Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

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Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

Mensaje  Aila Whitefire el Mar Sep 05 2017, 22:27

Off-rol:
Perdón por la mala prosa. He perdido algo de práctica. Sed pacientes conmigo, please.

Aila no estaba a gusto caminando entre aquella marea de gente. Ninguna de las ciudades por las que había pasado desde que se fue del Reino de las Aves le parecía más que un bosque de piedra y humanos. Además, para que nadie saliera corriendo, siempre tenía que llevar el turbante y la capa hasta los pies. El bosque de Midgar (o lo que quedaba de él) había sido lo más parecido a lo que buscaba. Definitivamente, tenía que dirigirse al norte si quería encontrar la libertad que buscaba. Se rascó las plumas del cuello intentando no dejar ver nada que pudiera identificarla como halcón. Le gustaba la soledad, pero no las miradas de desconfianza o extrañeza. “Tal vez, en alguna taberna pueda encontrar algún grupo que se dirija al norte...". Suspiró. “El camino no es seguro para viajar sola”.

Era día de mercado, así que el movimiento de personas y mercancías era mayor que de costumbre. Aila tenía que tener cuidado de no pisar a nadie si se metía en algún tumulto, para no clavarle sus afiladas garras. Por eso, evitaba las calles más frecuentadas cuando le era posible. Aún no sabía muy bien dónde o cómo encontrar lo que buscaba, así que escuchaba conversaciones al azar y observaba grupos de personas que parecieran viajeros, o mercenarios o aventureros. Daba palos de ciego, como había hecho en la ciudad de la que venía, y la anterior, y la anterior… Estaba cansada. ¿Cómo iba a llegar al norte si no sabía ni por donde empezar?

Tras un día entero paseando sin rumbo concreto, a media tarde se propuso encontrar un lugar para cenar y, a ser posible quedarse a dormir. Pero, al estar cerca la hora de la cena, todos los locales estaban hasta la bandera. Sabía que después tardarían horas en irse, que los hombres hablarían, beberían y pelearían. También sabía que un lugar con demasiada gente la haría sentir encerrada.

Se ajustó la capa ligeramente cuando una ligera brisa amenazó con dejar a la vista sus enormes garras. Apenas quedaba gente en la calle, pero los rumores sobre una mujer con garras de pájaro por pies en la ciudad correrían rápido, y ¿quién sabe qué podría pasar? Había oído que los humanos podrían vender a su madre por unas monedas. ¿Cuánto podrían ganar vendiéndola a ella? Distraídamente, se aseguró de que su turbante seguía en su sitio.

Anochecía ya cuando logró encontrar una posada menos abarrotada, donde pudiese encontrar una mesa solitaria en la esquina y observar a los parroquianos. Pidió una cerveza y, espalda contra la pared paseó la mirada entre la multitud. Nada especial. Algunos mercaderes, unos cuántos artesanos, gente de paso… nadie que tuviera facha de mercenario o viajero de grandes distancias. Pensaba que quizá podría unirse a una caravana de mercaderes si fuesen hacia el norte, pero después de aquella epidemia…

Estaba sumida en aquellos pensamientos cuando alguien se sentó en su mesa. Aila enarcó una ceja, pero no dijo nada, esperando una explicación.


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Re: Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

Mensaje  Wallace Mcgregor el Miér Sep 06 2017, 12:13

La noche habia caido, la gente empezaba a volver a sus hogares, a las tabernas y burdeles. Los mercaderes cerraban sus tiendas y los guardias empezaban su turno de noche. Baslodia no era una ciudad de grandes actividades nocturnas y eso era lo que le gustaba al brujo.
Volver a la civilización despues de tanto tiempo fuera no habia sido un duro golpe para el pelirrojo. Se habia mantenido activo, aceptando trabajos de escolta, de instructor y a veces, en casos muy especiales, de cazador de monstruos. Cabe aclarar que el brujo pedia motivos solidos para manchar su espada con sangre de las criaturas que habitaban en Aerandir. No habia sido la 1ra vez que le habian mandando matar a un ser por pura venganza o asuntos mas lucrativos. Y eso rompia el codigo del hombre.
En su ultimo viaje cerca de Dundarak habia sido testigo de los estragos de la epidemia. Los mismos guardias de la ciudad lo habian echado y no le fué posible ayudar. el brujo sabia que era inutil enfadarse por ello, estaban asustados. Habia visto las pilas de muertos, los refugiados desamparados y los inutiles esfuerzos de los curanderos para frenar la peste que estaba azotando Aerandir. El brujo tenia la sensación que todo aquello era algo mas que una simple epidemia.

A lomos de su percherón, el brujo esperó a que su amigo y mentor, Circenn, lo alcanzase. La gente se extrañaba de ver  aun hombre bestia como el. Medio humano, medio leon, su tamaño imponia pero era su forma de ser lo que llegaba a los corazones del hombre. El felino era un hermitaño pacifico que se esforzaba por llevar a Wallace por el buen camino y pegarle una bronca de vez en cuando.
El pelirrojo miró de reojo a su amigo con una sonrisa amable, bajó de su caballo y se recolocó la capa. Miró de soslayo sus espadas, guardadas en la alforja de la silla. No las necesitaria en esa ciudad, o eso deseaba. El felino acaricio la crin del animal y miró a los ojos al brujo.
- Unas amables señoras me han comentado que han visto a "alguien como yo" por aqui...-susurró consciente de que los observaban. El brujo soltó un suspiro cansado y asintió, mirando a los guardias que hablaban entre ellos. No venian a dar problemas pero sabia bien que los guardias de las ciudades solian tener la mecha muy corta y eran rapidos en acusarte de cualquier chorrada con tal de ganarse unas monedas extras. El leonido golpeo el abdomen del brujo con cariño, llamando su atención.-... vamos a beber, dormimos y nos vamos, si? -le propuso, sabiendo lo que se le pasaba por la cabeza. Desde su vuelta el pelirrojo habia vuelto a ser el cazador cauto y pensativo. Circenn sabia que era una manera de protegerse de los demas. Tenia mucho trabajo que hacer con el pero, por suerte, no estaba solo en aquella contienda.

Un hombre de avanzada edad se habia sentado delante de ella. Sus mejillas rojas indicaban que llevaba unas jarras de mas, asi como su cuerpo tambaleante. Su aspecto no inspiraba mucha confianza: le faltaba media oreja derecha, su cara estaba llena de crateres por quemaduras y acné mal tratado. Cuando le dedicó una sonrisa socarrona ella pudo ver que le faltaban la mayoria de dientes, sin contar con el aliento lleno de alcohol.
-Egues....mugi...bonigta...*hic*....ehe...-balbuceo intentado mantener los ojos abiertos. Los que presuntamente iban con el soltaron una carcajada ante el gran esfuerzo que hacia el viejo para "cortejarla".-...gyo gue pago!...-dijo alzando la voz y la jarra, derramando parte del liquido en el suelo.-...gui te guienes coooonmigoooo..-arrastraba las palabras,se estaba acercando demasiado a ella invadiendo su espacio personal. Un hombre alto, calvo y con aspecto de no llevarse muy bien con la ley, apartó al viejo y se sento a su lado, mirandola a los ojos. Sin decir nada sacó una daga curvada y jugueteo con ella, haciendo pequeñas muescas en la mesa de madera. Entonces, clavó sus ojos frios en ella.

-...Asi que lo que hablan por alli es cierto...dime... cuanto crees que sacaré por cada pluma de tu cuerpo, pajarito?...-susurró roncamente, con un tono de voz amenazador. El hombre iba a decir algo mas, apretando los dedos alrededor de la daga, pero la puerta del local se abrió dejando entrar una brisa fresca. El ruido de las patas de Circenn atrajo la atención de la mayoria de clientes, al igual que el ruido metalico de la armadura que vestia Wallace debajo de su capa negra. El leonido se acicaló un poco la melena, poniendo en orden las trenzas que decoraban su pelo. Vio a lo lejos una mesa libre y con un movimiento de cabeza se lo indicó al pelirrojo. El mesero, nervioso por sus nuevos clientes se acercó a ellos, limpiandose las manos en un paño realmente sucio.

