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Mensaje  Sigel el Lun Abr 30 2018, 13:53



Taller de Escritura



Vamos a hacer un pequeño juego. Todo el mundo es bienvenido.

Este juego es muy sencillo. Ahora voy a subir una imagen. Quien responda después debe de hacer un relato en función de lo que se ha imaginado a partir de la imagen. Cuando termine subirá otra imagen más para sacar un relato. El siguiente en postear tendrá que, por un lado, criticar el relato anterior y, por el otro, hacer un nuevo relato en función de esta segunda. Luego, dará una nueva imagen... Y así se continua la cadena.

Los relatos no tienen por qué estar ambientados en el mundo de Aerandir. No pasa nada si lo están, pero no es una exigencia que se deba cumplir. Prefiero que escribáis en el mundo que os sintáis más cómodos.

Los post los deberéis subir en este mismo hilo. Si lo hacemos bien, puede ser muy divertido.

Se pretende mejorar tres aspectos muy importantes a la hora de escribir: la imaginación, la originalidad y, especialmente, la crítica. Son muchos los escritores que dicen que como mejor se aprende a escribir es criticando a los demás. En mi opinión es 50/50. Criticar es un ejercicio muy sano, pero si no si uno no escribe por su cuenta, poniendo en práctica lo que defiende en sus críticas, jamás aprenderá.

Me gustaría que en un futuro no solo se haga imágenes, sino que también se pueda jugar con canciones, olores, colores, una sola palabra... Vamos a empezar haciendo imágenes porque creo que es lo más sencillo.

Lo que digo siempre: no se gana nada por hacer estos juegos. Están dedicados a que cada cual comparta lo que sabe y que todos aprendamos de todos. Yo también participaré de vez en cuando.

Las faltas de respeto serán castigadas. Quien falte al respeto será expulsado de la Escuela de Rol.

Aquí la primera imagen:

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Inspiración en... [Taller de Escritura] Empty ¿Qué será de tí?

Mensaje  Akbil el Lun Abr 01 2019, 03:50

Johan Luvith, hijo bastardo del acaudalado hombre de negocios Laurent Hermound, dueño de la totalidad de los centros de apuesta en Lust Point al norte de Diabolic State; Hijo amado de Sophia Luvith, aquella infeliz mujer que tuvo la pena de cruzar su camino con Laurent; por aquellos tiempos ambos eran jóvenes pero ya se vislumbraba el prometedor futuro de aquel hombre, ella por otro lado, no había nacido bajo la estrella de la suerte. Sophia comenzó a trabajar a los 16 años en un lugar donde se practicaba la esoteria; eso desde que la fortuna que amasó su abuelo durante una vida de trabajo e inversiones se perdió a manos de su padre en tan solo unas cuantas horas apostando como si el futuro dependiera de ello.

Al perder su dinero y posición social las amistades de abolengo y de su círculo más cercano les dieron la espalda en cuanto los vieron entre las garras de la pobreza y el desprestigio. Su madre, dado tales acontecimientos, cansada del señalamiento público y mofa social de la cual no tenía vergüenza en utilizar contra otras personas que no gozaban de la posición que ella alguna vez tuvo en su medio. Sin mucho que pensar a causa de la superficialidad en la que siempre se desenvolvió tomó la salida fácil y se marchó una noche aprovechando el cobijo de la penumbra, pues no podía soportar siquiera pensar sobre la cruda realidad que le aguardaba el resto de su vida; pero por más que Sophía trató de dar con su paradero jamás volvió a saber de ella.

