[Entrenamiento] Nueva generación de cazadores [Cass & Hury]

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[Entrenamiento] Nueva generación de cazadores [Cass & Hury]

Mensaje  Huracán el Lun Sep 11 2017, 22:50

Flashback de una historia del pasado entre Huracán y Cassandra. 8 años antes del presente.


El último año había sido especialmente duro. Era nuestro último año lectivo y faltaban apenas unas semanas para la graduación del curso. Desde que conseguí junto a Cass el pergamino del Acantilado de la Muerte, que nadie salvo Mortagglia había conseguido, nuestra vida había cambiado considerablemente. De eso ya había transcurrido un año. Y desde entonces comenzamos a entrenar para convertirnos, algún día, en peligrosas cazadoras de vampiros que a la postre seríamos. Ahora no sólo teníamos que entrenar la mente para sacar las mejores notas, sino también el cuerpo. Muchas horas de ejercicio físico, gimnasio y entrenamiento con la ballesta. Muchísimas horas de desarrollo total de los poderes enfocado al combate.

Con tanto trabajo, me había costado mucho mantener las notas de cursos anteriores. Quería mantenerme para terminar aspirando también a las pruebas de Maestra Tensái, como mi madre. Pero por el entrenamiento había bajado la media algo, pero a cambio, era una temible adversaria en combate. Al menos para mis compañeros de clase. Hacía un año que, en aquella fiesta, los amigos de Cassandra me habían dado una paliza que aún tenía que vengar. Mi carácter se había curtido y ahora era más fría, más seria, y más adulta. Una versión más próxima a lo que sería en el futuro. De hecho ya vestía los ropajes oscuros que llevaba, mi habitual atuendo de caza.

Tras aquel duro año, estábamos impacientes por empezar una vez acabásemos el Colegio, pero el maestro Dorian creía que aún teníamos que pasar una prueba para comprobar si ya estábamos preparadas para el combate. Teníamos que enfrentarnos a un chupasangres de verdad. Un duro entrenamiento que serviría para ver si estábamos ya preparadas para desarrollar nuestra actividad profesional como cazadoras.

Las instrucciones del simulacro eran sencillas: Los maestros habían llevado a un vampiro de la Hermandad que mi madre y Cyrilo habían capturado hasta Isla Lunar. Teníamos que llegar hasta allí y traerles la cabeza. El entrenamiento reunía todas las condiciones de un contrato: Cooperación, búsqueda de transporte para llegar al objetivo, rastreo en un entorno, eso sí, “cerrado” como era el peñón, pues no dejaba de ser un simulacro, y lo divertido: Darle caza. Era lo más parecido a un caso real sin llegar a serlo.

A partir de ahí, teníamos libertad absoluta para desarrollar la actividad. Pero Cassandra y yo no iríamos solas. Sino acompañadas de otra aspirante: Annelise Wilkins, la pelirroja estúpida amiguita de Cass, también había entrenado duro con las ballestas. Para ser una simple “escudera” lametraseros de Harrowmont, a veces parecía incluso mostrar una mejor puntería. Al menos cazando conejos, que era con lo que hasta el momento habíamos practicado.
Annelise:


El cuarto aspirante no era un brujo, sino un humano. Un buen amigo mío, más concretamente, el único que podía decirse que tenía: Mortdecái. Un habilidoso y solitario joven, bastante rarito, tímido y reservado con las mujeres. Era bastante tímido y entre tres mujeres apenas se atrevía a hablar. Por su condición de no brujo, no pertenecía al Hekshold, pero el maestro Dorian insistía en que había otras habilidades más allá de la caza que también eran muy importantes, como el ingenio y la supervivencia. Y en ello, Mortdecái era el mejor. De él había sido la idea de llevar a "Randy Mandy". Su traducción literal era bastante grosera, pero estaba tan salido que daba ese tipo de nombre a sus invenciones.

Mortdecái:

Así, avanzábamos los cuatro hacia Isla Lunar, en la improvisada galera de Mortdecái Y no podía hacer peor día, de hecho. Una extraña bruma se había levantado en torno a la misteriosa isla. ¿Mas qué problema había? Éramos la nueva generación de cazadores, como el Maestro Dorian en tono bromista nos solía denominar, extinta desde que el gremio desapareció hacía casi veinte años, tras la traición de la Dama Mortagglia.