-E-En que les puedo servir? Se-Señores...- Se olia el miedo en su sudor. Wallace podia sentirlo. Clavó sus ojos en el, penetrante, haciendo que el hombre se pusiera mas tenso, pero, al momento el brujo le dedico una calida sonrisa, al igual que Circenn.
-Buenas noches caballero! a mi amigo le encantaria una cerveza caliente y yo si tiene te, estaria mas que complacido! -le dijo dandole un pequeño pago por adelantado. El mesero no pudo evitar sonreir y suspirar de alivio. Asintió con energia y cantó la orden a sus camareros. Circenn le dió un pequeño golpe en el hombro, para tranquilizarlo.
El hombre calvo habia dedicado su atención a la extraña pareja, ignorando a la chica. Miró a sus camaradas y todos asintieron, pendientes de las bolsas de oro que esos dos pudieran llevar. Wallace los habia visto, eran demasiado obvios. el mismo habia estado en grupos asi y la discreción era algo que escaseaba. Criminales y maleantes, todos olian igual. El pelirrojo frunció el ceño y saco de su bolsa un pequeño trozo de cuero curtido enrollado. De el sacó una pipa y una hierba aromatica seca. Mientras limpiaba la pipa analizó el local, observando detenidamente a la clientela. El hombre calvo habia dejado en paz a la chica y se habia reunido con su compañeros. En ese momento, el pelirrojo centro su atención en ella mientras que con sus simples dedos encendió la hierba seca, dando una lenta y profunda calada.
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Re: Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

Mensaje  Aila Whitefire el Miér Sep 06 2017, 14:55

Off-Rol:
Creo que no puedo darle punto positivo a tu post porque no tengo los posts mínimos para ello. En cuanto pueda, vuelvo y le doy

Incluso antes de que el viejo abriera la boca, el labio superior de Aila se curvó y su nariz se arrugó ligeramente, formando una mueca de asco. “Por dios, le falta la mitad de la cara… ¡y vaya peste a alcohol!” pensó. Balbució algo, pero ella no entendió nada. Abrió la boca para decir algo (aunque no sabía muy bien cómo iba a despachar a aquel anciano beodo), pero, aparentemente de la nada, salió un hombre. Era calvo, alto y con muy mala facha. A Aila se le erizaron las plumas sólo con verle apartar al viejo y sacar la daga.

-...Así que lo que hablan por allí es cierto...dime... cuanto crees que sacaré por cada pluma de tu cuerpo, pajarito?...-susurró roncamente, con un tono de voz amenazador.

Alguien había visto sus plumas, o sus garras. Como ella había temido, el rumor se había extendido rápido y había llegado a orejas no deseadas. “Gallos desplumados...” maldijo en su mente. Su corazón se aceleró. Intentó pensar rápido mientras la sangre le bombeaba en los oídos. El mundo exterior se iba nublando poco a poco, y sólo quedaban ella y el hombre calvo de mal aspecto. “Tengo mi ballesta a la espalda, pero no está cargada y tampoco puedo alcanzarla con facilidad… Él es alto y fuerte y yo… no… Gallos. Gallos, gallos, gallos...”. Le pareció que el hombre iba a decir algo más, pero de repente algo le distrajo.

Aila volvió a ser consciente del mundo exterior cuando pareció pararse, y una brisa fresca llegó hasta su rincón. Miró hacia la pareja que había entrado; un hombre pelirrojo, cuya armadura resonaba por la estancia cuando se movía, acompañado de un hombre-bestia. El alivio inicial por haber perdido la atención del hombre de la daga se diluyó en incomodidad. Un felino. En realidad, no tenía por qué temerle, y no parecía amenazador, pero su instinto hacía que estuviese alerta.

Volvió a mirar al hombre calvo. Al parecer no estaba sólo: unas mesas más allá un grupo había dirigido también su atención al felino y el hombre pelirrojo. Ella se maldijo de nuevo. Seguramente la habían estado observando durante un rato y ni siquiera se había dado cuenta. Maldijo una vez más su (irónica) falta de vista. Se propuso ser más cuidadosa la próxima vez.

De lo que sí se dio cuenta era de que el hombre pelirrojo la observaba mientras encendía su pipa. Aila frunció ligeramente el entrecejo, mirándolo también. ¿Cuáles eran sus intenciones? ¿Era una amenaza? Por algún motivo ella sentía que no. El ruido de la taberna había vuelto, aunque la tensión no se había diluido. Se preguntó si debía intervenir. Ahora que parecía que la atención de aquellos maleantes ya no recaía en ella, no tenía ningún motivo para enfrentarse a ellos. Sin embargo, tenía la sensación de que si, por casualidad, acababan con ellos, después irían a por el “pajarito”. Pero podía aprovechar la situación para desaparecer de allí disimuladamente. O podía aprovechar la situación para cargar la ballesta. “Demasiado drástico” pensó pasando su lengua por los labios.

Se decidió por la primera opción, pero, sólo por precaución, desabrochó la cinta de la ballesta que estaba por debajo de la capa y la dejó caer en su mano disimuladamente. Aunque no estuviera cargada, seguramente podría darle un buen golpe en la cabeza a uno de ellos. Observó durante un momento al hombre calvo y a sus camaradas de la otra mesa; no parecía que nadie la estuviese prestando atención. Poco a poco, se movió hacia el borde del banco, para salir de la mesa. Pero otro hombre se sentó a su lado, mirándola. Barbudo, algo más bajito, y con un aliento que olía a heces de vaca. Había venido de la otra mesa.

- No nos hemos olvidado de ti, tranquila.

“Gallos desplumados...”. Había sido demasiado bueno para ser verdad. Por un momento, pensó en recurrir al hombre pelirrojo, pero enseguida su orgullo le aconsejó que morir era mejor que pedir ayuda. Ella podía arreglárselas sola.

- Mira la armadura del felino - dijo después de relamerse los labios -. Incluso sin él dentro, seguro que vale más que yo…

El hombre se mesó la barba pensativo.

- ¿No has oído el dicho “dos mejor que uno”?

“Oops...” pensó tragando saliva. Sólo había una forma de salir de aquel lío si quería hacerlo sola. Asió fuertemente el mango de su pequeña ballesta y confió en la dureza de la madera. Un golpe, y luego saldría corriendo de la posada. Con un poco de suerte no la cogerían antes de que se escondiera. Volvió a relamerse los labios. Sólo un intento más.

- Vamos… seguro que eres demasiado poderoso para eso. Pareces un hombre poderoso…

- La palabrería no te va a sacar de esta, pajarillo.

Aila sonrió.

- Sabía que eras demasiado inteligente para que eso funcionase. No me culparás por intentarlo…

El hombre rió dirigiendo su mirada al pelirrojo de nuevo. “Ahora”. El mango de madera de la ballesta cayó sobre la mandíbula del hombre, que, aturdido, giró la cabeza en dirección contraria. Aila corrió hacia la puerta, pero el hombre calvo la agarró la capa antes de que pudiera alejarse demasiado. En un momento de pánico, se despreocupó de su disfraz y sacó una de sus garras para darle una patada al hombre calvo. Él no soltó la capa. Sus compañeros ya venían hacia ella. Estaba perdida.


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Re: Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

Mensaje  Wallace Mcgregor el Miér Sep 06 2017, 16:20

Wallace sabia que Circenn le estaba hablando, pero su mente y atención estaban dirigidas exclusivamente hacia ella. La muchacha le había devuelto la mirada, desafiándolo. El brujo no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa. Le pareció interesante e incluso se planteó de levantarse y preguntar pero, como siempre, Circenn rompió el contacto visual dándole un toque en la frente con la zarpa.

-Puede que seas fuerte pero siempre seras igual de maleducado...-le gruñó echándole la bronca. El felino suspiró y pegó un sorbo a su bebida. Estaba amargo pero no podía pedir mas. Echaba de menos el te del castillo.Se preguntaba cuando volvería a ver las estepas heladas, cuando volvería a oler la leña quemándose en la chimenea...Cerró los ojos con cierta melancolía. Habían viajado mucho, tocaba volver a casa.
El brujo gruñó frotándose la frente por el golpe. Volvió a fijarse en ella para poder observar que otra vez alguien la estaba molestado. Se veía a leguas que ella no estaba cómoda, el brujo podía ver como los ojos se paseaban entre el hombre barbudo y la ballesta. ¿Estaría pensando alguna locura? No había espacio suficiente para usar eso...y cargar una ballesta era muy lento...Con un movimiento rápido analizó a los compañeros del calvo quienes observaban al barbudo entre risas. Estaba claro que iban a por ella. Eran muchos, entre los tres podrían contra ellos pero no allí dentro...si tan solo pudiera distraerlos....Wallace instintivamente dejó la pipa en la mesa y llevó su mano a la empuñadura de su espada pero claro, la había dejado fuera, con su caballo.

