí fueron «la memoria», y «devuelto». Me alarme, y comencé a gritar, negándome a lo que fuera que hubieran decidido. Pero fue inútil, completamente inútil. El mismo individuo que había entrado a hablar conmigo, me coloco las manos en la cabeza. Sentí un mareo muy fuerte, y como todos mis recuerdos aparecían y se desvanecían. Era algo parecido a lo que me habían contado que era la muerte. Yo mismo me desvanecí, y lo último que recuerdo de aquellos momentos, fue como mi cabeza se golpeaba con fuerza contra el suelo metálico.

*                                     *                                     *


Escocia. 20 de julio de 2017.

Al contrario que como me había sucedido anteriormente, en esta ocasión me desperté con la boca llena de hierba. Estaba boca abajo sobre una larga campiña, que se cerraba por el linde de un inmenso bosque. No había metal, ni había gente, tan solo era una zona virgen, un lugar precioso, a decir verdad. Me puse en pie, y me sacudí la ropa. Mire a mi alrededor, y sin ver ninguna casa o edificación, decidí que lo mejor sería seguir una única dirección, hasta que llegara a alguna parte. Y así me mantuve durante lo que me parecieron aproximadamente tres horas. Me di cuenta de que había algún poblado, o algo así, en cuanto vi un enorme palo que se alzaba desde la superficie. Sostenía lo que parecían una multitud de uniones plateadas, sobre las que felizmente parecían sentarse los cuervos. Imagine que se trataría de alguna edificación religiosa, así que continué caminando. La gente religiosa por lo general solía ser amable y hospitalaria; por lo menos la que había conocido hasta el momento.

Los bosques se volvieron menos espesos, y comencé a ver los caminos. Los carros pasaban sin ser tirados por caballos o mulas. Aunque no eran muchos, pero hacían mucho ruido. Pude fijarme en que dentro de esos extraños carruajes iba la gente, sentada con un aspecto tranquilo. Algunos posaban sus manos sobre su oído, sosteniendo alguna clase de artefacto mágico. Camine pausadamente hasta acercarme a lo que parecía una taberna. Oh, si, aquello si que era una taberna. Su fachada de madera y el cartel de aquel conejo borracho lo delataba. Entre dando un portazo y me acerque precipitadamente a la barra. Había una joven de rojos cabellos atendiendo, y que pareció sorprenderse con mi llegada. Me hablo en una versión moderna de nuestro idioma. ¿Se hablaba más rápido, y con menos… rudeza?

- ¿Qué quieres tomar? -me pregunto. Aunque todavía continuaba con un rostro de incredulidad.

-Vino. Buen vino -pedí.

Me hizo una señal para que tomara asiento. Eche un vistazo a la taberna. Era semejante a todas las tabernas en las que había estado hasta el momento, con la única diferencia de que la gente en lugar de beber y dormir, y quedarse sumida en sus pensamientos, se encontraba mirando con detenimiento al mismo artefacto que había visto colocado en las orejas de quienes conducían los carruajes mágicos. Me acerqué a una mesa vacía y me senté, esperando mi jarra de vino. Sin embargo, lo que vino fue una copa. Una copa de cristal, con una cantidad miserable de vino.

-Esto es muy poco -proteste, mirando hacia la misma mujer de rojos cabellos que me había atendido.

- ¿Poco? -hubo un silencio breve-. Puedo traerle una botella si quiere.

-Eso me gusta más.

Aunque no hablaba bien el idioma, parecía entenderme. Y yo la entendía a ella. Y también a los que había allí en aquella taberna hablando. Por lo menos entendía a grandes rasgos lo que decían. Era como si hubieran tomado el idioma que yo hablaba y lo hubieran abofeteado con fuerza hasta que saliera algo nuevo. La mujer vino con una botella y la dejo sobre mi mesa; esboce una amplia sonrisa, aquello me gustaba mucho más. Me bebí de un trago la copa, y coloqué más vino, y en cuanto estuve a punto de volver a dar un largo y profundo trago a la copa llena, alguien me hablo. No sin antes gritar eufóricamente. Era una joven, acompañada de otras tres.

- ¡No puede ser! -gritaba una de ellas-.  ¡No puede ser!  -repetía. Se acerco a mi rápidamente y se quedó mirándome con una mirada extraña e incómoda-. ¿Me puedes firmar un autógrafo?

- ¿Qué es un autógrafo? -me quede perplejo. Por fin decidí tomarme la copa de vino. La chica saco un libro y lo dejo sobre mi mesa, delante de mí, abierto por la primera página.

- ¿Puedes firmar aquí? -me pregunto. Podía ver la ilusión en sus ojos.

