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[Evento Samhein] Esas raras costumbres de adultos

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[Evento Samhein] Esas raras costumbres de adultos

Mensaje  Matthew Owens el Lun Oct 30 2017, 02:18

--------- Hace 20 años ----------

Un Matthew de 11 años corría por las calles de la ciudad, sus ropas estaban viejas y desgastadas, y sus pies llenos de tierra andaban sin calzado alguno. Llevaba el pelo negro todo despeinado, raspones y golpes adornaban todo su cuerpo, observaba lo que estaba a su alrededor con una mezcla de enojo y terco desafío.

Estaba en pleno Samhain, pero le daba igual, ese tipo de festividades eran cosas tontas que hacían los adultos para celebrar por motivos que no entendía y pedir por resultados que no llegarían a menos que se esforzaran ¿Por qué hacían todo eso si al final lo único que daba algún resultado era el trabajar duro? Y a veces siquiera así…

El pequeño salto tras un puesto de comida y se escondió entre las bolsas con mercadería, para lo que tenía pensado hacer necesitaba algún tipo de disfraz, pero el anciano que lo cuidaba se había negado a darle un solo centavo: “No te daré ropa, ni tampoco de comer, consigue el dinero como te enseñe y sin que te descubran” Así que el joven Matt estaba solo en esto.

Sacó una tela negra de entre los bártulos y se cubrió con ella, había mucha gente en las calles, muchos de ellos con esos molestos palos que hacían una imitación del sonido de la lluvia. No había nada mejor para un pilluelo como él que una plaza llena de gente distraída entre festejos. Sonrió y se cubrió con el paño hasta la cabeza, si la suerte estaba de su lado, esa noche podría cenar algo digno. Algo del otro lado de la plaza le llamo la atención, un niño más pequeño que él estaba también tapado de cuerpo completo con una manta negra. Al parecer no fue el primero en tener la idea.

Corrió por entre la gente, el jolgorio era impresionante, la mayoría de las casas estaban abiertas, con las familias en la calle festejando. Entre los techos de las casas colgaban guirnaldas hechas de telas de colores,  muchos vendedores y distintos tipos de espectáculos se presentaban en plena calle, siempre atentos a ganar buenas cantidades de dinero.

Matthew tampoco perdía la oportunidad, se metió bajo uno de los puestos que hacían pequeños pasteles con calabazas dulces, espero a que varios clientes estuvieran distrayendo al vendedor y con increíble velocidad asomo la mano por el costado y tomo dos de los postres. Uno se lo comió allí mismo bajo la mesa, aunque estaba demasiado caliente aún se lo devoro en pocos bocados, el otro lo guardo para más tarde.

Salió agachado mientras aún se chupaba los dedos, tan solo con este pequeño placer ya podía darse por satisfecho, pero así no era Matt, si existía la posibilidad de conseguir algo más no se tiraría hacia atrás. Entró en un callejón y agarrándose de los marcos de unas ventanas comenzó a trepar hasta llegar al techo, desde allí podía ver a todos los adultos desde arriba, y no al revés como ellos siempre le hacían. Metió la mano en su bolsillo y saco algunas semillas de girasol, las comió despacio mientras  miraba como se desarrollaba la celebración.

Se estaba preparando todo para el evento principal: El sacrificio. Se suponía que los dioses querían que la gente mate a un animal en un complicado ritual para concederles lluvias el resto de la temporada. El pequeño Matthew hizo un sonido chistoso con la boca y escupió la cascara del girasol ¿Por qué los dioses iban a querer algo como eso? Podían tener todos los animales que se les antojara ¡Eran dioses! Volvió a escupir y se quedó mirando a ver si por casualidad le atinaba a alguien en la cabeza.

El niño que había visto antes se sentó junto a Matt, no era de extrañarse, los huérfanos abundaban en las grandes ciudades. El chico estaba usando una manta negra para taparse, pero a diferencia de Owens, llevaba una máscara que semejaba un sol. Matthew procuro ignorarlo y se bajó de un salto al techo de una puerta para luego terminar de caer en la calle.

Corrió durante toda una cuadra sin detenerse, pero cuando miró hacia atrás el otro niño seguía estando allí ¡Siquiera lo había escuchado! Matt no lograba entender qué le había picado a ese chico para querer perseguirlo por todos lados, quizás quería comida, o robarle, pero estaba muy mal si creía que lograría sacarle a Matthew la única moneda que había logrado ganar luego de una semana de trabajo.

El pequeño ladrón se agacho y paso por debajo de las piernas de varias personas, logrando que se enojaran y lo maldijeran. Pero con increíble agilidad el otro muchacho lograba alcanzarlo siempre, silencioso e inmutable, Matthew hizo un gesto de enojo y continuó moviéndose hasta quedar en las primeras filas para ver el sacrificio del potrillo que habían elegido para el ritual.
Se distrajo por un momento viendo como hacían los preparativos y traían al asustado animal. Cuando se giró el extraño niño estaba parado al lado suyo, a Matt casi se le escapa un grito del susto, pero se contuvo a tiempo.

-Bueno, ya me rindo, si quieres quedarte quédate – El extraño chico con máscara asintió con energía, Matthew sacó el pastel que aún llevaba consigo y lo partió a la mitad para darle una de las partes al muchacho. Parecía algo sorprendido del gesto, y en un primer momento se quedó mirando el dulce – Oh, vamos, no te hagas el que no lo quieres – Le agarró la mano y lo obligo a tomarlo, para luego dedicarse de pleno a ver como sacrificaban al potrillo – ¿A ti no te parece que todo esto es una tontería? – Pregunto Matt sin mirar, pero al no recibir respuesta desvío la mirada solo para encontrarse con que estaba solo – Que… Raro… - Dijo extrañado, no había quedado ni rastros del pequeño chico silencioso, era como si nunca hubiese existido.
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