-Demonios...-gruñó cortando el monologo de Circenn. El felino al ver que había sido interrumpido lo miró con cierto enfado y curiosidad. Wallace le pidió que callase con un solo movimiento de su mano y le indicó con la cabeza que mirase la situación en la que se encontraba ella. Lo entendió al momento. Ambos bebieron al unisono, esperando, alerta.
La conversación que estaban teniendo era tensa, parecía intentar convencer al barbudo que Circenn valía mas que ella o algo parecido. El brujo se recostó mejor en su asiento. Los estaba metiendo en el meollo....Pudo escuchar el gruñido de su amigo, quien acariciaba la mesa con las uñas. Wallace estaba seguro que el monje iba a meterse.

Pasó bastante rápido. El barbudo cometió el error de apartar la vista de ella, dándole la oportunidad de golpearle con la ballesta. La cabeza del hombre fue directa al suelo provocando que su camaradas se movilizaran. La taberna explotó con ruido y frenesí. Los clientes que no querían saber nada de todo eso se dieron prisa en salir del local entre gritos e insultos. El mesero se escondió detrás de su barra junto con los camareros. Circenn se levantó de golpe, tirando la mesa a sus pies.  Wallace lo siguió planificando al instante en su mente como defenderse, estaba claro que estaban metidos de pleno en esa pelea.
El forcejeo de la muchacha liberó su aspecto, sorprendiendo a ambos. Con razón se tapaba, la codicia humana era muy peligrosa para seres como ella.

Circenn quiso intervenir justo antes de que el hombre cayera al suelo por la patada de ella. En el suelo, el calvo gruñó ordenando a los suyos para matarla. Un tuerto de piel pálida se avanzo hacia ella, hachuela en mano. Debían intervenir. Con un movimiento horizontal de su mano, apuntando hacia la hachuela, el brujo consiguió canalizar su energía, sintiendo un escalofrío por toda su espalda que llegaba a sus dedos, pudiendo así deslizar el arma de los dedos del tuerto y hacer volar la hachuela para clavarla en uno de los trofeos de caza de la pared. El hombre se paró en seco al ver que ya no tenia nada en la mano y se giró amenazante hacia ellos dos. El brujo no pudo evitar sonreír con orgullo, el entrenamiento estaba resultando productivo.

-Maldito monstruo! -gritó con intención clara de atacar al pelirrojo. Wallace se puso a la defensiva, repartiendo el peso por todo su cuerpo, listo para contraatacar. Mala idea por parte del tuerto, como siempre, los bandidos se dejaban llevar por la rabia y la violencia y eso los hacia previsibles. El hombre no tuvo la mas mínima oportunidad de llegar a el pues una zarpa peluda lo apartó de un "leve" empujón. El tuerto se golpeo la cabeza contra la pared, desmayándose. Sus compañeros miraron al hombre mientras se deslizaba hacia el suelo y posaron la mirada en el felino quien les miraba con seriedad.

-Creo que no estáis es posición de buscar mas pelea...os pido amablemente que dejéis las armas y nos dejéis en paz...por favor...-sugirió, pacifico. Wallace maldijo en su mente. Circenn y su manía de intentar ser pacifico siempre. Esos hombres no sabían lo que era eso. Estaban sedientos de sangre y oro. Estúpido gato, pensó.
Claro esta, los canallas explotaron en carcajadas, señalando al felino, burlándose de el. Circenn se cruzo de brazos, frustrado. No siempre funciona pero el al menos lo había intentado. Aprovechando la situación, el hombre calvo ya recuperado de la patada se mezclo entre los suyos y sin ninguna piedad con espada en mano se lanzó hacia ella.

El ruido de la espada clavándose en la madera provocó un silencio sepulcral. Los bandidos callaron, observando con sudor frío la escena, lo que acababa de pasar. El hombre calvo estaba suspendido en el aire, su única sujeción era la mano del brujo quien agarraba el cuello del hombre con fuerza. El calvo gemía de dolor, ahogándose. estaban justo al lado de la muchacha, unos centímetros mas y la espada la hubiera alcanzado. Los hombres murmuraban entre ellos, ya no se reían. Uno de ellos señaló hacia el cuello del calvo pues de entre los dedos de Wallace salia humo.
El brujo estaba usando sus habilidades naturales. Su mirada estaba clavada en la del hombre Los ojos del calvo rebosaban de miedo, de dolor, de suplica. Le estaba quemando el cuello, lo estaba ahogando y el ojo bueno de Wallace no mostraba ni un ápice de  piedad. Circenn con toda la tranquilidad del mundo posó su peluda zarpa en el hombro del pelirrojo, comprobando que, efectivamente, estaba aumentando su temperatura. Observó con cuidado su brazo, con las venas terriblemente marcadas, rojizas, candentes. Debía pararlo.

-Wallace...lo estas matando...-le susurró muy cerca del oído. Nunca se descontrolaba tanto, no era normal. El brujo asintió, relajando la postura de golpe. Su rostro se volvió cálido, como antes, sin rastro de toda la rabia de hace unos segundos. El calvo tosía agarrándose el cuello, gimiendo de dolor. Le saldría una buena ampolla.-...espero que a partir de ahora no deis problemas...id con los dioses...-les dijo entonces, mientras cogía sus cosas. Debían irse, ya habían montado un buen espectáculo. El pelirrojo respiraba entrecortadamente, agarrándose el brazo. Sin decir nada ni esperar a su amigo salió del local y a paso ligero se acercó a los barriles de agua para las monturas y sumergió el brazo, apartando la cara para que el vapor no le diera de pleno. Ignoró la mirada de la gente, no tenia tiempo para dar explicaciones, por suerte, los guardias no estaban allí.
Circenn se apresuró en seguirlo, no sin antes mirarla a ella. Le dedicó una dulce sonrisa y recogió su capa, entregándosela.
-Siento esto...deberías irte...buena suerte muchacha...-le susurró. Se despidió de ella con la cabeza y se adelantó alcanzando a Wallace.
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Re: Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

Mensaje  Aila Whitefire el Miér Sep 06 2017, 18:04

Lo siguiente sucedió demasiado rápido como para que Aila lo comprendiera todo. En un momento una amenaza de muerte se cernía sobre ella, y al siguiente la atención estaba desviada hacia el pelirrojo y el felino, que se habían metido en la refriega.

-¡Maldito monstruo! -gritó el que iba a matarla mientras avanzaba hacia el pelirrojo.

Surgieron sentimientos encontrados; por un lado, se sintió aliviada por la ayuda, por otra, su ego se hirió profundamente. “Un segundo… ¿este hombre no tenía un hacha?”. Se hubiera estremecido si hubiera tenido tiempo de hacerlo. Era la primera vez en su vida que veía a un brujo en acción. El felino empujó al que antes tenía un hacha contra la pared y este cayó al suelo como un muñeco.

Entre el ajetreo, otro de ellos empezó a avanzar hacia la pareja y ella, sin pensar demasiado, cogió una botella cercana y la rompió contra su cabeza. En el pelo castaño del hombre apareció una pequeña mancha roja y él se llevó las manos a la cabeza retrocediendo hacia el grupo, como había hecho ya el calvo. Aila percibió que estaban aún más enfadados que antes. Ahora sí que no había vuelta atrás, ya no podía irse. Una cosa es que no la gustase que la ayudaran, otra era dejarlos tirados en una pelea que se había iniciado por ella.

-Creo que no estáis es posición de buscar mas pelea...os pido amablemente que dejéis las armas y nos dejéis en paz...por favor...-sugirió el felino.

Aila arqueó una ceja, mirándolo con la boca abierta. ¿En serio pensaba que eso iba a funcionar? ¿Es que no les veía las caras a esos maleantes? Como era normal, los hombres estallaron en carcajadas. El felino se cruzó de brazos.

- ¿Qué esperabas? - dijo, pero su voz se perdió entre las risas.

Miró hacia un lado justo a tiempo para ver cómo el hombre calvo se lanzaba hacia ella, espada en mano. Dio un paso hacia atrás instintivamente y se cubrió la cara, esperando el golpe que nunca llegó. En lugar de eso, un sonido extraño y vibrante llenó la habitación, que se quedó en completo silencio. Al descubrirse la cara, la escena le horrorizó un tanto, mientras observaba con los ojos como platos, un extraño pensamiento pasó por su mente: “¿Hace más calor?”. Los gritos se metían en sus oídos, hasta que el felino le susurró algo al hombre pelirrojo y éste soltó al hombre calvo. Aila vio las marcas en el cuello del hombre y pareció que se le había olvidado cómo cerrar la boca.

-Espero que a partir de ahora no deis problemas...id con los dioses... - dijo el felino.

El hombre pelirrojo salió del lugar apresuradamente, y el felino lo siguió poco después, no sin antes entregándole la capa y susurrarle:

-Siento esto...deberías irte...buena suerte muchacha...

