Vientos del Este {Libre} {2/4}

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Vientos del Este {Libre} {2/4}

Mensaje  Vincent Calhoun el Vie Sep 29 2017, 06:04

Idas y venidas. Solo eran dos simples palabras, pero era una forma básica de definir su forma de vida.

Era una mercenario que se ganaba la vida de un lado para otro, casi siempre en los caminos. Una vida de viaje constante, que solo cambiaba cuando se quedaba alguna temporada en Lunargenta, o en las islas Illidenses. La ciudad donde vivía, y donde tenía su casa y negocio, y el archipiélago donde había nacido, y en el cual se había criado.

Así que por esta razón su vida podía definirse como un periplo de ida y vuelta. Pues era normal que saliera de viaje por motivos de trabajo, o por la necesidad de ver mundo, para finalmente regresar a los únicos lugares que realmente podía considerar su verdadero hogar.

En resumen, su vida podía considerarse una aventura casi persistente. Por lo que a nadie le extrañaría ver al veterano brujo en aquel pintoresco pueblo, cercano al Pantano que había en las tierras del Este. El afamado pantano Misterioso.

No hacía falta tener mucha imaginación para suponer por qué tal laguna se llamaba de ese modo. Era muchas las historias que hablaban de las criaturas fantásticas que vivían en sus aguas, llegando incluso a ser considerado un pantano producto de los dioses.

Menuda idea. Como si algo en ese mundo no fuera creación de los dioses.

En cualquier caso, sin importar por qué existiera ese embalse allí, las leyendas e historias de los lugareños comentaban que en esas aguas habitaban seres increíbles. Animales fantásticos, y que se ocultaban de la visión de los seres pensantes que pululaban por tierra.

¿Historias ciertas? ¿Cuentos inventados para atraer a los visitantes? ¿Quizás ignorancia y miedo a partes iguales, que provocaba ver lo que se creía ver, y no lo que realmente existía?

Quién sabe. Podría ser cualquiera de las tres posibilidades, e incluso un poco de todo. A  fin de cuentas, las historias así atraían a los viajeros curiosos, el miedo podía provocar ver y creer en lo inexistente, y además, conocía mundo suficiente como para saber que había increíbles criaturas a lo largo del continente.

Manticoras, demonios oscuros, e incluso había llegado a ver un dragón tan negro como la noche. Y vaya, podía decir sin temor a equivocarse que todos los grandes seres que había conocido, habían intentado matarle de algún modo u otro. Lava, embestidas, garras, nunca escaseaban las formas atroces de sesgar la vida del buen brujo que les cuenta este relato.

Bien parecía que a los dioses le gustaban ponerle a prueba... o simplemente tenía una impresionante virtud para meterse en follones, o era tan simple como que tenía un don para cabrear a los demás, ya fueran seres inteligentes, o no tanto. Diablos, debía ser eso, o una mezcla de ambas. Porque nunca había tenido grandes problemas para cabrear al prójimo, y ello irremediablemente le conducía a lo primero. A los follones.

Tendría que pulir sus dotes para socializar.

- ¿En serio? ¿Qué me dice? ¿Ha visto una manticora, de verdad? - comentó un hombre, asombrado, con un deje de incredulidad en el tono.

Estaba sentado en la mesa más cercana al brujo, que se encontraba apoyado contra la barra, y junto al curioso parroquiano, había otros tantos clientes habituales de la taberna como él. Más otro grupo haciendo corrillo cerca del rubio del sur, en la barra.

- Oh, no. Dije que una manticora intentó comerme. Es un tanto distinto. Me hubiera conformado con verla-, rió, para después alzar su taza, y tomarse un trago de su hidromiel.

Los demás hombres también rieron.

- Veo que eres un chico con suerte. Pocos podría decir que han podido sobrevivir a un enfrentamiento a un manticora-, dijo un hombre con más edad que el chico que había hablado antes, unos diez años más que el brujo.