Me encogí de hombros y firme con mi nombre. Algo en lo que siempre he destacado, ha sido mi buena caligrafía. Mis letras siempre han sido hermosas: correctas, firmes, como dibujos hermosos en una página en blanco. Aunque nunca he sabido en cambio, pintar o ilustrar. En cuanto termine de firmar, la chica soltó otro grito eufórico, cerro el libro y se lo llevo al pecho, abrazándolo con fuerza como si se tratara de un tesoro. Luego saco aquel artilugio que había visto siendo usado por los conductores de los carruajes y se acercó a mí, señalándome con él. En cuanto me fijé, pude observar como en un recuadro de aquel artefacto, podía ver mi propio rostro. Era como un espejo; fue lo primero que pensé, y por eso no me causo temor alguno. Ella se abrazó a mí con fuerza (más de la que podéis imaginar), y coloco su dedo sobre el espejo. De repente, la imagen quedo congelada.

- ¡¿Qué es esto?! -pregunté, con los ojos muy abiertos y el temor inundando mi corazón-. ¡Has hecho magia! ¡¿Qué es esto?! ¡¿Has atrapado mi alma?!

Me puse en pie, golpeé la botella dejándola caer. La gente calló de repente y dirigió su mirada hacia mí. Y esto es algo que me sorprendió, y me hizo calmarme y callarme de repente. Porque debía ser realmente grave lo que había sucedido, dado que normalmente cuando sucedía una disputa en una taberna, la gente solía animar o, por el contrario, solía seguir con sus cosas ignorándolo, conscientes de que era algo que sucedía con frecuencia. Me quedé mirando a la gente, y decidí marcharme de aquel lugar. En cuanto la mujer pelirroja se acercó a mí para poder, evidentemente, exigirme el pago, le tendí algunos Aeros que tenía en mis bolsillos y me marché. Se quedó mirando las monedas con perplejidad, pero no dijo nada y pareció aceptarlo sin rechistar.

Me marché corriendo de aquella taberna, y una vez fue, continué corriendo por las calles de aquel pequeño poblado. Era una villa, compuesta por varias casas de piedra y alguna que otra taberna. Una de esas casas tenía una enorme vidriera, y desde fuera pude observar una enorme armadura que no había visto jamás en la vida, y cuatro espadas enormes. Eran mandobles. Decidí entrar para ver si se trataba de una herrería. Abrí la puerta y me encontré con una afable anciana.

-Buenos días ladd -me saludo. Aunque no entendí lo último, me pareció que hablaba con una dulzura tal que me tranquilizo al momento.

-Muy buenos días, señora -le di unas palmadas en el hombro. No sé muy bien porque lo hice, creo que simplemente me despertó una dulzura que me hacía verla como una criatura afable-. Venía a ver espadas. Hay buenas piezas expuestas.

- Son todas artesanales, bellamente hechas para decorar la casa.

- ¿Artesanales? -pregunte enarcando una ceja-. Puedo afilarlas si es necesario.

-Están afiladas, pero son artesanales -rio con dificultad-. Si golpeas dos de esas espadas, se partirán en mil pedazos.

Suspiré. El vino no estaba tan bueno después de todo, me habían hecho un hechizo de nigromancia y las espadas se partían en pedazos. ¿Dónde demonio había terminado? Me incliné educadamente y me despedí de la anciana, y salí de aquel lugar. En seguida una mujer de cabello no muy largo, pero tampoco muy corto, ondulado, y ojos de un azul intenso, se me acerco. La mujer era muy hermosa, y parecía conocerme. Por lo menos eso pareció por su forma de acercarse a mí.

- ¿Qué hacías aquí, idiota? -me pregunto-. Llevas dos días sin dar señales de vida a nadie. Y tenemos que ir a presentar la temporada a…

Dijo demasiadas cosas en aquel idioma tan extraño. Demasiadas como para que pudiera comprenderla a la perfección, más aún cuando hablaba demasiado rápido. Así que simplemente me dedique a asentir y sonreír. Cuando termino, me abrazo y se quedó así durante algunos largos segundos. Retribuí a aquel abrazo, y me puse a pensar en si todo el mundo debía ser así en aquel lugar. Por lo general en Aerandir normalmente estaba peleándome con todo el mundo. Incluso aunque yo no hubiera dicho nada en absoluto. La gente se acercaba y me comenzaba a provocar para formar una pelea. También tengamos en cuenta que por un lado era enemigo de muchos bandidos, por ser conocido como guardián de caravanas, y por lo tanto enemigo de los bandidos por defecto. Y, por otro lado, también debemos tener en cuenta que pasaba la mayor parte del tiempo de mi vida en tabernas y lugares de mala muerte donde era fácil encontrar una bronca. Como fuera, tanto si era así como si no, seguía sin ser normal para mí que la gente demostrara ese afecto sin ninguna razón de ser.

-Si, si -respondí, muy convencido de lo que fuera que ella había dicho-. Tenemos que ir a la temporada de eso.

-Si -se quedó mirándome durante algunos segundos extrañada-. ¡Pues vamos!

Me condujo hasta uno de aquellos carros que había visto antes. Abrió una puerta y entro. Me acerqué al otro lado, abrí la otra puerta y entre. En su interior había asientos, varios. Me puse cómodo y relajé las piernas. De repente aquella cosa comenzó a sonar como un estruendo, y ella tomo lo que parecía ser una especie de timón. Y empezó a ir muy rápido. Realmente rápido, no os imagináis cuánto. Si hubiera recorrido el mismo trecho que recorrimos con aquella cosa, con un caballo, el caballo habría quedado destrozado y probablemente muerto a mitad de camino.