Ella abrió y cerró la boca un par de veces mientras caminaba detrás de ellos. Cuando salió, vio al pelirrojo con una mano en un barril que echaba humo. Volvió a abrir la boca, y la cerró sin decir nada. Lo correcto hubiera sido decir gracias, pero su orgullo era más fuerte que su educación. Así que avanzó al pelirrojo y se puso frente a él. Sólo en ese momento se dio cuenta de que el hombre era tuerto. Abrió y cerró la boca un par de veces más, levantando el dedo en el aire.

- A ver… - dijo finalmente - Lo primero, no necesitaba ayuda, así que no te… debo nada. Lo segundo, ¿qué te pasa? ¡Casi lo matas! ¿Cuál es tu problema? Ahora no podré encontrar a nadie a quien unirme para ir al norte. ¿Estáis contentos?

Aila suspiró exasperada y paseó de un lado a otro. Nerviosa. Los ruidos habían vuelto a llenar la taberna. Probablemente no tardarían en salir y entonces… ¿quién sabe qué pasaría? Se paró y miró duramente al pelirrojo un momento.

- Hay que irse…


Última edición por Aila Whitefire el Miér Sep 06 2017, 20:50, editado 1 vez
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Re: Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

Mensaje  Wallace Mcgregor el Miér Sep 06 2017, 19:41

Dada la situación, el brujo no podía estar por el reproche de la muchacha. Suficiente tenia con intentar no morir entre sus propias llamas y perder el brazo. Le gruñó, mirándola a los ojos y dándole la espalda se dirigió a su montura, listo para partir de esa condenada ciudad. El hombre bestia suspiró resignado por el comportamiento tan poco amigable de su amigo. Se acercó a ella y la miró a los ojos.

-Siento las molestias que te hemos causado...en el fondo cuando lo conoces te das cuenta de que es un buen hombre...-le dijo acariciándose la tupida melena. Circenn sabia que el brujo no solía comportarse así con la gente. Solía ser abierto y amable, dispuesto a echar una mano. Estaba claro que algo lo estaba apartando del camino del cuervo. Seria la epidemia? Quizás la ausencia de Ébano lo afectaba mas de lo que pensaba. El felino se sentía impotente al no poder apaciguar el alma de su amigo. Despejó esos pensamientos de su mente, tenia que estar centrado, por los dos.-...has dicho norte? Nosotros nos dirigimos allí así que eres bienvenida si quieres venir...-Se despidió con una leve reverencia y caminó hacia el brujo, ya montado en su corcel. Antes de alejarse, el leonido miró una vez mas a la muchacha.-...estaremos a las afueras un par de horas! -le gritó ya a cierta distancia. Sin mirar atrás se alejaron de la taberna hundiéndose en la oscuridad de las calles.

Wallace no dijo nada por el camino, sabia que si abría la boca el felino le reprocharía su comportamiento. Dejo escapar un leve suspiro, cansado.  Que le pasaba? El jamas habría usado sus poderes así como así. intento encontrar un motivo solido para lo que había pasado. Hacia apenas unos días que había visto a Ébano, todo iba bien. La noticia de la epidemia le había afectado, preocupándose por sus conocidos y amigos. La simple idea de tener que enterrar a uno de ellos le provocaba escalofríos. Había visto mil muertes y cadáveres, el mismo había provocado el fin de muchas vidas pero desde que abandono esa vida la gente, Aerandir en si, le importaba. El brujo agitó la cabeza para despejarse. No...no era nada de aquello...algo no iba bien. Días atrás había recibido una carta de un contacto. Lunargentea estaba ahora plagada de vampiros, un mal mayor, si. Antaño el propio brujo había cazado vampiros, con mucho placer cabe decir. Ahora era simpatizante de aquellos que querían vivir en paz. Su preocupación vigente era por las vidas de los niños convertidos. El sabia de locales que los escondían y también de las actividades de un clan especializado en su caza. Como brujo, su misión era defender a los seres de la luz pero su moral, su código como Cuervo era defender al débil.
Su mente estaba en un eterno debate mientras el sonido del pisadas de su corcel lo relajaban. Alzó la vista hacia el portón. No había control así que el incidente de la taberna no había saltado las alarmas de ningún guardia. Bien, menos explicaciones que dar. Atravesaron el portón bajo la mirada atenta de los pocos guardias y decidieron acampar cerca para poder tener el portón controlado.

-No creo que venga Circenn...creo que la he asustado...-gruñó encendiendo la hoguera con sus manos. El felino no pudo evitar soltar una carcajada. Wallace, sorprendido por aquello lo miró con las cejas alzadas.-...maldito gato...-gruño también, pero no pudo evitar reír.

-Brujo tu ya no asustas a nadie...-le dijo dándole golpes cariñosos en la espalda ignorando los gruñidos de queja del hombre.-...estas bien?...-le preguntó de repente, poniéndose serio. Se sentó en el suelo, mirando el fuego esperando una respuesta. Wallace, que estaba de espaldas a el asintió, con la vista en el fuego. Sentado, movía los dedos lentamente haciendo bailar las llamas. Tenia cabos que atar, gente que ver... Una larga lista de asuntos que no podían quedar sin resolver. La pista del asesino de Sara era fresca pero aun faltaba mas piezas de un rompecabezas interminable. Se rascó la barba frondosa y roja. Necesitaba pensar. Sin decir nada mas se colocó bien, piernas cruzadas y apoyando las manos en las rodillas, palmas arriba. Circenn sonrió al ver que su amigo se ponía a meditar tal y como el le había enseñado. De su bolsa de viaje sacó su laúd y se dispuso a relajar el ambiente mientras la noche se hacia mas oscura y llena de monstruos y estrellas.

Sería una larga y fría noche...

Musica del Laud:
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Re: Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

Mensaje  Aila Whitefire el Miér Sep 06 2017, 22:28

La verdad, cuando Aila había dicho “hay que irse”, pretendía que se fueran todos juntos. No obstante, no le reprochó al pelirrojo que se marchara sin ella; se lo merecía después de lo que le había contestado, aunque sí se sintió un poco ofendida, para qué mentir. El felino, sin embargo, sí se despidió, y, de paso, le dijo que ellos iban también hacia el norte. Pero Aila no procesó esa información hasta casi una hora después. De momento, se volvió para mirar a la posada.

- Vale – dijo suspirando mientras pensaba que ahora ya no tendría un sitio donde quedarse a dormir.

Comenzó a callejear, cuidándose de no meterse en ningún lío más, hasta que consideró que estaba lo suficientemente lejos como para que no la encontraran por casualidad. En un callejón solitario, se paró a colocarse la capa y el turbante correctamente. Pensó en quedarse a dormir en aquel mismo lugar, pero el hedor que emergía del callejón le hizo cambiar de idea y se marchó.

Fue entonces, mientras caminaba sin rumbo cuando asimiló lo que había dicho el felino. Había encontrado alguien que se dirigía hacia el norte, pero el pelirrojo parecía peligroso y, además, habían herido su orgullo al ayudarla. Todo tenía su parte buena: si iba con ellos, estaría a salvo de ciertos peligros que pudieran surgir durante el camino. La parte mala es que ellos podían ser el peligro que surgiera en el camino.

Vio el portón de la ciudad a lo lejos; sin darse cuenta, sus pasos le habían guiado hasta allí. Miró al cielo. Debía de haber pasado casi hora y media desde que dejara la posada. Suspiró de nuevo. De cualquier manera, tampoco podía quedarse en aquella ciudad. Si tenía que irse de allí, mejor hacerlo antes de que el hombre calvo y su banda de maleantes la encontrara de nuevo y no hubiese nadie para ayudarla (aunque no lo necesitase, por supuesto, ella nunca necesitaba ayuda ajena).

Se arrepintió de pensar eso en el momento en el que oyó a un grupo de hombres. Se acercaban a donde ella estaba.

- Vamos a coger a esa gallina deforme. Seguro que el brujo ya no anda con ella.

- Sí… seguro que podemos divertirnos con ella antes de arrancarle las plumas.

- ¡Qué asco, hombre! ¿Le has visto las patas?

Los hombres rieron y ella se sintió muy ofendida. ¿En qué universo sus patas daban asco? Irónicamente, eso fue lo único que se le ocurrió pensar en aquel momento en el que aparecían por el final de la calle. Se escondió. Podía ser orgullosa, y le hubiese encantado atravesarles con una flecha a cada uno, pero no era tonta. No tenía ninguna oportunidad de vencer a aquellos hombres sola. Por si acaso, aprovechó su escondite para colocar una flecha en su ballesta. Si ellos iban a por ella, era matar o morir. Esperaba no tener que llegar a ese extremo.