- Mmm-, hizo una mueca, asintiendo la cabeza algo ladeada, dándole la razón. - Tengo que mostrar mi dignidad. Y decir que también hubo una dosis de talento y genialidad, así como la ayuda de una estimable aliada. No cabreen a mi hermana, es una guerrera muy talentosa-, dijo en tono alegre y socarrón. Su público rió, aunque la realidad es que era mejor que no se metieran con ella si no querían acabar mal parados. - Pero no te discutiré la fortuna. Es innegable que sin ella no estaría aquí ahora mismo. Conversando con estas buenas gentes mientras tomo rica hidromiel-, comentó, ganándose al público un poco. - Sólo debo mencionar, que el artífice de la muerte de la bestia fue una caída por un acantilado, no yo-, volvió a reír junto al resto de parraquianos que le escuchaban. - Sí, tanto mi hermana como yo, conseguimos herir sus alas para que no pudiera volar, y engañarla para que se despeñaras por el acantilado, pero las duras rocas de la costa fueron las que realmente destruyeron al ser. ¡Hurra, por las buenas rocas! - gritó, alzando su taza de cerámica una vez más.

- ¡Hurra! - resonó al unísono, antes de que la conversación siguiera su curso.

- Así que las rocas pueden ser buenas a veces. Cuando era marinero temía que una sirena encandilara a la tripulación del navío donde servía, y que acabáramos como esa manticora de tu relato-, se mostró especialmente abierto, y divertido al decirlo, el que podría ser el hombre más mayor de todos los que estaban conversando con el brujo. - Dicen que en el pantano hay una-, dijo en tono más serio y cauto, asintiendo con la cabeza.

Muchos de los caballeros que estaban allí lo secundaron, asintiendo de igual forma, y mirando en derredor. Como si de repente una sirena fuera a entrar por la puerta, y cantarles a todos una serenata.

Vinc no pudo evitar menos que bufar ante tal escena y pensamiento, pues además nunca había escuchado que una sirena viviera en agua dulce. Sonaba a cuento. Pero la realidad es que jamás había visto una. Quizás fuera cierto.

Sin contar, que debía evitar los follones. Pulir las formas. Pulir las formas. Había que pulir las formas.

- Vaya. Suena interesante-, mostró su mejor sonrisa. - Aunque no seré yo quien vaya a comprobarlo. Ya tuve suficiente con la manticora-, rió, consiguiendo que los parroquianos volvieran a reír, y retomaran el hilo alegre de antes.
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Mensaje  Morrigan Nisia el Dom Oct 01 2017, 01:47

El sol despuntaba tras los últimos árboles del límite del bosque. La brisa matutina refrescaba mi rostro y al pasar entre las copas de los altos árboles hace susurrar a las hojas. El bosque parece igual de vivo que el primer día que lo contemplé. No puedo evitar sonreír con nostalgia.

Después del viaje hasta el punto donde me encontraba aún no había podido decidir que sería lo que extrañaría más de la vida que dejaba atrás. Los libros habían estado en primer lugar un buen trecho del trayecto, el peso de los mismos había impedido que los llevara conmigo. Suerte que los había leído tantas veces que recordaba cada capítulo con exactitud. Ya que recordaba los libros pensé que extrañaría la tosca compañía de Eärendil, sus largos silencios y sus respuestas escuetas. Yo agradecía el pacto implícito que teníamos de no romper el silencio, si no era realmente necesario. Nos prometimos encontrarnos de nuevo, así que no era una despedida.
La cama mullida, el estofado de hierbas, las escapadas nocturnas, la tranquilidad…
Ahora que estoy aquí tengo bastante claro que lo que extrañaré más será el bosque. El Bosque de Sandorai.

Había llegado ahí lenta, pero segura. No quería encontrarme con ningún elfo en el camino. Viajando de noche, habiendo antes estudiado concienzudamente los caminos menos transitados y hiendo con cautela, había llegado a mi destino.

Me quité la capucha justo antes de atravesar los últimos matorrales. La luz me deslumbró. Cuando mis ojos se adaptaron al brillante sol vi una gran laguna. La energía mágica que emanaba esa gran masa de agua envolvía la zona creando una atmosfera particular. No tuve dudas, teniendo en cuenta la distancia que había recorrido, ese era el Pantano Misterioso.

Caminé tranquilamente. A mi derecha, algo alejada del pantano, había una pequeña aglomeración de casas. Hacía tiempo que no veía a tanta gente junta. La seguridad que había renacido al salir por fin de las tierras de los elfos se empequeñeció, la interacción social de repente me causo pavor. Continúe avanzando mientras generaba situaciones ficticias en mi cabeza, todas acababan conmigo desapareciendo por un brote de pavor. Tenía que calmarme, no quería causar alboroto, no había nada peor para pasar desapercibida que desaparecer de golpe cuando alguien dijera un simple “Hola”.