-Encended alguna antorcha. – ordené. Annelise era una tensái de fuego, no debería tener problema con ello, como así fue. sin abrir la boca hizo tres y nos dio una a cada una.
-Mierda, no veo nada y soy incapaz de orientarme. ¿A dónde dirijo a Randy Mandy? – Mortdecáillevaba la dirección del barco, pero con tanta.
-Sigue recto. No deberíamos tardar mucho en llegar. – indiqué tratando de apaciguar la evidente tensión.
-Mejor que diga Cass por donde ir, me fío más de su orientación que de la de la mestiza. – aportó Annelise, a la cual la miré con enfado. Llevaba todo el camino lanzando puñaladas a favor de su amiga, y me estaba hartando.
-Cass no tiene ni puta idea de nada. – grité mirando a la Harrowmont de reojo y señalándola. - Mírala, si está que se va a hacer pis en los pantalones.
-¡Basta! No empecéis otra vez. – trató de calmar entonces Mortdecái. Tenía muchas rencillas con ambas compañeras. Aún tenía reciente todos sus insultos que, cada día, me dedicaban. - ¡Randy, vámonos a la derecha! - gritó en un atisbo de infantilismo haciendo girar el timón con toda su fuerza.
-¿Por qué hablas con el bote, imbécil? - preguntó con desprecio Annelise.

El mar comenzó a ponerse cada vez más y más bravo. – ¡Sujetaos! – la canoa parecía que iba a volcar, pero Mortdecái, gracias a su gran habilidad, consiguió mantenerla en pie, hasta que una estrepitosa ola la desplazó contra una roca. Chillamos y terminamos encallados.

-¡Hemos varado! ¡Menuda mierda de barco! – gritó Annelise asustada, sacudiéndole a Mortdecái un golpe.
-¡Annelise, basta! - y aparté la mano de la bruja de la cabeza de nuestro compañero. Teníamos que hacer algo.
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Re: [Entrenamiento] Nueva generación de cazadores [Cass & Hury]

Mensaje  Cassandra C. Harrowmont Ayer a las 21:17

Después de haber encontrado el pergamino, no sin dificultades, no volvíamos a ser las mismas. Un año después habíamos pegado un gran cambio. Tan solo unos meses y el resultado era como ver a dos personas diferentes. Posiblemente no hubiésemos cambiado mucho de aspecto, al menos yo no lo veía, pese a que mis padres me lo recordasen bastante, pero sí que se había notado el cambio en nuestro cuerpo y en nuestra madurez.
Nos habíamos librado de la expulsión después de intentar mover influencias de nuestros padres, pero se habían enterado y yo me había quedado sin salir un tiempo. Algo que me fastidió bastante, pero que sirvió como precedente para que me pusiera a entrenar en serio. La motivación: convertirme en cazadora. Desde el momento en que mis padres me habían prohibido volver a las fiestas nocturnas con mis compañeros y a salir por las tardes había aprovechado ese tiempo en entrenarme duro para lo que estaba por venir. El maestro Dorian había cumplido su promesa y, durante un año, nos había puesto a prueba a Anastasia y a mí para conseguir entrar en el gremio. ¡Por fin podríamos lucir los trajes!

Un año jodidamente duro. Si bien se dice que quien algo quiere algo le cuesta, pero no pensé que nos iba a costar tanto. Teníamos que entrenar nuestro cuerpo hasta el límite, nuestra forma física había cambiado, sobre todo la mía después de dejar de lado el hidromiel y resto de bebidas que circulaban por las fiestas  que nos montábamos. Había tenido que sacrificar mi vida social, aunque había conseguido más admiración de la que ya tenía, cuando se supo que entraría en el gremio. Incluso una de mis amigas, Annelise, había entrenado con nosotras para entrar. Eso me hacía mucha ilusión, pues entrenar solo con Anastasia era un truño. Aunque era bueno siempre y cuando mi amiga no me superase.
Y solo podíamos entrenar y realizar las pruebas si nuestras calificaciones no bajaban, así que, después de todo el esfuerzo físico, llegaba el mental para estudiar y pasar los exámenes. Y yo no quería bajar ni una décima de mis notas. Ya lo había dicho mi madre, que si no conseguía mantener mis calificaciones académicas, haría porque no pudiera entrar en el gremio. Y así estuve un año, esforzándome y dando lo mejor de mí en todo. Era, también, la recta final del curso. Pronto nos graduaríamos.

