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Discordia [Misión] [Evento Horrorween]

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Discordia [Misión] [Evento Horrorween]

Mensaje  Sigel el Dom Oct 22 2017, 18:55

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Fue a la fiesta de Horrorween con el único interés de jugar a todas las atracciones habidas y por haber. El miedo y la diversión nunca estuvieron tan ligados. Hont se lo estaba pasando en grande, disfrutaba como un niño. Para la ocasión, se fabricó un disfraz especial de pirata: la vestimenta era resto de varias piezas de camisetas y pantalones de niños que cogió de un contenedor de basura y, él mismo, arregló a base de hilo y aguja, con hebras de cuero cocido hizo las enormes cejas, cabello, bigote y perilla, se lo pegó todo en la cabeza utilizando una cera especial que vendían los alquimistas. El único detalle que le faltaba sería un parche tapándole un ojo. Todo el mundo sabía que los piratas llevaban un parche en el ojo. Toda la tela que encontró en los contenedores lo utilizó para la vestimenta; no quedó nada más. Ni un mísero trocito con el que poder atarlo a una cuerda. ¡Qué fallo! Hont pasó los dos días previos a la fiesta de Horrorween cabizbajo, buscando algo que le pudiera servir como parche. Le pregunto a cualquiera que pasaba por delante si había visto un parche en el suelo; lo que más recibía fueron risas. Una de esas personas, una chica con una sonrisa fina y encantadora, le dijo que tenía un disfraz muy bonito de capitán pirata. ¿¡Cómo había podido ser tan tonto!? Claro, solo los piratas llevaban parche, eso lo sabía todo el mundo; pero los capitanes no.

-Mi nombre es Hont, capitán de “El Costa Roja”, rey de los mares de Aerandir- decía en voz alta agitando de su espada de madera como si estuviera espantando unas moscas.

La primera atracción que montó era un carrusel de ponys disfrazados como si fueran monstruos de toda clase: había dos ponys esqueletos, tres pintados de verde como si el cuerpo se les hubiera podrido e incluso un ihrassi. El que Hont montó estaba pintado con un maquillaje que le hacía parecer como si estuviera quemando. La primera vuelta la dio sentadito en la montura sin moverse, la segunda se acercó al hocico del animal y le daba los caramelos que Hont guardaba el bolsillo de su disfraz, después de la cuarta vuelta, el hombrecillo zarigüeya estaba de pie, dando saltos en la montura, y agitando su espada para matar a los males invisibles. ¡Qué divertido!

Todas las atracciones eran igual de buenas, quería jugar a todas. También jugaba con los espectáculos de la feria. A cada desfile que pasaba por delante de sus narices, de un salto, se unía a él y bailaba en compañía de los demás payasos disfrazados de muertos.

-Pasen y vean, mis amigos y amigas- la voz de un hombre, uno de esos que anunciaban las mejores atracciones, llamó la atención de Hont- Venid y entrad a la que será la casa de vuestras pesadillas- con un bastón, que utilizaba para bailar y no para caminar como lo hacían los viejos, señalaba la pequeña casa que se encontraba a su espalda – ¿Será usted el más valiente? Pasé, no se asuste; no tan pronto jajajajajaa-.

Rápido como el viento, Hont corrió hacia la nueva atracción. Era una pequeña cabaña de madera mal construía. En letras grandes y que parpadeaban junto al fuego de las antorchas estaba escrita en mayúsculas la palabra: DISCORDIA. Hont sabía que significaba esa palabra, venía a ser algo parecido a pelea. Era una de esas palabras que la gente, de normal, no utilizaba pero todos los que sabían leer conocían su significado.

-¿Qué hay ahí dentro y por qué da tanto miedo? Tienes que saber que yo no me asusto con facilidad. Soy muy valiente- con la espada de madera, se dio golpecitos en el pecho – Mi nombre es Hont, capitán de “El Costa Roja”, rey de todos los mares de Aerandir. ¿No has oído hablar de mí? – el señor negó con la cabeza sin dejar de reírse - ¡Pues deberías haber oído! Hay muchas mares en Aerandir – empezó a contar con los dedos de la mano, pero perdió la cuenta en seguida - ¡Un montón! Y yo soy el rey de todos esos-.

-No lo pongo en duda, mi buen señor- el hombre levantó las manos como si estuviera bajo amenaza- ni tampoco pongo entre dicho su valentía. Estoy convencido que un capitán pirata, el rey de todos los mares, seguro que no le teme a lo que Discordia guardia en su interior-.

-¡Pues claro que no! Soy el capitán Hont, los piratas no le temen a nada. Déjame entrar y te lo demostraré. ¡Ya verás! A todo lo que vea que de susto le pienso dar una zurra en el trasero-.

-Usted ha insistido,- el hombre abrió las puertas de la cabaña- pase y disfrute de Discordia-.

-No me va a dar miedo- Hont pasó refunfuñando por la puerta - claro que no-.

El interior de la cabaña era tan cutre como el exterior; era una pequeña habitación mal decorada con antorchas, cajas y cuerdas blancas que fingían ser telas de araña. Una larga tela azul flotaba en el aire como si fuera un espíritu; se veía que estaba sujeta a un hilo de pesca. Lo mismo sucedía con las cajas y los candelabros. Hont caminó con los brazos cruzados, con la postura de los valientes, delante de todos los objetos de la cabaña; ninguno le dio miedo.

Al final de la habitación había una mesa y una bola de cristal, como la de las pitonisas, encima. Desde lejos, parecía que la cabeza de una bruja flotaba en el interior de la bola. ¡Por fin algo que daba miedo! Se puso de puntillas para ver de cerca la bola de cristal, Hont era tan bajito que apenas se le asomaban sus orejas por encima de la mesa. Fue decepcionante, la cabeza era una bola de trapos mal atados con cuerdas e hilos; el cabello de la bruja, seguramente, fuera de la misma clase de hebras como las que Hont utilizó para su disfraz de pirata.

-El hombre me ha mentido, esto no da miedo- desenvainó la espada de madera - Cuando salga de aquí le voy a dar una zurra en el culo. ¡Así no mentirá más!-

La puerta estaba cerrada. De un gran salto, Hont cogió el picaporte y la abrió. Desde dentro, todo lo que había fuera de la cabaña Discordia estaba teñido de negro, como si hubieran apagado todas las antorchas. Hont creyó, por un segundo, que la fiesta había terminado y todos se habían ido a dormir.

color=#ccccff]-¡Esperadme! Todavía no he montado en el caldero gigante ni estirado de la barba a la mujer barbuda-.[/color]

Salió corriendo de la casa; pero fue como volver a entrar. Estaba en otro sitio, otra habitación. No había puertas ni ventanas. Dio hasta cinco vueltas sobre sí mismo con tal de encontrar la puerta por donde había entrado pero había desaparecido. La única luz que había venía de una antorcha que estaba en el centro de la habitación. Hont caminó vacilante a ella, ahora sí que tenía miedo. Tocó la antorcha con su mano izquierda, con la derecha sujetaba con fuerza la espada de madera. El fuego se apagó de repente, hubo un momento de oscuro silencio. Cuando volvió a encenderse la antorcha, alrededor de la antorcha flotaban las cabezas de sus amigos: Woodpecker, Asher, Eltrant, Ingela, Thiel…. Todas sus cabezas estaban ahí. Las habían cortado. Flotaban, como las cajas y la tela azul de la primera habitación, pero sin hilos de pesca que las sujetase.

En silencio, cosa extraña porque Hont siempre estaba hablando, corrió por la habitación hasta encontrarse con una nueva puerta, surgió de la nada, y uno nueva habitación.