Al rato de caminar vi una construcción madera que se adentraba en el pantano, al lado una barca llena de agua y medio hundida. Debía ser un lugar de amarre algo antiguo. Me dirigía hasta ahí cuando a mitad del camino dos hombres enormes se percataron de mi presencia, con el ceño fruncido se acercaron a mí.

-Jovencita… ¿No tendrás intención de acercarte al pantano, ¿Verdad? – preguntó mientras me miraba de arriba abajo- Se nota que no eres de por aquí, si no sabrías cuantos incautos han acabado ahogados en esas aguas malditas. ¿Qué te trae por aquí?

Miraba al hombre barbudo con los ojos como platos y a medida que pasaban los segundos me iba encogiendo más en mi misma. Emitía sonidos incoherentes en el intento de formular una frase completa. El hombre miraba a su compañero calvo y los dos intercambiaban miradas de extrañeza.

-C…Comida… - formulé esa palabra a duras penas, en busca de una respuesta coherente- Busco donde comer…

El hombre calvo intento esbozar una sonrisa amable que se mezcló con la expresión anterior. Yo tenía el corazón a mil e intente calmarme. Estaba teniendo una reacción exagerada, odiaba no poder controlarme. Tantos años en soledad habían pasado factura.

-Claro, acompáñanos, la taberna siempre sirve un primer plato gratis a los viajeros. El hidromiel se cobra seas nuevo o no- dice mientras se ríe – Pero dudo que seas de hidromiel siendo tan poca cosa.

-Gracias…- digo como escueto agradecimiento, sin hacer caso a su comentario, únicamente intento ser educada.

No tardamos mucho en llegar a la taberna. Era un edificio sencillo de donde salían sonoras carcajadas del interior. Los dos hombres abrieron la puerta y me adentre en la ruidosa estancia. Miraba de un lado a otro con nerviosismo. Demasiadas personas en un día.

- ¡Margaret! Ponle algo de estofado a la muchacha – gritó por encima del estruendo el hombre barbudo- Que te vaya bien, y recuerda, no te acerques demasiado al pantano.

En la espera del cuenco de comida, me había maldecido a mi misma unas cuantas veces, la actuación de hacía unos minutos había sido penosa. Tenía que acostumbrarme a hablar con gente, si no nunca podría encontrar a un buen maestro. Ni el más mediocre de los brujos quería adiestrar a una idiota que no sabe poner una palabra detrás de otra.
Mi estofado no tardó mucho en llegar, aunque no era mi objetivo principal, agradecí la comida caliente y el reposo después del largo viaje. Inevitablemente empecé a escuchar las conversaciones que transcurrían en la taberna. La mayoría eran de cosas banales de la rutina del día a día, que, aunque pueda sorprender, me parecían fascinantes. Evidentemente mi atención se dirigió al grupo de hombres que hablaban cerca de la barra. Al oír la frase del más mayor del grupo no pude evitar mirarlos fijamente.

- Cuando era marinero temía que una sirena encandilara a la tripulación…Dicen que en el pantano hay una.
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Mensaje  Dendrei el Dom Oct 01 2017, 23:54

—¡Hurra!— grité junto con todos los parroquianos. Durante el discurso del joven rubio, se habia formado un ambiente muy ameno, todos estábamos expectantes escuchando sus aventuras. Sobre todo yo, seguramente lucía  ilusionado escuchando cada detalle. ¿Quién pensaría que al lado del pantano habría una taberna con tantos visitantes y con muy buen entorno? definitivamente tengo que señalar este lugar en mi mapa, para un eventual regreso.

Agradecía el haber caminado durante días con Mirla, por la recompensa de llegar a este lugar. Muchos decían que este pantano era místico, y tambien la catalogaban como una "cuna de criaturas misteriosas" el haber escuchado estas cosas era lo que me traía a aquí. El viaje había sido tranquilo descansaba en los árboles durante las noches y caminaba durante el día.

