La promesa del meñique. [Libre]

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La promesa del meñique. [Libre]

Mensaje  Teck el Jue Sep 14 2017, 05:34

El musgo que decoraba los troncos le servía de guía al joven elfo que se había atrevido a merodear los senderos del bosque de los hombres. Teck disfrutaba los paseos entre los vividos árboles y sobre todo amaba aquella tranquilidad que parecía ser eterna. Pero a medida que se adentraba en las profundidades del bosque, la respectiva paz de éstos se veía opacada por el efecto que los humanos tenían sobre todo lo que tocaban. Aunque Teck no tenía nada en contra de aquellas criaturas, detestaba la forma en la que trataban a los bosques; el olor a cadáveres ya putrefactos a lo largo del camino le molestaba, y sobre todo, detestaba el echo de tener que lidiar con oportunistas ladrones que tenían la esperanza de sacar algo de los bolsillos del elfo.

Nunca fue fánatico de asesinar. Le parecía que era un acto carente de sentido alguno. "¿Quién eres tú para quitarle la vida a alguien más?" respondía en las ocasionales charlas que tenía entre viajes. Aunque como todo, existían ocasiones en las cuales las reglas podrían romperse y Teck normalmente intentaba no cruzar aquellos limites. Mas hubieron ocasiones en las cuales la única opción era tomar la vida ajena, y cuando lo no deseado pasó, no existió vez alguna en la que no pronunciara una plegaría a Imbar antes de cometer tal vil acto, pues la deidad de la vida era la única que tenía el derecho de reclamarla de vuelta.

Cuando los pocos rayos de sol se vieron consumidos por el poderío de la noche, Teck decidió que era el momento más oportuno para tomar un descanso, pues la noche era territorio de vampiros, brujos y licántropos. Avanzó entre la impenetrable noche hasta el tronco de el árbol más alto que pudo diferenciar; aquellos eran sus favoritos, la altura le otorgaba una completa visión de todo el lugar. Le gustaba saber lo que estaba pasando a su alrededor, por más trivial que pudiese ser.

Y así paso la noche, el joven elfo observó a cada persona que pasó por los oscuros caminos del bosque de los hombres antes de que el sueño le ganara y cayera rendido sobre la rama del árbol.

...


- ¡Hey, Come-hojas!- Fueron las palabras que interrumpieron sus sueños para hacerlo volver a la realidad. - ¿Podemos pedirte un favor? -

Teck pasó las manos por sus ojos rápidamente, todavía tenía los síntomas de haber acabado de salir del reino de los sueños, y le costaba entender lo que estaba pasando. "¿Un Favor?"  repitió en su cabeza y acto seguido, bajó la vista para poder diferenciar lo que eran dos niños de no más de diez años humanos.

Se reincorporó, tomó sus cosas, y bajó desde la rama más alta alta del árbol para poder ver a los niños más de cerca. Los dos críos retrocedieron un par de pasos al verlo decender. Teck sonrió amablemente ante la mueca de curiosidad que se había generado en los rostros de ambos.

- ¿En qué puedo ayudarlos?- Preguntó sin liberar la tensión en sus mejillas. A lo largo de su vida había conocido todo tipo de infantes, pero definitivamente los humanos gozaban de aquel estado puro con el que soñaba.

- ¿Nos prestarías una de tus flechas?-   Aquella pregunta le resultó extraña en cierta parte, y cuando Teck se encontraba a punto de preguntar por los motivos, la explicación salió de la boca del segundo niño. - -Dicen que la madera de los elfos es muy valiosa, y no hemos comido en días -  

Aquella explicación partió su corazón. Aunque dudó por un segundo, la esquelética figura de ambos sólo corroboraba las palabras del niño. El elfo sabía que no había manera alguna en la cual podría  entregarle una de las preciadas flechas que le habían servido fielmente por tantos años. Pero también tenía más que claro que no podía dejar a los dos niños morirse de hambre, así que con esa misión en mente, y un par de nuevos acompañantes,Emprendieron camino a uno de los muchos mercados que yacían a las afueras de la gran ciudad.

Era medio día cuando llegaron al primer poblado que limitaba contra las murallas de Lunargenta. La gran ciudad era uno de los epicentros económicos de todo el continente. Llena de misterios y personas era el lugar preferido de muchos aventureros. Pero para Teck era el infierno personificado.   "Entre más grande la ciudad, peor es su gente." decía a cualquiera que le preguntase acerca de sus experiencias en Lunargenta. Aquel lugar sacaba lo peor de las personas,  mostrando la oculta y sangrienta naturaleza de la raza humana.

El elfo consiguió un trueque por un viejo anillo que se había encontrado en sus viajes por el norte, por el cual obtuvo un pequeño saco de manzanas y un gran trozo de carne. Lo suficiente para que los tres tuvieran un almuerzo decente.

La  mirada de los dos críos fue una de las mejores recompensas que se había llevado en toda su vida. La sonrisa que se generó en sus rostros no tenía punto de comparación. Y la gratitud y euforia que emanaban le alegraron el día a Teck. Los niños le contaron historias acerca de su triste vida en el orfanato de Lunargenta. Todo los malos tratos que sufrieron a manos de una monja cegada por las falsas palabras de la fe. Pero incluso con aquellos malos recuerdos, los dos niños hicieron una leve oración antes de comer, pues  la fe era lo que les había permitido sobrevivir por tanto tiempo.

Aquello era por lo que Teck luchaba; por las personas que incluso en tiempos de escasez seguían adelante, que ante los problemas se hacían paso por donde fuese, la verdadera esperanza del futuro.

Les contó historias acerca de sus viajes por el continente: Sus jornadas por los gélidos climas del norte, y sus visitas por los hermosos castillos de propiedad vampirica, admitió que le hubiera gustado entrar. Pero apreciaba su vida mucho más. Les contó acerca de las deidades que rodeaban las tribus elficas, y las leyendas acerca del origen del todo: Las fabulas de los dragones hicieron que sus ojos brillaran con la luz de la luna.

Los tres terminaron su comida, y cuando ambos niños dijeron que era tiempo de partir, que visitarían las tierras del norte, tal como Teck lo había hecho, el joven elfo insistió en los peligros:

- El norte no es lugar para un par de niños.- El tono de preocupación se podía notar en sus palabras. - Acompáñenme, podríamos viajar juntos por todo el continente. -

- Estamos muy agradecidos por lo que has hecho con nosotros. Pero nuestros destinos son completamente diferentes.-  - Explicó uno de ellos. - ¿Pero puedes prometernos algo?-  

- Lo que sea.- Dijo sin pensarlo dos veces. Aquellos niños representaban sus ideales de manera inmaculada.

- ¿Prometes que nos volveremos a encontrar? -   Le dijo el segundo con una sonrisa en el rostro mientras levantaba su pequeña mano para así mostrar el meñique.

Teck había visto eso un par de veces antes. Un ritual entre humanos jóvenes que significaba una promesa. El elfo sin saber muy bien que hacer, imitó las acciones de su opuesto y juntaron sus meñiques.

Se despidieron con sonrisas en el rostro y una promesa la cual tener que cumplir. Teck Continuó su camino a la ciudad de Lunargenta, esperando que con aquel grato encuentro el resto del viaje fuese igual de placentero. Lastimosamente Aerandir no era conocido por ser un lugar tranquilo, y después de caminar por aproximadamente cinco minutos pudo distinguir lo que parecía ser un viajero solitario a un lado del camino.  Con intenciones de continuar la llegada a Lunargenta en compañía de alguien, se acercó a la desconocida persona con intenciones de saludar.
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