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[Evento Samhain] Un tributo a nuestros Dioses

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[Evento Samhain] Un tributo a nuestros Dioses

Mensaje  Siria el Dom Oct 29 2017, 04:25

Spoiler:
Agradecimientos especiales a la usuaria de Zöe por permitirme usar su personaje y proveerme de los dialogos de su personaje =)

---- Año 1270, cerca de las festividades de Samhain ----

La tormenta de la noche anterior no había dejado rastro más allá de los centímetros de nieve que cubrían la estepa y del enorme y brillante sol que cubría cada rincón en aquella mañana. Los animales se veían ya en la pradera, intentando pastar mientras removían la nieve con sus pesuñas. El exquisito y suave aroma de los té de limón que cada una tenía impregnaba la sala de estar. Era un bello y excelente día para salir, pero, a diferencia del resto de los seres que existían, el ambiente en la habitación carecía de vida. Los cuerpos de las tres dragonas se encontraban inertes alrededor de la mesa, mientras sus ojos muertos se turnaban para mirarse mutuamente. Siquiera podían ocultar sus bolsas en los ojos

- ¿Alguien recuerda qué era dormir? Anoche lo olvidé - por fin abrió la boca una de las chicas - gracias a la historia de Siria - aunque no exactamente para decir algo alegre

- No sé por qué siempre te da por contar historias así cuando estamos en juntas nocturnas - sentenció su otra amiga, igual de cansada y molesta que la otra - Además que tu mamá nos regañó y casi se saca la bota para pegarnos

- P… pero de verdad esa historia es verda… - por un momento, pensó en defenderse, pero apenas articuló esas palabras, se dio cuenta que los ojos de sus amigas revivían para mostrarse con odio y rencor - … lo siento, no lo volveré a hacer - bajó la cabeza en señal de arrepentimiento

En la realidad, no es que estuvieran molestas o disgustadas con ella. El escuchar sus historias se había vuelto en una costumbre y en un placer culpable que era difícil de admitir, pero también era cierto que a veces les ocurría que algunos de esos relatos hacían que el sueño escapara espantado de sus noches. También ocurría que había historias que hacían que quedaran pensando en distintas materias filosóficas que eran normales en jóvenes como ella, como pensar en el destino, nuestro lugar en el mundo, qué es lo que ocurriría después que nuestro tiempo en la tierra fuera consumido, y a veces, simplemente, lloraban porque el príncipe nunca pudo reunirse con su amada princesa.

Realmente no podían culparla. Eran muy adictas a sus historias.

- De todas formas, - negó con la cabeza Samantha, mientras bebía del té - ¿qué bicho te picó para contar historias de terror? Normalmente no cuentas historias así

Samantha era una chica muy preciosa de cabellos anaranjados, ojos verdes, piel muy blanca y con muchas pecas que viajaban de mejilla en mejilla, adornando su cara de manera extravagante para quienes vivían en las praderas. Era una chica que despertaba muchas pasiones entre hombres, pero también muchos celos de mujeres. Normalmente correspondía al apodo de “Sammy” cuando estaba con sus dos mejores amigas.

- Apuesto que es porque en el resto del mundo se está celebrando el Samhain, ¿no? - consultó Leverunia, quien ponía cara de asco cada vez que bebía del té. Y con razón, ya que el de ella se había enfriado, haciendo que la limonada adquiriera un sabor más amargo

Por otra parte, Leverunia era una chica mucho más “normal” que sus pares dragonas. De pelo castaño, ojos del mismo color, de tez blanca y estatura media, no carecía de atributos para considerarla como fea, pero tampoco era alguien que pudiera destacar entre la multitud, haciendo que fácilmente alguien pudiera olvidar que estaba ahí. El más molesto apodo que tenía era “personaje de fondo de novela romántica”, pero cuando estaba con sus amigas, no se sentía de esa forma. La llamaban bajo el diminutivo de “Leveru”.

- También lo han escuchado, ¿eh? - Siria respondió, mientras se terminaba con un último sorbo su té

- Sé que se trata de cosas de terror, o algo de los muertos, o no sé - intentaba recordar algo, pero los datos que poseía eran tan vagos y dispersos como la importancia que le daba

- Parece que tiene que ver con algo del fin del año, pero no es algo que nos concierne a nosotros - la chica de pelo castaño desestimaba la celebración con más facilidad que su acompañante - Nos regimos por un calendario estándar, sí, pero nuestra forma de ver a nuestros muertos y nuestros dioses difiere mucho de cómo los ven ellos.