Durante el transcurso del viaje, había rondado por mi cabeza las historias que me contaban mis abuelos, destacando en especial dos; Mi favorita, el relato que, sobre una bestia felina gigante, la cual atacaba nuestro poblado, en una ocasión lograron expulsarla, dejando de único recuerdo  un diente, con aquel incisivo formaron un cuchillo. Eso era muy a grande rasgos, -Miré mi cintura observando la daga- por la cual comencé mi viaje. El otro cuento coincidió con lo que decía aquel marinero "sirenas"... por lo que recordaba de mi infancia decían que eran hermosas, pero letales. Distraían con sus cantos a los hombres, atrayéndolos hasta su alcance y finalmente... Bueno realmente nunca me contaban, Decían que era muy cachorro. Estas crónicas ya me habían decepcionado más de una vez, algunas eran solo cuentos, o las criaturas terminaban siendo completamente distintas, pero nada de eso me desmotivaba a seguir mi búsqueda, de forma que está era una estupenda oportunidad.

Dicen que en el pantano hay una. Por algún motivo no entendí que se refería a una sirena, si no a la manticora, de la que el hombre rubio hablaba, no pude evitar sentir intriga, así que me acerqué a donde estaban ellos. llegué riendo por la broma —A pocos no les bastaría con esa bestia— dije continuado el tema —La siguiente ronda se las pago— intentando sonar tierno y cercano. Yo no bebía pero al ver su jarra vacía, sabía que sería una buena recompensa, por un agradable relato, para el rubio y para el marinero, una eficiente forma de sacarle un poco de información.

—Un gusto jeje, me llamo Dendrei y... ella es Mirla— indiqué con la mirada a mis pies, donde estaba mi gata (de Aresire) y compañera de viaje. —No pude evitar escuchar tú comentario— le hablaba al navegante —Me gustaría saber mas o menos donde podría encontrar la criatura— saqué el mapa en intentando no incomodar lo puse en la mesa antes de que llegara el hidromiel, solo esperaba que no me tomaran en menos por mi edad.
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Re: Vientos del Este {Libre} {2/4}

Mensaje  Vincent Calhoun el Vie Oct 13 2017, 01:19

Alcohol y risas. ¿Qué mejor forma había de pasar el rato? Pues muy pocas, la verdad.

El alcohol siempre podía ser prescindible, hasta cierto punto, claro estaba. Pero una buena conversación amigable, con la pizca exacta y adecuada de carcajadas, era una situación que toda persona debería estimar. O al menos eso es lo que él creía.

Y por supuesto, cuando se trataba de risas nunca había que ser comedido. Él era de los que prefería crear una receta bien cargada de sonrisas, pues consideraba que era mejor que sobraran a que faltaran. No había que ser tímido a la hora de echar ese ingrediente tan especial en el caldero de la vida.

Nunca había suficiente alegría en el mundo. Nunca sobraba un poco de diversión.

El sonido de la puerta se escuchó, y por un momento la mayoría de los presentes se giraron para comprobar quien había ingresado en la taberna. Por sus reacciones intuyó que era una forastera, aunque no hacía falta observar las expresiones de los parroquianos para imaginar ese dato. Su aspecto y ropas no se parecían a la de los lugareños de aquel pueblo.

Una dama de tez nívea y con una singular belleza. Seguro que más de uno de los hombres de aquella posada se habían girado nerviosos, pensando que la famosa “sirena” del lago había decidido venir a visitarles.

El brujo no pudo evitar sonreír con malicia ante esa idea, mientras ocultaba la sonrisa tras la taza de barro. Luego terminó de disimular, apurando de un trago lo que le quedaba de hidromiel.

- Pues imagino que esos pocos encontraran la muerte a temprana edad-, bromeó, mirando hacia el hombre que se acaba de acercar hasta ellos. - Pero de algo hay que morir ¿no? - sonrió hacia el nuevo integrante del corrillo.

Pese a centrar su mente y palabra en el hombre bestia que acaba de llegar hasta ellos, no pudo extraer del todo el pensamiento divertido que había tenido anteriormente. Había sido gracioso imaginar a todo un grupo de hombres asustados ante la posibilidad de la llegada de una sirena a la taberna.

Era un hombre bestia, con rasgos felinos, por lo que intuía que debía ser muy ágil y veloz. Las personas con la raza del recién llegado, siempre tenían un poco del animal que los complementaban. Era algo que había aprendido al conocer a otros hombres bestia en el pasado.

Con esa información, le era fácil deducir que estaba ante una persona que le podía ganar en agilidad y destreza. Unas virtudes que dominaba bien, y en las que por lo general no solía ser inferior a los demás.

- Una ronda gratis siempre es bien recibida-, comentó con alegría, sin perder la sonrisa, y dejando su taza vacía sobre la barra.