Disfraz de Hont:
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_____________________

* Bienvenido y disfruta de Discordia: Esta misión es una parte del Evento: Feria de los Horrores, se recomienda leerlo primero para conocer mejor la ambientación de la misión. Como sea, te encuentras en la Feria de los Horrores, en Sacrestic Ville. No me importa tu cronología pero, si deseas explicar cómo has llegado hasta aquí, debes saber que eres libre de hacerlo.
A estas alturas ya habrás deducido que Discordia no es una casa del terror convencional. Quien entra, aparentemente, se queda atrapado en un enjambre de habitaciones infinitas. Tu personaje desconoce la maldición del lugar; en este primer turno, deberás entrar en la cabaña bautizada como Discordia, ver la primera habitación (la cutre y decepcionante) y pasar a la habitación de verdad, la que desvela el terror de tu personaje. Tienes mucha libertad y puedes ser muy original a la hora de crear, usa esa libertad a tu favor.
En este primer turno, todavía no te cruzas con Hont.
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Re: Discordia [Misión] [Evento Horrorween]

Mensaje  Ircan el Dom Oct 29 2017, 02:05

Aquella noche ya casi había pasado su punto álgido cuando decidí que era el momento de tomarse un descanso. Me había arrastrado junto a Nuria, y a veces persiguiéndola, por la mayoría de los puestos de la Feria. Me derrumbé algo agotado en uno de los bancos. Nuria se excusó para buscar algo de comer, con lo cual retomar fuerzas y seguir deambulando por aquel lugar. Asentí y sólo miré como la muchacha se perdía entre la multitud. En ese periodo de tiempo recordé que Nuria se había entrado en una atracción más que yo, así que quise tomarme la revancha. Oteé el lugar en el que me hallaba y descarté enseguida las atracciones en las que ya había participado o en las que había una larga cola. Debía de entrar en una atracción que no me llevara mucho tiempo, con tal de que me permitiera volver a aquel banco a la vuelta de mi compañera. Y, como si fuera una respuesta divina a mis plegarias, mis ojos captaron una destartalada cabaña de madera que no tenía nada de cola y sólo contaba con el solitario feriante que anunciaba su atracción. Sonreí, mientras me jactaba interiormente de mi buena suerte, y me levanté para acercarme. Me daba igual que fuera buena o mala, sólo quería igualar en números a mi compañera en aquella ficticia competición que me había creado.

- ¡Venga señores! ¡Se buscan valientes a los que convertir en miedicas! ¡Oh! ¿Cree que miento? ¡Atrévase a entrar en Discordia! - gritaba el hombre mientras movía de forma bastante acrobática su bastón en una especie de baile improvisado.

- ¡Vale! - esbocé una amplia sonrisa como asumiendo aquel reto. - ¡Vamos a ver a Discordia! - choqué mi puño con la palma de mi otra mano mientras miraba desafiante el feriante.

- ¡Oh vaya! ¡Otro falso valiente! ¿Está seguro que soportará lo que Discordia le tiene preparado? - el hombre me miró con una sonrisilla que hizo que en una parte de mi saltaran las alarmas.

"Si ya he dicho que si, ¿para qué insiste?" pensé mientras examinaba de arriba a bajo al feriante. A simple vista era alguien totalmente inofensivo, aunque tampoco es que yo fuera muy ofensivo que digamos. "Los feriantes son raros." sentencié para dar por solucionado el momento de duda. No podía amedrentarme y tampoco tenía tiempo para ello. - ¡Si claro! ¿Por qué no? Será fácil, entrar y salir, ya veras. - Sonreí mordiéndome la lengua con un gesto divertido.

El feriante se jactó con una sonora carcajada.

-Usted ha insistido,- el hombre abrió las puertas de la cabaña - pase y disfrute de Discordia-.

No hice ningún comentario más y pasé el umbral de aquel lugar.

El interior era tan espectacular como la fachada de la cabaña, es decir, prácticamente daba risa. Cuerdas blancas colgando del techo fingiendo ser telarañas, ¿en serio?. Una manta azul colgada de unos hilos trasparentes, no pude comprender a qué quería semejarse aquello. También había algunos objetos colgados como cajas, sillas, algo de cubertería... y una iluminación bastante lamentable. No es que fuera el joven más valiente del mundo pero... fingir que todo aquello me daba algo de miedo sería insultarme a mi mismo. Me dediqué pues a pasar examinando los diferentes objetos para ver más los defectos de aquel decorado, ya que estaba me iría de aquel lugar aprendiendo como no hacer una escena para una atracción de miedo, puede que en algún momento de mi vida aquello me fuera útil. En este caminar hallé lo que se suponía que era la guinda del pastel. Una bola de cristal colocada encima de una mesa redonda en la que parecía que había una cabeza flotando en su interior. Debía admitirlo, aquello era lo más elaborado de toda la habitación, pero el ambiente no era para nada propicio para que aquel elemento pudiera provocar algo por si sólo. Me acerqué para examinar aquella bola, y bueno, mis buenas expectativas se fueron por donde habían venido cuando vi que la cabeza flotante no era más que el reflejo de una cabeza artificial mal montada.

- ¡Vaya! ¡Y yo que esperaba algo emocionante!

Sin embargo, mis ojos se fijaron en una especie de frase tallada en la base de la bola de cristal. Algo que no podías ver a simple vista si no te fijabas. Me acerqué para intentar descifrar que decía.

-"Tu alma es de Discordia."- leí en voz alta.

Bueno, debo admitir que la frase en aquel momento si que me asustó, pero todo aquello se parecía demasiado a una mala broma como para poder tomármelo en serio.

-Como usted diga, cabeza flotante. - improvisé una reverencia y me giré en busca de la salida. No podía retrasarme mucho si quería que Nuria no pensara que me había ido sin ella.

Tomé el pomo de la puerta, cerré los ojos mientras pensaba en qué iba a decirle al feriante sobre la decepción de su atracción, y la traspasé.

-¿Tanto bombo para...? - me quedé con la palabra en la boca.

En primer lugar estaba hablando sólo, el feriante no estaba donde debería estar. Y en segundo lugar, nada estaba donde debía estar. Ante mi se abría un páramo totalmente oscuro, salvo por una única antorcha que alumbraba la presencia de un espejo.

-Esto....- me quedé mirando a la antorcha y al espejo sin comprender nada de lo que estaba pasando. -Me he confundido de puerta... -me dí la vuelta para volver sobre mis pasos pero mi mano quedo suspendida sobre un pomo que en verdad no estaba, al igual que la puerta que me había llevado a aquel lugar.

Miré perdidamente al infinito oscuro en el cual antes había estado la puerta y tras ella aquella habitación tan cutre.

"¡Oh vamos!" sonreí sintiendo un pequeño tic en el ojo. "Esto debe de ser una broma..." pensé mientras comencé a entonar una risilla involuntaria.

Volví a girarme para encararme al espejo y la antorcha. Al no tener ningún otro punto de referencia, decidí que lo mejor era acercarse a la luz. Supuestamente la luz siempre representaban los lugares donde uno podía estar a salvo, y aquella oscuridad... me envolvía de una forma extraña... Algo en aquel lugar no era normal... Caminé con el paso más firme que pude, sinceramente estaba luchando por controlar el temblor de mi cuerpo.

-Ircan...- escuché en un susurro del viento.

"Es sólo tu imaginación... Aquí no hay nadie... Es parte de la atracción" me intentaba convencer de cosas que en verdad no podían ser reales, ¡maldita sea! ¡todo aquel espacio era demasiado grande para aquella ruina de cabaña!

-Ircan...- otro susurro acompañado de un extraño escalofrió en la espalda.

Apreté los dientes, cerré los ojos y seguí caminando. ¡No podía caer presa del miedo!

-Ircan...- sentí como si unos dedos hubieran acariciando mi nuca.

Me giré rápidamente mientras llevaba la mano a mi espada. Mi mirada se posó, cargada de miedo, sobre un enemigo invisible que en realidad no existía.

-Ircan... - escuché el susurro a mi espalda mientras una potente ráfaga de viento me golpeaba en la cara, echándome hacía atrás la capucha, obligándome a volverme para poder ver algo. -Ircan...- la voz ahora se escuchaba delante de mi, y me conducía al espejo.

Me acerqué aunque en verdad no quería. Y miré el reflejo que me mostraba el cristal.

Lo primero que me llamó la atención fueron los ojos totalmente negros y cuyas corneas manaban sangre. Tal fue el impacto que el cuerpo reaccionó por si sólo y se alejó de aquel espejo para evitar mirar mi reflejo.

"¡Ircan no seas idiota!" me llevé la mano al corazón. "Nuria ya te ha contado como fue la primera atracción en la que se entró. Sabes que algunas atracciones usan estos espejos trucados para asustar. Pero nada es real." miré de reojo al espejo con cierta desconfianza. "Voy a hacer todo este paripe para salga el feriante diciendo "te lo has tragado" y así poder volver cuanto antes con Nuria. Si, ¡eso es!"