Se acercaban, ella fue por otra calle. “En la salida habrá guardias” se dijo “Allí estaré a salvo”. Un segundo después se le pasó por la cabeza que los guardias también eran humanos, y nada le garantizaba que fuesen diferentes de aquellos de los que huía.

Al girar para tomar otra calle, se encontró sin salida. “Gallos desplumados...” pensó por enésima vez aquella noche. Ahora se veía obligada a volver a la calle principal, donde todavía oía a aquellos maleantes. No le quedaba más remedio que intentar aprovechar las sombras de los edificios. Su capa negra le protegería un poco. Se cubrió el turbante con ella y se dispuso a atravesar las sombras.

Los hombres estaban lo suficientemente lejos para no verla, pero, para su desgracia mientras caminaba agazapada a las sombras de un edificio se chocó con algo. Algo… o mejor dicho, alguien. Hizo gestos para pedirle silencio
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Re: Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

Mensaje  Klinge el Jue Sep 07 2017, 03:44

Por mucho tiempo el espadachín había estado deambulando por los bosques alejado de las ciudades humanas, algo en él lo tenía alejado de su propia especie, en parte porque estaba harto de los pequeños trabajos que siempre tenía que hacer, en parte porque, quizás, parte del joven sentía que adentrándose en lo salvaje tendría más suerte en encontrar lo que estaba buscando.

Aun así no tuvo suerte o si la tuvo, dependiendo de a quien le preguntase, finalmente se decidió en a regresar a las madrigueras de su similares, empezó a escuchar rumores nuevos, una plaga que está azotando las tierras y aparentemente otras cosas raras que ocurrían en Luna argenta, aunque realmente no podría importarle menos, hace unas semanas que las visiones de muerte y gloria de sus sueños lo abandonaron, en su lugar se encontraban visiones mas borrosas que no podía comprender y de las cuales se olvidaba al despertar.

Frustrado por estos pensamientos empezó a caminar sin rumbo por las calles desiertas de en la noche de Baslodia, el mercenario se sorprendía de que tanto estaba disfrutando de la soledad y dormir en la intemperie, pero esta noche tenía ganas de dormir en una cama y bajo techo, se estaba encaminando a una pequeña posada local que conocía en la que estaba seguro que no habría mucha gente para molestarlo, una comida rápida un poco de licor y una noche de sueño lo harían feliz, eso pensaba cuando de pronto una mujer cubierta por tela de pies a cabeza se choca con ella en la oscuridad.

El joven guerrero estuvo a punto de lanzar una maldición por todo lo alto cuando noto cuando la mujer de piel oscura le hacía gestos para que permaneciera en silencio, por cómo se veía alguien la perseguía, o al menos actuaba como alguien que no quería ser encontrada, entonces el espadachín empezó a mirar por los alrededores para ver si notaba alguien más.

Mientras él estaba ocupado mirando los alrededores se llevo la mano izquierda a la cabeza para rascarse el cuello provocando que se abriera la capa que vestía, la mujer plumífera empezó a notar que por debajo de la gruesa capa del hombre se ocultaba una armadura de cuero tachonada muy gastada, llena de cortes y punzadas, además de lo que parecía el mango de una espada.


Última edición por Klinge el Jue Sep 07 2017, 18:50, editado 1 vez
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Re: Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

Mensaje  Yomo Taemasu el Jue Sep 07 2017, 16:56

Voy a resumirlo en pocas palabras. No se supone que deba estar aquí. Los eventos acontecidos en la frontera y mi corto tiempo sirviendo a la guardia, fueron un completo desastre. Todo apunta a que es completamente imposible mi presencia en este lugar. No obstante, de algún modo, aquí me encuentro. Es una historia que realmente carece de importancia, al menos por ahora. Lo único que podría considerarse medianamente relevante, es la alta fiebre, las constantes nauseas y el dolor en todo el cuerpo que indica mi estado como portador de la peste negra. Ah, y sin contar que por mi culpa la enfermedad ha llegado a la península de Verisar. Un detalle insignificante.

Camino oculto por las afueras de Baslodia, no creo ser bienvenido en el interior. Me desplazo con lentitud intencionalmente, todo esfuerzo físico implica empeorar el dolor corporal. Mi cuello arde, pero las telas que ocultan mi rostro también sirven para disimular la tos. La vida de un fugitivo es dura, aunque no puedo afirmar con certeza si soy actualmente un fugitivo o no. Quizás haya uno que otro cartel reclamando mi cabeza por traidor y pidiendo una recompensa. ¡No lo sé! ¡No suelo fijarme en los detalles! Me hallo envuelto en una capucha negra que se oculta entre las tinieblas. Estaría mintiendo si os digo que lo he hecho con intención de cubrir mi identidad. Llevar capuchas y ocultarse es el ultimo grito de la moda en todo Aerandir. Cómoda, te camufla en la noche y evita que las personas huyan despavoridamente de ti, tras asegurar que eres altamente contagioso.

Aun así, Baslodia no parece encontrarse tan grave como el resto de la península. Vulwulfar es un caos total, la muerte y la desarmonia abundan en cada esquina. ¡Ya sé que fue mi culpa! ¡No es necesario estar recordándomelo cada dos por tres! ¿¡Crees que no siento toda la culpa correr por mi espalda!? De haber sido fuerte y mantenido mi lealtad a Siegfried... ¡A callar! ¡El tiempo no puede rebobinarse! No he ido a Roilkat, pero he escuchado que el puerto fue destruido cortando temporalmente toda conexión marítima con la tierra de los brujos. Eso es un gran percance para mi, tengo que llegar a Beltrexus cuanto antes. Lunargenta ha sido tomada por los vampiros, Lord Siegfried fue evacuado hasta las Islas Ilidenses y ahora el trono esta en posesión de Lord Thorlak. ¿Quien rayos es ese? No tengo ni idea, nunca lo he visto en persona. 

Me detengo, un fuerte dolor de cabeza me ataca. La tos empeora, intento ocultarla con mi puño, pero son demasiado bruscos. Siento el corazón latir con intensidad, una presión en mi pecho que no puede ser calmada. El mundo da vueltas y me veo forzado a apoyarme del árbol más cercano. La tos se detiene, pero me deja inflamada la garganta. No se supone que deba viajar, muchos son los humanos que no pueden soportar el más mínimo síntoma de la enfermedad y son obligados a estar en cama. Me niego a ser como el resto de los humanos, hace tiempo que he abandonado mi espíritu humano, soy un cambiapieles y no puedo ser débil. De todas formas, llevar mi cuerpo a estos limites tiene sus consecuencias, y ahora las veo con claridad.

Tengo que buscar un lugar para descansar, no puedo seguir de este modo o si no la habré pifiado en serio. Me desplazo el doble de lento, no me acostumbro al dolor y tengo que constantemente buscar un lugar donde apoyarme para evitar caer. Miro a mi alrededor buscando una salvación, pero no logro encontrar absolutamente nada. Mi estado empeora cada vez más. Su recuerdo vuelve a mi, aquella vez que le acompañe a comprar flores. "Mira las flores, Yomo..." Ashryn... Tomo de mi bolsa un bello ramo de flores blancas. Son especiales, fue hecho por las difuntas almas de las gemelas Greason, su padre me permitió quedármelo. Ashryn quería unas similares aquella vez, pero no quería limitarme a regalarle algo tan simple. Estas flores poseen una gracia espiritual que las diferencia del resto, fueron hechas con amor y fueron bendecidas por el espíritu de las gemelas. Son el regalo perfecto para ella.

No puedo morir aquí, no antes de entregarselas. Quiero vivir, quiero vivir para ver una vez más su sonrisa. Alcanzo a mirar el humo de una fogata entre los arboles. Saco fuerzas espirituales y corro a toda prisa en dirección hacia el humo de la hoguera. No sé que vaya a encontrar en ese lugar, he tenido buenas y malas experiencias por seguir la señal de las hogueras. Pero no puedo temer, es la única esperanza que tengo. Mis fuerzas se agotan, ya casi he llegado, puedo escuchar las dulces notas de un laud. Solo un poco más... solo un poco más... Me desplomo, no tengo más energías. No sé si he logrado llegar o no. Eso que veo... ¿Es un gato enorme?
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Re: Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

Mensaje  Wallace Mcgregor el Vie Sep 08 2017, 13:26

Aviso:
Off-rol: Cambio de tiempo verbal pq quiero practicar con otro estilo de escritura ^^.