Creo que preferiré no contar el episodio de los dragones metálicos vacíos gigantes, dado que todavía hoy en día resulta vergonzoso para mí solo el hecho de pensarlo. Pero digamos que los métodos de aquel mundo y aquel tiempo, para trasladarse de un lugar a otro, no terminaban de convencerme. Como sea, saltando por ese vergonzoso episodio, diré que llegamos hasta una tierra extraña, árida y desértica. Pero con edificaciones gigantescas. En cuanto baje del dragón metálico, un carro mágico nos esperó, y nos condujo a la mujer hermosa y a mí por un camino de piedra negra, cruzando una enorme ciudad compuesta por colosales edificaciones. Me condujo hasta una enorme edificación, semejante a un torreón que se alzaba en varias plantas.

-Es aquí el hotel -me dijo. Habíamos llegado a Hotel, un lugar desconocido para mí.

Y la verdad es que todo lo que vi me maravillo. Desde una especie de diminuta habitación que ascendía con alguna clase de fuerza mecánica, hasta puertas que se abrían solo acercando una pequeña pieza rectangular. Emitía un sonido, y la puerta se abría. ¡Era cosa de magia! La mujer hermosa me condujo hasta la habitación que se suponía que era nuestra. Aquello me recordó a las clásicas posadas donde solía dormir; aunque aquello era muy distinto a todas las habitaciones en las que había dormido con anterioridad. Era una estancia muy amplia, realmente amplia. Además de descubrir una letrina que mágicamente hacia desaparecer las vergüenzas personales, tan solo presionando una pieza, también vi un gigantesco cuadro mágico que mostraba distintos mundos y escenas a tiempo real, pudiendo hasta escucharlas. Por un momento me sentí como un dios, pudiendo ver los dramas personales de algunos individuos mediante aquel artilugio. La mujer con quien había venido, utilizo una especie de pequeña vara mágica para controlar las escenas, y dejo colocada la escena de dos individuos que discutían por algún inconveniente causado por la suegra. Era asombroso, estaba viendo lo que estaba sucediendo a esos individuos en alguna parte del mundo.

- ¿Que pasa? ¿Te gustan las novelas colombianas? -Me pregunto la mujer hermosa, riendo.

- ¿Que es colombianas? -Pregunte perplejo.

-Deja de tomarme el pelo. Sera mejor que nos demos un baño. Entre que me ha costado encontrarte, y el retraso del vuelo, vamos a llegar tarde a la presentación.

Parecía molesta, o enfadada, aunque no comprendía por que. Ni tampoco sabía de que se trataba aquella presentación. Y muchos pensareis: «y porque no le dijiste la verdad? Que provenías de Aerandir, y no entendías nada de lo que estaba pasando». Básicamente, porque hasta el momento había recibido un trato bastante agradable, y me daba miedo entorpecerlo solo con el hecho de decir la verdad de lo que sucedía. Además, por otro lado, aquella mujer era hermosa y no me molestaba pasar tiempo con ella. Aunque pareciera estar molesta conmigo todo el tiempo.

Me costaría describir el placer que sentí al darme aquel baño. Me sentí un hombre nuevo, un noble, un rey. O algo mejor que un rey. Si aquello era un baño para un hombre corriente, los cerdos en aquel mundo debían bañarse mucho mejor que un noble en Aerandir. Y sentí que después mi cuerpo tenía el olor de las rosas, o de la vainilla, o del chocolate. No lo sé, pero jamás había olido tan bien en toda mi vida. La mujer hermosa me volvió a hablar apresuradamente, y después de escoger mis vestiduras y ayudarme a colocármelas, dijo algo y se marchó con rapidez. La seguí, saliendo por la puerta mágica, y volvimos a acceder al carro mágico.

Fuimos hasta otra edificación colosal. Aunque en realidad, todo era demasiado grande y gigantesco, nunca había visto un lugar como aquel. El edificio al que fuimos era oscuro, y tenía un portón enorme. En el centro, había una enorme pasarela rojiza, y a los lados había individuos con una indumentaria oscura, que frenaban a los carros mágicos y el populacho que trataba de acceder a nosotros, mientras gritaban eufóricamente. Por alguna razón, la mujer hermosa y yo éramos individuos importantes, éramos gente conocida, y aquella presentación parecía ser algo muy esperado por todos.

Salimos hasta un gran salón. Teníamos una amplia mesa, larga, donde nos sentamos. Frente a nosotros, un cuantioso publico expectante. Muchos alzaban enormes artilugios que disparaban rápidos destellos. Veía carteles con palabras que no comprendía, pero algunos de ellos tenían el símbolo de un corazón. La gente era amable, como os llevo diciendo desde hace un buen rato. Mostraban afecto, amor, y parecía que era completamente desinteresado.