Por supuesto, fue una alegría compartida por el resto de los presentes, las personas que habían escuchado su historia. Estas no tardaron en vitorear al señor Dendrei, como así dijo llamarse, y se pasaban por la barra a recoger su nueva bebida, o esperaban que se las llevaran hasta su mesa.

- Encantado de conocerle, señor Dendrei. Y también encantado de conocerla, señorita Mirla-, le guiñó el ojo diestro a la felina que acompañaba al hombre bestia. - Una gata de Aresire. Fascinante-, comentó mientras evaluaba con la mirada a la gata. - Son animales muy nobles y amistosos si se les sabe tratar. Hacía tiempo que no veía uno, menos aún siendo compañero de una persona-, dijo, levantando la mirada para volver a fijarla sobre su interlocutor. - Mi nombre es Vincent Calhoun. Oriundo de tierras sureñas-, se presentó, sin especificar demasiado sobre su origen. - Así que estás interesado en ir tras la sirena. ¿Se trata de eso? - preguntó con cierta curiosidad.

Era lógico pensarlo. Ya que había preguntado de forma directa al hombre que antes había mentado a la sirena, sacando, además, un mapa que había colocado en la mesa de este, para que le diera indicaciones.

Vinc por su parte, tomó en su mano su nueva taza llena de hidromiel, y observó la escena con una mezcla de curiosidad y diversión. Tenía ante sus ojos a todo un aventurero. Un hombre por cuyas venas fluía la aventura con toda su intensidad.

- Pues no sabría decirte bien, chico-, dijo el hombre que había sacado a colación la historia de la sirena, contestando a Dendrei. - Nunca la he visto personalmente. Difícil saber si es cierto. Pero hay muchos rumores sobre ella, e incluso algún viajero ha comentado sobre ella sin que nadie le contara nada sobre la sirena. ¿Eso debe significar algo, ¿no? - comentó el ex marinero de forma jovial, antes de reír. - No puedo decirte nada con exactitud. No obstante, la mayor parte de los avistamientos han sido en el norte. Al otro lado del pantano, más adentro en territorio de lobos.

En ese momento, el hombre aprovechó para tomar un sorbo de su bebida gratuita, y luego señaló una zona del mapa de Den, haciendo un círculo con el dedo para delimitar el lugar.

- Por supuesto, nunca he ido tan lejos, y jamás se me ha ocurrido adentrarme con mi barca en ese sitio-, volvió a reír. - Me gano la vida de forma humilde, ya no tengo edad para una aventura como esa-, asintió.

Al escuchar al hombre, no pudo dejar de sentir curiosidad por la historia. ¿Una sirena en un pantano? Lo dudaba. Qué barco iba a atraer en ese lugar, más allá de una pequeña barca de pesca. Nada en absoluto, por lo cual no tenía sentido que existiera tal criatura en la zona.

Sin embargo, parecía que no era el único que hablaba de la sirena. Bien parecía que la habían visto incluso foráneos del pueblo. Era ello lo que más curiosidad le despertaba, aunque seguro que tenía una explicación de lo más mundana. Habría exagerado. Una costumbre muy común en rumores de ese tipo.

- Otro hidromiel, por favor-, dijo, girándose sobre la barra y dejando una moneda sobre esta.

El mesero no contestó con palabra alguna, se limitó a responderle con un movimiento afirmativo de la testa, y a colocar la bebida alcohólica sobre la barra. Al dueño del local lo único que le importaba es que la moneda era bueno, bien poco le interesaba que quería hacer ese rubio con un nuevo hidromiel sin haberse bebido el anterior.

- Gracias-, comentó nada más tener la bebida lista, y le guiñó el ojo al mesero, a la vez que tomaba la taza con su mano libre.

Acto seguido se giró y dio dos pasos para acercarse a la mesa cercana donde conversaba Den con el pescador.

- Una historia de lo más interesante-, dijo, asintiendo con la cabeza nada más estar al borde de la mesa. - Me dirijo al norte, así que a lo mejor tengo oportunidad de encontrarme con esa sirena. Aunque esperemos que no, ¿no es así? - rió. - Iré a sentarme-, comentó, haciendo señalando con la cabeza la mesa de la señorita que acababa de llegar instantes antes. - Supongo que soy un hombre muy sociable-, volvió a reír. - Conocer gente es todo un placer terrenal-, terminó de decir, encaminándose hacia la mesa de la señorita.