La melodía de Circenn es interrumpida por el ruido sonoro de un cuerpo que cae en el suelo. El brujo abre los ojos de golpe y sin preguntarse a si mismo si era amigo o enemigo, rueda por el suelo hasta alcanzar su espada. Con un silbido la brillante hoja sale de la vaina, se alza, violenta y amenazante. El brujo respira pesadamente, atento, con los sentidos en guardia. Tiene una rodilla en el suelo, listo para impulsarse con el otro pie por si debe atacar. El individuo no se mueve.

- Calma brujo...-susurra el hombre-bestia alzando su zarpa para indicarle que no hay peligro alguno. Deja el laúd a un lado del tocón donde se sienta y se acerca con cautela al individuo. Sus ojos de felino ven la respiración forzada del hombre, el pecho sube y baja con esfuerzo.-...dioses de cielo...-jadea el felino. El brujo ladea la cabeza, expectante. Se levanta y camina hacia ellos pero no baja la guardia.-...no esta muerto, por suerte...pero...- la voz del felino se vuelve fina como un hilo. Algo no va bien. Wallace mira de reojo a su amigo y con la ayuda de su espada aparta los ropajes que cubren el rostro del extraño. Ambos se apartan de golpe.- Esta enfermo...-aclara el felino. El pelirrojo asiente, examina con cautela que no tenga salpullidos tiernos. Mientras, el felino rebusca en su mochila y saca un pañuelo grueso, se lo ata alrededor del hocico y sin duda alguna saca pequeños frascos con hierbas secas y líquidos extraños. El brujo traga saliva al ver la acción de su amigo. Si es la peste deben de ir con cuidado.-... obviamente no puedo curarlo...se escapa de mis conocimientos...- gruñe el felino mientras mezcla líquidos con maestría.-... pero puedo aliviar el dolor...- Wallace asiente y guarda la espada en la vaina y la deja apoyada en el árbol que les acompaña. Entre sus cosas encuentra un pañuelo y no duda en ponérselo. Saca sus guanteletes y vuelve con ellos mientras se los pone. Toda precaución es poca.-...con cuidado, muévelo cerca del fuego...- el hombre obedece y agarra al hombre de los sobacos. Como pesa el condenado piensa mientras lo arrastra hacia la sencilla hoguera y lo coloca para que este cómodo. Es joven y fuerte pero la enfermedad se lo esta llevando. El brujo chasquea la lengua con cierta frustración. No le gusta ver a gente enferma y no poder hacer nada.

En Lunargenta ha sido testigo de los estragos de la epidemia. Los montones de cadáveres listo para ser quemados, el humor de la gente, el olor a muerte...El brujo ha visto muchas cosas horribles a lo largo de su vida pero esa...esa muerte lenta y agonizante es sin duda la peor.
El sonido del mortero saca a Wallace de sus pensamientos. El hombre-bestia esta mezclando las hierbas secas y las muele junto a los líquidos para crear una pasta. Por el olor el brujo reconoce el remedio. Una solución sencilla para la tos provocada por enfermedades severas. Como ha dicho antes Circenn, no le curará pero le calmará el dolor y le dará mas tiempo. El felino unta sus dedos del emplasto y masajea el cuello del hombre, pasa por la garganta, la mandíbula y parte de la papada. Wallace se aparta y se sienta debajo del árbol, abraza la espada y observa a su amigo proceder. El hombre-bestia saca incienso de los bosques de Sandorai, muy recomendables para calmar la respiración de los enfermos. Acerca el ramillete al fuego y al ver que empieza a sacar humo lentamente lo pasea alrededor del joven, haciendo señales al aire mientras susurra palabras que Wallace no logra entender. El brujo alza las cejas, ve movimiento en las pestañas del joven. No esta inconsciente del todo.

-Muchacho... me oyes?...- le pregunta gruñendo con cierto nerviosismo.
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Re: Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

Mensaje  Aila Whitefire el Vie Sep 08 2017, 23:42

El corazón de Aila latía con fuerza mientras maldecía su torpeza una y mil veces. Si aquel hombre no era de fiar, estaba perdida. Puede que incluso fuera peor de lo que pudieran llegar a ser aquellos rufianes que la perseguían. La mujer podía adivinar la silueta de una espada y de una armadura en la oscuridad. Respiró hondo. Le pareció que el hombre miraba descaradamente alrededor, como buscando a un conocido entre una marea de gente.

Odiaba tener que dar explicaciones, pero aquel hombre, tan protegido como iba, le pareció un guardia, su salvador, quizás (aunque ella nunca admitiría que en ese momento, como en tantos otros, había necesitado ayuda). A lo mejor, lo único que ella veía era un clavo ardiendo al que agarrarse. En un intento desesperado por conseguir al menos un día más de vida, decidió apostarlo todo por ese clavo ardiendo. Aila buscó la mirada del extraño, y con desesperación, le enseñó sus plumas y dijo entre su respiración agitada por los nervios:

- Si me cogen, me matarán.

Susurró tan bajo que casi había que leer sus labios para saber lo que decía. Rezó a todas las deidades que se le ocurrieron, aunque no les profesara fe, para que el extraño tuviese buen oído o que lo hubiese dicho lo suficientemente alto como para que pudiese entenderla. En cualquier caso, no podía estar del todo segura, al igual que no podía asegurar que la respuesta del hombre a sus súplicas fueran favorables para ella.

- Un amigo me espera en las afueras. Si salgo de ésta, me iré de la ciudad para no volver. Este no es mi sitio. Sólo te pido que no me delates, ni siquiera tienes que acompañarme a la salida...

El grupo de hombres estaba cada vez más cerca. Oía sus voces; los oyó pararse y decirse algo en tono más bajo. En cualquier momento, se percatarían de su presencia o de la del extraño con quien había chocado. O quizá no lo hicieran y pasaran de largo sin prestarles atención. Aila se acurrucó disimuladamente contra la pared en las sombras, intentando parecer un saco de cereal especialmente grande. Pero aquel día la suerte no estaba de su lado.

- Oye, amigo, buscamos a una pajarita que se hace pasar por mujercita.

- No... - hizo una pausa, mirando a la sombra informe e inmóvil - la habrás visto por aquí, ¿verdad?

Aila cerró los ojos, con la sensación de que aquel podía ser uno de los últimos minutos de su vida. Su ballesta estaba cargada, pero sólo podría lanzar una flecha, y si fallaba… Ahora su destino estaba en manos del extraño, y no le gustaba esa idea en absoluto.

Los pocos segundos que pasaron se le hicieron horas. Ella no podía saber que el hombre barbudo y el tuerto, entre otros, traían en la mano su espada y su hacha, que habían recuperado de las paredes de la posada. Parecía que aquel día los astros se habían alineado para que su vida no estuviese en sus propias manos, sino en las de extraños que podían querer acabar con ella y venderla o no.

“Ojalá no me hubiese apartado del mago y el felino”
pensó mientras intentaba respirar lo menos posible.
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Re: Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

Mensaje  Klinge el Lun Sep 11 2017, 05:57

El joven espadachín acerco su rostro al de la mujer para poder escucharla mejor y entre lo que pudo comprender, escucho que alguien la perseguía y tenía que encontrarse con unos amigos a las afueras de la ciudad, el mercenario soltó un suspiro de mal humor al escuchar a unos matones acercándose por la espalda, por las voces el contaba como tres, pero por culpa de la oscuridad no podía estar muy seguro, uno de ellos le hablo de que buscaban una mujer pájaro, mientras el otro le pregunto si no la había visto.

Klinge mantenía el ceño fruncido cuando encaro a los hombres, colocándose de tal forma de que no serian capaces de ver a la mujer si él no se quitara del medio –cazando pájaros a estas horas de la noche? Ganarían más dinero recogiendo estiércol.- dijo mientras poyaba su mano izquierda sobre su costado, dejando expuesta la espada que colgaba de ese lado de su cintura, mientras que el lado derecho de su cuerpo estaba totalmente cubierto por su capa, incluyendo la mano en donde sostenía su hacha de mano, listo para lo que fuera.

