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Evento de Yule

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Evento de Yule

Mensaje  Helyare el Jue 21 Dic 2017 - 13:28



Evento de Yule






¡¡Felices días de Yule!!

El invierno cae sobre Aerandir, ya es hora de que queméis los leños del año anterior y colguéis el muérdago en vuestras puertas. ¡A reunirse todos para celebrar esta gran fiesta! Comed, haced los rituales y contad historias... muchas historias. Los largos días de invierno, de oscuridad y de frío os harán permanecer a resguardo, ya no hay tierra que arar, ni ganado que cuidar.
Contad lo que hayáis visto durante este año, vuestros sueños, las historias de héroes y villanos que oísteis de algún juglar... ¡Pero no las vuestras! Si no las de otro.

¡Empieza el intercambio de historias!

Este tema lo solía llevar Máster Sigel y espero hacerle honor en mi primera vez estrenándome en su evento. El intercambio de historias navideño ya es tradición aerandiana, así que estoy emocionada de poder hacerlo yo. ¡Aunque Máster Sigel me ayudará un poco!

Todos habéis recibido el personaje del que os toca narrar la historia. ¿Qué hay que hacer ahora?

Debajo de este tema podréis empezar a escribir sobre quien os haya tocado. No es necesario intentar escribir exactamente como el user, sino más bien tendréis que contar algo que le haya pasado al personaje que os haya tocado, real o inventado, futuro o pasado. Todo vale siempre y cuando no sea de tipo ofensivo.
Se puede hacer desde el punto de vista del personaje que narráis o algo que vuestro propio personaje sepa de ese. Como véis, el abanico es muy grande para daros lugar a desplegar toda vuestra imaginación.

Al haber mandado el mp os comprometéis a hacer la historia del pj que os haya tocado. En caso de que, acabado el plazo, alguien no haya contado su historia, recibirá una penalización de la pérdida de 5 puntos. Si esto sucede, un máster hará la historia que falta.

El evento empieza hoy, día 23 de diciembre y terminará el día 2 de enero, a las 12:00 am (hora peninsular española). Si alguien necesita que se amplíe el plazo, que no dude en decírmelo. Entiendo que entre las fiestas y los estudios puede ser algo complicado, así que se puede ampliar el tiempo.

¿Y las recompensas? Todos los participantes ganaréis +5 puntos de experiencia y 100 aeros por vuestras historias. ¡Así que a escribir!

¡Feliz Yule!


Última edición por Helyare el Dom 31 Dic 2017 - 1:16, editado 2 veces
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Re: Evento de Yule

Mensaje  Eltrant Tale el Dom 24 Dic 2017 - 13:05


Off:
Espero que te guste Asher ^^
Jugueteó con la moneda dorada, hizo que esta desfilase casualmente entre sus dedos. Estaba aburrido, estaba aburrido en mitad de un trabajo. ¿Cómo era eso posible? Lo cierto es que todo aquel negocio se le estaba antojando demasiado fácil.

Cerró su puño derecho alrededor del Aero y miró de vuelta a la cubierta, dónde un número indeterminado de cuerpos yacían en el suelo, todos inertes y con diferentes heridas en sus cuerpos.

Bostezando ignoró las voces de sus “compañeros” y, tras apoyarse en el pasamanos que le separaba de la desagradable humedad que podía encontrarse en las profundas aguas del muelle, se centró de nuevo en su pequeña amiga dorada.

- “La primera de muchas” – pensó – Al menos esta noche. – añadió en voz alta, con una sonrisa.

El barco en el que se encontraba, aun anclado en el muelle, se mecía suavemente con el oleaje nocturno, el sonido de más de una decena de resonaban en la cubierta, como si fuese una suave melodía que acompañaba al obstinado olor de la sangre que se entremezclaba con el salitre que flotaba en el ambiente.

- ¿Qué tenemos aquí? – enarcó una ceja al oír aquella voz, la conocía, también la encontraba extraordinariamente desagradable, principalmente por el olor que solía acompañarla. – ¡El Capitán Jacob Henderseon! – Miró como un hombre ataviado con atuendos de cuero sencillos se agachaba junto a uno de los tantos cadáveres que pululaban por el lugar y, mientras rebuscaba entre los bolsillos del muerto, se le escapó una carcajada. – Vamos a ser honestos. – dijo a sus compañeros más cercanos alzando la mirada sin perder la sonrisa – Puede que ahora este muerto, pero no era más que un pedo con forma humana. – aseguró, algunas risas se sucedieron entre la multitud.

Suspiró.

- ¿Se te ha ocurrido eso a ti solo? – preguntó sonriendo mordazmente, levantándose de su improvisado asiento y acercándose al hombre, que no tardó apenas unos segundos en fruncir el ceño al notar su voz. – Pregunto por qué, ya sabes, es increíblemente divertido. – se llevó la mano hasta el estómago y fingió una risotada ridículamente evidente. – “Pedo con forma humana” – se limpió una lagrima imaginaria y negó con la cabeza. – Me matas, Horacio. – aseguró – Me matas. – agregó.

Sonrió al ver como el mercenario se ponía rojo por momentos y se incorporaba con arrogancia, era tan fácil sacar de sus casillas a aquel barrilete; por supuesto, nunca le diría “Barrilete” directamente, aquello era demasiado fácil. Era mejor insultar su inteligencia, se sentía más ofendido de aquella forma.

- Recuerda quien te llena el bol de comida, chucho. – Horacio se acercó un par de pasos con pose amenazadora, sonrió al verlo y se cruzó de brazos. – Ya tolero que huelas siempre a perro mojado – dijo a continuación, no pudo sino ampliar su sonrisa, sin moverse de dónde estaba, clavando sus ojos de color ocre en los del humano. – No me hagas también oír tu repugnante voz. – dijo al final, casi parecía creerse que estaba ganando la discusión.

- Al menos yo tengo excusa. ¿Cuál es la tuya para oler mal? – Recibió un directo a la cara de inmediato, se le escapó una carcajada.

Ya empezaba, lo había vuelto a conseguir. Pero el barrilete era débil, muy débil, se encargó de demostrárselo ignorando el repentino dolor que Horacio le había ocasionado en la cara y propinándole un fuerte puñetazo en su orondo rostro, obligándole a retroceder.

Algunos de los demás mercenarios a los que acompañaba se giraron a ver que sucedía, los más veteranos simplemente ignoraron el asunto y continuaron registrando los cadáveres, no era la primera vez que él era el epicentro de algo así.

Cuando ya estaba dejando a Horacio fuera de combate, o eso creía pues el hombre era increíblemente resistente a pesar de su aspecto, una figura de mayor tamaño, envuelta en una armadura pesada de colores oscuros salió del camarote del capitán.

Solo bastó que se aclarase la garganta una sola vez para que la pelea terminase. Chasqueó la lengua y miró a Horacio, que jadeaba con suavidad al otro lado de la cubierta, limpiándose la sangre que resbalaba de su nariz.

- “Débiles, puedo con todos vosotros” – musitó en su propia cabeza, estaba seguro que podía acabar con todos los presentes, muy seguro. – “En mi aldea tenía más retos” – Salvo, quizás, por una sola persona, una a la que, al menos, respetaba.

- Wernack, Horacio… - El oso miró severamente a los dos hombres, entornando levemente los ojos, el lobo desvió la mirada. - ¿Qué ha pasado esta vez? – El can no dijo nada y se apartó, caminó hasta el otro lado de la cubierta apartando a los curiosos que se quedaban cerca de él y se volvió a sentar en la baranda.

Horacio, como de costumbre, empezó a contar al líder de aquella patética cuadrilla lo que había sucedido. El oso negó con la cabeza y señaló a los cadáveres.

- Sigue trabajando, más te vale encontrar algo o tendremos que continuar toda la noche. – ordenó, después comenzó a dar más instrucciones, el resto de mercenarios continuaron trabajando entre susurros.

- ¡Pero Albión! – El oso forzó al hombre a que se callase con un simple gesto estaba claro que no iba a tolerar más peleas. Sonrió al ver esto, era casi una pequeña obra de teatro, ver como Horacio se resignaba ante una fuerza superior y continuaba trabajando.

Wernack volvió a sacar el solitario Aero que guardaba en el bolsillo y le hizo repetir las distintas piruetas que había hecho momentos atrás entre sus dedos. No sabía que estaban buscando exactamente, pero ya llevaban tres barcos registrados.

Incluso él sabía que, fuese cual fuese el plan que debían de seguir aquella noche, llevaban muchas horas improvisando. Aunque de todas formas no le importaba pasar por la espada a un par de marineros de más, de todas formas, era por lo que estaban pagándole y aun si aquellos hombres eran “inocentes” eran unos estúpidos.

Tenían el dinero suficiente para contratar una seguridad decente y allí estaban, en la peor parte de los muelles, confiando en que su influencia era suficiente, la mayoría de ellos con cargamentos de “dudosa” legalidad en sus bodegas. Era el equivalente a que él se colocase una maldita diana en la espalda y se pasease por los barrios nobles de aquella ciudad, pero no lo iba a hacer, porque no era estúpido, los que estaban muertos en aquel barco, sí lo eran.

Contrólate, muchacho. – dijo Albión colocándose junto a él, apoyándose en la balaustrada – No todos los… nuestros tenemos estas oportunidades fuera de los bosques, no tan rápido como la estas teniendo tú. – aseguró.

Wernack no dijo nada, no de inmediato, observó como Horacio y el resto de mercenarios, un grupo de lo más variopinto de razas y clases, registraba los bolsillos de los muertos en busca de botín.

- Me lo pone muy fácil. – dijo con sencillez, el oso sonrió. – Es casi como lidiar con un crío.

- Lo sé. – contestó Albión riendo con suavidad dándole una palmada en la espalda a lobo.

Era curiosa la escena, el oso tenía partes de la armadura empapada en sangre y, estaba bastante seguro, de que el hacha estaba prácticamente igual, peor este, como si no fuese gran cosa, como si el hecho de que estaban en un navío lleno de cadáveres fuese una tontería, le trataba casi como una figura paternal.

Se sentía dividido cuando le trataban así, detestaba que le tratasen como un crío.

- Pero esto es mejor que esas peleas callejeras para ganar dinero. ¿Verdad? – aseguró levantándose, el “¿Verdad?” era solo una cortesía, todo lo que salía de los labios de Albión era una afirmación de una forma u otra.

De todas formas, aunque sabía que tenía razón, respondió con un gruñido. Para empezar, no peleaba para ganar dinero, lo hacía para probarse a sí mismo. Y todos eran ridículamente débiles, había aceptado aquel trabajo, en un principio, para ver si conseguía superarse a sí mismo.

Pero Albión, como de costumbre, seguía teniendo razón.

Bajó la mirada hasta el Aero que le había arrebatado a uno de los marineros, después de todo, aunque poco, necesitaba dinero para vivir.

- Prepara tu equipo, Wernack. – indicó Albión tras respirar profundamente y analizar la cubierta, no habían encontrado lo que buscaban allí, podía verlo en su expresión.

No le habían dicho de que trataba aquel trabajo, en realidad nadie lo sabía, solo Albión y su segundo al mando. Pero, según habían comentado estos al resto, aquella era la “oportunidad” definitiva para salir del agujero en el que todos estaban atrapados.

Puede que fuese joven, pero lo consideraba demasiado bonito para ser verdad, no obstante, después de tres barcos no podía sino creer que, al menos, los líderes de aquella banda creían de verdad en lo que estaban buscando. Estaban arriesgándose demasiado, quizás no estaban dejando a ningún testigo, pero, al amanecer, habría guardias por todas partes.

- Vamos a por el siguiente barco.

____________________________________________________

Se ocultó entre las sombras, seguido de cerca de Horacio y Frank, un brujo hiperactivo que hablaba demasiado deprisa como para comprender lo que decía normalmente. Por alguna razón todo el mundo le llamaba “Torreón”, no estaba seguro de por qué.

Analizó desde su escondrijo tras unos barilles el navío en el que se iban a infiltrar, “El cuarto y último” había dicho Albión. Sonrió para sí, aquello era más que evidente, no quedaban más barcos en aquella parte del muelle. Quisiesen o no, aquel era el último.

- Quizás si hubiésemos empezado por este extremo del muelle habríamos acabado hace un par de horas. – bromeó el lobo, Frank le devolvió la sonrisa, Horacio entornó los ojos y gruño en voz baja. – Me ha parecido oír que decías algo – susurró Wernack, pero Horacio continuó en silencio.

- Mirad y aprended. – Desenvolvió la cuerda que llevaba atada en torno a su torso, la cual terminaba en un afilado gancho de metal. – Os espero dentro. – dijo guiñándole un ojo a los presentes, Horacio puso los ojos en blanco, aquello le puso de mejor humor.

Le encantaba tanto torturarle.

Con un rápido movimiento de brazo lanzó el garfio hacía la popa del barco donde quedó firmemente anclado en la madera, tras dar varios tirones para asegurarse de que esta estaba firmemente sujeta se deslizó por la soga haciendo gala de su equilibrio y velocidad, usando su cola como guía para poder mantenerse erguido sobre la cuerda.

El primero de los tripulantes con el que se cruzó, el vigía que se encargaba de que no había nadie peligroso en los alrededores, no comprendió siquiera que sucedió. Wernack clavó su daga con todas sus fuerzas en la base del cráneo de aquel hombre, este no llegó a saber que le había matado.

Respiró profundamente, captó el olor a sangre fresca que manaba la herida de aquel pobre diablo y se agachó junto a él, registró sus bolsillos rápidamente y extrajo todo lo que había estos.

- No es nada personal… - dijo estudiando las distintas pertenencias del muerto - …aunque un poco sí, personalmente, necesito dinero para vivir – dijo levantándole y arrojándolo por la borda, aguardando hasta que escuchó como este se hundía en el agua.

Ya había hecho su primera parte del trabajo, miró a su alrededor y tomó la antorcha con la que contaba el vigía. La alzó sobre su cabeza y la zarandeo tratando de que esta fuese perfectamente visible desde el resto del muelle.

En cuanto lo hizo una hilera de sombras, todas ellas agachadas, se dirigieron hacía el barco. El grupo era claramente visible desde dónde estaba, aún más para él, que era capaz de ver mejor que el humano que custodiaba aquella zona.

Mientras se volvía a apoderar de nuevo de su fiel garfio el caos se apoderó del barco, en cuanto los primeros mercenarios de Albión se posicionaron en la cubierta los gritos y el repiqueteo del metal se extendió por la zona como si fuese un fuego incontrolable.

Sonrió al ver como alguno de los marineros subían hasta dónde él estaba tratando de buscar su vida, maldiciendo en voz baja su forma de hombre-bestia y preguntando dónde estaba el vigía. Lo cierto es que ser sigiloso podía llegar a ser muy aburrido, bloqueó el acero del primer marinero y, con una risotada, evitó que el segundo le acertarse en mitad del pecho agachándose grácilmente.

- ¡Huy! ¡Casi me dais! ¡Estoy en un problema muy grande! – volvió a esquivar el primer de los aceros - ¡No por favor, con la espada no! ¡Tengo la piel muy sensible! -  Al dueño del segundo acero que buscaba su cabeza le cortó un brazo tras realizar una rápida finta en la que dejó que el hombre se confiase para, cuando este comenzó a gritar dolorido agarrándose el muñón, patearle en el pecho y arrojarlo al agua, lanzándolo sobre la borda.

Después dejó que su principal oponente diese algunas estocadas, que se entretuviese, lo justo para que este creyese que detrás de toda aquella arrogancia y socarronería había también cansancio, cuando Wernack pudo ver algo de iniciativa en los ojos del humano, le empujó escaleras abajo con un fuerte puntapié que el hombre no llegó a anticipar y, tras seguirle deslizándose por la baranda que bordeaba la escalinata de madera, le clavó la espada directamente en el pecho, acabando con su vida.

- Y ahora estas muerto. - dijo limpiando la sangre que bañaba su espada con la ropa del tripulante.

Las defensas de aquella embarcación estaban siendo más patéticas que las de los anteriores, los hombres de Albión estaban ganando de forma abrumadora, no había ninguna baja entre los mercenarios.

Apenas diez minutos después se repetía de nuevo la escena que ya había vivido tres veces. Todos los mercenarios registraban los bolsillos de los cadáveres y Albión se había perdido en las cubiertas inferiores del barco, probablemente en la bodega, era como vivir dentro de una de esas historias mágicas en las que el protagonista acababa viviendo una y otra vez el mismo suceso.

Finalmente, el oso volvió junto a sus hombres.

- Lo tenemos. – dijo simplemente. Señaló a varios soldados, los más veteranos se acercaron a él y bajaron a la bodega entre los cuales, por supuesto, estaba Horacio.

Se peinó pobremente el pelaje de su cabeza y frunció el ceño. ¿A que venía tanto secretismo? Levantándose de dónde estaba estiró los brazos por encima de su cabeza y, casualmente, silbando, ignorando a todos los demás mercenarios que se repartían el botín, se acercó hasta la entrada por la que se habían perdido sus supuestos superiores.

Se mantuvo en silencio lo mejor que pudo, siempre sujetándose a vigas y a las diferentes partes en las que podía permanecer oculto. Aquel barco era estúpidamente grande, quizás el de mayores proporciones que había visto.

La mayoría de los hombres a los que Albión había convocado hacían las veces de guardias, es algo que comprobó cuando se vio obligado a sortear a varios de estos que aguardaban en distintos cuellos de botellas que había en algunos pasillos del interior de la embarcación.

¿Era oro? Negó con la cabeza mientras se adentraba, sigiloso, en la ha estancia más amplia y oculta del galeón. Si fuese oro no habría tanto secretismo, Albión era conocido en los bajos fondos como alguien dado a repartir botín entre sus aliados, si fuese oro lo sabrían todos.

Volvió a encaramarse de las vigas que mantenían sujeto el techo que tenían sobre sus cabezas y, poco a poco, la voz de Albión y de algunos segundos al mando se fue convirtiendo en más y más audible.

- Deshaceos de los más débiles y de los enfermos. – dijo señalando a la hilera de personas encadenadas, el susurro de varias espadas desenvainándose resonó en las paredes de la bodega. – También de los hombres-bestia y todo el que no lleve una joya encima, nadie va a pagar por esos y no voy a alimentarlos por que sí. – Wernack frunció el ceño.

¿Secuestro? Había participado en muchos secuestros, un secuestro no tenía nada de especial. ¿Por qué estaba tratando Albión aquel con tanto cuidado? Sigilosamente descendió hasta quedar encima de un par de cajas, justo sobre los mercenarios y los prisioneros.

Ahí fue cuando Wernack notó que las personas que estaban atadas no superaban la quincena de edad.

Entornó los ojos.

- “Vale, son críos, menuda novedad” – se dijo para sí, avanzando con suavidad sobre las cajas. Un gorgoteó agudo seguido de un golpe seco mostró al lobo que habían comenzado a ejecutar a los niños. Albión se dirigió a la salida.

Era curioso, llevaba toda la noche matando personas, cualquiera que le veía podría decir que, a su tierna edad, estaba totalmente desensibilizado hacía aquel tipo de actos. Había matado, secuestrado, incluso extorsionado en nombre de tantas personas que no recordaba ya a la mayoría.

Y, sin embargo, bajó de la caja y, con un movimiento automático de muñeca, casi instintivo, clavó dos veces su daga en los riñones de Horacio y, antes de que este pudiese siquiera gemir de dolor, le cortó el cuello.

El barrilete cayó al suelo como un muñeco sin vida, sangrando sobre la pequeña tigresa de colores pardos a la que había estado a punto de matar.

Un silencio sepulcral se apoderó de la bodega, los dos hombres que acompañaban al segundo de Albión se quedaron mirándole, sin saber exactamente cómo actuar, Wernack, por el contrario, miraba fijamente a la tigresa que tenía maniatada frente a él, atravesándola con sus penetrantes ojos amarillos.

- ¡Wernack! ¿¡Se puede saber que…!? – El garfio del lobo se alojó en la cara del elfo que cayó de espaldas, muerto al instante, el segundo de los veteranos había entendido ya que el lobo no iba a negociar, que no estaba actuando de una forma en la cual se iba a poder resolver todo hablando.

Tras intercambiar varias estocadas, no tardó mucho en encontrarse la espada de Asher.

Ahora estaba solo, todos sus “compañeros” de la habitación estaban muertos y él, miraba a una multitud de niños a los que, salvo por unos pocos, no quería nadie. Masculló en voz baja y buscó por el lugar la llave de sus cerraduras.

¿Por qué estaba haciendo aquello?

Cuando se resignó y comenzó a abrir los grilletes con una de sus uñas, otra persona entró en el lugar, no conocía a aquel tipo, pero se quedó paralizado, mirando como Wernack liberaba a las personas que habían ido allí a esclavizar.