- ¿Como ha sido rodar la nueva temporada con ella, ahora que son pareja? -Pregunto un hombre de incipiente calvicie.

-Fantástico. Todas las temporadas disfrutamos mucho rodando. Rodar es sano, siempre me lo han dicho. Además, es hermosa. ¡¿Como me iba a molestar rodar con ella?! Rodamos todos los días, como debe ser -dije, y solté una risotada. Por alguna razón, me sentía confiado. Aun así, el público rio, por lo que tal vez lo que había dicho no había sonado tan disparado. Pese a que no sabía lo que significaba rodar, ni tampoco entendía a que temporada se referían.

-Que tal le ha parecido participar como un pirata? -Pregunto entonces una mujer desde un rincón de la sala-. Muchos dicen que le hace la competencia a Jack Sparrow.

-No sé quién es ese, pero yo soy mucho mejor -afirme-. De todas formas, nunca sería un pirata. De hecho, normalmente trato de enfrentarme a la gente así.

-Eso es un Spoiler inesperado? -Dijo la chica. De repente se alzaron murmullos por toda la sala.

Y bueno, en general la presentación consistió en aquello. Un conjunto de preguntas diversas. Todas parecían ser personales, más de lo que imaginaba, pero me limite a responder todas y cada una de ellas con suma tranquilidad. Estaban interesados en mí, y eso no solía sucederme a menudo. Y aunque respondía en un idioma que no comprendían demasiado bien, conseguían comprenderlo y alegaban que estaba hablando en algo llamado «gaélico». Otros decían que no, que todo formaba parte de una gran broma; yo lo ignore y continué hablando en mi lengua común. Cuando todo termino, hubo un banquete y un festival, donde bebí hasta la saciedad. La mujer hermosa me beso, pero luego se marchó con otras mujeres. Yo en cambio, comenzaba a sentirme incómodo, por lo que preferí marcharme de aquel lugar. Salí a la calle, y me encontré que ya no estaban los hombres de negro atuendo, ni tampoco los carros mágicos, ni tampoco todo el gentío que había tratado de llegar a nosotros. Estaba todo tranquilo, calmado. Así que comencé a andar pausadamente por las calles, hasta que dejé muy atrás la enorme edificación, sin preocuparme porque la mujer hermosa pudiera encontrarme. Al fin y al cabo, yo no era de allí. Tarde o temprano tendría que irme.

*                                     *                                     *


-Quiero todo tu dinero -dijo una repentina voz. Estaba cerca de un callejón. Me había puesto a curiosear por las calles para conocer como era aquel lugar-. Ahora mismo, rápido. O te vuelo los sesos.

Me quede perplejo mirándolo. Di dos zancadas y golpee su rostro, haciendo que cayera al suelo. Estaba acostumbrado a combatir contra bandidos, y aquel ni siquiera había sacado una espada. Me había amenazado con una cosa negra que no había sabido identificar. Tome esa cosa y lo golpee repetidas veces con ello. Luego, lo tire contra una pared, y de repente sonó un fuerte estruendo. El individuo estaba ahora inconsciente. Acompañado por el estruendo, luego escuche como sonaba un sonido agudo y repetitivo, que cada vez se iba haciendo más cercano. Alguien se acercó a mi precipitadamente y me tomo de las manos, colocándome una especie de cadena. Dijo previamente algo repetidas veces, haciendo una señal con sus manos, pero no comprendí nada. Supongo que por eso me dieron un fuerte golpe en la cabeza sin que yo hubiera hecho nada para merecerlo.

Cuando desperté, estaba en una prisión. Oh, si, de eso estaba seguro. No era muy distinta a las que había visto antes. Aunque aquellos barrotes estaban hechos para que ni un dragón pudiera salir de allí. Estuve encerrado junto con otros individuos, con un aspecto muy extraño. Dos de ellos eran la clase de humano más extraña que había visto jamás. Tenían el rostro realmente oscuro. Era negro como la noche. El otro individuo tenía la piel morena, pero los ojos de un verde casi blanquecino. Me miraban con algo parecido a desprecio. Me acerque a ellos bruscamente, me hacían sentir realmente incómodo.

- ¿Que pasa? ¿Algún inconveniente? -Pregunté. Me miraron ahora con curiosidad, al no entenderme. Al fin y al cabo, mi idioma no era el mismo que ellos hablaban.

Aun así, al cabo de un rato se miraron entre ellos y comenzaron a reírse desenfrenadamente. Dijeron algo que no comprendí en absoluto, y se dispusieron a atacarme. Los golpee frenéticamente. Parecieron sorprendidos, como si no hubieran esperado que pudiera reaccionar de aquel modo; tal vez pensaban que simplemente me dejaría golpear al considerar que eran más que yo. Pero no, claro que no, había estado en muchas peleas de taberna antes, como para que aquellos tipos me dieran algún miedo.

La pelea duro hasta que los guardias aparecieron. Era un guardia de tez oscura, con un bigote canoso. Tenía en su mano algo contundente, con lo que nos golpeó a todas repetidas veces tras entrar en la jaula.