Le tomó un tiempo a Sophia asimilar el abandono de su madre, pero decidió seguir adelante junto a su padre quien se había vuelto un alcohólico habitual que solo bebía licor barato, el mismo que siempre acababa tirado sobre sus propios orines por todo lo largo y ancho de la ciudad, cuando no se encontraba perdido entre las gotas de una botella estaba en el casino Doomsday apostando el poco dinero que le robaba a su hija; día tras día se repetía lo mismo y cada vez los efectos del alcohol le hacían rebasar cada vez más los límites de lo correcto y lo moral, lo sagrado y lo prohibido, tal vez, en sano juicio nunca se hubiera atrevido a subir sigiloso las escaleras y escurrirse lento a la habitación de Sophia, mientras que a cada paso remojaba su garganta y buscaba el valor y la aprobación de lo que pensaba hacer no estaba mal, pues después de todo él era su padre, con cada trago de licor su razón se retorcía un poco más y lo dirigía hacia un punto sin retorno. Aún dudando de lo que podría ocurrir se dirigió con pies ligeros hasta la puerta del aposento de su hija, posó la palma de su mano derecha sobre aquella chapa y lentamente la giro cuidando a cada instante de no hacer ruido alguno que lo delatara, abrió la puerta lo suficiente para colarse dentro, la oscuridad parcial del cuarto cubría su malicioso andar hasta llegar a los pies de la cama de Sophía; una bien formada silueta femenina se dibujaba con perfección sobre las sábanas de algodón que cubrían el cuerpo de la joven doncella, la mirada de deseo de un adicto se clavó con fuerza sobre aquella imagen, su cara amarilla y ojerosa comenzó a sudar de nerviosismo, tomó un trago de su botella con la mano izquierda y con el antebrazo derecho limpio los restos del líquido que se escurría entre sus labios resecos.

El demonio de la bebida y el pecado de la lujuria le tentaban a consumar lo que inició, Satanás le susurraba al oído distintas palabras cada una con voz diferente para darle valor y hacer lo que no se debe, el pecado capital se apersonó a su derecha con la cara y el cuerpo desnudo de Sophia, trataba de tentarle acariciando con la mano derecha el mentón del hombre, paseaba sus provocativos mimos de un lado a otro a lo largo del cuello, mejillas y labios. Lujuria quería la compañía eterna del tecato y le susurraba en el oído derecho. -¿Acaso no me deseas?- al mismo tiempo Satanás le aconsejaba murmurando en su oído izquierdo. -¡Hazlo ya! ¡Quita las sabanas de encima!- Pero lujuria no se rendía y le susurraba de vuelta. -¿Es qué no piensas entrar a la cama y terminar lo que empezaste?- El demonio por su lado hacía lo propio. -!Ella no se va a molestar! Al terminar quitale la vida y ven conmigo por la eternidad...- -¿Por qué esperas tanto?- Lujuria le reclamaba con voz seductora mientras frotaba su silueta contra el brazo de aquel viejo. -¿No quiéres pasar lo que te queda de tiempo conmigo? ¿Y si tomo la forma de Mamá vendrás a mi lado?-.

Los entes no cesaban de vociferar infamias y seguían insistiendo en romper la última barrera de razón que aquel hombre tenía para no condenarse, opuso resistencia lo más que pudo hasta que se mermó su voluntad y aquellas palabras nublaron su conciencia, consumando así lo que empezó condenandose él y de paso condenando en el plano terrenal a su hija. Lo ocurrido hacía que padre e hija no fueran capaces de verse ni de reojo, el abominable hombre decidió un día truncar su vida ahorcándose en las ramas de un árbol de manzanas en un jardín vecino al caer la tarde, fue velado y enterrado como vestigio de perdón y humanidad de su víctima. Los senderos de la vida a veces ponen a dos personas en el mismo camino, lugar y hora, el destino es caprichoso a su propio modo, suele acomodar a los rotos con los descosidos.