- ¡Alert…! – aunque Wernack fue rápido y mató a aquel tipo antes de que terminase la frase, no venía solo, una multitud de voces comenzaron a repetir aquella palabra, incluso oyó su nombre junto a la palabra “Traidor”.

Asió su espada con fuerza y se deshizo de los grilletes que mantenían sujeta a la última de las criaturas, la pequeña tigresa. Ahora que estaban todos libres, ¿Qué hacía? No se le daba bien aquello, en si no había pensado muy bien que iba a hacer antes de actuar. Esperaba que fuese algo que corrigiese con el tiempo.

Sacudió la cabeza al oír sonido, al oler la multitud de olores que se deslizaban a través de los pasillos hasta dónde estaban, sus orejas se vinieron atrás cuando varios mercenarios comenzaron a internarse en la habitación.

- ¡Sabía que no nos teníamos que haber fiado del chucho! – vociferó uno de ellos al ver lo que tenía delante. - ¡Avisa a Albión! – varios de los recién llegados se esfumaron.

Gruñó, mostó toda la hilera de dientes afilados de la que era dueño. Llevaba toda la noche matando personas, se lo había dicho a si mismo momentos atrás, antes de hacer el imbécil.

¿Por qué parar ahora?

Bloqueó la espada del primero de los mercenarios, con su puño libre le golpeó en la cara y antes de que cayese al suelo ya había conseguido que su herrumbrosa espada se hundiese en su torso, el hombre gritó de dolor, pero no tenía tiempo para disfrutar de aquella visión, pasó a un segundo objetivo, el cual se defendió mejor que el primero pero debido a lo angosto del lugar, pero Wernack había peleado en un sinfín de situaciones como aquellas, siempre contra un poder superior, siempre había sido el de abajo.

Quizás no era un veterano en combate como aquellos hombres, pero sí que estaba seguro que él tenía más ganas de matarles que ellos a él.

Se abrió paso a través de los pasillos, de las cubiertas, acabando con todo aquel lo suficientemente ingenio como para pensar que podía derrotar a un lobo en un espacio tan cerrado.

- “Débiles, son todos débiles. Tengo que hacerme más fuerte, más” – aquella frase se repetía como un mantra en su cabeza, buscaba un reto, por un segundo creía haberlo conseguido. Parecía que estaba equivocado.

Llegó hasta la cubierta, cubierto de sangre, de algunas heridas, pero firme en su decisión. Apenas quedaba nadie, Albión esperaba cruzado de brazos frente al mástil principal.

- ¿Se puede saber qué te pasa, Wernack? – preguntó el oso juzgándole con la mirada, el lobo bajó ligeramente las orejas, pero no contestó. Unas hileras de críos comenzaron a aparecerse tras el can, los cuales no tardaron en ir inmediatamente hasta la borda, saltando de uno en uno al agua.

Albión comenzó a reír, a carcajadas, los mercenarios que quedaban vivos no sabían exactamente cómo reaccionar ante esto. ¿Atacaban? ¿Esperaban a que Albión diese la orden? ¿Por qué había infantes en el barco?

Una leve llovizna comenzó a precipitarse sobre el barco.

- ¿Has descubierto tu moralidad o algo? – dejó escapar una risotada aún más fuerte, aunque, al cabo de unos segundos, se detuvo de inmediato y se hizo con su hacha de doble filo, la cual descansaba en su espalda. – Debía de haberlo imaginado, ese nombre: Wernack – dijo entre dientes, casi con despreció. La personalidad paternal se había esfumado, sus ojos irradiaban una ira comedida que el perro todavía no había visto nunca - ¿Sabes lo que significa siquiera? – El lobo gruñó por lo bajo, dejando entrever sus dientes, asió su espada con aún más fuerza. – Oh… - Albión enarcó una ceja, comprendiendo la reacción del mercenario que, hasta hacía unos instantes, había estado bajo su mando - ¿Es acaso Wernack tu verdadero nombre? – Amplió su sonrisa al ver la reacción del lobo. – Te tenía que haber dejado con toda la chusma con la que te encontré. – Avanzó un par de pasos, enarbolando el hacha. – Tienes potencial, chico. – dijo – Pero si no eres capaz de ver más allá de eso. – Escupió a un lado – No mereces salir de ese bosque de barbaros en el que estabas.

Aquella última frase inició la pelea, se deslizó por el suelo a toda prisa, sacándole partido a los tablones resbaladizos y trató de acertar al oso en los talones. Un ruido metálico le mostró que, aunque había acertado, no había traspasado la armadura.

Sin decir nada se incorporó justo a tiempo para, grácilmente, evitar que el hacha de Albión le cortase en dos, cosa que si hizo con el mástil del barco, el cual cayó astillándose sobre el muelle.

- ¡Te he visto pelear mucho, mocoso! – Albión sujetó una de las patas del lobo antes de que este pudiese alejarse lo suficiente y, mostrando su fuerza abrumadora, le levantó y arrojó a lo largo de la cubierta.

Apretó los dientes al sentirse impactar contra el suelo del navío, pero no se permitió perder más tiempo, volvió a evitar el hacha del oso por poco y, aprovechando el instante que el oso tardaba en extraerla del suelo, acometió contra él.

- ¡NO TE ATREVAS A SUBESTIMARME! – gritó clavando profundamente su espada entre las juntas más visibles de su armadura, Albión rugió enfurecido y obligó a Wernack a apartarse de un manotazo.

- ¡Estás muerto, chico! – gritó de vuelta, sacudiendo el hombro herido - ¡Vas a volver a la cloaca de la que saliste! – golpeó con su hacha, Wernack la bloqueó con su propio acero, pero se vio obligado a caer de rodillas para aguantar el golpe. Albión volvió a alzar su arma, dispuesto a rematar el asunto ahora que había conseguido que su oponente se arrodillase, pero el lobo gris se le escapó de entre las manos como si de una nube de tormenta se tratase.

- ¡Quédate quieto! – rugió, los mercenarios se alejaron de la pelea, la tormenta cobró aún más fuerza.

- ¡Vas a tener que esforzarte más! – contestó Wernack de vuelta, atacándole por todos los puntos ciegos que podía observar.

Su figura bajo la tormenta era, básicamente, la personificación de los instintos que su apariencia le garantizaba. Movimientos concisos y certeros que no pensaba, simplemente aparecían, su cuerpo le obedecía tal y como él quería, por muy complicada y forzada que fuesen las acrobacias que le exigía.

No obstante, a veces fallaba, Albión consiguió acertarle en pleno vuelo con el envés de su arma, arrojándole a un lado con una fuerza abrumadora. Tosió copiosamente, tratando de recuperar el aire que el oso pardo él había arrebatado de sus pulmones.

- No, eres tú el que va a tener que esforzarse. – Wernack le mostró de nuevo los dientes, furioso, y se levantó enseguida, ignorando la sangre que resbalaba por su torso. Había pensado en alguna ocasión que otra en llevar armadura, pero no podía imaginar que podría forzarle a llevar una, al menos en aquel momento.

Se hizo con su garfio y, sin dudarlo un instante, se lo lanzó al oso. Este, con una sonrisa arrogante lo evitó de un manotazo, el garfio acabó anclado a un lado de Albión. Wernack sonrió y, sin perder tiempo, comenzó a correr a su alrededor.

No se podía creer que estuviese funcionando.

El oso comenzó a maldecir en voz alta en cuanto se vio atrapado por la gruesa cuerda de la que el perro hacía uso, comenzó a revolverse a toda prisa tratando de escapar, pero Wernack era mucho más rápido, no iba a poder zafarse de aquello con facilidad.

- ¡Quédate quieto! – dijo Wernack de vuelta sonriendo al comprender lo ironico de aquella frase y clavado su espada en el otro hombro de Albión, justo entre las juntas de la coraza.

Otro rugido rompió el silencio de la noche, este vino con una retahíla de insultos que Wernack encontró gratificante, cuando perdían los nervios significaba que estaba haciendo algo bien.

- ¡Se acabó, niño! – rompió las cuerdas haciendo uso de mera fuerza bruta, Wernack enarcó una ceja, visiblemente sorprendido, instantes antes de que un fuerte puñetazo le derribase. ¿De dónde había sacado toda aquella velocidad? Se dio varias bofetadas en la cara aun en el suelo, tratando de despejarse, para encontrarse con el pie del Urso directamente en su espalda.

Bramó de dolor cuando sintió todo el peso de Albión junto a su armadura acumulándose en su espalda, se le resentían los huesos, pero aún no había acabado.

No iba a menospreciarle así.

- ¿Te corto por la mitad? ¿O prefieres la cabeza? – Estaba sangrando, su sangre serviría, no llevaba mucho tiempo mirando aquellas estupideces por que no terminaba de entenderlas, no en un principio, pero serviría.

Volvió a sentir presión, gritó, pero no se detuvo, aquel era el primer reto de verdad que tenía en mucho tiempo. Primero dibujó un circulo con sangre y lo cubrió levemente con su cuerpo para que el agua no lo borrase, pudo ver en el reflejo del agua que tenía bajo él como Albión levantaba su hacha, apretó los dientes y completó el circulo con un par de líneas en su interior.

Instantes antes de que el oso bajase el hacha, Wernack golpeó el circulo con la palma de su mano, el cual se iluminó de inmediato. Una descarga electrizante surco su cuerpo y después hizo lo mismo con el del oso.

Sintió dolor, una cantidad inusitada de él, su corazón palpitaba con fuerza en su pecho, indicándole que estaba siendo un idiota, pero, debido a la armadura de metal y al agua, estaba seguro de que Albión estaba pasándolo mucho peor.

Tras unos segundos que fueron, prácticamente, horas, los gritos de dolor cesaron y Wernack, apenas consciente, sintió como el peso que tenía sobre su cabeza se aligeraba. Albión caía de espaldas, cuan largo era, produciendo un sonoro sonido metálico.

Jadeó confuso y arrastró su cara por el agua, tratando de recuperar algo de sensibilidad en la misma. Se consiguió levantar a duras penas y miró a su alrededor, el lugar estaba completamente destrozado, los pocos mercenarios supervivientes se habían marchado de allí.

Tomó su espada y caminó hasta dónde estaba Albión, seguía respirando.

- ¿Qué estas traman…? – Le clavó la espada en la garganta y acalló su voz de inmediato, no quería oír explicaciones, había ganado e iba a cobrarse su victoria.

Se acabó.

Respirando con dificultad bajó del navío. Seguía sin estar seguro de por qué había hecho todo eso. Pero había ganado dos cosas: dinero y un reto acorde, no podía decir que fuese un mal cambio.

Ah, y también había salvado a unos críos.

- Gracias por… - Una voz a su espalda le sacó de sus cavilaciones, justo antes de perderse de nuevo en los barrios bajos de Lunargenta. – Rescatarnos – Era la pequeña tigresa con la que compartía color de pelaje, enarcó una ceja y negó con la cabeza.

- No lo he hecho por vosotros. – dijo escuetamente, se giró para marcharse, dejando atrás aquellos cuatro barcos plagados de muerte; lo cierto es que tenía que empezar a buscar mejor los trabajos.

Suspirando, aun dolorido, se detuvo un último instante.

- Eres débil – Le dijo a la tigresa, que no hizo nada, se limitó a bajar la cabeza. Wernack frunció el ceño y desató su espada de su cinturón, la arrojó a los pies de la niña. – Hazte fuerte. – dijo - Lo suficientemente fuerte como para que no necesites ayuda de nadie. – añadió, no necesitaba esa espada, se buscaría otra, con un nombre mejor; como “Brillo”.

- Gra… gracias – Wernack suspiró otra vez y negó con la cabeza, se fundió con las sombras sin decir nada más. - ¿Cómo… como te llamas? – preguntó la joven a la nada.

- Asher. – respondió la nada.

______________________________________________________________

Se despertó entre sudores, tosió copiosamente y se llevó la mano hasta la cara, gruñendo por lo bajo. Otro de aquellos sueños, negó con la cabeza y trató de ignorar la imperiosa necesidad de tocar las vendas que cubrían su cuerpo.

La enfermedad le estaba volviendo nostálgico o algo.

Al cabo de unos segundos, comprendió que no estaba solo en la habitación, Syl le vigilaba desde un taburete cercano.

- ¿Me estabas mirando mientras dormía? – preguntó con una sonrisa burlona, el gato se aclaró la garganta.

- N... no… - El gato volvió a callarse, tras lo cual recupero su característico tono de voz inalterable. Syl podía ser arrebatadoramente adorable a veces, le dedicó una sonrisa. – Estabas teniendo un mal suelo, pensaba que podía ser… un efecto secundario o algo.

Asher negó con la cabeza y se reclinó sobre la cama. ¿Un mal sueño? Lo cierto es que cuando era joven estaba ridículamente obsesionado con la fuerza y la debilidad, y seguía sin estar muy seguro de por qué.

- De todas formas, voy a avisar a Dann. – dijo severamente el gato, levantándose de su asiento. – Y deja de tocarte las vendas. – dijo antes de, finalmente, salir de la habitación.


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Intercambio de Historias (Siria): ¡Una bonita Mañana!

Mensaje  Claudena Orsteni el Jue 28 Dic 2017 - 15:46

Off-Rol:
Espero que guste Siria y perdona lo corto enserio no pude agregar mas y pienso que quedo algo Out of Character Sorry
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    ¡Oh!, ¡Que bonito empezó el dia!, recién al levantarme pude escuchar como cantan los pajaritos ,     ¿Qué podre hacer hoy?, lo primero es comer, que mi estomago me pide comida ahora mismo. Voy a buscar arco y flechas, a ver...¿Qué cazare para desayunar? , cualquier animal que encuentre con un buen té sabrá bien. ¡Ya estoy preparada, a adentrarse en el bosque y a ver que encuentro!.

   Poco a poco, voy mirando a todos lados y busco...¿Qué escucho? Un ruido y proviene de  arbusto que se ve adelante..Voy lento, pero lento..no quiero que huya, preparo el arco y la flecha, apunto y...disparo.  ¿Le dí?, solo escuche un pequeño sonido saliendo de ese arbusto, voy a acercarme y veré...  ¡Muy bien!, pude atrapar algo es hora de desayunar. Ya estoy cocinando la carne ¿y como no?..preparo el té.

  ¡Que rica esta la comida, junto al té es aun mas deliciosa!. Bueno ya comí, ¡Es hora, a irse! Tomare mis cosas y a continuar viajando. Voy avanzando por un pequeñito camino, escucho un sonido como de agua, creo que estoy cerca de un rio. Hmm...Me vendría bien darme un baño, pero mejor hago eso después, ahorita mismo no huelo tan mal.. Ah, ¡Que brisa mas agradable, y todo esta muy tranquilo!, ¡hace un buen tiempo, que bien!.

   ¡Ah!, ¡que bonito es el paisaje!, con las bellas montañas llenas de arboles..¡todo es agradable hoy de verdad creo que es una linda mañana!.
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Re: Evento de Yule

Mensaje  Matthew Owens el Jue 28 Dic 2017 - 17:32

Atención:
Quiero hacer una aclaración. Este cuento fue pensado como si fuera un relato de Navidad. Para lograr ese efecto necesito de su colaboración así que les pido esto: La voz del Narrador tiene que ser como la de los cuentos de navidad

Está es la historia de un niño bestia y de cómo recupero el solsticio de invierno gracias a su gran inteligencia, valor, pero por sobre todo a que tenía mucha suerte... En realidad fue casi todo esto último, ya que lo primero es bastante dudoso y lo segundo demasiado relativo. Es que, seamos honestos, el joven licántropo no era lo que se dice... Bueno, ustedes me entienden.

-¿Lo que se dice...?

-Shhhh-

En fin, Yule es una fecha muy especial para la gente de Aerandir, las familias se juntan para festejar, comer, beber en abundancia, quedar en ridículo producto de la embriaguez y generar todo tipo de deliciosos mal entendidos románticos. Todas maravillosas actividades inventadas y promovidas por los humanos, quienes traían la diversión a Aerandir, como no podía ser de otra manera. El pequeño Gwynn estaba aprendiendo todo esto a un ritmo apresurado.

-¡No soy pequeño!-

El “ligeramente por debajo de la media en altura” Gwynn

-...- *Mohín de desagrado*

Se encontraba un poco perdido entre medio de los preparativos para el maravilloso evento, las personas acomodaban sillas y mesas en los grandes salones, las mujeres preparaban cuantiosas cantidades de comida y los hombres juntaban toda la leña que podían para hacer grandes fogatas. Con su habitual falta de perspicacia el “nada pequeño” Gwynn se acercó a una de las parroquianas: “Di-Disculpe, ¿Que es... Que es lo que está sucediendo?” Preguntó con las mejillas sonrojadas y lágrimas asomando en sus enormes ojos.

-¡¡Estas mintiendo!! ¡Yo no hablo así!-

-Pero podrías, serías más popular-

-Te lo estas inventando-

-Seguro a Alira le gustaría-

-... ¿Tu crees?- *Gesto avergonzado llevándose la mano a la nuca*

La dama le explico que era una fecha muy especial: El solsticio de invierno, que esa celebración estaba dedicada a la fertilidad, que se pedían buenas cosechas y prosperidad para el año que estaba a punto de comenzar  ¡Claro! Tan absorto había estado en sus viajes que no se había percatado de que había llegado ese momento del año.  

Una enorme sonrisa se pinto en su rostro, “Será divertido ver como lo celebran los humanos” pensó el joven hombre-lobo. Y sin perder el tiempo busco el modo de integrarse a la celebración, dando alegres saltitos por todo el lugar ayudó a colocar las guirnaldas, poner decoración en los árboles, y repartir besos. y abrazos...

-Yo no doy “alegres saltitos”-

-Es que estabas poseído por el espíritu festivo-

-¡Que no! Y además no es así como se festeja. Durante la celebración de Yule los visitantes son todos bienvenidos, eso me dijeron los humanos, y luego me dejaron ayudarlos con los preparativos, sacrificamos animales para el banquete, pusimos árboles de abeto en las casas, y colgamos muerdagos en las puertas...

-Mi versión es mucho mas entretenida -

Pero más allá de todo el jolgorio, la comida y los brindis, había un hecho que era fundamental para la celebración: La gran fogata. Según decían, había que mantener el fuego encendido hasta que el sol saliera por el horizonte, y luego repartir las cenizas por los campos de cultivo, eso aseguraría una buena cosecha para la siguiente temporada.

-Todos estábamos muy emocionados, habían mas niños de mi edad y nos pusimos a correr y jugar alrededor de la fogata. Cuando ya era muy tarde contamos historias junto al fuego, y las mias fueron las mejores - *sacando pecho orgulloso*

Todo parecía estar saliendo bien, pero de pronto algo raro comenzó a notarse en el bello cielo nocturno, una imagen que en un principio fue fascinante ya que ninguno de los presentes había visto algo parecido. El asombro pronto dio lugar al terror cuando se percataron de que...

-¡¡La luna estaba roja!!-

-... Y así es como se arruina un momento de suspenso-

La inmensa luna llena que hasta hacía un momento era blanca y brillante, ahora tenía un intenso color rojo. La música se detuvo, la gente dejó de brindar y comer, hasta el viento pareció contener la respiración, fue como si de pronto el tiempo se hubiese detenido. El silencio fue interrumpido por el llanto de un bebé y solo entonces la realidad regresó a la normalidad, el sonido de murmullos fue incrementándose a medida que la gente se iba poniendo más histérica.

-Yo estaba paralizado, no entendía lo que estaba pasando-

-Para variar...-

Se alzó un extraño vendaval que arrastró gran parte del decorado de las casas, las personas corrieron a refugiarse, pero el joven licántropo no fue con ellos ya que había notado algo: El viento invernal era tan fuerte que amenazaba incluso con apagar la fogata.

-Los dioses estaban enfadados ¡Pero no sabia porque! Todo parecía estar bien y de pronto... - *Niega con la cabeza* - Había que hacer algo para apaciguarlos.

Y entonces...

-Entonces cante -

El joven Gwynn del clan Drumgelloch cantó, entonó una canción que era en realidad un salmo, un pedido, un rezo en medio de esa tormenta que parecía que se llevaría al pueblo entero, con las llamas danzando tras de él y la inmensa luna roja observándolo...

-¡Es verdad! Las canciones son algo muy importante en mi tribu y... Y yo sentí como sí los espíritus me estuvieran diciendo lo que debía hacer-

-...- *Gesto de “le falta un tornillo”*

-No te burles, tu... tu anciano de horrible barba - *Señalando de modo acusador*

Y fue como un milagro, la voz del muchacho se esparció por todo el pueblo, inundando los valles y las montañas con su preciosa melodía. Los aldeanos se asomaron desde sus escondites, creían que algún tipo de ser celestial había bajado a salvarlos, pero cuando miraban solo veían la figura de un niño. Completamente estupefactos contemplaron el cielo nocturno ¡La luna comenzó a recuperar su color! Animados al ver que funcionaba salieron de sus casas y tiraron toda la leña que quedaba en el fuego, avivándolo para poder recibir así al padre sol.

