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El apetito del bosque. [Superstición]

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El apetito del bosque. [Superstición] Empty El apetito del bosque. [Superstición]

Mensaje  Eltrant Tale el Sáb Sep 15 2018, 00:32

Bebió de la jarra que tenía entre las manos.

“¿Una buena historia decís? Me sé muchas de esas”

El humo de las distintas pipas que había en local se había entremezclado con el olor a vino barato y a fragancias de mercadillo, una multitud de aventureros y lugareños, expectantes, miraban con interés al viejo mercenario que, con una jarra entre sus manos había acaparado toda la atención del local.

“Muy bien, muy bien”

Algunos arrastraron las sillas hasta estar más cerca de aquel recién llegado que parecía irradiar carisma, el veterano sonrió y, tras terminarse la bebida se llevó la mano hasta la canosa barba.

“Toda historia que se precie empieza con una arrebatadora historia de amor. ¿No es verdad?

Pues esta, por supuesto, no va a ser menos. El amor es, de hecho, la parte más importante de esta historia. Pero vayamos por partes:

Todo comenzó una oscura noche de primavera, de esas que no hay luna, de esas en las que la tormenta parece haber borrado todos los astros del cielo.

Un granjero camina solo, en la oscuridad, bajo la lluvia.

Es un joven apuesto, el típico hombre de campo que solo vive por y para su azada. ¿Os suena? Seguro que muchos habéis escuchado de esto. ¿No es así? Jé, el pequeñín de ahí se sabe esta parte de esta historia.

Bien, el muchacho camina por las vías que separan las distintas granjas, nadie sabe por qué, nadie sabe que trama.

Los que le ven notan un brillo de determinación en su mirada, cosa que muchos achacan a que se acaba de casar y otros a que simplemente es joven y algo estúpido.

Ciertamente, todos los de la zona le conocen, todos conocen por aquí a todos, os estoy hablando de un muchacho con los pies en la tierra, trabajador, su nueva mujer y él tienen una casita preciosa y perfecta en esa aldea a dos pueblos de distancia de aquí, justo al otro lado de la colina de Arroyo Mayor.

Por eso nadie se interesa por él, nadie pregunta que pasa por su cabeza salvo la última persona que le ve: la hija del lechero de Arroyo Menor. Una muchacha inteligente, que, habiendo estudiado en la gran ciudad, en Lunargenta, domina las letras lo suficiente como para ser capaz de ayudar a su padre con las cuentas de la granja.

“¿Qué haces aquí?” Pregunta la chica, al ver como el joven miraba fijamente la oscuridad del bosque.

El joven granjero no contesta, después de mirar durante muchos minutos más hacía el oscuro y frío vacío que se extiende frente a él se gira hacía ella y se limita a sonreír.

“Cumplir con lo que he prometido.”

La joven no responde, se queda mirando, petrificada, como el muchacho se desvanece lentamente, hasta que su cuerpo no es más que una sombra más en el bosque.

Esa fue la última vez que le vieron.

Las noticias vuelan en nuestra comarca, pronto todos sabían que el granjero se había esfumado, nadie quiso abandonar a la pobre viuda a su suerte, no cuando el joven aun podía estar vivo.

Se organizaron búsquedas, se contrataron mercenarios e incluso se pidió a algunos elfos que peinaran el bosque. Mi abuelo participó, y seguro que alguno de vuestros padres también lo hicieron.

Por eso, como todos sabéis, el granjero nunca llegó a aparecer.

Os diré aquí que esta historia no tiene final feliz. Os podéis marchar si lo deseáis, podemos dejarlo aquí. ¿No? …muy bien, entonces sigo.

Si bien el granjero no apareció, una parte de él sí lo hizo.

Sus ojos, envueltos en un paño manchado de sangre aparecieron sobre la almohada de la viuda un buen día de verano. ¿Qué cómo sabemos que eran sus ojos? Bueno, eran de un azul profundo, un color que una esposa enamorada sería capaz de diferenciar a la perfección.

Esto, comprensiblemente, aterró a la pobre mujer. En este momento ya estaba dispuesta a tomar medidas desesperadas y, ahí es, cuando fue a ver a la herborista del pueblo.

Esta bella mujer de dudosa reputación llevaba viviendo, quizás, unos cinco años en la aldea, no era muy habladora y se decía que jugaba con artes oscuras, con ciencias que los dioses no querían que los humanos supiesen.

También que, al parecer, había estado tras el amor del desaparecido desde el primer momento en el que el que depositó sus ojos en él.

La sanadora negó todo lo que le dijeron, algo que solo sirvió para que la granjera solo se enfadase más. Todo el pueblo oyó la discusión, algunos incluso relatan haber visto muebles volcarse por sí solos y sillas salir disparadas por las ventanas de la ostentosa casa que la herborista, con sus ganancias como médico local, se había construido en las afueras del pueblo.

Todo acabó en un par de arañazos y algún moratón, sí, pero al caer la noche, desgraciadamente, la viuda desapareció en las mismas circunstancias que su marido: internándose por su propio pie en el bosque, como hechizada, para no ser vista jamás.

¿Qué habríais pensado vosotros al ver esto? Vuestros padres y abuelos lo tenían muy claro.

“Súcubo” gritaron a la curandera justo al día siguiente de enterarse de la desaparición. “Bruja” añadieron después. Ahí no se equivocaron, pues no tardaron en descubrir también que la muchacha procedía de Beltrexus.

Una semana fue lo que tardaron en quemarla en la hoguera.

Una semana que pasó encerrada en una choza perdida en lo más profundo del bosque.

“¡No he sido yo!” repetía la chica una y otra vez mientras la ataban al poste de madera. Pero no sirvió de nada, porque, igualmente, los labradores encendieron la madera a sus pies.

Todos recuerdan haber escuchado algo diferente entre los oídos agónicos de la bruja, algunos afirman que estaban disculpándose, otros que simplemente gritaba de dolor.

Pero todos coinciden en una sola frase que se pudo oír con perfecta claridad salir del fuego:

“Cuando todo rastro de mi desaparezca de la comarca, la comarca también desaparecerá”

Y esto nos lleva hasta hoy. ¿Qué pasó realmente con la pareja de granjeros? Como ya he dicho, vuestros abuelos y padres estaban muy seguros de que les sucedió.

Aun así, después de haber quemado a la criminal nada más se supo de la pareja, se los tragó el bosque.

¿Se equivocaron?

Quien sabe, la gente dice no creer que las palabras que la curandera dijo sean verdad. Pero, aun así, su casa, ese edificio grande de dos pisos a las afueras de Sotomedio, sigue en pie, resquebrajándose lentamente con el paso de los años.

Jé, es gracioso, he oído que el alcalde de ese pueblo quiere mantener en pie la fachada de la casa.

Me pregunto por qué.”


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