- ¿Pero no piensan a veces que estamos muy distantes de conectarnos con otras culturas? - preguntó la joven dragona, aunque más bien parecía ser una pregunta para sí misma - Me refiero, son muy pocas las celebraciones que coinciden con las nuestras, más allá de las usuales, y como que estamos dejando que nuestra cultura nos cierre las fronteras de lo que existe más allá de Dundarak y las praderas, cuando nuestro objetivo siempre ha sido hacer llegar nuestra cultura a otros lados, abrirnos hacia los demás para que nos entiendan y sepan por qué los dragones actuaron como actuaron, el por qué nos eligieron y que todavía creen en nosotros, como humanidad

- También es cierto eso… - murmuró la joven de pelos anaranjados - pero el tema es que nosotros no podemos adaptarnos a las costumbres de otras razas. Ya imagina que muchos dragones toman costumbres propias al separarse e irse a vivir bajo su cuenta en la estepa, imagina intentar unificar algo para una fiesta que, poco menos, podemos calificar como “pagana”

- También es cierto eso - quedó pensativa la joven

Las tres chicas se cruzaron de brazos, pensando al respecto. No lo habrían hecho si pensaran que Siria no tenía un punto válido, pero sentían un enorme golpe en el orgullo y en las tradiciones el aceptar “paganamente” una costumbre de otra raza. No pasó mucho tiempo antes que la puerta principal de la casa sufriera dos pequeños golpes, anunciando la llegada de alguien al inmueble. Siria no se demoró en levantarse y abrir la puerta, para encontrarse con una chica un poco más baja que ella, de un cabello muy blanco y de piel ligeramente oscura.

Era Zöe, la misma chica que había interrumpido el relato anoche

- Buenos días. – Dijo la bio-cibernética con tono extremadamente correcto, casi podía sentirse el punto al final de la oración.

- ¡Oh, Zöe! - contrario a lo que podría pensarse, la joven dragona se veía muy contenta de verla - ¡Qué bueno verte! Disculpa por el griterío de anoche, realmente perdimos el control de nuestras vidas. Eso siempre pasa a las 4 de la mañana, jeje

Al menos no estaba haciendo un pudin de chocolate aquella vez

- Papá no se encuentra en estos momentos - asumió que la razón de su visita fue por algún trabajo pequeño de arreglar algo que le encargó su padre - pero puede esperar con nosotros, estamos tomando algo para pasar la mañana

- Agradezco la invitación, estaría encantada de compartir con ustedes la ingesta de nutrientes – Sonrió de forma artificial como si quisiera mostrarse simpática.

- ¿Le gusta algún té en particular? - la joven comenzó a buscar en la despensa algo que pudiera gustarle a la joven Zöe, mientras Leveru tomaba la atención de la pelo plateada

- A todo esto Zöe, estábamos discutiendo sobre el Samhain. ¿Has escuchado algo sobre él o de qué se trata?

No hubo respuesta. Más bien, y fijándose detenidamente, los ojos de la invitada parecían muertos, aún más que las de ellas después de desvelarse, lo que fue lo suficientemente repentino como para preocuparse.

- Ehm… - miró incómodamente a su amiga de cabellos anaranjados que tenía a su lado

- ¿Será que la rompiste? - le respondió, con un poco de miedo - ¿Habrá que apretarle algo para que reaccione?

- ¿Un pecho por ejemplo? - respondió instintivamente la joven de pelo castaño, mientras que la conversación comenzó a bajar en su tono hasta que solo se escuchaban susurros - ¿O los dos?

Aquella observación le hizo ganadora de un golpe en la nuca por parte de Samantha

- ¡No seas ridícula! - lo dijo en el tono más alto que el susurro le permitía - Eso te hace reaccionar a ti, pero quizás a ella la ofenda

- Bueno, perdón por dar ideas constructivas - le susurró enojada por la palmada en la nuca

- Eso no es constructivo

- … - La bio regresó en si de repente, lo que tomó por sorpresa a las dragonas - Samhaim es una festividad tradicional de varios pueblo de Aerandir. Tanto los Humanos como los Hechiceros, Vampiros y los Elfos tienen su modo de conmemorar la fecha, con comidas, celebraciones, disfraces y bailes.

- Ehm… - no sabían qué decir, ya que parecía muy encerrada en su mundo mientras hablaba

- E-Espere… - intentó nerviosamente detenerla, pero fue en vano

- Quizás lo único que tienen en común es que toman como punto de referencia a la muerte, pero cada cultura de una forma distinta. Los Humanos…

_____________________

Tres horas después, las jóvenes se encontraban cabizbajas. Sus cabezas creían haber absorbido la información suficiente como para enseñar en una escuela por tres años en solo unas horas. La bio-cibernética se había marchado para sus labores, pero las cicatrices que había dejado en las dragonas habían sido permanente.

- Y bueh, ¿se les ocurrió algo? - o quizás no.

- Me quedé con lo de los vampiros y su parodia teatro. Ósea, sí… son vampiros, y no hay mucho de qué aprender de ellos - sus dos amigas pensaron al unísono “en realidad nada” mientras decía eso - pero creo que podría cambiarse a ser algo más respetuoso. Quizás una narrativa de lo que sucede en Dundarak, algo del día a día


- Si, pero el Samhain tiene que ver con lo de las estaciones y los muertos. Bien podríamos hacer algún… - pensó por un buen rato antes que pudiera ocurrírsele una buena idea - … ¿sacrificio quizás?

