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| Desmond B. Tempest |

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| Desmond B. Tempest |

Mensaje  Desmond el Jue Nov 02 2017, 16:17

- Desmond B. Tempest -
"Sentía el fuego crepitar en su pecho, ansioso, violento."

Desmond
Black Tempest
44 años
MASCULINO
DRAGÓN
CABALLERO DRAGÓN
HÉTERO
CONTRABANDISTA
HAYDEN CHTRISTENSEN


CARÁCTER

“Pero que grata sorpresa, jodido beato.”

Se aburre de cualquier tema con mucha facilidad y encuentra mucho más interesante mirar a la pared que soportar un comentario despechado. Sarcástico, visceral, poco prudente, aventurero y descomedido. A pesar de sus excentricidades, se adapta rápidamente a su ambiente y juzga tan pronto escucha las primeras palabras de su contraparte.

Algo tajante y carece de la paciencia suficiente como para escoger sortear en vez escuchar un relato completo de una persona sin que ésta encuentre el punto del cuál hablar. Encaprichado y violento, sabe que la única forma de conseguir algo es ir a por él y siempre encuentra la forma de conseguir lo que busca.

Cuando el día se le torna calmado, puede ser muy serio y aburrido, huye muchas veces del ruido y le place pasar momentos por los tejados, dirigiendo su mirada al todo y a la nada.

“Ya querría yo ser el sol. Pero soy como una vela, me consumo, poco a poco.”



APARIENCIA


Cabello recortado a los costados y largo en la parte superior, cejas levemente prominentes y realzadas con una pequeña barba y bigotes, que suele emparejarse seguidamente con la navaja. Ojos celeste agua profundos, nariz griega y piel grisácea.

De hombros anchos y espalda triangular con extremidades trabajadas, debido a su constante entrenamiento de espada, por lo cual centra sus fuerzas en brazos y piernas.

Altura: 1,86.
Peso: 76.
Contextura: Mediana, espalda ancha, músculos marcados.



Historia


Un fuerte bostezo lo generan las más aburridas historias, tal como Desmond recurriría a describir la suya, lo cierto es que, a pesar de nacer de padres humildes en una pequeña cabaña al norte del bosque, lejos de la gran ciudad, supuso un gran conflicto el tener preciosas habilidades y no poder desarrollarlas ni utilizarlas a interés, por lo cual maldijo interiormente a toda su familia cada vez que pudo y profirió improperios mientras se hacía con la madera que más tarde su padre utilizaría para abastecerse de mercancía para la venta, era un gran creador de muebles y, a pesar de que el pueblo lo apreciaba por ello, Desmond no podía hacer más que despreciarlo por ser un senil viejo aburrido.

Aprendió rápidamente a deshacerse de su exceso de energía, se instruyó a escalar los altos pinos del bosque y llegar a las más altas ramas sin ayuda de nadie, corría por los senderos para perderse y reencontrarse a altas horas de la noche. Aprendió a montar el caballo del hombre que vivía cerca de su cabaña y recorría con él, todo lo que podía, el centro de la ciudad. Entonces volvía a casa deseoso, ansioso y con un brillo que podría considerarse exquisito en sus ojos.

Pero su madre se molestaba y gruñía frecuentemente que había más que una razón por la cual ellos se mantenían tan lejanos a las ciudades colindantes, Desmond torcía el gesto severamente y se dedicaba frecuentemente a dejarla sola en sus estresadas cavilaciones. Entonces miraba por la ventana, al volcán, intuyendo que algo más había ahí afuera, algo de lo que su familia torpemente se excluía. Pero Desmond quería pertenecer, le apetecía en sus entrañas ser parte de algo que no alcanzaba a comprender.

Cuando tomó la decisión de partir, a sus tiernos catorce años, su madre desaprobó con una furia bestial su decisión e hizo todo lo que se mantuvo a su alcance para aplazar su demora. Entre todas las cosas que ella concertó, Desmond podía asegurar que jamás imaginó verla convertirse en dragón para retenerle. Su padre intervino aquella vez y entonces pudo sopesar, entender y mover la imagen de su padre a una alta estatua en una cumbre imaginaria.