Al paso de nueve semanas Sophía cayó en cuenta del estado de salud que guardaba, en la flor de su vientre frotaba la semilla de la vida, no sentía repulsión u odio por el pedazo de cielo que reposaba en su interior, se alegró tanto que no pudo evitar externarlo, su cara se iluminó de esperanza y pensó entonces que un rayo de luz alumbraría por fin desde hace mucho tiempo su errante y nublado camino por la vida, sus ojos azules llenos de alegría se cristalizaron con los rayos del sol y podías ver al fondo de ellos lo blanco y puro de su alma regocijándose de fervor por dar vida, ahora su piel albina lucía distinta, su actitud y pensamiento encajaban perfecto en los atributos que Laurent Hermound prefería en una mujer; hermosa, alegre y positiva; la enamoró por capricho o por pasatiempo, la opulencia en la que había crecido el muchacho no hizo más que nublar su juicio sobre el valor de una persona, pues estaba acostumbrado a servirse de los demás, era perverso, carente de valores y de moral, un ser retorcido por dónde lo veas, descarado y atrevido, disfrazado con telas caras para pasar desapercibido e intentar aparentar ser normal, pero su olor era propio al de un embaucador.

Laurent supo envolver entre sus mentiras y promesas a Sophía, ella había accedido a la propuesta que él le había hecho con anterioridad; mudarse a su Mansión en los límites de Hellish Paradise, barrio de gente rica y de eminente prestigio social, lugar de valor historico por su arquitectura gótica y aspecto lúgubre. Cuando llegaron a dicha mansión Laurent condujo a su ahora mujer a la habitación matrimonial, Sophía se dispuso a instalarse en el dormitorio núpcial pero no pudo hacerlo, su ahora concubino estaba a punto de develar su verdadera naturaleza. La tomó violentamente del brazo con su pesada mano derecha y a base de jalones la condujo hacía la habitación continua, conforme se acercaban a dicho lugar un olor fétido a putrefacción inundaba el olfato de la mujer, que al no poder soportar el hedor vomitó sobre el piso manchado con gotas de sangre seca, el hombre seguía obligándola a caminar sin importar la regurgitación salpicada por doquier, la mujer trató de mantenerse en pie ante tal situación pero los resbalones frecuentes le hicieron perder el equilibrio y caer al piso huntandose la ropa de sus propios fluidos gástricos, Laurent le pidió que se reincorporará, pero a ella le costaba trabajo en su estado actual de embarazo, no tuvo tiempo de decir dos palabras cuando sintió un tirón del hombre sobre su cabello y empezó a arrastrarla sobre el sucio piso de la casa, al llegar a la habitación la empujó adentro sin soltar su cabello y la obligo a ver de cerca una por una las pieles de personas que tenía sobre ganchos que colgaban del techo; mujeres, niños, ancianos, hombres y adolescentes. -Este será tu hogar por las próximas seis semanas de embarazo restantes. Te preguntaras: ¿Qué es esto, Laurent? Pues adivina... ¿Lo sabes? ¿No? Te lo diré entonces: !Es mi salón de juegos, amor! ...Y tú serás mi próximo juguete; para tu hijo tengo otros planes, él será un traje más para otro demonio y su alma será mía, por favor, pierde cuidado. Yo mismo me encargaré de darle un trato personal; además, sé que te va a gustar tu nuevo hogar, querida. ¿Qué pasa? ¿Por qué pones esa cara? ¿Acaso no te pone feliz saber todo esto?-
El mismo satán disfrazado con la piel de Laurent bailaba frente a ella burlándose de su trágico destino, entre brincos y piruetas el diablo se complacía eufórico por ver las lágrimas que derramaba su víctima al suelo, la mantuvo cautiva a lo largo de casi cuatro semanas, no había día en que no le platicara las cientas de torturas que le aplicaría a su descendencia y de cómo su padre clama por piedad a cada momento en el segundo círculo del infierno en donde es torturado cada día, tal era el placer que le producía ver sufrir a Sophía que no pudo evitar revelarle que él personalmente incitó a su padre para que cometiera la máxima infamia de un padre a un hijo, le recitó todas y cada una de las palabras que utilizó aquella noche para persuadir a su padre y convencerlo de lo que estaba por hacer estaba bien, después de todo los viciosos siempre tienen una voluntad de vidrio.