- Eso lo hacen los humanos bárbaros, y hasta ellos lo vetaron - aclaró la dragona de viento - Sería bajarnos a un nivel más bajo que el de ellos si hacemos eso

- Están también los elfos que… - como que se interrumpió a sí misma, como si se hubiera dado cuenta de lo que estaba diciendo - … ¿en serio puse la posibilidad en la mesa?

Ambas asintieron

- Ewwww - no pudo evitar poner cara de asco, mientras sus manos tocaban su cuerpo como si se hubiera envuelto en algo realmente asqueroso que necesitaba ser sacado de encima - No quiero que hagamos nada parecido a esos abraza-árboles, por favor

- No te preocupes, no planeamos hacer ninguna de esas cosas - y siquiera pasaba por el hecho de que no podían, es que intentar hacer algo remotamente similar las hacía poner una cara de asco como si fuera el equivalente a morder un limón seco, añejo y casi sin jugo. Y con hongos.

Aun así, no tenían muchas opciones imaginativas. Casi todo se lo habían llevado las otras razas. Las tres se acostaron en la mesa, rindiéndose ante la falta de precipitaciones en su lluvia de ideas. Intentaban pensar qué podrían hacer, mientras jugaban con sus dedos sobre la mesa, u chocándolos como si fueran espadas, o también jugando con las tasas de té vacías. Afortunadamente eran muy pobres como para poseer un dispositivo que les dijeran la hora, porque de lo contrario, estarían mirando adictivamente las puntillas del artefacto, mirando cómo se movían, o cómo alcanzaban ciertos números.

Fue entonces cuando la joven se levantó con su rostro iluminado, golpeando la mesa con ambas manos

- ¡Lo tengo ¡Ya sé qué haremos para Samhain!

- ¿Qué cosa haremos? - preguntaron ambas, no muy animadas producto del aburrimiento. Sin embargo, no recibieron una respuesta concreta ante su inquisición. Más bien, solo recibieron una sonrisa que las puso en alerta a ambas de que no iba a ser ni una idea normal, ni una idea fácil de llevar a cabo.

_____________________

En aquella noche, las festividades inundaban la mayoría de las ciudades de Aerandir. Mientras los elfos agradecían a los muertos a través de la vida, los vampiros satirizaban las costumbres de los primeros. En algunos lugares, se rendía culto hacia los muertos en forma de calaveras, mientras que en otros se rendía al dios Frey. Cualquiera que fuera el lado, los elfos, los vampiros, los humanos  y los magos se encargaban de celebrar bajo las tradiciones que forjaron sus vidas.

Por otro lado, todo era calma en Dundarak. La celebración no era algo central en los dragones, por lo que no se distaba de una noche normal, con alguno que otro ser vivo que, tranquilamente, celebraba este día a su manera. Era el mismo caso para las familias que hacían de la estepa su hogar, aunque no era extraño que alguno que otro dragón viajara a los otros reinos para disfrutar de las festividades.

Pero algo inusual ocurría en una ínfima porción del continente del norte. En un humilde hogar, en su vacío establo, entre el manto de la noche y la tranquilidad, todo se encontraba iluminado, dándoles la bienvenida a las pocas personas que asistían. Una pequeña de 20 años agradecía la compañía a quienes se animaron a venir, señalándoles qué asientos eran los que les pertenecían, mientras les recibía un pequeño papel que improvisadamente funcionaba como un boleto.

La gente no entendía de que iba, pero lentamente se hacían una idea: varias sillas puestas en filas se encontraban delante de un improvisado escenario, donde un fondo de madera ocultaba lo que se encontraba a la mitad del establo, mientras dos cortinas lo suficiente extensas como para tapar a un dragón funcionaban como un telón. No muchos tenían la oportunidad de asistir a las obras de teatro de Dundarak, pero era reconocible el escenario montado improvisadamente.

Mucha gente soportaba el frío de forma amigable. Había un ánimo de alegría y genuina curiosidad por ver qué habían pensado las tres chicas, mientras conversaban para pasar el tiempo y esperar a los últimos presentes que avisaron su llegada. En contraste, el nerviosismo se apoderó de las jóvenes, mientras que, ya disfrazadas, se tomaban de las manos formando un círculo entre ellas. Todo fue tremendamente fácil en papel y lápiz, medianamente difícil el armar el escenario y tenerlo listo para la hora y fecha acordada, pero no se imaginaron lo realmente difícil que era dar la cara ante personas que, aun cuando eran conocidos y vecinos, iban a verlas actuar. Sobre todo Leveru, quién sentía que sus piernas se iban a quebrar de tanto nerviosismo.