Era obvio que necesitaba tranquilizarme y que me dije las palabras adecuadas, pero vamos... que no se si fue la peor decisión que he tomado en mi vida.

Volví a mirar mi reflejo. Obviando el traumático detalle de los ojos, el resto era totalmente normal. Llevaba mi disfraz de clérigo muerto abultado por mi armadura, las espadas a la espalda y la capucha echada para atrás. Nada cambiaba salvo aquellos ojos. Sabia que no era la primera vez que veía aquella imagen de mi, pero todo aquello había sido un sueño1, aunque la verdad es que en aquel momento no estaba tan seguro.

"¿Cómo puede mostrar este espejo ese sueño...?" me pregunté mientras seguía examinando la imagen del espejo, intentando encontrar algún detalle que me mostrara que no era igual. "¿Cómo lo puede saber un corriente feriante?"

De no haber estado cagado de miedo seguramente hubiera alabado el ingenio del feriante y el contraste realizado entre la sala cutre y aquel pedazo de sala. Sin duda eso me había convencido de que todo aquello era real. Todo parecía demasiado real... La sangre que supuestamente brotaba de mis corneas parecía incluso que se movía y manchaba la tela de mi disfraz. Me llevé la mano para desechar mi loco pensamiento de que en verdad tenía sangre saliendo de mis corneas. Mi reflejo me imitó. Moví lentamente la mano hacía mi mejilla. Y mi reflejo me imitó. Toqué mis mejillas... Y mi reflejo lanzó su mano para agarrar mi cuello atravesando el cristal. Ahogué un grito mientras me echaba instintivamente hacia atrás, mis ojos miraron petrificados como mi reflejo salia del espejo mientras mis manos se movían para evitar que las suyas me atraparan.  Me menté se nubló por el miedo y provocó que trastrabillará con mis pies y cayera al suelo rodando por él mientras intentaba alejarme por inercia de lo que fuera que fuese aquello.

-¡Ven aquí! ¡Voy a matarte!- conocía muy bien esa voz, y puede que aquello me hiciera recuperar en parte la razón.

Tomando algo de distancia levantándome apresuradamente, en lo que fue una verdadera lucha para mantenerme de pie, vi como mi otro yo comenzaba a desenvainar sus espadas. Fue entonces cuando me di cuenta que había algo que me faltaba, algo que había estado presente cada noche en mi cabeza, y que lo había estado hasta ese momento. No había ni rastro de aquella familiar jaqueca que cada noche me asediaba2. Eso significaba...

-¡Sí, imbécil¡ ¡Eso significa que estoy aquí! - me respondió con una fría sonrisa como si hubiese podido leer mis pensamientos. Lo miré notando como mi voz había desaparecido y como mi corazón era totalmente invadido por el miedo, haciendo que incluso pareciera que había dejado de latir. -Y esta vez...- se relamió los labios mientras me miraba. -No es un sueño en el que puedas salvarte.

"¡No puede ser!" di un paso hacía atrás mientras miraba como él se acercaba. "¡Es imposible! Él...él..." las lagrimas se acumularon en mis ojos. Quería llorar. Hacerme una bola en el suelo y llorar. "¡Él no puede estar aquí! ¡N-n-no, n-n-no puede!"

Quería rendirme, quería quedarme allí. Pero una parte de mi no estaba de acuerdo. Una parte de mi no quería dejarse dominar por el miedo. En un nuevo acto instintivo, me mordí el labio todo lo fuerte que pude para autoinfligirme el dolor suficiente para despertar. Para poder moverme. Tenía que encontrar una salida. Debía de encontrar una salida.

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Off rol:
1: Hago referencia al tema de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] dónde aparece ese otro yo.

2: Para hacerlo más creíble para Ircan y que vea todo como más real de lo que ya le parece. He pensado que la maldición del lugar o lo que quiera que sea la explicación de todo esto le haga pensar que "ha perdido" su yo lobo, que más o menos el lo piensa así. Aunque obviamente todo esto es fruto de su imaginación y de su estado de pánico.

Y bueno añado aquí el equipo y objetos que llevo en esta misión

Spoiler:
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Soy consciente de que no puedo usar la espada de calidad normal, debido a que soy un nivel 0 y no la usaré.
Ircan
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Re: Discordia [Misión] [Evento Horrorween]

Mensaje  Sigel el Dom Nov 05 2017, 19:05

Puertas y más puertas. Era tan obvio que el chico, el recién llegado, acababa de pasar por su primera puerta que, al verlo, Niel Creed no pudo evitar soltar una larga risotada mientras que con la mano derecha se peinaba la espesa barba rojiza y la izquierda se sujetaba el barrigón.

-¿Qué has visto joven? Déjame adivinar: ¿una grotesca mujer que tenía dientes en lugar de verrugas o un adorable niño lamiendo una cabeza cortada como si fuera una golosina? – por horribles que parecieran las pesadillas, a Niels le hacían gracia- No, no tienes cara que te den miedo ni los niños ni las mujeres; pareces del tipo de hombre que quiere hacer niños con mujeres-.

Después de una tercera gran risotada, Niel se echó a llorar. Ocurrió en un momento, todo en un mismo segundo. El grandullón se cayó de rodillas, muy cerca de donde estaba el recién llegado.

Un corrillo de personas, todas atrapadas bajo la misma maldición se juntaron alrededor. Niel se tapó los ojos con las dos manos. Se tomó un tiempo para soltar todo su llanto. Luego, otro cambio de personalidad. El hombre se levantó del suelo de un salto, apuntaba sus puños, grandes como martillos, hacia las personas que lo observaban como si les estuviera retando. “¡Adelante, el primero en decir una palabra se lleva el premio gordo!”

-¡Vais a decirme que vosotros nunca habéis llorado! El próximo que se ría le daré un puñetazo en la nariz-.

Puertas de todos los colores se abrieron de la nada. Tan rápido como aparecieron, los malditos de Discordias se fueron por donde habían llegados. Cada quién tenía infinitas habitaciones por ver. Pararse en la pesadilla de un recién llegado era tan imprudente como sentarse encima de una hoguera. Niel fue el único que se quedó. Su nuevo estado de ánimo le otorgaba la osadía necesaria para tumbarse a dormir en el fuego de una hoguera.

No se sentía cómodo en el sueño del chico. En medio de una infantil nada, la propia de cualquier nuevo invitado que no conoce Discordia, clones del mismo chico salían de los expuestos sin ninguna razón más allá que la de crear locura. Niel Creed conocía muy bien cómo debió sentirse el chaval. ¡Qué le partiese un rayo! Los cambios de humor de Niel eran frutos de la locura provocada por Discordia. Y, todavía había más, en su primera habitación, también él se desmayó al igual que el chico.

-¡Levántate gusano! Debería darte vergüenza verte llorar así, ¿qué harás cuando lleves doscientas diecisiete habitaciones como y tengas los cojones maduros como yo?- el siguiente cambio de humor, tan severo como los anteriores, convirtió al vikingo en algo parecido a una cariñosa madre. Se puso de rodillas al lado y revolvió el pelo del chico. –Sé que estás asustado, pero no te preocupes. Nada de lo que te encontrarás en las siguientes habitaciones te hará más loco de lo que yo estoy-.

_____________________

* Ircan: En la primera habitación, la de tu peor pesadilla, encuentras a Niel Creed. Un hombre con el típico aspecto de los vikingos con cambios de personalidad, a cada cual más severo. No hay nadie más en la sala. Solo tienes a él. En el siguiente turno, deberás apoyarte en Niel. Crea una relación con el hombre, quizás te pueda ayudar. Otro asunto, aprovecha para preguntarle todas las cuestiones que tendrás en tu cabezita sobre Discordia, yo las responderé en el siguiente (que diga la verdad o mienta, es otro asunto).
Personajes prohibidos para el siguiente turno: Hont
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Re: Discordia [Misión] [Evento Horrorween]

Mensaje  Ircan el Lun Nov 20 2017, 02:13

La cabeza me daba vueltas. Tardé bastante en darme cuenta de que tenía los ojos cerrados y que estaba tumbado en el suelo. ¿Qué había pasado? Tenía miedo de ver de nuevo a mi otro yo frente a mi. Pero no notaba su presencia, había algo diferente...