-No sé cuanto tiempo estuve cantando, pero cuando termine me sentía muy cansado, me caí sentado ahí mismo- *Demuestra al público como paso*

Los aldeanos agradecidos, y seguros de que había sido un milagro, se acercaron al joven Gwynn y lo levantaron sobre sus hombros, aclamando al nuevo héroe del pueblo.

-...- *Busca rastros de ironía en el tono de Matt*

-¿Qué? Lo digo en serio -

Fue así como el joven niño bestia salvo la noche de Yule, el solsticio de invierno pudo concluir tal y como la tradición lo exigía, y todo el pueblo regreso a la normalidad con la confianza de que los dioses iban a ser piadosos con ellos en este nuevo año.

Gwynn:
Espero que lo hayas disfrutado tanto como yo me divertí escribiéndolo ^^
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Re: Evento de Yule

Mensaje  Ingela el Vie 29 Dic 2017 - 5:32

El destierro de Kaeltha fue lo que terminó de desgarrar mi corazón.

Creo que jamás había sentido tanta rabia. Primero la desaparición de mi hermano, y ahora esto. ¿Cómo puede estar pasando? ¿En qué momento todo cambió? No sé si pueda resistir tanto... perder... ¿Por qué?

Han sido meses muy duros, de mucha soledad. La rabia no pasa y los demás seres que amo pagan el precio de mi enojo. Liunil ha intentado acercarse a mí. ¿Acaso piensa que ahora puede ocupar el lugar de su hermana? No es Kaeltha y yo no soy Arzhak. Pero no puedo reprenderla ni rechazarla, es la futura sacerdotisa del clan, le debo respeto por eso y por ser hija de Barahir y Hareth. Busco consuelo entre los brazos de Mellara, encuentro en sus besos y caricias algo de sosiego, pero la rabia sigue aquí, en mi pecho, como una esfera que me pesa cada día más.

Ahora soy cáno, esperan mucho de mí. Tengo que cumplir con todas las expectativas. No lo quería, pero, ¿qué otra opción tengo? Mi hermano desapareció, Kaeltha nos... nos traicionó... ¿en quién más pueden confiar? Yo... ¿En mí? ¿Por qué en mí? Nunca los cuestioné, ni reproché nada. Acepté el destino que me impusieron los líderes de mi clan. Ellos deciden el destino de todos y un día, yo seré uno de ellos y decidiré. Así es, ha sido y será siempre. La tradición se respeta, se cuida. Si no cuidamos nuestras tradiciones, olvidamos nuestra historia, olvidamos quienes somos.

Los líderes me dijeron que tenía que renegar de Kaeltha. Ella ya no existe para nosotros; es nada menos que nada. Pero ¡ahí está! Con la dragona. Me alivia que no esté sola, la dragona la cuida y la quiere. ¿Por qué no puedo acercarme? Por Imbar... tengo que controlar estas ganas de correr a abrazarla, a besarla, de tirarme a abrazar sus piernas. Ella es mi arael'sha y yo la amaba con todas las fuerzas de mi corazón. Había errado, había hecho daño, pero ninguno de sus actos hicieron mella en mis sentimientos aunque las órdenes eran que debía repudiarla. ¿Cómo tomas tanto cariño y lo eliminas de tu corazón? Eso no se puede, es imposible.

Miro a Liunil y sé que siente lo mismo que yo. Sé que el ver a Kaeltha en la orilla de la playa le está doliendo. Lo sé porque lo veo en sus ojos que se resisten a llorar. Le tomo la mano y le digo que no salga, que yo me voy a encargar de todo el asunto. Ella asiente y se queda inmóvil, baja la mirada y aprieta las manos en puños, impotente. Tenemos órdenes. Kaeltha no tiene honra, Kaeltha es nadie.

Y aún así... es todo para mí.

Tengo que avanzar, tengo que impedir que mis soldados ataquen a la dragona. ¡Qué impertinente es! Pero está defendiéndola, está cuidando de ella... mi gratitud estará por siempre con esa dragona.

-Ava, Akh'Velahrn-.

Off:
Este es el pensamiento de Aranarth el día que encontró a Helyare junto a Ingela en el límite del territorio de su clan, en el tema "Prohibido para ti"

Para mi amiguita linda, espero haberle sido fiel a Aranarth. ¡Feliz Yule!
Ingela
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Re: Evento de Yule

Mensaje  Siria el Vie 29 Dic 2017 - 8:19

Spoiler:
Para una ambientación aún mayor en el relato, se recomienda escuchar música Noir como esta: https://www.youtube.com/watch?v=PEI2zet48Uc

La mansión de los señores Bennett. Un lugar inmundo de avaricia y codicia. Apestaba tanto como los burdeles de mala muerte que visitaba cada vez que un asesinato ocurría lugar. Un lugar de 5 pisos, llenas de habitaciones para invitados estrafalarios, donde se daban degeneraciones dignas de la reputación del lugar. Se encontraba aislada del tumulto de las calles, en el sector más acomodado de los muros de Lunargenta. Casi nada de lo que ocurría podía ser escuchado por el resto de la gente que vivía en el barrio, sufría de un aislamiento muy… “conveniente”.

Un escenario perfecto… para el crimen perfecto.

Recuerdo aquella noche como si hubiera sido ayer. Ni la luna ni las estrellas podían verse en el cielo, escondidas bajo un manto de nubes que parecían esconder la presencia de estas frente al crimen que se había cometido, como si fuera una madre que tapa los ojos de su retoño frente al pecado de la muerte.

Una celebración había ocurrido en las paredes de este sucio lugar. El vino, la jerga y el sexo, como de costumbre, fueron los protagonistas de la noche… hasta que esa chica decidió que robaría el protagonismo. No. Sería injusto atribuirle la culpa a aquella infortunada. Más bien, alguien había decidido darle el centro, sin preguntar si el costo para ello importaba. Como consecuencia, ahí nos encontrábamos alrededor del gran vestíbulo, rodeando el cadáver siendo rodeado por un charco de sangre, mientras el arma del homicidio se encontraba clavada en la espalda de la hermosa mujer.

Siria Reinhardt. Llevaba un hermoso vestido de color… no importaba el color, en realidad. No importa si todo está en blanco y negro. Solo importaba que estaba manchado por la sangre de su cuerpo, mientras su cuerpo boca abajo se encontraba inmóvil y sus largos cabellos se encontraban dispersos por todos lados. Que desgracia, era una hermosa mujer, probablemente la más hermosa dragona que hubieras conocido en tu vida. Y su voz era un deleite, tenía una magia que no sabías explicar, pero que instaba a enamorarte de ella.

- Y bien, oficiales. ¿Alguna noticia?

- N-no, nada, mi señora Woodpecker

Hm. Como de costumbre, los oficiales mostrando su utilidad. Ni idea tenían quién había sido, a qué hora había ocurrido o siquiera si el arma oficial de la muerte era el cuchillo que atravesaba su carne. Les pedí que revisaran la mansión por pistas que nos ayudaran a encontrar la verdad, pero como era esperable, no pudieron conectar nada con los tres principales sospechosos de la noche.

El mayordomo Sebastián

El joven Alexander

La señorita Silmariel


El mayordomo… siempre son los culpables de los horrendos crímenes de las mansiones. Hay algo que chispea en sus mentes, un pasado oculto que la víctima descubre, o simplemente porque no hay más sospechosos de los que sospechar. Pero había algo innatural que parecía atraerlos al mundo del crimen. Sebastián parecía el clásico mayordomo asesino: alto, ya de avanzada edad, de grandes cejas y bigotes, aunque carecía de una barba que acompañara su rostro. Leal y servicial… pero probablemente un asesino al final del día.

Nuestro segundo sospechoso… Alexander era un extranjero de estas tierras, con un acento curioso y trabas lingüísticas muy específicas: no parecía poder usar las consonantes s y c de manera correcta, reemplazándolas por una z cada vez que hablaba. Ello, sin mencionar un abuso de la doble R que hacía doler los ojos incluso cuando no se usan para escuchar. Tenía entendido que era un profesor de ciencias, específicamente las matemáticas eran su fuerte. Un verdadero bombón, si me preguntan.

La señorita pech-- digo, Silmariel. Otra extranjera de estas tierras, pero perfectamente amoldada, a diferencia del joven profesor. Sus atributos eran… exuberantes, por decir menos. Digo, cielo santo, esos pechos me hubieran causado fracturas en la espalda de solo tenerlos. Según mis contactos, vivía de la música y de las artes, cantante como la fallecida de la noche. ¿Podría ser el caso de una rivalidad y celos no correspondidos? No me extrañaría una rivalidad, pero su belleza era única y especial, muchos hombres probablemente venderían su alma al dragón de la Oscuridad por solo un beso de sus labios.

Otra noche, otro asesinato…

- Dime Gumshoe, ¿cuándo será el día que te ganes la vida? Nunca resuelves un misterio si no estoy cerca para ayudarte

El viejo Gumshoe. Era un oficial desganado y en sus 40. Probablemente del tipo que atraería muchas mujeres si se arreglara decentemente, pero sus ropas desordenadas y su falta de cuidados lo hacía tan poco atractivo como intentar conquistar un Brambo.

- Si tuviera tus poderes detectivescos, probablemente no tendrías que estar molestándonos en cada caso que tenemos - Ahh, el buen Gumshoe, siempre haciendo sentir bienvenida a una dama - Pero hasta entonces, es un misterio sin resolver para nosotros.

Suspiré mientras sacaba el tabaco de mis bolsillos. Enrollándolo en un tubo de papel, me digné a prenderle fuego, con la intención de inundar el ambiente con su asqueroso olor. Los tres culpables se sintieron incómodos cuando la sensación les llegó a sus narices, aunque poco podía importarme lo que opinaban un trío de asesinos.

- Señorita Woodpecker, es mi deber recordar las reglas de la casa, y es que no se puede fumar en el interior de la misma - El siempre fiel y “en el papel” mayordomo, Sebastián. Si, ahora te hacías el correcto y el que sigue las reglas, ¿no?

- Me imagino que los asesinatos tampoco están considerados dentro de las reglas de la casa, ¿verdad Sebastián? - me acerqué a él, mientras lo miraba inquisitivamente - Pero henos en esta noche, con una joven apuñalada por la espalda. Probablemente el maestro de la mansión no debe estar muy contento, ¿verdad?

Desvió levemente la mirada, dándome a entender que poco me valía sus reglas. Si deseaba fumar mientras investigaba, muy bien que lo haría, carajo.

- Quizás si comenzamos a teorizar sobre los hechos, podríamos acelerar esto y encontrar a quien rompe las reglas de la casa, ¿no? - golpeé levemente mi cigarro improvisado para botar los restos de tabaco quemado al piso - Cuál es su relación con la víctima, por ejemplo.

- ¿L-la joven Siria? - tosió levemente, mientras podía notar su nerviosismo en aumento - Solo me dediqué a recoger su abrigo antes de la velada de la noche

- ¿Seguro que solo fue eso… Sebastián? - sonreí, llevándome el cigarro a la boca y sacando una deliciosa bocanada de esa deliciosa droga llamada tabaco - Las palabras de la joven fueron muy explícitas, según nos cuentan nuestros “pajaritos”

- Por favor, cuide bien de mi abrigo, que tiene un valor muy sentimental para mí

Sus ojos se abrieron un poco más de los que estaban acostumbrados al recordar aquellas palabras. No podía esconder su nerviosismo de mi olfato lobuno, los años de experiencia me hacen saber cuándo un culpable intenta esconder su culpa.

- Se sintió como una bofetada a todos esos años de servicio como mayordomo, ¿no? - me acerqué a él, mientras su cuerpo daba un paso atrás, casi como instintivo, como si una presa se enfrentara a su depredador más temible - ¿Cuántos años de servicio han sido? ¿Treinta? ¿Cuarenta? Siempre perfecto, siempre impoluto y servicial frente a toda clase de invitado. Pero esta noche, ella llegó y esa solicitud se sintió como una súplica, un ruego. Algo como… “Por favor, no la cagues”

- N-no, no es cierto… - intentaba responder tímidamente, pero su miedo y nerviosismo ya estaban apoderados de sus cuerdas vocales

- No podías sacarte de la cabeza aquellas palabras, aquella crítica. Se sintió como una bofetada, ¿no? Se sintió como si alguien despreciara todos tus años de servicio, ¿no?

- P-pero ella no…

- Claro, ¿cómo podía saber ella? Pero eso no te importó. Solo querías limpiar tu nombre, tu honor, tus años, ¿no?

- N-no, no es cierto

- Fuiste a la cocina, agarraste del mango el cuchillo más grande que encontraste, apretaste con la fuerza máxima que tus manos de avanzada edad pudieron, y aprovechaste de dar la estocada por la espalda cuando tu víctima se descuidó en el primer segundo de la noche

- No, no lo hice…

- ¿Por qué no lo admites de una vez, Sebastián? La culpa te carcome hasta en lo más profundo de tus huesos. Admite que te ofendió. Admite que querías acabar con su vida. Admite que tú--

No alcancé a terminar cuando el mayordomo cedió, llevando sus manos a la cabeza después de aquel interrogatorio, cayendo al suelo en sus rodillas.

- ¡Si! ¡Lo admito! - gritó, mientras agachaba la cabeza - Me sentí… ofendido. Sentí que me había dado una bofetada a mi orgullo, a mi pasión. Sentí cómo me había pasado a llevar como ninguno lo había hecho. Necesitaba… descargarme. Necesitaba… recuperar mi dignidad. No podía seguir viviendo así, mi cabeza se inundaba de pensamientos, de… necesidad de acción

- Entonces ahí tomaste el cuchillo, y se la enterraste en toda su humanidad

- ¡No! - siguió gritando, aunque, sorpresivamente, parecía honesto en sus palabras - Busqué una botella del mejor Merlot de mi señor, y me bebí todo su contenido. Pasé llorando dentro de la bodega, tratando de ahogar mis pensamientos y mi orgullo, mi señora Woodpecker

Así que alcohol, dice… me acerqué a él, y olí su cuello. En efecto, estaba pasado a Merlot del año 62, maravilloso año, si me preguntan. Entonces, decía la verdad…

… mira tú, que el asesino no sea el mayordomo es una novedad increíble, si me preguntan.

- Gumshoe, saque a este patético intento de ser humano borrasho de mi vista - hice un gesto con mi mano que se entendía como “saque esta basura de acá”, mientras el mayordomo era removido de mi vista, llorando y alcohólico como nadie de esa noche. Eso al menos removía un sospechoso de mi lista.

Era turno del chico extranjero.

- Alexander - dije, mientras lo miraba a los ojos detenidamente. En esos deliciosos ojos color castaño.

- Ze zeñorrita Woodpeckerr - Ese acento era delicioso, esa forma de pronunciar la z, esa manera de repetir las r, como si fuera un ronroneo, grr…

- Puedes decirme Wood, bombón - le respondí mientras pasaba mis manos alrededor de su cuello - Dime, ¿hay algo que quieras confesarme en secreto? Podemos ir a mi habitación, y confesarnos toda la noche…

Por supuesto, solo me miraba de manera irritada, como si tuviera que pasar por esto cuantiosas veces al día, pero el que se pusiera así lograba hacer que mis hormonas se agitaran como si fuera una quinceañera. Y por él, estaba dispuesta a ser una por toda la noche, si gustaba de ello.

- Ze… no quierro zerr irrrezpetuozo - no lo eres, bombón - ¿perro no ze zupone que eztá inveztigando el ze cazo de la muerrte de la joven de ahí?

¿Muerte de alguien? ¿Alguien se murió recient--? Oh, cierto, Siria.

Tosí un poco, mientras me recomponía. Me erguí delante de él, intentando parecer amenazante de nuevo, si es que alguna vez lo fui

- La víctima y usted conversaron largo y tendido durante toda la noche, me contaron mis… pajaritos. ¿Era una persona agradable? ¿Algo que haya dicho fuera de lo común?

- Puez, ze zi. Erra… agrradable converrzarr con ella zobre ze varrioz temaz, zobrre todo de nueztrroz ze trrabajoz. Perro no dijo nada… anorrmal, crreo.

- ¿Ah, no? - sonreí al ver cómo caía bajo sus propias mentiras - ¿No recuerda acaso la frase que marcó el “antes y después” de la noche?

- No sé si pueda mandar a mis hijos a la escuela. No tengo mucho dinero, y apenas me da para darles de comer

Tal y como ocurrió con el mayordomo, sus ojos se abrieron ante mí, inundados de nerviosismo, delatando sus pensamientos, y por sobre todo, delatando su manto de mentiras.

- Puez, ze ezo ez una pena… - dijo, sin mirarme a los ojos.

- Una pena que no crea en sus ideales de educación, ¿no? -  me acerqué inquisitivamente, acortando la distancia que había entre los dos - Si acaso comprendiera en su mente lo que significa para un chico una buena educación. Pero no, se negó a ese pensamiento. Crecerían idiotas, sin desarrollar sus capacidades a pleno, y mantendrían el estatus quo de pobreza y hambruna de la población, ¿no?

- Puez… ezo…

- Y así la educación quedaría relegada nuevamente a los estratos de los ricos, de los poderosos, los que controlan a cada pobre de este inmundo planeta, solo para acrecentar esa brecha y mantener las desigualdades sociales en el punto muerto, como siempre han estado. No lo pudo aguantar, y tomó el cuchillo y, con todas sus fuerzas…

-¡Zi! ¡Zi! ¡Lo ze admito! - terminó tomándose la cabeza como el mayordomo, aunque esta vez, se mantenía de pie, al menos más digno - ¡Como no puede comprrenderr la nezezidad que tienen loz ze chicoz de aprrenderr! Nada máz que la ze educazión puede zacarr a la gente de ezta ze mierrda de pobrreza en la que ze eztán zumidoz. ¡Nunca ze zaldrrán adelante zi no ze ze educan!

- Entonces, decidiste…

- ¡No! - respondió con ese mismo tono sincero que usó el mayordomo - Yo… ze zimplemente me dediqué a comerr ze torrta en un rrincón. No puedo combatirr ze deprrezión zi no ez con ze torrta

En el costado de su labio, todavía quedaba algo de la crema pastelera usada en el festín. Entonces, no decía mentiras. En un cierto sentido, era un alivio. Hubieran destrozado ese fantástico culo que tiene en prisión.

- Gumshoe, lléveselo a mi habitación y espóselo. Ya lo interrogaré más adelante - grr…

Así que nos quedaba una sospechosa… la joven Silmariel.

En realidad, no creo que lo haya hecho, así que descartémosla.

- ¡¿Como me descartan tan rápidamente?!

- Pues, no te veo como alguien capaz de matar a alguien con esos brazos de fideos que tienes…

- Estos brazos de fideos pueden ahorcar a una persona fácilmente, ¿ves? - si, si, te creo, te creo, ¡pero deja mi cuello que no puedo respirar, por favor!

De acuerdo, de acuerdo, tiene la fuerza como para matar a alguien. Al menos tiene más herramientas, porque de ser asesina, solo se me ocurría que alguien se ahogara en esos… melones que tiene, cielo santo.

- Si hemos de sospechar de ti, ¿cuál sería tu coartada?

- Pues, hablé mucho también con la víctima, sabe… - lentamente se acercó a mí, haciendo sonar sus zapatos de tacón mientras caminaba, mientras lentamente sus ojos seductores me miraban peligrosamente. Aquella era una de esas chicas peligrosas de la vida, de las cuales no tenías idea si te traicionarían o no, de esas que tienen un eterno e imperecedero hambre de poder.

- Háblame un poco de lo que hablaron… - mi brazo rodeó con firmeza su delgada cintura, apegando su cuerpo con el mío… específicamente sus sandías más que nada.

- De muchas cosas, sabe… de la vida, de la familia… lo que conversan las chicas cuando se interesan mutuamente - si no estuviera todo extrañamente en blanco y negro, juraría que sus labios eran de un color escarlata que los hacían más robustos. Era el tipo de chica que todo hombre deseaba tener en sus brazos, y curiosamente yo, siendo una mujer ya hecha y derecha, la tenía en los míos. ¿Cuántos estarían celosos de mi y del lugar que tenía en estos momentos? Y debo decir, que si no fuera que me gustan bien machos, aquí mismo contra la pared la haría mía.