- N-no sé cómo n-nos arrastras a esto, Siria - tartamudeó la joven de cabellos castaños

- Siquiera s-sé cómo yo m-me arrastro a estas situaciones - la joven dragona le contestó en un tono similar

- Pues, s-si no fuera así, n-no creo que seríamos t-tan unidas, ¿n-no lo creen? - la joven de cabellos naranja sonrió nerviosamente. Aquello ocasionó que las tres rieran espontáneamente, aun con nervios, pero ligeramente más deseosas de continuar

- Ósea, ¿creen que algún trío en Aerandir se le ocurriría hacer algo tan bobo como esto?

- ¿Y que, más encima, ustedes estén lo suficientemente locas como para escucharme?

- ¿Y aún más para seguirte?

El reírse y hablarse tan confiadamente les trajo algo más de confianza. Sabían que quizás cometerían errores, harían el ridículo o la gente se aburriría. Pero no querían arrepentirse. No deseaban recordar esta situación en 10 o 20 años más y sentir un arrepentimiento por haberse bajado, por no decidirse o por ser inseguras. Todo lo contrario, deseaban recordar esto y reírse de aquella anécdota y sentir orgullo, como siempre lo hacían cuando se juntaban y hacían, lo que ellas describían, bobadas.

- ¡Vamos! - gritó Siria para ser acompañada con el mismo ánimo en la respuesta

- ¡Vamos!

Una señal hicieron las dragonas para que sus padres las ayudaran apagando algunas velas que se encontraban en el establo, bajando la iluminación a algo más tenue, mientras que las puertas se cerraban para evitar que el frío entrara. Lentamente la gente guardó silencio para respetar a las actrices, mientras el ambiente se centraba en el improvisado escenario.

Una de las jóvenes caminó hacia el centro, de manera serena y tranquila. Un giro hacia la audiencia centró todas las miradas en ella, en quién muchos se burlaban de parecer alguien olvidable y sin nada que destacar. A diferencia de los días anteriores, la gente le prestaría la atención de un personaje protagonista

- En el origen del mundo, 7 dragones cuidaban el mundo de Aerandir, imbuyéndolo con sabiduría, compasión y alegría. Aquellos dragones son nuestros Dioses, quienes en su misericordia y sabiduría, hicieron a los humanos como sus hijos. Nos adoptaron como nuestros Padres, nos enseñaron y nos criaron para que fuéramos lo mejor que podíamos ser. Nos regalaron la luz, la alegría y nuestro mundo. Pero con todo eso, no supimos apreciar su infinito regalo.

Su tono de voz era fuerte, claro y decidido. Era como si no hubiera quedado pizca de aquel nerviosismo previo que las aquejaba fuertemente. Su pasión al narrar hacía que el público estuviera absorbido por su relato. Hacía suya un relato pasado de generación en generación, tomando la tradición y dándole una nueva vida en forma de obra de teatro.

- Con los regalos que nos entregaron, guerras vinieron. El dolor, la hambruna y el odio lentamente se sembraron en las tierras, cosechando angustia y muerte. Por ello, nuestros Dioses nos abandonaron, creyendo quizás que habían cometido un error en confiar en nuestra raza. Pero hubo gente que no perdió las esperanzas, y los siguió hasta lo más recóndito del mundo, las montañas más altas y al frío más eterno. Todo, por su confianza.

Bajó la cabeza, y lentamente se retiró del escenario, sacando unos aplausos muy prudentes y respetuosos, como si supieran que la obra no hubiera terminado, pero también deseaban demostrar su buen rol en esta pequeña introducción. Lentamente las cortinas comenzaron a moverse hacia los costados, mientras se mostraba un fondo cubierto con una larga cortina de color azul, mientras variados cojines verdes estaban apilados como si imitaran la forma de pequeños arbustos. A los pocos segundos, las tres chicas entraron al escenario, caminando lenta y dificultosamente como parte del acto. Muchos aplausos se escucharon cuando las protagonistas aparecieron, quienes parecían estar de peregrinaje llevando muchos bolsos y un bastón de aventurero para clavar en el suelo cada vez que caminaban

- Creo que este es el lugar adecuado para llegar a nuestros Dioses - replicó Samantha, quién bajaba el tono de su voz a lo más grave que podía, como si imitara la voz de un hombre - Esposa mía, hija mía, este será el lugar donde demostraremos nuestra voluntad.

- Si, Esposo mío - respondió Siria, quién bajaba la cabeza como si fuera una sumisa esposa - Este es el lugar idóneo para hacer llegar nuestras plegarias

- ¿Aquí los Dioses jugarán con nosotros, papá? - interrumpió Leveru mientras daba pequeños saltitos, además de subir su tono de voz para parecer más a la de una niña pequeña,  - ¡Quiero jugar con ellos, quiero jugar con ellos!

- ¡Jo, jo! - exclamó el padre de la actuada familia - Dudo que quieran jugar con nosotros, cariño. Son seres muy importantes, y desgraciadamente, han perdido la confianza en la humanidad. Es por eso que estamos acá, para convencerlos que no todos somos malos.