El sonido de una carcajada desconocida me obligó a abrir los ojos. Cuando lo hice, frente a mi había un corpulento hombre pelirrojo sujetándose la barriga y peinándose el pelo a un lado. Retrocedí instintivamente mientras este comenzaba a hablarme con total confianza. Se interesó por mi pesadilla, o así la había llamado él ya que a mi me había parecido muy real, pero no me dio tiempo a responder, directamente supuso todo lo sucedido. Comenzó a reírse para luego comenzar a llorar, ¿qué le pasaba a este hombre?. Miré a mi alrededor y vi que no estábamos solos, había más personas. El hombre, siguiendo con su llanto, se tiró de rodillas muy cerca de mi. Esto provocó que el resto nos rodearan, sinceramente me asusté, no conocía a esa gente de nada y después de aquella "pesadilla" no es que estuviera muy predispuesto a fiarme de alguien. Pero aquel problema se solucionó prácticamente solo. El hombre pelirrojo enseguida se alzó esgrimiendo los puños, amenazando a todo aquel que intentara reírse de él. Esto espantó al resto de personas, que desaparecieron por puertas que aparecieron de la nada para luego esfumarse como el humo.

-"Interesante..." me rasqué el mentón mientras cavilaba aquel dato. Me acordé del momento en el que mi puerta desapareció. "¿Cómo funcionará? ¿Seguirá alguna lógica?"

Cuando se fueron, la habitación volvió a ser la del principio, con espejos desde los cuales salía aquella terrible imagen de mi, aunque noté que estas no se acercaban. Saber que aquellas apariciones no eran dañinas físicamente me tranquilizó bastante. Aunque ahora el que me asustaba era mi acompañante. Con un brusco cambio de humor, que en ese momento si que noté, me ordenó de malas formas que me levantara dándome junto a ello un interesante dato: aquel tipo llevaba un porron de tiempo en Discordia. Con otro repentino cambio de humor me mostró un lado más amable arrodillándose junto a mi y revolviéndome el pelo como si me conociera de toda la vida, revelando otro dato importante: aquel tipo estaba loco y era consciente de ello.

-Bueno... sin duda eso me tranquiliza... - le miré con cierta desconfianza mientras notaba como me revolvía el pelo. -Pero...

-¡Ni pero! ¡Ni peras! - se levantó violentamente en otro cambio de humor señalándome con el dedo. -¡Que te levantes he dicho, maldita rata de cloaca! - juntó las manos y mostró un rostro amable. -Quiero decir... Que este sitio me es un poco incomodo, me gustaria ir a otro sitio más... - miró a un lado y a otro. - agradable...

- Si bueno... - me levanté antes de que le diera otro repentino ataque de rabia por el mismo asunto. -Reconozco que muy agradable no és, aunque no es que lo haya elegido. Por cierto, ¿cómo te llamas?

-¡Y a ti que te importa!

-Bueno yo....

-Me llamo Niel Creed, encantado. -me cortó dirigiéndome de nuevo una mirada amable.

"Debería comenzar a acostumbrarme a estos cambios de humor" reflexioné examinando el rostro del hombre. -Yo soy Ircan, un placer conocerte.

Me quedé mirándole pensativo. Puede que aquel hombre fuera mi unica oportunidad de salir de aquel lugar, debía de intentar empatízar con él.

- La verdad es que ha sido terrible... - Niel comenzó a mirarme con curiosidad, como incitándome a continuar. -En esta habitación he visto una imagen de mi interior que me aterra. Una parte de mi que quiere matarme y luego matar a todos mis seres queridos... Recordando lo que has dicho... No, no he visto a mis seres queridos muertos, no ha hecho falta. Esa visión ya me ha transmitido perfectamente ese sentimiento, el sentimiento del miedo previo a una tragedia.

El hombre mantuvó un rostro serio hasta que este se transformo mediante una sonora y estrafalaria carcajada.

- ¿Tienes miedo de ti mismo? - continuaba riéndose y yo no pude evitar ponerme algo rojo de vergüenza. - ¡Rectifico! ¡Tú ya estás más loco que yo! - se lanzó al suelo y siguió riendo sin control mientras daba golpes en el suelo con una mano y se sujetaba la barriga con la otra.

Yo bajé la cabeza cohibido y comencé a rascarme el brazo deseando que la tierra me tragara.

-Tranquilo, es broma. - Niel se reincorporó sin mostrar ningún síntoma de haberse estado descojonando antes. - Es imposible que estés más loco que yo. Y no debes de sentir vergüenza por tu pesadilla, todos tenemos nuestros propios demonios.- dijo dedicándome una sonrisa alegre.

- ¿Qué te pasó a ti? - recuperándome del momento bochornoso seguí con aquella fatal idea de intentar empatízar con aquel hombre.

Niel no me respondió, prácticamente me ignoró. Se giró y comenzó a caminar hacía un rumbo que sólo él sabia. Yo aún no sabía si podía fiarme de él, pero, me gustará a o no, era la única fuente de información cercana y una persona experimentada en aquel mundo. Puede que estuviera loco y bastante desequilibrado pero, por fortuna o por desgracia, no había más opciones, así que le seguí.

-¡Espera! ¡Me gustaría saber ciertas cosas de este lugar! - me apresuré para no quedarme atrás. A parte de mi deseo de querer obtener información, debo reconocer que no me agradaba la idea de quedarme solo con aquellos otros yo.

-¡Cállate!

- ¿Que es este lugar? - pregunté ignorando otro de sus ya característicos cambios de humor. -¿Cómo funciona? ¿Las puertas siguen alguna lógica para aparecer y desaparecer? ¿Hay alguien que controle este lugar? ¿Cómo podemos salir de aquí? ¿Por qué no quieres decirme como te quedaste encerrado?

Tras aquella batería de preguntas Niel se paró de golpe y se giró con brusquedad mostrándome una cara roja de ira.
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Re: Discordia [Misión] [Evento Horrorween]

Mensaje  Sigel el Miér Nov 29 2017, 21:18

Las preguntas no eran importantes, Ircan perdía tiempo en formularlas. Aunque, bien pensado, en Discordia no existía el tiempo. Podían perder todos los segundos que quisieran. Sentarse en el suelo y contar historias sobre las puertas, las habitaciones y los espejos como si estuvieran sentados alrededor de una hoguera era apetecible. ¿Cuándo fue la última vez que se atrevió a sentarse y charlar? Neil se giró con brusquedad hacia Ircan. Le miró de arriba abajo como si fuera un cibernético realizando sus funciones de analíticas. La voz de Niel fue grave y contundente:

-¡Porque no quiero!- lo siguiente lo dijo en el hombro de Ircan y susurrando en la oreja-  Es mentira, sí que quiero, pero no ellos no me dejan. Se supone que no puedo decirte nada. Lo tienes que ver por tus propios ojos. – dio un salto para alejarse del muchacho- ¡TE HE DICHO QUE NO!- al siguiente salto, volvía a estar encima suya acariciándole la cabeza- ¡Pobre cosita! ¿Me perdonas? Yo no quería gritarte. Ellos me han obligado. ¡Te lo voy a contar! Toma asiento y disfruta de mis historias. Fuera de Discordia creo recordar que tenía fama de buen orador. ¿O era comedor? Estoy seguro que algo así me llamaban. Sería muy triste que fuera comedor, no soy tan gordo. – ya sentado en el suelo, se acarició el vientre- ¿Tú crees que estoy gordo?- sonó como si acabase de recibir la noticia que sus padres habían muerto- No tengo el cuerpo de Thor, pero tampoco soy una masa de grasa. ¿Qué crees? ¿Merezco que me llamasen comedor?-

Niel Creed parecía a punto de echarse a llorar. Por un momento, creyó sentir las manos de Discordia moviendo los hilos por encima de su mente (y sus emociones) como si fueran las manos de un titiritero. Con rápidos movimientos negativos de su cabeza, se deshizo de la ida. Discordia no eran imágenes, emociones o recuerdos, eran peligros reales; él lo sabía muy bien. En el interior de Discordia, y quizás también fuera de ella, no había nada más real que no fuera la misma Discordia. Las manos del titiritero eran un burdo producto de su imaginación, una metáfora para explicar algo que no llegaba a comprender.