- Esta todo bien, querida. Entiendo que las chicas se sientan así cuando encuentran a alguien con quién congeniar, sobre todo si son del mismo sexo… pero hay una falsedad en tu coartada

- ¿Falsedad dice? - Me miró extrañada, aunque sin despegar la distancia

- Se te olvidó una frase crucial que dijo la joven en la noche…

- Como me gustaría declararme a Seth, el del mercado. ¿Crees que debería cocinarle una tarta de frutillas para ayudarme en la declaración?

La joven mostraba en sus ojos la misma mirada que aquella de un padre que debe decirle a su hija que sus sueños de ser bailarina de ballet nunca se harán realidad porque es una parapléjica y no puede mover sus piernas. Lentamente sus mentiras cayeron por lo que son: asquerosas manipulaciones de la realidad

- La verdad… es que tu llegaste hace 5 minutos atrás, porque te atrasaste en tu viaje. Porque en la realidad, cantar en los bares y cantinas no deja mucho dinero, por lo que no tenías formas de llegar a la hora. Así que simplemente te escabulliste directamente hacia la cocina, en búsqueda de algunas sobras para comer

No faltó mucho para que la joven bajara la mirada en vergüenza, demostrando una vez más que mi teoría se encontraba en lo cierto

- De hecho, señora detective, tuve que vender a hierba buena hace unos meses atrás para subsistir el crudo invierno que nos azotó recientemente. Es por eso que terminé colándome en esta casa, para ver si podía alimentarme y seguir sobreviviendo este invierno

- Pues, ya tenemos un caso cerrado al menos, ¿no lo cree Gumshoe?

- Si, ¿pero es necesario que la siga abrazando de la cintura y pegando sus… digo, su cuerpo hacia usted?

- Por supuesto. Soy una mujer, no pensará que le estoy haciendo algo indecoroso, ¿verdad?

- P-por supuesto que no…

Y otro crimen de acoso sexual quedará impune frente al oficial investigador, je… je… je…

Aun así, no había más sospechosos en la escena del crimen. Si ya habíamos descartado a los presentes y a los tres sospechosos, ¿qué hipótesis más nos quedaban? ¿Habría sido suicidio? Es imposible, la herida de la espalda era muy certera en el centro de esta, y no habían objetos cercanos que pudieran indicar que pudieran ayudarla a cometer un atentado contra su propia vida.

Pero espera… si había una sospechosa más.

Yo misma.

¿Yo misma?

Quizás…

Ahora que lo pienso… sentía cierto odio hacia ella. Me molestaba lo santo sacra que terminaba siendo su forma de ser. Esos conejitos la adoraban y se acercaban a ella como la novela esa de la chica que tenía piel blanca y enanos que la seguían. Le encantaba ese odioso té que nunca, nunca dejaba de tomar. Todo el santo y maldito día tomando té.

Pero no solo era eso. Su canto era odioso, con esas conjunciones de sílabas que nadie entendía ni mierda de lo que decía. Y que el viento alrededor siempre terminaba levantándote la falda porque sentía que la mejor forma de combatir tu depresión era mostrándole al mundo la ropa interior que llevabas contigo.

No podía dormir por las noches. Deseaba poder convertirme en una loba, y romper su cuello mientras dormía. Sin que se diera cuenta. Un crimen perfecto.

- ¿Wood?

Necesitaba hacerlo… las voces me pedían hacerlo. Incesantemente todos los días. No se detenían, y no lo harían hasta que acabara con su vida.

Si… con un cuchillo, por la espalda, sin que nadie se diera cuenta…

- Woooooood….

- ¿Qué quieres Siria? ¿No ves que estoy detallando mentalmente mis motivos de por qu--?

Espera… hasta donde sé, los muertos no te hablan de vuelta, muertitos se quedan.

Entonces, fue cuando me dí cuenta. La joven Siria se encontraba de pie, a mi lado, manchada completamente de su sangre en la parte posterior de su vestido. El cuchillo la atravesaba por todo su cuerpo, pero parecía lo suficientemente viva como para levantarse y caminar sin problemas hasta llegar a mi lado

- … estoy cansada de esperar a que descifres el misterio de este asesinato, sabes

- …

- …

- …

Fue entonces cuando me di cuenta, de la horrenda verdad que había caído sobre aquella noche, en la mansión Bennett. En aquella noche innombrable, donde un crimen se había cometido, la verdad salió a relucir mientras la luz de la luna llena despejaba los cielos, colándose entre los grandes ventanales de la mansión.

- … esos hongos que comimos para la cena eran alucinógenos, ¿no?

- Eso parece

… Osea, esta deliciosa cintura no era de verdad. Bueno, tampoco el asesinato de Siria, pero prioridades son prioridades, y lo malo sopesaba lo bueno en estos momentos.

- … mañana para la cena, comeremos el doble de hongos - dije, mientras enterraba mi cara en los melones de la sospechosa #3

- Para ti es fácil decirlo, tú no tienes que quedarte muerta en el piso por toda la noche...
Siria
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Re: Evento de Yule

Mensaje  Astrid Leggiend el Vie 29 Dic 2017 - 8:57

Ircan:
Espero que te guste. Qué mejor manera para empezar este Yule que recordando nuestro primer encuentro jeje Aclaro abajo para que se entienda cómo leer la historia y no liarse en el intento (?

Si está escrito así es la narración normal
Si está escrito así es Astrid narrando la pequeña historia
/Si está escrito así dentro de las barras son acciones que se hacen mientras cuenta la historia/

El jaleo de los niños alborotados por todos lados resonaba a lo lejos. Aún no había llegado hasta su aldea y ya podía oír las voces de felicidad de sus semejantes. Habían pasado cinco años desde que había dejado la aldea y tras varias aventuras que recordaba en su camino de vuelta había una que no paraba de sacarle una sonrisa de oreja a oreja cada vez que pasaba por su cabeza. Su llegada a la aldea fue bien recibida. Sus hermanos menores, que ahora eran unos hombretones la abrazaron levantándola del suelo incluso. Aquellos niños eran cinco años más pequeños que ella pero le sacaban cinco cabezas a Astrid. Aunque bueno, no era difícil ser más alto que la dragona, había sacado eso de su madre que era también muy baja. En ese momento sintió un apretón detrás de ella. Al girarse se percató de que detrás de ella había dos niños de unos cuatro años que se parecían mucho a sus hermanos ¡Era tía!

Los días pasaron y gracias a que el joven licántropo la había convencido de que tuviera que ir a su aldea de vuelta pudo ver a su padre por última vez antes de que su espíritu se fuera con los grandes dragones en la inmensidad del cielo. “-Creo que deberías volver a verlo. Si tu decisión es la de viajar fuera de tu aldea deberías poder hacerlo con la conciencia tranquila, seguro que tu padre lo comprende.-” Fueron las palabras exactas de Ircan, al cual también tenía que agradecer por enseñarle Ulmer. Estaba sentada frente a la fogata cuando los niños de la aldea se acercaron a ella. -Astrid Astrid ¡Cuéntanos sobre tus viajes! ¡Por favor!- Los niños empezaban a dar saltos alrededor de la dragona que solo pudo dibujar una sonrisa en su rostro. - Bueno, os voy a contar una de mis primeras aventuras. La que me llevó a un lugar hermoso y la que me brindó la amistad de una gran persona.- Murmuró viendo a los niños sentarse alrededor de la fogata mientras se levantaba. -¿Cómo se llama esa persona, Astrid?- Preguntó una niña mirándola.

-Su nombre es Ircan- Respondió sonriendo.

Todo comenzó cuando estaba en los bosques, algo perdida y desorientada, pero en cuestión de minutos ya me había encontrado con un hombre bestia ¡Era enorme! Y tenía mucho pelo...

-Astrid, algo que no sea tan bajo como tú no significa que sea algo enorme- Le interrumpió uno de sus hermanos haciendo que los niños comenzaran a reír. Astrid alzó una ceja y negó. -Deja de interrumpirme Froë o te las verás conmigo- Su hermano alzó las manos y luego gesticuló como si cerrase la boca con una cremallera. -Así me gusta-.

Por donde iba... ¡Ah si! Me hice amiga de ese hombre bestia... Y mientras estábamos cenando apareció Ircan de entre unos arbustos gritando que estuviéramos tranquilos que no venía a hacernos daño y solo quería investigar un rastro. “-Siento haber interrumpido vuestra cita-” Dijo en modo de disculpa. Claro como ustedes imaginarán me quedé extraña y rápidamente tanto mi compañero Apocks, así era su nombre, y yo negamos rotundamente ¡Claramente no estábamos en una cita! Entonces comenzó a contarnos que venía de lejos, había estado por muchos sitios, habló de la pandemia y cada vez se ganaba más mi atención. Él podría ayudarme en conocer los misterios de este mundo fuera de nuestra aldea. Tan joven y había vivido tantas cosas... Pensé en las cosas que me había perdido por estar encerrada. La noche avanzaba y nos acomodamos pensando que estaríamos tranquilos...

-¿No lo estabais?- Preguntó un niño extrañado por lo que decía Astrid. Ella asintió lentamente. -Sí, hasta ese momento, en el que dio la alarma de que nos atacaban- Sopló un poco las llamas que se removieron inquietas delante de los niños.

“-¡A las armas!-” Gritó Ircan mientras yo salía de la tienda. Fue herido, una flecha había dado certera en su vientre, se llevó la mano a la herida /mientras narraba, Astrid se tambaleaba llevándose la mano al mismo lugar donde recordaba que su compañero fue herido/ sin percatarse de que yo me había convertido en dragón. Lo rodeé con mi cuerpo para que no saliera más herido si le atacaban de nuevo. No podía permitir que hirieran a gente inocente delante mía.


-¿Pero se murió Astrid?- Preguntó una de las niñas mientras notaba que sus ojos avisaban de un futuro llanto. La dragona negó rápidamente y se agachó delante de ella. -Ircan fue fuerte, cogió su espada y logró parar a uno de los bandidos malos que iba a atacarnos. Aunque fueron pocas horas, pude ver que ese joven tenía un espíritu fuerte- La pequeña sonrió feliz al conocer aquello.

Entonces... Cuando quemé a varios de ellos con mi aliento de fuego, Ircan divisó mejor a todos los bandidos que nos atacaban... Unos doce hombres iban contra nosotros tres. Nos superaban muchísimo en número pero... ¿Qué podíamos hacer? /Los movimientos de Astrid eran exagerados, se movía alrededor del fuego haciendo la historia más dramática/ En ese momento yo volví a cubrirlo con mis alas al oír una oleada de flechas, pero entonces ¡CLINCK! /Dio un giro rápido sacando su espada imitando como si hubiera parado un golpe de otra espada, los niños dieron un brinco al no esperar que Astrid gritara/ Ircan puso su espada al frente bloqueando un ataque que venía directo hacia mi y empujó al bandido que tropezó con mi cola y cayó al suelo... /Los niños empezaron a aplaudir felices de oír aquello/ … Pero todo no acabó ahí, ese hombre se volvió a levantar y le dio un puñetazo en la cara a Ircan, haciendo que cayera al suelo...

-¡Pero Astrid! ¿¡Cómo pudo!? ¡Seguro lo pilló por sorpresa!- Uno de los niños se levantó e imitó un duelo de espadas. -¡Si lo hubiera visto seguro Ircan le hubiera golpeado así! ¡Y así! ¡Y así!- Ante la imitación del joven Astrid solo pudo reír y asentir. -Seguro que sí pequeño y algo me dice que con esa personalidad tuya te hubieras llevado muy bien con él- Al joven se le encendió la mirada. -¿De verdad?- Preguntó ilusionado y ante la afirmativa de la castaña el niño volvió a sentarse contento.

Sigamos.... cayó al suelo y el hombre gritó “-¿¡También eres un apestoso dragón, desgraciado!? ¿¡También eres el responsable del mal que sufre Aerandir por culpa de los putos dragones!?-”...


-¡Astrid!- Gritó el otro de sus hermanos. -¡Que hay niños delante cuida ese lenguaje!- Dijo tapandole los oídos a uno de los pequeños sobrinos de Astrid.

Uy... Sí perdona... ehm... “-¿¡También eres un dragón que huele mal!? ¿¡También eres el responsable del mal que sufre Aerandir por culpa de los.... ¿fastidiosos?... Si fastidosos dragones!?-” Realmente he tenido que improvisar esa parte, el jefe Joyl no quiere malas palabras... /Carraspeó y se puso en pose de defensa sujetando la espada a dos manos/ Ircan se levantó del suelo y tras ponerse en posición de defensa le dijo al sucio bandido... “-Dejad que nos vayamos, esa dragona no tiene ninguna culpa de la enfermedad-” Pero ante la amenaza y el poco deseo de los bandidos de tener una charla diplomática hizo que ambos iniciaran una pelea con sus espadas. Parecía que bailaba con su adversario, golpeaba, bloqueaba cada ataque /mientras narraba el suceso se iba moviendo como si estuviera imitando al protagonista de la historia que le estaba contando a los niños/ y logró ganar aquella pelea haciendo que ese maleante cayera colina abajo rodando.

Los niños comenzaron a imitar una batalla de espadas mientras cada uno decía que sería de esa manera o de la otra. Astrid esbozó una sonrisa hasta que la niña que casi llora minutos antes tiró de su vestido un poco para llamar su atención. -¿Y entonces? ¿Lograsteis ganar?- La pregunta de la niña hizo parar a los demás niños que volvieron su atención hacia Astrid. -Bueno, logramos escapar, Apocks e Ircan huyeron al norte como les dije y yo hice de distracción mientras corrían- Se sentó junto a dos niños.

Entonces yo volé hasta un peñasco... Allí estaba él, herido y cansado... Y me acerqué hasta él. Yo lloraba porque pensé que todo aquello había sido por mi culpa, me sentí muy mal... Pero acarició mi mejilla lentamente... /En ese momento los adultos también se habían acercado para oír el final de la historia y se hizo un gran “oooh” cuando describió la escena/ “-No ha sido culpa tuya Astrid, ni tuya ni de tu raza-” Me dijo mientras quitaba el rastro de las lágrimas. Era una caricia tan suave que hizo que todo lo malo se fuera. Algo me decía que tenía que ayudar a ese joven desde ese momento. Si no hubiera sido por él y por Apocks seguramente me hubieran atrapado o incluso matado... Le limpié la herida y decidimos descansar. Me apoyé en la roca y tras no permitirme hacer la guardia, me quedé dormida a su lado. Pero antes me dijo una cosa muy importante...

Aquello ya casi fue para ella misma, los niños se habían acurrucado en el cuerpo de Astrid y por el tono cariñoso y dulce con el que había empezado a hablar los niños se quedaron dormidos con una sonrisa en sus labios. “-Creo que deberías volver a verlo. Si tu decisión es la de viajar fuera de tu aldea deberías poder hacerlo con la conciencia tranquila, seguro que tu padre lo comprende-” Tal y como empezó la historia con esa frase la terminó con una sonrisa en su rostro. Los padres de los niños se los llevaron a sus casas a descansar y los dos hermanos de Astrid se acercaron a ella y la abrazaron con fuerza y tras eso la dejaron sola delante del fuego. La dragona esbozó una sonrisa y se levantó acercándose a la hoguera. -Gracias Ircan... Por ayudarme- Y como si las palabras quisieran viajar hasta los oídos del susodicho, Astrid apagó a hoguera y se encaminó hacia su cabaña.
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Re: Evento de Yule

Mensaje  Helyare el Vie 29 Dic 2017 - 9:52

Información
Por el tema de las festividades, el plazo se ampliará hasta el día 2 de enero.
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Re: Evento de Yule

Mensaje  Helyare el Vie 29 Dic 2017 - 11:31

El camino era bastante largo y había pasado de ir sola a tener una acompañante improvisada. Eso último podría aplicarse para las dos, tanto Helyare como Ingela eran dos extrañas que se habían juntado por el devenir de las circunstancias y al final habían emprendido el viaje juntas. Su siguiente punto era Lunargenta, pero ninguna de las dos sabía la intención de la otra al acabar las andanzas. Sólo caminaban en dirección al sur y ya. Helyare en silencio y la dragona totalmente lo contrario. Ya que iba a viajar con alguien, no iban a estar en silencio.

Por fin llegaron a la playa, la humedad empezaba a pegarse en la piel de las chicas, pero solo una de ellas lo llevaba bien. Ingela, por su parte, estaba sofocada ante tanta cantidad de humedad, pero nada iba a permitir que no disfrutase de la playa… ¡sin nieve!
¡Es hermosa! –Su mirada se iluminó y salió corriendo por la arena. ¡Sí, era arena y no nieve! Rápido se quitó las botas y fue a meter los pies en el agua. –¡Y el agua está muy buena! ¡Calentita! –En realidad no se podía decir que estuviera caliente, no era un géiser, pero sí que para ella lo estaba. Acostumbrada a los lagos helados y temperaturas bastante frías incluso en invierno, esto era una temperatura cálida. Helyare sólo la mirada a ratos, ella siguió caminando sin prestar mucha atención, aunque no pudo evitar sentir cierta ternura al verla tan emocionada por ver la playa – ¿Sabes? –Empezó a dar saltitos jugando con las olas –en el norte no hay playas así. Bueno, sí hay playas pero no tan hermosas. Casi siempre están cubiertas de nieve y son rocosas. ¡Hay muchos acantilados! Y el agua no es tan cristalina, se ve oscura. Eso si se ve el agua… porque muchas veces hay hielo cerca de las playas y en los lagos. Pero… no siempre hay nieve en el norte. Eso me lo han preguntado mucho en el sur durante mi viaje. O sea, sí hace frío casi siempre, pero los meses de verano sólo hay nieve en el Pico Más Alto. Aun así solo los valientes se meten en la playa en verano. ¡El agua está fría! Bueno, algunos Caballeros Dragón lo hacen como parte del entrenamiento. ¿Aquí conocéis a los Caballeros Dragón? –la joven estaba emocionada brincando por las olas y no paraba de hablar. Ante el silencio de su compañera ella siguió. Además que recordar a la orden de los Caballeros Dragón evocaba el anhelo de parte de su familia –mi padre es un Caballero Dragón y mi hermano Linus, igual. Mi madre y mi hermana, en cambio, son sacerdotisas –en eso coincidía con las de la elfa, pero ella siguió callada, andando cerca de la dragona pero sin tocar el agua. –Y… yo aún no tengo decidido qué quiero ser cuando acabe mi viaje –suspiró un segundo y empezó a correr tras las olas y a volverse para atrás cuando estas avanzaban.

¿Por qué estaba tan callada la elfa? Ingela la miró de reojo mientras corría por la playa. No era muy habladora, pero estaba más callada que de costumbre. Eso no impidió que la joven del norte siguiera hablando. Al menos sabía escuchar –admiro a mi mamá y a mi hermana Christin, pero no sé si yo sería buena sacerdotisa. No sé… –prosiguió –, mi Oma Elle siempre me dijo que yo podía ser lo que me propusiera, pero no me imagino rezando y todo eso –ella parecía muy contenta de que alguien escuchara lo que tenía que contar. A veces hablaba muy rápido y tenía que callarse para que la otra persona pudiera intervenir. Pero no con la elfa, ella siempre estaba callada así que le daba la oportunidad de dar rienda suelta a su lengua.

Sólo dio un respiro en sus habladurías cuando su compañera dijo de descansar y ella corrió a dejar sus botas, el mandoble y la capa que le había dejado Aranarth en una roca y adentrarse un poco más en el mar, arremangándose las perneras del pantalón. ¡Sí que había hecho bien en comprarse ropa más ligera! Por las noches hacía más fresco pero ahora hacía bastante calor. El vaivén del mar le llegaba a hacer cosquillas por debajo de las rodillas y se inclinó un poco para meter las manos. ¡Le encantaba esa agua!
Los elfos viven en un lugar muy hermoso –se giró para mirar a Helyare –, cuando mis hermanos viajaron me dijeron que los bosques del sur eran tan altos y tan frondosos que no se podía ver el cielo. Mi hermano Linus estuvo poco tiempo en el sur, recorrió las ciudades humanas. ¿Has estado en Lunargenta? Dice que la capital tiene mucha gente, y muchas tiendas y comida. ¡Quiero probar toda esa comida! Pero mi hermana Christin sí estuvo en el bosque de los elfos. Hay grandes sacerdotisas entre los de tu raza –sonrió emocionada –, pero es cierto lo que decía del lugar. ¡Es precioso! También me dijo que aquí siempre hace calor, ¿es cierto? –la elfa la miró e hizo un gesto. Por fin se dignó a responder.
Depende. En invierno hace frío.
¿Y nieva? –su compañera negó. Posiblemente nunca había visto la nieve, lo que a la dragona le llevó a pensar que esos sureños no sabían lo que era el frío y la agradable sensación que daba el calor del hogar con un buen fuego, todos sentados en torno a él para combatir las frías tardes del invierno más duro. Esos días jugaba con sus hermanos, cuando eran más pequeños. Comían buenos platos calentitos preparados por su Oma, que era la mejor cocinera de todo el norte… ¡Y de todo Aerandir! ¡Sin duda! Ni las colitas de lagartija de los elfos podían igualar cualquier plato de su abuelita.