- ¿Piensas que querrán volver a hablarnos, esposo mío? - inquirió la joven Siria, mientras se movía al centro del escenario, mostrando mucha pena en su voz - Sé que no todos los humanos son responsables de lo que hay ocurrido, pero hemos hecho mucho daño a este mundo, a sus seres vivos y a su ambiente. Y por sobre todo, fuimos corrompidos por la codicia, la maldad y el pecado.

Era la primera vez que los espectadores veían aquella escena, por lo que pensaron que era normal que, después de aquel pequeño discurso, no ocurriera mucho. Pero en la realidad, tanto Samantha como Leveru estaban espantadas del nivel de cliché y melodrama barato de la escritura de su compañera dragona. No habían revisado todo el guión ni tampoco practicaron más allá de sus propias líneas, por lo que no tuvieron la oportunidad de dimensionar cuán mal se escuchaba. Aquel silencio extendido hacia que la Esposa estuviera nerviosa, quien miraba al Esposo para que, por favor, avanzara la escena. A este punto, le daba vergüenza continuar con el guión, pero ya estaban metidas hasta el cuello.

- Esposa mía - le dijo, mientras se acercaba, tomándola de los hombros y girándola hacia su persona - Solo de una cosa estoy seguro… De que la próxima vez, yo escribiré los guiones, porque eso te salió melodramático a morir

Una estruendosa risa se escuchó por todo el establo. La gente se había tomado con mucho humor el escape del guión de la pelirroja, quién intentaba aguantarse la risa contagiosa del público. Por su parte, la dragona del viento al principio había mirado espantada a su compañera por salirse así del guión, pero al ver la reacción del público y de cómo delante de ella intentaba aguantarse la risa, no pudo evitar contagiarse de ese ambiente.

- Me alegro mucho, esposo mío - le respondió, mientras le daba la espalda, indignada en apariencia - Ya que te gusta tanto salirte del libreto para demostrar nuestro amor a los Dioses, te mandaremos a ayunar, y vamos a ver cuánto te encanta - finalizó dando una media vuelta para verlo y pegarle una palmada en el hombro

Eso solo ocasionó que la gente en unísono gritara “OOOOOHHHHH” frente a la amenaza, seguido de una risa que alegró tanto el ambiente que la gente se olvidó por completo que se trataba de una obra de teatro seria y representativa de la historia de Aerandir. Más bien, se mostraban muy animados de seguir viendo la actuación.

La dragona de pelos castaños se escabulló para colocarse a un lado del escenario que demostrara que era la narradora de la noche

- Y así, los dragones decidieron demostrar su entrega mediante la austeridad. Algo obligada para algunos, pero que más se le podía hacer - agregó con humor, lo que también sacó carcajadas entre el público. No pudieron contener su buen humor y aplaudieron muy gratamente frente la actuación, lo que en un principio no lo entendieron muy bien las jóvenes.

La obra continuó de una forma paulatinamente más calmada. Pasó de ser un ambiente en donde algunos muy específicos gritos intentaban evocar risas, a uno en donde la gente susurraba los detalles sobre la escenografía, el cuan fiel algunos detalles se veían mientras que otros, por falta de tiempo y presupuesto, no parecían muy convincentes. Pero casi nadie parecía ofendido ni tomarse aquello como una permanente broma o parodia a los eventos del pasado. Porque, aun con aquellos momentos de risa, desde el escenario hasta la actuación eran respetuosos en su creación. Al menos, muchos creían que solo había sido un escape de los nervios de las jóvenes, no acostumbradas a soportar la presión de actuar ni la presión del público

- También nació de la voluntad más pura el armar altares y rendir homenajes hacia los Dioses que observaban lo que este grupo de humanos hacía - la narradora intentó dirigir un poco más el escenario hacia su original seriedad. Mientras narraba, las dos jóvenes se encargaban de traer un arreglo de rocas con una planta en su punta, lo cual se podía entender como uno de los altares de la historia - Como era de esperar, las plegarias no fueron respondidas. El dolor causado por la humanidad había dejado cicatrices muy profundas en la confianza de nuestros Dioses, pero nuestros ancestros no se rindieron

Una de las jóvenes llevó un plato consigo hacia el altar, en donde llevaba fruta variada para ser presentada como el tributo de la obra. Ahí, ambas colocaban la fruta una por una, amontonándola en una improvisada pirámide alimenticia

- Dioses Dragones - levantó la voz la joven dragona de viento - Ofrecemos estos alimentos para vosotros, para invocar su misericordia y para que puedan escuchar nuestras plegarias - levantó una de las manzanas al aire, emulando las llamadas de las antiguas tradiciones.

- Los Dioses, sin embargo, no respondieron a las plegarias, entregando indiferencia y silencio por muchos tiempo - continuó narrando la joven de pelos castaños - Primero fueron meses los que aguantaron en las condiciones que se autoimpusieron en honor a su palabra. Los meses se transformaron en años. Y los años se transformaron en generaciones. Los humanos, durante todo ese tiempo, nunca recibieron una respuesta.