Otro cambió de expresión. Su rostro abandonó la tristeza y se sumergió en la más afilada indiferencia. Fingió coger un palo de suelo que utilizó para reanimar las brasas de una hoguera que no existía.

-Este lugar se llama Discordia- empezó a hablar con voz seca – No Funciona. – eran las respuestas a las preguntas de Ircan- No hay lógica. Discordia lo controla Discordia. No podemos salir. Entre por la puerta de la Feria de los Horrores-.

Entonces, surgió la magia de Discordia. La hoguera y el palo de madera se hicieron realidad. Niel Creed jugueteó con el fuego hasta que la punta del madera se hizo de color negra. Levantó el palo y apareció una brocheta de carne churrascada clavada en él.

-¡Justo como me gusta: socarrado, no quemado!- volvía a ser la voz alegre y triunfal de un vikingo.

Dio un muerdo a la brocheta de carne sin prestar atención a lo que pasaba en el fuego. Otra puerta, roja y marrón, brotaba, como si se tratase de un enorme algo, desde el centro de las brasas. La puerta no parecía conducir a ningún lugar; solo era un marco sin entrada ni salida. Niel Creed ya estaba acostumbrado a las tretas de Discordia. Sabía que una puerta nunca era solo una puerta al igual que una brocheta nunca era solo una brocheta.

Unas pequeñas patitas comenzaron a desgarrar la brocheta de carne desde el interior. Niel no le dio importancia y dio un segundo mordisco. Rápidamente, nada más clavar los dientes en la carne, abrió al completo. Desde la carne y desde la boca de Niel salieron asquerosas moscas negras con patas y pinzas de escorpión. Tenían afilados dientes con los que comían tanto la brocheta como la boca de Niel.

Desde el otro lado de la puerta roja y marrón, salió un enjambre de estas moscas; todas directas hacia Niel e Ircan.

-¡A las armas acabaremos con ellas!- cambio de humor- Huye, nos comerán vivos-.

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_____________________

* Ircan: No hay mucho que explicar. Niel está loco y hace sus locuras. En un momento, mientras por fin te contesta a tus preguntas, Discordia hace su magia. Una de cal, regala a Niel la hoguera de campamento con que soñaba, y una de arena, aparece el enjambre de esas malas criaturas. El objetivo de este turno es fácil: deshazte o huye del enjambre. ¡Cuidado! Pican, muerden y comen carne.
Deberás lanzar la Voluntad de los Dioses.
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Re: Discordia [Misión] [Evento Horrorween]

Mensaje  Ircan el Miér Dic 06 2017, 03:01

Recibí la primera negativa violenta del vikingo sin sorprenderme, la esperaba, y me centré en obtener toda la información que aquella pobre mente demente pudiera darme de forma voluntaria o involuntaria. Me quedé petrificado cuando él se acercó a mi para susurrarme algo al oído.

"Ellos no le dejan..." repetí en mi mente las palabras de mi acompañante. "Así que finalmente hay alguien o algo detrás de todo esto, no es un simple error." me rasqué el mentón mientras Niel volvía a tener otro cambio de humor. "¿Por qué querrán tener a gente aquí encerrada? ¿Por qué me susurra ciertas cosas?" miré a mi alrededor. "¿Acaso nos estaba viendo o escuchando alguien más? pero mis pensamientos se fueron a la nada cuando el hombre se acercó de nuevo para acariciarme la cabeza y pedirme perdón, a lo cual sonreí con disimulo.

Me senté siguiendo las indicaciones de mi compañero esperando que me diera alguna otra pista. Sin embargo, él optó por irse por las ramas con un tema bastante banal. Negué pacientemente con la cabeza y le insté con la mirada para que siguiera contándome aquel secreto. El mientras parecía que estaba luchando contra si mismo, ¿que le estaría pasando por aquella cabeza para reaccionar así?

Otro cambio de humor, pero este fue muy diferente. No había furia o amabilidad en su rostro, ahora mostraba indiferencia, algo que no había mostrado hasta ahora.

"¿No funciona? Eso no me ayuda mucho" escuché en silencio mientras intentaba buscar el significado a sus respuestas. "¿Cómo no va a tener lógica? ¡Todo tiene una lógica!" miré al suelo, justo donde Niel había comenzado a jugar con un palo imaginario. "¿Significará otra cosa?" en mi mente comenzó a crearse una ligera idea, una loca solución, tan loca seguramente como Niel o aquel extraño mundo. "No podemos salir..." sonreí para mi mismo mientras aquella idea tomaba forma, ¿puede ser que ya me había contagiado de la locura de Niel?

Sumergido en mis alocadas hipótesis no me di cuenta de que la hoguera y el palo imaginario de Niel se habían materializado. Miré sorprendido como un enjambre de unas extrañas moscas salían escupidas de la boca del vikingo, lo que me hizo llevarme la mano al corazón para asegurarme de que este seguía latiendo, y vaya que si latía. Un numero aún mayor de aquellas extrañas moscas, procedentes de una extraña puerta que había aparecido de la nada, se unieron a las que salieron de Niel, No me di tiempo para impresionarme mucho más ni para hacerme muchas más preguntas, ¡tenía que reaccionar ya!

Alargué mi mano hacía la hoguera y tomé un palo en llamas, que comencé a zarandear rápidamente intentando golpear a alguna mosca y ayudándome del fuego para mantenerlas alejadas. Supuse que los bichos, ya sean raros o normales, de Discoria o reales, todos eran vulnerables al fuego, o por lo menos no eran muy amigos.

Las moscas eran demasiadas. Niel se las estaba quitando de encima a manotazos mientras corría alternando entre gritos de guerra y otros de horror. Pude ver como comenzaba a sangrar por unas pequeñas heridas originadas por las moscas.

"Esto no me gusta nada." me agaché para tomar otro palo ardiendo y así doblar mis esfuerzos para mantener a aquellos bichos que comenzaban a rodearme peligrosamente. "¡No podemos con ellas! ¡Hay que huir! ¡La puerta!" la miré por el rabillo del ojo. "¿¡Estas loco!?" sonó la voz de la prudencia. "¡Han salido de ahí! ¡Seguro que es el nido de esas cosas! ¡Habrá muchas más!"

Apreté los dientes y grité cuando una de aquellas cosas me mordió en el antebrazo, haciendo que soltará uno de los palos. Me agaché rápidamente para volver a tomar el palo ardiendo, no podía permitirme perder cualquier tipo de recurso contra aquellas cosas.

"¡Maldita sea! ¡No hay lógica! ¿Recuerdas?" me giré y salí corriendo hacía la puerta. -¡Niel! ¡Huyamos por aquí! le grité a mi compañero esperando que me siguiera.

En aquel momento no podía hacer nada más, era un salvase quien pueda. Mientras, oraba a todos los dioses para que la puerta pudiera abrirse, y por algo aún más importante, para que no me esperara tras ella el resto de la familia de aquellos insectos.


Última edición por Ircan el Miér Dic 06 2017, 03:40, editado 1 vez (Razón : corrección de algunas faltas y erratas)
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Re: Discordia [Misión] [Evento Horrorween]

Mensaje  Tyr el Miér Dic 06 2017, 03:01

El miembro 'Ircan' ha efectuado la acción siguiente: La voluntad de los dioses


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Re: Discordia [Misión] [Evento Horrorween]

Mensaje  Sigel el Sáb Dic 23 2017, 12:56

La idea del fuego sirvió para mantener, al menos durante un corto tiempo, a los insectos a una distancia prudente. Pronto, los bichos concentraron en un enjambre y, entonces, el fuego no sirvió de nada. Mirase por donde mirase, una cortina de alas, patas y aguijones cubrían sus ojos. Niel fue el que más mordiscos recibió. El vikingo se sacrificó por su nuevo amigo; rodeó la espalda de Ircan con sus enormes brazos para proteger el último de los palos de fuego.

-¡Corre, hacia delante!- tenía la boca llena de insectos, apenas se podía entender qué era lo que decía- Te tengo bien cogido. Tú corre. ¡Por todos los Dioses, corre!-

Una puerta se abrió delante de ellos. ¿Bendición o maldición? Lo compraría, dentro de muy poco.