- Ya se ve que tienes un pico de oro-, comentó uno de los hombres que había estado escuchando su historia con la manticora. - ¿Tendremos oportunidad de escuchar otra de tus historias?

- Claro que sí. Si invitan a buenas bebidas no podría resistirme-, respondió girándose sobre sí mismo, y alzando las dos tazas de alcohol que llevaba en sus manos.

Después volvió a girarse, y siguió su andar hacia la mesa de la señorita.

Nada más llegar hasta la mesa donde estaba desayunado la chica en cuestión, posó la taza de cuyo hidromiel no había tomado ni gota, y la empujó para hacerla deslizar por encima de la meas y acercarla a la joven. Y sin perder el tiempo se sentó en la silla que había frente a ella.

- ¿Puedo? - dijo, pidiendo permiso para sentarse, aunque la realidad es que ya había posado su trasero en la silla. Observó cada detalle del rostro de la mujer, y dio un sorbo a su bebida antes de dejarla reposar sobre la mesa. - No eres de por aquí, ¿me equivoco? - comentó sonriente. - Ya, claro que no. No tienes pinta de ser de por aquí-, se auto contestó sin esperar respuesta de la fémina. - Además, tendrías que haber visto la cara que pusieron los lugareños, cuando entraste en la taberna. Seguro que por un instante pensaron que eras la sirena de la historia que contaba-, rió después de su broma. - Oh, perdón. Donde quedarán mis modales. Vincent Calhoun-, tomó su bebida de hidromiel y la alzó en forma de saludo. - Un gusto conocerla-, terminó de presentarse, y aprovechó para beber otro trago de alcohol.

Era una agradable mañana. Perfecta para conocer más gente antes de proseguir su viaje hacia el norte.
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Re: Vientos del Este {Libre} {2/4}

Mensaje  Morrigan Nisia el Dom Oct 15 2017, 01:51

Mientras comía el estofado lentamente continúe escuchando al grupo. No intentaba ocultar o disimular mi mirada. Mis miedos y pensamientos anteriores habían sido sobrepasados por mi curiosidad nata.
Había barullo en esa taberna, montones de carcajadas y conversaciones que se entrelazaban. Ruidos de sorbos, platos y vasos que revotaban contra la madera de las mesas. Alguna canción que surgía de un laúd acompañado por el ritmo de unas palmas. Los ronquidos de algún borracho dormido y el tintineo de las monedas que se gastaban o estaban por gastar. Todo aquello se oía, pero yo, solo tenía oídos para la conversación que había surgido metros más adelante.

Se acercó a la aglomeración otro barón, este con rasgos de felino. Era un hombre-bestia, sin duda. No sé bien que dijo, porque con su llegada se alzaron las voces del grupo en forma vítores. No obstante, cuando el marinero se dispuso a hablar de la sirena de nuevo se hizo un silencio que pareció transmitirse un poco a toda la taberna, o al menos a mí me lo pareció.

- Nunca la he visto personalmente. Difícil saber si es cierto. Pero hay muchos rumores sobre ella, e incluso algún viajero ha comentado sobre ella sin que nadie le contara nada sobre la sirena. ¿Eso debe significar algo, ¿no? – Yo pensaba lo mismo, no podía ser simple coincidencia que varios hombres hubieran visto al mismo ser, por mucho hidromiel que hubieran bebido.
Puse aún más atención después de ese apunte. El estofado, aún caliente, iba acompañándome al escuchar el relato. El hombre se dispuso a hablar de nuevo y la cuchara vacía quedo a principios del trayecto hacía el plato, apoyada en mis labios, tras volver a sumergirme en la explicación.

- No puedo decirte nada con exactitud. No obstante, la mayor parte de los avistamientos han sido en el norte. Al otro lado del pantano, más adentro, en territorio de lobos. - Esbocé una tímida sonrisa el oír eso y deje lentamente la cuchara en el plato. Iba a esperar a ver si conseguía algo más de información, lo suficiente para cerciorarme de que allí encontraría el ser del que tantos relatos había oído en las islas y del que tanto había leído. Si alguien me hubiera mirado a los ojos en ese momento hubiera visto las chispas de la curiosidad asomándose por los mismos.