El guerrero hizo una mueca de asco, los bastardos tenían un aliento que podría matar a un licántropo si le hablaban a la cara, da un paso al frente y los matones retroceden de golpe, empuñando con más fuerza sus armas –aquí no hay pájaros, solo humedad y sacos de grano.- dijo echando una risotada –les sugiero que se vayan a casa, es un poco tarde como para estar deambulando por las calles.- agrego con una sonrisa altanera, los ánimos se ponían tensos, cuando el espadachín dio otro paso al frente permitiendo que su rostro fuera alcanzado por la luz de las antorchas en las calles, de pronto uno de los maleantes abrió los ojos como platos y se le fue la mandíbula al suelo como si hubiese visto el espectro de un ancestro, conocía al espadachín de algo y le tenía miedo, de pronto hablo aterrorizado suplicándole que se fueran del lugar mientras decía con voz temblorosa –este bastardo fue el que mato a Idun!- a lo que los demás maleantes reaccionaron inmediatamente y, como si se hubiesen cruzado con una temible bestia, dieron media vuelta y echaron a correr en seguida mientras tropezaban entre ellos.

El guerrero bufo mientras volvía a enfundar su hacha de guerra –tienes suerte que mi reputación aquí me precede…- dijo al voltearse a ver a la mujer oscura –te acompañare con tus amigos fuera del pueblo, realmente no tengo nada mejor que hacer en este pueblucho.- el espadachín se cruzo de brazos frente a la mujer y espero a que ella decidiera moverse –tenía planeado irme por la mañana, pero sinceramente no tengo motivo para quedarme la noche.
Off Rol:
Nota: al final del post me tome la libertad de hacer una pequeña referencia a una quest en solitario que protagonizo Klinge en este mismo lugar, si quieren saber más les dejare el link aquí para que lean, pero en resumen Klinge mato a un infame líder bandido que aterrorizaba Baslodia en un combate uno a uno frente a todo el pueblo y chusma de la ciudad, por eso manejo de que el es un personaje conocido por los lares.

Ps: Si a alguien no le gusta esto, avíseme por Mp y lo modificare sin problema.

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Re: Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

Mensaje  Yomo Taemasu el Miér Sep 13 2017, 00:30

Esto tenía mala pinta, muy mala pinta. Logre afortunadamente llegar hasta el origen de aquel humo que había divisado en medio de las tinieblas, pero no había terminado de desplomarme cuando escuche el sonido de una espada siendo desenvainada. Lo más lógico es pensar que había alertado a los hombres que habían creado la fogata y ahora me amenazaban con sus armas. Genial, yo mismo he corrido hasta el peligro. No les culpo, en estos tiempos no se puede confiar en absolutamente nadie. Hasta la más inocente niña puede estar contagiada y traer la desgracia a tu vida con un simple e inocente abrazo. Créanme, lo digo por experiencia. No hay cura para la enfermedad, así que ser contagiado es igual que recibir una sentencia de muerte, aunque igual he escuchado de algunas personas que han logrado ganar la batalla y seguir con vida. Ese pequeño gramo de esperanza es lo que me permite continuar con todo esto.

No me puedo mover, pero todavía soy consciente de lo que pasa alrededor... La verdad es casi igual, en ninguno de los casos puedo correr para salvar mi vida. Mi respiración esta agitada, correr esa distancia en el estado en que me encuentro no ha sido una de mis mejores decisiones —si, a veces tomo buenas decisiones—. Escucho una segunda voz detener al individuo de la espada y suplicarle que se calme. Sería justicia que la suerte empiece a sonreírme, los mortales deberíamos tener un cierto limite de desgracias acontecidas en un cantidad limitada de tiempo. Yo, por supuesto, ya habría rebasado ese limite hace mucho, mucho tiempo.

En fin, que me desvió de lo importante, escucho a esa segunda voz más cerca de mi posición. Agradezco que se percate de mi estado de enfermedad, estoy sacando energías de la nada para suplicarle que se mantenga a una distancia respetable. Lo ultimo que necesito es otro cargo de conciencia por condenar a alguien a portar este mal que tantas vidas ha arrebatado. Dejo de prestarle atención a los sujetos, necesito levantarme cuanto antes, no me gusta estar tan indefenso. Lo intento, juro que lo intento, pero incluso intentar amplifica el dolor de mis huesos como si estuvieran hechos de vidrio. Me siento como un saco de mierda.

P-p-po...p-p... —murmuro entre dientes cuando les escucho aproximarse hacia mi con intenciones de ayudarme a levantarme. Es inútil, estoy demasiado débil, incluso para emitir una simple frase y evitar así que ellos se arriesguen a ser contagiados.

Uno de ellos me levanta del suelo. En esta posición me resulta mucho más fácil respirar, alcanzo a entreabrir un poco los ojos para intentar ver a mis salvadores. Uno de ellos es un hombre de pelo largo con un tono rojizo que se puede apreciar, aún con la poca precisa iluminación que brinda la hoguera. Su mirada me resulta familiar, es la mirada que suelo usar cuando no confió en alguien. Repito, no le culpo, yo tampoco confiaría en mi si estuviera en su posición. El otro sujeto es, tal como mencione con anterioridad, un gato enorme; un hombre-león. Esta mezclando un par de ingredientes, quizás se trate de un medico que intente fallidamente curarme de mi enfermedad... O quizás sea un maestro en venenos que me brinde una muerte rápida e inevitable. Quien sabe, en los campos de Aerandir puedes encontrar cualquier cosa. Los parpados me pesan, no puedo mantenerlos más tiempo abiertos.

N-n-n... —sigo intentando emitir alguna frase, pues alcance ver al hombre-león acercarse a mi nuevamente, demás esta decir que falle, la garganta me arde como el infierno.

El hombre-bestia masajea mi espalda con una extraña pomada y luego continua untando la mezcla por mi cuello. Huele a remedios, es decir, huele horrendo... ¿¡Que!? No me quejo, solo comento que huele feo. Con todo y olor, la pomada comienza a aliviar el ardor de mi garganta. Tras aquello, olfateo una esencia familiar, creo haberla percibido una vez en el consultorio de Ashryn. Es incienso de los bosques de Sandorai, es increíblemente bueno para aliviar la respiración de los pacientes.

G... g-g-gr... gracias. —anuncie finalmente. Los tratamientos del felino empiezan a surtir pequeños efectos. Me encantaría creer ilusamente que los síntomas no volverán, pero ya muchos han comprobado que el alivio solo es temporal. —P-pero... yo no lo merezco... solo soy un triste y torpe hombre condenado a muerte. —alcanzo a decir antes de soltar una pequeña risita. Aparto mi rostro a un lado para toser un par de veces. —M-m... mantengan... cierta distancia. —anuncie mientras me recuperaba, la tos no colaboro en nada para el dolor en todo mi cuerpo. —Aparte de triste y torpe, la muerte me acompaña a donde quiera que vaya.—agregue antes de soltar otra leve risa. —Podéis matarme. Le hacen un favor a muchos.
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Re: Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

Mensaje  Wallace Mcgregor el Miér Sep 13 2017, 09:37

Wallace alza las cejas y acaricia el pomo de su espada. Escucha al hombre con atención con el ceño fruncido. El leonido niega ante las palabras del humano y sigue a lo suyo. No lo dejaran solo, no entra en sus planes ni en su código.

-Se en lo que estas pensando Wallace... y espero que sea pura comedia...-susurra el felino mirando al brujo con los ojos entrecerrados. Wallace resopla y desvía la mirada. Si el hombre pide la muerte el esta mas que dispuesto a dársela. Están esperando un milagro y que la muchacha de brazos emplumados aparezca. Encontrarse con un enfermo no era parte del plan, no. El pelirrojo escucha las suplicas del joven. Se compadece de el y al mismo tiempo se ve reflejado. El también estuvo en la misma tesitura años atrás y fueron precisamente las manos de Circenn quienes lo trajeron de vuelta. El hombre suspira y decide dejarse de rencores inútiles. Coge el cuenco donde Circenn ha preparado el ungüento y mientras el leonido sigue con su ritual de incienso el intenta calmar el dolor de las zonas musculares mas afectadas. Tiene el abdomen hinchado, la piel pálida y la mirada perdida. Pobre diablo...

-No te vamos a matar joven, no puedo curarte pero te dejare listo para que puedas buscar ayuda...-le consuela el felino ofreciéndole un poco de agua.- y tranquilo, esta epidemia es sin duda singular...no había visto jamas unos síntomas tan aleatorios.- Circenn humedece un paño limpio y limpia el sudor del joven.-... los dioses parecen estar enfadados con nosotros...-susurra con cierto tono oscuro. El brujo suspira, agotado de tanta tensión. Dejan al joven tranquilo, que descanse tras las curas. Dioses? No, esto era algo mayor. Ha leído sobre epidemias graves que dejaron Aeranidr al borde del caos. Enfermedades que se propagaron por las guerras y la magia pero esta...El brujo tiene una corazonada.