De pronto se acordó de otra de las cosas que le contaron sus hermanos cuando volvieron de sus respectivos viajes –y otra cosa que me dijeron es que los elfos son seres hermosos –volvió a sonreír, esta vez de forma más tímida. ¡Vaya que si eran guapos! Podía haber sido otro piropo para la raza de su compañera, pero ella ni caso le hacía a la joven dragona, sólo la miraba sin inmutarse. Eso si no estaba garabateando cosas en la arena. Lo que sus hermanos no le habían dicho era lo raros que podían llegar a ser, pero que eran hermosos era innegable –, y tenían razón.

No creía que los de esa raza fueran del tipo de sus hermanos, pero sí que no la habían engañado con su aspecto. Su hermana Christin tenía novio, un Caballero Dragón, así que no había puesto tanto interés en los elfos, pero la dragona veía que los dioses les habían otorgado la belleza a ellos. Parecían divinidades y ya había visto a algún que otro elfo que le había hecho caer la baba.

¡Sí que le estaba cundiendo el viaje! Después de bajarse del barco había hecho tantas cosas, había conocido a tantas razas y había probado tanta comida… ¡pero aún le quedaba más! Cuando era más pequeña pensaba que sus hermanos exageraban con la cantidad de cosas que le contaban, ¿acaso el mundo era tan grande y diferente? Cada historia que Linus y Christin le llevaban a casa, hacía que aumentase más y más su curiosidad. Todas las razas y cosas extrañas de Aerandir que había por descubrir bajando la estepa… ¡incluso había visto animales parados sobre dos patas!

No, sus hermanos no exageraron nada.

Hasta el mar era diferente al que conocía. Un mar hermoso pero traicionero, cuyas olas la empujaron y acabaron empapándola hasta la cintura.


Spoiler:
Espero que le guste a mi dragoncita <3
Este trozo sería antes del funeral de Runa Thogil y después del tema "Todavía puedo ver Sandorai"
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Re: Evento de Yule

Mensaje  Khariz Elderien el Vie 29 Dic 2017 - 13:06

Feliz yule a todos =) Dedicado a Astrid, especialmente. Y a todos aquellos con los que he tenido un tema de rol (Especial mención a Morgy y Mags. Una me enternece el corazón y la otra me estalla las carótidas ♥


La fogata crepitante y el elfo ronca tranquilamente mientras duerme abrazado a una botella de vino. Obviamente no tiene frio alguno estando tan cómodamente abrigado con la manta y teniendo el calor etílico en su interior, pero a pesar de la comodidad que en esos momentos pueda sentir el orejas picudas, sus acompañantes no están tan cómodos con la nieve y el frio. Quizás es por eso que de cuando en cuando lo despiertan para que avive el fuego de la fogata, ya que ellos no pueden moverse por el frio que sienten, y de alguna manera lo miran con algo de envidia de poder dormir sin temer al congelamiento. También puede que lo despierten de una que otra patada y verlo sobresaltarse les otorga cierta satisfacción maliciosa que les hace sonreír con algo de maldad, oculta la mueca debajo de las mantas para abrigarse del inclemente clima claro.

Ya es madrugada y la hora más oscura en el bosque cuando al final el elfo se cansa de ser pateado para que lo despierten y alimente el fuego que bosteza, se rasca el culo, y bebe de vuelta lo que queda en la botella. Con su cara adormilada que declara un cómodo sueño, vuelve a bostezar y echa otra rama en la fogata. El elfo se hurga en la nariz y luego se la suena con fuerza y con el dorso de la mano se limpia. —Bueno, no pueden dormir. No me dejan dormir, voy a contarles una historia de Yule a ver si se duermen de una maldita vez—.

¿Sera una bonita historia con peluches?—. Pregunta la tierna y dulce niña, mientras su mascota levanta la cabeza, amenazante como siempre desde que la había conocido.
Déjame seguir pateándote Elderien, odio verte dormir mientras yo no puedo hacerlo por este maldito frio—. Dice la humana, que no oculta para  nada que lo pateaba por placer y vuelve a patearlo, una última vez aunque sea.

¡Deja de patearme o te quitare mi manta de repuesto de encima y se la daré a la niña!—. Exclama el elfo enfadado ya por tantas patadas recibidas de la humana. Solo recibe una patada más como pura respuesta, y de alguna manera se aguanta las ganas de arrebatarle la manta a la humana, la nariz roja como si fuera un reno mágico le quitan las ganas de ser cruel con ella. —Acérquense si quieren, voy a contarles la historia de Astridssen Scrooge y…los fantasmas de Yule—. Lo cierto era que el elfo si había conocido hacía tiempo a una Astrid, pero como en aquellas épocas todavía trabajaba como cortesano, ni siquiera le había preguntado el apellido. A lo hecho pecho y al canto del gallo corrió colina abajo…

Así que se aclara la garganta teatralmente y cuando escucha estornudar a la humana le tira encima la manta que llevaba, cubriéndole ahora hasta la cabeza. El elfo no sentía frio, aunque tuviese la punta de las orejas medio azuladas. Vuelve a beber un sorbo de la botella de vino y se relame, preparándose para la historia que está a punto de contar...


Había una vez una anciana dragona conocida por su egoísmo y su inagotable hambre. La anciana era conocida por ser la gobernadora de un pueblo de elfos a los que obligaba, a punta de latigazos muchas veces y otras tantas bajo la amenaza de quemarlos a todos, que tenían que darle más de la mitad de los dulces que cocinaban o de lo contrario conocerían su enojo. —¡Despertaran al dragón!—. Gritaba ella, para espantar a los pobres elfos y que no se atrevieran a hacer algo en su contra. —¡El dragón tiene que ser alimentado!—. Gritaba otras tantas, para que los elfos apresuraran sus trabajos. Todos le obedecían. Nadie le contradecía. Ella, la anciana dragona, se llamaba Astridssen Scrooge.

La señora Scrooge tenía un gusto particular por los dulces, los cuales almacenaba en grandes montañas en las interminables e incontables habitaciones de su mansión, los elfos bien sabían que si querían ganarse el favor y recibir uno o dos latigazos menos de parte de la señora Scrooge tenían que cocinar dulces para ella y así mantenerla contenta. Era de nunca acabar, los pobres habitantes de aquel poblado nunca habían probado el sabor del chocolate, por ejemplo podría dar, y de lejos veían a la dragona tragar y tragar.

Pero un día, el frio cruel y malvado llego al poblado y los elfos no pudieron salir a trabajar, la nieve les impedía moverse hacia las cocinas en las que laboriosamente día a día preparaban las tartas y las galletas ¿Acaso creen que la dragona escucho las suplicas de los habitantes para que ese día especial, algo llamado navidad, pudiesen quedarse en sus hogares a rezarle a Imbar? —¡Nunca! ¡Me han de alimentar! ¡Dulces quiero a la de YA!—. Y haciendo uso de su fuego, abrió los caminos derritiendo la nieve para que sus esclavos pudieran echar a andar. Y de paso, uno que otro latigazo les hubo de dar. —¡Para que aprendan a callar! ¡La que manda soy yo en este lugar!—.

La dragona estaba al tanto de que aquella noche, una fría y cruda, no sobrevivirían muchos de los elfos si no les daba algo de sus dulces. Chocolate, especialmente, para calentarse el cuerpo y asi poder sobrevivir al frio que golpeaba con más crueldad de lo que ella solía hacer con su látigo; El pequeño elfo estaba ya muy enfermo, pero la señora Scrooge lo había obligado a ir a trabajar a las cocinas igualmente hasta que se desmayó de cansancio y fue la abuela quien enfrento a la anciana angurrienta. —¡Como le pase algo a mi nieto, los espectros del invierno te perseguirán!—. Exclamo la anciana, que recibió varios latigazos por su atrevimiento. —¡Esta noche comenzara tu peor pesadilla de Yule! ¡Conocerás la crueldad con la que nos tratas o tu vida terminara!—. Continuo amenazando la anciana, mientras la señora Scrooge se reía. Y entre carcajada y carcajada, una galleta tras otra tragaba.

Lo cierto era que algo de temor en su interior había nacido, pero intento no prestarle atención, sentimiento inútil y absurdo, así que volvió al salón de su mansión a sentarse en su sillón favorito y a beber algo de chocolate caliente para calentar los huesos viejos ¡Jah! Pensaba la dragona ¡Como si un niño elfo enfermo fuera a hacerme creer que tengo que regalar mi tesoro! Exclamaba, mientras bebía. Pero no podía dejar de mirar el reloj…y el calor de las mantas, y el dulce de su bebida, finalmente hicieron efecto. Y Astridssen Scrooge en sueños cayo, agitada, sin saber lo que a su alrededor sucedía…

Las campanas de medianoche sonaron. Apenas abrió los ojos, alguien agito las manos delante de ella, aplaudiendo con fuerza y sacudiéndola sin respeto alguno por su edad. —¡Que! ¡Que! ¿Quién eres tu?—. Pregunto temerosa la vieja dragona, aun con temor de abrir los ojos ¡Pero los fantasmas no existen! ¡No existen! Y sin embargo…

La fuerte palmada en la cabeza que recibió le hizo creer todo lo contrario. La risa jocosa, el gesto lisonjero en su rostro, la larga cicatriz que cruzaba el pecho de lado a lado y los ojos del color de la miel ¿Acaso era…? —¡Despierta Scrooge!—. Grito el espectro para que finalmente abriese los ojos, que lo hizo de muy mala gana, apretando con sus manos en los apoyabrazos de su sillón favorito.

¡¿Quién eres tu?! ¡¿Qué haces en mi mansión?! ¡Seguro has venido a robarte mis dulces!—. Exclamo la dragona, atreviéndose finalmente a mirar y no sin sentir temor a aquella aparición. Y ahí estaba, tan igual que como lo había conocido, solo que tenía las orejas y los labios azulados, como si el frio lo hubiese matado.

El espectro sonrió de oreja a oreja, mostrando los dientes. Tan blancos y cautivadores como los recordaba. —¿Quién soy yo? ¡Tú sabes quién soy yo!—. El elfo congelado se subió sobre los apoyabrazos con una pirueta muy ágil y rápida para alguien que parecía estar medio congelado, y puso el pie sobre el respaldo de aquel sillón haciendo que este se inclinara peligrosamente sobre sus patas al punto de que podría en cualquier momento caerse. —¡Soy el primer fantasma de Yule! ¡El fantasma de las buenas acciones!—. Exclamo sin dejar de sonreír de esa manera tan tonta y encantadora que tenía, pero… ¿Cómo es que estaba muerto? ¡Lo había salvado!

El elfo congelado le toco con un frio y largo dedo índice la frente a la señora Scrooge y la llevo de paseo hacia fuera, a la nieve. —¡Hay! ¿Hace frio verdad?—. Pregunto cómo quien no quiere la cosa. Allí afuera, incluso el elfo tenía más aspecto de ser un cadáver congelado en la nieve, su piel se mostraba más blanca y dura y ya no parecía notarse la definición de los músculos o los tatuajes. Parecía hecho de cera, de hecho, hasta el pelo que recordaba era blanco ahora era algo azulado. —Bájate las enaguas Scrooge, el viento me da una mala imagen de tus piernas—. Exclamo el elfo, y echó a andar ¿A dónde? La dragona miro a un lado y luego al otro, reconocía ese lugar. Era la aldea de los elfos…

¿A dónde me llevas?—. Pregunto, intentando abrigarse como podía del crudo viento ¿Por qué tenia frio? ¡Era una dragona de fuego!
Oh de nada te servirá escupir fuego—. Dijo el fantasma, sorprendiendo a la mujer ¿Cómo sabía lo que estaba pensando?—Porque estoy en tu cabeza, tontorrona ¿Ya te has olvidado de que me has cerrado la puerta en la cara aquella noche y me dejaste morir congelado? Es exactamente lo que le sucederá a este pequeño niño elfo. Le harás lo mismo que a mí, y mi tarea es mostrártelo, ¡Por eso soy el fantasma de las buenas acciones!—.
Pero…pero…si te deje morir congelado, no es ninguna buena acción—.
Eso está claro, mi objetivo es que aprendas a hacer buenas acciones, y si vez a este niño elfo…—.
¡Bah! ¡Paparruchas! ¡Devuélveme a mi casa!—. Dijo moviendo su mano la anciana dragona, como si con ello fuese a hacerse realidad su demanda.

¿Qué te devuelva a tu casa? ¿Y que si no quiero hacerlo? ¿Despertare a la dragona? ¿Me darás latigazos?—. El elfo congelado dio media vuelta y le metió en la nariz los dedos. Estaban helados, nunca había tocado o sido tocada por algo tan frio como la mano del elfo. —¡No! Vamos a pasear, sentirás el frio, y luego vendrá el otro espectro y te enseñara una o dos cosas de lo que te espera por ser tan egoísta, tan malvada—. No recordaba que el elfo fuera pequeño en lo absoluto, o quizás el arriba y el abajo se habían dado vuelta, lo cierto era que mientras ella se hundía en la nieve el podía andar tranquilamente. Y estaba descalzo, no lo había visto la primera vez o tal vez no lo recordaba ¡O no quería recordarlo! Pero ¿Tenia tatuajes hasta en los pies? ¿Cómo hacía para caminar por la nieve sin hundirse? Quizás si fuera un fantasma después de todo, aunque no recordaba no haberlo salvado…estaba segura de que lo había hecho.

Buena chica, sigue caminando, eso otro paso…otro paso más—.  Y así, agarrada de la nariz, se llevó a la señora Scrooge a la casa del pequeño niño elfo…


….

Ya, duérmanse, termino la historia—. Y antes de que pudieran poner alguna pregunta en la punta de sus lenguas, Khariz se subió el capuchón de su capa oscura y volvió a dormirse…pero había alguien que no planeaba dormirse, no ahora que comenzaba lo bueno de la historia.
¿Y vieron al niño elfo? ¿Y la señora Scrooge se ablando? ¿Quién era el fantasma de las buenas acciones? ¿Qué paso con los siguientes dos fantasmas? ¿La señora Scrooge existe en verdad? ¿De verdad hay aldeas de elfos esclavos de dragones malos? ¿Por qué el fantasma del elfo no podía hundirse en la nieve como la señora Scrooge? ¿Por qué el calor de la señora Scrooge había desaparecido?—. Y un montón de preguntas más de parte de la niña, que por supuesto no le afectaron. Lo que si le afectaron eran las patadas de su compañera humana daba con mucha insistencia, como si a pesar de estar rezongando y gruñendo el cuento le hubiera enganchado.
Si sigo con el cuento ¿Dejaran de incordiarme?—. Abrió apenas su ojo. De algún lado recibió una bola de nieve como pura respuesta a la pregunta. Volvió a darse media vuelta y se estiro cuan largo era mientras miraba la nieve caer y cubrirle el rostro. —Bien, veamos…—.



¡No! ¡Me niego!—. Grito la dragona, una vez habían vuelto a su hogar. La imagen del pobre niño elfo, con sus orejitas poniéndose azules igual que sus labios y la punta de sus dedos le aterraba, creía que solamente el primer fantasma había adoptado esa imagen para aterrarla pero no. El niño elfo estaba muriendo congelado igual que el fantasma que ella creía que rescato de la nieve.

Y el muy maldito estaba sentado arriba del enorme reloj de pie fumando de una pipa. Sonreía, y a pesar de las facciones congeladas, tenía cierto atractivo que no podía negar. —¡Yo soy la dueña de elegir a quien salvar y a quien dejar morir! ¡La culpa es de ese niño y de nadie más, no mía! Si se muere, será su culpa y castigare a su familia—. Al levantar la cabeza, hasta el humo de la pipa parecía ser vaho congelado, incluso más frio que el viento que había allí fuera, al que ni siquiera podía haberle hecho frente alguno.

¿Estas segura?—. Pregunto lentamente el fantasma.
¡Completamente! ¡El niño está actuando para que esa familia pueda probar de mis dulces!—. Rugió la dragona.
¡Muy bien!—. El elfo congelado salto desde arriba del reloj y se desperezo como si fuera un gato. Miro la hora, bostezo y se encamino hacia la puerta. La señora Scrooge lo miro todavía enfadada y moviendo su pie, golpeteando el suelo, esperando que se fuera rápidamente de su casa. —Solo para recordártelo, vendrán dos amigos más a visitarte antes que te des cuenta ¿De acuerdo? ¡Adiós!—. De vuelta le dio una palmada fuerte en la cabeza, que la hizo caer hacia atrás.

La señora Scrooge movió aterrada sus piernas y sus brazos, ya que comenzaba a caer y a caer y parecía nunca tener final aquella caída ¿Acaso el elfo la había matado con ese golpe tan frio? Seguía cayendo, dando círculos, y todo estaba muy oscuro…y entonces, de un sobresalto, finalmente despertó en su sillón favorito. Agitada, asustada, y mirando en todas direcciones pero sobre todo hacia el reloj de pared donde faltaban pocos minutos para la siguiente hora.

Tic tac tic tac, hacia el reloj con total indiferencia y sin piedad, como si cada vez que el péndulo iba de un lado hacia otro pareciera que era una declaración de muerte.

Cuando finalmente llego la siguiente hora, la señora Scrooge miro hacia todos lados esperando a aquel otro espectro prometido, como si en realidad pudiera salir incluso de debajo de su sillón favorito (Y eso significaría entonces que dejaría de ser su sillón favorito) Y aunque pretendía no pensar en ello el fantasma de las buenas acciones seguía dándole vueltas en la cabeza, ya que entendió que estaba allí para obligarle a tomar buenas acciones con otras personas y no dejarlas morir como lo había dejado morir a él, aunque estuviera completamente segura de que lo había salvado. O tal vez era otra persona y ahora le atormentaba.
La puerta sonó con dos fuerte golpes de puño para llamar la atención. La señora Scrooge, asustada, salto de su sillón y se escondió detrás del respaldo como si con aquella acción pudiera tan solo salvarla de aquello que se cernía sobre ella. No fue suficiente. —¿No abrirás la puerta?—. Escucho una profunda y gruesa voz que provenía el otro lado de la puerta. —Eso tiene solución muy fácil—.

Un crujido. Un crujido fuerte, que hizo temblar la mansión entera, un crujido ensordecedor como si estuviesen arrancando un árbol directamente de las raíces. Empezó como termino, rápido, terrible, y entonces cuando la dragona abrió sus ojos de vuelta su mansión había salido volando y solo quedaba la habitación donde se encontraba. Y a su alrededor había la nada misma, vacío total, ni siquiera la aldea de los elfos que le pertenecían. —Esto que vez es tu vida, joven y egoísta dragona—.

Cuando levanto la cabeza, un hombre…no…una gigantesca galleta de jengibre estaba con las manos en su cintura como si fuera una jarra y con todas las características de una galleta con forma. Solo que de un tamaño mucho más grande. Tenía los botones de caramelo de color morado y morado y una sonrisa de color azul. Los ojos eran blancos, hacían juego con los botones, pero a pesar de la rara sonrisa que tenía dibujada no parecía en absoluto amigable. Para nada. Y sin embargo, a pesar del peligro que pudiera representar, le resultaba apetitoso, tanto que quiso en un momento  transformarse de nuevo en su forma bestial y morderle la pierna al gigante crocante.

El elfo congelado te ha dado una lección y no la has querido aprender. Soy el fantasma de tu existencia, de tu vida, y puedo ver que para tu vid el significado son… los dulces. Es interesante, a mi también me gustan mucho—. El hombre galleta saco de algún sitio una enorme galleta que tenía forma de dragón. La vieja Scrooge lo miro horrorizada durante un momento solo para darse cuenta de que… ¡Era a ella a quien en realidad se estaba comiendo! ¡Se estaba comiendo a su forma de dragón! —Esto es lo que representa tu vida. La comida, comes y comes y no dejas de comer ¡Entonces esta vez, yo te comeré!—. Y el hombre de jengibre comenzó a reír con aquella voz fuerte y esa carcajada que parecían truenos.