Pasaron las horas y continué estando en aquella prisión, hasta que finalmente apareció la mujer hermosa horas más tarde, junto con el mismo guardia que nos había golpeado. Me informo de que había pagado una fianza por mí. Luego estuvo hablándome todo el tiempo, mientras íbamos en el carro mágico en dirección hacia “Hotel”. Hablaba enfadada, y yo no era capaz de comprender absolutamente nada. Lo que, si que puedo decir, es que me comenzaba a sentir estresado. Las cosas funcionaban de un modo mucho más agitado allí. No sabía que clase de mundo era ese, pero no me estaba gustando. En un momento la gente quería y te abrazaba, y momentos después te golpeaban por defenderte. ¿Quién viviría en paz en un lugar así?

*                *                *

Pasé una noche terrible, aunque estuve en Hotel, en aquella habitación tan agradable. Pero por primera vez desde que había comenzado aquella extraña aventura, me sentía solo, tremendamente solo. Y perdido, en un lugar demasiado grande para mí. Comenzaba a extrañar Aerandir, y no estaba seguro de que pudiera aguantar demasiado tiempo. El problema residía en que, tampoco era consciente de si podría regresar. Y por esa misma razón, comenzaba a culparme por mi extrema idiotez.

Pase la noche abrazado a la hermosa mujer, hasta que un fuego fatuo me despertó. Se encontraba al lado de la puerta de la habitación, y parpadeaba intensamente. Me puse en pie en silencio, separándome despacio de la mujer, y me acerqué silenciosamente hacia el fuego fatuo. Trate de tocarlo, pero este desapareció. Pronto el mundo pareció derretirse, poco a poco, y yo sentí caer en una inmensidad indescriptible. Estuve cayendo indefinidamente, hasta que me vi flotando en el agua. Escuche de repente una risotada, viendo de unos metros más hacia mi derecha. Era el brujo, todavía en su embarcación.

- ¿Bueno, me contaras todo?  -me dijo directamente, alzando la voz-. ¿Volverás?
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Re: Buen vino, buen viaje [1º Concurso de Aerandir]

Mensaje  Iredia el Lun Ago 07 2017, 16:24

¡Muy buenas, Frith!

Sí, me he metido entre pecho y espalda este sublime relato. Y he de decirte dos cosas: una, que me ha encantado y me encantaría que los demás se animasen a leerlo también, en serio; dos: que me ha pasado con tu relato algo que no me suele pasar a menudo cuando leo. ¿El qué? Que se me ha hecho corto. Me copié tu relato en una página de Word para poder tenerlo en mi tableta (en mi trabajo no tengo Wi-Fi) y ha ocupado exactamente 14 folios. Cuando empecé la lectura, lo primero que te envalentona es decir "ok, 14 folios, me lo voy a tomar con calma". Cuando me quise dar cuenta, estaba ya por la página 12 y no me percaté. Con esto pretendo hacerte un total halago, pues creo que has hecho de esta historia algo tan ameno y sencillo que podría estar leyendo otras 14 páginas del tirón sin inmutarme. En serio, es todo un mérito, hay muchos libros de escritores prestigiosos que escriben 400 páginas y te duermen en la página 6 (probad a leer El conde de Montecristo)

Otro punto muy a tu favor es que la historia es muy interesante y me atrevería a añadir que me ha dejado con ganas de más. Me imagino que Frith, después de toda esta aventura, habrá dicho algo así como "va a volver a este mundo su padre". Me gustaría instarte a que la continuaras. Las aventuras de Frith en el mundo moderno tienen que ser muy divertidas. Un tarzán aerandiano.

Sólo te voy a comentar una cosilla, para que lo tengas en cuenta para la próxima vez:

-Creo que pecas de repeticiones (en esto soy consciente de que no todos piensan como yo XD). Te señalo algunos ejemplos:

[center][...] y así pudiera dirigir mi mirada hacia las aguas. En el medio de estas, había un gran vórtice, un agujero que parecía engullir las aguas.[/center]

[...] hacia la luna, que estaba resplandeciente. Tan sólo había una o dos nubes que tímidamente pasaban frente a la luna.

[...] hasta un cruce de caminos, donde por fin pude ver un letrero en el que se veía por primera vez Jarabear. No estaba muy lejos, de hecho, podía ver desde la colina donde estaba aquel cruce de caminos.

En otro relato hice una corrección semejante. Yo no soy partidaria de repetir palabras, considero que la lengua española es lo suficientemente rica como para poder permitirnos el lujo de usar sinónimos. Por norma, intento no repetir conceptos en un mismo párrafo. Aquí te pasa con "las aguas", "la luna" y el "cruce de caminos". A mí me pasa muchísimo también esto, sobre todo cuando llevo prisa y me descuido más a la hora de expresarme. Otros, directamente, se me pasan por alto (en los posts peco de esto muchas veces). Se soluciona simplemente volviéndolo a leer con calma y tú mismo verás que quizás te suena muy repetitivo.