El ruedo de ruedas controla el barro atrae la atención de los hombres. En el camino cercano un carro cargado de cuerpos sale de la ciudad. El leonido chasquea la lengua y frunce el hocico con incomodidad y angustia. Entona una plegaria para esas pobres almas mientras el brujo fija su mirada en los portadores. Sus caras lo dicen todo. también están infectados, posiblemente ese sea su castigo, portar a los muertos hasta las piras cercanas. Parece la marcha de los muertos al infierno. El pelirrojo se coloca la capucha de su capa y se apoya de nuevo en el árbol sin perder de vista el carro que avanza con lentitud. En segundo plano percibe aullidos. Lobos. El olor a carne quemada los atrae muy cerca de los poblados y campos. Son lo suficientemente listos para no comerse la carne infectada de los muertos así que atacan a los guardias.

-Estas tierras necesitan un milagro...-murmura el pelirrojo clavando la vista en el fuego. Un segundo grupo de aullidos altera al hombre bestia y al brujo. Eso no son lobos. Por el tono están cercan, demasiado cerca. El hombre se levanta,
espada en mano, y mira hacia el borde del bosque. Esta tranquilo, puede escuchar el ruido del agua en los riachuelos y canales de regadío. La ciudad esta silenciosa y eso lo ayuda a oír mejor.
Aullidos otra vez, mas graves, con cierto dolor en el aire.
El brujo mira a su compañero, este asiente y tapa con su manta y sumo cuidado al joven. Agarra su bastón de madera endurecida y acero y observa el bosque, expectante. Sus sentidos felinos lo ayudan a examinar el espesor delos arboles en la lejanía.
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Re: Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

Mensaje  Aila Whitefire el Dom Sep 17 2017, 11:35

Aila relajó la mano con la que sujetaba el tablero de la ballesta y exhaló un fuerte suspiro cuando los maleantes salieron corriendo; por el momento, estaba a salvo. Cuando estuvo segura de que los hombres estaban lo suficientemente lejos, se apartó la capa y se colocó bien el turbante que cubría las plumas de su cabeza.

-Uf… ha estado cerca… - suspiró, más para sí misma que para el extraño.

El hombre enfundó su hacha, lo cual hizo que Aila se relajase un tanto más. Recogió su ballesta, pero no quitó la flecha.

-Tienes suerte que mi reputación aquí me precede…Te acompañare con tus amigos fuera del pueblo, realmente no tengo nada mejor que hacer en este pueblucho. -ella se volvió para observarlo- Tenía planeado irme por la mañana, pero sinceramente no tengo motivo para quedarme la noche.

A Aila no se le daba bien ser agradecida, y aunque el hombre acabase de salvarle la vida, ella sólo sonrió ligeramente y asintió con la cabeza.

-Yo también pensaba pasar la noche aquí en Baslodia, pero, como has visto, las cosas se han complicado. Mi nombre es Aila. Aila Whitefire.

Ella no se acercó más al guerrero; aunque se sentía más segura, seguía sin confiar del todo en él. Al fin y al cabo, con aquel hacha podría contarle la cabeza en cuanto se despistase. Comenzó a caminar hacia la puerta de la ciudad. Ya no quedaba lejos. Los guardias no prestaron demasiado atención a quién cruzaba las puertas. Incluso a aquellas horas de la noche, lo importante era que no entrase ningún enfermo; los que se iban no eran importantes.

Las parte exterior de la muralla se erguía ahora tras Aila, que se alejaba poco a poco. Se sentía más libre ahora que no estaba en aquel bosque de piedra, pero al mismo tiempo, el exterior escondía muchos peligros. Al menos ahora no estaría sola. A lo lejos, un aullido rasgó el aire de la noche.

-Y dime, ¿quién era ese tal Idun al que dicen que mataste? - dijo ella, soltando la pregunta que llevaba sobrevolando su cabeza desde que aquel hombre lo había mencionado.

No pasó mucho tiempo hasta que la hoguera apareció tras un recodo. Aila pudo distinguir la inconfundible figura del felino, después la del hombre pelirrojo y una tercera figura en el suelo, cerca de la hoguera. Conforme se acercaba, comenzó a notar algo inusual. Estaban en guardia. Habían sacado sus armas y miraban a la linde del bosque cercano.

Otro aullido.

Más cerca. Más escalofriante. No sonaban como lobos normales. “¿Licántropos?” Sus manos agarraron la ballesta y colocó el carcaj en una posición en la que pudiese coger las flechas fácilmente.

-Creo que necesitarás sacar tu arma de nuevo.

Algo se movía en el bosque. Aila llegó hasta el fuego.

-Han llegado los refuerzos -dijo mirando al felino y al pelirrojo.

Entonces vio que llevaban las bocas tapadas con trapos, y como por instinto, miró a la tercera figura. No tenía buen aspecto. Sólo una palabra vino a su mente: peste. No tenía tiempo de taparse la boca. Se alejó del joven, pero no del fuego. Si no podía cargar la ballesta, podría coger un madero ardiendo para defenderse.

La figura de un lobo se vio claramente entre los árboles. Luego otro. Y otro. Y otro más.

Aila tragó saliva y levantó su ballesta. “Gallos desplumados... Esta noche debo haber ofendido a algún dios...”.
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Re: Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

Mensaje  Klinge Hoy a las 00:02

El espadachín siguió a la mujer pájaro de camino a las afueras de la ciudad sin decir mucho o hacer sonido, fuera del de sus pasos, el cual era bastante notorio, visto que pisaba fuerte al caminar, como desplomando todo su peso sobre el suelo con cada larga zancada que daba.

Llegando fuera del portón principal de la ciudad la mujer pájaro le pregunta sobre el nombre que el matón menciono antes de correr despavorido junto a sus camaradas –Idun no era un hombre si no una mujer.- exclamo mirando a las estrellas nocturnas –quizás una de las más fuertes guerreras que hubo en estas tierras en tiempos recientes, pero no se trataba de una buena persona.- asevero el mercenario con un tono más serio –cuando llegue a este pueblo por primera vez ella mantenía este pueblo bajo control con una banda de pordioseros bajo su puño de hierro, la cual incluya a un poderoso brujo que tenia control sobre los metales...- el guerrero tomo una pausa para intentar rememorar los eventos de aquella época –en ese tiempo no habían guardias en la ciudad, muy probablemente los apostaron permanentemente después de que la banda se dispersara debido a la muerte de su líder a mis manos frente a la puerta que acabamos de atravesar.- el espadachín comenzaba a contar la historia de su duelo con una sonrisa en el rostro, como si se tratase de un lindo recuerdo de su infancia, de cómo la desafío frente a toda su banda para combatirla delante de todo el pueblo y como ella, cegada por su orgullo y arrogancia acepto el desafío, obvio detalles importantes como el destino del brujo, el rescate del hijo de un herrero y cierta espada maldita con la que cargaba la bandolera, pero sinceramente no tenían mucha importancia para él.

Se detuvo de contar su hazaña cuando al fin llegaron a una hoguera donde el espadachín reconoció gracias a la luz del fuego a un hombre de cabello rojo, un enorme hombre felino y otro sujeto que estaba tirado en el suelo, presumiblemente mal de salud, de pronto escucho un aullido que por desgracia le sonaba demasiado familiar, solo por precaución decidió no acercarse demasiado al tercer hombre cuando noto como la mujer pájaro reacciono al verlo de cerca.

Los hocicos de los lobos no tardaron en salir del follaje del bosque, el espadachín se acerco lentamente a la mujer pájaro y con calma le puso la mano izquierda sobre el hombro –hagas lo que hagas, no les des motivos para atacar.- ya demasiadas veces el mercenario tuvo que lidiar con los licántropos, sabia lo fáciles que eran de provocar, pero también sabía que si no se trataban de los bandidos que les daban tanta mala fama no solían atacar sin ser provocados, además de que conocía de una familia pacifica de hombres lobo que vivían cerca de esos lares.

El guerrero se puso al frente del grupo, y por más increíble que parezca no intentaba empezar una pelea, levanto sus manos desarmadas en señal de paz, dejando ver que todas sus armas estaban enfundadas y que no tenía intención de usarlas fuera que en defensa propia –no planeamos invadir el territorio de nadie, solo somos unos viajeros acampando fuera de la ciudad, antes de un largo viaje, esto no tiene porque acabar en violencia.- realmente prefería evitarse otra riña con los pulgosos, ya estaba cansado y sinceramente no se sentía con las intenciones de estar luchando, pero aun así no sabía que esperar de estos tipos, a diferencia de lobos de verdad, los licántropos podían ser sorprendentemente estúpidos a veces.
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Re: Buscando el camino hacia el norte (Anochecer/Noche) [Libre (4/4)]

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