La señora Scrooge vio como todas las cosas que le pertenecían se convertían en galletas, su sillón, su chimenea, sus amigos y hasta su propia casa; La bestia crocante no dejaba de engullir dando grandes y poco decorosos bocados. Y reía, demasiado, por su cara de desespero tal vez. —¡Y ahora el gran final!—. Dijo aquel gigante, levantando una figura pequeña, de orejas picudas…el niño elfo. —¡Lo voy a disfrutar!—. Y abrió su boca…y entonces…

¡No! ¡No te lo comas! ¡Cómeme a mí!—. Grito al final con espanto. Si el primer espectro hablaba de buenas acciones ¿Por qué no hacer una en esos momentos? Podía dejar al niño elfo morir congelado, pero no digerido por una bestia colosal que no dejaba de reírse ¿Verdad?
¿Por qué no debería de comerlo? Se ve crocante—. Y volvió a abrir su boca, y en esa ocasión la dragona tomo acción y no palabra, y con una vara comenzó a golpear la pierna de galleta esperando romperla.
El niño no tiene nada que ver ¡Soy yo la que debe pagar!—.
¿Qué quieres pagar, Astridssen Scrooge?—. Pregunto.
¡Mi egoísmo, puedes comerme a mí y todo lo que es mío, ¡Pero no a ese pobre niño!—. Exclamo la otra.
Es…muy…tarde…—. Y volvió a abrir la bocota. Y la anciana dragona salto, como esperando volar. Y voló, empujando al niño de las zarpas de caramelo y harina y cayendo en la oscuridad del interior de las fauces del hombre galleta.
Silencio, demasiado, solo una risa tétrica a su alrededor. Una campana sonó, aunque muy lejana ¿Qué sería lo que anunciaba? pensó la señora Scrooge ¿Qué pasara cuando deje de sonar esa campana? Volvió a preguntar la señora Scrooge. Y aunque suena sorprendente pero en esa oscuridad ni siquiera el sonido era existente. Simplemente la nada…

¿Disfrutando la muerte, Astridssen Scrooge?—. Pregunto una voz que hacía eco en las paredes de alrededor, y cuando la dragona levanto la cabeza un rectángulo en el cielo que no había visto antes le llamo la atención. Y la campana que seguía sonando.
¿Es cómoda su última cama, señora Scrooge? —. Pregunto de vuelta la voz. Podía verla, era el sepulturero del poblado, el señor Basklog.
¡Sáqueme de aquí!—.
Lo haría, señora Scrooge, pero me temo que no hay nadie que la pueda ayudar. Nadie ha reclamado por usted, y tengo que…tengo que…—. Escucho el ruido de una pala y el sabor de la tierra húmeda cayó sobre su cabeza, ensuciando su cabello que en otro tiempo había sido como el chocolate que tanto le gustaba comer. Otra palabra más cayó luego de esa, cubriéndole su viejos pies.

¡Que me saque!—. Exigió, pero la campana seguía sonando. Doce veces, y entonces…sonó por última vez.
¡Astridssen Scrooge!—. Grito otra voz que no podía ver, pero que a juzgar por el sonido distante parecía provenir de muy lejos. —¡Estas sentenciada a morir enterrada por cacao y coco! ¡Has dejado morir al pequeño elfo y a tantos otros más por egoísmo y amor por los dulces! ¿Tienes algo que decir?—. La voz que hablaba era tan intimidante que le había quitado la voz y la capacidad de protestar ¡Y ella amaba protestar!—Muy bien, ¡Entiérrenla!—. Ordeno, y mientras aquella extraña tierra que tenía olor a humedad pero cuando le caía en la boca tenia buen sabor le hizo despertar…

Tenía que mover sus alas, tenía que mover sus alas, ¡Pero no podía volar! ¡Estaba tan pesada que no podía volar! —¡NOOOOOO!—. Grito una dragona que se despertabas con un sobresalto en su habitación favorita, esa que tenía una chimenea y su sillón de respaldo alto donde dormía sus siestas luego de un chocolate caliente para beber y unas galletas con forma de… —¡No me comerás! ¡Tengo que salvar al pequeño elfo!—. Había sido una pesadilla tan real…

Pocas veces había corrido de esa manera la dragona como corrió en aquella ocasión, metiendo en grandes bolsas golosinas para repartir a los elfos del poblado y sobre todo, para el pequeño enfermo que estaba por morir congelado. —¡Voy a lograrlo!—. Dijo la anciana, que se transformó en dragón y voló por todo el poblado, lanzando caramelos y regalos para los elfos que ahora…resultaba extraño, pero comenzaba amarlos. Un poco, no tanto, para no exagerar claro.

Pero el elfo que más le interesaba era el pequeño enfermo que estaba agonizando, por lo que bajo en picada cerca de la choza y poniéndose una bata y encima de su cuerpo camino hacia adentro para de una manera encontrarse con el pequeño. Allí estaba el, con su abuela rezándole a los dioses elficos y su madre gimoteando abrazada a un padre de rostro muy serio. Pero los tres miraron a la señora Scrooge. —¡Váyase! ¡Deje morir a mi pequeño en paz!—. Exigió sin muchas fuerzas la madre a la dragona, pero ella no se doblego, simplemente avanzo poco a poco y con cuidado, y de una bolsa saco una pócima que humeaba, que no era otra cosa más que burbujeante y delicioso chocolate que ella con sus propias manos había preparado.

Y lo puso sobre los labios del niño de orejas picudas, y un beso en la frente le dio con ternura. Al principio pensó que era tarde, pero entonces el niño elfo pestañeo hasta despertarse. Sus orejas ya no estaban azules, y sus labios recuperaban el color rosado de un jovencito muy bravo.—¡Feliz Yule!—. Dijo la dragona a su ahora posible nuevo amiguito, dejándole en las manos un pan dulce muy rico….




Ya para cuando termino la historia, la niña parecía no tener deseo alguno de dormir sino muchas y muchas más preguntas para hacer. Y a su lado, su compañera roncaba como si se hubiera tragado un sapo. —¿La señora Scrooge se volvió buena? ¿El niño elfo se salvó? ¿Ella finalmente conoció el amor? ¿Ayudo acaso a más niños elfos la señora Scrooge? ¿Qué paso después? ¿Los espectros eran reales o pesadillas? ¿Crees que yo tenga también espectros de Yule pasados? ¿Los fantasma existen?—.

Niña ¡Duérmete!—. Exigió el pobre elfo, que con sus ojos cerrados continuaba hablando y a quien su cuerpo ahora cubierto por la nieve que caía del cielo parecía haber convertido en una inmóvil estatua de mármol.
¡Pero tengo muchas preguntas!—.
¡Y yo tengo mucho sueño!—. Dijo entre bostezos y quejándose.
Te dejo dormir si me das un chocolate—.
¿Qué no aprendiste nada de la señora Scrooge y su amor por los dulces?—.
Sí, pero yo los comparto contigo—. Dijo la pequeña, dándole un beso en la fría frente al elfo y metiéndole en la boca un caramelo para calentarlo. Tenía que aprovechar, ya que tenía la boca abierta por la sorpresa y la inteligencia aparente de la niña.

Vale, duérmete. Otro día será otra historia—. Y cerro sus ojos, esperando dormirse, pero…
El gallo anuncio el amanecer, y una patada lo saco de la comodidad que había  encontrado para poder dormir. Tenía los ojos rojos por el sueño y el cansancio, y ojeras largas y grandes bajo ellos también. —¡Por qué me persigue la desgracia!—. Grito el elfo al cielo, levantándose muy lentamente y a regañadientes, mientras escuchaba más y más preguntas de la niña que los acompañaba y pensando que probablemente sería buena idea saltar sobre los cuernos de la mascota ajena. AL menos así podría echarse a dormir finalmente…
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Re: Evento de Yule

Mensaje  Ircan el Vie 29 Dic 2017 - 14:38


ATENCIÓN:
ATENCIÓN: PUEDEN HABER ESCENAS CONSIDERADAS +18 EN LA ULTIMA PARTE DEL POST

“Tu nuevo trabajo será ocuparte de mi, en cambio te haré feliz” fueron las palabras de aquel anciano hombre le dijo cuando visitó la casa de su empleador.

-¿Ser feliz?- repitió para ella en la soledad de la habitación que le habían cedido para que se vistiera para el enlace.

Se alisó por quinta vez las inexistentes arrugas de su falda de novia mientras se miraba en el espejo.

-¿Cómo será ser feliz?- ladeó la cabeza hacía un lado y arrugo la nariz, puede que descontenta con algo de su atuendo. -No recuerdo si lo he sido alguna vez...

Por un momento intentó recordar su infancia y a su progenitora, pero eran unos recuerdos demasiado lejanos para ella, aunque no pasaba de los quince inviernos. Lo que con más nitidez recordaba eran los duros entrenamientos en los que su madre la molía a palos cuando hacía las cosas mal en aquel oficio que no le gustaba. Sabía que su madre la quería, pero... ¿Podría llamar a eso felicidad?

Ladeó la cabeza hacía el otro lado y comenzó a morderse el labio.

Luego recordó cuando pasó al cuidado de unos parientes, entre los que descubrió su amor hacía el servicio doméstico y al ser de utilidad a los demás. ¿Puede que aquel sentimiento naciera al ser adoctrinada, por su madre, en el de ser "una herramienta para otros" pero ser ineficaz en el oficio de ella? Aquello era una posibilidad, pero, ¿aquel gusto por un oficio podía ser llamado felicidad?

Centró la cabeza y se cruzó de brazos arrugando ahora los morros.

Por ultimo vinieron a su mente los últimos trabajos que había tenido. Bien es cierto que no la habían tratado mal, es más, había disfrutado en cierto modo de aquel oficio que le apasionaba, pero... ¿Era aquello todo lo que ella buscaba? Ella sabía que no. Por mucho que lo intentara, ella no conseguía ser la herramienta perfecta y coherente dentro de las familias a las que servía. No es que hiciera mal su trabajo, como todos los demás sirvientes tenía sus dones y sus defectos, pero ella sentía que no conseguía encajar del todo en ninguno de los entramados domésticos en los que había estado. Puede que aquel fuera el primer motivo por el que aceptó aquel matrimonio, nunca había trabajado en el puesto de "novia", y era posible que aquel fuera el lugar donde por fin encajaría una herramienta como ella.

Centró su mirada en el espejo y puso los brazos en jarra observando su traje blanco.

-¿Con este traje deberé servir a mi nuevo señor?- aún había algo que no le gustaba del todo. Se fijo en su pelo, parecía que aquel hombre había ordenado que se lo alisarán y que cayera suelto para la ocasión. Pues por más que se negó a ello, las criadas que la vistieron consiguieron imponerse para que llevará aquel peinado. -Extraño mis coletas...

No estaba habituada a aquellas cosas, y aunque fuera pequeña sabía que todo aquello no era por amor, por lo menos no de su parte. Ella simplemente cumpliría de la mejor forma la función o funciones que se esperaran de ella, fuesen cuales fuesen.

Llegó la hora de aceptar, de forma completa, aquel nuevo empleo. Así pues, volvió a dar un rapapolvo a su abultada falda y salio de aquella habitación hacía el lugar del enlace.


*          *          *


La joven novia no tuvo que irse muy lejos. El hombre con el que se iba a casar era lo suficientemente apoderado como para contar con una capilla privada y con la influencia suficiente como para traer a un sacerdote que oficiara la ceremonia. Por suerte para Nuria, la ceremonia se iba a celebrar bajo los preceptos del cristianismo; aquella religión joven en Aerandir que había seguido desde que tenía uso de razón, por que aunque no es que fuera una gran devota, si que le podría haber ocasionado cierto pudor.

No había mucha gente en la capilla. Por su parte solo había acudido su antiguo señor y su mujer, aunque en verdad, seguramente habían acudido al acontecimiento por su relación con el novio, más que por su antigua criada. Por parte del novia, habían unos pocos familiares y las altas jerarquías de su servicio domestico, el mayordomo y el ama de llaves para ser más exactos.

Sonó la marcha nupcial desde un pequeño órgano situado a un lateral de la capilla y el cuerpo de Nuria se petrificó. Puede que hasta ese momento no se había planteado del todo bien lo que iba a hacer.

-Hum...umm. - comenzó a caminar, o más bien intentó hacerlo. Se mordió el labio mientras intentaba que sus rígidas piernas le respondieran. Al final consiguió andar como si tuviera los zapatos atados.

Levantó la mirada para ver a quién le esperaba en el altar. No era guapo y ni de lejos era joven, tampoco atractivo. ¿Acaso importaba? No había aceptado por aquello. Sabía a que se atenía cuando acepto, ¿porqué dudaba ahora?

Ella siguió avanzando con aquellos pequeños pasos torpes. Tropezó y tuvo que apoyarse en uno de los bancos para no perder por completo el equilibrio. Aquello originó algunas risas y las maldiciones hacía ella misma por ser tan torpe en aquel momento, ¿qué iban a pensar de ella? Se recompuso y, como ya era habitual en ella, se alisó la falda a manotazos mientras sonreía en gesto de disculpa.

-Estas muy guapa. - le dijo quien iba a ser su marido en un tono amable intentando calmarla.

-Umm...-
asintió con un tartamudeo sin apartar la sonrisa. Si quería hacer bien su trabajo debía de mostrar felicidad, ¿no?
Es lo que se suponía que debía de sentirse cuando te casabas, lo que se suponía...

La ceremonia pasó como pasa el agua de un rió, tranquila y sin sobresaltos. No hubo nada interesante que hiciera que Nuría guardará aquel recuerdo en un lugar especial. Algo que si haría la noche de bodas.


*          *          *


En cuanto se cerró la puerta Nuria quedó totalmente a la merced del hombre que ahora era su esposo. Esté la tomó por la cintura y la lanzó al lecho. Ella no se resistió, sabía cual era su función y lo que se esperaba de ella, aunque no tuviera ni idea de que iba a significar realmente aquello para ella. Le levantó las enaguas y comenzó a explorar su parte inferior. Se sorprendió a si misma cuando se mordió la lengua al sentir las cálidas caricias de el subiendo por sus muslos, una parte de ella estaba disfrutando e incluso tenía una imperiosa necesidad por saber como sería aquello. Apretó los puños arrugando las sabanas cuando sintió su boca por encima de sus bragas. Soltó un pequeño gemido y cerró los ojos. El avanzó a otros terrenos. Cuando se dio cuenta lo tenía encima suya, oprimiéndola con el peso de su anciano cuerpo. Se acercó a su cuello mientras comenzaba a jugar con los botones de su escote. Sintió, y casi escuchó, el acelerado latido del corazón de su esposo. Ella se quedó quieta, sin saber muy bien que hacer, a diferencia de su acompañante era totalmente inexperta. Dejo rendirse a la parte de ella que quería disfrutar, se convenció de que debía de disfrutar, que la vida se lo debía.

La liberó de la ropa que le oprimía el pecho. Se acercó a lamer su pequeños pechos sin que le importará el tamaño, algo que agradeció. Cuando sintió la calidez de la saliva de él volvió a soltar otro gemido e inconscientemente alargó una mano para acariciar su pelo y sujetar su cabeza. El se mantuvo a ahí, entre sus pechos, no se movió. No se movió... La saliva en sus pechos se enfrió, y aunque ella fuera inexperta entendió que algo no iba bien. Abrió los ojos y miró a los ojos sin luz de su marido, que aún la miraba con un pequeño rastro de una lujuria apagada. Lo miró impasible, como si mirará un paisaje natural.

-Era demasiado mayor...- en ese momento recordó la muerte de su madre. -Todos morimos. Antes o después todos lo hacemos. - y al igual que hizo en el pasado, actuó con total normalidad. Apartó como pudo el cadáver de su difunto esposo para poder salir de su fúnebre abrazo, dejándolo a un lado de la cama. -Espero que al menos murieras feliz.- le cerró los ojos y se levantó de la cama.

Se dirigió a la puerta con la mayor calma del mundo y llamó al servicio. Cuando estos llegaron no mostraron una gran sorpresa, seguramente estaban esperando aquel momento desde hace mucho tiempo, o ya había tenido algunos avisos antes. Tal y como pensaba Nuria, aquello había sido inevitable.

Ella quedó como la viuda, y por lo tanto, la heredera de todas las posesiones de su marido. Algo que no deseaba y que en verdad no quería disfrutar. Arrendó la casa y marchó a la capital, en busca de un nuevo señor al que servir. En busca de un lugar dónde pudiera encajar a la perfección como la herramienta que se sentía. Muchas se hubieran sentido afortunadas por aquel giro de los acontecimientos, ella sin embargo no. Todo aquello le trajo una profunda frustración. Pensaba que no había cumplido bien con su trabajo de "novia", y que puede que fuera otro tarea que no se le daba bien.
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Re: Evento de Yule

Mensaje  Magazubi el Mar 2 Ene 2018 - 10:56

En el cuerpo de Chimar


    Como de costumbre estiré mi cuerpo al despertarme, moví mi torso de un lado a otro mientras un sonido leve en mi columna vertebral me avisaba que algo se había roto o que ya podía empezar mi día. Estaba aún en ese estado entre dormida y despierta, pero algo había llamado mi atención. ¿En dónde estaba? El lugar no se parecía a nada de lo que haya visto antes, porque por más que estuviera oscuro uno siempre logra ver las siluetas de algunas cosas. Me apresuré a levantarme y a buscar la fuente de luz, pero al no encontrarla rápidamente con mi vista opté por intentar frotar mis deditos y que saliera una leve llama, al menos lo suficientemente luminosa para no hacer el desastre en aquel lugar; a lo mejor me habían raptado y no lo sabía.

    Mi magia había desaparecido... y la frustración empezaba a recorrer mi cuerpo, ¿qué mundo tan cruel era ese en dónde la gente vivía sin magia?

    Con o sin magia tenía que salir, a demás de que me estaban dando unas ganas horribles de ir al baño. Caminé a través de la habitación de forma un poco torpe hasta que toque una especie de botón y toda la sala se iluminó mientras una voz femenina me daba los buenos días, pero lo hacía de una forma muy peculiar…

-Buenos días Chimar- sonó una clara voz mecanizada.

    Y mi reacción a eso creo que es más que obvia ¿no?

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH!- grité como niña horrorizada al darme cuenta de que estaba en el cuerpo de aquel ser…

    Sí, tenía el cuerpo de aquel niño, y eso no es lo peor… Luego de que reaccioné como cualquier persona normal lo haría, llegaron a mi habitación un montón de niños a preguntarme qué había pasado. Algunos los recordé del cumpleaños de Chim ¿o mio? Pero el caso es que me sentía acosada porque estaban muy cerca y realmente preocupados porque su grandísimo líder había gritado tan femeninamente.

    Ante tantas preguntas incomodas que no sabía como responder, opté por divertirme un poco: - Lo siento muchachos – dije con la voz de Chimar -Lo que pasa es que soñé que se iban a extinguir todos los unicornios rosados y que no los iba a poder abrazar más nunca- dije seriamente, para luego agregar con naturalidad -Es hora de un abrazo- pronuncié para lanzarme casi sobre ellos para darles mucho cariño.

    La verdad es que estaba asustada por estar atrapada en el cuerpo de Chimar, pero me calmaba un poco el saber que podía quebrantar el respeto absurdo que le tenían sus compañeros.

-Maga…- sonó una voz en mi cabeza que sonaba muy tranquila pero confundida -¿qué haces en mi cuerpo? ¡Salte!-

-Ayy!! Chimar!! Ahí estás!!!- dije emocionada, sin darme cuenta de que lo estaba diciendo en voz alta,y que podría traer grandes sospechas a los demás.

-¡Maga! …- empezó el dialogo mental - Si, sí, Chimar, ya sé...-

-Disculpen gorriones, tuve una noche extraña, iré al baño y luego estaré en el gran laboratorio si me necesitan- pronuncié y me dirigí a pasos lentos pero seguros al baño.

-¡Chimar! ¿Cómo diantres sé qué tienes un “gran laboratorio” y cómo sé que tienes un baño?- pregunté desesperada y asustada -¡Maga! Todos necesitamos hacer nuestras necesidades biológicas. ¿Crees que soy un ser tan arcaico como para no tener un baño? Sé que crees que tengo afasia, pero arcaico no soy.- contestó él con su tonito de sabelotodo -¡Chimar! No sé de qué hablas- le expliqué -A ver… concéntrate, ya yo logré acceder a toda tu base de datos- dijo -Osea, que yo puedo saber lo que piensas y tú sabes lo que pienso… ¿Me estás diciendo que tenemos los dos cerebros conectados?… Bueno, debo aclarar que mi cerebro es más grande que el tuyo- comenté -Científicamente no podrías tener el cerebro mucho más grande que el mío, pero gracias por dejar claro quién es más inteligente-.

    Como podrán imaginarse, la conversación siguió así por unos cuantos segundos más, hasta que Chimar planteó formalmente una teoría de la relatividad termo espacial, en dónde explica como el tiempo y el espacio podrían estar haciendo que esto sea posible. Usó teorías ya existentes en su cabeza, e inventó el fuego… Ah no, esperen… Me está informando que el fuego ya fue descubierto. En resumen, me explicó que teníamos que trabajar en equipo porque al parecer él no podía controlar su cuerpo, pero yo sí, y había un gran problema por resolver.