El maligno se divertía a diario con ella infligiendole cortes en la cara, los brazos, muslos y chamorros, le quemaba la espalda y el abdomen con velas para que la mujer gritara de dolor hasta desmayarse; llegado el día del parto el demonio preparó lo necesario para realizar el ritual y recibir al bastardo de Sophia, el vil ser fantaseaba con lo que podría hacerle a esa blanca alma inocente en cuanto lo tuviera entre sus manos.

Lo necesario estaba hecho, dos cirios rojos, uno blanco y uno negro alumbrando desde cada una de las esquinas de aquella habitación y al centro de la misma un pentagrama invertido trazado con sangre de cordero alumbrado con velas en cada uno de sus picos, frente a él reposaba un espejo que serviría de puerta entre este mundo y los otros, satanás quitó las cadenas de las manos y tobillos de Sophía, la ubicó en el centro de aquél símbolo oscuro y se posó detrás de ella colocando sobre su cuello una cadena que se sostenía del techo. -Por más que te muevas, con esto no podrás salir del círculo. No te desgastes en intentarlo, pero sería divertido verte intentarlo y después resignarte a tu destino. Pero dejemos la plática para después, tendremos una eternidad para discutir las cosas, por ahora es tiempo de que des a luz al nuevo traje de uno de mis hermanos.-
El demonio tomó de una vieja mesa de madera una charola de plata que contenía una vasija decorada con imágenes de sacrificios y extremidades mutiladas de hombres y mujeres, en el interior de dicho objeto sobresalía una daga de no más de 15 o 20 centímetros adornada con tallados sobre la hoja e inscripciones que no podría leer nadie en esta época, escritura de una lengua muerta tal vez. Su empuñadura era de hueso tallado asemejando unos cuernos de cabra al iniciar el filo de la hoja, dejó las cosas a un lado del pentáculo y se sentó en el suelo con las piernas cruzadas frente a la mujer y comenzó a recitar cosas sin sentido, su traje de hombre comenzaba a derretirse como plástico en el fuego cuanto más rezaba cosas inentendibles para ella.

Sophía sintió entonces una rara sensación en su estómago y de entre el inicio de sus muslos un hormigueo tibio que le bajaba hasta los tobillos, no pudo evitar llevar su vista hacia el suelo y ver el líquido viscosos de la fuente entre sus pies descalzos. Los dolores y las contracciones se hicieron presentes, trataba de retrasar la llegada de su hijo, incluso podría apostar que hacía eso para quitarle la vida dentro de su vientre... De cualquier manera los intentos que hizo fueron en vano, el dolor que en ese momento sentía habían hecho que se pusiera en marcha el mecanismo biológico del parto, fue inevitable ejercer algún tipo de fuerza, cayó de rodillas después de un tiempo estando de pie, gritaba con la cara al cielo, buscando con los ojos llorosos a su dios, pero no halló nada en aquel techo gris que miraba, seguía sufriendo y llorando con las manos entre la cadena de su cuello intentando sin resultado escapar de ahí. Se dejó caer de espaldas al piso por causa del cruel dolor de sus caderas al abrirse, dando paso a este mundo a su hijo, pujó por última vez y pudo sentir el paso de Johan a través de ella, casi inconsciente por el dolor pudo alcanzar a distinguir el llanto de su hijo.
El demonio se puso de pie y su aspecto desagradable revelaba su origen, su rostro desfigurado como vela derretida dejaba ver su piel demoníaca rojiza y pútrida, aún así se dibujaba una sonrisa burlona y tétrica; empuñó la daga y tomó la vasija de la charola, caminó hasta entrar al círculo y se puso de rodillas sin decir palabra alguna, descansó el recipiente sobre el piso y tomó con su mano izquierda el cordón umbilical, hizo un amarre y lo cortó, introdujo parte de ello dentro de la vasija, tomó al niño entre sus brazos y lo cargó intentando calmarlo, meciendolo de un lado a otro pidiéndole que se calmara, lo arrullaba como si de un padre se tratara, así jugaba el retorcido ser a ser papá.