-¡Adelante!-

La puerta desapareció antes de que el enjambre pudiera atravesarla.  Justo a tiempo. Justo Discordia. Niel sonrió durante un segundo. Luego, vomitó una mezcla de abdómenes de insectos y sangre. Se limpió la boca con saliva y volvió a vomitar. Ircan había sido mucho más inteligente. Durante la pequeña batalla, no habló más que lo justo. Además, la idea de utilizar los palos de fuego para ahuyentar a las moscas fue brillante. ¡Una genialidad! ¡Oh Discordia!. Niel, en cambio, no quiso renunciar al sabor de la brocheta de carne. Desde que había entrado en Discordia, no había probado bocado. Eso fue hace mucho tiempo. Días, semanas, meses… No estaba del todo seguro. Tragar un par de bichos era un precio que estaba dispuesto a pagar; por lo menos su personalidad más valiente lo estuvo. Ahora, el hombre estaba contemplando la tierra batida mientras se preguntaba por qué había sido tan estúpido.

Quizás porque había perdido toda la curiosidad de saber a qué lugar le llevaría cada puerta o quizás porque estaba muy dolorido por los múltiples mordiscos y picaduras; Niel tardó unos minutos en levantar la vista al frente. Cuando por in lo hizo, soltó una tremenda risotada. El paisaje era perturbador, cualquier otra persona hubiera entrado en pánico. A Niel, que ya había estado ahí antes, le entró la risa.

Estaban en el interior de una nueva grieta; atrapados por dos enormes paredes de roca maciza. Encima de éstas, hombres cuervos desplumados coronaban las alturas.

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-¿Ves ese de ahí, el que tiene una mancha blanca en el pico? Es amigo mío. Se llama Berto. Si le das una galleta, te cantará una canción de amor. Y el de allá, el que tiene un ala quemada, se llama Gardo. A él no le tienes que dar nada, no sabe cantar- cambio de personalidad. Cogió la mano de Ircan con la delicadeza de una madre – Tiene muy mal aspecto, pero te pondrás bien. Cura, cura. Cura sana. Si no se cura hoy se curará…- besó la herida- ¡Mañana!- volvió a reír. Hablar sobre el mañana en un lugar donde no existía el tiempo era como un chiste que solamente él entendía.

Los cuervos sin plumas observaban a Ircan y Niel como si estos fueran los participantes de un único desfile. Aunque solo movieran su cabeza, parecían disfrutar de lo que hacían y decían sus invitados; Niel sabían a la perfección que se estaban divirtiendo. Si tuviera una galleta, se la daría a Berto como premio. A Gardo no; sus canciones eran horribles.

El hombre levantó la mano. Como antes pasó con la hoguera y la brocheta de carne, una galleta apareció en su mano. Fue una fortuna que esta estuviera libre de insectos. Sin pensarlo dos veces, lanzó la galleta al cuervo que había bautizado como Berto.

-Ya verár cómo canta, er hermoro- cada vez hablaba peor. La lengua se le había inflado por las picaduras. –Te gurtará-.

Una vez se comió la galleta, Berto abrió el pico y comenzó a graznar. Los otros cuervos, incluidos Gardo, le siguieron al unísono. El resultado final era un sonido cada más estridente; un peligro peor que el enjambre de moscas.

De la oreja izquierda de Ircan salió un pequeño hilo de sangre. Niel, curioso, lo tocó la sangre con el dedo índice.

-¿¡NO TE GURTA COMO CATAN!? ¡RI LER DOY OTRA GALETA BAIAN! ¡¿QUIERER QUE BAIEN?!- tuvo que gritar por encima de los graznidos para hacerse oír.

_____________________

* Ircan: Has salido de la sartén para entrar en las brasas. En el nuevo escenario estás en el interior de un cañón. Por encima de las paredes están los hombres cuervos sin plumas. El graznido resulta letal. Niel está a punto de lanzar una galleta al cuervo que llamó Berto. Deberás elegir entre tres opciones: dejar que le dé la galleta por ver qué ocurre, huir del lugar por otra puerta o combatir contra todos los cuervos.
Si eliges cualquiera de las dos últimas opciones deberás lanzar la Voluntad de los Dioses.
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Lo siento mucho por la larga espera. Ayer me disculpé en público en este tema ([Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]), pero me gustaría hacerlo otra vez, en un tono más personal. He tenido unas semanas horribles a lo que mi vida privada se refiere. ¡Ni te lo imaginas!  Poco a poco, quiero ir poniéndome al día con todo. Lo siento mucho.
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Re: Discordia [Misión] [Evento Horrorween]

Mensaje  Ircan el Jue Dic 28 2017, 21:43

Niel se colocó detrás de mi protegiéndome de aquellos bichos mientras yo me centraba en abrir la puerta. Está se abrió sin oponer resistencia, Niel y o la traspasamos sin dudar ni un segundo. Cerré la puerta con una patada para darle con ella en las narices a aquellos insectos.

Me había cabreado y provocó que el lobo de mi interior comenzará a fluir en mi intentando tomar el control.

"¡No! ¡Ahora no!" zarandeé la cabeza y apreté los dientes intentando concentrarme.

Mientras, Niel hablaba en un sonido de fondo que me me era casi imperceptible.

"¡Eres un inútil! ¡Al final harás que nos maten!" las barreras mentales que lo contenían retumbaron en mi interior.

Es amigo mío. Se llama Berto. Si le das una galleta, te cantará ... Y el de allá .... se llama Gardo. - Niel seguía hablando y yo no era capaz de captar muchas de sus palabras.

"¡Dejame en paz! ¡No conseguirás el control de mi cuerpo!"

En aquel momento Niel me cogió de la mano del brazo herido. Tanto el lobo como el humano se quedaron perplejos ante el acto de aquel hombreton, que con la delicadeza de una madre, beso mi herida. Aproveché ese pequeño momento de confusión para volver a retener al lobo, obteniendo una victoria a medias. La bestia había dejado de molestar, pero los efectos que en mi cuerpo producía no. Mi cuerpo recibía un exceso de información, en forma de olores y sonidos, que a mi cerebro le costaba asimilar.

Intenté reprimir aquello mientras comenzaba a tomar consciencia del lugar en el que me encontraba. La forma más rápida de describirlo sería decir que era el escenario propio de un buen cuento de terror. Una grisácea y oscura grieta que sólo era iluminada por el fuego de los palos ardientes que aún duraban en mi mano y la luz del firmamento en las alturas.

Niel se estaba dirigiendo hacía algo situado, precisamente, en lo alto de la grieta. Levanté la improvisada antorcha y pude distinguir una especie de cuervos humanoides sin plumaje. Se me revolvió el estomago y evité llevarme la mano a la boca para no soltar el otro palo.

Niel lanzó una galleta a uno de esos cuervos. No se de dónde pudo sacarla. Yo seguía alumbrando a aquel ser. Cuando este acabo con la galleta comenzó a graznar. En apenas unos segundos toda la bandada se puso a graznar tan fuerte que sentí como mis tímpanos podían romperse. Un calido liquido viscoso comenzó a salir de ellos, no me hizo falta pensar mucho para saber de que se trataba. Solté los palos que se apagaron cuando cayeron al suelo. Siendo lo más rápido posible, saqué el cuchillo que tenía guardado en mi cintura por debajo del disfraz de clérigo. Empuñé el cuchillo y rasgué la estela del disfraz haciendo pequeñas tiras de tela que coloqué en mis oídos intentando protegerme de aquel estridente sonido.

Habiendo minimizado un poco el impacto, por lo menos de momento, miré a mis supuestos agresores. Estaban demasiado altos como para enfrentarme a ellos, sólo un arquero podría hacer algo en aquella situación, y yo no lo era. Niel sacó otra galleta y parecía preguntarme si podía dársela ¿Eso haría que se callaran? Ni idea, solo me fije en los gestos que hizo para intentar comunicarse conmigo. Con las manos señalo hacía abajo. Si el plan era darles esas galleta para que bajaran y se callasen no era una mala idea, siempre y cuando estuvieras tan loco como Niel. Tomé la galleta de la mano de Niel y se la lancé a un cuervo diferente.

-¡Se la has lanzado a Gardo!- rechistó Niel con su personalidad malhumorada, aunque no lo pude escuchar.