-Tengo ganas de ir al baño- dijo él en tono preocupado -Sé que estás pensando que voy a ser un desastre pero… no creo que sea tan difícil apuntar con esta cosa- pasaron como unos dos segundos y enseguida me negué rotundamente -¡NO! Sé que quisieras que te tocara tus partes, pero no. Chimar, no te voy a tocar nada.- dije mientras movía mi cabeza de un lado a otro -Entra a la ducha, te quitas la ropa y hazlo ahí, así no necesitas tocar nada y te limpias- dijo él como si fuera tan sencillo.

    Respiré profundo y… woao, realmente tenía que hacer eso, porque también tenía ganas de hacer pis. Entré rápido a la ducha y me puse un pañuelo que me vendara los ojos. Luego empecé a quitarme la ropa. Mi cuerpo estaba temblando un poco, por el frío y por lo nerviosa que me ponía esta situación. Por suerte no tuve que tocar ni ver nada, pero era momento de … -Dile a Carol que prenda el agua tibia- me dijo Chimar, y así hice, me bañé rápido, exclusivamente con agua y terminé aquella difícil tarea. Luego con el mismo procedimiento y con los ojos cerrados me sequé y me puse una ropa decente.

-¡Sobrevivimoooos!- le dije emocionada -Ajá- me contestó él -No iremos al laboratorio… al menos no de primero-. Salí corriendo por toda la esfera súper emocionada por lo enorme y espectacular que era. -¿De verdad tienen un mapa arcano?- hice una pregunta retorica y me recorrí la esfera -Esto es demasiado divertido para ser verdaaad-. Todo el lugar era mágicamente hermoso, y muy lujoso, pero había cositas de las que estaba segura que los chicos no aprovechaban. -¡Vamos a el gran laboratorio! Porfis, porfis- le pedí permiso a Chim -Sabes muy bien que eso está cerrado- me contestó -¡Sí! Lo sé, pero tú tienes permiso, y …- él me interrumpió -Vamos, pero por favor… - lo interrumpí -Yo me controlo, te lo prometo-. Al entrar habían tantos libros y experimentos de colores que era sencillamente magnifico. Mentalmente recorrí con la vista todas las secciones, ya que Chimar ya las había visto y sin decir nada salí del laboratorio para dirigirme a buscar los materiales necesarios para darle un toque de Maga a su mapa arcano. Sin dar muchas explicaciones en un pequeño recipiente fui obteniendo sangre de cada uno de los gorriones, y un cabello de ellos; también busqué frutos rojos y morados en los jardines, y empecé a preparar una mezcla, la cual parecía ser bastante viscosa. -Déjame adivinar, necesitas algo para refrenar energía-. Juntos fuimos en busca de todos los materiales, electrónicos y de alquimia que hacían falta el conjuro, lo único que hacía falta era el conjurador, y claramente yo no tenía magia.

    ¡Ralphy! Él era la solución; su magia no era tan efectiva como la de los brujos, pero con un buen amplificador casero de energía fabricado con los conocimientos de Chimar, iba a funcionar. Creo que primera vez que trabajo en equipo, en verdadero equipo con el inventor, y la verdad debía confesar que no estaba mal, incluso podría pensar que lo que haríamos ese día iba a ser un invento grande.

    A pesar de estar en el cuerpo de Chimar utilicé mi poder de convencimiento y persuasión para lograr que Ralphy se prestara de conejillo de indias para este experimento arcano/inventor(0). Me puse a practicar varias veces con Ralphy el conjuro en griego que íbamos a decir, y cuando por fin estuvo listo, recibí la gran pregunta de parte de él -¿Qué idioma es ese?- y yo sólo le contesté -Confía en mí, sólo tienes que pronunciar: “Énas desmós aímatos, mia énosi gia pánta. Apó tin aplótita stin omorfiá, entopíste me aftés tis fléves.” Es lo más sencillo del mundo.-(1)

    Estaba muy nerviosa, pero lista para conjurar el mapa. Vertí con cuidado la sustancia viscosa sobre el mapa y le pedí a Ralphy que empezara a conjurar mientras sostenía en ambas manos un metal especial que lo ayudaría a amplificar su magia.

    Las cosas salieron muy bien, ya que mientras el vampiro conjuraba, el liquido impregnaba el mapa y desaparecía de la vista. Luego al terminar de pronunciar las palabras, el mapa se iluminó por unos instantes y luego volvió a su estado normal, pero esta vez con unos puntitos de colores que estaban dentro de la esfera.

-¿Esos somos nosotros?- me preguntó Chimar, y yo le contesté que sí, y que ahora si querían podían ver la ubicación de sus hermanos gorriones en el mapa. -Espero te guste- le dije con mucha sinceridad.

-¡Chimar! Haz dejado el laboratorio abierto- pronunció Carol en tono severo.

-Ayyy, lo siento… Chimar disculpa- le dije mentalmente mientras caminaba a paso veloz para cerrar el laboratorio.

    ¡PUM! Sonó una pequeña explosión en el cuarto de administración, de dónde habíamos sacado algunos materiales para el conjuro. Fui a paso apresurado para ver lo que sucedía y había varias máquinas que dejaron de funcionar. Mi corazón se aceleraba y empezaba a sentirme culpable por todo lo que estaba pasando. Y es que eso no fue todo, sino que automáticamente todas las puertas de la esfera se cerraron y empezó a salir un gas extraño en la habitación en donde nos encontrábamos.  

-Disculpa, disculpa, Chimar, no sé que hiceee- le expresé muy preocupada y sin saber qué hacer. Caminaba de un lado a otro tratando de no inhalar aquel gas y … De mis ojos empezaron a brotar pequeñas lagrimas que recorrían mis mejillas.

-Maga, calmate- me dijo -¿Pero cómo me voy a calmar si lo arruino todo?- le dije desesperada -No importa, sólo relajate sí…?- me contestó él y no sé cómo pero él recuperó el control de su cuerpo completo y yo pasé a ser una simple espectadora en primera persona.




    Mis pies y mis manos se movían a voluntad de Chimar, que de una forma u otra estaba determinado a solucionar el problema que había causado. A pesar de que yo me sentía un poco confundida las ideas en mi cabeza se apilaban una tras otra encontrando un sentido lógico a lo que sucedía, era como si con un hilo tejiera un montón de ideas, y lo más importante del asunto es que estaban fríamente ordenadas por prioridad. Luego llegaron a mi cabeza unos cuantos números que eran una aproximación del tiempo que tomaría hacer cada tarea pequeña, y a demás había una lista de ventajas, desventajas y posibles inconvenientes de cada actividad; y como si fuera poco mi cuerpo caminaba en dirección a la máquina central para de alguna forma desconectar a Carol y trabajar la esfera de una forma manual.

-Vamos a estar bien… sea como sea saldremos de esta y es lo que importa.- dijo en voz alta.

    Carol sabía lo que venía, y obviamente ya yo había estudiado el comportamiento de ella en casos como estos, por lo que sabía con precisión como interceptarla. Esta bio arrancó su software de defensa bruta, que consistía en evitar a toda costa que la apagaran o que una fuente externa, en este caso Chimar y yo programáramos manualmente el sistema de la esfera.

    Sentía un miedo increíble, porque obviamente sabía con cálculos y a ciencia cierta las probabilidades de cada jugada que realizaríamos y eso me ponía nerviosa, a demás de que conocía los riesgos y la magnitud de los mismo, y aún así mi cuerpo se aventuró a seguir con el plan. Agarré una placa de metal de una máquina a vapor que estaba empezando a confeccionar hace unos días y sin pensarlo mucho me oculté detrás y lancé una bomba hidráulica(2). Aquella situación era bastante peligrosa porque estábamos en un lugar cerrado, y a pesar de que la bomba estaba lejos, no estaba garantizado que saldríamos bien de ahí.

    Cerré los ojos y BUM, la bomba explotó; una ráfaga muy potente y comprimida de aire nos empujó a una de las paredes de la habitación, mientras nuestros delgados brazos sostenían aún la placa que nos protegía de los escombros. Nos quedamos tiesos unos momentos, ya que nuestro cuerpo estaba en shock, pero a parte de eso sentía una satisfacción tremenda porque habíamos logrado “noquear” a  Carol.

    Nuestros músculos estaban engarrotados, y a demás los dedos de mi mano derecha quedaron con gran tensión, cosa que producía un dolor desagradable, sin embargo aún podíamos movernos, así que sin perder el tiempo (porque eso también estaba fríamente calculado) nos acercamos a un circuito de Carol y le colocamos unas 2 gotitas de sustancia corrosiva (3) y en cuanto hubo oportunidad de retirar una parte de Carol lo hicimos, y enseguida la desactivamos por completo. El control ya volvía a ser nuestro. Como por arte de magia, y con la gran suerte de estar en el cuarto indicado (aunque destruido), Chimar logró casi que con las uñas el permitir que las puertas se abrieran, y así fue más fácil disipar el gas. Yo lo único que podía hacer era mantener la boca cerrada y observar con admiración todo lo que el chico había logrado con su cabezota de genio.

-¿Recuerdas que aún puedo leer tu mente verdad?- preguntó él -¡Bueno! Eres un cabezotas- pensé un tanto frustrada aunque al final no pude aguantármelo, y le dije ...




   Me desperté en Beltrexus, muy confundida y recuperando el control de mi cuerpo, y esta vez sí era mi verdadero cuerpo. A mi lado estaba un poderoso brujo y a mi alrededor podía notar que estaba en una carpa morada llena de artilugios mágicos y por supuesto el hombre tenía en su mano un péndulo y unas sustancias extrañas que burbujeaban a mi alrededor.

-¿Eso fue real? Estaba a punto de decirle algo importante a… - dije muy frustrada.

-Es real si tú quieres que así sea…-
dijo él muy seriamente -Y… ¿qué querías decirle?-

-Ya no me acuerdo…-



___________________________
OffRol
Hola a todos, primero que todo,
FELIZ INICIO DE 2018
Espero este año los masters se apiaden de nosotros,
nos den objetos poderosos y que subamos de nivel.

Con respecto a cositas interesantes que usé en la historia:
(0) Especialización de Maga.
(1)Ένας δεσμός αίματος, μια ένωση για πάντα. Από την απλότητα στην ομορφιά, εντοπίστε με αυτές τις φλέβες.
Un vinculo de sangre, una unión para siempre. De la simpleza a la belleza, por favor ubica con estas venas.
(2) Hab Nivel 1 de Chimar.
(3) Hab Nivel 7 de Chimar.

Chim, espero te guste.
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Re: Evento de Yule

Mensaje  Sarez el Mar 2 Ene 2018 - 12:21

Si estuviera presente, Merrigan sería quien se sentaría en el sillón de felpa rojo y contaría la historia. Primero prepararía la escena, yo le ayudaría: decoraría el sillón con pañuelos de seda de colores (sus preferidos eran el morado y el naranja), rodearía el arpa con cojines y pediría al mesonero, con mucha educación, si sería posible apagar las lámparas de aceite, que solamente hubiera la luz de la chimenea.

Entonces, se pondría a tocar el arpa. Se quedaría un rato en silencio, dejando que la música inundase todos los rincones del mesón. Los hombres y mujeres, callados como ella, dejarían de ser personas para ser lo que Merrigan llamaba: “su público”.  La canción empezaría en aquel momento. Un ligero, casi imperceptible, cambio en el tono de la música marcaría el inicio de la historia.

Ahora que no está Merrigan, tengo miedo a no estar a su altura. Las personas me miran extrañadas, quieren las historias de Merrigan, no las mías. Es ella la que canta, la que tiene que contar la historia. Ellos lo saben, le han escuchado cantar decenas de veces. Se miran unos a otros y cuchichean. El mesonero, un hombre gordo y afable, se pasea entre las mesas. Les dice a las personas que todo va a ir bien, que confía en mí.

-Amigos míos, no sean ignorantes. Es bien sabido que todos los elfos saben cantar. Por muy raro que parezca, éste no será una excepción. Recordad que es el padre de Merrigan-.

Cojo el sillón de cuero de felpa rojo por la espalda y lo acerco unos centímetros a la chimenea. Los pañuelos de colores quedaron en la mochila de Merrigan. En su lugar, uso mi chaqueta y mi camisa como adornos. Cojo unos cojines de los sillones libres y los pongo a los pies del sillón. No tengo arpa para acomodar encima de los sillones, pongo mis armas. El mesonero conoce la escena de Merrigan, no me es necesario pedirle que apague las luces.

Me siento en el sillón de felpa rojo, me inclino hacia las personas y les miro fijamente. Me doy cuenta que no puedo verlas con nitidez. Hay muy poca luz y muchas sombras. Reconozco las siluetas, puedo ver donde se sientan las mujeres y donde los hombres. La silueta más grande, la única en pie, debe de ser el mesonero. Ellos sí me ven. Si Merrigan estuviera sentada en el sillón  y yo en las mesas, sería capaz de verla a la perfección.

Hace tiempo, Merrigan intentó enseñarme a hacer música. Me dijo que empezase por el laúd, que sería lo más fácil para alguien que no ha tocado nunca un instrumento. Le dije que sí. La música le hacía sonreír y yo quería (quiero) verla sonreír. Me compró un laúd y empezamos a practicar. Dos semanas después tuvimos que venderlo. Soy torpe para la música. En esas dos semanas, rompí cinco cuerdas. Estoy acostumbrado a tensar la cuerda de mi arco, no a acariciar las cuerdas de un laúd. Sin música, no soy capaz de convertir a las personas en público. Tengo una historia que contar, necesito contarla. Pienso en qué haría Merrigan si no tuviera su arpa. Me cuesta imaginarlo, nunca he visto a Merrigan sin su arpa.

Cierro los ojos y espero a que, por sí solas, las personas se conviertan en público. Pronto, me sorprendo al darme cuenta que estoy tarareando el inicio de mi canción favorita de Merrigan. Inmediatamente, me callo. Tengo miedo a haber hecho el ridículo. No tenía que tararear, tenía que hacer música con un instrumento. Aunque, me haya callado, la canción sigue sonando. Son las personas (el público) quienes han reconocido la melodía y la continúan incluso cuando estoy en silencio. Es el momento: trago saliva y cambio el tono de la canción, la adecuo a la historia que tengo que contar. El público se da cuenta que el tono es diferente, se callan.

Ahora, empieza la historia:

-Es una niña bruja. Todavía no ha descubierto cómo la llamarán. Conoce su nombre. Dentro de unos años, pocas personas le llamarán así. Ese nombre es Anastasia Boison. En un futuro, la llamarán Huracán.

Está sentada en un banco de piedra. Lee un libro de hechicería recomendado a niños tres años mayores que ella. Sin darse cuenta, balancea las piernas como si estuviera bailando sentada. Es porque está feliz y tranquila; su plan había funcionado, pensó que sería imposible, que la biblioteca estaría mucho más vigilada. Gárgolas, golems dragones… cualquier guardián sería mejor que un viejo y su gato. Anastasia los distrajo fácilmente: un trozo de requesón para el gato y una mentira para el viejo:

“Señor Argus Filch, La maestra Boison desea verle”.

“Y supongo que ella no te ha dicho lo que quiere. Al menos sabes dónde se encuentra” lo último no sonó como una pregunta, pero la niña supo que lo era.

“En el comedor principal, junto los otros maestros”.

“¡Una buena noticia! Con un poco de suerte, compartirán un trozo de carne en salsa con el bueno de Flich”.

El engañó le funcionó. El gato se quedó quieto con el trozo de requesón entre las patas y el señor Flich lejos, al otro extremo de la Academia. Toda la biblioteca quedó en manos de Anastasia. Fue al estante de los libros de magia avanzada, aquellos que de vez en cuando había visto bajo el hombro de su madre. Si se hubiera quedado un rato más, habría buscado los más complejos, los más divertidos. No se hubiera conformado con un libro mediocre de, solamente, tres cursos superiores al suyo. Sin embargo, el tiempo no jugaba a su favor. Sabía que cuando Flich se diera cuenta que le había mentido, recibirá dos castigos: uno por parte del celador y otro por parte de la maestra Boison. Antes que eso ocurriera, tenía que coger un libro, salir de la biblioteca, ir a un rincón de los jardines dónde nadie pueda verla, leer el libro robado a toda prisa y regresar a la biblioteca para devolverlo a su lugar.

“Si me guardas el secreto, te daré otro trozo” le dijo al gato al salir de la biblioteca. Éste le contesto con un suave miau.

Era la hora del almuerzo. La mayoría de los alumnos y maestros estaban en el comedor; una minoría de alumnos se había escapado a los dormitorios a con botellas de alcohol y bolsas de hojas de refia. Los jardines quedaban vacíos. Anastasia estaba sola, lo prefería así. Sin nadie que la menospreciase por ser mestiza (Cassandra y sus amigos) ni nadie que le dijera qué tenía que hacer (su madre, la maestra Boison). Estaba cansada de soportar las burlas de sus compañeros. Más de una vez se había descubierto fantaseando con la idea de echar a volar como un cuervo por encima de los muros de la Academia. Salir de allí, viajar muy lejos, donde pudiera estar sola por siempre. Tan solo bastaba con tres palabras para poder volar. Anastasia las estaba leyendo justo en aquel momento:

“Ash balla ná” susurró sin pensar-.

Una bocanada de aire apagó la chimenea de la posada.

Pasó unos segundos hasta que el mesonero enciende una de las lámparas de aceite. Algunas personas han dejado de ser un público. Las que todavía lo son, repiten las tres palabras de la bruja.


Regalo para Huracán:
Es una pequeña historia de cómo imagino que Anastasia aprendió sus palabras mágicas. No es de la misma época que el tema de remembranzas que tienes con Cassandra; según tu cronología creo que sería varios años más atrás. No estoy seguro, por si acaso, no puse edad jajajaja.

Me gustaría haber hecho más: utilizar a la madre Isabella y a la bully de Cassandra pero no he tenido tiempo. Me paso el día estudiando como un malnacido. Lo siento si te ha parecido algo soso o falto de emoción.
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Re: Evento de Yule

Mensaje  Asher Daregan el Mar 2 Ene 2018 - 14:06

Spoiler:
Dedicado a Elran Tail Eltrant Tail. ¡Espero que te guste!

Observé la escena, aún sin comprender que había pasado. Algo en mi cabeza me había estado advirtiendo que me preparase. Algo horrible había ocurrido. La puerta entreabierta, la falta de luz, y el silencio que precedía a una emboscada. Desenfundé el espadón de mi espalda, preparado para lo peor, y entré en la casa.

Miré alrededor frenéticamente, buscando cualquier rastro con la mirada. Había muebles desperdigados por todo el suelo. Cristales rotos. Cortes y abolladuras en la madera. Era como si se hubiese formado un tornado en la misma casa. Pero no tenía tiempo. No había rastro de Aila. Debía continuar.

Intenté abrir la puerta de la habitación principal. Atascada. Algo la estaba bloqueando, desde el otro lado. No dudé. Preparé mi hombro y me lancé contra ella, consiguiendo que cediese un poco. Otra vez. Algo cayó al suelo con un fuerte estrépito. Una vez más. La puerta se abrió de par en par, y caí al suelo junto a un armario, astillado y derribado. ¿Era eso lo que había bloqueado la entrada...? Me levanté, aún en guardia, pero me detuve al escuchar un gemido lastimero.

Ahí, en el suelo junto a la cama, estaba Aila, sentada sobre un charco de sangre y acurrucada en la esquina. Sus ojos mostraban el terror más puro que había visto en mucho tiempo.

-¿Aila? ¿Que ha...?- empecé, interrumpiendome a mi mismo. -¿Estás...?- Di un paso hacia adelante, pero la mujer empezó a temblar.

-¡No! ¡No...! ¡ALEJATE! ¡VETE!- chilló, empujando su cuerpo contra la pared. Casi parecía que quería atravesarla. Había arañazos en la madera. Sus manos sangraban.

-¡Espera... tranquila!- alcé la mano izquierda, intentando tranquilizarla. -¡Soy yo! ¡Eltrant!- ¿Que le había pasado? La mujer me conocía de sobra. Era ella la que me había dejado descansar en su casa por unos días, después de todo. Aila me miró, confusa, pero dejó de gritar.

-Eltrant... Eltrant... ha... ha pasado algo horrible...- jadeó, intentando levantarse sin éxito. La sujeté antes de que se cayese, y le coloqué una mano en el hombro.

-Tranquila. Todo saldrá bien... no intentes levantarte. Voy a llamar a un curandero.- dije.