También he visto alguna coma y algún acento, pero esos ya te los comento por privado si quieres. El único fallo que se me ocurre para destacar es este, el resto... impecable y genial ^^.
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Re: Buen vino, buen viaje [1º Concurso de Aerandir]

Mensaje  Saltador el Vie Ago 11 2017, 17:09

Buenas, veamos qué tenemos por aquí.

En general me ha gustado mucho el relato. Me gusta el tempo sobre todo, es pausado pero continuo, en ningún momento tienes la sensación de que haya prisa por contar algo, todo va sucediendo según debe y las piezas van cayendo en su sitio. El personaje es curioso, quizás echo de menos un poco más de descripción a la hora de contar sus choques con el mundo moderno pero es algo personal. La historia es interesante y debo estar de acuerdo en la puntualización de que podría dar para una serie. Intentar ver el mundo actual bajo el prisma de alguien completamente fuera de tiempo es algo bastante interesante y te da cabida a muchas cosas, yo también te animaría a seguir.

Para mi sólo hay una contra. Cuando hablaba del tempo del relato decía que es muy bueno. Sí, apenas en el momento correcto aparece el primer punto de inflexión que te introduce en la historia: la propuesta del desconocido. Sin embargo tratándose de un relato echo de menos un momento de clímax. Si lo pienso como la introducción a una serie de relatos que podrían verse en conjunto como una novela no hay ningún problema. Pero como lector, si voy a leer sólo esta pieza me gustaría poder encontrarme una resolución, un momento álgido en el que ocurra algo impactante para el personaje, la trama o la pregunta. Ojo, esto es algo personal, ni soy crítico ni literato, pero sí que me voy con la sensación de que me preocupa más lo que pasaría a continuación que algo concreto que haya ocurrido en el relato.

Poco más, excelente trabajo. Un saludo.

PD: ¡El Conde de Montecristo no es aburrido!
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Re: Buen vino, buen viaje [1º Concurso de Aerandir]

Mensaje  Friðþjófur Rögnvaldsson el Vie Ago 11 2017, 19:01

Iredia escribió:¡Muy buenas, Frith!

Sí, me he metido entre pecho y espalda este sublime relato. Y he de decirte dos cosas: una, que me ha encantado y me encantaría que los demás se animasen a leerlo también, en serio; dos: que me ha pasado con tu relato algo que no me suele pasar a menudo cuando leo. ¿El qué? Que se me ha hecho corto. Me copié tu relato en una página de Word para poder tenerlo en mi tableta (en mi trabajo no tengo Wi-Fi) y ha ocupado exactamente 14 folios. Cuando empecé la lectura, lo primero que te envalentona es decir "ok, 14 folios, me lo voy a tomar con calma". Cuando me quise dar cuenta, estaba ya por la página 12 y no me percaté. Con esto pretendo hacerte un total halago, pues creo que has hecho de esta historia algo tan ameno y sencillo que podría estar leyendo otras 14 páginas del tirón sin inmutarme. En serio, es todo un mérito, hay muchos libros de escritores prestigiosos que escriben 400 páginas y te duermen en la página 6 (probad a leer El conde de Montecristo)

Otro punto muy a tu favor es que la historia es muy interesante y me atrevería a añadir que me ha dejado con ganas de más. Me imagino que Frith, después de toda esta aventura, habrá dicho algo así como "va a volver a este mundo su padre". Me gustaría instarte a que la continuaras. Las aventuras de Frith en el mundo moderno tienen que ser muy divertidas. Un tarzán aerandiano.

Sólo te voy a comentar una cosilla, para que lo tengas en cuenta para la próxima vez:

-Creo que pecas de repeticiones (en esto soy consciente de que no todos piensan como yo XD). Te señalo algunos ejemplos:

[center][...] y así pudiera dirigir mi mirada hacia las aguas. En el medio de estas, había un gran vórtice, un agujero que parecía engullir las aguas.[/center]

[...] hacia la luna, que estaba resplandeciente. Tan sólo había una o dos nubes que tímidamente pasaban frente a la luna.

[...] hasta un cruce de caminos, donde por fin pude ver un letrero en el que se veía por primera vez Jarabear. No estaba muy lejos, de hecho, podía ver desde la colina donde estaba aquel cruce de caminos.

En otro relato hice una corrección semejante. Yo no soy partidaria de repetir palabras, considero que la lengua española es lo suficientemente rica como para poder permitirnos el lujo de usar sinónimos. Por norma, intento no repetir conceptos en un mismo párrafo. Aquí te pasa con "las aguas", "la luna" y el "cruce de caminos". A mí me pasa muchísimo también esto, sobre todo cuando llevo prisa y me descuido más a la hora de expresarme. Otros, directamente, se me pasan por alto (en los posts peco de esto muchas veces). Se soluciona simplemente volviéndolo a leer con calma y tú mismo verás que quizás te suena muy repetitivo.

También he visto alguna coma y algún acento, pero esos ya te los comento por privado si quieres. El único fallo que se me ocurre para destacar es este, el resto... impecable y genial ^^.

