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Mensaje  Athos el Jue Sep 14 2017, 05:08

Acércate, curioso amigo, quédate aquí conmigo, para que te cuente lo que a mi oído llegó. No, no es mentira alguna, es algo que el viento entregó. Se trata de un grandísimo escándalo, uno que involucra una loba, sus amigos y un vándalo. Esta historia se remonta a Lunargenta, ciudad que del pecado no queda exenta. Empieza en una caótica taberna y termina en una sucia caverna.

"Apuesto 100 aeros a que noqueo a ese grandote", dijo la licántropa de pronunciado escote. Sus amigos se mofaron y rieron, mas cuando ella cumplió su proeza, de inmediato aplaudieron.

"Hazlo otra vez, hazlo otra vez". Imploraba el que parecía gato montés.

Animada, confiada y sintiéndose amada, la joven no titubeó en ser batallada. Uno a uno fue retando a mastodontes y bisontes, haciendo mil confrontes. El tabernero, cansado del barullo, llamó en murmullo. "Yo aquí soy el que patrullo". Apareció un guardia con orgullo. Decidido y galante, sacó su espada brillante. "Tú irás por delante". Señaló a la dama de inocente semblante.

Ella y sus amigos corrieron despavoridos, pero no tardaron en ser aprendidos. "¡Sólo queda una!". Exclamó a la lobuna. Sus amigos terminaron en prisión, en donde se les hizo una aparición. "No se preocupen, pagaré su comisión". Así prometió liberarlos a todos, una vez reunidos los aeros.

Recolectó y recolectó, jamás mendigó, al menos a lo que ella respectó. Pese a sus grandes esfuerzos, sólo le alcanzaba para los almuerzos. "¿Y ahora qué podré hacer?". La pobre parecía padecer. "Narrador, ya deja de hablar. ¿Y por qué siempre tienes que rimar? Ni que estuviéramos en Navidad". Agitaba el puño, muy molesta en verdad. "Mierda, ¿eso rimó? Te juro que te voy a aventar un... Limón". No puedo creer que me amenazó, si yo sólo cuento lo que pasó.

Estaba en un profundo dilema, se le podía notar en su blasfema. Quizá podría liberar a uno o dos, pero de ninguna manera a veintidós. Cansada y desesperada, sintiéndose desamparada, se propuso salir de la encrucijada. "Me gastaré todo hasta que quede nada". Inspirada en los mosqueteros, salió a comer unos corderos.

Y eso fue lo que sucedió. Con sus amigos no acudió, sólo la fogata encendió, y entonces a devorar procedió. Les comparto este crimen que cometió, para que ella no olvide lo que prometió. Búsquenla, encuéntrenla, a la hoguera llévenla. Impune no quedará, la justicia le caerá. Prometo que no les miento, o que me llegue el escarmiento.
Athos
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