¿Quién dijo que su padre era un senil viejo aburrido? Le hubiese pateado el culo a cualquiera que le hubiese escuchado aquello.

Entonces su padre le instruyó levemente a dónde dirigirse en la ciudad, le dio una bolsa de monedas, le señaló la posada que se encontraba ya pagada para unas cuantas semanas y el lugar donde encontraría trabajo. Desmond se fijó rápidamente que su padre había pensado en todo y le agradeció infinitamente por ello.

Su primer trabajo duró tan sólo un par de días y se cobró rápidamente antes de convenir contactos con comerciantes peligrosos dedicados a la piratería, un tabernero cojo el cuál contaba con un solo ojo lo acogió rápidamente entre las filas de sus favoritos y le contó maravillosas historias sobre seres increíbles. Desmond siempre sentía ganas de vomitar cuando Pete, el cantinero, soltaba esa frase, porque a pesar de lo rudo que se le veía, él podía jurar que añoraba las cursilerías como su madre o una niña de cinco años.

En la taberna siempre encontraba personajes de las más extrañas personalidades, se dedicaba a limpiar vasos mientras oía los murmullos entre las mesas de los diferentes tráficos de armas y en cuánto podía se escabullía a los barcos a hacerse con unos cuántos accesorios de las cajas, los enclenques que realizaban los inventarios eran bastante idiotas y Desmond sabía sortearlos con facilidad. Vendía y se hacía con cuántas monedas podía, Pete le había enseñado que en el mercado el que vendía siempre era el que ganaba, por lo cuál sabía ponerles precio sin bajar un solo Aero e incluso, a veces, lograba cobrarse aún más. Y así, año a año, más y más aeros se fueron juntando.

El día que consiguió a Skjær Sjeler supo de inmediato que ella sería su amor por sus eternidades. Pete le consiguió rápidamente un instructor y aprendió a manejarla con rapidez debido al entusiasmo que le profesaba. Sus arcas aumentaron rápidamente cuando comenzaron a considerarlo práctico para defender las mercancías y a contar inventarios, pudo hacerse con una casa y un caballo, pronto formó un pequeño séquito y comenzó a liderar comercios ilegales desde las ciudades. Sin embargo, a pesar de todos sus logros, se hacía más y más grande y no lograba sentirse del todo satisfecho.

Entonces recordó a su madre, hecha una furia frente a sí, convertida en dragón.

Un dragón, como él.

Presente:

Decidió entonces que no podía abstenerse más de sus propios deseos y, alejándose cada vez que terminaba con sus oscuros negocios, se dedicó a liberar lo que guardó, por tanto tiempo, en su interior.

No podía escapar más de sí mismo, no como su madre. Era lo que era, había fuego en su interior.


Accesorios y Compañía

Skjær Sjeler:

Mandoble de dos manos, de unos 3 kilogramos aprox. Forjada a 120 grados, tiene tantos y más años que Desmond, aunque el desconoce inicialmente su primer usuario, reconoce que debido a la resistencia, los años de ésta podrían ser incalculables para cualquiera.

La espada de la Atlántida – “Skjær Sjeler”:

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Viento:
Cuando la adoptó hacía sólo unos años era un polluelo con un ala rota y un constante quejido que solía sacarle de su centro, irritándolo a no más poder, la alimentaba mientras la acogía en su bolso y, poco a poco, fue orientándole a la caza, en cuanto aprendió a volar, Desmond pensó, casi con alivio, que el águila tomaría su propio camino y, como cazadora furtiva que era, se independizaría y lo dejaría.
Le tomó muchos meses notar que por más que el tiempo pasaba y le cedía libertad, el águila había llegado para quedarse.
Águila Real – Chucho:


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Otros













“La luz puede ser tan peligrosa como la oscuridad”.







Desmond
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Re: | Desmond B. Tempest |

Mensaje  Helyare el Jue Nov 02 2017, 19:30


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