Yo, suponiendo que era una replica me encogí de hombros.

-Me ha parecido que tenía hambre.

________________________________________________________________________________________________________
No te preocupes Sigel, es comprensible ^^. Por cierto me ha gustado mucho la foto de los cuervos. A ver que sigue ahora jajaja.

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Re: Discordia [Misión] [Evento Horrorween]

Mensaje  Sigel el Sáb Ene 06 2018, 16:25

-Estarás contento- dijo Niel con tono de sarcasmo - Te dije que Gardo no sabía cantar. ¡Mira lo que has conseguido! Ahora todos se han callado por tú culpa-.

Una parte de su subconsciente estaba molesto con Ircan. A Niel le gustaba la canción de los cuervos, siempre que fuera a Berto a quien se le diese la galleta.  Ircan, en lugar de hacer callar a los cuervos, podría, más bien debería, haber cogido de la mano de Niel y bailar. Hubiera sido tan hermoso… Niel fingiría sonrojarse, invocaría un abanico con el que se cubriría la mitad inferior de la cara y cortejaría con los ojos de una doncella a Ircan. “Oh Discordia, ¿es a mí? Soy la única doncella de la fiesta, ¡claro que es a mí! No hay otra doncella en la fiesta”. Estarían bailando durante horas; a los cuervos no les importaría cantar durante todo aquel tiempo y a Discordia tampoco le importaría que se quedasen por más tiempo en la grieta.

Niel dedicó una mirada de fría indignación, como la de una mujer despechada, a Ircan. La respuesta del chico (tenía hambre) provocó un cambio, muy oportuno, de personalidad. Niel soltó una gran carcajada que retumbó por todas la grieta. Cuatro hombres cuervos volaron espantados por el estruendo de la risa.

-No muerdas la mano que te da de comer- le dije a Gardo con la voz de un viejo refranero y cascarrabias. Luego, a Ircan: – Ya conoces el refrán: les das la mano y te comerán el brazo-.

Sacó un pañuelo del bolsillo del pantalón. Lo utilizó para limpiarse su oreja izquierda de sangre y el peto de Ircan de migas. Cuando terminó, le estiró de la oreja y le dijo con voz suave y amenazadora:

-Me debes un baile y una canción- le soltó de un empujón - ¡Oh Discordia llévanos a vuestro salón! Ircan y Niel Creed bailarán a vuestra salud-.

_____________________

La puerta se abrió en frente de los dos. Para mayor comodidad, era la puerta quien se movía hacia Ircan y Niel, ellos no tenían que hacer nada. Eran invitados a los salones de Discordia, y Discordia sabía tratar muy bien a sus invitados. No tenía vergüenza en reconocerlo: a veces, pecaba de ser tan buen anfitrión. Concedían a sus gentes aquello que quisieran: una hoguera, una brocheta de carne, una canción para enamorar…, con lo que fuera que soñasen, Discordia lo invocaba. Casi se le olvidaba que sus invitados entraron para pasar miedo. Los insectos daban mucho miedo, sobre todo si tiene las peores partes de cada bicho. Y quien dijera que los cuervos, mensajeros del mal augurio, no daban miedo se equivocaba. ¡Así de bueno era con sus invitados! Les concedía deseos y terror.

Ircan y Niel aparecieron el salón de Discordia, el cual parecía taberna sin paredes y mesas infinitas, vestidos de caballero y doncella respectivamente. Sentados, en las mesas estaban absolutamente todos los invitados de Discordia: elfos, humanos, vampiros e incluso un hombre-zarigüeya; llegaron para ver el espectáculo prometido por Niel.

Sentado en una silla dos veces más grande y que no escatimaba en adornos, Discordia presidía el lugar. Mientras los recién llegados se acomodaban con sus nuevos trajes y al escenario preparado, Discordia jugaba con un ojo que él mismo había convocado. Lo hacía rodar entre sus dedos como si fuera una moneda. Le fascinaba el tacto blanducho y delicado del ojo. ¿Todos eran iguales? ¿Podía existir un ojo tan resistente que no se rompiese al caer al suelo? ¿A qué sabría?

-Aguanta- le paso el ojo a Ircan - Si consigues que no se te rompa bailando te daré un premio. Una pista: no será una galleta-.

Niel ya estaba preparado para el baile. Era un bruto humano del norte de Verisar, entre sus costumbres estaba la de utilizar grandes hachas para bailar con sus enemigos. Discordia, gran anfitrión, le concedió su deseo: dos grandes hachas para que cortar y recortar la cabeza de Ircan. ¡Esto iba a ser divertido!

Discordia:

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_____________________

* Ircan: El objetivo en el siguiete turno es doble:
Describir el salón infinito de Dioscordia. Invitados y su anfitrión incluido. Aunque tú puedes reconocer a los invitados, ellos no lo te reconocerán. Ni Hont ni nadie sabrá quién eres.

Enfrentarte contra Niel en un baile al estilo vikingo. No olvides lanzar la voluntad de los Dioses.
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Re: Discordia [Misión] [Evento Horrorween]

Mensaje  Ircan el Dom Ene 07 2018, 13:43

Si tuviera que escoger una imagen fielmente descriptiva de la frase "una de cal y una de arena" tomaría un retrato mio sin dudarlo. Me había librado de unas asquerosas moscas come carne, una de cal, para caer en el nido de unos ruidosos y peligrosos cuervos humanoides desplumados, una de arena. Había conseguido que los pajarracos se callaran para que no me estallaran los oídos, otra de cal, para ahora estar en medio de un infinito salón-taberna, vestido de caballerito, y enfrentado a una gigantesca mole vestida de damisela que sostenía dos hachas y esperaba el primer paso de un mortal baile, otra de arena. Sin duda era la imagen perfecta. Pero no adelantemos acontecimientos, ya llegaremos a la mortal damisela de dos por dos después.

Por la más insólita de las suertes mi improvisada locura había funcionado, algo que seguro que aumento mi larga lista de deudas con los dioses. Había conseguido que aquellos cuervos se callarán. Por el contrario, Niel se había enfadado, ¿A qué loco se le ocurría enfadarse por ello? Correcto, al bueno de Niel, o no tan bueno. Tras aquello su comportamiento hacía mi cambio radicalmente. Intuí que el refrán no había sido únicamente dirigido a los cuervos. Me cogió por el cuello de la camisa y me alzó en vilo.

-Me debes un baile y una canción- me lanzó al suelo y caí de golpe sobre mi espalda, quedando durante un breve momento sin respiración.

Por primera vez en toda aquella extraña aventura vi en él los ojos de un enemigo. Me levanté mientras él invocaba a Discordia. No deje de observarlo, ¿Acaso había sido él el artífice de todo? ¿Niel era en realidad Discordia? Sin duda, él era otro perfecto retrato de aquella palabra.

La puerta invocada nos engulló llevándonos a un lugar que por lo menos en apariencia era agradable, el primero en todo aquel viaje. Mis ropas había sido cambiadas, ya no llevaba puesto el disfraz, ni siquiera llevaba la armadura, tan sólo mi colgante, mis espadas y mi daga. El lugar era inmenso, aunque la palabra inmenso era quedarse corto. Las mesas y sillas, típicas de cualquier y normal cantina, se sucedían una tras otra hasta el infinito. Estas estaban colocadas en forma de semicírculo, rodeando el pequeño espacio abierto en el que me encontraba junto a Niel, y partiendo desde el eje de un gran estrado coronado con una gran silla. Las únicas filas ocupadas eran la tercera y la cuarta, en ellas parecía que habían sido convocados todos los habitantes de Discordia, muchos de ellos estaban demacrados por la locura, y todos compartían una característica común, sus ojos carecían de brillo.

"¿Qué les han hecho a esta gente?" miré a los presentes.

Todos habían sido engalanados con las mejores galas. Muchas de aquellas prendas las había visto durante la II Gala de los Oscars. Parecía que cada raza lucía el mejor de los trajes en consonancia. Un hombre-bestia iba vestido con unas ropas triviales hechas de huesos, hojas amplias, marfil y pinturas corporales, un traje muy parecido al que empleo aquel hombre-bestia que tantos problemas dio. Algunos llevaban armaduras de gala, otros ropas más bastas pero elegantes a su modo. Incluso pude ver un traje que parecía que estaba envuelto en llamas, ¿sufriría el mismo destino?