Entonces, fue cuando aquella improvisación de algunos momentos atrás surtió un efecto que no esperaban.

- Esos es mucho el tiempo en que te dejaron el ayuno, ¿eh? - gritó uno del público, mientras lanzaba un carcajada para impactar más en su broma. La respuesta del público fue tibia, una risa muy tímida e incómoda, algunos pensando en que las jóvenes tenían planeado una obra en donde se saldrían del libreto original a cada momento, mientras que otros no deseaban quedar como amargados.

Ciertamente dejó a las jóvenes algo sorprendidas, ya que nunca estuvo en sus consideraciones que la gente se riera constantemente. Solo había sido un arranque de nerviosismo, pero ahora se encontraban en un embrollo del que no sabían cómo salir. Era entonces en donde la inexperiencia de los escenarios, y de la vida en general, comenzó a pesar.

- Los antiguos humanos no cesaron en su… - la narradora intentó continuar, pero no pudo evitar ser interrumpida nuevamente

- Mejor arregla con tu señora, sino quedarás en los huesos de tanto pasar hambre, jajaja - rió, mientras el ambiente del lugar comenzaba a sentirse pesado e incómodo. Aquel era el problema de la gente que vivía en las estepas solitariamente: algunas etiquetas sociales eran a veces ignoradas o desconocidas, no necesariamente por maldad sino por ignorancia, pero que ocasionaban una incomodidad tremenda.

La joven Siria se quedó sin moverse, sin realmente saber qué hacer. Aún mantenía el tributo del relato en sus manos, en una posición en donde el público la veía directamente, pero sin reaccionar mucho. Probablemente en una situación familiar o que ella estuviera acostumbrada, hubiera dejado su personaje de lado y le hubiera cantado la cartilla por la falta de respeto que le causaba tanto a la audiencia como a quienes trabajaban en la obra. Pero más bien, se sentía amarga. Comprendía la situación, no eran grandes actrices, e iban a cometer errores y salidas de libreto. Aun así, quería que la actuación se sintiera como un sincero respeto y tributo hacia su cultura. Y ahora básicamente la gente al parecer se había hecho a la idea que estaban viendo algo como una parodia, algo que había detestado desde el principio, cuando se enteró sobre el Samhain a través de Zöe.

- ¡No me importa pasar hambre! - un silencio se hizo en el establo. La gente reunió sus miradas hacia una de las actrices, quién dio un paso adelante para centrar la atención de todos en una afirmación que se escuchó en todo el lugar - ¡No me importa vivir mi vida con austeridad, entregándome a mis convicciones y enfrentándome contra mis enemigos!

La mirada de Samantha cambió radicalmente. Había observado los ojos de su amiga, decepcionados, como si no quisiera continuar con la obra. Ella, quién había sido la artífice de todo esto. Habían sido quizás los contados casos en donde había visto a su amiga en ese estado, y cada vez que lo hacía, su corazón siempre se sentía apretado. Sabía la razón. No era por aquel maleducado sujeto, ni la gente que se encontraba incómoda. La culpable fue ella, por haberse prestado tan prontamente a hacer algo como ello, sin haberle dejado tiempo a la obra para construirse, para ser fuerte en sí misma. Quizás fue el sentimiento de culpa, quizás no. Pero no iba a permitir que ello continuase un segundo más

- Nosotros los dragones nunca hemos adorado a nuestros Dioses Dragones buscando algo a cambio - continuó, sin importar si lo que decía aplicaba a los antiguos humanos o para ellos en la actualidad. Golpeó su pecho con su puño cerrado, casi como si se tratara de algún soldado jurando ante sus dioses - Lo hemos hecho porque ellos son los creadores de este mundo. En su sabiduría, amor y compasión, nos eligieron como su raza favorita, entregándonos su confianza. Ellos nos eligieron en la antigüedad, y les fallamos. Esa será la carga que tendremos que llevar hasta el fin de los tiempos.

De todas las personas, Samantha era la que menos parecía dispuesta a defender un ideal con tanta vehemencia y elocuencia. Era alguien risueña y muy ajena a las cosas que normalmente requerían un compromiso que involucrara enfrentarse con otros. En un cierto sentido, era alguien muy parecida a Siria, pero también muy opuesta. Era una persona cobarde, que no se hubiera enfrentado normalmente a tal cantidad de gente si no fuera por su amiga. Sus dos amigas la conocían a ese grado, y por ello, para ellas, aquel discurso se sentía como una proeza tanto mental como espiritual.

- Pero nos encargaremos de enmendarla. Nunca dejaremos que la confianza que nos volvieron a dar Nuestros Padres sea en vano.

- ¡Y lo haremos juntas! - Sammy pudo sentir cómo su brazo derecho se envolvía en un calor familiar, solo para darse cuenta que el brazo de su mejor amiga se encontraba sosteniéndolo, mientras la dragona del viento sonreía al toparse con sus ojos - Nunca dejaremos que nuestra voluntad flaqueé ante la adversidad.