También estábamos en la recta final del entrenamiento del gremio, era la última prueba: cazar a un vampiro real. De eso sí que tenía ganas. Desde Thaddeus no habíamos encontrado otro igual y, si eran todos así, sería pan comido el llevar la cabeza ante el maestro Dorian. Teníamos que ir hasta Isla Lunar y capturarlo, junto a dos personas más. Una de ellas era Annelise y otra un humano bastante más rarito que Anastasia. De este último no me esperaba que fuera a hacer nada grande, la verdad, aparte de ponerle nombres raros y obscenos a sus objetos.

Y ahí estábamos los cuatro en la galera de extraño nombre, tratando de avanzar hacia Isla Lunar. Y la verdad es que hubiese preferido ir cualquier otro día en lugar de este, pues el mar estaba embravecido y una extraña neblina cubría todo, impidiéndonos avanzar. Por más que Annelise dijera que se fiaba de mí no podía hacer mucho. Yo también hubiese dicho de seguir recto. O habría tirado a Mortdecái al agua y así no le tendría que escuchar hablar con su bote una vez más.
- ¡Que te jodan, Anastasia! - Le grité cuando se dirigió hacia mí y le hice una peineta. Estuve bastante callada en el viaje, la excusa era que estaba tratando de ver por dónde ir, de orientarme. Pero la realidad es que no era muy afín al agua, y menos si estaba picada. Y eso era un problema cuando vivíamos en una isla. No me quedaba otro remedio que seguir disimulando. Pero tuve que hacer un gran acopio de todas mis fuerzas cuando las olas se hicieron más grandes y el mar se enfureció más aún, haciendo que encallásemos. Junto al resto, también chillé. El no ver tierra firme me agobiaba, pero si la barca se mantenía a flote aún, podíamos buscar una forma de llegar a la isla. Annelise estaba nerviosa y la entendía, pero no iba a quedarme en la barca mucho tiempo, yo también quería que parase.
Empecé a respirar más rápido que antes, buscando una forma de salida. - Anastasia, despeja las nubes. - Ordené mientras me acercaba al lugar donde habíamos encallado para intentar ver algo, acercando la antorcha. Me estaba agobiando bastante por más que intentaba mantener la calma. Estábamos varados en entre unas rocas, pero no sabía si serían ya parte de la costa o simplemente eran un peñasco aparte. - Annie, prueba a hacer una antorcha más grande que nos permita ver. - Mi amiga asintió y trató de hacer una gran llamarada en alto para intentar iluminar el lugar. Si Anastasia apartaba las nubes podríamos ver dónde nos encontrábamos.

El mar estaba embravecido y el ruido que hacían las olas al chocar contra la barca me atacaban los nervios. Cuanto antes saliéramos de aquí, mejor. Yo estaba más a gusto en tierra firme, no en medio de la nada. - Puedo hacer que la barca vuelva al mar, pero al haber chocado contra una roca, tendrá daños en el casco. - Comenté mientras seguía agachada mirando la roca, con la antorcha en alto para que las olas no la apagasen. Lo bueno de la niebla es que impedía que se viera mi cara, pálida como la piel de un vampiro. - Podemos ver si podemos avanzar a pie, o tenemos que seguir navegando. - Entre mis planes no estaba el hacer que Mortdecái intentase arreglar la galera, para mí era un humano inútil. Se suponía que debíamos trabajar en equipo y, si ya me costaba trabajar con Anastasia, más aún con ese estúpido. No acababa de convencerme mucho, me faltaba algo.

Estábamos muy cerca de la isla, el reflejo de las llamas de Annelise parecía mostrar tímidamente la costa. - Tengo una idea mejor. - Comenté con alegría inesperada. ¡Íbamos a salir de ahí! - Cuando yo te diga "ya", usas tus corrientes para mover la barca. Una... Dos... - Comencé a contar sin esperar más opiniones, me gustaba mandar y quería salir de ahí cuanto antes. -¡Y tres! -En ese momento hice que la roca sobre la que había encallado la barca se hunidera hacia el fondo, dejando, de nuevo, la quilla bajo la superficie. Con las manos extendidas hacia abajo hice que esa roca desapareciera, haciendo tremendo estruendo. - ¡Ya! ¡Hacia la derecha! - Si al final iba a tener razón Annelise. ¡La que tenía que guiar era yo! Si Anastasia lo hacía bien podríamos salir de ahí antes de que los daños fuesen mayores.
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