-¿H...Hont?- fijé mi mirada en un pequeño punto de una de las mesas de la tercera fila. Un pequeño hombrecillo vestido con un chaqué y una camisa a escala me miraba con unos ojos sin luz. Sin duda era él. -¡Hont!.- No reaccionaba. No me reconocía. "¿Qué te han hecho?" reprimí la tristeza.

Busqué por la sala para encontrar al culpable de todo aquello. No fue difícil de encontrar. Presidiendo la estancia una figura gigante descansaba sobre aquel trono de oro y joyas. Una extraña luz parecía salir de aquel lugar, iluminando al dueño de todo aquello, Discordia. Sentado como estaba, sólo su tronco sería el doble que yo. Vestía una larga capa, con tonos dorados y oscuros, a juego con unas elegantes calzas aterciopeladas, y una amplia pechera blanca. Su cabeza estaba cubierta por un yelmo, también de toques dorados y oscuros, que me impedía ver su rostro.  En su mano derecha jugueteaba con una pequeña esfera, ¿una esfera? No, era un ojo, un ojo que si no era de verdad era demasiado realista, y de ser así fue demasiado realista para mi gusto.

Sin previo aviso me lanzó aquel ojo, que cogí al vuelo más por instinto y suerte que por habilidad. Al momento de sentir su viscoso tacto me arrepentí. Justo cuando mi estomago me ordenaba que soltará aquella cosa, llegó la advertencia. Me quedé parado y lo miré. La pupila se movió para devolverme la mirada. Algo se removió en mi interior, no podría asegurar si fueron mis tripas o algo más profundo, la cuestión es que me vi obligado a apartar la mirada.

"Esto parece importante." pensé mordiéndome el labio para reprimir mi agitación interna. "¿Si es así por qué me lo ha dado? ¿Si lo destruyo todo se acabará? ¿Todos seremos libres?" comencé a apretar aquella viscosidad entre mis dedos. Volví mi vista a los espectadores, me detuve. "Si todo fuera así de fácil alguno de ellos lo hubiera hecho, algo falla." volví a mirar el ojo. "Eso en el supuesto de que hayan estado en la misma situación que yo." apreté los dientes. "¿Qué debo hacer?"

-¡Vamos, chico! ¡No tengo todo el día! - me gritó Niel haciendo chocar sus hachas. -Bueno... en realidad tengo todo el tiempo del mundo, ¡Pero no me da la gana! - estalló de rabia y se abalanzó sobre mi.

-¡Espera! - grité alzando la mano que tenía libre. Por algún extraño motivo se detuvo. "Tengo que pensar en algo..." miré a Discordia, en lo alto de su palco. -Tu querías un baile y una canción. Y esto es un gran salón. Tenemos la pista. - pateé el suelo.- Tenemos los trajes. - señalé mi traje de príncipe con un gesto elegante. -Tenemos un gran publico. - puse los brazos en cruz y rodé sobre mi mismo. -Pero falta algo. ¿No lo notas? ¡Vamos! ¡Se que lo sabes! - le reté. Si quería tener alguna posibilidad debía de entrar en el juego.

-¡Música! ¡En un momento lo arreglo! - gritó alzando una de sus hachas preparado para invocar su deseo.

-¡No! - volví a detenerlo. -Yo soy el que te debe el baile, es mi deber como caballero el escoger una música adecuada para mi dama. - hice una pequeña reverencia. Niel sonrió complacido con la idea mientras comenzaba a afilar sus hachas una con la otra. "Es momento de tirar los dados."

Alcé la mirada hacía Discordía pensando en la canción adecuada para la ocasión. Volví ahora la mirada hacia Niel, un humano con un cuerpo fuerte y un rostro duro, no era la primera vez que veía aquel tipo de caracteres. Aquello me hizo recordar una enérgica canción que escuché durante mis viajes.

"Creo que se ajusta a él y..." pude notar la rebosante energía que despedía el emocionado cuerpo de mi contrincante. "Servirá para enloquecerlo, un poco más... Eso puede darme algún tipo de ventaja." levanté la mano apuntando al techo. -Espero que te guste la canción que voy a escoger querida. - formulé mentalmente mi deseo recordando con detalle la melodía. -Pero recuerda, es solo una canción y un baile. Cuando este termine estaremos en paz. - desenfundé mi espada al tiempo que la kraviklyras comenzaba a sonar.

Canción:

Niel amplió su sonrisa y comenzó a avanzar hacía mi al por ahora pausado ritmo de la música. Sonaron los cuernos de cabrá y la voz de unos cantantes invisibles comenzó a llenar la estancia. Di un paso hacía atrás, la música había comenzado. El ritmo sonido de la muerte avanzaba hacía mi vestido de damisela. Los tambores se unieron a la melodía, al igual que las hachas lo hicieron al acción. Esquivé por los pelos, Niel comenzó a reírse a carcajadas totalmente enloquecido por la melodía. ¿Había sido aquella una buena idea? Volvió a dar otro golpe. Lo desvié con mi espada, pero fue demasiado violento, el impulso me hizo girar sobre mi mismo y choqué con una mesa, quedando sentado sobre el banco de madera. Niel no me dio pausa ninguna, alzó sus armas y las descargó sobre mi. Rodé por el banco, el cual se partió cuando el golpe impactó en él. Niel no tardó en dar una replica. Clavé mi espada en el trozo de banco que nos separaba. Sus hachas se estamparon contra la espada, esto evitó el golpe pero por el contrario hizo que la espada saliera volando.

-¡También falta cerveza!- en la mano que se me había quedado libre apareció un cuerno de cerveza. Aprovechando el pequeño momento que había conseguido estampé el cuerno de cerveza en la cabeza de aquella mole.

Por un momento quedó noqueado por el golpe. Luego comenzó a sorber la cerveza que se le había quedado en la barba. Y por ultimo rió con más fuerza que nunca. Apreté los dientes asustado y corrí para subirme a la mesa, puede que si contaba con la ventaja de la altura pudiera ganar aquel baile. Niel no tardó en barrer la mesa con sus hachas. Yo salté para evitarlo. Dio otro tremendo golpe en vertical, lo esquive y aproveché para sacar mi daga, la mesa resistió el golpe. Niel repitió la acción, yo me hice a un lado, y justo antes de que la mesa cediera ante la nueva acometida, salté y apoyándome en la cabeza del hombre di una pirueta en el aire que al caer me dejó a su espalda. Me giré y le di un pequeño tajo en la parte posterior del muslo que hizo que se rasgará su vestido. Previendo lo que podía suceder, no tardé en dar un salto hacia atrás, ante el siguiente golpe de Niel.

-¡Mi vestido!

-Así estás más sexy cariño. - le sonreí, creo que me metí demasiado en aquel papel. Mientras Niel examinaba los daños sufridos yo me aseguré de que el ojo seguía en perfectas condiciones, y así era, dí un pequeño suspiro y mi mirada fue de nuevo hacia los espectadores. Aquel ojo era la clave para no acabar como ellos. "Debo de protegerlo a cualquier precio. Pase lo que pase no puedo soltarlo. Sólo unos pocos acordes más."

Aquel pequeño momento de distracción fue suficiente para que Niel se acercará demasiado a mi. Sus hachas cortaron el horizontal el viento, yo intenté reaccionar a tiempo, pero no fui lo suficientemente rápido. El acero traspaso mis ropas y mi piel pronto dio cuenta de su profundo sabor. Caí al suelo, deslizándome un poco por él. El pecho me ardía. Niel se acercaba al ritmo de la música. No me daría tiempo levantarme. El baile de la muerte llegaba a su fin. La voz de los cantantes se alzaba de una forma dramática. Llevé la mano en la que aún conservaba el ojo contra mi pecho. Todo previsto para el golpe final, que fue acompañado por el sonido estridente de un trueno.

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Suscribo totalmente lo de una de cal y una de arena. De una runa inmejorable a una runa impeorable. Me van a tener que recoger con una pajita u.u



Última edición por Ircan el Dom Ene 07 2018, 13:47, editado 1 vez (Razón : Las runas T.T)
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Re: Discordia [Misión] [Evento Horrorween]

Mensaje  Tyr el Dom Ene 07 2018, 13:43

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