-Eltrant... ha sido Liam. Tiene... tiene a Jonas.-

Apreté la mandíbula. ¿Como era eso posible? No conocía mucho a Liam, pero... parecía alguien normal. Un buen hombre. ¿Que demonios le podía haber llevado a atacar a su propia hermana? Jonas era su propio hijo, y no tenía más de un año. ¿Por qué hacer todo eso...? No tenía sentido. Pero tenía que actuar. Salí corriendo de la casa y atravesé los caminos a oscuras. El poblado era relativamente pequeño, y podía guiarme bastante bien. No dude un instante, y salí disparado hacia la casa del curandero local.

Golpeé la puerta varias veces. Pasaron los segundos. Nada. Insistí, una y otra vez, hasta que finalmente, se abrió, revelando a un elfo de pelo grisáceo. Endon, creía recordar. El hombre me miró de arriba a abajo.

-No estás herido.- observó, casi sorprendido. Me había cerrado algunas cicatrices esa misma mañana. ¿De verdad esperaba que...? Daba igual. -¿Que ocurre?-

No respondí. Simplemente le cogí de la mano y le arrastré hasta la casa, explicando atropelladamente lo que había visto. Por suerte, pareció entenderlo a mitad de camino, y empezó a correr por su cuenta. Maldije entre dientes. No tenía que haberla dejado sola. Tenía que haberla llevado al curandero, no al revés. Negó con la cabeza. Aquello podía ser peor. No sabía que le había pasado, y moverla podría empeorar sus heridas.

Al volver, Aila seguía ahí, apenas consciente. Endon se acercó a ella y empezó a examinar sus heridas. La mujer no reaccionó demasiado.

-Ayúdame a levantarla.- ordenó. Obedecí, cogiéndola con cuidado y colocándola sobre la cama. Miré a Endon, esperando cualquier otra orden, pero el elfo se limitó a seguir examinándola. -Tranquilízate. No parece tener nada grave... físico, al menos. ¿Que le ha pasado?-

-¡No lo sé! Ha dicho que... Liam. Ha dicho que ha sido Liam.- respondí, aún intentando aclararlo en mi cabeza. El caos que había encontrado en la casa no era normal. No era algo que un humano pudiese provocar en una pelea, y sabía que no era un brujo o vampiro. -Alguien tiene que haberlo visto.- Solo había estado fuera unas horas, pero el ruido que aquello tenía que haber provocado debía haber llamado la atención de alguien. -Tengo que encontrarlo. Se ha llevado a Jonas.-

Aquello pareció sorprender al elfo. El sanador masculló algo entre dientes y miró a Aila, preocupado.

-Si sabes algo...- musité. El elfo no respondió. No tenía tiempo para un interrogatorio. Tenía que moverme.

_______________________________________________________

Media hora después, había conseguido descubrir un par de cosas. Casi todos los vecinos escucharon un fuerte estruendo unas horas atrás, pero asumieron que solo se trataba de una discusión. Ninguno intervino. Nadie lo dijo, pero estaba en el aire. Habían escuchado cosas mucho más graves que unos cristales rompiéndose, proviniendo de la casa de uno de sus vecinos, y no habían hecho nada para intervenir.

Solo uno de ellos admitió ver algo. Una figura, moviéndose erráticamente. Solo sacó una cosa en claro: se dirigía al Este. Volví a la casa con aquella información. Para entonces, los dedos de Aila estaban vendados, además de algunas heridas y rasguños en su torso. Miré a Endon.

-Al Este... lo más cercano que hay debe ser el Fuerte de Midgar.- Aquel puesto de la guardia estaba a tan solo media hora de allí, y se ocupaba de "proteger" las zonas más al Oeste, como Sacrestic Ville. O al menos, esa era la idea. Por lo que sabía, aquello era mayormente una excusa para tener presencia militar en aquella zona, por si ocurría algún tipo de rebelión.

-¿Nada más? ¿Por qué querría ir allí?- le urgí. El elfo me evitó con la mirada. Fruncí el ceño. -Endon.-

-Creo que... puede querer venganza. Su mujer, Milva... murió por culpa de los soldados del fuerte.- admitió.-Pero... no puede destruir todo un contingente de soldados él sólo. Ni siquiera sabe luchar.-

-Encárgate de Aila.- dije, dirigiéndome a la puerta. Aún quedaban cosas por aclarar. Pero tenía que detenerlo. Si iba hasta allí con sed de sangre, solo conseguiría que lo matasen. A él y al niño.

Empecé a caminar apresuradamente, maldiciéndome a mi mismo por no tener a Mohr en esa clase de situación. Si corría, acabaría agotado a mitad de camino... y no sabía contra que clase de situación acabaría enfrentándome. Parte de mi pensaba lo mismo que me habían dicho varias veces a lo largo de mi vida: estaba siendo un idiota. Lo más probable era que le hubiesen encerrado en una celda o algo por el estilo. Pero había algo que me daba mala espina.

No tardé demasiado en ver la silueta del fuerte en mitad de la noche. Era curioso. El motivo por el que había conocido a Aila era el mismo que me estaba empujando en ese momento. Si había alguien que necesitaba ayuda... si era una situación de vida o muerte... no podía quedarme de brazos cruzados. Date la vuelta y vete. Obedecí, mirando atrás y volviendo a la villa.

Espera. ¿Qué?

Me detuve, rascandome la barba. ¿Que acababa de...? ¿Por qué acababa de girar? Me concentré. Liam y Jonas. Tenia que encontrarlos, y estaban, probablemente, en el fuerte. Me encaminé hacia él, notando una ligera migraña. Era extraño. No había vigías en las atalayas. Tampoco se había encontrado a nadie patrullando. La seguridad en ese sitio debía de haberse vuelto más ligera de lo que pensaba.

No. Algo iba mal. La entrada estaba completamente abierta. En mitad de la noche. Saqué a Olvido de su funda, preparándome para lo peor, y atravesé la entrada.

Alcé ambas cejas, sorprendido. Ese sitio... parecía un campo de batalla desierto. Había sangre por todas partes. No solo en el suelo: varias zonas de las paredes estaban teñidas de rojo. Y sin embargo, no había cadáveres. Solo armas. Lanzas, arcos, espadas y escudos. Todas el armamento típico de un soldado de Lunargenta estaba allí. Pero nada más. ¿Por qué nunca podía enfrentarme a un simple grupo de bandidos? ¿Por qué siempre tenía que ser algo mucho más tenebroso y terrible?

No había terminado de cuestionar mis decisiones en la vida cuando vi algo moverse por el rabillo del ojo. Una espada estaba flotando en el aire. ¿Era posible que todo el mundo se hubiese vuelto invisible...? No. La forma en la que se movía... tenía que ser telekinesis. El arma se lanzó hacia mi, buscando atravesarme. Pero le faltaba fuerza. Aun así, no podía fiarme: desvié la espada con un tajo de mi mandoble, lanzándola por el aire hasta que se quedó en el suelo, inerte.

-¿Brujos...?- pensé en voz alta. ¿Era posible que Liam fuese un brujo? ¿Y que tuviese una hermana que no lo era? Daba igual. Fuera como fuese, me estaba acercando. Y, a juzgar por la bienvenida, estaba claro que alguien no quería que lo hiciese.

Me aproximé al portón de entrada al fuerte. No es que estuviese cerrado: alguien se había tomado la molestia de bloquear la entrada por completo, usando todo tipo de rocas, escombros y restos de lo que antes había sido un andamio de madera. Mover todo aquello me llevaría horas, y era posible que también estuviese bloqueado desde dentro. Suspiré y me llevé la mano a la cara. Nunca había nada sencillo.

Pasé un par de minutos rodeando la estructura. Tal y como sospechaba, solo había una entrada que no hubiese quedado completamente bloqueada. Los barracones. Al menos no tendría que pasar por los calabozos. Por una vez, no tendría que entrar en el sitio más siniestro y horrible de la zona. Y ni siquiera me habían apuñalado aún. Debía ser mi día de suerte. Abrí la puerta, dejando soltar una maldición cuando noté como algo la bloqueaba por el otro lado. Tenía que ser una broma. ¿Otra vez?

No había otra opción, por lo que me limité a usar la misma técnica de antes. Tras tres fuertes golpes, la puerta había quedado abierta, y mi hombro me odiaba. Pero estaba acostumbrado. Aquella sala era donde dormían casi todos los soldados del fuerte. A juzgar por mi propia experiencia en la guardia, no eran camas precisamente cómodas. Al menos no había indicios de una pelea en ese lugar.

No perdí el tiempo allí. Tenía que continuar. Atravesé una de las puertas, deteniéndome al ver en que clase de sitio me encontraba. Aquello era... una capilla. Varios altares a distintos dioses adornaban la habitación. Todos tenían velas. Y todas estaban apagadas. Un rastro de sangre había manchado el altar a Freyja. No pude evitar pensarlo: A pesar de todo, los dioses no habían salvado a nadie allí.

Y entonces, lo sentí. Una aguda punzada de dolor en mi cabeza. Lo suficientemente fuerte para paralizarme durante un instante. Caí sobre una rodilla, llevandome una mano a la sien. ¿Que demonios era eso?

Algo comenzó a alzarse. No. Los altares: mesas de madera y bandejas de plata empezaron a flotar delante de mi... y entonces, me atacaron, lanzándose a velocidades peligrosas. No tenía tiempo para apartarme. Me cubrí la cabeza y me encogí, preparándome para el impacto. Distintas piezas de madera golpearon mi coraza y brazos, rompiéndose ante el metal que tantas otras veces me había salvado. Mi espada empezó a agitarse en el suelo, pero la detuve presionándola con mi rodilla. Tras unos segundos, el asalto se detuvo. Y con ello, mi dolor de cabeza se desvaneció. Me levanté con cautela, atento por si algún otro objeto intentaba matarme, y me sacudí las astillas de la armadura.

Solo había recibido algunas magulladuras. Pero estaba claro que aquello llegaba algo más lejos de lo que pensaba. No había nadie más en esa habitación, y no había manera de que alguien pudiese verme desde fuera. El dolor de cabeza... aquello era más típico de un vampiro que de un brujo. Pero la telekinesis...

Daba igual. Tenía que seguir adelante. Recogí mi mandoble y continué. Los pasillos estaban mal iluminados: la mayoría de lámparas estaban apagadas, de forma que solo podía ver lo que me permitian las tenues velas que aún quedaban encendidas.

Cuanto más me adentraba en el fuerte, más sentía una presión sobre mis hombros. Algo que me instaba a irme. No tenía que estar allí. Pero continué. No tardé en darme cuenta de que la presión era real. Había una fuerza que estaba luchando por ralentizarme, entorpeciendo mis movimientos y empujandome para alejarme. Tensé mi cuerpo. No iba a ceder. La armadura pesaba, y casi parecía que había chocado contra una pared. No podía moverme. Y aun así, seguí empujando.

Pasaron dos eternos minutos. Mi cuerpo estaba completamente agotado. Pero había vidas en juego. Rendirme... no. No me iba a rendir. Y finalmente, empecé a ganar terreno. La fuerza a la que me enfrentaba se retiró, y caí al suelo, sudoroso y jadeando.

-¡JA! ¡No vas a ganar, fuerza invisible!- grité. El eco de mi voz resonó por los pasillos del fuerte. Respiré pesadamente, tomándome unos minutos para descansar. Sabía que iba a ir a peor.

Volví a emprender la marcha. Tenía un largo rastro de sangre seca bajo mis pies, proveniente de distintos pasillos. El camino dio lugar a una sala de reuniones. Parecía similar a la del cuartel en Lunargenta, con algunas diferencias en los adornos. En lugar de estandartes y cortinas, había armaduras y espadas. O las debía haber en su momento: en ese instante, todo estaba en ruinas.

Algunos de los cadáveres estaban allí. Arqueé una ceja. ¿Por qué moverlos? ¿Que importaba aquello? Había algo que había estado sospechando durante un largo rato, pero esperaba que no fuese cierto. El haber encontrado los cuerpos intactos habría sido un alivio si no fuese tan terrible. Pero al menos no se levantaban. Había tenido más que suficientes situaciones con no-muertos.

-Tiene que ser una broma...- mascullé. Los dos cadáveres de la habitación, un hombre y una mujer, empezaron a moverse. No. Basta. Sabía que hacer. No iba a esperar a que atacasen primero. Alcé el mandoble y lo hice descender sobre el cuello del primero de los soldados, atravesándolo limpiamente. La cabeza cayó. Pero el resto del cuerpo siguió alzándose. Maldije en voz alta. Aquello no era nigromancia. Solo lo parecía.

Una espada se alzó hacia la mano de la mujer, y esta adoptó una posición de combate. Aquello no tenía sentido. ¿Por qué usar un cuerpo si podía simplemente arrojar las armas? Coloqué un pie sobre el torso del soldado decapitado, impidiéndole moverse, y me puse en guardia. La mujer me miró con ojos fríos y sin vida. Su rostro parecía el de una mueca de odio. Pero era imposible. La herida de su cuello era real, y no era un cadaver reanimado.

El cadaver se lanzó hacia mi, peleando como una persona viva. Bloqueé su ataque con mi mandoble y lancé un pesado tajo hacia su hombro, perforándolo. No hubo ningún grito de dolor, ni sangre, ni furia. Y, sin embargo, la mujer cayó de rodillas y se quedó en el suelo, inerte. Desencajé a Olvido. El soldado debajo de mi también había dejado de moverse.

No lo entendía. Pero algo llamó mi atención. Un llanto. Un bebé. Salí de la sala a trompicones, buscando la fuente del sonido. ¿Jonas? Atravesé los pasillos apresurádamente, hasta encontrar el lugar. Una puerta de caoba. Tal vez la habitación del general. La abrí sin mucho cuidado, y entré.

Una cuna ensangrentada. Un pequeño esqueleto. A su lado, el cuerpo ensangrentado de Aila. Escuché pasos detrás de mi, y me volví, temblando. Lyn. La joven vampiresa sonrió, y encendió un pequeño farol que llevaba en la mano. La luz iluminó la habitación y su cuerpo, revelando un enorme corte en el hombro que correspondía a la hoja de Olvido.

Caí sobre mis rodillas. No lo entendía... no podía ser ella. Lyn señaló a otra parte de la habitación, donde decenas de cadáveres yacían amontonados. Los reconocía a todos. Laura. Alanna. Todos mis hermanos. Mis padres. Asher. Huracán. No podían estar muertos. No los había podido salvar.

Morir allí mismo. Sacar mi espada y rajarme la garganta.

Intenté levantarme, y caí al suelo, resbalando con algo. Y, por algún motivo, el dolor me recordó quien era. La ilusión se desvaneció. No había cuerpos. No había muerte. Solo alguien jugando con mi cabeza. Me levanté, recomponiendome lentamente. Las piernas me temblaban. Pero estaba harto. Salí de la habitación, con paso decidido. Un instante de pánico se había colado en mi mente justo en el momento en el que volvía a ser yo. Pánico dirigido a un hijo. La imagen de un lugar húmedo, oscuro y tenebroso.

Abrí la puerta de entrada a los calabozos, y empecé a bajar las escaleras de piedra. Podía escuchar su voz. La voz de Liam.

-Tu no deberías estar aquí. Tu no importas.- dijo. No pude evitarlo. Estaba temblando, pero tenía que responder. Tenía que saberlo.

-¿¡Por qué!? ¿Por qué has hecho todo esto?- exclamé. Una corriente de aire atravesó toda la fila de celdas. No me moví de la entrada.

-¿POR QUÉ? ¡PORQUE ELLOS MATARON A MILVA!-

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Acuné a mi hijo. Su madre lo había llamado Jonas. El bebé lloraba. Shh, shh. Todo iba a salir bien, le dije. Miré a Milva. Estaba dormida. Inconsciente. Me daba algo de pena. Ella debía haber sido quien lo hubiese sujetado en brazos. Antes de mi y antes del elfo que había ayudado en el parto.

Endon se movió por la habitación, inquieto. Parecía buscar algo. Se acercó a Milva y tocó su frente. Sus ojos se abrieron. Y entonces comenzó el pánico. Pregunté que ocurría. Él no respondió. Insistí. Las medicinas, dijo. Los soldados se las habían llevado. Lo recordaba perfectamente. Para combatir la plaga, aseguraron. Habían robado todos los unguentos y medicinas que teniamos. Ellos lo llamaban impuestos. Milva estaba asustada. Si nos negabamos, podían matarnos. Mi voz tembló. Le pregunté a Endon que necesitaba. Yo iría a por ello.

Corrí tanto como pude. Mis piernas no daban más de sí. Pero llegué. Me dijeron que no. No podían prescindir de nada de lo que tenian. Imploré. Mi mujer moriría. No podía irme sin medicinas. No, dijeron. Insistí. No me iría. No me iría. No me iría.

Me golpearon, y todo se volvió negro. Cuando me desperté, estaba en un calabozo. Me retuvieron dos días. Al tercero, volví corriendo. Era demasiado tarde. Demasiado tarde. Demasiado tarde.

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Las imagenes abandonaron mi cabeza, y volví a ser Eltrant.

-¡SE MERECEN ESTO!- gritó Liam. El hombre se reveló al fondo del pasillo. No. Ya no era un hombre. Su cuerpo estaba allí... pero detrás había algo más. Un ser de sombras. Un demonio. -No hicieron nada. Sabían que ella moriría, y no hicieron NADA. Tu los debes odiar. Son lo que más odias.- siseó.

Odio. Odio. Odio. Odio. Odio. Es lo que aquel demonio quería. Es de lo que se alimentaba. El odio de Liam... eso fue lo que le permitió poseer al humano. Lo que le hizo poderoso. Tenía que ponerle fin. El demonio se acercó. Una montaña de cadáveres empezó a surgir de las celdas. El aire se enfrió aún más, volviéndose gélido. Tanta muerte. Tanto dolor. No podía continuar.

Suspiré. Era una lástima. Nadie debía haber muerto. Milva era inocente.

-...pero odiar no sirve de nada.- dije, guardando a Olvido en su funda. -A veces, la gente es cruel. La vida es injusta. Y no podemos hacer más que resignarnos, sufrir heridas, y odiar. Pero...- miré al demonio a los ojos. No. A Liam. -Pero no es lo correcto. Perdonar... perdonar nos hace fuertes.- Una terrible ira empezó a sacudir al demonio. El ser lanzó un chillido. Una enorme fuerza me empujó, lanzándome por los aires. Caí y rodé por el suelo. Pero me levanté.

-La razón de que...- el demonio alzó una enorme garra negra, llevándola a mi cuello. Mi cuerpo se alzó, y noté una presión en la garganta. -Has... has venido aquí. No era sólo para matar a lo que odiabas...- Un segundo golpe. Iba a romperme el cuello. Mi cuerpo quedó paralizado por la telekinesis del ser. -...era para salvar a Jonas.-

-Mi... hijo...-

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Me dejé caer sobre la silla, agotado. Podía ver los primeros rayos de sol a través de la ventana. Había sido una noche muy larga. Me merecía un descanso.

-Debe ser la primera vez que ayudas a alguien sin que te apuñalen.- dijo Endon distraidamente, aún leyendo uno de sus libros. -Sigo sin encontrarlo. No hay nada. Nada que se parezca a lo que has descrito...- suspiró. -Igual es mejor no saberlo.-

-Solo espero que no vuelva a pasar.- dije con una exhalación. Esa cosa podía haber hecho mucho más daño que cualquier otra bestia. Si hubiese sido en alguien con mucha influencia... esa clase de odio podía empezar guerras.

-Claro. No siempre podemos tener a un héroe para salvarnos.- respondió. Puse los ojos en blanco, pero sonreí. -Puedes verlos, antes de irte. Pero no hagas mucho ruido.- dijo, señalando la puerta al fondo del pasillo. Me acerqué con cuidado y la abrí, aliviado de que no hubiese ningún armario en mi camino.

El bebé dormía plácidamente, abrazado a su tía. No tenía duda alguna de que sería una buena madre para Jonas. Lentamente, cerré la puerta. No quería despertarlos. Me di la vuelta y sonreí. Esa clase de cosas hacían que todo valiese la pena.


Spoiler:
¡Psyche! Nada de heridas físicas. Para aclarar algunas cosas: El demonio al que se ha enfrentado Eltrant es un Demonio Sombrío. Es lo que le confirió poderes psíquicos y telekinéticos a Liam, y le controlaba. Las capacidades del demonio le permiten detectar a Eltrant, acceder a sus pensamientos e incluso alterarlos brevemente, y más adelante jugar con sus recuerdos y emociones.
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Asher Daregan
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Re: Evento de Yule

Mensaje  Helyare el Mar 2 Ene 2018 - 16:55

Evento finalizado
¡Me ha encantado leer vuestras historias! Y estoy segura que a los usuarios que hayan sido elegidos, aunque no hayan participado, también. ¡Están muy bien!

Recompensas:
- +5 puntos de experiencia a cada uno.
- 100 aeros a cada uno.

¡Feliz Yule!
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Re: Evento de Yule

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