Cierto, siempre tengo inconveniente con la repetición, y es una lastima dado que la lengua castellana es muy rica y esta llena de diversas formas de decir las mismas cosas. Me alegra mucho que no se te hiciera pesado leerlo, pensaba que podría llegar a serlo ^^. Y bueno, en realidad muchas cosas ya te las he respondido cuando hemos hablado. Muchísimas gracias por tu critica Iredia




Saltador escribió:Buenas, veamos qué tenemos por aquí.

En general me ha gustado mucho el relato. Me gusta el tempo sobre todo, es pausado pero continuo, en ningún momento tienes la sensación de que haya prisa por contar algo, todo va sucediendo según debe y las piezas van cayendo en su sitio. El personaje es curioso, quizás echo de menos un poco más de descripción a la hora de contar sus choques con el mundo moderno pero es algo personal. La historia es interesante y debo estar de acuerdo en la puntualización de que podría dar para una serie. Intentar ver el mundo actual bajo el prisma de alguien completamente fuera de tiempo es algo bastante interesante y te da cabida a muchas cosas, yo también te animaría a seguir.

Para mi sólo hay una contra. Cuando hablaba del tempo del relato decía que es muy bueno. Sí, apenas en el momento correcto aparece el primer punto de inflexión que te introduce en la historia: la propuesta del desconocido. Sin embargo tratándose de un relato echo de menos un momento de clímax. Si lo pienso como la introducción a una serie de relatos que podrían verse en conjunto como una novela no hay ningún problema. Pero como lector, si voy a leer sólo esta pieza me gustaría poder encontrarme una resolución, un momento álgido en el que ocurra algo impactante para el personaje, la trama o la pregunta. Ojo, esto es algo personal, ni soy crítico ni literato, pero sí que me voy con la sensación de que me preocupa más lo que pasaría a continuación que algo concreto que haya ocurrido en el relato.

Poco más, excelente trabajo. Un saludo.

PD: ¡El Conde de Montecristo no es aburrido!

Me alegra que el tempo sea el apropiado hasta cierto punto, y que haya podido resultar interesante la historia o al menos la intención de esta. Sobre lo que has cuestionado, tengo que decir que tienes toda la razón del mundo hahaha. Si has percibido que faltaba un clímax y se desarrollaba demasiado precipitado desde la segunda mitad del relato, es debido a que iba escribiéndolo de a poco, y teniendo mucho trabajo no he tenido suficiente tiempo para dedicarle todo el tiempo que me habría gustado. Y ya estando muy cerca del domingo, tuve que terminarlo demasiado precipitadamente, y seguramente eso en gran parte es la culpa de que no haya podido desarrollarlo tal y como había deseado. De hecho incluso pienso que no he aprovechado todo lo que quería, el argumento de “un hombre bruto de Aerandir en el mundo contemporáneo”. Muchas gracias por tu opinión , saltador!
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Re: Buen vino, buen viaje [1º Concurso de Aerandir]

Mensaje  Matthew Owens el Vie Ago 11 2017, 23:25

¡Buenas Señor Rögnvaldsson! ^^

Me tome mi tiempo para leer su cuento pero no por falta de interés, ya sabia yo que sería algo digno de verse, sino precisamente porque quería hacerlo con la atención que usted se merece.

Creo que las críticas más constructivas ya se las han hecho, también note las repeticiones y la falta de un Nudo, lo que podría agregar es más algo de gusto personal: Creo que se desperdiciaron renglones con detalles que no hacían al centro de la historia y que se podrían haber utilizado en cosas más importantes. Pero, como dije, eso es más una cuestión de gustos, entiendo que si usted hizo hincapié en ciertas cosas es porque a le interesaba resaltar eso, y esta perfecto.

Y también, lo último que diré, es que me hubiese gustado algún remate del cuento, un último revés, algo que me hiciera decir "Ah, mira nada mas, que bien la hizo!"

Pero me gusto mucho el relato, no se me hizo pesado de leer y creo que es una idea original ^^ Lo felicito, Señor Rögnvaldsson, siempre es un gusto leerlo.

¡Saludos!
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Re: Buen vino, buen viaje [1º Concurso de Aerandir]

Mensaje  Sigel el Sáb Ago 12 2017, 19:40

La idea de relacionar el mundo "real" con Aerandir es algo que siempre me ha gustado. No sé si conoces a Merié Stiffen, ese personaje es alter de Nana, se supone que es una chica del mundo real que fue arrastrada a Aerandir. Relacionar algo mundos es algo peligroso. ¿Lo sabes no? Yo soy muy quisquillosa en ese aspecto, o se hace bien o no se hace. Nana, obviamente, lo hace de perlas (y en la crítica voy a usar muchas referencias hacia su personaje) y tú también lo has hecho muy bien. Me ha gustado mucho y me he divertido mucho con el relato. Sobre todo con lo de Jack Sparrow. ¡Buen guiño!