Tuve que salir de mi ensimismamiento de golpe, el hombre alto y rubio de repente se había girado para pedir otra bebida. Desvié mi mirada rezando a mis adentros para que mi espionaje no hubiera sido demasiado evidente. De reojo me di cuenta que el hombre aún conservaba su anterior jarra vacía. ¿Para que querrá otra? No pude evitar pensar que era un borracho incurable.
Respiré aliviada cuando vi que se alejaba otra vez con el grupo. Seguramente había ido a buscar otra bebida para alguno de sus compañeros.

Me dispuse a acabarme el plato con tranquilidad. Mi intención era sencilla: ir e investigar. Tenía que saber más.

De nuevo oí pasos, pero no les di importancia. Y sin darme cuenta, sin darme tiempo siquiera a volver a llenar la cuchara, el caballero rubio posó la jarra en la mesa y la hizo deslizar hasta mi posición. En el momento que tardé en alzar la vista para mirarle, se había sentado en la silla más cercana a mí. En ese momento mi nerviosismo aumentó de nuevo a niveles similares o superiores a los que había estado delante de los dos hombretones. - ¿Puedo? – preguntó, aunque era evidente que ya se había tomado la libertad de sentarse. Noté que examinaba mi rostro y aparté la mirada instintivamente, de manera sutil, para que no resultara un movimiento desafiante o brusco. Me ponía muy nerviosa mirar directamente a los ojos a un desconocido. Una leve preocupación se instaló en mi: ¿Se habrá dado cuenta de que lo observaba?

- No eres de por aquí, ¿me equivoco? –dijo sonriente. Mi corazón dio un pequeño respingo. Era evidente que por mi aspecto yo no era de ahí al igual que era evidente que él tampoco. Había un aura extraña, pero familiar en él. Sin que yo pudiera articular palabra (que conste que no me dio ni tiempo a tartamudear) él mismo se respondió - Ya, claro que no. No tienes pinta de ser de por aquí. - Agradecí que no buscara una respuesta en concreto, mentir cuando estaba nerviosa no era lo mío. La verdad, nada era lo mío cuando estaba nerviosa.
Raudo como el viento, sin dejar que abriera siquiera la boca prosiguió con su monologo: -Además, tendrías que haber visto la cara que pusieron los lugareños, cuando entraste en la taberna. Seguro que por un instante pensaron que eras la sirena de la historia que contaba- después de la pequeña broma se río alegremente. No parecía que tuviera malas intenciones, cosa que me relajó un ápice, pero para mí, por si sola, la mera interacción social me ponía nerviosa.
Por último, se presentó y alzó la jarra. Vincent Calhoun se llamaba.

Después de ese gesto me di cuenta de que debía reaccionar. Vincent aguantaba la jarra en el aire esperando una respuesta. Mire hacía la jarra y pensé que esa sería mi solución. Él posiblemente me podría contar más sobre las sirenas. Tenía que quitarme la vergüenza de encima. No había bebido nunca alcohol como aquel, pero sabía de sobras que hasta el hombre más mudo del mundo cantaba después de una pinta como esa. Alcé la jarra, no tan segura como hubiera querido aparentar, y di un sorbo largo. El ardiente alcohol bajo por mi garganta y se me sonrojaron las mejillas.

-L..lo de las sirena.. dudo que se hayan girado a mi paso por eso, la luna está a punto de estar llena estos días, y..y..eso altera el lívido de los hombres. S.. supongo que lo habrás notado – reí flojito después de lo que a mí me pareció una broma, pero no estaba muy segura de ello. – S..oy Morrigan..Morrigan Nisia.- Me presenté mirando hacía la jarra que tenía en las manos, quedando algo cabizbaja. No sabía si haber bebido había sido una buena elección.

No podía perder más tiempo y pensé en ser algo más directa. Le miré con extrema dificultad y formulé lo mejor que pude una frase completa y con sentido.
-Ha..hablando de sirenas, unos habitantes del pueblo me han dicho que las hay en el lago. Ten..tengo algo de curiosidad por ellas ¿S..sabes algo?- hago una pausa intentando esbozar una sonrisa entre el tartamudeo.- Me gustaría ver una con mis propios ojos. – consigo decir algo más calmada, pensando en la visión que ese raro animal me podía proporcionar. Con ese arranque de confianza, ya no sé si proporcionado por el alcohol o por el amor al saber, lancé una última frase.- Y... buscó a un acompañante.



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