Apaciguado el niño descansaba sobre una manta en el suelo; el demonio tomó la mano de Sophia y cortó su dedo índice con la daga para verter su sangre dentro del recipiente, Satán cortó su propia palma de la mano y dejó caer su sangre viscosa ahora sobre aquel objeto, lo revolvió todo machacando con la daga una y otra vez la placenta hasta que se formó una sustancia extraña de color rojizo, la misma que untó sobre la cabeza, el pecho, y la espalda del niño. -Mira cómo envío el alma de tu descendencia al limbo, sophía.- El demonio complacido con lo que hacía cargaba entre sus brazos a la criatura indefensa, lo acercó a su rostro y abrió la boca lo más grande que pudo, reluciendo sus blancos colmillos y succionando lento el alma del menor que salía en forma de humo blanco de entre su boca, nariz y ojos.

La frustración e impotencia que Sophia sufrió fué tal que mientras el demonio devoraba el alma de su hijo dibujó sobre su vientre el tercer pantáculo de Júpiter con su propia sangre que escurría de su dedo. -Escúchame bien sirviente de la oscuridad, te ordeno que no te muevas ni un ápice, sé lo que quieres hacer y también sé que aún no es tarde para mi hijo.- -¿Cómo te atreves Mediocre mujer a ordenarme algo a mí?- El demonio intentó moverse para herirla pero su cuerpo era tan pesado como una montaña, recordó entonces que esa mujer podría saber algo de ocultismo por el lugar de donde salió. -Entonces no era un lugar cualquiera de dónde te saque; escucha, hagamos un trato, tienes razón... tu hijo aún se puede salvar. Te diré cómo si quitas ese sello de Salomón de tu vientre, ¿Qué dices?¿Verdad que aceptas?- Pero esas palabras no influenciaron a Sophía, pues estaba firme en lo que haría. -Dejemos la plática de lado, tendremos toda la eternidad para discutirlo.- -!Maldita seas tú y los tuyos inmunda perra!-  La mujer se quitó el vestido sucio y roto que tenía quedándose desnuda, se ayudó con el para remover el pentágrama del círculo de sangre, tomó la daga del demonio y cortó su abdomen sin destriparse en el acto, untó sus manos en la herida hasta bañarlas con su sangre para dibujar un hexagrama dentro de la circunferencia. -¡Por favor, deja esto y hablemos!- El demonio se sentía indefenso ante lo que ocurría, no paraba de intentar convencerla en que dejara lo que estaba haciendo, pero el coraje de Sophía la poseía en su totalidad, una vez completado el ritual pactó con la personificación de la Ira representada en la forma de un hombre de unos treinta o cuarenta años, vestido con un traje negro, de piel blanca, alto, fuerte, con ojos totalmente negros, cara enfadada y las venas de la frente y del cuello saltadas. Le pidió al pecado recobrar del limbo el alma de su hijo y tomar venganza eterna contra satán, ofreciendo así su alma a Ira a cambio de la de su vástago y su cuerpo desgastado de 17 años como calabozo donde moraría Satán en reclusión y como castigo por lo que falta de los tiempos. El pecado de la ira no se podía rehusar a cerrar el trato o se quedaría indefinidamente en el lugar, así fue como Ira aceptó y la silueta humana de sophía desapareció del mundo terrenal y su deseo se personificó en un plano metafísico en forma de un tigre albino de ojos teñidos carmesí por la sangre de derramada por la tortura de satán, en revancha a la pena causada de haber tenido al cariño que creía idolatrar el resto de su vida y le arrebataron de su destino.

En ocasiones especiales el reflejo de aquel espejo deja ver la cara de desesperación y sufrimiento del demonio y la sed de venganza e ira de la madre amorosa que lo oprime hasta el fin de los tiempos.


Ira:
Algunos autores literarios representan a la ira como un tigre con ojos de fuego que puede simbolizar oscuridad, terror y violencia.

Aquí segunda imagen:
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Akbil
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