Hay muchas cosas buenas que hablar sobre el relato; nuestros compañeros ya lo han hecho por mí así que me vas a permitir que vaya directa al grano. Creo recordar que me dijiste por mp que querías críticas profundas y malvadas. No me voy a cortar

Hay un tema que me ha dado mucha rabia y si no lo digo reviento: ¿QUÉ ES EL EXPERIMENTO? Cuando se acaba la historia no se vuelve a mencionar. ¿Por qué buscaba a un hombre simple, por qué elige precisamente a Frith para entrar al portal, qué querían investigar...? Creo que toda esa subtrama ha sido una excusa para entrar al mundo real. Me hubiera gustado, a gusto personal, un desenlace que aguardara más relación con el principio. Poner que todo ha sido un sueño es una excusa de débiles. Este es el único punto de la historia que podría protestar. Creo que es algo que te hemos dicho todos, pero me tenía que sacar la espina de mi corazón.

Referente a la relación de ambos mundos: Te recomiendo leer a Merié Stiffen, lo digo en serio. Sus post resaltan mucho lo que voy a explicarte ahora y es que parece que no hay diferencia entre Aerandir y el mundo real. Sí, son diferentes porque lo dice Frith, repites que la manera de hablar es diferente y la escena con el vino fue sencillamente genial, pero no parece que Frith esté en un lugar diferente. Tiene una extraña facilidad para moverse y hablar con las personas; aunque digan que hablan extraño, el lector ve los diálogos y cree que están hablando bien. Un modo de separar más ambos mundos que estaba pensando a medida que te leía es hacer que el diálogo diga una cosa pero que tu personaje entienda otra. Déjame seleccionar un fragmento:

"- ¿Qué quieres tomar?- En mi cabeza sonó como: <>"

O otro ejemplo es que Frith no supiera pronunciar autografo y dijera autogafo. Se puede jugar muchísimo con la fonética. Precisamente tú, que conoces tantos idiomas a la perfección, tendrías una ventaja tremenda al jugar con las palabras de diferentes lenguas. Recuerdo que Merié hacía precisamente eso. De vez en cuando jugaba con las palabras causando malentendidos muy divertidos.

Otro aspecto que se me ocurre que podría separar mejor ambos mundos es el aspecto de las personas. Seguro que si Frith viese que una chica camina por la calle enseñando las piernas o, ni tan siquiera, los tirantes del sujetador, se escandalizaría. TODO lo del mundo real es nuevo para él. No hay que irse a una tienda de espadas de adorno para plasmar este aspecto. Las casas, las carreteras, los coches, la ropa... Te pueden dar un juego tremendo, muchísimo más interesante que el de la tienda de adornos. Durante la aventura de Frith vemos poco de estas cosas nuevas, me hubiera encantado ver más.

Hay una película de Jean Reno, Los Visitantes, que trata de un caballero medieval y su esclavo que viajan al mundo moderno. Seguro que conoces la película, muy recomendable. En esta peli aparece esta gran diferencia entre dos mundos que no llegamos ver del todo en tu relato. Quizás te sirva para coger ideas para una próxima vez.
Sigel
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Re: Buen vino, buen viaje [1º Concurso de Aerandir]

Mensaje  Friðþjófur Rögnvaldsson el Dom Ago 13 2017, 14:56

¡Muchísimas gracias por tu critica, Sigel! Me ha parecido útil y la verdad es que mucho de esos detalles me habría gustado plasmarlos mejor. Me causa un poco de tristeza el hecho de haber podido invertir tan poco tiempo en ello, aunque tendría que haberlo pensado dos veces antes de tomar la decisión de escoger escribir esto para participar en esto. Mas que nada porque este argumento, aunque tenía muchas ganas de escribirlo, es algo que en realidad me debería haber tomado tiempo. Dado que no me quedaría tranquilo si hubiera sido más corto, pero tampoco me quedo tranquilo al mismo tiempo dejando que sea algo largo, poco desarrollado y cerrado de forma abrupta. Seguramente tomare esta pieza y lo editare para hacer algo mucho mejor, tomando todos vuestros consejos. Y también leeré los posts de esa persona, que seguro que me dan muy buenas ideas y una buena referencia para poder narrar mucho mejor esta historia de Frith fuera de Aerandir.

Lo del idioma en realidad fue una forma de arreglar un error que ya estaba muy desarrollado. Porque a mitad del escrito me quede pensando “no debería entender lo que los demás dicen…” y trate de arreglarlo como pude. Son chapuzas que hice con prisa. Pero, para nada quiero que el tiempo sea la justificación de que esto, porque claramente hay muchas cosas que no las he pensado, no se me han ocurrido, y tanto tu critica como la de los demás me han despertado una nueva perspectiva, y creo que, si volviera a escribirlo, podría hacer de esto algo muy interesante y divertido.

¡Muchísimas gracias por tu opinión, Sigel! (aunque lo haya dicho al principio. Pero soy un individuo agradecido).

(por cierto, amo esa película que has citado, la vi muchisimas veces de pequeño xD)
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Re: Buen vino, buen viaje [1º Concurso de Aerandir]

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