- Nunca dejaremos que nuestras almas sean intimidades ante los deseos de la codicia, del deseo y del egocentrismo - cuando se dio cuenta, el gesto fue imitado por su otra gran amiga, quién, un poco más pequeña, la miraba sonriente mientras abrazaba su brazo izquierdo

- Porque eso significa ser Dragones

- Porque eso significa ser Familia

- … Porque eso significa ser nosotros

Fue casi al unísono. Los pies se plantaron al piso como si fueran el soporte de cientos de almas, mientras los cuerpos se erigían orgullosos. No hubo timidez en sus acciones. Cada uno de los presentes comenzó a golpear sus manos entre sí, generando un estruendo aplauso que envidiaría a las obras de teatro más afluentes de las ciudades humanas. Algunos debían parar para sacarse las lágrimas de las mejillas, otros silbaban como hubieran visto una grandeza nacer. Nadie quedó indiferente a un discurso tan natural, tan bello y que evocaba las tradiciones por las que se regían aquellos orgullosos dragones.

Muchos los trataban como “simpatizantes religiosos”, o continuaban los mitos que los colocaban como villanos, o también los dibujaban como criaturas horrendas en historias de niños. Muchas historias se labraban alrededor de ellos, algunas sin sentido, otras retorcidas, y muy pocas intentaban hacerles justicia. Pero de vez en cuando, podían mirarse a sí mismos, sus familias, su cultura, sus creencias, su historia, y sus tradiciones. Y se daban cuenta que valía la pena. Que siempre la valió.

_____________________

Las puertas del establo se cerraron lentamente. Pensaron en que no estaba bien el dejar el escenario y las sillas así como así, pero la madre de Siria insistió que lo dejaran por hoy. Habría tiempo para ordenar cuando se hiciera de día, y que estuvieran descansadas de tantas emociones juntas. Fueron reacias, pero decidieron hacerle caso cuando estuvo a punto de sacar la bota. La madre lo hacía por su bien, en esos momentos preciosos, lo que realmente era importante era que sus sentimientos maduraran y los apreciaran antes que el paso del tiempo los dispersara entre el olvido y la monotonía de los días.

Era casi amanecer. El sol todavía no se asomaba por el horizonte, pero los rayos del sol anticipaban su llegada. El aire era helado, pero refrescante para las criaturas que poblaban las estepas. Apoyadas en la pared del establo, veían a lo lejos los primeros indicios de un nuevo día, acompañadas de un té para entrar en calor. El humo de los brebajes se mezclaba dulcemente con el vaho de sus bocas.

- Debo reconocer que tuve miedo - Leveru fue la primera en hablar, mientras bebía un poco de su té. Eran pocas veces las que realmente le gustaban, y su rostro acusaba de su felicidad.


- Me sentí muy nerviosa, la verdad - agregó la joven Samantha, quien usaba más el té para calentarse las manos - ¿Pero de qué sentías miedo? ¿De que fuéramos a hacer el ridículo o algo así?

- No lo sé, la verdad. Sentí que… no lo sé, en un momento, la gente pensaría que íbamos a hacer bobadas, o que lentamente se fueran uno a uno hasta que quedáramos solas en mitad de la obra.

- Ambas podían ser una posibilidad, si lo pensamos objetivamente - agregó Siria, saboreando su té de manzanilla - Pero esos miedos nacieron porque nos atrevimos a hacer algo que estaba fuera de lo normal. Ninguno de esos sentimientos hubiera aflorado si no nos hubiéramos decidido subir a un escenario y hacer esas bobadas que hicimos.

Se quedaron algunos segundos en silencio, pensando en las posibilidades. Nadie llegó al mundo a obligarlas a hacer todo lo que hicieron, todo nació de una ocurrencia que se había desatado por curiosidad. De nunca haber ocurrido ello, probablemente estarían durmiendo en sus camas en la comodidad, relajadas y sin haber sufrido todo lo que sufrieron. Pero tampoco se hubieran emocionado todo lo que se emocionaron.

- Es como dicen los más sabios: “Es mejor intentar y fallar que nunca haber intentado”

- Supongo que si - tomó un sorbo de té que calentó sus mejillas brevemente - Aun con todo el miedo, ahora que estamos aquí al final del camino, no me arrepiento de haber viajado todo este trayecto.

- Yo tampoco me arrepiento, pero me pregunto cuántas cosas de la vida nos terminamos perdiendo por este tipo de decisiones - intercambió su té con su amiga dragona de viento, mostrándose feliz del sabor de la manzanilla - Me refiero, hay cosas tan grandes y obvias que nos damos cuenta de inmediato si es algo bueno o no, o si perdurará en el tiempo. Pero las cosas más sutiles, las que no pueden notarse fácilmente, son las que a veces pueden tener un impacto que nunca te das cuenta.

- ¿“Habré hecho bien al vender esas telas a ese precio”? - murmuró audiblemente la joven Siria - ¿“Habrá sido lo correcto darle el último pedazo de carne a ese pequeño”? ¿“Debí quizás esperar hasta el próximo invierno para comerme a la cría de Yak”?

- Cosas como esa, sí.

- Nunca sabremos las respuestas correctas. También fue lo mismo con nuestros ancestros, y lo será con nosotros. Supongo que la vida, al final, es aprender a vivir la vida con los menores arrepentimientos que podamos tener.

Ambas dragonas miraron hacia un costado cuando la escucharon decir eso, reflexionando si realmente llegarían a vivir de esa forma. Era fácil en estos momentos recordar situaciones en donde el arrepentimiento las invadía, sobre todo en la juventud. El qué hubieran hecho si hubieran sido más fuertes, más sabias, más inteligentes. Quizás todos los jóvenes estaban destinados a vivir así. Quizás era la forma en que el destino nos hacía más fuertes, inteligentes y sabios.

- En todo caso - interrumpió aquel silencio espontáneo que se había formado - creo que la parte que más me gustó fue cuando te transformaste en Dragón y comenzó la narración de cómo los Dioses nos heredaron su sangre.

- ¡Pero si es tan preciosa cuando se convierte en su forma Dragón! - la joven pelirroja no pudo contener su emoción y abrazó a Siria - ¿Será porque eres una dragona de viento que te vuelves tan mágicamente linda?

- No creo que tenga que ver con específicamente ser una de viento - suspiró, pensando en que su amiga le hacía ver con demasiado entusiasmo lo linda que era - Pero si, esa parte salió muy mágica. La gente estaba muy emocionada en ese punto… aunque costó mucho hacer calzar la narración con los gestos - bromeó riendo

- Eso pasa por no aprender a hablar mientras estás transformada - le contestó, mientras le picaba la cintura para molestarla

- ¡Oye, para, para!

- Aprende a hablar entonces - reía de buena gana mientras continuaba

El sol apareció en el horizonte, entre las montañas que le daban vida a los reinos del norte. Los brebajes ya hace mucho desaparecieron de las tazas, mientras las temperaturas bajaban un poco más debido a la llegada del día. Algunos animales comenzaban a despertar, y ya los primeros conejos podían verse entre los escasos arbustos que existían en la estepa. Los animales más grandes se movían más lentamente, como si todavía el sueño tuviera sus garras encima de sus cabezas.

- Supongo que podríamos decir que el Samhain lo hicimos a medias, ¿no?

- ¿Lo dices por…?

- Por lo que recuerdo, parte del Samhain era un tributo a los muertos - intentaba recordar lo que Zöe le contó - Solo alcanzamos a hacer algo relacionado con el cambio de estación, que es como la base de la celebración.

- Oh, es verdad - Leveru también recordó sus palabras. Bueno, relativamente - Algo como que hacen los magos no se nos ocurrió.

- Hmm - Sammy se cruzó de brazos, pensativa - No sé si me hubiera gustado hacer algo como lo que hacen esos tipos. O esos “abraza-árboles”.

Entonces, fue cuando el rostro de la dragona de viento se iluminó con una idea. Marchó a casa raudamente para volver con algunas velas gruesas. Le dio una a cada una, mientras colocaba la suya a pocos metros del establo, para evitar que algún accidente llevara la flama a este.

- ¿Puedes encenderlas Sammy? - consultó la joven, mientras se arrodillaba frente a las velas que quedaban plantadas al suelo

- Ehhh, si, por supuesto - sus manos se juntaron para envolver por completo una de las velas. No demoró mucho en separar sus manos, solo para que las presentes pudieran notar que la vela se encontraba encendida. Repitió el mismo paso para las otras dos velas - ¿Pero cuál es la idea?

Ambas imitaron a Siria en arrodillarse frente a las velas, aun cuando no estaban muy enteradas de lo que quería hacer. Cuidaron de que no hubiera algo de pasto seco alrededor, y separaron un poco las velas para quedar una frente de cada una.

- Les damos gracias también a ustedes, antepasados - junto sus manos a modo de respeto, mientras cerraba sus ojos, como si se envolviera en una oración - Gracias por cuidarnos un año más. Por favor, continúen velando por nosotros, así como nosotros velamos por ustedes, por vuestro legado y por nuestro legado.

Era lo mejor que podían hacer en aquellos momentos. Y en realidad, solo con ello bastaba. A veces las despedidas no debían ser extensas, llenas de emocionalidad o con discursos pomposos. Algunas veces simplemente bastaba con una despedida sincera, y con la esperanza de que algún día volverían a cruzar caminos.

Por el momento, estarían más que encantadas de segur caminando por aquel sendero que el destino les preparó. Después de todo, un Samhain en la estepa no sería lo mismo sin una obra de teatro en la estepa hecha por aquel trío tan singular y único.
Siria
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